FALLECE LA GUIONISTA D. C. FONTANA

Dorothy Catherine Fontana nació en Sussex, New Jersey, en 1939. Entró en el mundo de la televisión como secretaria en la serie El teniente (1963), creada por Gene Rodenberry. Este, viendo su interés por escribir, la animó, y tras firmar casi una decena de guiones de capítulos en unas pocas series acabó con él en Star Trek (1969). Eso sí, dado el machismo impertante en la época, prefirió acotar su nombre a un neutro D. C. Fontana.

Aunque también escribió muchos guiones de episodios sueltos en otras series, principalmente del oeste, el género de moda, tuvo cargos más relevantes en la ciencia-ficción, como editora de guiones, productora asociada y otros: Star Trek: La serie animada (1973) y La fuga de Logan (1977). Parecía tener mejor futuro cuando entró en Star Trek: La nueva generación (1987), donde fue contratada con intenciones de que fuera guionista principal y si funcionaba la cosa productora también. Pero Roddenberry era un tipo de cuidado y el estrés del trabajo sacó su peor cara, se enemistó con todos, guionistas nuevos y colaboradores de toda la vida, y ella se largó con todo el equipo porque no había quien estuviera ahí; luego Rick Berman empezó a controlar el cotarro y la cosa cambió, pero pocos volvieron tener ganas de colaborar en la saga, y ella sólo aportó algo en un capítulo de Espacio Profundo Nueve (1993) y algunos videojuegos. También escribió tres episodios de Babylon 5 (1993). Su ritmo de trabajo fue bajando hasta que se retiró en 2006.

Falleció el 2 de diciembre con 80 años.

Filmografía, Wikipedia.

EL MANDALORIANO – 104 – REFUGIO


104 – Sanctuary
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Bryce Dallas Howard.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano busca refugio en planetas poco habitados.

Resumen:
Mando encuentra un planeta poco habitado donde cree que puede esconderse con el crío durante un tiempo. Allí se topa una con mercenaria conocida. Deciden ayudar a un poblado de granjeros contra unos bandidos y pedir cobijo a cambio. Estos cuentan con un AT, un caminante imperial, con lo que la batalla es complicada. Además, piensan que el jaleo armado atraerá miradas, y Mando opta por irse y dejar a la criatura al cuidado de los aldeanos. Pero entonces llega un cazarrecompensas, no tras él, sino tras el bebé, y tienen que huir juntos.

Comentario:
El mandaloriano, o Mando, como lo llaman algunos, acaba sirviendo de mercenario en un poblado inofensivo e indefenso que es atacado por bandidos de vez en cuando. Se podría decir que la premisa está en la onda del cine del oeste con que se iniciaba la serie… pero el resultado final es más propio de un serial anticuado, tipo El equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983) o Kung Fu (Ed Spielman, Herman Miller, 1972). La comparación con la primera ya la hice en el episodio anterior, y es que no hay mucha mejora respecto a él.

Los clichés de este tipo de aventuras se empalman en fila india sin poner esfuerzo en aportar novedades, giros sorprendentes, detalles enriquecedores… El pueblo de gente inocente, el pseudo romance con una granjera, la hija de esta supuestamente simpática, los villanos deshumanizados, la pelea donde los héroes insuflan coraje a los aldeanos… Todo es una retahíla de tópicos simplones y aburridos.

El rol de Gina Carano, Cara Dune, no impresiona lo más mínimo, no tiene un dibujo llamativo ni una conexión electrizante con Mando, cosas que sí cumplía Kuiil. También hay algún momento en que el bebé Yoda parece demasiado un anuncio de muñecos, aunque otras muchas es entrañable.

De nuevo, Mando parece gilipollas perdido, pero esta vez sus acompañantes también. ¿Por qué no usa la nave contra los enemigos? Me cuesta creer que no tenga armas ni poder de fuego como para acabar con el AT de un golpe. De todas formas, viendo cómo tumban bandidos a puñados entre los dos, no necesitaban más ayuda. Lo único sustancioso es también muy facilón. Las reflexiones sobre la vida que lleva, la tentación de abandonar y conectar con la gente, no sorprenden ni emocionan nada.

En lo visual sí es algo más llamativo, pues el escenario natural es muy vistoso y los decorados bastante detallados. Pero la pelea final, a pesar de la expectación levantada con el AT imperial, es de lo más rutinaria. De nuevo cabe decir que tanto dinero invertido daba para mucho más. La actriz Bryce Dallas Howard debuta en la dirección de una producción de primer nivel (ha rodado unos cuantos cortos) cumpliendo con lo justo.

El capítulo se aferra de nuevo a una narrativa de mínimos, y a estas alturas está claro que es lo poco que tiene que ofrecer la serie. Aparte de previsible, es demasiado forzado, dirigido, tirando a tedioso, y bastante decepcionante.

La aparición final de un cazarrecompensas deja algunas cuestiones en el aire. Los localizadores de objetivos, ¿cómo funcionan? Al principio pensaba que tenían información sobre su última posición conocida, pero cada vez más parecen seguir a la víctima cual gps, y no se explica cómo puede hacerlo sin que nadie le haya colocado un rastreador antes. Al menos sí responden a una pregunta que me estaba haciendo: sí, el mandaloriano come de vez en cuando y se quita el casco para ello.

