BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 2.

AMC | 2016
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould, Melissa Bernstein, Mark Johnson.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Ed Begley Jr., Mark Margolis.
Valoración:

Alerta de spoilers: De haber alguno, son detalles nimios de la trama.–

Se ha visto enturbiado el entusiasmo con que empecé la serie en su notable presentación, porque esta segunda etapa se ha estancado en una dinámica que anula ligeramente algunas de sus virtudes. Por resumirlo en una frase, tras diez nuevos capítulos seguimos exactamente igual que en el final de la primera temporada. Jimmy McGill quiere trabajar desde la honradez y el esfuerzo pero el sistema le pone muchas zancadillas y su forma de ser le impide saber sortearlas si no es con triquiñuelas que bordean la ilegalidad. Tras unas cuantas aventuras poco trascendentales si no fuera por la calidad de los personajes y del acabado visual, terminamos con avances muy tibios en la posición del abogado en cuanto a espectro moral e independencia laboral. Ojo, no espero que veamos a Saul Goodman tan pronto, pero sí que la odisea de Jimmy deje un poso más claro en su evolución. Bob Odenkirk sigue captando muy bien al personaje, eso sí.

Con ese estancamiento aparece el inevitable desgaste. Entre que ya no hay factor sorpresa y el viaje de Jimmy no tiene episodios muy llamativos, a lo que hay que sumar que las apariciones de Mike Ehrmantraut son descaradamente para que no nos olvidemos de él, pues interés y relevancia no tiene, la temporada en su conjunto no impresiona lo más mínimo, no deja huella. Por suerte, la combinación de varios factores realza el producto, ofreciendo con un año que resulta durante su visionado más sólido y entretenido de lo que parece en una análisis posterior del conjunto. Y es que los guionistas, aunque hayan perdido inspiración, son hábiles e inteligentes, y sobre todo, los realizadores le otorgan una fuerza a la narración que se hace imprescindible para disimular la lentitud y escasez de historias dignas de mención. O dicho de otra forma, tenemos una temporada parca en contenido y con un ritmo más apagado de la cuenta (los capítulos cuarto, quinto y sexto se hacen algo largos y poco sustanciosos), pero su narrativa aguda y su acabado formal impecable no han desaparecido y consigue resultar por lo general entretenida y sugerente, y en momentos puntuales bastante ingeniosa.

Por ejemplo, uno de los líos de Jimmy en el nuevo bufete se podría haber resuelto en dos minutos, pero le dedican una sucesión de escenas con tono de humor ligero hasta lograr un tramo bastante divertido: el tema de los trajes, la gaita y demás. Y así en todos los capítulos. A veces no funciona tan bien, con lo que parecen transiciones o rellenos malogrados, como cuando para un autobús de ancianos y se tira ahí minutos y minutos hablando, o uno de los anuncios que graba (¿de verdad eran necesarias esas largas escenas ante el avión y en el colegio?), o el camión cruzando la frontera… Pero otras muchas valen para ir pasando el rato aunque no haya un destino claro.

Otro punto fuerte es que algunos los secundarios ganan en presencia e interés, con lo que no se agota tanto a Jimmy y dan más vidilla a su entorno. Sobre todo me ganó Kim Wexler, que no acababa de despuntar en la primera sesión. Aquí tiene una trayectoria personal que, por eso de ser nueva, pues la de Jimmy es repetición, resulta muy interesante. Sus esfuerzos por levantar cabeza, la indecisión sobre su futuro y alguna escena de compañerismo estupenda con Jimmy (los dos timos en bares) aportan correctas historias del día a día con las que conectar con intensidad. Por no decir que Rhea Seehorn hace un papel bastante bueno y espero que consiga relanzar su hasta ahora nada vistosa carrera.

Chuck con su locura y la también correcta interpretación de Michael McKean resulta entrañable y lastimero a la vez, y el conflicto son su hermano va creciendo adecuadamente, formando en el tramo final por fin una trama centrada en algo concreto. Sin embargo está a punto de patinar al tornarse muy previsible en sus giros clave, y es aquí donde más se nota como los guionistas no han encontrado una historia llamativa pero sí han sabido exprimir lo que tienen, es decir, el soso capítulo final se salva por lo bien que manejan los detalles y lo mundano para construir con sutileza situaciones y personajes. Así, el flashback a la muerte de la madre define, resume y matiza muy bien la trayectoria de los dos hermanos, resaltando con habilidad el punto álgido del conflicto actual. Vemos a ambos en la esencia de lo que son: Jimmy impaciente, incapaz de centrarse en la vida que tiene delante, Chuck celoso y con complejo de inferioridad, incapaz de ver sus propios puntos fuertes y apoyar a su hermano cuando tropieza. Así comprendemos plenamente sus acciones y casi sentimos formar parte de sus vidas, con lo que esta resolución poco densa en contenido resulta bastante potente en cuanto a emociones.

Pero con otros personajes secundarios también encontramos irregularidades y fallos, pues como decía no han sabido mantener a Mike con algo más sustancioso (por mucho que jueguen a enlazar con personajes de Breaking Bad) y para colmo su sección no acaba con un cambio digno de mención en su evolución, mientras que Howard Hamlin, a pesar de aparecer bastante, no logra quitarse de encima la sensación de ser un mero objeto alrededor del que hacer girar a los verdaderos protagonistas.

El único aspecto que no ha perdido ni una pizca de fuelle es el gran nivel de la puesta en escena, que ensalza bastante este relato por dentro irregular, desaprovechado. La fotografía e iluminación son espectaculares, la composición de cada escena muy cuidada, y hay muchas partes donde se combina magistralmente con el sutil guion y resulta crucial para describir situaciones, o mejor dicho, sensaciones. Por ejemplo, la recaída de Chuck en el tramo final se hace durísima gracias a lo bien que nos sumergen en su estado de ánimo. Pero hay muchos momentos así, incluso como digo, detalles en apariencia nimios, como Jimmy incapaz de sentirse a gusto en el coche de lujo por tonterías como el posavasos, que en realidad es su subconsciente diciéndole que en esa vida no encaja.

Pero claro, esas virtudes que quedan no son suficientes para mantener el nivel, y menos para hablar del esperable y exigible crecimiento de la serie. Los desvíos innecesarios y los tramos faltos de garra, sumados a la sensación de caminar hacia ninguna parte, muestran que el potencial que prometía con su primera temporada, donde parecía que la maduración de sus autores con lo andado en Breaking Bad iba a dar sus frutos en una obra mucho más equilibrada e inteligente, se ha visto mermado, los temores de que hubiera improvisación, experimentación y rellenos como en la serie madre han vuelto a hacerse notar bastante. Eso no significa que Better Call Saul se haya estrellado, pero sí que puede hacerlo si no vuelve a remontar, si sus autores no consiguen encarrilar y enfocar sus grandes aptitudes.

PD: Las iniciales de los capítulos forman el anagrama “Fring’s Back”, anunciando el retorno del gran villano de la saga, Gus Fring. Lo cual ha sido un gran engaño, porque ni siquiera llega a aparecer…

Ver también:
Temporada 1.

SENSE8 – TEMPORADA 1.

Netflix | 2015
Productores ejecutivos: J. Michael Straczynski, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, varios.
Intérpretes: Aml Ameen, Doona Bae, Jamie Clayton, Tina Desai, Tina Desai, Tuppence Middleton, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Brian J. Smith, Freema Agyeman, Naveen Andrews, Eréndira Ibarra, Alfonso Herrera, Max Mauff, Purab Kohli, Terrence Mann, , Daryl Hannah, Ness Bautista, Paul Ogola, Anupam Kher.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo describo la premisa y los protagonistas.–

Tres guionistas con insuperables hitos de la ciencia-ficción en su currículo se unen para crear una serie que anuncian como de gran ambición y originalidad, en un canal, Netflix, dispuesto explorar nuevas fronteras. Joe Michael Straczynski nos trajo Babylon 5, una producción sin parangón en cuanto a número y calidad de tramas y personajes, que además evolucionaron por caminos nunca vistos, con la que reescribió todo concepto y norma de narración televisiva desde la sombra, pues no triunfó entre el gran público. Las hermanas Wachowski rompieron esquemas con Matrix, una película inspirada por dentro pero realmente fascinante en su envoltorio que fue un gran éxito de taquilla e influyó considerablemente en el cine posterior. Con Sense8 aseguran que cambiarán el lenguaje de las series con un relato único y revolucionario. ¿Lo conseguirán?

