DAREDEVIL – TEMPORADA 1.


Daredevil
Netflix | 2015
Productores ejecutivos: Drew Goddard, Steven S. DeKnight, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Vincent D’Onofrio, Toby Leonard Moore, Vondie Curtis-Hall, Bob Gunton, Ayelet Zurer, Rosario Dawson.
Valoración:

Matt Murdock es un abogado que al quedar ciego en la juventud adquirió superpoderes con los que puede sentir y “ver” lo que hay a su alrededor como ningún otro, pero también creció en él una visión personal de la vida muy concreta: hacer de su barrio algo mejor. Hell’s Kitchen (la cocina del infierno) es una zona de Nueva York que no levanta cabeza, llena de crimen y miseria, y Matt pretende cambiar las cosas. Como hombre de ley luchará desde dentro del sistema, pero como héroe enmascarado perseguirá a los criminales a golpes bajo el amparo de la oscuridad.

Sus compañeros en el despacho que acaba de formar son el abogado Foggy Nelson, su mejor amigo desde la universidad, y Karen Page, que toma el puesto de secretaria cuando estos la ayudan en su caso contra una oscura corporación. Esta investigación los llevará hacia la estela de Wilson Fisk, un empresario ambicioso que parece ser también el capo más poderoso de la zona. La mano derecha de este último es Wesley, fiel hasta la médula y lleno de recursos, mientras que los héroes se apoyarán en el periodista Urich, especialista en historias de mafias. Hay algunos secundarios más, pero sólo son realmente relevantes Vanessa, el amor de Fisk, y Claire, la enfermera que ayuda a Matt.

El creador de la serie es Drew Goddard, quien creció como guionista con Joss Whedon en Buffy, la cazavampiros y Angel y terminó de formarse colaborando en Alias y Perdidos. Pero no tardó tiempo en hacerse un nombre en el cine también, con Cloverfield y La cabaña en el bosque (siendo además director en esta última). Desde entonces no deja de enlazar producciones de alto nivel, como las adaptaciones de las novelas Guerra Mundial Z, The Martian (dirigida por Ridley Scott nada menos) y la futura Robopocalypse. Vamos, que se ha convertido en uno de los guionistas más respetados y solicitados… hasta el punto de que la factoría Marvel lo sacó de la serie para escribir Sinister Six (Los Seis Siniestros), donde finalmente también dirigirá. Con Goddard dejando la producción en plena gestación, Steven S. DeKnight tomó las riendas como showrunner, acompañado eso sí por numerosos productores ejecutivos. DeKnight es otro que salió de Buffy y Angel, y luego pasó por Smallville y Spartacus, tanto escribiendo como produciendo.

El plan Marvel es iniciar una saga de series interconectadas que terminarán uniéndos en otra. Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage e Iron Fist tendrán su temporada, o temporadas si el éxito acompaña, y darán lugar a The Defenders, como en el cine las películas se juntan en Los Vengadores. También llamativo es que se han inclinado por un tono adulto y oscuro, algo muy de agradecer en un género que, salvo excepciones como el Batman de Nolan, suele andar falto de esas cualidades. Por ello sus creadores se inspiran más en los thrillers de los años setenta y ochenta (Serpico, French Connection o Taxi Driver son las más evidentes) que en la onda de héroes, magia y los tópicos habituales. La corrupción del sistema, la ciudad inmersa en un caos criminal y las solitarias figuras que emergen en las sombras para luchar contra ello copan las tramas, dejando la fantasía más pura de los superhéroes más poderosos para las películas de Los Vengadores.

