THE CROWN – TEMPORADA 5

Netflix | 2022
Drama, histórico | 10 ep. de 49-58 min.
Productores ejecutivos: Peter Morgan, varios.
Intérpretes: Imelda Staunton, Jonathan Pryce, Dominic West, Elizabeth Debicki, Olivia Williams, Lesley Manville, Claudia Harrison, Jonny Lee Miller, Salim Daw, Khalid Abdalla, Andrew Havill.
Valoración:

El estreno de la quinta temporada de The Crown llegó justo tras el fallecimiento de la reina Elizabeth II, con lo que más que nunca la serie ha estado en el foco del público y los medios… Pero por desgracia lo ha hecho con su temporada menos buena.

Tenemos otro cambio de actores para encarar las dos últimas etapas. Olivia Colman y Tobias Menzies como la reina Elizabeth y Philip, duque de Edimburgo, son sustituidos por Imelda Staunton y Jonathan Pryce. Ella es muy conocida por incontables películas, desde Mucho ruido y pocas nueces (1993) y Sentido y sensibilidad (1995) a Harry Potter y la Orden del Fénix (2007). Él, eterno secundario (Ronin, -1998-, Piratas del Caribe -2003-) que no ha logrado el merecido reconocimiento hasta hace pocos años con papelones como los de Juego de tronos (2011) y Taboo (2017). El príncipe Charles y la princesa Diana, otrora con los rostros de Josh O’Connor y Emma Corrin, ahora son encarnados por Dominic West y Elizabeth Debicki. El primero deslumbró en The Wire (2002), y desde entonces no le ha ido mal en televisión (The Affair, 2014) y cine: Centurión (2010), Tomb Raider (2018). La segunda empezó a dejarse ver por El gran Gatsby (2013), y a darse a conocer en Guardianes de la Galaxia, Vol. 2 (2017) y sobre todo Tenet (2020). En los roles secundarios encontramos a Lesley Manville como Margaret, Claudia Harrison como Anne, y Olivia Williams irreconocible como Camilla Parker Jones. En las nuevas incorporaciones destacan Jonny Lee Miller como el primer ministro John Major, y Salim Daw y Khalid Abdalla como los Al Fayed.

Entramos en los años noventa, con la familia real arrastrando escándalos matrimoniales y críticas por su obsolescencia y distanciamiento de la realidad. El tramo inicial mantiene la habitual elegancia, el cuidado al detalle, la delicada aproximación a los sentimientos de cada protagonista, y queda por ver si mantendrá el listón dejado tan alto en la cuarta temporada en cuanto a equilibrio entre las distintas historias después de varios años donde no atinaban del todo. Sin embargo, en el acabado empieza a verse cierto acomodamiento. La puesta en escena, sobre todo las difíciles conversaciones de tú a tú, siempre trabajada hasta resultar embelesadora en lo visual y mantener un ritmo contenido capaz de atrapar, se notan algo más descuidada, resuelta con facilones planos y contra planos con cuellos de por medio.

Los guionistas hacen un buen retrato de los conflictos familiares, sin tirar por lo fácil de poner villanos y víctimas como hacen los medios y el populacho con demasiada facilidad. Cada personaje tiene sus virtudes y defectos, los choques con otros y sus propios errores los llevan a tomar decisiones que luego lamentarán. Y como bien se señala, el sistema, tanto los cánones sociales de la época como en este caso la estricta etiqueta e imagen de la monarquía, ponen más trabas. La parte de Diana intentando encontrar una salida, alguien que lo entienda, y dar su versión, siempre está envuelta en un halo trágico muy emotivo. Por su lado, Charles intenta ganarse el perdón del público, que lo ve como culpable de la caída en desgracia de la princesa de Gales, y sentirse útil, mostrar que es un relevo válido de una monarca anticuada. Las reuniones con su equipo personal y con Camilla contrastan con los conflictivos encuentros familiares y el cada vez más malogrado matrimonio. Entre medio, la reina con su visión conservadora es incapaz de entender y arreglar nada, aunque algunos momentos con su hermana y con Philip traen breves conatos de lucidez.

Pero me temo que en lo argumental también empieza pronto a mostrar desgaste. Peter Morgan y su equipo se atascan en la premisa de matrimonios fallidos y una corona anticuada, y las pocas veces que tienen a bien saltar hacia otras aventuras no convencen del todo. Prácticamente todos los episodios están dando vueltas sobre la misma idea, avanzando con cuentagotas, recurriendo demasiado a paralelismos obvios (el barco que jubilan), o todo lo contrario, desaprovechando otros hechos históricos que tenían gran potencial, como la devolución de Hong Kong, que ponía fácil la conexión con dejar atrás las antiguas políticas y abrazar los nuevos tiempos.

