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THE EXPANSE – TEMPORADA 4

Amazon Prime Video | 2019
Ciencia-ficción, drama,
suspense, acción | 10 ep. de 44-52 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Frankie Adams, David Strathairn, Cara Gee, Thomas Jane, Burn Gorman, Rosa Gilmore, Lyndie Greenwood, Jess Salgueiro, Paul Schulze, Dayle McLeod.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante de las tramas del año, aunque una vez presentadas se intuye todo y no avanzan nada, así que no te destriparás mucho si lees la crítica.–

Abordé The Expanse como a toda serie de ciencia-ficción, con recelo, porque a pesar de ser mi género favorito muy pocas han resultado realmente buenas. Pero me enganchó desde el primer capítulo dejando claro en pocos minutos la ambición y el buen hacer de sus autores, Mark Fergus y Hawk Ostby, adaptando las novelas de Daniel Abraham y Ty Franck. Varios frentes abiertos, dispares pero muy atractivos, intriga política de gran complejidad y un misterio fantasioso latente generando más incertidumbre ofrecían una temporada emocionante y magnífica. La segunda perdió un poco de fuelle, sobre todo en su tramo final, pues en vez de avanzar y crecer como prometía se frenó un poco y se tornó repetitiva. Parecía que la protomolécula iba a quedar como el argumento recurrente improvisado, en plan Expediente X (Chris Carter, 1993) con los esquivos extraterrestres, y los personajes habían llegado a su tope. Con todo, resultó una buena etapa.

Pero en la tercera sí dieron el salto argumental y cualitativo esperado. Es inevitable pensar que los guionistas se vieron venir la cancelación y se propusieron cerrar las tramas principales en desarrollo, pues parece haber dos temporadas en una, pero lejos de parecer precipitada resultó espectacular, una de las mejores temporadas de los últimos años. Pero entonces se confirmaron los temores de cancelación…

La pequeña empresa Alcon como productora y SyFy Channel como distribuidor apuntaron demasiado alto, pronto quedó claro que no podían mantener una producción tan cara (se estima en unos cuatro millones de dólares por episodio). Con Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) tuvieron más vista y mejor suerte, pues compartieron el esfuerzo con el canal inglés Sky One, desde el primer episodio las audiencias fueron notables y se vendió rápidamente al resto del mundo, mientras que The Expanse tenía entusiastas críticas y gran proyección en internet pero pocos espectadores reales en su emisión. Por suerte, estamos en la mejor época para las series, con plataformas como Netflix o Amazon Prime Video que permiten mejor retorno monetario al tener una proyección internacional sin necesidad de negociar con otras compañías. Estaba claro que acabaría distribuida en una las dos, salvo que en las negociaciones alguno de los productores se pusiera tonto.

Amazon fue quien ganó la puja, y desde entonces era obvio pensar que habría menos restricciones, como de número duración de episodios, de censura (temática, lenguaje, sexo, violencia), y quizá un mayor aporte de dinero también. Pero la cuarta temporada ha estado muy lejos de cumplir las expectativas, ofreciendo un retroceso brutal en ambición y calidad.

Cruzamos el anillo creado por la protomolécula para ir a otros sistemas solares. Pero el siguiente paso de la expansión de la humanidad arrastra los problemas mal cerrados de la etapa anterior. La débil paz entre la Tierra, Marte y el cinturón (divididos entre simpatizantes de la OPA y quienes quieren dejar el terrorismo atrás) no es sino una fachada tras la que se cuecen nuevos intereses.

Lo vive Chrisjen Avarasala en la campaña política, con una oponente populista ciega a los problemas reales. Lo descubre Bobbie en Marte, donde el gobierno militarista se desmorona y facciones criminales quieren hacerse ricas con las migajas. Lo intuyen Camina Drummer y Klaes Ashford intentando atajar a los cinturianos rebeldes y terroristas que quedan tratando de poner a todos en guerra otra vez. Y sobre todo lo enfrenta la tripulación de la Rocinante en Ilus, el planeta recién colonizado, donde refugiados del cinturón esperan formar una nueva vida mientras los mercenarios del gobierno llegan para disputar las nuevas riquezas.

Las maravillas del universo al alcance de la mano no bastan para cambiar al ser humano. La ambición egoísta, el rechazo cuando no odio a las distintas formas de pensar y vivir la vida, y los intereses políticos y económicos crean facciones que difícilmente pueden convivir. La serie mantiene así su estilo verosímil no sólo en ciencia espacial, sino sobre todo como reflejo de la realidad. Pero las tramas en las que subyace esta temática no tienen el ritmo, profundidad y fuerza de antaño.

Son muchas las carencias que van sumándose entre sí y limitando el demostrado potencial que puede alcanzar, y aparecen muy pronto, tanto que la decepción me envolvió en el primer episodio y no se desvaneció en adelante, sino que fue creciendo hasta que vi los últimos con gran desgana, cuando las temporadas anteriores las engullí y volví a ver en poco tiempo. Esta la quiero olvidar y esperar que la quinta remonte y la deje como un mal sueño.