Ocho individuos en ocho países distintos empiezan a descubrir que tienen una conexión entre ellos: ver y sentir lo que ven y sienten los otros, compartir experiencias y habilidades. Esta primera temporada de doce capítulos se centra en presentar sus formas de ser y mostrar como comienzan a explorar sus nuevas relaciones y capacidades. De fondo hay una trama de conspiraciones y un universo con gran potencial que ya veremos cómo crece, pues apenas acaba de empezar a manifestarse. Por ello quizá no sea para el gusto de todos los espectadores. Quien esperara sumergirse de lleno en conspiraciones secretas e individuos con poderes en lucha constante se puede llevar una decepción al encontrarse con un drama humano íntimo y emotivo donde lo que se narra es cómo personas normales que enfrentan penurias normales se hallan en una situación nueva y desconocida. Dicho de otra forma, Sense8 no es ciencia-ficción más pura al estilo Expediente X, Fringe y semejantes, sino un drama que habla de las relaciones humanas en un mundo que pese a la globalización parece cada vez más solitario y complicado, y para ello se basa en una premisa muy imaginativa con un pie en la ciencia-ficción. Se acercaría más al estilo inicial de Orphan Black, donde primaban los problemas personales de las clones y las intrigas estaban más en segundo plano. Otro punto de conflicto para muchos puede ser que aborda especialmente temas sobre el amor y la sexualidad, pilares fundamentales en la vida, pero además lo hace con unas historias y escenas muy explícitas: es una obra valiente como pocas, dispuesta a luchar contra tabúes que todavía mantienen muchas sociedades. Así pues, quienes vayan con ideas preconcebidas de género y estilo deberán abrir sus mentes y corazones si pretenden disfrutarla.

Capheus (Aml Ameen) vive en Nairobi, sobreviviendo como puede como conductor de un minibús. Su madre tiene SIDA y desespera por sacar suficiente dinero para medicinas de calidad, porque los sucedáneos y productos adulterados abundan en África. Su gran afición es Van Damme, y en sus películas querría inspirarse a la hora de enfrentar los problemas con las bandas criminales que asolan el lugar, pero es un buenazo que no está hecho para la violencia. En Seúl, Sun Bak (Doona Bae) vive a la sombra de su padre y su hermano, que la relegan en la empresa familiar por ser mujer; descarga su estrés y frustración participando en combates de kickboxing (boxeo con artes marciales). En San Francisco, la hacker Nomi Marks (Jamie Clayton) lleva una vida feliz desde que dejó atrás el cuerpo de hombre con el que nació y tiene una novia a la que ama con pasión, Amanita (Freema Agyeman). En Mumbai, Kala Dandekar (Tina Desai) tiene un buen trabajo y una familia amorosa, pero vive una tormenta de sentimientos ante su inminente matrimonio. Riley Blue (Tuppence Middleton) es islandesa pero trabaja en Londres como DJ; huyó de algún drama familiar pero aquí no termina de encontrar un sitio para echar raíces. En Berlín, Wolfgang Bogdanow (Max Riemelt) sigue los pasos de su padre como experto asaltador de cajas fuertes, apoyado por su fiel amigo Felix (Max Mauff). En Méjico, Lito Rodriguez (Miguel Ángel Silvestre) es un exitoso actor de películas de acción con tono de culebrón. Su condición de estrella lo empuja a mantener su homosexualidad en privado, con lo que lleva una doble vida: de cara al público su novia es otra celebridad, Daniela (Eréndira Ibarra), pero en secreto vive con su gran amor, Hernando (Alfonso Herrera). Will Gorski (Brian J. Smith) trata de ser un honrado policía de Chicago, pero el despertar de la vínculo con los demás lo mete en varios líos.

Cada lugar tiene sus propios secundarios, las familias de cada protagonista y los grupos con los que se relacionan o chocan, de forma que esto prácticamente termina siendo ocho series dramáticas unidas en una mediante el enlace surgido entre ellos así como por una temática global. Todo versa sobre cómo tratamos de hacernos un lugar en el mundo luchando con lo que nos va cayendo encima, donde elegir con libertad total es muy complicado porque estamos siempre atados por las convenciones sociales y nuestros conflictos internos. Conocemos a cada individuo cuando están embarcándose, lo quieran o no, en algunos de los momentos más importantes de sus vidas, ante un inminente cambio o maduración más allá de lo que antes si quiera podían imaginar. Pero el impulso para andar o sortear ese camino tan difícil llega por vías inesperadas…

Gorski se encuentra con un tipo misterioso llamado Jonas Maliki (Naveen Andrews), quien le explica que son un grupo de “sensates” (se podría traducir como “conscientes”) y acaban de tener su “segundo nacimiento”, esto es, tener conocimiento de los demás miembros del grupo de ocho. Le enseña los primeros pasos de esta vida, donde deberán aprender cómo conectar unos con otros y transmitirse sus habilidades. Lito tiene un bajón cuando a Sun le llega la regla, Capheus zurra de lo lindo cuando deja entrar a Sun, Nomi usa los conocimientos policiales de Gorski para sus hackeos, etc. Pero Jonas también avisa sobre quienes va tras ellos con oscuras intenciones, como un tal Whispers o Susurros (Terrence Mann). Aquí surgen los misterios y la conspiración secreta: quién es y qué pretende el tal Whispers y qué es esa organización para la que trabaja, cuál es la afiliación real de Jonas, si hay otros sensates hay por el mundo, qué vivieron Gorski y Riley de jóvenes, etc. Sabiendo que a los tres escritores les gustan los universos elaborados (aunque El destino de Júpiter de las Wachowski terminara siendo una chapuza), sumado a que Straczynski desarrolla sus narraciones con mucha calma y de hecho afirma que planean cinco temporadas, yo apuesto a que veremos tramas mucho más complejas que se irán exponiendo poco a poco.

Pero por ahora la magia radica en su fuerza emocional, tanto por el vínculo que puedes establecer con sus maravillosos personajes como por la energía y simpatía que sacan los escritores de aventuras en apariencia convencionales. Aquí hay que señalar el hábil estilo empleado, que muchos no han sabido ver y lo han usado como fallida crítica. Se utilizan los clichés y tópicos con mucha sabiduría, primero, para ubicarnos en lugares y situaciones reconocibles, de forma que introducirte en las culturas y los protagonistas sea más fácil y rápido, y segundo, para mostrar diversidad cultural y sexual y romper tabúes de manera más orgánica o natural. Es decir, los guionistas se “atreven” a mostrar como normales varias formas de pensar y vivir que siguen siendo tabúes para muchos, como la homosexualidad… Pero las Wachowski se lanzan a la normalización total, incluyendo también a la transexual y lesbiana Nomi, haciendo un alegato inspirado en sus vidas, pues tanto ellas como la intérprete de ese rol, Jamie Clayton, vivieron como hombres durante muchos años por miedo al qué dirán los demás. Lana se transformó hace algunos años, pero Lilly no se atrevió a salir del armario hasta hace poco. Este es un avance que a pesar de la lucha constante no se atreven a dar en canales tradicionales, pero a Netflix y Amazon (con Orange is the New Black y Transparent antes de Sense8), emitiendo por internet y con directivos abiertos a todo, no les afectan los grupos de presión sociopolíticos que imponen doctrinas morales arcaicas por todo el globo, ni temen espantadas de empresas anunciantes tras los lloriqueos de espectadores con prejuicios.

