EL MANDALORIANO – 208 – EL RESCATE

The Rescue
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Peyton Reed.
Valoración:

Sinopsis:
Mando y su tropa van al rescate de Grogu asaltando el crucero imperial de Moff Gideon.

Resumen:
Mando, Fennec Shand, Bo-Katan y su amiga se abren paso a tiros, aprisa para que los Soldados Oscuros no se activen y Moff Gideon no tenga tiempo a reaccionar. En cambio Boba Fett se larga, y no se explica por qué.

Alcanzan el puente de mando y a Grogu, pero tienen que enfrentarse a Gideon y a los Soldados Oscuros. Pero un Jedi llega al rescate en el último momento.

Mando se despide de su protegido. Boba Fett sigue su camino, acompañado por Fennec Shand. Bo-Katan ha conseguido lo que quería pero ahora no lo quiere.

Análisis:
Alerta de spoilers: Destripo el episodio a fondo. —

Para el final de temporada han optado por abusar de fuegos artificiales. Sólo unos pocos brochazos sobre el universo planteado y la trama se dejan caer en una orgía de tiroteos poco trabajada y con más agujeros que giros atractivos. El ritmo trepidante a base de acción, sobrecarga de efectos especiales y música insistente, más el abuso de nostalgia en el tramo final, parecen haber extasiado a millones de espectadores que se contentan con bien poco. Pero a mí todo me ha dejado muy frío, y cuanto más analizo objetivamente el capítulo, más desastroso me parece.

Empezamos con la persecución a la lanzadera donde va el doctor que experimenta con Grogu, Pershing. Se puede suponer que habrán hecho un seguimiento al crucero y sus objetivos principales, pero no me convence, saltamos muy de sopetón de numerosos episodios de relleno intrascendente a estar en plena faena relacionada con la trama principal. En el encuentro con Bo-Katan también puedo aceptar que indagan o quedan fuera de pantalla para ahorrar tiempo en cosas innecesarias… pero entonces no me metas luego esa pelea propia de adolescentes para darle más tiempo a los personajes.

La siguiente escena es toda ella un sinsentido. Planifican de mala manera (como es habitual) el asalto al crucero, pero no queda claro si han secuestrado al doctor buscando información sobre la nave, porque lo tienen ahí mirando sus planes (menudo agujero de seguridad) pero no le preguntan nada, y de repente sale de él solito darles respuestas, como si tuviera alguna rencilla con el Impero o Moff Gideon que no se ha llegado a exponer. Y sin tener certeza sobre nada, se ponen a asaltar el crucero improvisadamente, como es costumbre de estos mercenarios supuestamente veteranos.

La entrada en la nave capital es espectacular, una combinación de los impecables efectos especiales y el único momento en que Jon Favreau se ha esforzado por narrar algo interesante y coherente. Pero en adelante se pasean por los pasillos pegando tiros y más tiros sin que parezca que tienen claro hacia donde van. Los personajes tanto como los autores de la serie, digo.

El que sí se va apenas empezando la misión es Boba Fett, sin que se expongan razones, a pesar de que dijo que no dejaría a Mando hasta tener a Grogu a salvo. Y hubiera venido bien su ayuda para acabar con los Soldados Oscuros, esos que lanzan al espacio y luego se olvidan de ellos, aun habiendo visto y sufrido su capacidad para volar. Lo dicho, vaya pandilla de incompetentes nos han mostrado a lo largo de la serie. O traducido: qué vagos son los guionistas.

En el proceso de abrirse paso a tiros no hay nada que rescatar. Los soldados imperiales caen como moscas, como siempre. Supongo que por eso las dos del equipo que no llevan armadura de beskar van al frente, escondiéndose pocas veces, mientras las que sí lo tienen van más tranquilas en la retaguardia, porque pasan de todo, sólo quieren la Espada Oscura. Alternamos también escenas de forzada tensión con los Soldados Oscuros despertándose. Hay muchas cosas oscuras aquí, pero tétrico o inquietante, nada. Cada segundo que pasa es crucial…pero todos van andando, no se han estudiado bien las rutas… Lo que sí está bien estudiado son los tiempos, cada situación está encajada por la fuerza para intentar impactar, justificar cosas, etc. Los soldados tardan en arrancar lo justo para tener antes escenas de acción varias, Mando llega justo a tiempo para que salga solo un soldado, y así sucesivamente.

No tengo nada en contra de que nos ofrezcan un grandilocuente episodio de acción. Pero eso no se ve por ninguna parte. Si el guion es paupérrimo, la dirección de Peyton Reed (el de Ant-Man -2015-, que ya dirigió La pasajera) no consigue levantar el listón. No hay virtuisismo ni parece que ganas en la puesta en escena, no hay imaginación en los escenarios ni se cuida la credibilidad. Lo único que hace el director es grabar a los actores corriendo hacia adelante con la pistola en alto (lo que en varios momentos resulta tan cutre como cómico), y ya apañarán algo con efectos sonoros y música en postproducción. Al menos el montaje no es nefasto como en el episodio de Robert Rodríguez, La tragedia. Pero es comparar con el anterior, El creyente, en manos de Rick Famuyiwa, y resulta muy decepcionante que un momento cumbre sea tan limitado, soso, mientras otro de relleno resulte espectacular. Sólo la lucha de Mando contra el soldado y luego contra Gideon tiene algo de fuerza y de tensión, pero no como para deslumbrar, y desde luego no hay sorpresas en el discurrir de ambos choques.

Al hacerse con Grogu y el puente de mando parece que vamos a dejar de lado el acto de acción y entrar en el grueso de la línea argumental. Pero esta venía siendo muy ramplona, y no aporta nada que sorprenda, todo se ve venir. El retorno de los soldados chungos, Gideon siendo rastrero hasta el último momento, el aislamiento en el puente forzando un momento de incertidumbre, y un jedi al rescate, el más obvio además. Hasta los diálogos te los puedes imaginar antes de que los digan, tan fácil y previsible resulta todo. Algunos dan especial lástima, como Gideon diciendo cual crío de colegio “si apenas has podido contra uno, verás ahora”.

Llegando al clímax, de nuevo la atmósfera de tensión no podía ser más facilona y conveniente. Favreau necesitaba retrasar la entrada de los Soldados Oscuros en el puente para generar tensión, y no se le ocurre que estos busquen alternativas, conductos de ventilación, atravesar las cristaleras para acceder desde el exterior, ni tantean hacer un corto para abrir la puerta al estilo R2… En resumen, algo que dé la impresión de que pasan cosas reales, y algunas que los protagonistas no pueden controlar, generando así algo de inquietud por las dificultades que enfrentan. Lo único que hace esta generación superior de androides es… ponerse en fila y golpear la puerta, lo que da más risa que otra cosa. ¿Cuánto se ha gastado el Imperio en estas tropas?

