Archivo de la categoría: Series

PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 4

BBC Two | 2017
Drama, suspense | 6 ep. de 57-60 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Caryn Mandabach, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Helen McCrory, Paul Anderson, Sophie Rundle, Finn Cole, Joe Cole, Aimee-Ffion Edwards, Harry Kirton, Natasha O’Keeffe, Kate Phillips, Packy Lee, Ian Peck, Ned Dennehy, Gaite Jansen, Tom Hardy, Adrien Brody, Aidan Gillen, Charlie Murphy.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento la trama del año, no desvelo giros clave y muertes. —

El cuarto año de Peaky Blinders empieza con una remontada respecto al desastre del tercero. En sus primeros capítulos Steven Knight promete centrarse, volver a su orígenes, abordando una premisa menos ambiciosa, más sencilla y verosímil.

La historia de esta etapa emerge de hechos anteriores y es algo más terrenal y localizada que la anteriores, las fantasiosas intrigas políticas salidas de la nada y narradas con torpeza. En la lucha por hacerse un hueco entre las mafias de Birmingham, los Peaky Blinders eliminaron a un capo italiano, pero la parte de su familia que vive en Nueva York decide vengarse y ganar nuevos territorios al otro lado del charco, unos además muy jugosos para el contrabando con la Ley Seca.

Los Shelby ahora vuelven a ser una familia no muy grande, una mafia de barrio, en vez de un supuesto grupo súper poderoso de la temporada anterior que no había manera de creerse. Como tales, se acojonan ante el envite de una banda con mayores recursos y fuerza. Lo primero que tienen que hacer es volver a unirse, pues los desmanes de Tommy los enemistó… Aunque claro, esto parte de otra sandez sensacionalista con la que acabó la temporada anterior: la ley atrapándolos y mandándolos a la horca no se sabe muy bien por qué. Como era de esperar, en el primer capítulo se arregla todo, eso sí, con el drama forzado todavía coleando: en el último momento, justo cuando tensan las cuerdas, llega un forzado perdón que Tommy ha negociado con algún ministro.

Una vez en marcha el listón sube, encontramos una trama sólida, tangible, donde cada personaje es él mismo y no un ente cambiante según los locos giros que vaya apañando Knight. Los vemos planear cosas y trabajar en ellas en todo momento, buscar aliados, limar asperezas entre ellos, lidiar con sus mujeres, que tienen puntos de vista propios…

Al principio hay alguna pérdida de tiempo clásica (que si Polly está hundida y no quiere saber nada, que si John tiene su vida y Arthur trata de redimirse…), pero sabemos que más temprano que tarde volverán al redil. Por suerte, aquí Knight teje conflictos familiares interesantes y una transición lo justo de emotiva para entretenernos y sustanciosa como para dejar poso en los personajes. Todo ello ocurre bajo la sombra de la amenaza y la muerte inminente ante el envite de la mafia italiana, que se materializa trágicamente en un atentado que los deja muy maltrechos, subiendo así el nivel de tensión.

Hay secundarios nuevos y viejos interesantes, tanto que con lo corta que es la temporada se echa de menos más presencia. El mercenario Aberama Gold, encarnado por Aidan Gillen (The Wire -2002-, Juego de tronos -2011-), es ladino y pendenciero pero carismático, y el inquietante Alfie Solomons del gran Tom Hardy vuelve a deleitarnos con sus apariciones. La pena es que Michael Gray no recupera el protagonismo que parecía que iba a tener cuando entró en la serie, porque el actor Finn Cole encontró un papel más provechoso en Animal Kingdom (2016) y tuvieron que limitar sus apariciones. La activista comunista Jessie Eden (Charlie Murphy) trae más problemas al día a día de la familia, y muestra mejor la vida en la época que las locuras con los rusos y las intrigas del gobierno: la industrialización y los conflictos sociales y políticos se sienten bastante naturales.

Hay unas cuantas escenas espectaculares, de las de terminar dando un suspiro de alivio o un aplauso emocionado. El primer encuentro entre Tommy y Aberama es impresionante, se ponen a prueba y marcan el territorio con varias amenazas y juegos intelectuales de nivel; también pone de manifiesto el talento de Gillen, tan desaprovechado en Juego de tronos con el confuso rol de Meñique. Las siempre difíciles negociaciones con Alfie dan mucho juego. Los asesinatos de Tommy y Arthur a sendos italianos que iban tras ellos son espectaculares, bien violentos y sangrientos. La presentación del líder, Luca Changretta, entrando en el taller y el despacho de Tommy con toda la cara del mundo y dejando a las claras que está jugando con los Peaky Blinders antes de destruirlos, es acojonante. Muy emotivo resulta cuando Tommy cae en la trampa de Jessie Eden de recordar su pasado y tiene un momento de bajón (en un canal, junto a Lizzie Stark) que muestra el ser humano que hay tras el criminal y traerá inesperadas consecuencias.

Ojalá la serie mantuviera este nivel siempre… Pero ya en el tercer episodio empieza otra vez a dar bandazos, Knight va descuidando una historia tan bien presentada y con tanto potencial, y para el final vuelve a descarrilar a lo grande, hasta el punto de ofrecer un último capítulo lamentable e insultante, pues toma por tonto al espectador.

Los italianos dejan de imponer en cuanto pasan a primer plano. Changretta dio miedo porque el guion lo introdujo con esa certera escena en que se planta ante Tommy en su territorio, pero ya ahí se empieza a ver el error de casting. Adrien Brody da vergüenza ajena, está tan sobreactuado que parece un tipo cualquiera disfrazado en un carnaval diciendo tonterías. Los gestos de “mirad como junto los dedos y muerdo un palillo para dejar claro que soy un italiano”, las miradas forzadas, la voz falsa… Cuanto más lo ves, menos temor impone y más lástima da. Sus secuaces son peleles sin nombre, puestos como tontos más veces de la cuenta para que él quede como inteligente, así que la banda deja de parecer un reto auténtico para los Peaky Blinders. Los Shelby están un día escondidos muertos de miedo, al otro paseándose con cenas románticas o líos laborales secundarios, y cada vez que los italianos hacen algo llega en un momento muy previsible y en el que los protagonistas se han preparado.