Pensaba que volver a diez episodios contra los trece anteriores me iban a parecer poca cosa, pero se me ha hecho bastante larga. Avanza migajas en las tramas globales, los personajes no se mueven lo más mínimo, es todo una sucesión de aburridas vueltas en círculos con clímax forzados para intentar levantar el interés. La naturalidad e imprevisibilidad con que desarrollaban los hechos en las etapas anteriores no vuelve a verse. El ritmo trepidante, los múltiples frentes intrigantes, los personajes principales y secundarios en constante evolución tampoco están al mismo nivel. Y la fascinación por lo desconocido que se esperaba al abordar la exploración del universo no llega a aparecer en ningún momento.

Todo se cambia por historias predecibles, estancadas en nimiedades que se repiten episodio tras episodio. Una vez presentada, cada sección se mueve muy poco y en direcciones muy fáciles de ver venir. Desde el primer capítulo se sabe con certeza que Bobbie no encajará en Marte y volverá con Avasarala, que los cinturianos buscan gresca, que los gobiernos de Marte y la Tierra se quedan atrás mientras grupos misteriosos varios pasan al frente, que Holden y sus compañeros tratarán de arreglar el lío en la colonia, y que todo junto forma de nuevo un polvorín a punto de explotar.

Sólo algunos tramos de las aventuras de Camina y Klaes son llamativos, pero aparecen poquísimo. Sólo breves instantes de las elecciones en la Tierra resultan mínimamente intrigantes, y no es que sea una historia de altos vuelos comparada con las vivencias anteriores de Avasarala. Y sólo Bobbie aporta algo de emoción en la parte dramática, de forma que es el único personaje que recorre un camino demasiado evidente aportando al menos un conflicto interno llamativo. Por el otro lado, por desgracia la tripulación de la Rocinante no se mueve un ápice, cada uno se queda atascado en su característica más destacable de forma que en cada nuevo capítulo tienen su aportación obligada y ya está. Holden empeñado en salvar a todos, Amos bruto como él sólo, Alex buenazo sin enterarse de casi nada, Naomi idealista y apenada por tanto problema…

Y para rematar, una serie estupenda en cuanto a personajes secundarios, sin miedo a que entren y salgan constantemente de la acción, también patina un montón en este aspecto. Ninguno de los nuevos logra despertar el más mínimo interés, ni la banda de Marte, ni las familias, la doctora y la soldado de Ilus, ni mucho menos el líder mercenario enviado allí por la Tierra. Este villano, interpretado por el siempre sobreactuado Burn Gorman, empieza siendo cargante, pero pronto se torna ridículo por culpa un dibujo tan simple y a la vez excesivo que resulta impropio de esta producción incluso contando con el bajón generalizado.

La fascinación por lo desconocido, el factor descubrimiento tan esencial para que una obra de ciencia-ficción te maraville, no va más allá de las expectativas que te hayas generado en la espera por ver cómo empiezan a explorar el universo. La historia de supervivencia en un planeta desconocido es muy ramplona, y parece que los guionistas lo saben, porque tiran de sensacionalismo, de giros rebuscados y suspense barato cada dos por tres. Los problemas con la protomolécula y el conflicto entre los colonos y mercenarios resultan demasiado artificiales, puestos a designio de los escritores según necesiten una pausa, acelerar los hechos, intriga o drama. En todos los capítulos ese villano de pacotilla pasa de amenazar con matar a todos a trabajar en grupo, de estar cabreadísimo a pasearse entre colonos, la visión de Miller aparece y desaparece a conveniencia, la protomolécula amenaza con algún nuevo enredo absurdo, y los protagonistas se pasean sin terminar de hacer nada concreto para no acabar con las tramas antes de tiempo. Y a pesar de todo, aun tiene momentos en que sorprende para mal: la subtrama de la ceguera es patética, vergonzosa.

Si para el final esperabas una gran revelación con la protomolécula y que el polvorín de todo el sistema solar estalle en nuevas apasionantes historias, puedes darte con un canto en los dientes. El misterio con la protomolética tiene una resolución lastimera, lo demás queda todo queda en suspenso, sólo hay resoluciones secundarias, todas flojar cuando no penosas, como el cutre duelo final entre Holden y el villano.

La inteligente visión de la humanidad, la simpatía que todavía queda en los protagonistas, y el excelente acabado visual, que otorga ritmo y empaque a historias anodinas (atención a cómo en el planeta cambian el formato de imagen a panorámico), logran mantener a flote una temporada con más fallos que logros, con tramos bastante aburridos y una parte final sin savia alguna.

