HAPPY VALLEY – TEMPORADA 1.

Happy Valley
BBC | 2014
Productores ejecutivos: Sally Wainwright, Nicola Shindler.
Intérpretes: Sarah Lancashire, George Costigan, James Norton, Charlie Murphy, Siobhan Finneran, Adam Long, Steve Pemberton, Joe Armstrong.
Valoración:

En una pequeña localidad de Inglaterra el cuerpo de policía local no tiene grandes complicaciones más allá de unos pocos problemas relacionados con el consumo de drogas. Pero eso no implica que las vidas de sus habitantes sean idílicas. La sargento Catherine Cawood arrastra los efectos de un caso sin resolver: su hija fue violada y no soportó criar al hijo que vino después, así que se suicidó. Por otro lado, un contable deja salir su ira contra su jefe planeando el secuestro de su hija, que llevarán a cabo unos traficantes del lugar… entre ellos el violador que no fue condenado por su acción. Catherine se verá envuelta en un oscuro y trágico caso que además la toca muy de cerca.

La mayor virtud de la serie es que el drama, por muy lacrimógeno que pueda ser en algunos tramos, nunca es sensacionalista o manipulador como ocurría en la popular Broadchurch. El conflicto familiar de la protagonista se trata con realismo, los personajes implicados transmiten cercanía y todo se desarrolla con verosimilitud. Además estamos ante un personaje central redondo, casi fascinante, con el que se conecta con intensidad. Lograr esto era esencial, por su importante conexión con el desarrollo de la trama. Si Catherine hubiera sido intrascendente, o peor, cargante, la serie se hubiera hundido. Crucial es también la lograda interpretación de Sarah Lancashire, que capta muy bien la compleja progresión emocional la agente de policía.

Catherine tiene una buena réplica con los delincuentes, sean los casuales (el contable cabreado), o los más profesionales, con un jefe inteligente y dos soldados muy diferentes, uno torpe y cobarde, el otro, el violador, un psicópata calculador. Pero, y aquí empiezan los puntos flojos, los otros habitantes del relato no están tan bien confeccionados. El resto de policías no pasan de figurantes, algunos superiores no se presentan muy bien, y el investigador que aparece al final para llevar el secuestro es muy soso. La familia más presente (hermana y nieto) funcionan correctamente, pero el resto aburren, tanto el amante (¿qué aporta éste?) como en especial ese hijo con el que no se hablaba, que aparece al final para exponer otro problema: en el desenlace rompen el equilibrio abusando del drama.

El caso avanza sin sorprender, pero también sin fallar: como narración clásica tira por lo realista, con esfuerzo personal tangible (investigación policial pateándose las calles), con los jefes incompetentes de turno, y sobre todo manteniendo en primer plano las repercusiones de los eventos en los protagonistas. Hay buenos golpes de efecto, como el destino de la joven agente, algo de inteligencia en momentos puntuales, como las disputas con los jefes (aquí hay una de mis escenas favoritas: si pretendes que haga la vista gorda con tu registro ilegal de una casa, ¿esperas que yo no la haga con los deslices de otro superior?), y en líneas generales el ritmo e interés se mantienen en un buen nivel.

Pero el capítulo final es un bajón. Gracias a la solidez del caso y sus protagonistas principales todo funcionaba francamente bien a pesar de ser un relato bastante previsible, pero en el último momento dan marcha atrás. El sensacionalismo y los clichés manidos asoman la patita en un clásico desenlace con secuestro de familiar querido y momentos de tensión que de forzados no transmiten nada, por no decir que sin venir a cuando se les va la mano con el drama en una cena familiar innecesaria a estas alturas del relato. La serie habría acabado perfectamente en el asalto al sótano (dándole algo más de empaque, eso sí), el dramón en el cumpleaños y el secuestro son añadidos forzados y malogrados.

A tenor de las buenas críticas recibidas (aparece en muchas listas de lo mejor del año) esperaba encontrarme con una obra si no excepcional sí notable, pero basta un primer vistazo para ver que no tiene ni potencial ni intenciones de dejar huella, que simplemente busca entretener con una fórmula clásica. Por suerte, como indicaba, esta fórmula se aprovecha bien: buen equilibrio entre policíaco y drama, todo ello conducido por un rol central que está cerca de resultar enorme, ofrecen un título que no calará en la memoria pero se ve con agrado.

PD: hay un alegato bastante cutre contra las drogas, por ser una visión muy simple y además errónea (ponen al cannabis como algo que vuelve loca y violenta a la gente), que resulta exagerado incluso en el estilo conservador de la serie.
PD2: nació como miniserie, pero el éxito ha empujado a estirarla.

THE AFFAIR – TEMPORADA 1.

The Affair
Showtime | 2014
Productores ejecutivos: Hagai Levi, Sarah Treem, Eric Overmyer.
Intérpretes: Dominic West, Ruth Wilson, Maura Tierney, Joshua Jackson, Julia Goldani Telles, John Doman.
Valoración:

Supongo que, pensando que un clásico drama de personajes cuyo eje común es un también clásico romance podría no ser especialmente llamativo, sus creadores optan por una narración distintiva y añaden un trasfondo de thriller. Y desde mi punto de vista este es precisamente el lastre de una serie que, reforzando mínimamente el certero drama humano en vez de irse por las ramas con el aspecto narrativo, podría haber sido bastante más buena y entretenida.