La sección de Kala ejemplifica muy bien ese punto inicial a base de clichés: los temas típicos de matrimonios y religión que la gente asocia a India sólo son el punto de partida de una historia que fluye de forma muy natural y aporta en seguida conflictos más realistas y profundos. Si hubieran empezado con un relato sobre aspectos que no son parte del conocimiento común no hubieran llegado con tanta facilidad al espectador, o hubieran necesitado mucha exposición para que entendiéramos el contexto y con ello las acciones de los protagonistas. Así que apuestan por introducirte primero dentro del personaje y luego abrir poco a poco el horizonte de su mundo. Por ejemplo, yo no conocía las disputas entre tradición y modernización que hay entre los templos que no quieren cambiar nada y los ricos que quieren adaptarse al resto del mundo borrando sus raíces en una malentendida globalización; y la escena de Kala de niña en la cabalgata de Ganesha no habría resultado tan bonita sin comprender íntimamente su visión de la religión. En cuanto a tratar tabúes partiendo de tópicos, el mejor ejemplo es Lito, donde una vez nos tienen atrapados con la loca aventura en tono de humor culebronesco clásica de Méjico le dan la vuelta haciendo que la doble vida, el triángulo amoroso y demás líos traten sobre la homosexualidad de los implicados.

Pero este alegato sobre la diversidad va mucho más allá. Como los preciosos títulos de crédito vaticinan, toda la serie es una oda a la humanidad: se muestran diversas vidas, culturas, religiones, trabajos, sexualidad y formas de entender el mundo para hablar sobre qué nos define y une como humanos, para señalar que las diferencias realmente no deberían separarnos porque todos anhelamos tanto las mismas necesidades básicas (familia, trabajo, amor) como los mismos placeres (el arte como nexo de unión es esencial, en especial la música).

Estamos pues ante una obra con muchos niveles distintos combinados a la perfección y varias lecturas posibles debido a su tono humanista y filosófico. Cada aventura personal es diferente y atractiva por sí sola, pero pronto se fusionan con las demás ofreciendo nuevas perspectivas. El universo imaginario latente promete mucho. Y sobre todo, la magia y belleza que destila es incomprable, resultando enormemente emotiva y conmovedora.

El único pero es que alguna sección puede no llamarte tanto la atención como otras. Siendo una producción muy subjetiva en todos sus estratos, cada cual tendrá sus partes preferidas. A mí se me hizo un poco pesada el conflicto de Capheus con el capo del lugar, pues a pesar de que me caía tan bien como los demás y las partes de acción son de cine de alto nivel, me pareció alargar demasiado algo un tanto convencional. Por ejemplo, la labor policial de Gorski podría haber ido por ese mismo camino, pero se limitan a exponer su forma de ser y de trabajar y luego lo sumergen en la trama de persecución a los sensates, con lo que no llega a aparecer desgaste. De todas formas, no estoy hablando de grandes fallos, sólo hubiera reducido un poco el viaje de Capheus y le hubiera dado más tiempo al arco final que une a todos, pues pasa en un suspiro pese a ser tan importante, y quizá hubiera matizado mejor algún tramo de Sun, ya que el lío empresarial queda resumido en sus clásicos giros (familiares sacrificándose por otro) y el paso por la cárcel no me parece muy bien relacionado con su maduración personal. Por esas ligeras carencias se resiente un poco el ritmo en el tramo central.

En cuanto a mis secciones las favoritas, me ganaron bien rápido Nomi y Amanita, una pareja entrañable, la odisea de Lito en tono cómico me resultó divertidísima, el romance entre Kala y Wolfgang es muy hermoso, y sobre todo me cautivó la melancolía de Riley y cómo se desgranan poco a poco las penurias que arrastra. Pero de una forma u otra me apasionaron todas las historias, y tenemos infinidad de momentos memorables que te pueden hacer reír, llorar, reflexionar… todo en un solo capítulo. Destaco sólo algunos instantes que gustaron especialmente, pero hay muchos inolvidables: Capheus reflexionando con Sun (mientras ella anda por un concurrido paseo), los momentos musicales como el What’s Up de 4 Non Blondes, Wolfgang conociendo a Kala en diversas situaciones (la canción, los baños, la boda), Sun y Riley hablando ante el amanecer londinense, Capheus canalizando la ira de Sun para zurrar a los matones, Lito sufriendo la menstruación de Sun, muchos encuentros de Riley y Gorski, Lito y Nomi repasando sus pasados ante un cuadro, la persecución en coche de Gorski a Jonas, el polvo compartido entre todos, cuando van recordando sus partos… y como colofón pondría las revelaciones sobre el pasado de Riley, que te estrujarán el corazón.

Pero hablando de niveles llegamos a otro esencial: la puesta en escena. Este guion que combina lo introspectivo con lo ambicioso (ocho escenarios distintos en todo el mundo unidos narrativa y visualmente) podría haberse quedado a medio camino de sus objetivos si no se hubiera plasmado en imágenes de la mejor forma posible. Pero las Wachowski tienen experiencia de sobra en superproducciones, Netflix les soltó talonario y se rodearon de un equipo de primera con el que han filmado una de las series más espectaculares de los últimos años.

Lo primero que salta a la vista es la poderosa impronta visual. Entre la fantástica iluminación y el tono cinematográfico (planos amplios y elaborados) la fotografía resulta cautivadora. El gran John Toll (La delgada línea roja, Braveheart) lidera este departamento con un resultado extraordinario. Lo segundo que llama la atención son los saltos entre ciudades tan distantes entre sí, donde además enseguida te van a dejar completamente pasmado con la conexión que nace entre los personajes, donde cualquier secuencia, algunas muy difíciles como las peleas cuerpo a cuerpo, mezcla los distintos protagonistas y escenarios de forma increíble. El esfuerzo para planificar, rodar y editar todo esto ha tenido que ser monumental, y la labor de vigilar la continuidad (vestuario, maquillaje, posición de cada persona… ¡incluso las diferencias horarias!) nunca ha sido tan complicada y esencial.

Además el dinero luce a lo grande. Resulta impresionante la variedad de localizaciones, los constantes exteriores, las secuencias de gran tamaño (la pelea final de Capheus y la posterior persecución) y dificultad (los tiroteos que rueda Lito son puro vacile). Pero además súmale que buscaron coincidir las fechas con eventos relevantes para el argumento: el orgullo gay de San Francisco, un festival hindú sobre Ganesha, etc. No ha trascendido el presupuesto, pero contando la cantidad equipos de trabajo en distintas partes del mundo (atención a la larga lista de créditos) y la ampulosidad del aspecto visual, y a tenor del único comentario que se ha visto en boca de un directivo de Netflix, diciendo que estaría cerca de las últimas superproducciones de las Wachowski (El destino de Júpiter y El atlas de las nubes), yo apostaría por al menos un mínimo de 100 millones de dólares.

Para dirigir este colosal proyecto las Wachowski emplearo a gente de confianza, autores con los que ya habían trabajado: con Tom Tykwer dirigieron a tres manos El atlas de las nubes (y en su haber tiene otras como El perfume y Corre Lola, corre), James McTeigue empezó como su director de segunda unidad pero acabó dirigiendo para ellas V de Vendetta, y finalmente dieron una oportunidad al encargado de los efectos especiales Dan Glass, también colaborador habitual. El rodaje se repartió por ciudades, no por capítulos, que suele ser lo común, aunque como productoras ejecutivas las Wachowski terminaron pasando por todas las localizaciones tanto para controlar el trabajo como para dirigir las partes más complicadas; afirman que se hicieron como ciento sesenta mil kilómetros en avión en un año. Así pues, cada episodio tiene metraje de todos los directores… y a pesar de toda esa ambición y complejidad el resultado es asombroso por su equilibrio y altísima calidad.

El casting tampoco era fácil, pues debían encontrar actores de la misma edad que no sólo fueran adecuados al rol descrito, sino también intérpretes muy capaces y que tuvieran química con los demás, porque la verosimilitud de los sentimientos entre ellos es crucial tanto por los romances incipientes como por las relaciones tan diversas que establecen. Pero el reparto que han reunido es impecable. No hay actor en el que puedas decir que se queda por debajo del resto, todos le echan enorme pasión, incluso los secundarios están fantásticos. Algunos trabajaron previamente con las Wachowski y otros son bastante conocidos en sus países (por ejemplo el valenciano Miguel Ángel Silvestre es bastante popular por Sin tetas no hay paraíso o Velvet), pero en general ninguno era mundialmente famoso. La última puntilla la pone una música en perfecta comunión con las imágenes, tanto la compuesta por Tom Tykwer (también director) y su colaborador Johnny Klimek, que es una partitura variada, vibrante y hermosa como las imágenes necesitan, como la fantástica selección musical que se adapta tan bien a momentos cruciales de los protagonistas, destacando la predilección por Sigur Rós y The Who.

