EL SÉQUITO – TEMPORADA 1.

Entourage
HBO | 2004
Comedia | 8 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Debi Mazar, Perrey Reeves.
Valoración:

El séquito fue concebida por Mark Wahlberg, un actor de sobras conocido que empezó aquí su andadura como productor. El entorno (colaboradores, amigos) le indujo la idea de narrar la emocionante vida del séquito de amigos que lo acompañaba en su viaje por el mundo del cine, aunque al final optó por una versión muy ficcionada, dejando de lado el tono biográfico, en parte porque buscaba una comedia y su pasado oscuro (donde un atraco con agresión lo llevó a la cárcel) no encajaba, pero supongo que principalmente para tener libertad total a la hora de crear las historias.

El proyecto fue desarrollado por Doug Ellin, creador y guionista principal, quien no tenía una carrera llamativa pero aquí logró una serie con mucha personalidad, y los directores Julian Farino y Mark Mylod, que imprimieron un estilo de falso documental (ligera cámara en mano, montaje veloz) que proporciona gran naturalidad y un ritmo trepidante, aunque otros muchos actuaron como productores ejecutivos, como Rob Weiss, Eric Weinstein y Stephen Levinson.

Seguimos las andanzas de un grupo de amigos de Queens, un barrio de Nueva York, que dejan todo lo que hacían (que en algunos casos era nada) para acoplarse a uno de ellos en su carrera como actor en Hollywood (Los Ángeles), pues el mundo de posibilidades que abre el dinero y la fama son muy atractivos. Como dice este cabecilla, No me metí a actor para trabajar.

Vincent Chase, Vince para los amigos, es el joven con el talento principal que necesita un actor: ser guapo y caer bien con gran facilidad. Mientras la taquilla mande, la interpretación está en segundo lugar. Y parece que el éxito empieza a alcanzarlo: el estreno de Head On, coprotagonizada por Jessica Alba, ha pegado bastante fuerte y esperan que le abra las puertas para poder elegir guiones a su gusto. Este rol sería la versión ficcionada de Wahlberg, eso sí, como indicaba, en plan luminoso. El tío es un buenazo, no parece que le pase nada malo, nunca se agobia ni enfada, no se esfuerza mucho y las cosas suelen salirle bien… Pero pronto veremos que hay más tras esa idílica fachada, pues el personaje es realista y tiene sus áreas grises: tras el éxito fácil se esconde lo habitual, una figura llena de miedos e inseguridades y que no sabe valerse por sí misma. De ahí que sus pandilla sea tan importante para él.

Eric Murphy, o E a secas (pronunciado “i” en inglés, en castellano juraría que omiten este apodo), es su amigo de la infancia y el pilar donde se sostiene. Él lo animó a meterse a actor porque veía cualidades y atractivo de estrella. En realidad tenía un trabajo como encargado en un restaurante italiano, pero aun así decidió seguir la aventura de Vince. Hace de mánager improvisado, leyendo los guiones, yendo a las reuniones con el agente y los productores. En seguida se ve también su posición en el grupo: es el más maduro, capaz y trabajador, y aunque Vince es el pegamento que los une, parece que sin él estarían muy perdidos. El personaje se inspira en dos de los productores de la serie, Eric Weinsten, amigo de toda la vida de Wahlberg, y Stephen Levinson, durante mucho tiempo su mánager.

Johnny Chase es el hermano mayor de Vince, apodado Drama por lo evidente: hace una montaña de todo. Tiene una pobre imagen de sí mismo y un humor cambiante, siendo por lo general muy pesimista. Vive a la sombra de la juventud y la prosperidad del otro, porque su carrera duró poco, un papel protagonista en la serie de culto Viking Quest y algunas apariciones esporádicas en procedimentales varios. Y ve que los años se le echan encima. La justificación para que siga viviendo bajo su techo es que se supone que es su entrenador y dietista, aunque el primero es un trabajo inexistente y en el segundo siempre acaba haciendo el desayuno para todos. Parece ser que no está basado en el hermano de Wahlberg, Donnie, con una carrera poco lustrosa, sino en un amigo de la familia al que Donnie encargó cuidar de Mark en su tumultuosa juventud.

Tortuga (Turtle en inglés, en español lo traducen o no según les dé), cuyo nombre real nadie recuerda ni a nadie le importa, es el chófer, recadero y conseguidor. Todos los pequeños amaños y tareas fuera del negocio del cine los aporta él: adquirir las drogas, montar las fiestas, llamar para que pongan el cable o arreglen la piscina… Con Drama forma una pareja de parias inseparables y eternas rémoras de Vince. Se basa en una figura semejante de la panda de Wahlberg, que falleció no mucho después de estrenarse la serie en un desafortunado ataque de asma. Como curiosidad, varios del séquito real llegaron a audicionar para la serie.

Ari Gold es el agente que negocia los guiones y aporta los contactos necesarios para medrar en la industria. Es un tiburón empresarial en toda regla: famoso en el gremio por ser implacable y exigente, también es un tanto odioso (machista, homófobo y todo lo que le eches). Tanta dedicación mina su familia, de la que vemos poco por ahora pero nos hacemos una idea: el matrimonio está en el filo del precipicio. Está inspirado en el propio agente de Wahlberg y uno de los más importantes del mundillo, Ari Emanuel.

El resto de figuras relevantes son presentadas poco a poco. La publicista Shauna y sus pezones, el director indie Billy Walsh (una versión loca de Robb Weiss) y la mujer de Ari serán bastante relevantes, pero otros como el agente Josh Weinstein (competencia de Ari y personaje sin relación con el famoso Harvey Weinstein, aunque este tendrá su propia parodia en la segunda temporada) aparecerán también de vez en cuando. Y es inevitable citar los cameos. Por la serie pasarán infinidad de actores haciendo de sí mismos (algunos de forma recurrente), lo que ayuda a mantener el tono de falso documental; incluso alguna vez vemos al propio séquito de Mark Wahlberg cruzarse con su versión ficticia. Este año nos encontraremos con Jessica Alba, Scarlett Johansson, Ali Larter, Jimmy Kimmel, Sarah Silverman, Larry David… Aunque la más destacada sería la aparición de Gary Busey explotando su lado más loco.

El séquito combina con habilidad dos temáticas, la amistad y el mundo del cine. Los ligues, las fiestas y demás vicios guían las vidas de la pandilla, y el trabajo es un medio para ese fin; como repite Vince algunas veces, si tienen que volver a Queens porque fracasa, volverá con la cabeza alta porque tiene a sus amigos. Obviamente esta vida está magnificada por los lujos que permite la incipiente fama: las fiestas en mansiones de famosos y los excesos de todo tipo (drogas, caprichos –a los coches de lujo los laman “juguetes”-) no se acaban nunca. Una vez presentada esta sección vamos introduciéndonos más a fondo en la otra, el funcionamiento de la industria cinematográfica. Entre una juerga y otra vemos las entrevistas, promociones y reuniones con las que debe cumplir Vince, a las que van con el mismo tono despreocupado y fiestero. Pero en la búsqueda del próximo guion de Vince vemos la parte más seria, siguiendo todas las fases de este proceso: lo que quiere el actor (algo que le motive), lo que necesita el agente (una película que dé fama y dinero rápido), lo que debe mediar el mánager (no dejar que ninguno de los anteriores pierda el juicio), las reuniones con los implicados en el proyecto, las peleas con las manías y exigencias de directores y productores, hacer concesiones y peticiones…

Y esto sólo es el principio, porque el universo paralelo al Hollywood real que va construyendo la serie conforme avanza cada vez resulta más complejo y atractivo. Veremos la larga y variada odisea de Vince, Ari y Eric por las principales fases que se viven en el mundo del cine en sus respectivos trabajos, llegando a tener una representación muy realista y detallada y sobre todo muy entretenida y divertida, porque aunque a veces cae en el drama siempre mantiene un tono de cuento de hadas gamberro muy seductor.

