TRUE DETECTIVE – TEMPORADA 2.

True Detective
HBO | 2015
Productores ejecutivos: Nic Pizzolatto, varios.
Intérpretes: Vince Vaughn, Colin Farrell, Rachel McAdams, Taylor Kitsch, Kelly Reilly, Ritchie Coster, David Morse, Christopher James Baker, W. Earl Brown, James Frain, Michael Hyatt.
Valoración:

Que fascinara la primera temporada y decepcione la segunda es perfectamente entendible. Pero de ahí a perder la cabeza como la han perdido millones de espectadores y críticos hay un trecho muy largo. Las modas llevan a la sobreexplotación, y esta a desequilibrar la balanza alejándola de la realidad, de la objetividad. La primera sufrió el efecto positivo: se recibió con un entusiasmo contagioso, hasta el punto de que llegó a considerarse la última revolución en el séptimo arte. El escrutinio que soportó fue también a su favor: se le sacaban teorías, referencias y detalles a puñados, y no importaba si al final no daban el blanco alguno, tal era el fanatismo que arrastraba. Una visión objetiva rebaja bastante esas valoraciones, y el paso del tiempo la va poniendo en su lugar.

La segunda ha sufrido el efecto negativo, fruto en gran parte de otro efecto, el del rebote: si a la primera la ponían muy por encima de su calidad real, difícilmente nuevas entregas pudieran llegar a ese listón de expectativas imposibles. Ahora todo lo que se analiza es para sacarle algún fallo, y en cada nuevo fallo hay que recordar que es un fracaso de serie, casi la peor del año. La decepción ha llevado a muchos a tirarse de los pelos y a escupir bilis incansablemente, se ha convertido en una desgracia e incluso en una traición de sus autores. Pero de nuevo, un análisis frío y objetivo pone las cosas en su lugar. Dista muchísimo de ser una producción mediocre, y si no te obsesionas con sus fallos puedes encontrar una serie con muchos buenos valores.

Empiezo por sus aciertos, si bien, como comentaré luego, algunos terminan limitados por los fallos. Lo primero que salta a la vista es la diferencia en argumento y en menor medida de estilo respecto a la anterior etapa, para muchos una traición a la seña de identidad de la serie… para mí el primer atractivo de la misma. Las obras que abusan de la fórmula, del esquema, generalmente están abocadas a repetirse y perder interés… aunque eso no impide que el público facilón se resienta, no hay más que ver lo que aguantan producciones como House… Pero aquí estamos hablando de la primera división de las series, así que, “que se joda el espectador medio”, esto es para gente exigente. Con las libertades creativas que tenemos hoy día en el rico panorama televisivo, ¿vamos a pedir el retorno a la vieja televisión? No, yo quiero riesgo, valentía y originalidad. True Detective nació como miniserie, si la iban a extender, qué menos que ofrecer una nueva historia, nuevas perspectivas, nuevos personajes… y todo a ser posible sin perder las características y la atmósfera general. Y sus realizadores lo consiguen muy bien. Cambia el subgénero, dejando atrás el thriller de asesinos en serie estrafalarios a lo Seven para inclinarse por el cine negro. Los personajes son muy diferentes pero en una onda semejante: lúgubres, con muchos pesares y secretos. El subtexto filosófico difiere también, inclinándose un poco más por los asuntos paterno filiales que por la metafísica rebuscada, pero sin alejarse del existencialismo, los problemas que tienen todos para encontrar su identidad y su lugar en el mundo; en otras palabras, resulta más terrenal y verosímil. Estas diferencias partiendo desde un mismo concepto llegan incluso al caso del año, a pesar de que muchos no lo ven y lo han incluido también enrte las supuestas disparidades “innecesarias”. Versa sobre gente con poder que se cree superior a los demás e intocable, y tenemos detectives de dudosa moral intentando desentrañar el tinglado mientras tiran con sus penosas vidas; y además también terminan de dar las últimas puntadas a la investigación desde fuera de la ley.

La atmósfera lograda es magnífica. El tono sombrío y sórdido transmite la decadencia moral de una sociedad maltrecha y sucia, de gentes sin rumbo en sus vidas ni un futuro claro. Esto se logra tanto desde el guión como mediante la puesta en escena (dirección, fotogafía, música). Son cruciales esas fantásticas panorámicas de autovías enormes e infinitas que, combinadas con la oscura historia y los afligidos personajes, señalan la fealdad de la urbe, la soledad y miserias de la población, y por su puesto la corrupción. Así, la narrativa, en lo visual, está otra vez en un nivel excelente: tempo pausado pero intrigante, gran dirección de actores (era esencial saber qué sacar de ellos en las largas conversaciones) y buenas dosis de espectacularidad en las escasas secuencias de acción, que llegan a resultar impresionantes (el tiroteo, la orgía). Y por todo ello es gracioso ver que bastante gente le echa la culpa de los errores de la serie a la ausencia de un director único, cuando son problemas de guión. La realidad es que no hay desequilibrio formal ni cualitativo entre un capítulo u otro, como ocurre en cualquier buena serie los directores siguen el estilo marcado por sus ideólogos; vamos, que estos listillos, si no fuera porque lo pone en los créditos, no se hubieran dado cuenta de que hay varias personas tras las cámaras.

Este ambiente sirve para edificar un relato noir con sabor a clásico. La trama enrevesada, los personajes ambiguos dando tumbos desentrañando el caso lentamente, mil y un secretos y tragedias saliendo a la luz poco a poco… Los protagonistas se presentan muy prometedores, en especial porque los actores ofrecen papeles magníficos. De hecho el primer capítulo me ha parecido el mejor, pues logra una introducción de personajes modélica y te sumerge muy bien en la atmósfera lóbrega y llena de suspense.

El detective Ray Velcoro (Colin Farrell) arrastra la sospecha de la corrupción, y no en vano vemos que tiene tratos con un mafiosillo local, Frank Semyon. Además lidia con la ruptura de su matrimonio, y su temperamento hostil podría alejarlo de su hijo. El oficial Paul Woodrugh (Taylor Kitsch) sufre estrés postraumático de su último destino como militar, lo que se suma a que no es capaz de aceptar otro aspecto esencial de su personalidad: su homosexualidad reprimida. La detective Ani Bezzerides (Rachel McAdams) también tiene sus líos familiares (fue criada en una comuna hippie) y demonios internos que la inducen a llevar una vida un tanto descentrada. Los tres son puestos al frente de la investigación de un asesinato que precisamente toca los tejemanejes de Semyon (Vince Vaughn). Este intenta que su imperio no se derrumbe justo cuando abrazaba su salida a lo grande del peligroso mundo del crimen, y estas tensiones las sufre también su esposa Jordan (Kelly Reilly). El entramado de corrupción alrededor del que todos giran salpica a figuras políticas y de la ley relevantes, y deben andar con pies de plomo.

Si tengo que elegir un personaje como favorito sería Semyon, pero no a mucha distancia del resto. En parte es por la fantástica interpretación de Vaughn, sobre el que nadie daba un duro por venir de comedias chorras pero quien clava magistralmente un rol en tensión constante y con un estilo de expresarse peculiar. Velcoro sería mi siguiente elección, tanto por mi predilección por Farrell, un gran actor bastante infravalorado (glorioso papelón el de Escondidos en Brujas, por ejemplo) en un personaje muy clásico pero que transmite verosimilitud: se entiende perfectamente su forma de ser, sus limitaciones y fallos. Kitsch también está muy eficaz y es otro al que le cuesta quitarse de encima sus flojos papeles iniciales. La tormenta de emociones y el sufrimiento interno se reflejan en su mirada, en su gesto compungido. McAdams es la única que solamente está correcta, sin deslumbrar. Su expresión de tipa dura es siempre la misma, no consigue sacar mucho más a un personaje que precisamente es desde el guión quizá el más velado e inteligente en cuanto a evolución. Respecto a los secundarios, hay muchos buenos actores (James Frain -uno de mis intérpretes favoritos-, Ritchie Coster, David Morse…), pero son todos personajes de apoyo, ninguno resulta especialmente llamativo, un aspecto que se podía señalar en la etapa previa y que aquí se nota más.