Cada capítulo se divide en dos partes, una para cada personaje implicado en la relación amorosa. Esto de primeras parece llamativo, porque promete ofrecer los distintos puntos de vista sobre la aventura que tienen dos protagonistas bastante diferentes. Pero pronto se ve que los guionistas no saben darle el toque de inteligencia necesario, o que no lo buscan y lo que pretendían era un enredo narrativo para adornar la trama, de forma lo único que consiguen es frenar el ritmo aportando demasiada información redundante. Y la verdad es que me sorprende, porque son escritores y productores de gran talento: Hagai Levi (En terapia) y Eric Overmyer (Homicidio, The Wire, Treme…). Básicamente las diferencias de sus momentos juntos radican en que recuerdan las cosas con unos pocos detalles distintos: orden de acontecimientos y diálogos algo alterados, ropa ligeramente cambiada. Nada que aporte cosas esenciales al dibujo de los personajes o la evolución de la historia. Y en ocasiones además hay ciertos desajustes, es decir, se cuentan u omiten cosas que no encajan o dejan huecos en el punto de vista actual; no llegan a ser especialmente graves, pero están ahí.

En cuanto al thriller, también ponen el esfuerzo en el sensacionalismo hueco en vez de planear y desarrollar las cosas bien. Se inclinan equivocadamente hacia un tono a lo Perdidos, es decir, acabar el capítulo lanzándote a la cara un secreto o sorpresa que para colmo quedará en el aire indefinidamente. Si la progresión del misterio fuera la adecuada se lograría una buena atmósfera, pero la investigación del detective se mete de sopetón de mala manera, y no avanza mejor, así que lo único que se logra es generar confusión. En los capítulos finales la cosa coge carrerilla… pero termina siendo demasiada velocidad para absorber bien todos los giros. Para empeorar las sensaciones, la esperada revelación de quién fue el muerto (y posible asesinado) roza la vergüenza ajena: un personaje muy secundario, intrascendente y aburrido… y casi parece que los guionistas lo sabían, porque cuando llega el momento ponen su careto en una foto enorme y se repite su nombre de forma descarada… y aun así es fácil que no recuerdes quién es. Como remate final, en el cierre de temporada esta línea argumental, justo cuando parece relegada de nuevo a subtrama de relleno, retorna otra vez en plan Perdidos, salpicando a la pareja protagonista en un modo demasiado tramposo.

Estos desvíos de atención o son intrascendentes o demasiado forzados, alargando indebidamente la trama, rompiendo el ritmo de los capítulos, que resultan largos e irregulares a pesar de guardar gran potencial. Es una lástima, porque el drama apunta maneras, de hecho es notable en algunos momentos, pero podía haber sido brillante y sin fisuras si no se hubieran empeñado en darle un aire innovador tan impostado.

Lo primero a destacar es el excelente dibujo de los personajes, que no se estanca en tópicos a pesar de partir de lugares muy conocidos. Por un lado tenemos el matrimonio con hijos afincado en la rutina, con una esposa (Helen) que exige más que pedir, aunque sea sutilmente, y un esposo (Noah) que se ve achicado por ella y sus dominantes suegros, además de aburrido por la monotonía de la vida y abatido por no alcanzar el éxito soñado (como escritor sobre todo). Por el otro conocemos a una pareja más joven (Alison y Cole) que ha vivido una tragedia, la muerte de su único hijo, que ha roto su idilio. Bastan un par de escenas para que transmitan gran realismo, nos interesemos por ellos y queramos saber cómo superarán sus penas. Queremos saber si Noah encontrará en Alison su musa y su salida del desencanto con la vida, si Alison superará con él la aflicción que la arrastra a la melancolía y la desesperación. Además no se descuidan los secundarios principales, es decir, familia y amigos de ambos, aunque destacaría la esposa Solloway (fantástica Maura Tierney) por encima del novio de Alison (Joshua Jackson mostrando su madurez), pues en ella las consecuencias de la traición dan más juego. La progresión del romance, aun lastrada por las vueltas en círculos y las subtramas fallidas, es bastante atractiva porque al ser una extensión de los personajes mantiene su cercanía y credibilidad.

Los actores principales están estupendos. Dominic West se libra definitivamente de la larga sombra de McNulty (The Wire), y Ruth Wilson sigue aumentando su fama en el mundo de las series tras pegar fuerte en la floja pero exitosa Luther. Las distintas etapas de sus vidas y los vaivenes emocionales los captan adecuadamente, destacando especialmente los momentos trágicos, donde transmiten con gran fuerza las penas en las que están sumergidos. Pero mi impresión es que los medios se han pasado alabándolos, que casi los tratan como la revelación de la década. Y más sobrevalorada está la serie, que no pasa de ser un drama más pero la han aclamado como la mejor del año en muchas partes. En los Globos de Oro se ha llevado el de mejor serie (por encima de temporadas magistrales como las de Hannibal y Sons of Anarchy… que ni estaban nominadas) y mejor actriz (segundo robo a Taylor Schilling por The Orange is the New Black -y segundo a la serie, que para colmo la siguen considerando una comedia-).

Un aspecto también digno de mención es la falta de erotismo y empaque de las escenas de romance y sexo. Siendo una serie claramente adulta, es lastimero ver los malabares que hacen en cada encuentro para no mostrar casi nada de carne. Le hacía falta un tono HBO: sexo descarnado sin tapujos ni censura. Las diferencias en las formas de follar (en pareja o en la aventura) deberían ser cruciales, el despertar que viven a través del contacto físico y emocional debería rebosar erotismo y vida.

