Archivo mensual: marzo 2016

THE KNICK – TEMPORADA 2 Y FINAL.

Cinemax | 2015
Drama | 10 cap. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: Jack Amiel, Michael Begler, Gregory Jacobs, Steven Soderbergh.
Intérpretes: Clive Owen, André Holland, Juliet Rylance, Eve Hewson, Cara Symour, Eric Johnson, Chris Sullivan, Michael Angarano, Jeremy Bobb, Grainger Hines, Charles Aitken.
Valoración:

Alerta de spoilers: Solo esbozo las tramas del año.–

La vida en el hospital Knickerbocker sigue adelante con cada protagonista enfrentándose a sus demonios internos y a las zancadillas de un mundo hostil: las exigencias del trabajo, los problemas sociales, los conflictos con otros (familias, compañeros)… A duras penas consiguen mantener control sobre sus vidas y mucho más complicado es perseguir la felicidad. Y los guiones de Jack Amiel y Michael Begler mantienen el tono trágico y oscuro y la determinación de no ser idealistas con el retrato de una época muy dura, con lo que a los personajes les cae de todo encima.

Algernon continúa luchando contra el racismo imperante que le niega un futuro a pesar de sus grandes habilidades como cirujano. Cornelia sufre el matrimonio de conveniencia para mantener a flote la familia, y queda a merced del exigente padre de su esposo, con lo que la vida como mujer independiente y trabajadora parece escapársele de las manos a pesar de sus esfuerzos. La joven enfermera Elkins aprende a hacerse un hueco en el mundo de los hombres abriéndose de piernas, desoyendo los consejos con los que podría evitar tropezar en los errores que cometen muchas (elegir hombres equivocados, jugártelo todo a la baza de la sensualidad, etc.). La hermana Harriet enfrenta otras imposiciones sociales dañinas: la prohibición del aborto trae muchas desgracias, en especial para ella al ser pillada practicándolos.

La ciencia médica está en pañales y tiene tanto aciertos como patinazos monumentales (horrible el periplo de la mujer de Gallinger con los psiquiatras), y los avances conllevan mucho esfuerzo y sacrificio, con fracasos que perseguirán como fantasmas a los cirujanos (las visiones de Thackery con la chica). Chickering trata de labrarse una carrera lejos del caos que genera Thackery, pero también echará de menos su energía y pasión. Gallinger cree que Algernon le está quitando oportunidades, y se reafirma en su racismo para tratar de luchar contra él, embarcándose en los ideales de la eugenesia. El viaje de Thackery con las drogas sigue causando estragos en su vida personal y laboral, con lo que su ambición y visión pende de un hilo constantemente: podrían pillarlo y echarlo, puede pasarse con la dosis y acabar muerto, o hacer locuras fruto de la enajenación mental.

Hay otras historias más secundarias y muchas veces ajenas al resto, pero nunca parecen descolgadas y siempre resultan muy entretenidas, por no decir que también exponen temas interesantes de la época. La aventurilla de Tom Cleary, el conductor de ambulancia, con la hermana Harriet, es divertida y emotiva, lo que sirve para aligerar este dramón, pero ya de paso muestran algunos problemas básicos de aquellos tiempos: las relaciones y las vida de las clases bajas. Barrow continúa tratando de llevar la administración del hospital de forma que pueda sacar tajada, y la construcción del nuevo edificio es una mina de oro de especulaciones y robos. También va cobrando protagonismo Henry Robertson, hermano de Cornelia, uno de los miembros del consejo del hospital.

Como en el primer año, el mosaico de personajes realistas y complejos resulta fascinante, lo que sumado a la notable recreación de la época conforman un drama magnífico… aunque no impecable. En el tramo final el nivel baja ligeramente, perdiendo algo de intensidad y acumulando algunos fallos y decisiones cuestionables (muy pocos, eso sí). Hay una escena bastante malograda, aunque la intención fuera buena: Gallinger cambiando el frasco de medicina para hacer que Algernon falle es un giro clásico pero que no habría desentonado si no se hubiera ejecutado tan mal, porque lo hace delante de decenas de testigos y tenemos que creernos que nadie se da cuenta. Otra trama muy convencional sirve para cerrar el arco de los Robertson: el secreto oscuro que parece señalar a un personaje y finalmente en un giro repentino recae sobre otro resulta demasiado forzado e impropio de una serie que normalmente desarrolla las tramas de forma más verosímil, aunque tenga giros un tanto brutos a veces (como la que lía Barrow con su mujer y la prostituta). También supone un tropiezo la aparición de la esposa de Algernon, metida con calzador de mala manera para luego no aportar nada; no sé qué pretendían con esta historia, y la cosa empeora porque ella es bastante cargante.

Donde no hay pegas en la espléndida labor de Steve Soderbergh, que se encarga él solito (como hace siempre) de la dirección, fotografía y montaje, un trabajo que debe de ser arduo porque son diez horas por año. La materialización de la época es excelente gracias al estupendo vestuario y las abundantes localizaciones bien maquilladas (ayuda que los edificios de muchos barrios sean del estilo de los años retratados, desde luego), pero lo que destaca es el aspecto visual experimental y vanguardista que lejos de descolocar o parecer artificial ayuda a crear una atmósfera deslumbrante sin perder autenticidad: cámara en mano, iluminación natural y un gran esfuerzo por realizar escenas complejas de forma que parezcan fluir con espontaneidad nos sumergen en la serie como si estuviéramos al lado de los personajes.