Entonces, ¿es Sense8 la serie rompedora y revolucionaria que venden sus creadores? Pues diría que para hablar de revolución es pronto. No ha causado un impacto instantáneo, así que habrá que esperar a ver su legado e influencia, y obviamente todo depende de cómo evolucionen las próximas temporadas. Pero este primer año sin duda ofrece unas cualidades únicas, aparte de gran belleza y espectacularidad, con lo que la recomiendo encarecidamente, aunque hay que decir que también genera la habitual polarización de creaciones tan peculiares: o la amas con pasión o se te atraganta bastante.

PD: Si alguien se pregunta por el título, “sense8” y “sensate” se leen en inglés prácticamente igual, es decir, es un juego de palabras que combina el nombre que se da a estos individuos y el número de miembros de cada grupo.

THE WALKING DEAD – TEMPORADA 6, PARTE 2.

The Walking Dead
AMC | 2016
Productores ejecutivos: David Alpert, Scott M. Gimple, Gale Anne Hurd, Greg Nicotero, Robert Kirkman.
Intérpretes: Andrew Lincoln, Steven Yeun, Chandler Riggs, Norman Reedus, Melissa McBride, Lauren Cohan, Danai Gurira, Sonequa Martin-Green, Lennie James, Michael Cudlitz, Josh McDermitt, Seth Gilliam, Alanna Masterson, Ross Marquand, Merritt Wever, Corey Hawkins, Katelyn Nacon, Austin Nichols, Tom Payne.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la temporada con todo detalle.–

El caos con la horda de la cantera y el ataque de la banda “Los Lobos” a Alexandria nos dejó con mil frentes abiertos, con los personajes dispersados por todas partes. En esta segunda parte del año empezamos a lo grande con la lucha por recuperar el pueblo que tanto les ha costado crear. La épica se mezcla con la tensión y el drama en un capítulo bruto y descarnado digno de citar entre los mejores de la serie. El sacrificio deja muertes (la rubia simpática, su hijo y el chaval tonto) y heridas varias, tanto físicas como mentales, que serán las historias a desarrollar en esta etapa.

Los intentos de volver a la vida normal, los nuevos romances (el de Abraham y Sasha es mi favorito) y los proyectos de familias son variados y todos interesantes, aunque no los voy a mencionar de uno en uno, que son muchos, y voy a centrarme en la historia que más juego ha dado. La rivalidad entre Carol y Morgan, que ejemplificaba dos formas de ver el mundo (que se podrían resumir en aflojar un poco y dar oportunidades a los demás contra disparar antes de preguntar) sufre un punto de inflexión con el lobo fugado que termina ayudando a su cautiva Denise, una situación que coge a Carol por sorpresa y deja algo en su interior. Morgan no termina de funcionar muy bien al ser su pose demasiado marcada, casi irreal a veces, pero a ella en cambio tiene una evolución mucho más humana: la guerra constante por la supervivencia ha ido dejando mella, y ha acabado asqueada de matar. Las nuevas situaciones que le caen encima (el ataque que orquestan contra otro grupo) terminan poniéndole de manifiesto lo que antes no quería ver: que los demás también son seres humanos y quizá pocos merezcan realmente morir. Su conflicto interno acaba explotando en una crisis que la hace huir, sin pensar en que sus nuevas decisiones también afectan a los suyos… y a ella misma, porque hasta Morgan aprende que sin matar no se puede sobrevivir en este mundo. ¿Encontrará un equilibrio, nuevas razones por vivir y amar?

Curiosamente, a pesar de lo bien trabajada que está su odisea y lo acertadamente que expone temas clásicos del género, a muchos seguidores les ha molestado; debe de ser que no les mola que un personaje favorito se hunda, porque razones más lógicas no encuentro. En ese sentido, no son capaces de ver la maestría de los guionistas a la hora de desarrollar el cautiverio que sufre con Maggie: ¿cuánto de su crisis y su actitud derrotada es fingido para salir de ahí y cuánto son sentimientos reales? En realidad no hay forma de saberlo, de ahí la gracia de la escena, pues vives el mismo desconcierto y caos de sentimientos que ella. Pero algunos se empeñan en elegir una u otra opción y por ello pueden no entender completamente el desarrollo del personaje.

La reconstrucción de la vida en Alexadria pronto es alterada por la aparición de otro asentamiento de supervivientes. El reciente encuentro con la hostil gente de un tal Negan los tiene en alerta, así que esta nueva reunión ofrece la intriga y miedo esperables, de hecho parece que va a salir todo mal en cualquier momento. El pacto de colaboración (defensa por alimentos) vuelve a poner sobre la mesa la tendencia ofensiva de Rick: ya no basta con defenderse, atacar es una elección necesaria en este mundo. El capítulo en que atacan la base de esa banda supuestamente peligrosa resulta escalofriante porque con gran acierto se centran en mostrarnos el dilema interno y el sufrimiento de cada personaje más que en la acción, de forma que te llega muy hondo. Y por desgracia para los protagonistas, las secuelas no serán sólo psicológicas. El breve cautiverio de Carol y Maggie pone de manifiesto que siempre queda algún fleco suelto y hay un precio a pagar, y si bien esta vez se libran por los pelos, ¿habrán aprendido la lección?

Aparte hay que señalar que este tramo nos trae personajes y actores muy interesantes. Jesus (Tom Payne) resulta atractivo desde su primera aparición. Con Gregory (el líder del asentamiento) juegan muy bien al tira y afloja: puede ser un tipo desagradable, pero hay que tratar con él si queremos cimentar un futuro; además Xander Berkeley es un valor seguro. También lo son Alicia Witt y Rus Blackwell, que representan a algunos de los secuestradores, donde los escritores construyen dos roles complejos y fascinantes que además resultan primordiales en la odisea de Carol.

En el ínterin del contraataque de la gente de Negan, porque todos esperábamos que ocurriera, tenemos otros intentos de maduración muy interesantes. Eugene sigue empeñado en aportar algo, aunque con su estilo engreído le cueste mostrar su valía. Gabriel trata de hacer lo mismo, pero su historia sigue quedando muy descolgada e infrautilizada, como si los guionistas no supieran qué hacer con él, hasta el punto de que los secundarios de Alexandria resultan más interesantes, como Denise o Tobin. Obviamente hay que decir que no todo individuo puede estar siempre evolucionando o en momentos álgidos de sus vidas, y mientras sigan estando ahí y siendo ellos mismos no hay problema. Aaron, Michonne y Rosita entran en esa categoría: ya les tocará tener vivencias más llamativas. En cambio, Gabriel destaca por los intentos poco convincentes de llevarlo hacia alguna parte, mientras que con Tara caemos en al lado contrario: no nos muestran su reacción a la muerte de Denise, algo que era esencial por suponer un golpe importante a su vida.

Esta Denise parece seguir la cruel norma de los guionistas de cargarse a los secundarios más simpáticos, haciéndonos recordar que aquí nadie está salvo, ni siquiera quienes parecen encontrar nuevas fuerzas para salir adelante o quienes mejor te caen. Además con su asesinato comienza el ataque de Negan, o sea, el final de temporada y donde está el único punto oscuro de esta etapa, que por desgracia es bastante grande y afea sobremanera un desenlace que iba camino de ser memorable. Resulta que nos meten otro giro sensacionalista, chapucero y para muchos ofensivo de los de despedir a los guionistas y vetarlos en el gremio. Con tanto productor y escritor como parece tener la serie no sé cómo llegan a dar el visto bueno a semejante falta de respeto al seguidor.

