OLIVE KITTERIDGE – MINISERIE.

Olive Kitteridge
HBO | 2014
Productores ejecutivos: Jane Anderson, Gary Goetzman, Steve Shareshian.
Intérpretes: Frances McDormand, Richard Jenkins, John Gallagher Jr., Peter Mullan, Zoe Kazan, Bill Murray, Jesse Plemons.
Valoración:

La HBO de vez en cuando se lanza a adaptar novelas conocidas o historias de personajes relevantes en forma de miniserie, como John Adams, Mildred Pierce, Elizabeth I y otras pocas. Olive Kitteridge es una novela de Elizabeth Strout que narra las vidas de distintos personajes de una pequeña localidad del Estado de Maine en Estados Unidos. La representación de las gentes y la forma de vida estadounidense es un valor que persiguen los premios Pulizter, y esta obra se alzó con el mismo en el año 2009. La miniserie de cuatro horas, escrita por Jane Anderson, autora bastante desconocida (sólo tiene algunos telefilmes en su currículo), recorta muchos personajes, que la novela parece tenerlos a puñados, pero mantiene el tono desestructurado, con idas y venidas en el tiempo que van desgranando a los personajes poco a poco.

Olive es una maestra y ama de casa un tanto amargada y poco simpática, o más bien muy seca y dura, y nunca dada a recular cuando su bocaza hiere a los demás. Su marido es amable, paciente y más que un encanto resulta empalagoso. La combinación de ambos anula algunas de sus debilidades o defectos, pero no siempre, con lo que el matrimonio tiene altibajos. Ella está cada vez más deprimida, y los golpes del destino no ayudan. Él se obsesiona con ayudar a una chiquilla en problemas, sin ser consciente de que a ojos de su familia traspasa bastante la línea, en especial viendo lo poco que atiende a su propio hijo. Éste crece en un entorno frío de escaso amor, lo que explica que se largue a vivir lejos, aunque las secuelas y traumas no serán fáciles de dejar atrás.

Otros pocos secundarios, como la esposa del hijo cuando crece, otro profesor, un compañero de clase del chaval y su madre loca realzan el argumento e intenciones de la serie: narrar el drama de las gentes que no son capaces de sobreponerse a sus problemas y limitaciones. Hay tragedias, penurias, lamentaciones, unos cuantos suicidios y muertes inesperadas… Y aun así consigue transmitir un tono esperanzador y resultar un entretenimiento más emotivo que doloroso. ¿El truco? Una mezcla de naturalidad con un tono irónico logradísimo que recuerda mucho a A dos metros bajo tierra.

El dibujo de los personajes, aunque parezca encorsetado cada uno en una personalidad muy marcada, es estupendo, todos resultan verosímiles y enormemente cercanos. Sientes como si estuvieras ahí con ellos en ese ambiente tan humano, tan real. Y el punto de vista con un humor ácido ayuda a suavizar los golpes duros de la vida. Todos nos enfrentamos a cosas parecidas, qué menos que no cebarse en lo lacrimógeno en plan dramón, sino mostrarlo con el punto justo de sensibilidad y desparpajo.

Pero hay un momento que rompe el equilibrio: el atraco. No me convence, aunque las secuelas se manejen bien. Se mete con calzador, es exagerado e inverosímil y la tensión forzada de la situación no me gustó lo más mínimo. Por suerte es un traspiés breve, y momentos para el recuerdo hay muchos. Mis favoritos son los siguientes: la boda del hijo, la visita a la familia de éste, el acercamiento de Olive al tipo que se encuentra tirado en un banco, la conversación con el amigo del hijo de adulto y el posterior rescate de una ahogada (sutil intervención de Olive y hermoso canto a la vida).

El trabajo actoral es estupendo, destacando a los más importantes, unos Frances McDormand y Richard Jenkins sumergidos completamente en sus roles. En la puesta en escena Lisa Cholodenko, que dirige los cuatro episodios, juega con la contención. Planos medios y ritmo suave pero muy fluido dan forma a una narrativa que parece sencilla pero que sin darte cuenta te atrapa bastante, porque consigue un tono de expectación constante muy logrado. Sumado eso a un guión complejo, profundo y detallista, obtenemos una serie que roza la excelencia, un drama muy recomendable para los amantes del género.

TRANSPARENT – TEMPORADA 1.

Transparent
Amazon Studios | 2014
Productores ejecutivos: Jill Soloway.
Intérpretes: Jeffrey Tambor, Gaby Hoffmann, Amy Landecker, Jay Duplass, Melora Hardin, Judith Light, Carrie Brownstein, Rob Huebel, Alexandra Billings.
Valoración:

Un anciano con tres hijos e incluso algún nieto se arma de valor para por fin salir del armario como transexual, esto es, una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre. La bomba cae bastante bien porque es una familia muy abierta, pero no está exenta de conflictos, y además de cara al resto del mundo siguen viéndose los muchos prejuicios de la gente.

