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BANSHEE – TEMPORADA 4 Y FINAL.

Cinemax | 2016
Acción | 8 ep. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: Jonathan Tropper, Adam Targum.
Intérpretes: Antony Starr, Ivana Milicevic, Ulrich Thomsen, Frankie Faison, Hoon Lee, Matt Servitto, Lili Simmons, Matthew Rauch, Tom Pelphrey, Chris Coy, Eliza Dushku, Frederick Weller, Casey LaBow.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo cuáles son las tramas principales, que empiezan con un pequeño salto temporal y un protagonista que aparece muerto: no lo considero spoiler porque es la primera escena del año, la premisa de la nueva trama principal, pero quien no quiera saber absolutamente nada no debe leer.–

El inicio es un tanto desalentador y confuso porque pega un salto temporal inesperado y caótico. Justo cuando Rebecca estaba en el punto álgido de su maduración, cuando por fin protagonizaba una aventura interesante que la alejaba de la mujer florero que era inicialmente, la convierten de mala manera en menos que una secundaria, en un macguffin inerte, o sea, el elemento sobre el que gira la historia. Aparece muerta y deben investigar quién fue. Sólo la vemos en sosos flashbacks que no desarrollan el personaje, sino que son de apoyo para otros. El primero es nuestro amado antihéroe, Lucas Hood, que estaba más que retirado aislado, huido del mundo tras culparse del secuestro de Job. Sobre él recaen las sospechas y debe volver al juego ante las miradas y resentimientos de casi todos, en especial de Proctor, con lo que de nuevo la relación se pone tensa. Lo bueno es que al ser una investigación policial permite sacar buen partido de las gentes de la comisaría: Brock continua ganando protagonismo y conocemos más a Bunker y sus líos familiares, lo que termina de introducir también el conflicto nazi. La que no funciona es la nueva agente: su juego a dos bandas podía haber dado más de sí.

Por otro lado, Carrie trata de salir adelante después de todo el caos, pero nos la presentan en una situación que muestra que no ha abandonado del todo su lado criminal (va cazando delincuentes para soltar adrenalina) y que tarde o temprano acabará enfrentada a Proctor también. Job sigue en un plano inferior pero mantiene su carisma: su viaje emocional evoluciona bien, y además su destino sirve como el otro misterio inicial.

La sección del asesino en serie sobre la que gira casi todo es la más floja. El villano, aunque en manos de un actor interesante, Frederick Weller (Al descubierto), no da miedo alguno, y al lado del imponente indio del año anterior resulta poco interesante; la agente del FBI que llega para apoyar en el caso tampoco es muy llamativa, y Elizha Dushku (Dollhouse) sigue pareciéndome una actriz muy limitada pero ahora además difícil de ver por lo anoréxica que está; y finalmente, la resolución de la investigación es muy básica. Pero se desarrolla con buena velocidad, entreteniendo en todo momento, que la serie no ha pretendido nunca ser otra cosa que una de acción adulta pero ligera. Y sobre todo, el conflicto interno de los protagonistas está bien expuesto: Lucas y Brock salen muy bien parados, con algunas escenas muy potentes como la de Hood sincerándose por fin o la frustración del sheriff con el caso.

El lío nazi no llega a ser tan épico como soñábamos, quedando casi en una disputa entre hermanos. Sí, Proctor está ahí metido, pero su línea es muy exagerada. En una de las paridas más grandes de la serie, ahora este criminal tan duro y ambicioso es el alcalde, y se dedica a montar la red de transporte de drogas más importante de la zona, dejando guerras y muertos que no despiertan sospechas entre la población. Pero aquí tampoco hay tiempo para el aburrimiento y tiene tramos buenos, como la tensión que sufre Kurt, en especial por el destino de la mujer de su hermano, víctima de esta loca familia de nazis (atención a cuando el padre sale de la cárcel). Y el propio hermano resulta un psicópata más inquietante que el asesino en serie, en parte por el buen intérprete elegido, el camaleónico Chris Coy (comparadlo con su papel de periodista blandengue en Treme). Pero aunque el desenlace funciona en lo emocional, porque pone a los protagonistas implicados en momentos muy difíciles, apena un poco que los guionistas no hayan usado esta línea para montase una guerra más grande y elaborada como muchos veníamos anhelando.

