RATCHED – TEMPORADA 1

Netflix | 2020
Suspense, drama | 8 ep. de 45-62 min.
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Evan Romansky.
Intérpretes: Sarah Paulson, Jon Jon Briones, Judy Davis, Cynthia Nixon, Finn Wittrock, Charlie Carver, Amanda Plummer, Corey Stoll, Sharon Stone, Alice Englert, Sophie Okonedo.
Valoración:

Ryan Murphy se hizo un hueco entre los autores más valientes y transgresores de la televisión con Nip/Tuck (2003), Glee (2009) y The New Normal (2012), y saltó al nicho más friki con American Horror Story (2011), probablemente su obra más conocida. Con la fama adquirida se está convirtiendo en una de las figuras más poderosas e influyentes, escribiendo y produciendo numerosas series, de las cuales bastantes tienen buen tirón mediático.

Entre sus últimos trabajos encontramos Ratched. Es el nombre de un personaje de la novela Alguien voló sobre el nido del cuco de Ken Kesey de 1962 y de la película de Miloš Forman de 1975, donde está encarnada por Louise Fletcher, aunque el protagonismo recae en Jack Nicholson. Ratched es una arpía manipuladora que trabaja como enfermera un centro de enfermos mentales de los años cuarenta, donde la ciencia de la mente está todavía dando bastantes palos de ciego. La adaptación en forma de serie para Netflix parece que abordará varias temporadas inventadas antes de llegar a la historia del libro, de hecho por ahora del original tiene bien poco y bebe más del cine de Hitchcock, de las películas sobre Hannibal (El silencio de los corderosJonathan Demme, 1991-, HannibalRidley Scott, 2001-), y de la propia American Horror Story.

La verdad es que yo me bajé del particular universo de Murphy en la quinta temporada de American Horror Story (la del hotel), porque venía acusando mucho desgaste de tanto estirarla (y la agonía va ya por más de diez temporadas) y da la impresión de que intentar abarcar tantas series es muy contraproducente para su creatividad. Ratched cuenta con buenas críticas de los medios, pero lo cierto es que no las entiendo, no sé qué serie han visto. Luego lees los comentarios de la gente, y la ponen a parir. Porque muestra claramente lo fatídico que resulta ese exceso de trabajo, siendo una serie con potencial pero muy descuidada, que parece entre inacabada y fallida.

Vemos el sello de Murphy por todas partes, eclipsando cualquier personalidad que pudiera tener su colaborador, el novato Evan Romansky. Tenemos personajes peculiares marcados por tragedias, intrigas donde hay tanto suspense como locuras, y giros inesperados por doquier. Mezcla drama, cine negro, terror psicológico, humor negro…

La serie es sugerente en los primeros capítulos, donde sólo la falta de ritmo y determinación siembran algunas dudas: con tan sólo ocho episodios, Murphy parece ir demasiado lento y con inseguridad de hacia dónde se dirige. Pero conforme avanza, va perdiendo por completo el control de su creación. Patina en subtramas melodramáticas que no van a ninguna parte: no se sabe si quiere ser un drama serio o una de terror desenfrenada, así que los recesos para hablar de los problemas alrededor de la homosexualidad parecen bastante forzados. Se le agotan las ideas para las partes de suspense y cada trama se lía sobre sí misma hasta perder todo sentido e interés: tantas alianzas y cambios de parecer, que no hay manera de entender qué quiere cada protagonista y a qué historia aferrarse. Los protagonistas cada vez van siendo más informes (qué cansinos los reiterativos flashbacks contando lo que ya era más que obvio) y devenidos en mediocres comodines según se Murphy improvisa nuevos giros absurdos. De esta forma, varios personajes se pueden pasar todo un capítulo tramando cómo hacerse daño o librarse el uno del otro y al siguiente son grandes amigos sin que haya una transición verosímil.

Para los últimos capítulos queda una amalgama sin pies ni cabeza, muy aburrida, y por momentos insultante, pues sólo encontramos giros absurdos, personajes destrozados, sobre explicaciones con diálogos sonrojantes y discurso moral de baratillo. Acaba siendo un panfleto feminista ridículo: las mujeres pueden montarse intrigas dañinas e incluso asesinar a su antojo, siempre está justificado porque hay un hombre poderoso o una cara del machismo contra los que supuestamente están luchando.

La puesta en escena se lleva a cabo mediante elaborados juegos de iluminación, encuadres muy cuidados, trávelings inmersivos… En resumen, la estética versátil pero también sobrecargada predilecta de Murphy, con sus aciertos y sus fallos habituales. Los últimos años de la década de 1940 están bien representados, y si bien en ese afán de hacer una serie deslumbrante queda todo muy artificial, pues está todo demasiado limpio y nuevo, desde luego hay cantidad de planos cautivadores, siendo una obra que entra muy bien por los ojos. Pero conforme avanza va quedando claro que la narrativa global se descuida. Todo lleva el mismo tempo apagado, sin garra y que no se adapta a los cambios de tono y ritmo, resultando una serie cada vez más monótona.

Además, cabe destacar para mal otra obsesión de Murphy: usar música no original. Se apoya demasiado en la música para enfatizar la intriga y el drama, pero al ser temas muy conocidos de la época, en nada que seas algo culto te pueden sacar de la narración. Y yo, como aficionado a las bandas sonoras, he estado todo el rato diciendo: ahora Bernard Herrmann, ahora Elmer Bernstein, pero qué poco se han esforzado que tiran demasiado de temas obvios como El cabo del terror (1962), qué pinta ahora el vanguardismo de Philip Glass

El reparto tiene alguna sorpresa, como Jon Jon Briones como el doctor Hannover y Sophie Okonedo como la paciente esquizofrénica, quienes están espléndidos, y Judy Davis (la enfermera jefa Betsy Buckets) tampoco está nada mal. Vuelve a traer mi habitual pregunta de quién puede ver una buena actriz en Sarah Paulson (Ratched), siempre con la misma cara de pena forzadísima con ojos humedecidos indistamente de la emoción que toque mostrar. Hay secundarios aburridos, pues Cynthia Nixon (la asistenta del político) y Finn Rock (el paciente condenado a muerte) son otros que parecen repetir siempre el mismo papel. Y tenemos figuras más llamativas desaprovechadas, como, Vincent D’Onofrio (el político del que depende el dinero del hospital) y Sharon Stone (la rica caprichosa).