Para el acto final Knight se aferra de nuevo la narrativa del sensacionalismo, del giro poco meditado, de resolver todo fuera de pantalla mientras te distrae con fuegos artificiales de baratillo. El desenlace es un engaño de los que hacen época, de los de enseñar en las academias de guionistas como formas de escribir a evitar.

De tener a Tommy trabajando en varios frentes a la vez volvemos a verlo poner caras de malote o compungido sin hacer nada, para cuando llega la acción resulta que ha preparado un plan la hostia de enrevesado no sabemos cómo ni cuándo. Señor Knight, no puedes cambiar el foco, tener una narración omnisciente sobre la familia Shelby y pasar a mostrar sólo partes de sus vivencias, mantenernos a los espectadores como partícipes y de repente relegarnos a testigos puntuales.

El último capítulo es todo engaños insultantes y estupideces sin pies ni cabeza. El plan secreto entre Tommy y Polly que no hemos visto gestar a pesar de estar todo el tiempo con ellos, la falsa muerte de un personaje principal ocultada al espectador mientras todos los protagonistas lo saben, la expectación forzada con tempos y enredos que en realidad resultan manipuladores y cutres…

Esta tanda la dirige David Caffrey, quien otorga un tono más sobrio al aspecto visual, y si bien hace buen trabajo, he echado de menos el uso más prominente de la cámara en mano de los años anteriores, que le otorgaba un toque más realista en general y visceral en las escenas de acción. La banda sonora sigue usando con habilidad temas rockeros, encabezados como siempre por Nick Cave y las versiones de su Red Right Hand, destacando la de PJ Harvey, con quien ya colaboró tiempo atrás (en 1996) en uno de sus grandes éxitos, Henry Lee.

La serie tenía cierto carisma en sus dos primeras temporadas, no como para el exitazo y alabanzas que se lleva, pero sí para pasar un buen rato si no buscas nada exigente. Pero con estos bandazos yo la doy por perdida ya. Tengo en cola auténticas seriazas que no se comen un rosco, como The Deuce (David Simon, 2017) o Mindhunter (David Fincher, 2017), y triunfan tonterías como esta.

PD: La calle Powis Street de Toxteth, Liverpool, que en la ficción representa el barrio Small Heath y la calle Watery Lane de Birmingham, donde viven los Shelby y tienen la casa de apuestas, fue restaurada por el ayuntamiento al terminar el rodaje de esta etapa, así que en las siguientes seguramente la familia se trasladará definitivamente.
PD2: En el estreno de la quinta temporada en 2019, Steven Knight ha afirmado que pretende llegar a siete.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2016)
-> Temporada 4 (2017)

EL MANDALORIANO – 102 – EL NIÑO


102 – The Child
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Rick Famuyiwa.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano es ahora el perseguido por otros cazarrecompensas, y además se topa con problemas provocados por unos jawas.

Resumen:
La decisión de no entregar a la cría de beskar pone precio sobre la cabeza del mandaloriano: en el desierto enfrenta una banda de cazarrecompensas. Para colmo, su nave ha sido despiezada por una tropa de jawas, y en el intento de asaltar su fortaleza móvil sale escaldado. Kuiil se ofrece de nuevo para ayudarlo, negociando con estos chatarreros, pero el precio que demandan es caro: el delicioso huevo de una criatura muy peligrosa.

Mejores frases:
-¡Utini!

-¡El huevo, el huevo!

Comentario:
Tengo que volver a hablar de expectativas, pero esta vez cambiando el objetivo, porque en el primer episodio le había dado el beneficio de la duda y criticado a los fans impacientes, pero ahora pienso que Disney tenía que haber gestionado mejor la publicidad de El mandaloriano, haber dejado claro que era una serie en formato corto, propio de comedias (25-30 minutos), y con un estilo muy ligero y sencillo. Anunciar una producción con actores reales con más de cien millones de presupuesto a todos nos hizo pensar en una serie normal, de 45-60 minutos, y de gran ambición, pues forma parte de una saga muy dada a la épica espacial o space opera. Los tráileres y comunicados de prensa no dejaban entrever nada de su estilo, y tanto por el presupuesto y acabado como por el ingenio que se ve en el guion en momentos puntuales es imposible no pensar en que podían haber ofrecido algo más llamativo, así que empiezo a ponerme de parte de los espectadores decepcionados y confusos. Si Disney espera ganarse la fidelidad (ganas de revisionarla y por tanto seguir pagando mes tras mes) de sus clientes fans de La guerra de las galaxias apuntando tan bajo…

Sin créditos, este segundo capítulo se queda en 27 minutos, y en lo argumental no aporta nada sustancioso, es una aventurilla secundaria con pocos momentos recordables, esto es, intrascendente, salvada únicamente por su vistoso acabado. Y teniendo la temporada tan solo ocho entregas, los rellenos tan poco llamativos pesan demasiado.

Además, se le ven algunas costuras. El mandaloriano queda como un atontado e inexperto yendo de frente sin planear nada en dos ocasiones. Primero, ante el tanque de los jawas, donde salta a la vista que su desventaja es insalvable, que debería haberse encaramado con sigilo y analizado sus opciones. Luego, ante la criatura en la cueva, donde no muestra prudencia alguna, ni tantea un curso de acción, ni emplea recursos inteligentes. Además, parece demasiado conveniente y previsible que falle estrepitosamente con el “rinoceronte” y tenga que ser salvado.

Se podría pensar nos están presentado a un patán con más valentía que raciocinio, pero es que resulta demasiado estúpido en contraste con el episodio anterior, y canta a la vista que son justificaciones para las escenas de acción. También hay situaciones anodinas que dan ganas de saltarse, como el acto final dedicado a arreglar la nave, tan anticlimático y facilón que te hace terminar el visionado con un bajón.

Para aportar más confusión y sensación de que juegan con el espectador tanto en esta serie como con lo que se ve en los avances del Episodio IX – El ascenso de Skywalker, tenemos los personajes resucitados. Parece que ya nadie se queda muerto, que cualquiera puede reaparecer en cualquier momento. Exprimir el factor nostalgia se pone por encima del respeto al espectador y la coherencia narrativa. Además, el misterio con el niño es muy artificial. Esperemos que justifiquen todo bien y el relato tome rumbos más interesantes.

Las partes buenas son llamativas, pero no suficientes para evitar la sensación de intrascendencia, e incluso entendería quien lo considerada tiempo perdido. En mi caso, en un segundo visionado no fui capaz de verlo entero a pesar de su brevedad.