He pasado de pensar que a The Expanse le vino muy bien acelerar y concentrar las historias en el tercer año debido la sombra de la cancelación a temer que hayan optado por una narrativa a lo The Walking Dead y Vikingos ahora que pueden tener muchas temporadas por delante, esto es, estirar el chicle hasta que pierda toda sustancia. Lo que han contado en diez episodios cabía en uno, dos a lo sumo. Es la presentación de lo que deberían haber desarrollado en el resto, pero nos marean con tonterías y engaños y lo dejan para el siguiente año… y veremos cuánto avanzan ahí y cuánto se resiente la serie si mantienen este estilo. Por ahora me queda el consuelo de que difícilmente pueda seguir el nefasto rumbo de Battlestar Galactica, porque esa dejó claro la improvisación de sus tramas y personajes en el irregular primer año y no sorprendió que perdiera calidad rápidamente, mientras que The Expanse tiene unas bases muy sólidas, tanto por las novelas como por las tres buenas temporadas que llevamos.

PD: Hasta ahora la había visto con subtítulos de aficionados, y estos eran fieles al original (y cuando se confundían con las armadas marcianas lo podía arreglar sin problemas), pero cuando llegaron a España Netflix y Amazon resulta que estos cambian las iniciales de todas las organizaciones, haciéndolo muy confuso. ¿Te imaginas que en vez de FBI y CIA pusieran AFI y ACI o algo así? Cuando en pantalla ves OPA, MCRN y demás pero te subtitulan con unas letras que parecen elegidas al azar lo único que consiguen es marear al espectador. Ya sé que una es la armada de Marte y la otra la alianza de planetas exteriores, no me compliques las cosas. Y la traducción “cinturionianos” en vez de la natural y lógica “cinturianos” es horrible. No sé cómo habrán apañado la jerga de los planetas exteriores, algo desde luego complicado. El doblaje en sí no sé qué tal estará, como siempre, recomiendo la versión original.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2017)
Temporada 3 (2018)
Temporada 4 (2019)

THE CROWN – TEMPORADA 3

Netflix | 2019
Drama, histórico | 10 ep. de 47-60 min.
Productores ejecutivos: Peter Morgan, Stephen Daldry, varios.
Intérpretes: Olivia Colman, Tobias Menzies, Helena Bonham Carter, Ben Daniels, David Rintoul, Charles Edwards, Charles Dance, Marion Bailey, Josh O’Connor, Erin Doherty, Jason Watkins.
Valoración:

La tercera temporada de The Crown vuelve a ofrecer un entretenimiento la mar de gratificante, pero lo cierto es que en vez de madurar se nota un estancamiento, no termina de explotar el potencial latente en la historia que abarca y el estilo narrativo con que lo hace. Ya hay que asumir que su autor, Peter Morgan, no pretende salirse de una fórmula que funciona bastante bien de cara al público. Y quizá tampoco lo hiciera si las cosas no fueran tan bien, pues es como ha elegido construir la serie. Aun así, sigo teniendo esperanzas en que en el futuro aproveche mejor las posibilidades que todavía guarda.

El relato del reinado de Elizabeth II (salvo que veas el doblaje español, donde hacen el ridículo castellanizando los nombres) continúa combinando el drama personal de la reina y su familia con saltos a la política, a crisis puntuales, y en general a lo que parezca interesante a Morgan. Pero de nuevo el equilibrio es imperfecto. La elegancia y brillantez de muchos tramos no cuaja del todo con el sensacionalismo o letargo en que caen otros. A veces atina al cambiar el punto de vista a una historia tangencial de gran relevancia o al menos atractivo, en otras deja de lado cosas muy importantes y pone el foco en detalles innecesarios.

El caso más grave viene por partida doble. No puede ser es que estemos con la crisis económica y política en que está sumida el país en primer plano y la solución se omita por completo para dar más presencia a líos de la corona con la prensa y la imagen pública. Ocurre en el inicio de temporada, donde giramos de la devaluación de la moneda y el gobierno apunto de caer a las aventuras de Margaret y Lord Snowdon, y en el final, donde pasamos sin disimulo de la crisis energética y las huelgas de mineros a otra etapa de esa tormentosa relación.

Pero la sensación de irregularidad en tono, alcance y calidad pesa todo el año. Se puede decir que tiene cierta ventaja, porque hay espectadores que se enganchan más a unos tramos e historias y otros se decantan por otros distintos, es decir, la serie resulta atractiva para distintos sectores del público. Pero en la valoración global y en un análisis más objetivo que emocional hay que señalar esa falta de estabilidad, los cambios forzados de foco y tono, el material desaprovechado…

El aclamado Aberfan me sacó varias veces de una historia muy potente porque tiran de sensacionalismo más de la cuenta, mientras que tanto Olding como El golpe me absorbieron por completo con unos eventos desconocidos (el espía en la corte, el plan de golpe de estado) contados con gran manejo de la tensión e incertidumbre. Los problemillas de la adolescencia del príncipe Charles me parecieron muy maniqueos, mientras que las aventuras de Margaret en Margaretología fueron más amenas y más originales, aunque fuera a costa de ningunear aspectos más trascendentales.