Esta cámara en mano es la mejor labor de este estilo que he visto hasta ahora. Muchos realizadores se estrellan pensando en que basta con llevar la cámara de acá para allá y agitarla en las escenas de acción. Pero no, la escena debe ser trabajada, debe materializarse a través de una combinación de elementos que traten de transmitir las emociones buscadas. Y Soderbergh le ha cogido el punto de forma impresionante: los planos amplios y el montaje moderado recuerdan al cine clásico, donde los personajes se mueven por la escena y el enfoque de la misma persigue transmitir tal o cual sensación. Pero la combinación con ángulos extraños, movimiento constante y mucha composición sutil le confieren un estilo único donde logra numerosas secuencias que son auténticos portentos de la narrativa. Un gran ejemplo es el discurso que recibe Cornelia de su suegro: ella sentada en el tocador, él de pie tras su espalda, una mano apoyada en su hombro; él es el único que habla, pero la cámara sólo la enfoca a ella bajo una sombra amenazante que la priva de libertad. Pero así las hay por docenas, incluso algunas que parecen directamente un vacile, como el largo plano secuencia en la feria. No me olvido tampoco de otro elemento en principio discordante: la música electrónica de Cliff Martinez le va como anillo al dedo, aunque me temo que no parece haber compuesto temas nuevos para este año. Y finalmente hay que alabar también la notable interpretación de todos sus intérpretes, aunque si hubiera que citar a alguno yo me quedaría con Clive Owen (Thackery) y Juliet Rulance (Cornelia).

Actualización 06/07/17: En marzo Cinemax canceló la serie

Ver también:
Temporada 1.

MANHATTAN – TEMPORADA 2 Y FINAL.

WGN America | 2015
Drama | 10 cap. de 55 min.
Productores ejecutivos: Sam Shaw, Thomas Schlamme, David Ellison…
Intérpretes: John Benjamin Hickey, Ashley Zukerman, Rachel Brosnahan, Michael Chernus, Christopher Denham, Katja Herbers Harry Lloyd, Olivia Williams. William Petersen, Daniel London.
Valoración:

En la primera temporada de Manhattan el equilibrio distaba de ser perfecto, pero la combinación de drama de época, thriller de intrigas personales con un toque de espionaje, y recreación pseudohistórica de una de las grandes epopeyas científicas del hombre, ofrecía una serie muy llamativa cuyo excelente acabado visual (de la mano del gran Thomas Schlamme) terminaba de ensalzar su atractivo. Pero esta segunda etapa rompe el hechizo y la desestructurada narrativa termina bajando mucho el nivel. A pesar de tener menos capítulos (diez) se ha hecho menos interesante y más larga, con lo que las audiencias han respondido alejándose y ha terminado cancelada. Llegamos a la prueba Trinity con los protagonistas entrando en un nuevo rumbo en sus vidas, así que al menos hay sensación de final.

Los tres géneros se hayan ahora en casi total discordancia. El thriller cobra demasiado protagonismo, tanto el de intrigas personales como el de espionaje. De nuevo cada personaje está empecinado en sobreponerse a los demás a base de planes maquiavélicos e improvisaciones constantes, porque lo cierto es que cada capítulo añade buenas dosis de misterio y giros inesperados que cambian lo planificado. Otra cosa es que sean de calidad… Por ejemplo, que uno de los momentos cumbre en la carrera de Charlie venga de los cotilleos que escucha la esposa por el teléfono es un tanto simplón. Por si fuera poco, sobre todo este jaleo se potencia el espionaje. Una cosa es mostrar cómo el ejército lo tenía todo controlado y cómo emerge la obsesión comunista, otra convertir a la mitad de los personajes principales en topos (uno de Inglaterra, otro de Rusia, otro con sospecha de ser nazi)… y los que no lo son, tienen unas guerras abiertas con todos los demás que también rozan constantemente la traición.

Como extensión de estos problemas está la obsesión que cogen los guionistas con Frank Winter, quien copa demasiado metraje y tramas, engullendo a los demás, algunos de los cuales pierden demasiado protagonismo a pesar de su atractivo y potencial. Charlie y Paul prácticamente acaban siendo de relleno, y es una pena porque Ashley Zukerman y Harry Lloyd son los dos mejores intérpretes masculinos del reparto. Frank, el genio científico que lideraba el proyecto de implosión, acaba convertido en un paria, una especie de hippie o rojo anti bomba dispuesto a todo para frenar el proyecto. Sus convicciones no se trabajan lo suficiente para que nos creamos semejante cambio. Sí, lo sumergen de lleno en los líos de espionaje, con ese capítulo centrado en su cautiverio, pero no me parece suficiente como para un cambio tan radical. O al menos no está bien desarrollado, porque sabemos que era capaz de traicionar a cualquier por seguir sus ideales, y se puede entender que emerjan dudas sobre el uso que harán con la bomba, pero de ahí al extremo al que lo mandan hay un salto muy brusco que no se hace con la transición adecuada, y la exposición de esta nueva postura roza el ridículo en ocasiones: eso de que acabe de soldado raso chanchulleando de acá para allá no se sostiene de ninguna manera.

Así pues, tenemos topos sobre topos e intrigas sobre intrigas hasta que da la sensación de que nadie en The Hill está centrado realmente en su tarea excepto el general (William Petersen), con lo que parece que nadie trabaja de verdad en la bomba. Diez episodios supuestamente a contrarreloj porque ya tienen la fecha de la prueba, y apenas hemos visto un par de escenas donde parece que dediquen esfuerzos al “artefacto”. La mayor parte del tiempo están inmersos en todas estas peleas y en unos pocos dramas personales. Estos últimos eran el único eslabón débil de la primera etapa, pero aquí el nivel global baja, así que el de esta sección también lo hace.

Las odiseas de Abby y Liza son de nuevo puro relleno, a veces no se sabe qué pintan en toda esta historia salvo cumplir con el cupo femenino. No me malentendáis: me gusta que ofrezcan la visión de las mujeres, que había muchas familias completas, pero no si se hace con tan poco tacto. Las pocas penurias realistas que vemos (como Helen luchando contra el machismo) hubieran bastado para mostrar la vida en este lugar y época, pero hay más tiempo que rellenar y se montan líos matrimoniales y familiares bastante flojos. Las disputas y enredos amorosos resultan bastante insustanciales y a veces tontos incluso cuando quieren sacarles provecho. Por ejemplo, la aventura de Oppenheimer que quiere usar Abby para que Charlie ascienda la cité más arriba, pero luego continúa con la cargante historia de los remordimientos de ella y lo mal que resuelven el tema del embarazo. Por cierto, también se olvidan del otro hijo a conveniencia y lo recuperan para otro relleno familiar forzado: la irrelevante y cansina visita del padre de Charlie. Y mientras, Liza está aún más desaprovechada, no hace nada interesante, nada que aporte algo al conjunto. Y es una pena, porque Rachel Brosnahan y Olivia Williams son dos actrices enormes.