Otra cosa que no veo clara es una segunda temporada. Todo lo que había que contar sobre la aventura se ha contado, sólo quedaría estirar el thriller (que lo harán, viendo el final) y exprimir los líos entre pareja. Finalmente están los títulos de crédito… decir que son horribles es quedarse corto.

AMERICAN HORROR STORY – TEMPORADA 4 – FREAK SHOW.

American Horror Story
FX | 2013
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Brad Falchuk, Tim Minear.
Intérpretes: Sarah Paulson, Evan Peters, Kathy Bates, Jessica Lange, Angela Bassett, Emma Roberts, Denis O’Hare, Michael Chiklis, Frances Conroy, Finn Wittrock,
Valoración:

Brad Falchuk y Ryan Murphy nos llevan en esta temporada a un circo de fenómenos que sobrevive a principios de los años cincuenta. En su actual emplazamiento la feria enfrenta el ocaso de una profesión que permitía tener un sustento a estas gentes expulsadas de la sociedad por sus deformidades. Y por si la crisis de la profesión no fuera suficiente, todavía luchan contra viejos fantasmas: ese rechazo trae también los linchamientos y ejecuciones cuando los pueblerinos buscan culpables de sus desgracias. La aparición de un asesino en serie, un payaso loco que siembra el caos entre los lugareños, abre la veda para la persecución de los fenómenos.

El año empieza con bastante más fuerza que los dos anteriores gracias a que presenta unos personajes más sólidos y atractivos. Es cierto que Jessica Lange repite un rol de lideresa ambiciosa sin escrúpulos, pero Elsa Mars pronto resulta más interesante que la bruja de la etapa precedente, porque parece más humana, porque sus heridas son más tangibles, y sobre todo porque su lastimera obsesión por hacerse un nombre en el negocio, aunque sea a costa de dejar a los suyos en la estacada, resulta inquietantemente divertida.

Recuperamos a Evan Peters en un papel que permite ver su valía como actor: el chico langosta es fiel a los suyos, carismático y valiente. Kathy Bates se aprovecha muy bien otra vez, pues la mujer barbuda muestra un viaje emocional bastante completo. Sarah Paulson encarna a las siamesas, dos cabezas y dos personalidades encantadoras cuya historia de crecimiento personal y búsqueda de un lugar en el mundo también da mucho de sí. El resto de feriantes queda en un plano más secundario, pero todos tienen algo que aportar: la gigante, la enana, la mujer sin piernas, el hombre sin brazos… Y todos estos además son fenómenos reales, solo con la siamesa y la barbuda han usado maquillaje y efectos especiales.

Sabiamente relegan la aparición de otros protagonistas, de forma que no saturan en los primeros capítulos. El forzudo (Michael Chiklis) y la mujer de tres pechos (Angela Bassett) darán para un buen drama familiar junto al chico langosta y la mujer barbuda, porque las relaciones guardan interesantes sorpresas. Denis O’Hare y Emma Roberts son una pareja de caza-fenómenos que se infiltra en el circo para obtener especímenes que vender a museos de horrores. Y aparte tenemos la fascinante historia de Dandy (Finn Wittrock), el chico mimado y malcriado por una madre que le consiente todo (Frances Conroy), y quien irá sacando su vena de asesino psicópata poco a poco. Wittrock, que se dio a conocer en Masters of Sex, es la nueva incorporación a la serie y logra la mejor interpretación de la temporada.

La puesta en escena se inclina por una línea más clásica, evitando las locuras previas. Se agradece, porque ese estilo no parecía encajar aquí y porque en la etapa de las brujas se le veía un desgaste importante. Los únicos encuadres variopintos son fruto de encajar las dos cabezas de la siamesa, que además se llevaría gran parte del presupuesto. Aunque sí encontramos un recurso atípico en otro elemento: la idea de poner canciones de los años ochenta en los numeritos de Elsa (con predilección por David Bowie) ayuda a generar una atmósfera irreal.

Lamentablemente, los guionistas se quedan sin ideas a mitad de la sesión. Una vez terminadas las tramas del payaso asesino y del lío con los lugareños no saben desarrollar nuevas historias, y los personajes se estancan en una dinámica repetitiva que no lleva a nada. Por si fuera apoco pronto se ve que con conscientes de ello pero que su único recurso es rellenar y amagar: cuántos falsos asesinatos tenemos que tragarnos, tanto por parte de la pareja infiltrada como por las constantes disputas en el propio circo, empezando por los tejemanejes de Elsa. Así a ojo, las siamesas no-mueren tres o cuatro veces, hasta el punto de que una vez me sorprendí de verlas de nuevo, pensando que definitivamente habían fallecido.

Media temporada dando vueltas en círculos acaba con la paciencia de cualquiera. Poco hay que salvar de los agotados personajes, como mucho las penurias del chico langosta, tanto en el tema familiar como en su esfuerzo por defender al grupo, y el paso al lado oscuro de Dandy. Pero me temo que incluso con este último aparcan lo inevitable hasta los capítulos finales: el reguero de muertes tan largamente anunciado, cuando llega, ya no puede sorprender, porque lo hace tarde y de forma precipitada. La posición final de otros personajes tampoco sorprende: el viaje de Elsa se ve venir de lejos y se le dedica demasiado tiempo, mientras que el destino de los pocos supervivientes del circo es tan insípido que ni lo recuerdo a la hora de escribir esto.