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THE DEUCE (LAS CRÓNICAS DE TIMES SQUARE) – TEMPORADA 3 Y FINAL

The Deuce
HBO | 2019
Drama | 8 ep. de 58-75 min.
Productores ejecutivos: David Simon, George Pelecanos, James Franco, Nina Kostroff-Noble.
Intérpretes: James Franco, Maggie Gyllenhaal, Margarita Levieva, Emily Meade, Chris Bauer, Criss Coy, Lawrence Gilliard, David Krumholtz, Kim Director, Daniel Sauli, Michael Rispoli, Olivia Luccardi, Sepideh Moafi, Luke Kirby, Zoe Kazan, Aaron Dean Eisenberg, Mustafa Shakir, Corey Stoll.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante a fondo las historias principales. —

Empezamos la serie en 1971, con el nacimiento de la industria del porno, donde el barrio The Deuce de New York, en los bajos fondos de Time Square, tuvo bastante relevancia. Esta etapa dio un vuelco al mundo de la prostitución y a la forma de ganar dinero con el sexo, y para finales de la década (en la segunda temporada) los negocios relacionados estaban en su mejor época. Eso sí, el glamour del cine no tardó en llevárselo Los Ángeles, y New York se quedó con las migajas de este y con los aspectos más truculentos o incluso fuera de la ley.

En la tercera temporada saltamos a 1985. La industria ha exprimido el modelo del cine profesional, con estrellas y estrenos en salas, pero llega un punto de inflexión que cambia todo: la aparición del vhs y las cámaras de video ponen el porno y su creación al alcance de cualquiera, dando paso a las publicaciones en videoclubs al por mayor y a producciones hechas por aficionados.

Pero otros negocios aledaños también sufren reveses con los cambios políticos y sociales. Las cabinas de mirar y los clubes de prostitución se ven afectados por las campañas de limpieza de la zona propuestas por políticos (y eso que el ayuntamiento a duras penas consigue promover la llegada de inversionistas y negocios mejor vistos) y asociaciones civiles. Se llevan otro gran varapalo cuando las prostitutas descubren que pueden ir a domicilio (sobre todo a hoteles) sin necesidad de chulos. Y el SIDA llega para dar una última estocada, sobre todo a los sectores homosexuales. Las exitosas saunas gays se vacían de un año para otro porque la ciudad está sumida en el terror, pues cualquier puede coger “el bicho”. En un epílogo en situado en 2019 se señalan los últimos cambios drásticos en el mundo del sexo: la llegada de internet.

La visión de David Simon y su colaborador David Pelecanos muestra con una naturalidad asombrosa una época, un lugar y sus gentes, logrando una inmersión total del espectador. Las calles de The Deuce, los trabajos, las formas de vivir y sobrevivir en tiempos difíciles cobran vida ante nuestros ojos. Pero resulta algo menos compleja y detallada que en Treme (2010) y sobre todo The Wire (2002), con historias más previsibles de la cuenta, un repertorio de personajes que queda bastante lejos de aquellas, aunque unos pocos son deliciosos, y arrastra algunas carencias dignas de mención, sobre todo en esta temporada final, que está un poco por debajo de las anteriores.

Candy y Vincent han sido desde el principio los personajes principales, pero Lori Madison ha crecido mucho y en esta etapa comparte protagonismo. Da la sensación de que los autores vieron el gran talento latente en la actriz Emily Meade y lo han querido explotar (Simon afirma que es de los mejores intérpetes con los que ha trabajado), y ella ha cumplido a lo grande, dando el mejor papel de la serie y uno de los mejores del año televisivo.

Lori pasó de prostituta con un halo especial, tanto por belleza como por carisma, a actriz porno que enamoró al gremio y a los espectadores de medio mundo, convirtiéndose en una gran estrella. En este año abordan otra etapa habitual de este tipo de vidas: la caída en desgracia. El exceso de éxito se acompaña de sensación de soledad y de no controlar su vida, y acaba pasándose con las drogas. Si situación empeora cuando empieza a perder tirón y tiene que lidiar con trabajos por debajo del respeto y la libertad de los que había estado gozando. Cierto es que una vez se entiende que van a abordar esta historia se pueden intuir algunos aspectos, pero la descripción que hacen los guionistas de la depresión es muy buena, su trayectoria tiene aventuras de todo tipo muy bien hiladas, y Meade exprime al personaje con una interpretación colosal, llena de altibajos emocionales, giros sutiles y un tramo final demoledor. Atención a la escena en que cree estar siendo acosada por un tipo que aporrea la puerta del hotel pero todo está en su cabeza, en un torrente descontrolado de recuerdos de un padre abusón: pone los pelos de punta.

La sección de Candy ha sido la más predecible de toda la serie. En cuanto se presentaba su nuevo arco quedaba claro qué iban a contar, y siempre ha dado la sensación de que nunca enfrenta problemas muy serios, que todo le va saliendo bien. Sin llegar a sorprender, este año las cosas se le tuercen un poco más y tiene un final agridulce, y además mantiene lo que mejor funcionaba, las buenas lecturas sobre el ser humano (destacando la relación con gente de fuera del porno) y el mensaje feminista. En esto último cabe destacar algo sorprendente en estos tiempos, aunque no tanto viniendo de David Simon, que siempre ha tenido la cabeza muy bien puesta: vemos un ensayo sobre feminismo serio y con distintos frentes que no da nada mascadito ni tira por lo fácil y la corrección política. Cada personaje tiene su punto de vista según sus vivencias, algunos cambian con los tiempos, y en la lucha de la mujer por salir de la sombra del hombre y de la explotación, el mundo de la prostitución y el porno tiene más historias sórdidas y trágicas que luminosas. Maggie Gyllenhaal ha estado estupenda en toda la serie, y sus discusiones con Harvey Wasserman han sido siempre divertidísimas.