Con todas estas tramas algo rebuscadas y malogradas los guionistas terminan abandonando del todo la poca historia real que seguían. La vida de los protagonistas se aleja por completo de los científicos en los que se inspiraban, destacando que la aventura de Frank es a todas luces excesiva. Nada parece verosímil, y desde luego no se acerca lo más mínimo a la realidad. Por ejemplo, el clímax final en la torre con Frank y Meeks peleándose con que si sabotean la bomba o no es muy flojo, casi rozando la vergüenza ajena.

A Manhattan le ha pasado exactamente lo mismo que a Master of Sex: tras una primera temporada casi modélica sus creadores no han sabido hacia dónde llevar tramas y personajes y han improvisado de mala manera tomando rumbos algo fallidos. El nivel se resiente, el ritmo también, y como resultado tenemos una temporada muy normalita en una serie que nació en la primera división y con potencial para más. No es una cancelación que me duela, porque no parece que hubiera forma de remontarlo sin cambiar la serie tanto que quedara irreconocible. Lo que sí me duele es que han echado a perder una buena oportunidad para narrar unos hechos que me resultaban muy atractivos.

PD: Pienso seguir las carreras de Ashley Zukerman y Racher Brosnahan con atención, porque son una auténtica revelación.

Ver también:
Temporada 1.

AMERICAN HORROR STORY – TEMPORADA 5 – HOTEL.

FX | 2015
Fantasía, suspense | 12 cap. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Brad Falchuk, Bradley Buecker, Tim Minear.
Intérpretes: Kathy Bates, Sarah Paulson, Evan Peters, Denis O’Hare, Wes Bentley, Chloë Sevigny, Matt Bomer, Cheyenne Jackson, Angela Bassett, Lady Gaga, Mare Whinningham, Finn Wittrock.
Valoración:

Por fin American Horror Story ofrece una temporada sin la patente irregularidad de la que ha ido haciendo gala año tras año, incapaz de alcanzar el nivel de su estupenda etapa inicial en la casa encantada. El hotel Cortez ha dado mucho más juego que el asilo (donde se acumulaban las historias sin conexión ni interés), las brujas (más o menos lo mismo, aunque con personajes más atractivos), y el circo (que empezó bien pero patinó en su desenlace). No llega a ser deslumbrante, pero mantiene un estilo más cohesionado y desarrolla unos personajes e historias mucho más concretos y llamativos.

La ambientación es la más lograda, quizá incluso mejor que la de la casa encantada. El morbo de que se base mucho en hechos reales, tanto por el hotel como por los asesinos en serie que van apareciendo, combinado con la fantástica estética ochentera, le ha dado una personalidad genuina muy atractiva. La puesta en escena está más comedida, centrada en obtener el tono adecuado para la historia en vez de abusar de enredos visuales como antaño (sobre todo con las brujas). Y cabe destacar la selección musical, donde han empleado temas icónicos con gran sabiduría: Depeche Mode, She Wants Revenge, Joy Division, New Order y muchísimos más. De hecho la banda sonora les ha tenido que costar bastante dinero.

Presentan un nuevo y amplio grupo de protagonistas, como es habitual, pero esta vez su dibujo y desarrollo es mucho más certero. Prácticamente te interesas por todos, y algunos en especial resultan encantadores. La condesa vampira juega muy bien con los cánones del género: es sugerente, inquietante, temible, trágica… La pega es que Lady Gaga hace un papel muy flojo; se salva porque cumple con su pose entre seria y erótica, pero cuando debe mostrar más registros se notan enormes carencias. La travesti Liz Taylor es adorable, y la combinación con la gruñona de Iris ofrece una pareja fantástica. Además los papeles Denis O’Hare y Kathy Bates como siempre son magníficos. Sally la yonki, con sus penurias y lágrimas, es otro acierto, y Sarah Paulson cada vez mejora más como actriz. El detective John (Wes Bentley), obsesionado con cazar a un asesino en serie, tiene un viaje de lo más movidito. Su mujer, Alex (Chloë Sevigny), es otra tragedia personificada: la historia del hijo desaparecido parece previsible pero tiene giros muy eficaces. James March (fantástico Evan Peters), el gerente fantasma del hotel, es descacharrante, y su criada (Mare Winningham) aficionada a limpiar manchas de sangre ni te cuento. Los únicos principales algo flojos son dos los guaperas que se lían con la condesa, que a veces incluso me costó distinguir. Sus historias entran y salen y nunca llegan a captar la atención a pesar de ser aparentemente relevantes en gran parte del año. Uno de ellos sirve para introducir a Ramona Royale (Angela Bassett), y ella sí deja huella a pesar de tener una historia corta: es la archienemiga de la condesa.

Todos danzan en la órbita del hotel y de esta condesa, con historias largas muy jugosas, otras más secundarias también aprovechadas con habilidad, y algunas breves muy entretenidas (todos los visitantes ofrecen buenas escenas… y buenas muertes). Pero sobre todo, lo que funcionan son las historias personales, los esfuerzos y fracasos en las tortuosas y dramáticas vidas que tienen. Como es esperable, la tragedia y la muerte están a la orden del día, con buenas cantidades de gore y más erotismo que de costumbre. También me han encantado los breves enlaces con otras temporadas, que no destriparé.

Así pues, American Horror Story casi recupera el nivel con el que empezó la serie: una historia que reinventa muy bien tópicos de los géneros que abraza (El resplandor, vampiros, la vida en los ochenta…), con muchos giros efectivos y tramas secundarias entretenidas, un grupo de personajes estrafalarios que se hacen querer u odiar, una ambientación con personalidad… Pero sigue faltándole una pizca de equilibrio a la mezcla. Alguna aventura podría mejorarse, el ritmo tiene algunas fallas a pesar de tener tanto que contar, los desenlaces no todos funcionan, y el capítulo final es un pequeño desastre. Básicamente la temporada termina en el undécimo, sólo quedan un par de cabos sueltos que despachan no muy bien para lanzarse de repente a un nuevo relato (la vidente conocida en la casa encantada) que a estas alturas no pinta nada, resultando un epílogo muy torpe, tan ajeno al resto que descoloca y no es capaz de despertar interés alguno.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

NARCOS – TEMPORADA 1.

