VIKINGOS – TEMPORADA 4, PARTE 1.

Vikings
History | 2016
Productores ejecutivos: Michael Hirst, Sheila Hockin, James Flynn, Sherry Marsh…
Intérpretes: Travis Fimmel, Katheryn Winnick, Clive Standen, Jessalyn Gilsig, Gustaf Skarsgard, Alexander Ludwig, Linus Roache, Amy Bailey, Moe Dunford, Lothaire Bluteau¸ Morgane Polanski, Owen Roe, Jennie Jacques, Alyssa Sutherland, Peter Franzén, Jasper Pääkkönen, Edvin Endre.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante de las historias principales, aunque sin ahondar en detalles concretos. El final lo comento bien señalado.–

La cuarta temporada de Vikingos se anunciaba como de veinte capítulos, el doble de lo habitual, pero llega con un largo parón en medio, al estilo The Walking Dead. Por lo demás, la narrativa mantiene el estilo y nivel de las etapas previas. Es decir, sigue siendo una serie muy irregular, donde los tramos más pausados o de transición no logran despertar mucho interés y es por sus colosales batalles por las que termina resultando un visionado llamativo. Y como el anterior, este año acusa demasiada irregularidad, teniendo capítulos bastante aburridos. Michael Hirst no termina de encontrar el tono, y a estas alturas no parece que vaya a superar el listón, así que esto es lo que hay.

En los primeros episodios tenemos los habituales conflictos políticos invernales, donde caen condes y se alzan nuevos, tanto en las tierras vikingas como inglesas, aunque ahora se añade también Frankia, o más concretamente París. Northumbria (Inglaterra) comienza con fuerza gracias a una buena batalla, pero en adelante se va diluyendo en los mismos líos de corte que hemos venido viendo: Ecbert ladino y ambicioso se hace poco a poco con más poder, el hijo (Aethelwulf) siendo un petardo que no aporta mucho, la esposa de este, Judith, aprendiendo a sobrevivir entre alimañas, la loca de Kwenthrith metiéndose en complots varios que termina explotando el inteligente Ecbert… Pero a pesar de haber bastante movimiento Hirst no imprime el tono absorbente y atractivo que ofrecía en Los Tudor, sino que aquí todo va con desgana, sin savia. La sección de París sigue el mismo camino, aunque entre la novedad y al tener a Rollo (más cercano a los vikingos) lo hace más atractivo. Pero me temo que a la larga acabamos peor, porque con Ecbert sabemos qué esperar, pero las motivaciones de Rollo para traicionar a su pueblo y masacrarlo no se explican lo más mínimo: la rivalidad con Ragnar no justifica el paso a desprenderse de su cultura y asesinar a los suyos. Igual están las decisiones del rey francés de cargarse a media corte: carece de trasfondo, de una lógica consistente. Más o menos estos eventos siguen a la Historia, pero si no hay datos suficientes para ahondar en los personajes invéntatelo, porque si no tenemos agujeros de guion muy grandes.

Con los vikingos tampoco tenemos algo deslumbrante. Parecía que por fin iba a lanzar el negligentemente postergado enfrentamiento entre Floki y Ragnar, pero termina siendo un largo amago: cual serial mediocre, pronto empieza a oler a cortina de humo para hacer un reset… Y así ocurre. A los pocos capítulos volvemos a que si están peleados y que si no, y Floki haciendo barcos como si nada hubiera pasado. La parte de Lagertha con sus riñas políticas es de nuevo monótona y confusa: sus planes no se explican, sus acciones no parecen justificadas por alguna razón concreta y además algunas no parecen verosímiles (lo de cargarse a un conde y que nadie se cuestione nada). Vaya forma de desaprovechar a un personaje con gran carisma, aunque sean en gran parte por el porte y estilo de la actriz.

En el ecuador de esta tanda nos vamos a un receso: el escritor estira o incluso aparca las tramas principales para no agotarlas, y entramos en un bucle de tres capítulos (del tercero al quinto) donde el aburrimiento hace bastante mella. Ragnar se encapricha de una esclava china y sus drogas, y aislándose en una cabaña las usa para evadirse de sus penurias. Pero es poco creíble que esta mente capaz de orquestar planes complejos y a largo plazo, que ha sufrido de todo en su lucha por el poder, se hunda de tal manera por traiciones que ya ha sobrellevado otras veces. Y desde luego el proceso es insípido y cargante. Bjorn también es puesto en la nevera, casi literalmente, porque se va a otra cabaña, una perdida en los bosques helados, a no se sabe qué. Nos lo ponen estudiando un mapa de Europa, con lo que vi con entusiasmo su partida para explorar nuevas tierra, pero luego resulta que va a buscar su yo interno, porque otra cosa no hace. El caso es que tampoco funciona, este personaje está bien maduro como para necesitar ese viaje. Y no sé si para rellenar, nos ponen una rivalidad incomprensible con algunos del pueblo de Lagertha, que están empeñados en matarlo; esta confusa y cargante trama dura casi toda la temporada, con momentos ridículos como esa visión en que Bjorn muere, una especie de burdo intento de forzar la intriga.

Mientras, a través de la reina Aslaug Hirst mete algunas pequeñas historias con los hijos de Ragnar. Por algo que ocurre en el final de temporada se entiende el intento de dotarlos de personalidad, pero es que no consigue hacerlo, de hecho cuesta distinguirlos y seguir su trayectoria; el único que destaca es Ivar, por resultar más llamativo por las piernas deformes y porque empieza a mostrar su conocida crueldad.

Pasado este suplicio por fin se van sentando las bases de la nueva incursión. Llegan nuevos líderes aliados pero sospechosos de convertirse en rivales en cualquier momento (Halfdan y Harald), Rollo ultima defensas de impresión, y todo se mueve un poco más, aunque no todas las secciones sean perfectas. La parte inglesa no parece llevar un rumbo claro y de hecho termina en el aire, siendo simplemente un previo de lo que esté por venir. En París tenemos partes buenas, como Rollo ganándose su sitio y a su esposa, y malas, como lo citado del rey matando sin venir a cuento a todo quisque. Hasta los vikingos tienen su lastre: la parte de Aslaug con el errante Harbard es un coñazo que tampoco parece apuntar a nada concreto.

Por lo demás, la incursión es de muy buen nivel. Como es habitual todo el proceso se narra con sumo detalle: los planes y esfuerzos de cada bando, los miedos y la tensión de cada personaje, las diversas estrategias, los fallos, los nuevos intentos… Las batallas son de nuevo distintas a todas las anteriores, y aunque la épica no llega al nivel del primer asedio a París sí resulta espectacular y manejan bien el factor sorpresa. El único pequeño pero es que cabría preguntarse si no resultan un poco forzados los fallos en la estrategia de Ragnar, porque oye, que hay como cinco condes más que no los han visto: no explorar la zona que pretendes asaltar (la charca del castillo, menuda cagada) y dejar sin vigilancia y tropas de reserva el campamento son cosas imperdonables, deberían ir de serie en cualquier misión.

Y esta vez el final no se ve venir, suponiendo un giro notable en la trayectoria de todos los personajes…

Alerta de spoilers: Revelo el final con detalle.–

Tras la derrota de Ragnar tenemos un salto temporal que nos lleva a la madurez de sus hijos, así que veremos cuánto de relevo generacional hay, qué le depara el futuro a Ragnar, Lagertha y demás figuras relevantes cuando los jóvenes quieran dejar huella… y la dejarán, a tenor de los hechos históricos. Ahora bien, tener a casi todos los protagonistas heridos tras la batalla y no mostrar el destino de ninguno excepto los Ragnar y Loki (y después del lapso), pues menuda cagada. El que más negro lo tiene es el propio Ragnar, primero porque el fracaso y la huída lo dejaron en muy mala posición, segundo porque la cosa empeora al descubrirse que sabía que el asentamiento de Northumbria fue masacrado, pero también que un hijo suyo nació en la corte inglesa. Este, llamado Magnus, se lo ha sacado de la manga el guionista, aunque seguramente se inspire en Magnus I el bueno.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

WAYWARD PINES – TEMPORADA 1.