Desde sus primeras escenas se puede ver el mimo puesto en la producción, la intención de buscar algo más serio y de primera calidad. La fotografía e iluminación que juega con las sombras y los contrastes es una elección arriesgada, pero con el virtuosismo del que hacen gala los realizadores tenemos una impronta muy característica y realmente impactante donde controlan muy bien que la atmósfera sea tenebrosa y deprimente pero se vea con claridad la acción y el rostro de los protagonistas. El tempo narrativo es contenido, se busca no sólo exponer a través de los personajes, sino hacer que la escena luzca bien, de forma que cautive. Así, se esfuerzan mucho en las conversaciones de personajes sentados, algo esencial porque son mayoría, pero explotan por completo en las de acción, que tienen además un extra de dificultad, porque aquí se lanzan sin miedo hacia la consecución de ese sello de calidad que los haga resonar en la exigente televisión actual. Las coreografías elaboradas y rodadas con maestría son la tónica habitual, pero de vez en cuando se permiten unos vaciles impresionantes. La lucha en el pasillo del segundo capítulo sin duda queda para los anales de la historia televisiva, un plano secuencia de insólita complejidad, aunque quizá no tanta originalidad, porque se inspira claramente en la pelea principal de una película coreana de culto, Old Boy (Oldeuboi, Chan-wook Park, 2003). Pero no es la única remarcable, hay otras tantas escenas espectaculares que te dejarán a cuadros. Aquí hay que señalar el magnífico uso de dobles, donde sólo si afinas mucho puedes llegar a notarlos en un par de planos (y porque Scott Glenn -Stick- es un viejales y los movimientos tan ágiles no cuadran). Redondean el acabado una sutil música que es quizá muy sencilla pero funciona bastante bien, y unos títulos de crédito hipnotizantes.

Otro aspecto vital son los actores, y estos también están perfectos. Charlie Cox (Matt Murdock), Deborah Ann Woll (Karen Page) y Elden Henson (Foggy Nelson) se hacen enseguida a sus roles y muestran una estupenda química entre ellos, transmitiendo verosimilitud desde las primeras escenas. Siendo un relato que se sumerge bastante en la mente de los protagonistas era crucial tener intérpretes que se luzcan en el campo de las emociones, y no falla ninguno. A Ann Woll la conocía por True Blood y no tenía ninguna duda sobre sus habilidades, Cox mostraba carisma en Boardwalk Empire, pero hasta verlo aquí no sabía si podría aguantar un personaje principal tan exigente, y Henson me era totalmente desconocido. Ahora bien, incluso en este buen nivel el veterano Vincent D’Onofrio (Ley y Orden) te deja sin aliento con su imponente, hosco y temible Wilson Fisk. La frase “No soy un monstruo… ¿verdad?” es de las que hacen época. Este se ve rodeado por dos secundarios que también clavan sus personajes, Ayelet Zurer como Vanessa y Toby Leonard Moore como Wesley. Él consigue una interpretación llamativa en un personaje serio en extremo, y ella no se queda atrás: resulta sutil y erótica a pesar de la sobriedad que emana. Y para rematar hay que señalar que el casting no descuida ni a los matones de Fisk, donde no cogen a simples extras, sino a actores muy competentes y carismáticos.

Una vez cautivado y enganchado irremediablemente por su arrebatadora impronta visual quedaba por ver qué tal navega la serie: el desarrollo de personajes y tramas, la coherencia narrativa, la fuerza de los diálogos… Es decir, qué tal resulta el elemento primordial, el guión.

Los escritores son conscientes tanto de las limitaciones del género como de esta historia en concreto, e intentan que las bases del relato sean muy sólidas. Se trabajan con esmero a los personajes, haciéndonos partícipes muy de cerca de sus problemas, anhelos, dificultades, vaivenes emocionales… Vivimos codo con codo con Matt y su deseo de hacer un mundo mejor, acompañándolo en el dilema de cuáles son los límites de la violencia y conociendo al detalle otros muchos recovecos de su personalidad. Con Karen y Foggy casi lo mismo, pero al ser más realistas resultan incluso más humanos: casi te convences de que son tus propios amigos. Cabe destacar la simpatía contagiosa de Foggy y la candidez de Karen, ambas conseguidas por el gran papel de los intérpretes y la excelente conexión que mantienen. Fisk se presenta fascinante, nunca se había realizado una aproximación a la piscología de un villano tan detallada y profunda. Como con los demás protagonistas, vemos de primera mano sus ambiciones y deseos, pero aquí cobran importancia sus puntos frágiles y sus desviaciones, llegando a vislumbrar y entender qué lo lleva a actuar de una forma u otra. Además la gama de sensaciones que transmite al espectador, oscilando entre la pena, el asco y el miedo, garantizan que no dejará frío a nadie… aunque puede llegar al extremo de provocar rechazo, de lo perturbador que resulta. Y para redondearlo tenemos la relación amorosa con Vanessa, que es excitante en todo momento: los tanteos, los miedos, las sutilezas, el acercamiento gradual… Acaba siendo mucho más interesante que la dinámica entre Foggy y Karen, que casi parece de relleno al lado de esta. Hay que señalar también los detalles más o menos velados sobre el pasado y posible futuro de personajes varios (¿tiene Karen secretos oscuros?, ¿qué pretende Stick y para quién trabaja?), que resultan intrigantes para el no lector de los cómics y buenos guiños para los fans.

