Archivo de la categoría: Series

LUKE CAGE – TEMPORADA 1


Netflix | 2016
Superhéroes | 13 ep. de 45-65 min.
Productores ejecutivos: Cheo Hodari Coker, varios.
Intérpretes: Mike Colter, Simone Missik, Rosario Dawson, Alfre Woodard, Mahershala Ali, Ron Cephas Jones, Frank Whaley, Theo Rossi, Erik LaRay Harvey, Karen Pittman, Parisa Fitz-Henley, Frankie Faison.
Valoración:

Aunque la lista de productores y guionistas es larga, como creador de la tercera entrega de la saga The Defenders ha sido elegido Cheo Hodari Coker, productor y escritor secundario en unas pocas series: Southland (2009), NCIS Los Ángeles (2009) y Almost Human (2013) y Ray Donovan (2013). Viendo el resultado, o el proyecto le ha venido grande, o en Marvel Television, ABC Studios y Netflix han metido demasiada prisa y no ha dado tiempo a cuajar un buen material.

Los primeros episodios eran un poco lentos y repetitivos pero apuntaban maneras, dejaban entrever esfuerzo por buscar una personalidad propia para la serie y por dar forma al entorno del héroe antes de meterlo en faena. El barrio de Harlem se vive como si estuvieras ahí, con su historia, sus habitantes, sus peculiaridades, sus problemas y esperanzas. Quizá bebe demasiado de los clichés del género sin actualizarse debidamente, porque parece que estamos en la época en que nació el cómic, en los setenta, y no en la actualidad, pero como punto de partida funciona, y de todas formas, el tema racial sigue en boga. Por otro lado, la pareja de detectives Misty y Scarfe casi parece tener su serie propia, pero es muy interesante y prometedora: el carisma de los actores Simone Missick y Frank Whaley garantiza una gran química, y aunque los diálogos no son espectaculares enganchan bastante con su dinámica.

Pero de lentitud pasamos a estancamiento, nada avanza hacia ninguna parte. Se desarrolla una trama insustancial mediante unos personajes apenas correctos en el lado de los buenos y pésimos hasta parecer imposible hacerlo tan mal en el de los malos. Hoy en día esperamos que las obras de superhéroes dejen atrás los estereotipos y ofrezcan historias más complejas y originales, pero aquí nos traen una muy premisa muy limitada combinada con un thriller policíaco del montón, todo saturado de clichés rancios.

El principal problema es que quienes se presentan como los villanos aburren un montón, quedan a años luz de los memorables Kilgrave (Jessica Jones) y Wilson Fisk (Daredevil), dejando obviamente la sensación de que la saga ha dado enormes pasos atrás. El dueño de un pub (Cornell Stokes, alias Cottonmouth) y una política local (Mariah Dillard) del tres al cuarto no suponen un reto al nivel del héroe, ni de la saga, ni, como decía, de lo que espera el espectador a estas alturas en el género. El poco empeño que ponen en el dibujo de estos hunde rápidamente una serie que no empezaba deslumbrando pero tampoco vaticinaba tal descalabro. Sí, Cottonmouth tiene un flashback que supuestamente ahonda en su psique, pero roza el ridículo cosa mala: muchos minutos para exponer un simple concepto, que no quiere ser un amo del crimen, y todo para que no aporte nada tangible a su desarrollo, porque ahí está el tipo metido en el mundo del crimen pero sin que se sepa si ha sido empujado a ello o si le ha cogido el gustillo; es decir, ninguna de sus motivaciones y decisiones tiene una razón clara de ser, existe sólo porque ha de haber un gángster para cumplir con los preceptos del género. La política es nada más y nada menos que su hermana, pero no parece importarle a los medios y a ley, porque no se ve que ostente ningún cargo relevante ni tenga un proyecto concreto para la ciudad, el barrio o donde se suponga que trabaje. Eso sí, cada vez que hace algo chungo y la ley se acerca a ella, y entonces sí resulta ser alguien importante e intocable.

Esa es la tónica: tenemos mucho postureo y sentencia supuestamente épica, pero estos dos archienemigos (palabra que uso con retintín) y sus secuaces no causan pavor alguno, no sabemos hasta dónde llegan sus garras, ni si quiera qué pretenden. Sólo los vemos soltando su verborrea y al extra de turno que tumbará Luke en la pelea de turno del capítulo, pero ninguna acción criminal llamativa, ninguna conspiración interesante. Mahershala Ali y Alfre Woodard me parecen buenos actores, pero es evidente que no están cómodos en unos roles tan limitados. Así, no hay quien se crea a ninguno de los dos personajillos ni a sus seguidores más llamativos (como el desaprovechado Theo Rossi -el de las gafas de sol-), y pronto resultan cargantes hasta desear que dejen de aparecer, pero copan escenas y escenas y más escenas.

Luke Cage prometía ya en Jessica Jones, y aunque mantiene cierto atractivo, conforme avanza el año se va observando que se sostiene principalmente por el buen hacer de Mike Colter, porque el personaje no se mueve hacia ninguna parte. Mucha cháchara existencialista y ética, muchas intenciones de actuar sin violencia, de encarrillar a su gente y hacer del barrio algo mejor, y al final todos son tortas, no se desarrolla ninguna trama que profundice en esos temas, Luke no aprende ni se cuestiona nada, está todo el día enfurruñado en la misma pose. La historia de sus orígenes está metida con calzador y no causa impresión alguna, al siguiente capítulo está todo olvidado. Su nacimiento como héroe y su vida anterior no calan ni parecen aportar nada, y las secuelas que pudiera tener se mencionan pero no se ven: habla de un gran amor (Reva) cuya pérdida no ha superado, pero está todo el día folleteando como adolescente despreocupado.

Su relación con Claire (Rosario Dawson), la enferma que está en todas las series, es más interesante, y Misty mantiene su simpatía a lo largo del año, pero no son suficientes para salvar el tedio que se va adueñando del relato. Y todo ello a pesar de que llega por fin un enemigo que se anuncia del nivel de Luke, o al menos con armas que pueden ponerlo en apuros. Se llama Diamondback… pero es prácticamente lo único que sabemos de él, se queda en un soy malo porque sí de lo más insípido. Erik LaRay Harvey lo remata con una interpretación pasadísima de rosca.

Todo se ve agravado por la apariencia de falta de dinero y prisas. En los primeros años de Daredevil y Jessica Jones disimularon bien la falta de escenarios llamativos con una puesta en escena muy cuidada y mucho movimiento en las tramas. Sí, rodaban en callejones poco espectaculares y unos interiores un tanto parcos, pero había historias y situaciones diversas y atractivas, así que no dio tiempo a que parecieran series baratas. Ya se sabe, el ingenio y la calidad eclipsan la falta de recursos. Pero en Luke Cage e Iron Fist parece que han contado con menos presupuesto o que las prisas por escribir y rodar para un estreno forzado han impedido a sus autores lograr una serie mejor y con mejor aspecto. Harto he acabado de la redundancia de conversaciones y acciones en la monótona barbería y el cansino pub, en ese cuchitril de comisaría, en cuatro calles anodinas, y también de las peleas sin alma, solo tiros y puñetazos sin buscar en ningún momento una escenificación más elaborada. Da la impresión de que en Marvel Television, ABC Studios y Netflix han pensando que el principal publico es adolescente y no tienen el nivel de exigencia de los espectadores de por ejemplo The Crown, y que las temporadas iniciales de Daredevil y Jessica Jones fueron magia salida de unos autores muy inspirados, porque el resto de la saga va cuesta abajo y sin frenos.