Fox | 2015
Productores ejecutivos: Donald De Line, Ashwin Rajan, Chad Hodge, M. Night Shyamalan.
Intérpretes: Matt Dillon, Carla Gugino, Toby Jones, Melissa Leo, Hope Davis, Shannyn Sossamon, Reed Diamond, Tim Griffin, Charlie Tahan, Terrence Howard, Juliette Lewis.
Valoración:

Para no revelarte el argumento y los numerosos giros, por si te atreves a verla, haré un paralelismo inventado con alguna obra conocida. Imagina que estás viendo Parque Jurásico. Después de varios amagos para mantener el misterio por fin te muestran a los dinosaurios. Y un poco más tarde te explican de dónde salen. Pero si fuera como esta serie seguirían añadiendo giros, y no precisamente serios. En la siguiente escena (o capítulo en este caso), de repente, a pesar de todo lo dicho, resultaría que los dinosaurios son hologramas. Luego descubres que eso forma de un plan para desviar la atención sobre una invasión alienígena. Luego que hay facciones tratando con los aliens porque… Bueno, a estas alturas te va a dar igual la explicación, porque ya sabes que luego vendrá otra parida más grande.

Aquí tenemos un agente del Servicio Secreto que acaba perdido y atrapado en un pueblo misterioso en la onda de Twin Peaks. Todo el mundo es raro y ocurren cosas extrañas, tantas que esto roza la comedia involuntaria (empezando por esas cámaras ocultas pero con una luz roja enorme). Cada vez que empieza a desentrañar una de las incógnitas surge un nuevo secreto; cuando empieza a escarbar en él, aparece otra revelación rompedora que altera todo lo conocido y trae nuevos enigmas, todo ello en plan loco en el estilo de los ejemplos que he puesto. No sé si esta premisa, o galimatía de premisas, funciona en la trilogía de novelas de Blake Crouch en que se basan, pero la serie es excesiva, inconexa, absurda y a la postre fallida. ¿Cómo se puede conectar con un mundo cuyas reglas cambian cada 42 minutos, que no deja de lanzarte a la cara más y más argumentos delirantes sin haber asentado la lógica y verosimilitud de los anteriores?

Pero lo más alucinante es que todos los implicados se toman esto en serio. Los directores, algunos tan llamativos como M. Night Shyamalan (también productor), Nimród Antal, David Petrarca o Vincenzo Natali, consiguen un aspecto visual muy sólido: la fotografía es estupenda y el ritmo bastante intenso, con lo que aunque no te están contando nada coherente la mayoría de los capítulos lo esconden un poco con su buen tono y velocidad. En la mayoría, porque los más absurdos se hacen pesados al dar la sensación de no estar viendo nada concreto ni con objetivo a la vista, y en el último hay más acción pero no le sacan buen partido. Los actores se ven ante un drama serio y dan todo de sí, y atención al reparto que han logrado reunir: Matt Dillon, Carla Gugino, Toby Jones, Hope Davis, Melissa Leo, Terrence Howard

Y lo más importante, los guionistas, aunque se aferran a esas ideas absurdas, también dejan entrever un trasfondo de temas muy potentes: el control gubernamental, el miedo como arma, la rendición a las imposiciones sociales, la manipulación desde la escuela, las sectas y la adoración al líder… Todo ello lo exponen a través de personajes inicialmente bien dibujados y con bastante potencial. Las figuras predominantes de este tétrico gobierno de hecho resultan espeluznantes: Megan (la profesora), el Dr. Jenkins (el líder visionario pero de mano dura) y su fiel Pam. En cuanto al protagonista y su familia, todo lo que les está cayendo encima les va afectando, con lo que se conecta aceptablemente bien con ellos. También tenemos mucho secundario con un lugar claro en el entramado.

Hay que decir que es un logro destacable conseguir personajes verosímiles entre aventuras tan rebuscadas. Así que, entre los protagonistas y el sugerente trasfondo, a pesar de las mamarrachadas de las tramas principales seguí dándole varias oportunidades a la serie, porque me parecía que ese poso inteligente tendría que emerger alguna vez. Pero por el ecuador tiré la toalla, porque en vez de crecer se hundía cada vez más en esa dinámica de giros forzados, de cambiar no las reglas, sino el universo entero. Continué viéndola por inercia, por la curiosidad de ver adónde eran capaces de llegar con las sorpresas absurdas. Y lo cierto es que en el tramo final intentan por fin asentar una línea concreta, pero asombrosamente, después de tanta temática rebuscada y fantasiosa, ahora resulta que se inclinan por andar caminos muy trillados. Así que sólo quedaban los personajes… y me temo estos se van hundiendo con las tramas, acabando cada historia personal en topicazos enormes y momentos muy previsibles (algunos lamentables, como el protagonista que se sacrifica) que echan por tierra sus correctas posiciones iniciales.

Por ese amago de calidad con los personajes y esos temas de fondo con potencial, Wayward Pines se puede digerir sin atragantarte demasiado, porque si se sostuviera sólo con el argumento principal hubiera resultado insoportable. Pero claro, eso no es suficiente para salvarla, y me parece un engaño y una pérdida de tiempo.

DAREDEVIL – TEMPORADA 2.

Netflix | 2016
Productores ejecutivos: Doug Petrie, Marco Ramirez, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Jon Bernthal, Elodie Yung, Vincent D’Onofrio, Rosario Dawson, Scott Glenn, Royce Johnson.
Valoración:

La serie la puso en marcha Drew Goddard, pero no duró mucho porque prefirió centrarse en proyectos cinematográficos de superhéroes, con lo que terminó siendo desarrollada por su mano derecha, Steven S. DeKnight. Pero este ha partido también a otros trabajos en cine, dejando paso a otros colaboradores, Doug Petrie y Marco Ramirez. Tanto cambio no es buena señal, porque la posibilidad de que el producto mantenga o supere el nivel alcanzado por sus artífices originales es remota. Y en Daredevil no se ha cumplido. Los nuevos encargados, aunque estuvieran implicados a menor nivel desde el principio, no tienen la pericia de quienes nos ofrecieron un primer año tan notable. Son muchos los puntos oscuros y los deslices de esta nueva etapa que también arrastra desgana y flojera en grandes cantidades. Para mi sorpresa, la mayor parte de los espectadores no parece haber sentido mucho el cambio, pero a mí me ha costado acabarla por ser algo aburrida y fallida, cuando la primera me la vi dos veces seguidas de lo que me fascinó.

Había una buena base. El típico viaje iniciático del héroe y el villano así como las relaciones con los amigos resultaban muy atractivas por la enorme calidad de los personajes, que además eran realzados por los excelentes actores elegidos. La atmósfera ofrecía un universo más maduro y serio de lo habitual, con lo que en cierta manera, aunque se notaba la inspiración en algunos thrillers cinematográficos influyentes de los años setenta, parecía traer aire fresco al género de los superhéroes. Y para rematar, la puesta en escena fue modélica. Pero los productores ejecutivos actuales no llegan a alcanzar el listón a pesar de tener cierta experiencia en series (Petrie salió, como Goddard y DeKnight, de la sala de escritores de Buffy, la cazavampiros). La trama y las relaciones entre personajes tienen baches e incoherencias, y eso cuando no andan en círculos. Los diálogos son un poco ramplones a veces, las situaciones en que se van viendo implicado los protagonistas carecen de empaque, de novedad, de capacidad para emocionarte. Y además se le suman algunos errores de casting y el abuso de un único estilo para las peleas, con lo que el acabado visual no impresiona tanto. Así, la temporada se queda bastante corta, resulta irregular. Si se salva es porque no llega a ser una catástrofe y cumple en lo básico, pero desde luego me ha resultado bastante decepcionante.

El primer gran problema es el estancamiento, que se acusa sobre todo en los personajes. Entiendo que los escritores quieran reservar los pasos importantes de sus vidas para la parte final, pero hasta entonces no puedes estar amagando y volviendo para atrás, tienes que andar en una dirección clara y hacerlo con equilibrio y verosimilitud. El dilema de Matt de hasta dónde llegar con la violencia se atasca a pesar de la presencia del Castigador y de Elektra, es decir, a pesar de que la serie no hace más que hablar de ese tema. La relación con los amigos está en un punto bajo por los líos que los agobian y porque Matt los abandona por su álter ego, pero se expone fatal, pues cada capítulo repite prácticamente lo mismo, retrasando los avances reales mucho más de la cuenta. Peor acaba la atracción entre Matt y Karen. Creo que es la relación en tensión amorosa más torpe que he visto. Hasta en series tan largas como Expediente X eran capaces de apañárselas para no dar un paso definitivo pero ir mostrando cambios suficientes en la dinámica como para mantener el interés. Aquí los meten en citas que a todas luces señalan que están enamorados y deberían estar folleteando, pero en la siguiente escena es como si no hubiera ocurrido nada, para en el próximo capítulo repetir el patrón; y así se tiran la mitad del año.