Ratched en vez sumar puntos a la irreverente personalidad de Ryan Murphy lo que hace es constatar que está tirando por los suelos el talento que había mostrado en sus primeros años. También pone de manifiesto la devaluación de la crítica especializada, que vende todo como muy bueno para no ofender a nadie, y la enésima muestra del sinsentido que son los Globo de Oro, que la han contado entre las mejores del año.

FUNDACIÓN – PRIMERAS IMPRESIONES

101. La paz del emperador
The Emperor’s Peace
Guion: David S. Goyer, Josh Friedman.
Dirección: Rupert Sanders.
Valoración:

Alerta de spoilers: No hay ningún dato revelador.–

Vengo de una introducción a Isaac Asimov, la saga Fundación, y la adaptación.

En el primer episodio se puede ver algo de la obra original de Isaac Asimov, pero de toda la saga: meten referencias en cantidad y de mala manera, como pensando que así el fan se enganchará. Así que encontramos información innecesaria y confusa por todas partes. Entre los momentos más llamativos tenemos el intrascendente y melodramático prólogo en Términus, la voz en off referenciando datos (El Mulo) que ahora no tienen utilidad, añadidos incomprensibles como que el pueblo de Gaal reniegue de la ciencia antes de la caída del Imperio, y detalles irrelevantes por doquier como el paseo en barca o explicar cosas del viaje espacial…

En la amalgama resultante apenas se vislumbra la situación política, y los cambios que se anuncian no se terminan de hacer tangibles. Qué busca cada bando, de qué va cada personaje, qué son la psicohistoria y el plan Seldon… Se intenta abarcar demasiado y a la vez se prioriza tanto el enredo visual que se quedan en la superficie de todo lo importante. Yo me he leído las novelas y a duras penas he conseguido entrever una visión global, un desarrollo de acontecimientos con un lógica y una sensación de dirección. Así que no sé cómo un no lector puede entender algo. Ni siquiera el juicio a Seldon, con diálogos para tontos verdaderamente risibles, me parece que valga para que se puedan asimilar bien los pilares del argumento.

No sorprende que en este panorama salgan muy mal parados los personajes. Entre las apresuradas intrigas políticas y la exposición visual innecesaria hay situaciones más pausadas y emotivas que está claro que pretenden definir a los protagonistas, pero no logran su objetivo. En la torpeza de los guionistas destaca para mal el apoyo en clichés cutres para intentar resumir cosas y algunas salidas por la tangente que no tienen ni pies ni cabeza. Por ejemplo, la religión de Gaal y las conversaciones sobre las piedras de su rostro, qué demonios le aportan al personaje; parece que los autores han visto que en los libros se habla de religión y lo han colado como han podido. Todo apunta a que estos serán los típicos personajes comodín que los malos autores van ajustando a las tramas conforme estas se les vayan ocurriendo, en la línea de Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) o Star Trek: Discovery (Alex Kurtzman, 2017).

El emperador Cleon es definido como malo porque en la primera escena mata gratuitamente a alguien, y Gaal Dornik es presentada como el típico rol central en plan héroe imposible, de forma que parecen sacados de la peor película comercial que se te ocurra. Gaal no tiene formación ni habilidades reales, pero es la elegida de los guionistas (la Mary Sue, en jerga internetera), así que es superdotada, hábil en todo campo, de moral intachable, y todo lo resuelve sin esfuerzo. Y rizando el rizo en este ya de por sí penoso ejemplo, directamente le ponen superpoderes: ahora resulta que es vidente o algo así. Nos presentan un personaje medio inventado, Raych Foss, inspirado en un hijo adoptivo de Hari que sale en novelas posteriores… Pero este no sirve para nada, sólo quita tiempo a Seldon para meter con calzador un conato de historia romántica empalagosa que no viene a cuento.

También caen en otro cliché rancio y molesto habitual en escritores de mala calidad: no entender la ciencia ni los científicos, considerar que son personas raras con talentos inhumanos. Me ha dado bastante asco que los genios científicos sean descritos como antisociales con tics de autistas o con manías extravagantes. Y es muy triste que no se vea nada del trabajo en el proyecto de Seldon, a pesar de ser el eje central de la trama. Se menciona a acólitos que no se ven, se habla mucho de ciencia pero solo se ven paridas, como el absurdo prisma-ordenador y su activación y los no menos absurdos hologramas. Para ser una obra de ciencia-ficción que precisamente habla de la ciencia, de su lugar e importancia en la sociedad, de los males que surgen por no entenderla y respetarla… se hace un ridículo de proporciones inauditas.

Otro tema que lleva ya unos años siendo lamentable es la nefasta ola corrección política racial y feminista. Con la excusa de que las novelas son muy antiguas y la presencia del sexo femenino es testimonial, se liaron a cambiar el género y el color de muchos personajes… y terminaron con una reinvención importante de los protagonistas siguiendo los peores patrones de esta tendencia.

Podría perdonarse si se hubieran limitado a roles secundarios, para no traicionar a la obra y a sus seguidores cuando no hay necesidad. Por ejemplo, con Gaal Dornick parecía apuntarse a ello, pues es hombre en la novela y pasa a ser “mujer racializada” (si es que hasta los términos son de chiste). Pero resulta que le han dado un protagonismo total, y entonces canta mucho la transformación de sencillo granjero estudioso que Seldon usa brevemente en su proyecto, a chica empoderada en plan superheroína que tiene el destino del universo en sus manos. Ten al menos la decencia de inventarte un personaje nuevo, como han hecho (tan mal) con Raych. Pero lo que se intuye en la breve aparición de Salvor Hardin es tan injustificado como insultante. En el original es un tipo tan carismático y resolutivo como cabezota y ruidoso, aquí es otra joven morenita muy agradable… y no contentos con eso, de político de Términus lo transforman en una especie espadachina ermitaña.

