SILICON VALLEY – TEMPORADA 4

HBO | 2017
Comedia | 10 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, T. J. Miller, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Josh Brener, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Stephen Tobolowsky, Chris Williams, Jimmy O. Yang.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento brevemente algunas de las historias del año. —

El equipo de Richard Hendricks, la pequeña empresa Pied Piper, pasó de casi tocar el cielo a estar prácticamente en el punto de partida otra vez. El mundo de las nuevas tecnologías es caótico y cruel. La competencia brutal (Hooli), las tendencias cambiantes, las complicadas técnicas (programación, redes, etc.), las financieras caprichosas… Los mil obstáculos que sortearon como bien pudieron nuestros protagonistas toparon con un muro inesperado: ellos mismos. Cada uno a su manera, en especial Richard, son los principales constructores de sus propios destinos: estos jóvenes ilusionados y capaces precisamente no fueron capaces de ver que su plataforma era demasiado exclusiva para expertos informáticos como para que el público la aceptara.

Pero Richard no pierde la esperanza, sigue soñando con una internet descentralizada, libre de fronteras físicas y políticas, dispersa en los millones de dispositivos interconectados (móviles principalmente) gracias a su algoritmo de compresión sin igual. Los nuevos retos son en cierta manera conocidos, encontrar capital, superar barreras de imagen de medios y público y conseguir enfocar los amplios conocimientos del grupo en el trabajo sin que la infinidad de nuevos reveses que aparecen los distraigan.

Esta vuelta a los inicios podría parecer que supone un retroceso en la temática, originalidad y por tanto calidad de las historias. Pero en realidad sigue siendo asombroso cómo los guionistas, con Mike Fudge a la cabeza, logran captar toda la esencia del mundo de las nuevas tecnologías y sus gentes (los estratos sociales dentro del gremio, la parodia de figuras conocidas, etc.) en una infinidad de aventuras enormemente ingeniosas y divertidas y además llenas de giros sorpendentes (el más sorprendente, la alianza inesperada). El humor se mantiene brillante, con cada escena y prácticamente cada plano mostrando varios chistes en marcha a la vez, algo además potenciado el estupendo reparto y su gran química.

Encontramos un par de bajones de ritmo, dos episodios no tan brillantes como el resto, quizá ligerísimas indicaciones de cansancio. Da la sensación de que para concluir algunas partes los autores no logran ser tan concisos y enérgicos como antes y se alarga un poco más de la cuenta. La parte de Keenan Feldspar (Haley Joel Osment) y la de la pequeña empresa de seguros que los contrata (con el patoso cornudo) se dispersan un poco sin lograr ser tan chispeantes como de costumbre.

Sin embargo, es un bajón leve que no acusa estancamiento en cuanto a imaginación de las historias en sí. Aunque sea desde abajo otra vez, la odisea que seguimos muestra nuevas perspectivas de este mundillo (destacando al abogado trol de patentes y los virajes de Elrich con las financieras), avanza en las que ya conocíamos (Monica y Laurie Bream por un lado, Hooli por el otro) y, lo más importante, este año vemos una importante progresión en los personajes, sobre todo en Richard. Hasta el momento eran temporadas tan cortas y veloces que no me había parado a pensar que los protagonistas no se han movido un ápice de sus posiciones iniciales. Pero si entonces no se podía considerar un fallo, cierto es que a estas alturas cabe pensar en que la serie necesitaba una maduración.

La deriva actual hace mella poco a poco en el grupo. La unidad férrea se debilita, algunos trabajan temporalmente en otras cosas, poniendo cada vez más dudas en el futuro de Pied Piper. Richard pierde fuerza y, lo peor, los estribos alguna vez (las patadas a la puerta), de forma que se va nublando su juicio y su ética y empieza a tomar un giro hacia la desesperación: hacer trampa, quebrantar leyes… traicionar amistades.

El épico final con la Hooli-Con y los sucios ardides de Richard recuperan esas décimas perdidas en la nota media y dejan con muy sabor de boca, salvo quizá por un detalle. Como en otras temporadas, un inesperado y loco giro final vuelve a encauzar las cosas en el último momento. Esta vez me ha parecido un poco forzado y gratuito, hubiera venido mejor una transición más trabajada que explorara el lado oscuro de los protagonistas. Pero al menos el epílogo (la reunión de Richard con Belson) y el inicio de la quinta temporada dejan claro que estos cambios sí han dejado huella en ellos, sobre todo en Richard: es más valiente y decidido.

Como siempre, momentos geniales hay en cantidad: el pique entre Gavin Belson y Jack Barker, empezando con los viajes en avión; el despacho de Monica con vistas a los servicios de hombres, Russ Hanneman en el colegio equivocado diciendo burradas, el “chico de la sangre”; la que lía Dinesh al mando, con la entrada de menores en el chat, Cabezón acabando en la universidad de potra y de una forma que no esperaba, el chiste de la galleta, la intervención inesperada de Hoover en la Hooli-Con… Y por supuesto, cada aparición de los secundarios absurdos, como el abogado alcohólico o el tipo raro de la granja de servidores (“este es el sitio de la caja”).

Terminamos el año con una mala noticia, pues T. J. Miller, el actor de Elrich Bacham, deja la serie. Supongo que intentó dar el salto al cine, dado que estaba enlazando algunos papeles secundarios con bastante tirón (Deadpool 1 y 2 -2016, 2018-, Ready Player One -2018-).

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
Temporada 3 (2016)
-> Temporada 4 (2017)
Temporada 5 (2018)
Temporada 6 (2019)

STAR TREK: LA NUEVA GENERACIÓN – TEMPORADA 2

Star Trek: The Next Generation
Sindicación | 1988
Ciencia-ficción, suspense, drama | 22 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Gene Roddenberry, Maurice Hurley.
Intérpretes: Patrick Stewart, Jonathan Frakes, LeVar Burton, Brent Spiner, Michael Dorm, Marina Sirtis, Diana Muldaur, Will Wheaton, Whoopie Goldberg, Colm Meaney.
Valoración:

Si la realización de la primera temporada de Star Trek: La nueva generación fue un caos que costó mil peleas, despidos y dimisiones de guionistas y productores, la segunda sumó además problemas externos, con lo fue un auténtico milagro que viera la luz, que acabara, y que se atrevieran a hacer una tercera.

Una gran huelga de guionistas tuvo en suspenso el inicio de la producción. Al final lograron ponerla en marcha con retraso (lo que retrasó también la emisión, de septiembre a noviembre), tirando de guiones que en otras condiciones no habrían elegido (uno de Phase II, la serie que estuvo a punto de hacerse con la tripulación original, y otros sin pulir del todo), reduciendo el número de episodios de veintiséis a veintidós, y con un final de temporada que tuvieron que apañar con escenas de otros capítulos para ahorrar tiempo y dinero.