Con Castigador y Elektra tratan de exprimir la dualidad héroe-villano, pero no logran despertar demasiado interés. Castigador sale bien parado en líneas generales: entendemos al individuo, resulta oscuro y trágico en el tono de la serie… Pero podría haber dado mucho más de sí. Es constante la sensación de que se repiten los mismos dilemas o mensajes morales en todas sus apariciones, sin mostrar evolución alguna aunque estemos situaciones que van cambiando (combates, juicio…), y las motivaciones no sorprenden, su historia resulta demasiado predecible. Con Fisk partían también de lugares comunes y aun así resultó un rol sobrecogedor. ¿La diferencia? Pues que el guion no llega. Elektra se queda mucho más atrás, resultando es un fallo gravísimo de planteamiento y escritura. No se explica casi nada de ella, y eso a pesar de tener numerosos flashbacks (monótonos y previsibles la mayoría). ¿Qué sentido tiene la relación de Matt con ella, qué la mueve, qué espera del mundo y qué traumas la han formado hasta el punto de disfrazarse y luchar por causas extrañas? Se muestra el entrenamiento con Stick, pero no es suficiente para justificar sus acciones, y más cuando va por libre; y su personalidad desde luego queda sin definición. Qué pereza me dan sus apariciones, y qué poco entiendo por qué Daredevil se apunta a todo con ella en vez de tratar de mantener cerca a sus otros amigos. Stick tampoco me convence, aunque esto viene desde su presentación: tan forzadamente críptico que necesita ayuda y no da respuestas ni facilidades a sus supuestos aliados, con lo que la intriga con él resulta artificiosa.

Pero estos dos nuevos protagonistas acaban por los suelos por dos fallos imperdonables: el casting es horrible y las dos secciones se cierran con giros infames. La trama de la Mano ya es puro humo de por sí, pero las revelaciones finales sobre Elektra no hay por dónde cogerlas. El Castigador también tiene un cierre (o punto de inflexión más bien) demencial, con ese giro de telefilme barato que saca la sorpresa final por donde menos te lo esperas y por donde menos verosímil parece. Y no entiendo cómo en una serie que cuidó tantísimo el reparto en la primera temporada, donde hasta los extras que hacían de matones parecían actores de primera y no simples figurantes, han podido rebajar tanto el nivel como para fichar dos intérpretes principales tan mediocres. Elodie Yung carece de registro y de carisma, lo que agrava la apatía que despierta el rol. Jon Bernthal cumple por los pelos por el físico de boxeador retirado y su mirada intensa, porque como actor de drama es un manta: frase con tensión fingida, mirada para el lado, frase, mirada… Todo el rato igual, sin cambiar ni una pizca esté en la situación que esté; de hecho hace exactamente el mismo papel que en The Walking Dead, donde ya debería haber sido etiquetado como actor a evitar y aun así lo siguen fichando aquí y allá. Para colmo, han dado el visto bueno a la serie The Punisher/El Castigador.

La trama tiene las mismas carencias. Nos encontramos con más frentes abiertos pero a la larga resulta que estamos atascados en una historia cíclica. El progreso llega a trompicones, muchas veces sin explicar, otras desaprovechando el material. Hice todo un artículo hablando de cómo el plan Marvel llegó por fin a las series para romper los clichés y dar al género el paso a la maduración tan esperada, y ahora resulta que la historia de la Mano es digna de un serial antiguo: elementos y giros sensacionalistas (ese agujero gigante en el suelo, el absurdo ataque al hospital, la cápsula misteriosa, leyendas rebuscadas, etc.), personajes y dilemas atascados en bucles, y muchas peleíllas simples y repetitivas con extras saltimbanquis. Y todo para hacer un Perdidos, es decir, tras mucho misterio y trampa argumental exagerada realmente no han mostrado nada, acaban con más batallas pero sin dar respuesta a nada concreto. También hay algún receso incomprensible: para qué dedicar gran parte de un capítulo a presentar la entrada del nuevo irlandés en su banda si su relevancia en las tramas es muy escasa y no va más allá de ese episodio. Aparte, en el tercer acto recuperamos a Fisk, y por suerte aquí no patinan. El gran mafioso (Kingpin) sigue resultando imponente y su futuro me atrae muchísimo más que el de los demás personajes.

Las carencias se notan también en los detalles: los deslices o directamente agujeros de guion abundan por todas partes. Son infinidad, así que sólo menciono los más notables. Qué cutre la herida de Elektra curada metiéndole unas tenazas dentro y luego echándole bicarbonato mezclado con otras mierdas de la cocina… pero es que encima ni la vendan, y al día siguiente está en pie repartiendo hostias. Con el buen dinero que parecen haber echado en la serie podrían haberse currado una oficina mejor para el periódico, que da risa: resulta que están todos apretados en un despacho y un pasillo estrecho, y el editor le da a Karen (una investigadora aficionada ajena al diario) el despacho del periodista muerto, ¡que lo tiene ahí vacío! La peor escena del año podría ser la fiscal arrepintiéndose como una niña: una corrupta, una trepa, mentirosa y manipuladora de las que hacen época, se acobarda cuando las cosas se ponen difíciles y suelta sus secretos casi llorando, en un giro de manual para sacar a los protagonistas del apuro; no, no cuadra en alguien con tanto poder y tanto que perder. Las apariciones de la enfermera están metidas con calzador sin cuidarlas lo más mínimo: es como si nadie más trabajara en el hospital, hasta el punto de que maneja una crisis de varios pacientes graves sin ningún médico residente cerca; luego te sacan el lío de la junta, pero resulta que sólo es para tratar de tapar la inverosimilitud que genera tener decenas de ninjas-muertos-vivientes por ahí y que nadie se cuestione nada. Madame Gao dice que la competencia que lidera Blacksmith es más numerosa y fuerte que sus soldados, y que el barco donde tienen la mercancía estará muy vigilado, pero luego vemos que hay dos tíos inútiles ahí; con ese nivel de información es normal que le esté comiendo terreno; pero no, no queda bien, se supone que ella es una maestra del crimen. Los ninjas descubren que soltando las espadas Daredevil no los oye, pero en vez de seguir zurrándolo con esa nueva ventaja se largan sin más.

Y por desgracia, la desgana del guion afecta al aspecto visual. Donde antes se buscaba un acabado formal virtuoso y con picos que te dejaran anonadado, ahora van con la inercia, con el piloto automático puesto. Se curran un par de escenas espectaculares (la batalla de Daredevil por las escaleras, la del Castigador en la cárcel) para intentar mantener el estilo marcado, pero no me vale si el resto se descuida bastante. En parte es por la falta de garra y originalidad de la escritura: todos los conflictos se desarrollan de la misma forma, sean las peleas contra Castigador o contra los ninjas. En parte también porque hay nuevo director de fotografía y nuevos directores que no han estado a la altura. El resultado es que el desgaste asoma pronto la patita, perdiendo factor sorpresa y factor asombro, e incluso llegando al punto de que se empiezan a ver muchos fallos. La contienda en la azotea entre Daredevil y Castigador fue bastante mala, con una falta de pegada bien patente, algunos golpes mal rodados y ese francotirador que no acierta una. Incluso la gran escena de las escaleras es imperfecta: intentan simular un plano secuencia y los cortes cantan bastante, por no decir que se alarga hasta perder fuerza. Pero sobre todo, las constantes luchas con los ninjas van bajando el nivel hasta acabar en un desenlace que deja muy mal sabor de boca. Es como si los directores se fueran cansando, poniendo cada vez menos esfuerzo y cuidado. Los extras que esperan su turno para ser golpeados, las patadas al aire, las coreografías sin savia… y por mucho que esto sea fantasía, al final no puedes dejar de preguntarte por qué no usan armas de fuego en vez de perder tiempo y esfuerzo en darse puñetazos. Matt es que no parece aprender nada del Castigador y de Elektra, metiéndose en berenjenales gordos sin buscar ventaja alguna. Llévate un táser o dardos con sedantes por lo menos, que pareces tonto.