Puedes hacer un final que deje al espectador molido por una tragedia, o sorprendido porque un giro inesperado cambia las cosas, o desesperado de interés ante un desenlace abierto. Lo que no puedes es montarte un final que te deje jodido porque te sientas estafado. Según la situación y como la estés contando, alguna de esas opciones puede no ser viable narrativamente. No puedes romper la barrera de confianza con el espectador, cambiar las reglas del juego repentinamente, porque entonces el efecto conseguido es el contrario al buscado. Es decir, el cierre debe ser coherente con el estilo y la forma del relato.

En el caso que nos atañe, no puedes estar un capítulo entero, de sesenta minutos además, construyendo un clímax de infarto para que cuando van a mostrarte el resultado corten de forma abrupta. Todo el episodio versa claramente (salvo la historia secundaria que va aparte) de si saldrán de la situación que el poderoso enemigo les tiene preparada, y por si fuera poco la larga escena final se centra en la ejecución de alguno de los protagonistas como castigo. Y todo esto lo estaban narrando de forma magistral, manteniéndote en tensión constante: los adversarios se esmeran en hacer ostentación de su poder, en minar la psique del grupo que quieren reducir a meros esclavos. Pero cuando llegamos al desenlace, lo omiten con todo el descaro del mundo, de forma que la rifa de Negan para ver a quién ejecuta pasa de ser un momento dramático a una broma insultante de los guionistas. No, no puedes irte en un punto intermedio, en una situación activa. No es coherente, no hace que sientas expectación o dolor, sino que has perdido el tiempo y te han timado. Sería como contarte el viaje a la Luna y acabar antes de saber si alunizan: absurdo no, lo siguiente. Y no me vale lo de que esto es una serie: en el capítulo inicial de la próxima temporada, si no extienden la trampa, dirán quien ha muerto nada más empezar y se centrarán en lo obvio, en contar la siguiente fase de la aventura.

En el ardid semejante que hicieron con Glenn en la primera parte de la temporada les di el beneficio de la duda a los realizadores de la serie: la jugada les ha salido mal, dudaba que quisieran molestar a los seguidores. Pero aquí las pruebas apuntan claramente a que han ido directos a buscar esta clase de clímax y de reacción en el espectador. El plan de trasladar a la enferma por un entorno hostil en vez de traer al médico hacia ella, sumado a lo de llevar en la misión a los más veteranos y expertos dejando el pueblo en manos de los pringados, es de un absurdo impropio de gente precisamente tan curtida y prudente, con lo que está claro que el propio argumento del capítulo se retuerce para seguir la idea de hacerlo más sensacionalista: tener a los personajes principales, con algunos de ellos especialmente debilitados, en el juego del quién morirá. Un capítulo entero acaba tirando por tierra la trama tratada para ser convertido en un avance de la siguiente temporada, cuando precisamente acabar con los protagonistas cautivos de un sanguinario demente tras haber pagado un precio altísimo era el mejor aliciente para esperar el próximo año. He visto otros finales de temporada tan tramposos, pero pocos tan miserables. Parece que no se ha aprendido nada de Battlestar Galactica y Perdidos. Por ello me cuesta mucho darle nota a la temporada. Como la primera parte, iba camino de ser la mejor etapa de la serie, de llegar por fin a la maduración total y alcanzar el notable, y sin embargo la cagan con una decisión a todas luces imperdonable. Pero supongo que sus autores han conseguido lo que pretendían: que en vez de estar sufriendo luto por el trágico final de un buen drama nos estemos tirando de los pelos y armando jaleo en internet, o sea, lo que ellos entienden como expectación y publicidad gratuita. Pues espero que esta forma de narrar no se vuelva a poner de moda.

Pero quisiera acabar en cambio con una pequeña defensa ante un ataque que están haciendo algunos seguidores y que me parece totalmente injusto: que la serie da vueltas en círculos contando siempre lo mismo. ¿En serio? Vaya comentario más superficial. La ciudad, la granja, la cárcel, el gobernador, Alexandria, Negan… Lo único que tienen en común es el género de la serie: sobrevivir a los zombis y al hombre. ¿Qué historias querían que incluyeran, viajes en el tiempo? Es como decir que todas las películas del Oeste son iguales porque hay vaqueros y desiertos. Todos estos “ciclos” no se parecen en nada ni los personajes son los mismos: los retos son completamente distintos, los protagonistas han cambiado y los enfrentan de otras formas. Precisamente hacer esa crítica cuando más madura y profunda resulta la serie después de las muchas limitaciones de sus prometedores pero fallidos primeros dos años me parece muy desacertado.

Ver también:
Temporada 6, parte 1.
Temporada 5, parte 2.
Temporada 5, parte 1.
Temporada 4, parte 2.
Temporada 4, parte 1.
Temporada 3, parte 2.
Temporada 3, parte 1.
Temporada 2, parte 2.
Temporada 2, parte 1.
Temporada 1.
Episodio piloto.

THE KNICK – TEMPORADA 2.

The Knick
Cinemax | 2015
Productores ejecutivos: Jack Amiel, Michael Begler, Gregory Jacobs, Steven Soderbergh.
Intérpretes: Clive Owen, André Holland, Juliet Rylance, Eve Hewson, Cara Symour, Eric Johnson, Chris Sullivan, Michael Angarano, Jeremy Bobb, Grainger Hines, Charles Aitken.
Valoración:

Alerta de spoilers: Solo esbozo las tramas del año.–

La vida en el hospital Knickerbocker sigue adelante con cada protagonista enfrentándose a sus demonios internos y a las zancadillas de un mundo hostil: las exigencias del trabajo, los problemas sociales, los conflictos con otros (familias, compañeros)… A duras penas consiguen mantener control sobre sus vidas y mucho más complicado es perseguir la felicidad. Y los guiones de Jack Amiel y Michael Begler mantienen el tono trágico y oscuro y la determinación de no ser idealistas con el retrato de una época muy dura, con lo que a los personajes les cae de todo encima.

Algernon continúa luchando contra el racismo imperante que le niega un futuro a pesar de sus grandes habilidades como cirujano. Cornelia sufre el matrimonio de conveniencia para mantener a flote la familia, y queda a merced del exigente padre de su esposo, con lo que la vida como mujer independiente y trabajadora parece escapársele de las manos a pesar de sus esfuerzos. La joven enfermera Elkins aprende a hacerse un hueco en el mundo de los hombres abriéndose de piernas, desoyendo los consejos con los que podría evitar tropezar en los errores que cometen muchas (elegir hombres equivocados, jugártelo todo a la baza de la sensualidad, etc.). La hermana Harriet enfrenta otras imposiciones sociales dañinas: la prohibición del aborto trae muchas desgracias, en especial para ella al ser pillada practicándolos.

La ciencia médica está en pañales y tiene tanto aciertos como patinazos monumentales (horrible el periplo de la mujer de Gallinger con los psiquiatras), y los avances conllevan mucho esfuerzo y sacrificio, con fracasos que perseguirán como fantasmas a los cirujanos (las visiones de Thackery con la chica). Chickering trata de labrarse una carrera lejos del caos que genera Thackery, pero también echará de menos su energía y pasión. Gallinger cree que Algernon le está quitando oportunidades, y se reafirma en su racismo para tratar de luchar contra él, embarcándose en los ideales de la eugenesia. El viaje de Thackery con las drogas sigue causando estragos en su vida personal y laboral, con lo que su ambición y visión pende de un hilo constantemente: podrían pillarlo y echarlo, puede pasarse con la dosis y acabar muerto, o hacer locuras fruto de la enajenación mental.

Hay otras historias más secundarias y muchas veces ajenas al resto, pero nunca parecen descolgadas y siempre resultan muy entretenidas, por no decir que también exponen temas interesantes de la época. La aventurilla de Tom Cleary, el conductor de ambulancia, con la hermana Harriet, es divertida y emotiva, lo que sirve para aligerar este dramón, pero ya de paso muestran algunos problemas básicos de aquellos tiempos: las relaciones y las vida de las clases bajas. Barrow continúa tratando de llevar la administración del hospital de forma que pueda sacar tajada, y la construcción del nuevo edificio es una mina de oro de especulaciones y robos. También va cobrando protagonismo Henry Robertson, hermano de Cornelia, uno de los miembros del consejo del hospital.