Vincent es el nexo que une a todos los personajes, pues muchos están muy separados. Aunque al lado de otras historias parezca que sus anécdotas como camarero y su romance tumultuoso con Abby no puedan aportar demasiado, ha mantenido su carisma y ha ganado en humanidad con los problemas de su hermano gemelo, Frankie. Y todo ello a pesar de que James Franco es un actor muy limitado que queda muy por debajo del resto.

Abby representaba a la mujer culta e idealista que lucha por un mundo mejor. En esta etapa se encuentra con que el mundo resulta demasiado complejo incluso para ella, y no termina de encontrar su lugar. El punto de inflexión en que se da cuenta de que lleva años estancada y tirando su vida es sutil y brillante: cuando está defendiendo a la ex-puta que quiere ser enfermera, los del jurado de recursos humanos del hospital le preguntan a qué se dedica ella, y después de haber sermoneado con todo el proceso de superación de su amiga, se da cuenta de que ella en cambio no está haciendo nada con su vida. Es un suspiro breve antes de decir “llevo un bar”, pero condiciona todo lo que hace después. La actriz de origen ruso Margarita Levieva, que por cierto tiene cuarenta años aunque aparente menos de treinta, es otro gran descubrimiento y tiene un gran futuro.

Pero fuera de estos, los secundarios apenas se sostienen por su simpatía. Algunos que aportaban detalle y globalidad a a este microuniverso en las primeras temporadas parece que ahora sobran, y a la vez se nota que les han faltado otros personajes para cumplir el rango de grupos sociales abarcados, porque los que fueron terminando sus historias no han sido sustituidos por otros que cobren el mismo protagonismo e interés.

Paul está descolgadísimo del resto, se mantiene por el cupo gay y el SIDA, pero su historia personal y laboral llegó a su tope y los autores no son capaces de aportar nada llamativo, así que sólo queda un cascarón melodramático que aburre por momentos. El intento de pasar a primer plano a Big Mike no funciona, y su destino no interesa, también obedece al intento de reforzar del drama del SIDA, pero el giro está metido con calzador e intenta descaradamente ser emotivo. Las tres putas que quedan, aparte de haberlas cogido de extras de las que ni te acuerdas de un año para otro, son intrascendentes, puro relleno, no se cuenta nada útil con ellas. La chica joven huidiza con un padre que maltratador ya está representada por Lori y Candy, la parte de Melissa y la aparición de su padre, por mucho que esté en manos del gran David Morse, no aporta nada. La que trabaja de camarera con Abby no sé de dónde salió, sería tan insignificante que ni me fijé en ella, y su ligue con un tipo no entiendo qué pretende aportar. La yonki, Shay, es la única que tenía más presencia antes y cuya parte atrae más.

Bobby y Frankie El Negro quedan relegados a secundarios cómicos, sólo se mueven un poco cuando las putas empiezan a independizarse; el hijo del primero (interpretado por el hijo de James Gandolfini, Michael) no sé muy bien tampoco qué sentido tiene. Y seguimos con un problema importante: aunque ha mejorado la sección de los italianos, su poder sigue sin resultar del todo verosímil, son dos tipos que se supone que causan pavor a todos los demás personajes pero no se sabe por qué, porque no se muestra en ningún momento la fuerza y las ramificaciones de la mafia.

Un poco en tierra de nadie queda la parte política. Aporta algo esencial a la hora de conseguir la perspectiva tan amplia que siempre persigue Simon, pues sin mostrar la especulación inmobiliaria y los intentos del ayuntamiento por acabar con ella y limpiar los barrios céntricos no se pueden entender los cambios. Pero es otra sección demasiado separada del resto, y aunque amena y con personajes simpáticos, no veo que termine de conectar del todo, de influir realmente en la vida de los demás personajes, quedando un poco como unos apuntes anecdóticos de la época. Eso sí, dejan una de esas épicas frases marca Simon que definen media serie:

Nunca arreglamos a nadie. Nunca salvamos a nadie. Solo empujamos la mierda a otra esquina de la habitación.

Aparte, he echado mucho de menos a Gbenga Akinnagbe, el chulo Larry Brown que empezó a tantear ser actor porno. No he encontrado declaraciones o pistas de que el actor se fuera por voluntad propia o por problemas de algún tipo, simplemente ha desaparecido sin más. Quizá más adelante algún implicado suelte algo de información.

Añadiendo otros pequeños lastres, la narrativa no es todo lo fluida que debiera. Simon y Pelecanos, seguramente a sabiendas de que apuntaban otra vez a un público minoritario y podrían ser cancelados en cualquier momento dejando la historia a medias, optaron desde el principio por un estilo de miniserie, o sea, pocos capítulos y saltos temporales. Pero esto supone retos que a veces no sortean del todo.

En las dos primeras temporadas iba más suave la cosa, pero aquí hay demasiados saltos temporales que aceleran hechos más de la cuenta, requiriendo mucho esfuerzo por tu parte para enlazar cosas y aceptar cambios drásticos. A veces da la sensación de que se quedan sin recursos para dar forma a algunas elipsis (dos veces recurren al plano de una cama vacía para señalar un fallecimiento), y hay momentos que confunden al espectador (de repente aparecen en un entierro, y tienes que hacer malabares para saber de quién es). En la falta de soluciones más ingeniosas pesa mucho el epílogo, un giro demasiado sensacionalista y manipulador que desentona demasiado en esta serie y estos autores.

En la puesta en escena no tengo quejas. Como siempre, Simon opta por un estilo sobrio, que no sobresalga por buscar un virtuosismo deslumbrante, sino que deje hablar a los personajes y navegar a la historia. Y la ambientación de la época es estupenda, sobre todo en esta temporada, donde he notado más ambición en los exteriores, con más escenarios repletos de coches y extras.