Pero las principales limitaciones y también excesos que sufre la temporada son importantes, y frenan considerablemente el gran potencial que guarda. El ritmo supongo que pretendía ser contenido e intrigante como en el primer año, pero resulta lento, incluso aburrido en algunos tramos, y el tono pretencioso se intenta mantener por la fuerza, perjudicando a la trama y los personajes.

Los protagonistas son el mejor ejemplo de los excesos. El guionista Nic Pizzolato se empeña en recalcar su drama personal, con lo que pasan de roles oscuros y afligidos muy prometedores a figuras híper caracterizadas, casi de culebrón: sufren a todas horas, se arrastran como almas en pena, nos atosiga con largas escenas de exposición de problemas que indudablemente no hacía falta señalar tanto. El más perjudicado es Velcoro, pues el lío de separación y la custodia del hijo es algo muy normal y muy tratado, con lo que además de sensacionalista resulta previsible y finalmente cansino. Y aunque los demás salgan mejor parados (el pasado de Bezzerides se expone sutilmente y con cuentagotas, la personalidad e historia de Semyon se deducen por sus diálogos), la suma de todos sufriendo tantísimo en todo momento termina resultando casi agotadora. El año pasado teníamos un acertado contraste entre los dos protagonistas, y Marty Hart ofrecía una vida más normal, evitando que la serie pareciera tan melodramática o incluso artificial. Aquí, meter tanto dramón da la sensación de forzar mucho las cosas y de poca originalidad a la hora de elegir protagonistas.

De la historia muchos se han quejado por lo complicado que resulta seguir tanto nombre. Se podría decir que el noir es así de opaco, pues lo importante suele ser la situación de incomprensión que viven los protagonistas y cómo van resolviendo el caso, más que el propio caso en sí. Pero es cierto que también el guionista se pasa un tanto de rosca. Hay muchos personajes relevantes en la investigación que sólo se presentan fugazmente, y como no te quedes con su nombre vas apañado. Y claro, con el ritmo lento y los rellenos, cabe preguntarse si no podrían haber expuesto mejor el quién es quién en el tablero de juego, que una cosa es una trama compleja y otra pasar de trabajar su exposición.

Y finalmente tenemos el tono pretencioso tan salido de madre. No hay conversación o escena que no esté inflada y saturada, sea de diálogos largos y densos o de un estilo afectado. Esas canciones lúgubres, esas miradas intensas, esas conversaciones rebuscadas impropias de detectives y gángsteres brutos… Y todo para que al final realmente digan muy poca cosa, de hecho muchas escenas repiten lo mismo una y otra vez con distintas palabras. Es decir, Pizzolato se obsesiona con pretender que cada secuencia sea la más profunda, intensa y trascendental, pero además de pasarse de largo se olvida de cuidar el ritmo global, no consigue que la narración vaya en línea recta y con intensidad. Por no decir que cuando llegan los puntos álgidos, después de tanta verborrea, casi parecen fuera de onda. El tiroteo, por magnífico y espectacular que sea, es puro humo. ¿Te acuerdas de cómo y por qué se produce? La falsa muerte de un protagonista al final de un capítulo es un giro muy poco trabajado, con lo que sabe a trampa. El capítulo final acusa mucho esos altibajos, pero lo comento luego en spoilers, así como otros giros poco satisfactorios.

Algunas voces han señalado que, viniendo Pizzolato de la literatura, quizá su ritmo de trabajo no ha conseguido adaptarse a la obligación de preparar los guiones a toda prisa para rodar y estrenar a tiempo. Pero me temo que es pura especulación, no podemos saber, salvo que indique algo en alguna entrevista, si las prisas le impidieron redondear la escritura o es que le faltó inspiración.

Entre el tono pretencioso fallido, el fondo de policial clásico enrevesado de mala manera, los excesos con los personajes (no hacía falta realzar el drama tanto) y otros patinazos varios, queda muy lejos de la primera temporada. Ahora bien, dista de ser la serie mediocre o incluso horrible que se empeñan en ver sus detractores. La ambientación es exquisita, en especial gracias a la magnífica puesta en escena, los personajes aunque se atascan resultan bastante atractivos y las estupendas interpretaciones consiguen que no pierdan demasiada fuerza, y el caso es algo farragoso pero su estilo sórdido y denso resulta sugestivo y consigue mantener cierta intriga e interés a pesar del mejorable ritmo. Poniendo los pros y contras en la balanza, por muy marcados que sean estos, a mí me sale una serie más que aceptable, bastante atractiva si te va el género y congenias con su marcado estilo. Sí, tienes que hacer la vista gorda a algunos errores y quitar paja para encontrar unas cuantas buenas virtudes, pero es algo que ocurre en cualquier serie alejada de notas altas, como es obvio. Su mayor problema han sido las expectativas. Si fuera una producción cualquiera no habría armado tanto revuelo, no tendría tanta presión y miradas críticas encima, y seguramente los que se hayan atragantado en sus baches, o incluso simplemente en su estilo, se habrían ido a ver otra serie sin armar tanto jaleo, que muchos espectadores se comportan como si les hubieran lanzado un insulto personal.

Por cierto, en cuanto a los títulos de crédito, yo soy de los que no tragan esta versión, pues a pesar del fantástico trabajo artístico, la canción de Leonard Cohen, Nevermind, me resulta soporífera y sin garra, todo lo contrario a la escuchada el año anterior, Singing Bones de The Handsome Family.

Alerta de spoilers: Comento spoilers, incluyendo el final, con todo detalle. No se te ocurra leer si piensas verla. —

Enumero algunos ejemplos de aspectos criticables o fallos que no podía incluir arriba por ser muy reveladores:
-Que Bezzerides vomite en la fiesta no sirve para quitase el colocón, primero porque no ha ingerido nada, segundo porque es evidente que ya está en su sangre. Una serie que pretende tener cierta categoría debería cuidar mejor estos detalles, digo yo.
-El séptimo episodio parecía lanzarse por fin a la acción, las conclusiones y los giros finales, pero se cierra con una trampa enorme: la muerte de Woodrugh a manos del personaje de James Frain, uno de los policías corruptos, es completamente inverosímil. ¿Cómo sabía por cuál de las decenas de salidas iba a aparecer? ¿Por qué asume que el encuentro iba a ir mal?
-En la primera temporada las críticas sobre machismo me parecieron muy retorcidas. Es que está de moda buscar machismo en todas partes, joder. Pero en esta se pueden señalar un par de apuntes mosqueantes con Bezzerides. Primero está el tópico de que fue violada y por ello se convierte en una dura policía, para no ser más una víctima, amén de que sus relaciones con los hombres carecen de afecto. Segundo, a pesar de su protagonismo, de la fuerza e independencia del personaje, al final es convertida en secundaria florero de mala manera: los hombres cuidan de las mujeres y ellas se esconden y huyen.

