PRINCIPAL SOSPECHOSO – TEMPORADA 1 – UN PRECIO A PAGAR.

Prime Suspect – A Price to Pay
ITV | 1991
Escritor: Lynda La Plante.
Director: Christppher Menaul.
Intérpretes: Helen Mirren, Tom Bell, John Benfield, John Bowe, Zoë Wanamaker, Bryan Pringle, Tom Wilkinson, John Forgeham, Craig Fairbrass.
Valoración:

Estamos entrando en la década de los noventa. La televisión de calidad apenas ha dado sus primeros pasos (Canción triste de Hill Street acabó unos años antes y ahora es el turno de Twin Peaks), le queda aun un poco para despertar a lo grande (NYPD Blue y Urgencias llegan en el 93 y 94 respectivamente) y desde luego la edad de oro no nace hasta aproximarnos al cambio de milenio (El Ala Oeste, Los Soprano). En la sombra, sin cosechar éxito internacional, de hecho hasta hace poco no me enteré de su existencia, se gestó Prime Suspect (Principal sospechoso), una de las numerosas miniseries o mini temporadas de gran calidad que nos regala la televisión inglesa. Cada sesión consta de un solo episodio en forma de miniserie (de unos 200 minutos) y su emisión no era anual, pues a veces han pasado años entre las temporadas: hubo un parón desde el 96 hasta 2003 y su séptima y última entrega no llegó hasta 2006. A la hora de escribir esto, su remake estadounidense se acaba de estrenar.

Prime Suspect es un thriller policíaco realista e intenso, y si bien hoy día puede resultar bastante clásico, en su momento supuso un gran salto cualitativo en el mundo de la pequeña pantalla, destacando por incorporar elementos de análisis social y no basarse únicamente en el simple entretenimiento. Esta primera temporada centra el punto de mira en el machismo, siguiendo el primer gran caso de la protagonista, Jane Tennison (Helen Mirren), mientras lidia con las numerosas barreras propias de este tipo de rechazo, siendo las peores las trabas que ponen sus propios compañeros. Pero en esta línea comprometida y madura destaca también la ambigüedad moral mostrada en todos los protagonistas, incluida la estrella central. Los agentes tienen su lado oscuro y realizan prácticas claramente criticables, donde cabe citar el obtuso empeño que ponen en cazar a su único sospechoso, lanzando un auténtico órdago a ciegas: con Tennison a la cabeza no dudan en hacer de su vida un infierno sin saber a ciencia cierta si pueden garantizar su culpabilidad. Por si fuera poco, dicho sospechoso no queda relegado a ser mero objeto de la trama, como el villano a vencer, sino que se muestra detalladamente el cambio que supone en su vida estar en el punto de mira de una investigación de tanto impacto. Además se juega constantemente con la posibilidad de que sea culpable o inocente, ofreciendo numerosas escenas en que no sabes si ponerte de su parte y criticar la abusiva labor policial o asumir que es un psicópata de cuidado.

La investigación sigue obviamente líneas tradicionales, lejos de la ciencia-ficción que se lleva ahora donde técnicos de laboratorio realizan hasta las labores de los detectives y todo se resuelve con imposibles bases de datos y tecnologías inexistentes (de hecho, los sistemas informáticos son una novedad para los agentes). Cada oficial tiene su puesto y atribuciones, las pistas y piezas del puzzle se buscan sin aparatos mágicos, todo a mano, puerta a puerta, con el teléfono fijo y sobre todo con el instinto y con innumerables paquetes de tabaco. La única pega que le puedo poner es que de tanto centrarse en la protagonista absoluta (es la única de quien vemos su vida privada, con su difícil relación con su novio –Tom Wilkinson-) el resto de personajes parecen quedar como complementos para contarnos su historia, y aunque todos están muy bien definidos pienso que la serie hubiera ganado enteros dándoles mayor protagonismo, que tiempo había de sobra.

Si en el guión estamos ante una propuesta de calidad cinematográfica, en la realización todavía no se ha dado ese paso, resultando demasiado anclada en los clichés de la época. O en otras palabras, la puesta en escena es demasiado televisiva, limitadísima en estilo y recursos. El formato cuadrado (4:3) y los planos cerrados, casi siempre centrados únicamente en un primerísimo plano del personaje que habla, hoy día sabe demasiado a añejo, casi resulta claustrofóbico. La dirección dista de ser mala, pues pone cada secuencia al servicio del guión sin perder de vista el sentido narrativo, pero no puedo quitarme la sensación de que dicho formato televisivo le ha restado algo de intensidad a la historia. Sin embargo el guión es lo suficientemente denso y equilibrado como para hacer que las tres horas que dura el episodio no pesen lo más mínimo, de hecho ocurre todo lo contrario: la narración no pierde ritmo en ningún instante y no se tarda en olvidar el estilo visual pobretón, pues pronto el espectador (el espectador paciente y con amplitud de miras, claro, que hay quien rechaza películas y series únicamente porque parecen viejas) es absorbido por la exquisita historia y el poderoso personaje central interpretado con gran ímpetu por Helen Mirren.

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