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EL ÚLTIMO HOMBRE EN LA TIERRA – TEMPORADA 3.

The Last Man on Earth
Fox| 2016-2017
Comedia | 18 ep. de 22 min.
Productores ejecutivos: Will Forte, Phil Lord, Christopher Miller.
Intérpretes:Will Forte, Kristen Schaal, Mel Rodriguez, Cleopatra Coleman, January Jones, Mary Steenburgen, Kenneth Choi, Mark Boone Junior.
Valoración:

Volví a caer en mi placer culpable de estos años. No sé, algo tenían Phil Tandy Miller y sus locuras como para hacerme reír, y la esperanza de que los escritores fueran poco a poco aprovechando la temática de fin del mundo me atrajo de nuevo. Pero hablo en pasado. La tercera temporada ha dejado bien claro que sus autores no tienen nivel suficiente, y menos para mantener la premisa tan encorsetada como quieren.

Tandy es inmaduro, egoísta y cabezota. Y apenas hay algo más donde rascar. El embarazo de Carol, que tiene unos pocos miedos y quiere que Gail sea su madre adoptiva para tener una familia más completa, es el único amago de contar algo más continuado y relevante con los personajes los secundarios, pero dan vueltas en círculos obsesionándose con esa única historia y termina siendo agotador. Además, Erica está embarazada también y no narran absolutamente nada con ella. Melissa enferma, pierde la cabeza, pero no lleva a nada sustancial, parece una excusa para quitarle diálogos, da la impresión de que no sabían qué hacer con el personaje. Y cabe preguntarse por qué alguien del caché de January Jones (Mad Men, incluidas dos nominaciones a los Globos de oro, alguna aparición en cine) se apalanca en una serie de tercera como esta. Todd sufre un poco con ello, pero nada que dé juego, nada que aporte drama desde una perspectiva cómica. El único momento duro es cuando Gail acaba días encerrada en un ascensor… y da igual, no deja secuelas en el personaje. En resumen, ninguna historia mueve de verdad las relaciones, añade un poso a cada protagonista, explora ideas genuinas e ingeniosas a pesar del potencial latente.

Los guionistas no son capaces de ver que no llegan a tantos capítulos aferrándose al esquema, pero no hacen ni un amago de incluir aventuras secundarias de relleno. Cambiamos de escenario al poco de entrar la temporada, tras despachar el lío con el loco peligroso de Pat, pero volvemos enseguida a la rutina. Y ya canta mucho que cada nuevo personaje que llega no va a aportar savia nueva, sino que va a servir exactamente para lo mismo: para mostrar a Tandy intentando hacerse amigo del recién llegado y a la vez no perder su posición en el grupo, ni la cabeza por los ataques de celos. Pat, Lewis y el niño al final de temporada, todos están puestos al servicio de Tandy. Y el nivel que se alcanza en el tramo dedicado a este último ya no es bajo, entra directamente en la vergüenza ajena. Así que el año, que iba flojeando cosa mala, cae al abismo en los capítulos finales. Sólo salvaría unos pocos al principio, cuando la presencia de Pat y Lewis ofrece algo de movimiento y una pizca de gracia, pues aunque sea jugar otra vez sobre seguro (Tandy, Tandy, Tandy), algún momento decente da, como ese en que Tandy se encuentra mintiendo a dos grupos a la vez y casi le da un pasmo.

El ego del creador de la serie, Will Forte, que es precisamente el intérprete de Tandy Miller, consumió el poco material que tenía en la primera temporada, y la segunda se sostuvo milagrosamente porque amagó con tomar distintas direcciones. Pero estancándose de nuevo en el concepto inicial está claro que la serie está agotada, y a estas alturas no parece que vayan a tratar de darle nuevos aires a pesar de la han renovado por una cuarta sesión.

Mención aparte merece la aparición de Kristen Wiig, una de las actrices de comedia más conocidas (Saturday Night Live, The Spoils of Babylon). Como hicieron con el hermano de Tandy, tuvo un capítulo para ella sola en el parón (¡de cuatro meses!) en el ecuador de la temporada (aunque lo emitieron después, así que perdieron el factor expectación), lo que hacía suponer que aparecería en la parte final uniéndose al grupo. Pero el episodio fue aburridísimo, sin chispa alguna, y luego resulta que no llega a aparecer hasta el último segundo del año, en un cutre intento de captar audiencias.

PD: Por no cuidar no cuidan ni la coherencia. Una trama principal en la segunda tempora fue que no funcionaba la gasolina, pues se caducó, pero aquí se ponen a viajar en coches y autobuses como locos.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

HA FALLECIDO POWERS BOOTHE.

Pocos papeles protagonistas tuvo, como una serie sobre el detective Philip Marlowe (ese conocido sobre todo por Humphrey Bogart), pero como secundario ha dejado una huella imborrable en muchas series y películas, generalmente como villano: Giro al infierno, Tombstone, 24, Hatfields and McCoys… Su último trabajo fue en Agentes de SHIELD… Su papel más recordable fue en Deadwood como Cy Tolliver, un rol donde estuvo deslumbrante en una serie ya de por sí llena de grandes personajes y actores.

Ha fallecido mientras dormía, por causas naturales, a los 68 años de edad.

Ficha en la IMDb, biografía en Wikipedia.

GIRLS – TEMPORADA 6 Y FINAL.

HBO | 2017
Drama, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky, Peter Scolari, Becky Ann Baker, Ebon Moss-Bachrach.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo a fondo la trayectoria final de cada protagonista. —

No entiendo qué les pasa a muchos autores a la hora de abordar los finales de sus series. La tendencia habitual se inclina demasiado hacia dos formatos: un desenlace cobarde y complaciente o uno salido de madre que sabe a traición. Los cierres que causen buenas sensaciones, que terminen por todo lo alto (y esto no tiene por qué implicar un clímax espectacular) sin faltar al espíritu de la serie, son difíciles de encontrar. En este sentido destacarían algunos como A dos metros bajo tierra, The Shield, la reciente Black SailsGirls nos trae una bajada del telón frustrante, pues precisamente toma algo de cada una de esas dos líneas tan criticables: es un poco miedica a la hora de lanzarse hacia adelante con el grueso de personajes, y a la vez toma un giro muy extraño con la protagonista principal.