El primer acto en silencio es de nuevo cine del oeste del bueno, destacando el genial plano del asaltante reflejado en el caso del protagonista. El ataque a la fortaleza móvil de los jawas será muy forzado, pero en lo visual resulta espectacular, no sé qué es maqueta y qué ordenador, la combinación de técnicas es impecable, el realismo total.

Vuelve a verse también amor por el cine. La referencia a Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg, 1989), con el tanque intentando aplastar al protagonista contra las rocas, está bien hilada, y hay un plano al final en la nave muy del estilo de Centauros del desierto (John Ford, 1956), con los personajes en un marco a contraluz y el atardecer del desierto al fondo.

<- 101| Capítulo 1 103| Capítulo 3 ->

EL MANDALORIANO – 101 – CAPÍTULO 1


The Mandalorian – 101 – Chapter One
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Dave Filoni.
Valoración:

Sinopsis:
Un cazarrecompensas mandaloriano persigue malechores por toda la galaxia.

Resumen:
Tras capturar a su último prófugo y pedir el pago, el cazarrecompensas mandaloriano no encuentra buenas ofertas y opta por aceptar la de un mafioso. Antes de partir, hace una visita a un poblado de su gente para honrar la tradición.

La guarida del nuevo objetivo es de difícil acceso y está muy vigilada, pero un foráneo lo ayuda a cruzar el desierto y un robot cazarrecompensas a luchar contra los numerosos mercernarios. Una vez hallado el supuesto malechor, este no resulta ser lo que esperaba.

Mejores frases:
-Mythrol: Tengo muchos créditos.

-Kuill: He hablado.

-IG-11: Iniciaré la secuencia de autodestrucción.

-El mandaloriano: Ahora solo hay que abrir la puerta.

Comentario:
Alerta de spoilers: No creo que haya nada que se considere revelador.–

Recuperando el tono de Una nueva esperanza (George Lucas, 1977), la introducción a El mandaloriano es una combinación de fantasía y película del oeste. O un corto más bien, pues dura 35 minutos sin créditos; bien podría ser una parte de La balada de Buster Scruggs de los hermanos Coen (2019).

Es una presentación sin gran ambición en cuanto a historia, pero a lo poco a lo que apunta acierta sin fallas llamativas: tiene lo justo de ingenio y bastante estilo como para enganchar para ver más. Eso sí, siempre que no seas de esos fans impacientes que esperaban lo más grande, complejo y épico desde el primer minuto, algo que probablemente tampoco satisfaría sus expectativas, porque cada uno se habrá imaginado cosas distintas.

Me gusta el cariño que veo en los personajes secundarios, descritos en instantes con buenos diálogos y situaciones sencillas pero efectivas. Las primeras escenas, con un toque de humor negro, parecen escritas por Joss Whedon, en una suerte de cruce con Firefly (2002). Está claro que Jon Favreau ha sido una buena elección como productor ejecutivo y guionista: sólo con el prólogo me ha ganado y garantizado una buena serie. Qué difícil es ver en cine o series hoy en día buenos repertorios de personajes, la mayor parte de autores necesitan largas exposiciones, aclaraciones obvias (la reciente JokerTim Miller, 2019- tiene mucho de ambos) y otros recursos vulgares.

El capturado en el prólogo es un puntazo, un pringado que se habrá metido en algún lío y acaba en manos de un cazarrecompensas, y para tratar de mejorar su situación únicamente es capaz de hablar y hablar. El gángster misterioso que contrata al protagonista (nada más y nada menos que Werner Herzog) resulta poco confiable, ofreciendo una descripción verosímil de los bajos fondos. El robot (voz de Taika Waititi), como siempre en la saga, tiene una personalidad muy peculiar. El solitario granjero es amable a su manera, pero también chocante; la voz se la pone Nick Nolte, con ese tono rasgado y ronco tan característico, pero o han hecho malabares con la cámara para que parezca muy bajito o tras el maquillaje hay un extra, porque Nolte mide casi dos metros. Sólo queda un poco por debajo el intermediario, Greef Carga (Carl Weathers), que no deja entrever mucho de su personalidad: ¿es un buen negociador o un paria que sobrevive como puede?

El mandaloriano del título es una incógnita, nos dicen lo justo de él con detalles sutiles, invitándote a seguir sus aventuras para saber más. En su primera aparición vemos a un tipo duro y frío que realiza su trabajo sin importarle a quién hace daño. En el cobro y la aceptación de un nuevo objetivo se describe a alguien necesitado de dinero rápido y sin miedo a arriesgarse para conseguirlo. Pero no parece que está en alguna situación precaria, de deber dinero a alguien más peligroso, porque deja lo ganado en la forja de sus compañeros. Ahí también muestra conexión con su pueblo y tradiciones, así como un breve flashback a sus duros orígenes, así que se constata que no es una fría máquina de matar, tiene apego por algo y arrastra traumas del pasado. Así hasta el final: cada escena añade un detalle nuevo, todo casi sin que suelte diálogos y sin enseñar el rostro. Lo único malo de esto último es que parece que van a desaprovechar a un actor con tanto carisma y talento como Pedro Pascal.

Y ese es el capítulo: la presentación del protagonista. No ofrece ni necesita una historia de altos vuelos, y apenas el giro final hace pensar en algo de continuidad. Tenemos un compendio de anécdotas y escenarios que van mostrando la vida del mandaloriano y el entorno por el que se mueve. Gracias al generoso presupuesto tenemos lugares variados y llamativos (un mundo helado, los bajos fondos de otro, un desierto espectacular), pero en contenido van al grano sin andarse con rodeos y complicaciones innecesarias. Entre el asombroso acabado visual, los encuentros con los atractivos personajes secundarios, algunas situaciones ingeniosas y diálogos breves pero con garra, cada paso de la aventura deja buenas impresiones.

Con todo, es entendible cierta decepción aunque no llevaras expectativas irreales, no hay que ser como esos fanáticos que critico que ponen listones imposibles. Sencillamente, 35 minutos, en una serie de 120 millones de dólares y sólo ocho episodios, ambientada en un universo con tantas posibilidades, saben a poco. ¿No podrían haberse esmerado algo más? No hace falta irse por las ramas metiendo escenas de acción para vacilar y tramas secundarias de relleno, podríamos haber tenido una mejor presentación del empleador del protagonista, algo más del mafioso que le da el trabajo con tanto secreto y las tropas imperiales que lo acompañan, y una visión más detallada del pueblo mandaloriano.