Al llegar al octavo episodio tiré la toalla y aparqué la temporada. Tuve que retomarla poco a poco hace pocas semanas, obligado porque quería ver The Defenders y la segunda de Jessica Jones. El endeble guion queda a partir de entonces totalmente deshilachado, lo único que encontramos es una trama simplona, sin garra ni verosimilitud, ahogada en un bucle, con un dibujo de personajes cada vez más desganado y algunos giros ridículos, como el agente traidor. Cada capítulo ha sido una agonía, acabando el año en la pura vergüenza ajena. ¿Cómo se puede hacer algo tan malo hoy en día, cómo pueden apuntar tan bajo cuando tanto se esperaba de esta saga? Lo alucinante es que se ha llevado mejores críticas que Iron Fist, cuando esa al menos ha sido entretenida y tiene más personajes medio interesantes. Son tantas las paridas, estupideces, agujeros, soluciones absurdas… que impera la sensación de que han cogido los guiones de una serie cutre de los años sesenta, rompiendo en mil pedazos aquella ilusión del resurgir de los superhéroes en la era dorada de la televisión. Enumero algunas de las cuestiones que más me molestaron en los últimos episodios, pero claro, son muchas más, es la penosa escritura global y el flojo acabado visual lo que convierte a Luke Cage en un desastre difícilmente perdonable.

Alerta de spoilers: Comento el tramo final a fondo.–

-Capítulo 108. ¿En serio el francotirador no podía disparar más veces en el primer ataque? ¿Y no podía haber ido un poco más deprisilla en el segundo? Luego se le encasquilla y decide irse en vez de tratar de arreglarlo mientras Luke sigue débil y tirado en el suelo tras quedar claro que los golpes ahora le afectan. Nooo, que hay que dejar escapar al bueno. Y luego se entretiene decidiendo si matar a Misty o no, sabiendo que si se demora llegarán refuerzos. Lo mismo ocurre más tarde: el malo se va del edificio en vez de tratar de rematar ahí a Luke. Este es igual de idiota, pues lanza a su enemigo por ahí en vez de partirle la cabeza de un puñetazos. Y el camión… anda que no estaba claro lo que iba a pasar. Por cierto, gazapo evidente con la distancia cambiante respecto a la acera.
-109. Se me hizo horrendo y larguísimo. El villano es de coña, ahí cargándose a todos… a no sabemos quién ni por qué, pero que salga matando otros malos implica que es el villano jefe, todo niño de ocho años lo sabe.
-109 ó 110. Lamentable el experimento improvisado con Luke, no podía ser más chapucero y cutre. Y ahora Reva es mala, después de dos temporadas como una santa; otro giro de folletín barato.
-110. Lamentable que los malos se pongan a disparar ante cien testigos y luego supongan que lo arreglarán todo intimidando a la gente.
-111. ¿Pero a qué espera Luke Cage para noquear a los cinco o seis malos y salir andando a dar explicaciones? ¿Por qué no hace más que buscar refugio escondiéndose improvisadamente, cuando sabemos que puede atravesar paredes? Vergonzoso el cliché de que el teléfono falla justo en el momento clave. Al final por supuesto el matón secundario nº3 llega justo a tiempo para sacar al jefe malo por un túnel.
-112. Nadie va con él en el furgón para pegarle un tiro si intenta soltarse. Y seguimos haciendo que el malo sea malo poniéndolo ahogando a uno de los suyos sin razón.
-113. El último ya lo vi a cachos para no soportar epílogos cansinos. Nada ocurre, no se materializa ninguna evolución llamativa en los personajes, hacen lo que llevaban toda la temporada haciendo. Y por supuesto quedan cosas (villanos) en el aire para seguir exprimiendo lo insalvable.

Saga The Defenders:
Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
-> Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 (2018)
Daredevil – temporada 3 (2018)
Iron Fist – temporada 2 (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)

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BLACK MIRROR – TEMPORADA 3

Netflix | 2016
Drama, ciencia-ficción | 6 ep. de 52-90 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Bryce Dallas Howard, Alice Eve, Cherry Jones, James Norton, Wyatt Russell, Alex Lawther, Jerome Flynn, Gugu Mbatha-Raw, Mackenzie Davis, Sarah Snook, Kelly Macdonald, Faye Marsay, Benedict Wong.
Valoración:

A finales de 2015, Netflix se hizo con los derechos para producir nuevos capítulos de Black Mirror que tenía previamente la productora independiente Endemol Shine UK. Pero no quedó ahí la cosa, porque el canal que la emitía hasta entonces, Channel 4, también perdió pocos meses después la puja por los derechos de emisión. Eso sí, Netflix soltó la nada desdeñable cifra de 40 millones de dólares en esto último. No encuentro cuánto en lo primero ni cuál fue el presupuesto de la temporada, pero está claro que barata no ha salido la jugada, aunque viendo su éxito probablemente haya merecido la pena.

Desde el primer capítulo se nota el aumento de dinero, se ve que han intentado darle a la serie más categoría contratando a algunos directores bastante o muy conocidos y dejándoles algo de libertad creativa y un buen monto con el que imaginar los distintos futuros. Así, la estética (dirección, diseño artístico, fotografía) y la música (donde también fichan a varios talentos) cambian en cada episodio mucho más que antes y encontramos exteriores y escenarios más numerosos y mejor trabajados.

Lo que no hace Charlie Brooker es contratar guionistas que traigan nuevas ideas (no cuento los que han terminado bocetos suyos), amplificando el problema de las primeras temporadas: la irregularidad se hace más notable, pasando de un capítulo muy inpirado y cuidado a fondo a otro hecho con cuatro trazos mal dados sobre una idea basta. Si no fuera porque los aciertos resultan deslumbrantes está claro la serie no habría llegado tan lejos, pero aun así no se puede perdonar que en temporadas tan cortas haya episodios regulares o incluso malos.

Nota: En España han dejado sin traducir unos títulos y otros los han reinventado de mala manera. Yo he preferido seguir una traducción más fiel.

Tras el salto incluyo un análisis por capítulos.
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HOMELAND – TEMPORADA 6


Showtime | 2017
Suspense, drama, acción | 12 ep. de 45-55 min.
Productores ejecutivos: Alex Gansa, Howard Gordon, Gideon Raff, Avi NirLesli Linka Glatter.
Intérpretes: Claire Danes, Rupert Friend, Mandy Patinkin, Elizabeth Marvel, Maury Sterling, F. Murray Abraham, Hill Harper, Robert Knepper, Patrick Sabongui, Jake Weber, J. Mallory McCree, Nina Hoss, Dominic Fumusa.
Valoración:

Alerta de spoilers: Solo presento la trama del año.–

El cambio de escenario a Europa sorprendió de varias formas. Primero, por seguir explorando distintas historias relacionadas con el terrorismo con un realismo y originalidad como se ha visto pocas veces en cine o series. Segundo, por ofrecer un thriller de espionaje clásico complejo e inteligente, algo cada vez menos común en el género. Y tercero, por jugar muy bien con historias de actualidad, tan actuales que la trama vaticinó cosas que fueron ocurriendo de forma parecida. Viendo la premisa podría decir que en esta quinta etapa hay un giro conservador, volviendo a los inicios de la serie con el terrorismo en Estados Unidos, pero los guionistas mantienen su buen hacer persiguiendo de nuevo perspectivas originales y bien trabajadas y con muchas buenas sorpresas.

Empezamos con Carrie en Nueva York en otro trabajo sobre las relaciones culturales, esta vez ayudando a ciudadanos extranjeros que tienen problemas legales y políticos. Tiene entre manos un caso en apariencia típico, un joven que está siendo acusado (y acosado) por los cuerpos de la ley de ser un potencial terrorista.

Como suele pasar, encontramos unos capítulos iniciales sosegados, necesarios para asentar los cimientos de una buena historia, pero que pueden poner al límite la paciencia de algunos espectadores. Pesa un poco la apariencia de irrelevancia en las secciones principales, la Peter Quinn, la del chico y el trabajo de Carrie, pero como es habitual también, todo empieza a cobrar forma poco a poco y cuando menos te lo esperas estalla la tormenta en un giro brutal. A partir del espectacular y memorable episodio Casus Belli (605) todo lo que iba torcido acaba en un enredo en el que no se ve una salida fácil para nadie. Hay tantas ramificaciones, todas intrigantes y de futuro incierto, que no podemos apartar la mirada, y eso que este año las tramas son más cercanas e inquietantes que nunca.