En unos tiempos en que el cine y la televisión viven mucho de tratar de encandilar al espectador con la nostalgia por lo mejor y lo más idealizado de los años setenta y ochenta, The Deuce es una rara avis que muestra una realidad más sórdida y cruel. Como ensayo pseudo histórico ha sido estupendo, como serie ha sido de notable, pero en el rico panorama actual eso ya no es suficiente para destacar, y menos si arrastras la incomprensible etiqueta de autor elitista que lleva David Simon desde The Wire.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2018)
-> Temporada 3 y final (2019)

EL MANDALORIANO – 103 – EL PECADO


103 – The Sin
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Deborah Chow.
Valoración:

Sinopsis:
¿Se arrepentirá el mandaloriano de entregar a su última captura?

Resumen:
Mando entrega a la cría y se gana su gran recompensa de acero beskar con el que hacerse una flamante armadura nueva y quedar bien entre sus compañeros. Pero pronto se arrepiente y vuelve a la guarida del hampa con intenciones de luchar y rescatarla. Los soldados imperiales son numerosos, pero sale airoso… Hasta que se pone precio a su cabeza y todos los cazarrecompensas de la zona lo rodean en la aldea. Pero entonces llegan sus compatriotas mandalorianos para salvarlo, y puede huir con el bebé.

Comentario:
Alerta de spoilers: Os recuerdo que los análisis suelen tener muchos datos reveladores. —

El mandaloriano va perdiendo fuelle a marchas forzadas. Si el anterior episodio era simplón pero simpático y sobre todo muy vistoso gracias al portento de la puesta en escena, este no llega ni a esos mínimos. La simpleza cae en el rango de la estupidez más de la cuenta, y el acabado deja bastante que desear.

La línea de acontecimientos se veía venir de lejos, y los autores no hacen esfuerzo alguno por tratar de aportar alguna novedad, algún giro inesperado o al menos poner mayor cuidado al detalle. Todo resulta tan predecible y dirigido que aburre, y hay algunos clichés tan viejos y cutres que me he llevado las manos a la cabeza en varias ocasiones.

El breve duelo de marcar el territorio con un mandaloriano abusón es ridículo, parece que estamos viendo alguna de las series infantiles y no algo con mayor ambición. Además, esta cultura en vez de ganar complejidad e interés va pareciendo cada vez menos trabajada y más artificial, inverosímil. Las dudas sobre si entregar al bebé siguen el camino más fácil, y el desencadenante en el cambio de decisión (la bola de la palanca con la que quería jugar el crío) es rematadamente obvio. Pero aún caen más bajo con el tópico del personaje secundario, Greef Karga, salvado en el último momento por la protección “inesperada” en el pecho, lo que le permitirá volver en próximos episodios, algo digno de un serial de los años setenta y ochenta, en plan El equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983). Y el protagonista vuelve a demostrar que inteligencia poca a pesar de su fama: se va de la guarida del hampa sin asegurarse de que ha eliminado a todos y comprobar si alguno ha dado señal de alarma; como es obvio, en cuanto sale ponen precio sobre su cabeza. Por cierto, los cazarrecompensas saben quién es el nuevo objetivo sólo con ver una luz parpadeante en el localizador; al menos podía tener una pantallita, que dinero para diseñar cacharritos hay de sobra.

En la esperada pelea no hay nada que rescatar, todo es disparar, pegar y esconderse sin la creación de una atmósfera impactante y que genere sin inquietud por el porvenir de los personajes, sin soluciones ingeniosas que aporten algo de sustancia y emoción. Lo único que va cambiando son las armas que usa el protagonista, y es algo muy gratuito y forzado. Va fuertemente armado pero se arriesga a varias luchas cuerpo a cuerpo, todo para vacilar de sus armas y recursos. Es descarado como meten con calzador la situación en que debe disparar las balas múltiples y que buscan blancos, algo que estaba claro que ocurriría en algún momento en cuanto las presentan, añadiendo otro momento predecible tonto a la lista. Entre eso y la falta de contenido real, parece que estamos viendo la partida de un videojuego de tiros sin guion, no un relato coherente y atractivo.

La estima que tenía en Jon Favreau como guionista empieza a tambalearse… Pero las buenas impresiones en el nivel de producción también se resquebrajan. La dirección, fotografía y montaje no están el nivel de los anteriores episodios ni de una serie con semejante presupuesto. La narrativa es caótica y torpe, no se ve ni entiende casi nada, los golpes resultan falsos, la credibilidad de cada escenario es escasa, y ese tono de videojuego va tomando protagonismo hasta que en el clímax final acabas viendo figuritas digitales volando y disparando sin ton ni son. La música, que defendí en los inicios de la serie ante las críticas, patina bastante en las escenas de acción, resultando ruidosa y sin implicación suficiente con las imágenes.

He de recalcar la situación en que nos encontramos. He pasado de alabar su sentido del espectáculo, el talento tras la cámara, el amor por el cine (las cosas bien hechas, referencias cultas en cantidad), a hablar de un acabado infantil y con un tono de videojuego de poca monta. Lo más triste es que la directora del episodio, Deborah Chow, ha sido elegida para encabezar la producción de la serie de Obi Wan Kenobi…

Todo navega peligrosamente hacia el ridículo de tal forma que no puedo entender el entusiasmo de muchos espectadores. Si este va a ser el nivel de exigencia, los productores no se esforzarán por levantar el listón en próximas series.

PD: ¿Por qué el mandaloriano volador del final le hace un saludo militar al protagonista?