Resumiendo en pocas palabras, el gran mal de la temporada es el no saber exponer, desarrollar y cerrar adecuadamente las distintas historias, y ello permite que se vean las costuras del relato. Si Daredevil sigue por este camino puede acabar deshilachándose. Y el plan Marvel para series ha dejado de brillar bien pronto. Esperemos que sólo sea una mancha.

PD: Por lo visto el traje de Daredevil no gustó a muchos fans, así que van cambiándole detalles poco a poco. Yo no le veía ningún problema.

Ver también:
Temporada 1.

SILICON VALLEY – TEMPORADA 2.

HBO | 2015
Productores ejecutivos: Mike Judge, John Altschuler, Dave Krinsky, Alec Berg…
Intérpretes: Thomas Middleditch, T.J. Miller, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Josh Brener, Amanda Crew, Suzanne Cryer.
Valoración:

La empresa de Richard Hendricks sigue tratando de salir adelante en el difícil mundo de las nuevas tecnologías, donde un día eres una estrella con aspiraciones millonarias y al siguiente puedes haber caído en el olvido y estar mendigando en las calles. Es impresionante la lluvia de aventuras en que los guionistas sumergen al grupo de protagonistas. Conflictos personales, morales y legales, retos inesperados y estrés, mucho estrés, se acumulan casi sin darte respiro.

Lo cierto es que puede llegar un momento en que te des cuenta de la estructura narrativa, o al menos a mí me ha ocurrido. Cada nuevo lío llega inesperadamente, no ofrece una solución clara, y cuando logran salir adelante ha sido también gracias a algo inesperado. Alguien podría decir que abusan de esas resoluciones en plan casi deus ex machina, pero en realidad están lejos de llegar al punto de traicionar la verosimilitud, no son salidas mágicas sin más, sino que los escritores juegan constantemente con lo de que vida lleva por caminos inesperados, para realzar la incertidumbre y la sorpresa, y sobre todo, los personajes siempre están esforzándose al máximo, con lo que no hay sensación de trampa. Por ejemplo, aunque el jaleo con el vecino que amenaza con denunciarlos se acaba con una contra amenaza que les pone en bandeja ver su chanchullo con animales ilegales, lo cierto es que bien podrían haberse cagado y no atreverse a dar ese paso. O tenemos un caso más claro con el desenlace de lo del nido de águila, que surge debido al buen trabajo que han hecho, es decir, no les cae encima sin más, han allanado el terreno para que cualquier nuevo factor en la ecuación tenga posibilidades de redundar a su favor.

Pero sobre todo, cada giro es tan sorprendente, original y divertido que ya pueden seguir aferrándose a ese estilo, pues será bienvenido. No voy a describir a fondo la infinidad de acontecimientos que hay en tan solo diez capítulos de media hora (se agradecen un par más que el primer año, pero siguen sabiendo a poco), porque merece la pena vivirlo por uno mismo: Silicon Valley es de nuevo una de las grandes series del año. La veracidad en el tratamiento de los temas de nuevas tecnologías y los frikis es loable, yendo mucho más allá de los cuatro tópicos que tratan en The Big Bang Theory, de hecho el microcosmos que han construido en la onda de El séquito (como me veía venir) es fascinante. Los líos empresariales, las tendencias y aficiones, las figuras representativas… Todo el mundillo queda retratado con inteligente ironía. Pero el sentido del humor va más allá: se juega hábilmente con la vergüenza ajena, se trabajan chistes de largo recorrido (la trayectoria de Cabezón), hay bromas más simples y directas…

Así, de nuevos tenemos chiste sobre chiste y enredo sobre enredo hasta que necesitas ver la temporada de nuevo para saborear bien la lluvia de información. Y cómo no, los personajes principales son encantadores y el repertorio de secundarios estrafalarios resulta maravilloso, y todos los actores mantienen el tipo. Ni un pero le puedo poner a otra temporada única en personalidad y calidad.

Entre algunos de los mejores momentos del año destacaría, sin revelar nada concreto, los siguientes. La presentación de la nueva jefa de Monica, el relato de la muerte del anterior (recordad que el actor falleció), Jared hablando alemán en sueños, el análisis de Gilfoyle y Dinesh sobre si contarle al tipo de deportes extremos que su cálculo está mal y va a matarse, las manías del multimillonario (las puertas del coche se abren hacia arriba o lateralmente), la contratación de una chica y el intento de Jared de que no se sienta acomplejada, el plan de Gavin Belson con Cabezón, y este sin enterarse de nada, la prueba del software de Gavin en un móvil y la presentación de su plataforma de streaming, el nido de águila y todo lo que desencadena…

Ver también:
Temporada 1.

BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 2.

AMC | 2016
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould, Melissa Bernstein, Mark Johnson.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Ed Begley Jr., Mark Margolis.
Valoración:

Alerta de spoilers: De haber alguno, son detalles nimios de la trama.–

Se ha visto enturbiado el entusiasmo con que empecé la serie en su notable presentación, porque esta segunda etapa se ha estancado en una dinámica que anula ligeramente algunas de sus virtudes. Por resumirlo en una frase, tras diez nuevos capítulos seguimos exactamente igual que en el final de la primera temporada. Jimmy McGill quiere trabajar desde la honradez y el esfuerzo pero el sistema le pone muchas zancadillas y su forma de ser le impide saber sortearlas si no es con triquiñuelas que bordean la ilegalidad. Tras unas cuantas aventuras poco trascendentales si no fuera por la calidad de los personajes y del acabado visual, terminamos con avances muy tibios en la posición del abogado en cuanto a espectro moral e independencia laboral. Ojo, no espero que veamos a Saul Goodman tan pronto, pero sí que la odisea de Jimmy deje un poso más claro en su evolución. Bob Odenkirk sigue captando muy bien al personaje, eso sí.

Con ese estancamiento aparece el inevitable desgaste. Entre que ya no hay factor sorpresa y el viaje de Jimmy no tiene episodios muy llamativos, a lo que hay que sumar que las apariciones de Mike Ehrmantraut son descaradamente para que no nos olvidemos de él, pues interés y relevancia no tiene, la temporada en su conjunto no impresiona lo más mínimo, no deja huella. Por suerte, la combinación de varios factores realza el producto, ofreciendo con un año que resulta durante su visionado más sólido y entretenido de lo que parece en una análisis posterior del conjunto. Y es que los guionistas, aunque hayan perdido inspiración, son hábiles e inteligentes, y sobre todo, los realizadores le otorgan una fuerza a la narración que se hace imprescindible para disimular la lentitud y escasez de historias dignas de mención. O dicho de otra forma, tenemos una temporada parca en contenido y con un ritmo más apagado de la cuenta (los capítulos cuarto, quinto y sexto se hacen algo largos y poco sustanciosos), pero su narrativa aguda y su acabado formal impecable no han desaparecido y consigue resultar por lo general entretenida y sugerente, y en momentos puntuales bastante ingeniosa.

Por ejemplo, uno de los líos de Jimmy en el nuevo bufete se podría haber resuelto en dos minutos, pero le dedican una sucesión de escenas con tono de humor ligero hasta lograr un tramo bastante divertido: el tema de los trajes, la gaita y demás. Y así en todos los capítulos. A veces no funciona tan bien, con lo que parecen transiciones o rellenos malogrados, como cuando para un autobús de ancianos y se tira ahí minutos y minutos hablando, o uno de los anuncios que graba (¿de verdad eran necesarias esas largas escenas ante el avión y en el colegio?), o el camión cruzando la frontera… Pero otras muchas valen para ir pasando el rato aunque no haya un destino claro.

Otro punto fuerte es que algunos los secundarios ganan en presencia e interés, con lo que no se agota tanto a Jimmy y dan más vidilla a su entorno. Sobre todo me ganó Kim Wexler, que no acababa de despuntar en la primera sesión. Aquí tiene una trayectoria personal que, por eso de ser nueva, pues la de Jimmy es repetición, resulta muy interesante. Sus esfuerzos por levantar cabeza, la indecisión sobre su futuro y alguna escena de compañerismo estupenda con Jimmy (los dos timos en bares) aportan correctas historias del día a día con las que conectar con intensidad. Por no decir que Rhea Seehorn hace un papel bastante bueno y espero que consiga relanzar su hasta ahora nada vistosa carrera.