Aunque tienen unas pocas producciones en marcha, Transparent es la presentación de Amazon Studios en el mundo de las series, y el resultado ha sido un éxito rotundo. Aparte de la gran calidad de la propuesta, esta ha calado entre el público y la crítica, alzándose con numerosos premios, incluido el Globo de Oro a mejor serie y mejor actor principal. Es creación de Jill Solloway, quien se dio a conocer como colaboradora en A dos metros bajo tierra y ha pasado por otras series populares, como United States of Tara, y además dirige casi todos los episodios de esta corta primera temporada. Parece ser que se inspira en su propia experiencia con su padre, que como el protagonista no fue hasta su jubilación cuando se vio con fuerzas para enfrentarse a esta difícil situación.

Una forma directa de definir la serie es con el ya reconocido apelativo de “dramedia”, es decir, un drama con un tono distendido y con no pocos momentos de humor. También es conocido el término de “familia disfuncional”, donde A dos metros bajo tierra es la cumbre del género: aquí todos son raros o están locos a su manera, y la unión de todos los personajes asegura una tragicomedia alocada.

El alabado Jeffrey Tambor era Mort, quien ahora desea ser reconocido como quien siempre se ha sentido: Maura. Tantas loas al actor me hicieron pensar en que sería protagonista absoluto, pero lo cierto es que es uno más en un reparto muy coral, de hecho los hijos me parecen más protagonistas que él. Y además su interpretación no es tan remarcable como venden, ni siquiera me parece destacar en un reparto al completo fantástico. Pero ya se sabe que los Globos son como los Oscar, tienen predilección por transformaciones físicas. Mort fue un padre muy abierto pero también algo distante, en gran parte por su condición; sólo mimó a la hija pequeña, que siempre ha ido a remolque de los demás. La esposa, de la que se divorció hace tiempo, tiene una pareja que está en las últimas; la relación con ella es de respeto mutuo: hace mucho que conocía el gran secreto.

La hija mayor es Sarah, en manos de una para mí desconocida Amy Landecker, pero quien tiene en su haber infinidad de producciones televisivas. Su experiencia se nota, es una actriz muy completa que no desaprovecha un personaje muy jugoso. Sarah inicia su viaje en un matrimonio estancado en la rutina, pero la cosa podría cambiar cuando se reencuentra con su exnovia de su época de lesbiana en la universidad. Su visión de la vida, donde sigue adelante con entereza y la cabeza alta ante cualquier adversidad, es contagiosa. Y sinceramente, si nominan a Tambor como actor principal, Landecker debería haber ido como actriz. El marido no me gustó como personaje al principio, parecía un complemento para lanzar su historia, un cliché hueco, pero más adelante cobra vida muy bien. La amante lesbiana es más interesante: Melora Hardin (The Office) hace suyo otro protagonista con arrolladora personalidad.

El hijo mediano, Josh, es quien arrastra un poso más oscuro. Sus relaciones con jovencitas acaban todas mal y muestran algún trauma de desapego emocional. Poco a poco vamos conociendo posibles causas y sus intentos por salir adelante, y la relación con la predicadora es muy interesante. Jay Duplass se dio a conocer en The Mindy Project como actor y en Togetherness como guionista.

También llena de conflicto está la más joven, Ali, quien no encuentra un camino que seguir en la vida y cada dos por tres cambia de tendencia, pero siempre a cosa de pedir dinero a papá. Aunque dicho así no parezca ofrecer mucho, su recorrido emocional es muy completo, con tramos fascinantes. A Gaby Hoffmann la conocí en Girls en un papel semejante, pero su carrera es bastante larga. Cabe destacar también a su amiga Syd, primero porque es un encanto, segundo porque la intérprete Carrie Brownstein es una persona digna de alabanza: guionista (Portlandia), actriz, compositora y cantante con varias bandas de rock feminista de gran nivel, destacando Sleater-Kinney. Y quizá por ser una famosa bisexual y activista de derechos de las mujeres acabó siendo invitada a la serie.

Y por supuesto todos los personajes sirven para hablar de las distintas formas de entender la sexualidad, el amor y las relaciones en una serie que va incluso más allá que la valiente Orange is the New Black a la hora de tratar la sexualidad humana. Maura obviamente toca la transexualidad, el tema más tabú para la sociedad, que muy pocas veces se ha tratado en series de televisión. Sarah representa la bisexualidad. Josh la confusión entre sexo y amor, la necesidad de afecto aunque no sepa entenderlo bien. Ali da para jugar con los clichés sobre que ser una marimacho te convierte en lesbiana. Tammy es la lesbiana con familia (esposa, hijos).

En ocasiones da la impresión de que se intenta abarcar demasiado en poco tiempo (luego hablo del ritmo), de que la familia atrae demasiados casos de sexualidad fuera de lo denominado como común, pero claro, entonces no habría serie, o no sería tan completa. Además nada se describe con estereotipos y la cercanía y naturalidad que transmite el grupo es fantástica. Cada personaje parece real, tiene sus virtudes, miedos, incongruencias y meteduras de pata. Les coges un apego desde los primeros instantes, la familia se ve y siente como otra cualquiera, con sus vicios, excentricidades y problemas. Bueno, como otra cualquiera no: los conservadores y reaccionarios siempre van aparte, en su particular mundo inmovilista donde todos son clones y nadie piensa y actúa diferente. La serie no es dura con ellos, pero no se olvida de que esta familia moderna y abierta vive en un mundo lleno de imbéciles.