Como en el primer año, el mosaico de personajes realistas y complejos resulta fascinante, lo que sumado a la notable recreación de la época conforman un drama magnífico… aunque no impecable. En el tramo final el nivel baja ligeramente, perdiendo algo de intensidad y acumulando algunos fallos y decisiones cuestionables (muy pocos, eso sí). Hay una escena bastante malograda, aunque la intención fuera buena: Gallinger cambiando el frasco de medicina para hacer que Algernon falle es un giro clásico pero que no habría desentonado si no se hubiera ejecutado tan mal, porque lo hace delante de decenas de testigos y tenemos que creernos que nadie se da cuenta. Otra trama muy convencional sirve para cerrar el arco de los Robertson: el secreto oscuro que parece señalar a un personaje y finalmente en un giro repentino recae sobre otro resulta demasiado forzado e impropio de una serie que normalmente desarrolla las tramas de forma más verosímil, aunque tenga giros un tanto brutos a veces (como la que lía Barrow con su mujer y la prostituta). También supone un tropiezo la aparición de la esposa de Algernon, metida con calzador de mala manera para luego no aportar nada; no sé qué pretendían con esta historia, y la cosa empeora porque ella es bastante cargante.

Donde no hay pegas en la espléndida labor de Steve Soderbergh, que se encarga él solito (como hace siempre) de la dirección, fotografía y montaje, un trabajo que debe de ser arduo porque son diez horas por año. La materialización de la época es excelente gracias al estupendo vestuario y las abundantes localizaciones bien maquilladas (ayuda que los edificios de muchos barrios sean del estilo de los años retratados, desde luego), pero lo que destaca es el aspecto visual experimental y vanguardista que lejos de descolocar o parecer artificial ayuda a crear una atmósfera deslumbrante sin perder autenticidad: cámara en mano, iluminación natural y un gran esfuerzo por realizar escenas complejas de forma que parezcan fluir con espontaneidad nos sumergen en la serie como si estuviéramos al lado de los personajes.

Esta cámara en mano es la mejor labor de este estilo que he visto hasta ahora. Muchos realizadores se estrellan pensando en que basta con llevar la cámara de acá para allá y agitarla en las escenas de acción. Pero no, la escena debe ser trabajada, debe materializarse a través de una combinación de elementos que traten de transmitir las emociones buscadas. Y Soderbergh le ha cogido el punto de forma impresionante: los planos amplios y el montaje moderado recuerdan al cine clásico, donde los personajes se mueven por la escena y el enfoque de la misma persigue transmitir tal o cual sensación. Pero la combinación con ángulos extraños, movimiento constante y mucha composición sutil le confieren un estilo único donde logra numerosas secuencias que son auténticos portentos de la narrativa. Un gran ejemplo es el discurso que recibe Cornelia de su suegro: ella sentada en el tocador, él de pie tras su espalda, una mano apoyada en su hombro; él es el único que habla, pero la cámara sólo la enfoca a ella bajo una sombra amenazante que la priva de libertad. Pero así las hay por docenas, incluso algunas que parecen directamente un vacile, como el largo plano secuencia en la feria. No me olvido tampoco de otro elemento en principio discordante: la música electrónica de Cliff Martinez le va como anillo al dedo, aunque me temo que no parece haber compuesto temas nuevos para este año. Y finalmente hay que alabar también la notable interpretación de todos sus intérpretes, aunque si hubiera que citar a alguno yo me quedaría con Clive Owen (Thackery) y Juliet Rulance (Cornelia).

Ver también:
Temporada 1.

MANHATTAN – TEMPORADA 2 Y FINAL.

Manhattan
WGN America | 2015
Productores ejecutivos: Sam Shaw, Thomas Schlamme, David Ellison…
Intérpretes: John Benjamin Hickey, Ashley Zukerman, Rachel Brosnahan, Michael Chernus, Christopher Denham, Katja Herbers Harry Lloyd, Olivia Williams. William Petersen, Daniel London.
Valoración:

En la primera temporada de Manhattan el equilibrio distaba de ser perfecto, pero la combinación de drama de época, thriller de intrigas personales con un toque de espionaje, y recreación pseudohistórica de una de las grandes epopeyas científicas del hombre ofrecía una serie muy llamativa cuyo excelente acabado visual (del mano del gran Thomas Schlamme) terminaba de ensalzar su atractivo. Pero esta segunda etapa rompe el hechizo y la desestructurada narrativa termina bajando mucho el nivel. A pesar de tener menos capítulos (diez) se ha hecho menos interesante y más larga, con lo que las audiencias han respondido alejándose y ha terminado cancelada. Llegamos a la prueba Trinity con los protagonistas entrando en un nuevo rumbo en sus vidas, así que al menos hay sensación de final.

Los tres géneros se hayan ahora en casi total discordancia. El thriller cobra demasiado protagonismo, tanto el de intrigas personales como el de espionaje. De nuevo cada personaje está empecinado en sobreponerse a los demás a base de planes maquiavélicos e improvisaciones constantes, porque lo cierto es que cada capítulo añade buenas dosis de misterio y giros inesperados que cambian lo planificado. Otra cosa es que sean de calidad… Por ejemplo, que uno de los momentos cumbre en la carrera de Charlie venga de los cotilleos que escucha la esposa por el teléfono es un tanto simplón. Por si fuera poco, sobre todo este jaleo se potencia el espionaje. Una cosa es mostrar cómo el ejército lo tenía todo controlado y cómo emerge la obsesión comunista, otra convertir a la mitad de los personajes principales en topos (uno de Inglaterra, otro de Rusia, otro con sospecha de ser nazi)… y los que no lo son, tienen unas guerras abiertas con todos los demás que también rozan constantemente la traición.

Como extensión de estos problemas está la obsesión que cogen los guionistas con Frank Winter, quien copa demasiado metraje y tramas, engullendo a los demás, algunos de los cuales pierden demasiado protagonismo a pesar de su atractivo y potencial. Charlie y Paul prácticamente acaban siendo de relleno, y es una pena porque Ashley Zukerman y Harry Lloyd son los dos mejores intérpretes masculinos del reparto. Frank, el genio científico que lideraba el proyecto de implosión, acaba convertido en un paria, una especie de hippie o rojo anti bomba dispuesto a todo para frenar el proyecto. Sus convicciones no se trabajan lo suficiente para que nos creamos semejante cambio. Sí, lo sumergen de lleno en los líos de espionaje, con ese capítulo centrado en su cautiverio, pero no me parece suficiente como para un cambio tan radical. O al menos no está bien desarrollado, porque sabemos que era capaz de traicionar a cualquier por seguir sus ideales, y se puede entender que emerjan dudas sobre el uso que harán con la bomba, pero de ahí al extremo al que lo mandan hay un salto muy brusco que no se hace con la transición adecuada, y la exposición de esta nueva postura roza el ridículo en ocasiones: eso de que acabe de soldado raso chanchulleando de acá para allá no se sostiene de ninguna manera.

Así pues, tenemos topos sobre topos e intrigas sobre intrigas hasta que da la sensación de que nadie en The Hill está centrado realmente en su tarea excepto el general (William Petersen), con lo que parece que nadie trabaja de verdad en la bomba. Diez episodios supuestamente a contrarreloj porque ya tienen la fecha de la prueba, y apenas hemos visto un par de escenas donde parece que dediquen esfuerzos al “artefacto”. La mayor parte del tiempo están inmersos en todas estas peleas y en unos pocos dramas personales. Estos últimos eran el único eslabón débil de la primera etapa, pero aquí el nivel global baja, así que de esta sección también lo hace.

Las odiseas de Abby y Liza son de nuevo puro relleno, a veces no se sabe qué pintan en toda esta historia salvo cumplir con el cupo femenino. No me malentendáis: me gusta que ofrezcan la visión de las mujeres, que había muchas familias completas, pero no si se hace con tan poco tacto. Las pocas penurias realistas que vemos (como Helen luchando contra el machismo) hubieran bastado para mostrar la vida en este lugar y época, pero hay más tiempo que rellenar y se montan líos matrimoniales y familiares bastante flojos. Las disputas y enredos amorosos resultan bastante insustanciales y a veces tontos incluso cuando quieren sacarles provecho. Por ejemplo, la aventura de Oppenheimer que quiere usar Abby para que Charlie ascienda la cité más arriba, pero luego continúa con la cargante historia de los remordimientos de ella y lo mal que resuelven el tema del embarazo. Por cierto, también se olvidan del otro hijo a conveniencia y lo recuperan para otro relleno familiar forzado: la irrelevante y cansina visita del padre de Charlie. Y mientras, Liza está aún más desaprovechada, no hace nada interesante, nada que aporte algo al conjunto. Y es una pena, porque Rachel Brosnahan y Olivia Williams son dos actrices enormes.