Los productores ejecutivos (el equipo creativo que lleva la serie día a día) achacaron la irregularidad en la calidad a ese problema, eludiendo su parte de culpa. El ambiente de trabajo seguía inmerso en luchas de egos, relaciones tensas, e ideas visionarias contra otras que refrenaban la imaginación. Los directivos de Paramount volvían a mirar para otro lado, sin duda pensado que intervenir sacaría a la luz los trapos sucios y daría mala publicidad. El productor puesto por ellos para controlar el cotarro, Rick Berman, se mantuvo muy moderado, lo que se puede llamar cobardía también. Si la situación llevaba mucho tiempo salida de madre, ¿por qué no intervino con mayor contundencia?

Roddenberry continuaba turbando el ambiente con una actitud hostil, potenciada por el abuso de drogas diversas. Según ha ido comentado el resto del equipo a lo largo de los años, quizá no se hubieran torcido tanto las cosas de no ser por su paranoico abogado, Leonard Maizlish, que alienaba unos contra otros sembrando la cizaña e incluso acabó metiendo mano en decisiones creativas sin que nadie se atreviera a rechistar. Al final Berman consiguió deshacerse de él, pero el daño ya estaba hecho.

La llegada de Maurice Hurley (en la foto de arriba) como jefe de guionistas a mitad del primer año trajo un poco de orden, pero en el presente Roddenberry, ya enfermando, dejó la labor ejecutiva en sus manos, y este ascenso se le subió a la cabeza. Hurleyse quejaba, como otros guionistas, de las restricciones del creador, de la falta de evolución dramática en los personajes, de la ausencia de problemas a bordo que dieran emoción, pero aun así no se llevaba bien con nadie, era tan hosco y tenía tan poco tacto para la política como aquel, y alteraba guiones sin miramientos estropeando ideas que todos los demás consideraban con gran potencial.

Pero pongámonos también en la perspectiva de Roddenberry. Este se lamentaba de que gran parte de los guiones de escritores externos que le llegaban eran todos de acción sin más calado, llevando las premisas de los western y policíacos al espacio, sin esencia alguna de Star Trek. Y las historias que ofrecía su propio equipo también rompían muchas veces su visión idílica del futuro, añadiendo conflictos humanos que para él deberían estar superados.

El punto intermedio de estas dos visiones llegó tras su muerte, en Espacio Profundo Nueve, que no sabemos si hubiera aprobado, pero mostró lo bien que hubiera funcionado La nueva generación con un poco más de libertad.

No menospreciemos tampoco la aportación artística de Hurley. De su mano salieron los mejores episodios de la primera etapa y algunos de los de la presente, y los borg fueron ideados principalmente por él. De hecho, su inventiva debía de ser admirada por los siguientes al mando, Berman y Michael Piller, porque contaron con él para dos guiones más tiempo después.

Del resto de escritores, sólo Tracy Tormé repetía. Entraron al equipo fijo otros como Hans Beimler, Richard Manning y Leonard Mlodinow, y más adelante llegó Melinda M. Snodgrass, autora de La medida de un hombre, uno de los capítulos más aclamados, lo que le ganó el puesto. Todos salieron por patas a lo largo del año, algunos, como Tormé, tan cabreados que no quisieron volver a saber nada de la saga en el futuro.

Para el final de esta temporada Hurley acabó enemistado incluso con Roddenberry, mientras que este vio agravada su salud hasta terminar postrado en silla de ruedas y tuvo que apartarse del trabajo casi del todo, quedando como consultor. En la tormenta resultante quedaba por dilucidarse si La nueva generación seguiría y quién tomaría el relevo como productor ejecutivo principal. A pesar del caos, de la pérdida de calidad y algunos bajones de audiencia, Paramount dio un nuevo voto de confianza a la serie, pensando que los capítulos más vistos tuvieron picos excepcionales, siendo a veces la tercera emisión más seguida en sindicación, tras famosos programas como Jeopardy y La rueda de la fortuna, y sumaban elogios en medios y por parte de los fans. Rick Berman, sin hacer ruido y con mejores contactos políticos, había quedado mejor posicionado que Hurley, así que la tercera temporada empezó con él al mando, y desde entonces las cosas tomaron un rumbo mucho más estable y decidido.

El rodaje en sí no fue tan movidito. Obviamente había prisas, estrés por sacarlo todo adelante con problemas de dinero y tiempo, y se produciría algún roce, pero no hubo grandes problemas. Con puntuales incorporaciones de otros realizadores, destacando la entrada de Winrich Kolbe, que será uno de los habituales, la temporada fue dirigida casi en su totalidad por el grupo principal del año anterior: Rob Bowman, Les Landau y Cliff Bole. Sus labores son por lo general muy buenas, manteniendo las acertadas formas cinematográficas. Planificaban cada escena con cuidado a pesar del poco tiempo disponible, cuidando una fotografía de planos medios y el montaje final de forma que tenemos un estupendo juego de interacciones y reacciones entre numerosos protagonistas y un buen aprovechamiento de los estupendos decorados. Quedaba pues bastante por encima del estándar en televisión de aquellos tiempos, con el habitual plano y contra plano cerrado a rostros que se mantuvo vigente con pocas excepciones hasta entrados los noventa.

Aunque también tenía puntos débiles en el acabado. El director de fotografía Edward R. Brown continuó su labor, pero le obligaron a reducir el uso de focos tan del estilo añejo de la serie original, que creaba sombras por todas partes y empañaba un poco el logro artístico de la serie. Pero este se encontró entonces fuera de su terreno, y la temporada acaba con un aspecto visual más oscuro que las demás, lo que a veces remarca la atmósfera de intriga, pero en general limitaba un tanto el potencial visual. Además, la falta de luz forzaba a abrir el obturador, obteniendo una imagen más granulada que no envejece bien. El cambio de tono a partir de la tercera temporada se agradeció mucho.

Todos los años se realizaron ligeras modificaciones en los decorados, aunque casi nada que saltase a la vista. En este destacan los asientos del puente, ahora con menos ángulo, pues antes los personajes estaban casi tumbados y quedaba un poco raro. Más llamativa es la aparición de la cantina, el Ten Forward (en la proa de la cubierta 10, con vistas espectaculares), aunque en el doblaje en castellano rara vez lo traducen, dejándolo como cantina o cubierta diez. Cabe señalar también que Paramount permitió gastar mucho dinero en capítulos puntuales, siempre que tuvieran claro que habría que hacer otros muy baratos para equilibrar. De esta forma, pudimos disfrutar de los espectaculares Elemental, querido Data y ¿Qué Q?.

