BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 3.


AMC | 2017
Drama, suspense | 10 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould, Melissa Bernstein.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Mark Margolis, Tina Parker.
Valoración:

Alerta de spoilers: Más o menos describo todo el argumento, pero sin entrar en detalles y sorpresas… y como realmente no hay novedades, no creo que se pueda considerarse muy revelador.–

Podría copiar el comentario de la segunda temporada enterito, porque el panorama es el mismo. Y obviamente, tras otros diez capítulos de estancamiento, la sensación de decepción pesa más. Lo que hemos avanzado desde el final de la primera sesión cabía en un par de episodios. Los guionistas hacen malabares para intentar disimular que no tienen material, con repetición de escenarios y vueltas en círculos que en realidad dejan ver demasiado sus costuras. Hay multitud de situaciones, incluso capítulos enteros, que los podríamos colar en medio del segundo año y no se notaría diferencia alguna.

Jimmy quiere ser un tío legal, trabajar desde una ética digna, caer bien. Pero el mundo, y más el sistema capitalista estadounidense (de nuevo la crítica que emerge del relato es bastante inteligente), le ponen mil trabas, a lo que se suma su torpeza para verlas venir y su inclinación por traicionar sus intenciones cuando las cosas se ponen difíciles. Pero todavía no vemos a Saul (sólo de dónde sale el nombre, un caramelo insuficiente), todavía Jimmy lucha incansablemente aunque todo se ponga en su contra, aunque sea incluso consciente de que muchas veces es él mismo quien termina de labrarse su tortuoso camino.

Y sus allegados sufren las consecuencias. Chuck es otro con debilidades concretas, y Kim se enfrenta también al capitalismo extremo. Sólo los más fuertes, los que no cometen ningún fallo, los que saben sortear las trampas del sistema y pisotear a los demás, logran salir adelante. Cayendo en la órbita de Jimmy, con sus deslices y desmanes, estos dos se vuelven aún más vulnerables. Chuck es obsesivo compulsivo, y cuando su mundo de adoración ciega a la ley se derrumba acaba refugiándose en una enfermedad mental. El rechazo hacia su hermano, siempre muy bien justificado, muy verosímil, es la gota que colma el vaso: con él cerca no parece que pueda librarse de su paranoia. Kim, por muy capaz y entregada que sea como abogada, no logra salir del bache laboral, y menos si cualquier problema externo te puede hundir el negocio (e incluso la vida) en un sistema económico, laboral y social propio del salvaje oeste. Y Jimmy la arrastra hacia unos cuantos baches.

Precisamente por ello la serie se sostiene: Jimmy es un protagonista enorme y está muy bien secundado. Nos adentramos a fondo en la psique de cada uno, resultando unos personajes muy reales y cercanos: conocemos sus sentimientos en todo momento, nos implicamos a fondo en su lucha diaria… Y el trabajo actoral termina de ganarte por completo: Bob Odenkirk, Rhea Seehorn y Michael McKean están fantásticos. Pero me temo que hay tan poco movimiento en sus historias que no basta. Los tibios avances, los poquísimos puntos clave, no justifican los veinte capítulos que llevamos atascados en bucle.

Otra vez nos encontramos con flashbacks de Jimmy recordando sus viejos tiempos de timador, donde no sentía remordimientos y vivía al día sin preocuparse por nada. Otra vez tenemos un amago con ir a un bar y empezar a estafar de nuevo… pero resulta que lo meten en el armario. O sea, que en vez de avanzar retrocedemos. Otra vez con trabajillos y pequeños chanchullos para intentar salir adelante, la mayor parte repetidos hasta el hartazgo. Los líos con los anuncios y con las ancianas son los puntos álgidos de su nueva caída e intento de levantar cabeza… ¡pero si es lo mismo que llevamos viendo desde la primera temporada! Sinceramente, por esto me han dado ganas de olvidar las virtudes que quedan en la serie y darle un suspenso. El único momento original es cuando va a mirar un problema con el seguro de abogado y se le ocurre una forma de putear al hermano, pero es un oasis de inspiración en un año bien seco.

La dinámica con Chuck está bloqueada en la misma escena, la misma disputa, con la que nos la presentaron. La única novedad es el juicio que parecía apuntalar el final de la relación, pero se alarga de mala manera a pesar de que se ve de lejos todo su recorrido. La autoparodia con que la solución llega en plan Perry Mason (y todos los procedimentales legales antiguos) no oculta lo obvio: que es Perry Mason y semejantes, un truco muy viejo, muy fácil, que muestra la falta de ideas, la incapacidad para progresar. Porque, después de todo, el dichoso juicio no ofrece un cierre concreto, todavía damos otras pocas vueltas a pesar de tener el destino bien claro desde que empezó la serie. Cuando por fin llegamos al punto de inflexión, este no supone una revelación, un shock impactante, porque ya hace mucho que teníamos asumido lo que ocurriría, ya es tarde para que pueda sorprender.

El viaje de Kim es exactamente el mismo que hemos ido viendo. Es la colega laboral y social de Jimmy. Como follamiga, se apoyan y consuelan entre ellos en los malos tiempos; la relación es bonita, creíble… pero no muestra ningún movimiento. En el trabajo lucha por sacar adelante un caso que le viene grande, por eso de que hay que darlo todo para poder triunfar. Pero el único cambio que hemos visto en tres años es, literalmente, una fachada: el nombre de la compañía para la que trabaje en cada momento. El resto de retos, problemas y dilemas son siempre los mismos. Y acabamos igual, con un receso que huele a reinicio poco disimulado por mucho que hayan querido exagerar el giro para hacerlo espectacular.

Con Jimmy estamos en la misma tónica. Empezó desde abajo en un gran bufete, el de su hermano, pasó a uno más que pequeño, y luego acabó montándose una oficina propia con Kim. ¿Tenemos que exprimir a fondo cada escenario del mundo de los abogados, aunque en el fondo las desventuras, los conflictos y el aprendizaje sean los mismos, para dejar claro que no es capaz de trabajar desde dentro del sistema? Y, como decía, para colmo finalizamos con otro intento redentor, otra vez con Jimmy asumiendo sus errores e intentando encarrilar su vida. De nuevo a la casilla de salida. ¿Qué ha cambiado en él en estas dos últimas temporadas? Nada. ¿Qué ha cambiado en la relación con sus seres cercanos? Más bien nada, porque se deja en el aire, y además no es nada que no esperáramos desde hace mucho. ¿Qué ha cambiado en su relación con el mundo? Nada.

La cosa se agrava con la fallida sección de Mike… bueno, ya en realidad ni es suya, está repartida entre Nacho Varga, Hector Salamanca y Gus Fring. Este grupo forma parte de una serie cada vez más apartada, y aunque está igual de estancada, resulta mucho peor en cuanto a interés: un cero en originalidad, un cero en desarrollo, y, como es esperable, cero atractivo por lo que vendrá. Todo lo que nos cuentan con ellos son anécdotas irrelevantes, escenas sueltas que no muestran ninguna dirección, y aunque lo hicieran, ¿cómo pretendes que me enganche a una historia que parte de subtramas de Breaking Bad ya cerradas? Recalco eso por si no ha quedado claro el error de concepto que supone intentar vivir de las rentas: son subtramas ya agotadas por completo en la serie madre, ¿qué sentido tiene recuperarlas aquí en su mínima expresión? Y encima el punto álgido se basa en un recurso muy usado allí: envenenamiento.

En el primer año Mike molaba y daba la impresión de que trataban de unir su destino y el de Jimmy. Pero a partir del segundo se han ido separando y su parte está cada vez más diluida, de forma que sus apariciones parecen cada vez menos justificadas. De nada sirven los montajes típicos de Breaking Bad (muchos ubicados como prólogos) que resumen situaciones con un estilo visual distintivo, o sea, en plan videoclip, porque ninguno deja huella, muestran acciones muy simples adornadas con demasiado enredo (la búsqueda de un localizador en el coche se hace eterna) o canta mucho que buscan el efectismo inmediato por encima de la verosimilitud (es imposible que la droga de las zapatillas colgadas cayera en el parachoques trasero del camión… de hecho tienen que evitar el plano general para intentar disimularlo).