Otra cosa que hacen mal los guionistas es meter a última hora un par de personajes nuevos. El capítulo centrado en contarnos el pasado de Pepper es el colmo del relleno innecesario: aparte de lento y aburrido no aporta absolutamente nada a un personaje que apenas pasa de figurante y que finalmente vemos que no tiene nada nuevo que decir. Y la aparición estelar de Neil Patrick Harris como nuevo loco asesino también sabe a trampa, porque intenta desviar la atención de los hilos principales y porque se expone todo con prisas cuando con los protagonistas van a paso de tortuga. Aunque por eso mismo se puede decir que termina ofreciendo algo de entretenimiento por aportar ritmo y frescura.

Es triste acabar una temporada con tanta desgana y desinterés por lo que le pase a los protagonistas cuando en el inicio de la misma estos te han llegado con fuerza. Pero es lo que ocurre cuando los guionistas no planifican bien el año, cuando no saben dosificar personajes y tramas. Y la verdad es que es difícilmente perdonable, porque escriben sabiendo que será una temporada cerrada.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

12 MONOS – PRIMERAS IMPRESIONES.

La premisa es la misma que en la película de Terry Gilliam (que a su vez se inspiró en el corto La Jetée). En el futuro una plaga ha asolado a la humanidad, pero un grupo de supervivientes tienen una máquina del tiempo (a saber cómo la han conseguido) y unas pocas pistas con las que pretenden viajar al pasado para conocer qué pasó y arreglar la situación. En el filme jugaban con la intriga de si se podría reescribir la historia, pero en la serie van a saco con la fantasía de que, si cambias algo, una oleada recorre el universo y altera la materia y el espaciotiempo ante tus ojos para ajustarse a las modificaciones. Es la versión de viajes en el tiempo que menos me gusta, porque deja muchas preguntas sobre de dónde sale esa energía misteriosa y cómo el universo “se entera” de que le han cambiado algo al pobre. En Regreso al futuro se usaba bien para hacer una comedia de entuertos rebuscada, pero yo soy más de la “teoría del río”: tu acción en el viaje temporal puede causar algunas ondas, pero no cambiará el flujo de acontecimientos. Como en la saga Terminator, vamos.

Pero como punto de partida para montarse un entramado de líneas temporales, personajes en distintas épocas, cambios sobre cambios, etc., tiene potencial para dar una serie muy loca. El problema es que la presente apunta bajo, muy bajo. Es el enésimo refrito de Expediente X, adornado con elementos de la única del género que triunfó estos años, Fringe. En el segundo capítulo ya nos han metido al Fumador u Observador sin disimular lo más mínimo. Así pues, apesta a procedimental de misterio y ciencia-ficción con una trama larga de intriga expuesta en dosis que se irán reduciendo según quieran alargar la serie. Y lo peor es que su rango de movimiento es muy limitado, no hay opción a meter historias variadas como en las obras citadas, que jugaban con ambientes, monstruos y aventuras de todo tipo. Si van a seguir el patrón visto en este inicio, va a ser monótona hasta decir basta. La única opción que tienen es ir fuerte con la trama seriada… pero me temo que esta tampoco apunta maneras. En estos dos capítulos ya he tenido varios ataques de risa por lo mal que se expone la historia, lo que se fuerzan los encuentros entre personajes, la forma ridícula de mostrar nuevas pistas y la vergonzosa la aparición del Trajeado.

En la trama y estilo vamos con lo más básico. ¿La estética de la película, con el sello surrealista de Gilliam? Ni se huele, esto está hecho con cuatro perras e imitando a Expediente X: fotografía fría y oscura de manual, escenarios básicos (simples edificios abandonados). ¿La atmósfera de miedo, caos y locura? No existe tampoco, los personajes del futuro parecen estar trabajando en una oficina cualquiera. Y por ahora el jaleo de viajes a distintas épocas no aporta nada de caos ni espectáculo (qué forzada la aparición en Corea del Norte), no tiene dosis de inteligencia y novedades como para llamar la atención. El prota viaja al pasado (a nuestro presente), se topa con la chica haga lo que haga, sigue la pista, se topa con los malos haga lo que haga, sale más o menos airoso, y vuelta al ciclo.

En la intriga de ir reconstruyendo lo que pudo pasar tenemos los momentos donde el guión cae más bajo. El mural de la investigación (típicos recortes de periódicos) que tienen los protagonistas sobre el científico que creen que inició la plaga también vale para cuando sospechan del ejército de los 12 Monos: basta mover un par de fotos y ya tienen toda la información ahí delante por arte de magia. Con la grabación que tienen como pista principal lo mismo: no se les ocurre hacerle una restauración para ver qué había en los cortes e interferencias hasta que el guionista quiere mostrar nuevas pistas. Y el Trajeado… madre mía, si sus esporádicas y supuestamente inquietantes apariciones van a ser todas así, nos vamos a reír de lo lindo: en un solo capítulo tiene dos o tres ocasiones para matar a los protagonistas, es decir, sus enemigos, y no lo hace simplemente porque el guionista no quiere hacerlo pero tampoco pretende esforzarse en encontrar una buena excusa. Una temporada entera con esta dinámica puede ser infernal, va camino de ser una comedia involuntaria.