El reparto no está a la altura tampoco. Hay algunas figuras siempre imponentes, como Jared Harris y Lee Pace, que van con el piloto automático puesto, supongo que porque no tienen personajes a los que agarrarse. Y los desconocidos dan bastante lástima. Lou Llobell (Gaal), de padre español y madre de Zimbabue, parece estar leyendo el guion todo el rato, y Alfred Enoch (Raych) está horrible, es un enorme lastre en cada escena en la que aparece. Sólo algunos secundarios como Reece Shearsmith (Jerrill, el espía del emperador) y Terrence Mann (el emperador anciano) dejan buenas impresiones.

Tampoco me ha convencido en lo que más llama a primera vista. El aspecto visual tira mucho de billete, pero es todo vacile mientras que la coherencia narrativa por ahora brilla por su ausencia.

En diseño artístico, vestuario, decorados y efectos especiales luce como superproducción de cine, al nivel incluso de la recién estrenada Dune (Denis Villeneuve, 2021). Pero todo parece muy falso, artificial, el entorno no se integra en la historia y los personajes, no llega a darse forma a un ambiente y unas culturas verosímiles, naturales. En prácticamente cada escena saltamos a una estancia nueva, y todas son muy diferentes y están muy sobrecargadas, y todo el mundo parece disfrazado de algo distinto, incluso cambiándose sin venir a cuento de una escena a otra (menos el emperador, que va con ese esperpento azul por todas partes). Me ha pasado como en The Wichter (Lauren Schmidt, Alik Sakharov, 2019) o Star Trek: Discovery (Alex Kurtzman, 2017), otras dos grandes superproducciones donde decorados y vestuario parecen recién estrenados y diseñados sólo para deslumbrar con extravagancias y ostentación, sin importar la vinculación con universo y personajes. Por el lado contrario tenemos The Expanse (Mark Fergus, 2015) o Raised by Wolves (Aaron Guzikowski, 2020), donde cada entorno y personaje tiene un aspecto y una forma de ser que se entiende y se vive desde el primer capítulo. También cabe señalar que hay planos muy bonitos gracias a los recursos disponibles, pero en otros muchos detalles falta imaginación, con momentos sacados directamente de otras del género, como Interstellar (Christopher Nolan, 2015).

El episodio piloto es de esos que intentan abarcar todo para impactar, pero por el camino olvidan lo importante: el respeto a la rica obra original, presentar unos personajes con los que empatizar, exponer el universo gradualmente para que vayamos asimilándolo y entendiéndolo y nos resulte verosímil. Es un batiburrillo caótico e ininteligible que habrá cegado a un buen puñado de espectadores facilones con su deslumbrante aspecto visual, pero será una decepción enorme para quien busque una serie de calidad… y más aún una de ciencia-ficción ambiciosa y que capte la esencia de los maravillosos relatos de Isaac Asimov.


102. Preparándose para vivir
Preparing to Live
Guion: David S. Goyer, Josh Friedman.
Dirección: Andrew Bernstein.
Valoración:

Si tras la presentación había dudas sobre si la serie podría remontar, el segundo episodio las remata por completo, confirmando que Apple TV+ y David S. Goyer se han montado una producción comercial genérica, de estas que tocan de todo un poco con sensiblería barata, clichés narrativos, aspecto intelectual simplón, etc. para llegar al máximo público posible.

La escritura inmadura, la brocha gorda, los vulgares estereotipos a los que apunta, llegan a niveles irrisorios, de vergüenza ajena. Qué diálogos y discursos más cutres y primarios, dilemas morales más infantiles y machacones, relaciones personales más aburridas, tramas políticas más predecibles… En lo de los discursos es igualita a la infame Star Trek: Discovery, los autores parecen ser conscientes de sus limitaciones, de que el capítulo que han parido sólo es un compendio de sandeces, y de vez en cuando tienen que meter con calzador una reflexión en voz en off que resuma con pelos y señales lo que querían transmitir.

Si la cháchara de Seldon en la lavandería es todo lo que tienen para abordar temas de clases sociales, si la ridícula intervención de Gaal en una reunión es todo lo que pueden ofrecer al hablar sobre la ciencia y los científicos, si se van a priorizar romances cursis, giros dramáticos sin pies ni cabeza (lo de Raych no tiene nombre), finales de infarto de mercadillo (al nivel de los peores momentos de Perdidos -2004-)… está claro que no se han planteado en ningún momento hacer una serie de calidad ni fiel a Asimov.

El ritmo vibrante, el suspense adictivo, las lecturas intelectuales y morales tan inteligentes y delicadas, los personajes tan carismáticos de la fascinante obra de Asimov no se dejan entrever en ningún sólo momento. Pero la ambición de los guionistas todavía se atreve a apuntar a la Saga de los Robots también, con la presencia de la asistente del emperador (Laura Birn). Veremos en qué lodazal se meten por este lado también.

Lo único que parecía tener algo de potencial es el emperador. El juego con los clones podría dar para exponer mejor intrigas políticas que en las novelas se cuecen generalmente de fondo. Sin embargo, viendo la poca fidelidad y la escasa sutileza, no esperaba gran cosa… y no tarda en confirmarse que aquí los guionistas también patinan a lo grande. Por un momento pensé que lo del ataque al ascensor espacial era buena forma de concretar y hacer tangible el inicio de la caída del Imperio… pero luego con el bombardeo de Anacreonte me ha parecido demasiado facilón: da la impresión de que cualquiera puede organizar un atentado que desestabilice todo el Imperio, limitando la inteligencia de Seldon y el alcance de sus estudios y dejando al Emperador como un violento impulsivo que contradice todo lo que se supone que era, un tipo capaz que mantiene cohesionados a miles de planetas y dirigentes.