Netflix | 2015
Drama, histórico | 10 cap. de 45-55 min.
Productores ejecutivos: Carlo Bernard, Chris Brancato, Doug Miro, José Padilha…
Intérpretes: Wagner Moura, Boyd Holbrook, Pedro Pascal, Joanna Cristie, Maurice Compte, Paulina Gaitan, Juan Pablo Raba, Raúl Méndez, Danielle Kennedy.
Valoración:

Narcos ha sido creada por Carlo Bernard, Doug Miro y Chris Brancato, siendo este último el más conocido por numerosas series estadounidenses de corte policíaco. Los directores seleccionados son todos de origen latinoamericano, destacando la presencia de José Padilha (también productor), que se dio a conocer con el taquillazo brasileño Tropa de élite y dio el salto a Hollywood con el remake de Robocop.

No es una serie al uso, sino más bien un documental de historia serializado, un estilo que de primeras parece complicado, porque la lluvia de datos propia del documental puede agobiar al espectador y también afectar al ritmo de la narración, quitando tiempo al desarrollo de personajes y tramas de forma que puedan ver reducidos su calidad e interés. Por ello es bastante sorprendente que Netflix utilizara este género tan difícil y arriesgado para lanzar una producción enormemente ambiciosa que responde a su estrategia de ser un canal mundial, no un canal inglés o estadounidense: el rodaje en países extranjeros es completo, es decir, prácticamente todos los implicados son colombianos o de alrededores. Productores, directores, técnicos de todo tipo, reparto… Solo tiene un pero, del que hablaré luego. Aparte está el presupuesto. Se nota que han echado montones y montones de dinero. El acabado es totalmente cinematográfico: una puesta en escena magnífica y una cantidad de escenarios abrumadora, con muchísimos exteriores de gran nivel. Pero el inmediato y enorme éxito que ha tenido su estreno es el mejor ejemplo de lo bien que ha funcionado el proyecto. A pesar de ese tono documental y su estilo peculiar, que no sabes si es caótico o trepidante, Narcos ha calado muy bien entre el público y la crítica. Sus autores han logrado superar las barreras que se les presentaban y conseguido una serie muy original y entretenida.

El ritmo es vertiginoso y la cantidad de datos grande, pero no hasta el punto de atosigar y confundirnos, aunque obviamente sí hay que hacer cierto esfuerzo para pillarlo todo. Tenemos los elementos narrativos propios del documental: voz en off, montajes con imágenes e información, flashbacks constantes para enlazar con cosas pasadas. Y por otro lado encontramos también la narrativa de una serie: la descripción y desarrollo de personajes tiene dedicación de sobra, la trama avanza con fluidez a pesar de ir a toda leche y con saltos, e incluso muchas escenas poseen gran fuerza. La combinación es impresionante, sólo le falta una pizca de equilibrio y otra de genialidad para conseguir una serie perfecta. Porque a veces sí va demasiado rápido, otras se echa de menos algo más de exposición de personajes, es decir, algunos hechos podrían haber sido desarrollados en vez de narrados, y en ocasiones también incluyen recordatorios demasiado evidentes, dando la sensación de que en una escena hablan para un público de cable y en la otra para espectadores muy cortitos.

Pero son fallos leves que no empañan un conjunto cohesionado y fluido hasta casi resultar brillante, ofreciendo una temporada enormemente adictiva a pesar de su apariencia farragosa. Para empezar, creo que nunca he visto una voz en off tan acertada (aunque la de Mr. Robot era excelente también). La serie es el relato Steve Murphy (Boyd Holbrook), un agente de la DEA (el departamento antidroga estadounidense) que se implica a fondo en el intento de capturar al capo de la droga que pone en jaque a todos, Pablo Escobar. Él nos va contando los hechos, aclarando cosas, recordando detalles…

Este personaje nos lleva rápidamente a señalar un punto gris extraño, la pregunta de si es lógico y respetable hacer una representación sobre Escobar y Colombia con un protagonista estadounidense. Y sí, después de tanto esfuerzo por ser fiel a la época y usar actores locales, canta un poco que este rubito con esposa rubita tenga más presencia que los cuatro colombianos más protagonistas: es al que más nos acercamos a sus sentimientos y el único del que conocemos su vida personal. Así pues, al final si hacen una concesión al público anglosajón, como si pensaran que era necesario para vender el producto en todo el globo. Por suerte es una elección que una vez sumergidos en la narración no llega a molestar, pues se nota que no fuerzan su relevancia en los hechos y mueven la trama por la combinación de todos los implicados. Es más, tampoco se libra de la crítica constante que hace la serie: lo muestran como un yanqui de pura cepa, de esos que van por el mundo creyendo que todos deben doblegarse a la forma de hacer las cosas de los EE.UU. (ni siquiera se esfuerza en aprender español), así que la compleja realidad de Sudamérica y las inclinaciones políticas de EE.UU. se lo pondrán difícil.

Y por suerte tampoco se descuidan los demás protagonists. Horacio Carrillo es el jefe de policía incorrupto, es decir, el que trata de que todo funcione como es debido, según la ética y las leyes, pero en el mundo inmoral en que vive, su colosal esfuerzo no parece servir para mucho; el actor Maurice Compte capta muy bien la tensión a la que está sometido. En la política, César Gaviria (Raúl Méndez logra otro papel excelente) trata de mantener el tipo tras varios gobiernos corruptos, pero los acontecimientos paracen superarlo también. Mientras, Javier Peña (el carismático Pedro Pascal) es la otra cara de la moneda, el agente asqueado que no duda en usar métodos sucios. La evolución de todos ellos es notable en tan solo diez capítulos, y a pesar de los saltos temporales se ve natural, verosímil. Las numerosas figuras secundarias que aparecen aquí y allá según el tramo de la historia en que estemos suelen estar bien aprovechadas, sin parecer meros objetos de la trama; por ejemplo, el abogado de Escobar, las reporteras que siguen a este último y los altos manos de la CIA siempre aportan algo.