Los personajes son muy ramplones, ni uno muestra un dibujo lo suficientemente sólido y genuino como para atraparte en su odisea. Los actores andan también escasos, y aunque por suerte no dan pena tampoco ayudan a despertar el interés. El ritmo ha ido rápido quizá por ser la presentación, pero es tan predecible que me ha aburrido muchísimo, y como ralenticen el tono puede ser insoportable. Es inevitable comparar con Continuum, la otra del género que se emite en la actualidad. No me llamó lo suficiente como para seguirla, pero tenía pilares algo más consistentes y al lado 12 Monos parecía hasta buena.

Syfy vuelve a apostar por la ciencia-ficción pasada de fecha: es otra serie que parece haber estado en un cajón desde principios de los noventa. Sólo cabría esperar que milagrosamente hayan planeado una buena trama a desarrollar poco a poco… pero sinceramente, empezando con estos capítulos tan vulgares parece claro que no estamos ante tal caso. Helix prometía mucho más en su inicio y ya vimos lo poco que dio de sí. ¿No aprendieron nada con Galactica? Si quieres triunfar, esfuérzate por buscar algo más inteligente y con mayor calado. Ni siquiera tiene que romper esquemas, simplemente no compres guiones de saldo.

PD: atención a los monos que pinta la loca moviendo el brazo a toda leche: ¡cómo canta la plantilla, todos igualitos!

SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 7 Y FINAL.


Sons of Anarchy
FX | 2014
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, Paris Barclay.
Intérpretes: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Kim Coates, Mark Boone Junior, Tommy Flanagan, Theo Rossi, Dayton Callie, Jimmy Smits, Drea de Matteo, David Labrava, Niko Nicotera, Michael Ornstein, Annabeth Gish.
Valoración:

Alerta de spoilers: Temporada final, spoilers a cascoporro.–

La última temporada de los Hijos de la Anarquía nos acerca a la caída al infierno de Jax Teller tras la cruel muerte de su amada, y su fiel club se ve arrastrado con él. El ataque de ira hace olvidar todos los planes de salir del crimen y dedicarse a negocios legales, dejando una temporada con regusto muy amargo: qué cerca estuvo, y qué bajo cae. El guionista Kurt Sutter nos sumerge en puro caos y tragedias donde las esperanzas por ver al club resurgir y a los personajes expiar sus pecados se desvanecen conforme avanza el año. Y aun así el tío es capaz de dar forma a un final de serie muy poético, gracias al simbolismo con que impregna el último tramo del fatídico viaje de Jax, por no decir que a pesar de su tono oscuro deja muy grato recuerdo gracias a que estamos ante otra temporada redonda.

En pocos días Jax ataca a todo el mundo, pero manteniendo la suficiente inteligencia como para no ir de frente como un loco, sino moviendo hilos de forma que las facciones se enfrenten entre sí, debilitándose. Todo forma parte de su objetivo de acabar con los chinos, en quienes recae la sospecha por el asesinato de Tara, y de paso con los negros de Augustus, enemigo principal de la zona y el único que puede oponérsele. La guerra supone una escalada de violencia brutal que no parece tener fin, todo Charming y el condado se estremecen.

Y mientras, Gemma arrastra sus remordimientos y miedos. Qué cruel es Sutter haciendo que ella sea artífice de la caída en desgracia de Jax. Mientras el club deja un reguero de muertos se mantiene la intriga por cómo y cuándo saldrá a la luz la verdad sobre la querida madre, porque indudablemente tendría que conocerse tarde o temprano. El segmento final efectivamente se lanza a cerrar esta dura historia: ¿puede seguir viviendo Jax sabiendo que fue Gemma quien mató a Tara en un arrebato de locura?, ¿puede ella sobrevivir a tan imperdonable crimen?, ¿se deshará el club con esta revelación? El desenlace es trágico en la vena shakesperiana habitual de la serie: muere hasta el apuntador.

El resto de protagonistas también da lo máximo de sí en esta etapa. La neutralidad de Wayne Unser es puesta a prueba con la desmedida respuesta de Jax. La otra gran traición por pagar, la de Juice, da muchísimo juego y no se libra de ser realmente triste, porque es difícil no cogerle cariño al chaval. La nueva sheriff como los anteriores resulta un pedazo de personaje: sus inclinaciones a jugar con el lado criminal para tratar de controlarlo un poco y la relación que forma con Chibs son muy interesantes. Los fieles Tig, Bobby y Happy se mantienen en su línea, alguno trayendo algo de luz (el romance gay de Tig aporta humor y sensibilidad en su justa medida) y otros oscuridad total (el destino de Bobby le estalla a Jax en la cara). Mi gran favorito tras Jax vuelve a ser Nero Padilla, en parte por el carisma nato de Jimmy Smits, en parte porque el personaje es una delicia. Por cierto, no entiendo cómo, siendo un protagonista principal desde hace varias temporadas, siguen sin poner al actor en los créditos como tal.

No me olvido tampoco de otros menos importantes pero igual de atractivos y que redondean uno de los grandes repertorios de personajes que ha dado la televisión. Chucky es un encanto. Wendy vuelve a cobrar protagonismo. Los miembros secundarios del club nunca se dejan como figurantes o pijamas, siempre se pone esfuerzo n darles algo de vida: Rabtoy y demás. Y con los de otras bandas igual: mejicanos, negros, etc. siempre son muy cuidados, nunca usados como simples objetos de la trama.