El ritmo es muy bueno, el humor ágil y sencillo pero nunca simplón, pues no es una comedia tontorrona para adolescentes, sino que busca un tono más inteligente, una perspectiva de la inmadurez y las relaciones entre jóvenes más elaborada. Las aventuras del grupo desbordan ingenio y simpatía, apoyándose sobre todo la dinámica que mantienen entre ellos (las bromas, los piques y las excentricidades de cada uno). Estos encantadores y magníficos personajes son el factor clave para que esta corta primera temporada, en sus primeros capítulos un tanto predecible y poco prometedora, crezca a ojos vista hasta resultar muy entretenida y emocionante y dejar la sensación de que todavía puede llegar a más (y de hecho lo hace). Y los actores son cruciales en el proceso, mostrando todos una excelente química y gran carisma.

Adrian Grenier como Vince sería el único algo limitado, pero tiene la espontaneidad y candidez justa para que quieras hacerte su amigo. Al parecer fue un casting difícil, porque buscaban un actor con porte de estrella pero que a la vez no tuviera fama, para que fuera más fácil conectar con el personaje; Grenier tenía pocos papeles, lo justo para haber cogido experiencia. Jerry Ferrara (que también venía de unos pocos trabajos irrelevantes) como Tortuga transmite muy bien la mezcla de gracia y pena por parecer el tontito de la panda. Kevin Dillon tenía un currículo más abultado, pero fue esta serie la que le dio más visibilidad: como Drama se hace rápidamente a un rol difícil, el de fracasado con la autoestima rota que finge que todo va bien pero de vez en cuando estalla en ataques de ansiedad o ira; y mejora conforme el personaje evoluciona. Kevin Connolly (Eric) llevaba actuando desde crío, destacando Infelices para siempre, y se nota su soltura: su papel es el más sólido, dotando de gran personalidad a un rol que a primera vista no ofrece características tan llamativas como los otros, pues es el tipo más normal y maduro del cuarteto; es decir, su forma de actuar te describe el personaje antes de conocerlo a fondo: la relación con los demás, en especial con Vince, se construye por sus miradas, gestos y emociones contenidas. La figura más reconocible antes y sobre todo después de la serie es Jeremy Piven, quien con una carrera larga y variada tenía cierto renombre como actor secundario de gran calidad, pero aquí deslumbró a lo grande… Bueno, en realidad en este corto año apenas deja entrever su potencial, pero los realizadores lo vieron y lo aprovecharon al máximo, dándole en adelante un papel mucho más exigente que explotara sus cualidades. Así, Piven cogió a Ari Gold, el agente hiperactivo, estresado y ambicioso, y lo hizo suyo de forma impresionante, llegando conseguir una de las interpretaciones y uno de los personajes más memorables de la historia de la televisión.

HOUSE OF LIES – TEMPORADA 5 Y FINAL.

Showtime | 2016
Comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Matthew Carnahan, Don Cheadle, Jessika Borsiczky.
Intérpretes: Don Cheadle, Kristen Bell, Ben Schwartz, Josh Lawson, Dawn Olivieri, Donis Leonard Jr., Richard Schiff, Glynn Turman, Brianna Baker.
Valoración:

Cuando empecé House of Lies me parecía que la trama empresarial iba a lastrar mucho la serie, por ser una temática compleja, poco atractiva para el mundano. Incluso se veía que los escritores hacían malabares para no introducirse de lleno en ella. Pero para mi sorpresa funcionaba la cosa. La dinámica del grupo protagonista se sobreponía al lío de economía y finanzas con gran facilidad, veíamos tramas globales donde primaba más la ambición, las tácticas de ganar y engañar a los clientes, que la jerga financiera rebuscada. Así, quedó una temporada inicial trepidante, con gran sentido del humor y unos personajes prometedores.

Pero en los siguientes años no potenciaron los elementos más efectivos y se aferraron a la fórmula, mostrando un desgaste creciente. Los personajes han sido el principal problema. Si la dinámica de grupo era tan atractiva y los actores captaron las peculiaridades de los roles tan bien, ¿por qué no seguir desarrollando sus personalidades? En un año hicieron un par de amagos, pero quedaron en puro humo. En el resto se atascaron en lo superficial, en lo que veíamos capítulo tras capítulo: los chistes entre colegas, con mucho pique y mucho humor basto y guarro. La familia de Marty es la única que tenía algo de presencia, pero su historia también quedaba muy constreñida y repetitiva.

Si las temporadas segunda y tercera se iban salvando es porque todavía lograban alguna trama seriada que despertaba el interés, y el ritmo se iba manteniendo correctamente con la mecánica del colegueo. Pero en la cuarta y esta última quinta etapas este aspecto también ha ido perdiendo fuelle. Con los protagonistas atascados, el humor agotado y la ausencia de una trama global que ofrezca un camino atractivo, el interés del año final ha acabado casi por los suelos.

Lo peor es que la única aportación al drama personal, el eterno lío amoroso entre Marty y Jeannie, siempre forzado y bastante inverosímil, ha seguido por ese camino, con los guionistas improvisando una historia que no parecen creerse, que no encaja en los personajes y cuyos actores no transmiten con la química necesaria. La relación en tensión ha sido aburridísima durante toda la serie, y más esta temporada, a pesar de la hija en común. Pero en el final acaba en un despropósito, con ese viaje a Cuba que trata de reactivar a los protagonistas en el último momento y acaba en clichés de bodas, reconciliaciones y sueños absurdos. Por no decir que el capítulo, con un fallido estilo de salto temporales, resulta un coñazo.

Si no fuera porque ha tenido unos pocos episodios con casos segundarios bastante entretenidos, como el del crucero de vacaciones, el del grupo pop juvenil o el de la TED Talk de Doug, donde los chistes de la pandilla parecían resucitar un poco la chispa, la temporada habría sido un pequeño desastre. Pero viendo que es su final, desde luego decepciona que no se hayan puesto las pilas, que no hayan encontrado una historia central fuerte (lo de la venta es insustancial y se desarrolla fatal) ni hayan tenido los redaños de ir a por todas con los personajes.

STRANGER THINGS – TEMPORADA 1.