En cuanto al último capítulo, casi parece que iba a librarse de todos los problemas y ofrecernos un desenlace de alto nivel: va al grano dejando atrás el tono pretencioso (salvo por la cansina despedida entre Semyon y su chica, menuda espiral repitiendo lo mismo durante diez minutos), alcanza buenas cotas de suspense cuando parece que los protagonistas están al límite y no tienen salida, el ritmo se torna vibrante a pesar de los clichés (la reunión final con grabadora)… Pero el hechizo se desvanece en el desenlace, porque termina tropezando en los mismos tics, es decir, no difiere del resto de la temporada:

De verdad que es rebuscada la muerte de Semyon, con un giro salido de la nada que parece puesto ahí solamente para matarlo… Pero no contentos con eso les da por montar una agonía onírica híper cansina. Con Velcoro tiran por otro cierre sensacionalista, partiendo además de un agujero de guión enorme: pero tío, quita el localizador, o coge otro coche, y no te salgas de la vía pública hasta estar seguro de estar solo. Y anda que poner un dispositivo de rastreo con una pedazo de luz, para que entre a un parking a oscuras y lo vea, algo que es muy probable… Este absurdo cliché nunca había sido tan absurdo. Así pues, menuda forma de colar una escena supuestamente espectacular en el bosque y una muerte trágica (ooh, sin cobertura en el momento justo) que era fácilmente evitable. Y eso que el momento a lo Robert de Niro en Heat, es decir, buscar a un ser amado cuando tenía la salida al alcance de la mano, me estaba gustando bastante. Con Bezzerides ya he dicho que de repente parece desaparecer de la ecuación, algo que tampoco queda bien. Y el epílogo de ella y Jordan Semyon en Venezuela no me transmite mucho. Por cierto, ¿a la idea de meter al final bosque, desierto y mar le veis algún sentido concreto? Es que parecen remarcarlo mucho. O quizá era sólo por buscar algo de poesía. El caso que me parece un poco forzado también.

Ver también:
Temporada 1.

RIPPER STREET – TEMPORADA 3.

Ripper Street
Amazon Instant Video | 2014
Productores ejecutivos: Richard Warlow, Simon Vaughan, Will Gould.
Intérpretes: Matthew Macfadyen, Jerome Flynn, Adam Rothenberg, MyAnna Buring, Charlene McKenna, David Wilmot, Clive Russell, Josh O’Connor, Louise Brealey.
Valoración:

Tras dos temporadas la BBC America canceló Ripper Street, pero sorprendentemente Amazon la compró y resucitó, emitiéndola primero en internet pero más tarde también en BBC y BBC America. Pero mejor se hubiera quedado muerta, porque esta temporada no aporta nada…

En la segunda etapa señalaba el principal fallo de la pérdida de calidad respecto a la primera: los guionistas dejaban de lado la regla básica de “muéstralo, no lo cuentes”. Los personajes hablaban más que hacían, frenando el ritmo y desaprovechando la superior capacidad de impactar que tiene lo visual sobre lo contado. Y en este año se lleva más allá, resultando una narración innecesariamente densa, lenta y aburrida, lo que se empeora porque que termina fallando en otra fórmula esencial del arte cinematográfico: ve al grano sin rodeos. No sé por qué se empeñan en estirarlo todo mediante conversaciones en el fondo banales pero llenas de frases rebuscadas en la superficie, hasta el punto de los actores tienen que coger aliento varias veces para terminarlas y el espectador debe hacer un esfuerzo por reconstruir tal monólogo y sacarle un significado.

Con esta combinación casi todas las escenas carecen de una acción clara en movimiento, tanto en la trama como en los personajes. Las historias se desarrollan con una pasividad y una falta de profundidad alarmantes. Y lo peor, a la hora de avanzar (en la investigación del día y en los dramas personales) se hace repentinamente, y muchas veces sin un esfuerzo real después de tanto metraje mareando la perdiz. Sólo se ven algunos momentos en que los personajes trabajan, sea interrogando o realizando autopsias. Pero seguir pistas por la calle, hacer seguimiento de sospechosos (básicamente hay un interrogatorio por capítulo), reunir datos, darles nuevas perspectivas… en definitiva, las correctas y entretenidas investigaciones que teníamos en la primera temporada se ven bien poco, sólo el caso de los barriles muestra esos esfuerzos, el resto de revelaciones y pistas les llegan por arte de magia o por factores externos. El joven agente es enviado a recopilar pruebas y testimonios, pero no vemos nada: vuelve, suelta el cuento, y se ponen a darle vueltas hasta que hilan alguna idea, tras lo cual miran un libro, ficha o periódico, y tacháaan, caso resuelto tras una hora de hablar y hablar y hablar en la sala de autopsias o el despacho de Reid. Si los diálogos fueran ágiles, si la trama tuviera calidad, si el caso fuera complejo y dejara algún poso (¿qué fue de aquel tono deprimente que mostraba lo peor de la época?), pues podría valer. Pero no estamos ante los clásicos de Humphrey Bogart (El halcón maltés, El sueño eterno). Aquí tenemos palabrería, peroratas y discursos eternos en los que sólo tiene valor una sentencia de cada veinte, el resto es puro humo, adorno pretencioso fallido.

Como resultado, no hay ningún caso aislado que recordar, y la trama global, el accidente de tren, va con cuenta gotas y también sin causar impresión alguna. Y todo ello a pesar de tener sólo ocho capítulos. ¿Con una serie tan corta no había manera de encontrar historias más jugosas y completas y narrarlas con más agilidad e intensidad? Qué harán estos guionistas ante una temporada de veintidós episodios. Por lo menos se pueden recortar veinte minutos de cada uno. Es incomprensible cómo todos pasan de los sesenta, más de una hora, cuando lo normal en las series de cable está en los cincuenta o cincuenta y cinco minutos y que sólo superen esa franja si es estrictamente necesario; uno incluso llega a los setenta y cinco, resultando obviamente cansino. Con menos longitud y más agilidad probablemente hubiera salido una serie bastante entretenida: aunque no sean historias de altos vuelos, analizadas desde fuera no parecen malas, el problema es lo infladas que están y la lentitud con que se exponen. Ahí tenemos como ejemplo el primer año, mucho más ágil y emocionante.

Volviendo a la trama principal, esta parecía interesante en principio por su potencial impacto en la zona y los personajes y por estar causada por uno de ellos, es decir, por el viaje al lado oscuro de Susan. Pero una vez pasada la presentación se aparca para sólo recuperarse de vez en cuando tímidamente y sin darle la relevancia esperada. Para colmo, cuando el capitán encuentra la pista definitiva (la huella dactilar), se guarda para el episodio final. Para eso no la reveles tan pronto, leches. El desenlace… pues insustancial. El padre de aquella se presenta como un villano, pero causó tan poca sensación en pasadas apariciones que no recordaba nada de él, y aquí no pasa de ser un “soy malo porque sí”. La redención de Susan va muy deprisa después de ir todo tan despacio y disperso, y el conflicto que genera en los tres protagonistas va igual, todo de sopetón después de haber ido a paso de tortuga, para no terminar ofreciendo un final llamativo.

Cabría pensar que dedicando tan poco tiempo a las tramas, los personajes saldrían ganando. Pero siguen la tónica de mucho hablar pero sin movimiento o maduración tangibles. Estamos ante la panda de seres atormentados que nos presentaron en la primera temporada, pero el atractivo ha desaparecido, porque ya en la segunda su evolución se frenó mucho, y aquí se para y muere. Llegan a cambiar en ocasiones su posición y rumbo (el capitán se echa una novia, Bennet parece querer volver con Rose, Reid pasa por varias etapas), pero todo cambio ocurre como con los casos, a trompicones repentinos sin una explicación clara, sin fluidez, sin exponer motivaciones y transiciones adecuadas. Y en algunos giros no se entiende nada: ¿qué ha sido de Emily Reid, y qué aporta la concejala si el romance con Edmund se dejó totalmente de lado? Para colmo, el misterio con la hija desaparecida se resuelve, pero con el mismo estilo fallido: aparece porque sí, sin que haya detrás la esperada investigación retomada por alguna nueva pista. Y claro, los guionistas tienen que estirar el golpe de efecto, así que se inventan una chorrada para que Susan la retenga un par de capítulos, y en otro cuelan otro malabar absurdo que convierte a Reid momentáneamente en malo. Y vaya fallo de casting el de la chiquilla, tanto en lo interpretativo como en el físico.