Como indiqué en la primera temporada, con algunos personajes parecía que no tenían del todo claro su lugar en la nave, y se hicieron algunos cambios. Worf toma el puesto de jefe de seguridad y la consola de comunicaciones y combate en el puente, Geordi abandona este para quedarse en la sala de máquinas como ingeniero jefe, aunque subirá a menudo. Pero más notoria es la desaparición de la doctora Crusher, sustituida por la doctora Pulaski. Gates McFadden se encaró con Hurley y fue largada, en otra de esas ocasiones en que nadie plantó cara. Por suerte, viendo que se arrepintieron de matar a Tasha Yar hicieron que tomara otro puesto por si decidían traerla de nuevo. Y así fue, porque Pulaski fue un mal remedo de McCoy de la serie original, un buen médico pero una persona arisca, bruta, con un rechazo a la tecnología que roza lo absurdo y un pique personal con Data que no gustó a nadie. La encarnó Diana Muldaur, que ya había aparecido brevemente en la serie original, y se dice que no llevó del todo bien el rechazo del púbico y la integración con el reparto. Su papel es más que correcto, pero difícilmente podía caer bien.

Los protagonistas mantienen la dinámica habitual de la serie, con personalidades magnéticas y relaciones fascinantes bien potenciadas por la gran química del reparto, pero no se mueven un ápice de la descripción inicial, prácticamente ningún conflicto personal o laboral deja huella y produce cambios en ellos.

El Jean Luc Picard de Patrick Stewart sigue espectacular como capitán rígido pero admirable, una brújula moral para sus hombres. Jonathan Frakes (el comandante Riker) apareció con barba y los productores le dijeron que no se la quitara, que le daba un porte señorial, y no se equivocaron. Además, el actor, el punto más débil del reparto, va cogiendo soltura y dándole una personalidad más concreta a su rol, y para Cuestión de honor y La medida de un hombre ha madurado mucho. Con Picard y Riker vuelven a mostrar tímidamente la combinación de capitán distante y primer oficial afable, algo que se explorará mejor en adelante.

LeVar Burton (Geordi) y Brent Spiner (Data) terminan de forjar una dinámica tan adictiva. Geordi se afianza como un ingiero de primera, resuelto e incansable. Data continúa explorando su humanidad en vivencias tratadas por lo general con mucha inteligencia. Will Wheaton es buen actor, más teniendo en cuenta la edad, pero su Wesley sigue dando bandazos entre unas pocas historias de aprendizaje dignas y otras que se inclinaban hacia tonterías de adolescentes metomentodo. Marina Sirtis (Troi) puede demostrar mejor sus dotes dramáticas, aunque fue en algunos capítulos un tanto fallidos. Tanto esta consejera como la doctora suelen quedar en un rango más secundario, pero son unas protagonistas fuertes que aportan mucho en cada situación en que son requeridas.

Worf es el único que consigue entrar en un arco que irá cambiando durante la serie (se presenta más de su pueblo e inicia la relación que dará lugar a su hijo Alexander), porque Riker tiene un episodio centrado en su familia pero se olvida en seguida y no aporta nada. Michael Dorn aprovecha bien el aumento de protagonismo en un papel como el de Spiner con Data, bastante difícil porque tiene una forma de ser y unos gestos muy marcados, donde logra no resultar forzado sino entrañable a su peculiar manera.

En los secundarios tenemos el retorno de Q, que me resulta casi siempre pesado y caótico a pesar del solvente John Lancie y el favor de los trekkies; la presentación de los borg bien se podría haber hecho sin él. Más interesantes son O’Brien y Guinan. Colm Meaney aparecía desde el episodio piloto de vez en cuando como oficial con diálogo, y cuando decidieron que necesitaban un secundario recurrente era la elección más obvia, así que pronto toma nombre: Miles O’Brien. Whoopie Goldberg era fan de la original desde que vio a Uhura, un personaje de peso protagonizado por una actriz negra, y pidió aparecer en La nueva generación… algo que inicialmente los productores no creían, dado que era una estrella de cine. Encarnó a la misteriosa camarera Guinan, del Ten Forward, quien escucha los problemas de la tripulación con paciencia y buenos consejos.

La falta de entendimiento en la sala de guionistas impedía a la serie creer, y la huelga de guionistas puso dificultades extra. El estancamiento cuando no retroceso y la irregularidad aún más marcada restan valor a una obra que empezó con bastante fuerza, sobre todo en originalidad y valentía: estamos en su temporada más floja. La innovación en ideas y la evolución en historias ya presentadas es muy escasa, mientras que se repiten con desgana premisas ya vistas el primer año y también en la serie original. Hay unos pocos capítulos buenos y un par de los que conmueven y no se olvidan, pero los flojos y los mediocres se acumulan en tramos que se hacen cuesta arriba, y de vez en cuando aparece alguno que querrás olvidar.

La exploración espacial todavía tiene buenos momentos (Donde el silencio es esperanza, A contrarreloj), pero son pocos en comparación con la repetición de recursos ya usados. Tenemos invasiones de entes y virus varios: El niño, Selección no natural y Contagio, siendo este último el único destacable. Hay choques culturales que se atascan en el esquema cansino de un mediador famoso que esconde algo o embajadores que la lían de alguna manera: Fuerte como un susurro, El hombre esquizoide, El delfín. Algunos que intentan aportar algo más de drama con los personajes o historias más variadas y por lo tanto parecen prometedores acaban resultando más o menos decepcionantes al fallar bastante (El Royale, El factor ícaro, Señuelo samaritano, Que entren los clones) o quedarse cortos (Gesta suprema).

Los klingon tienen un par de apariciones bastante llamativas (Cuestión de honor, La emisaria), pero no se entrará a fondo en esta cultura ni en la romulana hasta el tercer año. Presentan a los borg en el inquietante ¿Qué Q?, pero solo vuelven a mencionarlos otra vez hacia el final. La holocubierta asienta sus apariciones anuales con el infame Buscando pareja, que incluye también la visita de turno de la insoportable Lwaxanna Troi, y el eficaz Elemental, querido Data, que además tendrá una secuela fantástica tiempo después (Una nave en una botella, 612).

Los mejores son obviamente los más singulares y arriesgados, los que miran más allá y escribieron con mayor dedicación: Amigos por correspondencia es un notable ensayo sobre contactos con especies más atrasadas y el dilema ético de si ayudar o no (la Primera Directiva), y La medida de un hombre, con su análisis sobre si Data es un ser con voluntad y derechos propios, es inolvidable, uno de los mejores de la toda la saga.