Pero una vez salimos de la descripción y desarrollo de los personaje este guión no llega a ser redondo, porque el entorno donde los sumergen y el progreso de la trama fallan en algunos aspectos clave: le falta ritmo y vitalidad, y no queda del todo justificado por qué Fisk es el gran villano que dicen que es.

En el primer punto resulta obvio que hay largos tramos a los que no consiguen otorgarles suficiente ritmo, dejando la impresión de que a pesar de todo el potencial (espléndido aspecto visual, grandes personajes) la serie no avanza con la fluidez y fuerza suficientes como para aprovechar plenamente esas bases. Hay pasajes algo faltos de garra y que dan vueltas en círculos (cuántas veces Foggy y Karen se mantienen en pantalla con la excusa de salir a emborracharse, pero realmente no están haciendo nada; cuánto habla ella con Urich pero qué poco avanzan), y otras partes son bastante predecibles, porque al final, a pesar de tanto esfuerzo, no han sido capaces de esquivar el lastre de algunos estereotipos obligados por el género: la infancia de Matt no tiene mucha pegada y va perdiendo fuelle, y cuando llega la parte de Stick se vuelve bastante previsible y cargante; pero es que la de Fisk sólo sirve para presentar el detalle del cuadro, que sí, es genial, pero el resto del viaje a su pasado son clichés obvios que bastaba con señalarlos sutilmente; y ahí incluyo el destino del padre, que puede ser trascendental en su crecimiento pero se ve venir tan de lejos que deja la sensación de que era innecesario remarcarlo tanto.

La falta de vitalidad del entorno remarca estas carencias de ritmo, porque no parece pasar nada realmente importante a pesar del empeño en transmitir eso con el tono serio y ligeramente pretencioso del relato. ¿Es que nadie más vive en Hell’s Kitchen excepto los pocos protagonistas y unos cuantos criminales? No hay un entramado de personajes que nos recuerde que estamos en una gran urbe llena de gentes e historias, y casi la totalidad de escenas son en el despacho o en callejones y solares vacíos, dando la impresión de que no luchan realmente por nadie salvo por ellos mismos. Los realizadores se esfuerzan en darle personalidad a los secuaces y matones de Fisk, pero en cambio los héroes no parecen tener vida más allá del enfrentamiento con aquel: ni familia, ni amigos… ni otros casos. Por una vez me tengo que quejar de que a una serie le falte algo de procedimental. Estoy convencido de que le habría venido de perlas meter algunos casos secundarios para tapar estos agujeros. Servirían para mostrar la dinámica de trabajo (evitando tener que repetir las citas tontas -tontísimas- de Karen y Foggy), para justificar su sueldo (pero cómo se sustenta esta gente), y sobre todo para mostrar mejor el alcance de la organización de Fisk. La cansina anciana Elena, de la que te alegras de que muera de lo petarda que resulta, ejemplifica muy bien esta indefinición: es la única ciudadana que sufre las supuestas maldades infinitas de Fisk, el único caso que tienen contra él, y casi la única vez que los vemos batallar por alguien (Matt salva a unas pocas personas -las putas, el niño- en los dos primeros episodios, pero es una excusa para presentar sus habilidades).