Netflix | 2016
Misterio | 8 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Matt Duffer, Ross Duffer, varios.
Intérpretes: Winona Ryder, David Harbour, Finn Wolfhard, Millie Bobby Brown, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin, Natalia Dyer, Charlie Heaton, Cara Buono, Matthew Modine.
Valoración:

Es impresionante el revuelo que ha armado Stranger Things. A los pocos días de que Netflix liberara (porque lo de emitir semanalmente ya empieza a quedarse obsoleto) los ocho capítulos de esta primera temporada ya se podía empezar a ver el entusiasmo por las redes. En un par de semanas se ha convertido en la serie más popular del verano, y aunque también es cierto que no ha habido mucha competencia, ni el pelotazo de Mr. Robot el año pasado movió a tanto espectador.

A mí me ha parecido excesiva su buena recepción. El factor nostalgia, el intento de llevar a los treinta y cuarentañeros de vuelta a su infancia, no creo que deba serlo todo, la calidad también debe contar. Y me temo que los guionistas se obsesionan con el primer punto, dando la impresión de que no ponen esfuerzo en intentar que la tormenta de referencias no convierta a la serie en un mero escaparate de productos ochenteros en vez de en una obra con personalidad propia, resultando enormemente predecible y con personajes ahogados en estereotipos. Los Goonies, E.T., Stephen King y la fantasía épica (El Señor de los Anillos, los juegos de rol) son sus principales pilares, pero hay infinidad de obras citadas de forma más o menos descarada, tanto en lo visual, como en la trama, como en los diálogos, como en la banda sonora. Hay ya unos cuantos artículos analizándola a fondo en este aspecto (este por ejemplo), así que me voy a centrar en la crítica. En vez de introducirnos con elegancia y sutileza en una atmósfera de estética añeja y con homenajes puestos en su justo momento, cada parte de la trama y cada escena, cada diálogo y cada personaje están construidos a base de piezas sacadas de la época retratada.

Tenemos la clásica pandilla de chavales marginales (clonada de Los Goonies, obviamente) que se ven envueltos en un misterio, el cual se empeñan en resolver ellos mismos sin recurrir a nadie a pesar de que hay desaparecidos y muertos. Esta premisa resulta poco verosímil, así que hay que hacer un buen salto de fe para entrar en el juego. Pero sobre todo, resulta limitada. Una vez presentados los personajes no hay mucho más que rascar. La posición de cada chaval, adolescente y adulto se aferra demasiado los tópicos de rigor, impidiendo que resulten naturales, y en muchos casos incluso se convierten en cargantes en muy poco tiempo. La parte de la adolescente que se quiere ligar al chulito (el único que madura al final, pero repentinamente y porque hay que cumplir con el cliché) es realmente cansina, pero no menos vueltas sobre sí mismos dan la madre que enloquece, el sheriff abrumado por fantasmas del pasado (vergüenza ajena me dieron los flashbacks finales), el villano sacado de E.T. y sin personalidad concreta, y los chicos con sus roles tan marcados. Por suerte, estos últimos mantienen lo justo de simpatía como para poder conectar por lo menos con una de las secciones de la historia, y eso a pesar de mantener una dinámica que en todos capítulos ofrece casi lo mismo, avanzando con cuentagotas entre un sinfín de situaciones repetitivas. Además el casting ha dado en la campana tanto con los adultos (Winona Ryder y David Harbour están estupendos) como sobre todo hallando unos actores jovencísimos pero que parecen profesionales veteranos: qué espontaneidad y amplio registro muestran todos los críos. Eso sí, me tiré un par de capítulos creyendo que el niño que parece el líder de la banda era niña y que la niña de pelo corto era niño.

La trama se atasca igualmente en un mínimo demasiado básico y poco sustancioso: una empresa misteriosa y un monstruo que se les ha escapado. Y también la verosimilitud hace aguas: experimentos tan delicados al lado de un pueblo en vez de en zonas aisladas como el Área 51, un bicho fugado y no parecen poner mucho interés en buscarlo… Gracias a la sólida puesta en escena (la fotografía nocturna es estupenda) se logra una atmósfera sombría y un tono de seriedad y calidad que el libreto no llega a conseguir, pero no es suficiente, y conforme avanzan los episodios se va diluyendo porque el guion no da más de sí. El monstruo ataca cuando los escritores quieren, relegando de mala manera la persecución del chaval desaparecido y la movida en su hogar a lo Poltergeist hasta el último capítulo, mientras que en los demás nos sueltan dosis ínfimas de datos la mar de previsibles. Sumado a los personajes estancados en una mecánica repetitiva, no hay sensación de avance, y cuando este llega, ocurre exactamente como se venía venir: no hay cambio, giro, supuesta sorpresa o resolución que no se intuya muy de antemano… pero sí encontramos numerosos agujeros, sean momentos mal resueltos o poco creíbles:
-Un par de personajes hallan la guarida del monstruo que tanto buscan, salen por con vida por los pelos… y se van a casa a ducharse y a dormir. ¿Informar a alguien, pedir ayuda para buscar a los desaparecidos, decirle a la madre que definitivamente no está loca? Nooo, que hay quejarlo para otro capítulo, ahora toca otro pasito minúsculo en el romance juvenil.
-En una persecución (a lo E.T. sin disimulo alguno) bloquean una calle con un vehículo… pero parece que los persecutores no ven que hay amplios jardines sin acera por donde pasar. La escena es verdaderamente ridícula.
-Las radios (walkie-talkies) mágicamente se convierte en móviles, sin tener que cortar para que el otro hable ni pulsar el botón. No puedes basarte en un momento tecnológico concreto y luego saltarte las reglas cuando te da la gana.
-Y finalmente hasta la puesta en escena falla un poco en los momentos de acción, con unas peleas cuerpo a cuerpo y unos tiroteos bastante mal montados (qué poco creíble resulta cómo el sheriff vence a distintos individuos de seguridad, tanto en la base secreta como en el vertedero de vehículos donde se esconden los críos).

En resumen, Stranger Things sólo te enganchará si conectas con la idea de revivir el pasado. Y parece que el truco ha funcionado, porque la mayoría de espectadores ha acabado muy contento, sin llegar a ver sus notables carencias internas. Yo espero algo más, no puedo emocionarme y vibrar con una mezcla desganada de cosas demasiado conocidas, necesito una historia que intente existir por sí misma, no viviendo de trozos de otras obras con la excusa de la añoranza; como se imponga la moda del remake también en televisión me dará algo. Si no fuera por su profesional acabado visual y por la gracia del grupito de niños, creo que estaría dándole un suspenso. Aun así, el ritmo es moroso, aletargado, hasta resultarme un poco pesada a pesar de su sencillez y brevedad. Y desde luego me ha parecido intrascendente, a olvidar en poco tiempo.

PD: ¿Pretendían una serie exclusivamente para adultos? Porque si bien en muchos tramos es muy infantil, hay unos cuantos momentos terroríficos, violentos y sangrientos. Si se trataba de recuperar el tono ochentero, ¿por qué no mantener también el estilo juvenil apto para todos los públicos, para así enganchar a nuevas generaciones?

FALLECE JERRY DOYLE, GARIBALDI DE BABYLON 5.

Otro actor de Babylon 5 que se va antes de tiempo. La serie arrastra una trágica maldición. Richard Biggs falleció con 44, Andreas Katsulas con 59, y Jeff Conaway con 60. Con 60 también nos ha dejado Jerry Doyle, quien encarnó a Michael Garibaldi, el jefe de la seguridad de la estación. Las causas de la muerte están pendientes de autopsia.

