Apple TV | 2025Drama, suspense, ciencia-ficción 9 ep. de 43-63 min. Productores ejecutivos: Vince Gilligan. Intérpretes: Rhea Seehorn, Karolina Wydra, Carlos-Manuel Vesga, Menik Gooneratne, Samba Schutte, Miriam Shor. Valoración: ![]() |
EL TIRÓN DEL AUTOR EN UNA OBRA DE AUTOR
Me puse con Pluribus sin haber leído ninguna noticia ni visto los avances. Estaba totalmente desconectado de Vince Gilligan después de la decepción que fueron las últimas temporadas de Better Call Saul y de la desafección que me genera Breaking Bad, serie muy excitante y rompedora pero objetivamente muy, muy lejos del endiosamiento irracional en el que la mantienen sus acólitos. Cosas como ir buscando en IMDb series y episodios que son muy valorados y cascarle ceros y poner críticas diciendo que no pueden tener esa nota porque Breaking Bad es la mejor de la historia dice bien poco de sus fanáticos.
Me sorprendió el género y el tono por los que ha optado, tan alejados de la sombra de sus éxitos Breaking Bad y Better Call Saul y su aportación en Expediente X. Así que contaré lo menos posible, porque lo mejor ir en blanco y dejarse asombrar.

La fama la ha dado mucha libertad creativa, y ha elegido una idea en principio nada novedosa pero con un tratamiento bastante peculiar y muy sugerente. Todavía le falta pulirla para sacar todo su potencial, así que espero que madure adecuadamente.
Pero este tono pareciera chocar tanto con el público de aquellas series que me ha sorprendido también que no se haya dado el acoso habitual que ocurre en estos años de retroceso intelectual y moral, de radicalización de la sociedad. Es decir, «la amenaza» de una serie con una visión feminista, homosexual, multirracial y que analiza problemas sociales y culturales en cantidad ofrecía el caldo de cultivo perfecto para que hordas de hombres resentidos de derechas la atacaran ya desde antes del estreno, pero se ha salvado, quizá por la veneración al autor, quizá porque no ha habido ningún llamamiento al linchamiento en la cúspide de influencia de la machosfera. Recordemos lo que esta gentuza odió a los personajes e incluso a las actrices de Skyler de Breaking Bad, por ser una madre racional y moralista, y a Ellie de The Last of Us, joven lesbiana empoderada y con una interpretación impecable de la intérprete, porque no obedecía a su estereotipo sexual.

El estreno venía con mucha expectación y se convirtió en la temporada más vista de Apple TV en su corta historia, aunque también hay que decir que su número de suscriptores rondaría, según estimaciones, los 50 millones globales contra los más de 200 y 300 de Amazon Prime Video y Netflix, y no se puede saber si en esos canales más generalistas habría tenido más éxito. En torrent entró por poco entre las diez más descargadas de 2025.
Pero para mí todo en ella dice que es de nicho, que da para obra de culto, no para gran éxito comercial. De hecho, a un año de su estreno casi nadie habla de ella, y en barómetros de popularidad como el de la IMDb aguanta entre las 100 más visitadas y comentadas por los pelos, muy por detrás de series bastante antiguas ya, como The Wire o House, y de otras de la cadena como Silo y Severance.

Así que cabe preguntarse si el tirón de su autor valdrá para mantener viva una serie de autor. En esto tendrán mucho peso las esperanzas de los productores y la cadena: si solo buscan un triunfazo de audiencias y críticas y amortizar un presupuesto que parece demasiado abultado, o si esperan ganarse la fidelidad de determinados sectores del público, en este caso no el que se suma a modas volátiles y arma jaleo en internet, sino uno más adulto y paciente, abierto a nuevas propuestas y que garantiza fidelidad.
Vince Gilligan afirmaba que encaró esta serie harto de escribir sobre tipos duros, ¿pero habrá pensado que los espectadores tipos duros (o que se creen que lo son) fueron los que le dieron tan buenas audiencias? ¿Será capaz Pluribus de sobreponerse al halo de idolatría que arrastran dos series tan sobrevaloradas como Breaking Bad y Better Call Saul y podrá encontrar suficientes espectadores que sepan apreciarla como para evitar una cancelación prematura?