Los demás personajes siguen por el camino de ser comodines de la trama, de estos sin una definición clara que son adaptados a las historias que se les vayan ocurriendo a los escritores. Si Gaal fue seleccionada por Seldon para trabajar en el teorema matemático de su proyecto de predecir el futuro, qué pinta e tareas de organizar excavaciones mineras. El propio Hari no sé qué hace yendo a Términus, y no se sabe qué tareas ejecuta en la nave. Raych queda como el cliché del interés romántico, no hace nada más hasta que precisamente deciden dar un giro a la trama y lo meten a la fuerza en ello. Los dramas de algunos secundarios que no te importan nada no aportan nada. Y todos pintan fatal de cara al futuro.

En el acabado se presenta otro importante problema: de un capítulo a otro hay un notable bajón en el apartado de la dirección, pasando de un trabajo prometedor a uno muy televisivo que no está a la altura de tan fastuoso acabado en decorados, vestuario y efectos especiales. He terminado bastante cansado de ver los mismos primeros planos contra planos con cabezas cortadas en media pantalla, de los mismos trávelings facilones alrededor de personajes para dar sensación de ritmo sin tener que estudiar bien la narrativa, sin buscar un tempo que enfatice con las emociones de los personajes, y de la obsesión del realizador por mostrar algunas conversaciones desde la espalda de los personajes, como si creyera estar haciendo algo artístico.

Me cuesta creer que los medios le estén dando buenas reseñas. Llevo un tiempo pensando que en el mundo de las series estamos como en el de los análisis de coches y aparatos electrónicos: los medios sólo dirán cosas buenas, porque si no lo hacen perderán el favor de la industria, dejarán de recibir regalos (en este caso, avances de capítulos, asistencia a presentaciones, merchandising), no podrán analizar lo que está de moda, y por tanto mermarán sus visitas y anunciantes. Te metes en cualquier blog o en Filmaffinity.com, y tras las alabanzas de los “profesionales”, la gente, lectores o no, sólo comenta lo asombrosamente bajo que ha apuntado la serie, lo mediocre que es el incido de temporada y las pocas esperanzas que despierta.

FUNDACIÓN, SAGA DE ASIMOV Y SERIE DE APPLE TV – INTRODUCCIÓN

Isaac Asimov nació en la Rusia Soviética en 1920, pero cuando contaba con tan solo tres años sus padres se trasladaron a Estados Unidos, donde pasó el resto de su vida. Se crio en Brooklyn, se graduó y doctoró en bioquímica, y alternó su pasión, la escritura, con la divulgación y la enseñanza, trabajando en distintos puestos en la universidad de Boston. Falleció en Manhattan en 1992, con 72 años. Arrastró complicaciones cardíacas durante años y su salud empeoró porque tuvo la mala suerte de infectarse con VIH en una transfusión de sangre durante una operación en 1983; el sida se mantuvo oculto incluso tras su muerte porque en aquella época tenía muy mala percepción social.

Sus escritos son de un valor sin igual. Desde los años cuarenta publicó numerosos relatos y novelas de ciencia-ficción que influyeron en toda una generación, que moldearon la literatura de todo el globo… y también el cine, pues ha habido muchas adaptaciones de sus obras. Pero también dio luz a incontables ensayos y libros de divulgación científica e histórica que le ganaron un enorme respeto académico y gran popularidad debido a su facilidad para llegar al cualquier tipo de lector.

Las novelas más famosas y recordadas son las sagas de la Fundación y de los Robots. Dada la dispersión en publicaciones y fechas es un poco complicado empezar a leerlas sin saber nada, sobre todo porque muchos se empeñan en recomendar enrevesadas guías de lectura según cronologías y eventos en vez de por fecha de publicación: si haces caso a la Wikipedia y otras muchas páginas web no te enterarás de nada. Lo lógico siempre es abordar una serie (de cualquier arte y formato) según fue siendo creada, porque así te introduces poco a poco en el universo imaginario y sigues su crecimiento. Si comienzas por la última novela sólo porque en la cronología del argumento se ambienta antes, no entenderás nada.

La Saga Fundación (también conocida como Ciclo de Trántor) se estrenó como relatos en 1942, pero se distribuyó más y se lee mejor en el formato de novelas: Fundación (1951), Fundación e Imperio (1952) y Segunda Fundación (1953). Esta es la primera trilogía, la fundamental, la más famosa.

En ella Asimov revolucionó la ciencia-ficción con una visión muy imaginativa, adelantada a su tiempo en el género, pero también toca con gran sensibilidad otros campos. Te hace pensar sobre la importancia de la ciencia, la influencia de la religión, habla sobre las clases sociales, el colonialismo…Todo ello surge con naturalidad a través de una narrativa ágil y adictiva gracias a un sentido de la aventura y el suspense brillantes, lleno de giros inesperados. Una vez empiezas a leerlas, engulles las páginas. Ha pasado casi un siglo y la lectura sigue siendo muy actual y apasionante.

Hari Seldon, genial pensador y matemático, crea un modelo científico que predice el futuro de las sociedades humanas, y todo apunta con una terrible certeza a que el Imperio Galáctico de la humanidad está a punto de colapsar, y el hombre enfrentará una larga edad oscura. Confecciona un gran plan para intentar que ese lapso se reduzca a pocos siglos y la humanidad pueda volver a la civilización y conquistar la ciencia y la galaxia. A través de distintos personajes en varias épocas de esta gran historia, el plan de Seldon y las virtudes del hombre serán puestos a prueba en una fascinante sucesión de aventuras.

Años después empezaría a ampliar el número de secuelas, formando distintos ciclos. Los límites de la Fundación (1982), Tierra y Fundación (1986), Preludio a la Fundación (1988), Hacia la Fundación (1993) serían las principales entregas, pero hay unas cuantas más relacionadas… tanto que incluso acabó uniéndola a la saga de los Robots.