Tiene lugar un atentado en la ciudad relacionado con el joven, pero Carrie sospecha que hay algo más detrás. La investigación empieza a destapar un complot que parece implicar a la CIA… Y es que la nueva presidenta, Elizabeth Keane, es un grano en el culo para los sectores más conservadores del país. En la radio, el infame Brett O’Keefe escupe insultos, mierda y bulos todos los días, pero en los altos estamentos del gobierno y la CIA se está cociendo algo más gordo. La conspiración que se abre ante nuestros ojos es espeluznante: esta vez el enemigo no se ha metido en tu casa, el enemigo es tu familia, tus amigos, tus vecinos y compañeros de trabajo.

Mantienen la apuesta por la verosimilitud, potenciando la proximidad de las tramas a temas de actualidad. Las campañas políticas saboteadas por miedo a que un candidato ajeno al sistema altere el statu quo, las agendas ocultas de políticos, la elaboración de enemigos fantasma para asustar y controlar a la población, los medios comprados y los periodistas sin ética son el pan de cada día en muchos países y destacaban especialmente en las fechas en que se estrenó la temporada, con la guerra política y mediática entre Hillary Clinton y Donald Trump. Lo cierto es que la ficticia presidenta Keane nada tiene que ver con Clinton, de hecho era opuesta en temas de intervención política y militar extranjera, ni tampoco con Trump, un titán económico metido a político ególatra, pero las historias con las que han rodeado al personaje sí resonaban mucho a realidad. Incluso podemos sacar muchos paralelismos con España, con el acoso contra Podemos desde los medios afines y desde las entrañas de un estado asustado ante quien anuncia que si llega al poder tendrá mano dura contra décadas de enquistamiento y corrupción.

Homeland nos ofrece otra temporada modélica en la trama de espionaje, valiente e inquietante en las implicaciones políticas, y muy movida en cuanto a la trayectoria de los protagonistas. Carrie, Peter y Elizabeth acaban inmersos en un berenjenal tan grotesco que ni Saul se lo puede creer, y quizá cuando lo haga sea tarde. Hay tramos que quitan la respiración, como el tiroteo con Peter en casa de Carrie, o el posterior en la cabaña, Max metiéndose en la sede secreta de manipulación mediática, las tendencias de Dar Adal, los envites del asqueroso de O’Keefe…

Pero también hay algún punto mejorable, aparte de la poca garra inicial. No convence el exagerado dramón en el que empezamos con Quinn, un personaje muy querido al que torturan demasiado y por momentos parecía que no sabían cómo mantener, pero también hay que decir que se olvida bastante a partir del tiroteo con una nueva y emocionante trayectoria. Otro dramón habitual es el de Carrie con su enfermedad y los líos con la niña. Se ve que como la serie empezó con gran parte de drama familiar se esfuerzan por mantenerlo, pero año tras año la recaída de turno de Carrie supone un pequeño lastre. Aquí se juega con que por sus problemas podría perder la custodia, lo cual no resulta muy atractivo hasta que uno de esos implicados en el complot amenaza con interceder en su contra si no deja de meter las narices donde no la llaman, pero claro, esto también tiene el problema de ser un recurso muy típico que no despierta mucho interés.

Por otro lado, nos encontramos con una nueva ventaja, pues los guionistas enfrentaron esta temporada sabiendo que tenían la serie renovada para otras dos más. Así, se han podido permitir una historia que continuará: la polémica presidencia de Elizabeth Keane todavía tiene mucho que dar de sí, las convicciones y lealtades de Carrie, Saul y Dar Adal han quedado muy trastocadas, y no sabemos dónde pueden acabar emocional y laboralmente.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

BLACK MIRROR – ESPECIAL: BLANCA NAVIDAD.

Channel 4 | 2014
Black Mirror Special: White Christmas
Drama, ciencia-ficción | 63 min.
Escritor: Charlie Brooker.
Director: Carl Tibbetts.
Intérpretes: Jon Hamm, Rafe Spall, Oona Chaplin, Natalia Tena, Rasmus Hardiker, Janet Montgomery.
Valoración:

Cuando creíamos que en 2014 no íbamos a tener tercera temporada de Black Mirror, a finales de año llegó inesperadamente un capítulo especial que en realidad contiene hasta cuatro historias entrelazadas. Parece que había algún conflicto entre su creador y guionista Charlie Brooker y el canal que la emitía, Channel 4 o con la pequeña productora de la serie, Endemol Shine UK, o una incomprensible pasividad por parte de los directivos de una o ambas, pero el caso es que estaban dejando en el limbo una de sus series más populares e influyentes. La pasividad del canal se mantuvo durante el año siguiente, hasta el punto de que todos asumíamos la cancelación, pero por suerte la adquirió Netflix, tanto para producir como para emitir nuevas temporadas. Decidieron entonces colocar este episodio en la segunda temporada, para no tenerlo por ahí suelto.

En la primera de ellas vemos a un joven tímido (Rasmus Hardiker) utilizar un enlace audiovisual con el que está conectado con una especie de entrenador de ligues que trabaja desde su despacho (Jon Hamm). Es una idea muy lógica en cuanto a la evolución de las aplicaciones y páginas de contactos, pero como esto es Black Mirror veremos la parte más turbia del asunto, tanto los problemas inherentes a la tecnología como los más esperables, el abuso desde el lado humano (atención a los cabrones que lo observan para entretenerse). El tipo acaba inmerso en una pesadilla de cuidado, muy completa y muy bien escrita, más teniendo en cuenta su corta duración. No tiene ni una fisura en cuanto a verosimilitud y sí un gran detallismo y diálogos muy certeros. Además, rematándose con la naturalidad que desprenden Natalia Tena (el ligue) y Hardiker, resulta terriblemente cercana y un presagio funesto.

A continuación vemos otra versión del tema de los implantes, esta vez con una copia de tu personalidad que, introducida en tu mente y conectada a tu hogar, se convierte en tu ayudante personal más eficaz. Eso sí, para lograr la cooperación de tu clon digital hay que doblegarlo primero en un cruel proceso, realizado este también por el personaje de Hamm. Cabría pensar que el futuro son las inteligencias artificiales más que esto (ya hay aplicaciones del estilo, como Alexa), pero consiguen que te creas la situación desde el principio y sufras con la chica un montón. Lo único mejorable es que la protagonista del segmento, Oona Chaplin, no logra un papel tan desgarrador como el rol necesita.

En la siguiente, en realidad presentada desde el principio y latente desde entonces, asistimos a un thriller policíaco de realidades virtuales donde el investigador (de nuevo Hamm) juega con la mente del sospechoso (Rafe Spall) en un interrogatorio que, dado el mundo virtual, permite alterar la percepción del tiempo y otros espeluznantes recursos para doblegarte y conseguir cooperación o información. El final esta sección es escalofriante.

Íntimamente relacionada con ella está el caso investigado, donde asistimos a un drama también muy cercano con el que se conecta rápidamente y en el que, como se espera, la tecnología trae un inquietante giro. Brooker estima que cuando llevemos las redes sociales con nosotros a través de implantes en el cerebro la censura se convertirá en un asunto con sombrías implicaciones. Una mujer (Janet Montgomery) bloquea a su novio (Spall) en vez de terminar la relación como es debido, de forma que ella aparece en la visión de aquel como un borrón. Al no tener un cierre emocional como se merece, el tipo se obsesiona, y un trágico suceso le pone las cosas más difíciles. La espiral de acontecimientos lo lleva a otro infierno muy duro de ver.

Los dos actores que repiten entre historias están fantásticos. Hamm está en su salsa, interpretando, como en Mad Men (2007), a un empresario sin escrúpulos. Spall (Prometheus -2012-, El ritual -2018-) encarna a un individuo normal cuya vida se le escapa de las manos, y es capaz de mostrar con gran intensidad su dolor y frustración. El director Carl Tibbetts mantiene el pulso del episodio muy bien, sin amilanarse ante la dificultad del mismo debido a los cambios de tono y escenario. Los puntuales clímax los construye muy bien, y logra que no se pierda el interés al ir sentando las bases de la siguiente aventura.