Con este grupo enlazo también con la obsesión por el homenaje y la referencia a Breaking Bad. Parecen esforzarse más en incluir guiños y dar cabida a personajes de aquella, por muy intrascendentes que fueran (como la secretaria), que en desarrollar tramas originales. Eso sí, hace las delicias de los seguidores que tienen tiempo para buscar hasta el detalle más insignificante, como el logo de una empresa que sale aquí y allá. A mí no me convence. La unión de dos obras en un mismo universo debe ser orgánica, no tan forzada en aspectos relevantes (recuperar personajes con sus historias terminadas) y tan rebuscada en el detalle. Por no decir que no tengo ganas de volver a ver Breaking Bad para tenerlo todo fresco y poder pillarlo todo. Lejos de la sobrevaloración delirante a la que fue sometida por la explosión mediática alcanzada en sus últimas temporadas, fue una serie terriblemente irregular y caótica, y muy basada en la sorpresa, es decir, no tiene alicientes para echarle de nuevo tantas horas habiendo tantas series nuevas (muchas muy superiores) que ver. En resumen, me gustaría que Better Call Saul fuera una producción con entidad propia, como parecía que pretendían en su primera temporada. No quiero volver atrás para recordar aspectos de personajes que habían acabado su recorrido, ni me parece lógico tener que poner tanto esfuerzo en la atención al detalle cuando precisamente la perspectiva global se ha perdido.

Otro de los puntos fuertes de Better Call Saul sigue presente, pero no en tan buena forma como antes. La labor de fotografía y dirección ofrece un acabado cinematográfico de primer orden… Pero se ve cierto acomodamiento, no hay escenas que quiten la respiración, e incluso se puede señalar que el tempo narrativo tan pausado se va convirtiendo en contraproducente, que requería un poco más de vidilla, porque sin contenido real la obra resultante va pasando de contenida pero fascinante a lenta y aburrida.

A estas alturas me parece más que claro que, a pesar de que la notable primera temporada parecía apuntar bastante alto, Vince Gilligan y Peter Gould se equivocaron con el planteamiento inicial, y más cuando es de esperar que la cadena les exigiría al menos cuatro o cinco temporadas si iban teniendo éxito. Han elegido una premisa muy básica y limitada y encima con la mitad del argumento ya conocido, y se están ahogando ahí. Desde un principio deberían haber puesto a Jimmy en otro escenario más elaborado y versátil (qué obsesión con mantenerlo dando vueltas en círculos en la abogacía), con más personajes y tramas latentes que permitieran temporadas con arcos largos más consistentes y entretenidos, de forma que el postergar la evolución hacia Saul Goodman se disimulara mejor. Tanto mencionar su pasado de timador, ¿por qué no haberse planteado esta etapa con él metido en alguna o varias estafas de largo recorrido? Quizá no sorprendiera, pero desde luego hubiera sido mejor que repetir con el intento de ser abogado, la más que previsible caída, y el proceso de levantarse otra vez mediante los mismos recursos (los ancianos y los anuncios). Y por supuesto, no debería tener una presencia tan grande la sección del narcotráfico, que a todas luces es irrelevante en la trayectoria de Jimmy, al menos en este punto. Quizá haya suerte y en la próxima temporada se unan las dos líneas, pero teniendo en cuenta que una está muy gastada y a la otra no le consiguen sacar sustancia, no sé yo sí podrán traer algo novedoso. Si quieren darle unos años más de vida necesita un cambio total de rumbo, algo difícil porque romper con el espíritu original a estas alturas puede ser incluso peor si no se hace muy bien.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

FALLECE STEPHEN FURST, DE BABYLON 5.

El 16 de junio nos dejó Stephen Furst a los 63 años de edad. Según han informado sus hijos a través de Facebook, fue debido a complicaciones de la diabetes, que le ha estado dando problemas durante toda su vida.

Trabajó en muchísimas series, destacando el mítico drama de hospitales St. Elsewhere. Aunque no era un actor muy conocido, los fans de la ciencia-ficción lo teníamos en alta estima por su papel más remarcable, el de Vir Cotto, el entrañable ayudante del embajador Londo Mollari en Babylon 5. Furst se suma así a esta leyenda negra que está dejando la serie, donde la mitad de sus actores principales ha fallecido antes de los sesenta o apenas alcanzándolos: Richard Biggs falleció con 44, Andreas Katsulas con 59, Michael O’Hare, Jeff Conaway y Jerry Doyle con 60…

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 7 Y FINAL.


CBS | 2015-2016
Drama | 22 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Cush Jumbo, Christine Baranski, Jeffrey Dean Morgan, Chris Noth, Alan Cumming, Makenzie Vega, Michael J. Fox, Sarah Steele, Zach Grenier.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento la temporada bastante a fondo, sobre todo el final. —

Última temporada de The Good Wife. Cabía esperar que por fin echaran toda la carne en el asador, que movieran de una vez por todas a los personajes que no se atrevían a mover, empezando por Alicia. Que, ya sin miedo por el futuro, rompieran los tabúes conservadores a los que se aferran, limitando su potencial mucho más de la cuenta, hasta el punto de haber provocado algunas historias y giros bastante criticables a lo largo de la serie. Y más sabiendo que, al ser el final, se mira con especial atención ese riesgo o la falta de él y las elecciones que tomen a la hora de enfrentar el desenlace.

Pero en realidad no tenemos nada nuevo, es otro año más, con sus virtudes y limitaciones ya de sobras conocidas. Como en toda la serie, nos encontramos ante una narrativa encorsetada en directrices, a veces incluso absurdas, que limitan a unos guionistas que muestran un potencial muy superior. El notable dibujo de personajes principales pero también el de los recurrentes, la sutileza con que narran algunas relaciones y pensamientos, y los subtextos tan inteligentes que suelen tener los casos del día a día (empezando porque tocan temas de actualidad bastante jugosos), de nuevo ven frenados su potencial por la obsesión de aferrarse a un esquema narrativo inmovilista y un tono conservador. Y sigue sorprendiendo que repiten el error de abordar tramas que saben que no pueden llevar a buen puerto por esas razones y acabarán obligados a darles carpetazo de mala manera. También, como ha sido más o menos la tónica, se pueden diferenciar tres fases. La que se centra en los casos sueltos, la que sigue una historia larga (en los primeros años, más de abogacía, en los últimos, con predominio de la política), y la que parece improvisada porque se han quedado sin material, pues siempre se ha notado que veintidós capítulos por año son demasiados. Normalmente seguían este mismo orden, pero aquí es el inverso.

El tramo inicial parece ir sin ganas, tirando sobre la marcha con rellenos poco sustanciosos (por suerte, como no es el final de temporada, no incluyen un giro sensacionalista). Y es que empezamos en una posición que ya critiqué en la etapa anterior. Qué sentido tiene volver a poner a Alicia empezando desde lo más bajo de la abogacía, y más cuando se ha hecho forzando, otra vez también, un distanciamiento hacia sus compañeros y amigos, más otro amago de acercamiento a su archienemigo, Canning. Llevan amagando con que se va a trabajar o no con él desde tiempos inmemoriales, mareando la perdiz sin llegar a nada. Y llevan el mismo tiempo jugando con que Alicia llega a lo alto del mundo laboral (encabezar un bufete importante, saltar a la política) para lanzarla al barro otra vez.