El acercamiento a la vida y psicología de Pablo Escobar, el capo de la droga más poderoso y rico de la historia, es completo y fascinante, porque su odisea dio pie a un sinfín de hechos extraordinarios. Eso sí, me da la impresión de que, al menos con lo expuesto aquí, su trayectoria obedece menos a su tesón e inteligencia que a las circunstancias que permitieron su ascenso. Es decir, tuvo algunas grandes ideas, pero parece que las que funcionaron lo hicieron más porque el camino estaba bastante allanado. Así, se estrelló como político porque no atinaba una y usaba más la intimidación que la inteligencia e influencia, pero acertó al montar laboratorios en la selva y a exportar la droga a EE.UU. porque era una época sin leyes ni intereses que pudieran dificultarle mucho las cosas, y encima prácticamente se tropezó con una población adicta y unos canales de distribución poco vigilados. Cuando empezaron a plantarle cara, sencillamente su domino era tal que entre la fuerza humana a su disposición y el alcance de sus tentáculos (policía y políticos comprados), los pocos que trabajaban contra él no tenían recursos para lograr mucho.

Esa situación social y política que permitió su auge se expone al detalle. Conocemos a los dirigentes de cada momento en Colombia, la situación del pueblo, los intentos por levantar el país, las injerencias de Escobar y la CIA en los acontecimientos… Como resultado, la inmersión en el ambiente de la época es plena. Vives un ambiente real, por exageradas que resultaran algunas situaciones (como la cárcel-hotel que se monta), con toda la miseria, violencia, corrupción y los héroes estampándose contra la realidad (el viaje del político César Gaviria es fascinante). Las obsesiones, ineficacia y cagadas monumentales de los gobiernos se señalan con contundencia, diciendo sin rodeos que si Escobar llegó a donde llegó fue por su incompetencia. Cabe destacar la surrealista la forma de actuar de EE.UU., siempre más obsesionados con aplastar ideologías contrarias a su sueño capitalista que en tratar de arreglar los problemas reales. Así, se empeñaban en perseguir grupúsculos de izquierdas (aunque es cierto que los flipados del grupo guerrillero “19 de abril” terminaron liándola) en vez de poner coto al reguero de muertos que dejaba el mundo de la droga tanto en Colombia como en EE.UU.

Pero no siempre está tan acertados. El empeño en la descripción política no se ve en otra parte esencial: se quedan cortos al describir las alianzas y guerras con otras bandas. Los capitanes de Escobar y los otros capos no están muy bien definidos, y entre los saltos temporales algunos van y vienen sin quedar muy claro quiénes son; ni siquiera su segundo o mano derecha (Gustavo Gaviria) termina de resultar realmente interesante. Y la tensión con otras mafias queda muy en segundo plano, cuando es de suponer que en su ascenso tuvo que luchar bastante. Hasta la parte final en la cárcel no se ahonda más en este sentido. Aparte, Escobar tiene otra pequeña pega: a pesar de que Wagner Moura (una gran estrella en Brasil por los éxitos de Tropa de élite 1 y 2) hace un trabajo monumental mimetizándose en Pablo, no se entiende la elección de un actor de habla portugués, pues por mucho que aprendiera castellano para la serie no puede evitar tener un acento que no pega como colombiano; aquí forzaron (Padilha a la cabeza, supongo) más de la cuenta la búsqueda de una figura reconocible.

PD: Con el tema de los idiomas la serie supone otro gran ejemplo de lo innecesario que es el doblaje: la mitad del diálogo es en castellano, la otra mitad en inglés. ¿Qué sentido tendría cargarse esa realidad lingüista? Y no sé cómo la habrán doblado, pero lo habitual es cargarse los acentos y localismos.

EXPEDIENTE X – TEMPORADA 10.

The X Files
Fox | 2016
Suspense, ciencia-ficción | 6 cap. de 45 min.
Productores ejecutivos: Chris Carter, Glen Morgan.
Intérpretes: David Duchovny, Gillian Anderson, Mitch Pileggi, Joel McHale, Annet Mahendru, William B. Davis, Lauren Ambrose, Robbie Amell, Annabeth Gish.
Valoración:

El retorno de Expediente X abría muchas preguntas bastante obvias. ¿Era necesario extender una serie en la que ni el más acérrimo de sus seguidores negará que se estiró demasiado en su momento, llegando a tener tres temporadas y dos largometrajes prescindibles para la gran mayoría? ¿Abordarían de nuevo la fallida trama seriada, que acabó sin pies ni cabeza y no fueron capaces de arreglar en esas dos películas? Y también, ¿por qué tratar de recuperar un mito cuya esencia (estilo narrativo, éxito y repercusión) está firmemente anclado a una época y situación concretas? Es decir, la televisión y el espectador han evolucionado, ¿qué sentido tiene exprimir una fórmula que no parece muy adecuada a las circunstancias actuales? De hecho el único cambio viene forzado por la forma de la televisión actual: serían seis capítulos en vez de veintitantos.

No sé los demás cómo abordarían el visionado, pero yo fui sin expectativas. Una vez resuelta la primera pregunta, mis esperanzas se vinieron abajo: seguirían tirando de la gastada y descarriada conspiración en vez de aprovechar el potencial y atractivo de las historias sueltas, fueran independientes o a través de una trama más continuada durante esos pocos episodios. Pero llegó el estreno y todos los viejos seguidores nos lanzamos a verla, porque era difícilmente evitable la curiosidad y las conversaciones posteriores. ¿El resultado? La palabra decepción es la que más se lee. La audiencia ha sido buena (aunque no sé si habrá atraído a nuevas generaciones), y apuesto que habrá más mini-temporadas como esta. Pero ojalá los productores miraran también las impresiones generales que ha tenido la gente y, o no hagan más, o si lo hacen que sea tratando de evitar los muchos fallos cometidos. Yo prefiero lo primero: como decía, Expediente X ya tuvo su momento. ¿Es que nadie es capaz de escribir obras originales hoy en día?