Tras el salto incluyo un análisis por capítulos.
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ALTERED CARBON – TEMPORADA 2


Netflix | 2020
Ciencia-ficción | 8 ep. de 45-56 min.
Productores ejecutivos: Alison Schapker, varios.
Intérpretes: Anthony Mackie, Chris Conner, Renée Elise Goldsberry, Simone Missick, Will Yun Lee, Dina Shihabi, Torben Liebrecht, Hayley Law, Sharon Taylor, James Saito, David Cubitt.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento el argumento y los personajes.–

Todo el que la vio estuvo de acuerdo con que la primera temporada de Altered Carbon tenía un potencial asombroso que se había quedado a medias. Netflix y sus autores tomaron nota de que había quejas… pero parece que no de cuáles, porque han hecho cambios que no atajan las carencias más comentadas, sino que han alterado otras cosas, incluyendo algunos puntos fuertes. Además, a mitad de la producción la principal productora ejecutiva, Laeta Kalogridis, se fue o fue largada y toma las riendas Alison Schapker (Alias -2001-, Cinco hermanos -2006-, The Flash -2014- y otras).

Sin ser esta segunda una mala etapa, añade más al factor decepción, porque supone un retroceso cuando se esperaba que dejara atrás los problemas y diera el salto cualitativo que tan prometedora historia tenía al alcance. La decisión tomada ha sido la de simplificar y ablandar el universo planteado, sin duda pensando en captar a un rango de público mayor, pues la ciencia-ficción enrevesada es muy exclusiva. También cabe señalar que las novelas se han dejado aún más de lado, según se comenta.

Si cuando entramos en la serie encontramos un complejo y fascinante futuro, con distintos estratos sociales (los ricos inmortales, terrorismo, religión), avances científicos que han cambiado la vida por completo (las pilas y fundas, las realidades virtuales e inteligencias artificiales), y unas tramas bastante elaboradas que tocaban bastantes estilos (noir, ciberpunk, crítica social, drama personal), ahora se ha limitado muchísimo el horizonte. La salida al espacio era algo que deseé al término del primer año, pero me temo que que no trae las novedades esperadas.

Nos vamos al Mundo de Harlan, uno de los planetas colonizados por el hombre y con gran presencia de la cultura de los Antiguos, esos restos alienígenas tan misteriosos. Lo lidera una política dura de pelar, Danica Harlan, que lucha contra la eterna facción terrorista con lo que haga falta, por lo que el pueblo no tiene muchas libertades.

Takeshi Kovacs llega allí después de años viajando en busca de su amada Quellcrist Falconer, con quien encabezara hace siglos la revolución. Lo hace en una funda nueva, encarnada por Anthony Mackie (de la saga Los Vengadores), y lo acompaña su fiel Poe, la IA, pero este sufre tantos fallos de funcionamiento que su porvenir no pinta bien. El asesinato de varios Meth, los ricos que con pilas y fundas se hacen inmortales, y más concretamente de fundadores de esta colonia, parece señalar que Quellcrist está viva y en este lugar, y decide quedarse. En sus indagaciones tropieza con la cazadora de recompensas Trepp, que tiene sus propios planes pero a veces sirve de ayuda, y con el duro coronel Carrera, que resulta ser su antiguo comandante de cuando era fiel a las brigadas, y no se cansa de ser un mercenario de gobiernos varios.

La intriga política es muy parca. Danica es chunga, Carrera es chungo, y ponen constantemente en aprietos a nuestros protagonistas durante su búsqueda. Estos retos no son nada ambiciosos, se deja muy de lado la ciencia-ficción de alta calidad y el noir inteligente por un simplón y trillado policíaco de acción a base de tiros y puñetazos. Las realidades virtuales, las IA, la tecnología de los antiguos, pasan de fascinar a resultar aspectos secundarios muy básicos. Las posibilidades con las pilas y fundas se limitan bastante.

Y de todo ello no emerge una perspectiva sociopolítica inteligente como antaño. El tono cambia bastante hacia un drama básico, con amoríos y familias en peligro y personajes menos ambiguos. Kovacs parece menos un mercernario distante, fuera de lugar, y es más majete. Los roles que se pueden considerar los villanos no muestran intereses y motivaciones que hagan entender sus acciones poco éticas, sino que son malvados porque sí. Los conflictos morales emergentes del terrorismo y otros temas en apariencia serios no tienen sustancia alguna.

Hacia el final se ahonda un poco en el asunto de los Antiguos, llegando a tener un par de giros bastante interesantes… que son desaprovechados de mala manera. La originalidad de estos instantes proviene obviamente de la inventiva de las novelas, porque si fuera por estos guionistas seguramente no habríamos visto ni estas pocas buenas ideas. La confluencia y el desenlace de las tramas son tan flojos como el tramo final de la primera etapa: un malo rabioso de manual y tortas y más tortas con poca emoción y contenido.

En los personajes y sus relaciones se extiende el estancamiento en su evolución que se vio en el arco final de la primera temporada, quedándoles lo justo de carisma para salir al paso. Antes el pasado era intrigante, daba forma a los personajes y contexto a los hechos históricos, pero aquí ningún flashback es útil e interesante, por lo que la disputa con Carrera resulta muy forzada, la historia con los colonizadores no engancha, y el Kovaks asiático no mola tanto como antes, es como un añadido innecesario. La relación de amor en tensión se estira y estira hasta los últimos episodios, con las revelaciones guardadas según quieran los guionistas avanzar o no; la dinámica con Poe y su drama es más emovito, pero también se reserva de mala manera y es muy predecible; Trepp cae bien, pero parece un poco un pegote, no tiene una gran historia detrás: su familia importa un comino; y Danica y el gobierno como digo son malos de manual, y cuando por fin se encuentran cara a cara con nuestros protagonistas el resultado es de serial barato.

El reparto está bien, pero con la falta de calado de sus roles cabe pensar que podrían haber dado más de sí. Anthony Mackie tiene más soltura que Joel Kinnaman, pero en el registro dramático tampoco conmueve, sobre todo porque Kovacs dice estar enamoradísimo de Quell pero esto no se ve en ningún momento, y eso que Renée Elise Goldsberry sí está estupenda (por cierto, tiene 49 años y no aparenta más de 35). Simone Missick, quien fuera lo único rescatable en Luke Cage (2016), vuelve a mostrarse muy solvente en el papel de Trepp. Lela Loren, con un currículo poco llamativo hasta Power (2014), convence como la ambiciosa Danica Harlan. Torben Liebrecht, con una larga trayectoria en su Alemania natal, consigue que Carrera imponga bastante a pesar de las limitaciones de su dibujo, al menos hasta el delirante tramo final. El que más destaca de nuevo es Chris Conner como Poe, que vuelve a comerse a todos en pantalla, y su nueva amiga IA tampoco se queda atrás, con la entrañable Excavación 301 interpretada por Dina Shihabi (Jack Ryan -2018-).