Referencias a la saga las hay por decenas, tanto para ofrecer un ambiente conocido como para deleitar al seguidor con detalles que puede ir descubriendo. En la ambientación reconocemos atrezo, alienígenas, estilos arquitectónicos… En el sonido hay efectos míticos, como el de la nave calándose. En los diálogos hay guiños muy rebuscados, como el Día de la Vida del Especial navideño de La guerra de las galaxias (Steve Binder, 1978), esa aberración de película televisiva navideña que mostraba la vida de la familia de Chewbacca y que intentaron enterrar y hacer como si no hubiera existido.

El cine del oeste también se lleva sus homenajes. La situación con el tipo solitario que trata de labrarse una vida en el desierto recién conquistado y que debe lidiar con forajidos es muy típica, la del protagonista aprendiendo a montar a “caballo” en plan Horizontes de grandeza (William Wyler, 1979) más aún; el tiroteo final con una “ametralladora automática” me trajo a la memoria Grupo salvaje (Sam Peckinpah, 1969); y probablemente haya más que se me han escapado.

En el aspecto visual este inicio es deslumbrante, se nota el dinero (unos 15 millones de dólares por episodio, 120 la temporada completa), la experiencia y los recursos con los que cuentan. Sabe a La guerra de las galaxias, no a basura barata que venden con el nombre, como ha pasado hasta ahora cuando hacían series de algo famoso (Terminator y The Sarah Connor Chronicles, las series de Superman y otros héroes…).

En la dirección tenemos a Dave Filoni, uno de los principales artífices de las series animadas de La guerra de las galaxias y también productor ejecutivo en esta junto a Jon Favreau, pero lo cierto es que experiencia en imagen real no tiene, los productores han preferido su conocimientos de este universo. Sin embargo, cumple muy bien con su cometido. Acción y partes pausadas y escenarios diversos, la mayor parte con gran trabajo de efectos especiales, se combinan con la sobriedad y elegancia estándar en la saga. Cabe destacar que la pelea final está bien planificada, rodada y editada, así que cuando lleguemos a un gran clímax puede ser épico.

El vestuario y el maquillaje de los alienígenas y los decorados son numerosos y muy detallados. Los efectos especiales son magníficos, desde naves a criaturas (la de dos piernas es muy verosímil), sólo he notado un fondo falso cuando el mandaloriano otea el desierto. El sonido es fantástico, con un buen aprovechado del efecto envolvente que nada tiene que envidiar al cine. La música veo que está sembrando discrepancias, parece que muchos esperaban a John Williams o una imitación calcada, pero ya se ha abusado demasiado de su sonido: películas, series animadas, videojuegos, anuncios… Me alegro de que busquen otro estilo, de vez en cuando viene bien aportar algo de novedades y renovación. Ludwig Göransson, quien deslumbró en Black Panther (2018), le otorga a la banda sonora un estilo característico propio entre el western, la ciencia-ficción imaginativa (toques modernos), y la sinfónica pero sin parecerse por ahora a Williams, lo que es muy arriesgado, pero por ahora promete bastante, tiene personalidad y se adapta muy bien a cada instante. Sobre la fotografía, no entiendo algunas quejas que he leído, parece que algunos han visto otra serie. Es fría en la parte del planeta de hielo, sombría en los bajos fondos, con buenos juegos de luces y sombras, y saca todo el partido al desierto con unos grandes planos estupendos y mucho colorido. Yo a eso lo llamo versatilidad y buen hacer. Lo único que no entiendo lo de rodar para televisión en formato pantalla de cine (2.39), pierdes pantalla sin tener ventajas claras: en formato de televisión panorámica (1.78 o 16:9) se puede hacer fotografía de cine con grandes angulares sin problemas.

<- El mandaloriano 102| El niño ->

EL CAMINO: UNA PELÍCULA DE BREAKING BAD

El Camino: A Breaking Bad Movie
Netflix | 2019
Drama, suspense | 1 ep. de 122 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Diane Mercer.
Intérpretes: Aaron Paul, Matt Jones, Charles Baker, Jesse Plemons, Scott Macarthur, Scott Shepherd, Jonathan Banks, Krystin Ritter, Bryan Cranston.
Valoración:

Alerta de spoilers: Diría que señalo algunos aspectos del final, pero realmente no cuenta nada nuevo respecto a la serie y no revelo detalles concretos.–

Con Breaking Bad terminada por todo lo alto y una secuela que explora otras opciones (Better Call Saul) en marcha, ¿qué necesidad había de ofrecer un tardío epílogo? Cierto es que se puede pensar que siempre puede haber otra etapa en la vida de los personajes que relatar (hasta la muerte, obviamente), pero si no era relevante para desarrollarla durante la serie, y no hay una clara sensación de que se quedaron cosas en el tintero por falta de tiempo o recursos, ¿por qué andar mendigando resquicios por donde tirar seis años después? Viendo el resultado, está claro que en vez de trabajarse un homenaje que fluya con naturalidad mientras desarrollan una historia con novedades y bien trabajada que pueda despertar nuevo interés, Netflix y Vince Gilligan han buscado únicamente exprimir a los seguidores más fieles.

Ver a Jesse Pinkman en libertad era un buen final, no dejaba cabos sueltos, pues los enemigos estaban eliminados y la poderosa órbita de Walter White desaparecida, y tuvo el toque justo y necesario de emotividad: el calvario del joven ha terminado y puede intentar rehacer su vida. Volver atrás y tratar de aportar novedades a historias ya cerradas tiene todas las decepcionar, y más después de tanto tiempo, con la serie tan idealizada. Cada espectador se habrá imaginado un destino distinto para Jesse… y el que nos ofrecen no convence lo más mínimo. No aporta a su arco dramático nada que no estuviera claro o al menos se intuyera en aquel desenlace, y hasta llegar de nuevo a la conclusión hemos tenido dos horas perdidas en una lucha por la supervivencia muy floja en interés y calado.

Es decir, El Camino es puro relleno para llegar a la misma situación. Con libertad y sin ataduras tiene la posibilidad de retomar su vida como quiera y pueda, pero esa historia no hay necesidad de contarla. Por eso no lo han hecho aquí. Y que fueran conscientes de ello no hace sino confirmar que sabían que era una película innecesaria, un reclamo para fans.

