HATFIELDS & MCCOYS – MINISERIE.

Hatfields & McCoys
History Channel | 2012
Guión: Bill Kerby, Ted Mann, Ronald Parker.
Dirección: Kevin Reynolds.
Intérpretes: Kevin Costner, Bill Paxton, Matt Barr, Tom Berenger, Powers Boothe, Andrew Howard, Jena Malone, Sarah Parish, Lindsay Pulsipher.
Valoración:

El canal History hace valga la redundancia historia con esta miniserie que supone su primera incursión en la creación de producción televisiva no documental y cuyo resultado ha sido espectacular en las audiencias al convertirse en la serie por cable más vista de todos los tiempos (14.3 millones). Guardando fidelidad a su interés por el conocimiento histórico, Hatfield & McCoys se basa en el enfrentamiento real de dos familias estadounidenses tras la guerra de secesión. En este conflicto la cabezonería de los pueblerinos, las rivalidades vecinas y las viejas ofensas no olvidadas crecen poco a poco a lo largo de los años hasta que empiezan a suceder capítulos más violentos, llegando a adquirir un cariz de auténtica guerra entre familias, con conatos de batallas, ataques despiadados y venganzas a su nivel mezclados con tibios intentos de ponerle fin mediante la justicia legal del estado.

Hatfield & McCoys destaca por el clasicismo en forma y en contenido, alejándose del vanguardismo imperante en la televisión actual para decantarse por un estilo cercano a los mejores momentos del cine del oeste. La dirección de Kevin Reynolds (que viene del cine: Waterworld, Robin Hood, príncipe de los ladrones) desarrolla un tempo narrativo templado que deja fluir al guión y los personajes sin artificios, apoyándose sabiamente en una fotografía exquisita llena de planos amplios que atrapan toda la belleza de los paisajes. Hay secuencias, en especial algunas de bosques iluminados por el sol, que son espectaculares. Por cierto, curiosamente se rodó en bosques rumanos, no norteamericanos.

Sin embargo ese clasicismo aplicado al guión se convierte también en un gran lastre, pues se siguen tan a rajatabla los patrones clásicos del género que se impide que la historia tenga carácter y originalidad como para destacar en un panorama televisivo copado de obras arriesgadas e impactantes. O dicho de otra forma, da la sensación de que se centra demasiado en parecer una gran obra del género, y por ello sabe a vista, a predecible. Se abordan los temas tradicionales del western clásico, como el honor, la familia, la propiedad, la vida del pistolero solitario comparada con la del padre de familia, la justicia del más fuerte contra la justicia de la ley, los mercenarios y los sheriffs, la división norte-sur, la conquista de la tierra y la naturaleza por parte del hombre… Pero a la hora de erigir la trama y sus personajes se queda a varios pasos de lo que se puede considerar un guión de alta calidad, y todos estos elementos flotan en el aire sin nada a lo que agarrarse.

Los tres episodios de aproximadamente hora y media terminan haciéndose algo largos, pues no se consigue ir al grano de la historia con intensidad constante, hay numerosos recesos poco interesantes y siempre da la sensación de que no se exprime el potencial latente. El principal problema es la pobre composición de personajes y la falta de visión global, o dicho de otra forma, la aventura avanza a trompicones sin un rumbo bien planificado y con pocos personajes de nivel. La presentación de dichos caracteres y la posición de estos en el entramado de familias y conflictos dista de ser redonda: sólo tres o cuatro protagonistas principales cuentan con un dibujo sólido y una evolución bien trabajada, el resto se definen con retazos, clichés o directamente no se hace, con lo que a la larga se producen varios fallos. El primero es que al tener pocos roles interesantes es difícil que el relato adquiera un buen nivel de emoción e interés. El segundo es relativo a la citada falta de visión global: llega un momento en que la falta de protagonistas con presencia afecta a la trama, porque se supone que nos narran el enorme enfrentamiento entre dos amplias familias y no se muestran debidamente los miembros secundarios de ambas. Aparece gente directamente para morir, muere gente que no sabemos quién es o se habla de alguien que ha tenido tan poca presencia que te pierdes fácilmente. Y a esto debemos sumarle los saltos temporales constantes y mal mostrados, donde los niños crecen de repente y tenemos que volver a esforzarnos por saber quién es quién.

Sin embargo, aunque sea con huecos y baches, en líneas generales la disputa familiar entretiene, la tensión va creciendo poco a poco y aunque algún capítulo resulta un tanto forzado o insípido el ambiente de confrontación mantiene un nivel de expectación bastante correcto, con picos de intensidad bien logrados. Los modos de actuar de ambas cabezas de familia (y de sus mujeres) se describen muy bien, siendo cada uno de una hechura distinta. Anse Hatfield (Kevin Costner) es un emprendedor con gran visión de futuro, paciente e inteligente, mientras Randall McCoy (Bill Paxton) es más débil y simple y su religiosidad le ciega en ocasiones. Aunque sin duda se pretende no dar pie a que pensemos que una de las dos familias es más buena y merecedora de salir airosa de la contienda que otra, con este meapilas cercano al fanatismo es difícil tener tanta simpatía como por el sobrio Anse. Sin embargo la situación en que se ven metidos los suele poner a la par muchas veces: la cabezonería y las absurdas deudas de honor y venganza recaen en ambos individuos y en ambos bandos por igual. Ni siquiera los jóvenes hijos que quieren distanciarse de esta brutalidad y odio sin sentido ni final a la vista se libran de ello, pues son constantemente arrastrados hacia la tormenta. Roseanna y Johnse representan esta idea, y si bien el romance es tan clásico y simple que aburre, su presencia en general sí aporta factores interesantes que dan más entidad y puntos de vista al conflicto. Pero como decía, más allá de estos protagonistas no encontramos mucho que destacar. El impetuoso Jim (un gordo y viejo Tom Berenger), el juez y el sheriff metido a cazarrecompensas son figuras interesantes pero poco trabajadas, y el resto de hijos (incluso alguno con más presencia, como el que queda ciego de un ojo) y otros secundarios resultan caracteres bastante pobres y sus caminos por la aventura no aportan nada digno de mención.

Por ello de ser una recreación histórica tiene además un lastre común del género: le cuesta dar un final bien cerrado y capaz de impactar, pues como es normal no todos los personajes tienen un cierre que además de suponer un buen golpe de efecto ocurra en un mismo instante. Es decir, varios de los roles principales mueren de viejos, con lo que como desenlace se empalman pequeños capítulos que parecen epílogos no especialmente llamativos, para acabar resumiendo otros tantos destinos de personajes mediante un puñado largo de texto.

Cabe recordar algún apunte muy logrado, como la ejecución del retrasado mental, que nadie la quiere por cruel y porque no arregla nada pero dada la fuerza de los acontecimientos nadie puede frenar, pero en conjunto no veo en Hatfield & McCoys calidad y fuerza como para ganarse un hueco en la memoria. Su confección profesional hace de ella un título atractivo, sobre todo gracias a la puesta en escena, así que es bastante agradable de ver aunque resulte incapaz deja huella.

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