Kurt Sutter se marca otra temporada de infarto donde mueve todas las piezas del puzle de forma magistral: los numerosos personajes, sus relaciones y evoluciones, los distintos bandos, las tramas entrecruzadas una sobre otra hasta tener cuatro o cinco líneas encadenadas donde el movimiento de una afecta a las demás… El ritmo no es trepidante, es que llega a ser agobiante: ocurren tantas cosas a la vez, todas cruciales para los protagonistas, y la tensión es tan grande, que no puedes dejar de ver un episodio tras otro. Y de nuevo algunos superan la hora de longitud… y se hacen cortísimos.

Pero como también es habitual algún defecto de forma sí se puede señalar. El más conocido es su afán por siempre ir más allá, que a veces provoca giros exagerados y otras resulta demasiado teatrero. Pero aun así pocas situaciones de esta categoría se pueden citar, y solo recuerdo dos que me hicieran chirriar los dientes: la masacre de negros que supone otro avance en las negociaciones de Jax (capítulo 706) está muy mal ejecutada, con todos disparando en círculo hacia el interior de forma que un tiro que no da en su objetivo es casi seguro que irá a uno de los tuyos; y la salida final de Jax del club fingiendo su ejecución y huida es manipuladora hasta decir basta, y desentona en un desenlace por lo demás redondo.

Y vaya si es redondo. Sutter hasta se atreve a distorsionar la barrera de la realidad: el número imposible de coches de policía persiguiendo a Jax, el camión fatídico con el conductor presentado tangencialmente, los cuervos, la vagabunda que sale en todas las temporadas (fantasma -real o figurado- de eventos pasados del club)… Todo se remata cerrando el círculo (Jax sigue los pasos de su padre) con gran emotividad, de forma que la fuerza narrativa del capítulo final pone la guinda a otra temporada gloriosa de una de las mejores series de los últimos años.

Ver también:
Temporada 6.
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

HOMELAND – TEMPORADA 4.

Homeland
Showtime | 2014
Productores ejecutivos: Alex Gansa, Howard Gordon, Avi Nir, Ran Telem.
Intérpretes: Claire Danes, Mandy Patinkin, Rupert Friend, Laila Robins, Nazanin Boniadi, Tracy Letts, Raza Jaffrey, Maury Sterling, Numan Acar, Nimrat Kaur, Raza Jaffrey, Mark Moses.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo la temporada a fondo.–

Homeland ha sido una serie muy arriesgada desde el principio, no solo en temática (terrorismo tratado con inteligencia y buena crítica política y social), sino también en su forma de hacer avanzar la trama: cada poco tiempo (media o una temporada) un gran giro cambia el terreno de juego hasta tal punto de que puede cambiar el género. Empezó en el drama, con el retorno de Brody y su adaptación a la familia y la sociedad. A muchos espectadores les encantó este tramo, pero a mí me pareció algo falto de ritmo y fuerza, y estos se bajaron cuando saltó a primer plano la trama oculta: Brody estaba convertido en un terrorista. Tras un final de infarto nos lanzamos a la segunda y magistral temporada, donde Brody además era descubierto y vuelto a cambiar de bando. Emergió entonces un enorme thriller político, lleno de tensión y personajes magníficos llevados al límite. El aumento de la complejidad y trascendencia no fue bienvenido por todos, y otros tantos dejaron de verla. Peor fue en la tercera temporada, aún más valiente, pues los giros fueron más grandes: el destino de Brody, su vuelta a la acción, el plan y el arco final… Fue otro año impresionante, pero otros muchos se quejaron de que no era la misma serie y abandonaron.

Y esta es la maldición de Homeland: en cada nueva etapa se señala que ha saltado el tiburón, que ha dejado de ser una buena serie, sin esperar a ver cómo se desarrolla, poniendo prejuicios y gustos por encima de la objetividad. En la cuarta temporada ocurre lo mismo, porque sin Brody y con tramas nuevas pocos son los que tienen paciencia y esperan a analizar el conjunto con frialdad y criterio, el resto se lanza a las absurdas modas de odiar y criticar desde fuera. Así, indistintamente de la calidad de cada temporada, la serie arrastra un montón de críticas injustas que afean su recepción y prestigio más de la cuenta.

En esta etapa empezamos con Carrie enfrentando la monotonía de una vida normal. Como es habitual, la psicología de este enorme personaje central se expone muy bien, mostrando a una joven inteligente y capaz pero desequilibrada emocionalmente debido a su estado de bipolar. Enfrentarse al bebé y la pacífica vida familiar es demasiado estrés emocional para ella (atención a la escena de la bañera), pues ya sabemos que prefiere vivir en plena ebullición: el esfuerzo mental del trabajo y la adrenalina de ser espía le hacen sentirse viva y no pararse a pensar en sí misma. Por su parte, Saul busca qué hacer con su vida una vez relegado como director de la CIA, y Peter Quinn enfrenta el desgaste que produce este trabajo.

Pronto acaban todos en la embajada de Estados Unidos en Islamabad, Pakistán. Carrie como jefa de sección de la CIA, Peter tras ella porque su relación de dependencia mutua tira mucho, y finalmente Saul (no estoy seguro de si iba por algo concreto o sólo por ayudar en la transición). Este tramo baja el nivel después del petardazo que lo inicia (el ataque drone fallido), y si bien se puede entender que formar y lanzar nuevas tramas requería varios capítulos, también cabe pensar que se podría haber hecho con más ritmo y emoción. El romance con Aayan, el chico que podría ponerles en bandeja la captura del terrorista más buscado del momento, Haqqani, se trabaja bien desde la perspectiva de los personajes implicados, pero no desde el ritmo, pues va demasiado lento, transmitiendo la sensación de que no avanza hacia nada concreto y también de que la historia es muy sencilla para los estándares de la serie.