Pero por supuesto, el fuerte es el guion de Charlie Brooker. La complejidad, profundidad y veracidad de todas las historias, y sobre todo su imaginación para vislumbrar tantas opciones de un futuro inmediato, forman el mejor capítulo de la serie hasta la fecha (contando también la tercera y cuarta temporadas). Atrapa de principio a fin sin que podamos apartar la mirada, sorprendiéndonos innumerables veces con sus inteligentes e inesperados giros, enganchándonos a través de personajes muy humanos sumergidos en aventuras de enorme originalidad y calado. Es emocionante y asombrosa como pocas obras en los últimos años, y deja muchas ideas sobre las que reflexionar, la mayor parte desagradables, tal es el repertorio de retorcidos augurios con el que nos atormenta Brooker.

EL SÉQUITO – TEMPORADA 8 Y FINAL

Entourage
HBO | 2012
Comedia, drama | 8 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein, Ally Musika.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Emmanuelle Chriqui, Beverly D’Angelo, William Fichtner, Scott Caan, Rhys Coiro, Alice Eve.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante las tramas, incluyendo algún desenlace.–

Tras tantos años ya es difícil sorprender, y menos cuando las historias personales están encaminadas hacia líneas concretas. Así, se puede decir que vamos un poco con la inercia en los dos personajes más prominentes, Eric y Vince. “E” no tiene ningún conflicto laboral interesante, salvo los roces de siempre con el inmaduro de Scott Lavin. ¿Qué hay de la lucha por afianzar sus nuevos puestos como directores de la compañía? Nada se ofrece en este campo, Scott y él viven como dos empleados sin muchas preocupaciones. Y en lo personal van a lo más fácil en la relación con Sloan: las típicas disputas, el romance en eterna tensión, donde incluso con el consabido embarazo no se atreven a darles un cierre en un sentido u otro. Vince sale de rehabilitación como si nada hubiera pasado. No es adicto, dice, y continúa con su vida sin secuelas. Me parece un tanto cobarde no haber seguido explorando su caída al abismo y sus esfuerzos por salir a flote. En lo personal también lo embarcan en un idilio un tanto forzado, con ese precipitado enamoramiento con una periodista y el soso desenlace de la improvisada boda.

En ambos casos las historias funcionan aceptablemente bien por la simpatía de los personajes, las situaciones y diálogos ágiles marca de la casa y los giros imprevisibles. Así, lo del embarazo se convierte en una locura divertidísima cuando meten de por medio la aventura con Melissa, la madre de Sloan, y el padre, Terrance, aparece para imponerse. Vince tiene alguna situación más llamativa (atención al conocido que se pega un tiro), y en lo emocional hay que decir que sus intentos de ligar con la primera chica que lo rechaza son emocionantes, aunque la relación no tenga un recorrido ni un final elaborados y sorprendentes.

Las otras secciones traen más novedades y movimiento. Bueno, quizá la de Tortuga no es muy recordable, pero al menos sus líos con el tequila han influido en su personalidad, se lo ve más maduro, y sigue luchando por sacar nuevos proyectos adelante. Drama tiene la trama más tensa, con el lío en la serie de animación, donde su compañero de reparto inicia en una protesta absurda para cobrar más sin haberla estrenado aún. Hay una buena sensación de un destino incierto y se sufre bastante con el personaje, que no parece levantar cabeza ni cuando consigue un trabajo digno. El divorcio de Ari es la parte más valiente en cuanto a avanzar y profundizar en los protagonistas. Su viaje por el infierno, bien merecido en este ególatra machista, es la mar de ajetreado, y conforme se intuye el intento de arreglarlo hay que alegrarse porque no se resuelve con cuatro tópicos, sino paso a paso y con esfuerzo. El que peor parado vuelve a quedar es Lloyd, quien tras prometer bastante inexplicablemente fue relegado a secundario del montón.

El truco que tienen los productores para evitar que el desgaste pese mucho es condensar los diez o doce episodios que íbamos teniendo en ocho, de manera que todo ocurre con un ritmo vertiginoso muy bien exprimido, sobre todo en los capítulos finales, muy intensos y emocionantes. Y como siempre, las vivencias en el día a día son variadas y encantadoras, con momentos cómicos muy efectivos y las sorpresas que cada dos por tres alteran todo inesperadamente. Así, la ves de un tirón muy entretenido y acabas con una sonrisa en la boca, pues te lo has pasado tan bien como en otros años…

Pero al poco piensas que podían haber ofrecido algo más trascendente y mejor trabajado, que para ser el final se han quedado un tanto cortos. No se aporta nada novedoso en cuanto a la particular visión de Hollywood que veníamos viendo. Ni Vince ni Eric se sumergen en algún proyecto apasionante, como el siguiente paso obvio, dirigir un filme por parte del primero y mantener a flote la empresa el segundo. El salto a director se dejó para la película de cines que llegó en 2015, pero ahí hacen lo mismo, dejarlo de lado por aventuras menos complejas, sin la savia y energía que mostró la serie en sus mejores momentos.

Ver también:
Temporada 7.
Temporada 6.
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

ALTERED CARBON – TEMPORADA 1


Netflix | 2018
Ciencia-ficción, ciberpunk | 10 ep. de 45-65 min.
Productores ejecutivos: Laeta Kalogridis, varios.
Intérpretes: Joel Kinnaman, Martha Higareda, James Purefoy, Chris Conner, Dichen Lachman, Ato Essandoh, Kristin Lehman, Renée Elise Godlsberry, Hiro Kanagawa, Waleed Zuaiter, Hayley Law, Will Yun Lee.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento el argumento y los personajes.–

Casi cuatrocientos años en el futuro los humanos han alcanzado dos de sus sueños, la inmortalidad y las estrellas. Pero, como suele ser habitual, no todos, sólo los ricos. Estos pueden permitirse clones (o “fundas”) que lleven sus “pilas”, las copias de sus personalidades, a cualquier parte, y además sin muchos temores a morir, porque sólo destruyendo todas sus copias alcanzarán la muerte verdadera.

Esta producción de Netflix se basa en la novela Carbono alterado de Richard Morgan publicada en 2003 (2005 en España), si bien el canal ha pasado de traducir el título, aunque no importa mucho porque nadie sabe qué quiere decir. No ha sido especialmente exitosa hasta la llegada de la serie, pero según dicen resulta un título bastante interesante en el género del ciberpunk, esto es, ciencia-ficción donde abundan los avances biotecnológicos y las realidades virtuales y una visión del futuro pesimista y oscura. Supongo que, como pasó con The Expanse (primera novela en 2011, la serie en 2015), muchos acabaremos leyéndola. La lista de productores ejecutivos es larga, pero como creadora se acredita a Laeta Kalogridis, guionista de pocas series y películas, entre las que llaman la atención la notable Shutter Island (2010) dirigida por Martin Scorsese y por el otro lado del espectro la flojísima Terminator: Génesis (Alan Taylor, 2015).

Sin llegar a ser sobresalientes, los primeros capítulos de esta ambiciosa adaptación resultan bastante llamativos. Un presupuesto sin duda abultado permite que sus autores recreen un futuro asombroso, y el origen literario se nota en la introducción a un universo complejo muy atractivo. Es evidente la influencia de las obras cumbres y de los autores primordiales del género. Vienen rápidamente a la memoria William Gibson (Neuromancer -1984-, Quemando cromo -1986-), Masamune Shirow (Ghost in the Shell, 1989) y sobre todo las obras cinematográficas más recordadas e influyentes, Blade Runner (Ridley Scott, 1982), la adaptación de Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995), y Días extraños (Kathryn Bigelow, 1995), y recuerda también en algunos momentos al referente actual en televisión, Black Mirror (2011).

Tenemos todos los puntos en común típicos: las grandes corporaciones y los ricos poseen un enorme poder mientras el resto de la humanidad se arrastra en la miseria; las ciudades están sobrepobladas, son lóbregas y sucias, con grandes rascacielos por arriba y mucho tenderete improvisado a ras de suelo; vemos asombrosos avances en biotecnología, inteligencias artificiales y realidades virtuales en su vertiente más plausible e inquietante; y la semilla del cine negro está muy presente también, con un cuerpo de policía desbordado y corrupto y una detective protagonista que trata de desentrañar una trama farragosa mientras lidia con relaciones profesionales y amorosas caóticas.