Resumiendo, al final de la temporada los personajes están en una situación más o menos diferente, pero no ha habido detrás ninguna historia llamativa, ninguna evolución visible y atractiva con la que pudiéramos interesarnos. En cambio sí hay toneladas de aburrimiento y malas sensaciones. De bueno sólo puedo decir que la puesta en escena ha mejorado un poco en cuanto a dirección y fotografía, conteniendo la floja e innecesaria cámara en mano y el montaje frenético que no parecían adecuados para una obra de corte histórico. Ahora manejan mejor las escenas de interiores, algo esencial porque son mayoría, resultando en lo visual una producción bastante correcta.

Amazon ha renovado por dos temporadas más. Espero que sus guionistas se hayan dado cuenta del bajón y se pongan las pilas, porque después de todo, la serie tiene todavía cierto encanto y muchas posibilidades.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

MASTERS OF SEX – TEMPORADA 2.

Masters of Sex
Showtime | 2014
Productores ejecutivos: Michelle Ashford, Amy Lippman.
Intérpretes: Michael Sheen, Lizzy Caplan, Caitlin FitzGerald, Teddy Sears, Annaleigh Ashford, Kevin Christy, Betsy Brandt, Julianne Nicholson, Beau Bridges, Allison Janney.
Valoración:

Qué decepción, qué desastre la segunda temporada de Masters of Sex. En la primera señalaba que la narrativa, aunque algo predecible, era muy sólida, se veía que los guionistas (con Michelle Ashford a la cabeza) trabajaban con esmero e inteligencia para sacar el máximo partido de la historia y los personajes, dando como resultado un drama modélico. Así que cabía esperar que tras esta básica pero notable presentación la serie madurara, creciera por caminos menos trillados… pero lo que hace es patinar a lo grande en una caída de calidad que recuerda a lo ocurrido con The Americans. Para algunos se ha estrellado, para otros sólo ha bajado el ritmo. Yo estoy entre los primeros. Me ha costado bastante acabar la temporada, tiene tramos muy aburridos y un capítulo que resulta infame: Fight, ese en que no salen de la habitación de hotel (y como ocurrió con la mosca de Breaking Bad, algunos lo pretenden encumbrar como el mejor del año, para dárselas de alternativos). La historia se les ha escapado completamente de las manos, los personajes principales están estancados y hacen alguna cosa rara, y los secundarios son un caos enorme. Es un año que en cada fase, cambio y nueva trama me ha transmitido la sensación de que los escritores no tenían planificado ningún arco general e iban improvisando. Sólo se recupera algo en la parte final, pero no como para recordar las buenas virtudes vistas en la primera etapa.

Parte del problema surge de una estampida de actores secundarios. Así funciona el mundo de las series: los contratos estipulan que si encuentran un papel mejor pueden abandonar el actual. Es lógico, no puedes obligar a nadie a trabajar donde no quiere. Pero es una putada enorme para los realizadores, sobre todo si, como aquí, sufren varios casos de golpe. Pero un buen guionista habría salido del bache, habría traspasado el objetivo de las tramas de estos personajes a otros, y me temo que aquí no muestran esa habilidad. Tardan mucho en conseguir nuevos secundarios relevantes, y mientras, rellenan con otros que resultan cargantes. Lo más triste es que los cuatro intérpretes que se largaron dejaron esta serie trascendental y bastante aclamada para fichar en comedias tontorronas…

Barton y Margaret (dos actorazos como Beau Bridges y Allison Janney) eran los secundarios más interesantes, porque los líos con otros médicos no terminaban de llegar a nada. La homosexualidad secreta de él y la tardía iniciación en el sexo de ella eran muy llamativos, sobre todo porque formaban parte intrínseca de la historia general de la serie: el sexo, los tabúes, la ciencia, la inminente revolución. Pero él se fue a The Millers y ella a Mom. Y sin ellos, claro está, el personaje de la hija ya no pinta mucho… pero no tienen tiempo de plantearse darle un nuevo lugar, porque la actriz Rose McIver se largó a iZombie. En seguida los sustituyen por los cansinos Betty y Gene (Annaleigh Ashford y Greg Grunberg), que quedan como receso cómico totalmente malogrado e insufrible, y cuya relación con la trama es bastante tangencial, pues el tema de la falsa esterilidad no aporta ninguna perspectiva interesante a las historias sobre la revolución sexual. Seguramente los escritores veían que este dúo no funcionaba, y más tarde de lo deseable se quitan la relación de encima, manteniendo únicamente a Betty como secretaria en la nueva clínica. No es un papel importante, pero algo le sacan al personaje y a la actriz, que es un encanto cuando no la meten en tramas de comedia de enredos. Ethan Haas ni siquiera llega a aparecer, su despedida es por teléfono. A Nicholas D’Agosto no le salió bien la jugada, porque Cómo conocí a vuestro padre ni siquiera llegó a ver la luz. Por suerte para él parece que en Gotham ha encontrado su sitio. Su hueco no se nota demasiado, porque aparte de un lío de amores con Virginia no daba mucho de sí.

Los secundarios que continúan por desgracia no eran los más logrados. El tonto ligón de Austin (Teddy Sears) lo mantienen pero a la fuerza, sin saber qué hacer con él. Sólo cobra algo de interés (pero muy poco) cuando la gorda del programa de adelgazamiento lo utiliza como juguete sexual. Lillian DePaul (Julianne Nicholson) no sé muy bien qué ha aportado a la serie, sólo servía como punto de conflicto para sacar algo de Virginia cuando no estaba con Bill, porque este tiene a su esposa Libby. La subtrama de su enfermedad no consigue causar impresión alguna a pesar de que fuerzan un tanto el drama, y su supuesta muerte me descolocó un montón, porque el gesto de Virginia era de que su amiga seguía viva (de hecho parecía respirar), pero en cambio no vuelve a aparecer pero tampoco no hay entierro ni duelo.

Libby (Caitlin FitzGerald) es un personaje muy atractivo pero al que también les cuesta mantener en el juego. Cuando se dan cuenta de que tenerla como esposa florero no permitía ampliar mucho su drama la lanzan hacia el grupo de negros, dándole motivos por los que vivir, emocionarse y sentir algo, hasta el punto de que se ve venir el romance con uno de ellos. Pero tardan mucho en llegar a materializar una historia que es bastante previsible, de hecho toda la parte con la niñera es bastante insustancial. Por suerte, la actriz borda el papel y el guión a pesar de los baches logra un personaje entre dulce y tristón que ejemplifica bastante bien los problemas de las mujeres de la época.

A partir del ecuador emergen por fin nuevos personajes atractivos e importantes en la trama, el friki del cine Lester (Kevin Christy) y una secretaria que pasó poco tiempo con Bill, Barbara (un gran papel de Betsy Brant, quien se dio a conocer en Breaking Bad). Ambos van creciendo poco a poco y hábilmente los embarcan en la nueva historia sobre el sexo, los problemas de impotencia. La pareja que forman es encantadora y como receso sencillo son personajes muy acertados: tienen entidad propia y su destino interesa, no como el matrimonio absurdo de Betty y Gene.

En cuanto a la pareja protagonista, también acusa una pérdida de tirón. El capítulo inicial es caótico, no parece que los realizadores tuvieran muy claro cómo lanzar un romance de largo recorrido, amén de que hacen malabares para encajar la falta de personajes/actores. Más adelante justifican la aventura improvisando que Bill y Virginia fingen seguir con el estudio como excusa para follar sin parar, pero de creíble no tiene nada. Enseguida aparece otra sensación: que el estudio ni los personajes avanzan. El horrendo Fight deja el interés por los suelos. Los líos de Bill por encontrar hospital repiten el mismo patrón todo el rato: que el estudio es una bomba que nadie quiere es obvio, podían haber ido más rápido mostrando esos problemas.