Esto último pone de manifiesto que el año anterior fue un momento de inspiración puntual a la hora de unir los conflictos socio-políticos a las vidas de la familia real. El ministro John Major es un secundario anodino, nada se cuenta con él que resulte interesante, y no digamos ya trascendente, parece que nada ocurrió en el país en los noventa más allá de Diana. Por extensión, los episodios que han ido contando cosas tangenciales también son endebles. El de los periodistas es entretenido, pero no deja huella, mientras que el tiempo dedicado a los Al Fayed es excesivo para lo poco que aportan, y el esfuerzo por dotarlo de simbolismo y reforzar la unión con la corona (el tema del mayordomo) resulta demasiado artificial, con lo que acaba pareciendo tiempo perdido en algo que no pinta nada aquí. Lo más destacable es la visita de Boris Yeltsin, que resume bien el contexto, los cambios históricos y la relación entre ambos países.

Hay otro problema grave, este aún más inesperado e inexplicable. Una cosa es que tomen más protagonismo Charles y Diana, otra que a costa de ellos los escritores se dejen en el tintero cosas cruciales íntimamente relacionadas con la trama principal. No sé qué los llevó a dejar de lado protagonistas antes esenciales como Margaret y Anne, cuando sus líos con sus matrimonios deberían estar en primer plano también. Si es que hasta la reina queda relegada a aparecer en cada capítulo como una inconsciente fuera de su tiempo. El resto de la familia directamente no tiene presencia alguna, parecen extras. La única excepción es Philip: quien siempre quedaba algo relegado, inesperadamente ha ganado imás protagonismo, su personalidad ofrece nuevos matices muy interesantes.

Pero además, me temo que el cambio de actores con Charles y Diana no ha sido un acierto. Debicki está muy bien como la princesa despreciada y rota, pero no logra el torrente de sentimientos arrollador de Corrin. Y West tendrá un carisma enorme, pero apenas se esfuerza por meterse en la piel de Charles, apenas unos gestos con las manos, el resto del tiempo es él mismo, como viene siendo habitual en todos sus papeles, así que queda aún más lejos que su antecesor, O’Connor.

Como consecuencia de la falta de contenido y trascendencia, se diluye también el certero análisis sociopolítico de la historia reciente de Reino Unido y la crítica inteligente y comedida que venían haciendo. De repetir y subrayar tanto todo queda una crítica tosca, sin garra, y peor aún, parece que los autores no lo han visto, porque encaramos el final de temporada con dos capítulos donde tanta repetición de historias termina resultando agotadora, y por si no fuera suficiente, tenemos un discurso a modo de resumen y recapitulación, en boca del ministro Major, rematadamente obvio.

En cuanto al acabado, puede que le pongan más ganas tras los poco trabajados primeros episodios, pero la escasa variedad de escenarios le quita algo del glamour y sentido del espectáculo que venía mostrando. Al final queda una obra sólida, vistosa, pero no deslumbrante como antaño.

Siempre ha sido una serie bastante irregular, si bien sorprende para mal que tras su año más redondo tenga un bajón tan notorio. Las partes buenas son muy entretenidas, algunas muy emocionantes, pero hay tramos que no despiertan mucho interés, y para el final decae demasiado. Pero lo peor es la sensación global de que han contado poquísimo, de que hemos estados atascados en un bucle toda la temporada.

Ver también:
Temporada 1 (2016)
Temporada 2 (2017)
Temporada 3 (2019)
Temporada 4 (2020)
-> Temporada 5 (2022)

EL CUENTO DE LA CRIADA – TEMPORADA 2

The Handmaid’s Tale
Hulu | 2018
Drama, suspense | 13 ep. de 48-63 min.
Productores ejecutivos: Bruce Miller, Warren Littlefield, Sheila Hockin, Kira Snyder…
Intérpretes: Elizabeth Moss, Yvonne Strahovski, Madeline Brewer, Alexis Bledel, Max Minghella, Samira Wiley, O-T Fagbenle, Ann Dowd, Joseph Fiennes, Amanda Brugel, Nina Kiri, Bahia Watson, Stephen Kunken, Ever Carradine, Sydney Sweeny, Bradley Whitford.
Valoración:

Estando ya bien entrados en la primera temporada, Bruce Miller y su equipo de guionistas sorprendieron abriendo el foco a otros personajes a pesar de ser un relato que parecía desarrollarse en primera persona, con las vivencias de June Osborne atrapada en la dictatorial nación de Gilead. Aunque no había aparecido sensación de monotonía, ampliar el foco fue bastante enriquecedor: conocimos más a fondo a otros protagonistas (Luke, Moira, Serena y Emily principalmente), fuimos reuniendo los primeros retazos de la historia de este nuevo país y enfrentando distintas situaciones habituales en él.