En lo que sí suele coincidir la mayoría es que la parte final se atasca más de la cuenta en dramas personales, sin conseguir ni el ritmo ni la profundidad necesarios. El intento de redención del Duque de Windsor (ahora encarnado por el gran Derek Jacobi), paralelo al romance de Charles con Camila Shand en El hombre en suspenso se hace pesado. En tierra de nadie quedan algunos capítulos extraños: las crisis de Phillip (con el alunizaje y el nuevo cura) se tratan con mayor elegancia e inteligencia… pero terminan haciéndose episodios muy largos, hubieran ido mejor como historias secundarias. Lo mismo se aplica a la crisis matrimonial de Margaret, un arco un tanto simplón para acabar el año que quizá hubiera ido mejor disgregado poco a poco, alternando con otras tramas. Morgan se ha atado a su idea de centrar cada episodio una cosa, pero también es justo es decir que la cronología histórica limita bastante el movimiento.

Con el excelente nivel de producción la serie sigue manteniendo un aspecto superior a primera vista y engañando bastante los sentidos a sus carencias durante el visionado. Decorados rematados con un correcto trabajo digital cuando es indispensable (aunque alguna pantalla de fondo canta, por ejemplo en los desembarques de varios aviones), vestuario fastuoso y bellas localizaciones exteriores son captadas por una fotografía magistral y unas labores de dirección muy notables. La música ha cambiado. No sé por qué ficharon a Lorne Balfe, de la factoría Hans Zimmer, para una serie tan inglesa: sus sintetizadores creaban atmósferas efectivas pero sin complejidad musical alguna, mientras que el actual compositor, Martin Phipps, aunque obligado a mantener las bases sintetizadas, aporta instrumentación tradicional (aun sin grandes despliegues orquestales) y ofrece un trabajo más versátil y refinado.

En cuanto a interpretaciones, creo que desde el principio tenían pensado cambiar de actores para cada etapa histórica, lo cual estaba claro que iba a garantizar bastantes comentarios y alguna polémica.

Para la década de 1964 a 1974 contamos con otros cuantos talentos más o menos conocidos en televisión. La reina, encarnada entonces por Claire Foy, está ahora en manos de Olivia Colman, quien causó sensación con Broadchurch (2013) y La favorita (2018), y está espléndida. A pesar de que no aguantó las lentillas y los efectos por ordenador no convencieron a los productores y la dejaron con su color de ojos oscuros en vez de los claros de la figura real, desde el principio se ve al mismo personaje. Tobias Menzies, de Roma (2005) y Juego de tronos (2011), también está impecable como como Phillip. Cabe destacar que inicialmente eligieron a Paul Bettany (Los Vengadores -2012-, Master and Commander -2003-), pero se cayó por problemas de agenda. Margaret choca un poco más, pues de la atlética y elegante Vanessa Kirby hemos pasado de golpe a una bajita y rechoncha Helena Bonham Carter (no necesita presentación), aunque desde luego lo hace bien. En cambio, Ben Daniels (La reina virgen -2006-, Rogue One -2016-) como Lord Snowdon mantiene el porte carismático de Matthew Goode de maravilla.

Pero en los secundarios entra juego el problema de que tienes que haberte quedado bien con el nombre y posición de cada uno para no perderte con el nuevo rostro. Yo me hice un buen lío con los mayordomos Michael Adeane (de Will Keen a David Rintoul) y Martin Charteris (de Harry Hadden-Paton a Charles Edwards), donde podían haber dejado a los mismos actores y ponerles canas, pues a fin de cuentas a partir de cierta edad el físico no cambia tanto y sería verosímil, y también me despistó un poco al principio la reina madre (de Victoria Hamilton a Marion Bailey). Al Lord Mountbatten inicial, Greg Wise, ni lo recordaba ni lo haré, porque Charles Dance (Juego de tronos, entre otras muchas) está inmenso y se hace con el personaje para él solo.

Los nuevos son todo un acierto. Josh Connor (Peaky Blinders -2013-, Ripper Street -2012-) se mimetiza de lleno en el príncipe Charles; es increíble cómo han encontrado a alguien tan parecido en el físico y que sea buen actor. Erin Doherty (en su primer papel destacable) como la princesa Anne es capaz de dejar huella desde la primera aparición en un plano secundario, y luego aprovecha de maravilla el protagonismo creciente.

Entre los mejores papeles, tras Dance y Colman me quedaría con Jason Watkins (Taboo -2017-, Being Human -2008-) como el primer ministro Harold Wilson, pues resulta un maestro de las miradas y los silencios contenidos que lo dicen todo. Sus encuentros con la reina ofrecen algunas de las mejores escenas del año.

Ver también:
Temporada 1 (2016)
Temporada 2 (2017)
-> Temporada 3 (2019)

EL MANDALORIANO – 108 – REDENCIÓN


108 – Redemption
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Taika Waititi.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano y sus compañeros se enfrentan a los imperiales.