Pero Transparent además tratar con sensibilidad y verosimilitud las distintas formas de entender la diversidad sexual es también una serie vibrante, emotiva a la par que divertida, llena de enseñanzas sobre la vida, con personales deliciosos e historias originales que nunca dejan de lado la naturalidad por mucho que se formen situaciones clásicas de la tragicomedia (ingeniosas, rebuscadas). Además le sumamos una excelente puesta en escena, donde Solloway marca el tono con una cámara en mano muy hábil que realza el tono cercano del relato y aprovecha muy bien el formato semicinematográfico (otra serie presentada en 2.00:1).

El único problema, y no es grave, es que su ritmo es bastante precipitado y da la sensación de que impide que los eventos calen con plenitud en el espectador. Es decir, parece que corre demasiado, saltando entre situaciones y repercusiones sin explotar todos sus matices. Diez episodios de treinta minutos no me parece un metraje adecuado para una serie coral y con tantas historias; incluso trece capítulos podrían haber sido pocos. La temporada se engulle con adicción, emociona y deja gran recuerdo, pero, al menos en mi caso, pensé que me había perdido mucho, que no se ahondó lo suficiente en muchas situaciones antes de pasar a otras. Por suerte, no llega al punto de afectar a sus excelsos personajes, es más cuestión de que no da tiempo a asimilar bien tanta información, de que parece tirar más hacia el resumen que hacia la exposición calmada. Eso sí, esto garantiza que puedes ver la serie varias veces sin acusar desgaste.

HAPPY VALLEY – TEMPORADA 1.

Happy Valley
BBC | 2014
Productores ejecutivos: Sally Wainwright, Nicola Shindler.
Intérpretes: Sarah Lancashire, George Costigan, James Norton, Charlie Murphy, Siobhan Finneran, Adam Long, Steve Pemberton, Joe Armstrong.
Valoración:

En una pequeña localidad de Inglaterra el cuerpo de policía local no tiene grandes complicaciones más allá de unos pocos problemas relacionados con el consumo de drogas. Pero eso no implica que las vidas de sus habitantes sean idílicas. La sargento Catherine Cawood arrastra los efectos de un caso sin resolver: su hija fue violada y no soportó criar al hijo que vino después, así que se suicidó. Por otro lado, un contable deja salir su ira contra su jefe planeando el secuestro de su hija, que llevarán a cabo unos traficantes del lugar… entre ellos el violador que no fue condenado por su acción. Catherine se verá envuelta en un oscuro y trágico caso que además la toca muy de cerca.

La mayor virtud de la serie es que el drama, por muy lacrimógeno que pueda ser en algunos tramos, nunca es sensacionalista o manipulador como ocurría en la popular Broadchurch. El conflicto familiar de la protagonista se trata con realismo, los personajes implicados transmiten cercanía y todo se desarrolla con verosimilitud. Además estamos ante un personaje central redondo, casi fascinante, con el que se conecta con intensidad. Lograr esto era esencial, por su importante conexión con el desarrollo de la trama. Si Catherine hubiera sido intrascendente, o peor, cargante, la serie se hubiera hundido. Crucial es también la lograda interpretación de Sarah Lancashire, que capta muy bien la compleja progresión emocional la agente de policía.

Catherine tiene una buena réplica con los delincuentes, sean los casuales (el contable cabreado), o los más profesionales, con un jefe inteligente y dos soldados muy diferentes, uno torpe y cobarde, el otro, el violador, un psicópata calculador. Pero, y aquí empiezan los puntos flojos, los otros habitantes del relato no están tan bien confeccionados. El resto de policías no pasan de figurantes, algunos superiores no se presentan muy bien, y el investigador que aparece al final para llevar el secuestro es muy soso. La familia más presente (hermana y nieto) funcionan correctamente, pero el resto aburren, tanto el amante (¿qué aporta éste?) como en especial ese hijo con el que no se hablaba, que aparece al final para exponer otro problema: en el desenlace rompen el equilibrio abusando del drama.

El caso avanza sin sorprender, pero también sin fallar: como narración clásica tira por lo realista, con esfuerzo personal tangible (investigación policial pateándose las calles), con los jefes incompetentes de turno, y sobre todo manteniendo en primer plano las repercusiones de los eventos en los protagonistas. Hay buenos golpes de efecto, como el destino de la joven agente, algo de inteligencia en momentos puntuales, como las disputas con los jefes (aquí hay una de mis escenas favoritas: si pretendes que haga la vista gorda con tu registro ilegal de una casa, ¿esperas que yo no la haga con los deslices de otro superior?), y en líneas generales el ritmo e interés se mantienen en un buen nivel.