Consiguen mitigar un poco la sensación de paso atrás gracias a que los casos son bastante entretenidos y algunos incluso dejan buenas reflexiones, y a que en cierta manera dan un paso lateral que disimula un poco, ya que variamos ligeramente la dinámica de siempre en la relación con los clientes, pues sacan a Alicia de un despacho rodeada de abogados y la meten en las trincheras, peleándose por las migajas en la sala de vistas para fianzas primero, y luchando desde casa por levantar cabeza poco después. También se intenta aportar savia nueva. En seguida conocemos a Lucca Quinn, una abogada novata con la que empieza a colaborar porque se llevan bien. Esta es una de esas ocasiones en que un rol secundario termina ascendiendo a protagonista porque el actor es un roba escenas de cuidado: el buen hacer (y la buena presencia, claro) de Cush Jumbo le ganó pronto mantenerse durante toda la temporada, pero también ser recuperada en el spin off The Good Fight que encabeza Diane Lockhart.

Por desgracia, también aquí se materializa la nueva relación en tensión a través un mozo atractivo por el que Alicia se pone cachonda y duda durante media temporada sobre si irse con él o no. Lo cierto es que el personaje, Jason Crouse, tiene carisma y Jeffrey Dean Morgan le otorga más, pero la dinámica con los investigadores lleva siendo cansina desde hace mucho (qué pesados con Kalinda, y qué mal trataron a Robin en cambio), y si encima forma también parte del eterno triángulo amoroso, pues me pone en una situación difícil: por un lado, me cae bien, por el otro, parece hacer lo mismo en todos los capítulos, lo mismo que hacían otros personajes. Esto señala lo que venía diciendo, la obsesión por mantenerse a la fuerza fieles a la premisa y el tono conservador. Hay que tener un investigador que resuelva los casos con una llamada de último momento, y Alicia debe tener un conato de aventura mientras duda de si ser fiel a Peter para mantener a la familia, porque ha de haber movimiento dramático y tensión en el personaje pero a la vez el divorcio es tratado constantemente como una catástrofe, como un pecado (sí, estamos en el siglo XXI).

Además, es incomprensible que se centren tanto en Alicia teniendo a mano tantos protagonistas y tantas posibilidades con los diferentes frentes latentes. El bufete de Diane, Cary y Lee se mantiene de mala manera, con tramas secundarias entre tontorronas y lamentables. En vez tener casos paralelos que agilicen el ritmo, aparecen como para cumplir con el contrato de los actores. El lío con el viejo de Howard Lyman llega a resultar verdaderamente cansino, y rebaja de mala manera a grandes personajes como Diane y Cary. Los líos de racismo al contratar nuevos abogados aportan bien poco, salvo mantener la maldición de la serie de personajes que desaparecen: Monica Timmons (Nikki M. James) parecía estar ahí para largo, y se esfuma sin más; y hay que sumar otros casos recientes, como el encantador Finn Polmar (Matthew Goode), la anterior pieza del triángulo amoroso de Alicia que fue descartada cuando ya no servía, y el tal RD (Chris Platt), el del lobby republicano que parecía tan importante en las historias de Diane, hasta el punto de que lo mencionan en algunos roces ideológicos, pero que nunca vuelve a aparecer. Y aquí voy a mencionar que, como en las etapas anteriores, no aprovechan bien a la fauna de personajes recurrentes que construyeron en los primeros años, a pesar del tiempo a rellenar que había. Aparte de Canning apenas aparece Elsbeth Tascioni y un par de abogados y jueces.

Con Eli Gold también estamos estancados. El actor Alan Cumming tiene una presencia arrolladora capaz de levantar casi cualquier situación, y la hija (Marissa) es la mar de simpática, pero leches, repetir durante todos los capítulos el chiste del despacho enano, el momento de rencilla con la directora de campaña de Peter y las manías del personaje (ser ladino y manipulador), termina agotando. Sólo se recupera cuando se sincera con Alicia por haberle ocultado una llamada de Will Gardner hace unos años, un giro bien aprovechado ahora aunque en aquel entonces fuera el enésimo truco para poner en frío de nuevo la relación en tensión.

Este tramo logra entretener y ofrece algunos buenos momentos (destacando la dinámica con Lucca y que la religiosidad de la hija de Alicia se ha descartado inesperadamente y tiene algunos aportes interesantes, como su trabajillo como secretaria), pero el nuevo esquema narrativo se hace evidente demasiado pronto y afecta demasiado a los personajes secundarios, atascados en un bucle que roza la vergüenza ajena. Así pues, en esta reformulación de la premisa no parece haber suficiente para justificar el retroceso en el estado laboral y personal de Alicia, y como inicio de la temporada final deja más bien una sensación de agotamiento de ideas, de decepción, y más teniendo en cuenta todo lo que abarca, diez capítulos, casi la mitad de la temporada.

Con Eli y la directora de campaña Ruth Eastman, para la que ficharon a un peso pesado como Margo Martindale, iban manteniendo en segundo plano la carrera para la vicepresidencia de Peter. No ha ofrecido nada especialmente llamativo, más que nada porque se atasca con la dinámica repetitiva de Eli y Ruth, y cuando por fin cobra protagonismo no es que aporte algo extraordinario. Sí, es uno de esos tramos donde nos apartamos de la dinámica habitual de abogados y nos ofrecen una perspectiva muy realista de cómo funciona la política en Estados Unidos, pero ya hemos visto varias veces que, por mucho fuego artificial que lancen, al final harán un reset. Y vaya si lo hacen, con todo descaro. Pero, como en la serie en general, mantiene un nivel más que decente porque los personajes son bastante buenos y sus vivencias y sentimientos están bien exprimidos. Alicia está harta de todo y empieza a romper con todo sin miedos ni remordimientos. Va con Peter porque es bueno para la carrera de ambos, pero no parece sentir nada por él. Aguanta a Eli igual, y también parece que si lo llega a perdonar es por seguir adelante.

Así pues, aunque no ha sido espectacular, este tramo ha dado vidilla cuando la temporada no parecía dirigirse hacia ninguna parte, y dura poco, pues en seguida nos lanzamos al arco final, donde el procedimental de abogados ofrece lo mejor de sí y la trama creciente del nuevo juicio contra Peter salpica con un poco de intriga. El ritmo y el interés crecen con casos más llamativos, con personajes que se mueven más, y en general con una sensación de dirección, de que los productores sí se están trabajando el final de la serie.

Para empezar, inesperadamente terminan echándole huevos y llevando por fin a Alicia a una aventura auténtica con Jason, rompiendo el eterno triángulo amoroso con ella decidida a follar sin mirar atrás, a vivir la vida de una vez por todas. Por cierto, es graciosísimo ver que le cambian la peluca desde entonces por una más clara y medio despeinada, señalando actitud juvenil y desenfrenada. Los tejemanejes en el bufete dan lo mejor de sí después de un receso tan largo. Diane recupera su merecido protagonismo, Alicia y Quinn luchan por hacerse un hueco, los roces clásicos con Lee mantienen el tipo, hay unos pocos casos muy interesantes, como el del trasunto de Snowden, el de las armas, el la seguridad versus intimidad (el de los drones), y todo termina explotando con el acoso a Peter, donde Eli vuelve a estar en su salsa. La apoteosis llega en el capítulo de la fiesta en casa de Alicia (720, Party), el mejor del año.

Por supuesto, esta sección también tiene su lado malo, pues le sigue pesando la sensación que no han meditado bien algunas cosas. Resulta bastante cogido por los pelos (aunque a la vez se veía venir) que Alicia acabe otra vez en el bufete, y aunque iba predispuesto a perdonarlo porque así los teníamos a todos juntos, resulta que esto no es del todo así. Primero, la relación entre Alicia y Diane está un poco fría, no terminan de entrar en una dinámica llamativa de o guerra o recuperar la amistad profesional y personal. De hecho tenemos una subtrama extraña: el intento de formar un bufete sólo de mujeres da vueltas sin concretar nada, y al final se esfuma en el aire. Y lo grave es que no queda claro qué quería Alicia, si estaba dispuesta a volver luchar por ascender o, como parecía, estaba más feliz siendo abogada de más bajo nivel. Pero el problema más claro es que parece que no sabían qué hacer con Cary, y lo van relegando y relegando hasta que deben quitárselo de encima. ¿Tanto se enamoraron los escritores de Lucca Quinn o de su intérprete que Cary ya no les encajaba? Es una lástima, era otro personaje principal notable y el joven Matt Czuchry ha estado espléndido todos estos años. También me pregunto por qué, cuando temen por el futuro de Peter, Eli pretende que sus donantes pasen a Alicia: ¿no estaba ella vetada en el partido?