Decir que Garibaldi era un gran personaje es un tanto redundante, porque esta serie, sin duda una de las cinco mejores de la historia, lo era porque también tenía uno de los mejores repertorios de personajes nunca vistos, si no el mejor. Los actores, como Doyle, no eran muy conocidos ni tampoco intérpretes extraordinarios, pero sí eran buenos profesionales y además le pusieron muchas ganas a un proyecto atípico y de futuro incierto. Doyle mismamente, como recalca Straczynski en sus palabras de despedida, era un currante de primera, puntual, eficiente y respetuoso con todos. Eso no quita que, como su rol, fuera un tipo rancio en lo político hasta resultar un grano en el culo a veces. De hecho los últimos años llevana un programa de radio sobre política, The Jerry Doyle Show, y antes, justo al acabar la serie, se presentó a algún cargo por el partido republicano, aunque sin conseguir ser elegido.

Fuente: TMZ.com

RICK Y MORTY – TEMPORADA 1.


Rick and Morty
Adult Swim | 2015
Productores ejecutivos: Dan Harmon, Justin Roiland
Intérpretes: Justin Roiland, Chris Parnell, Spencer Grammer, Sarah Chalke, Kari Wahlgren,
Valoración:

Rick y Morty es una creación de Justin Roiland y Dan Harmon para Adult Swim. Ambos han pasado por todo departamento imaginable en el mundillo, sobre todo en programas y series de humor: extras, dobles, animadores, fotografía, efectos visuales, editores… Y tienen bastante experiencia en los más relevantes, guion y dirección (Harmon es el más conocido, por su serie de culto Community), pero también en interpretación, en especial en series de animación. El mismo Roiland dobla a Morty y a Rick ¡a la vez!, y Harmon a muchos secundarios.

Rick es un genio de la ciencia que ha inventado un aparato para viajar entre universos paralelos y se ha construido una nave espacial con trastos del garaje, entre otros muchos avances. Y ha decidido llevarse a su nieto Morty a sus peligrosas aventuras.

¿Cómo la describiría? Como una mezcla de Regreso al futuro, Doctor Who y sobre todo Futurama, todo ello aderezado con las drogas que toman los guionistas de Padre de familia y Padre made in USA. Es una serie de aventuras espaciales desbordante de imaginación, infinidad de referencias culturales y humor bruto, y todo ello sin olvidarse de tratar temas serios con inteligencia e ironía. Así, incluso el viaje más absurdo de la pareja tiene un trasfondo de humanidad, y eso cuando la trama no está sumergida de lleno en algún análisis social. Para esto último suele emplearse el resto de la familia: mientras Rick y Morty están en una delirante odisea de ciencia-ficción, en casa de los padres y la hermana mayor vemos líos familiares más terrenales. Eso sí, la mayoría de las veces ambas secciones tienen un nexo de unión, sea un giro casual o parte de la trama, otras muchas acaban viajando todos juntos.

¡Son clones de una realidad alternativa poseídos por demoníacos espíritus alienígenas del futuro de otra dimensión!

Creo que ya lo he dicho todo, y a la vez no he dicho nada. Porque la personalidad y originalidad de la serie es difícilmente clasificable. Piensa en los mejores momentos de Futurama, pero con un ritmo demencial, mucho más giros impredecibles y locuras sin mesura alguna. Comento por encima varios capítulos de distinto estilo, porque no he encontrado otra forma de abordar tal variedad de historias y situaciones.

Tenemos los que en su premisa parecen tirar de algo básico o incluso predecible. Por ejemplo está el que habla de los ligues juveniles en la fiesta del instituto, donde Morty toma una poción para atraer a la chica que le gusta y acaba con todo el mundo deseándolo y peleándose por él. Pero más allá de este punto de partida todo sorprende, el argumento se retuerce y renueva de forma insólita: el abuelo intenta arreglar el desastre pero la caga varias veces provocando situaciones cada cual peor… hasta el punto de terminar con el mundo que conocían patas arriba y tener que buscar una solución tan drástica e inesperada que el desenlace resulta inquietante, sobrecogedor.

En cuanto a los más centrados en la ciencia-ficción, tenemos los que cogen uno o más clásicos del género y se montan su surrealista versión alternativa, como la parodia de Origen (Inception) o la de Parque Jurásico. En el primero se introducen en los sueños de un profesor para inducirlo a que le ponga buena nota al chaval, y acaban en un desmadre de sueños eróticos sin pies ni cabeza y pesadillas a lo Pesadilla en Elm Street que, atención, se resuelve tirando de un giro humanista, no con un truco de “ciencimagia”. El segundo combina el parque de atracciones que se va al traste con El chip prodigioso, convirtiendo las partes del cuerpo humano en las distintas etapas de la cinta de Spielberg. La otra tendencia abandona la parodia para buscar historias propias tremendamente imaginativas, como el intento de una raza alienígena de sacarle información al dotado anciano mediante realidades virtuales: una dentro de otra, dentro de otra, dentro de otra hasta que acabas totalmente loco, pero al final va incluso más allá, porque la forma de Rick para resolverlo consigue impresionarte incluso después de todo lo visto.

Llegas último tramo de la temporada pensando que ya te has hecho al estilo de la serie, pero te clavan otros dos capítulos inclasificables. Aquel en que se ponen a ver la televisión de distintos universos paralelos, donde sin duda hay muchas escenas improvisadas en la sala de doblaje (si es que se notan hasta las risitas), tiene gran cantidad de salidas absurdas… y aun así acaba con un giro dramático muy emotivo. Y luego llega Close Rick-counters of the Rick Kind, donde de nuevo te dejan anonadado al plantar la semilla de una trama seriada de gran imaginación: el consejo de Ricks, donde los abuelos de distintas realidades se reúnen para perseguir a los que se descarríen, y concretamente están desbordados por los estragos que causa uno de ellos, convertido en asesino en serie de Ricks… Escena tras escena es un prodigio narrativo que ofrece un estupendo análisis sobre relaciones humanas (Rick y Morty discuten sobre cómo se tratan entre ellos, y su dinámica evoluciona con los eventos) y religiones (en dos escenas breves te clavan un certero análisis de cómo las religiones surgen de la miseria y la desesperanza), todo ello envuelto en una historia de ciencia-ficción compleja y original (incluso cuando se busca una referencia obvia, como el Consejo Transdimensional de Ricks inspirado en los Señores del Tiempo de Gallifrey de Doctor Who) que te lanza una lluvia de ideas geniales tras otra… y aun así son capaces de volver a sorprenderte en el giro final.

Pero puestos a elegir un favorito entre tanta maravilla yo me quedo con Meeseeks and Destroy. Se habla de nuestros fallos y limitaciones como personas, que pueden minar las relaciones: el marido empanado, la esposa que abandona sus sueños resignada, Morty queriendo hacer el bien pero topándose con las zancadillas que pone la vida… Pero joder, ¿cómo demonios se les ocurrió la cosa esa de los meeseeks? No puedo describirlo, tienes que verlo por ti mismo. El momento en que se echan la patata caliente de un meeseek a otro… tuve que darle al pause porque me atragantaba de la risa. Y si hablamos de escenas sueltas, entre las muchas magistrales e inclasificables hubo una que me dejó patidifuso: la del abuelo, después del lío con las realidades virtuales, cogiendo a Morty y poniéndole un cuchillo en el cuello al grito de ¡Pequeño hijo de perra! ¡¿Eres una simulación?!