Resumen:
Acorralados Mando, Greef y Cara por los imperiales, buscan desesperadamente una salida por las alcantarillas, pero sólo logran hacerlo con la llegada del robot IG pegando tiros y cuidando de Yoda. En la huida, este termina sacrificándose para salvarlos, y Mando lucha contra el líder imperial Moff Gideon. El grupo logra salir airoso, pero el imperial también sobrevive.

Notas:
-Gazapo: la armadura del pecho de Moff Gideon invierte los colores de los círculos de un plano a otro justo antes de empezar el flasback, sin duda debido a que han espejado la imagen para que mire para donde venía mejor.
-Bajo la máscara de uno de los soldados en moto está Jason Sudeikis, un actor y cómico bastante famoso: Saturday Night Live, El último hombre en la Tierra; el otro es Adam Pally, no tan conocido pero tampoco un don nadie.

Comentario:
Alerta de spoilers: Describo bastantes aspectos relevantes del final, pero es todo tan facilón y previsible que no hay sorpresa alguna. —

He llegado al término de la temporada con una desgana total. Viendo que las escasas pero prometedoras virtudes del primer episodio se desvanecieron pronto y la serie descarriló, no iba a importar mucho si a estas alturas recupera momentáneamente las formas. Y además, no lo hace.

La batalla final sigue ahogada en la narrativa simple y saturada de tópicos y momentos forzados. Los primeros son tantos que el relato aburre, se ve venir todo de lejos sin que se note en ningún instante una pizca de esfuerzo por aportar algún giro que le otorgue nueva savia. Las situaciones, acciones y conclusiones tan medidos añaden más laste a la sensación de previsibilidad, y esta vez además también generan incongruencias enormes. El universo La guerra de las galaxias, el presupuesto desorbitado y el toque western de nuevo quedan desaprovechadísimos.

El imperativo del robot es proteger al crío… y se mete en zona de guerra con él en una mochila en vez de largarse con la nave de Mando o esconderse en otra parte del planeta. En el poblado se enfrentan a por lo menos un centenar de soldados sin pestañear, en el río de lava una decena son considerados un obstáculo insalvable, todo para forzar el sacrificio de turno. Cara no es capaz de levantar a Mando y cargar con él, para que así tengamos el momento de redención con el robot… y luego sí carga con él como si nada.

Los tiempos tan estudiados para unir a los personajes y lanzar la acción son muy evidentes y chapuceros. El malo se pone a hablar en vez de sacar el arma grande de una vez, los buenos se lamentan en vez de buscar salidas desde el primer momento; luego el montaje del arma se estira para, ahora sí, dar tiempo a que busquen escapatorias; los soldados imperiales que llevan a Yoda se paran para hacer tiempo a que las demás líneas estén maduras para la entrada en acción del robot; etc. Para colmo, hacemos un larga pausa para tratar de dar forma al villano a última hora mediante un flashback que lo une con la historia de Mando. Este es bastante cargante, una repetición a cámara lenta de lo ya visto para que finalmente no aporte nada que no se intuyera ya a la vida de Mando y no le confiera al villano la necesaria aura de tipo peligroso. Con tanta espera y un desarrollo tan encorsetado, la tensión nunca llega a hacer acto de presencia, y sí lo hace el aburrimiento y la decepción.

Las peleas, cuando por fin llegan, son completamente inverosímiles. Los personajes se meten en un círculo de incontables soldados a pegar tiros, a sabiendas de que cada disparo es un enemigo caído mientras los malos no dan ni una o se acercan con armas de fuego a gente medio desarmada para que puedan incapacitarlos a tortas. Aunque no están mal rodadas, con ello se impide que resulten un espectáculo grato, amén de que es desperdiciar el talento de Taika Waititi, el director de Thor: Ragnarok. La escena de Mando subiéndose en el caza es la única que aporta algo novedoso, y dentro de la fantasía ante la que estamos, su exageración es más que aceptable.

El desenlace se ve venir de lejos en todos sus aspectos, incluso que el villano por supuesto sobrevive en un plano final con musiquita chunga y los secundarios deciden quedarse o irse a otro lado para que el mandaloriano continúe su periplo en soledad, o sea, para que todo vuelva al statu quo.

Aparte, hay otras muchas cosas que no me convencen. Greef ahora es un amigo simpático, menudo comodín de personaje. La relación entre Cara y Mando era interesante, pero podía dar más de sí: no me creo nada que lo deje herido, cuánto daño hace el obligar a que ciertas escenas sucedan. La conversación de los soldados en moto tiene momentos graciosos, como el pique de disparar y no atinar una, pero se extiende hasta resultar ridícula y cargante. La religión mandaloriana, con tonterías como sacrificarse para recoger unas cuantas armaduras de fallecidos y no quitarse el casco ni en caso de extrema necesidad, no resulta nada creíble.