Los protagonistas aquí presentados son bastante interesantes, pero hasta el segmento final no terminan de destacar del todo. El citado Aayan resulta simpático, y su historia de desesperación y soledad por estar en medio del fuego es realista. La embajadora Martha Boyd tiene carácter, y las peleas políticas con el director de la CIA Andrew Lockhart y con los paquistaníes (Aasar Khan, inesperado aliado para Carrie, y la fría Tasneem) son muy atactivas, más cuando empieza todo el jaleo y se mete de por medio también su marido Dennis, que se ve atrapado entre la espada y la pared en las eternas intrigas de espías. Y Fara y Max vuelven al terreno de juego también.

El tercer segmento cobra interés, relegando esas impresiones de falta de fuerza y cambiándolas por la intriga y la desazón, porque el secuestro de Saul pone a los protagonistas en una situación extrema muy intensa. El capítulo del intercambio es acongojante de principio a fin, pero el instante que más destaca es cuando Saul pretende suicidarse y Carrie lo evita con engaños: una de las mejores escenas del año televisivo, sin duda. Y de ahí nos lanzamos al brutal arco final tras un giro tan potente e inesperado que te deja a cuadros: el plan de Haqqani de dominación total de Pakistán, con la implicación del propio gobierno del país. Aquí vemos que toda trama y personaje ha sido bien planeada por los guionistas, que las sorpresas las han ejecutado muy hábilmente; el mejor ejemplo es Dennis, quien parecía un secundario de relleno y termina siendo crucial en los eventos y fascinante en su historia personal.

El ataque a la embajada (para expulsar a Estados Unidos de ahí) es tan sorprendente como sobrecogedor, puro caos y tensión que pone a los protagonistas al borde de la muerte hasta el punto de que alguno muy querido cae: la pobre Fara. El que no palma es el patético Dennis: magistral la escena en que pide el cinturón para ahorcarse y acabar con la humillación (y traición a gran escala) en que se ha metido, pero tan cobarde es que no lo consigue.

Como capítulo final tenemos otro giro polémico. Los guionistas se arriesgan aun sabiendo las críticas que reciben, porque en vez de un cierre impactante que funcione como lanzamiento del próximo año se montan un epílogo centrado en personajes, pausado, emotivo, sin acción. Y es francamente bueno, porque saca gran partido de los protagonistas… pero al menos sí podían haberse esforzado más por mostrar un evento más trascendental como escena final, que queda un cierre muy sencillo que ha dado pie a otra tanda de espectadores quejicas diciendo que no verán más. Como hemos comprobado en todos los cambios de juego y todas las temporadas pasadas, el tiempo seguramente demostrará el error del pataleo precipitado y exagerado. Si los guionistas siguen como hasta ahora, a Homeland le queda mucha vida, y espero con ganas otra nueva historia sobre terrorismo tan arriesgada, inteligente y aguda como las que nos han ofrecido hasta ahora.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 3.
Temporada 1.

MARCO POLO – TEMPORADA 1.

Marco Polo
Netflix | 2014
Productores ejecutivos: John Fusco, Daniel Minahan,
Intérpretes: Lorenzo Richelmy, Benedict Wong, Joan Chen, Amr Waked, Remy Hii, Zhu Zhu, Tom Wu, Mahesh Jadu, Olivia Cheng, Uli Latukefu, Chin Han.
Valoración:

Las andanzas de Marco Polo en el siglo XIII por la Ruta de la Seda y su estancia en Mongolia y China son bastante conocidas, si bien siempre ha habido dudas de su veracidad, sobre si se inventó o no la mitad de lo que contaba. Netflix suelta el talonario (90 millones de dólares) para rodar una fastuosa serie sobre este épico viaje. Grabada en su mayor parte en exteriores de Kazajistán y en estudio en Malasia, el reparto tiene varias figuras internacionales (obviamente, dada la mezcla de razas), pero hay que señalar la sorpresa de que el protagonista sea italiano, no estadounidense o inglés. Su creador es John Fusco, guionista de Océanos de fuego, Lago Ness y otras pocas películas, y se produce bajo la sombra de los todo poderosos hermanos Weinstein.

Visualmente la serie es un portento que quita la respiración. El presupuesto luce en los maravillosos paisajes y los enormes decorados, en el vestuario y las escenas con numerosos extras. Obviamente hay algunas limitaciones, pues las batallas se reducen a una (la otra importante se narra, no se muestra) y a veces se nota algún efecto especial (la muralla de Xiangyang), pero se perdona porque el conjunto alcanza niveles impresionantes. Los grandes directores que dan vida al proyecto, de sobras conocidos por cualquier seriéfilo (Alik Sakharov, Daniel Minahan, David Petrarca), se marcan una puesta en escena digna de superproducciones para la pantalla grande. El formato semicinematográfico (un extraño 2.00:1, a medio camino entre el 2.35:1 de cine y el 1.85:1 de una televisión panorámica) le da un aura de cine, lo que se refuerza con predominancia de grandes angulares y planos de cuerpo entero que manejan bien los numerosos personajes y aprovechan el detallismo de los decorados. La estupenda labor de iluminación pone la puntilla a esta virtuosa fotografía, regalando una cantidad inmensa de imágenes que van de lo hermoso a lo espectacular.