La adaptación producida por Skydance para el canal de streaming (o video bajo demanda a través de internet) Apple TV+ se empezó a gestar en 2017, con los guionistas David S. Goyer y Josh Friedman al frente. Sin duda nace con la intención de hacerse notar en el competitivo panorama internacional, donde cada vez hay más canales luchando por su hueco. Han optado por una saga famosa y puesto mucho dinero y esperanzas en la serie, tanto que la idea es hacer ocho temporadas de diez episodios abarcando tanto Fundación como Robots.

David S. Goyer (EE.UU., 1965), tras unos cuantos telefilmes y películas de escaso calado, deslumbró con el guion de Dark City (1998), una curiosa cinta de suspense y ciencia-ficción que no tardó en convertirse en obra de culto, y tuvo cierto éxito comercial con Blade (1998), una de acción con vampiros protagonizada por Wesley Snipes. Pero desde entonces no ha hecho por sí solo nada destacable, apenas algunas secuelas cutres y pocos aportes en series menores, logrando asentar su carrera como escritor y productor sólo gracias a su colaboración en el guion de la trilogía de Batman de Christopher Nolan (2005). Desde entonces compagina cine y series en cantidad, pero siempre dando la sensación de que su fama es mayor que su talento. Destacan los desastres de El hombre de acero (2013), Batman v Superman: El amanecer de la justicia (2016) y Flashforward (2009), mientras que por el otro lado, sólo Da Vinci’s Demons (2012) ha tenido un buen recibimiento.

Josh Friedman (EE.UU., 1967) entró fuerte con La guerra de los mundos (2005) y La dalia negra (2006), pero luego se atascó en un par de series de escaso calado, Terminator: Las crónicas de Sarah Connor (2008) y Emerald City (2016). Ambos se asociaron para parir el truño de Terminator: Destino oscuro (2019), lo que pone el último clavo en un ataúd lleno de dudas sobre sus capacidades para abordar una saga tan querida.

No sé por qué se dice que Fundación es inadaptable. ¿Qué miedo hay a hacer una serie donde cada pocos capítulos cambie de entorno y personajes? Como si no se hubiera hecho antes: La dimensión desconocida (The Twilight Zone, Rod Serling, 1959), The Outer Limits (Leslie Stevens, 1963 –Rumbo a lo desconocido– y 1995 –Más allá del límite-)… Y cabe destacar que recientemente Juego de tronos (David Benioff, D. B. Weiss, 2011) se tira varias temporadas con gente en distintos continentes e historias, y aun así se hilaba un contexto común sin problemas. Precisamente eso es un gran aliciente en el original, nunca sabes qué esperar, cada nuevo episodio presenta personajes carismáticos y tramas que generan mucha expectación. Pero aquí han preferido pasar de todo eso y hacer una narración lineal que a simple vista en realidad parece poner más dificultades: ¿cómo pretenden abarcar miles de años de historia, cuánto alterarán a los personajes para mantenerlos más tiempo en pantalla?

He visto el estreno con dos episodios, y vaya desastre y decepción. Por comparar con otras de género recientes, no esperéis algo como las sólidas e inteligentes The Expanse (Mark Fergus, 2015) o Raised by Wolves (Aaron Guzikowski, 2020), sino algo más en la línea de la infame Star Trek: Discovery (Alex Kurtzman, 2017). Mucho presupuesto y mucha ostentación en el acabado, pero nada de guion. Creen que con dinero, forzados guiños a los fans, temas de moda (feminismo, clasismo) mezclados con temas clásicos metidos con calzador (romance) y discursos morales simplones tienen suficiente para atraer al público fácil.

Todo apunta a que para disfrutar a Asimov hay que volver a las novelas.

HA FALLECIDO MICHAEL K. WILLIAMS, DE THE WIRE

Michael Kenneth Williams nació en Brooklyn, New York, en 1966. Se inició en el mundo de la danza, donde le costaba encontrar trabajo y sobrevivía con lo mínimo. En su veinticinco cumpleaños se metió en una pelea, donde le rajaron media cara con una cuchilla de afeitar, lo que le dejó una cicatriz de impresión. Esta condicionó sus siguientes trabajos, donde acabó encasillado como matón. De un videoclip de Madonna saltó a papeles secundarios en cine, empezando por Bullet (1996) y Al límite (1999). Pero fue teniendo más suerte en televisión, enlazando breves apariciones en Los Soprano, Alias, Boston Legal

Así hasta que cayó en la monumental The Wire (2002), en un rol muy jugoso que exprimió al máximo. El criminal Omat Little (inspirado como otros en personas reales), supuso una rara avis en el mundo de la droga Baltimore, de forma que destacó rápidamente a pesar de ser una serie repleta de personajes míticos, convirtiéndose en el favorito de muchos seguidores.

Como es de esperar, le valió para ganar caché. Aunque nunca llegó a pasar a primer plano, enlazó numerosos papeles secundarios en cine y televisión. Destacan sobre todo otras ambiciosas obras de la HBO, Boardwalk Empire (2010), donde se marcó otro enorme papel como Chalky, un destacado mafioso, y The Night Of (2016).

El 6 de septiembre fue encontrado muero en su apartamento en Brooklyn, contando con 54 años. Se sospecha de una sobredosis por drogas, una adicción con la que llevaba tiempo luchando.

Biografía: Wikipedia. Filmografía: IMDb.

AGENTE CARTER – TEMPORADA 2 Y FINAL

Marvel’s Agent Carter
ABC | 2016
Suspense, acción | 10 ep. de 43 min.
Productores ejecutivos: Christopher Markus, Stephen McFeely, Louis D’Esposito, Jeph Loeb, Kevin Feige, Tara Butters…
Intérpretes: Hayley Atwell, James D’Arcy, Enver Gjokaj, Chad Michael Murray, Reggie Austin, Wynn Everett, Kurtwood Smith, Currie Graham, Lotte Verbeek, Ken Marino, Dominic Cooper, Bridget Regan, Lesley Boone, Matt Braunger.
Valoración:

Peggy Carter salta a Los Ángeles para ayudar a Daniel Sousa, que en su nuevo destino enfrenta un caso peculiar. Una extraña materia oscura confiere poderes a una científica y actriz famosa, Whitney Frost, y esta empieza a cometer crímenes mientras su ego y su poder crecen. El político Vernon Masters pone coto a la SSR (Reserva Científica Estratégica) y las investigaciones de Carter al respecto, pues podrían desenmascarar su selecto grupo de ricos que dirigen el país y ven gran potencial en esa energía misteriosa. Esta conspiración atrapa a Jack Thompson, cuya lealtad queda colgando entre la SSR y las promesas de Vernon de ascender rápido bajo su ala. Carter contará de nuevo con la inestimable ayuda de Jarvis, el mayordomo de Howard Stark, y del científico Jason Wilkes, quien trabajaba con esa materia.