Pero parece que los guionistas se dan cuenta de la falta de rumbo y empaque de la trama y cuelan un salto temporal de varios años que pretende avanzar de golpe lo que no han conseguido desarrollar poco a poco. Bill monta una clínica para seguir con su trabajo, se enfrenta a los líos burocráticos que conlleva, el romance ha parado, tiene otro hijo (para contentar a Libby, básicamente), Virginia sigue siendo una incansable trabajadora… Pero cuando logras recolocarte tras el repentino y confuso cambio de tiempo y escenario, no tardas en comprobar que realmente no hemos avanzado nada, es todo humo, los personajes siguen igual y el estudio no muestra nada nuevo, es decir, no hay ninguna historia sobre revolución sexual llamativa. También parece que se dan cuenta de ello, y en otro cambio repentino de rumbo pasamos a una nueva fase de investigación: los problemas sexuales, con la impotencia a la cabeza. ¿Y cómo se les ocurre dar protagonismo a esta línea narrativa? Pues haciendo que Bill de repente sea impotente. Así sin más. Para colmo en este tramo aparece su hermano, porque ahora resulta que tiene un hermano. Un giro de culebrón que desvía toda trama para abordar líos pasados de alcoholismo y problemas familiares que no aportan nada excepto dramón innecesario. Y todo para acabar de golpe, siguiendo como si no hubiera existido esta trama familiar sensacionalista. Otro giro fallido es el que se obligan a meter en el final de temporada para poner un golpe de efecto sobre los protagonistas: no hay quien se crea el movimiento de Virginia con sus hijos, lo que retuercen los guionistas la situación para que haya un poco de intriga y drama que no viene a cuento.

Así que me temo que en el conjunto de la temporada hay poco material que sacar de Bill y Virginia, dos caracteres otrora fascinantes que ahora dan vueltas sobre sí mismos sin un rumbo concreto. Hasta el tramo final no hay algo de movimiento tangible. Aunque lo de la impotencia fuera un truco rebuscado, casi se agradece que le den algo a Bill con lo que podamos recuperar ese personaje afligido y huraño al que cuesta acercarse, con el que sufrimos y esperamos que sea capaz de sobreponerse. Además la trama se apoya muy bien en Lester y Barbara, con lo que por fin volvemos al drama serio y realista que conocíamos. Y como extensión de todo ello Virginia vuelve a coger energía también, vuelve a ser la mujer decidida y valiente que empuja a los demás a salir adelante. El conflicto con la competencia y la idea de rodar un documental para publicitarse da vida a la hisotria general, el estudio sobre el sexo, su alcance, los tabúes con los que hay que luchar… También encontramos algún apunte interesante sobre cómo enfrentamos demonios internos, cómo tragamos con los sufrimientos secretos, lo que nos cuesta a veces pedir ayuda (la parte de Virginia en el psiquiatra está muy bien), los matrimonios fingidos y los fracasados, los romances, las dificultades añadidas de la mojigatería de la época… Pero todo está en una línea bastante disminuida respecto a las grandes cualidades que vimos en la primera temporada, donde todo se trataba y desarrolla con gran dedicación e inteligencia, con una evolución gradual de los protagonistas que resultaba absorbente, llena de sutilezas, gestos, detalles… Los actores Michael Sheen y Lizzy Caplan están estupendos de nuevo, pero con menos carga emocional en sus personajes no logran deslumbrar como antes.

En el acabado visual no puedo ponerle pegas, siguen manteniendo un aspecto formal muy cuidado, casi hipnótico. Pero con la escasa fuerza de los guiones el tempo narrativo hace aguas. Así que la temporada se va como empezó, siendo un quiero y no puedo con más inclinación hacia el no puedo.

Ver también:
Temporada 1.

THE LAST MAN ON EARTH – TEMPORADA 1.

The Last Man on Earth
Fox | 2015
Productores ejecutivos: Will Forte, Phil Lord, Christopher Miller.
Intérpretes: Will Forte, Kristen Schaal, January Jones, Mel Rodriguez.
Valoración:

El último hombre en la Tierra me cogió dos veces desprevenido. Primero me tropecé con los avances por casualidad, sin haber escuchado nada de ella. Enseñaban la odisea de un único hombre sobre la faz de la Tierra tras quedar asolada por alguna enfermedad, y me imaginé una comedia de supervivencia con las locuras del pobre desgraciado, con el llamativo riesgo artístico de tener un solo protagonista y el atractivo del género ciencia-ficción apocalíptica. Segundo porque el visionado de los dos primeros capítulos rompe esa fachada por completo. Empieza a salir gente de debajo de las piedras, y el tono de la comedia es el de siempre en la televisión en abierto, una chorrada de gente inmadura haciendo tonterías. Vamos, que está en la onda de Dos hombres y medio.

Pero por inercia seguí viéndola. Hay un par de capítulos tan estúpidos que echan para atrás, pero el resto entra muy bien en el rango de entretenimiento ligero sin pretensiones: es tan corta (trece episodios de veinte minutos) y certera en su tono que se deja ver sin problemas, entretiene y provoca bastantes buenas risas. Obviamente no impresiona, no deja huella, no hace alarde de inteligencia ni se esfuerza por ofrecer buena televisión. Es un producto simplón pero inofensivo hecho para pasar el rato.

El personajillo principal engancha porque resulta… inquietante, pues fascinante no creo que sea una buena descripción. Es la definición más pura del hombre inmaduro y egoísta, un adolescente malcriado en el cuerpo de un adulto sin capacidades reales más allá de mentir en lo que sea necesario para conseguir su objetivo: follarse a las pocas supervivientes que haya. Su odisea ofrece una eficaz mezcla de patetismo y gracia: nunca aprende, no controla sus instintos, siempre cae en sus propias trampas y todo le sale mal por su culpa, aunque no quiera admitirlo. El creador, guionista e intérprete Will Forte (quien creció como cómico en Saturday Night Live) capta a este asqueroso estereotipo muy bien desde el guión a la interpretación, logrando unos pocos momentos muy inspirados. El deseado encuentro con una superviviente, la parodia del matrimonio (él inmaduro e irresponsable, ella obsesiva y controladora), la odisea con la vaca, la cagada con la valla publicitaria, o el caos en que se convierte su lamentable vida cuando aparece un tipo más guapo y mañoso que él (¡y que se llama igual!), son chistes que explotan a lo grande esa actitud infantil y engreída.

Pero me temo que la dinámica del protagonista es así de básica y repetitiva, y los capítulos sólo exprimen esa mentalidad. Es decir, la serie nunca va a más, no hay intención alguna de buscar una renovación de historias o un desarrollo más valiente, y dudo que la haya en próximas temporadas. Aunque sean sólo trece capítulos hay algunos en los que da sensación de desgaste y vueltas en círculos, y en la temporada completa decepciona que ni siquiera traten de desarrollar alguna trama que no tenga que ver con los intentos de tener sexo. La aventura de supervivencia se limita a unas pocas gamberradas y algo de soledad en el primer episodio, y en el resto se olvida. Por suerte la pareja protagonista resulta muy atractiva gracias a esa representación del hombre, la mujer y el sexo que recuerce los estereotipos exprimiendo hábilmente el factor vergüenza ajena. Además en el tramo final los secundarios van ganando protagonismo, dando la sensación de que sí puede terminar creciendo, aunque sea tímidamente y dentro de los márgenes conocidos.

IAN MCSHANE Y MAX VON SYDOW EN JUEGO DE TRONOS. TENDREMOS AL MENOS OCHO TEMPORADAS.

Estoy intentando apartarme de las noticias sobre Juego de tronos, por eso de que la serie adelanta a los libros en la temporada que están rodando y cualquier cosa puede ser un spoiler enorme. He borrado las suscripciones a blogs de noticias, no entro en los foros de la serie y esquivo informaciones sobre la misma allá donde las encuentro. Pero me temo que va a ser difícil, muy difícil. Los seguidores de la serie comparten todo sin cuidado, y los medios buscan el clic rápido con titulares llamativos. No me sorprendería ver noticias en plan “Tyrion muere en el capítulo de anoche” en plena portada de cualquier diario de tirada nacional…

La prueba es que navegue por donde navegue me he topado con las cuatro últimas noticias relevantes: un actor cuyo personaje se supone muerto está siendo seguido a todas partes para ver si se acerca al rodaje o incluso si se corta el pelo, los directivos de la HBO esperan al menos ocho temporadas, y dos enormes y míticos actores aparecerán en la sexta temporada.