Ese desilusionante desenlace no se ve venir, pues la temporada mantiene durante muchos capítulos un nivel de calidad y expectación por el destino de los protagonistas tan alto como de costumbre; incluso el tramo central aguanta el tipo a pesar de lo bajo que apunta el giro con el embarazo de Hannah. Ella continúa tratando de encontrar un objetivo en la vida que le haga sentirse realizada (principalmente, ser escritora profesional), lidiando con trabajos y situaciones de las que no termina de sacar nada que llene su vacío, incapaz de ver que el problema es casi siempre ella, con su inestabilidad y obsesiones. El triángulo Ray-Marnie-Desi llega sin rodeos a un punto de inflexión no por esperado menos interesante: la ruptura del matrimonio, el acercamiento a Ray. Elijah resulta un encanto, y más con su creciente protagonismo, y Shosh también es deliciosa, pero me temo que esta en cambio no termina de tener la presencia de antes. Y Adam y Jessa experimentan con sus sentimientos presentes y pasados en una relación enfermiza y caótica la mar de divertida. Así que, en líneas generales todas las historias mantienen el tono habitual: humor ingenioso y sutil, con mala leche pero también con muchas enseñanzas sobre la vida, y unos personajes muy bien dibujados, llenos de vicios y contradicciones hasta el punto de resultarles desagradables a muchos espectadores. En otras palabras, seguimos estando ante una dramedia única, con una visión de los treintañeros inteligente y a la vez visceral que no deja indiferente a nadie.

El punto álgido del año, ese capítulo alternativo, distinto, que siempre destaca y da que hablar, esta vez ha causado más sensación que de costumbre, agitando las redes a lo grande, tanto en blogs de series como en medios feministas o de tendencias sociales en general. La influencia de Lena Dunham desde los comienzos de la serie es innegable, y se despide por todo lo alto con American Bitch (Zorra americana, 603). Lo que empieza pareciendo una aventurilla intrascendente de Hannah pronto va dejando ver su mensaje crítico, aunque tan velado que a muchos se les habría escapado si no fuera por la de artículos que le han dedicado. La descripción que hace Dunham del abuso sexual y el machismo invisibles pero inherentes a la sociedad, esos menospreciados e ignorados a pesar del daño que hacen, es magistral. El famoso que dice no ser un abusador pero que engaña hasta a la lista y arisca Hannah con sus camelos y palabras bonitas nos pone ante los ojos situaciones cotidianas que muchas mujeres han sufrido y muchos hombres toman por normales, y poco a poco va calando la sensación de indefensión y asco ante tales injusticias, soltándonos bofetada tras bofetada: el relato de Hannah del profesor sobón, el momento en que te das cuenta de lo que está pasando de verdad (yo, en algún momento en que están en el sofá, él soltándole alabanzas sobre lo bien que escribe), cuando por fin se quita la máscara sacándose el pene… Y se remata con una de las mejores escenas de la temporada televisiva: el giro a la normalidad, con el tipo adorando a su hija mientras relega a Hannah, la última conquista, a la nada. El plano es sutil como él sólo, pero si lo pillas resulta tan natural como inquietante. En cambio, como escena final abraza lo directo y bruto a lo grande: la riada de chicas entrando en su piso.

Pero conforme nos acercamos al tramo final, a los últimos cuatro capítulos, empieza a pesar la sensación de que parece que no es el final de la serie, de que faltan episodios dedicados a varios personajes, pues estos van quedando en suspenso o son relegados y rematados con prisas. Yo daba por sentado que los protagonistas darían el paso último a su maduración con una historia original, moderna, profunda, ingeniosa, mordaz, en línea con la visión que la serie estaba haciendo de los jóvenes de entre veinte y treinta y pocos años (la generación millennial, se empeñan en llamarla). Pero Lena Dunham ha tomado unos caminos y decisiones decepcionantes, y aunque realmente no hay un bajón acusado hasta este segmento, no puedo decir que haya sido una temporada final satisfactoria.

El principal problema, del que nacen todos, es que se centra demasiado en Hannah (el dichoso ego de Dunham…), y además en una trama inesperada y contradictoria. Apena mucho que una obra tan inteligente, rompedora de clichés y con multitud de certeros análisis sociales, la mayoría obviamente centrados en la mujer, acabe aferrándose tanto al tópico de que la madurez y la realización de esta sólo puede llegar teniendo hijos y trabajo. Lena Dunham, icono feminista moderno (rayano lo feminazi: muchas veces parece decir que los hombres no sirven), de repente se gira a lo más tradicional, y además con unos guiones bastante endulzados, con tramas forzadas, previsibles, cursis… Se podría decir que muestra contradicciones reales, como sus propios personajes a lo largo de toda la serie, pero se aparta tanto del estilo y la originalidad previos que choca bastante. Le pone a su alter ego, Hannah, algunos dilemas y problemas encima, pero son muy básicos (dudas típicas del embarazo, estrés y ansiedad: oh, el niño no quiere mamar), carecen de lecturas novedosas y profundidad como se espera, y la impresión de que, una vez embarazada, el mundo cambia para complacerla, cuando antes le llovían hostias y se daba ella misma otras cuantas, pesa demasiado. Si es que está triunfando por fin como escritora, sin que sepamos muy bien por qué, y para rematar le cae un trabajo maravilloso del cielo (¿ahora vuelve a querer ser profesora?).

De los demás, sólo Marnie y Elijah tienen presencia y recorrido, y sólo él un cierre más determinado, y aun así sabe a poco, porque siempre era un secundario de apoyo, no conocíamos su vida y aspiraciones como con los demás, así que el que encuentre un proyecto que le entusiasma y le da fuerzas para enfrentar el futuro no llega como habría llegado con cualquier otro, por no decir que el cambio no sale de dentro, de su crecimiento como persona, sino de una oportunidad casual de la vida. Marnie empieza por fin a ver su egocentrismo infantil, de hecho la escena de la casa de empeños resulta tronchante aunque sea muy clásica, y su trayectoria mantiene muy bien la intriga: ¿será capaz de salir de su eterno ciclo de ensoñación y desencantos? Pero en el tramo final se estanca, pues aunque se mantiene en pantalla acompañando a Hannah, lo hace sin motivos claros, no llegamos a ver que retome o lance por fin su vida. Por cierto, la actriz se ha quedado anoréxica y da penita verla.

Ray, el hombre más completo e interesante, también es desaprovechado a pesar de empezar su sección con buen tono. Por fin consigue a su amada Marnie, pero entonces ve que es un cascarón vacío, una niña tonta, y la relación dura bien poco, aunque nos deja unas pocas grandes escenas. Y su trabajo, maltrecho de por sí, sufre un giro inesperado con la muerte de su admirado jefe. Así que se encuentra de repente un poco perdido, cuando siempre había sido el más adulto y centrado… Pero esto no lleva a nada. Nos dejan a medias con un amago de un proyecto personal (lo de entrevistar a ancianos, que me pareció bastante trivial e instrascendente) y un chispazo con la conocida de Shoshanna (la secretaria obesa), sin terminar de decirnos si esto llena su vacío, si encarrila su vida o no después de un bache tan notable. Shoshanna aparece testimonialmente en los primeros capítulos y luego no sabemos nada de ella hasta el final. Podríamos decir que ya se había encontrado a sí misma y entrado en el mundo adulto, pero se la echa mucho de menos, y la sorpresa que nos lanzan a la cara en el final resulta demasiado forzada: lo único que le faltaba al personaje era encontrar pareja estable, deshaciéndose de sus miedos y excentricidades en cuanto a las relaciones… y tachán, aparece prometida a un tipo que ni llegamos a conocer. Pero además nos quedamos con la duda de si el rechazo a sus amigas, por dañinas, es fruto de su maduración, o si es la idea de abrazar una vida de ensueño como la de sus antiguas amigas, ahora triunfadoras, lo que la ha llevado a tomar estas decisiones (la boda y el rechazo) de forma precipitada. Es decir, es un final repentina e inesperadamente demasiado ambiguo para un personaje parecía haber asentado la cabeza, con lo cual tampoco deja buenas sensaciones.