Pero el capítulo final es un bajón. Gracias a la solidez del caso y sus protagonistas principales todo funcionaba francamente bien a pesar de ser un relato bastante previsible, pero en el último momento dan marcha atrás. El sensacionalismo y los clichés manidos asoman la patita en un clásico desenlace con secuestro de familiar querido y momentos de tensión que de forzados no transmiten nada, por no decir que sin venir a cuando se les va la mano con el drama en una cena familiar innecesaria a estas alturas del relato. La serie habría acabado perfectamente en el asalto al sótano (dándole algo más de empaque, eso sí), el dramón en el cumpleaños y el secuestro son añadidos forzados y malogrados.

A tenor de las buenas críticas recibidas (aparece en muchas listas de lo mejor del año) esperaba encontrarme con una obra si no excepcional sí notable, pero basta un primer vistazo para ver que no tiene ni potencial ni intenciones de dejar huella, que simplemente busca entretener con una fórmula clásica. Por suerte, como indicaba, esta fórmula se aprovecha bien: buen equilibrio entre policíaco y drama, todo ello conducido por un rol central que está cerca de resultar enorme, ofrecen un título que no calará en la memoria pero se ve con agrado.

PD: hay un alegato bastante cutre contra las drogas, por ser una visión muy simple y además errónea (ponen al cannabis como algo que vuelve loca y violenta a la gente), que resulta exagerado incluso en el estilo conservador de la serie.
PD2: nació como miniserie, pero el éxito ha empujado a estirarla.

THE AFFAIR – TEMPORADA 1.

The Affair
Showtime | 2014
Productores ejecutivos: Hagai Levi, Sarah Treem, Eric Overmyer.
Intérpretes: Dominic West, Ruth Wilson, Maura Tierney, Joshua Jackson, Julia Goldani Telles, John Doman.
Valoración:

Supongo que, pensando que un clásico drama de personajes cuyo eje común es un también clásico romance podría no ser especialmente llamativo, sus creadores optan por una narración distintiva y añaden un trasfondo de thriller. Y desde mi punto de vista este es precisamente el lastre de una serie que, reforzando mínimamente el certero drama humano en vez de irse por las ramas con el aspecto narrativo, podría haber sido bastante más buena y entretenida.

Cada capítulo se divide en dos partes, una para cada personaje implicado en la relación amorosa. Esto de primeras parece llamativo, porque promete ofrecer los distintos puntos de vista sobre la aventura que tienen dos protagonistas bastante diferentes. Pero pronto se ve que los guionistas no saben darle el toque de inteligencia necesario, o que no lo buscan y lo que pretendían era un enredo narrativo para adornar la trama, de forma lo único que consiguen es frenar el ritmo aportando demasiada información redundante. Y la verdad es que me sorprende, porque son escritores y productores de gran talento: Hagai Levi (En terapia) y Eric Overmyer (Homicidio, The Wire, Treme…). Básicamente las diferencias de sus momentos juntos radican en que recuerdan las cosas con unos pocos detalles distintos: orden de acontecimientos y diálogos algo alterados, ropa ligeramente cambiada. Nada que aporte cosas esenciales al dibujo de los personajes o la evolución de la historia. Y en ocasiones además hay ciertos desajustes, es decir, se cuentan u omiten cosas que no encajan o dejan huecos en el punto de vista actual; no llegan a ser especialmente graves, pero están ahí.

En cuanto al thriller, también ponen el esfuerzo en el sensacionalismo hueco en vez de planear y desarrollar las cosas bien. Se inclinan equivocadamente hacia un tono a lo Perdidos, es decir, acabar el capítulo lanzándote a la cara un secreto o sorpresa que para colmo quedará en el aire indefinidamente. Si la progresión del misterio fuera la adecuada se lograría una buena atmósfera, pero la investigación del detective se mete de sopetón de mala manera, y no avanza mejor, así que lo único que se logra es generar confusión. En los capítulos finales la cosa coge carrerilla… pero termina siendo demasiada velocidad para absorber bien todos los giros. Para empeorar las sensaciones, la esperada revelación de quién fue el muerto (y posible asesinado) roza la vergüenza ajena: un personaje muy secundario, intrascendente y aburrido… y casi parece que los guionistas lo sabían, porque cuando llega el momento ponen su careto en una foto enorme y se repite su nombre de forma descarada… y aun así es fácil que no recuerdes quién es. Como remate final, en el cierre de temporada esta línea argumental, justo cuando parece relegada de nuevo a subtrama de relleno, retorna otra vez en plan Perdidos, salpicando a la pareja protagonista en un modo demasiado tramposo.

Estos desvíos de atención o son intrascendentes o demasiado forzados, alargando indebidamente la trama, rompiendo el ritmo de los capítulos, que resultan largos e irregulares a pesar de guardar gran potencial. Es una lástima, porque el drama apunta maneras, de hecho es notable en algunos momentos, pero podía haber sido brillante y sin fisuras si no se hubieran empeñado en darle un aire innovador tan impostado.