Chuck con su locura y la también correcta interpretación de Michael McKean resulta entrañable y lastimero a la vez, y el conflicto son su hermano va creciendo adecuadamente, formando en el tramo final por fin una trama centrada en algo concreto. Sin embargo está a punto de patinar al tornarse muy previsible en sus giros clave, y es aquí donde más se nota como los guionistas no han encontrado una historia llamativa pero sí han sabido exprimir lo que tienen, es decir, el soso capítulo final se salva por lo bien que manejan los detalles y lo mundano para construir con sutileza situaciones y personajes. Así, el flashback a la muerte de la madre define, resume y matiza muy bien la trayectoria de los dos hermanos, resaltando con habilidad el punto álgido del conflicto actual. Vemos a ambos en la esencia de lo que son: Jimmy impaciente, incapaz de centrarse en la vida que tiene delante, Chuck celoso y con complejo de inferioridad, incapaz de ver sus propios puntos fuertes y apoyar a su hermano cuando tropieza. Así comprendemos plenamente sus acciones y casi sentimos formar parte de sus vidas, con lo que esta resolución poco densa en contenido resulta bastante potente en cuanto a emociones.

Pero con otros personajes secundarios también encontramos irregularidades y fallos, pues como decía no han sabido mantener a Mike con algo más sustancioso (por mucho que jueguen a enlazar con personajes de Breaking Bad) y para colmo su sección no acaba con un cambio digno de mención en su evolución, mientras que Howard Hamlin, a pesar de aparecer bastante, no logra quitarse de encima la sensación de ser un mero objeto alrededor del que hacer girar a los verdaderos protagonistas.

El único aspecto que no ha perdido ni una pizca de fuelle es el gran nivel de la puesta en escena, que ensalza bastante este relato por dentro irregular, desaprovechado. La fotografía e iluminación son espectaculares, la composición de cada escena muy cuidada, y hay muchas partes donde se combina magistralmente con el sutil guion y resulta crucial para describir situaciones, o mejor dicho, sensaciones. Por ejemplo, la recaída de Chuck en el tramo final se hace durísima gracias a lo bien que nos sumergen en su estado de ánimo. Pero hay muchos momentos así, incluso como digo, detalles en apariencia nimios, como Jimmy incapaz de sentirse a gusto en el coche de lujo por tonterías como el posavasos, que en realidad es su subconsciente diciéndole que en esa vida no encaja.

Pero claro, esas virtudes que quedan no son suficientes para mantener el nivel, y menos para hablar del esperable y exigible crecimiento de la serie. Los desvíos innecesarios y los tramos faltos de garra, sumados a la sensación de caminar hacia ninguna parte, muestran que el potencial que prometía con su primera temporada, donde parecía que la maduración de sus autores con lo andado en Breaking Bad iba a dar sus frutos en una obra mucho más equilibrada e inteligente, se ha visto mermado, los temores de que hubiera improvisación, experimentación y rellenos como en la serie madre han vuelto a hacerse notar bastante. Eso no significa que Better Call Saul se haya estrellado, pero sí que puede hacerlo si no vuelve a remontar, si sus autores no consiguen encarrilar y enfocar sus grandes aptitudes.

PD: Las iniciales de los capítulos forman el anagrama “Fring’s Back”, anunciando el retorno del gran villano de la saga, Gus Fring. Lo cual ha sido un gran engaño, porque ni siquiera llega a aparecer…

Ver también:
Temporada 1.

SENSE8 – TEMPORADA 1.

Netflix | 2015
Productores ejecutivos: J. Michael Straczynski, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, varios.
Intérpretes: Aml Ameen, Doona Bae, Jamie Clayton, Tina Desai, Tina Desai, Tuppence Middleton, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Brian J. Smith, Freema Agyeman, Naveen Andrews, Eréndira Ibarra, Alfonso Herrera, Max Mauff, Purab Kohli, Terrence Mann, , Daryl Hannah, Ness Bautista, Paul Ogola, Anupam Kher.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo describo la premisa y los protagonistas.–

Tres guionistas con insuperables hitos de la ciencia-ficción en su currículo se unen para crear una serie que anuncian como de gran ambición y originalidad, en un canal, Netflix, dispuesto explorar nuevas fronteras. Joe Michael Straczynski nos trajo Babylon 5, una producción sin parangón en cuanto a número y calidad de tramas y personajes, que además evolucionaron por caminos nunca vistos, con la que reescribió todo concepto y norma de narración televisiva desde la sombra, pues no triunfó entre el gran público. Las hermanas Wachowski rompieron esquemas con Matrix, una película inspirada por dentro pero realmente fascinante en su envoltorio que fue un gran éxito de taquilla e influyó considerablemente en el cine posterior. Con Sense8 aseguran que cambiarán el lenguaje de las series con un relato único y revolucionario. ¿Lo conseguirán?

Ocho individuos en ocho países distintos empiezan a descubrir que tienen una conexión entre ellos: ver y sentir lo que ven y sienten los otros, compartir experiencias y habilidades. Esta primera temporada de doce capítulos se centra en presentar sus formas de ser y mostrar como comienzan a explorar sus nuevas relaciones y capacidades. De fondo hay una trama de conspiraciones y un universo con gran potencial que ya veremos cómo crece, pues apenas acaba de empezar a manifestarse. Por ello quizá no sea para el gusto de todos los espectadores. Quien esperara sumergirse de lleno en conspiraciones secretas e individuos con poderes en lucha constante se puede llevar una decepción al encontrarse con un drama humano íntimo y emotivo donde lo que se narra es cómo personas normales que enfrentan penurias normales se hallan en una situación nueva y desconocida. Dicho de otra forma, Sense8 no es ciencia-ficción más pura al estilo Expediente X, Fringe y semejantes, sino un drama que habla de las relaciones humanas en un mundo que pese a la globalización parece cada vez más solitario y complicado, y para ello se basa en una premisa muy imaginativa con un pie en la ciencia-ficción. Se acercaría más al estilo inicial de Orphan Black, donde primaban los problemas personales de las clones y las intrigas estaban más en segundo plano. Otro punto de conflicto para muchos puede ser que aborda especialmente temas sobre el amor y la sexualidad, pilares fundamentales en la vida, pero además lo hace con unas historias y escenas muy explícitas: es una obra valiente como pocas, dispuesta a luchar contra tabúes que todavía mantienen muchas sociedades. Así pues, quienes vayan con ideas preconcebidas de género y estilo deberán abrir sus mentes y corazones si pretenden disfrutarla.

Capheus (Aml Ameen) vive en Nairobi, sobreviviendo como puede como conductor de un minibús. Su madre tiene SIDA y desespera por sacar suficiente dinero para medicinas de calidad, porque los sucedáneos y productos adulterados abundan en África. Su gran afición es Van Damme, y en sus películas querría inspirarse a la hora de enfrentar los problemas con las bandas criminales que asolan el lugar, pero es un buenazo que no está hecho para la violencia. En Seúl, Sun Bak (Doona Bae) vive a la sombra de su padre y su hermano, que la relegan en la empresa familiar por ser mujer; descarga su estrés y frustración participando en combates de kickboxing (boxeo con artes marciales). En San Francisco, la hacker Nomi Marks (Jamie Clayton) lleva una vida feliz desde que dejó atrás el cuerpo de hombre con el que nació y tiene una novia a la que ama con pasión, Amanita (Freema Agyeman). En Mumbai, Kala Dandekar (Tina Desai) tiene un buen trabajo y una familia amorosa, pero vive una tormenta de sentimientos ante su inminente matrimonio. Riley Blue (Tuppence Middleton) es islandesa pero trabaja en Londres como DJ; huyó de algún drama familiar pero aquí no termina de encontrar un sitio para echar raíces. En Berlín, Wolfgang Bogdanow (Max Riemelt) sigue los pasos de su padre como experto asaltador de cajas fuertes, apoyado por su fiel amigo Felix (Max Mauff). En Méjico, Lito Rodriguez (Miguel Ángel Silvestre) es un exitoso actor de películas de acción con tono de culebrón. Su condición de estrella lo empuja a mantener su homosexualidad en privado, con lo que lleva una doble vida: de cara al público su novia es otra celebridad, Daniela (Eréndira Ibarra), pero en secreto vive con su gran amor, Hernando (Alfonso Herrera). Will Gorski (Brian J. Smith) trata de ser un honrado policía de Chicago, pero el despertar de la vínculo con los demás lo mete en varios líos.