Pero después de todo, pesar de sus notables carencias El mandaloriano ha enganchado a un montón de seguidores y se ha llevado bastantes buenas críticas, así que extenderán la agonía y espérate tú que no apliquen el mismo listón tan bajo a las siguientes series…

<- 107| Ajuste de cuentas

EL MANDALORIANO – 107 – AJUSTE DE CUENTAS

107 – The Reckoning
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Deborah Chow.
Valoración:

Sinopsis:
Mando decide plantar cara para salvar a su joven compañero y terminar con la persecución a la que están sometidos.

Resumen:
Greef Karga ofrece a Mando una acción conjunta contra el imperial que domina el pueblo donde vivían, pues si se unen contra él volvería a reinar la paz y tendrían libertad para seguir sus vidas. Mando acepta aun sabiendo las dificultades y traiciones que pueden presentarse. Forma un equipo con Cara Dune, Kuiig, y el robot que destruyó y este último ha arreglado y reprogramado. En los problemas que surgen por el camino se destapa la intención de Greef de traicionarlo, pero la situación, incluyendo al bebé-Yoda usando sus poderes para ayudar, fuerza aún más la idea de unirse contra el imperial. La batalla es cruenta y parece tornarse insalvable cuando aparece un alto rango imperial con muchas tropas.

Comentario:
Otro episodio algo más movidito y emocionante que los anteriores, pero tampoco como para echar cohetes. Todo se ve venir, no hay giros sorprendentes y sí demasiado facilones o forzados (que conveniente el ataque de los pájaros). Ni muertes ni peligros impresionan como debieran, porque todo se desarrolla de forma lineal, desde la formación del grupo (cada personaje pasa por un cutre no voy pero al final sí voy), las traiciones planeadas y cambios de opinión inesperados (que cargante es Greef Karga), la pelea de turno, el clímax final de apariencia insalvable… ¿Debe impresionarme el alto rango imperial del final? ¡Si no ha sido presentado debidamente!

Y otra vez Mando queda como un idiota de cuidado. ¿De dónde ha salido su fama? Hasta ahora hemos visto a un tipo poco inteligente que sobrevive de chiripa. Estamos ante otra aventura en que se mete de cabeza en todo embrollo sin pensar ni planear lo más mínimo. Al menos en la otra incursión a la guarida del villano hizo algo más elaborado, despistando a algunos soldados, atacando a otros con armas serias (¿qué fue de su rifle?)… Aunque viendo a los otros cazarrecompensas que acompañan a los protagonistas y contando también a los de los capítulos anteriores, parece que el retraso mental va con el gremio.

Tiene algunos buenos momentos, como la reprogramación del robot, las intervenciones de bebé-Yoda (por fin hace algo), la camaradería entre Mando y Cara y Kuiil, el diálogo con los soldados vigilantes… Pero no son suficientes para quitarse el halo previsible, la impresión de los autores apuntan muy bajo teniendo recursos y un universo con gran potencial. Lo vi con más desgana que pasión y no deja motivos para revisionarlo.

<- 106| El prisionero 108| Redención ->

EL MANDALORIANO – 106 – EL PRISIONERO

106 – The Prisoner
Guion: Christopher L. Yost, Rick Famuyiwa.
Dirección: Rick Famuyiwa.
Valoración:

Sinopsis:
Mando acepta un trabajo de un viejo conocido, el asalto a una nave prisión.

Resumen:
El asalto a una nave prisión es un encargo de un viejo amigo, pero el líder de la misión, el matón y el piloto son nuevos, Mando sólo conoce a la joven alocada Xi’An, que no parece muy de fiar. Pero al final ninguno del grupo es respetable, pues le tienden una trampa a Mando de la que se salva por los pelos.

Notas:
-Los tres pilotos que aparecen al final son cameos de los directores de la serie, Rick Famuyiwa, Dave Filoni y Deborah Chow.
-El humano de la nave prisión está interpretado por Matt Lander, quien pone la voz a Anakin Skywalker en videojuegos y series animadas.

Comentario:
Siguiendo la estela del western, hoy tenemos el clásico asalto a un tren o diligencia.

La mejora respecto a episodios precedentes es sustancial… pero todavía arrastra esa narrativa simplista que echa por tierra un potencial mucho mayor. La historia fluye con más naturalidad, sin atascarse en escenarios y transiciones tontorrones, sino sabiendo que estos están muy vistos y yendo al grano, buscando ritmo y un toque propio. Nada resulta deslumbrante, pero da lo justo para un entretenimiento sin pretensiones y tiene buenos momentos, sobre todo en cuanto a humor gamberro.