La primera la voy a obviar porque son rumores cutres, aunque claro, pone de manifiesto lo agitado que está el mundo con el seguimiento desmedido que recibe la serie. Es que ni Perdidos, oye.

La segunda es llamativa. Primero, porque a pesar de los temores iniciales de que la serie pudiera durar menos de lo que se esperaba, debido a lo que cuesta rodarla en dinero y esfuerzo, la HBO ha visto el filón y no va a cerrar el grifo mientras sus autores crean conveniente seguir haciendo temporadas. Segundo, queda claro ya definitivamente que no tienen una planificación cerrada para la serie. Se intuye desde la segunda y tercera temporadas, donde parecía que iban haciendo un año por vez sin planificar las tramas a largo plazo. Y si en este último han estado tan dispersos, ¿de verdad van a ser capaces de hace tres o cuatro temporadas más escribiendo sobre la marcha sin estrellarse, y más teniendo en cuenta que no tendrán la brújula de los libros? Pues miedo me da.

La tercera es llamativa, pero también tiene su lado malo. Ver una figura tan mítica como Max Von Sydow es un placer, pero va a ser en un personaje que ya tenía actor, Cuervo de Tres Ojos, y cuya presentación (episodio 410) rozó el esperpento de la serie b más cutre. Otra improvisación. Por otro lado, parece que han fichado también a Ian McShane, que no será tan famoso pero los seriéfilos lo reconocemos bien por su papelón en Deadwood como Al Swearengen, uno de los mejores personajes que ha parido la televisión. Por ahora no se conoce su rol, y prefiero no hacerlo. Algunos apuntan a Euron, pero lo veo viejísimo, y otros señalan a Randyl Tarly, pero no creo que este entre en la categoría de personaje importante durante toda la temporada.

Fuentes: Winter Is Coming (1 y 2) y Enternainment Weekly.

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 3.

Orange is the New Black
Netflix | 2015
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Laura Prepon, Michael Harney, Yael Stone, Natasha Lyonne, Kate Mulgrew, Danielle Brooks, Annie Golden, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Lea DeLaria, Laverne Cox, Uzo Aduba, Selenis Leyva, Matt McGorry, Dascha Polanco, Matt Peters, Samira Wiley, Jackie Cruz, Maria Dizzia. Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Emma Myles, Beth Fowler, Abigail Savage¸ Ruby Rose.
Valoración:

La vida en la cárcel de mínima seguridad para mujeres continúa. Piper Chapman se ha hecho a su nueva situación bastante bien, sobre todo ahora que ha vuelto Alex Vause y han formalizado su relación. Es tal el grado de confianza que ha ganado que toma las limitaciones de su cautiverio y les da la vuelta en cierta manera: cuando entra a trabajar en el grupo de costura usa el material sobrante para hacer bragas y vendérselas a los fetichistas como “bragas usadas por presas”, un negocio que promete ser próspero. Pero llega a caerse por el otro extremo: el poder lleva a la ambición y tomará algunas decisiones arriesgadas muy criticables. El jaleo que tiene con las latinas da mucho juego porque es emocionante ver su maduración y lo que dan de sí las disputas, pero el destino que fuerza para su nueva amiga, Stella, es inquietante, mostrando una cara de Piper que duele ver. Mientras, Alex choca con esta postura y a la vez lidia con sus miedos: está convencida de que el narcotraficante para el que trabajaba enviará a alguien a la cárcel para ajustar cuentas.

Pero como indiqué en la segunda etapa, Piper dejó de ser la protagonista principal para convertirse en una más entre unos treinta personajes habituales, un número que sólo alcanza Juego de tronos y supera The Wire. Y el mosaico sigue siendo fascinante y encantador, ninguna figura se presenta fallida o acusa desinterés, y además con los flashbacks que desgranan su pasado van ganando más todavía. El año anterior el grupo de negras se llevaba bastante protagonismo, pero esta vez les toca a las latinas. El dominio de la cocina (donde por cierto la rusa Red consigue volver en momentos difíciles), el embarazo de Dayanara, los líos de esta con su novio y los roces con su madre, los problemas de ambas en casa… Pero esto no implica que las demás se descuiden. Conocemos incluso los orígenes de la extraña Chang, dándole una vuelta de tuerca genial a quien parecía una simple figurante de receso humorístico.

También van adquiriendo presencia otros guardias y los problemas de estos, aunque es cierto que son canalizados sobre todo a través de Caputo. La administración de la prisión parece que le viene grande, porque son tantos los conflictos y dificultades que se van acumulando que no ve salida. Su evolución guarda algunas sorpresas muy llamativas, sobre todo ante la absorción de la cárcel por una empresa privada (con política de ahorros escalofriante) y el amago de formar un sindicato que hacen los guardias. Quien no parece crecer es Healy, anclado en los mismos patrones de conducta que lo llevan a actuar, aunque sea por culpa de un sentido de la preservación muy inmaduro, de forma bastante injusta hacia los demás, sean presos o guardias (la nueva consejera se le atraganta bien pronto).

Son tantas historias que no voy a citarlas todas. Norma, Poussey, Tasha, Soso, Lorna (delirante su juego buscando novio), Sophia (la disputa con Gloria), la cada vez más molona Big Boo, Suzanne (demencial la parodia de Cincuenta sombras de Grey)… Y como es esperable y obvio a estas alturas, todas las aventuras, sean las más largas o las más anecdóticas, muestran una serie de virtudes encomiables: la agilidad con que las narran sin por ello perder trascendencia, pues todas tratan sobre el ser humano, sobre las limitaciones, problemas y luchas personales de cada individuo, lo que surge desde el realismo, naturalidad y cercanía que logran sacar de todos los protagonistas. Casi no te das cuenta de que la serie ha perdido algo de fuerza, podrías estar viendo capítulos y capítulos sobre la rutina de las vidas de estas mujeres y guardias eternamente.

Pero sí, si buscas algo más, pronto se ve que a la temporada le falta algo para llegar al nivel de las dos primeras. Y no hay que indagar mucho, es más, todas las críticas repiten la misma pequeña queja: hay mucha más comedia ligera y menos drama profundo. Eso no quiere decir que desaparezca la crítica al sistema, que sigue siendo completísima, ni que algunos problemas no sean trágicos (las violaciones que sufre Pennsatucky es lo más duro), pero es una lástima que no ofrezcan la visión más sórdida de la cárcel, porque si por algo causó impacto la llegada de la serie era por esa combinación magistral de ambos estilos, comedia y drama, que te hacía vibrar y sufrir con las tragedias pero también te mostraba perspectivas más luminosas y alegres, resultando una montaña rusa de sensaciones que te enganchaba y agitaba con fuerza. Además, huelga decir que con un viaje emocional más contenido, Taylor Schilling no tiene tanto margen para lucirse, desaprovechándose su grandísimo talento como actriz.

También puedo señalar que hay unas pocas historias que podrían haberse resumido. El tema del culto alrededor de Norma da varias vueltas sobre sí mismo avanzando con cierta de lentitud, las negras copan demasiadas tramas tontorronas (aunque sean atractivas, eso sí), no me gustó nada el final abierto con Alex después de jugar tanto con la intriga de si la atacarán, y me fastidió bastante la extraña salida de Nicky, porque no parece ser necesaria y es de mis favoritas; me quitan a Lorna Morello y ya dimito.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

DAREDEVIL – TEMPORADA 1.