El final trae polémica, una polémica que no he entendido muy bien, porque no veo salidas de tono de dudosa justificación o lo contrario, cobardía excesiva, como para ponerlo a parir. Hay varios frentes abiertos, y los principales, aunque difíciles, los cierran bien. Sólo con algún aspecto secundario tendría pegas. La bofetada de Diane a Alicia me parece otro momento de esos de forzar enemistades; lo mismo si tenemos dos capítulos más acaban juntas otra vez, que ya me conozco la jugada. Y la salida de Cary no me gustó, no tiene un final digno.

Lo más relevante es Alicia, pues de nuevo copa un protagonismo excesivo. El caso contra Peter se desarrolla bastante bien, con infinidad de baches y giros que mantienen un buen nivel de expectación. El trío amoroso se estira como siempre, pero sacan mucho partido de los sentimientos de Alicia, de su lucha interna por decidir si seguir con su familia, aunque ya no sienta nada por su marido, para mantener a sus hijos y su trabajo en un nivel de estabilidad y respetabilidad como exige la sociedad, o si sería mejor arriesgarse a perseguir una felicidad más idílica yéndose con Jason, un inmaduro lleno de promesas vagas pero atractivas. ¿Y por qué se decantan al final los autores? Por un término medio que me parece muy acertado. Alicia, que creía haber madurado, ofreciendo una cara muy dura al exterior, con cinismo incluso, trabajando duramente, incluso si era necesario doblegando la justicia y la ética, para salir adelante y sacar adelante su familia, en el momento clave demuestra no haber madurado del todo, sobre todo en cuanto a relaciones amorosas. Su indecisión, su lentitud a la hora de enfrentar sus sentimientos y contrastarlos con los deberes como cabeza de familia, le explotan en la cara, dejándola en un limbo: Jason huye, con Peter se ha vuelto a distanciar.

Supongo que muchos espectadores esperaban lo fácil, que se fuera con Crouse siguiendo la fantasía. Quizá otros pensaban que el acercamiento a Peter, aunque fuera desde el respeto y la responsabilidad más que desde el amor, auguraba que se quedaría con su familia. Pues yo me alegro de que los guionistas por una vez hayan optado por un movimiento valiente, y también un tanto cruel, melancólico: la vida sigue adelante, dándote bofetadas si no actúas con determinación. Prefiero un final abierto, que deje margen a la imaginación y a la reflexión, que uno que te lo dé todo mascadito, donde el único riesgo está en elegir entre dos opciones demasiado previsibles y que con toda probabilidad implican una recepción más dispar, dividida precisamente en dos. Por ello, remarco que no entiendo qué es lo que no ha gustado. Creo que, dada la serie que era y dada la trama final, no había mejor desenlace sin llegar a abandonar su espíritu.

PD: Ahora que me fijo, me sorprende la falsa publicidad de los pósteres de cada temporada, con Alicia vestida de rojo o en posturas eróticas, todo lo contrario a su estilo habitual.

Ver también:
Temporada 6.
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

SENSE8 – TEMPORADA 2 Y FINAL.

Netflix | 2017
Drama, aventuras, ciencia-ficción | 11 ep. de 55-120 min.
Productores ejecutivos: J. Michael Straczynski, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, varios.
Intérpretes: Doona Bae, Jamie Clayton, Tina Desai, Tina Desai, Tuppence Middleton, Toby Onwumere, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Brian J. Smith, Freema Agyeman, Naveen Andrews, Eréndira Ibarra, Alfonso Herrera, Max Mauff, Purab Kohli, Terrence Mann, Daryl Hannah, Ness Bautista, Paul Ogola, Anupam Kher.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo bastante, aunque realmente no pasa gran cosa, nada que no se viera venir.–

La esperadísima segunda temporada de Sense8 me ha supuesto una decepción bastante grande. El primer año me cautivó sobremanera presentando una serie única, tanto por su originalidad como por su contagiosa energía y belleza: era emocionante y hermosa como poca series he visto. Es cierto que los episodios iniciales eran algo lentos, pero había sensación de dirección, de crecimiento, y mientras tanto las vivencias personales mantenían el interés alto. Y además pronto se vio que es mucho más de lo que parecía, que no es sólo una más de ciencia-ficción con conspiraciones y los protagonistas tratando de desentrañarlas, sino que es un drama que habla del ser humano en general, tratando con una delicadeza y profundidad insólitas los sentimientos, la sexualidad, las culturas… en otras palabras, el qué nos define, qué nos mueve, qué nos diferencia y qué nos une. Además, la historia global, el vínculo que surge entre ellos y la persecución a la que los someten misteriosos individuos, tenía su intriga y prometía unir a todos los personajes al final. Quizá el rescate de Gorski fue un tanto facilón, pero es evidente que era una excusa para presentar la trama, y lo importante era ver el florecimiento y la unión de los ocho sensates. Las situaciones en que trabajan juntos, explorando la conexión mental, y momentos puntuales memorables, como la escena de los partos y la revelación sobre Riley, nos regalaron un tramo final magnífico que dejaba enganchadísimo, porque como es obvio prometía seguir yendo más allá.

Pero en esta segunda etapa la sensación que se transmite, del primer episodio al último, es la de que sus autores han trabajado con desgana, sobre todo en el guion, pero también un poco en la puesta en escena, de que han perdido la pasión y la inspiración iniciales y van con la inercia, cumpliendo con los preceptos establecidos en la premisa y ya está. La narrativa resultante está estancada, es monótona en cuanto a las aventuras personales y de lejos insuficiente en la intriga, pero sobre todo se queda muy corta en su mejor virtud: es bastante superficial en lo relativo al aspecto humano. Aclaro aquí que la ausencia de Lilly Wachowski no sé si pudo influir ni cuánto. Dejó el trabajo indefinidamente por temas personales (estaba en plena transformación de género), pero parece que se ocupaba más del día a día de la producción y de la dirección que del guion, que es de donde vienen la mayoría de los problemas.

Los personajes se han quedado en su definición inicial, dando vueltas en círculos en la historia que sirvió para describirlos. Sí, todos los protagonistas resultaron encantadores y sus odiseas deliciosas. Pero no puedes quedarte ahí plantado durante toda la siguiente temporada. Algunos de hecho se hunden en un bucle total, sin dar si quiera un paso lateral que disimule un poco. Si al menos la parte de la conspiración hubiera emergido a primer plano y ofrecido algo llamativo… pero me temo que apenas avanza en un par de datos bastante elementales y narrados también con esa falta de garra.

Kala y su matrimonio están todo el año en el mismo punto de que si funciona y lo consuman o que si no. Sabemos de sobra que acabará con Wolfgang (a menos que algún giro lo impida), no puedes retrasarlo si no logras una historia que lo justifique bien y que resulte interesante. Y al final por arte de magia parece decidirse por fin en ir a buscarlo… ¡pero si en ella no ha cambiado nada, todas las dudas y baches son los mismos todo el rato! Y por supuesto el encuentro queda en el aire, después de todo un año posponiendo lo que se espera desde los primeros capítulos de la primera temporada. Por el lado contrario, el alemán es el mejor ejemplo de paso lateral, del relleno con el que ir matando el tiempo hasta que todo esté maduro para lanzar su arco… El problema es que nada madura, ni el resto de personajes ni la trama. El lío de mafias es eso, relleno intrascendente. No añade ninguna nueva capa al personaje, apenas vale como excusa para dar presencia a los otros grupos, clanes o clústeres de sensates, y por sí sólo no es especialmente atractivo o entretenido, de hecho ni me parece verosímil.