De primeras, al ver el dibujo de la familia puede parecer que tiene una animación muy sencilla, pero en cuanto empezamos a saltar entre universos y planetas explota el imaginario a lo grande: infinidad de escenarios y alienígenas de todo tipo, algunos inclasificables, pasan ante nuestros ojos a gran velocidad. Diseñar tantos lugares y personajes lleva tiempo y esfuerzo y por extensión cuesta dinero. Supongo que por eso las dos primeras temporadas son tan cortas (once y diez episodios respectivamente): detrás no hay una productora importante que ponga dinero y un gran equipo de animadores. En cuanto al doblaje al castellano, las voces parecen aceptables, aunque por las pocas escenas que he visto diría que Morty pierde mucha expresividad: en el original el tono de voz y los ruiditos que hace son esenciales para conocer su estado de ánimo, en castellano se queda muy corto. Y no sé si la traducción respeta las referencias, porque recuerdo que en Futurama no lo hacían mucho y de hecho a veces cometían unas cagadas imperdonables.

PD: Los Simpson incluyó una introducción del sofá combinada con Rick y Morty que resultó memorable. La podéis ver en el canal de youtube de Adult Swim.

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 6.


CBS | 2015
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Christine Baranski, Matthew Goode, Archie Panjabi, Chris Noth, Alan Cumming, Zack Grenier, Mike Colter, Michael J. Fox.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay algunos spoilers importantes si no has visto esta y la anterior.–

He de decir que tras la quinta temporada abandoné The Good Wife, pues me sentía defraudado e incluso engañado. Le había costado varios años, pero parecía estar madurando lentamente, dejando atrás sus numerosas limitaciones (el tono procedimental, el potencial desaprovechado de las historias y su alcance), tanto que esa quinta etapa se había lanzado por fin echando toda la carne en el asador… Pero en su ecuador se vio que era todo humo, que sólo se habían atrevido desarrollar tramas de apariencia valiente porque un actor abandonaba el barco y podían hacer un reset descarado sin vergüenza alguna. Y a partir de ahí fue dando tumbos, estancándose en viejos y en nuevos errores.

No he retomado la serie porque haya mejorado en críticas, de hecho se le acusa de problemas semejantes en los dos últimos años, sino por afán completista, por curiosidad, y bueno, también porque en el fondo sigue teniendo buenas virtudes que la hacen muy entretenida, y esperaba que no volvieran a meter la zarpa de esa manera. Pero una vez vista queda claro que le ocurre en cierta manera lo mismo. Por suerte el bajón llega más tarde, en el tramo final, y no es tan grave, pues el giro que deja todo lo andado en el limbo no resulta un reinicio tan grande. Además, la parte buena lo es bastante.

Entre sus aciertos vuelve a figurar ese crecimiento. El tono de procedimental desaparece por completo, hasta el bajón, en dos tramas principales potentes y bastante bien llevadas, el juicio a Cary y el viaje en la política de Alicia, entre las que se alternan unos pocos casos bastante acertados, en especial a la hora de tratar temas de actualidad. En estos destacan los que tratan las violaciones en las universidades, el racismo en la policía, los temas de informática (aunque el hackeo al nuevo bufete da un poco de risa: ¿abogados de nivel cediendo a un chantaje cutre?) y otras nuevas tecnologías (el dilema de las armas llevado a las que se pueden hacer con impresoras 3D).

El proceso a Cary es iniciado por la fiscalía, eterno rival de nuestros protagonistas, para tratar de llegar a uno de sus clientes, el narcotraficante Lemond Bishop (Mike Colter). Su desenlace era obvio desde el principio, pero el trayecto mantiene el interés en todo momento con infinidad de problemas, algunos inesperados, y bastante tensión: se ve a los personajes sufrir y esforzarse en todo momento en este enorme revés que los azota justo cuando estaban poniendo en marcha su nuevo bufete. Paralelamente tenemos la campaña de Alicia para Fiscal del Estado, esa a la que no quería presentarse pero el entorno, encabezado por Eli, la empujó hasta que lo vio como un paso inevitable. Y eso es lo mejor de la temporada. Alicia más que nunca es la protagonista, y sabemos en todo momento qué piensa, qué sufre, qué quiere, qué la lleva a tomar unas decisiones u otras, incluyendo algunas en contra de su postura inicial (debe replantearse su ética cada dos por tres). Recordemos que en los inicios de la serie los guionistas no eran capaces de mostrar su interior con cercanía, era un rol plano, frío, y muchas veces engullido por los que se suponía que eran los secundarios. Ahora hasta tenemos escenas que nos introducen directamente en sus pensamientos, viendo las situaciones que imagina y analiza. Aquí es imprescindible citar el capítulo 604, Oppo Research (análisis del oponente), donde Eli le selecciona un director de campaña y buscan juntos todos los puntos oscuros y polémicos sobre ella que la oposición podría sacar durante la contienda. El drama personal tan bien tratado y el paso final que dan a la hora de abordar el análisis del sistema político estadounidense ofrecen el que probablemente sea el mejor episodio de la serie y uno de los grandes del 2015.

En plena carrera a las elecciones hay tramos en los que parece que estamos ante la hermana menor de El Ala Oeste de la Casa Blanca con toques de la campaña de Carcetti en The Wire: el funcionamiento del entramado político, sobre todo obviamente en el camino previo a las votaciones, es tratado con verosimilitud y detallismo. Incluso se atreven a aportar ciertas dosis de humor negro e ironía bastante sutiles. Los grupos de opinión, las presiones de todo tipo, los debates, las entrevistas, las recaudaciones… Vemos todas las caras de un sistema lleno de agujeros: el racismo, las posturas fingidas (decir que el matrimonio Alicia-Peter va viento en popa), los juegos sucios (sacar a la luz temas personales delicados), las influencias de un lado (los donantes ricos, como el viejo asqueroso) y de otro (los políticos, como los superiores del partido)… Pero aunque se roza el nivel eternamente prometido sigue chocando con algunas barreras que limitan su potencial. No me hubiera parecido muy grave si no fuera porque en el tramo final explota todo, pero aunque no fuera así tendría que citar estos puntos débiles del año, porque después de todo sigue estando presente en todo momento la sensación de que en algunos aspectos los autores no se atrevan a mojarse del todo. Es como si se hubiera abierto la veda para tratar la política, pero en los temas sociales (amores, amistades, matrimonios) y la religión siguiera siendo una serie muy conservadora.