Para colmo, parece que la primera temporada costó mucho, y al no rendir tan bien como esperaban habrán recortado un buen pico, porque el acabado no luce tan bien. El aspecto visual es llamativo gracias a una buena fotografía, pero en dirección, efectos especiales, decorados y escenas de acción no asombra como antes, sino que por momentos parece más bien cutre. El mundo de Harlan no impresiona, los escenarios que vemos se repiten demasiado y son muy parcos, no hay virtuosismo alguno en la dirección en una serie que empezó deslumbrando. Concretamente, las escenas de acción eran bastante originales y muy bien trabajadas, aquí los tiroteos y luchas cuerpo a cuerpo son bastante flojos, con poca imaginación y ambición, y un montaje final que tiene momentos muy chapuceros.

Tramas poco apasionantes, ritmo aletargado, más vueltas en círculos de la cuenta teniendo sólo ocho episodios, y la mala impresión de que cuando llegan los avances estos no exprimen el potencial latente, consolidan la posición de Altered Carbon como una decepción importante en una serie que parecía llegar para dar nueva vida al género en televisión.

Ver también:
Temporada 1 (2018)
-> Temporada 2 (2020)

CAPÍTULOS DE STAR TREK QUE VER PARA ENTENDER Y DISFRUTAR MEJOR STAR TREK: PICARD

He seleccionado los episodios de anteriores series de Star Trek en los que se basa Star Trek: Picard (Alex Kurtzman, Akiva Goldsman, 2020), en los que encontramos historias y protagonistas que hay que conocer tanto para entenderla mejor como para disfrutar plenamente de los guiños y referencias.

También recomiendo algunos no relacionados directamente pero que ahondan en esas temáticas y personajes.

LA SERIE ORIGINAL

-> Los romulanos
-Imprescindibles: El equilibrio del terror (108), El incidente del Enterprise (304).

LA NUEVA GENERACIÓN

-> Data, Bruce Maddox y la inteligencia artificial

-Imprescindibles: Datalore (112), La medida del hombre (209), La descendencia (316).
-Muy recomendables: Elemental, querido Data (203), Una nave en una botella (continuación del anterior, 612), Capacidad de vida (609).

-> Los borg

-Imprescindibles: ¿Qué Q? (216), Lo mejor de ambos mundos I y II (326, 401), Familia (402), Yo, Borg (523), Descenso I y II (626, 701), Star Trek: Primer contacto (película nº 2).

-> Los romulanos

-Imprescindibles: El enemigo (307), El desertor (310), Unificación I y II (507, 508).
-Muy recomendables: El hombre de latón (320), Redención I y II (426, 501), La próxima fase (524), El rostro del enemigo (614), Derechos de nacimiento I y II (616, 617), Marco de tiempo (625).

VOYAGER

Esta no la he visto todavía, así que me guío por comentarios en internet.

-> Siete de Nueve y los borg

-Imprescindibles: Escorpión I y II (326, 401), El obsequio (402), El cuervo (406), Lazos familiares I y II (515, 516), La Unimatrix Cero I y II (626, 701).
-Muy recomendables: Esclavo (502), Unidad (317), Instinto de supervivencia (602), El colectivo (616), Juego de niños (619), Imperfección (702), Fin del juego (625).

SILICON VALLEY – TEMPORADA 3

HBO | 2016
Comedia | 10 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, T. J. Miller, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Josh Brener, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Stephen Tobolowsky, Chris Williams, Bernard White.
Valoración:

Richard Hendricks, con ayuda de sus amigos, sigue tratando de sacar adelante su visión de una plataforma multimedia de compresión que dispare el uso de la nube en internet, cambiando por completo el panorama mundial de las nuevas tecnologías. Pero el desarrollo de Pied Piper sigue escurriéndose de sus manos más de lo que querría. La competencia es feroz, los problemas tecnológicos incontables, los humanos también. Laurie Bream, de la compañía que lo financia, impone un CEO famoso, Jack Barker (Stephen Tobolowsky) y lo relega a CTO, sea, de director general a director tecnológico, de forma que el proyecto esté en manos de un empresario con experiencia y renombre y el equipo pueda dedicarse al desarrollo.

Ampliamos así la visión del mundo de las nuevas tecnologías, las empresas y gentes que viven en estos negocios, y eso que ya venía ofreciendo una descripción compleja y detallada. Los de abajo (los protagonistas), los de arriba (Hooli), los rechazados (Cabezón), las rémoras (bloggers y demás), las tecnologías, las financieras, las formas de vivir y pensar de cada individuo… El cuadro completo es hiperrealista, pero mantiene el tono irreverente y alocado de siempre.

Los personajes nunca dejan de ser reconocibles a pesar de la vorágine de eventos, cambiando gradualmente, chocando con mil baches, externos y propios, luchando por abrirse paso en un entorno muy hostil. El reparto sigue tan cohesionado y deslumbrante como de costumbre, la química que tienen es admirable. El repertorio de secundarios y recurrentes es alucinante: los abogados raritos, los “empresaurios” Barker y Gavin Belson, el diseñador pesado, el gurú, los currantes de Nucleus…

Cada capítulo te mantiene con una sonrisa constante, e incontables veces te lleva a la carcajada. Las capas de chistes entrelazados sigue siendo asombrosa: la parodia del universo informático es elegante, el humor de la vergüenza ajena está muy bien medido, el ingenio es inagotable, las paridas locas no desentonan nada, y la personalidad de cada rol es muy marcada y divertida.

Entre tanta genialidad destacaría algunos momentos inolvidables por una razón u otra: la guerra de monitores, el encuentro con los aviones privados, el sótano de servidores donde irá “la caja” y están los hombres topo, Richard llevando los planes secretos a la oficina y tropezándose, dejándolos a la vista, el pique de espacios o tabulaciones, la granja de clics, los grupos de opinión, la reunión final con soluciones inesperadas…

Silicon Valley ofrece cero desgaste y cero sensación de repetición en su tercera temporada, siendo de nuevo una de las grandes del año y asentándose como la mejor comedia desde The Office (Greg Daniels, 2005).