Los protagonistas tampoco hacen ademán de buscar soluciones, volviendo a quedar como unos patanes. Y todo porque Favreau se ha atado al deus ex machina de turno. Pero si quería un buen episodio, debería haberse esforzado más, habernos despistado con los personajes trabajando en algo útil en vez de dejarlos pasmados mientras la narrativa se centra en forzar la supuestamente dramática y sobrecogedora entrada en acción del jedi. Tenemos música épica, hostias épicas, música épica, hostias épicas… y así hasta agotar la paciencia. Que pase algo, por favor. ¿Y la gente aplaude esto?

Al final hemos tenido algo, pero muy poco.

Bo-Katan no se puede llevar el sable oscuro ese, pobrecita, porque el honor no se lo permite, ya que no lo ha ganado en combate. La que se reía de que Mando no se quitara el casco y vive de hacer una guerra sucia, por no llamarlo terrorismo, se va a poner ahora tiquismiquis. Aparte, leo por internet que esto de “ganarse el sable” contradice al “canon”, porque ya se sabe, esta historia que no se han dignado en desarrollar adecuadamente aquí referencia a no sé qué serie animada, cómic, videojuego o lo que sea, de esos que además un día son canon y al siguiente no.

La llegada de Luke Skywalker permite que Mando cumpla su misión. Hay una buena despedida lacrimógena, pues la conexión entre el mandaloriano y baby-Yoda era fuerte. Pero la situación es en conjunto muy anticlimática, otro intento de desviar nuestra atención de la realidad con sentimentalismo, porque en el fondo no hay contenido alguno. Hemos tenido al doctor Mengele, a Hitler-Gideon, la infiltración en su guarida, a todos los héroes juntos, la batalla final, Luke llevándose esta versión mini de Yoda… pero ninguna respuesta, ni tan siquiera una nueva pista, un somero avance en las historias presentadas. Nos vamos con un artificial subidón, pero totalmente vacíos de hechos tangibles y resoluciones.

Por no decir que la esperpéntica recreación de un Luke más joven de lo que está Mark Hamill ahora (hablamos de treinta años al menos) me terminó de fastidiar la pobre escena completamente. ¿Cómo hay espectadores entusiasmados? Que nos han clavado un “deep fake”, una superposición de caras, de esos que hacen amateurs en Youtube y Twitter, en una serie de presupuesto descomunal, con Disney, ILM y décadas de experiencia con efectos especiales detrás. Lo han hecho los mismos que reconstruyeron a Leia y a Tarkin rozando la perfección, el realismo absoluto. Madre mía, qué destroce, qué risas. Y la gente haciendo la ola. Podrían haber puesto un muñeco inerte y aplaudirían igual. Y si fuera en su embalaje original quizá más.

Fennec Shand y Cara Dune de nuevo no aportan nada, han quedado como extras para hacer bulto; y no digamos Koska Reeves, la otra mandaloriana, de la que he tenido que buscar su nombre; supongo que por darle algo de protagonismo a esta última metieron la pelea estúpida en la cantina. Que Fennec se vaya a su propia serie con Boba es una ganancia para la presente, a ver si allí se la curran más. También decepcionan la primera oficial de Gideon, que desaparece o muere en segundo plano durante el tiroteo, y el doctor Pershing, que parecía importante pero tras su incomprensible escena también se olvida por completo, no se sabe si lo han ejecutado, detenido o qué.

Y después de quedarme con la sensación de engaño, de que esto es un coladero de agujeros de guion, vagancia de los escritores, trucos burdos de nostalgia y merchandising, incluyendo la escena postcréditos que sale de la nada (porque motivaciones de esos dos personajes que la expliquen no se han mostrado), empiezo a pensar también en las incongruencias que genera en la saga en general: a ver cómo justifican que Grogu y su relación con Luke, y Ashoka, no hayan tenido influencia alguna en la trilogía de secuelas.

La única escena que me ha gustado de todo el capítulo es la de los pilotos de la lanzadera intentando sobrevivir en un universo caótico y violento. Parece propia del anterior, El creyente, por su descripción del entorno, sus diálogos sencillos pero ágiles y con un toque de humor negro. El resto va cuesta abajo y sin frenos.

Y este episodio tiene un 9.9 en IMDb, y leo a gente diciendo que casi llora (y no de vergüenza ajena, sino de emoción), y los directivos de Disney toman nota de lo que quiere el público generalista, lo que vende, y me llevo las manos a la cabeza por lo que podemos esperar en las once… ¡once!… nuevas series que hay proyectadas…

Por otro lado, esto parece el final de la serie, aunque Disney asegura que habrá más temporadas. Y no puedo evitar pensar que en vez de seguir con el tema mandaloriano, con Mando uniéndose a Bo-Katan, tendremos un reset y vuelta al statu quo en los primeros minutos del primer capítulo del siguiente año, con algo que impida que Luke se quede con baby-Yoda y este vuelva a manos de Mando. No creo que abandonen el personaje-muñeco probablemente más rentable de la historia, ni que tengamos al cutre-Luke por ahí como personaje secundario.

PD: El 17 de diciembre falleció Jeremy Bulloch, quien estuvo bajo el traje de Boba Fett en la trilogía original, en El Imperio contraataca y El retorno del Jedi. Como ocurrió con Darth Vader, su voz fue doblada. Tenía 75 años, y llevaba varios sufriendo parkinson. Era habitual en las convenciones, por lo visto muy agradable con el público.

<- 207| El creyente

EL MANDALORIANO – 207 – EL CREYENTE

The Believer
Guion: Rick Famuyiwa.
Dirección: Rick Famuyiwa.
Valoración:

Sinopsis:
Buscan la ayuda de Mayfeld para localizar el crucero imperial de Moff Gideon, y propone asaltar una refiniería aislada y acceder ahí a un terminal.

Resumen:
Cara Dune usa sus credenciales de marshal para sacar a Mayfeld de un campo de trabajos forzados de la Nueva República. Le proponen una aventura que lo aparte de la monotonía un rato: ayudarlos a encontrar el crucero imperial de Moff Gideon. Recomienda asaltar una refinería aislada y acceder desde allí a un terminal informático mediante sus viejas credenciales del Imperio.

Mando y Mayfeld se hacen pasar por soldados imperiales para infiltrarse, pero enfrentan algunas dificultades: el ataque de rebeles locales, la presencia inquisitiva de un oficial que no les quita ojo… Al final se abren paso a tiros, con ayuda de Cara Dune y Fennec Shand como francotiradoras y Boba Fett con su nave. Por la colaboración de Mayfeld, deciden dar parte de su defunción y dejarlo libre.