La religión la incluyen pero hablan de ella con mucho miedo a herir sensibilidades, así que todo es forzadamente luminoso, todos se respetan, y Alicia acepta por fin que debe dejar la puerta abierta porque tarde o temprano Dios entrará… Y cada vez que aparece la hija, a la que los guionistas en vez de sacarla del armario la metieron en la iglesia, dan ganas de vomitar. En la misma onda rancia tenemos otra vez amagos de romance con Alicia, y varios además, que se quedan en nada, señalando claramente que los realizadores no se atreven a ir más allá del concepto “Santa Alicia”, eso de que las aventuras son un pecado y el matrimonio debe mantenerse a toda costa aunque esté podrido y sostenido en mentiras. Así, Alicia sólo se siente tentada cuando las cosas van mal y un hombre hecho y derecho la apoya en esos momentos de bajón (aunque una vez tiene un calentón por un instante de entusiasmo), pero luego se recupera y vuelve a ser la mujer perfecta: trabajadora, ama de casa y esposa calladita. Vale, quizá no sea una situación tan de blanco o negro, pero sí es cierto que a la hora de dar el paso definitivo en una acción o decisión siempre optan por barrerlo todo bajo la alfombra, sin atreverse a criticar a fondo tendencias sociales impuestas por los sectores conservadores. En esta falla cabe destacar lo desaprovechado que está el personaje de Finn, pues aunque Mathew Goode logra un rol atractivo en sus pocas frases los escritores se empeñan en tenerlo como sustituto pobre de Will, esto es, el romance en tensión que nunca llega a nada. Mira que cuando parecía que iban a lanzarse lograron un par de escenas geniales, como la del restaurante donde se va la luz y ponen velas, convirtiéndose inesperadamente en una cena romántica, pero en general lo incluyen con calzador en las tramas, como esos casos en los que aparece ayudando en el juzgado sin que se sepa por qué, puesto que no trabaja con ellos.

Y, aunque menos evidente a primera vista pero también relevante, tenemos que la esperada trama de rivalidad entre bufetes se deja de lado para centrarse en la sección política, y cuando parece que van a volver a ella la fulminan rápidamente: la firma de los protagonistas recupera las oficinas originales y poco a poco a todos los abogados, hasta al malvado de David Lee. ¿Qué necesidad había de aferrarse tanto al statu quo, por qué ese miedo a enfrentar a quienes antes eran amigos (la facilona forma en que Diane acabó trabajando con Alicia y Cary en vez de ser oponentes), por qué hacer amagos de guerras que no vamos a ver? Y no acaba aquí, porque como veréis más abajo, en los últimos capítulos repiten estos errores.

Esta barrera ideológica, sea autoimpuesta por los guionistas por miedo o imposición de la cadena, explota cuando, en un giro de folletín forzado, todo lo andado en diecinueve episodios se queda prácticamente en nada: ¡no se atreven a dar el paso de que Alicia llegue fiscal y vuelven a ponerla como una abogada cualquiera! La evolución lógica de la serie, y más dedicándole tanto tiempo a esa historia, era que acabara como fiscal. No puedes volver al punto de salida, a luchar por empezar en la abogacía desde abajo, ya lo hemos visto en sus dos versiones, como novata y formando un bufete. ¿Otra vez tenemos que lidiar con ello? ¿En el tramo final de la serie? ¿Cuando anuncias a bombo y platillo que vas a dar un gran paso al frente? ¿Repitiendo el lío de votaciones trucadas y con un giro trampa demencial que la hace dimitir sin tener culpa de nada y sin luchar ni un mísero minuto? Y para colmo todos los problemas y escándalos se eliminan de golpe: los donantes exigentes no le piden cuentas de su huida repentina, Peter no aporta nada a pesar de su posición como marido y gobernador, sea decirle que tire la toalla o ayudarla a plantar cara, y la sospecha de su relación con Bishop ya es obviamente irrelevante. Es decir, la trama se suspende porque le sale de ahí a los productores y/o escritores, y no se esfuerzan mucho en darle un cierre bien desarrollado que no deje flecos, dan un portazo y miran para otro lado, tal y como hicieron con la penosa muerte de Will, que se llevó por delante todo frente abierto sin disimulo alguno.

Ahí termina la temporada. Como en el año anterior, hay algunas secuelas en los personajes (Alicia está cansada y asqueada), pero son muy leves, intrascendentales y predecibles… así que intentan recuperar el ritmo metiendo más giros sensacionalistas absurdos. Que si Alicia se pelea con su bufete y la relación con sus compañeros y amigos se va al traste, que si va a ir a por todas para luchar contra ellos… Y esto se cierra con un abrazo y perdón cutre, fuera de pantalla además, igual que los roces con Cary que adornaron malamente su inicio en el bufete conjunto en el desenlace de la etapa anterior. Pero esto no da para cumplir con los capítulos que quedan, así que vuelven al procedimental incluyendo casos vulgares que parecen escritos con prisas. El del tipo retenido ilegalmente por la policía parecía volver a tratar temas serios, pero es el mejor ejemplo de que está tan encorsetado en el procedimental que no explora lo más mínimo sus posibilidades. Y en los últimos minutos del año nos tratan de colar otro giro forzado con la aparición de Canning, como si dijeran “ahora sí vamos a cambiar las cosas”. No veo por qué montar otro bufete, por mucho que sea con quien era un ferviente enemigo, va a ser más interesante que seguir con todas las historias tan jugosas que iban desarrollando. Por no decir que ya amagaron con ello hace tres temporadas.

Los otros puntos débiles tampoco son nuevos. Entiendo que no haya tiempo para todos los personajes recurrentes de este particular universo, pero es que no saben dosificar sus apariciones y salidas. Canning es el que mejor parado acaba al tener más tiempo, y la presencia de la encargada de hacer el seguimiento de los acusados (un puesto que no conocía, parecido al de agente de la condicional pero antes de pasar por prisión) funciona por la novedad. Pero con el resto rozamos el desastre. Robin desaparece sin más a los pocos episodios. Los abogados y jueces variopintos apenas cumplen su cupo, y da la impresión de que a veces intentan reforzar sus breves apariciones recalcando sus peculiaridades, como el tipo investigador que siempre lleva varios niños a cuestas, con el que en cada escena repiten el mismo patrón de forma cargante. Aunque la peor parada en esta categoría es Elsbeth Tascioni: lo que hacen con ella es surrealista y termina siendo un insulto a la gente con problemas tipo asperger, obsesión compulsiva, déficit de atención y semejantes; me sorprende que no hubiera una buena polémica. También vuelven a incluir una mujer en la órbita de Alicia y Peter… y de nuevo se queda en casi nada. Al menos el rol de Connie Nielsen se va cerrando su historia, porque los de Amanda Peet, Maura Tierney y Mellissa George se esfumaron sin más. ¿Y qué me decís de los dos abogados afroamericanos que se supone que son socios importantes pero se tiran toda la serie entrando y saliendo caóticamente? También se desvanece Gary, ese que confunden con Cary muchas veces. En fin, un pequeño desastre.