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PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 4

BBC Two | 2017
Drama, suspense | 6 ep. de 57-60 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Caryn Mandabach, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Helen McCrory, Paul Anderson, Sophie Rundle, Finn Cole, Joe Cole, Aimee-Ffion Edwards, Harry Kirton, Natasha O’Keeffe, Kate Phillips, Packy Lee, Ian Peck, Ned Dennehy, Gaite Jansen, Tom Hardy, Adrien Brody, Aidan Gillen, Charlie Murphy.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento la trama del año, no desvelo giros clave y muertes. —

El cuarto año de Peaky Blinders empieza con una remontada respecto al desastre del tercero. En sus primeros capítulos Steven Knight promete centrarse, volver a su orígenes, abordando una premisa menos ambiciosa, más sencilla y verosímil.

La historia de esta etapa emerge de hechos anteriores y es algo más terrenal y localizada que la anteriores, las fantasiosas intrigas políticas salidas de la nada y narradas con torpeza. En la lucha por hacerse un hueco entre las mafias de Birmingham, los Peaky Blinders eliminaron a un capo italiano, pero la parte de su familia que vive en Nueva York decide vengarse y ganar nuevos territorios al otro lado del charco, unos además muy jugosos para el contrabando con la Ley Seca.

Los Shelby ahora vuelven a ser una familia no muy grande, una mafia de barrio, en vez de un supuesto grupo súper poderoso de la temporada anterior que no había manera de creerse. Como tales, se acojonan ante el envite de una banda con mayores recursos y fuerza. Lo primero que tienen que hacer es volver a unirse, pues los desmanes de Tommy los enemistó… Aunque claro, esto parte de otra sandez sensacionalista con la que acabó la temporada anterior: la ley atrapándolos y mandándolos a la horca no se sabe muy bien por qué. Como era de esperar, en el primer capítulo se arregla todo, eso sí, con el drama forzado todavía coleando: en el último momento, justo cuando tensan las cuerdas, llega un forzado perdón que Tommy ha negociado con algún ministro.

Una vez en marcha el listón sube, encontramos una trama sólida, tangible, donde cada personaje es él mismo y no un ente cambiante según los locos giros que vaya apañando Knight. Los vemos planear cosas y trabajar en ellas en todo momento, buscar aliados, limar asperezas entre ellos, lidiar con sus mujeres, que tienen puntos de vista propios…

Al principio hay alguna pérdida de tiempo clásica (que si Polly está hundida y no quiere saber nada, que si John tiene su vida y Arthur trata de redimirse…), pero sabemos que más temprano que tarde volverán al redil. Por suerte, aquí Knight teje conflictos familiares interesantes y una transición lo justo de emotiva para entretenernos y sustanciosa como para dejar poso en los personajes. Todo ello ocurre bajo la sombra de la amenaza y la muerte inminente ante el envite de la mafia italiana, que se materializa trágicamente en un atentado que los deja muy maltrechos, subiendo así el nivel de tensión.

Hay secundarios nuevos y viejos interesantes, tanto que con lo corta que es la temporada se echa de menos más presencia. El mercenario Aberama Gold, encarnado por Aidan Gillen (The Wire -2002-, Juego de tronos -2011-), es ladino y pendenciero pero carismático, y el inquietante Alfie Solomons del gran Tom Hardy vuelve a deleitarnos con sus apariciones. La pena es que Michael Gray no recupera el protagonismo que parecía que iba a tener cuando entró en la serie, porque el actor Finn Cole encontró un papel más provechoso en Animal Kingdom (2016) y tuvieron que limitar sus apariciones. La activista comunista Jessie Eden (Charlie Murphy) trae más problemas al día a día de la familia, y muestra mejor la vida en la época que las locuras con los rusos y las intrigas del gobierno: la industrialización y los conflictos sociales y políticos se sienten bastante naturales.

Hay unas cuantas escenas espectaculares, de las de terminar dando un suspiro de alivio o un aplauso emocionado. El primer encuentro entre Tommy y Aberama es impresionante, se ponen a prueba y marcan el territorio con varias amenazas y juegos intelectuales de nivel; también pone de manifiesto el talento de Gillen, tan desaprovechado en Juego de tronos con el confuso rol de Meñique. Las siempre difíciles negociaciones con Alfie dan mucho juego. Los asesinatos de Tommy y Arthur a sendos italianos que iban tras ellos son espectaculares, bien violentos y sangrientos. La presentación del líder, Luca Changretta, entrando en el taller y el despacho de Tommy con toda la cara del mundo y dejando a las claras que está jugando con los Peaky Blinders antes de destruirlos, es acojonante. Muy emotivo resulta cuando Tommy cae en la trampa de Jessie Eden de recordar su pasado y tiene un momento de bajón (en un canal, junto a Lizzie Stark) que muestra el ser humano que hay tras el criminal y traerá inesperadas consecuencias.

Ojalá la serie mantuviera este nivel siempre… Pero ya en el tercer episodio empieza otra vez a dar bandazos, Knight va descuidando una historia tan bien presentada y con tanto potencial, y para el final vuelve a descarrilar a lo grande, hasta el punto de ofrecer un último capítulo lamentable e insultante, pues toma por tonto al espectador.

Los italianos dejan de imponer en cuanto pasan a primer plano. Changretta dio miedo porque el guion lo introdujo con esa certera escena en que se planta ante Tommy en su territorio, pero ya ahí se empieza a ver el error de casting. Adrien Brody da vergüenza ajena, está tan sobreactuado que parece un tipo cualquiera disfrazado en un carnaval diciendo tonterías. Los gestos de “mirad como junto los dedos y muerdo un palillo para dejar claro que soy un italiano”, las miradas forzadas, la voz falsa… Cuanto más lo ves, menos temor impone y más lástima da. Sus secuaces son peleles sin nombre, puestos como tontos más veces de la cuenta para que él quede como inteligente, así que la banda deja de parecer un reto auténtico para los Peaky Blinders. Los Shelby están un día escondidos muertos de miedo, al otro paseándose con cenas románticas o líos laborales secundarios, y cada vez que los italianos hacen algo llega en un momento muy previsible y en el que los protagonistas se han preparado.