El primer problema es el citado: otra vez nos dan la tabarra con una trama que tenían que haber zanjado o al menos planificado mejor desde mediados de la serie, porque empezó a perderse mucho antes de esas tres temporadas donde el nivel cayó en picado. Su creador y guionista principal, Chris Carter, trata de actualizarla y redirigirla, pero hay demasiados tropiezos. El ritmo de la historia (desarrollada en los capítulos primero y último y olvidada por completo en los demás) es precipitado, intentando dar interés más por velocidad que por cuidar la narrativa, tanto desde el guion como en la puesta en escena. Por un lado, los clichés cansinos siguen ahí: el fumador, las cosas sin explicar, las deducciones mágicas de Mulder y Scully… Por el otro, los intentos de actualización no sirven, porque llegan tarde y lo único que hacen es poner más capas de caos encima.

Los otros cuatro capítulos también se quedan muy cortos. Obviamente tratan de emular el estilo de antaño, pero con guiones que no dan la talla y algunas decisiones bastante malogradas. Lo primero que salta a la vista es que a nadie le ha contentado que en cuatro episodios fuercen dos auto paródicos, por muy buenos que salieran ocasionalmente en los viejos tiempos. Y para colmo, uno de ellos es tan malo que muchos ya lo consideran como el peor de la serie. De los más centrados o serios, un caso es tan anodino que se olvida en seguida, mientras que el otro me ha parecido francamente bueno, pero claro, no basta para sostener la temporada. Por si fuera poco, en los dos últimos hacen un amago de renovar la saga con nuevos personajes… Pero la cagada es monumental. Esa especie de imitación y parodia que hacen de Mulder y Scully con dos jóvenes parecidos (más bien iguales) a ellos en los inicios de la serie es de un ridículo e inmadurez que espanta.

En cuanto a la ejecución, también arrastra muchos más peros que aciertos. Gillian Anderson está muy implicada, logrando un papel muy intenso, pero David Duchovny va con el piloto automático puesto, como si no tuviera ganas de estar ahí. En la puesta en escena Carter trata de seguir el estilo de la serie… un estilo de hace veinte años: la narrativa encorsetada en conversaciones basadas en primerísimos planos ofrece como es obvio un aspecto demasiado anticuado y limitado. Sólo en el cuarto y en el sexto se nota algo más de ambición o buen hacer, abriendo un poco más el encuadre y jugando mejor con el entorno. La atmósfera depende de una combinación de guion y dirección, y como sólo funciona realmente en el cuarto episodio, sólo en él tenemos un ambiente sombrío, intrigante y con dosis de misterio y terror como las que nos hacía vivir la serie cuando todavía era buena.

Tras el salto incluyo un análisis por capítulos.
Sigue leyendo

HANNIBAL – TEMPORADA 3 Y FINAL.

NBC | 2015
Suspense, drama | 13 cap. de 45 min.
Productores ejecutivos: Bryan Fuller, Sidonie Dumas, Martha De Laurentiis, Katie O’Connell, Christophe Riandee…
Intérpretes: Huhg Dancy, Mads Mikkelsen, Caroline Dhavernas, Lawrence Fishburne, Gillian Anderson, Tao Okamoto, Fortunato Cerlino, Raúl Esparza, Katharine Isabelle, Richard Armitage, Rutina Wesley, Joe Anderson, Nina Arianda.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo a fondo todo lo que ocurre, incluyendo el final.–

La tercera temporada de Hannibal pierde fuelle, decepcionando, aunque sea ligeramente, a la mayoría de sus seguidores. Con esa nueva bajada de audiencias, la cadena NBC ya se quedó sin excusas para mantener la serie, y terminó cancelada. Aunque eso sí, también ha podido ser un factor importante el hecho de que no tenían los derechos de El silencio de los corderos, la novela en que se basarían las próximas aventuras. En cierta manera funciona como desenlace cerrado, pues cada sesión relataba una parte de la vida de Hannibal Lecter, pero es una pena que no tengamos más historias del temido asesino caníbal. Ahora bien, este bajón de calidad también podría haberse extendido en el futuro… Es algo que nunca sabremos, porque las esperanzas en que otro canal, tipo Netflix, la recupere, se desvanecieron rápido al fichar cada actor e incluso su creador, Bryan Fuller, en nuevos proyectos.

Este año, al igual que el anterior, se puede dividir en segmentos claros. Esta vez son más, hasta cuatro si hilamos fino. El primero presenta la nueva vida de Hannibal en Florencia, Italia, con Bedelia Du Maurier a su lado. El segundo, que danza a la par durante un tiempo, nos va mostrando los intentos de los demás protagonistas por encontrarlo y darle caza. El tercero, con salto temporal incluido, expone el nacimiento de El Gran Dragón Rojo, el otro gran asesino de los libros, ante el cual terminan recurriendo a Hannibal de nuevo. Y podemos incluir un cuarto, con enfrentamiento entre Will y Hannibal, que dada la cancelación se va a quedar como enfrentamiento final. Todas estas tramas tienen gran parte de las virtudes presentes en las dos magníficas etapas previas, pero algo diluidas entre una serie de carencias y deslices que limitan su potencial, su capacidad de provocar atracción y repulsa a la vez, conformando una año irregular que produce cierto desencanto.

Me he quitado mi traje de persona –Hannibal.

Los pasos iniciales de Hannibal en Italia están muy bien. La dinámica con Du Maurier es inquietante, la pobre mujer ha caído en las garras de este psicópata manipulador y no ve forma de salir de su cautiverio emocional. La situación evoluciona con claridad y manteniendo bastante bien el interés. Hannibal va fabricándose una posición de lujo en un ambiente que le gusta, el mundo del arte, y Du Maurier (Gillian Anderson se luce ahora que tiene más tiempo) sucumbiendo cada vez más al control mental del primero. La forma en que la hace cómplice de asesinatos, los amenazadores baños y las más angustiosas comidas (atención a las conversaciones sobre caracoles) ofrecen momentos de gran intriga en un ambiente enfermizo, de forma que en los dos primeros capítulos se mantiene casi intacta la atmósfera de la serie… Casi, porque le falta algo. Da la impresión de que esta transición daba para menos y se debería haber enlazado más rápido con el retorno de los demás personajes: va despacio, recalcando demasiado lo obvio, y recurriendo a más secuencias artísticas y oníricas de la cuenta para rellenar tiempo.