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
-> Temporada 3 (2016)

THE WITCHER – TEMPORADA 1


Netflix | 2019
Aventuras | 8 ep. de 47-67 min.
Productores ejecutivos: Lauren Schmidt, Alik Sakharov, varios.
Intérpretes: Henry Cavill, Freya Allan, Anya Chalotra, MyAnna Buring, Joey Batey, Mimi Ndiweni, Eamon Farren, Adam Levy, Royce Pierreson, Jodhi May, Björn Hlynur Haraldsson.
Valoración:

Alerta de spoilers: Presento con bastante detalle las tramas principales; no revelo nada serio ni sorpresas, pero si quieres ir en blanco es mejor no leer. —

The Witcher ha sido desarrollada en el seno de Netflix, que pone dinero y distribución, pero relega el proyecto en varias productoras pequeñas. Su productora ejecutiva principal es Lauren Schmidt Hissrich, quien inició su carrera como guionista secundaria en El Ala Oeste de la Casa Blanca (1999) y llegó a guionista principal y productora en Sin cita previa (2007). Tras otras pocas series fue una de las muchas manos que tejieron la saga The Defenders (2017). Mientras desarrollaba la presente estuvo colaborando en otro éxito de Netflix, The Umbrella Academy (2019). Aunque como es obvio se unieron más productores ejecutivos y guionistas, si destaca un nombre es Alik Sakharov, principal artífice del aspecto visual. Este empezó como director de fotografía, dejando huella en Roma (2005) y Los Soprano (1999), lo que le permitió dar el salto a la dirección en series de primer nivel, Boardwalk Empire (2010), Juego de tronos (2011), Black Sails (2014)… Se ha rodado principalmente en Hungría y las Islas Canarias.

No sé si fue idea de Netflix o de los productores, pero tenían una saga literaria con un estilo propio muy marcado y de indudable éxito (potenciado por los videojuegos, eso sí), y resulta que se intentan montar una imitación a Juego de tronos (David Benioff, D. B. Weiss, 2008). Este concepto ni encaja en el formato de la historia original ni el guion en general está a la altura. Y a eso hemos de sumar problemas con el casting y el acabado. Como resultado, esta temporada ofrece una serie de aventuras con un gran potencial que se deja vislumbrar aquí y allá pero que en general hace aguas.

En los libros entramos en el universo imaginario con aventuras sencillas, y en cada nueva entrega se va abriendo el horizonte poco a poco. Seguimos las andanzas del brujo Geralt de Rivia, que deambula por todas partes ofreciendo sus servicios como cazador de criaturas mágicas. Así, vamos conociendo las reglas de esta fantasía (qué seres y poderes hay), los reinos y lugares principales, las formas de ser de las gentes pobres y nobles, y detalles de la historia pasada antes de meternos en tramas de largo recorrido, que son principalmente las disputas entre distintas facciones, sean reinos, culturas, razas…

En la serie han pretendido una fantasía épica de intriga política a lo Juego de tronos, porque ya se sabe, muchos intentan vivir del éxito de otros en vez de buscar su propio camino. Comenzamos directamente con reinos en guerra y añadiendo pronto a la mezcla más bandos con mayor o menor implicación, como magos y elfos. Al lector lo traicionas, pues esperaba ver las historias iniciales de Geralt, sumergirse en el ambiente de la primera novela. Al no lector lo vuelves loco. ¿Pero qué está pasando? ¿Cuál es el estado político, a qué se debe la confrontación? ¿Quiénes son esos reyes y nobles, qué ideales y planes tiene cada uno, cuáles son sus motivaciones personales? ¿Cómo esperas que me implique en los hechos y los dramas? Me da igual si la reina es vencida o no, no sé nada de ella.

Paralelamente seguimos a Geralt lidiando con algún noble o rey menor, cazando algún ente. Esta parte funciona bastante mejor precisamente por ir entrando en materia gradualmente, y además mantiene el tono ligero y melancólico original. Vamos viendo la fauna de criaturas y habitantes de distintos lugares, cada cual con sus peculiaridades, en unas aventuras que combinan bien la intriga y fascinación por lo desconocido, ligeros toques de humor, y cierto fatalismo. Geralt es un tipo hosco y reservado, pero porque el mundo lo mantiene aparte como una rareza que temer, pues es un mutante con poderes. Él mismo es consciente de ello, y también lo ve en los seres mágicos que persigue: a veces son temidos sin razón y no quiere hacerles daño. El mundo es complicado y cada situación depara unas sorpresas y consecuencias distintas, pero lo que conoce se trastocará cuando se encuentra con algunas personas que logran sacar algo de humanidad de él, el bardo Jaskier y la maga Yennefer, con quienes establece una dinámica muy interesante.

Cuando el reino de Cintra cae, la joven heredera Ciri acaba huyendo por su cuenta, sorteando peligros mientras esperas que el destino que tanto mencionan se cumpla: que encuentre a Geralt, se explique su lugar en la historia y los poderes incipientes que muestra. Su odisea es menos trascendente y más irregular que la del mago. Hay escenas de huidas y matones anodinas, que no aportan nada, y parece que los autores lo saben, porque intentan realzar los peligros con sensacionalismo; el ser que es capaz de adoptar formas es puro relleno, por ejemplo. Pero algún tramo tiene más enjundia, como el del campamento que termina siendo atacado por los enemigos, lo que sirve para dar un poco de contenido y verosimilitud a la perspectiva global. Pero a la larga su viaje se estira demasiado sin concretar nada. El joven elfo no se sabe qué pinta aquí, las amazonas del bosque luminoso tampoco. Y el desarrollo emocional de la chiquilla no se mueve hacia ninguna parte, con lo que pide a gritos el encuentro y pasar a otra parte de la historia… Sin embargo, este se retrasa de mala manera hasta los minutos finales de la temporada, y entonces lo fuerzan sin tacto alguno, sin trabajarse la escena lo más mínimo. Otra de muchas decepciones.

No tarda en aparecer también el gremio de los magos. Una joven deforme llamada Yennefer es tomada por la rectora de la escuela de magos, Tissaia. Allí encontrará razones por las que vivir, un conveniente truco de magia que la vuelve hermosa, se despierta en ella una ambición desmedida, e inicia un arco de ascenso y posible caída muy interesante. ¿Adónde llegará en su viaje personal y como maga? En cierto momento se encuentra con Geralt, y su interés aumenta con una relación en tensión por ahora bien desarrollada.

La sección más fallida es la de los enemigos que atacan Cintra y persiguen a Ciri, el reino de Nilfgaard. Quedan como el mal etéreo de la fantasía más básica, gente chunga que viste de negro y no se cansa de conquistar, matar y perseguir sin tener un propósito y justificación más allá de “es que somos malos”. Si quieres una intriga política de altos vuelos, no puedes tener un bando así de limitado. Los personajes que lo representan no podían ser más vulgares y aburridos. Un tipo, que no se sabe si es rey, caballero o vete tú a saber qué, está empeñado en capturar a Ciri vete tú a saber por qué. Tan poco interés despierta que he tenido que buscar su nombre: Cahir. Lo acompaña una maga que entrenó con Yennefer y se pasa al otro bando deslumbrada por el poder, Fringilla. Esta también decepciona, porque parecía que iba a tener un recorrido más trabajado y una rivalidad llamativa, pero una vez en la posición de villana se limita a ser la bruja mala de toda la vida.