Gorski sirve para avanzar en la conspiración y exponer lo que va haciendo el clúster para huir y aprender de Whispers y la BPO, la Organización de Preservación Biológica que parece estar tratando de controlar a los sensates con algún oscuro propósito, presumiblemente la dominación mundial. Como buen agente, sabe investigar, deduce cosas… pero apenas veo una sombra de aquel joven capaz pero a la vez afligido por penas presentes y pasadas. Sufre un poco con las drogas y con el padre, todo bastante facilón además, y no hay más movimiento en su psique. Pero lo peor es que arrastra a Riley, antes mi favorita, pero aquí un cero total en interés. Sólo sirve para ponerle encima la investigación cuando él no puede salir de su escondite (el viaje a Chicago), y esto ocupa poco, es muy predecible, y tampoco aporta nada al personaje. La única escena donde se ve una persona realmente viva y en movimiento es cuando decide pinchar para tratar de localizar a otros sensates. Una sola escena en todo el año.

La intriga que nos van exponiendo se mueve tan poco que parece un engaño digno de Expediente X, donde mareaban la perdiz temporadas enteras con el tema ovni. Apenas llegan a mostrarnos un poco de información nueva, la mayor parte nada original y carente de suspense, y desde luego nada que nos haga esperar con ansia más revelaciones, porque no parece haber mucho donde rascar: los persigue la típica corporación poderosa con tipos chungos, y de ahí no salimos. La fascinante idea de que se conectan las mentes después de todo no se llega a explorar mucho, no hay tensión, giros que añadan sorpresas efectivas, ni soluciones ingeniosas. Gorski se esconde y se droga para que Whispers no lo vea, lo que parece más una excusa para ir con cuentagotas que para generar una atmósfera de inquietud constante.

El único momento que amagan con buscar un giro que obligue a replantearse las cosas son los recuerdos del clúster de Angelica y Jonas, pero tampoco hay nada que sorprenda: gente cobarde, gente que cambia de bando, la BPO acosándolos. Nada que no hayamos visto ya en cualquiera del género, con la reciente Orphan Black a la cabeza. En cuanto al desenlace, no es que sea flojo, es que resulta realmente chapucero. Cuando creía que el capítulo final iba a acabar sin avanzar nada de la conspiración, sino centrándose únicamente en la última historia personal que quedaba pendiente (para colmo, la cansina y exagerada de Sun), saltan de golpe a un giro demencial donde aparecen metidos todos en la guarida de Whispers por arte de magia para salvar a Wolfgang, que fue encontrado por Whispers repentinamente después de gastar toda la temporada sin lograr transmitir miedo alguno por si cogería a alguien. Cuándo ha planeado eso el grupo, cómo lo han ejecutado, cómo han entrado y salido… No se explica nada, resulta tan forzado y mal narrado que me dejó muy malas sensaciones. En vez de estar todo el año dando vueltas en círculos y soltar cuatro datos sin garra, ¿no podían haberse metido de lleno en las dificultades de ese plan? Se da más relevancia al lío de Sun en la fiesta que a esto.

Las historias de Sun y Capheus se centraban sobre todo en su solitaria batalla contra el mundo, donde descubrían que se tenían el uno al otro y establecían una relación muy bonita. Pero esa conexión parece haber desaparecido, si interactúan entre ellos y otros del clúster es para compartir habilidades, no para encontrar apoyo emocional. Y por separado no ofrecen tampoco nada llamativo. En cierta manera Capheus sí avanza, porque se hace famoso y cae en la política, lo que le podría poner en bandeja el tratar de hacer un mundo mejor, que es lo que parecía ir con él… Pero la aventura en sí es muy básica y previsible, y se narra sin la intensidad que transmitía antes. El entusiasmo del personaje era contagioso, el intérprete Aml Ameen reflejaba con un carisma nato a un joven que vivía en la miseria pero poniendo siempre buena cara y con un espíritu de esperanza inquebrantable, y así enfrentaba esta nueva situación: abrazándola con pasión y aprovechándola al máximo. Pero el nuevo actor*, Toby Onwumere, pega más en un rol de panoli, y encima eso es lo que parecen haber hecho con el personaje: le va cayendo de todo encima sin que nada cale en él, agacha la cabeza y sigue adelante aunque no parezca querer estar ahí. No veo al Capheus que yo conocía.

Sun sigue siendo Sun, pero si la intriga corporativo-familiar era predecible, con el agotamiento de ideas se hunde más el interés. Su estancia en la cárcel se limita a repetir varios intentos de asesinato, su fuga se salva porque el detective que la persigue es un personaje con cierta solidez y su relación aunque muy clásica resulta agradable, pero el tramo final no se sostiene por ninguna parte. Los guionistas se empeñan en que busque venganza contra su hermano mediante la violencia, y no cuela que ella sea tan tonta y cabezota, ni mucho menos que los otros siete no sean capaces de juntar una neurona para deducir que, en un país del primer mundo, atentar a lo bruto en público contra un millonario, cuando eres la principal sospechosa de matar al padre y te buscan por tu fuga, es una gilipollez monumental. En serio, teniendo al infalible trío Nomi-Amanita-Bug, capaces de infiltrarse en aparatos electrónicos que parece imposible que estén conectados a internet (desde semáforos a… atención, la máquina de tickets de un aparcamiento, que te deja incluso hablar por el micrófono desde tu casa), es increíble que no se planteen hackear al hermano y la compañía para buscar pruebas, y si no las encuentran, para tenderle una trampa. Así pues, la justificación de la entrada en la fiesta y la persecución final, más que endeble es lastimera, y encima acaba con la ridícula escena en que parece que va a matar al hermano (delante de un montón de policías y testigos) pero lo deja libre no sé por qué. Si es tan idiota como para haberse metido en ese lío, por qué no llega hasta el final.

Estos dos muestran otro de los problemas de la temporada. La puesta en escena no logra una serie tan embriagadora y asombrosa. En parte es culpa del guion, que no consigue buen ritmo ni incluye tantas escenas moviditas, sean de acción pura o de líos personales (el culebrón de Lito era la mar de ajetreado), pero también se nota cierto bajón, como una falta de interés o de capacidad para alcanzar ese aspecto visual arrebatador. Ojo, calidad hay de sobra, pero de ahí a dejarte alucinando hay un trecho, y las partes de acción, otrora dignas de superproducciones para cine, han decaído bastante. Las peleas de Sun no están bien editadas: ni la de la cárcel donde intentan ahorcarla ni la del cementerio con el detective pasan el corte exigible en comparación con lo visto previamente. Es ponerlas al lado de las peleas en que Sun se metía en Capheus para salvarlo de los matones, y se nota bastante la diferencia: la fluidez de la escena, la claridad de los golpes (muchos se notan falsos ahora), la agilidad con que cambian de personaje. Las persecuciones son escasas y muy inferiores. Lo de Corea parece un paseo si recordamos los jaleos de Capheus que acabaron en una colosal persecución por las carreteras de Nairobi. Con Wolfgang, el otro que copaba elaboradas secuencias de acción, ocurre igual: se limita a algún tiroteo trivial. Sólo destacaría la pelea en el restaurante donde Lila trata de atentar contra su vida, porque tiene más gracia al jugar con cómo se reparten las hostias entre los distintos sensates.

Al menos la idea de incluir algún gran evento relacionado con las temáticas tratadas se mantiene: la fiesta del Orgullo Gay de São Paulo se aprovecha bien en unas pocas escenas espectaculares. Pero en líneas generales, Sense8 es una serie que rompió esquemas con su arrebatador nivel visual en una época con gran competencia, mientras que este año no ha dejado huella alguna. Se nota incluso en el apartado musical: en la primera temporada las canciones formaban parte intrínseca de los sentimientos y vivencias de los personajes, y las pocas veces en que había un “momento videoclip” te dejaban anonadado con la fuerza de las imágenes. Pero ahora me encuentro con lo de siempre: se usan como apaño narrativo de adorno o para sintetizar escenas de forma facilona. Hay demasiadas canciones, varias por capítulo, con sus cámaras lentas y su posicionamiento de personajes, pero sólo dos o tres del total establecen cierta conexión, y únicamente por la letra.

