THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 3.

The Wire
HBO | 2004
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, John Doman, Idris Elba, Frankie Faison, Aidan Gillen, Robert Wisdom, Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, Corey Parker Robinson, Glynn Turman, Chad L. Coleman, Jamie Hector, Felicia Pearson, Gbenga Akinnagbe.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la historia del año para poder analizar su mensaje y alcance, y cito la trayectoria general de los personajes intentando no caer en cosas reveladoras ni giros importantes.–

Pensé en legalizar las drogas -Bunny Colvin.

Una nueva etapa se está gestando en la ciudad de Baltimore. Vientos de cambio se aproximan para los grupos que nos conciernen, políticos, policías y nacrotraficantes. David Simon utiliza este nuevo curso para exponer otras perspectivas sobre el fracaso legal, social y político de la lucha contra el narcotráfico, destacando el planteamiento de una cuestión no por antigua menos delicada: la legalización de las drogas.

El otro tema central es la cadena de mando. Ya vimos cómo trabajan los detectives y policías a pie de calle, y los altos mandos sólo aparecían para dar órdenes y fastidiar. Ahora conoceremos a fondo la estructura del cuerpo de policía en sus rangos superiores: mayores, capitanes, coroneles, comisarios y finalmente concejales y alcalde. Este alcalde, Royce (Glynn Turman), está hasta el cuello de homicidios, que van camino de batir récords, y mete presión para bajar esa cifra. Se esperan 275 asesinatos para el fin de año en una ciudad de dos millones de habitantes; como indican los personajes, si ese ritmo se diera en New York serían… ¡4.000 homicidios al año! El subcomisario Rawls y comisario Burrell son el nexo de unión del cuerpo de polícía con el ayuntamiento, y quienes se comen el marrón. Pueden rodar sus cabezas si no arreglan una situación que conocen muy bien como imposible de mejorar con el presupuesto y el personal disponibles. Pero aun así presionan con fuerza a los líderes de los distintos distritos de la ciudad, esperando un milagro imposible porque su visión es tan conservadora como la del resto de políticos y de gran parte de la sociedad. Se aferran a lo conocido, luchan con las mismas herramientas de siempre. Si antes nada de eso funcionaba, no lo va a hacer ahora.

Pero una mente inquieta emerge. Alguien asqueado del conservadurismo, la estrechez de miras y las tácticas obsoletas, alguien que no tiene nada que perder (está al borde de la jubilación) y decide experimentar a lo grande. El Mayor Bunny Colvin (Robert Wisdom), de una comisaría del distrito Oeste, decide seleccionar zonas deshabitadas y forzar que todo el tinglado de la droga se concentre ahí, prometiendo a los narcotraficantes más visibles (los que tienen fichados de las esquinas) que sus policías harán la vista gorda al tráfico en esas secciones pero serán implacables fuera de ellas. No será fácil, pero la respuesta no tarda en llegar: los vecinos de las zonas habitadas viven mejor, los crímenes de la lucha por territorio, es decir, la causa principal de los homicidios, descienden en picado. Y los drogadictos y vendedores hacen su agosto. Hamsterdam lo llaman.

Huelga decir que Colvin será visto como una oveja negra, como un lunático, en vez de aprovechar su visión para estudiar una vía que no pocos defienden con argumentos de peso. Sin ir más lejos, incluso otras personas también abiertas a nuevos conceptos sociales (humanistas, colaboradores en organizaciones sociales y religiosos implicados en las miserias el pueblo llano) le recriminan que lo ha hecho a lo bruto, sin pensar en las consecuencias ni explorar opciones adyacentes que podrían mejorar su plan: los niños que ya no son vigilantes y corredores de la droga quedan desamparados, la higiene no se cuida (agua potable, preservativos, agujas limpias), no hay ayuda para drogadictos en un sitio donde se podría llegar con fuerza a muchos de ellos, etc.

Además su acción supone un giro brutal a la ética vigente que chocará con las mentes simples. Sus agentes, encabezados por nuestros conocidos Carver y Herc, son completamente fieles y tienen mucha fe en él, porque resulta ser uno de los pocos superiores que se gana el respeto de sus hombres no siendo un hijo de puta que mira únicamente por sí mismo. Pero la situación atenta contra todo lo que conocen, supera a su escasa educación y su limitada visión del mundo. Es lastimero por ejemplo el momento en que Carver intenta que los jefes de las esquinas aporten dinero para ofrecer alternativas a los niños que se han quedado sin el trabajo que les daban, y Herc le recrimina que eso es comunismo, como si estuviera haciendo algo inadecuado o inadmisible. El capitalismo lava bien lavado los cerebros del populacho.

A más de diez años de esta temporada está pasando algo impensable: algunos estados están experimentando con la legalización total de la marihuana, viendo llegar pronto los esperables beneficios para la salud pública y el aumento de recaudación por impuestos. No puedo considerar a Simon un revolucionario sin parangón porque esto se lleva pidiendo muchos años, incluso en algunos lugares medio se hacía (Países Bajos), pero sí fue enormemente visionario e inteligente al ofrecer un análisis tan concienzudo del asunto. Episodio a episodio va removiendo conciencias sin forzar mensajes o una ideología concreta, solamente mostrando un complejo “y si…” que estudia todas las caras posibles de la situación. Como en toda la serie, la perspectiva es gris y se inclina hacia el fracaso sencillamente porque es un retrato realista de nuestro fracaso como personas y como sociedad, pero deja un gran poso para que pienses por ti mismo qué falla y qué se puede arreglar en el mundo.

El concejal Carcetti es otro con visión de futuro y aspiraciones. No acepta pasar al olvido en un puesto de segunda y sin poder para cambiar las cosas, y más mientras el alcalde se aferra al cargo sin mirar realmente por la ciudad, presionando al cuerpo de policía sin ofrecer alternativas tangibles. Así que empieza a tantear la posibilidad de presentarse a la carrera por la alcaldía. Lo tendrá difícil por ser blanco en una ciudad de mayoría negra, pero también por estar fuera de los círculos de influencia y poder habituales. Tiene que hacerse notar con su carisma nato, y es inteligente de sobras para escuchar consejo, plantearse las cosas paso a paso, buscar alianzas provechosas, esperar el momento oportuno… ¿Tendrá posibilidades ante la hegemonía de Royce? ¿Podrá su buena fe acabar con la infamia de la corrupción? Carcetti se alza desde sus primeras escenas como otro personaje de enorme magnetismo, siendo por lo general uno de los principales favoritos del público (tras McNulty, Omar y Stringer, el trío de oro, seguramente sea el siguiente). La interpretación entusiasta de Aidan Gillen (ahora conocido por su Meñique en Juego de tronos) es crucial, pero aprovecho para decir que como es habitual todos los actores están espléndidos y es difícil destacar a alguno, si se recuerdan unos más que otros es porque su personaje tiene algo que lo hace más apetitoso.