En este segundo años seguimos adentrándonos en la estructura social, descubriendo nuevas atrocidades, entendiendo mejor la política y la labor de los comandantes, y vamos observando cómo los personajes cambian según sus vivencias van calando. Estas se desarrollan de nuevo con la acertada combinación de las aventuras y penurias en el presente y los flashbacks que narran escenarios previos a Gilead y que están siempre íntimamente conectados con sus problemas y emociones actuales. Hay historias perturbadoras (Serena y Fred como colaboradores en el surgimiento de esta retrógrada nación), trágicas (Emily recordando la separación de su mujer e hijo cuando podría enfrentar sus últimos momentos), pero también encontramos paralelismos muy bonitos (June acaba escondida en una editorial como en la que trabajaba) y recuerdos que empujan a seguir luchando (June pensando en su madre e hija).

Con el periplo de June intentando escapar vemos cómo se las apaña el pueblo llano, o como los llaman ahora, la econo-gente. La sumisión al estado es total mediante las armas, la religión y las normas tan restrictivas; se vive en miedo constante, en silencio, agachando la cabeza; solo unos pocos se atreven a dar cobijo a extraños en su huida, ya sea Nick, enamorado de June, o algunos valientes anónimos. Con Nick y su boda pactada con una de estas mujeres se detalla más esta clasista estructura, además con una historia enternecedora y trágica.

Los flashbacks de Serena y el trabajo del Comandante Waterford nos permiten reconstruir la trayectoria pasada y actual de Gilead. Destaca el viaje a Canadá para intentar establecer relaciones internacionales, y que Serena se empieza a dar cuenta de que ha ayudado a construir su propia cárcel. En Canadá, Luke y Moira colaboran con los refugiados que escaparon hacia ese lado de la frontera, y esperan que June y sus amigas estén bien, porque poco pueden hacer salvo sufrir en silencio.

Descubrimos que las temidas Colonias resultan ser zonas contaminados por la guerra y donde quienes se resisten al nuevo orden son enviados para limpiar y agonizar hasta morir, entre ellos la rebelde Emily y la inmadura Janine. Esta terrible situación saca lo peor de la primera, mientras la segunda, con su risueña personalidad, se empeña en encontrar formas de normalizar y adaptarse a todo.

Un buen número de secundarios que van desde inquietantes a encantadores terminan de apuntalar esta odisea. Los comandantes y sus esposas que viven como la élite opresora (los Putnam y otros que aparecen de vez en cuando), las sirvientas o Marthas (Rita), las Tías que reeducan a las criadas (de nuevo impone el papelón de Ann Dowd como Lydia), las mujeres de clase baja, donde deja huella la trama secundaria de la esposa de Nick, Eden, con la que Sydney Sweeney se dio a conocer deslumbrando con su talento y no tardó en lograr el estrellato (Euphoria -2019-, incontables portadas en revistas de moda); y en los últimos episodios hace una espectacular entrada el comandante Joseph Lawrence, presentado como uno de los principales artífices de Gilead: el gran Bradley Whitford (El Ala Oeste de la Casa Blanca, 1999) deja mal cuerpo en unas pocas apariciones y genera muchas ganas de saber qué nuevos problemas pondrá encima de nuestras protagonistas.

En primer plano, June lidia con su embarazo, con el recuerdo de su hija tomada por otra familia, con la calma tensa en el hogar de los Waterford, con los cambios de humor de Serena y los caprichos de Fred, y el acoso y control de Gilead en general, sobre todo a través de la tía Lydia. Sus motivaciones cambian según la presión ejercida sobre ella y su aprendizaje: del intento de fuga y su rebeldía pasa al abatimiento y sumisión, para luego intentar encontrar un equilibrio, porque volver a ver a sus hijas depende de ella también. Sin embargo, como le recuerdan muchas veces otros, su egoismo le juega malas pasadas más veces de la cuenta e incluso afecta a otros. El cambio en Serena también es patente según se encariña de su hija adoptiva y choca con los muros ultraconservadores de su propio país. La dependencia muta entre ambas genera infinidad de roces de diversa índole, y rara vez logran un entendimiento común o algún instante de compasión.