De esta forma me temo que Fisk, pese a resultar por sí mismo un personaje memorable, no funciona realmente como villano. Primero, queda un tanto ambiguo su objetivo: ¿es un mafioso que quiere controlar el mundo del crimen o un tirano con una visión de romper el sistema para moldearlo a su gusto? Dice que quiere cambiar las cosas pero no es más que un capo con dinero comprando y vendiendo inmuebles. En su discurso de presentación al público habla de combatir crimen y pobreza como si se presentase a un puesto importante (concejal, fiscal o alcalde), algo que no hace, con lo que simplemente parece estar reforzando su fachada para seguir como hasta ahora. En otras palabras, su plan no se llega a concretar, ni siquiera se señala con claridad si se basa en el caos o en la dominación. Pero sobre todo, no se justifica claramente por qué los héroes lo consideran tan rápido como el archienemigo de la ciudad, si sólo tienen contra él algún roce con matones (Karen y la anciana) que creen asociados a él, pero sin pruebas tangibles. ¿Dónde está el plan megalómano, la siembra de crímenes numerosos y horrendos por todo el barrio o la ciudad? Como mucho, Matt descubre, persiguiendo delincuentes por la calle, que estaría implicado en el narcotráfico. Pero eso tampoco parece suficientemente probado como para llegar a la conclusión irrevocable de que Fisk es el mal último que asola el lugar. Y para colmo, cuando se convierte en una figura pública se cagan patas abajo, cuando en realidad no ha cambiado nada; es más, si acaso se volvería más vulnerable, porque cualquier cosa podría dañar su imagen.

Así pues, hay un desequilibrio importantísimo entre Fisk como persona y Fisk como villano (Kingpin), y la verdad es que me resulta sorprendente dada la evidente dedicación que han puesto en dibujar protagonistas complejos y humanos. Parece que poniendo tanto el foco en cosas concretas han perdido un poco la perspectiva global. No hay una gran trama con pegada que exprima y dirija mejor la dualidad héroe-villano, de hecho da la sensación de que lo poco que ofrecen además se explota tarde y mal, pues el giro que lleva a Fisk a la cárcel es endeble y repentino después de ir de forma tan vaga y lenta con la investigación.

Además hay otros detalles que pueden parecer poca cosa, pero son de esas casualidades y pequeños agujeros que se van sumando y terminan molestando. Qué conveniente que la mujer de Urich tenga la cabeza perfecta en el capítulo final para conseguir una escena de perdón lacrimógena. Por qué dicen que la vieja Elena no tiene a nadie y se encargarán ellos del entierro cuando capítulos antes nos han dicho que se llevaba tan bien con los vecinos que hasta se ayudaban con la comida. Qué oficina más lastimera tiene el periódico a pesar de que se supone que es uno importante en la ciudad (por cierto, no pudo ser The Daily Bugle por cuestión de derechos). Resulta bastante exagerado que Matt pueda escuchar todas las conversaciones de la policía desde una azotea, teniendo en cuenta lo grande que es la ciudad y la de ruidos que habrá interfiriendo; por ejemplo, que halle así a su objetivo en el episodio final resulta bastante forzado, no costaba nada que nos lo mostraran capturando a uno de sus hombres y robándole la radio, como ha hecho otras veces al buscar información. Y cabe preguntarse si se quedaron sin tiempo de rodaje o sin ideas en el desenlace, porque la pelea de Daredevil con Fisk está muy por debajo de las otras que hemos visto en la serie, con lo que después de la espera decepciona un poco.

En conclusión, Daredevil ha deslumbrado más por haber marcado un nuevo rumbo para las series de superhéroes que como serie en sí misma, pues a pesar de algunos puntos fuertes que rozan el sobresaliente también poee unas carencias dignas de mención. Pero no hay que poner el grito en el cielo porque “sólo” llegue al notable cuando tiene potencial para más, porque esto es sólo la presentación, y no de esta obra únicamente, sino de todo un universo que ha renovado el género pero sin duda también va a mostrar una nueva forma de hacer series.

PD: Con la de idiomas que se hablan en escenas enteras (español, ruso, japonés y obviamente inglés) se hace más evidente que nunca el sinsentido del doblaje. Supongo que en el paso al castellano convertirán a Elena en brasileña, como han hecho en otras muchas obras cuando hay personajes hablando nuestro idioma.
PD2: Eso de que decenas de chinos se queden ciegos voluntariamente para tener un trabajo de mierda es demasiado exagerado.

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