Lito y Nomi, acompañados por los adorables Amanita, Hernando y Daniela, eran los principales catalizadores de la parte más reivindicativa, porque Sense8 nunca ha disimulado nacer como homenaje y a la vez cruzada de la diversidad sexual y también de paso de la diversidad cultural en general. Pero Nomi está en modo Gorski, sólo sirve como comodín para resolver cosas por el ordenador, y de su vida y la de Amanita vemos poco material con gancho. Antes la pareja estaba todo el día peleando por hacerse un hueco en un mundo intolerante, empezando por los padres de Nomi, y para poner las cosas más difíciles le caía la persecución de Whispers encima, con lo que estábamos sudando en cada capítulo con si saldrían adelante y si podrían ser felices. Ahora se supone que están en una situación semejante, pero no se transmite en ningún momento el esfuerzo y las penas. El acoso del agente del FBI es anecdótico, lo de esconderse de Whispers y a la vez buscarlo se olvida por completo en largos tramos de la temporada, hasta el punto de que parecen estar viviendo una vida normal y pasándoselo bien como si nada las afectara. Y la boda de la hermana va directa a cumplir con los dos tópicos, el de la intolerancia y el de sale todo bien en un giro bonito. El camino de Lito es aún más predecible, paso a paso sabemos lo que ocurrirá, no es como en la primera temporada, donde le daban la vuelta a cada cliché con ingenio y sentido del humor de forma que incluso aunque pareciera la sección más intrascendente solía resultar la más divertida. En cuanto se empieza a ver que la industria de Méjico no lo quiere estaba cantado que acabaría en Hollywood. Al menos su viaje interno es muy completo, el más trabajado de los ocho de hecho: en todo momentos sabemos lo que está sufriendo, y conocemos al personaje lo suficiente para seguirlo con cierto interés aunque la historia en sí sea de lo más trillada.

Con ellos llegamos al último elemento en el que ha perdido mucho fuelle. Donde antes lograban una hermosa oda a la tolerancia, a las distintas formas de ver y entender el mundo, que nunca parecía forzada incluso en los momentos más excesivos, fueran los visuales (escenas de sexo gay sin tabúes) o argumentales (exprimiendo a lo grande algunos tópicos), ni farragosa a pesar de meterse en muchos ambientes y ángulos (nos sumergíamos en la espiritualidad hinduista de Kala y también en los conflictos religiosos y sociales de la India), ahora veo una serie más bien del montón, que trata estos temas como si tuviera que cumplir con ellos, quedándose en la superficie, ahogada en unos pocos clichés de los que no es capaz de sacar algo más natural, más conmovedor, quedando lejos de la originalidad y profundidad que mostró en la primera temporada, con tantas capas de historias y personajes ofreciendo innumerables perspectivas de los sentimientos, relaciones, sexualidad, cultura, religión… y luego abordando con tanta delicadeza cómo en todo hay algo que nos une.

Volviendo a los nuevos sensates, estaba claro que aparecerían nuevos clústeres, pero sólo vemos a dos personajes, bastante atractivos por sí solos inicialmente, pero son promesas que no llevan a nada. El vejete simpático explica un poco cómo funciona el mundo sensate, pero son todo obviedades: la unión que deben mantener en la sombra y muchas veces incluso aislados para que los malos no los alcancen. La sensual alemana, Lila (Valeria Bilello), sirve para… para… incluir algo de erotismo y sexo, nada más. En realidad vemos a muchos, a demasiados sensates nuevos, hasta parecerme excesivo: ahora resulta que medio planeta son sensates, o que da la casualidad de que tienen una relación de uno o dos grados con nuestros protagonistas. El traficante de poca monta que le vende drogas a Riley, la novia del mafioso con el que trata Wolfgang (Lila), ¡el novio de la hermana de Nomi! (¿será gratuito o tenían algo planeado?)… Incluso el simpático anciano es presentado de mala manera: ¿qué pinta este pueblerino escocés en una rave electrónica? Pero para rematar, ¿qué hace el camello de Riley paseando en moto por Seúl y cayendo justo donde Sun lo necesita en el momento clave? El momento me produjo muchísima vergüenza ajena.

Los episodios iniciales (empezando por las dos eternas horas del primero) se me hicieron bastante pesados, deseaba que acabaran de una vez para ver si en el siguiente empezaban a contar algo de una vez. En el tramo central mejora un poco y casi recupero la esperanza, pero para el final va disipándose, hasta acabar sin haber dado ningún avance relevante y estimulante. Así pues, la decepción que me ha dejado Sense8 después de apuntar tan alto es bastante grande. Se sostiene por el sólido lazo emocional establecido con los maravillosos personajes, y es justo decir que desarrollar tantas líneas narrativas distintas, cada una en un lugar y con sus personajes secundarios propios, sin caer en el caos o parecer que no hay vinculación argumental entre ellas, parece realmente difícil de escribir y de rodar, y han salido bastante airosos. Pero antes deslumbraron a lo grande y ahora han dado varios pasos atrás, no logran transmitir la misma emoción contagiosa.

Y nos quedaremos sin saber si remontaría, porque Netflix la ha cancelado. Aunque haya cierto culto alrededor la serie, no es lo que se dice un éxito para lo cara que resulta y el grandísimo esfuerzo que cuesta rodarla, y la compañía ha decidido no continuar. Esto rompe un poco la impresión de que Netflix sólo iba a cancelar producciones realmente fallidas, y a plantear la cuestión de si, teniendo tanto dinero y anunciándose como la cadena que no cancela, no sería lo más lógico y respetable darle un cierre digno, con unos pocos capítulos, o incluso uno solo de hora y media o dos horas. Es la esperanza a la que nos agarramos sus seguidores. Yo incluso agradecería también que resumieran esta temporada en dos o tres episodios a lo sumo…

PD: El primer episodio lo adelantaron a fechas navideñas, cuando el estreno de la temporada ha sido en mayo, supongo que para crear expectación, porque entre una etapa y otra han pasado dos años, fruto del complicado rodaje que supone un proyecto tan ambicioso.
PD2: Como nombre del grupo de ocho sensates juraría que en la traducción española usan “clan”, que suena a grupo cultural o de amigos más que a una unión más bien biológica, donde para mí encaja mejor “clúster”. Aunque es cierto que la RAE no la acepta todavía, supongo que todo el mundo conoce su significado.
PD3: No sé por qué ese empeño en sacar a Doona Bae en ropa interior en todos los capítulos, a veces con excusas bastante cutres.
*Todo parece apuntar a que echaron a Aml Ameen por homófobo, ¿es que no sabía dónde se metía?

Ver también:
Temporada 1.

EL ÚLTIMO HOMBRE EN LA TIERRA – TEMPORADA 3.

The Last Man on Earth
Fox | 2016-2017
Comedia | 18 ep. de 22 min.
Productores ejecutivos: Will Forte, Phil Lord, Christopher Miller.
Intérpretes: Will Forte, Kristen Schaal, Mel Rodriguez, Cleopatra Coleman, January Jones, Mary Steenburgen, Kenneth Choi, Mark Boone Junior.
Valoración:

Volví a caer en mi placer culpable de estos años. No sé, algo tenían Phil Tandy Miller y sus locuras como para hacerme reír, y la esperanza de que los escritores fueran poco a poco aprovechando la temática de fin del mundo me atrajo de nuevo. Pero hablo en pasado. La tercera temporada ha dejado bien claro que sus autores no tienen nivel suficiente, y menos para mantener la premisa tan encorsetada como quieren.