INTIMISTA Y MISTERIOSA
Pluribus versa sobre una persona normal, la escritora Carol Sturka (Rhea Seehorn), que ve saltar por los aires su vida mientras el mundo se va al carajo, y debe lidiar con la crisis personal mientras el universo le tira encima problemas y dilemas de un calado insólito.
Bueno, escrito así, suena igual que Breaking Bad y Better Call Saul, pero como decía, el tratamiento no podía ser más distinto. Para empezar, Carol no se lo busca como los protagonistas de aquellas, e intenta salir adelante manteniendo sus principios, no se vende a lo fácil y los estimulante.
El habitual cuidado al detalle y la certera exploración del alma humana de los que hace gala Gilligan, más una Rhea Seehorn espectacular en un amplio registro dramático, atrapan al espectador en una odisea apasionante. Seehorn vuelve a dejar claro que es un talento que ha estado demasiados años en la sombra.

A través de los ojos de Carol se nos ofrece un punto de vista intimista, un ritmo pausado, unos pocos escenarios limitados a lo que ella conoce, con escasas salidas al exterior a enfrentar de mala gana el conflicto global en ciernes. El suspense, a pesar del toque de ciencia-ficción, tira más por el choque con lo cotidiano y el miedo al qué más cambiará en la vida de Carol. Y tenemos muchos momentos imprevisibles donde todo cambia inesperadamente, donde todo le estalla en la cara a pesar de sus esfuerzos.
Las escenas más intensas son roces entre protagonistas, distintas maneras de enfrentar las cosas, no situaciones explosivas con un aspecto visual aparatoso. Los tiras y aflojas con Zosia (Karolina Wydra) y Manousos (Carlos-Manuel Vesga), principales representantes del nuevo orden mundial, son tan originales como emocionantes, y las pocas apariciones de los compañeros de la primera no se quedan muy atrás.
Es una obra que juega muy bien con la ambigüedad moral y cultural, las distintas formas de ver y entender el mundo, de manera que comprendes las motivaciones de cada personaje y cada dos por tres te cuestionas tus propias ideas, y sobre todo, la historia te lleva por muchos giros en los que te empuja a cambiar de parecer, a pensar soluciones y analizar las secuelas de cada elección codo con codo con Carol.

FALTA MADURARLA UN POCO MÁS
Pero la irregularidad habitual de las obras de Gilligan se ve pronto, y muchas veces cabe pensar que podía sacar más partido de todos los elementos, en especial los conflictos éticos y los cambios en el panorama global. De hecho, no tardarás en echar de menos más presencia de los otros secundarios que están en la misma situación que Carol.
Más veces de la cuenta deja todo en el aire, postergado soluciones a misterios para más adelante, y no con golpes de efecto que atrapan, a lo Perdidos, sino diluyendo demasiado el suspense. Y en otras ocasiones se va por las ramas sin conseguir buenas historias de relleno.

Estos problemas acaban acumulándose en el acto central y la entrada tan esperada de Manousos, donde no se consigue esconder la falta de material: el ritmo es moroso, hay demasiada vuelta en círculo… En una temporada tan corta es difícil de perdonar, y en los revisionados estos episodios llegan a pesar demasiado.
Además, hace dudar de si Gilligan ha planificado bien la historia a largo plazo o va a seguir con su fórmula de la lluvia de ideas explosivas y ya improvisará por dónde acaba yendo. Anuncia un arco planeado de cuatro temporadas, pero en la televisión las buenas intenciones duran poco, y lo de planeado pueden ser bosquejos de adónde quiere llegar y poco más. Yo a estas alturas no me fío de nadie. Pero espero que sí tenga una buena historia preparada y sepa hacerla crecer.