La sensación de que es un episodio menor, de transición entre cosas más importantes que están por llegar, es constante. La serie era terriblemente irregular, pero aun así este capítulo se siente por debajo de los más flojos en ritmo y en contenido. Ninguna acción parece generar secuelas ni allanar un viaje emocional concreto y novedoso para el protagonista, todo son anécdotas sin trascendencia ni algún atractivo extra. Salvo en la inicial escena de persecución, bastante tensa, no se teme por lo que le pueda ocurrir, no te asombras con situaciones imprevistas que descolocan cualquier intuición que tuvieras sobre el porvenir, elementos que hicieron destacar a la serie, y el final es anticlimático a más no poder. El último clímax depende exclusivamente de si un tipo llama a la policía o no, y ninguna de las dos opciones promete nada extraordinario ni llega a ofrecerlo. Con las aventuras tan espectaculares y originales que hemos tenido durante las temporadas, ahora pretenden captar nuestra atención con una simplona huida de las autoridades y una artificial venganza contra un villano de poca monta que se han sacado de la manga, porque como decía, todas las tramas estaban bien cerradas.

La inspiración de Vince Gilligan también brilla por su ausencia en el acabado, que luce como una película de cine de presupuesto menor porque hay talento y experiencia de sobra, pero la inventiva de la que hacía gala en cada episodio, y seguramente con menos dinero y tiempo, aquí no está presente. Intenta unas cuantas escenas con los reconocibles enredos visuales, pero estas no logran impresionar ni agilizar tramos de menor interés. Por ejemplo, la búsqueda de dinero en el piso se alarga hasta aburrir.

El Camino vive exclusivamente de la referencia, de jugar con la añoranza del espectador. Para los seguidores que tienen endiosada la serie, se la han visto mil veces y buscan cualquier detalle para seguir alimentando su idolatría, Gilligan hace malabares para citar detalles rebuscados y mostrar fugazmente personajes muy, muy, muy secundarios que sólo ellos puedan identificar y así saciar su apetito. Para los que vimos la serie y seguimos adelante con nuestra vida buscando otras obras originales y de gran calidad, porque por mucho que digan sus fanáticos Breaking Bad no fue la mejor de la historia ni entra en la categoría de obra maestra, tiene también su ración de gominolas, estás más baratas: mete con calzador otras figuras más reconocibles pero que ya habían dicho todo lo que tenían que decir. Mike, Walter White y Jane Margolis no aportan absolutamente nada, de lo que canta el intento de conmover obtiene lo contrario, molesta porque intenta engañarte con trucos manipuladores. Sólo con Badger y Skinny Pete consigue un homenaje bonito y bien hilado. Todd en cambio no funciona del todo: resulta simpático, pero su presencia es puro relleno, una trama secundaria para matar el tiempo.

Gracias a la conexión con Jesse y el excelente papel de Aaron Paul, que tiene pocos diálogos pero logra transmitir bien su desesperación y miedos, el visionado logra engancharte lo suficiente para que esperes que la historia llegue a concretar algo y explote de una vez. Pero ni las partes más intensas, como la persecución inicial, la aparición de los falsos policías y el duelo con estos, logran mitigar la sensación de que El Camino carece de inspiración y esfuerzo en su creación. Apenas vale para pasar el rato, y no da lo suficiente como para dejar huella y pensar en volver a verla.

PD: Robert Forster rodó su parte (interpretando al dependiente de la tienda de aspiradoras) a pesar de sufrir un cáncer de cerebro. Murió justo el día de estreno de la película, el viernes 11 de octubre.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
-> El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – LA SERIE

La estética que le otorgaron a Star Trek: La nueva generación (1987-1994) se debe a lo que en los años ochenta entendían por moderno, decorados de colores ocre llenos de curvas para los interiores de la nave y vestuario imitando licra. Pero por suerte optaron por un estilo minimalista, con diseños sencillos y elegantes que han envejecido muy bien comparando con otras horteradas de la época. Sólo el vestuario falló un poco inicialmente, con unos trajes de una piza y muy ajustados que parecen chándales de mercadillo y que resultaban muy incómodos para los actores, pues les tiraban de los hombros, daban calor, olían mal… Hasta que estos empezaron a sufrir serios problemas de espalda no se decidieron a cambiarlos por unos de dos piezas y enteramente de algodón mucho más bonitos y versátiles, fórmula que han seguido en todas las series posteriores con pocos cambios.

En la recreación de la tecnología futura fueron, como en la original, unos visionarios en el uso y capacidades de los aparatos y ordenadores, pues se han ido haciendo realidad de forma muy parecida: pantallas planas táctiles, tabletas y móviles, diseño de menús… En cuanto a las naves, exprimieron los diseños rompedores de la serie original, ofreciendo un sinfín de navíos asombrosos y con cada raza teniendo su propio estilo muy diferenciado. En lo personal, diré que llegué a esta serie después de las películas de la tripulación original, y el Enterprise me pareció bastante feo en un principio… pero tras unos cuantos capítulos acabé encariñándome, sobre todo porque las maquetas son tan detalladas que parece real.

Aunque rodaron en 4:3, el formato cuadrado de televisión en la época, lo hicieron con un estándar de calidad cinematográfica, exceptuando una iluminación un tanto fallida en las dos primeras temporadas. El habitual primer plano y contra plano simplón de la mayor parte de series ha hecho que estas envejezcan muy rápido y mal, pero Star Trek: La nueva generación tiene un aspecto moderno y virtuoso. La estupenda fotografía de planos medios y la dirección muy cuidada permite que las escenas respiren con naturalidad, con varios personajes interactuando a la vez, y a partir del tercer año se pusieron las pilas también con la iluminación, sacando todo el partido a los interiores del Enterprise. Hay que destacar también un aspecto que suele pasar desapercibido para muchos, una banda sonora orquestal de gran calidad y versatilidad.

Pero si por algo dejó huella Star Trek (1966-1969) y mantuvo La nueva generación es por sus historias tan originales e inteligentes, adelantadas a su tiempo y bastante profundas en temática. Cada capítulo ofrece elaborados dilemas éticos, conflictos sociales y culturales complejos y fascinantes, intrigas políticas y retos científicos muy variados a pesar de su tono fantasioso (incluyendo la famosa tecnojerga).