El acabado mantiene el excepcional nivel, con un estilo vanguardista y casi podríamos decir que sobrecargado, pero hermoso y a la vez angustioso. La fotografía de cuidados contrastes entre tonos apagados y unos pocos colores llamativos (el rojo y el verde), elaborados juegos de iluminación, incontables planos de gran virtuosismo y valentía. La música de Adam Taylor que pone la última puntilla a los momentos de suspense. Las portentosas labores de dirección que unen estos elementos en un todo fascinante, hipnótico. Y el impecable reparto, con Elizabeth Moss e Yvonne Strahovski a la cabeza consiguiendo uno de los duelos interpretativos más memorables de la historia.

De nuevo El cuento de la criada resulta un relato cautivador y a la vez sofocante. Las numerosas y embelesadoras historias cruzadas, el cuidado al detalle y sobre todo a las emociones, los largos clímax de tensión y drama… Cada día en Gilead es un tormento para todos los protagonistas, llega con enorme intensidad al espectador, deja incontables lecturas… De estas, muchas son inquietantes por la verosimilitud en la descripción de la dictadura y la sensación de que cada día estamos más cerca de sufrir de nuevo escenarios así en Occidente. Otras tantas son hermosos cantos a la lucha por los derechos y libertades, destacando el feminismo.

Sin ser carencias graves, sí se pueden citar algunas mejoras posibles. Hilando fino cabe señalar cierta sensación de estancamiento en algunos momentos, en especial porque June se sale demasiadas veces con la suya, todo vuelve al statu quo en la casa sin importar cuánto la líe la respondona e insubordinada criada. Lo cierto es que suele estar bien justificado, tanto por la estabilidad social (necesitan a la criada y su bebé) como por lo personal (si los Waterford dejan ver sus meteduras de pata darían muy mala imagen). Pero es inevitable pensar que deberían evitar repetir estas situaciones un tanto forzadas en el futuro… Y por suerte lo hacen, pues las siguientes temporadas traen muchos cambios.

También hay que decir que si por un lado disfrutamos del protagonismo ampliado de otros personajes principales, por el contrario Alma, Brianna y otras criadas amigas de June quedan relegadas a una presencia mínima esta etapa. Quizá no había tiempo para incluirlas, o quizá sí lo había reduciendo un poco el espacio que copa la protagonista principal. Sea como sea, se echan de menos. Lo más mosqueante vuelven a ser algunos monólogos finales de June mirando a la cámara, donde se sobre expone lo que ya estamos viendo con un melodrama innecesario.

Hay una incongruencia llamativa: en un episodio dicen que no informan a las criadas del estado de los bebés que les han quitado para no generar más estrés, en otro, una ambulancia de bebés pasa con las sirenas puestas haciendo que todas se preocupen innecesariamente. Y destaca para mal un instante donde los autores fuerzan demasiado el simbolismo a costa de dejar de lado la lógica: es imposible que a June le dé tiempo a rayar en la pared la frase en latín que ha marcado su cautiverio: nolite te bastardes carborundorum, no dejes que los bastardos te destruyan.

Pero el simbolismo de la frase es innegable, pues sirve para poner en marcha el nuevo arco de la serie: la lucha de June contra Gilead. Basta ya de agachar la cabeza, de rapiñar pequeñas victorias que alimenten su ego momentáneamente. Es hora de pensar a lo grande y pasar a la acción.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2018)

DAHMER – MINISERIE

Dahmer – Monster: The Jeffrey Dahmer Story
Netflix | 2022
Suspense, drama, histórico, biografía | 10 ep. de 45-63 min.
Productores ejecutivos: Ian Brennan, Ryan Murphy.
Intérpretes: Evan Peters, Richard Jenkins, Niecy Nash, Molly Ringwald, Michael Bleach, Colby French, Rodney Burford, Michael Learned, Khetphet Phagnasay, Brayden Maniago, Penelope Ann Miller, Dyllon Burnside, Shaun J. Brown.
Valoración:

La negra historia de Estados Unidos con los asesinos en serie es asombrosa e inexplicable. Ningún país se le acerca en número y barbaridades que estos cometieron. Tantos, que todavía me asombra descubrir a algunos de los que nunca había oído hablar, como este Jeffrey Dahmer y otros que aparecían en Mindhunter (Joe Penhall, David Fincher, 2017).