Los roces de Lucas y Carrie con Proctor tampoco deslumbran, da la sensación de los escritores también lo abordan porque había que cumplir con ello después de tanto anunciarlo, pero sin mucho esfuerzo por evitar que sea vaya a trompicones, no muy bien justificado y con giros un tanto forzados (como el secreto de Clay, el guardaespaldas). Pero de la misma manera tiene sus momentazos (la pelea en casa de ella) y de una forma u otra sirve para mover a los protagonistas por su viaje interno: la vida de violencia, las mentiras, los lazos amistosos y familiares son puestos a prueba, tienen que enfrentarse a sus demonios, tomar decisiones, cerrar puertas y abrir otras.

Así pues, la temporada se queda a medias en las tramas, pero no tanto como la segunda etapa, que sí flojeó bastante, y en cuanto a los personajes supone un cierre bastante bueno. Después del gran nivel e intensidad del año anterior esperaba más, pero no creo que pierda tanto como para hablar decepción.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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BANSHEE – TEMPORADA 3.

Banshee
Cinemax | 2015
Productores ejecutivos: David Schickler, Jonathan Tropper, Greg Yaitanes, Peter Macdissi, Alan Ball.
Intérpretes: Antony Starr, Ivana Milicevic, Ulrich Thomsen, Frankie Faison, Hoon Lee, Rus Blackwell, Matt Servitto, Trieste Kelly Dunn, Ryann Shane, Lili Simmons, Geno Segers, Matthew Rauch , Tom Pelphrey, Langley Kirkwood, Odette Annable.
Valoración:

Parece que los guionistas de Banshee (David Schickler y Jonathan Tropper a la cabeza) han sido conscientes de las limitaciones de la segunda temporada y se han puesto las pilas. Y vaya si el esfuerzo ha dado resultado, porque la serie ha llegado más alto de lo que esperaba. Tiene todas su llamativas virtudes en su máximo esplendor, y a la vez no se ven prácticamente ninguno de sus fallos. El ritmo vuelve a ser trepidante, sin rellenos ni recesos con poca sustancia, ofreciendo dos tramas importantes que denotan planificación y esfuerzo a la hora de desarrollarlas. Los protagonistas sencillos pero carismáticos son puteados al límite en un sinfín las historias de rivalidades, peleas y crímenes, teniendo así mejor recorrido, en especial los secundarios, que ya no parecen desaprovechados; incluso conocemos nuevos personajes que resultan fascinantes.

El conflicto con los indios explota del todo con el loco de Chayton dirigiendo su cruzada contra el hombre blanco invasor. Estamos ante un villano arquetipo como se espera en esta serie, y en ese estilo resulta ejemplar: cerrado de miras, temible y tan peligroso que se lo pone muy difícil a los protagonista. El actor lo han clavado: Geno Segers es imponente y su voz acojona. La guerra va con un ritmo estupendo, avanzando a través de escaramuzas, huidas y demás jaleos que impiden que la trama pierda fuelle. El momento álgido, el ataque a la comisaría, es memorable, y el tramo final en Nueva Orleans está muy bien también. Pero se puede señalar un ligero patinazo, la única escena malograda del año: el asalto de Lucas al campamento indio antes que llegue el FBI y le quite de sus manos la venganza es realmente absurdo incluso en alguien tan impetuoso como él, por no decir que los guionistas no atan bien los cabos: ¿ninguna secuela ni denuncia por parte del FBI? No hay quien se lo crea.