También le pesa que se enlaza con el fallido inicio del segundo tramo. Fuller y demás guionistas hacen malabares para justificar que prácticamente todos los protagonistas están vivos después de la masacre en casa de Hannibal. Primero tenemos la sensación de engaño, de que aquel sobrecogedor capítulo al final fue puro humo. Esto se acrecienta con el juego absurdo que se trae durante un episodio entero tratando de hacernos creer que Abigail Hobbs estaba viva también, para que luego resulte ser la única realmente muerta. Segundo, para exponer su situación actual y explicar cómo sobrevivieron se apoya en una caótica mezcla de enredos visuales (flashbacks y montajes varios) y escenas monótonas con cada uno tratando de levantar cabeza. Cuánto enredo y lentitud (la secuecia de las catacumbras se hace eterna) para transmitir tan poco, cuando antes la serie mantenía un tono seductor y un ritmo con más nervio que te atrapaban con fuerza. Y como digo, resulta que todos están vivos… ¡hasta Chilton, al que vimos cómo una bala le atravesaba la cabeza! Además, a quién querían engañar retrasando hasta tres o cuatro capítulos la reaparición de Will, Jack y Alana si vemos los nombres de los actores en los créditos…

Parecía que con la persecución a Hannibal el interés iba a aumentar, pero tras recuperar a los personajes nos vamos a un bache monumental: el viaje de Will a la casa donde Hannibal se crio es aburrido y está lleno de agujeros de guion. Chiyo es un rol inverosímil en todos los sentidos: su corta edad no encaja con los hechos, no hay manera de creerse que viviera sola en el campo (si es que parece que acaba de salir de manicura y maquillaje) y no se explica su atracción por Hannibal y su partida en su búsqueda, ni tampoco por qué desaparece luego sin más.

Pero me temo que una vez sumergidos de lleno en la caza, con cada protagonista haciendo sus propias indagaciones y pensando en un destino distinto para el caníbal, el panorama no es tan fascinante como prometía. Es muy interesante cómo Alana se alía con los locos de los Verger, funciona la introducción de Rinaldo Pazzi y su cruzada, el viaje externo e interno de Will y Jack sigue resultando atractivo… pero entre el rumbo inconsistente y falto de pegada (desvíos innecesarios por un lado y cosas relevantes sin explicar por el otro), ninguna sección llega a desplegar todo el potencial latente. Por ejemplo, por fin fallece la mujer de Jack, pero no parece aportar nada, porque han extendido demasiado lo inevitable y era una trama que tenía que haberse cerrado en la sesión anterior, cuando estaba en primer plano. Y en las ausencias incomprensibles tenemos la investigación de Alana, que se supone primordial pero no se expone, sólo se menciona. Logra rastrear a Hannibal y montar un elaborado plan para capturarlo sin salir de la mansión y sin que veamos ninguna acción real por su parte. Siendo la serie un thriller policíaco sobre la persecución de un gran asesino en serie, no puedes pasar tan descaradamente de uno de los momentos más llamativos en esa línea. Al menos, Will y Jack llegan a Florencia con pistas e intuiciones bien explicadas.

El encuentro entre Rinaldo y Hannibal, la brutal pela con Jack y la captura por parte de Alana y los Verger, son los mejores momentos de la temporada, pero por desgracia son partes sueltas en capítulos dispersos y desaprovechados, con lo que no causan el impacto que podrían. La estancia entre los Verger, los giros que cambian la situación y acaban con Hannibal a la fuga otra vez, son asombrosos, pero tampoco te dejan pasmado como deberían, porque de nuevo se basa en instantes sueltos, no se consigue un entorno tan angustioso y sugestivo como antes.

Cuando Hannibal se entrega, porque ve que si huye ya no lo van a seguir y quiere mantenerse cerca de esta gente que tanto le atrae (en especial Will), empieza el otro gran arco, y el que mejor resulta: el nacimiento y persecución de El Gran Dragón Rojo. Esta figura es inquietante y perturbadora como se esperaba, en gran parte por la colosal interpretación de Richard Armitage (Thorin en El Hobbit), que logra unos gestos tanto con el rostro como con todo el cuerpo que producen verdadero temor, y en parte porque su evolución es casi magistral. Su psicología resulta entre cautivadora y espeluznante. Su nacimiento, la relación con la chica ciega (Rutina Wesley de True Blood), Jack recurriendo a Will y luego los dos a Hannibal, con lo que Il Mostro está otra vez en su salsa manejando a todos… Las intervenciones de Alana, Chilton y Freddy Lounds, las cagadas ante las manipulaciones de Hannibal (el destino de Chilton)… Hay bastante enjundia y numerosos golpes fantásticos (el intento de asesinato a la nueva familia de Will acojona, la escena del Dragón comiéndose la pintura es memorable), y se saca gran partido de los personajes, pero aun así no es capaz de alcanzar el nivel de las temporadas anteriores. Con la incapacidad para ir al grano con determinación que muestra esta etapa (incluso tiene algún receso incomprensible) se pierde un poco de intensidad en el ambiente insano y amenazante. Por ejemplo, no sé qué sentido tiene explicar a estas alturas (en el 309) cómo Hannibal fingió la muerte de Abigail, algo totalmente innecesario que consume un montón de tiempo y rompe el ritmo.

Para terminar tenemos un desenlace un tanto forzado. Quizá Fuller se veía venir la cancelación y metió a la fuerza el enfrentamiento entre Will y Hannibal, o quizá era el arco final que tenían pensado, pero sea como sea, no está bien ejecutado, resulta precipitado y poco justificado. Primero, el repentino interés del Dragón por Hannibal está cogidísimo por los pelos. Segundo… ¿Me estás diciendo que planean simular la fuga de Hannibal arriesgando la vida de varios agentes (que acaban muertos bien pronto), sólo por una remota posibilidad de que El Dragón Rojo vaya a por él y puedan cargarse a los dos fuera de la ley? No, eso no encaja con los buenazos de Will y Jack, y Alana no se quedaría quieta ante un plan tan descabellado. Ha faltado mucha meditación en esta parte, escribirla con más detenimiento para conseguir que sea más verosímil e impactante. La pelea guarda cierta tensión y visualmente es impresionante, pero su desenlace falla. El plano de Hannibal y Will cayendo por el acantilado es predecible y encima parte de un truco de montaje tramposo para poner a Will ante Hannibal cuando en un plano antes lo vemos caído tres metros más allá.