El resto de secundarios no logra captar la atención. Magos, reyezuelos, pueblo llano… En Juego de tronos casi todo personaje dejaba huella, tenía características llamativas. Aquí, incluso lo más relevantes, el mago que tiene un conato de romance con Yennefer y otros relevantes entre sus compañeros de gremio no causan impresión alguna. La única excepción es el vejete que busca los dragones, bastante agradable.

Para rematar la sensación de que las secciones están mal conectadas, a partir de cierto momento empiezas a notar que algo no encaja. Yo tuve la suerte de leer por internet que las historias están en distintos marcos temporales, pero si no, te puede chocar bastante cuando de repente reaparecen personajes como si nada de lo contado hasta ahora hubiera pasado. No sé si pretendían alguna sorpresa, generar tensión o qué, pero queda fatal, ni se explica bien ni aporta nada, sino que confunde tanto que te deja la sensación de que te han engañado de mala manera con una chapuza narrativa. ¿De verdad los guionistas no pensaron que el tono tan diferenciado entre las distintas secciones dejaría un desequilibrio formal y de interés enorme, y que jugar con las líneas temporales era poner más trabas al espectador?

También cabe destacar que no ponen énfasis en delimitar las capacidades de los magos. Yennefer tiene la habilidad de tele transportarse, pero para buscar el dragón se tira días ascendiendo por peligrosas montañas. Otros magos parecen ser los más poderosos del lugar, pero uno sólo sabe invocar espadas (y atacar una y otra vez como un idiota) y otra enredaderas, y con un rato haciendo eso se quedan sin fuerzas. Por extensión, la batalla final con unos cuantos hechiceros implicados es lamentable, pues sin saber qué poderes y limitaciones tienen parece un despliegue de efectos especiales absurdos hasta que el guionista decide quién gana.

En cuanto a adaptación, solo puedo hablar de lo que llevo leído, el primer libro. También presenta aciertos y fallos. El tono está bien logrado, como he explicado al describir a Geralt, pero algunas veces no hacía falta hacer cambios y en cambio desaprovechan relatos con bastante gracia. El del erizo y el “Derecho de la sorpresa” me encantó en la novela, una mezcla de líos de la corte, leyes medievales aderezadas con mitología, y mucho juego del tira y afloja, mucho reto intelectual. Pero aquí acaba convertido en una pantomima de frases chorras y espadazos sin garra. La otra parte relevante, el conflicto político de Cintra y Nilfgaard, no sé qué tal lo han captado, pero no es difícil intuir que en el original tendrá un recorrido más cuidado.

El reparto no está a la altura de una serie de primera división. Parecen haberse contentado con enganchar a una estrella mediana de cine, Henry Cavill, para Geralt, conseguir una buena Ciri, Freya Allan, y al resto lo han buscado en castings de saldo, que hay que ahorrar, pues Cavill se lleva según rumores 400.000 dólares por episodio… lo que las estrellas de Juego de tronos en las temporadas medias, cuando era un pedazo de éxito. Con estos dos han acertado. Cavill tiene carisma y pone entusiasmo en el personaje, y la joven Freya muestra un buen registro dramático que ensalza un personaje por ahora bastante limitado. Pero en los secundarios algunos salen medianamente bien parados y otros son un desastre muy llamativo.

El bardo en manos de Joey Batey resulta muy simpático, Myanna Buring tiene experiencia de sobra (The Descent -2005-, Riper Street -2012-, Dowton Abbey -2010-…) y lo demuestra, y Anya Chalotra como Yennefer es un buen descubrimiento también, es relativamente joven, sólo ha estado en tres series menores, y tiene bastante talento además de belleza. Pero los reyes de distintos bandos son actores bastante mediocres. Jodhi May se dio a conocer como la hermana de la protagonista en El último mohicano (1992), pero desde entonces se quedó atascada en papeles secundarios en series que no ha visto nadie. Para la reina Calanthe nos tortura con una interpretación muy sobreactuada, parece que está siempre a punto de llorar o de cagarse encima. El islandés Björn Hlynur Haraldsson ha sido visto en Los Borgia (2011) y Fortitude (2015), pero tampoco da la talla como el rey Eist, aparte de soso, está mal caracterizado y parece estar en otra serie. Eamon Farren (la nueva Twin Peaks -2017-, unas pocas películas televisivas) como Cahir intenta poner caras de malo pero provoca risa, aunque en su defensa hay que decir que son semejante rol poco se puede hacer. Los demás secundarios con menor presencia son bastante flojos, encontrando pocas excepciones.

En el aspecto visual también hay irregularidades notorias. Sin duda ha sido una serie cara, pero quizá por el caos habitual de las primeras temporadas, más siendo una superproducción, no ha lucido como debiera.

La fotografía es muy buena, aprovecha al máximo un género muy versátil. Hay incontables planos que quitan la respiración, la naturaleza es hermosa, los interiores de distintos castillos muy bien exprimidos… Las labores de dirección son bastante buenas, por lo general intentan huir del plano contra plano con cabeza de por medio y buscar algo más cinematográfico. De esta forma, es una obra que entra muy bien por los ojos… hasta que viene un bajón y te quedas pensando que se ha colado una escena de otra serie.

Las localizaciones en castillos reales son imponentes, pero cuando pasamos a un decorado propio el cartón piedra canta tanto que parece que estamos en Hércules (Christian Williams, 1995) y Xena (Sam Raimi, 1995). La coreografías en luchas cuerpo a cuerpo se las curran mucho y son espectaculares. En lo personal diré que, aunque por ser fantasía se puede perdonar lo rebuscadas y exageradas que son, yo hubiera preferido algo más realista, más sucio e imprevisible: hartito estoy de que los combatientes se pongan a dar vueltas mostrando la espalda a su contrincante, ¡menuda gilipollez y menudo suicidio! Pero el problema es cuando entran en juego batallas más grandes. No puedes ambicionar más de lo que tu presupuesto y tiempo permite si no quieres fastidiar las expectativas. Mucho ejército digital a lo lejos, pero en primer plano sólo ataca un puñado de soldados, y además sin planificar la escena lo más mínimo, parecen peleas de borrachos. Los efectos digitales ofrecen unos cuantos buenos monstruos, y otros que se quedan algo cortos, como los dragones. En el vestuario exprimen también el género, deleitándonos con un repertorio muy original y variado, pero de vez en cuando aparece un actor mal elegido, mal maquillado y con ropas demasiado limpias, de forma que parece un tipo cualquiera en un carnaval medieval. La música es otro aspecto que tiene muchas posibilidades en este tipo de producción, pero lo cierto es la banda sonora es muy parca y poco inspirada.