En los primeros episodios da la sensación de que el presupuesto ha crecido un poco y los autores pueden permitirse ser algo más ambiciosos con la serie. Y menos mal, porque la temporada inicial daba un poco de lástima por su aspecto de producción de principios de los noventa, con escenarios muy cutres y sin dinero para tener situaciones dignas de la saga Marvel. Pero es un espejismo que se va difuminando rápido. Queda claro que el traslado a Los Ángeles se hace porque es más barato rodar en el estudio principal de la productora, y con lo que se ahorran pueden permitirse algunos exteriores cercanos, como calles, mansiones y algo del desierto. Pero no hay para más, y la repetición de escenarios y el exiguo acabado visual en los momentos de acción y sobre en todo los de fantasía pronto hacen mella. Acabarás un tanto cansado de ver siempre los mismos lugares (la oficina, el tocador de la actriz, el laboratorio y la piscina de Stark), y las veces que salimos de ahí se quedan muy, muy cortos.

En los momentos álgidos del año es donde más se sufre la falta de recursos. En el asalto a la central nuclear no vemos ni un plano general de las instalaciones, ni siquiera un mísero matte painting, y para entrar en uno de los edificios más seguros del país, al que Stark con sus recursos no ha podido acercarse, tumban a tres guardias que están tras una simple verja, entran sin más y se pasean todo el rato por… por el mismo pasillo enano, de forma que parece que estamos viendo un plano en bucle. El clímax final tampoco da la talla, no pueden permitirse más que unos pocos efectos digitales en una situación nada elaborada, de forma que no hay tensión ni la esperada sensación de épica que necesita el género: todo se resuelve con los personajes tirando de una cuerda, como en un juego infantil, y con el enésimo cachivache mágico de Stark usado a modo de comodín para resolver la trama.

Si bien, hay que admitir que aunque en las labores de dirección y el sentido del espectáculo no llegue a deslumbrar en ningún momento, la ambientación que nos traslada a la época cumple por los pelos gracias al vestuario y maquillaje y a una fotografía que emula muy bien el tono del cine clásico. Y en el guion, las menciones a aspectos relevantes (el cine, con Howard Stark como parodia de Howard Hughes; la política, con la sombra del mccarthismo) nos sumerge también aceptablemente en esos tiempos.

Si en acabado no termina de despegar, en lo argumental tampoco hay muchos cambios. La única novedad llamativa que agradecer es que el feminismo tan forzado y molesto ha desaparecido, las menciones a este tema surgen de forma más natural y sutil. Pero el nuevo destino y los amagos con cambiar la situación personal de los protagonistas no ofrecen novedades llamativas, sólo valen para evitar la sensación de desgaste durante un tiempo, pero a la larga se va dejando ver que están presentes las mismas carencias y fallas.

Lo primero que salta a la vista es sigue pareciendo una serie fuera de su tiempo, escrita décadas atrás y recuperada ahora de algún cajón donde estuviera cogiendo polvo. Así que su estilo resulta añejo, ingenuo, con un esquema narrativo y unas pautas obligadas muy marcados que frenan mucho sus posibilidades. Cada episodio tiene que empezar entrando en la oficina o en el laboratorio, resumiendo que están en tal o cual problema en el que llevamos atascados desde hace tiempo porque no toca avanzar, repasar todos los roces laborales y personales habituales (como que Jarvis dude si meterse en peligro otra vez, para al final hacerlo), tener un choque con los villanos que tampoco sea importante para no progresar más de la cuenta, y acabar con las escenas de reposicionamiento o de subidón inesperado.

De algunas situaciones repetitivas puedes acabar harto. En casi todo capítulo tenemos metido con calzador el conflicto amoroso a cuatro bandas, destacando esa esposa pegote que se sacan de la manga para Sousa, el roce con el jefazo molesto, el artefacto mágico del día, la intervención cómica del secundario cómico (por lo menos, la recepcionista y el científico son majetes), la mención de que Stark es un genio y mujeriego (aunque no aparezca casi nunca)… y lo peor para mí ha sido la cansina la villana con incontables escenas hablándole al espejo pero sin hacer realmente nada concreto.

También encontramos muchos huecos cuando no agujeros de guion, y se ven demasiadas situaciones muy convenientes que hacen torcer el gesto. Carter y el científico se acojonan porque la materia misteriosa lo está afectando y podría morir, pero en vez de hacer algo se van a dormir, porque el episodio se acaba y hay que dejarlo para el siguiente y a los guionistas no se les ocurrió algo tan simple como terminar con los protagonistas yendo al laboratorio a toda prisa. Cuando se ponen a trabajar en ello, Stark está entusiasmado con el caso, echa todo en él… pero acaba el capítulo y este se esfuma sin más y nada hemos avanzado. El actor de Stark, Dominic Cooper, tendría contrato para dos o tres apariciones (y menos mal, porque ni él ni el personaje dan la talla), y el juego con que si el científico, nuevo amor de Peggy y personaje clave para la trama central, muere o no hay que extenderlo hasta el final de temporada. La espía rubia les es birlada por el político, se quejan de que ya no la tienen a su alcance para investigar lo que sabe… y pocos episodios después Peggy entra en su celda con increíble facilidad y se montan una fuga y una aventura juntas donde nada de lo anterior es relevante ahora; para colmo, este interesante personaje vuelve a desaparecer sin más, sin terminar de aprovecharlo como podrían. Whitney Frost se ve envuelta en una trampa con un arma que puede derrotarla, sale airosa de chiripa, pero deja el artefacto ahí para que vuelvan a intentarlo. Y como señalaba, a Frost no se la ve trabajar casi nunca, salvo un par de ejecuciones para constatar que es la mala; se repite constantemente que es una genio de la ciencia, pero nada concreto hace con su intelecto y con su gran poder, todo ocurre fuera de pantalla o se relega en otros como el marido o el mafioso con el que se asocia.