Aunque ya hay varios documentales y películas sobre la vida del asesino en serie caníbal Jeffrey Dahmer, Ryan Murphy (Nip/Tuk -2003-, American Horror Story -2011-) y su colaborador habitual Ian Breannan (Glee -2009-, Ratched -2020-) han desarrollado una nueva adaptación que narra como aterrorizó a jóvenes homosexuales negros y latinos de durante los años ochenta en Milwaukee, en el estado de Wisconsin, llegando a asesinar a diecisiete, comerse partes de algunos de ellos e incluso realizar algunas trepanaciones caseras para intentar convertirlos en dóciles amantes.

Esta miniserie sorprendentemente ha causado gran sensación, se ha convertido en otra de esas donde el boca a boca genera un fenómeno que se sale de toda escala, uno en el que tienes que entrar para no sentirte excluido. Lo cierto es que cuesta entenderlo dado su tono adulto, sórdido y con lecturas intelectuales varias, pero se ha colocado como la tercera serie más vista de Netflix tras El juego del calamar (Hwang Dong-hyuk, 2021) y Stranger Things (Matt Duffer, Ross Duffer, 2016), en una de las más comentadas en todo el globo, y con influencia social importante: el de Dahmer ha sido un difraz popular este Halloween, y no han faltado las hordas de ofendiditos atacándola con sus paridas, erigiéndose árbitros de la moral.

Los ataques e intentos de censura que ha sufrido han sido tan gratuitos y pasados de rosca como de costumbre, destacando la ridícula postura de eBay impidiendo la venta de dichos disfraces. Pero también más que nunca han dejado ver la estrechez de miras de quienes enarbolan la bandera de la censura, porque es evidente que no han visto la serie o de haberlo hecho no han entendido nada. Encontrarse a colectivos LGTBI clamando porque es un atentado contra su dignidad, cuando precisamente expone con gran sensibilidad que fueron víctimas de la sociedad, que los dejaba de lado, expuestos a gente como Dahmer, es un buen ejemplo. Otro lo tenemos en los que han puesto en grito en el cielo diciendo que es una glorificación de los asesinos en serie. Primero, y qué si lo es. Es ficción, un entretenimiento, no un discurso alentando a comerse gente. Pero se nota que es un cáncer de estos tiempos, porque las distintas versiones de Hannibal Lecter no solo no recibieron estos delirantes ataques sino que fueron aplaudidas por su calidad. Dahmer precisamente se adelanta a estos lloriqueos, pues expone y ridiculiza muy bien esa sinrazón: en una de sus muchas lecturas aborda cómo el populacho clamaba contra los cómics, el rol y el heavy metal señalándolos como culpables de los males del mundo. Ahora estos imbéciles estrechos de miras van a por internet y los videojuegos, y últimamente contra algo que ya se creía superado, el cine y las series.

Su primer episodio me decepcionó un poco, dadas las buenas críticas que arrastraba. El enfoque parece limitarse a una imitación de Hannibal (Bryan Fuller, 2013): las sórdidas aventuras de un asesino en serie mostradas con una narrativa que logra sacar belleza de la maldad. Pero le falta su ritmo absorbente, y aunque en lo visual es llamativa no llega al nivel deslumbrante de aquella. Sin embargo, no tarda en crecer, tras un par de capítulos más queda claro que la ambición de sus autores es mayor, recordando a la magnífica Mindhunter y su análisis sobre la génesis de los asesinos en serie. Pero posteriormente vuelve a tropezar, pues se pasan de largo con el intento de abarcar demasiado, habiendo partes de la vida del protagonista y puntos de vista sobre las repercusiones que no se sienten tan emocionantes y trascendentales. Lo más notable es que algunas idas y venidas al pasado se hacen repetitivas y la aproximación la religión en los últimos episodios resulta un extensión innecesaria, al menos con la poca garra con que lo narran en comparación con otros aspectos en los que aciertan de lleno, como el racismo, la homofobia y los problemas familiares.

Con una narrativa fragmentada en el tiempo y abarcando distintos ángulos y puntos de vista, la reconstrucción de la vida de Dahmer es metódica a la hora de intentar explicar como se forjó su personalidad, tanto que termina adentrándose en un análisis social de gran calado, verosimilitud y sentido crítico. Los guionistas elaboran un certero análisis psicológico, social y político sobre el fracaso de las sociedades humanas: el estado, los sistemas educativo y sanitario (la salud mental en este caso), las autoridades, los padres… todo puede fallarle al individuo alguna vez… a algunos les pone zancadillas a lo largo de toda su vida… y en casos concretos es tal el cúmulo de errores que permite que aparezcan seres descarriados tan perturbados como Jeffrey Dahmer.