Cada lugar tiene sus propios secundarios, las familias de cada protagonista y los grupos con los que se relacionan o chocan, de forma que esto prácticamente termina siendo ocho series dramáticas unidas en una mediante el enlace surgido entre ellos así como por una temática global. Todo versa sobre cómo tratamos de hacernos un lugar en el mundo luchando con lo que nos va cayendo encima, donde elegir con libertad total es muy complicado porque estamos siempre atados por las convenciones sociales y nuestros conflictos internos. Conocemos a cada individuo cuando están embarcándose, lo quieran o no, en algunos de los momentos más importantes de sus vidas, ante un inminente cambio o maduración más allá de lo que antes si quiera podían imaginar. Pero el impulso para andar o sortear ese camino tan difícil llega por vías inesperadas…

Gorski se encuentra con un tipo misterioso llamado Jonas Maliki (Naveen Andrews), quien le explica que son un grupo de “sensates” (se podría traducir como “conscientes”) y acaban de tener su “segundo nacimiento”, esto es, tener conocimiento de los demás miembros del grupo de ocho. Le enseña los primeros pasos de esta vida, donde deberán aprender cómo conectar unos con otros y transmitirse sus habilidades. Lito tiene un bajón cuando a Sun le llega la regla, Capheus zurra de lo lindo cuando deja entrar a Sun, Nomi usa los conocimientos policiales de Gorski para sus hackeos, etc. Pero Jonas también avisa sobre quienes va tras ellos con oscuras intenciones, como un tal Whispers o Susurros (Terrence Mann). Aquí surgen los misterios y la conspiración secreta: quién es y qué pretende el tal Whispers y qué es esa organización para la que trabaja, cuál es la afiliación real de Jonas, si hay otros sensates hay por el mundo, qué vivieron Gorski y Riley de jóvenes, etc. Sabiendo que a los tres escritores les gustan los universos elaborados (aunque El destino de Júpiter de las Wachowski terminara siendo una chapuza), sumado a que Straczynski desarrolla sus narraciones con mucha calma y de hecho afirma que planean cinco temporadas, yo apuesto a que veremos tramas mucho más complejas que se irán exponiendo poco a poco.

Pero por ahora la magia radica en su fuerza emocional, tanto por el vínculo que puedes establecer con sus maravillosos personajes como por la energía y simpatía que sacan los escritores de aventuras en apariencia convencionales. Aquí hay que señalar el hábil estilo empleado, que muchos no han sabido ver y lo han usado como fallida crítica. Se utilizan los clichés y tópicos con mucha sabiduría, primero, para ubicarnos en lugares y situaciones reconocibles, de forma que introducirte en las culturas y los protagonistas sea más fácil y rápido, y segundo, para mostrar diversidad cultural y sexual y romper tabúes de manera más orgánica o natural. Es decir, los guionistas se “atreven” a mostrar como normales varias formas de pensar y vivir que siguen siendo tabúes para muchos, como la homosexualidad… Pero las Wachowski se lanzan a la normalización total, incluyendo también a la transexual y lesbiana Nomi, haciendo un alegato inspirado en sus vidas, pues tanto ellas como la intérprete de ese rol, Jamie Clayton, vivieron como hombres durante muchos años por miedo al qué dirán los demás. Lana se transformó hace algunos años, pero Lilly no se atrevió a salir del armario hasta hace poco. Este es un avance que a pesar de la lucha constante no se atreven a dar en canales tradicionales, pero a Netflix y Amazon (con Orange is the New Black y Transparent antes de Sense8), emitiendo por internet y con directivos abiertos a todo, no les afectan los grupos de presión sociopolíticos que imponen doctrinas morales arcaicas por todo el globo, ni temen espantadas de empresas anunciantes tras los lloriqueos de espectadores con prejuicios.

La sección de Kala ejemplifica muy bien ese punto inicial a base de clichés: los temas típicos de matrimonios y religión que la gente asocia a India sólo son el punto de partida de una historia que fluye de forma muy natural y aporta en seguida conflictos más realistas y profundos. Si hubieran empezado con un relato sobre aspectos que no son parte del conocimiento común no hubieran llegado con tanta facilidad al espectador, o hubieran necesitado mucha exposición para que entendiéramos el contexto y con ello las acciones de los protagonistas. Así que apuestan por introducirte primero dentro del personaje y luego abrir poco a poco el horizonte de su mundo. Por ejemplo, yo no conocía las disputas entre tradición y modernización que hay entre los templos que no quieren cambiar nada y los ricos que quieren adaptarse al resto del mundo borrando sus raíces en una malentendida globalización; y la escena de Kala de niña en la cabalgata de Ganesha no habría resultado tan bonita sin comprender íntimamente su visión de la religión. En cuanto a tratar tabúes partiendo de tópicos, el mejor ejemplo es Lito, donde una vez nos tienen atrapados con la loca aventura en tono de humor culebronesco clásica de Méjico le dan la vuelta haciendo que la doble vida, el triángulo amoroso y demás líos traten sobre la homosexualidad de los implicados.

Pero este alegato sobre la diversidad va mucho más allá. Como los preciosos títulos de crédito vaticinan, toda la serie es una oda a la humanidad: se muestran diversas vidas, culturas, religiones, trabajos, sexualidad y formas de entender el mundo para hablar sobre qué nos define y une como humanos, para señalar que las diferencias realmente no deberían separarnos porque todos anhelamos tanto las mismas necesidades básicas (familia, trabajo, amor) como los mismos placeres (el arte como nexo de unión es esencial, en especial la música).

Estamos pues ante una obra con muchos niveles distintos combinados a la perfección y varias lecturas posibles debido a su tono humanista y filosófico. Cada aventura personal es diferente y atractiva por sí sola, pero pronto se fusionan con las demás ofreciendo nuevas perspectivas. El universo imaginario latente promete mucho. Y sobre todo, la magia y belleza que destila es incomprable, resultando enormemente emotiva y conmovedora.

El único pero es que alguna sección puede no llamarte tanto la atención como otras. Siendo una producción muy subjetiva en todos sus estratos, cada cual tendrá sus partes preferidas. A mí se me hizo un poco pesada el conflicto de Capheus con el capo del lugar, pues a pesar de que me caía tan bien como los demás y las partes de acción son de cine de alto nivel, me pareció alargar demasiado algo un tanto convencional. Por ejemplo, la labor policial de Gorski podría haber ido por ese mismo camino, pero se limitan a exponer su forma de ser y de trabajar y luego lo sumergen en la trama de persecución a los sensates, con lo que no llega a aparecer desgaste. De todas formas, no estoy hablando de grandes fallos, sólo hubiera reducido un poco el viaje de Capheus y le hubiera dado más tiempo al arco final que une a todos, pues pasa en un suspiro pese a ser tan importante, y quizá hubiera matizado mejor algún tramo de Sun, ya que el lío empresarial queda resumido en sus clásicos giros (familiares sacrificándose por otro) y el paso por la cárcel no me parece muy bien relacionado con su maduración personal. Por esas ligeras carencias se resiente un poco el ritmo en el tramo central.

En cuanto a mis secciones las favoritas, me ganaron bien rápido Nomi y Amanita, una pareja entrañable, la odisea de Lito en tono cómico me resultó divertidísima, el romance entre Kala y Wolfgang es muy hermoso, y sobre todo me cautivó la melancolía de Riley y cómo se desgranan poco a poco las penurias que arrastra. Pero de una forma u otra me apasionaron todas las historias, y tenemos infinidad de momentos memorables que te pueden hacer reír, llorar, reflexionar… todo en un solo capítulo. Destaco sólo algunos instantes que gustaron especialmente, pero hay muchos inolvidables: Capheus reflexionando con Sun (mientras ella anda por un concurrido paseo), los momentos musicales como el What’s Up de 4 Non Blondes, Wolfgang conociendo a Kala en diversas situaciones (la canción, los baños, la boda), Sun y Riley hablando ante el amanecer londinense, Capheus canalizando la ira de Sun para zurrar a los matones, Lito sufriendo la menstruación de Sun, muchos encuentros de Riley y Gorski, Lito y Nomi repasando sus pasados ante un cuadro, la persecución en coche de Gorski a Jonas, el polvo compartido entre todos, cuando van recordando sus partos… y como colofón pondría las revelaciones sobre el pasado de Riley, que te estrujarán el corazón.