Con la combinación de pros y contras, The Witcher se escora peligrosamente hacia el fracaso. A pesar del atractivo de la propuesta, sobre todo si te llama el género, del carisma de Geralt y el potencial de algunos secundarios, casi todos los episodios terminan haciéndose bastante largos y dejando la sensación de desaprovechar un buen material. Si no querían tener un par de temporadas con solo Geralt de protagonista principal, al menos que hubieran separado por episodios, uno para cada sección, permitiendo así un ritmo ágil y una duración más comedida. Esperemos que el equivocado formato elegido no lastre también las siguientes temporadas.

LOST IN SPACE – TEMPORADA 2


Netflix | 2019
Ciencia-ficción, aventuras, drama | 10 ep. de 39-54 min.
Productores ejecutivos: Matt Sazama, Burk Sharpless.
Intérpretes: Molly Parker, Toby Stephens, Maxwell Jenkins, Taylor Russell, Mina Sundwall, Ignacio Serricchio, Parker Posey, Raza Jaffrey, Ajay Friese, JJ Feild, Sakina Jaffrey, Douglas Hodge.
Valoración:

Aunque en el baremo global se mantiene como un entretenimiento muy placentero si no buscas algo con grandes pretensiones, la segunda temporada de Lost in Space resulta algo más irregular que la primera, con dos tramos con diferencias argumentales y cualitativas importantes. Por ello aumenta la sensación de que sus autores, Matt Sazama y Burk Sharpless, siguen desaprovechando un gran potencial.

Como se veía venir, el final tan sensacionalista de la primera etapa era un gancho a lo Perdidos (J. J. Abrams, Jeffrey Lieber, Damon Lindelof, 2004) y Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) y aquí empezamos con una vuelta descarada al statu quo. Tanto por explorar en historias, y volvemos a encontrarnos con la familia varada en otro planeta intentando sobrevivir contra la hostil naturaleza, las peleíllas internas entre ellos, y las artimañas de la Doctora Smith.

La vuelta a las bases es total, entrando por momentos en el drama familiar tontorrón y empalagoso que la serie bordeaba peligrosamente en su presentación y esperaba que dejara atrás del todo. Los líos de adolescencia, unión familiar, superación personal, etc. no aportan novedades ni en las tramas ni en los obvios mensajes. Los dos primeros capítulos se hacen largos y por momentos pesados, siendo salvados por la fastuosa puesta en escena, que aprovecha un presupuesto generoso que da pie a localizaciones, decorados, vestuario y efectos especiales que quitan la respiración.

Por suerte, las virtudes de la serie vuelven a ir apareciendo en los siguientes episodios. La salida del planeta acuoso y el reencuentro con la Resolute (la nave nodriza) trae nuevos escenarios y recupera los otros grupos de personajes, sacándonos de golpe del estancamiento. Aunque todavía arrastra achaques y un bajón severo, pues el quinto se atasca en un dramón bastante cargante, va subiendo el nivel hasta que a partir del sexto entramos en una dinámica mucho más compleja y atractiva, mostrando tímidamente la esperada maduración de la serie.

La determinación por ofrecer multitud de escenarios, situaciones, problemas y frentes es loable, no hay un minuto de descanso, casi siempre se integra bastante bien el drama familiar con la acción y hay una clara evolución en los protagonistas y sus aventuras. Los conflictos en las distintas formas de ver las cosas entre tripulaciones y los problemas de adaptación a distintos medios (la nave varada, el planeta desértico) son muy variados y amenos. El misterio con los líderes de la misión y lo que se traen con los robots aporta algo de oscuridad. Los protagonistas tienen más margen de movimiento, sobre todo la Doctora Smith, que va dejando ver más aristas, intentos de cambio y redención y nuevos baches muy bien desarrollados. Hay algunos tramos impresionantes, que suben el listón en complejidad y también en el tono adulto: los conatos de rebeldía y motines generan mucha tensión e incertidumbre. El único problema es que la familia Robinson tiene que ser siempre el centro de cada evento, no pueden ser víctimas tangenciales o aportar a una parte del todo, siempre está en sus manos el destino de todos.

El reparto mantiene su cohesión e implicación. Todos los intérpretes de la familia están entregados a sus personajes, destacando al Will encarnado por Maxwell Jenkins con un registro muy completo para su edad, y a ambos padres, Molly Parker, capaz de hacer de madre obstinada sin resultar pesada, y Toby Stephens, un actor que debería haber sido famoso. Parker Posey sigue siendo una maestra de la sobreactuación muy bien controlada, pues la serie es para todos los públicos y los críos deben entender lo que trama mientras dice otra cosa. Y un secundario gana protagonismo y no lo desaprovecha: JJ Feild como el ladino Ben Adler me ha dejado a cuadros, menudo papelón se marca.

Con la ampliación de escenarios el presupuesto también luce más y más, con decorados de interiores imponentes, nuevos paisajes asombrosos mejorados con un impecable trabajo de efectos especiales, y unas labores de dirección muy buenas que le sacan gran partido. Sólo me quejaría de que las criaturas carnívoras del planeta son una imitación evidente de los velocirraptores de la saga Parque Jurásico.

Pero hay carencias, o más bien excesos, que siguen ahí, y ni siquiera parece que sus autores los vean. A veces pecan de forzar demasiado este modelo narrativo de estar siempre pasando lo más difícil y trascendental. En cada situación hay un nuevo peligro de muerte, nadie sufre crisis ni estrés postraumático (sólo unas pocas escenas con Smith y el profesor), no hay espacio para problemas más mundanos, cualquier conflicto dramático (una riña entre tripulantes, lo que sea) se aborda con una crisis que tiene a la humanidad en vilo. Y sí, como decía, de la resolución de la situación suele emerger bien el aprendizaje, la aceptación de limitaciones, en resumen, el mensaje y las consecuencias, pero hay tramos tan forzados que hacen torcer el gesto, y tenemos un par de momentos donde se sobrepasa el límite de lo exagerado y se cae en el ridículo y la vergüenza ajena: van a una localización del planeta desértico volando en una de las Jupiter… ¡pero resulta que esta deja a la expedición a dos días de viaje en caballo!, una nave auxiliar queda varada, y no es suficiente peligro, tiene que aparecer una criatura espacial y darle un coletazo que la manda más allá.

Para el desenlace tenemos acción digna de cine en un capítulo bastante más gratificante que el compendio de escenas rebuscadas a lo Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) del año pasado, aunque claro, con todas las piezas ya posicionadas en el tablero resulta un tanto predecible. El giro final esta vez es una buena sorpresa, tira más por lo inesperado dentro de un margen realista y que tendrá efectos que por lo rebuscado que sabes que se quitarán de encima rápidamente.

Ver también:
Temporada 1 (2018)
-> Temporada 2 (2019)