Pero las bases tan evidentes del género quedan muy bien apuntaladas en pocos minutos y su personalidad y mitología propia se abren ante nuestros ojos con propuestas muy interesantes y grandes promesas. La idea de las pilas es muy jugosa y versátil, tanto en la trama como en los pensamientos subyacentes. Sirve como punto de partida de las historias principales (el renacimiento del protagonista, la investigación, el poder de los millonarios), da pie a giros de guion ingeniosos (gente en cuerpos de otros, clones varios), y sirven para dibujar ese futuro inmediato un tanto perturbador y que da pie a diversas reflexiones (la diferencia de clases, con los ricos inmortales).

Uno de estos millonarios quiere investigar un intento de asesinato contra él y no confía en la policía, así que se busca la personalidad de un convicto, un mercenario rebelde que trajo de cabeza al gobierno hace dos siglos. Si quiere su libertad y conservar la funda que le ha conseguido, Takeshi Kovacs tendrá que resolver el caso en un mundo que ha avanzado mucho en su ausencia, mientras lucha por adaptarse, superar su pasado y encontrar nuevas razones por vivir. Pero no tiene mucho tiempo para pararse a pensar, porque el tipo que lo ha traído de vuelva exige resultados, y además él mismo atrae los problemas allá por donde va. En su funda actual tenemos el eslabón más débil del reparto y primer punto gris de la serie: Joel Kinnaman estuvo muy bien en The Killing (2011) como detective amargado, pero aquí a pesar de tener un rol semejante anda perdidísimo. Se ve que los directores no supieron guiarlo a través de los numerosos líos emocionales que arrastra, pero es que tampoco tiene el carisma suficiente para funcionar como antihéroe de acción (algunas frases ingeniosas y socarronas salen de su boca pareciendo un tanto estúpidas). Sin ir más lejos, el cuerpo original del personaje está tan bien encarnado en los flashbacks por Will Yun Lee que en cada aparición te hace pensar en que él debería haber tenido el papel principal.

La suspicaz detective Kristin Ortega no le quita ojo al recién despertado, pues algo se huele o algo trama. Trabaja sin quejarse a pesar de estar en una comisaría y una ciudad infernal. Martha Higareda transmite muy bien su fuerza y, conforme nos adentramos en su psique, también sus penas. Poe es el dueño de un hotel con estética de las novelas del escritor del que toma el nombre, pero también es una inteligencia artificial venida a menos, así que cuando Kovacs se aloja allí y trae complicaciones puede salir de su aburrimiento. Lo encarna Chris Conner con un carisma arrollador, adueñándose en cada escena en la que aparece. Tanto Conner como Higareda son un gran descubrimiento, pues aunque tienen bastante experiencia no habían logrado papeles muy destacables, así espero que esta serie les consiga más fama.

Pronto Kovacs se busca un aliado, un tipo también en apuros llamado Vernon Elliot; Ato Essandoh ha pasado por infinidad de series, destacando Copper (2012), Elementary (2012), Vynil (2016), y Chicago Med (2016). Y en los flashbacks conocemos a sus antiguos allegados: su hermana Reileen (Dichen Lachman, desde Dollhouse -2009- vista en muchas series), y la líder de la rebelión, Quellcrist Falconer (Renée Elise Goldsberry, secundaria habitual en The Good Wife -2009-).

Laurens Bancroft es el multimillonario que quiere saber quién ha conseguido llegar a su torre inaccesible y superar casi todos los controles de seguridad para atentar contra su vida, pues al morir su cuerpo y tener que restablecer una copia hay horas que no recuerda. Lo interpreta el siempre excelente James Purefoy (Roma -2005-, The Following -2013-), que de nuevo deja claro que relegar a semejante titán a papeles secundarios es un desperdicio: pide a gritos una serie propia con un personaje tipo Tony Soprano con el que demostrar su valía. En su familia, aparte de unos pocos hijos ladinos y mimados y la abogada trepa, destaca su esposa, a la que da vida Kristin Lehman, también de The Killing, con una sensualidad y transparencias de infarto.

Los capítulos vienen siendo largos y pausados, a pesar de algunas dosis de acción, pero son bastante entretenidos y adictivos, pues combinan el drama, el policíaco, el ciberpunk y la distopía consiguiendo un relato bastante atractivo y coherente a pesar de la complejidad del mismo, y se mantiene siempre sensación de avance, de que vamos adentrándonos más en los personajes y el potente mundo presentado. El caso es intrigante, con el sabor a noir clásico del protagonista perdido en una situación que apenas entiende mientras le llueven palos por todas partes y no sabe qué hacer con su vida. Mientras, vamos adentrándonos en la deslumbrante visión del futuro, expuesta con un mimo y detallismo magnífico; por ejemplo, cabe mencionar la interesante aproximación a la religión, con el rechazo a la extensión no natural de la vida. Pero también saltamos al pasado, con la historia del huérfano Kovacs encontrando en una rebelión destinada al fracaso una familia y una vida.

Todo ello con se muestra con un envoltorio visual fastuoso. Entramos a lo grande en la serie con el renacimiento de Kovacs en la bolsa de plástico del nuevo cuerpo, y en seguida pasamos a descubrir la ciudad a través de unos impresionantes planos digitales de coches voladores y edificios que no tienen nada que envidiar a una buena superproducción cinematográfica. Los escenarios están muy cuidados también, y aunque al final te acabas cansando de ver la misma calle del hotel una y otra vez, desde luego los realizadores saben sacarles partido: la fotografía e iluminación, los decorados y el vestuario son impresionantes, la selección musical es muy atinada y, lo más importante, por lo general las labores de dirección son notables, no en vano hay talentos como Miguel Sapochnik (Juego de tronos, 2011) y Alex Graves (El Ala Oeste, 1999) tras las cámaras. Además, el tono para adultos se exprime al máximo: hay desnudos para todos los gustos (en mi caso, espectaculares Higareda y Lehman), peleas brutales y sangre por doquier. Una de las peleas finales contra una serie de clones en pelotas es alucinante, un ataque del gobierno a la rebelión, que acaba con una neblina de cenizas, está rodado con maestría aunque sea puro vacile, y el estilo de lucha de moda entre los ricos es épico también.

Sin embargo, me temo que tan seductora y prometedora como se va desarrollando en su primera mitad, a la larga los pequeños deslices y mejoras evidentes que se podían ir pasando por alto, por eso de que está empezando y todavía hay margen para madurar, van creciendo y acumulándose, y la serie empieza a torcerse y deshacerse a marchas forzadas, demasiado rápido si tenemos en cuenta que la temporada es muy corta. A partir de cierto momento comienza a hacerse un poco empalagosa, en plan me sobran flashbacks que no terminan de ir hacia ninguna parte, pero también porque una vez roto el hechizo se ven las intenciones de asombrar con lo visual (la pelea de rigor por capítulo aunque no venga a cuento) y con enredos (el interrogatorio virtual) más que con terminar de perfilar un guion con enorme potencial. Pero lo más grave es un bajón en el tramo final que resulta realmente decepcionante. Básicamente, hacen un Blade Runner. Aquella dejó de lado la sugerente línea de los replicantes y sus cuestiones filosóficas para desembocar en un policíaco del montón, con un desenlace de aburridos tiroteos y tortas. Aquí ocurre algo parecido…

Alerta de spoilers: Quizá alguno lo considere spoiler, pero tengo que comentar qué no ofrece el final a pesar de que se esperaba a lo largo del año, aunque lo hago sin desvelar las claves de lo que sí ofrece, ni giros concretos ni destinos de personajes. Pero si no quieres saber nada salta al siguiente párrafo.–

Si bien el caso se cierra bastante bien (aunque a medio camino tiene momentos que parecen enmarañados innecesariamente), es algo que creo que todos esperábamos, porque parecía servir como introducción a las historias de largo recorrido, destacando una posible guerra entre ricos y pobres, otra rebelión a la que Kovacs se uniera o incluso iniciara… Y precisamente estas esperanzas quedan en el aire sin terminar de apuntar a nada concreto, mientras que como arco final se sacan se sacan de la manga un culebrón burdo, que empieza por la sorpresa del origen de la funda actual de Kovacs pero pega un salto delirante con la pésima introducción de un nuevo villano. Sus motivaciones son de un ridículo que espanta, por artificial, inverosímil y poco meditado en una serie que hasta entonces trabajaba bastante bien la psicología de sus personajes y venía mostrando un desglose de tramas y giros no brillantes pero sí bien aprovechados. El desenlace acaba patinando del todo en un drama personal pasadísmo de rosca y en una pelea final un tanto insípida.