En las calles que conocíamos las cosas también están llegando a un punto de inflexión. Nos encontramos que, con Avon en la cárcel, Stringer ha tomado las riendas y está dirigiendo el mundo de la droga hacia algo nunca visto, una mafia más inclinada hacia la gestión económica que hacia el crimen. Con las torres que dominaban derruidas por un nuevo proyecto de construcción, hay que buscar nuevos territorios, y hay una opción mejor que liarse a tiros: ofrecer un producto de tal calidad que no sea rival para la competencia. Para ello cuenta con Proposition Joe, el proveedor mejor establecido, con quien sienta las bases de una alianza con los líderes de las distintas zonas de la ciudad. Mientras, también maneja otros planes a largo plazo: lavar el dinero de la droga y moverse hacia negocios más legítimos, o al menos mejor vistos, como las inversiones inmobiliarias y los sobornos políticos para ascender en la ciudad. Ahí se enfrentará a capos que juegan de una forma que no conoce, los políticos corruptos. Parece llegar un futuro muy próspero… pero varios jugadores y nuevos factores prometen desestabilizar este sueño…

Marlo (Jamie Hector) es el ambicioso y beligerante líder de una nueva banda con intenciones de hacerse un nombre en la ciudad, pero su estilo es a la antigua usanza, la violencia en la calle, por lo que no le atraen los beneficios de la cooperativa de Stringer. Huelga decir que él y su séquito (Snoop –Felicia Pearson-, Chris –Gbenga Akinnagbe-) forman otro grupo de personajes maravillosos que atrapan desde sus primeras apariciones. El otro problema es que Avon Barksdale sale de la cárcel y mantiene también su mentalidad callejera: como Marlo, su visión del mundo se limita a la pistola y la esquina, su vida es el éxtasis de la guerra, le domina el hambre de poder ganado por la fuerza. Lo que estaba construyendo Stringer choca con el método de Avon, y el liderazgo parece dividirse.

Sin un capo que deje un reguero de muertos, en el destacamento de Cedric no tienen a quien investigar, y matan el tiempo con intentonas infructuosas y acercamientos a otros individuos con perfil medianamente atractivo. Pero la inminente guerra con Marlo empieza a traer víctimas y su suerte podría cambiar… si no fuera porque se enfrentan a nuevos escollos. Los criminales aprenden con cada varapalo que les trae la policía. Las cabinas telefónicas y los buscas ya están obsoletos, son objetivos fáciles de las escuchas policiales. Ahora utilizan móviles prepago, y cómo no, manteniendo una cadena de mando muy estricta donde no se sueltan nombres. La tecnología del departamento y la ley en general van lentos adaptándose a estos cambios, y la habilidad de Stringer para no ensuciarse las manos es notable, poniendo ante los agentes retos muy complicados.

En esta situación McNulty se desespera, pues Stringer es su objetivo y su obsesión, no desea otra cosa que atraparlo. Tenemos una escena fantástica cuando Lester se harta y le echa en cara que su vida se limita a perseguir a Stringer y que quedará vacía cuando acabe la misión. ¿Conseguirá madurar? Mientras, Kima está convirtiéndose en McNulty: deja de lado la familia, miente, se emborracha más de la cuenta, trabaja para huir de la vida… El resto de personajes están en terreno conocido, pero también tienen mucho que decir. Lester y Prez hacen un fantástico trabajo de oficina, pero en cuanto este último pisa la calle mete la pata a lo grande. Cedric sigue lidiando con los superiores y Rhonda con la ley y los jueces, donde encuentran nuevos problemas (el lío de los prepago) pero también nuevas cosas buenas (su relación amorosa).

Como siempre, tenemos otras historias secundarias tan interesantes y hábilmente relacionadas con el resto que resultan deliciosas aunque de primeras no se sepa muy bien hacia donde van. Por ejemplo el viaje de Cutty es una presentación muy larga de algo que se desarrollará en la cuarta temporada: el acercamiento a los jóvenes y niños. Este es un antiguo y famoso soldado que tras cumplir una larga condena sale para enfrentarse a un mundo que ha seguido adelante sin él. Los trabajos precarios le llevan de nuevo a lo que conoce, el crimen, pero ahí se da cuenta de que matar ya no es lo suyo, y comienza un proyecto para devolver algo a la sociedad. Esta sección está bastante apartada del resto, por no decir que lo está por completo, pero Simon es un maldito genio y ni una de sus apariciones ralentiza el ritmo o baja el interés: la construcción del personaje es como siempre excelente, el actor Chad L. Coleman lo hace suyo inmediatamente, la historia interesa y enseña mucho sobre la vida. Tampoco olvidamos a otros viejos conocidos. Omar sigue su cruzada de asaltos varios mientras espera una oportunidad para vengarse de Avon y Stringer; su encuentro con Bunk o el choque con el asesino de la pajarita son muy emocionantes. Bubbles continúa su odisea del drogata, es decir, conseguir dinero para la dosis del día y sobrevivir un día más; y sus colaboraciones con McNulty y Kima son tan encantadoras como siempre.

En cuanto a los mejores instantes de la temporada, aparte de alguno que he ido citando, como también es habitual tenemos unos cuantos por capítulo. Qué menos se puede esperar de una genialidad de tal calibre. Menciono los que más recuerdo, pero se podrían poner muchos más. Avon cruzando el patio de la cárcel mientras los demás reclusos dejan de hacer deporte y esperan a que pase; el juego de las corbatas cortadas que se traen los detectives en una comisaría y el de las latas lanzadas al tejado en otra, que tardarás en ver explicado; la historia que cuenta Bunny sobre la bolsa de papel para esconder la bebida; las tensas reuniones del alto mando sobre cómo va el crimen en la ciudad; Cutty dejando la banda, y en otro momento pidiendo dinero a Avon; la fugaz visita de McNulty a Beadie; la tensión entre Avon y Stringer mostrada en varias escenas magistrales (la del piso es memorable); Stringer conociendo de primera mano la corrupción política y flipando en colores; cuando un esquinero novato intenta vender sin darse cuenta de que es el coche de un policía de alto rango (la radio encendida, el traje puesto); Cheese detenido y cantando por un asesinato que resulta ser su perro de peleas…

Esta temporada es tan colosal que el adjetivo de obra maestra se queda corto, es complicado describir tanta magnificencia con palabras. Su valiente análisis social, complejo y conmovedor hasta el punto de que parece que estás viendo la realidad misma. El grandioso mosaico de personajes, todos tan humanos y cautivadores que te interesas hasta por los más secundarios, pero los más queridos se hacen un hueco en tu corazón para siempre. La densa pero fascinante trama policíaca y criminal, con infinidad de historias, giros y detalles nunca vistos y sin perder nunca ese gran nivel de veracidad. El amplísimo reparto de actores enormes que se adaptan férreamente a sus roles, y a los que te enganchas tanto que eres capaz de ver otras series sólo porque salen ellos. Y finalmente la en apariencia sencilla puesta en escena, que hace gala de un tempo narrativo envidioso y desgrana la historia con gran fluidez. No hay serie más difícil y a la vez mejor ejecutada que The Wire, y las temporadas tres y cuatro suponen una cima creativa que parece inalcanzable.

PD: Robert F. Colesberry, aparte de interpretar al detective Ray Cole (uno de esos secundarios que pululan por la comisaría), era uno de los principales productores ejecutivos. Falleció por problemas de corazón y en la serie no se olvidan de matar al personaje, aunque fuera de escena. Su nombre se mantiene en los créditos toda la temporada.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.
Presentación.

HOMELAND – TEMPORADA 5.