Gene Roddenberry y su equipo de guionistas exploran más a fondo la utopía soñada en la serie original. Tras siglos de desigualdades y guerras la humanidad dio un giro y ansía una sociedad pacífica dedicada al progreso en todo ámbito, no a la despiadada búsqueda de éxito personal y económico y la imposición sobre otras culturas. El dinero deja de existir, todos trabajan por el bien común y el estado, y la realización personal no se basa en pisotear a otros. (Curiosamente, en EE.UU. nunca ha arrastrado acusaciones de comunista). Así surge la Federación, un sistema de gobierno con una gran flota estelar que funciona más como organización científica que política y militar, pero que obviamente tiene que cuidar mucho las relaciones con otros pueblos.

La tripulación protagonista, a bordo del navío insignia, el Enterprise NCC-1701-D, viaja por la galaxia buscando nuevas formas de vida y adquiriendo conocimientos, siempre enarbolando los principios de la Federación. Los retos que van enfrentando los ponen a prueba en lo personal, en la ética y las normas por las que se rigen. Hay encuentros con razas alienígenas tan extrañas que se producen peligros inesperados. En el estudio de especies más atrasadas la norma es no intervenir en su evolución, algo que más veces de las que querrían genera grandes dilemas. Otras razas son hostiles, como los klingon y los romulanos, con los que hubo guerras recientes y todavía hay un ambiente explosivo, sobre todo con los últimos, con quienes se mantiene una tensa guerra fría.

En todos los conflictos la solución se busca a través de la razón, la ciencia y la negociación, por lo que es una serie de diálogos, pausas tensas y giros inesperados más que de acción. Batallas hay muy pocas, los capítulos de ritmo trepidante escasean. Pero es adictiva, porque siempre está narrando algo con calado a través de personajes con gran carisma.

Jean Luc Picard (Patrick Stewart) es un capitán serio, muy rígido a veces, pero de los que dan todo por su tripulación e ideales. Su segundo, William Riker (Jonathan Frakes), es el contrapunto perfecto para el mando, porque es la cara cercana y amable de los altos mandos, lo cual también parece frenar su carrera, pero como él dice, está a gusto en el Enterprise. El androide Data (Brent Spiner) es la nueva versión de Spock , el personaje críptico que trata de aprender cómo se comportan los humanos. Junto al ingeniero Geordi La Forge (LeVar Burton) forma un dúo memorable, siempre apasionados por su trabajo y ser mejores personas. Deanna Troi (Marina Sirtis), mitad humana mitad betazoide, una raza de telépatas, tiene capacidades empáticas, lo que la hace la perfecta consejera y psicóloga de abordo. Worf (Michael Dorn) es un klingon criado por humanos; su beligerancia y sus problemas familiares y culturales le traen constantes problemas, pero su posición en la nave nunca queda en entredicho. La doctora Beverly Crusher (Gates McFadden) aporta su madurez y férrea moral, además de una cercana amistad con Picard y un pasado en común. Su hijo, el joven Weasley (Wil Wheaton), supuso el único conflicto con los fans, porque pronto fue odiado por la representación del adolescente sabihondo y metomentodo que hacen, así que a las pocas temporadas optaron por apartarlo.

Hay unos pocos secundarios recurrentes, algunos tan interesantes que querrías que hubieran aparecido más, como la teniente Tasha Yar (Denise Crosby), el técnico O’Brien (Colm Meaney) y su novia la botánica Keiko (Rosalind Chao), pareja que acabaría en Espacio Profundo Nueve), la enfermera Ogawa (Patti Yasutake), la camarera Guinan (Whoopi Goldberg), siempre dipuesta a escuchar problemas, el enigmático Q (John de Lancie), experto en generarlos para su diversión, Alexander (Brian Bonsall), el hijo de Worf, el gemelo malvado de Data, Lore, y mis favoritos, la ruda teniente Ro Laren (Michelle Forbes) y el patoso teniente Barclay (Dwight Schultz). En el lado malo están la pesada madre de Troi, Lwaxana (Majel Barrett), que se llevó los capítulos más tontos y plomizos, y la doctora Pulaski (Diana Muldaur), quien sustituyó a Beverly Crusher en la segunda temporada por imposición de un productor y no sentó bien a los seguidores, lo que empeoró por su personalidad arisca tan forzada.

El reparto fue elegido con tino, todos mostraron gran química desde el principio, haciendo de cada reunión y disputa algo digno de ver. Sólo Jonathan Frakes estuvo algo perdido el primer año, pero fue cogiendo confianza poco a poco, amén de que la barba le dio un porte más digno. En cambio, Patrick Stewart deslumbró instantáneamente y tuvo intervenciones inolvidables en cantidad.

Pero Star Trek: La nueva generación arrastró carencias importantes que frenaron su potencial. Roddenberry concibió una serie muy constreñida en unas directrices concretas, lo que limitaba demasiado el rango de historias a contar. Su utopía iba demasiado lejos, eliminando cualquier conflicto entre tripulantes y entre especies. Los otros productores principales, Rick Berman y Michael Piller, tomaron las riendas en la tercera temporada anunciando que acabarían con esas barreras, pero a la hora de la verdad apenas hubo evolución.

En la primera temporada ya quedan claro los fallos, y apenas logran tibias mejoras conforme avanzan: el inmovilismo lastra sus siete años. La progresión del drama personal es mínima, y casi todas las tramas de largo recorrido se quedan en el aire después de tantísimos capítulos como tuvieron para tratarlas con mejor tacto. Las relaciones interpersonales y laborales se basan en unos mínimos que exprimen bien… pero sin moverse de ahí, con miedo a cambiar mínimamente de dirección, a avanzar hacia algo nuevo. Los romances en tensión no evolucionan un ápice (Troi y Riker, Beverly y Picard), las historias que dejen secuelas son escasas y se retoman en raras ocasiones. Prácticamente solo Worf tiene avances en lo personal, con las puntuales incursiones en su lado familiar, y solo los klingon sufren cambios políticos que afectan en siguientes episodios. Los romulanos, los borg, los cardasianos, las intrigas en el mando de la Federación… tantos frentes prometedores abiertos, y no se atrevieron a desarrollarlos. En Espacio Profundo Nueve (1993-1999) tomaron nota de esos fallos y cambiaron muy acertadamente de estilo.