Adam y Jessa, cuando parecía también que andaban en una dirección clara, son rebajados, usados únicamente para complementar a Hannah. Pensé que el tener que cuidar al bebé de la hermana de Adam los haría unirse y crecer como personas, pero esta línea no se retoma, todo lo que hacen ahora tiene que ver con Hannah, y cuando ya no son útiles para ello son dejados de lado. Incluso los momentos más relevantes e intensos, como la pelea de Hannah y Jessa y el arrebato de Adam de volver con Hannah, son olvidados al final, como si nada hubiera ocurrido, y no se vuelve a construir una trama propia para ellos que les dé un cierre conciso y atractivo. Es una pena, sobre todo porque Adam apuntaba muy alto, muchos ya lo consideraban uno de los personajes más grandes de la época, pero se fue estancando hasta quedar en poca cosa. Desi es mandado tomar por culo limpiamente, sin visos de que sea capaz de levantar cabeza, pero aquí me da igual, porque era un secundario, un motor para Marnie. Al final únicos que han dado un vuelco a sus trayectorias son los que menos pintan aquí: los padres de Hannah logran salir de la dinámica que los ahogaba, aceptando cada uno lo que han hecho con sus vidas y agarrando el presente por las pelotas.

El episodio final, este sí bastante flojo, muy aburrido y superficial, maximiza todos los problemas, porque abandona por completo a los demás protagonistas y se hunde en ese camino ñoño, anticlimático, ajeno la fórmula que conocíamos. Sólo tiene una escena con la esencia de antaño, con su ingenio y mala baba, pero son unos pocos minutos en un conjunto tedioso: la bronca a una niñata fugada nos recuerda momentáneamente ante qué serie estamos, mostrándonos el paso de Hannah de adolescente a adulta con una concisión y agudeza que se estaba empezando a echar mucho de menos en un momento clave. Pero también queríamos ver ese cambio, ese crecimiento, en los demás personajes, que la Girls ha dicho a las claras desde el principio que trataba sobre ello, así que la desilusión copa el desenlace y puede eclipar bastante las virtudes del resto del año y quizá incluso dejar un recuerdo poco grato de una serie muy valiosa. Es cierto que Girls nunca ha sido una obra redonda, pero un final redondo podría haber dejado más huella, haber afianzado una fama ganada más por las polémicas y reflexiones que lograba provocar que por alabanzas a la propia producción. Sea como sea, Lena Dunham ha dejado bastante huella en distintos ámbitos, algo muy complicado de lograr con una serie, y más con su corta edad, pues empezó este viaje con 26 años.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

THE EXPANSE – TEMPORADA 2.


Syfy | 2017
Ciencia-ficción, drama, thriller | 13 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Thomas Jane, Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Chad L. Coleman, Frankie Adams, Florence Faivre, Jared Harris, Shawn Doyle, Terry Chen, Nick E. Tarabay.
Valoración:

Alerta de spoilers: Creo que no hay nada que pueda considerarse revelador.–

Llegué a la segunda temporada de esta prometedora serie de ciencia-ficción con muchas expectativas y ganas. Dada su notable presentación esperaba que siguiera creciendo, como se espera de cualquier serie, y más en este caso al tener tanto potencial al apoyarse en una fuente bien asentada, una saga de novelas que ya va por siete entregas (planeadas nueve por ahora), más algunas novelas cortas y relatos como anexo. Era de suponer que el repertorio de estupendos personajes se vería ampliado, las historias sobre la vida en el sistema solar ganarían en complejidad, y la intrigante trama iría aumentando el nivel. Pero aunque inicialmente va manteniendo el tipo, eso sí, sin crecer tanto como hubiera sido deseable, a partir de su ecuador va perdiendo fuelle, anquilosándose poco a poco en todo elemento donde antes brillaba: los personajes conocidos se enganchan en un bucle, los nuevos carecen de interés, la historia conjunta del sistema solar se frena y pierde globalidad en pos de unas aventuras personales cada vez más sencillas… En el ambiente huele la sensación de decepción, de que los guionistas han llegado a su tope y han empezaro a ir con la inercia, siguiendo malamente los libros y sobreviviendo porque las bases sentadas en ese primer año son muy sólidas.

Tenemos más capítulos, hasta trece contra los diez anteriores, pero a pesar de la cantidad de material que habrá en las novelas parece que les han sobrado varios. En la primera mitad se centran en cerrar la trama actual, la que nos ha llevado a Eros pero sobre todo ha servido para presentar la vida en el sistema solar, las distintas facciones, los problemas entre ellas, el turbio asunto de la protomolécula, y cómo todo salpica a unos pocos personajes que sin comerlo ni beberlo han acabado en el ojo de la tormenta. Pero no puedo dejar de pensar que el clímax principal, sin ser malogrado, es lo más endeble, y que si el conjunto se sustenta es por la calidad de los personajes y sus historias del día a día. Ocurre igual que en el primer libro (El despertar del leviatán), que es el que abarca este arco argumental: el asunto de Eros se cierra inclinándose demasiado por una ciencia-ficción muy fantástica (situaciones exageradas sin explicación detrás) y una solución dramática un tanto cursi (Miller, Julie Mao). Si no fuera por la trama política, el conflicto entre el grupo de Holden, las aspiraciones de Fred, la Tierra y Marte, que se desarrolla con infinidad de situaciones, habría sido muy insustancial; tanto misterio con la protomolécula y sus creadores, y al final los reducen a un mero macguffin con un par de deus ex machina demenciales. Y luego resulta que hay más promolécula por ahí… No sé cómo lo llevarán en los libros, que sólo he leído el primero, pero no puedo dejar de pensar en lo de siempre: en el aire queda la impresión de que cada vez que quieran ampliar la historia saldrá un nuevo caso de protomolécula, una nueva forma o una nueva conspiracón.