Homeland
Showtime | 2015
Productores ejecutivos: Alex Gansa, Howard Gordon, Avi Nir, Ran Telem, Gideon Raff, Lesli Linka Glatter.
Intérpretes: Claire Danes, Ruper Friend, Mandy Patinkin, Miranda Otto, Sebastian Koch, Alexander Fehling, Sarah Sokolovic, F. Murray Abraham, Nina Hoss, Atheer Adel.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento la trama del año y los nuevos personajes.–

El nuevo escenario de Homeland es Europa, donde sus creadores nos ofrecen otro estupendo thriller que analiza el tema del terrorismo islámico y la inteligencia que trata de frenarlo. Y esta vez su visión ficticia ha chocado de lleno con la realidad, porque su previsión sobre los atentados en Europa, la desestabilización de Siria y alrededores y los problemas con los refugiados se adelantó meses a unos eventos que finalmente han ido ocurriendo más o menos como los narraron. Si en vez de idear la trama del atentado en Alemania la ubican en Francia, lo mismo nos encontramos con que tras los atentados de París no se atreven a emitir la parte final de la temporada para no herir sensibilidades. Pero no se queda ahí la cosa, porque con la otra historia del año también abordan otro asunto muy de actualidad: el robo de datos a la CIA, que saca a la luz intrigas oscuras de los gobiernos, se inspira obviamente en el caso Snowden.

Carrie dejó atrás la CIA y el mundo del espionaje para buscar un trabajo más pacífico que le permita estar con su hija. Pero no por ello descuida su objetivo de hacer del mundo un lugar mejor: colabora en una fundación de caridad en Berlín dedicada a crear lazos entre países y ayudar a personas de diversas etnias en sus líos con los gobiernos. Sin embargo, con su labor termina en el ojo de un huracán, y ella es como es: se tirará de lleno a la boca del lobo para tratar de arreglar las cosas.

Tenemos una trama a tres bandas. La filtración de la CIA ofrece por un lado los líos entre agencias de espionaje, y por el otro tenemos a Carrie yendo por su cuenta, pues es objetivo de una conspiración misteriosa. Mientras, de fondo se gesta el plan del Estado Islámico para atacar Europa. El thriller de intrigas entre espías y gobiernos es fantástico, se maneja de forma que no parece un género muy tratado, porque todo resulta genuino y adictivo. La sección centrada en Carrie mantiene la tensión sobre el destino de los protagonistas, en especial sobre ella, en un nivel agobiante en algunos tramos, como debe ser en el género. Y la amenaza terrorista sobre Europa permite la parte de acción en el segmento final del año. Además, el toque de crítica política sobre cosas tan actuales le otorga más trascendencia y atractivo al conjunto.

Su gran baza, aparte de que los guionistas desarrollan muy bien la intrincada trama, con pocos altibajos y muchos buenos momentos, son los estupendos personajes. A Carrie Mathison, Peter Quinn, Saul Berenson y los secundarios Dar Adal y Astrid (la agente alemana vista anteriormente aquí cobra algo más de protagonismo) los conocemos de sobras y no desaprovechan su buen bagaje… aunque no por ello se libran de un par de situaciones un tanto malogradas. Las diferencias entre Carrie y Saul lejos de aplacarse parecen crecer con el caso actual, llegando a tener momentos muy complicados en su relación. Carrie se ve sola contra el mundo en una aventura trepidante; la única pega es ese interludio en que se empeñan en volver a dejarla sin medicación, pues resulta bastante forzado a la par que manido. Saul tiene sus propios líos personales y con la CIA, de hecho termina en un punto de inflexión inquietante: tener que elegir bando mientras trata de averiguar quiénes son sus verdaderos amigos. Quinn sufre un periplo de lo más agitado e interesante, aunque es cierto que fallan bastante a la hora de hacer que pase de una historia a otra: qué mal queda el giro que lo introduce en la célula terrorista que precisamente planea el atentado; la casualidad es demasiado inverosímil. Por suerte, una vez en su nueva situación da mucho de sí.

Los nuevos habitantes del relato son todos magníficos y su parte en el complejo entramado se maneja muy bien. Otto Düring (Sebastian Koch, un peso pesado en Alemania y conocido en todo el mundo desde La vida de los otros) es el conciliador y fiel jefe de Carrie, Numam (Atheer Adel) el hacker que haya el archivo de la CIA que agita el avispero, Laura Sutton (Sarah Sokolovic) la activista y periodista que quiere sacarlo a la luz, y Jonas Hollander (Alexander Fehling) el nuevo novio y compañero de trabajo de Carrie (un puntazo que se parezca un montón a Brody). El relato danza entre unos y otros, con todos tratando de sobrevivir a la CIA, el gobierno y la inteligencia alemanes, los rusos, el Estado Islámico y diversos intereses personales. Sin embargo todos quedan eclipsados, incluso Carrie en algunos capítulos, ante la protagonista de gran parte de la temporada: Allison Carr, la jefa de la delegación de la CIA en Berlín. La importancia que le dan en la trama, los giros que la lanzan a una odisea de supervivencia al límite, las grandes sorpresas que guarda y las reacciones que generan sus acciones en los demás protagonistas conforman un personaje fascinante con un recorrido de impresión. Para rematar, el papelón de Miranda Otto es espectacular.

A la anterior etapa le costó algo entrar en materia y también tardo en sacar provecho a los protagonistas, pero cuando se lanzó resultó memorable. La presente en cambio es mucho más equilibrada, te atrapa con fuerza desde el principio y nunca te suelta, y el recorrido de los protagonistas es incluso más atractivo, destacando el de los nuevos implicados. Se puede decir que el desenlace se ve venir en algunos puntos, pues es fácil intuir cómo terminará el tema del atentado, pero hasta esos momentos finales el jaleo es impredecible y las sorpresas continuas, así que no sabes qué esperar y la temporada mantiene un nivel de intriga y tensión magistral. Los problemillas citados con los personajes son los únicos momentos que empañan el ritmo, sea porque nos llevan a dar alguna vuelta en círculo (otra vez la Carrie bipolar para aportar realmente bien poco con ello) o porque suponen un giro forzado (el cambio de rumbo de Quinn en el ecuador). Y aparte hay que alabar el completo y atrevido análisis sobre la situación global con el terrorismo, que esta vez es más valiente que nunca, tratando infinidad de aspectos relacionados: libertades individuales, políticas de seguridad, cooperación entre gobiernos, roces entre agencias de espionaje, vías para hallar respuestas pacíficas (no todos los musulmanes son terroristas sin alma)…

Quizá le ha faltado una pizca de excelencia y eludir ese par de fallos dignos de mención para llegar al ocho, pero sí me parece evidente que es la mejor temporada desde la segunda y demuestra otra vez lo equivocados que están los ruidosos detractores que echan pestes cada vez que los guionistas se atreven a darle un nuevo giro a la historia.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 6 Y FINAL.


Downton Abbey
ITV | 2015
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Rebecca Eaton, Gareth Neame.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Raquel Cassidy, Michael Fox, David Robb, Sue Johnston, Jeremy Swift, Douglas Reith.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento el final de cada personaje.–

La última temporada de Downton Abbey obviamente se destina a ir cerrando las historias que íbamos viendo sobre todos los personajes. Esto nos pone ante la ventaja de que su creador y guionista Julian Fellowes no tiene que reservar nada de cara a nuevas etapas, así que va al grano y además hacia los momentos cumbre de cada protagonista. Por fin va a dejar de dar vueltas con Mary y sus pretendientes, por fin sabremos si Edith conseguirá ser feliz o no, etc. Y no desaprovecha el potencial, dando un año algo más activo e intenso que los precedentes.