El problema está en que los personajes secundarios resultan lo justo de simpáticos y es imposible no pensar en que con un dibujo más trabajado, menos infantil, el capítulo habría mejorado mucho. La banda de atracadores de nuevo cumple con todos los tópicos de un serial televisivo de poca calidad: el bruto idiota, la loca impredecible, el jefe chulito pero incompetente…

Es una pena que así también desperdician a buenos actores. El amigo, Mark Boone Junior (Hijos de la anarquía, 2008), la chica, Natalia Tena (Harry Potter -2007-, Juego de tronos, 2008), Clancy Brown (Carnivàle, 2003) como el bruto, y en menor medida el cómico Bill Burr (aunque también aparece en un puñado de series y películas) como el líder, podían haber dado bastante más de sí.

También hay algunas partes fallidas. Volvemos a tener esos giros convenientes, forzados: en una escena los robots son un problema, pues los disparos no les hacen mucho, sólo para que Mando tenga su momento de lucimiento; en la siguiente caen como moscas al primer tiro. No entiendo que el robot vea en bebé-Yoda un peligro y el pequeño piense lo mismo del otro, es una secuencia de tensión bastante artificial.

Las escenas de lucha cuerpo a cuerpo están mejor rodadas que en los episodios precedentes y el dinero luce bastante esta vez. La estación espacial, el hangar y la nave prisión son dignas de una superproducción de cine. Y la banda sonora es buena, efectiva en la atmósfra de tensión y pegadiza en general.

<- 105| El pistolero 107| El ajuste de cuentas ->

EL MANDALORIANO – 105 – EL PISTOLERO


105 – The Gunslinger
Guion: Dave Filoni, Jon Favreau.
Dirección: Dave Filoni.
Valoración:

Sinopsis:
Mando llega a Tatooine para hacer reparaciones en la nave, y como necesita dinero acepta el primer trabajo que encuentra.

Resumen:
Un cazarrecompensas persigue la nave de Mando a tiros. Aunque se libra, acaba necesitando reparaciones en el planeta donde ha conseguido aterrizar, Tatooine. Así que acepta un trabajo complicado con un novato como acompañante. Este al final lo traiciona, pero se lleva su merecido.

Comentario:
Apuntar tan bajo significa que, de cometer algunos fallos, descarrilarás por completo. El quinto episodio de El mandaloriano es lamentable, un desastre que termina de tirar por tierra cualquier esperanza en una serie que se presupone no sólo de primera división, sino una de la que se esperaba una ambición en calidad y acabado capaces de dejar huella.

De nuevo tenemos un relato enormemente predecible y dirigido. Todo resulta demasiado facilón y conveniente, los guionistas pasan con desgana por infinidad de clichés de seriales ochenteros de estilo western (cada vez más lejos queda el codearse con el cine clásico del género) y se aferran a las soluciones menos trabajadas, sea por vagancia o por incompetencia. Tenemos al protagonista que no puede rechazar un encargo en apariencia difícil porque necesita dinero rápido, y por lo mismo debe aceptar un compañero novato y medio idiota. La relación escupe todos los tópicos: el rechazo inicial, los conflictos, las lecciones, la maduración, y la decisión final. En lo último es lo único donde medio sorprenden, pues tiran por el giro oscuro, la traición, pero luego en la solución del problema el mandalorniano ni suda, y en consecuencia el espectador no se inquieta por su porvenir. El camino trae las etapas más vistas también en su mínima expresión: los encuentros con los indígenas y con el granjero o equivalente amable que ayuda (aquí encarnado por la mecánica, que no deja de ser otra versión de Kuiil), las pausas para desarrollar la relación entre protagonistas, y la pelea final en el desierto.

Hay no pocos instantes verdaderamente molestos por lo poco que se los han trabajado o por lo que han forzado la situación para que resulte como desean. Los diálogos son flojos, pero en la escena final donde la bandida convierte al cazarrecompensas provocan vergüenza ajena; la casualidad de que el este tenga el dinero justo para que Mando pueda pagar las reparaciones es insultante; que la mecánica sea tan maja y le dé tanto margen en un pueblo lleno de gentuza no hay quien se lo crea; los inconvenientes son siempre evitados sin sufrimiento alguno: se quedan sin moto, pero les han puesto una montura a mano; cuántos tiros resiste la nave de Mando y qué rápido explota la de su enemigo; etc, etc. También se arrastran fallos anteriores: la nave tiene buen armamento, así que en la aventura previa demostró ser bien tonto por no usarlo contra el campamento enemigo y el AT.

En cuanto a la saga, hay también incontables referencias, hasta el punto de que saturan. Si la historia fuera buena quizá fluirían con mayor naturalidad, no cobrarían tanto protagonismo, pero al no contar nada llamativo parece que te están intentanto engañar con nostalgia, tratando de que pongas el esfuerzo en buscar detalles y así no veas los fallos. Y por extensión, cada vez más parece que el bebé-Yoda es un puto anuncio con patas.

En el acabado se le empiezan a ver muchas costuras, como si pusieran también menos cuidado. Las pantallas de fondo se hacen evidentes en muchísimas escenas, y eso que se supone que están usando la tecnología más avanzada en este campo (algo como esto, usado también en las películas). Por ello, los desiertos que lucían espectaculares en los primeros episodios aquí parecen muy falsos.