Para el acto final Knight se aferra de nuevo la narrativa del sensacionalismo, del giro poco meditado, de resolver todo fuera de pantalla mientras te distrae con fuegos artificiales de baratillo. El desenlace es un engaño de los que hacen época, de los de enseñar en las academias de guionistas como formas de escribir a evitar.

De tener a Tommy trabajando en varios frentes a la vez volvemos a verlo poner caras de malote o compungido sin hacer nada, para cuando llega la acción resulta que ha preparado un plan la hostia de enrevesado no sabemos cómo ni cuándo. Señor Knight, no puedes cambiar el foco, tener una narración omnisciente sobre la familia Shelby y pasar a mostrar sólo partes de sus vivencias, mantenernos a los espectadores como partícipes y de repente relegarnos a testigos puntuales.

El último capítulo es todo engaños insultantes y estupideces sin pies ni cabeza. El plan secreto entre Tommy y Polly que no hemos visto gestar a pesar de estar todo el tiempo con ellos, la falsa muerte de un personaje principal ocultada al espectador mientras todos los protagonistas lo saben, la expectación forzada con tempos y enredos que en realidad resultan manipuladores y cutres…

Esta tanda la dirige David Caffrey, quien otorga un tono más sobrio al aspecto visual, y si bien hace buen trabajo, he echado de menos el uso más prominente de la cámara en mano de los años anteriores, que le otorgaba un toque más realista en general y visceral en las escenas de acción. La banda sonora sigue usando con habilidad temas rockeros, encabezados como siempre por Nick Cave y las versiones de su Red Right Hand, destacando la de PJ Harvey, con quien ya colaboró tiempo atrás (en 1996) en uno de sus grandes éxitos, Henry Lee.

La serie tenía cierto carisma en sus dos primeras temporadas, no como para el exitazo y alabanzas que se lleva, pero sí para pasar un buen rato si no buscas nada exigente. Pero con estos bandazos yo la doy por perdida ya. Tengo en cola auténticas seriazas que no se comen un rosco, como The Deuce (David Simon, 2017) o Mindhunter (David Fincher, 2017), y triunfan tonterías como esta.

PD: La calle Powis Street de Toxteth, Liverpool, que en la ficción representa el barrio Small Heath y la calle Watery Lane de Birmingham, donde viven los Shelby y tienen la casa de apuestas, fue restaurada por el ayuntamiento al terminar el rodaje de esta etapa, así que en las siguientes seguramente la familia se trasladará definitivamente.
PD2: En el estreno de la quinta temporada en 2019, Steven Knight ha afirmado que pretende llegar a siete.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2016)
-> Temporada 4 (2017)

EL MANDALORIANO – 102 – EL NIÑO


102 – The Child
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Rick Famuyiwa.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano es ahora el perseguido por otros cazarrecompensas, y además se topa con problemas provocados por unos jawas.

Resumen:
La decisión de no entregar la cría al androide parece poner precio sobre la cabeza del mandaloriano: en el desierto enfrenta una banda de cazarrecompensas. Para colmo, su nave ha sido despiezada por una tropa de jawas, y en el intento de asaltar su fortaleza móvil sale escaldado. Kuiil se ofrece de nuevo para ayudarlo, negociando con estos chatarreros, pero el precio que demandan es caro: el delicioso huevo de una criatura muy peligrosa.

Mejores frases:
-¡Utini!

-¡El huevo, el huevo!

Comentario:
Tengo que volver a hablar de expectativas, pero esta vez cambiando el objetivo, porque en el primer episodio le había dado el beneficio de la duda y criticado a los fans impacientes, pero ahora pienso que Disney tenía que haber gestionado mejor la publicidad de El mandaloriano, haber dejado claro que era una serie en formato corto, propio de comedias (25-30 minutos), y con un estilo muy ligero y sencillo. Anunciar una producción con actores reales con más de cien millones de presupuesto a todos nos hizo pensar en una serie normal, de 45-60 minutos, y de gran ambición, pues forma parte de una saga muy dada a la épica espacial o space opera. Los tráileres y comunicados de prensa no dejaban entrever nada de su estilo, y tanto por el presupuesto y acabado como por el ingenio que se ve en el guion en momentos puntuales es imposible no pensar en que podían haber ofrecido algo más llamativo, así que empiezo a ponerme de parte de los espectadores decepcionados y confusos. Si Disney espera ganarse la fidelidad (ganas de revisionarla y por tanto seguir pagando mes tras mes) de sus clientes fans de La guerra de las galaxias apuntando tan bajo…

Sin créditos, este segundo capítulo se queda en 27 minutos, y en lo argumental no aporta nada sustancioso, es una aventurilla secundaria con pocos momentos recordables, esto es, intrascendente, salvada únicamente por su vistoso acabado. Y teniendo la temporada tan solo ocho entregas, los rellenos tan poco llamativos pesan demasiado.

Además, se le ven algunas costuras. El mandaloriano queda como un atontado e inexperto yendo de frente sin planear nada en dos ocasiones. Primero, ante el tanque de los jawas, donde salta a la vista que su desventaja es insalvable, que debería haberse encaramado con sigilo y analizado sus opciones. Luego, ante la criatura en la cueva, donde no muestra prudencia alguna, ni tantea un curso de acción, ni emplea recursos inteligentes. Además, parece demasiado conveniente y previsible que falle estrepitosamente con el “rinoceronte” y tenga que ser salvado.