Mando envía a Moff Gideon un mensaje amenazando con ir a rescatar al pequeño.

Mejores frases:
-Mayfeld: Yo solo digo que todos somos iguales. Todos tenemos unos límites que solo traspasamos en apuros. Para mí, si consigues pasar el día y dormir por las noches, te va de lujo.

-Mayfeld: Estuve en Burnin Konn.
-Valin Hess: ¿Burnin Konn? Fue un día duro. Tuve que tomar decisiones desagradables.
-Y tanto. Arrasaron con la ciudad y sus habitantes. Perdimos a toda la división. Habría 5.000 ó 10.000 personas.
-Sí. Todos son héroes del Imperio.
-Sí. Todos muertos.
-Un pequeño sacrificio por el bien común.
-Depende de a quién se le pregunte.
-¿Qué insinúa, soldado?
-A esa gente, la que murió… ¿le hizo algún bien? A sus familias. A mis compañeros. Los pobres civiles murieron defendiendo sus hogares y luchando. ¿Les hizo algún bien?

Análisis:
Con dos aportaciones a El mandaloriano como guionista y tres como director, Rick Famuyiwa me empieza a parecer un autor con más inspiración y que pone más esfuerzo en lo que hace que los principales productores, Jon Favreau y Dave Filoni. Suyas son las historias más trabajadas, con personajes secundarios más llamativos, y los escenaros de acción mejor ejecutados.

En El niño sólo dirigió, pero levantó bastante un guion insulso. En El prisionero se quedó algo corto en guion, pero al menos aportó una serie de situaciones y un grupo de secundarios con más garra de lo habitual, y en la puesta en escena estuvo impecable, superando los desastres de otros directores en episodios previos. Y en este El creyente deja mejores sensaciones, se lo ve cada vez más cómodo. El escenario, el desarrollo de la misión, el cuidado del entorno y el detalle, los personajes secundarios y los diálogos son bastante enriquecedores después de varios capítulos endebles e insustanciales (algunos con la gravedad de anunciarse como cruciales en la trama global). La puesta en escena también ofrece un acabado mucho más redondo, resultando un espectáculo muy gratificante.

En la chatarrería se nota bastante el límite entre decorado y el fondo hecho con la tecnología Stagecraft, pero la selva luce de maravilla, la combinación de imágenes reales y esfectos especiales es imperceptible. Sabes que las peleas en el techo del vehículo se han rodado en estudio con pantallas de fondo, pero la inmersión, el engaño, es total, porque Famuyiwa imprime un ritmo casi estresante, maneja el escenario con soltura, deslumbrando con las coreografías y rematando todo con un montaje brillante.

Está claro que los protagonistas se saldrán con la suya, pero hay momentos de tensión por doquier, tanto en la carrera por los caminos como en la infriltración en la base. El clásico asalto al tren está bien desarrollado, con cada fase bien exprimida en cuanto a variedad de situaciones y golpes, con momentos de humor bien insertados. La incursión entre las tropas imperiales cambia por completo hacia el suspense, pero todavía te pone de los nervios. Y cuando aparece el oficial pesado buscando las cosquillas, terminas aguantando la respiración: ¿cuándo estallará todo?

Por fin vemos a Mando sin casco, y Pedro Pascal no desaprovecha el momento, todo el desconcierto y nerviosismo se ven en su rostro. Bill Burr (Mayfeld) va progresando de la resignación inicial al disimulo cuando entran en la base, y termina explotando de rabia de forma magistral. Sus escenas en el camión tienen diálogos sencillos pero con el toque justo de ingenio y sentimiento. Y es que todo el episodio resulta un estupendo proceso redentor de un personaje secundario que parecía haber sido de usar y tirar pero ahora estoy deseando volver a ver. Para rematar, hay buenos juegos con la ambigüedad moral de la galaxia, alejándolo de la simplista visión de “Imperio malos, República buenos” en que muchas veces parece atascarse la saga.

Pero mientras tanto, Cara Dune y Fennec Shand siguen sin levantar cabeza, y la falta de carisma de Gina Carano y Ming-Na Wen no ayuda. Qué poco me dicen, qué poco siguen aportando. Que Boba Fett esté tan relegado puedo perdonarlo, apenas es su segunda aparición y el protagonismo está centrado en otros, pero estas dos ya llevan varios episodios, y parece que los productores no saben qué hacer con ellas. De hecho, su presencia está muy mal justificada, podíamos haber tenido la huida sin ellas, simplemente poniendo a Fett con su nave dando caña. Así eliminaríamos un gran agujero de guion: se recorren la selva andando (nada indica que usaran la nave, además de que cabe pensar que está bien apartada para no ser descubiertos), lo hacen además campo a través, y aun así tardan menos que los otros dos con el camión por caminos.

También arrastramos un par de detalles ya enquistados en la saga y en esta serie. Mira tú por dónde, esta vez los imperiales sí tienen una excelente puntería, en contra del ridículo que suelen hacer. Y la la aparición final del villano para recordarnos el objetivo y forzar la intriga me sobra, es muy de serial anticuado.

Aun con sus posibles mejoras, esto es lo que debería ser un episodio medio, de relleno, de transición, de El mandaloriano. Una aventura no especialmente ambiciosa en contenido pero sí con dosis justas de acción, drama y humor, personajes que calan con una sola o pocas apariciones, buen envoltorio de La guerra de las galaxias, y un espectáculo de calidad propiciado por un acabado visual de primera.

<- 206| La tragedia 208| El rescate ->

EL MANDALORIANO – 206 – LA TRAGEDIA


The Tragedy
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Robert Rodríguez.
Valoración:

Sinopsis:
Mando llega con su protegido al mundo donde este debería conectar con su lado jedi, pero en el proceso los alcanzan cazadores de recompensas y tropas imperiales.

Resumen:
Mando lleva a Grogu al templo al que lo remitió Ashoka Tano para que medite, pero las tropas imperiales de Moff Gideon atacan. Cuenta con la inesperada ayuda de Boba Fett y Fennec Shand, pero aun así son superados. El crío es secuestrado, y Mando va en busca de Cara Dune para que lo ayude a rescatarlo.

Análisis:
Si El mandaloriano va a fallar en lo único que la mantenía a flote, apaga y vámonos. En cuestión de dirección Carl Weathers había bajado bastante el listón en El asedio (204), pero Robert Rodríguez ha llegado para continuar por esa línea. Cierto es que otros capítulos han resultado peores por tener guiones chapuceros. Pero este, que se basaba en golpes de efecto y giros emocionales, debería haber contado con un acabado más cuidado para poder causar buenas impresiones, y se va al lado contrario, rozando la chapuza.