La vida sigue cambiando en el mundo y en Reino Unido tras la Primera Guerra Mundial, y vemos cómo los nuevos tiempos van alcanzando a la finca de los Crawley. La nobleza pierde poder ante una emergente clase obrera, el tipo y cantidad de trabajos aumenta y se lleva a los empleados del servicio en búsqueda de oportunidades más prósperas y justas. La familia continúa tratando de adaptarse, como hemos ido viendo en las últimas temporadas: ajustando el número de criados, controlando mejor las finanzas, pensando en que hay que sacar dinero explotando las granjas y vendiendo tierras… El conde Robert ha aceptado hace tiempo el camino a andar y confía en Mary como heredera a pesar de ser mujer; además pronto vuelve Tom Branson para ayudarla.

Cora e Isobel quieren traer esos nuevos aires a la gestión del hospital, abriendo las puertas a nuevos procedimientos, tanto médicos como de gestión, algo a lo que la abuela Violet se enfrenta con el coraje típico de los conservadores: fe ciega contra la razón. Edith empieza a emanciparse, encontrando en el trabajo en la revista de su desaparecido amor un consuelo para su desdichada vida. Mary continúa con la relación de amistad y amor contenido con Henry Talbot, y aunque fuera evidente que acabaría con él se aceptaba, porque es lo que se espera del personaje y de la serie, y sobre todo porque se ha desarrollado muy bien; fueron geniales las escenas en que Branson la empuja a aceptar sus sentimientos, por ejemplo. Además, que por fin Mary abra su corazón implica dejar entrar en él a Edith de una vez por todas: resultó muy emotiva la confrontación definitiva y el posterior proceso de perdonarse y aceptarse la una a la otra. En cuanto a Edith, aunque el lío de la adopción en secreto de su hija da otros tantos problemas, también termina encontrando el amor con Bertie, como deseábamos todos, que ya había sufrido bastante como personaje trágico de la serie. Y seguimos con bodas, porque Carson y Mrs. Hughes pasan por el aro también en otra historia muy jugosa: los primeros pasos y roces en la vida juntos mantienen la habitual mezcla de drama ligero y humor.

Otra mejora es que damos carpetazo a historias muy manidas para centrarnos en esas otras más interesantes. Bates y Anna vuelven a ocupar su lugar como secundarios después de marear demasiado la perdiz con el dichoso caso contra él, y por suerte el drama de no poder tener hijos dura pocos capítulos y se maneja mejor. Y Baxter sigue arrastrando los fantasmas del pasado, pero con mucha menor insistencia. Pero esto también tiene su lado malo: Fellowes finalmente vuelve a meter en el armario a Thomas Barrow, y eso que con el intento de suicidio parecía ir a por todas. En sus intentos de encontrar trabajo fuera de la casa bien podría haber hallado un amor secreto y nuevas razones por las que vivir, pero el guionista vuelve a barrer, otra vez, el tema de la homosexualidad bajo la alfombra; esta temática se le atragantó bastante durante toda la serie, así que no sé para qué la incluyó.

Por supuesto, paralelamente tenemos decenas de aventuras pequeñas pero tan deliciosas y entretenidas como las más importantes, detalles del día a día en la vida de la época, recesos cómicos… Las riñas entre los empleados de Violet son más divertidas esta vez: menuda arpía Denker, vaya con Spratt y su columna femenina en la revista. Y la maduración de la relación entre Violet e Isobel es bien patente, pasando del odio a una dependencia mutua tan entretenida como las peleas anteriores. Eso sí, a Isobel le dan la única trama que no me ha parecido bien equilibrada: su relación amorosa en tensión con Lord Merton ha ido a trompicones, con partes confusas; sólo el drama con la hija de aquel tratando de apartarlos ha levantado el interés.

Ahora bien, me temo que los fallos que Fellowes no comete en la temporada sí aparecen en el final. En el ya clásico especial navideño con el que cierra el año y ahora también la serie se ablanda cosa mala en dos aspectos esenciales: el cambio hacia nuevos tiempos y la situación final de los personajes. Quizá por ser un conocido ferviente admirador de las clases nobles y todas esas pijadas inglesas, no termina de dar el paso último en la transición social. A mi modo de ver hacía falta un desenlace que señalara más claramente la tendencia de cambios sociales, políticos y económicos, y qué mejor que un relevo generacional: esperaba que Robert y Violet fallecieran, dando paso al futuro con Mary tomando las riendas de la finca definitivamente y dejando atrás los arcaicos ideales de la condesa. Amaga con cargárselo a él, pero no se atreve, y queda un tanto forzado.

A Tom Branson y Henry Talbot los pone montándose un concesionario de coches, pero no puede decirse que sea un gran avance, estos dos siempre han ido a contracorriente de los nobles, no en vano el primero empezó como chófer y el segundo ha sido piloto. Y donde verdaderamente tenía que mojarse no lo hace mucho: con los criados es muy inmovilista. Molesley es el único que se va, pero siempre había tenido un pie fuera, siempre se ha dicho que su estancia en la casa era provisional, mientras que la transición de Daisy y Andy hacia la granja queda incompleta (¿pero se van o no?, decídete). El único cambio llamativo que hay es muy conservador: la semi jubilación de Carson (¡ni se atreve a retirarlo definitivamente!) permite que Thomas Barrow vuelva a la casa en un reset descarado, porque resulta que ahora todos le perdonan su actitud más que hosca imposible, todos de repente se quieren mucho. ¿Qué problema había con que encontrara otro trabajo? ¿Qué necesidad hay de encajarlo donde no pinta nada? Y este giro repentino hacia la felicidad plena se extiende a los demás. Todos se perdonan todos los problemas y roces que tuvieran entre ellos (y sólo funciona el caso de Mary y Edith previo a este último capítulo), o encaminan un rumbo estable en sus vidas, o sufren un giro esperanzador que les quita todo peso de encima así sin más.

A veces, el relato debe fluir aunque sea hacia algo predecible, porque es su destino natural y ponerle la zancadilla puede resultar contraproducente. ¿Qué absurda necesidad había de dar un paso atrás cuando personajes y entorno estaban avanzando claramente? Todo porque Fellowes de repente trata de hacer un desenlace feliz, emotivo e indulgente a toda costa, con lo que termina traicionando los buenos pasos que estaba dando. No hacía falta buscar con tanto ahínco la lágrima fácil del espectador, ya tenemos la boda de Edith, el embarazo de Anna y la despedida de la serie, más otras tantas bodas en el resto de la temporada. Los giros sensibleros, los finales excesivamente luminosos en una obra siempre bastante dramática, los pasos atrás para mostrar reconciliaciones que pretenden ser emotivas pero resultan muy improbables, afean un tanto el final de la serie, lo que puede empañar también ligeramente las buenas impresiones que deja el año en su conjunto.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

JUSTIFIED – TEMPORADA 6 Y FINAL.

Justified
FX | 2015
Productores ejecutivos: Graham Yost, Michael Dinner, Timothy Olyphant.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Joelle Carter, Nick Searcy, Jere Burns, Jacob Pitts, Erica Tazel, Sam Elliott, Mary Steenburgen, Garret Dillahunt, Justin Welborn, Natalie Zea, Rick Gomez, Jeff Fahey, Kaitlyn Dever, Jonathan Tucker, Jonathan Kowalsky.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la trayectoria final de los protagonistas con sumo detalle.–

Estaba claro que en la última temporada nos ofrecerían por fin el esperadísimo duelo final entre Raylan y Boyd, que con tanta habilidad habían ido posponiendo los guionistas sin caer en giros tramposos, sin estirar burdamente la situación. Y lo desarrollan con el mismo buen hacer: sin trucos rebuscados y a la vez sin tirar por caminos predecibles. La verdad es que esperaba alguna las dos cosas, pero por suerte el desenlace está muy bien cuidado, tiene algunos momentos inesperados muy acertados entre otras despedidas más clásicas pero muy efectivas.