Los autores reparten culpas a todo el mundo, por lo general con el necesario distanciamiento y objetividad para que resulte neutral y tú seas quien deduzca las cosas, pero a veces, ante la imposibilidad de mantener la compostura ante las barbaridades que enfrentan, optan por un acertado humor negro, como los ataques a los cómics o algunas situaciones con el padre.

En el centro del relato tenemos a los padres distantes e incapaces de ver los problemas entre ellos y cómo afectan al desarrollo de su hijo; a los ciudadanos y vecinos que pasaban de largo ante las sospechas de abusos sexuales y violencia que intuían con él, o que no hacían lo suficiente, como la vecina que es puesta como heroína por llamar repetidas veces a la policía pero a la hora de la verdad se escondía bajo sus sábanas en vez de buscar otra solución; y el racismo, la homofobia y la xenofobia imperantes, enquistadas en la policía, ya de por sí incompetente, y la justicia, ya de por sí clasista. Dahmer se libra de varias denuncias y juicios gracias a esta cadena de desidia, y encontraba víctimas desamparadas porque por su condición u origen acababan viviendo en los márgenes de la sociedad. Pero otros aspectos relacionados tangencialmente también hacen acto de presencia: la religión como escapatoria de la realidad y a la vez fuerza de unión, los conflictos de adolescentes en el instituto, etc.

Algunas víctimas tienen bastante más protagonismo que otras, pero no creo que se pueda decir que acusa desequilibrio o favoritismo de ningún tipo. El entrañable tramo centrado en el sordomudo y el más triste sobre la familia asiática de primeras hacía pensar en sensacionalismo por este lado y dejadez por el de los asesinados y descuartizados que vemos de refilón. Pero al final queda claro que no había ni espacio ni necesidad de mostrarlo todo, que es lógico centrarse en los eventos que más influyeron en Dahmer en las distintas etapas de su vida y los que más sentido tienen a la hora de mostrar cada entorno y situación, y repetirlo con todas las víctimas evidentemente sería contraproducente.

El acabado es notable en las labores de dirección, fotografía y la ambientación de la época, pero destaca sobre todo la parte interpretativa. Richard Jenkins como el padre y Evan Peters como Dahmer ofrecen unas actuaciones memorables, enternecedoras y patéticas a partes iguales, muy ricas en matices a pesar de la obligada contención. También cabe señalar que no se escatima en lo gore para mostrar el alcance de las «obras» de Dahmer con toda su crudeza, pero los momentos más tensos e incómodos son los clímax sin sangre, sino con protagonistas sufriendo momentos de gran estrés, como cuando Dahmer entra en el piso de la vecina ofreciéndole un sándwich de dudosa procedencia.

Por sus acuciados bajones de ritmo y salidas por la tangente queda un tanto irregular en cuanto a ritmo e intensidad, pero en el lado de documental, drama social y sobre todo de crítica, Dahmer ha resultado apasionante, sobre todo después del bache que supuso Ratched, otra de estos autores del mismo género. Consigue que la existencia de Dahmer no se quede en una anécdota atroz que fue enterrada en el olvido y ha sido rescatada por ansia de espectáculo gratuito, o incluso para redimir y ensalzar al asesino, como defendían algunos en su delirio, sino que nos hace entender y aceptar dolorosamente cómo un crío cualquiera llegó a convertirse en un asesino caníbal por una confluencia de negligencias comunes en cualquier sociedad y familia, y nos lleva a pensar en cómo se puede evitar, en qué podemos mejorar.

Netflix llevaba ya unos años pegando fuerte con la producción de numerosos documentales sobre crímenes y justicia que estaban teniendo buena acogida e incluso causando bastante repercusión, hasta el punto de empujar a reabrir varios casos. El último emitido es precisamente uno sobre Dahmer, que salió poco después de la serie. Y el éxito de esta ha sido el colofón a esta moda. Así que no puedo dejar de preguntarme si este punto álgido del género no permitiría que resucitaran Mindhunter. Aquella llegó antes pero me temo que pasó sin causar mucho revuelo a pesar de ser muy superior. Y como curiosidad, se puede señalar una relación directa: los agentes del FBI en que se basa entrevistarían a Dahmer en los noventa durante su estancia en la cárcel, algo que aquí no llega a verse, pues declaró primero ante los detectives que lo apresaron y no había motivo para reincidir en ello.

PD: El título oficial y su traducción es muy feo y lioso: Dahmer – Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer, así que como era de esperar se conoce popularmente como Dahmer a secas.

PD: Netflix no ha tardado en exprimir el éxito de la miniserie extendiéndosa a serie antológica que narre la historia de otros asesinos en serie.