Pero hablando de niveles llegamos a otro esencial: la puesta en escena. Este guion que combina lo introspectivo con lo ambicioso (ocho escenarios distintos en todo el mundo unidos narrativa y visualmente) podría haberse quedado a medio camino de sus objetivos si no se hubiera plasmado en imágenes de la mejor forma posible. Pero las Wachowski tienen experiencia de sobra en superproducciones, Netflix les soltó talonario y se rodearon de un equipo de primera con el que han filmado una de las series más espectaculares de los últimos años.

Lo primero que salta a la vista es la poderosa impronta visual. Entre la fantástica iluminación y el tono cinematográfico (planos amplios y elaborados) la fotografía resulta cautivadora. El gran John Toll (La delgada línea roja, Braveheart) lidera este departamento con un resultado extraordinario. Lo segundo que llama la atención son los saltos entre ciudades tan distantes entre sí, donde además enseguida te van a dejar completamente pasmado con la conexión que nace entre los personajes, donde cualquier secuencia, algunas muy difíciles como las peleas cuerpo a cuerpo, mezcla los distintos protagonistas y escenarios de forma increíble. El esfuerzo para planificar, rodar y editar todo esto ha tenido que ser monumental, y la labor de vigilar la continuidad (vestuario, maquillaje, posición de cada persona… ¡incluso las diferencias horarias!) nunca ha sido tan complicada y esencial.

Además el dinero luce a lo grande. Resulta impresionante la variedad de localizaciones, los constantes exteriores, las secuencias de gran tamaño (la pelea final de Capheus y la posterior persecución) y dificultad (los tiroteos que rueda Lito son puro vacile). Pero además súmale que buscaron coincidir las fechas con eventos relevantes para el argumento: el orgullo gay de San Francisco, un festival hindú sobre Ganesha, etc. No ha trascendido el presupuesto, pero contando la cantidad equipos de trabajo en distintas partes del mundo (atención a la larga lista de créditos) y la ampulosidad del aspecto visual, y a tenor del único comentario que se ha visto en boca de un directivo de Netflix, diciendo que estaría cerca de las últimas superproducciones de las Wachowski (El destino de Júpiter y El atlas de las nubes), yo apostaría por al menos un mínimo de 100 millones de dólares.

Para dirigir este colosal proyecto las Wachowski emplearo a gente de confianza, autores con los que ya habían trabajado: con Tom Tykwer dirigieron a tres manos El atlas de las nubes (y en su haber tiene otras como El perfume y Corre Lola, corre), James McTeigue empezó como su director de segunda unidad pero acabó dirigiendo para ellas V de Vendetta, y finalmente dieron una oportunidad al encargado de los efectos especiales Dan Glass, también colaborador habitual. El rodaje se repartió por ciudades, no por capítulos, que suele ser lo común, aunque como productoras ejecutivas las Wachowski terminaron pasando por todas las localizaciones tanto para controlar el trabajo como para dirigir las partes más complicadas; afirman que se hicieron como ciento sesenta mil kilómetros en avión en un año. Así pues, cada episodio tiene metraje de todos los directores… y a pesar de toda esa ambición y complejidad el resultado es asombroso por su equilibrio y altísima calidad.

El casting tampoco era fácil, pues debían encontrar actores de la misma edad que no sólo fueran adecuados al rol descrito, sino también intérpretes muy capaces y que tuvieran química con los demás, porque la verosimilitud de los sentimientos entre ellos es crucial tanto por los romances incipientes como por las relaciones tan diversas que establecen. Pero el reparto que han reunido es impecable. No hay actor en el que puedas decir que se queda por debajo del resto, todos le echan enorme pasión, incluso los secundarios están fantásticos. Algunos trabajaron previamente con las Wachowski y otros son bastante conocidos en sus países (por ejemplo el valenciano Miguel Ángel Silvestre es bastante popular por Sin tetas no hay paraíso o Velvet), pero en general ninguno era mundialmente famoso. La última puntilla la pone una música en perfecta comunión con las imágenes, tanto la compuesta por Tom Tykwer (también director) y su colaborador Johnny Klimek, que es una partitura variada, vibrante y hermosa como las imágenes necesitan, como la fantástica selección musical que se adapta tan bien a momentos cruciales de los protagonistas, destacando la predilección por Sigur Rós y The Who.

Entonces, ¿es Sense8 la serie rompedora y revolucionaria que venden sus creadores? Pues diría que para hablar de revolución es pronto. No ha causado un impacto instantáneo, así que habrá que esperar a ver su legado e influencia, y obviamente todo depende de cómo evolucionen las próximas temporadas. Pero este primer año sin duda ofrece unas cualidades únicas, aparte de gran belleza y espectacularidad, con lo que la recomiendo encarecidamente, aunque hay que decir que también genera la habitual polarización de creaciones tan peculiares: o la amas con pasión o se te atraganta bastante.

PD: Si alguien se pregunta por el título, “sense8” y “sensate” se leen en inglés prácticamente igual, es decir, es un juego de palabras que combina el nombre que se da a estos individuos y el número de miembros de cada grupo.

THE WALKING DEAD – TEMPORADA 6, PARTE 2.

The Walking Dead
AMC | 2016
Productores ejecutivos: David Alpert, Scott M. Gimple, Gale Anne Hurd, Greg Nicotero, Robert Kirkman.
Intérpretes: Andrew Lincoln, Steven Yeun, Chandler Riggs, Norman Reedus, Melissa McBride, Lauren Cohan, Danai Gurira, Sonequa Martin-Green, Lennie James, Michael Cudlitz, Josh McDermitt, Seth Gilliam, Alanna Masterson, Ross Marquand, Merritt Wever, Corey Hawkins, Katelyn Nacon, Austin Nichols, Tom Payne.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la temporada con todo detalle.–

El caos con la horda de la cantera y el ataque de la banda “Los Lobos” a Alexandria nos dejó con mil frentes abiertos, con los personajes dispersados por todas partes. En esta segunda parte del año empezamos a lo grande con la lucha por recuperar el pueblo que tanto les ha costado crear. La épica se mezcla con la tensión y el drama en un capítulo bruto y descarnado digno de citar entre los mejores de la serie. El sacrificio deja muertes (la rubia simpática, su hijo y el chaval tonto) y heridas varias, tanto físicas como mentales, que serán las historias a desarrollar en esta etapa.

Los intentos de volver a la vida normal, los nuevos romances (el de Abraham y Sasha es mi favorito) y los proyectos de familias son variados y todos interesantes, aunque no los voy a mencionar de uno en uno, que son muchos, y voy a centrarme en la historia que más juego ha dado. La rivalidad entre Carol y Morgan, que ejemplificaba dos formas de ver el mundo (que se podrían resumir en aflojar un poco y dar oportunidades a los demás contra disparar antes de preguntar) sufre un punto de inflexión con el lobo fugado que termina ayudando a su cautiva Denise, una situación que coge a Carol por sorpresa y deja algo en su interior. Morgan no termina de funcionar muy bien al ser su pose demasiado marcada, casi irreal a veces, pero a ella en cambio tiene una evolución mucho más humana: la guerra constante por la supervivencia ha ido dejando mella, y ha acabado asqueada de matar. Las nuevas situaciones que le caen encima (el ataque que orquestan contra otro grupo) terminan poniéndole de manifiesto lo que antes no quería ver: que los demás también son seres humanos y quizá pocos merezcan realmente morir. Su conflicto interno acaba explotando en una crisis que la hace huir, sin pensar en que sus nuevas decisiones también afectan a los suyos… y a ella misma, porque hasta Morgan aprende que sin matar no se puede sobrevivir en este mundo. ¿Encontrará un equilibrio, nuevas razones por vivir y amar?

Curiosamente, a pesar de lo bien trabajada que está su odisea y lo acertadamente que expone temas clásicos del género, a muchos seguidores les ha molestado; debe de ser que no les mola que un personaje favorito se hunda, porque razones más lógicas no encuentro. En ese sentido, no son capaces de ver la maestría de los guionistas a la hora de desarrollar el cautiverio que sufre con Maggie: ¿cuánto de su crisis y su actitud derrotada es fingido para salir de ahí y cuánto son sentimientos reales? En realidad no hay forma de saberlo, de ahí la gracia de la escena, pues vives el mismo desconcierto y caos de sentimientos que ella. Pero algunos se empeñan en elegir una u otra opción y por ello pueden no entender completamente el desarrollo del personaje.