Como indicaba, más que el destino, la resolución de la trama, es la dinámica global, las variadas aventuras que van ocurriendo hasta llegar ahí, lo que mantiene el nivel. Cada elección y movimiento de los protagonistas se ve influido por la situación conjunta: las acciones de otros, cada cual con sus intereses personales e ideológicos, los problemas logísticos, mecánicos y demás, y sobre todo sus creencias, experiencias y esperanzas. El carácter de Holden, un capitán joven pero con determinación, la entereza de Naomi, las disputas sobre moral entre ambos, la fiereza y fidelidad de Amos, el matón mejor conseguido que he visto desde Jayne de Firefly, la simpatía del piloto Alex, y el variado viaje del carismático detective Miller garantizan un núcleo de protagonistas muy sólido donde hay gran margen para jugar con sus esfuerzos y emociones: todo lo que les cae encima los va afectando y agregando nuevas capas. Y la sección política, sea la independentista o casi terrorista del cinturón, con el fascinante Fred Johnson, el inquietante Anderson Dawes y demás fauna (el simpático Diogo, la llamativa segunda de Fred), o la más espesa de la Tierra, con Avasarala y Errinwright, mantiene muy bien el tipo, exponiendo con bastante tacto un universo ficticio muy complejo, detallista, y todavía muy prometedor. De hecho es muy de agradecer que no se vea la improvisación habitual que suele lastrar el género, donde lo habitual es que los guionistas vayan reinventando la estructura sociopolítica y las peculiaridades diversas (tecnologías, lugares, etc.) conforme ven qué gusta o no al público; hasta grandes series, como Farscape, siguieron esta fórmula a pesar de las enseñanzas de Babylon 5; y más recientemente, la última exitosa del género, Battlestar Galactica, acabó pronto engullida por ese mal hacer; en estos momentos la otra destacable de ciencia-ficción espacial es Black Matter, que sigue a rajatabla esta forma de escribir, aunque por ahora lo haga bastante bien.

Pero en este mismo tramo empieza también a verse algo de desgaste, más concretamente en la poco efectiva presentación de los nuevos personajes. Para empezar, son poquísimos, implicando que el esperado aumento de protagonistas y la expansión del universo no llega a explotar del todo. No conocemos a los marcianos como suponía que iba a ocurrir, como pedía el argumento, y en la Tierra no llegamos a ver ninguna perspectiva nueva tampoco. Sólo tenemos algún embajador de los primeros y algún general en los segundos, todos secundarios sin especial atractivo y que no sirven para ampliar la descripción de cada pueblo. Sólo uno adquiere relevancia, la soldado Roberta Draper, alias Bobbie, que trabaja en una nave de guerra marciana. Pero me temo que esta no da mucho de sí. Su presentación, tirando de clichés de compañerismo y xenofobia, resulta poco satisfactoria, más bien cargante, y aunque la intención de mostrar a una soldado raso estrecha de miras y con el cerebro lavado por sus superiores podría haber sido un interesante punto de partida para tener un rol que evolucione poco a poco, lo cierto que es que su viaje es poco o nada sustancioso y sí muy predecible, con lo que no llega a causar mucha impresión. Pero lo peor es que el casting, siempre acertado anteriormente, estuvo muy errado con la elección de la intérprete: Frankie Adams lo hace fatal.

Los problemas serios explotan a partir del ecuador de la temporada. Una vez resuelto el conflicto alrededor de Eros la serie entra en un estancamiento evidente. No estoy hablando de algo especialmente grave, pero sí lo suficiente como para fastidiar las expectativas, pues en vez de explorar todas las posibilidades latentes de este rico universo nos retrotraen hacia una narrativa bastante más básica. Lo único rescatable que se me ocurre es el lío de los inmigrantes, que aporta un poco de profundidad al verosímil entramado social y sirve también de reflejo y crítica del mundo real. Pero aunque hay algunos amagos, sobre todo con Naomi, los protagonistas no terminan de entrar del todo en la nueva situación. La escalada en la crisis del sistema solar es previsible a estas alturas y no tiene giros que aporten novedades y sorpresas, de hecho acaba centrándose demasiado en personajes concretos, olvidando la complejidad global en post de un punto de inflexión muy simplón: ese tiroteo tonto en la nave de Jules-Pierre Mao corta bastante el rollo, la falsa despedida de un personaje con su hijo para luego meter un giro sorpresa bastante forzado no me ha gustado nada. El drama personal también acota más de la cuenta sus ambiciones, acabando todos, absolutamente todos los personajes, dando vueltas en círculos durante esta segunda mitad del año. Queda lo suficiente de ellos como para tener roles reconocibles y carismáticos, pero hemos dejado de andar hacia adelante, todos se atascan en su característica más reconocible: Holden obstinado, Naomi dudando, Amos bruto…

En cuanto a los nuevos, los generales y políticos finalmente no dan nada de sí, resultan simples objetos de la trama. Pero conocemos otros dos secundarios que aportan algo más de enjundia, aunque ninguno deslumbre. El hombre para todo de Avasarala cae bien, pero no se sabe si es un administrativo, un matón, un agente secreto o un delegado político, hace de todo y todo lo hace bien, eso sí, todo fuera de pantalla, así que lo único que deja son las divertidas conversaciones con ella. A los chicos de la Rocinante se une un refugiado de Ganímedes, un botánico que busca a su hija; pero su drama está muy trillado y como miembro del grupo no entusiasma lo más mínimo.

En estas condiciones no sorprende que, en lo que queda de temporada, lo poco que hay se va dilatando malamente hasta un tramo final de tres o cuatro capítulos ahogados en un bucle, llenos de escenas estiradas hasta la extenuación, que claramente se deberían haber resumido en un solo episodio para en el resto lanzar hacer que la trama avanzara, o empezar una nueva, para levantar el interés. Pero como no lo han hecho y los momentos álgidos son bastante pobres, llegamos cansados a un desenlace bastante aburrido y decepcionante. No hay más que comparar el intrascendente clímax final, echar de la Roci a un intruso, lo que se expone con escenas alargadas cosa mala a pesar de la poca chicha que tienen (y además aquel llegó ahí en las mismas condiciones: todo un episodio buscándolo entre los restos, ¡qué interesante!), con el clímax del primer acto, asaltar una instalación secreta, que nos regaló una batalla espacial espectacular y un combate a tiros muy efectivo, mientras que los personajes estaban sumergidos en dilemas y problemas varios y el desarrollo de la propia situación era crucial en el conjunto de acontecimientos del sistema solar. Si es que hasta se deja de lado la seriedad de la física espacial: pasamos de esa realista pero memorable batalla al ridículo viaje entre lunas de Alex, con todos los satélites juntitos y la nave llegando en segundos de uno a otro.