Tandy es inmaduro, egoísta y cabezota. Y apenas hay algo más donde rascar. El embarazo de Carol, que tiene unos pocos miedos y quiere que Gail sea su madre adoptiva para tener una familia más completa, es el único amago de contar algo más continuado y relevante con los personajes secundarios, pero dan vueltas en círculos obsesionándose con esa única historia y termina siendo agotador. Además, Erica está embarazada también y no narran absolutamente nada con ella. Melissa enferma, pierde la cabeza, pero no lleva a nada sustancial, parece una excusa para quitarle diálogos, da la impresión de que no sabían qué hacer con el personaje. Y cabe preguntarse por qué alguien del caché de January Jones (Mad Men, incluidas dos nominaciones a los Globos de oro, alguna aparición en cine) se apalanca en una serie de tercera como esta. Todd sufre un poco con ello, pero nada que dé juego, nada que aporte drama desde una perspectiva cómica. El único momento duro es cuando Gail acaba días encerrada en un ascensor… y da igual, no deja secuelas en el personaje. En resumen, ninguna historia mueve de verdad las relaciones, añade un poso a cada protagonista, explora ideas genuinas e ingeniosas a pesar del potencial latente.

Los guionistas no son capaces de ver que no llegan a tantos capítulos aferrándose al esquema, pero no hacen ni un amago de incluir aventuras secundarias de relleno. Cambiamos de escenario al poco de entrar la temporada, tras despachar el lío con el loco peligroso de Pat, pero volvemos enseguida a la rutina. Y ya canta mucho que cada nuevo personaje que llega no va a aportar savia nueva, sino que va a servir exactamente para lo mismo: para mostrar a Tandy intentando hacerse amigo del recién llegado y a la vez no perder su posición en el grupo, ni la cabeza por los ataques de celos. Pat, Lewis y el niño al final de temporada, todos están puestos al servicio de Tandy. Y el nivel que se alcanza en el tramo dedicado a este último ya no es bajo, entra directamente en la vergüenza ajena. Así que el año, que iba flojeando cosa mala, cae al abismo en los capítulos finales. Sólo salvaría unos pocos al principio, cuando la presencia de Pat y Lewis ofrece algo de movimiento y una pizca de gracia, pues aunque sea jugar otra vez sobre seguro (Tandy, Tandy, Tandy), algún momento decente da, como ese en que Tandy se encuentra mintiendo a dos grupos a la vez y casi le da un pasmo.

El ego del creador de la serie, Will Forte, que es precisamente el intérprete de Tandy Miller, consumió el poco material que tenía en la primera temporada, y la segunda se sostuvo milagrosamente porque amagó con tomar distintas direcciones. Pero estancándose de nuevo en el concepto inicial está claro que la serie está agotada, y a estas alturas no parece que vayan a tratar de darle nuevos aires a pesar de la han renovado por una cuarta sesión.

Mención aparte merece la aparición de Kristen Wiig, una de las actrices de comedia más conocidas (Saturday Night Live, The Spoils of Babylon). Como hicieron con el hermano de Tandy, tuvo un capítulo para ella sola en el parón (¡de cuatro meses!) en el ecuador de la temporada (aunque lo emitieron después, así que perdieron el factor expectación), lo que hacía suponer que aparecería en la parte final uniéndose al grupo. Pero el episodio fue aburridísimo, sin chispa alguna, y luego resulta que no llega a aparecer hasta el último segundo del año, en un cutre intento de captar audiencias.

PD: Por no cuidar no cuidan ni la coherencia. Una trama principal en la segunda tempora fue que no funcionaba la gasolina, pues se caducó, pero aquí se ponen a viajar en coches y autobuses como locos.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

HA FALLECIDO POWERS BOOTHE.

Pocos papeles protagonistas tuvo, como una serie sobre el detective Philip Marlowe (ese conocido sobre todo por Humphrey Bogart), pero como secundario ha dejado una huella imborrable en muchas series y películas, generalmente como villano: Giro al infierno, Tombstone, 24, Hatfields and McCoys… Su último trabajo fue en Agentes de SHIELD… Su papel más recordable fue en Deadwood como Cy Tolliver, un rol donde estuvo deslumbrante en una serie ya de por sí llena de grandes personajes y actores.

Ha fallecido mientras dormía, por causas naturales, a los 68 años de edad.

Ficha en la IMDb, biografía en Wikipedia.

GIRLS – TEMPORADA 6 Y FINAL.

HBO | 2017
Drama, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky, Peter Scolari, Becky Ann Baker, Ebon Moss-Bachrach.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo a fondo la trayectoria final de cada protagonista. —

No entiendo qué les pasa a muchos autores a la hora de abordar los finales de sus series. La tendencia habitual se inclina demasiado hacia dos formatos: un desenlace cobarde y complaciente o uno salido de madre que sabe a traición. Los cierres que causen buenas sensaciones, que terminen por todo lo alto (y esto no tiene por qué implicar un clímax espectacular) sin faltar al espíritu de la serie, son difíciles de encontrar. En este sentido destacarían algunos como A dos metros bajo tierra, The Shield, la reciente Black SailsGirls nos trae una bajada del telón frustrante, pues precisamente toma algo de cada una de esas dos líneas tan criticables: es un poco miedica a la hora de lanzarse hacia adelante con el grueso de personajes, y a la vez toma un giro muy extraño con la protagonista principal.

Ese desilusionante desenlace no se ve venir, pues la temporada mantiene durante muchos capítulos un nivel de calidad y expectación por el destino de los protagonistas tan alto como de costumbre; incluso el tramo central aguanta el tipo a pesar de lo bajo que apunta el giro con el embarazo de Hannah. Ella continúa tratando de encontrar un objetivo en la vida que le haga sentirse realizada (principalmente, ser escritora profesional), lidiando con trabajos y situaciones de las que no termina de sacar nada que llene su vacío, incapaz de ver que el problema es casi siempre ella, con su inestabilidad y obsesiones. El triángulo Ray-Marnie-Desi llega sin rodeos a un punto de inflexión no por esperado menos interesante: la ruptura del matrimonio, el acercamiento a Ray. Elijah resulta un encanto, y más con su creciente protagonismo, y Shosh también es deliciosa, pero me temo que esta en cambio no termina de tener la presencia de antes. Y Adam y Jessa experimentan con sus sentimientos presentes y pasados en una relación enfermiza y caótica la mar de divertida. Así que, en líneas generales todas las historias mantienen el tono habitual: humor ingenioso y sutil, con mala leche pero también con muchas enseñanzas sobre la vida, y unos personajes muy bien dibujados, llenos de vicios y contradicciones hasta el punto de resultarles desagradables a muchos espectadores. En otras palabras, seguimos estando ante una dramedia única, con una visión de los treintañeros inteligente y a la vez visceral que no deja indiferente a nadie.

El punto álgido del año, ese capítulo alternativo, distinto, que siempre destaca y da que hablar, esta vez ha causado más sensación que de costumbre, agitando las redes a lo grande, tanto en blogs de series como en medios feministas o de tendencias sociales en general. La influencia de Lena Dunham desde los comienzos de la serie es innegable, y se despide por todo lo alto con American Bitch (Zorra americana, 603). Lo que empieza pareciendo una aventurilla intrascendente de Hannah pronto va dejando ver su mensaje crítico, aunque tan velado que a muchos se les habría escapado si no fuera por la de artículos que le han dedicado. La descripción que hace Dunham del abuso sexual y el machismo invisibles pero inherentes a la sociedad, esos menospreciados e ignorados a pesar del daño que hacen, es magistral. El famoso que dice no ser un abusador pero que engaña hasta a la lista y arisca Hannah con sus camelos y palabras bonitas nos pone ante los ojos situaciones cotidianas que muchas mujeres han sufrido y muchos hombres toman por normales, y poco a poco va calando la sensación de indefensión y asco ante tales injusticias, soltándonos bofetada tras bofetada: el relato de Hannah del profesor sobón, el momento en que te das cuenta de lo que está pasando de verdad (yo, en algún momento en que están en el sofá, él soltándole alabanzas sobre lo bien que escribe), cuando por fin se quita la máscara sacándose el pene… Y se remata con una de las mejores escenas de la temporada televisiva: el giro a la normalidad, con el tipo adorando a su hija mientras relega a Hannah, la última conquista, a la nada. El plano es sutil como él sólo, pero si lo pillas resulta tan natural como inquietante. En cambio, como escena final abraza lo directo y bruto a lo grande: la riada de chicas entrando en su piso.