Y para colmo, como epílogo nos ponen otra escena desubicada y poco creíble incluso en el tono de fantasía habitual, quedando como un golpe de efecto malogrado: Du Maurier con su pierna amputada y cocinada mientras espera a Hannibal. No tiene ni pies ni cabeza: ¿se lo ha hecho ella sola, sin saber cirugía, sin algo parecido a un quirófano?, ¿y espera recalentar la pierna todas las noches hasta que aparezca Hannibal? Además, de haber ocurrido algo parecido, tendría que haber sido justo tras la huida de aquel de Italia.

Es imposible no preguntarse cómo con tanto contenido aparente el año resulta tan lento, apagado y desequilibrado. Visto en conjunto puedes recordar buenas historias, grandes momentos, giros inesperados por doquier, personajes excelentes en situaciones asombrosas y con una evolución notable… Pero capítulo a capítulo se ha ido atascando en todas esas carencias y errores mencionados, llegando en algunos tramos a aburrir. Es una pena que Fuller haya fallado un poco en una etapa tan prometedora. Queda una buena temporada, pero no una buena temporada de Hannibal, con lo que se despide dejando un regusto algo amargo.

PD: Michael Pitt no quiso o no pudo repetir como Mason Verger y fue sustituido por Joe Anderson; con lo deforme que quedó se disimula bastante bien.
PD2: El sistema ético vigente en EE.UU. resulta demencial: sólo censuraron unos pocos planos con gore excesivo, y aun así resulta una serie grotesca y asquerosa que sorprende ver en una cadena en abierto. Pero en cambio son tan mojigatos en el tema sexual que llegan a emborronar La Primavera de Botticelli porque las mujeres retratadas llevan transparencias (donde realmente no se ve nada). La escena de sexo entre Alanna y Margot sí es más subida de tono, pero joder, que no se veía nada más que el contorno de sus cuerpos, y le ponen un borrón negro encima ocupando media pantalla. Por suerte hay una edición en Bluray/dvd sin censurar, aunque habrá que ver en qué países se edita o no. En movie-censorship podéis entreteneros en ver la comparativa de todos los cortes y censuras.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

TRANSPARENT – TEMPORADA 2.

Amazon Video | 2015
Drama, comedia | 10 cap. de 30 min.
Productores ejecutivos: Jill Soloway.
Intérpretes: Jeffrey Tambor, Gaby Hoffmann, Amy Landecker, Jay Duplass, Melora Hardin, Judith Light, Carrie Brownstein, Alexandra Billings, Cherry Jones, Kathryn Hahn.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay detalles que se podrían considerar spoilers, pero no muy grandes.–

La segunda temporada de la agitada vida de los Pfefferman sigue explorando sin miedo ni tapujos los recovecos de las relaciones y la sexualidad humanas en aspectos poco o nada tratados en otras obras, es decir, abarca un rango de diversidad sexual que sigue siendo tabú para mucha gente y por tanto pocos autores se atreven a retratar.

Maura continua lidiando con su tardía salida del armario, y nos adentramos más en sus miedos y esperanzas. ¿Debe operarse, tomar hormonas? ¿Quién querrá mantener una relación amorosa con ella teniendo pene y el físico de un anciano? ¿Hasta qué punto se respeta su forma de ser si incluso en una comuna lesbiana es mirada mal por haber nacido como hombre? Amy empieza con un gran bache, pues en el último momento duda de si la boda es un paso que está preparada para dar. A partir de ahí va dando tumbos, buscando su camino en el mundo. Y no nos olvidamos de la perspectiva de Tammy, que sufre las consecuencias.

Ali continua en otra búsqueda, la de su identidad personal y sexual; ve en una profesora mayor un ejemplo que seguir y acaba encaprichada de ella. Josh y su relación con la predicadora sufre traspiés colosales por su incapacidad para entender los sentimientos propios y ajenos, y por no saber agarrar su vida con determinación. Los secundarios encantadores, como Shelly, Davina o Syd, siguen formando parte crucial de estas vidas, y se suman otros, como el cordial y sereno reverendo Buzz.

Tenemos un sinfín de situaciones alocadas y giros dramáticos, otras tantas escenas ofrecen un hermoso canto a la vida y la diversidad, y también hay mucha sutileza, pues un suspiro o mirada puede definir lo que piensa alguien. Todo esto va llevando a los protagonistas a orbitar la tragedia, aunque sea en el tono ligero y con ironía propio de una buena dramedia, y desde ahí aprenderán algo de sí mismos tarde o temprano. En el caso de Amy y Josh parece ser más bien tarde. Este año ella no termina de llegar a un punto de inflexión claro, manteniendo su trayectoria bastante abierta. Y él va en el sentido contrario a los demás, es decir, sin levantar cabeza: acumula incomprensión y rabia hasta que explota en aquel genial viaje con la furgoneta nueva. Entre las mejores historias destacaría: la caótica boda, el posterior cabreo de Tammy irrumpiendo en la fiesta en la piscina, Raquel viendo que Josh no es para él, la citada compra y viaje en furgoneta, la emotiva reunión final de los hermanos bañándose en la piscina, el campamento de lesbianas y todo lo que ocurre en él…

Pero la temporada baja un poco el nivel respecto a la anterior, de hecho los capítulos intermedios llegan a ser un tanto descentrados y terminan aburriendo un poco a pesar de su corta duración y la simpatía de los personajes. Primero, porque acusa un fallo que ya se veía en esa etapa: la historia avanza en pequeñas dosis, pareciendo a veces un resumen, no dejando que los acontecimientos calen del todo en el espectador antes de saltar al próximo giro importante en estas vidas. En otras palabras, falta fluidez, naturalidad, en el desarrollo del día a día. Esta arritmia se agrava con los flashbacks a los años treinta en Alemania, que inicialmente resultan confusos, luego cargantes, y al final vemos que no sirve para nada relevante, que esta historia no aporta enjundia a los protagonistas. Así, vuelve a dar la impresión de que o diez capítulos son pocos o se corre demasiado, desaprovechando la fuerza innata de los protagonistas y diluyendo un poco el potencial de las historias que viven.

Ver también:
Temporada 1.