Desde mi punto de vista, la serie iba siendo mejor que la primera novela (la única en castellano hasta la fecha), de hecho había pensado no leer más libros para disfrutar más de la serie. El lenguaje de Daniel Abraham y Ty Franck (aunque firman como James S. A. Corey) es algo pobre, el ritmo mejorable, y el tramo final pierde bastante fuerza, mientras que la adaptación encabezada por Mark Fergus venía mostrando un guion muy certero, más complejo (un acierto incluir a Avasarala desde el principio, Fred y Dawes están mejor explotados) y a la vez fluido, y la puesta en escena es muy buena, más teniendo en cuenta las limitaciones y dificultades del género (requiere mucho dinero y mucha visión). Pero a la hora de saltar al siguiente libro (o libros, no sé cuánto abarcan a partir de la mitad de esta temporada) la serie ha patinado bastante, y si va a continuar flojeando lo mismo vuelven a cambiarse las tornas a favor de los libros. Esperemos que este bajón sea un bache y no la tendencia a seguir, porque toda una temporada con el nivel de estos últimos episodios seguramente acabaría con una serie que va muy justa en audiencias y cuesta bastante rodar.

PD: El flashback al tipo que inventó los motores actuales (Epstein) es innecesario (muy anticlimático) y roza la vergüenza ajena (no sé cómo será en los libros). Cómo esperan que me crea que llega un tipo, improvisa un arreglo en un motor cuyos límites físicos están bien determinados, y sin darse cuenta consigue una evolución tecnológica que cambia el futuro de la humanidad. Sería como conseguir que un avión de pasajeros estándar superara varias veces la barrera del sonido: no, sus motores no pueden dar una potencia para la que no están preparados, la estructura del avión no soportaría esa aceleración, y mil imposibilidades más. Por no decir que el núcleo dramático de su historia es que va muy rápido y no puede pulsar el botón de frenado…

THE WALKING DEAD – TEMPORADA 7, PARTE 2.

AMC | 2017
Drama, zombis | 8 ep. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: David Alpert, Scott M. Gimple, Gale Anne Hurd, Greg Nicotero, Robert Kirkman.
Intérpretes: Andrew Lincoln, Norman Reedus, Melissa McBride, Lauren Cohan, Danai Gurira, Sonequa Martin-Green, Lennie James, Seth Gilliam, Alanna Masterson, Ross Marquand, Christian Serratos, Tom Payne, Austin Amelio, Xander Berkeley, Jeffrey Dean Morgan, Steven Ogg, Khary Payton, Karl Makinen.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo todo, muerte de algún personaje incluido. —

Esta segunda parte de la séptima temporada de The Walking Dead ha sido incluso más desastrosa que la anterior. Hay un objetivo bien determinado en la trama pero sus autores se empeñan en reservarlo, y para ello nos arrastran a subtramas anodinas que no llevan a nada, a pesar de que hay personajes de sobra con los que explorar historias secundarias que no sepan a relleno barato y de que el propio género de supervivencia postapocalíptica permite infinidad de posibilidades. Como es lógico que ocurriera en esta situación, se pierde la tensión que debería haber durante todo el año por el destino de los protagonistas ante la tiranía de Negan. Y claro, para tratar de recuperarla deben recurrir a esas trampas tan molestas que por desgracia ya se han vuelto algo habitual: esconder de mala manera para más tarde la solución de algunas situaciones, meter falsas muertes con todo el descaro del mundo, tirar de flashbacks ñoños para ahorrarse el esfuerzo de la progresión dramática, intentar apañar los puntos álgidos a última hora…

Los tres primeros capítulos no están mal, de hecho parecían apuntalar aceptablemente bien (sin sorpresas ni un guion brillante) todo lo que se iba a desarrollar durante esta etapa, la situación de cada personaje y los distintos frentes de la lucha contra Negan. Pero a partir de ahí todo se estanca, todo lo expuesto se estira y diluye y, en los pocos casos en que cada elemento llega al esperado punto de inflexión, da la sensación de que es tarde, de que ya se había vuelto muy predecible y deberían haberlo resuelto con más contundencia en el momento adecuado.

En este aspecto destacan, como es obvio para mal, las eternizadas tomas de decisión de Carol, el Rey, Morgan, Rosita, Sasha, Rick, Gregory y Richard (el segundo del Rey). En todos ellos estaba claro como el agua que su elección de volver al juego o dar un paso al frente era inevitable. Si estuviéramos ante roles complejos y una evolución gradual y verosímil podríamos decir que la dilación en su maduración se ha hecho de rogar de forma interesante e intrigante. Pero no, la poca profundidad que tenían ha desaparecido, se han estancado y sólo muestran una cara. Repiten mucho que no quieren, pero al final, como se veía venir, se ponen en marcha, sin que quede en la mayoría de los casos claro por qué. Rick pasa de estar hundido a luchar con todo sin una transición clara, de hecho de repente parece que desaparece el peligro que lo agobiaba, se va incluso de parranda con Michonne. Carol no sé por qué se aisló, no es necesario para dejar de matar, ni sé por qué vuelve si lo que van a hacer es precisamente matar gente. Morgan y su viaje emocional pacifista era insostenible a estas alturas sin aplicarle al personaje un grado de locura, y por ello su renacer se ha hecho especialmente cargante. El Rey pasa de cero a cien también sin más, porque no ha cambiado nada, la gente de Negan sigue haciendo lo mismo (dominándolos y matando a alguno de vez en cuando), y la lucha contra ellos implicaría más miseria y muertes. Sasha y Rosita, poco interés por su cabreo, era evidente que no iban a salirse con la suya, que matar al malo sin una gran batalla, después de tanto enredo, tiene todas las de no sentar bien a los seguidores. De hecho los guionistas lo evitan sin mucho disimulo a pesar de ser el plan más lógico: apostar una docena de francotiradores alrededor y acabar con él en un plis plas, y esperar a ver si con suerte el grupo se deshace por dentro sin un líder tan fuerte. Pero ellas mismas lo desechan tras un simple rato de observación, porque claro, la gilipollez de que casualmente se ponga alguien todo el rato de por medio en la línea de tiro no se puede mantener mucho tiempo.

La trama también se hunde en la más absoluta nada. Sólo el capítulo centrado en Eugene y en menor medida en Dwight (711) aporta algo tangible, algo necesario a estas alturas: la visión de la vida en el bando de Negan, las muestras de posible disensión en sus filas… Y de paso nos recuerda el género de la serie, la supervivencia del ser humano en situaciones extremas: Eugene y Dwight son los cobardes que se adaptan a lo que le ofrecen los más fuertes, y cada uno nos trae una versión distinta. La existencia de este episodio señala muy bien el error de la temporada entera: si vas a irte a un receso centrado en pocos personajes, qué menos que mantener un trasfondo que contribuya a la historia global y aporte algo de profundidad. En el resto se olvidan de ello. Todos los protagonistas hablan de que hay que luchar pero, aparte de los cutres dilemas personales de unos pocos, no se muestra de forma adecuada el ambiente global de terror y el nacimiento de la resistencia.

