EN TERAPIA – TEMPORADA 1.

HBO | 2008
Productores ejecutivos: Rodrigo García, Paris Barclay, Hagai Levi, Mark Walhberg, Stephen Levinson.
Intérpretes: Gabriel Byrne, Melissa George, Mia Wasikowska, Josh Charles, Embeth David, Diane West, Michele Forbes.
Valoración:

Basándose en una serie israelí llamada BeTipul (de Hagai Levi), que supongo tendría bastante éxito o llamaría la atención por su estilo y calidad, Rodrigo García y Paris Barclay crean en la HBO su versión occidental, cambiando según se dice por internet lo mínimo, sólo aspectos culturales. Es la primera serie de emisión diaria de la cadena, y como era de esperar la apuesta es atrevida y arriesgada como pocas. In Treatment (En terapia) sigue el día a día de un terapeuta con sus pacientes, mostrando casi únicamente esos personajes y la habitación donde trabaja. Nos centramos en un paciente al día (cinco por semana) al que seguimos en cada cita semanal hasta completar el ciclo de su vida que estamos viendo (llegando a la asombrosa cifra de cuarenta y tres episodios). Los capítulos son en formato corto, de 25-30 minutos.

Los protagonistas son de lo más dispares, resultando unos más atractivos que otros según las preferencias del espectador, aunque estoy seguro de que a la larga todos terminan con un huequecito en nuestro corazón. Siempre queremos saber más, queremos ahondar en sus problemas y en las razones subyacen en su psique y su pasado que les han llevado hasta estos momentos difíciles de sus vidas. Lleva la terapia Paul Weston (Gabriel Byrne), conocido por ser de los mejores del gremio, aunque pronto vemos que está extasiado, agobiado y distraído por sus propios fantasmas personales: la relación con su familia es prácticamente inexistente, y su mujer, Kate (Michele Forbes, que aparecerá puntualmente), inicia una aventura con otro. Así pues, decide ir a terapia él mismo, acudiendo a su vieja amiga y mentora los viernes (Gina, Diane West).

Los lunes nos encontramos con Laura (Melissa George, vista en Alias), una treintañera hermosísima con problemas para relacionarse con los hombres, con quienes no es capaz de conectar más allá del sexo desenfrenado del que luego suele arrepentirse. Hará tambalear los cimientos de la vida y trabajo de Paul cuando declara su amor por él, pues sus sentimientos hacia ella son también intensos y sobre todo conflictivos con su ética profesional. Los martes nos visita un piloto de combate, Alex (Blair Underwood), altivo y pagado de sí mismo pero también muy dotado y exigente con lo que espera de sí mismo y de los demás. Es quien peor me caía al iniciar la serie, por su chulería y frialdad, y porque me daba la sensación de que su historia aportaba menos. Sin duda es el más difícil, porque es quien más guarda sus sentimientos; por ello mismo conforme vamos conociéndole se hace mucho más interesante: ¿pero qué le pasa a este tío, cuáles de las historias que transmite están realmente las relacionadas con sus penas? Los episodios en que por fin explota y admite tener serios problemas son sobrecogedores, y el desenlace de su historia y la aparición de su padre resultan memorables.

Los miércoles tenemos a Sophie (Mia Wasikowska), quien enamora desde la primera escena y se alza desde entonces como la favorita del público (todo artículo que he leído la reclama como tal). Es una gimnasta adolescente que parece haber intentado suicidarse y cuyo cerebro es un caos de sentimientos y conflictos. De estar pletórica y alegre pasa a la más profunda de las depresiones en un instante. Sus sesiones son las más intensas, caóticas e imprevisibles y sus historias las esperaba con un ansia que no se veía defraudada, porque la evolución del personaje es magistral. El tramo final es precioso, y la parte central, cuando Paul empieza a llegar al fondo de su mente, demoledora.

Los jueves la crisis del matrimonio de Jack y Amy (Josh Charles, Embeth David) zarandea hacia un lado (él, obsesivo y controlador) u otro (ella, distante y dañina para consigo misma) y, como la de parte de Alex, puede costar entrar en su dinámica, entender sus motivaciones, pero precisamente esa es la idea: no es fácil llegar al fondo de asuntos tan complejos, y no es hasta casi el final cuando se empieza a entenderles mejor; hasta entonces sus aventuras son menos centradas en los sentimientos y más en el conflicto directo: peleas, problemas paralelos, etc. Es la sección que me llegó con menos fuerza, pero lo cierto es que en ningún momento se me hizo pesada o pensé en saltar episodios.

In Treatment es todo diálogo, personajes exponiendo sus miserias, cataratas de sentimientos, luchas internas mientras Paul intenta introducirse en sus mentes y hacerles ver sus errores y cómo pueden salir adelante. Pero que no asuste su formato y estilo, pues en el fondo no difiere demasiado de un drama de personajes estándar. Quien espere acción obviamente no la va a encontrar, pero a pesar del limitado número de protagonistas el ritmo es siempre intenso, lleno de diálogos y situaciones que constantemente están transmitiendo algo o yendo en una dirección bien palpable y atractiva. En pocas frases se definen personajes y relaciones que no vemos (o lo hacemos de refilón, como los hijos de Paul) pero llegan a interesarnos y desde luego son cruciales para entender a los protagonistas. Los propios pacientes calan hondo rápidamente, tan bien construidos, mostrados y desarrollados se nos presentan, y los episodios saben a poco, pues siempre nos dejan queriendo saber más del carácter que acabamos de acompañar. Así, la mayor parte de las veces que me ponía a ver algún episodio me ventilaba una semana de golpe.

Siendo una serie centrada totalmente en los personajes, el reparto debía ser elegido con cuidado. Y qué mejor cadena a la hora de escoger actores que la HBO. Todos son perfectos para sus roles, todos están comprometidos al máximo y ofrecen unas interpretaciones excelentes, pero como es habitual alguno termina destacando sobre los otros. El primero en hacerlo es Gabriel Byrne, quien consigue una labor inmejorable en un personaje muy difícil, pues constantemente debe expresar dudas, vacilaciones, tensión o rabia de forma que los pacientes no lo noten pero el espectador sí lo haga, y todo ello evitando dar la sensación de que resulta forzado. Melissa George capta de forma magistral todos los matices de su carácter, que según estado de ánimo que se encuentra seductora o frágil, animada o ahogándose en un mar de lágrimas. Y en un mundo justo Mia Wasikowska habría arrasado en todos los premios televisivos, pero ya sabemos cómo son. Su papel es el más completo y espectacular. La joven muchacha llena la pantalla de forma arrolladora con una vitalidad increíble; sus largos discursos en llanto descarnado, sus rabietas impredecibles, sus explosiones de emociones o su hosca hostilidad consiguen como indicaba que el personaje sea el más fascinante del conjunto.

Como suele pasar, calidad y audiencias no van de la mano, y si le sumamos que el proyecto no es fácil de llevar a cabo (muchos episodios, y Gabriel Byrne, que aparece en todos, acabó quemado), In Treatment ha sido otra más de la HBO aclamada por los espectadores exigentes pero poco vista, y tras su tercera temporada se le ha puesto fin.

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