UN PORTENTO VISUAL, PERO CON COSAS INEXPLICABLES
En el acabado, Gilligan y su equipo de directores y fotografía vuelven a hacer gala de una gran visión artística, con un aspecto visual que deslumbra por sus elaboradas composiciones y a la vez te atrapa de lleno por la atmósfera dramática y de suspense tan bien conseguida.
Pero no le coge el punto a sus típicas escenas de transición ni a los detalles elaborados con mucho enredo visual, que se sienten ajenos al estilo de la serie muchas veces, aunque otras pocas sí suman al detallismo habitual del autor. Las aventuras del sudamericano por desiertos y selvas son muy forzadas, y algunas pequeñas historias de la protagonista, como esas tontas partidas de golf, solo son tiempo perdido. El día a día funciona mejor cuando desarrolla el drama con tranquilidad y centrándose en lo psicológico, no buscando artificios impostados.

Extrañamente, no luce como debiera los 15 millones de presupuesto por capítulo que se supone ha costado. Ni aunque Gilligan y Seehorn hayan negociado sueldazos parece tener sentido.
Es cierto que han rodado en el extranjero, en los países que citan los personajes, en vez de usar localizaciones cercanas al estudio que den el pego, pero no son lugares especialmente caros. Sense8 (Las Wachowski, Straczynski, 2015) llevó esto al extremo y ni por asomo costó tanto. Más difícil y caro parece trasladarse a mitad de desiertos en casi todos los capítulos de Breaking Bad que viajar a unas fincas de Bilbao, Oviedo o La Palma como aquí. También cabe señalar que el barrio de Carol es todo decorado, porque lo de usar una casa real de Albuquerque en Breaking Bad se les volvió en contra con el éxito: atrajo turismo molesto en zona residencial, destacando el lanzamiento de pizzas a un hogar que después de la serie tenía residentes. Pero el decorado son siete casas, y solo una bien detallada por dentro.

En las pocas ocasiones en que requiere efectos especiales, las pantallas de fondo dan el cante de una forma espectacular. Por ejemplo, cuando pasamos por un aeropuerto, o cuando Carol sube a la azotea de un hospital. Incluso en una ocasión esto ocurre en unos planos de lo más cotidianos y sencillos: vaya espanto la conversación en una acera donde un teléfono acaba cayendo a una alcantarilla. Esas escenas me sacaron tanto de la historia que paré para ir a internet a buscar qué se decía sobre tal desastre.
En resumen, no hay nada que parezca justificar que Pluribus haya costado lo que obras de alta fantasía como La casa del dragón (Ryan J. Condal, Sara Hess, 2022) o El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder (Patrick McKay, John D. Payne, 2022).

—Alerta de spoilers: En adelante entro al detalle, pero sin destripar nada importante.–
Gilligan aborda el amplio género de la humanidad al borde del colapso combinando invasiones alienígenas en la sombra y virus aniquiladores. Se ven sus referentes con claridad, pero evidentemente su intención es partir de una idea y seguir por otro camino, y también los homenajea con deferencia.
Las influencias más evidentes son varias novelas clásicas que tuvieron también adaptaciones al cine bastante exitosas, en varios casos más de una: ¿Quién anda ahí? de John W. Campbell en 1938 (El enigma de otro mundo, La cosa), La invasión de los ladrones de cuerpos de Jack Finney en 1955 (La invasión de los ultracuerpos es la más conocida), ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! de Harry Harrison en 1966 (Soylent Green, conocida en España como Cuando el destino nos alcance), Soy leyenda de Richard Matheson en 1954 (El último hombre… vivo, Soy leyenda)…

También intenta a veces darles una vuelta de tuerca con humor, aunque no siempre funciona. Me resultó inquietante y a la vez divertido el momento en que Carol descubre que los invasores usan humanos muertos como alimentos, a lo Soylent Green, y te deja confuso el posterior giro que le estalla en la cara de manera imprevista. El prólogo a lo Expediente X es intrigante, pero luego se olvida tanto del panorama global que frustra un poco por generar expectativas que no piensa cumplir. Y golpes de efecto como la bomba nuclear son bastante tontorrones… aunque Gilligan afirma que en realidad tiene algo planeado para esto.





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