Daredevil
Netflix | 2015
Productores ejecutivos: Drew Goddard, Steven S. DeKnight, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Vincent D’Onofrio, Toby Leonard Moore, Vondie Curtis-Hall, Bob Gunton, Ayelet Zurer, Rosario Dawson.
Valoración:

Matt Murdock es un abogado que al quedar ciego en la juventud adquirió superpoderes con los que puede sentir y “ver” lo que hay a su alrededor como ningún otro, pero también creció en él una visión personal de la vida muy concreta: hacer de su barrio algo mejor. Hell’s Kitchen (la cocina del infierno) es una zona de Nueva York que no levanta cabeza, llena de crimen y miseria, y Matt pretende cambiar las cosas. Como hombre de ley luchará desde dentro del sistema, pero como héroe enmascarado perseguirá a los criminales a golpes bajo el amparo de la oscuridad.

Sus compañeros en el despacho que acaba de formar son el abogado Foggy Nelson, su mejor amigo desde la universidad, y Karen Page, que toma el puesto de secretaria cuando estos la ayudan en su caso contra una oscura corporación. Esta investigación los llevará hacia la estela de Wilson Fisk, un empresario ambicioso que parece ser también el capo más poderoso de la zona. La mano derecha de este último es Wesley, fiel hasta la médula y lleno de recursos, mientras que los héroes se apoyarán en el periodista Urich, especialista en historias de mafias. Hay algunos secundarios más, pero sólo son realmente relevantes Vanessa, el amor de Fisk, y Claire, la enfermera que ayuda a Matt.

El creador de la serie es Drew Goddard, quien creció como guionista con Joss Whedon en Buffy, la cazavampiros y Angel y terminó de formarse colaborando en Alias y Perdidos. Pero no tardó tiempo en hacerse un nombre en el cine también, con Cloverfield y La cabaña en el bosque (siendo además director en esta última). Desde entonces no deja de enlazar producciones de alto nivel, como las adaptaciones de las novelas Guerra Mundial Z, The Martian (dirigida por Ridley Scott nada menos) y la futura Robopocalypse. Vamos, que se ha convertido en uno de los guionistas más respetados y solicitados… hasta el punto de que la factoría Marvel lo sacó de la serie para escribir Sinister Six (Los Seis Siniestros), y no me sorprendería si la dirigiera también.

Con Goddard dejando la producción en plena gestación, Steven S. DeKnight tomó las riendas como showrunner, acompañado eso sí por numerosos productores ejecutivos. DeKnight es otro que salió de Buffy y Angel, y luego pasó por Smallville y Spartacus, tanto escribiendo como produciendo. La idea del plan Marvel es inclinarse por un tono adulto y oscuro, así que se inspiran más en los thrillers de los años setenta y ochenta (Serpico, French Connection o Taxi Driver son las más evidentes) que en la onda de héroes, magia y los tópicos habituales. La corrupción del sistema, la ciudad inmersa en un caos criminal y las solitarias figuras que emergen en las sombras para luchar contra ello copan las tramas, dejando la fantasía más pura de los superhéroes más poderosos para las películas de Los Vengadores.

Desde sus primeras escenas se puede ver el mimo puesto en la producción, la intención de buscar algo más serio y de primera calidad. La fotografía e iluminación de tonos oscuros que juega son las sombras y los contrastes es una elección arriesgada, pero con el virtuosismo del que hacen gala los realizadores tenemos una impronta muy característica y realmente impactante donde controlan muy bien que la atmósfera sea tenebrosa y deprimente pero se vea con claridad la acción y el rostro de los protagonistas. El tempo narrativo es contenido, se busca no sólo exponer a través de los personajes, sino hacer que la escena luzca bien, de forma que cautive. Así, manejan con mucho mimo las conversaciones de personajes sentados, algo esencial porque son mayoría, pero explotan por completo en las de acción, que tienen además un extra de dificultad, porque aquí se lanzan sin miedo a buscar ese sello de calidad que les haga resonar en la exigente televisión actual. Las coreografías elaboradas y rodadas con maestría son la tónica habitual, pero de vez en cuando se permiten unos vaciles impresionantes. La lucha en el pasillo del segundo capítulo sin duda queda para los anales de la historia televisiva, un plano secuencia de insólita complejidad, aunque quizá no tanta originalidad, porque se inspira claramente en la pelea principal de Old Boy (Oldeuboi, Chan-wook Park, 2003), una película coreana de culto. Pero no es la única remarcable, hay otras tantas escenas espectaculares que te dejarán a cuadros. Aquí hay que señalar el magnífico uso de dobles, donde sólo si afinas mucho puedes llegar a notarlos en un par de planos (y porque Scott Glenn -Stick- es un viejales y los movimientos tan ágiles no cuadran). Redondean el acabado una sutil música que es quizá muy sencilla pero funciona bastante bien, y unos títulos de crédito hipnotizantes.

Otro aspecto vital son los actores, y estos también están perfectos. Charlie Cox (Matt Murdock), Deborah Ann Woll (Karen Page) y Elden Henson (Foggy Nelson) se hacen enseguida a sus roles y muestran una estupenda química entre ellos, transmitiendo verosimilitud desde las primeras escenas. Siendo un relato que se sumerge bastante en la mente de los protagonistas era crucial tener intérpretes que se luzcan en el campo de las emociones, y no falla ninguno. Ann Woll la conocía por True Blood y no tenía ninguna duda sobre sus habilidades, Cox mostraba carisma en Boardwalk Empire, pero hasta verlo aquí no sabía si podría aguantar un personaje principal tan exigente, y Henson me era totalmente desconocido. Ahora bien, incluso en este buen nivel el veterano Vincent D’Onofrio (Ley y Orden) te deja sin aliento con su imponente, hosco y temible Wilson Fisk. La frase “No soy un monstruo… ¿verdad?” es de las que hacen época. Este se ve rodeado por dos secundarios que también clavan sus personajes, Ayelet Zurer como Vanessa y Toby Leonard Moore como Wesley. Él consigue una interpretación llamativa en un personaje serio en extremo, y ella no se queda atrás: resulta sutil y erótica a pesar de la sobriedad que emana. Y para rematar hay que señalar que el casting no descuida ni a los matones de Fisk, donde no cogen a simples extras, sino a actores muy competentes y carismáticos.

Una vez cautivado y enganchado irremediablemente por su arrebatadora impronta visual quedaba por ver qué tal navega la serie: el desarrollo de personajes y tramas, la coherencia narrativa, la fuerza de los diálogos… Es decir, qué tal resulta el elemento primordial, el guión.

Los escritores son conscientes tanto de las limitaciones del género como de esta historia en concreto e intentan que las bases del relato sean muy sólidas. Se trabajan con esmero a los personajes, haciéndonos partícipes muy de cerca de sus problemas, anhelos, dificultades, vaivenes emocionales… Vivimos codo con codo con Matt y su deseo de hacer un mundo mejor, acompañándolo en el dilema de cuáles son los límites de la violencia y conociendo al detalle otros muchos recovecos de su personalidad. Con Karen y Foggy casi lo mismo, pero al ser más realistas resultan incluso más humanos: casi te convences de que son tus propios amigos. Cabe destacar la simpatía contagiosa de Foggy y la candidez de Karen, ambas conseguidas por el gran papel de los intérpretes, que hacen gala de una gran química. Fisk se presenta fascinante, nunca se había realizado una aproximación a la piscología de un villano tan detallada y profunda. Como con los demás protagonistas, vemos de primera mano sus ambiciones y deseos, pero aquí cobran importancia sus puntos frágiles y sus desviaciones, llegando a vislumbrar y entender qué lo lleva a actuar de una forma u otra. Además la gama de sensaciones que transmite al espectador, oscilando entre la pena, el asco y el miedo, garantizan que no dejará frío a nadie… aunque puede llegar al extremo de provocar rechazo, de lo perturbador que resulta. Y para redondearlo tenemos la relación amorosa con Vanessa, que es excitante en todo momento: los tanteos, los miedos, las sutilezas, el acercamiento gradual… Acaba siendo mucho más interesante que la dinámica entre Foggy y Karen, que casi parece de relleno al lado de esta. Hay que señalar también los detalles más o menos velados sobre el pasado y posible futuro de personajes varios (¿tiene Karen secretos oscuros?, ¿qué pretende Stick y para quién trabaja?), que resultan intrigantes para el no lector de los cómics y buenos guiños para los fans.