Con todas estas tramas algo rebuscadas y malogradas los guionistas terminan abandonando del todo la poca historia real que seguían. La vida de los protagonistas se aleja por completo de los científicos en los que se inspiraban, destacando que la aventura de Frank es a todas luces excesiva. Nada parece verosímil, y desde luego no se acerca lo más mínimo a la realidad. Por ejemplo, el clímax final en la torre con Frank y Meeks peleándose con que si sabotean la bomba o no es muy flojo, casi rozando la vergüenza ajena.

A Manhattan le ha pasado exactamente lo mismo que a Master of Sex: tras una primera temporada casi modélica sus creadores no han sabido hacia dónde llevar tramas y personajes y han improvisado de mala manera tomando rumbos algo fallidos. El nivel se resiente, el ritmo también, y como resultado tenemos una temporada muy normalita en una serie que nació en la primera división y con potencial para más. No es una cancelación que me duela, porque no parece que hubiera forma de remontarlo sin cambiar la serie tanto que quedara irreconocible. Lo que sí me duele es que han echado a perder una buena oportunidad para narrar unos hechos que me resultaban muy atractivos.

PD: Pienso seguir las carreras de Ashley Zukerman y Racher Brosnahan con atención, porque son una auténtica revelación.

Ver también:
Temporada 1.

AMERICAN HORROR STORY – TEMPORADA 5 – HOTEL.

American Horror Story
FX | 2015
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Brad Falchuk, Bradley Buecker, Tim Minear.
Intérpretes: Kathy Bates, Sarah Paulson, Evan Peters, Denis O’Hare, Wes Bentley, Chloë Sevigny, Matt Bomer, Cheyenne Jackson, Angela Bassett, Lady Gaga, Mare Whinningham, Finn Wittrock.
Valoración:

Por fin American Horror Story ofrece una temporada sin la patente irregularidad de la que ha ido haciendo gala año tras año, incapaz de alcanzar el nivel de su estupenda etapa inicial en la casa encantada. El hotel Cortez ha dado mucho más juego que el asilo (donde se acumulaban las historias sin conexión ni interés), las brujas (más o menos lo mismo, aunque con personajes más atractivos), y el circo (que empezó bien pero patinó en su desenlace). No llega a ser deslumbrante, pero mantiene un estilo más cohesionado y desarrolla unos personajes e historias mucho más concretos y llamativos.

La ambientación es la más lograda, quizá incluso mejor que la de la casa encantada. El morbo de que se base mucho en hechos reales, tanto por el hotel como por los asesinos en serie que van apareciendo, combinado con la fantástica estética ochentera, le ha dado una personalidad genuina muy atractiva. La puesta en escena está más comedida, centrada en obtener el tono adecuado para la historia en vez de abusar de enredos visuales como antaño (sobre todo con las brujas). Y cabe destacar la selección musical, donde han empleado temas icónicos con gran sabiduría: Depeche Mode, She Wants Revenge, Joy Division, New Order y muchísimos más. De hecho la banda sonora les ha tenido que costar bastante dinero.

Presentan un nuevo y amplio grupo de protagonistas, como es habitual, pero esta vez su dibujo y desarrollo es mucho más certero. Prácticamente te interesas por todos, y algunos en especial resultan encantadores. La condesa vampira juega muy bien con los cánones del género: es sugerente, inquietante, temible, trágica… La pega es que Lady Gaga hace un papel muy flojo; se salva porque cumple con su pose entre seria y erótica, pero cuando debe mostrar más registros se notan enormes carencias. La travesti Liz Taylor es adorable, y la combinación con la gruñona de Iris ofrece una pareja fantástica. Además los papeles Denis O’Hare y Kathy Bates como siempre son magníficos. Sally la yonki, con sus penurias y lágrimas, es otro acierto, y Sarah Paulson cada vez mejora más como actriz. El detective John (Wes Bentley), obsesionado con cazar a un asesino en serie, tiene un viaje de lo más movidito. Su mujer, Alex (Chloë Sevigny), es otra tragedia personificada: la historia del hijo desaparecido parece previsible pero tiene giros muy eficaces. James March (fantástico Evan Peters), el gerente fantasma del hotel, es descacharrante, y su criada (Mare Winningham) aficionada a limpiar manchas de sangre ni te cuento. Los únicos principales algo flojos son dos los guaperas que se lían con la condesa, que a veces incluso me costó distinguir. Sus historias entran y salen y nunca llegan a captar la atención a pesar de ser aparentemente relevantes en gran parte del año. Uno de ellos sirve para introducir a Ramona Royale (Angela Bassett), y ella sí deja huella a pesar de tener una historia corta: es la archienemiga de la condesa.

Todos danzan en la órbita del hotel y de esta condesa, con historias largas muy jugosas, otras más secundarias también aprovechadas con habilidad, y algunas breves muy entretenidas (todos los visitantes ofrecen buenas escenas… y buenas muertes). Pero sobre todo, lo que funcionan son las historias personales, los esfuerzos y fracasos en las tortuosas y dramáticas vidas que tienen. Como es esperable, la tragedia y la muerte están a la orden del día, con buenas cantidades de gore y más erotismo que de costumbre. También me han encantado los breves enlaces con otras temporadas, que no destriparé.

Así pues, American Horror Story casi recupera el nivel con el que empezó la serie: una historia que reinventa muy bien tópicos de los géneros que abraza (El resplandor, vampiros, la vida en los ochenta…), con muchos giros efectivos y tramas secundarias entretenidas, un grupo de personajes estrafalarios que se hacen querer u odiar, una ambientación con personalidad… Pero sigue faltándole una pizca de equilibrio a la mezcla. Alguna aventura podría mejorarse, el ritmo tiene algunas fallas a pesar de tener tanto que contar, los desenlaces no todos funcionan, y el capítulo final es un pequeño desastre. Básicamente la temporada termina en el undécimo, sólo quedan un par de cabos sueltos que despachan no muy bien para lanzarse de repente a un nuevo relato (la vidente conocida en la casa encantada) que a estas alturas no pinta nada, resultando un epílogo muy torpe, tan ajeno al resto que descoloca y no es capaz de despertar interés alguno.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

NARCOS – TEMPORADA 1.

Narcos
Netflix | 2015
Productores ejecutivos: Carlo Bernard, Chris Brancato, Doug Miro, José Padilha…
Intérpretes: Wagner Moura, Boyd Holbrook, Pedro Pascal, Joanna Cristie, Maurice Compte, Paulina Gaitan, Juan Pablo Raba, Raúl Méndez, Danielle Kennedy.
Valoración:

Narcos ha sido creada por Carlo Bernard, Doug Miro y Chris Brancato, siendo este último el más conocido por numerosas series estadounidenses de corte policíaco. Los directores seleccionados son todos de origen latinoamericano, destacando la presencia de José Padilha (también productor), que se dio a conocer con el taquillazo brasileño Tropa de élite y dio el salto a Hollywood con el remake de Robocop.