Entre los secundarios relevantes también tenemos achaques, como ese David Lee al que se empeñan en poner de malo pero sin ahondar en su psique, es decir, es malo porque sí. Pero Kalinda es la principal afectada de este problema… de nuevo. Con el caso de Cary empieza atascada en esta otra eterna relación en tensión que no termina de definirse, a lo que se suma ese lesbianismo raro en que la sumergen. En las primeras temporadas no se atrevían a mostrar un simple beso, y ahora que por fin hay escenas en que sale en la cama con el bellezón del FBI se empeñan en recalcar en todas las ocasiones que se acuesta con ella para sacarle algo de información. Sexo apasionado casual, amistad íntima, follamiga de toda la vida… nada, es como si todavía no se atrevieran a decir que es bisexual porque siente atracción, pasión y amor por los dos sexos, sino que es una buscavidas dispuesta a todo y que por esas transgresiones es una mujer triste y solitaria y acaba siempre metida en líos. Y después del juicio a Cary ya definitivamente no saben qué hacer con ella. Sólo aparece para dar la resolución mágica del caso del día, con una llamada telefónica que da la pista que resuelve las cosas a favor del bufete. Antes era un personaje limitado, pero al menos la veíamos investigar, luchar por sacar adelante su trabajo, compenetrarse o chocar con los compañeros… Ahora ni lanzándola a la órbita de Bishop remonta… de hecho ahí fallan estrepitosamente volviendo a una de las principales pegas de los primeros años: no quieren olvidarse de ella, ni de Bishop y su influencia en otros protagonistas, y aunque no aporten nada meten una escena clónica en cada episodio en vez de concentrar una historia más tangible en unos pocos. Por suerte, por fin se la quitan de encima largándola con la excusa de que teme por su vida por culpa de ese criminal.

Curiosamente, cuando se acerca el final de la historia política de Alicia empiezan a llevar a Diane hacia la suya propia. Pero aquí empezamos y acabamos metidos de lleno en la línea cobardica y superficial. El berenjenal de dilemas y discursos de izquierda y derecha o demócratas y republicados se expone con vaguedades, drama de postín y resoluciones facilonas. Por suerte Diane es un gran personaje que mantiene el tipo en todo momento; y bueno, lo cierto es que al menos exponen ciertos temas polémicos (las armas, el choque entre religión y matrimonio homosexual, los grupos de presión de los poderosos -lobbies, think tanks-), porque bien podrían haber pasado siquiera de intentarlo. Y por otro lado, Cary ve bastante reducido su protagonismo tras el juicio, pero mantiene presencia y personalidad suficiente.

Me ha costado bastante decidir qué nota darle. Sigue siendo un drama con unos puntos fuertes muy destacable: es realmente entretenido, sus personajes principales tienen mucho tirón (en parte por los buenos intérpretes), y los tramos más logrados son de muy buen nivel. Pero también tiene un potencial infrautilizado por culpa de ese tono bipolar incomprensible, tanto en el equilibrio cualitativo como en el rango ideológico de las historias. Es una serie que en un capítulo parece tocar el cielo, y en el siguiente es un procedimental del montón.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

THE EXPANSE – TEMPORADA 1.

Syfy | 2015
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Thomas Jane, Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Chad L. Coleman, Athena Karkanis, Paulo Costanzo, Jay Hernandez, Florence Faivre, Jared Harris¸Lola Glaudini, Shawn Doyle, Kevin Hanchard.
Valoración:

The Expanse (la expansión) es una serie de novelas escritas por Daniel Abraham y Ty Franck bajo el pseudónimo compartido de James S. A. Corey. La primera entrega, Leviathan Wakes, se publicó en 2011, y apuntan en principio hasta un total de nueve. En España está prevista su llegada a finales de 2016. La adaptación nace en el canal Syfy a manos de Mark Fergus y Hawk Ostby, autores de guiones del calibre de Iron Man e Hijos de los hombres.

Desde el primer capítulo se notan los orígenes literarios en la complejidad y detallismo del universo presentado y la valentía de tener varios frentes muy distantes en espacio y tiempo (está claro que tardarán bastante en unirse), pero también en estilo. Cada sección es prácticamente un género y una historia por separado donde se describen distintos aspectos fundamentales del trasfondo en que se está gestando la trama global: una intriga que amenaza con alterar el precario equilibrio político y social de todo el Sistema Solar.

En Ceres (el asteroide más grande del cinturón, denominado ahora como planeta enano) tenemos una trama de detectives que aborda temas sobre diferencia de clases, lucha obrera y terrorismo. La vida se retrata en profundidad: los cinturianos tienen su propio lenguaje y gestos, sus problemas (escasez de agua, deformaciones por la baja gravedad), sus tipos de ciudades, ambientes y trabajos. Cabe destacar que la miseria y el odio creciente contra la Tierra y Marte por explotarlos sin miramientos son el caldo de cultivo para que la aceptación de una banda terrorista esté aumentando entre la población. Pero en todo ese embrollo no se olvidan de la esencia del cine negro, con un detective, Joe Miller, por lo general sombrío y a veces abrumado por los hechos, pero también capaz y resistente hasta la desesperación de sus enemigos y superiores. Y no le falta el sombrero y cierto cinismo, en la onda del gran Humphrey Bogart de El halcón maltés y El sueño eterno. El carisma nato de un actor tan desaprovechado como Thomas Jane (La niebla, Hung) termina de perfilar este protagonista clásico pero de gran magnetismo, y el caso, seguirle la pista a una joven rica descarriada, avanza con su intriga combinada muy bien con esa elaborada descripción del lugar y la acertada exposición de su particular grupo de personajes secundarios.

A bordo de un carguero de hielo que vuelve de Saturno empezamos a conocer a su tripulación, aunque quienes se alzarán como protagonista no serán quienes esperas de primeras, en uno de los giros donde más se nota el origen literario: los realizadores no tienen miedo a la hora de presentar a los protagonistas con tranquilidad y denotando una prometedora planificación futura. Nos encontramos con que, tras discutir sobre si realizar un salvamento (por eso de que podrían ser piratas), una nave desconocida destruye el carguero. Se salvan de milagro los pocos que fueron en la lanzadera de rescate, unos voluntarios, otros obligados. Y esta es la otra gran sección de la temporada: la aventura de supervivencia de unos desgraciados que sin comerlo ni beberlo se han topado con parte de un extraño complot. Porque no sólo deberán sobrevivir en el implacable espacio, sino que serán rifados por cada bando político, siendo acusados por unos y buscados por otros para ver qué saben de esa misteriosa nave hostil que parece querer provocar una guerra.

Su odisea va dibujando cada rol y afianzando la dinámica del grupo, aprendiendo cada uno las habilidades y limitaciones de los demás, teniendo sus momentos de confianza y desconfianza. Jim Holden (Steven Strait -visto en Magic City-) es el más inteligente y moralista: se para a analizar toda situación, pensando en las implicaciones a corto y largo plazo de las acciones que elijan seguir. Esto desespera a Amos Burton (Wes ChathamThe Unit, Los juegos del hambre: Sinsajo-), el bruto cabeza hueca, que saltándose el rango de aquel se alía con Naomi Nagata (Dominique Tipper en su primer papel relevante), una superviviente nata que actúa con más determinación. Alex Kamal (Cas Anvar -infinidad de papeles secundarios-) queda un poco en tierra de nadie, pero su gran valía como piloto impide que sea ninguneado. Todos tienen un pasado con secretos que se irá desvelando poco a poco, terminando de definir sus formas de ser.