El cambio de tono no se entiende, y todos los lectores de la novela lo achacan a que sin venir a cuento a media temporada se apartan cada vez más de ella. El esfuerzo en darle garra con el apartado visual apenas vale para mantener el tramo final como un entretenimiento sin pretensiones, cuando en su inicio se veía venir una serie de notable o más en un género donde hay pocos títulos serios y ambiciosos que rescatar. Pero también es cierto que menos es nada, y aunque al final pueda dejar malas sensaciones, el viaje merece bastante la pena y creo que cualquier fan de la ciencia-ficción puede darle una oportunidad. Veremos si de haber segunda temporada hilan mejor el arco del año mientras expanden el universo. Yo aún tengo ganas de conocer más, de ver nuevos mundos.

STAR TREK: DISCOVERY – TEMPORADA 1


CBS All Access | 2017
Ciencia-ficción, acción | 15 ep. de 38-50 min.
Productores ejecutivos: Bryan Fuller, Alex Kurtzman, Akiva Goldsman, varios.
Intérpretes: Sonequa Martin-Green, Doug Jones, Shazad Latif, Anthony Rapp, Mary Wiseman, Jason Isaacs, Michelle Yeoh, Jayne Brook, Mary Chieffo, James Frain.
Valoración:

Alerta de spoilers: Presento la historia y los personajes. Sin datos reveladores hasta el último apartado. —

HACÍA FALTA RENOVACIÓN… PERO BIEN HECHA

La saga Star Trek necesita desde hace bastante tiempo algo de renovación, pues Voyager (1995-2001) había estirado demasiado la temática de exploración científica y Enterprise (2001-2005) no convenció casi nada a los fans en su intento de tirar más por la acción directa. El agotamiento de ideas, que ya se extendía también a las películas, pues Némesis (2002) fue bastante floja, las dejaba por debajo del ingenio de la original Star Trek (1966-1969) y de la calidad de las más aclamadas, La nueva generación (1987-1994) y Espacio profundo 9 (1993-1999). Esta última sí buscó innovar mediante historias de mayor recorrido, y logró causar muy buenas impresiones entre los seguidores. Por ello es una pena que las nuevas películas creadas por J. J. Abrams (2009, 2013 y 2016 -esta última dirigida por Justin Lin-) fueran producciones de acción de usar y tirar. La verdad, ni me sentó bien que esta mediocre reinvención, indistinguible de toda la retahíla de remakes y adaptaciones sin alma que saturan el mercado, resultara un éxito de público.

El nacimiento de Discovery dio mala espina, pues cabía pensar que seguiría la estela de esa trilogía moderna. Además, el título señalaba más exploración (aunque al final fuera todo intriga política), y el ubicarla otra vez (como Enterprise y esas películas) en un marco temporal ya superado prometía más de una falta a la línea temporal cuando no reescrituras descaradas de la misma.

Viendo los réditos económicos de la reciente versión cinematográfica, la CBS tiró la casa por la ventana con un presupuesto de entre seis y siete millones de dólares por capítulo, toda una superproducción televisiva. Pero la pareja de creadores elegida fue un tanto extraña por sus estilos opuestos, en especial en sus aportaciones previas en Star Trek.

Por un lado tenemos a Bryan Fuller, que escribió algunos episodios en Espacio profundo 9 y Voyager, aunque es más conocido por sus creaciones propias, Criando malvas (Pushing Daisies, 2007), Wonderfalls (2004), Hannibal (2013) y American Gods (2017). En ellas se ve un artista inclasificable, un vanguardista capaz de imaginar universos únicos y darles forma con una dedicación y detallismo obsesivos… hasta el punto de que se convertían en series muy difíciles de llevar a cabo y también de digerir por el público, lo que ha llevado a la cancelación prematura de varias de ellas o a su despido.

Por el otro lado encontramos a un autor de la hornada de J. J. Abrams, de esos tan temidos entre los cinéfilos y seriéfilos por ser amigos de los golpes de efectos y la improvisación por encima de la coherencia de la narrativa global. Alex Kurtzman maduró en Alias (empezó su carrera antes… en Hércules -1997- y Xena, la princesa guerrera -2000-), y aunque no pasó por la incubadora de este grupo, Perdidos (2004), y desde luego Alias (2001) fue buena serie, con un bajón acuciado conforme avanzaba pero no hasta caer al abismo como Perdidos, ahí ya se veía bastante de ese mal hacer. Luego fue el artífice de Fringe (2008), un remedo pobretón de Expediente X pero con bastantes fans, y, lo que terminó de sembrar más dudas, el guionista de dos entregas de la nueva visión de Abrams.

Conforme llegaban las noticias durante su puesta en marcha no se avivaban las esperanzas, sino más bien lo contrario. La visión de sus creadores y la de la productora (más concretamente la sección recién creada de video bajo demanda, CBS All Access) parecían estar enfrentadas, aunque como siempre se dijera que no. Finalmente se confirmó el conflicto con Bryan Fuller, que acabó despedido. Sin duda él tiene gran parte de la culpa, pues siguió en su tónica, alargando la escritura y el rodaje de forma que tuvieron que retrasar el estreno y poner más y más dinero, pero entre líneas también se podían leer las desavenencias creativas. Da la impresión de que él quería una obra muy seriada y compleja y el canal algo más directo, más acción en la línea de las recientes películas. Kurtzman se mantuvo brevemente al frente, pero no parece que confiaran del todo en él, porque trajeron a Akiva Goldsman (quien también pasó por Fringe) para compartir el mando. Este es conocido por sus producciones de baja calidad (con basuras legendarias como Batman y Robin -1997-), y lo único decente que ha escrito es Soy leyenda (2007) y Yo, robot (2004), que no eran precisamente fieles a las obras originales.

Hay que decir que, cercano al estreno y confirmándolo con el argumento de los primeros capítulos, se levantó un poco la expectación al ver que anunciaban una historia larga muy sugerente, la guerra de la Federación contra los Klingon. Pero esas tibias promesas nunca han llegado a despegar en una temporada que no está a la altura del estándar exigible para la saga, tanto en fidelidad como en calidad, y eso que Voyager y Enterprise al parecer iban muy justas en lo último (las tengo pendientes a la hora de escribir esto). Como entretenimiento de acción tiene un pase, pero a nada que le hagas un análisis serio se cae a pedazos. Ofrece una narrativa caótica, notándose mucho el lío en la producción y la reescritura de guiones, y predominan artificios y golpes de efecto que no logran enmascarar su falta de profundidad e inteligencia. Pero está claro que el renombre de Star Trek tiene suficiente tirón para enganchar a bastante público, pues ha logrado buen seguimiento y la segunda temporada está ya confirmada. También habrá ayudado que Netflix pagara bien por emitirla fuera de EE.UU. y Canadá, permitiendo que empiecen a amortizarla rápido.

NULA FIDELIDAD A LA SAGA

Nada más empezar el visionado se observa que se inclina demasiado hacia la estela de las nuevas y fallidas películas: no se ve la esencia de Star Trek por ningún lado. ¿Para qué demonios haces una entrega de la saga si no vas a respetarla? ¿Cómo esperas ganarte a sus fans si vas pisoteándolo todo? El primer golpe es duro: ¿cómo pudo ocurrírseles cambiar de arriba abajo el aspecto de los klingon? Veintiocho temporadas y diez películas después mandas todo lo establecido a la mierda sin vergüenza alguna. Tenemos unos engendros cabezones cuyas motivaciones y cultura apenas llegan a identificarse con lo que sabemos de ellos. No se ve un pueblo donde el honor y las tradiciones rigen sus vidas, sino unos animales impredecibles y traicioneros, recordando a los originales únicamente en su inherente belicismo.