Pero no sólo la serie decepciona otra vez. En los foros donde me muevo hay más nivel, y los problemas que arrastra se comentan cada vez con más pena, pero el grueso más ruidoso del fandom está sumido en una especie de sueño febril alucinatorio, no se aceptan críticas, la serie es maravillosa, en cada episodio hablan del resurgir de La guerra de las galaxias al nivel de la trilogía original. Se llegan a ver ridículos como está crítica de Espinof. Vale que ya desde que se llamaba Blogdecine era un nido de clicbaits y polémicas gratuitas para buscar visitas, igual que toda la familia (Xakata y demás), pero por desgracia, conforme la calidad ha ido huyendo del sitio la popularidad e influencia ha ido creciendo, y casi cualquier búsqueda de cine o series que hagas en Google te referencia a este portal. Y como ya he comentado, si en Disney acaban pensando que esta es “La guerra de las galaxias que quiere la gente”, pues estamos apañados.

Acción intensa y cuatro planos aéreos permitidos gracias al gran presupuesto no significa una buena labor de dirección. Cuando llega una escena compleja se ve la realidad. La planificación tosca, la nula visión del entorno y del progreso dramático, las fallas en credibilidad, el montaje torpe…

Esos enemigos que salen diez de la nave y en otro plano son veinte, y luego cuando han muerto por lo menos una docena sigue manteniéndose el número. Esos protagonistas que disparan a voleo sin ponerse a cubierto, obviamente a sabiendas de que por mucho soldado con armadura que haya, son unos inútiles con trajes vistosos de cartón y caerán como moscas, esas carreras por crestas a la vista de todos mientras te disparan con ametralladoras, en vez de resguardarte con un paso al lado más que evidente… Esos soldados imperiales que se quedan quietos esperando la muerte (el tío que ve venir una roca enorme y no se aparta), o peor, a pesar de ir armados con rifles se acercan sin disparar al tipo que tiene una maza…

Así que la batalla no resulta inteligible ni verosímil. Cuesta saber dónde está cada personaje, no hay manera de justificar muchos de sus movimientos (fíjate en que cuando Fett pasa a la lucha cuerpo a cuerpo dejamos de ver el entorno, porque no hay quien se crea que no lo vean y lo acribillen), y los malos dan tanta pena que tienes que reírte… hasta que descubres que se han reservado los robots competentes para el final, y entonces pasas a sentirte engañado.

El episodio va tan justo en cuestión de dirección, fotografía y montaje que incluso encontramos muchos planos mal encuadrados, con rostros y cuerpos a medias, y hay algunos problemas de iluminación que dejan laterales de la imagen difuminados, borrosos (en la foto de al lado se puede ver).

Y esta vez el nivel de los efectos especiales tampoco da la talla: la integración de dobles reales y digitales da el cante en muchos instantes… aunque se le puede echar la culpa también al director por no planificar bien la escena y abusar de la postproducción para que le hagan otros el trabajo.

Por otro lado, sin que sea grave, se puede señalar el escenario natural tan poco llamativo. Estamos hartos de ver desiertos en la saga, pero al menos son espectaculares, sean los reales o los recreados con efectos especiales. Ahora tenemos otra especie de desierto pero en versión pobre, como si hubieran rodado en las traseras del estudio. En una historia que discurre por toda la galaxia hay margen para dejar volar la imaginación mucho más.

No sé si Robert Rodríguez ha sido elegido por ser amigo de Jon Favreau o si de verdad veían talento en él. Parece ser que sustituyó a última hora a otro director, pero eso no confirma ni desmiente el valor que vieran en él. Porque hay que señalar lo obvio: su nombre se conoce por una carrera de llena de títulos cutres y frikis, la amistad con famosos (Tarantino, Favreau), y la suerte de contar con estrellas en su punto álgido: Antonio Banderas en Desperado (1995) y El mejicano (2003), George Clooney, Harvey Keitel y Tarantino en Abierto hasta el amanecer (1996). Pero ninguna obra de calidad ni ningún talento especial ha mostrado al mundo, por más que estas películas citadas fueran simpáticas a su manera. Y ciertamente, parece haber rodado en el jardín de su rancho de Texas improvisadamente a cuatro fans disfrazados corriendo y tirándose al suelo aleatoriamente, para luego unir todo con planos rápidos y mucha música épica para dar la sensación de acción y velocidad.

Pero el guion, dentro de sus ventajas respecto a otros episodios, tampoco se libra de mostrar graves carencias. La efectividad de los golpes de efecto inesperados que ponen patas arriba el viaje de Mando y Grogu después de tanta historia repetitiva y sin peligros reales pierde bastante fuerza con la pobre puesta en escena, pero también cuando resultan tan evidentes los momentos dirigidos, las situaciones tan convenientes. Que oportuno que Grogu no sólo medite, sino que se que se genere un campo de energía su alrededor que impida cogerlo y salir corriendo. De nuevo Mando parece un idiota sin experiencia en vez de un curtido mercenario: qué facilón resulta que se olvide mochila propulsora para dificultar el combate y la persecución de los secuestradores, qué ridículo queda que se lance una y otra vez contra el muro de energía a sabiendas de que puede incapacitarlo para el combate.

Hay algún momento en que de nuevo se nota demasiado el tono de expositor de anuncios más que de serie con entidad propia: Tython es un planeta presentado en algún cómic o novela, qué sé yo, hay infinidad de merchandising, y si no sabes nada de él, pues que te jodan. Pero también hay que señalar que se han trabajado bien la entrada en juego de Boba Fett. Es obvio que no era necesario forzar el desmayo de Mando para dar más espacio a este, y qué podría haber luchado a su lado en vez de tener a Fennec Shand, ese personaje secundario tan anodino que vuelve a mostrar que aquí nadie se queda realmente muerto. Pero Fett se luce muy bien, su personalidad y aptitudes se definen adecuadamente y se gana rápido su hueco en la serie. En ese sentido, también se agradece continuidad en la relación, que no se acabe el capítulo con una vuelta al statu quo. Esperemos que sigan aprovechándolo y contándonos cómo ha llegado hasta donde está: el sarlacc, la armadura, su relación con el Imperio…

La acción frenética, aunque falle en el acabado, y los giros novedosos que nos sacan del repetitivo tedio, salvan por los pelos otro capítulo que también se queda lejos del potencial latente.

PD: Recomiendo el documental de cocina The Chef Show de Netflix, con Favreau cocinando con colegas varios, incluyendo a David Filoni y Robert Rodriguez. Porque aunque esta producción sea un disgustro tras otro, esta gente cae bien, se ve pasión en lo que hacen y cercanía con otros miembros del gremio y los espectadores.

<- 205| La jedi 207| ->

EL MANDALORIANO – 205 – LA JEDI

The Jedi
Guion: Jon Favreau, Dave Filoni.
Dirección: Dave Filoni.
Valoración:

Sinopsis:
Mando se encuentra con la jedi Ashoka Tano, quien lo aconseja sobre su protegido.