Y para rematar, el casting es nefasto. Ha cogido a una actriz conocida, Ming-Na Wen (Urgencias -1994-, Agentes de SHIELD -2013-), para hacer casi de extra. Para el principal secundario han seleccionado a un don nadie sin nivel alguno: a Jake Cannavale da lástima verlo, y encima tienen la desfachatez de presentarlo como a Han Solo, con las patas en lo alto de la mesa. Y la mecánica, aunque resulte algo simpática, termina molestando, porque Amy Sedaris está muy sobreactuada.

La premisa tan poco original, el desarrollo vulgar, los diálogos y situaciones simples tirando a estúpidos y unos actores irritantes consiguen que a pesar de durar sólo treinta minutos se haga eterno.

Pero aun así, el episodio ha vuelto a entusiasmar a muchísima gente, e incluso hay fans deseando que David Filoni y Jon Favreau tomen las riendas creativas de toda la saga La guerra de las galaxias, aduciendo que la trilogía protagonizada por Kylo y Rey es un desastre (y todo ello sin ver la última entrega, claro está, porque este es el nivel). Si los productores escuchan a las redes estaremos apañados.

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EL MANDALORIANO – 104 – REFUGIO


104 – Sanctuary
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Bryce Dallas Howard.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano busca refugio en planetas poco habitados.

Resumen:
Mando encuentra un planeta poco habitado donde cree que puede esconderse con el crío durante un tiempo. Allí se topa una con mercenaria conocida. Deciden ayudar a un poblado de granjeros contra unos bandidos y pedir cobijo a cambio. Estos cuentan con un AT, un caminante imperial, con lo que la batalla es complicada. Además, piensan que el jaleo armado atraerá miradas, y Mando opta por irse y dejar a la criatura al cuidado de los aldeanos. Pero entonces llega un cazarrecompensas, no tras él, sino tras el bebé, y tienen que huir juntos.

Comentario:
El mandaloriano, o Mando, como lo llaman algunos, acaba sirviendo de mercenario en un poblado inofensivo e indefenso que es atacado por bandidos de vez en cuando. Se podría decir que la premisa está en la onda del cine del oeste con que se iniciaba la serie… pero el resultado final es más propio de un serial anticuado, tipo El equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983) o Kung Fu (Ed Spielman, Herman Miller, 1972). La comparación con la primera ya la hice en el episodio anterior, y es que no hay mucha mejora respecto a él.

Los clichés de este tipo de aventuras se empalman en fila india sin poner esfuerzo en aportar novedades, giros sorprendentes, detalles enriquecedores… El pueblo de gente inocente, el pseudo romance con una granjera, la hija de esta supuestamente simpática, los villanos deshumanizados, la pelea donde los héroes insuflan coraje a los aldeanos… Todo es una retahíla de tópicos simplones y aburridos.

El rol de Gina Carano, Cara Dune, no impresiona lo más mínimo, no tiene un dibujo llamativo ni una conexión electrizante con Mando, cosas que sí cumplía Kuiil. También hay algún momento en que el bebé Yoda parece demasiado un anuncio de muñecos, aunque otras muchas veces es entrañable.

Otra vez Mando parece gilipollas perdido, pero esta vez sus acompañantes también. ¿Por qué no usa la nave contra los enemigos? Me cuesta creer que no tenga armas ni poder de fuego como para acabar con el AT de un golpe. De todas formas, viendo cómo tumban bandidos a puñados entre Mando y su amiga, no necesitaban más ayuda. Lo único sustancioso es también muy facilón. Las reflexiones sobre la vida que lleva, la tentación de abandonar y conectar con la gente, no sorprenden ni emocionan nada.

En lo visual sí es algo más llamativo, pues el escenario natural es muy vistoso y los decorados bastante detallados. Pero la pelea final, a pesar de la expectación levantada con el AT imperial, es de lo más rutinaria. De nuevo cabe decir que tanto dinero invertido daba para mucho más. La actriz Bryce Dallas Howard debuta en la dirección de una producción de primer nivel (ha rodado unos cuantos cortos) cumpliendo con lo justo.

El capítulo se sigue aferrando a una narrativa de mínimos, y a estas alturas está claro que es lo poco que tiene que ofrecer la serie. Aparte de previsible, es demasiado forzado, dirigido, tirando a tedioso, y bastante decepcionante.

La aparición final de un cazarrecompensas deja algunas cuestiones en el aire. Los localizadores de objetivos, ¿cómo funcionan? Al principio pensaba que tenían información sobre su última posición conocida, pero cada vez más parecen seguir a la víctima cual gps, y no se explica cómo puede hacerlo sin que nadie le haya colocado un rastreador antes. Al menos sí responden a una pregunta que me estaba haciendo: sí, el mandaloriano come de vez en cuando y se quita el casco para ello.

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