Pero conforme nos acercamos al tramo final, a los últimos cuatro capítulos, empieza a pesar la sensación de que parece que no es el final de la serie, de que faltan episodios dedicados a varios personajes, pues estos van quedando en suspenso o son relegados y rematados con prisas. Yo daba por sentado que los protagonistas darían el paso último a su maduración con una historia original, moderna, profunda, ingeniosa, mordaz, en línea con la visión que la serie estaba haciendo de los jóvenes de entre veinte y treinta y pocos años (la generación millennial, se empeñan en llamarla). Pero Lena Dunham ha tomado unos caminos y decisiones decepcionantes, y aunque realmente no hay un bajón acusado hasta este segmento, no puedo decir que haya sido una temporada final satisfactoria.

El principal problema, del que nacen todos, es que se centra demasiado en Hannah (el dichoso ego de Dunham…), y además en una trama inesperada y contradictoria. Apena mucho que una obra tan inteligente, rompedora de clichés y con multitud de certeros análisis sociales, la mayoría obviamente centrados en la mujer, acabe aferrándose tanto al tópico de que la madurez y la realización de esta sólo puede llegar teniendo hijos y trabajo. Lena Dunham, icono feminista moderno (rayano lo feminazi: muchas veces parece decir que los hombres no sirven), de repente se gira a lo más tradicional, y además con unos guiones bastante endulzados, con tramas forzadas, previsibles, cursis… Se podría decir que muestra contradicciones reales, como sus propios personajes a lo largo de toda la serie, pero se aparta tanto del estilo y la originalidad previos que choca bastante. Le pone a su alter ego, Hannah, algunos dilemas y problemas encima, pero son muy básicos (dudas típicas del embarazo, estrés y ansiedad: oh, el niño no quiere mamar), carecen de lecturas novedosas y profundidad como se espera, y la impresión de que, una vez embarazada, el mundo cambia para complacerla, cuando antes le llovían hostias y se daba ella misma otras cuantas, pesa demasiado. Si es que está triunfando por fin como escritora, sin que sepamos muy bien por qué, y para rematar le cae un trabajo maravilloso del cielo (¿ahora vuelve a querer ser profesora?).

De los demás, sólo Marnie y Elijah tienen presencia y recorrido, y sólo él un cierre más determinado, y aun así sabe a poco, porque siempre era un secundario de apoyo, no conocíamos su vida y aspiraciones como con los demás, así que el que encuentre un proyecto que le entusiasma y le da fuerzas para enfrentar el futuro no llega como habría llegado con cualquier otro, por no decir que el cambio no sale de dentro, de su crecimiento como persona, sino de una oportunidad casual de la vida. Marnie empieza por fin a ver su egocentrismo infantil, de hecho la escena de la casa de empeños resulta tronchante aunque sea muy clásica, y su trayectoria mantiene muy bien la intriga: ¿será capaz de salir de su eterno ciclo de ensoñación y desencantos? Pero en el tramo final se estanca, pues aunque se mantiene en pantalla acompañando a Hannah, lo hace sin motivos claros, no llegamos a ver que retome o lance por fin su vida. Por cierto, la actriz se ha quedado anoréxica y da penita verla.

Ray, el hombre más completo e interesante, también es desaprovechado a pesar de empezar su sección con buen tono. Por fin consigue a su amada Marnie, pero entonces ve que es un cascarón vacío, una niña tonta, y la relación dura bien poco, aunque nos deja unas pocas grandes escenas. Y su trabajo, maltrecho de por sí, sufre un giro inesperado con la muerte de su admirado jefe. Así que se encuentra de repente un poco perdido, cuando siempre había sido el más adulto y centrado… Pero esto no lleva a nada. Nos dejan a medias con un amago de un proyecto personal (lo de entrevistar a ancianos, que me pareció bastante trivial e instrascendente) y un chispazo con la conocida de Shoshanna (la secretaria obesa), sin terminar de decirnos si esto llena su vacío, si encarrila su vida o no después de un bache tan notable. Shoshanna aparece testimonialmente en los primeros capítulos y luego no sabemos nada de ella hasta el final. Podríamos decir que ya se había encontrado a sí misma y entrado en el mundo adulto, pero se la echa mucho de menos, y la sorpresa que nos lanzan a la cara en el final resulta demasiado forzada: lo único que le faltaba al personaje era encontrar pareja estable, deshaciéndose de sus miedos y excentricidades en cuanto a las relaciones… y tachán, aparece prometida a un tipo que ni llegamos a conocer. Pero además nos quedamos con la duda de si el rechazo a sus amigas, por dañinas, es fruto de su maduración, o si es la idea de abrazar una vida de ensueño como la de sus antiguas amigas, ahora triunfadoras, lo que la ha llevado a tomar estas decisiones (la boda y el rechazo) de forma precipitada. Es decir, es un final repentina e inesperadamente demasiado ambiguo para un personaje parecía haber asentado la cabeza, con lo cual tampoco deja buenas sensaciones.

Adam y Jessa, cuando parecía también que andaban en una dirección clara, son rebajados, usados únicamente para complementar a Hannah. Pensé que el tener que cuidar al bebé de la hermana de Adam los haría unirse y crecer como personas, pero esta línea no se retoma, todo lo que hacen ahora tiene que ver con Hannah, y cuando ya no son útiles para ello son dejados de lado. Incluso los momentos más relevantes e intensos, como la pelea de Hannah y Jessa y el arrebato de Adam de volver con Hannah, son olvidados al final, como si nada hubiera ocurrido, y no se vuelve a construir una trama propia para ellos que les dé un cierre conciso y atractivo. Es una pena, sobre todo porque Adam apuntaba muy alto, muchos ya lo consideraban uno de los personajes más grandes de la época, pero se fue estancando hasta quedar en poca cosa. Desi es mandado tomar por culo limpiamente, sin visos de que sea capaz de levantar cabeza, pero aquí me da igual, porque era un secundario, un motor para Marnie. Al final únicos que han dado un vuelco a sus trayectorias son los que menos pintan aquí: los padres de Hannah logran salir de la dinámica que los ahogaba, aceptando cada uno lo que han hecho con sus vidas y agarrando el presente por las pelotas.

El episodio final, este sí bastante flojo, muy aburrido y superficial, maximiza todos los problemas, porque abandona por completo a los demás protagonistas y se hunde en ese camino ñoño, anticlimático, ajeno a la fórmula que conocíamos. Sólo tiene una escena con la esencia de antaño, con su ingenio y mala baba, pero son unos pocos minutos en un conjunto tedioso: la bronca a una niñata fugada nos recuerda momentáneamente ante qué serie estamos, mostrándonos el paso de Hannah de adolescente a adulta con una concisión y agudeza que se estaba empezando a echar mucho de menos en un momento clave. Pero también queríamos ver ese cambio, ese crecimiento, en los demás personajes, que Girls ha dicho a las claras desde el principio que trataba sobre ello, así que la desilusión copa el desenlace y puede eclipar bastante las virtudes del resto del año y quizá incluso dejar un recuerdo poco grato de una serie muy valiosa. Es cierto que Girls nunca ha sido una obra redonda, pero un final redondo podría haber dejado más huella, haber afianzado una fama ganada más por las polémicas y reflexiones que lograba provocar que por alabanzas a la propia producción. Sea como sea, Lena Dunham sí ha dejado bastante huella en distintos ámbitos, algo muy complicado de lograr con una serie, y más con su corta edad, pues empezó este viaje con 26 años.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.