Lo primero a destacar es el excelente dibujo de los personajes, que no se estanca en tópicos a pesar de partir de lugares muy conocidos. Por un lado tenemos el matrimonio con hijos afincado en la rutina, con una esposa (Helen) que exige más que pedir, aunque sea sutilmente, y un esposo (Noah) que se ve achicado por ella y sus dominantes suegros, además de aburrido por la monotonía de la vida y abatido por no alcanzar el éxito soñado (como escritor sobre todo). Por el otro conocemos a una pareja más joven (Alison y Cole) que ha vivido una tragedia, la muerte de su único hijo, que ha roto su idilio. Bastan un par de escenas para que transmitan gran realismo, nos interesemos por ellos y queramos saber cómo superarán sus penas. Queremos saber si Noah encontrará en Alison su musa y su salida del desencanto con la vida, si Alison superará con él la aflicción que la arrastra a la melancolía y la desesperación. Además no se descuidan los secundarios principales, es decir, familia y amigos de ambos, aunque destacaría la esposa Solloway (fantástica Maura Tierney) por encima del novio de Alison (Joshua Jackson mostrando su madurez), pues en ella las consecuencias de la traición dan más juego. La progresión del romance, aun lastrada por las vueltas en círculos y las subtramas fallidas, es bastante atractiva porque al ser una extensión de los personajes mantiene su cercanía y credibilidad.

Los actores principales están estupendos. Dominic West se libra definitivamente de la larga sombra de McNulty (The Wire), y Ruth Wilson sigue aumentando su fama en el mundo de las series tras pegar fuerte en la floja pero exitosa Luther. Las distintas etapas de sus vidas y los vaivenes emocionales los captan adecuadamente, destacando especialmente los momentos trágicos, donde transmiten con gran fuerza las penas en las que están sumergidos. Pero mi impresión es que los medios se han pasado alabándolos, que casi los tratan como la revelación de la década. Y más sobrevalorada está la serie, que no pasa de ser un drama más pero la han aclamado como la mejor del año en muchas partes. En los Globos de Oro se ha llevado el de mejor serie (por encima de temporadas magistrales como las de Hannibal y Sons of Anarchy… que ni estaban nominadas) y mejor actriz (segundo robo a Taylor Schilling por The Orange is the New Black -y segundo a la serie, que para colmo la siguen considerando una comedia-).

Un aspecto también digno de mención es la falta de erotismo y empaque de las escenas de romance y sexo. Siendo una serie claramente adulta, es lastimero ver los malabares que hacen en cada encuentro para no mostrar casi nada de carne. Le hacía falta un tono HBO: sexo descarnado sin tapujos ni censura. Las diferencias en las formas de follar (en pareja o en la aventura) deberían ser cruciales, el despertar que viven a través del contacto físico y emocional debería rebosar erotismo y vida.

Otra cosa que no veo clara es una segunda temporada. Todo lo que había que contar sobre la aventura se ha contado, sólo quedaría estirar el thriller (que lo harán, viendo el final) y exprimir los líos entre pareja. Finalmente están los títulos de crédito… decir que son horribles es quedarse corto.

AMERICAN HORROR STORY – TEMPORADA 4 – FREAK SHOW.

American Horror Story
FX | 2013
Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Brad Falchuk, Tim Minear.
Intérpretes: Sarah Paulson, Evan Peters, Kathy Bates, Jessica Lange, Angela Bassett, Emma Roberts, Denis O’Hare, Michael Chiklis, Frances Conroy, Finn Wittrock,
Valoración:

Brad Falchuk y Ryan Murphy nos llevan en esta temporada a un circo de fenómenos que sobrevive a principios de los años cincuenta. En su actual emplazamiento la feria enfrenta el ocaso de una profesión que permitía tener un sustento a estas gentes expulsadas de la sociedad por sus deformidades. Y por si la crisis de la profesión no fuera suficiente, todavía luchan contra viejos fantasmas: ese rechazo trae también los linchamientos y ejecuciones cuando los pueblerinos buscan culpables de sus desgracias. La aparición de un asesino en serie, un payaso loco que siembra el caos entre los lugareños, abre la veda para la persecución de los fenómenos.

El año empieza con bastante más fuerza que los dos anteriores gracias a que presenta unos personajes más sólidos y atractivos. Es cierto que Jessica Lange repite un rol de lideresa ambiciosa sin escrúpulos, pero Elsa Mars pronto resulta más interesante que la bruja de la etapa precedente, porque parece más humana, porque sus heridas son más tangibles, y sobre todo porque su lastimera obsesión por hacerse un nombre en el negocio, aunque sea a costa de dejar a los suyos en la estacada, resulta inquietantemente divertida.

Recuperamos a Evan Peters en un papel que permite ver su valía como actor: el chico langosta es fiel a los suyos, carismático y valiente. Kathy Bates se aprovecha muy bien otra vez, pues la mujer barbuda muestra un viaje emocional bastante completo. Sarah Paulson encarna a las siamesas, dos cabezas y dos personalidades encantadoras cuya historia de crecimiento personal y búsqueda de un lugar en el mundo también da mucho de sí. El resto de feriantes queda en un plano más secundario, pero todos tienen algo que aportar: la gigante, la enana, la mujer sin piernas, el hombre sin brazos… Y todos estos además son fenómenos reales, solo con la siamesa y la barbuda han usado maquillaje y efectos especiales.