Resumen:
Mando llega a otro planeta, cuyo nombre importa bien poco, y se pelea con otros villanos, cuyes nombres importan bien poco. A cambio de su ayuda, Ashoka Tano le da nuevas pistas para que prosiga su viaje. Pero ayudarlo con baby-Yoda, al que Ashoka llama Grogu, no parece dispuesta, se quita el problema de encima mandándolos a otro planeta a no sé qué templo.

Análisis:
El quinto episodio, tras tantas promesas (la presencia jedi, esperadas explicaciones y avances, Michael Biehn y Rosario Dawson), ha resultado ser otro capítulo igual a todos los demás. Mando llega a un lugar, lucha porque sí en una misión suicida, sale airoso sin despeinarse, y al final le cae encima una pista vaga que lo dirige hacia otro lugar. Los autores incluyen cuatro referencias a las series Las Guerras Clon y Rebeldes y alguna escenita para vender merchandising, y tienen a todos los fans comiendo de la mano. Contenido y emoción reales poco o nada. La continuidad va tan a cuentagotas entre argumentos tan poco originales y previsibles, que en vez de engancharme me provoca cada vez mayor decepción.

Filoni y Favreau siguen manteniendo la fórmula obsoleta y simplona de las series de los años setenta y ochenta. Mientras la trilogía original bebía de grandes pilares de la literatura, el cómic y el cine y unía todo con un toque propio de genialidad y personalidad, aquí nos hemos quedado, como ya he comentado varias veces, en un cutre El equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983) con presupuesto. Han cambiado la escena episódica en que drogan a B.A. Baracus para que se suba al avión por una de baby-Yoda haciendo muecas o comiendo cosas. El resto es prácticamente igual. Algún episodio se ha salvado por ser un simpático western, pero la mayor parte son tirando a estúpidos y llenos de agujeros. El imponente aspecto visual queda muy por encima del guion.

La recreación del nuevo mundo en el que aterrizamos trae al menos algunas novedades en la ambientación. El páramo de bosques sombríos y secos combina bien con la situación del poblado local: asfixiado, agotado. Pero ahí se queda la cosa, porque la descripción política y social es la misma de siempre: los remanentes del Imperio aprovechan para imponerse, un cacique termina de aplastar a la población. El intento de dar al lugar un toque distinto falla bastante: un estilo japonés perfilado con cuatro brochazos poco imaginativos y mal dados. Pero con la excusa de que Una nueva esperanza (1977) bebía de La fortaleza escondida (1958) de Akira Kurosawa, parece que se está perdonando tan poco esfuerzo.

Con esa desgana en la escritura, la batalla final de rigor termina dando vergüenza ajena. Ashoka perdiendo el tiempo con la pseudo japonesa: dale un golpe de fuerza o asfíxiala de una vez. Las tropas pelele cayendo sin esfuerzo (vaya tela meterse en los callejones para perder toda ventaja). Y esta vez, ni los secundarios dan la talla, la líder (Diana Lee Inosanto) y el matón principal (Michael Biehn) son unos pobres clichés del género, el villano semanal a despachar, y el entusiasta recibimiento a Rosario Dawson como Ashoka es excesivo, cumple con lo justo en un personaje que por ahora no dice nada, salvo incongruencias: tenemos una importante jedi por ahí desde tiempos de la República, y no sabíamos nada de ella hasta ahora.

En el aspecto visual vuelven a superarse. A través de una dirección, fotografía e iluminación impecables, la fusión de parajes naturales y decorados nos traslada a un escenario tan sugerente como espectacular. Así podemos perdonar el primer desliz notable en el diseño artístico: la muralla de cartón piedra canta cosa mala.

Pero el dinero por toneladas y el talento del equipo técnico no son suficientes para tapar las carencias narrativas. Entre el argumento repetitivo y que en los momentos en que parece que la historia va a avanzar se atasca en ritmo y no llega a mostrar apenas movimiento ni emoción (súper previsible el giro con la bolita… y… ¡paren las rotativas, que ahora sabemos su nombre!), el relato acaba siendo bastante aburrido. A pesar de tener tan pocos capítulos, ya cansa tanta repetición de argumentos y tan poca sustancia, y los finales en que con cuatro excusas poco trabajadas retornamos al statu quo.

Y para rematar, aquí vuelven a la obsesión de apoyarse demasiado en el “fan service”, la sobre exposición de referencias y guiños exclusivas para fanáticos que han seguido todo lo que se ha ido sacando basado en este universo. Mientras que a los compadres mandalorianos del protagonista los presentaron adecuadamente en La heredera (203), Ashoka Tano entra de sopetón con una trama propia muy mal expuesta… porque resulta ser continuación de las series animadas. Nada de lo que dice o hace se entiende, su historia y motivaciones no se describen, los villanos que menciona no han sido presentados… Como he señalado ya en otras ocasiones, esto parece cada vez más un anuncio que una serie. Y cuando parece una serie, deja bastante que desear.

<- 204| El asedio 206| La tragedia ->

THE CROWN – TEMPORADA 4

Netflix | 2020
Drama, histórico | 10 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Peter Morgan, Stephen Daldry, varios.
Intérpretes: Olivia Colman, Josh O’Connor, Emma Corrin, Tobias Menzies, Helena Bonham Carter, Gillian Anderson, Erin Doherty Marion Bailey, Emerald Fennell, Charles Edwards, Charles Dance, Richard Goulding, Angus Imrie, Stephen Boxer, Rebecca Humphries.
Valoración:

La cuarta temporada de The Crown muestra por fin la maduración que se esperaba en la serie, ha sido la más redonda y equilibrada a la hora de unir distintas historias, la más decidida en el drama y valiente en contenido, y eso que venía de la que menos lograda resultó.

Ya no veo el problema que arrastraba desde el principio su principal guionista, Peter Morgan: lo narrado en cada episodio rara vez dejaba huella en el siguiente, y en concreto había saltos muy bruscos entre el día a día de la familia real y la política. Al cambiar el foco de forma abrupta dejaba la sensación de que se generaban grandes huecos, que no se explicaba como acababa una crisis o el destino de un primer ministro antes de saltar a otra aventura independiente de la corona y generalmente de menor relevancia histórica.

Llevaba estos tres años entusiasmado por la serie pero un poco apenado por esa inestabilidad narrativa que le impide alcanzar un potenciar mayor. Me preguntaba si tenía sentido echar vistazos fuera del palacio para que al final no desarrollaran esas historias a fondo. La gran calidad de los episodios en sí mismos, indistintamente de donde pusieran el foco, disimulaba bastante esta carencia, pero es innegable que ha pesado más de la cuenta.