LA CASA DEL DRAGÓN – 110 –  LA REINA NEGRA


The Black Queen
Escritor: Ryan J. Condal.
Director: Greg Yaitanes.
Valoración:

Sinopsis:
Rhaenyra descubre la coronación de Aegon, y junto a Daemon y sus pocos aliados analiza cómo proceder.

Resumen:
Daemon se apresura a sopesar sus fuerzas y realizar estrategias de cara al conflicto con Desembarco del Rey mientras Rhaenyra está de parto.

Nace un bebé muerto, pero eso no impide que la heredera designada por Viserys se ponga al frente. Hace jurar lealtad a sus vasallos en Rocadragón y busca alianzas con los posibles fieles en el continente. Sus hijos Jacaerys y Lucerys vuelan al Norte y a Bastión de Tormentas respectivamente. Rhaenys y Corlys, tras dudarse sobre su posición, defenderán Rocadragón por mar y bloquearán la desembocadura de Desembarco del Rey. El gemelo desertor de la Guardia Real y los dos compañeros que sirven en Rocadragón también juran lealtad.

En Bastión, Lucerys se encuentra con que Aemond está también negociando una alianza con ser Borros, y acaban picados con los dragones, muriendo el hijo de Rhaenyra accidentalmente.

Análisis:
Se nota una mejoría sustancial en cuanto a guion respecto al fallido episodio anterior, con el que comparte íntimamente historia y formato.

La intriga palaciega es más coherente y emocionante, hay momentos de suspense dignos, aunque otros no tanto, como eso de que Rhaenys pase de arrodillarse reiteradas veces y nadie lo cuestione. Los diálogos son más naturales y jugosos, incluso encontramos un cuidado al detalle que recuerda a Juego de tronos: hasta los personajes más secundarios tienen aportaciones que se sienten útiles en la trama y describen bien sus personalidades. Así, las reuniones del consejo y los nobles son más interesantes, más creíbles, y cuentan algo un poco más tangible. Ahora sí vemos como trabajan en los planes, muestran dudas y problemas no artificiales (como lo de Aegon de juerga, la aportación absurda de Mysaria, la escapada demencial con el dragón…). Cabe destacar la breve pero excelente aparición de Ser Borros, señor de Bastión de Tormentas.

Pero llega tarde y sigue sin ser suficiente. Se habla de más y se posponen decisiones sin razones lógicas en momentos en que deberíamos pasar a la acción. Pero claro, cómo se van a montar los guionistas un gran conflicto entre casas si se han tirado toda la temporada mareando la perdiz con repetitivas historias de la corte pero sin presentar adecuadamente el cuadro completo, las distintas casas, más allá de los Lannsiter, no sabemos nada, de las alianzas y pactos matrimoniales que intentan establecer antes del conflicto, sólo vemos pequeños esbozos en estos dos flojos episodios.

Pero lo peor es que en el camino también se han quedado sin terminar de desarrollar bien a los personajes. Los participantes más relevantes de este juego de tronos, ambas reinas, Daemon, sus hijos y Corlys están cada vez más irreconocibles. Personalidades y motivaciones cambiantes, inmovilismo total ante lo que ocurre… y para rematar, los autores no se atreven a que sean causantes de sus propias desgracias, los momentos determinantes están llegando por factores externos. Alicent no quiere el trono, se lo pide su padre en aquella ridícula conversación, y tras varios episodios odiando a Rhaenyra e incluso atacándola, ahora se muestra súper blanda y piadosa. Rhaenyra lo mismo, de altiva y decidida, de trabajar incluso con gran crueldad por el futuro de sus hijos, quitándose de en medio a su inocente esposo Laenor con un complot bien complicado, ha pasado a tirarse todo el episodio sin hacer nada salvo andar diciendo que no quiere el trono ni la guerra, y que está aquí por no sé qué de la canción de hielo y fuego. Y ahora los críos no querían matarse, solo jugar y se va de madre.

Pues no, yo quiero a las reinas ambiciosas y despiadadas, quiero ver la escalada de violencia entre familias, la llamada y las negociaciones tan complicadas con los banderizos, no esas tibias conversaciones, y esperaba acabar con la espectacular batalla de dragones sobre Bastión de Tormentas, no ese paseo ridículo… y también la reacción, que se la han dejado para el año que viene cuando era el final perfecto para confirmar que la danza de dragones ha estallado, algo que me temo que han esquivado hasta en el fallido título de la serie. Y ya de paso, podrían explicar de dónde sale el nombre del episodio.