La otra gran historia es la del atraco monumental que planea la banda. El campamento militar que hay cerca de Banshee está apunto de trasladarse y llevarse consigo los millones y millones traídos de las giras en Irak y Afganistán. Es una locura de misión, pero cuándo eso ha frenado a Lucas, Job, Carrie y el ya considerado nuevo miembro Sugar. Los planes y preparativos son de lo más variado, y el robo resulta espectacular en la línea de la serie: una exageración casi en plan cómic. Pero no queda ahí la cosa, porque las repercusiones no tardan en llegar, regalando otros tantos capítulos de infarto donde no se ve salida para nuestros protagonistas. Aprovechan aquí para meter algunos flashbacks, como hicieron en las otras temporadas, pero esta vez son mucho más certeros a la hora de describir a los personajes y resultar entretenidos. Todo esto acaba con el clásico golpe de efecto final de un compañero secuestrado, para levantar la expectación de cara a la próxima etapa y exprimir un poco más la aventura.

En otro plano está Kai Proctor, con el que ya sabemos que irán postergando el enfrentamiento final con la policía, o más concretamente con Lucas, hasta probablemente el final de la serie. Pero por ahora siguen manejando muy bien la dinámica entre ellos: intrigas, roces, peleas puntuales… No, no podemos quejarnos de que lo mantengan en suspenso de mala manera. Y de nuevo salta a primer plano la posibilidad de que la enemistad se convierta en una relación laboral inquietante entre Kai y Lucas. Además su propia sección ha cobrado interés, tanto en lo personal (los líos con los padres) como en los tratos con el crimen, donde Rebecca en sus ansias de crecer la caga a lo grande y acaban teniendo una guerra contra otras mafias. Además esta parte da para que Lili Simmons demuestre que no está ahí sólo por el físico. Y no me olvido de destacar al guardaespaldas Clay Burton, inquietante y letal y quien que nos regala la mejor escena de la temporada y una de las más grandes del año televisivo: la pelea con la india Nola es un vacile visual sin igual que te dejará flipando.

Entre todas estas historias los personajes avanzan muy bien. La caída al abismo de Brook, los líos de confianza entre todos los policías, los problemas para asimilar tanta violencia, los intentos de Ava y Gordon por rehacer sus vidas, el rumbo desbocado de Deva (genial cuando Lucas hace más de mentor en los robos que de padre)… Hay muertes trágicas, tramas paralelas interesantes (Brook y su ex) y nuevos secundarios muy atractivos, como el indio metido a policía, o realmente deslumbrantes, como ese nazi, Kurt Bunker, que arrasa de forma espectacular en el poco tiempo que aparece: qué carisma, qué historia más prometedora, qué papelón hace Tom Pelphrey (y aquí se nota otra vez que el actor principal, Antony Star, va algo justito). El año que viene espero que lo expriman bien, porque supongo que se centrará por fin en los nazis.

Cómo no, la puesta en escena es impresionante y sin duda tiene detrás un trabajo largo y complicado. La planificación y el rodaje de tiroteos y peleas a puños, todas muy rebuscadas, tienen que suponer un quebradero de cabeza, sobre todo a la hora del montaje. Cabe destacar la incomparable lucha del guardaespaldas con la india, un ejercicio de coreografía y edición soberbio. Pero en líneas generales la serie es visualmente una gozada, con una fotografía fantástica llena de planos muy elaborados y un ritmo narrativo encomiable. Hay que citar también el extraño enredo en el asalto al campamento militar, narrado a través de cámaras: es un poco excesivo (en la onda de la serie, eso sí), pero bastante efectivo. Sólo una pega le puedo poner, y es que en tan excelente conjunto no se entiende esa chapuza que han hecho cuando los protagonistas montan en moto: una cutrísima pantalla de fondo. Desentona tanto que casi parece un chiste.

Banshee no sólo vuelve a recuperar el tono tras esa irregular y por momentos aburrida segunda temporada, sino que crece hasta meterse en la primera división, donde no esperaba que ni pretendiera llegar dado su tono de divertimento intrascendente. Es evidente que su estilo de acción desenfadada, descacharrante e histriónica sigue sin ser apta para todos los públicos, pero precisamente esas formas tan características combinadas con la alta calidad que está alcanzando quizá logren convertirla en una serie de culto.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

BANSHEE – TEMPORADA 2.