En esta etapa, que abarca los años ochenta, la cohesión entre historias y perspectivas es impecable. Lo que ocurre en un capítulo influye y se siente en el siguiente. Los problemas del gobierno y la crisis económica de cada momento se desarrollan de forma que se entiende todo muy bien, no sólo porque no se deja nada a medias, sino porque se le dedica más tiempo y a la vez se forja una unión más natural con la corona. Ninguna sección se impone a la otra, cuando una debe pasar a primer plano lo hace pero sin provocar la sensación de que hemos dejado atrás otras cosas.

La primera ministra actual, Margaret Thatcher, tiene más presencia en lo personal, conocemos bastante de su vida y familia, nos exponen sus motivaciones e ideales, entendiendo así como se embarcó en una carrera política tan polémica. Los roces con la reina no se limitan a escenas sueltas, sino que se construye paulatinamente una relación cuasi simbiótica: el destino del país depende en gran medida de la fortaleza y del entendimiento entre ambas.

Los conflictos entre miembros de la familia real se materializan con mayor dedicación, la evolución de cada rol está más trabajada a largo plazo. Por ejemplo, anteriormente Margaret entraba y salía del relato caóticamente, de manera que incluso podías perder el hilo sobre su vida, pero ahora está siempre presente. Aunque sea con un diálogo o un gesto en historias donde es casi una extra, se va detallando su caída hacia el abismo: la soledad, las fiestas y las drogas van marcando su personalidad hasta que la enfermedad física y psicológica (depresión) hacen acto de presencia.

Pero este es el año de Anne, Charles y sobre todo Diana. Estos dos últimos copan tanto protagonismo que casi dejan a la reina Elizabeth como secundaria. Sin embargo, como cabeza de familia tiene todavía mucho que decir, marcando el ritmo en la vida de todos, y en política ha crecido bastante, siendo capaz de plantar cara a Thatcher. La tormenta de Diana Spencer arrastra a la familia real hacia nuevos escándalos que intentan tapar como bien pueden. Todavía no explotan, eso en la próxima temporada, cuando traten los años 90, pero la tensión y degradación se siente en cada momento.

La tragedia que rodea a Diana es de altos vuelos. El clásico cuento de la princesa rota, pero hecho realidad con toda su crueldad. La joven y sus ilusiones chocan con un mundo de apariencias, de frialdad y sentimientos escondidos, de secretos que se tapan con más secretos. Morgan no se anda con rodeos y muestra el viaje al infierno de Diana con todo detalle. Del éxtasis de vivir un sueño a la depresión y la bulimia.

Pero la familia real también sufre las consecuencias de sus propios actos. Charles es infeliz y mantiene a su amante, Camilla, el matrimonio de Anne se resquebraja también. Pero la corona, su apariencia de infalible, está por encima de los deseos personales, las relaciones se supeditan a ella. Y actos atroces como la ocultación de las primas retrasadas mentales (durísimo el episodio) lo ejemplifican muy bien. Los que saben, callan, los que lo descubren… deben callar también, porque forman parte del juego.

Aquí entramos en el otro aspecto donde Morgan está sintiéndose más cómodo: es más contundente a la hora de mostrar los hechos, rozando la crítica, pero sin pecar de manipulador. En los primeros pasos de la serie dio la sensación de ir con demasiado cuidado, resultando una visión un tanto conservadora. Paulatinamente le fue cogiendo el tono a cierto humor negro que ironizaba con el sentido de la monarquía y sus aspectos oscuros. Pero ahora se lo ve muy decidido en mostrar sin ambages los males de esta y de la política, en destapar los secretos todavía no muy conocidos por el gran público o darle nueva vida a trapos sucios que se estaban olvidando. Y todo ello sin mostrar parcialidad, sin que parezca el juicio personal del autor, sino que los propios personajes ven sus fallos y sufrimientos y los de otros, y los eventos históricos se muestran con toda su crudeza pero sin dirigirte hacia una opinión, ya la sacarás tú según tu forma de ser y tu conocimiento de los hechos. La reconversión del país hacia un neoliberalismo extremo y la guerra de las Maldivas generaron varias tormentas políticas, crisis sociales y económicas de sobras conocidas y analizadas, una serie histórica no es lugar para emitir otro juicio más. Y Margaret Thatcher se muestra como una persona antes que como una política supuestamente despiadada o equivocada.

Por supuesto, habrá quien quiera buscarles las cosquillas, pero a pesar de la temática y la cercanía temporal, sorprendentemente no hay polémica alguna, prácticamente no se ven voces discrepantes. En fidelidad histórica sin duda hay numerosos cambios menores justificados por necesidades narrativas, como cambiar levemente la forma y el lugar en que se encuentran o conocen algunos personajes. En lo importante, el retrato de las personas y los hechos, no parece haber quejas incluso sobre las partes donde Morgan especula más porque no hay datos que confirmen una cosa u otra, como el cuándo conoció la familia real las aventuras de Charles y la bulimia de Diana, qué motivó al intruso que se coló en la habitación de la reina, que Margaret hallara a las primas ocultas antes que la prensa… Lo único que se le puede reprochar es que, para haber empezado fuerte con el IRA, con el atentado que acabó con Lord Mountbatten y otros miembros de su familia, Morgan no vuelve acercarse a ese conflicto que marcó durante décadas a Reino Unido, pero claro, se puede decir que una vez deja de tocar de cerca a la familia real no hay necesidad de abarcar todas las historias vividas en el país.

Los actores principales ya consagrados, Olivia Colman, Tobias Menzies y Helena Bonham Carter a la cabeza, siguen estando estupendos. Las buenas formas que apuntaban las nuevas elecciones se materializan mucho mejor de lo esperado. Erin Doherty como la princesa Anne está muy bien, pero Josh O’Connor como Charles ofrece un papel memorable, no ya por la mimetización en la figura real, donde el increíble parecido hace mucho, sino por su intensidad dramática a base de silencios y gestos contenidos. La incorporación de Gillian Anderson también es imponente, se mimetiza de maravilla en Margaret Thatcher. Pero incluso ante tanto talento, la joven elegida para encarnar a Diana arrasa de forma incontestable. Emma Corrin, apenas empezando su carrera, no sólo se parece también mucho a la Diana real, sino que nos regala un torrente interpretativo colosal: de la inicial sensualidad, encanto y gracia… a un cambio de registro brutal cuando las tragedias rompen su idilio y va cayendo hacia infierno.