Pero a pesar de todas esas limitaciones, la serie se vuelve a salvar de quedarse en regulera y cargante y llega a resultar incluso bastante agradable y amena porque estamos ante una temporada bastante corta, con lo que no da tiempo a que aparezca mucho cansancio, porque al haber una trama central en movimiento la sensación de avance global está siempre presente, y sobre todo gracias a que los protagonistas mantienen su simpatía y la gran química entre los actores, de forma que aunque los retos que enfrenten sean bastante parcos, responden con suficiente carisma y gracia como para mantenerte entretenido.

Hayley Atwell sigue demostrando un talento interpretativo excepcional, lo que hace pensar en que merecía una carrera más exitosa y, en este caso, una serie a su altura y a la de la saga Marvel. Aunque el conflicto amoroso a cuatro bandas sea predecible, si descontamos las pausas forzadas está bien desarrollado, sobre todo el acercamiento al científico. Y se mantiene la fantástica relación laboral y amistosa con Jarvis, con James Darcy de nuevo impecable. Hay que señalar que entre ellos no sólo tenemos diálogos humorísticos muy ingeniosos, sino que mantienen disputas sobre la vida y la ética muy interesantes: hablan sobre la responsabilidad del héroe, la aceptación de las capacidades y los defectos personales, e incluso sobre el amor y la amistad. Así, encontramos algunos momentos muy bonitos, como cuando se analizan y critican en el viaje en coche para rescatar a la espía (episodio séptimo) y la caminata por el desierto en el siguiente.

Los principales compañeros agentes se mantienen en las competentes manos de Enver Gjokaj y Chad Michael Murray, y Reggie Austin como el científico Jason Wilkes también cumple. Los villanos son bastante pobretones pero sus actores se lo toman en serio y disimulan un poco el problema, destacando sobre todo a Wynn Everett como Whitney Frost.

De esta forma, aun con sus lastres y tropiezos, si no esperas una obra de altos vuelos, como la extensión de la saga de Los Vengadores en Disney+ (Loki, Falcon y el Soldado de Invierno y las que están por llegar), queda un producto inofensivo y bastante agradable con el que echar el rato. Sin embargo, la nula sensación de crecimiento, la poca “recordabilidad” de sus flojas historias, y un clímax final que más bien provoca vergüenza ajena, dejan claro que la serie no se concibió con la suficiente ambición como para que consiguiera dejar huella, y su cancelación parece más que justificada… como también es inevitable pensar que el personaje de Peggy Carter merece una serie nueva.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
-> Temporada 2 y final (2016)

HA FALLECIDO ED ASNER, DE THE MARY TYLER MOORE SHOW

Nos ha dejado Ed Asner, una figura mítica de la televisión, sobre todo en los años setenta. Aunque su carrera es muy larga y variada, su papel del periodista Lou Grant eclipsa casi todos sus demás trabajos. La popularidad del personaje en La chica de la tele (The Mary Tyler Moore Show, 1970), una serie fundamental en la historia de la televisión, le garantizó que le ofrecieran una producción hecha a medida donde fuera protagonista: Lou Grant (1977).

Participó en incontables telefimles y series, y dada su característica voz, también puso voz en muchos títulos de animación (por ejemplo, el entrañable viejecito de Up de Pixar). A pesar de su avanzada edad, era tal su ritmo de trabajo que ha dejado como una veintena de papeles pendientes de estreno.

Tambén destacó por su activismo político, por la defensa de los derechos en el gremio, de hecho, fue dos veces presidente del sindicato de actores. Incluso se atrevió a formar parte de asosiaciones socialistas, algo que en EE.UU. es tema tabú. Pero también manchó un poco su legado con la defensa de algunas teoría de la conspiración sobre el 11S.

Nació en 1929 in Kansas City, Missouri, EE.UU. Falleció por causas naturales con 91 años, el 29 de agosto, en su hogar de Los Ángeles.

Biografía: Wikipedia. Filmografía: IMDb.

AGENTE CARTER – TEMPORADA 1

Marvel’s Agent Carter
ABC | 2015
Suspense, acción | 8 ep. de 42 min.
Productores ejecutivos: Christopher Markus, Stephen McFeely, Louis D’Esposito, Jeph Loeb, Kevin Feige, Tara Butters…
Intérpretes: Hayley Atwell, James D’Arcy, Chad Michael Murray, Enver Gjokaj, Shea Wigham, Lyndsy Fonseca, Dominic Cooper, Ralph Brown, Bridget Regan.
Valoración:

Antes del salto tan ambicioso acometido con las series del universo Los Vengadores (Wandavisión, Falcon y el Soldado de Invierno, Loki y muchas que están por estrenarse), y antes del intento del micro universo cruzado de The Defenders (Daredevil, Jessica Jones y demás), que resultó muy irregular, Marvel dio unos tímidos primeros pasos en 2011 y 2015 con Agentes de S.H.I.E.L.D. y Agente Carter. Los fans las consideran canon de la saga, pero los productores a veces hacen la vista gorda y a veces afirman que no cuentan, con lo que parece que no se sienten muy orgullosos de ellas o las ven como productos de merchandising ajenos a la línea principal.

Por mucho que Agentes de S.H.I.E.L.D. viniera avalada por Joss Whedon, resultó ser una obra muy anticuada en estilo y alcance, en la onda de los procedimentales de fantasía, suspense y acción de los años noventa para atrás. Pero le dieron la oportunidad de seguir durante varias temporadas, con lo que lograron (supuestamente, porque no fui capaz de acabar la primera temporada) un producto lo suficientemente coherente y atractivo como para conseguir una buena base de fans y alcanzar la nada desdeñable cifra de siete años en antena. Por ello sorprende que tardaran en realizar otra serie, y más aún que la cancelaran tan rápido, con dos cortas temporadas.