Incluso en sus puntos fuertes se produce pronto un estancamiento, se abusa de la misma fórmula más de la cuenta. Sí, de vez en cuando consiguen aportar nuevas perspectivas, pero por lo general hay demasiados capítulos repetitivos y poco inspirados donde se reincide en algunos patrones demasiado: el conflicto con un ente alienígena desconocido que pone en peligro al Enterprise y se soluciona con palabrería tecno científica; la eminencia en negociaciones que tiene secretos que ponen en peligro las relaciones entre pueblos; la sociedad idílica que esconde algo; el bucle temporal que permite a los guionistas hacer cosas que en condiciones normales no se atreverían, pues al final harán un reset; el roce con los romulanos que no llevará a nada; etc.

Con todo, las virtudes obviamente se imponen en un conjunto con gran personalidad y que aguanta el paso del tiempo muy bien, pues Star Trek: La nueva generación sigue no sólo recordándose con agrado, sino ganando nuevos adeptos año tras año.

DESENCANTO – TEMPORADA 1, PARTE 2

Disenchantment
Netflix | 2019
Aventuras, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Matt Groening, Josh Weinstein, Claudia Katz.
Intérpretes: Abbi Jacobson, Eric André, Nat Faxon, John Dimaggio, Billy West, Maurice Lamarche, Tress MacNeille, Sharon Horgan.
Valoración:

Antes que nada, no entiendo eso de llamar parte 1 y parte 2 de la temporada a tandas de capítulos estrenadas con un año de diferencia. Supongo que serán temas legales, pero a los fans lo único que hace es confundirnos. Con Futurama pasó lo mismo, hubo un tiempo durante el cual nadie sabía cuántas temporadas había realmente y a cuál correspondían los episodios.

La presentación de Desencanto hizo honor a su título resultando un desencanto bastante importante. ¿Dónde estaba el Matt Groening y colaboradores que nos regalaron genialidades como Los Simpson y Futurama? Las aventuras de Bean en Utopía (o Dreamland) carecían totalmente de la inventiva e inteligencia de aquellas, resultando una parodia bastante simple de la fantasía medieval clásica sazonada con unos pocos líos paternofiliales tampoco muy elaborados. Si no fuera porque los personajes mantuvieron cierta simpatía y por el notable subidón en los tres capítulos finales apostaría a que casi nadie habría seguido viéndola… Pero esta segunda parte es otra prueba de fuego, porque arrastra los mismos problemas. Netflix no da resultados de audiencias, pero a tenor del escaso y tibio recibimiento que se lleva en las redes no le veo mucho futuro.

Con Utopía patas arriba, el complot descubierto, la reina y madre de Bean resultando ser muy distinta a la figura tan idolatrada que tenían, nos dejaron en un clímax de infarto. En el primer episodio, los nuevos pasos en el asunto y sus posibles secuelas prometen bastante. A Bean se le abren los ojos a una nueva cultura y un conflicto tanto político como personal que la sobrepasan. La cantidad de situaciones y giros que traen las dificultades que enfrenta garantizan una historia muy movidita e impredecible. El segundo capítulo, con el viaje al infierno, sigue sumando puntos añadiendo un humor más ingenioso y loco, prometiendo que la temporada irá por caminos más arriesgados y originales.

Pero esa inspiración inicial tanto en historias como en la cantidad y la calidad de los chistes desaparece en los siguientes, que vuelven al tono sencillo, cuando no simplón, de la primera etapa. Tiene amagos en que parece que se va a poner seria, jugando con sutilezas (los orígenes de Elfo), abordando temas más complejos (los conflictos entre los elfos y el rey), deslumbrando con otros lugares (los ogros, Vaporlandia)… pero se desarrollan sin pena ni gloria. La sátira es tontorrona y a veces resulta forzada (el feminismo a la cabeza), el ingenio brilla por su ausencia, todo son entuertos sencillos, parodia básica con chistes muy blandos, pues ni con un demonio cabroncete como se supone que es Luci ni con los choques de Elfo con la realidad tenemos gracias subidas de tono.

Lo mejor que se puede decir es que si te caen bien los personajes querrás seguir viendo sus aventuras, pues por poco excitantes que sean la mayor parte, estos tienen sus momentos en cada episodio y, sobre todo, hay una continuidad en la evolución de sus relaciones y sus personalidades. Y esto se extiende a la fauna creciente de secundarios: todos van aportando detalles al conjunto, de forma que se nota una planificación global o al menos una intención de ir avanzando hacia alguna parte.

Pero ahí también se queda corta, porque al final del año pasan por completo de casi todo lo que han ido sembrando y lo dejan para más adelante. El misterio con la caja de música y las marcas por el castillo parece ser crucial, le dedican un par de capítulos con mucho esmero en sembrar intriga… y luego no lleva a nada, sólo se retoma unos segundos en un giro final muy forzado y sin garra. La parte de Vaporlandia, la asombrosa ciudad steampunk, te deja esperando un colofón que dé la vuelta a todo… pero el episodio final en cambio se centra en cosas que a su lado parecen totalmente intrascendentes, sobre todo con la falta de empaque con que las narran. Los últimos problemas de Bean, Luci, Elfo y por extensión Utopía están lejos de mantenernos en vilo como supongo que pretendían, saben a distracción temporal que no se han trabajado con ganas, resultando un capítulo final aburrido y anticlimático.

La esperanza nunca se pierde, se suele decir, y Desencanto todavía mantiene la sensación de que tiene un mundo enorme por explorar, pero por ahora sigue apuntando a unos mínimos decepcionantes.

Ver también:
Temporada 1, parte 1 (2018)
-> Temporada 1, parte 2 (2019)

PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 3

BBC Two | 2016
Drama, suspense | 6 ep. de 54-58 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Helen McCrory, Paul Anderson, Annabelle Wallis, Sophie Rundle, Finn Cole, Joe Cole, Aimee-Ffion Edwards, Harry Kirton, Natasha O’Keeffe, Kate Phillips, Paddy Considine, Packy Lee, Ned Dennehy, Gaite Jansen, Tom Hardy, Jan Bijvoet.
Valoración:

No sé si el creciente éxito de la serie tuvo algo que ver ni si se encarrila en las siguientes temporadas, pero su productor y prácticamente único guionista Steven Knight apunta demasiado alto en esta etapa partiendo de unas bases que no permiten tanta ambición, y termina sufriendo un gran tropiezo.