Pero mucho me temo que el guión no está a la altura de tan excelsa puesta en escena, y más triste aún, difícilmente cumplirá las expectativas de cualquier espectador que esperara ver una serie que saque partido a un contexto histórico tan jugoso. Queda a años luz de las ya clásicas Los Tudor y Rome, ni siquiera llega a otras del ramo más ficticio del género que sin ser notables resultaban muy entretenidas, como Los pilares de la Tierra y secuela. Y sobre todo, no es capaz hacer la más mínima sombra a la que marca el tono en la actualidad, Juego de tronos, en cuya estela sin duda nace. También hay que señalar que existe una miniserie de 1982 con buenas críticas, un llamativo reparto y una fantástica banda sonora de Ennio Morricone que seguramente merezca la pena recuperar… pero no hay quien la encuentre.

Lo mejor que puedo decir es que la vida en Mongolia y China resulta atractiva en gran parte gracias al trabajado aspecto visual, esté retratada con mayor o menor rigor histórico. Pero la intriga de la corte y la descripción de los personajes y sus aventuras son bastante flojas y muy irregulares.

Kublai Kan, nieto de Gengis Kan y quien ha heredado sus ansias de conquistador, desea acabar con la dinastía Song y hacerse finalmente con China. Marco Polo es arrastrado por su padre a la Ruta de la Seda, donde el joven espera conocer mundo y vivir grandes aventuras. Pero es abandonado a la más mínima dificultad en plena corte del Kan, y deberá aprender a sobrevivir en un país extraño y entre ambiciones políticas. El tira y afloja entre el Kan y Polo, conociéndose y midiéndose mutuamente, y con Polo intentando alargar su vida como bien puede improvisar, es bastante clásico pero se desarrolla con el suficiente atractivo, y además los personajes se ven realzados por el carisma de los actores Benedict Wong y Lorenzo Richelmy respectivamente. El primero está inmenso, consigue una figura arrolladora que podría haber dejado huella si la serie estuviera a la altura, y el segundo resulta simpático de sobras como para interesarnos por su viaje. Wong, nacido en Inglaterra de padres chinos, es un secundario habitual en el cine (Prometheus, por ejemplo) y en numerosas series del Reino Unido (State of Play la más llamativa). El italiano Richelmy tiene en su haber unas pocas producciones italianas, pero su correcto papel y su atractivo físico seguramente le den proyección internacional.

Secundarios hay muchos, pero la mayoría muy descuidados. Los consejeros Yusuf y Ahman, procedentes de las conquistas del Kan por el Oeste, pasan el corte sin muchos problemas, prometiendo dar una categoría a la intriga política que finalmente no llega a verse, desaprovechándose su potencial. Los intérpretes también dan la talla: Amr Waked (egipcio empeñado en trabajar por todo el mundo; visto recientemente en Lucy por ejemplo) y Mahesh Jadu (australiano de origen también árabe iniciando su andadura internacional). Y no hay más que salvar, el resto son un quiero y no puedo una mitad, y la otra mitad estereotipos vulgares. Qué cuentos más viejos y cansinos de princesas, qué romances más tontorrones, qué disputas políticas más rígidas y simplonas. Algunos importantes, como el enemigo chino Jia Siado (Chin Han, una auténtica estrella en Asia y desde hace poco conocido también en EEUU: Contagio, Capitán América, el soldado de invierno), es una suma de clichés de maldades y ambiciones que en vez de ponerlo como temible lo deshumanizan hasta dejarlo entre inverosímil y anodino. Las princesitas y emperatrices de un bando y otro son intercambiables, de hecho es difícil distinguirlas, y aportan mucho metraje pero poca historia digna; el amorío entre la princesa Kokachin y Polo no podía despertar menos interés. El príncipe heredero Jingim, el otro hermano (el simpático que se hace amigo de Polo), el maestro ciego, la chica guerrera… todos se definen a base de tópicos y no se mueven en ningún momento de esa base, no aportan sustancia y entereza como para hacerlos atractivos.

Por extensión las historias son simples a más no poder, y para colmo avanzan a paso de tortuga. Ganarse la confianza de la corte, problemas de lealtad entre nobles, hijos ambiciosos, consejeros sabios, líderes obsesionados con machacarse el uno al otro, romances insípidos, historias de superación previsibles… Todo desarrolla una trama de intrigas políticas y personales de manual, tan fácil de prever como monótona. No llega a ser horrible, y los diálogos no están mal, pero se aleja tan poco de la línea predecible y desganada que la serie termina siendo sosa hasta aburrir. Y en algunos momentos sí da pena, porque tiene ramalazos comerciales absurdos: esas exageradísimas peleas de artes marciales metidas con calzador son ridículas: los brazos rotos y recompuestos con toques de dedo, el monje ciego salido de un anime fantasioso, las cámaras lentas, las miradas supuestamente temibles, los golpes pretendidamente épicos… Por suerte son momentos puntuales. También se nota que apuntan a un público adulto, aunque el guión no dé la talla para ello, con las numerosas y gratuitas escenas de desnudos y sexo que incluyen en los primeros capítulos al estilo Juego de tronos.

Me ha decepcionado mucho. Basta ver una escena para quedarse prendado de su fuerza visual… pero dos escenas más te sacan de la fascinación y te llevan al aburrimiento: los capítulos se hacen muy largos, la temporada no digamos. Y la verdadera pena es que es para contar entre las series mejor dirigidas del año.