No es una serie al uso, sino más bien un documental de historia serializado, un estilo que de primeras parece complicado, porque la lluvia de datos propia del documental puede agobiar al espectador y también afectar al ritmo de la narración, quitando tiempo al desarrollo de personajes y tramas de forma que puedan ver reducidos su calidad e interés. Por ello es bastante sorprendente que Netflix utilizara este género tan difícil y arriesgado para lanzar una producción enormemente ambiciosa que responde a su estrategia de ser un canal mundial, no un canal inglés o estadounidense: el rodaje en países extranjeros es completo, es decir, prácticamente todos los implicados son colombianos o de alrededores. Productores, directores, técnicos de todo tipo, reparto… Solo tiene un pero, del que hablaré luego. Aparte está el presupuesto. Se nota que han echado montones y montones de dinero. El acabado es totalmente cinematográfico: una puesta en escena magnífica y una cantidad de escenarios abrumadora, con muchísimos exteriores de gran nivel. Pero el inmediato y enorme éxito que ha tenido su estreno es el mejor ejemplo de lo bien que ha funcionado el proyecto. A pesar de ese tono documental y su estilo peculiar, que no sabes si es caótico o trepidante, Narcos ha calado muy bien entre el público y la crítica. Sus autores han logrado superar las barreras que se les presentaban y conseguido una serie muy original y entretenida.

El ritmo es vertiginoso y la cantidad de datos grande, pero no hasta el punto de atosigar y confundirnos, aunque obviamente sí hay que hacer cierto esfuerzo para pillarlo todo. Tenemos los elementos narrativos propios del documental: voz en off, montajes con imágenes e información, flashbacks constantes para enlazar con cosas pasadas. Y por otro lado encontramos también la narrativa de una serie: la descripción y desarrollo de personajes tiene dedicación de sobra, la trama avanza con fluidez a pesar de ir a toda leche y con saltos, e incluso muchas escenas poseen gran fuerza. La combinación es impresionante, sólo le falta una pizca de equilibrio y otra de genialidad para conseguir una serie perfecta. Porque a veces sí va demasiado rápido, otras se echa de menos algo más de exposición de personajes, es decir, algunos hechos podrían haber sido desarrollados en vez de narrados, y en ocasiones también incluyen recordatorios demasiado evidentes, dando la sensación de que en una escena hablan para un público de cable y en la otra para espectadores muy cortitos.

Pero son fallos leves que no empañan un conjunto cohesionado y fluido hasta casi resultar brillante, ofreciendo una temporada enormemente adictiva a pesar de su apariencia farragosa. Para empezar, creo que nunca he visto una voz en off tan acertada (aunque la de Mr. Robot era excelente también). La serie es el relato Steve Murphy (Boyd Holbrook), un agente de la DEA (el departamento antidroga estadounidense) que se implica a fondo en el intento de capturar al capo de la droga que pone en jaque a todos, Pablo Escobar. Él nos va contando los hechos, aclarando cosas, recordando detalles…

Este personaje nos lleva rápidamente a señalar un punto gris extraño, la pregunta de si es lógico y respetable hacer una representación sobre Escobar y Colombia con un protagonista estadounidense. Y sí, después de tanto esfuerzo por ser fiel a la época y usar actores locales, canta un poco que este rubito con esposa rubita tenga más presencia que los cuatro colombianos más protagonistas: es al que más nos acercamos a sus sentimientos y el único del que conocemos su vida personal. Así pues, al final si hacen una concesión al público anglosajón, como si pensaran que era necesario para vender el producto en todo el globo. Por suerte es una elección que una vez sumergidos en la narración no llega a molestar, pues se nota que no fuerzan su relevancia en los hechos y mueven la trama por la combinación de todos los implicados. Es más, tampoco se libra de la crítica constante que hace la serie: lo muestran un yanqui de pura cepa, de esos que van por el mundo creyendo que todos deben doblegarse a la forma de hacer las cosas de los EE.UU. (ni siquiera se esfuerza en aprender español), así que la compleja realidad de Sudamérica y las inclinaciones políticas de EE.UU. se lo pondrán difícil.

Y por suerte tampoco se descuidan los demás protagonists. Horacio Carrillo es el jefe de policía incorrupto, es decir, el que trata de que todo funcione como es debido según la ética y las leyes, pero en el mundo inmoral en que vive su colosal esfuerzo no parece servir para mucho; el actor Maurice Compte capta muy bien la tensión a la que está sometido. En la política, César Gaviria (Raúl Méndez logra otro papel excelente) trata de mantener el tipo tras varios gobiernos corruptos, pero los acontecimientos paracen superarlo también. Mientras, Javier Peña (el carismático Pedro Pascal) es la otra cara de la moneda, el agente asqueado que no duda en usar métodos sucios. La evolución de todos ellos es notable en tan solo diez capítulos, y a pesar de los saltos temporales se ve natural, verosímil. Las numerosas figuras secundarias que aparecen aquí y allá según el tramo de la historia en que estemos suelen estar bien aprovechadas, sin parecer meros objetos de la trama; por ejemplo, el abogado de Escobar, las reporteras que siguen a este último y los altos manos de la CIA siempre aportan algo.

El acercamiento a la vida y psicología de Pablo Escobar, el capo de la droga más poderoso y rico de la historia, es completo y fascinante, porque su odisea dio pie a un sinfín de hechos extraordinarios. Eso sí, me da la impresión de que, al menos con lo expuesto aquí, su trayectoria obedece menos a su tesón e inteligencia que a las circunstancias que permitieron su ascenso. Es decir, tuvo algunas grandes ideas, pero parece que las que funcionaron lo hicieron más porque el camino estaba bastante allanado. Así, se estrelló como político porque no atinaba una y usaba más la intimidación que la inteligencia e influencia, pero acertó al montar laboratorios en la selva y a exportar la droga a EE.UU. porque era una época sin leyes ni intereses que pudieran dificultarle mucho las cosas, y >encima prácticamente se tropezó con una población adicta y unos canales de distribución poco vigilados. Cuando empezaron a plantarle cara, sencillamente su domino era tal que entre la fuerza humana a su disposición y el alcance de sus tentáculos (policía y políticos comprados), los pocos que trabajaban contra él no tenían recursos para lograr mucho.

Esa situación social y política que permitió su auge se expone al detalle. Conocemos a los dirigentes de cada momento en Colombia, la situación del pueblo, los intentos por levantar el país, las injerencias de Escobar y la CIA en los acontecimientos… Como resultado, la inmersión en el ambiente de la época es plena. Vives un ambiente real, por exageradas que resultaran algunas situaciones (como la cárcel-hotel que se monta), con toda la miseria, violencia, corrupción y los héroes estampándose contra la realidad (el viaje del político César Gaviria es fascinante). Las obsesiones, ineficacia y cagadas monumentales de los gobiernos se señalan con contundencia, diciendo sin rodeos que si Escobar llegó a donde llegó fue por su incompetencia. Cabe destacar la surrealista la forma de actuar de EE.UU., siempre más obsesionados con aplastar ideologías contrarias a su sueño capitalista que en tratar de arreglar los problemas reales. Así, se empeñaban en perseguir grupúsculos de izquierdas (aunque es cierto que los flipados del grupo guerrillero “19 de abril” terminaron liándola) en vez de poner coto al reguero de muertos que dejaba el mundo de la droga tanto en Colombia como en EE.UU.

Pero Narcos no siempre está tan acertada. El empeño en la descripción política no se ve en otra parte esencial: se quedan cortos al describir las alianzas y guerras con otras bandas. Los capitanes de Escobar y los otros capos no están muy bien definidos, y entre los saltos temporales algunos van y vienen sin quedar muy claro quiénes son; ni siquiera su segundo o mano derecha (Gustavo Gaviria) termina de resultar realmente interesante. Y la tensión con otras mafias queda muy en segundo plano, cuando es de suponer que en su ascenso tuvo que luchar bastante. Hasta la parte final en la cárcel no se ahonda más en este sentido. Aparte, Escobar tiene otra pequeña pega: a pesar de que Wagner Moura (una gran estrella en Brasil por los éxitos de Tropa de élite 1 y 2) hace un trabajo monumental mimetizándose en Pablo, no se entiende la elección de un actor de habla portugués, pues por mucho que aprendiera castellano para la serie no puede evitar tener un acento que no pega como colombiano; aquí forzaron (Padilha a la cabeza, supongo) más de la cuenta la búsqueda de una figura reconocible.

PD: Con el tema de los idiomas la serie supone otro gran ejemplo de lo innecesario que es el doblaje: la mitad del diálogo es en castellano, la otra mitad en inglés. ¿Qué sentido tendría cargarse esa realidad lingüista? Y no sé cómo la habrán doblado, pero lo habitual es cargarse los acentos y localismos.