El acabado visual es deslumbrante desde el primer episodio y continúa manteniendo un nivel con el que pocas series, y también películas, rivalizan. Sigue asombrando su capacidad para pasar de la grandilocuencia al intimismo de un plano a otro con una hipnótica elegancia. Las conversaciones en los salones del palacio combinan la magnificencia hortera con miradas y silencios sutiles, un trabajo exigente para unos directores que cumplen con nota. Y cuando saltamos a los grandes viajes por el mundo encontramos localizaciones espectaculares, aunque en muchos casos no sean las reales: las partes de Australia se rodaron en Málaga y Almería. La banda sonora definitivamente ha ganado con el cambio de compositor el año pasado. Martin Phipp, inglés veterano en el género, se ha adueñado del todo del aspecto musical de la serie, ofreciendo una partitura más adaptada en estilo y en registro dramático, un clasicismo sinfónico más versátil y elegante que la pseudo sinfonía electrónica de Rupert-Gregson Williams y Lorne Balfe, bastante efectiva pero más limitada. Hay mayor variedad temática, con motivos para distintos personajes, algunos de gran belleza, y que evolucionan gradualmente.

Morgan ya ha confirmado varias veces que acabará con seis temporadas, y las dos últimas volverán a contar con un cambio de reparto para adecuarse de nuevo a las edades.

Ver también:
Temporada 1 (2016)
Temporada 2 (2017)
Temporada 3 (2019)
-> Temporada 4 (2020)

EL MANDALORIANO – 204 – EL ASEDIO


The Siege
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Carl Weathers.
Valoración:

Sinopsis:
Mando pasa por Nevarro para hacer reparaciones. Pero sus amigos Cara Dune y Greef Karga le piden a cambio sus servicios para destruir una base imperial.

Resumen:
Cara Dune, Greef Karga, Mythrol y Mando asaltan improvisadamente una base imperial para terminar de liberar Nevarro. Allí encuentran bastante resistencia y unos experimentos extraños ligados al protegido de Mando. Salen airosos por los pelos, y con la prueba de que Moff Gideon sigue vivo y tras la pista del niño.

Análisis:
La heredera (203) prometía que la serie se encarrilaría por fin, pero de nuevo tenemos un bajón enorme que lamentar. Un episodio que roza el despropósito, escrito a brochazos, con agujeros cuando no estupideces por todos lados, y algo mejorable en la dirección. En un primer visionado engaña un poco por el nivel de producción y el ritmo ágil, pero en sucesivos, los problemas se hacen demasiado evidentes y llega a provocar vergüenza ajena.

Mando aterriza en Nevarro con un propósito, y no tarda nada en meterse en otra misión suicida. Descansar, supervisar las reparaciones de la nave, cuidar del crío… pasa de todo para ir de nuevo a la acción. Y esta misión no está tan cuidada como la anterior. Parece mentira que Jon Favreau haya escrito ambos relatos, la diferencia en el desarrollo, la credibilidad y el detalle es abismal.

Están Mando, Greef, Cara y Mythrol hablando de atacar la base Imperial, y Mando pregunta cuál es el plan… pero en vez de exponerlo, analizarlo, tantear distintas opciones… saltamos a cuando están llegando al destino, y es entonces cuando empiezan a pensar a qué se enfrentan y qué podrían hacer. Pero no queda ahí la cosa, porque improvisan todo sobre la marcha. Ni siquiera dedican no ya un par de días, sino aunque sea un rato a realizar una vigilancia, buscar puntos débiles, averiguar cuál es la guarnición… Así se sorprenden de que haya más resistencia de la esperada, no ven los cazas… aunque lo mismo no hubiera importado, porque ven las motos y la tanqueta, elementos que podrían complicarles la huida, y no los sabotean. Es todo rematadamente ridículo, esta gente tan incompetente no pueden ser mercenarios expertos en supervivencia. Pero los imperiales no son más listos. Una base tan importante, ¡y no tienen vigilancia del perímetro!

Y las inconsistencias siguen acumulándose. Los soldados en moto son tan penosos que se chocan y se matan entre ellos sin más. La tanqueta está cayendo de morro pero llega de plano. Y no sé qué demonios pretenden con ella. Parece que esperan llegar al pueblo y mágicamente librarse de los persecutores, cuando lo que supone en realidad es llevar destrucción y muerte a los civiles. Pero está claro que Favreau ni se ha planteado un destino, desde el principio la idea es que aparezca Mando con la nave para salvar el día; de hecho, justo tras aparecer este llegan al asentamiento, y se bajan ahí ante las casas y gentes que han estado a punto de exterminar por su culpa. Tampoco hay motivo alguno por el que de repente baby-Yoda pudiera estar en peligro, Mando se va simplemente porque el guionista quiere que reaparezca como refuerzo. Es más, el plan más lógico tendría que haber sido que uno se quedara en la nave en las cercanías, y cuando el factor sorpresa se rompiera, arrasar y huir con ella sin más problemas.

En cuanto a personajes secundarios, Greef Carga, Cara Dune y Mythrol tampoco convencen, a pesar de ser roles recurrentes hay otros que con una o dos apariciones han dejado mejor recuerdo. Greef pasa sin pena ni gloria, parece el comodín para explicar cosas, pero no termina de mostrar una personalidad concreta. Cabe preguntarse a qué viene la introducción de Cara repartiendo estopa, como si no supiéramos desde la primera temporada de lo que es capaz, amén de que si nos dicen que Nevarro ha sido liberado y está tranquilo, ¿qué hacen todavía esos saqueadores ahí? Mythrol me cayó muy bien en el episodio piloto, pero aquí resulta un personajillo cómico muy pasado de rosca: sus muecas y ruiditos, sus correteos torpes por los pasillos mientras vuelan los blásters, dan lástima. El chiste de baby-Yoda con los cables es estúpido y demasiado largo, y además, lo tenemos otra vez más jugando con la dichosa la comida en unas escenitas penosas. Lo único a rescatar es la reaparición del simpático piloto de la Alianza y su conversación con Cara, que ofrece posibilidades interesantes.

Cuando por fin llega un tímido avance en la trama, el descubrimiento de los experimentos, poco interés pueden despertar, primero, por el flojo envoltorio, segundo, porque era algo que se intuía y sólo se confirma, no hay ningún avance real. Y termina de venirse todo abajo en el final en plan serial setentero: el villano (Moff Gideon) resucitado y su amenaza vaga por el futuro, con mirada inquietante y musiquita chunga. Qué escena más infantil y cutre.

Los efectos especiales son magníficos, como es habitual, pero esta vez sí se notan algunas pantallas de fondo y en la persecución falta algo de nitidez, como si los fondos estuvieran borrosos para evitar que se viera la falta de integración. Nada grave, ojo. No es como para sacarte de la persecución (de eso se encarga el guion), solo se deja ver si vas buscando imperfecciones.