Pero una vez salimos de la descripción y desarrollo de los personaje este guión no llega a ser redondo, porque el entorno donde los sumergen y el progreso de la trama fallan en algunos aspectos clave: le falta ritmo y vitalidad, y no queda del todo justificado por qué Fisk es el gran villano que dicen que es.

En el primer punto resulta obvio que hay largos tramos a los que no consiguen otorgarles suficiente ritmo, dejando la impresión de que a pesar de todo el potencial (espléndido aspecto visual, grandes personajes) la serie no avanza con la fluidez y fuerza suficientes como para aprovechar plenamente esas bases. Hay pasajes algo faltos de garra y que dan vueltas en círculos (cuántas veces Foggy y Karen se mantienen en pantalla con la excusa de salir a emborracharse, pero realmente no están haciendo nada; cuánto habla ella con Urich pero qué poco avanzan) y otras partes son bastante predecibles, porque al final, a pesar de tanto esfuerzo, no han sido capaces de esquivar el lastre de algunos estereotipos obligados por el género: la infancia de Matt no deslumbra y va perdiendo fuelle, y cuando llega la parte de Stick se vuelve bastante previsible y cargante; pero es que la de Fisk sólo sirve para presentar el detalle del cuadro, que sí, es genial, pero el resto del viaje a su pasado son clichés obvios que bastaba con señalarlos sutilmente; y ahí incluyo el destino del padre, que puede ser trascendental en su crecimiento pero se ve venir tan de lejos deja la sensación de que era innecesario remarcarlo tanto.

La falta de vitalidad del entorno remarca estas carencias de ritmo, porque no parece pasar nada realmente importante a pesar del empeño en transmitir eso con el tono serio y ligeramente pretencioso del relato. ¿Es que nadie más vive en Hell’s Kitchen excepto los pocos protagonistas y unos cuantos criminales? No hay un entramado de personajes que nos recuerde que estamos en una gran urbe llena de gentes e historias, y casi la totalidad de escenas son en el despacho o en callejones y solares vacíos, dando la impresión de que no luchan realmente por nadie salvo por ellos mismos. Los realizadores se esfuerzan en darle personalidad a los secuaces y matones de Fisk, pero en cambio los héroes no parecen tener vida más allá del enfrentamiento con aquel: ni familia, ni amigos… ni otros casos. Por una vez me tengo que quejar de que a una serie le falte algo de procedimental. Estoy convencido de que le habría venido de perlas meter algunos casos secundarios para tapar estos agujeros. Servirían para mostrar la dinámica de trabajo (evitando tener que repetir las citas tontas -tontísimas- de Karen y Foggy), para justificar su sueldo (pero cómo se sustenta esta gente), y sobre todo para mostrar mejor el alcance de la organización de Fisk. La cansina anciana Elena, de la que te alegras de que muera de lo petarda que resulta, ejemplifica muy bien esta indefinición: es la única ciudadana que sufre las supuestas maldades infinitas de Fisk, el único caso que tienen contra él, y casi la única vez que los vemos batallar por alguien (Matt salva a unas pocas personas -las putas, el niño- en los dos primeros episodios, pero es una excusa para presentar sus habilidades).

De esta forma me temo que Fisk, pese a resultar por sí mismo un personaje memorable, no funciona realmente como villano. Primero, queda un tanto ambiguo su objetivo: ¿es un mafioso que quiere controlar el mundo del crimen o un tirano con una visión de romper el sistema para moldearlo a su gusto? Dice que quiere cambiar las cosas pero no es más que un capo con dinero comprando y vendiendo inmuebles. En su discurso de presentación al público habla de combatir crimen y pobreza como si se presentase a un puesto importante (concejal, fiscal o alcalde), algo que no hace, con lo que simplemente parece estar reforzando su fachada para seguir como hasta ahora. En otras palabras, su plan no se llega a concretar, ni siquiera se señala con claridad si se basa en el caos o en la dominación. Pero sobre todo, no se justifica claramente por qué los héroes lo consideran tan rápido como el archienemigo de la ciudad, si sólo tienen contra él algún roce con matones (Karen y la anciana) que creen asociados a él, pero sin pruebas tangibles. ¿Dónde está el plan megalómano, la siembra de crímenes numerosos y horrendos por todo el barrio o la ciudad? Como mucho, Matt descubre, persiguiendo delincuentes por la calle, que estaría implicado en el narcotráfico. Pero eso tampoco parece suficientemente probado como para llegar a la conclusión irrevocable de que Fisk es el mal último que asola el lugar. Y para colmo, cuando se convierte en una figura pública se cagan patas abajo, cuando en realidad no ha cambiado nada; es más, si acaso se volvería más vulnerable, porque cualquier cosa podría dañar su imagen.

Así pues, hay un desequilibrio importantísimo entre Fisk como persona y Fisk como villano (Kingpin), y la verdad es que me resulta sorprendente dada la evidente dedicación que han puesto en dibujar protagonistas complejos y humanos. Parece que poniendo tanto el foco en cosas concretas han perdido un poco la perspectiva global. No hay una gran trama con pegada que exprima y dirija mejor la dualidad héroe-villano, de hecho da la sensación de que lo poco que ofrecen además se explota tarde y mal, pues el giro que lleva a Fisk a la cárcel es endeble y repentino después de ir de forma tan vaga y lenta con la investigación.

Además hay otros detalles que pueden parecer poca cosa, pero son de esas casualidades y pequeños agujeros que se van sumando y terminan molestando. Qué conveniente que la mujer de Urich tenga la cabeza perfecta en el capítulo final para conseguir una escena de perdón lacrimógena. Por qué dicen que la vieja Elena no tiene a nadie y se encargarán ellos del entierro cuando capítulos antes nos han dicho que se llevaba tan bien con los vecinos que hasta se ayudaban con la comida. Qué oficina más lastimera tiene el periódico a pesar de que se supone que es uno importante en la ciudad (por cierto, no pudo ser The Daily Bugle por cuestión de derechos). Resulta bastante exagerado que Matt pueda escuchar todas las conversaciones de la policía desde una azotea, teniendo en cuenta lo grande que es la ciudad y la de ruidos que habrá interfiriendo; por ejemplo, que halle así a su objetivo en el episodio final resulta bastante forzado, no costaba nada que nos lo mostraran capturando a uno de sus hombres y robándole la radio, como ha hecho otras veces al buscar información. Y cabe preguntarse si se quedaron sin tiempo de rodaje o sin ideas en el desenlace, porque la pelea de Daredevil con Fisk está muy por debajo de las otras que hemos visto en la serie, con lo que después de la espera decepciona un poco.

En conclusión, Daredevil ha deslumbrado más por haber marcado un nuevo rumbo para las series de superhéroes que como serie en sí misma, pues a pesar de algunos puntos fuertes que rozan el sobresaliente también poee unas carencias dignas de mención. Pero no hay que poner el grito en el cielo porque “sólo” llegue al notable cuando tiene potencial para más, porque esto es sólo la presentación, y no de esta obra únicamente, sino de todo un universo que ha renovado el género pero sin duda también va a mostrar una nueva forma de hacer series.

PD: Con la de idiomas que se hablan en escenas enteras (español, ruso, japonés y obviamente inglés) se hace más evidente que nunca el sinsentido del doblaje. Supongo que en el paso al castellano convertirán a Elena en brasileña, como han hecho en otras muchas obras cuando hay personajes hablando nuestro idioma.
PD2: Eso de que decenas de chinos se queden ciegos voluntariamente para tener un trabajo de mierda es demasiado exagerado.