Sabiamente relegan la aparición de otros protagonistas, de forma que no saturan en los primeros capítulos. El forzudo (Michael Chiklis) y la mujer de tres pechos (Angela Bassett) darán para un buen drama familiar junto al chico langosta y la mujer barbuda, porque las relaciones guardan interesantes sorpresas. Denis O’Hare y Emma Roberts son una pareja de caza-fenómenos que se infiltra en el circo para obtener especímenes que vender a museos de horrores. Y aparte tenemos la fascinante historia de Dandy (Finn Wittrock), el chico mimado y malcriado por una madre que le consiente todo (Frances Conroy), y quien irá sacando su vena de asesino psicópata poco a poco. Wittrock, que se dio a conocer en Masters of Sex, es la nueva incorporación a la serie y logra la mejor interpretación de la temporada.

La puesta en escena se inclina por una línea más clásica, evitando las locuras previas. Se agradece, porque ese estilo no parecía encajar aquí y porque en la etapa de las brujas se le veía un desgaste importante. Los únicos encuadres variopintos son fruto de encajar las dos cabezas de la siamesa, que además se llevaría gran parte del presupuesto. Aunque sí encontramos un recurso atípico en otro elemento: la idea de poner canciones de los años ochenta en los numeritos de Elsa (con predilección por David Bowie) ayuda a generar una atmósfera irreal.

Lamentablemente, los guionistas se quedan sin ideas a mitad de la sesión. Una vez terminadas las tramas del payaso asesino y del lío con los lugareños no saben desarrollar nuevas historias, y los personajes se estancan en una dinámica repetitiva que no lleva a nada. Por si fuera apoco pronto se ve que con conscientes de ello pero que su único recurso es rellenar y amagar: cuántos falsos asesinatos tenemos que tragarnos, tanto por parte de la pareja infiltrada como por las constantes disputas en el propio circo, empezando por los tejemanejes de Elsa. Así a ojo, las siamesas no-mueren tres o cuatro veces, hasta el punto de que una vez me sorprendí de verlas de nuevo, pensando que definitivamente habían fallecido.

Media temporada dando vueltas en círculos acaba con la paciencia de cualquiera. Poco hay que salvar de los agotados personajes, como mucho las penurias del chico langosta, tanto en el tema familiar como en su esfuerzo por defender al grupo, y el paso al lado oscuro de Dandy. Pero me temo que incluso con este último aparcan lo inevitable hasta los capítulos finales: el reguero de muertes tan largamente anunciado, cuando llega, ya no puede sorprender, porque lo hace tarde y de forma precipitada. La posición final de otros personajes tampoco sorprende: el viaje de Elsa se ve venir de lejos y se le dedica demasiado tiempo, mientras que el destino de los pocos supervivientes del circo es tan insípido que ni lo recuerdo a la hora de escribir esto.

Otra cosa que hacen mal los guionistas es meter a última hora un par de personajes nuevos. El capítulo centrado en contarnos el pasado de Pepper es el colmo del relleno innecesario: aparte de lento y aburrido no aporta absolutamente nada a un personaje que apenas pasa de figurante y que finalmente vemos que no tiene nada nuevo que decir. Y la aparición estelar de Neil Patrick Harris como nuevo loco asesino también sabe a trampa, porque intenta desviar la atención de los hilos principales y porque se expone todo con prisas cuando con los protagonistas van a paso de tortuga. Aunque por eso mismo se puede decir que termina ofreciendo algo de entretenimiento por aportar ritmo y frescura.

Es triste acabar una temporada con tanta desgana y desinterés por lo que le pase a los protagonistas cuando en el inicio de la misma estos te han llegado con fuerza. Pero es lo que ocurre cuando los guionistas no planifican bien el año, cuando no saben dosificar personajes y tramas. Y la verdad es que es difícilmente perdonable, porque escriben sabiendo que será una temporada cerrada.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

12 MONOS – PRIMERAS IMPRESIONES.

La premisa es la misma que en la película de Terry Gilliam (que a su vez se inspiró en el corto La Jetée). En el futuro una plaga ha asolado a la humanidad, pero un grupo de supervivientes tienen una máquina del tiempo (a saber cómo la han conseguido) y unas pocas pistas con las que pretenden viajar al pasado para conocer qué pasó y arreglar la situación. En el filme jugaban con la intriga de si se podría reescribir la historia, pero en la serie van a saco con la fantasía de que, si cambias algo, una oleada recorre el universo y altera la materia y el espaciotiempo ante tus ojos para ajustarse a las modificaciones. Es la versión de viajes en el tiempo que menos me gusta, porque deja muchas preguntas sobre de dónde sale esa energía misteriosa y cómo el universo “se entera” de que le han cambiado algo al pobre. En Regreso al futuro se usaba bien para hacer una comedia de entuertos rebuscada, pero yo soy más de la “teoría del río”: tu acción en el viaje temporal puede causar algunas ondas, pero no cambiará el flujo de acontecimientos. Como en la saga Terminator, vamos.

