ROMA – PRESENTACIÓN.

Roma fue creada por William J. MacDonald y John Millius, quienes presentaron a la HBO una idea para una miniserie pero la cadena aceptó con la condición de hacer una serie de varias temporadas. El primero es un productor con pocos trabajos y por extensión poco conocido, pero el segundo en cambio sonará a los cinéfilos por ser guionista y director de la película de culto Conan el Bárbaro, entre otras tantas obras como Adiós al rey o El viento y el león y la colaboración en el guión de Apocalipsis Now. Se unió también un también un tercer guionista, Bruno Heller, quien de hecho terminaría siendo la cara más visible de la serie, ejerciendo como productor ejecutivo principal, esto es, siendo el mandamás en el día a día de la producción. También era un desconocido, aunque ahora triunfa con El mentalista y Gotham.

HBO tiraría la casa por la ventana levantando un proyecto de una envergadura como nunca antes se había visto en una serie de televisión, porque lo más cercano fue Hermanos de sangre, que aunque costó más (125 millones de dólares) era una miniserie. Como en esa otra producción, se unieron a la BBC para hacerlo posible, pues aportaba una parte del presupuesto de 100 millones (un quince por ciento), y planearon un rodaje tipo cinematográfico, en el extranjero en grandes decorados y exteriores. Se fueron ni más ni menos que a Roma. ¿Qué mejor lugar? Los exteriores darían el aspecto más fiel y el mítico estudio Cinecittà proporcionaba el tamaño requerido para construir una réplica de gran parte del foro romano y varias villas y calles.

El calendario de rodaje fue obviamente largo y complejo (de marzo de 2004 a mayo de 2005). Prácticamente todas las escenas requerían un despliegue enorme de atrezo y extras y mucha planificación. Algunas además eran monumentales: el triunfo de César por ejemplo es digno de una superproducción para cine. Por supuesto esto difícilmente habría sido posible si la HBO no tuviera en nómina a los mejores directores de la televisión. Alan Taylor, Allen Coulter, Jeremy Podeswa, Timothy Van Patten y otros tienen larga experiencia en series de primera división, y no se amilanaron ante una producción que iba un paso más allá; eso sí, para los primeros capítulos se contó con un director que creció en la televisión pero llevaba décadas en el cine: Michael Apted (alguna de 007 con Pierce Brosnan, Enigma, y otras).

Se estrenó en agosto de 2005 (en Estados Unidos obviamente) sin conseguir grandes audiencias (recordemos que es un canal de pago y de público selecto), pero su fama corrió con el boca a boca de forma que su exportación a distintos países fue un éxito y se vendió estupendamente en dvd. Pero ese reconocimiento llegó un pelín tarde para salvar la serie. Los directivos de la cadena llegaron a admitir que se precipitaron con la cancelación: se acojonaron porque apuntaron demasiado alto, pues para hacer las cinco o seis temporadas que tenían en mente deberían gastarse ese presupuesto todos los años, algo que pensaban que no sería recuperable, más cuando por la longitud del rodaje los estrenos estarían separados por casi dos años; así, la segunda sesión fue reducida a diez capítulos y terminaron la serie ahí. Se rumoreó una película durante mucho tiempo, y aunque los productores y actores confirmaron que lo estaban tanteando, al final no se llegó a nada.

Pero la experiencia demuestra que el riesgo tiene sus beneficios: gracias a los conocimientos adquiridos con este rodaje supieron dónde estaba el límite a la hora de crear superproducciones de forma que fuera factible un estreno por año y que resultara rentable. Así nació Juego de tronos, que tampoco llegó arrasando pero le dieron margen para que afianzara su posición y a día de hoy es el mayor éxito del canal, superando al fenómeno de Los Soprano.

Roma narra los últimos años de la República y el paso al Imperio, es decir, la caída de Julio César y el alzamiento de Octavio, luego conocido como el emperador César Augusto. La idea de los guionistas era ser fiel a la Historia pero más en el alma de la época que en anclarse a los hechos y perder margen para meter personajes ficticios y narrar sin restricciones. Así, se cuidaron de mostrar una visión mucho más realista que el patrón seguido por Hollywood (aunque a un cliché erróneo sí se aferran, el de poner ornamentados brazaletes a los hombres): la ciudad está llena de colorido en edificios y ropa, desbordante de vida con gente trabajando y vendiendo por todas partes, y pusieron especial cuidado en el comportamiento del pueblo, no sólo en las distintas clases sociales y creencias, sino en cómo llevaban el día a día de aquellos tiempos. Para ello no se aferraron a seguir estrictamente la confrontación política entre las figuras más conocidas, sino que nos sumergen en esos eventos a través de dos personas del pueblo llano, Tito Pullo y Lucio Voreno. Desde su punto de vista veremos la confrontación entre César y Pompeyo y la posterior lucha por el poder entre Octavio y Antonio y Cleopatra.

Pero sorprendentemente parece ser que las intenciones de sus creadores, o al menos de Bruno Heller, eran llegar hasta los tiempos convulsos en Judea, con los judíos y el nacimiento del cristianismo. Esto es un tanto extraño, porque supondría un salto temporal y de escenario importante, y más si se van hasta Jesucristo, cuya crucifixión queda a ochenta años del inicio de la serie y a casi sesenta del nacimiento del Imperio. Pero con la cancelación y sin declaraciones más concretas nunca sabremos cómo podría haber resultado una serie de largo recorrido.

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