Un claro sello de la serie es el villano sobre el que hacer girar la temporada y los demás malhechores del lugar. Avery Markham (Sam Elliott) es otro gángster poderoso e inquietante muy bien descrito, y sus secuaces resultan todos atractivos y dan mucho juego. El más destacado está en manos de Garret Dillahunt, uno de esos secundarios que siempre está muy cómodo como malo de la función, pero casi le gana la partida Jonathan Tucker con un personajillo perturbador, Boon, aunque eso sí, su presentación amenazando a ciudadanos en un restaurante fue un tanto forzada. La órbita de Markham atrae a viejos conocidos, como el sobreviviente Wynn Duffy, y enlaza con otros más nuevos, como Katherine Hale (Mary Steenburgen), y por su puesto Boyd acaba metido en guerra con ellos. La trama del año es si conseguirá Boyd asaltar la atestada caja fuerte que tiene este terrateniente, y si los Marshal, con Raylan a la cabeza, lo pillan en pleno acto para poder encasquetarle por fin un crimen que lo deje en la cárcel de por vida.

El conflicto evoluciona con el habitual humor negro y las aventuras secundarias variadas y siempre entretenidas. En el primer caso tenemos los esperables giros geniales, como la carnicería en la caravana de Duffy, el experto en cajas fuerte que acaba explotando, el montañero que se presentaba como la salvación de Ava pero acabó muerto en su soledad… En el segundo, como ha venido ocurriendo con la maduración de la serie, las historias más breves se decantaban cada vez más por tener relación directa con el arco del año: las compras de tierras y el acoso de los secuaces de Markham en el proceso han sido esenciales para cimentar la sensación de que este mafioso estaba alterando, desde el lado del crimen, la vida en Harlan. Cabe destacar que me ha encantado cómo la temporada trata con valentía un tema muy actual: la legalización de la marihuana podría llegar a la zona, dejando de criminalizar el único negocio que tienen muchos pobres del lugar. Markham intenta hacerse, por la fuerza si es necesario, con todas las tierras posibles antes de que los paletos se den cuenta de la llegada de una salida a su marginalidad económica y legal.

Entre medias los guionistas también aprovechan el factor nostalgia, recuperando brevemente a unos cuantos habitantes míticos de la serie, como Dickie Bennett, Bob el vigilante tontaina, o Limehouse, y darle un final a otros tantos que siempre han estado ahí: Dewey Crowe (cómo se traga la trampa de Boyd), Mike (el guardaespaldas de Duffy)… Aunque la que más destaca por tiempo y relevancia es la chiquilla Loretta McCready, que se mete contra Markham en un par de escenas magistrales. Pero en cambio vuelve a dar la sensación de que no consiguen obtener de los otros marshal el protagonismo que piden a gritos, aunque esta vez no quedan relegados hasta dar penita como otras veces. El pequeño retiro del jefe y el ascenso de Rachel saca más partido de ella; los roces con Raylan y sus métodos son muy divertidos, por ejemplo. Pero Tim, aunque también tenga sus momentos, sigue pareciendo un gran secundario muy desaprovechado. Aparte, Winona, la ex de Raylan, aparece lo justo para estirar lo de que se quiere ir a Florida para cuidar de la hija en común.

En la trama global, el enfrentamiento entre los dos protagonistas con Ava de por medio, hay muchísima tensión y drama en el ambiente. Que Ava sea un topo de Raylan pone la sombra de la guadaña sobre su cabeza en prácticamente todos los capítulos. Y cuando Boyd la descubre… madre mía, cómo acojona el paseo por el bosque. Pero en realidad nadie lo tiene fácil. Raylan está de nuevo en sospecha ante sus jefes, porque de nuevo se juega muy bien con su lealtad ambigua y su estilo en plan salvaje Oeste: ¿se liará con Ava, se saltará la ley para acabar con Boyd? Mientras, Boyd vuelve a comprobar que ser un rey del crimen te deja sin amigos: traiciones y problemas en fila uno detrás de otro.

Creo que el único modo de escapar de nuestra ciudad con vida es no haber nacido allí -Boyd.

Yo daba por sentado que alguien moriría de los tres, que siguiendo el tono melancólico y trágico de la serie esto acabaría en desastre, que los guionistas no se arriesgarían a hacer nada extraño que tuviera posibilidades de disgustar a los seguidores. El tiroteo en la noche en el bosque maximiza esa sensación: esto tendrá un final oscuro. Pero para mi sorpresa se trabajan un final más complejo, con diversos clímax (fugas y tiroteos en cantidad) muy bien planteados, huyendo de lo previsible con inteligencia y mucho tacto. Sí, al final también acabamos con una despedida amarga, con la melancolía tradicional en plan “la vida es un asco aunque tomes buenas decisiones, pero si las tomas malas sufrirás las consecuencias”, aunque con menos sangre de la esperada, se inclina más por poner a los personajes ante un nuevo ciclo de sus vidas, uno muy atado a su camino y decisiones recientes.

Después de todo eso aún mejora la cosa, con los epílogos entre Raylan y Ava y luego entre Raylan y Boyd, que poseen una carga dramática y emocional enorme, mostrando todo lo que han vivido los personajes y señalando que la existencia seguirá siendo dura y difícil: Raylan y Winona están separados, Boyd en la cárcel como empezó, incapaz de sobreponerse a su lado oscuro, Ava huyendo constantemente de un pasado tormentoso. Las mentiras de Raylan a Boyd para alejar a Ava de su mente y mantener al hijo en secreto, que probablemente no se cree pero acepta como única posibilidad de redención, dan una escena de cierre sublime para uno de los mejores capítulos finales que he visto. Me mantuvo con el corazón en un puño en todo momento, y tras el fundido en negro me dejó con la sensación que debe dejar una buena serie y un buen final: la de haber vivido una pequeña parte de mi vida al lado de personajes que casi he podido tocar. Extrajimos carbón juntos.

Justified termina por todo lo alto, en su mejor año. Y además se va, según creo yo, como una serie de culto, pues no ha tenido un gran éxito de crítica y público, ni tampoco se puede decir que haya sido una obra de primera división (sólo el último capítulo resulta excelso), pero tiene un férreo grupo de admiradores enamorados de su encanto especial, de su estilo único y de sus personajes tan carismáticos o todo lo contrario, tan patéticos y fracasados. Cuando empecé a verla me pareció una tontería, y ahora la voy a echar muchísimo de menos.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.
Primeras impresiones.

FARGO – TEMPORADA 2.

Fargo
FX | 2015
Productores ejecutivos: Noah Hawley, John Cameron, Warren Littlefield.
Intérpretes: Kirsten Dunst, Patrick Wilson, Jesse Plemons, Jean Smart, Ted Danson, Jeffrey Donovan, Angus Sampson, Bokeem Woodbine, Zahn McClarnon, Cristin Milioti, Rachel Keller, Allan Dobrescu.
Valoración:

Me sorprende mucho la fascinación que ha despertado la segunda temporada de Fargo a pesar de ser incapaz de repetir la fórmula mágica de la primera. Allí ya se veían algunos fallos (subtramas innecesarias, como la del rey de los supermercados) que aquí son la tónica habitual, lo que sumado a otros problemas se traduce en una patente falta de equilibrio narrativo. Donde antes teníamos una serie única y embriagadora, ahora queda un batiburrillo de ideas que no llevan a nada.