Pero como punto de partida para montarse un entramado de líneas temporales, personajes en distintas épocas, cambios sobre cambios, etc., tiene potencial para dar una serie muy loca. El problema es que la presente apunta bajo, muy bajo. Es el enésimo refrito de Expediente X, adornado con elementos de la única del género que triunfó estos años, Fringe. En el segundo capítulo ya nos han metido al Fumador u Observador sin disimular lo más mínimo. Así pues, apesta a procedimental de misterio y ciencia-ficción con una trama larga de intriga expuesta en dosis que se irán reduciendo según quieran alargar la serie. Y lo peor es que su rango de movimiento es muy limitado, no hay opción a meter historias variadas como en las obras citadas, que jugaban con ambientes, monstruos y aventuras de todo tipo. Si van a seguir el patrón visto en este inicio, va a ser monótona hasta decir basta. La única opción que tienen es ir fuerte con la trama seriada… pero me temo que esta tampoco apunta maneras. En estos dos capítulos ya he tenido varios ataques de risa por lo mal que se expone la historia, lo que se fuerzan los encuentros entre personajes, la forma ridícula de mostrar nuevas pistas y la vergonzosa la aparición del Trajeado.

En la trama y estilo vamos con lo más básico. ¿La estética de la película, con el sello surrealista de Gilliam? Ni se huele, esto está hecho con cuatro perras e imitando a Expediente X: fotografía fría y oscura de manual, escenarios básicos (simples edificios abandonados). ¿La atmósfera de miedo, caos y locura? No existe tampoco, los personajes del futuro parecen estar trabajando en una oficina cualquiera. Y por ahora el jaleo de viajes a distintas épocas no aporta nada de caos ni espectáculo (qué forzada la aparición en Corea del Norte), no tiene dosis de inteligencia y novedades como para llamar la atención. El prota viaja al pasado (a nuestro presente), se topa con la chica haga lo que haga, sigue la pista, se topa con los malos haga lo que haga, sale más o menos airoso, y vuelta al ciclo.

En la intriga de ir reconstruyendo lo que pudo pasar tenemos los momentos donde el guión cae más bajo. El mural de la investigación (típicos recortes de periódicos) que tienen los protagonistas sobre el científico que creen que inició la plaga también vale para cuando sospechan del ejército de los 12 Monos: basta mover un par de fotos y ya tienen toda la información ahí delante por arte de magia. Con la grabación que tienen como pista principal lo mismo: no se les ocurre hacerle una restauración para ver qué había en los cortes e interferencias hasta que el guionista quiere mostrar nuevas pistas. Y el Trajeado… madre mía, si sus esporádicas y supuestamente inquietantes apariciones van a ser todas así, nos vamos a reír de lo lindo: en un solo capítulo tiene dos o tres ocasiones para matar a los protagonistas, es decir, sus enemigos, y no lo hace simplemente porque el guionista no quiere hacerlo pero tampoco pretende esforzarse en encontrar una buena excusa. Una temporada entera con esta dinámica puede ser infernal, va camino de ser una comedia involuntaria.

Los personajes son muy ramplones, ni uno muestra un dibujo lo suficientemente sólido y genuino como para atraparte en su odisea. Los actores andan también escasos, y aunque por suerte no dan pena tampoco ayudan a despertar el interés. El ritmo ha ido rápido quizá por ser la presentación, pero es tan predecible que me ha aburrido muchísimo, y como ralenticen el tono puede ser insoportable. Es inevitable comparar con Continuum, la otra del género que se emite en la actualidad. No me llamó lo suficiente como para seguirla, pero tenía pilares algo más consistentes y al lado 12 Monos parecía hasta buena.

Syfy vuelve a apostar por la ciencia-ficción pasada de fecha: es otra serie que parece haber estado en un cajón desde principios de los noventa. Sólo cabría esperar que milagrosamente hayan planeado una buena trama a desarrollar poco a poco… pero sinceramente, empezando con estos capítulos tan vulgares parece claro que no estamos ante tal caso. Helix prometía mucho más en su inicio y ya vimos lo poco que dio de sí. ¿No aprendieron nada con Galactica? Si quieres triunfar, esfuérzate por buscar algo más inteligente y con mayor calado. Ni siquiera tiene que romper esquemas, simplemente no compres guiones de saldo.

PD: atención a los monos que pinta la loca moviendo el brazo a toda leche: ¡cómo canta la plantilla, todos igualitos!

SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 7 Y FINAL.


Sons of Anarchy
FX | 2014
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, Paris Barclay.
Intérpretes: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Kim Coates, Mark Boone Junior, Tommy Flanagan, Theo Rossi, Dayton Callie, Jimmy Smits, Drea de Matteo, David Labrava, Niko Nicotera, Michael Ornstein, Annabeth Gish.
Valoración:

Alerta de spoilers: Temporada final, spoilers a cascoporro.–

La última temporada de los Hijos de la Anarquía nos acerca a la caída al infierno de Jax Teller tras la cruel muerte de su amada, y su fiel club se ve arrastrado con él. El ataque de ira hace olvidar todos los planes de salir del crimen y dedicarse a negocios legales, dejando una temporada con regusto muy amargo: qué cerca estuvo, y qué bajo cae. El guionista Kurt Sutter nos sumerge en puro caos y tragedias donde las esperanzas por ver al club resurgir y a los personajes expiar sus pecados se desvanecen conforme avanza el año. Y aun así el tío es capaz de dar forma a un final de serie muy poético, gracias al simbolismo con que impregna el último tramo del fatídico viaje de Jax, por no decir que a pesar de su tono oscuro deja muy grato recuerdo gracias a que estamos ante otra temporada redonda.