No hay desarrollo de planes, entrenamiento consistente, investigación de las fuerzas y recursos del grupo de Negan y sus bases… Apenas vemos a alguno rapiñar algún arma, y sólo tenemos una fugaz escena de entrenamiento en los dominios del rey (representada por el típico adolescente entusiasta pero cargante). El trato con la gente de la chatarra es lo único más llamativo, y desde luego no está muy bien resuelto. Sabemos que se unirán a la lucha, así que, ¿por qué nos hacen perder el tiempo con efectismo intrascendente? Menos peleílla absurda de Rick con un monstruito y más relación entre personajes, que aparte de la jefa no presentan a nadie, y así sólo dejan la sensación de que serán carnaza en la batalla y no puedes interesarte por nadie. Con el campamento de mujeres meten aún más la zarpa. Primero, vaya manera de marear la perdiz con Tara: sabemos de sobra que hablará de ellas. Segundo, para un capítulo en el que pasa algo, y no tiene ni pies ni cabeza. ¿Pero cómo se les ocurre ir al poblado de mujeres en plan violento? No me encaja en los personajes, en ninguno. ¿Todos han aceptado este plan sin rechistar? Ha salido bien de milagro, básicamente porque los guionistas querían, y por ello deja numerosos momentos de vergüenza ajena. Entran en tropel con explosivos y apuntándolas con las armas, y se les ocurre decir “No vamos a haceros nada, uniros a nosotros y entonces nos llevaremos de puta madre”. Lo único que puedo celebrar es que no han cumplido con el tópico de que aparecieran en la batalla final para salvar a los protas en un momento de apuros, pues daba por seguro que la anciana, la niña o la joven librarían a Tara de una muerte segura. Pero me guardo este apunte para el próximo año, porque todavía podría ocurrir. Eso sí, en este episodio dejan un plano inesperadamente inteligente: el de Enid a punto de disparar.

El receso de Rick y Michonne de vacaciones (712) es escandaloso y merece extenderse en ello. Nada útil ni interesante en todo el capítulo, sólo aventura de supervivencia simplona que no aporta nada a estas alturas, y que de hecho no encaja con la situación: como indicaba, se lo están pasando bien, se tiran por ahí días sin preocuparse por nada. Se remata todo con otra falsa muerte (Rick se teletransporta, Michonne está ciega de repente) de las de darles una somanta palos a los creadores, más un ciervo digital que parece hecho con Microsoft Paint (se ve que el tigre se llevó todo el presupuesto). Aunque, puestos a elegir el peor momento del año, me quedaría con el reencuentro de Carol y Morgan, que después de tantas vueltas en círculos acaba con un diálogo demencial que se resumen en: “Oye, vengo de matar a un amigo tuyo [Richard], pero hablemos de lo que importa, un tipo [Negan] está matando a amigos tuyos y tenemos que acabar con él”. Ya el plan de Richard era ridículo, pero esto… Qué risas, joder.

Y me falta Hilltop. Si en Alexandria y el Reino navegamos en círculos, aquí no iba a ser menos. Pero incluso en este nivel tan bajo esta sección es más aburrida e insípida. Que Gregory tiene dudas y miedos y Maggie va camino de liderarlos. Y ya está.

Llegamos al final de temporada, por fin, sin plan a la vista. ¿Van a atacar la base de Negan en modo marabunta? Pues no, resulta que tienen algo planeado, pero en ese afán de crear intriga barata, los escritores nos lo han ocultado, aunque fuera a costa de tener a los protagonistas paseando sin hacer nada. Y para colmo, es cutre de narices: ponerse en la puerta de Alexandria y disparar cuando lleguen. No hay ni un amago de rodearlos contra el muro ni nada más elaborado. Lo único inteligente es que eligen a un grupo reducido y con Negan al mando… porque da la casualidad de que esta vez sí va él… Pero también da la casualidad de que por alguna razón intuye que están planeando algo y ha podido prepararse, así que a nuestros protagonistas no les saldrán las cosas como deseaban. Como venía diciendo, a última hora no puedes tratar de cuadrarlo todo, generar la atmósfera adecuada y a la vez incluir giros consistentes, así que el desastre es notable.

Para empezar, las alianzas parecen haberlas dejado en el aire. ¿Por qué no han llamado a Hilltop y al Reino? Como a los guionistas les importa más el giro trampa puntual que el equilibrio global, retuercen la situación para jugar con la supuesta inquietud por la desventaja de los protagonistas y la sorpresa de que los refuerzos lleguen en el momento clave para salvar los trastes. Pero olvidan que es algo tan evidente que no puede sembrar incertidumbre, olvidan que la trama se resiente por ello. Pero no queda ahí este sensacionalismo rudimentario de último momento. Las falsas muertes, los finales abiertos en plan chapucero, los flashbacks como intento de recuperar la conexión con los personajes, y otros tantos recursos vulgares están engullendo una serie que, sin ser extraordinaria, otrora sí trabajaba mejor los arcos de cada año, destacando el del Gobernador. Toda esta temporada se aferra a esa forma de escritura, y en el capítulo final más aún. No queda otra a estas alturas, la progresión dramática hace aguas, la trama estaba en suspenso y no hay tiempo para recuperarla. Los flashbacks de Sasha con Abraham y los anuncios de “va a pasar algo, atento”, con esos planos con Maggie y las escenas de dentro del ataúd dadas con cuentagotas, son vergonzosos. No, la muerte de Sasha no funciona, no emociona ni duele, porque está anunciada desde mediados de la temporada pero la iban postergando, y tratar de remontar ahora no evita que sea predecible, de hecho tanto enredo manipulador termina siendo molesto.

Así que, descartados el suspense y el drama, sólo quedaba desear que la batalla, tan esperada, fuera épica. Pero da más bien indiferencia tirando a pena. La única sorpresa que encontramos es el cambio de bando de los chatarreros, y tampoco es que sea algo extraordinario, por no decir que ese momento vuelve a mostrar a lo grande las nulas dotes interpretativas de Andrew Lincoln: qué caretos más patéticos pone. El resto es harto previsible y se termina de hundir por una mala puesta en escena, que vuelve al tono televisivo de los primeros años. Cuatro planos mal rodados (y con música de serial ochentero) de gente disparando sin que se les acabe la munición, cero esfuerzo en tratar de mostrar el escenario completo y un desarrollo concreto, en mostrar dónde está cada grupo y persona y a qué se enfrenta y cómo sale o no de ello. Hay cantidad de escenas lastimeras, aparte de los flashbacks de Sasha y la llegada en el último momento de los refuerzos: Dwight dejando el muñeco y que lo encuentre nada más y nada menos que Daryl, Maggie dando la vuelta a un coche para toparse con el grupo de Daryl, cuando es evidente que ambos vienen de la parte de atrás del mismo y es imposible que no se hayan visto, lo torpe que de repente son los chatarreros cuando nos los habían presentado más duros (dejan que los de Alexandria sostengan las armas todo el rato, tres tíos rodean a Carl pero se libra sin esfuerzo), y por si fuera poco tenemos otra falta muerte descarada (Michonne). Pero aún hay más, porque, después de todo, no llegamos a ningún desenlace cerrado, ha sido una escazamura breve y Negan sigue vivo.