Pero hay mucho más, en lo visual tanto como en lo argumental, que deja malas sensaciones, por mucho que intenten encubrirlo colando referencias en segundo plano aquí y allá.

En la estética van directamente a romper con todo, sin la más mínima consideración por la saga. Las naves eran bonitas, habitables y cómodas, no fríos zulos de metal donde sólo hay color en las sobresaturadas consolas. En la puesta en escena abusan del efectismo inmediato, con enredos visuales por doquier sin motivos claros, cuando siempre ha primado la sobriedad y la elegancia y el dejar que la historia hable por sí sola. Luego me extiendo sobre su malogrado acabado visual, destacando los pésimos efectos especiales, que se quedan muy por debajo incluso de La nueva generación, con treinta años a cuestas ya.

Y, sobre todo, el ambiente no recuerda a la serie, salvo en el inesperado capítulo de la paradoja temporal que hace repetir la misma situación, donde aportan una perspectiva bien trabajada a la premisa, aunque a cambio anda muy falto de ritmo. En la Federación que yo conozco los protagonistas no serían recelosos unos de otros constantemente ni actuarían por puro egoísmo, sino que sería gente muy entregada a sus ideales, pues han llegado a lo más alto del escalafón social: la flota estelar. En la presente han optado por seguir un modelo muy de moda, el de las series oscuras llenas de protagonistas ambiguos cuando no malvados y que pueden morir en cualquier momento, en una saga que siempre iba a su bola, adelantada a su tiempo con una idiosincrasia propia.

En ese aspecto destaca que fue un referente en cuanto a avances morales y temáticos en televisión, no sólo por romper unos pocos tabúes raciales y machistas, sino sobre todo porque tocaban muchos temas filosóficos, éticos y antropológicos con gran amplitud de miras, imaginación e inteligencia. Aquí, el repertorio de capitanas y almirantas chungas porque sí y la sobreexposición gay parece no tener justificación, no se desarrolla de forma orgánica. Acabarás harto de ver a la parejita homosexual lavándose los dientes frente al espejo y diciéndose cosas cuquis mientras esperas que pase algo trascendente. En cuanto a temática, las pocas veces que se abordan aspectos habituales, como los otrora elaborados y certeros análisis sobre la ética y el ser humano, la rigidez de las normas puestas a prueba en situaciones desconocidas, la capacidad moral de la Federación en conjunto y de sus habitantes por separado, resultan discursos flojos y repetitivos. La supuesta superioridad ética de la Federación se cita mucho pero no se ve, y salvo la inocente (hasta resultar empalagosa) Tilly son todos unos cabrones de cuidado que solo miran por sí mismos. No veo a la Federación por ninguna parte, así que no se entiende que tengan que recurrir al universo espejo, a los malvados terranos, para justificar que se dejen de lado sus supuestos límites éticos para sobrevivir a la guerra.

Si es que la parodia The Orville (2017), de Seth MacFarlane, está mucho más cerca del estilo de la serie, y el capítulo USS Callister de la cuarta temporada de Black Mirror también lo capta de bastante bien.

HISTORIA Y PERSONAJES CERCANOS AL DESASTRE

La falta de calado y personalidad se extiende a las tramas y protagonistas. Se mezclan las fallidas intenciones de Fuller con la apresurada llegada de Goldsman, y siempre está presente la nula capacidad de Kurtzman para dibujar personajes y tramas que tengan un mínimo de profundidad y un desarrollo atractivo. Los diálogos son simplones, poco naturales, buscando siempre una épica y trascendencia que no se transmite en ningún momento. Se acumulan situaciones predecibles, otras forzadas (la nave sellada, pero la prota paseándose por todas partes por los conductos de mantenimiento, menuda seguridad), y hay demasiados intentos de causar impresión a base de golpes de efecto y sorpresas poco meditados.

El comienzo de la temporada, con la introducción de los klingon y el origen de la guerra, se hace pesado, incapaz de ir al grano y exprimir el potencial latente. Hablan demasiado para decir poco, y encima lo hacen en klingon, un vacile innecesario, para que la anunciada batalla que provoca el conflicto bélico sea un bluff total, porque ni en lo argumental ni en lo visual está a la altura de lo que se anunciaba. En la Discovery no se consigue materializar una historia concreta, manteniendo el interés únicamente gracias al proceso de adaptación de la protagonista principal a su nuevo e inesperado destino, y no es que sea muy imaginativo.

Cuando esperas que se profundice de una vez en la guerra llega el cambio de guionistas y el despiporre: a partir de entonces parece que desarrollan la serie sacando de un bote ideas locas escritas en trozos de papel. Nada se asienta, saltamos de una trama pretendidamente grandiosa y trepidante pero poco coherente y apresurada a otra. Así que uno no sabe a qué atenerse, no puedes conectar con nada porque en cualquier momento te lo quitan y te lanzan hacia otra idea improvisada metida a la fuerza, y así hasta acabar en un final lamentable.

Los protagonistas, con un dibujo inicial bastante básico, no terminen de ofrecer nada llamativo, pues sus personalidades no evolucionan de forma gradual, sino según deban adecuarse a los virajes del guion. La figura central, Michael Burnham, tiene un montón de dudas y sufrimiento, y nos taladran con flashback varios, pero no llega a vislumbrarse una forma de ser clara, unas motivaciones y deseos que hagan inteligible su determinación. Es un robot que traga con todo y sigue adelante sin pestañear… literalmente, porque la actriz Sonequa Martin-Green (The Walking Dead), que es competente de sobras, lo único que hace es poner miradas intensas, no tiene más margen.

Ash Tyler, el rescatado de la prisión klingon, está todo el día puteado hasta resultar cansino, porque no se avanza hacia ninguna parte, salvo en el predecible y tonto conato de romance con Michael, porque no puede faltar una relación en tensión. Cuando parece que va en buen camino, resulta que todo era para justificar uno de los giros más demenciales. Además, el actor Shazad Latif lo hace fatal, sacándome de muchas de sus escenas. Sylvia Tilly es la cadete que quiere encajar pero se ve frenada por su torpeza y timidez. Es tan poco original y la actriz Mary Wisemantan está tan sobreactuada que resulta cargante desde sus primeras escenas. El ingeniero Paul Stamets no se sabe muy bien de qué va, es otro con una determinación obsesiva que ni se matiza ni evoluciona, y el intérprete Anthony Rapp intenta darle un toque serio que resulta también sobreactuado. Georgiou es seca y aburrida en los dos universos, y Michelle Yeoh no convence.

Los únicos interesantes son el segundo oficial Saru y el capitán Gabriel Lorca. El gran Jason Isaacs da forma a un líder sombrío y exigente con un toque de mala baba y misterio que resulta muy atractivo. Con lo de la misión secreta de la Discovery y la guerra se puede aceptar que se salga de la tónica de la Federación, de hecho parecía que se iba a aprovechar para tener roces éticos con Michael. Pero me temo que no llega a dar nada de sí, pronto es engullido por esos desvíos argumentales sensacionalistas y termina muy disminuido, hasta el punto de que en el segmento final acabé cabreado con la proyección de su historia y desinteresándome por completo por su porvenir. Saru es el único que no sólo mantiene el tipo sino que crece. Sus convicciones morales quedan claras, sus conflictos con Michael dan algo de juego, y conforme se tuercen las situaciones aprende y cambia su conducta. Doug Jones es capaz de lograr una buena interpretación (y peculiar, con los movimientos alienígenas que hace) a pesar de tener mucho maquillaje encima.

EL ASPECTO VISUAL TAMBIÉN FALLA

Desde las primeras escenas quedé asombrado por su escasa calidad en el aspecto visual. ¿Adónde ha ido el abultadísimo presupuesto? Se habrá desperdiciado la mitad en el aparatoso rodaje, porque lucir solo lucen el vestuario y el maquillaje, y un poco el interior de la naves, pero no como para decir que es una superproducción al nivel de Juego de tronos.