Creada en 2015 por Christopher Markus y Stephen McFeely, quienes se pueden considerar los guionistas más relevantes de la saga cinematográfica junto a Whedon, Agente Carter nace en el mismo rango de Agentes de S.H.I.E.L.D. Bebe muchísimo de Buffy, la Cazavampiros (Joss Whedon, 1997) y Alias (J. J. Abrams, 2001), que supusieron la madurez del género (la segunda más en acabado que en guion), pero lo hace con el estilo anticuado y simplón de obras anteriores a esas. La cuestión es que en cierta manera está justificado por la ambientación en los años cuarenta, pero la ingenuidad en la escritura y el escaso presupuesto limitan mucho su alcance, y además, el mal entendido feminismo moderno añade otro lastre importante.

Sin embargo, comparada con el tramo inicial de Agentes de S.H.I.E.L.D., la presente tiene más personalidad, mejor ritmo, personajes con mayor potencial y un reparto bastante bien elegido, con lo que se siente en el ambiente la sensación de sus autores saben que es un producto sin ambición y se lo toman como un divertimento, intentando conseguir un entretenimiento ligero. En cierta manera lo consiguen, pero sus limitaciones están bien presentes en todo momento, haciéndote torcer el gesto algunas veces, llevándote a pensar en que con un mínimo esfuerzo podrían haber logrado una serie bastante redonda y que podría haber ido creciendo con el tiempo.

Que desde el principio se intuya continuidad en las tramas y sean temporadas cortas es un aliciente para engancharse, pero a la hora de verdad no consigue alejarse del tono de serial anticuado. Los episodios repiten los mismos esquemas, las mismas situaciones, constantemente. El villano secundario, el cachivache tecno-fantasioso, la amenaza del gran enemigo, los roces laborales y machistas, los pasos de la investigación del caso del día, las historias secundarias (el café y la camarera, el apartamento de mujeres)… También hay algunos diálogos explicativos y recordatorios sonrojantes, y algunas situaciones muy convenientes torpemente ejecutadas (como el agente curtido que es sorprendido por la espalda por un viejo en un hangar gigante o el ridículo secuestro de Stark en su reaparición).

Pero lo peor es que el tono feminista resulta muy cargante. En cada instante tienen que recordarte, muy remarcadamente, que Peggy es una mujer capaz rodeada de inútiles que la desprecian por su sexo. Es uno de estos casos tan vergonzosos donde, aparte del forzado mensaje, se rebajan a los demás personajes para ensalzar al principal. Además, el punto de partida de Peggy como don nadie en el departamento no tiene sentido, es famosa en el gremio por sus hazañas con el Capitán América, ¿y por qué la han seleccionado si no? También resulta chocante que una agencia dedicada a espionaje internacional e investigaciones científicas de gran alcance contraten a tanto paleto.

La ambientación en los años cuarenta es buena, y la fotografía con el tono del cine clásico le da un aspecto de calidad… que pronto se viene bastante abajo. Los grandes estudios tienen naves llenas de vestuario, vehículos y demás atrezo de la época, así que por ahí no creo que costara mucho. Y por ello me pregunto cómo los escenarios son tan parcos, los exteriores brillan por su ausencia, y las escenas complicadas son horrendas. El viaje a Rusia es un chiste, la escena de Peggy por la cornisa espantosamente cutre, y el final, donde dicen “Va a atacar Times Square, hay cien mil personas”… y nunca llegamos a ver ni el lugar ni gente, provoca vergüenza ajena. Tampoco es especialmente llamativa en las peleas cuerpo a cuerpo. Así que en la parte de acción, crucial en el género, es una serie bastante regulera.

Si engancha es más por quienes viven estas aventuras que por ellas. Los actores de los detectives (Chad Michael Murray, Enver Gjokaj, Shea Whigham) sortean con habilidad los estereotipos tontorrones que tienen entre manos, resultando bastante simpáticos. Pero lo más importante es que el talento nato y la química entre Hayley Atwell y James D’Arcy son asombrosos, y los guionistas se guardan los pocos diálogos buenos para ellos, de forma que solo unas pocas escenas suyas bastan para levantar el interés de cualquier capítulo. El único fallo, y es importante, es Howard Stark. No entiendo por qué lo tienen tanto tiempo fuera de juego con débiles excusas… quizá eran conscientes de que estaban atados, por continuidad con las películas, a Dominic Cooper, quien no pega ni por asomo como genio y galán y se marca un papel lamentable. Por el otro lado, en el tramo final los villanos ganan bastante atractivo con la clásica espía rubia (Bridget Regan) y el anciano entrañable (Ralph Brown) que resulta ser un genio del mal. Lástima que los desaprovechen demasiado en un clímax muy ramplón.

Otra virtud es el ritmo relativamente ágil de cada episodio. Aunque la premisa de turno sea repetitiva y predecible, se tapan bien sus limitaciones porque los conflictos entre personajes están siempre activos. Solo el feminismo absurdo metido con calzador suele patinar, pero los demás líos, aunque anden algo parcos de ingenio, van generando emocionantes retos en el día a día de Peggy y Jarvis. Incluso algunos tramos de escasa relevancia real, como los encuentros con la camarera interpretada por Lyndsy Fonseca, acaban siendo amenos, porque ella es encantadora y el receso sirve para darle algo de vidilla a Peggy fuera del trabajo.

Con todo en la balanza, Agente Carter puede resultar un entretenimiento más que satisfactorio si no vas con más expectativas que las de pasar un buen rato, pero en nada que esperes algo más de una entrega de una saga tan grande y admirada, o choques con alguna de sus importantes carencias, se te puede atragantar bastante.

Ver también:
-> Temporada 1 (2015)
Temporada 2 y final (2016)