Este capítulo final no hace sino exponer lo obvio: la temporada ha sido un engaño monumental, pues es un avance, un tráiler, de lo que finalmente ni siquiera llega a ocurrir y dejan para el año que viene. Así se entiende que sus creadores digan que pueden alcanzar veinte temporadas por lo menos…

PD: ¿Y qué fue de aquel tipo que espiaba Alexandria? Vaya misterio de pacotilla.

Ver también:
Temporada 7, parte 1.
Temporada 6, parte 2.
Temporada 6, parte 1.
Temporada 5, parte 2.
Temporada 5, parte 1.
Temporada 4, parte 2.
Temporada 4, parte 1.
Temporada 3, parte 2.
Temporada 3, parte 1.
Temporada 2, parte 2.
Temporada 2, parte 1.
Temporada 1.
Episodio piloto.

GIRLS – TEMPORADA 5.


HBO | 2016
Drama, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky, Peter Scolari, Becky Ann Baker, Ebon Moss-Bachrach, Jake Lacy, Corey Stoll.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay bastantes detalles reveladores. —

El grupo de chicas sigue andando el caótico camino de la vida. La iniciación en el mundo adulto continúa trayendo muchos palos, y de ellas depende aprender de ellos, sacarles algún provecho, o hundirse. Quizá la que mejor lo ejemplifica es Soshanna, la que tiene un trabajo más normal… dentro de lo que cabe, porque se fue hasta Japón. El exotismo nipón la tiene en una nube, el haber roto con todo y abrazar una nueva vida la empuja a pensar que ha madurado más que su círculo de amigas… pero de repente la nostalgia emerge y choca con los problemas que empieza a tener tanto en el trabajo como en las relaciones amistosas y románticas. Acaba volviendo a New York, pero allí muestra que la experiencia sí ha hecho que crezca mucho, con esas estupendas escenas en que saca de la miseria la cafetería de Ray.

Marnie por el lado contrario se muestra como la más inmadura, pues se lanza a la boda creyendo que es un paso obligatorio en su desarrollo como mujer, soñando que le traerá automáticamente un mundo perfecto. Pero la realidad le explota en la cara bien pronto: la relación con Desi no estaba bien asentada, ninguno de los dos tenían claros sus propios sentimientos. Jessa está en un limbo en cuanto a su situación personal, y se plantea estudiar de nuevo, un proyecto a largo plazo que parece no encajar en alguien tan impulsiva, pero los líos con las drogas parece que le han forzado a sentar la cabeza. En esta elección también pretendía huir de relaciones dañinas, y pensaba que la atracción entre Adam y ella apuntaba a eso, pues podría herir a Hannah, pero él insiste hasta que acaban juntos, con la consecuente pelea entre ambas y los remordimientos en Jessa. ¿Podrá llevar una relación sin sacrificar la otra?

En cuanto a los hombres, estos han terminado teniendo la misma prominencia que las mujeres. El estrafalario y caótico Adam mantiene su carisma y sinceridad bruta. Ray, el mayor y también el más maduro, lidia con el dolor de ver a Marnie echar su vida a perder, pero también de tener su trabajo hundiéndose (delirante la cafetería de hipsters que se lleva su clientela). Elijah, como Marnie, vive un sueño breve: el amorío con un famoso (un entregado Corey Stoll) pasa del idilio a la farsa en un abrir y cerrar de ojos. Desi es un torbellino, como un crío que no entiende sus sentimientos y pasa de la euforia a la depresión y la pataleta de golpe. Y Fran es el ejemplo de chico bueno y responsable, todo seriedad y cordura, lo que a veces lo hace un poco invisible para los demás.

Hannah continúa deambulando sin encontrar algo que la haga sentirse realizada y feliz. Su subconsciente boicotea la relación con Fran y el trabajo de profesora constantemente, como poniéndolos a prueba para ver si son lo bastante buenos para ella. Y cuando revelan que sí lo son, sale huyendo, pues no está preparada todavía, de hecho aún parece estar lejos de ser una mujer completamente funcional. Entre sus grandes pifiadas deja algunas míticas, como el borrado de las fotos del móvil de Fran, la huida de la caravana en la que iba de vacaciones con él, la pelea con el examen (donde usa a una cría para atacarlo), la mamada en la furgoneta de Ray…

Como siempre, todas estas aventuras analizan y satirizan con gran inteligencia las relaciones humanas, el proceso de crecimiento, la lucha diaria por sobreponernos a las zancadillas de la sociedad y de nuestros propios errores y vicios. El capítulo de la boda (501), el mejor del año para mí (otros se quedan con la odisea por Central Park) define con maestría toda la esencia de la serie, su certera sutileza y profundidad, mediante una infinidad de sentimientos fingidos, explosiones de pánico, pullas, manías, sueños, choques contra la realidad… Momentos geniales tiene un montón, como la conversación sin palabras, la revelación de que no es el primer intento de boda de Desi, los líos con la peluquera… Los otros grandes son el citado Pánico en Central Park (506), el momento de ruptura de Marnie, narrado con un tono de cuento; Hello Kitty (507), con la original obra de teatro en un bloque de pisos entero; y la nueva recaída de Hannah en sus clásicas huidas de la vida real, De vuelta a casa (508), que se remata con Adam y Jessa cargando con el bebé de la hermana de aquel.

Pero esto es Girls, y mantiene todavía su irregularidad. El receso de Hannah y su madre en un retiro (505) trata de parodiar la tontería esa de las convenciones de superación personal y demás, pero en cuanto a humor y progresión de los personajes es un bache de interés bastante grande. La historia del padre saliendo del armario no me convence, resulta un poco artificial, y la situación de la madre en cambio es muy mundana y no consiguen darle el toque de humor cabrón habitual. Tampoco cambia el ego de Lena Dunham, que otra vez fuerza la presencia de su personaje en momentos que no debe: el capítulo de la boda se cierra con un largo plano sobre ella que nadie sabe qué quiere decir (está como pensativa), cuando es el momento de mostrar a Marnie, que es la que se casa, o al menos a todas juntas, que para eso son una pandilla; y el final de temporada nos cuela un plano congelado de su cara, como si pretendiera remarcar la importancia de su presencia cuando precisamente en esos momentos es el personaje menos relevante. Y eso por no hablar de la nueva tanda de desnudos injustificados con lo que se empeña en demostrar que sus muchos kilos de más no le dan vergüenza.

Queda una temporada para finalizar la serie. Dado su tono realista (aunque con una vuelta de tuerca ácida e irónica única), apuesto a que nos dejarán un final abierto, en plan la vida sigue, que en forzar giros bonitos que pongan a los personajes en un rumbo más idílico. Pero desde luego algunas cuestiones supongo que a todos los fans nos gustaría ver más o menos cerradas. Por ejemplo, yo agradecería ver la recuperación de la relación de Jessa y Hannah y conocer la posición de Adam en ella, y que Marnie deje atrás tanta tontería; porque en cierta manera Sosh parece haberse encontrado a sí misma ya, Ray lo logró hace tiempo, y el resto son más secundarios y no espero nada concreto más allá de que tengan un final interesante.