La esencia del filme en que se inspira parece estar ahí de primeras. Nos encontramos ante individuos raritos y un entorno de violencia que los engulle en una historia con un tono de humor entre absurdo y negro. Hay un montón de situaciones extrañas, con momentos que tiran al surrealismo, y tenemos diálogos grandilocuentes y monólogos recargados. Pero a la combinación le falta savia, maduración y cohesión. Y la cosa empeora cuando se ve que el guionista Noah Hawley parece poner el empeño en saturar el relato con muchas ideas en vez de concentrarse en narrar bien algo más concreto y centrado, en una fallida obsesión con abarcar más de la cuenta, cuando lo que funcionó en la película y la primera temporada fue la sencillez, exprimir al máximo unos pocos protagonistas envueltos en una odisea delirante que mezclaba hábilmente el thriller con un humor ácido, casi cruel. Aquí no se sabe si pretendía hacer cine del oeste, thriller, drama personal, retrato americano, épica criminal a lo El padrino, comedia negra… porque no hay un pilar firme que mueva la narrativa, todas las ideas e historias se meten descuidadamente y a la fuerza. Demasiados frentes, subtramas poco llamativas, anécdotas irrelevantes, personajes rebuscados metidos con calzador, y muy poco avance real. Como resultado, la temporada más que arrítmica carece de rumbo, dando tanto tiros al aire como vueltas en círculos, con lo que se hace larga y pesada.

El enfrentamiento entre bandas que atrapa a algunas personas normales resulta una historia floja y mal hilvanada, y alrededor se monta toda esa parafernalia ostentosa pero a la postre insustancial. El guión no es capaz de ir más allá de unos pocos protagonistas con potencial entre una serie de roles fallidos y unos diálogos que resultan muy artificiosos. Ni siquiera se cuida bien el entramado criminal de cada bando: no se sabe cuántas tropas tienen, aparecen y desaparecen soldados por arte de magia, no puedes hacerte una idea de quién lleva ventaja porque el siguiente capítulo puede empezar con una batalla de decenas de personas que no sabes de dónde han salido.

Sólo logré interesarme por los Blumquist y en menor medida por la pareja de sheriffs, pero su aventura está a años luz del fascinante periplo de Lester Nygaard y las vidas tan atractivas de Gus Grimly y Molly Solverson. El resto de caracteres resultan entre indiferentes y cargantes. Me importó un bledo la familia mafiosa, cuya descripción resulta tan predecible como el posterior desarrollo del conflicto. Sus rivales fueron puro humo, aquí no hay un villano temible como Lorne Malvo, ni siquiera funciona la imitación que hacen con el indio (aunque tiene un par de escenas bastante potentes a pesar de estar metidas con calzador). El asesino pedante Mike Milligan resulta insufrible, y para colmo es el mejor ejemplo del problema más evidente de la temporada: el artificio sobre la inteligencia y la coherencia. El tío sale en todos capítulos haciendo exactamente lo mismo, y de ahí no se mueve, como si tener un tipo rarito y unos monólogos inflados bastara para dar forma y más aún profundidad a un relato. El resto se estanca de la misma manera hasta que algún giro chorra cierra su historia: la vieja y su ambición, el hermano peleón y sus rabietas, la rubita tontita y sus visitas al asesino, el hermano que parece tonto pero es el único que pone algo de cordura…Todos los episodios y personajes repiten el mismo esquema. En la primera etapa los secundarios tenían su momento, sus apariciones espaciadas. Aquí tienen una presencia constante, pero al no tener un recorrido amplio, se limitan a repetir su característica de rigor en todas las escenas; y ese es tiempo que se quita a las figuras principales, me temo.

Por suerte esos protagonistas que funcionan lo hacen bastante bien y salvan el año, aunque haya que quitar mucha paja e incluso arrastre algún tramo que casi resulta soporífero. La línea de los tontos y torpes Blumquist es la única con una evolución dinámica, y los personajes son encantadores. Además los actores Jesse Plemons y Kirsten Dunst lo bordan, en especial esta última, que logra uno de los mejores papeles del año. El carisma de Ted Danson y Patrick Wilson realza bastante a los dos sheriffs, y aunque me temo que su viaje está algo más limitado tienen también algunos buenos momentos. Por lo demás, nada que destacar en una temporada que está cerca de resultar un despropósito. Hasta la puesta en escena, en la superficie muy llamativa por su notable aspecto visual, tiene sus carencias: va con el piloto automático puesto, hay demasiada exposición y vacile visual (muy bonito el encuadre, sí) cuando se tenía que buscar más energía y ritmo (que me dueeermo). Escenas dispersas, reiterativas, plomizas y sin objetivo a la vista hay a puñados.

Le ha pasado como a True Detective. Lo que nació como miniserie tiene que quedarse como miniserie, extenderla no funciona porque el guionista tiene que trabajar a destajo para estrenar un año después, cuando la escritura de la primera tanda fue realizada con mucho detenimiento. O si acaso, si ven que no llega a tiempo y con calidad, deberían convertirla en una producción coral, en conjunto con otros autores. Por suerte con la tercera temporada no van a forzar las cosas: no llegará hasta 2017. Curiosamente, la segunda sesión de True Detective fue vapuleada sin miramientos a pesar de tener algunas virtudes destacables, pero Fargo es aclamada sin verle ninguno de sus muchos fallos.

Ver también:
Temporada 1.

THE WALKING DEAD – TEMPORADA 6, PARTE 1.

The Walking Dead
AMC | 2015
Productores ejecutivos: David Alpert, Scott M. Gimple, Gale Anne Hurd, Greg Nicotero, Robert Kirkman.
Intérpretes: Andrew Lincoln, Steven Yeun, Chandler Riggs, Norman Reedus, Melissa McBride, Lauren Cohan, Danai Gurira, Sonequa Martin-Green, Lennie James, Tyler James Williams, Michael Cudlitz, Josh McDermitt, Seth Gilliam, Alanna Masterson, Ross Marquand, Tovah Feldshuh, Merritt Wever.
Valoración:

Alerta de spoilers: Spoilers gordos en cantidad, es imposible evitarlos si quiero comentar bien la temporada.–

Más que nunca en una serie bastante dada a ello estamos ante una temporada de altos contrastes, tanto narrativos como cualitativos, de polémicas turbulentas (espectacular cómo ardió internet, demostrando que es la serie más seguida de estos años), de éxtasis y cabreos monumentales. Como tal, es difícil de describir únicamente con una puntuación. Por un lado, cuando es buena lo ha sido bastante. Por el otro, algunas decisiones de sus autores han resultado muy malogradas, hasta el punto de caer en la falta de respecto al espectador. Y aunque obviamente no creo que quisieran eso a propósito, sí demuestra poco tacto y deja muy malas sensaciones que pueden nublar sus muchos puntos fuertes.

Empezamos en Alexadria con el suspense de qué pasará con la integración del grupo de Rick, si será pacífica o terminará siendo una absorción violenta. La evolución de la perspectiva del asunto en los diversos protagonistas está bastante lograda, teniendo cada uno sus propias ideas, y además se incluyen nuevos secundarios que enriquecen el conjunto. La obsesión de Rick con los suyos, olvidando que las gentes de Alexandria también deberían ser ahora sus amigos, te mantiene en vilo: ¿recuperará su humanidad o volverá a perderse?