Banshee
Cinemax | 2014
Productores ejecutivos: David Schickler, Jonathan Tropper, varios.
Intérpretes: Antony Starr, Ivana Milicevic, Ulrich Thomsen, Frankie Faison, Hoon Lee, Rus Blackwell, Matt Servitto, Demetrius Grosse, Trieste Kelly Dunn, Lili Simmons, Anthony Ruivivar.
Valoración:

Es clara la sensación de que en esta temporada les ha faltado material a los guionistas, que diez capítulos han sido muchos para las pocas ideas que tenían para la trama. No han sabido introducir las suficientes historias secundarias o casos aislados para que la falta de contenido no influya en el ritmo y la intensidad, y también es evidente que deberían haber dedicado ese tiempo sobrante a los personajes secundarios, que siguen estando muy desaprovechados.

En esta situación es inevitable ver cómo el ritmo demencial del primer año pierde fuelle, y es descarado que algunos capítulos en el tramo central han sido inflados mediante la puesta en escena, rellenando minutos con florituras y secuencias muy alargadas. Directores desconocidos pero de gran talento, como Babak Najafi, se unen al veterano Greg Yaitanes y otorgan a la serie una impronta visual de primer orden, salvando muy bien la difícil tarea estirar el metraje: a base de composiciones bellas y rebuscadas quedas embelesado y casi no te das cuenta de que realmente no hay mucho contenido. El capítulo que más acusa este efecto es The Truth About Unicorns (205): los paseos en coche y las secuencias en plan videoclip están bastante vacíos, pero visualmente son deslumbrantes, destacando el lento tiroteo en un campo de maíz, que resulta hipnótico.

Volver a poner como enemigo principal al mafioso Mr. Rabbit, por mucho que sea el padre de Carrie y el mentor de Lucas, es un pequeño desastre. La jugada sabe a repetición, tenerlo reservado para el final parece una cobardía por parte de los guionistas, y para colmo el esperado desenlace es poca cosa. El ataque a la iglesia acumula varios agujeros de guión y exageraciones que incluso en esta serie tan loca y que no se puede tomar en serio dejan malas sensaciones. Eso de que Hood salte en plan suicida y juuuusto en ese momento lleguen los amigos al rescate, cuando se supone que Job no podía moverse, es muy forzado. Además el tiroteo es decepcionante para el magnífico nivel que suele ofrecer en las escenas de acción, y la narración paralela entre el presente y la época en que trabajaban con Rabbit no es muy llamativa.

Funciona mucho mejor el villano local, Proctor. Las secuelas de sus acciones se notan en el pueblo de Banshee, es un enemigo tangible y temible que pone en apuro a los demás protagonistas constantemente. Cuando Hood decide ir a por él el interés crece, y llega a temerse que sus movimientos causen estragos en su propia campaña, porque ataca de frente sin pensar mucho. Los líos de Proctor con los indios no me han fascinado, son de villano muy clásico, pero la serie no pretende ofrecer algo original o complejo, sino acción sencilla con su tono exagerado, y lo que dan de sí funciona además de poner más intriga criminal de por medio.

Los dos personajes principales salen bien parados. Carrie mantiene su presencia aun con la estancia en la cárcel, y los problemas de su familia se exponen poco a poco y sin caer en sentimentalismo barato con la niña. Está decidida a aceptar a Lucas Hood en su vida, incluyendo los trabajos criminales, pero a la vez no quiere perder a su familia, lo que la pone en una situación peliaguda. Lucas tiene algunos objetivos más o menos claros, pero también muchas dudas y vacilaciones. La aparición del hijo del sheriff a quien robó la vida (literalmente) da una interesante trama secundaria. Los diálogos con Job y Sugar son siempre jugosos, pero estos dos personajes quedan relegados a meros apoyos para el protagonista. El actor Antony Starr parece más cómodo en el papel, aunque sigue sin ser un gran intérprete. Ivana Milicevic como Carrie está francamente bien.