Se podría pensar nos están presentado a un patán con más valentía que raciocinio, pero es que resulta demasiado estúpido en contraste con el episodio anterior, y canta a la vista que son justificaciones para las escenas de acción. También hay situaciones anodinas que dan ganas de saltarse, como el acto final dedicado a arreglar la nave, tan anticlimático y facilón que te hace terminar el visionado con un bajón.

Para aportar más confusión y sensación de que juegan con el espectador tanto en esta serie como con lo que se ve en los avances del Episodio IX – El ascenso de Skywalker, tenemos los personajes resucitados. Parece que ya nadie se queda muerto, que cualquiera puede reaparecer en cualquier momento. Exprimir el factor nostalgia se pone por encima del respeto al espectador y la coherencia narrativa. Además, el misterio con el niño es muy artificial. Esperemos que justifiquen todo bien y el relato tome rumbos más interesantes.

Las partes buenas son llamativas, pero no suficientes para evitar la sensación de intrascendencia, e incluso entendería quien lo considerada tiempo perdido. En mi caso, en un segundo visionado no fui capaz de verlo entero a pesar de su brevedad.

El primer acto en silencio es de nuevo cine del oeste del bueno, destacando el genial plano del asaltante reflejado en el caso del protagonista. El ataque a la fortaleza móvil de los jawas será muy forzado, pero en lo visual resulta espectacular, no sé qué es maqueta y qué ordenador, la combinación de técnicas es impecable, el realismo total.

Vuelve a verse también amor por el cine. La referencia a Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg, 1989), con el tanque intentando aplastar al protagonista contra las rocas, está bien hilada, y hay un plano al final en la nave muy del estilo de Centauros del desierto (John Ford, 1956), con los personajes en un marco a contraluz y el atardecer del desierto al fondo.

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EL MANDALORIANO – 101 – CAPÍTULO 1


The Mandalorian – 101 – Chapter One
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Dave Filoni.
Valoración:

Sinopsis:
Un cazarrecompensas mandaloriano persigue malechores por toda la galaxia.

Resumen:
Tras capturar a su último prófugo y pedir el pago, el cazarrecompensas mandaloriano no encuentra buenas ofertas y opta por aceptar la de un mafioso. Antes de partir, hace una visita a un poblado de su gente para honrar la tradición.

La guarida del nuevo objetivo es de difícil acceso y está muy vigilada, pero un foráneo lo ayuda a cruzar el desierto y un robot cazarrecompensas a luchar contra los numerosos mercernarios. Una vez hallado el supuesto malechor, este no resulta ser lo que esperaba.

Mejores frases:
-Mythrol: Tengo muchos créditos.

-Kuill: He hablado.

-IG-11: Iniciaré la secuencia de autodestrucción.

-El mandaloriano: Ahora solo hay que abrir la puerta.

Comentario:
Alerta de spoilers: No creo que haya nada que se considere revelador.–

Recuperando el tono de Una nueva esperanza (George Lucas, 1977), la introducción a El mandaloriano es una combinación de fantasía y película del oeste. O un corto más bien, pues dura 35 minutos sin créditos; bien podría ser una parte de La balada de Buster Scruggs de los hermanos Coen (2019).

Es una presentación sin gran ambición en cuanto a historia, pero a lo poco a lo que apunta acierta sin fallas llamativas: tiene lo justo de ingenio y bastante estilo como para enganchar para ver más. Eso sí, siempre que no seas de esos fans impacientes que esperaban lo más grande, complejo y épico desde el primer minuto, algo que probablemente tampoco satisfaría sus expectativas, porque cada uno se habrá imaginado cosas distintas.

Me gusta el cariño que veo en los personajes secundarios, descritos en instantes con buenos diálogos y situaciones sencillas pero efectivas. Las primeras escenas, con un toque de humor negro, parecen escritas por Joss Whedon, en una suerte de cruce con Firefly (2002). Está claro que Jon Favreau ha sido una buena elección como productor ejecutivo y guionista: sólo con el prólogo me ha ganado y garantizado una buena serie. Qué difícil es ver en cine o series hoy en día buenos repertorios de personajes, la mayor parte de autores necesitan largas exposiciones, aclaraciones obvias (la reciente JokerTim Miller, 2019- tiene mucho de ambos) y otros recursos vulgares.

El capturado en el prólogo es un puntazo, un pringado que se habrá metido en algún lío y acaba en manos de un cazarrecompensas, y para tratar de mejorar su situación únicamente es capaz de hablar y hablar. El gángster misterioso que contrata al protagonista (nada más y nada menos que Werner Herzog) resulta poco confiable, ofreciendo una descripción verosímil de los bajos fondos. El robot (voz de Taika Waititi), como siempre en la saga, tiene una personalidad muy peculiar. El solitario granjero es amable a su manera, pero también chocante; la voz se la pone Nick Nolte, con ese tono rasgado y ronco tan característico, pero o han hecho malabares con la cámara para que parezca muy bajito o tras el maquillaje hay un extra, porque Nolte mide casi dos metros. Sólo queda un poco por debajo el intermediario, Greef Carga (Carl Weathers), que no deja entrever mucho de su personalidad: ¿es un buen negociador o un paria que sobrevive como puede?