Este viaje sirve también para profundizar en el espectro político: vemos cómo funciona la maquinaria bélica (impresionante la parte de la nave de guerra marciana), se matizan los roces entre estados y nos presentan otros bandos menores. En sus numerosos cambios de escenario buscando respuestas y salidas destaca la estación Tycho, donde conoceremos a Fred Johnson (Chad L. ColemanThe Wire, The Walking Dead-), otro jugador importante del tablero que actúa de forma independiente. Y de refilón vemos a los mormones y su nave gigante de colonización, que parece más bien una hégira. ¿Qué relevancia tendrán en el conjunto de acontecimientos?

En la Tierra terminamos de adentrarnos de lleno en la política al seguir las andanzas de la secretaria de estado Chrisjen Avasarala (Shohreh Aghdashloo24, Grimm-), cuya posición en las altas esferas pero no demasiado arriba le permite estar metida en todos los berenjenales sin exponerse demasiado. Es una veterana de los juegos a dos bandas, de los secretos y las intrigas, y acaba hasta el cuello con ellas en el lío al que los gobiernos de la Tierra, Marte y el cinturón están siendo empujados. ¿Quién está agitando el avispero y con qué intenciones? ¿De quién es esa nave hostil que son incapaces de identificar y encontrar? ¿En quién puede confiar?

En lo visual también se nota una ambición que no se veía en Syfy (el único canal que a veces apunta hacia el espacio) desde Battlestar Galactica. Muchos escenarios con decorados de todo tipo, incluyendo varios interiores de navíos, bastante efecto digital de calidad y una buena labor de vestuario reconstruyen los distintos lugares y ambientes con bastante realismo. Destaca la recreación de Nueva York, protegida por diques para no acabar bajo el agua, el diseño verosímil de las naves, el contraste entre zonas ricas y pobres… Y supongo que en próximas temporadas veremos más localizaciones (¿conoceremos Marte al fin?). Eso sí, en comparación no veo que supere a Galactica. No hay cifras confirmadas, pero los rumores dicen que aquella costaba unos dos millones de dólares por capítulo y que The Expanse estaría por encima de los cuatro, con lo que cabe pensar que podría lucir mejor. Ahora bien, como digo el acabado es impresionante y carencias tiene pocas. Solo una podría citar, y precisamente por todo este estupendo trabajo me mosquea bastante: ¿por qué pusieron tan poco esfuerzo en diseñar los puentes de mando? Hasta el acorazado marciano se maneja con una mísera tableta que vale para todo (por no decir que el puente es un cubículo puesto en medio de lo que parece un almacén). ¡Quiero pantallas, botones y gente currando!

El mimo que ponen los realizadores también se aplica a la autenticidad de la física espacial. La gravedad sólo funciona cuando una nave está en aceleración, y por ello estas tienen forma de cohetes y no de barcos y aviones como acostumbra el género. Las batallas son hiperrealistas en movimiento, distancias (las naves no se ponen a cien metros para dispararse, pues pueden hacerlo desde miles de kilómetros, y sólo se acercan para el abordaje) y efectos varios (las explosiones, descompresiones e ingravidez dan para un sinfín de escenas emocionantes). Eso sí, hay molones efectos de sonido, y a mí me parece estupendo.

Aun así, la dificultad de rodar tanta escena compleja termina dejando algunos fallos: estanterías que claramente no sujetan bien los objetos, mesas con cosas puestas que saldrían flotando en cuanto dejen de acelerar, y alguna situación que no parece tener lógica. Resulta que, en una pequeña lanzadera con un habitáculo no más grande que una habitación, la exclusa deja de funcionar y se abre, y se tiran un rato arreglándola cuando está claro que el aire habría salido por completo en segundos. Y la más llamativa, cuando están reparando algo en el casco una herramienta de repente sale despedida a toda velocidad como si la nave estuviera en una aceleración que no afecta a los trabajadores, que se sientan en el casco como si no estuvieran en perpendicular respecto a la supuesta fuerza ejercida, ni a otros escombros que flotan alrededor. Aparte hay un fallo de edición curioso: en los capítulos 102 y 107 vemos una escena breve repetida, la de Miller yendo al puerto de Ceres y tropezando con un transeúnte (minutos 10:14 y 33:56 respectivamente, por si te da la curiosidad).

Pero salvo por esas minucias la puesta en escena no está nada mal. No tiene una labor de dirección que deje huella, pero cumple de sobras y la fotografía es bastante buena, destacando que los juegos de filtros e iluminación varían según donde estemos. Sólo he echado de menos una banda sonora con más personalidad. En cuanto a los títulos de crédito, se han currado unos bastante majos que resumen la colonización del sistema solar de forma artística, pero los episodios van tan ajustados de duración que sólo aparecen en dos o tres y en el resto sólo vemos el logo de rigor. Y finalmente, aunque también sin deslumbrar, el reparto convence a la primera, todos se hacen rápido a sus roles y muestran con veracidad las penurias constantes a las que se enfrentan.

Viendo esta presentación de The Expanse está claro que estamos ante una serie de ciencia-ficción con una complejidad muy de agradecer en un género, por desgracia para los fans, poco explotado en este sentido. Babylon 5 y para de contar, porque Battlestar Galactica fue puro humo, desde la primera temporada se vio que todo estaba improvisado de mala manera, y Farscape y Firefly eran más de aventuras, sin un universo elaborado ni grandes tramas políticas. Con la atractiva exposición gradual de este futuro ficticio, la jugosa intriga global que alcanza a tantos bandos e individuos, la certera descripción de estos y sus atractivas y variadas aventuras, The Expanse resulta imprescindible para el fan de la ciencia-ficción, pero también es muy recomendable para el que busque un buen thriller político. Su calidad es bastante alta y su potencial enorme, aunque en esta primera etapa no llega a explotarlo del todo debido a algunas limitaciones. Nada grave, pero da la sensación de que se queda a las puertas de lograr una temporada monumental.

El principal lastre es el ritmo inestable, que corre unas veces más de la cuenta y otras se frena demasiado. El proceso en que Miller acaba encaprichado de la chica misteriosa que persigue me parece un tanto forzado, así como su decisión final de buscarse nuevos aires. La dinámica de la tripulación en formación parece condensar demasiados eventos sin dejar que estos calen del todo en los personajes; donde más se nota es cuando llegan por fin a un sitio donde pueden decir lo que saben y esconderse para que no los molesten, pero de repente, sin una transición adecuada, los vemos meterse por voluntad propia aún más en todo el jaleo. Y sobre todo, la política en la Tierra es más pesada de la cuenta: tiene escenas que dan muchas vueltas para llegar a cosas obvias, de hecho hay algún momento que peca de rebuscado, como la visita a la madre de un protagonista (esa que vive en una casa en la nieve). En otras palabras, Avasarala habla demasiado, ocupando un tiempo que podría haberse empleado en describir mejor a los secundarios de esta sección así como el funcionamiento y las maquinaciones del gobierno.

Eso sí, no veo bajones acusados, más grave me parece la velocidad excesiva de algunos acontecimientos. Creo que le habría venido muy bien más capítulos para tratarlo todo con mayor tranquilidad, dejando que se asienten mejor los personajes y las historias, para lo que podrían haber incluido alguna trama secundaria, que espacio para moverse por este vasto universo tienen de sobra. Por otro lado, esa velocidad, esa lluvia de información, permite ver la temporada varias veces sin que acuse desgaste.