Los secundarios son otro cantar. El dibujo de todos ellos es conciso y efectivo, pues sus formas de ser quedan siempre claras, pero les falta recorrido, evolución, que aporten algo más a las tramas, tanto secundarias como globales. El camino de autodestrucción de Gordon es interesante, y los intentos de recuperar a la familia también, pero le falta algo, no destaca como un personaje atractivo, se queda en otro rol de relleno o apoyo. Emmett tiene una buena historia con el lío racista, pero parece una excusa para eliminar un personaje. Siobhan sólo da un breve noviazgo con Hood, y su desventura con un exnovio es tan aburrida como innecesaria; se ve que no saben qué hacer con ella. El que más prometía es Brock, con sus dudas sobre Hood, pero no termina de navegar hacia nada concreto. Como decía, habiendo tan poca chicha en esta temporada es difícilmente perdonable que no sacaran más partido de tantos personajes en principio atractivos.

La que peor parada sale es Rebecca. La ambigüedad de la chica, cuya presencia sólo parece obedecer al erotismo de Lili Simmons (¿tiene en el contrato una escena subida de tono en cada capítulo?), mantiene la confusión en casi todas sus apariciones. De qué va, cuáles son sus motivaciones, por qué se queda con Proctor, por qué se folla a este o aquél, por qué de repente ataca al indio… No se sabe a qué juegan con ella, parece que quieren mantener a la actriz pero al personaje no saben ni qué forma darle ni hacia dónde dirigirlo.

Banshee en vez de crecer se ha diluido un poco. Sigue siendo un producto más que decente, recomendable por su punto de originalidad basado en pasar de rosca historias clásicas, pero como entretenimiento ha perdido algo de pegada.

BANSHEE – TEMPORADA 1.

Banshee
Cinemax | 2013
Productores ejecutivos: David Schickler, Jonathan Tropper, Alan Ball, Peter Macdissi, Greg Yaitanes.
Intérpretes: Antony Starr, Ivana Milicevic, Frankie Faison, Hoon Lee, Ulrich Thomsen, Lili Simmons, Rus Blackwell, Matt Servitto, Demetrius Grosse, Trieste Kelly Dunn, Ryann Shane.
Valoración:

Lucas Hood (Antony Starr) sale de la cárcel tras quince años encerrado. Su primer objetivo es escapar del mafioso al que traicionó, quien aparte de perseguirlo en la cárcel con sus contactos ahora le quiere dar caza para que le devuelva los diamantes que se llevó junto a su novia (Ivana Milicevic), que no era otra que la hija del propio mafioso, y que lleva desaparecida todo este tiempo. Su segundo objetivo es encontrarla y retomar una vida perdida. Con ayuda de un amigo hacker (Hoon Lee) la halla en un pueblecito llamado Banshee, eso sí, casada y con dos hijos. Pero Hood es muy terco y no piensa ceder. En un giro del destino ve la oportunidad de hacerse pasar por el nuevo Sheriff, y no la desaprovecha para quedarse con una buena tapadera… y además con la opción de seguir sus andanzas criminales con la ventaja de ser la ley del lugar. Su primer amigo será un camarero (el gran Frankie Faison de The Wire), mientras que la relación con los tres agentes que serán sus compañeros no empieza con buen pie.

La atmósfera del lugar y por extensión de la serie está a medio camino del ambiente de Justified (paletos sureños que hacen su propia ley), Sons of Anarchy (pueblo pequeño con mafias y crímenes), y True Blood (entretenimiento alocado), pero la mezcla se adereza con una cantidad extra de humor gamberro, violencia y erotismo (bueno, no mucho más que en True Blood, pero bastante más gratuito aunque parezca imposible). Los habitantes son una mezcla de pueblerinos, empresarios ambiciosos, amish dedicados a la agricultura e indios con sus casinos. La figura más notable es Kai Proctor (Ulrich Thomsen), el empresario al que se le atribuyen, sin poder demostrarse (para desesperación del joven alcalde), varios crímenes. Su relación con su familia es tensa, pero con el pueblo aún más. Hace su propia ley también, y con su poder sale indemne de todas. Pero Hood podría cambiar la situación con su determinación y fuerza implacable. Todo eso, claro está, si es que no se pasa a su bando…