El mandaloriano del título es una incógnita, nos dicen lo justo de él con detalles sutiles, invitándote a seguir sus aventuras para saber más. En su primera aparición vemos a un tipo duro y frío que realiza su trabajo sin importarle a quién hace daño. En el cobro y la aceptación de un nuevo objetivo se describe a alguien necesitado de dinero rápido y sin miedo a arriesgarse para conseguirlo. Pero no parece que está en alguna situación precaria, de deber dinero a alguien más peligroso, porque deja lo ganado en la forja de sus compañeros. Ahí también muestra conexión con su pueblo y tradiciones, así como un breve flashback a sus duros orígenes, así que se constata que no es una fría máquina de matar, tiene apego por algo y arrastra traumas del pasado. Así hasta el final: cada escena añade un detalle nuevo, todo casi sin que suelte diálogos y sin enseñar el rostro. Lo único malo de esto último es que parece que van a desaprovechar a un actor con tanto carisma y talento como Pedro Pascal.

Y ese es el capítulo: la presentación del protagonista. No ofrece ni necesita una historia de altos vuelos, y apenas el giro final hace pensar en algo de continuidad. Tenemos un compendio de anécdotas y escenarios que van mostrando la vida del mandaloriano y el entorno por el que se mueve. Gracias al generoso presupuesto tenemos lugares variados y llamativos (un mundo helado, los bajos fondos de otro, un desierto espectacular), pero en contenido van al grano sin andarse con rodeos y complicaciones innecesarias. Entre el asombroso acabado visual, los encuentros con los atractivos personajes secundarios, algunas situaciones ingeniosas y diálogos breves pero con garra, cada paso de la aventura deja buenas impresiones.

Con todo, es entendible cierta decepción aunque no llevaras expectativas irreales, no hay que ser como esos fanáticos que critico que ponen listones imposibles. Sencillamente, 35 minutos, en una serie de 120 millones de dólares y sólo ocho episodios, ambientada en un universo con tantas posibilidades, saben a poco. ¿No podrían haberse esmerado algo más? No hace falta irse por las ramas metiendo escenas de acción para vacilar y tramas secundarias de relleno, podríamos haber tenido una mejor presentación del empleador del protagonista, algo más del mafioso que le da el trabajo con tanto secreto y las tropas imperiales que lo acompañan, y una visión más detallada del pueblo mandaloriano.

Referencias a la saga las hay por decenas, tanto para ofrecer un ambiente conocido como para deleitar al seguidor con detalles que puede ir descubriendo. En la ambientación reconocemos atrezo, alienígenas, estilos arquitectónicos… En el sonido hay efectos míticos, como el de la nave calándose. En los diálogos hay guiños muy rebuscados, como el Día de la Vida del Especial navideño de La guerra de las galaxias (Steve Binder, 1978), esa aberración de película televisiva navideña que mostraba la vida de la familia de Chewbacca y que intentaron enterrar y hacer como si no hubiera existido.

El cine del oeste también se lleva sus homenajes. La situación con el tipo solitario que trata de labrarse una vida en el desierto recién conquistado y que debe lidiar con forajidos es muy típica, la del protagonista aprendiendo a montar a “caballo” en plan Horizontes de grandeza (William Wyler, 1979) más aún; el tiroteo final con una “ametralladora automática” me trajo a la memoria Grupo salvaje (Sam Peckinpah, 1969); y probablemente haya más que se me han escapado.

En el aspecto visual este inicio es deslumbrante, se nota el dinero (unos 15 millones de dólares por episodio, 120 la temporada completa), la experiencia y los recursos con los que cuentan. Sabe a La guerra de las galaxias, no a basura barata que venden con el nombre, como ha pasado hasta ahora cuando hacían series de algo famoso (Terminator y The Sarah Connor Chronicles, las series de Superman y otros héroes…).

En la dirección tenemos a Dave Filoni, uno de los principales artífices de las series animadas de La guerra de las galaxias y también productor ejecutivo en esta junto a Jon Favreau, pero lo cierto es que experiencia en imagen real no tiene, los productores han preferido su conocimientos de este universo. Sin embargo, cumple muy bien con su cometido. Acción y partes pausadas y escenarios diversos, la mayor parte con gran trabajo de efectos especiales, se combinan con la sobriedad y elegancia estándar en la saga. Cabe destacar que la pelea final está bien planificada, rodada y editada, así que cuando lleguemos a un gran clímax puede ser épico.

El vestuario y el maquillaje de los alienígenas y los decorados son numerosos y muy detallados. Los efectos especiales son magníficos, desde naves a criaturas (la de dos piernas es muy verosímil), sólo he notado un fondo falso cuando el mandaloriano otea el desierto. El sonido es fantástico, con un buen aprovechado del efecto envolvente que nada tiene que envidiar al cine. La música veo que está sembrando discrepancias, parece que muchos esperaban a John Williams o una imitación calcada, pero ya se ha abusado demasiado de su sonido: películas, series animadas, videojuegos, anuncios… Me alegro de que busquen otro estilo, de vez en cuando viene bien aportar algo de novedades y renovación. Ludwig Göransson, quien deslumbró en Black Panther (2018), le otorga a la banda sonora un estilo característico propio entre el western, la ciencia-ficción imaginativa (toques modernos), y la sinfónica pero sin parecerse por ahora a Williams, lo que es muy arriesgado, pero por ahora promete bastante, tiene personalidad y se adapta muy bien a cada instante. Sobre la fotografía, no entiendo algunas quejas que he leído, parece que algunos han visto otra serie. Es fría en la parte del planeta de hielo, sombría en los bajos fondos, con buenos juegos de luces y sombras, y saca todo el partido al desierto con unos grandes planos estupendos y mucho colorido. Yo a eso lo llamo versatilidad y buen hacer. Lo único que no entiendo lo de rodar para televisión en formato pantalla de cine (2.39), pierdes pantalla sin tener ventajas claras: en formato de televisión panorámica (1.78 o 16:9) se puede hacer fotografía de cine con grandes angulares sin problemas.

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