TREME – TEMPORADA 3.

HBO | 2012-2013
Drama | 10 ep. de 55-70 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, Nina Krostoff-Noble, Carolyn Strauss.
Intérpretes: Melissa Leo, Kim Dickens, Steve Zahn, Wendell Pierce, Khandi Alexander, Rob Brown, Michiel Huisman, Lucia Micarelli, Clarke Peters, India Ennenga, David Morse, Jon Seda, Phyllis Montana LeBlanc, Chris Coy, Sam Robards, Michael Cerveris, Ntare Guma Mbaho Mwine, Lance E. Nichols.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las historias principales, aunque obviamente será revelador si no has visto las temporadas anteriores.–

Nueva etapa en la vida de las gentes de New Orleans. Dos años han pasado desde que el Katrina arrasara la ciudad y dejara una huella más profunda de lo esperado por culpa de la incompetencia y corrupción del gobierno, y no parece haber cambiado la cosa, el renacer no ha servido para dejar atrás todo lo malo y aprender de los errores. Sus habitantes se resignan poco a poco, pues están batallando día a día para sacar adelante el trabajo y la familia, y salvo excepciones no parece haber una conciencia global que ayude a levantar la urbe como es debido.

McAlary explora nuevos proyectos que aparte de darle un sustento sirvan para aportar algo a la sociedad y la cultura, o al menos para no olvidar. Su ruta turística medio improvisada es un cachondeo y no da mucho de sí, pero tanto hablar de viejas glorias de la música lo empuja a tratar de recuperarlas en un álbum destinado, según él, a marcar una época y darles un justo beneficio a esos músicos dejados de lado. Janette, a pesar de su éxito como chef, no termina de encontrarse a gusto lejos de su hogar. Cuando recibe una oferta para llevar una cocina en New Orleans bajo la batuta de un magnate de la restauración recela del aspecto de empresario ambicioso de este tipo, pero las condiciones son demasiado buenas para dejarlas pasar. La llegada de un reportero, L. P. Everett (Chris Coy), a la ciudad agita el avispero de corrupción policíaca, pues parece obstinado en escarbar en casos como el de Abreu o Seals que llevaba Toni Bernette, de hecho no tardan en trabajar juntos y empezar a conseguir resultados poco a poco. ¿Conseguirán sacar a la luz toda esta inmundicia y que se haga algo al respecto? Colson intenta hacer lo mismo desde la comisaría, pero ni los jefes están de su lado. Y los tres sufrirán represalias constantes, lo que para Toni es cruel porque su hija es una víctima inocente. Sophia por su parte está en el proceso de maduración, con sus propios problemas.

Sonny parece haberse establecido bien con los vietnamitas, pero aún tiene que convencer al padre de su novia de que es un tipo responsable. Annie sigue por el camino al éxito como músico: apoyada por un mánager que ve en ella talento y posibilidades forma una banda con la que promocionar sus composiciones. Batiste le está cogiendo el gusto a la educación musical de los jóvenes, hasta el punto de implicarse emocionalmente en los conflictos de varios chavales. Nelson Hidalgo vuelve cuando se calman las aguas tras el último escándalo político, pero no parece haber un nuevo pastel al que hincar el diente y va tirando con chanchullos inmobiliarios menores, aunque con su gran visión tiene ideas para remontar el vuelo, de hecho pronto entra en juego un gran centro de jazz que hay proyectado. Delmond acaba como consejero en el proceso… ¿olerá la mierda que hay detrás y que la música les importa poco a estos tiburones? Mientras, su carrera musical sigue alternando entre la modernidad de New York y la tradición cerrada de New Orleans, sobre todo porque no quiere dejar a su padre, Albert, solo con tanto agobio. Este sigue tratando de terminar de arreglar su casa y salir a desfilar a tiempo con “Los guardianes de la llama” mientras lidia con el trabajo, pero tanta responsabilidad continua afectando a su estado de ánimo y su físico… aunque la degradación de esto último obtiene una respuesta inesperada: un cáncer amenaza con destruir todas sus esperanzas. Ladonna intenta sacar el bar adelante a pesar de la injusta política sobre el ruido y el acoso de algunos vecinos, a lo que se suma que el juicio por el asalto y violación se acerca, y los amigos de los culpables tratan de amedrentarla para que no testifique.

Como es habitual, todos los personajes resultan más o menos encantadores, tan vívidos y cercanos que sus historias se siguen con pasión. Además estas dejan grandes lecciones sobre la vida, y por supuesto infinidad de grandes momentos. Me encantó cuando Albert se sorprende porque Nelson conoce los locales de culto, como el Gigi, que no es solo un empresario sin escrúpulos, sino que se ha implicado en la vida local. El bajón de Sonny ante el miedo a la responsabilidad es algo típico, pero resulta bastante duro. Aunque para trágico, las represalias contra Toni y Sophia, que dejan unas pocas escenas muy inquietantes; y Colson también tiene momentos muy chungos, pero me encanta cómo levanta la cabeza y sigue adelante sin pestañear. Por el contrario, Annie como siempre ofrece el lado más luminoso, con su creciente éxito, y Batiste con los críos trae también muchos momentos de esperanza entre la miseria (la chica que no sabe leer pero puede tener un futuro porque le apasiona la música). Y su mujer Desiree gana presencia con su lucha contra el mangoneo que hay tras las reparaciones de las casas, mostrando eso de que se debe plantar cara o al menos hacer ruido, pues la injusticia no se va a ir sola. De nuevo, los que menos me han llenado han sido Ladonna y Albert, pues me resultan un poco cargantes con tantas penurias… aunque su acercamiento sentimental desde luego les da nueva vida. Y los que más adoro son McAlary y Janette, que contagian su entereza y entusiasmo. También cabe destacar el peculiar periodista, Everett, que engancha rápido.

Pero a la temporada le falta algo para llegar al nivel de las primeras, le pesa la sensación de que va con la inercia. Sí, seguimos adelante con buenas historias, pero sin aportar giros que sorprendan, sin abordar una nueva perspectiva sobre la situación de New Orleans. La única novedad digna de mención es que la odisea de McAlary sirve para homenajear a músicos veteranos que a pesar de su fama no han tenido el apoyo merecido, pues muchos trabajaron sin contrato o explotados y no tienen una jubilación digna. También está claro que la pasión de Batiste con las bandas infantiles es un homenaje y apoyo a la música, pero tampoco es una historia impactante, rompedora. Así pues, aunque tenemos otro año notable de este gran drama que ofrece un cuadro delicado y verosímil pero fascinante de una ciudad tan peculiar, lo cierto es que le falta una pizca para ser perfecto.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.