El personaje de Hood es una bomba, un rol de esos que fascinan. Imprudente, temerario y pagado de sí mismo, pero también inteligente y hábil y muy carismático. Lástima que Antony Starr sea bastante limitado como intérprete, porque en manos de alguien con más presencia y calidad podría haber resultado un protagonista memorable. Entre historias independientes, algunas muy interesantes, como la del luchador abusón, se sigue a Hood en su periodo de adaptación a Banshee y sus gentes, donde por su forma de ser siembra el caos tanto como ayuda. Mientras intenta congeniar con su antigua amante las cosas se empiezan a poner feas, porque el villano empieza a acercarse. En el tramo final de la temporada se dará el enfrentamiento definitivo que, sin entrar en spoilers, es espectacular en lo visual pero un tanto previsible en lo argumental.

Evidentemente es la misma historia de siempre del antihéroe que busca a su chica mientras se enfrenta al mundo y su archienemigo. Los personajes se describen tirando de bastantes clichés, las tramas se ven venir, y giros sorprendentes no hay. Lo que busca Banshee no lo disimula en ningún momento: ser un entretenimiento con el que evadirse sin hacer ningún esfuerzo. De hecho, pronto se queda claro que una de las normas a seguir es que en cada capítulo tiene que haber una buena pelea a tortas y una buena escena de sexo. De hecho, Lili Simmons sólo aparece para enseñar carne, sin excusas si quiera.

Esto implica que si no conectas con la delirante propuesta que propone puede resultar un trago difícil. Está tan pasada de rosca, se toma tan poco en serio, se olvida tan claramente de la verosimilitud por buscar la espectacularidad, que está claro que no está hecha para todos los espectadores. El principal escollo son los agujeros de guión y la falta de credibilidad. Sí, es indudable que no pretenden una serie trascendental y realista, pero a veces parece que se esfuerzan muy poco por tapar huecos, e incluso en la narrativa fantasiosa que buscan hay momentos en que la verosimilitud se tambalea. En el episodio piloto hay dos puntos clave donde el espectador debe decidir si seguir o abandonar: el prólogo, con la rebuscada y exagerada persecución entre el tráfico (abusando de efectos especiales digitales), y la casualidad casi ridícula con la que Hood se convierte en Sheriff. Si no superas esas dos escenas, la serie no está hecha para ti, porque luego hay tonterías y saltos de fe más grandes: que robe un museo sin llevar máscara ni un plan de salida decente, para que luego el amigo abra las puertas de forma remota desde internet en un tris y que el rescate llegue rápidamente al lugar exacto; muy cutre fue también que tras describir una pelea donde ha desaparecido alguien, ningún agente investigue el lugar (así no ven el destroce en su casa, que luego además se arregla mágicamente). A mí lo único que me molestaba es la imposible magia informática con la que se resuelve todo de forma increíble, pero esto está hasta en producciones supuestamente serias, me temo.

Con sus pros y sus contras, el tono de gamberrada para pasar el rato me ha atrapado por completo. El ritmo es trepidante y muy adictivo, los personajes son todos muy simpáticos, las historias resultan correctas a pesar de ser sencillas, y el humor, la acción y el erotismo desbordan de forma impresionante, realzados además por una puesta en escena excelente, en especial en las escenas de acción (el tiroteo final es alucinante). Banshee es una orgía muy golosa: una vez caído en su embrujo es imposible dejar de ver un capítulo tras otro, y los diez que forman esta primera temporada se hacen cortísimos.

PD: El canal Cinemax es una filial Time Warner y una especie de hermana de HBO, y empezó a crear series propias hace un par de años.
PD2: Los medios, en su ignorancia, se empeñan en decir que es una serie de Alan Ball (True Blood, A dos metros bajo tierra), y como que no, es un productor más y su implicación parece mínima.