En pocos días Jax ataca a todo el mundo, pero manteniendo la suficiente inteligencia como para no ir de frente como un loco, sino moviendo hilos de forma que las facciones se enfrenten entre sí, debilitándose. Todo forma parte de su objetivo de acabar con los chinos, en quienes recae la sospecha por el asesinato de Tara, y de paso con los negros de Augustus, enemigo principal de la zona y el único que puede oponérsele. La guerra supone una escalada de violencia brutal que no parece tener fin, todo Charming y el condado se estremecen.

Y mientras, Gemma arrastra sus remordimientos y miedos. Qué cruel es Sutter haciendo que ella sea artífice de la caída en desgracia de Jax. Mientras el club deja un reguero de muertos se mantiene la intriga por cómo y cuándo saldrá a la luz la verdad sobre la querida madre, porque indudablemente tendría que conocerse tarde o temprano. El segmento final efectivamente se lanza a cerrar esta dura historia: ¿puede seguir viviendo Jax sabiendo que fue Gemma quien mató a Tara en un arrebato de locura?, ¿puede ella sobrevivir a tan imperdonable crimen?, ¿se deshará el club con esta revelación? El desenlace es trágico en la vena shakesperiana habitual de la serie: muere hasta el apuntador.

El resto de protagonistas también da lo máximo de sí en esta etapa. La neutralidad de Wayne Unser es puesta a prueba con la desmedida respuesta de Jax. La otra gran traición por pagar, la de Juice, da muchísimo juego y no se libra de ser realmente triste, porque es difícil no cogerle cariño al chaval. La nueva sheriff como los anteriores resulta un pedazo de personaje: sus inclinaciones a jugar con el lado criminal para tratar de controlarlo un poco y la relación que forma con Chibs son muy interesantes. Los fieles Tig, Bobby y Happy se mantienen en su línea, alguno trayendo algo de luz (el romance gay de Tig aporta humor y sensibilidad en su justa medida) y otros oscuridad total (el destino de Bobby le estalla a Jax en la cara). Mi gran favorito tras Jax vuelve a ser Nero Padilla, en parte por el carisma nato de Jimmy Smits, en parte porque el personaje es una delicia. Por cierto, no entiendo cómo, siendo un protagonista principal desde hace varias temporadas, siguen sin poner al actor en los créditos como tal.

No me olvido tampoco de otros menos importantes pero igual de atractivos y que redondean uno de los grandes repertorios de personajes que ha dado la televisión. Chucky es un encanto. Wendy vuelve a cobrar protagonismo. Los miembros secundarios del club nunca se dejan como figurantes o pijamas, siempre se pone esfuerzo n darles algo de vida: Rabtoy y demás. Y con los de otras bandas igual: mejicanos, negros, etc. siempre son muy cuidados, nunca usados como simples objetos de la trama.

Kurt Sutter se marca otra temporada de infarto donde mueve todas las piezas del puzle de forma magistral: los numerosos personajes, sus relaciones y evoluciones, los distintos bandos, las tramas entrecruzadas una sobre otra hasta tener cuatro o cinco líneas encadenadas donde el movimiento de una afecta a las demás… El ritmo no es trepidante, es que llega a ser agobiante: ocurren tantas cosas a la vez, todas cruciales para los protagonistas, y la tensión es tan grande, que no puedes dejar de ver un episodio tras otro. Y de nuevo algunos superan la hora de longitud… y se hacen cortísimos.

Pero como también es habitual algún defecto de forma sí se puede señalar. El más conocido es su afán por siempre ir más allá, que a veces provoca giros exagerados y otras resulta demasiado teatrero. Pero aun así pocas situaciones de esta categoría se pueden citar, y solo recuerdo dos que me hicieran chirriar los dientes: la masacre de negros que supone otro avance en las negociaciones de Jax (capítulo 706) está muy mal ejecutada, con todos disparando en círculo hacia el interior de forma que un tiro que no da en su objetivo es casi seguro que irá a uno de los tuyos; y la salida final de Jax del club fingiendo su ejecución y huida es manipuladora hasta decir basta, y desentona en un desenlace por lo demás redondo.

Y vaya si es redondo. Sutter hasta se atreve a distorsionar la barrera de la realidad: el número imposible de coches de policía persiguiendo a Jax, el camión fatídico con el conductor presentado tangencialmente, los cuervos, la vagabunda que sale en todas las temporadas (fantasma -real o figurado- de eventos pasados del club)… Todo se remata cerrando el círculo (Jax sigue los pasos de su padre) con gran emotividad, de forma que la fuerza narrativa del capítulo final pone la guinda a otra temporada gloriosa de una de las mejores series de los últimos años.

Ver también:
Temporada 6.
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.