Pero la dirección sí es claramente mejorable. No es la primera vez que Carl Weathers se pone tras la cámara, pero siempre ha sido en series muy menores, y esta superproducción le ha quedado un poco grande. De la versatilidad y solidez del episodio anterior pasamos a uno un poco tosco, con recursos repetitivos y falta de visión del escenario, y para rematar, se les ha colado un gazapo muy cantoso, con un miembro del equipo asomando por un pasillo. Vemos tiros y carreras atropelladas sin que quede muy claro qué pasa, sin sensación de peligro. El cambio de tono (de la base a la persecución) levanta moentáneamente el interés, pero tampoco da mucho de sí. Los malos no aciertan una, los buenos parecían tontos pero ahora son muy hábiles. Y como el guion se cae a cachos, nada parece tener sentido.

Que los fanáticos anden diciendo que es un episodio redondo y que muestra gandes avances en la trama se me escapa. Algunos se ponen el listón bajísimo y se auto engañan a lo grande. Y como comenté en la primera temporada, esto es un gran problema, porque los productores de la saga podrían asumir que han dado en el clavo y repetir esta pobre fórmula en las siguientes series y películas…

<- 203| La heredera 205| La Jedi ->

EL MANDALORIANO – 203 – LA HEREDERA


The Heiress
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Bryce Dallas Howard.
Valoración:

Sinopsis:
Las pistas llevan ante unos mandalorinaos, pero las cosas no salen del todo como Mando esperaba, y acaba enfrentado contra el Imperio.

Resumen:
En la luna de Trask, los rumores de mandalorianos dirigen a Mando hasta un pescador que se ofrece a llevarlo ante ellos… pero en realidad es una trampa para robarle la armadura de beskar. Sin embargo, tres mandalorianos acuden a su rescate. Mando duda de ellos, pues no siguen sus férreas costumbres, pero al final acepta que son de su pueblo. Su líder, Bo-Katan, dice ser de una familia prominente, heredera de Mandalore, y lucha por recuperar su planeta y su liderazgo.

A cambio de su ayuda le instan a asaltar un convoy de armas del Imperio, para frenar su alcance y usarlas en su rebelión. Pese a sus dudas, Mando accede. Tras el trabajo, le hablan de una supuesta Jedi, Ahsoka Tano, escondida en el planeta Corvus.

Mejores frases:
-Capitán Imperial: ¿Cuántos son?
-Soldado: No estoy seguro. Al menos una docena.
-Oficial: Señor, sólo hay cuatro señales de vida.

-Oficial: Los hemos atrapado, señor.
-Capitán: ¿Dónde?
-En el control del área de carga.
-¿¡Dónde!?

Análisis:
Por fin tenemos un capítulo más centrado en la trama global. Lo cierto es que la premisa es la misma, ayudar a unos residentes del nuevo destino en su particular lucha por la supervivencia, para a cambio obtener una pista más. Pero al haber un contenido más relevante y cuidar más la misión, no se nota tan repetitivo y encorsetado, cada situación aporta novedades o al menos solidez suficiente por sí misma como para esquivar bastante la sensación de ser lo mismo de siempre.

También hay momentos muy predecibles que, aunque simpáticos, hacer rechinar un poco los dientes, como el proceso de rechazo y aceptación de Mando hacia los nuevos mandalorianos. Sabemos de sobras que va a aceptar, así que dejaos de rodeos tan simples y vistos, cuidad un poco más el guion, de forma que en la propia conversación vayan entendiéndose, y ya está, no hay que alargar si no tienes razones concretas para hacerlo. Estos deslices no son casos graves y se perdonan bastante, pero aun así siguen manteniendo la sensación de falta de esfuerzo por parte de los autores por apartarse de argumentos y recursos demasiado básicos y vistos.

Me molesta más la obligada exposición de baby-Yoda, quien hace muchos capítulos ya que no aporta misterio o emotividad, sólo el momento cursi-graciosete a modo de anuncio de peluches. Otra vez lo tenemos jugando con la comida. Qué poco original. Y por si no fuera poco, los guionistas se contradicen a sí mismos otra vez con el mensaje de respetar las distintas formas de vida: el niño aprende la lección en una escena, con la cría de la pareja de ranas, pero en la siguiente se come un pulpo y se supone que debe ser gracioso. ¿Es que hay varias manos escribiendo sin repasar el resultado final?

Pero en líneas generales el nuevo reto al que se enfrenta Mando está bastante bien tanto en concepción como en ejecución. Al principio consigue mantener cierta intriga sobre si hallará lo que busca en un universo tan caótico y que parece predispuesto en su contra. El encuentro con los mandalorianos aporta unas pocas dosis de información sobre el mundo que rodea al protagonista, enriqueciendo sus motivaciones y su viaje: la lucha por Mandalore, distintos puntos de vista sobre su cultura, insinuaciones sobre que los Jedi siguen existiendo… Pasado el innecesario receso de choque con estos, entramos rápidamente en acción. Y el asalto a la nave del Imperio es magnífico.

Tenemos una batalla muy completa, con escenarios diversos, todos emocionantes. El Imperio muestra sus dos caras, la de los soldados incompetentes, con chiste incluido (ver “Mejores frases”), y la de los oficiales temibles. El capitán apenas tiene diálogos, pero las miradas de un secundario mítico como Titus Welliver (Hijos de la anarquía -2008-, Bosch -2014-, por citar sólo un par entre cientos) bastan para explicar como viven el ataque desde la cabina.

La relación con el universo La guerra de las galaxias se siente más orgánica. No aprecen de sopetón cosas de otras obras sin explicar nada. Bo Katan (Katee Sackhoff) y Ahsoka Tano son introducidas adecuadamente. Así, quien venga de las series de animación Las guerras clon y Rebeldes disfrutará viendo una extensión, y quien no, no se tirará de los pelos porque El mandaloriano vuelva a mostrar cosas que no se pueden entender en la propia serie, e incluso puede desperar el interés por ver aquellas.

El despliegue técnico vuelve a ser abrumador. Nuevos decorados, vestuario y alienígenas muy elaborados nos ofrecen otro entorno muy característico y con detalles geniales: atención al patrón del puerto y sus gestos de resignación.

En dirección es de los más redondos. Bryce Dallas Howard se ve más resuelta que en Santuario (104). Cada paso de la batalla tiene un ritmo y energía distinto. Es decir, el cuidado en la planificación de cada situación, el manejo de la cámara (más menos firme o agitada), y el trabajo de edición son admirables. Es capaz de pasar del frenesí de los pasillos a un primer plano de un personaje y lograr que se mantenga la intensidad, porque cada mirada, respiración y pausa forman parte de la acción. En resumen, se siente el caos y el peligro de la lucha mejor que en otros episodios, donde parecen un mero trámite o directamente poco creíbles (Santuario, El pecado -103-, Redención -108-).

<- 202| La pasajera 204| El asedio ->