Pero las amenazas externas alteran cualquier curso que pudiéramos esperar. El intento de controlar la horda zombi atascada en las proximidades acaba fatal y deja a todos los que salieron a efectuar ese trabajo al borde de la muerte, y los lobos, una banda de asaltantes dementes, aprovecha el caos para sembrar su ola de destrucción irracional entre los que quedaron en el pueblo. Aquí los guionistas optan, como otros años, por dosificar las historias dividiendo a los personajes en pequeños grupos, parejas o en solitario, dando más tiempo para desarrollar los muchos caracteres que tenemos (y aun así alguno se queda sin el tiempo que hubiéramos deseado) y amplificando la tensión por el destino de cada uno. Vuelve a ser una idea acertada y bastante bien ejecutada, salvo por la cagada que luego comentaré, pero como ocurre todos los años, The Walking Dead arrastra un público masivo, y la inteligencia de la masa no brilla especialmente: sigue habiendo una “horda” de espectadores que sólo quieren acción zombi. Así, aplaudieron los intensos JSS y Thank You (602 y 603), probablemente los mejores capítulos de la serie en cuanto a acción, pero se volvieron a quejar (armando un gran jaleo en las redes) cuando la cosa se volvió más introspectiva. El capítulo centrado en Morgan (604, Here’s Not Here) y el dedicado a Daryl por un lado y Sasha y Abraham por el otro (606, Always Accountable), son igualmente muy completos y emocionantes, pero no satisfacen esas necesidades simplistas e impacientes.

De hecho Here’s Not Here sembró la primera gran polémica, al saltar abruptamente de la acción más espectacular a la tranquilidad más absoluta. Y sí, es un fallo colocar un receso tan drástico en el momento álgido, pero que eso no eclipse la enorme calidad del episodio, otro de los grandes de la serie. Pero ya hablé de él en un artículo reciente, así que me centraré en la otra gran controversia: el destino de Glenn. Este ardid tan poco atinado tiene una categoría semejante, dejar algo en suspenso para pasar a otra cosa, pero con una carga extra de cabreo, porque nos dejaron sin saber si un personaje estaba vivo o muerto. Bueno, en realidad querían hacernos creer que estaba muerto, pero la gente en internet es muy avispada y pronto se sembró la duda. Así pues, nos encontramos con que la burda e irrespetuosa trampa de los guionistas es doble. Primero porque intentan retorcer las normas más básicas de narrativa cinematográfica. Si un protagonista cae entre zombis, lo vemos en el suelo rodeado y sin posibilidad de escapar, grita mientras nos enfocan las tripas esparcidas, tú, como narrador, me estás diciendo que está muerto. Si querías mantener su destino en suspenso hubieras puesto el fundido en negro en un momento de gran peligro pero que no señale nada definitivo, por ejemplo justo mientras cae. Segundo, porque hasta cuatro capítulos después, ¡cuatro semanas!, no vuelven a esa historia… y resulta que sí, se salvó de la forma más cutre y de último momento posible, como en un serial barato, rancio y chusquero. ¿De verdad creían que esto iba a resultar intrigante y emocionante en vez de manipulador e insultante? Por no decir que esto implica que, tras mucho hablar de que aquí puede morir cualquiera, resulta que cada vez queda más claro que hay un grupo de intocables. Y encima uno de ellos es Glenn, el petardo de Glenn y su cansina y forzada relación amorosa con Maggie, quien es un rol mucho más interesante pero está lastrado por esa falta de química entre los personajes. Me llevo quejando de ellos desde el comienzo de la serie. ¡Por favor, matad a Glenn de verdad de una vez por todas!

Volviendo a la trayectoria de la temporada, si este gran fallo no nos ciega hay cosas muy jugosas. La evolución de todos los personajes sigue mateniendo buen nivel, sin tirar por cosas predecibles y jugando bien con los diversos problemas y dilemas de la humanidad tras el apocalipsis. Continúa la lucha entre el intento de sacar adelante una sociedad estable y la supervivencia del más fuerte, sin decaer en interés ni repetir temas. Por ejemplo me pareció fantástico cómo van mostrando hasta dónde llega la resistencia de cada personaje, incluso los más secundarios, cuando las cosas se van poniendo feas; actos en apariencia aislados y sin gravedad, como el robar comida, pueden tirar al traste el sueño de la civilización. En cuanto a los protagonistas principales, me ha encantado el pequeño periplo de Daryl y su encuentro con unos desconocidos; muy interesante es el intento de Abraham de que Sasha no pierda su humanidad mientras no se da cuenta de sus propios problemas, y me gustó cómo va recuperándose; y como indicaba, hay nuevos secundarios que dan mucho juego: la nueva “doctora”, los que dudan sobre las ideas de Rick, el niñato celoso, el crío que no quiere salir de su zona de confort…

Precisamente por tener tantas historias abiertas, todas bastante jugosas, es una pena que el desenlace se disuelva un tanto. Todo lo que se estaba apuntalando se queda en suspenso para la siguiente etapa: si Alexandria sobrevivirá, si Rick abrirá los ojos, qué pasa con la mayoría de los personajes, todos jodidos de una forma u otra… Y claro, tras varios engaños y amagos, pues no se recibe muy bien que al final terminen dejando otra vez los momentos cruciales en el aire. Además hay algunos puntos oscuros, como esas expertas tiradoras (Tara y Rosita) que dejan que un loco secuestre a una joven indefensa, la inverosímil forma en que Deanna decide morir, el que después de tanto forzar la tensión no se explique cómo Rick se escapa de la caravana rodeada (y su mano se cura bien rápido), y la para mí más molesta, la absurda obsesión de Carol, una mujer cabal, muy inteligente y atenta con los suyos, que sacrifica todo para matar a un pobre imbécil. También en el inicio del año hicieron algo raro con un personaje: ¿para qué dedicar ese largo prólogo a la joven Enid si realmente no aporta nada a su personalidad ni su evolución posterior? Y finalmente me molesta otra vez la manía de añadir información crucial en una escena postcréditos; ¿pero qué sentido tiene hacerlo así?

Así pues, de nuevo The Walking Dead es una montaña rusa de aciertos y fallos y de potencial desaprovechado que la mantienen alejada de la gran serie que todavía podría llegar a ser. Por suerte, de nuevo tras ese caos también tiene bastante enjundia, muchos personajes bien explotados y tramos de alto nivel (esta vez incluso alguno memorable) que dejan buenas sensaciones y consiguen una media más que aceptable.

Ver también:
Temporada 5, parte 2.
Temporada 5, parte 1.
Temporada 4, parte 2.
Temporada 4, parte 1.
Temporada 3, parte 2.
Temporada 3, parte 1.
Temporada 2, parte 2.
Temporada 2, parte 1.
Temporada 1.
Episodio piloto.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 2.

The Wire
HBO | 2003
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, Chris Bauer, John Doman, Paul Ben-Victor, Idris Elba, Frankie Faison, Lawrence Gilliard Jr., Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, James Ransone, Pablo Schreiber, Al Brown, Delaney Williams, J.D. Williams, Tray Chaney, Bill Raymond.
Valoración:

Alerta de spoilers: Defino el argumento y posición inicial de los personajes por encima, sin contar cosas reveladoras ni giros importantes.–

Si entrar en la dinámica de la primera temporada podía costar un poco por su densidad, enfrentarse a la segunda puede suponer un choque e incluso una ligera decepción, porque cambia tan de golpe el paisaje que cuesta varios episodios hacerse a la idea. Aunque vayas sabiendo que habrá un nuevo escenario no estamos acostumbrados a que una serie pegue un salto tan grande. De la comisaría y “El “foso” pasamos a los trabajadores del puerto, se introduce de golpe un grupo amplio de nuevos personajes sin relación directa, en principio, con los que conocemos, y el caso policial tarda mucho en tomar forma y pasar al primer plano.