Con seis capítulos por temporada, un presupuesto ajustado y pocos personajes dio forma en sus dos primeras temporadas a un sencillo y entretenido relato sobre las intrigas criminales de una mafia de barrio. Pero la maduración a la que apuntaba en la segunda, con los personajes secundarios ganando profundidad y ofreciendo en general historias más variadas que las predecibles aventuras con que había empezado, no ha seguido su buen curso.

Manteniendo el número de episodios, con ocho personajes mal contados y tres escenarios y medio (la casa de apuestas, la mansión, la calle, una fábrica) no da para sostener la épica intriga criminal pretendida, así que se la temporada se cae a pedazos, resulta artificial, descabellada, caótica… Saltamos entre dramas personales inestables, con giros sensacionalistas que salen de la nada y cuyas consecuencias se despachan con trazos mal dados, e intrigas rebuscadas sin que nada llegue a desarrollarse por completo, sin que calen los hechos en la situación criminal y psicológica de los protagonistas, y desde luego sin que resulte creíble de cara al espectador.

Los Peaky Blinders han pasado de luchar a mamporros con otras bandas locales por unos pocos pubs y fábricas y las apuestas de la zona, a controlar Birminghan sobre todos los rivales italianos, judíos, gitanos y demás, y a tener todo negocio bajo su control. Han pasado de tener en nómina a unos pocos policías de la zona a subyugar comisarías y meter mano en la política. Y no me lo creo. No se ha visto cómo han logrado tales hazañas ni cómo las mantienen en pie, no resulta verosímil en ningún momento. Son una pequeña familia con un puñado escaso de matones a sus órdenes, no se ve un entramado criminal de grandes proporciones que haga posible tal dominio. Lo mismo se aplica a los nuevos enemigos y el plan criminal principal de este año, donde Knight se ha flipado cosa mala y termina haciendo bastante el ridículo.

Thomas Shelby se encuentra entre la espada y la pared cuando una organización secreta afín al gobierno le exige ejecutar un complot de grandes proporciones. Este entramado supuestamente temible y de largos tentáculos lo representa un solo personaje, un cura interpretado por Paddy Considine. Ni el actor ni el rol dan la talla como genio del mal, ni mucho menos hacen tangible la supuesta fuerza de esa organización. Nos hemos de creer porque sí sus amenazas de que controla el país a su antojo y la rebuscada combinación de planes anticomunismo, lazos rusos, confabulaciones para desestabilizar gobiernos extranjeros… Nada de esto se ve realmente, sólo se oye en boca de Tommy. Si yo fuera uno de sus hermanos pensaría que está loco, porque sólo él ve esas cosas.

En cada capítulo parece que va a ocurrir algo grande y espectacular, pero casi todo se resuelve fuera de pantalla, en plan “He ordenado que corten las calles y detengan a los soldados de la banda enemiga, así que hemos ganado”, “Para ejecutar este robo imposible hemos convencido a todas las fábricas de ir a la huelga”, etc. Muchas veces vemos solamente cosas triviales, como a Tommy mirando a la nada con temores y dudas o la enésima disputa con los hermanos, y en la escena siguiente aparece con esa frase que resuelve todo. La guerra con los italianos, la organización secreta manejando los hilos, los rusos que unas veces parecen unos muertos de hambre y otras se supone que tienen gran poder, diversas fases de los planes de enviar armas y robar joyas… Todo son vaguedades que no llegan a concretarse.

El carisma de los personajes no sirve esta vez para tapar huecos, porque estos son muy grandes y a veces los engullen. Tommy pasa por mil fases sin que se terminen de desarrollar los eventos y tratar las consecuencias adecuadamente. Otrora un personaje con motivos claros, un rumbo de acción determinado y un esfuerzo personal visible en todo momento, ahora es un ente hueco dando bandazos según le viene al escritor. La relación con Grace sigue siendo un desastre, no hay química entre los actores ni trabajo desde el guion que le otorgue forma, y el giro que cambia las cosas es de un ridículo que espanta. Entre los momentos más fallidos cabe destacar esa parte en la que Tommy está medio muerto de una paliza (cráneo fracturado y todo) y, tras señalarnos que ha estado meses hospitalizado, vuelve al juego sin que el paso del tiempo haya perjudicado a su poder ni cambiado nada. Entonces, ¿para qué tanto enredo?

La dinámica con los hermanos es totalmente volátil, un día son una banda de fidelidad inquebrantable, al siguiente todo recelos y peleas. La disputa con el cura maligno es delirante, bastaba con pegarle un tiro a la primera de cambio. Tras resultarme muy atractivo en su presentación, me ha sentado muy mal que Michael esté desaprovechado casi todo el tiempo y al final salte a primer plano con uno de esos virajes tan poco meditados: “pues ahora me acuerdo de que ese cura abusó de mí cuando era un crío”, y ahora de repente quiere formar parte de las acciones criminales y matarlo. Polly tiene un romance cansino con un tipo anodino que no lleva a ninguna parte, y eso que Alexander Siddig es un gran actor. Al final, de la familia de Tommy sólo Arthur mantiene cierto nivel, porque a John siguen sin desarrollarlo y las mujeres son de adorno. Pero al principio descoloca un montón, porque aparece casado con una católica irredenta que intenta controlarlo… ¿Cómo se ha enamorado y atado a alguien así? Por ello, su arco de buscar redención y dejar de pecar parece muy forzado.

Lo único rescatable, aparte del magnetismo de Cillian Murhpy y el cada vez mejor papel de Paul Anderson como Arthur, es Gaite Jansen y su alocada y seductora princesa rusa. También destaca el estilo audiovisual cada vez más. Aunque la dirección es mejorable en muchas ocasiones, la fotografía es un deleite, y la música con temas rock modernos muy bien fusionados con las imágenes ya es un sello inconfundible.

Peaky Blinders venía siendo bastante interesante a pesar de su escaso alcance, pero la tercera temporada pega tantos tiros al aire que no termina de formar una historia coherente y amena. Se me ha hecho muy pesada y decepcionante, no entiendo que la crítica se volcara tanto con ella y el público encontrara una serie supuestamente asombrosa y adictiva.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
-> Temporada 3 (2016)