El trabajo con ordenador, para los tiempos que corren y el dineral invertido, es incomprensible que tenga un nivel tan bajo, tirando a cutre. Los pocos planos del espacio y las naves son propios de una serie de bajo presupuesto de hace veinte años, no tienen mejor aspecto que los de Farscape (1999), y el único ser vivo digital, el “tardígrado”, es espantoso. Enterprise dejó claro que el ordenador no aguanta bien el tipo contra las maquetas, saliendo perdiendo en la comparación con La nueva generación, Espacio profundo 9 y Voyager, pero aun así tenía un nivel más que decente y soporta el paso de los años aceptablemente bien. Hasta producciones menores como Dark Matter tienen mejores efectos digitales, no digamos ya alguna con más ambición, como The Expanse.

La decepción se agrava porque apenas salimos unas pocas veces de la nave, es decir, falta la renovación de escenarios, el factor asombro al conocer nuevos lugares y especies. El diseño de la cultura klingon no está mal, pero, como indicaba, no resulta nada fiel: el aspecto de la especie es irreconocible, y su entorno tiene demasiado brillo dorado cuando se espera un estilo más animal, con cueros, pieles, cuernos… El ambiente humano es demasiado gélido y oscuro, que aparte de fallar también en fidelidad resulta poco vistoso: la Discovery no tiene una personalidad propia, se puede cambiar por cualquier diseño estándar de interiores de la ciencia-ficción.

La banda sonora, muy destacable anteriormente, sobre todo en La nueva generación y la mayor parte de las películas, aquí resulta un relleno poco esforzado, y eso que Jeff Russo (Fargo, Legión) me parece buen compositor. Los títulos créditos tampoco me entusiasman, aunque nunca fue una saga deslumbrante en este aspecto.

No sorprende que en la puesta en escena sigan la fórmula de Abrams en las nuevas películas, que usó la técnica más habitual en el cine de acción de baja calidad de estos tiempos: mucha saturación de trucos baratos para impactar fácil y rápido sin tener que trabajarse bien la narrativa. Así, como decía, no tenemos el acabado sobrio pero elegante que se veía desde La nueva generación, cuando la saga maduró y había dinero para aspirar a algo más serio. Aquella destacó con un acabado de calidad impropio de la televisión: estupendos planos medios, gran cuidado en manejar muchos personajes en cada escena de forma que todo fluyera bien, y puntos álgidos emocionales (tenía poca acción) muy bien exprimidos. Aquí encontramos un abuso indiscriminado de reflejos, lucecitas, movimientos y ángulos estrafalarios que pretenden ofrecer dinamismo y vitalidad pero lo que consiguen es un acabado sobrecargado y agobiante pero sin sustancia. Para rematar, se busca una obra de acción pero las pocas peleas que encontramos son bastante chapuceras, sobre todo el enfrentamiento final con los terranos.

AHONDANDO EN DETALLES Y EN EL FINAL

Alerta de spoilers: En adelante destripo los giros más importantes y el desenlace.–

Entre los peores momentos que no podía citar antes para no revelar demasiado entraría la disparatada trayectoria de Tyler. Inicialmente me parecía sugerente el tratamiento de preso fugado que tiene secuelas del cautiverio y la tortura, pero tras demasiadas escenas repetitivas adornadas con el dichoso romance se fue disipando el interés en él, para acabar por tierra con esa situación donde, estando claramente no apto para el trabajo, lo ponen a hacer algo esencial en una lanzadera, con la de tripulantes que hay disponibles. Y lo poco que queda lo terminan de hundir con lo de que se ha convertido, pero no mediante la tortura, sino con una transformación biológica: ¡ahora resulta ser un klingon con fachada física humana! Por supuesto, la poca intriga supuestamente renovada con esta parida se diluye rápido, porque pronto se ve que lo hecho con ciencimagia mediante ciencimagia lo resolverán en un tris. Después de tanto enredo absurdo (ahora es klingon ahora no… ¡decidíos!) no hay secuelas reales, más allá de la muerte nada impactante de un secundario (que incluso se agradece, porque el médico era de los molestos) y de extender de mala manera el manido romance.

Entre los apuntes innecesarios y que faltan a la línea temporal sin venir a cuento destaca la sandez de que Michael Burnham sea hermana adoptiva de Spock. Aparte de justificar apariciones esporádicas de Sarek que luego no aportan nada, no sirve para ahondar en la protagonista, para definir sus motivaciones y acciones, y el intento de darle un toque exótico por su educación vulcana se olvida por completo a los pocos episodios.

La idea de las esporas y sus saltos instantáneos a cualquier parte también me parece enredar innecesariamente con la continuidad. Cada vez que toma protagonismo, y lo hace en cada capítulo, no podía dejar de pensar en que no pueden sustentar toda la serie con ello, porque supone una ventaja descomunal para la Federación que no existe en el resto de la línea temporal conocida, así que tarde o temprano tendrán que currarse una forma creíble de deshacerse de esta tecnología sin dejar rastro. Sin ir más lejos, en el tramo final, cuando más falta hace, por supuesto el sistema falla hasta que los guionistas quieren.

En cuanto a tramas globales, dejar de lado la guerra klingon sin llegar a profundizar nada en ella para irse a enredos en el universo paralelo me parece una cagada monumental, tanto por abandonar bruscamente la historia presentada como porque la nueva premisa ofrece una línea de acción aparatosa pero poco llamativa. Me dan igual los terranos, son unos enemigos desechables; todo el sufrimiento de la tripulación y sus misiones suicidas parecen demasiado teatrales y por extensión poco verosímiles y emocionantes; y los encuentros entre dobles son demasiado predecibles y forzados. Atención también a la exagerada nave de la emperatriz y su destrucción digna de un poco imaginativo videojuego. El final de Lorca es lamentable, tanto como prometía y acaba convertido en un villano del montón. La emperatriz es otro enemigo de manual, y al final todo acaba como se veía venir, incluso su paso a nuestro universo.

Para rematar la floja temporada, en el tramo final recuperan la guerra klingon de mala manera, metiendo con calzador un salto temporal que nos pone ante otra dificultad artificial, pues ahora repentinamente los klingon están a punto de ganar. Nos hemos perdido todo lo que se anunciaba, el desarrollo de una guerra muy relevante en la saga, para pasar al desenlace… y este es ridículo en proporciones grotescas.

La voz en off de Burnham trata de poner énfasis en sentimientos que el episodio final no es capaz de despertar, porque todo resulta apresurado, anticlimático e inverosímil. Qué conveniente el renacimiento instantáneo de las esporas, qué poco creíble que llegen al planeta klingon, incluso se teletrasporten, sin ser detectados, y que la nave tenga ahora capacidad atmosférica; qué anodina la misión de buscar información, qué poco empeño parecen ponerle; y sobre todo, qué lastimero el final de la guerra, con la klingon sosteniendo en alto un mando y todos postrándose ante ella sin que haya explicado qué es. Y aunque lo explicara, la idea es absurda y difícilmente sostenible: resulta ridículo lo fácil que es invadir y destruir un planeta, y muy poco creíble que pueda mantener así el liderazgo, pues más que obtener sumisión sin rechistar lo lógico es que todos se pongan en su contra.

En todo este lío la conexión con los personajes es nula, no han conseguido ganarme a lo largo de la temporada, así que ahora no me importa nada el nuevo peligro exagerado en que los sumergen. Termina Burnham con otro discursito, intuyo que para tratar de mostrar algún cambio o madurez en la tripulación y la Federación que en realidad no hemos visto, así que queda artificial y relamido pero insustancial.

Por si el interés del espectador andaba ya por los suelos, nos tratan de ganar para el próximo año con el típico gancho tramposo a lo Perdidos, con el Enterprise clásico (NCC-1701) apareciendo repentinamente. Pero, para terminar de joder a los fans, ¡nos clavan el rediseño moderno de Abrams! Eso sí, está capitaneado por Pike, pero es de suponer que Spock anda por ahí, así que vuelven a jugar a la reescritura de la continuidad peligrosamente.

Por lo que veo por la red, con esta última falta de respeto los trekkies que aguantaron hasta el final por inercia y curiosidad morbosa (entre los que me incluyo) han tirado la toalla. Pero también parece haber enganchado a bastante espectadores nuevos, amigos de los seriales de acción de baratillo. En un mundo más objetivo la temporada ni habría llegado al final, pero lo mismo dura unos cuantos años.