La reconstrucción de la vida en Alexadria pronto es alterada por la aparición de otro asentamiento de supervivientes. El reciente encuentro con la hostil gente de un tal Negan los tiene en alerta, así que esta nueva reunión ofrece la intriga y miedo esperables, de hecho parece que va a salir todo mal en cualquier momento. El pacto de colaboración (defensa por alimentos) vuelve a poner sobre la mesa la tendencia ofensiva de Rick: ya no basta con defenderse, atacar es una elección necesaria en este mundo. El capítulo en que atacan la base de esa banda supuestamente peligrosa resulta escalofriante porque con gran acierto se centran en mostrarnos el dilema interno y el sufrimiento de cada personaje más que en la acción, de forma que te llega muy hondo. Y por desgracia para los protagonistas, las secuelas no serán sólo psicológicas. El breve cautiverio de Carol y Maggie pone de manifiesto que siempre queda algún fleco suelto y hay un precio a pagar, y si bien esta vez se libran por los pelos, ¿habrán aprendido la lección?

Aparte hay que señalar que este tramo nos trae personajes y actores muy interesantes. Jesus (Tom Payne) resulta atractivo desde su primera aparición. Con Gregory (el líder del asentamiento) juegan muy bien al tira y afloja: puede ser un tipo desagradable, pero hay que tratar con él si queremos cimentar un futuro; además Xander Berkeley es un valor seguro. También lo son Alicia Witt y Rus Blackwell, que representan a algunos de los secuestradores, donde los escritores construyen dos roles complejos y fascinantes que además resultan primordiales en la odisea de Carol.

En el ínterin del contraataque de la gente de Negan, porque todos esperábamos que ocurriera, tenemos otros intentos de maduración muy interesantes. Eugene sigue empeñado en aportar algo, aunque con su estilo engreído le cueste mostrar su valía. Gabriel trata de hacer lo mismo, pero su historia sigue quedando muy descolgada e infrautilizada, como si los guionistas no supieran qué hacer con él, hasta el punto de que los secundarios de Alexandria resultan más interesantes, como Denise o Tobin. Obviamente hay que decir que no todo individuo puede estar siempre evolucionando o en momentos álgidos de sus vidas, y mientras sigan estando ahí y siendo ellos mismos no hay problema. Aaron, Michonne y Rosita entran en esa categoría: ya les tocará tener vivencias más llamativas. En cambio, Gabriel destaca por los intentos poco convincentes de llevarlo hacia alguna parte, mientras que con Tara caemos en al lado contrario: no nos muestran su reacción a la muerte de Denise, algo que era esencial por suponer un golpe importante a su vida.

Esta Denise parece seguir la cruel norma de los guionistas de cargarse a los secundarios más simpáticos, haciéndonos recordar que aquí nadie está salvo, ni siquiera quienes parecen encontrar nuevas fuerzas para salir adelante o quienes mejor te caen. Además con su asesinato comienza el ataque de Negan, o sea, el final de temporada y donde está el único punto oscuro de esta etapa, que por desgracia es bastante grande y afea sobremanera un desenlace que iba camino de ser memorable. Resulta que nos meten otro giro sensacionalista, chapucero y para muchos ofensivo de los de despedir a los guionistas y vetarlos en el gremio. Con tanto productor y escritor como parece tener la serie no sé cómo llegan a dar el visto bueno a semejante falta de respeto al seguidor.

Puedes hacer un final que deje al espectador molido por una tragedia, o sorprendido porque un giro inesperado cambia las cosas, o desesperado de interés ante un desenlace abierto. Lo que no puedes es montarte un final que te deje jodido porque te sientas estafado. Según la situación y como la estés contando, alguna de esas opciones puede no ser viable narrativamente. No puedes romper la barrera de confianza con el espectador, cambiar las reglas del juego repentinamente, porque entonces el efecto conseguido es el contrario al buscado. Es decir, el cierre debe ser coherente con el estilo y la forma del relato.

En el caso que nos atañe, no puedes estar un capítulo entero, de sesenta minutos además, construyendo un clímax de infarto para que cuando van a mostrarte el resultado corten de forma abrupta. Todo el episodio versa claramente (salvo la historia secundaria que va aparte) de si saldrán de la situación que el poderoso enemigo les tiene preparada, y por si fuera poco la larga escena final se centra en la ejecución de alguno de los protagonistas como castigo. Y todo esto lo estaban narrando de forma magistral, manteniéndote en tensión constante: los adversarios se esmeran en hacer ostentación de su poder, en minar la psique del grupo que quieren reducir a meros esclavos. Pero cuando llegamos al desenlace, lo omiten con todo el descaro del mundo, de forma que la rifa de Negan para ver a quién ejecuta pasa de ser un momento dramático a una broma insultante de los guionistas. No, no puedes irte en un punto intermedio, en una situación activa. No es coherente, no hace que sientas expectación o dolor, sino que has perdido el tiempo y te han timado. Sería como contarte el viaje a la Luna y acabar antes de saber si alunizan: absurdo no, lo siguiente. Y no me vale lo de que esto es una serie: en el capítulo inicial de la próxima temporada, si no extienden la trampa, dirán quien ha muerto nada más empezar y se centrarán en lo obvio, en contar la siguiente fase de la aventura.

En el ardid semejante que hicieron con Glenn en la primera parte de la temporada les di el beneficio de la duda a los realizadores de la serie: la jugada les ha salido mal, dudaba que quisieran molestar a los seguidores. Pero aquí las pruebas apuntan claramente a que han ido directos a buscar esta clase de clímax y de reacción en el espectador. El plan de trasladar a la enferma por un entorno hostil en vez de traer al médico hacia ella, sumado a lo de llevar en la misión a los más veteranos y expertos dejando el pueblo en manos de los pringados, es de un absurdo impropio de gente precisamente tan curtida y prudente, con lo que está claro que el propio argumento del capítulo se retuerce para seguir la idea de hacerlo más sensacionalista: tener a los personajes principales, con algunos de ellos especialmente debilitados, en el juego del quién morirá. Un capítulo entero acaba tirando por tierra la trama tratada para ser convertido en un avance de la siguiente temporada, cuando precisamente acabar con los protagonistas cautivos de un sanguinario demente tras haber pagado un precio altísimo era el mejor aliciente para esperar el próximo año. He visto otros finales de temporada tan tramposos, pero pocos tan miserables. Parece que no se ha aprendido nada de Battlestar Galactica y Perdidos. Por ello me cuesta mucho darle nota a la temporada. Como la primera parte, iba camino de ser la mejor etapa de la serie, de llegar por fin a la maduración total y alcanzar el notable, y sin embargo la cagan con una decisión a todas luces imperdonable. Pero supongo que sus autores han conseguido lo que pretendían: que en vez de estar sufriendo luto por el trágico final de un buen drama nos estemos tirando de los pelos y armando jaleo en internet, o sea, lo que ellos entienden como expectación y publicidad gratuita. Pues espero que esta forma de narrar no se vuelva a poner de moda.

Pero quisiera acabar en cambio con una pequeña defensa ante un ataque que están haciendo algunos seguidores y que me parece totalmente injusto: que la serie da vueltas en círculos contando siempre lo mismo. ¿En serio? Vaya comentario más superficial. La ciudad, la granja, la cárcel, el gobernador, Alexandria, Negan… Lo único que tienen en común es el género de la serie: sobrevivir a los zombis y al hombre. ¿Qué historias querían que incluyeran, viajes en el tiempo? Es como decir que todas las películas del Oeste son iguales porque hay vaqueros y desiertos. Todos estos “ciclos” no se parecen en nada ni los personajes son los mismos: los retos son completamente distintos, los protagonistas han cambiado y los enfrentan de otras formas. Precisamente hacer esa crítica cuando más madura y profunda resulta la serie después de las muchas limitaciones de sus prometedores pero fallidos primeros dos años me parece muy desacertado.

Ver también:
Temporada 6, parte 1.
Temporada 5, parte 2.
Temporada 5, parte 1.
Temporada 4, parte 2.
Temporada 4, parte 1.
Temporada 3, parte 2.
Temporada 3, parte 1.
Temporada 2, parte 2.
Temporada 2, parte 1.
Temporada 1.
Episodio piloto.