Como decía en la introducción a la serie, cada año se centra en un aspecto concreto de la lucha contra las drogas. Esta vez, a través del puerto de Baltimore, vemos cómo un grupo de ciudadanos trabajadores, debido a las malas condiciones de la vida, puede acabar introduciéndose en el mundo del crimen para poder subsistir. Como es esperable estamos ante un cuadro completo de la situación: desde el currito desesperado al líder del sindicato, desde las mafias que introducen contrabando al destino final en las calles; y mientras, la policía hace lo que puede con todas las limitaciones ya mostradas en la primera temporada.

En el puerto el trabajo alrededor del movimiento de mercancías está en uno de los momentos más difíciles de su ya de por sí complicada existencia. La economía no anda bien, y cada vez hay menos barcos. Frank Sobotka (Chris Bauer) es el líder del sindicato de estibadores y lucha a todas horas para tratar de mejorar las condiciones del lugar, pero también para evitar que ante tal panorama sus amigos, trabajadores y también familia acaben tirando la toalla y opten por dedicarse al contrabando de drogas a tiempo completo (porque los trapicheos con electrodomésticos y otros bienes son conocidos y tolerados por todos). Sus hijos Ziggy (James Ransone) y Nick (Pablo Schreiber) son su principal preocupación. Ambos andan metidos en esos chanchullos negociando directamente con quien controla la mafia local: el griego Spiros Vondas (Paul Ben-Victor). Toda la situación explota cuando en un contenedor de carga aparecen numerosas prostitutas ilegales muertas, lo que atraerá demasiado la atención de la ley.

Como en la primera etapa, el caso no se inicia porque se haga un esfuerzo real en perseguir el crimen, sino porque los altos mandos usan sus influencias a su antojo. Es demencial cómo uno de estos jefes (el Mayor Valchek – Al Brown-, visto poco en el año anterior pero difícilmente olvidable: es uno de esos superiores despreciables) se cabrea con Sobotka por una rivalidad personal absurda y usa su poder para montar un destacamento que lo investigue para acabar con él. Así pues, con el prestigio adquirido con el caso Barksdale, Cedric tiene otra oportunidad de ir tras la droga en uno de sus puntos clave: su entrada en la ciudad y por extensión el país. El equipo que forma es el mismo: Lester, Kima, Carver, Herc, Prez… y más tarde se unirá la oficial lugareña Beadie (Amy Ryan). Mientras, McNulty está en la guardia costera, debido a todo lo que le tocó las pelotas a los jefes el año pasado (a Rawls principalmente). El destino es un chiste genial, porque ya en el primer capítulo de la serie los personajes bromeaban con que acabaría ahí. Se verá incluido en el meollo porque encuentra un cuerpo que podría estar relacionado con las otras prostitutas, y el tío, en plan venganza, en una sus míticas ocurrencias, calcula milimétricamente las fronteras juridiscionales y consigue encasquetárselo a Rawls.

Aunque muy lentamente y tras dar muchos palos de ciego, el caso toma rumbo, porque la droga apunta de nuevo al entramado de Barksdale, ahora liderado por Stringer Bell, y empiezan a acercarse también a un narcotraficante del lado Este de la ciudad, Proposition Joe (Robert F. Chew), o Joe Proposiciones. El proceso se narra de nuevo con gran realismo y exponiendo cada paso con detalle: las horas muertas mirando el programa de ordenador con el que controlan los contenedores desviados, las vigilancias constantes de esquinas y locales, las limitaciones técnicas y personales, las figuras misteriosas que no son capaces de alcanzar (los fantasmagóricos superiores de Spiros)…

Avon Barksdale sobrevive sin problemas en la cárcel, porque por su poder es intocable, y como no conoce otra forma de vida que el crimen no flaquea. Pero el joven “D” siempre ha tenido dudas, y le cuesta más mantenerse cuerdo. En la calle, el negocio peligra por la mala calidad de la droga, y Stringer plantea realizar un gran pacto con Joe Proposiciones, a lo que Avon, hombre de acción y mano dura, se opone: eso sería demostrar debilidad y ceder mucho. La tensión y diferencias entre ambos crecen cada vez más, y Stringer empieza a actuar a sus espaldas tomando algunas decisiones difíciles y peligrosas.

En un lugar más secundario siguen apareciendo Omar y su banda de asaltantes. Es una espina para Stringer, porque aparte de los robos sabe que se la tiene jurada por el asesinato de su novio. Conocemos también a un asesino a sueldo muy peligroso e intrigante: el extraño hermano Mouzone. El choque con Omar promete ser espectacular. Igualmente, aunque pasamos mucho tiempo fuera de la comisaría seguimos teniendo a Bunk y demás fauna. Y Bubbles aparece menos pero sigue siendo adorable.

Entre las numerosas grandes escenas del año cabe citar las siguientes: McNulty viendo que puede joder la vida Beadie a pesar de que le atrae, y decidiendo por ello dejarla en paz; Prez siendo apaleado verbalmente por su tío y superior; McNulty incapaz de frenar a la prostituta cuando entra de incógnico en el burdel, y termina follándosela mientras lleva la escucha; Omar en el juzgado dejando en evidencia a los abogados; el destino del superior de Spiros, conocido como El Griego, así como sus conexión con altos mandos del país; aquella escena que enlaza la reacción de las parejas de varios agentes ante su elección de dedicarse al caso; el vendedor de droga blanco que viste y habla como un negro; Ziggy perdiendo la cabeza y liándose a tiros; de nuevo, cualquier conversación de Herc y Carver cogida al azar…

La temporada es de nuevo magnífica, densa, realista y dura pero a la vez muy entretenida y emocionante. Sin embargo también hay que decir lo evidente: no alcanza las cotas extraordinarias de las tres grandes temporadas, la primera, tercera y cuarta. Aun siendo soberbia, con los momentos gloriosos habituales de la serie y con sus personajes exquisitos, le pasa como a la quinta: le falta una pizca tanto de perfección como de genialidad que me permita considerarla una obra maestra. Se ve una ligera improvisación en la historia, una falta de definición que se traduce en un ritmo mejorable en su tramo inicial. O dicho de otra forma, le cuesta entrar en materia, tanto en los personajes del puerto, donde da varios rodeos hasta centrarse (vemos varias escenas en el bar que no aportan realmente mucho), como en el caso, que empieza con poca garra y algo disperso, como si David Simon no tuviera claro su desarrollo, como si pensara que no daba para la temporada entera y se viera obligado a postponerlo más de la cuenta. Tampoco ayuda que las historias estén bastante separadas: del puerto a la gente de Stringer hay un gran salto. En la tercera temporada vuelve a juntarse todo, y el relato vuelve a ser más compacto e impactante. Eso sí, huelga decir que el año es sobresaliente, que es mucho más que una obra policíaca y no hay ni una serie que se le parezca en ningún sentido: estilo, visión, acabado, alcance…

Ver también:
Temporada 1.
Presentación.