A Daemon hace mucho que lo di por perdido, no ha mostrado una personalidad concreta, no la suficiente para que se vea verosímil lo que debería venir en próximos episodios… supongo que por eso le han puesto ese arrebato tan violento e injustificado. Matt Smith sigue igual de desganado, no consigue levantar un rol tan pobre. También me pregunto qué puñetero dragón va a buscar si se supone que ya tiene el suyo… pero este tema también se ha quedado en la superficie, no sabemos casi nada de ellos y qué jinetes tienen. Las hijas de Daemon no hacen nada, solo sonreír, a mi parecer con incomodidad por el peso de las espantosas pelucas; y aparte, no he comentado hasta ahora que de gemelas tienen poco. Los niños de Rhaenyra se ajustan más al aspecto físico de sus versiones más jóvenes que los de Alicent, pero los actores son bastante malos. Corlys ahora también se convierte en estúpido y pasota, intenta escaquearse de su responsabilidad sin darse cuenta de que sus nietos son objetivo de la guerra; además, tenemos otra vez la obsesión sin justificación con que Rhaenyra mató a su hijo Laenor, cosa que luego vuelve a olvidarse convenientemente. Como indicaba, al menos hay extras entre los nobles y la guardia real que aportan diálogos decentes, pero claro, no los conocemos y no interesa mucho su porvenir. Cabe destacar también que se tiran todo el episodio diciendo Los verdes esto y Los verdes lo otro ¿Y quienes son? Yo he leído el libro, pero gran parte del público no. En cambio nos encasquetan unos diálogos resumen de quién es quién en cargos y posiciones familiares que dan bastante vergüenza ajena.

Visualmente no supone una mejoría respecto a los anteriores capítulos. El vuelo de los dragones cumple con lo justo, por suerte la novela les dejó una tormenta en bandeja para ocultar las carencias; podemos comparar con los vuelos de naves en las series de La guerra de las galaxias, y se queda muy, muy lejos de su nivel. Por el lado contrario, el vestuario sigue siendo deslumbrante: lo que se han ahorrado en decorados que ya tenían lo han invertido en vacilar con modelos nuevos en cada episodio; en Juego de tronos, en la primera mitad de la serie tuvieron que ajustar todo lo posible, y aunque fue un trabajo muy bueno había algunos fallos y mucha repetición de trajes. Musicalmente hay mejoría, con temas de suspense sencillos pero efectivos; pero sigue siendo una pena que Ramin Djawadi, que ya iba justo en Juego de tronos pero al menos tuvo algunos temas pegadizos que garantizaron su éxito, aquí haya estado tan poco inspirado o esforzado.

Cabe citar otro detalle que han cuidado mejor, pero también se queda a medio camino: en Rocadragón se ve algo más de vida, criadas y nobles. Pero no ha sido hasta que era imprescindible, el resto del tiempo parecía una casa de campo muy aislada y sin servidumbre. Y en cuestión de mobiliario y habitabilidad sigue pareciendo un sitio poco apto para establecerse largos periodos.

No empezó mal La casa del dragón, algo repetitiva y predecible, pero ha decaído demasiado. Cada episodio se me ha hecho más aburrido y decepcionante, y el despropósito del tramo final es inclasificable. No entiendo cómo puede haber espectadores que defiendan una serie tan irregular y que ha terminado estrellándose estrepitosamente. Y encima venimos de la recientes quejas sobre que Daenerys, la que se tiró todo Juego de tronos madurando a fuego lento hacia la locura, había cambiado repentinamente. Pues aquí todos los personajes cambian de un episodio a otro y nadie ve ningún problema.

Ante esta situación, poco espero sobre el futuro de la serie si no entra sangre nueva en la sala de guionistas, cosa poco probable dado el éxito de público y crítica. Y aunque algunos tímidos comentarios sobre su inmovilismo inicial y los personajes erráticos empiezan a dejarse ver, el creador, Ryan J. Condal, se ha mostrado tajante con un airado comentario que viene a decir: «Yo me he leído los libros varias veces, así que sé más que tú». Con lo cual debemos ir aceptando que esta adaptación está prácticamente condenada…

<- 109| El consejo verde Guía de episodios ->

LA CASA DEL DRAGÓN – 109 –  EL CONSEJO VERDE


The Green Council
Escritor: Ryan J. Condal.
Director: Sara Hess.
Valoración:

Sinopsis:
El consejo, bajo el liderazgo de Otto, pretende imponerse a Rhaenyra y coronar a Aegon.

Resumen:
Tras el fallecimiento de Viserys, Alicent y Otto defienden ante el consejo que Aegon será el nuevo rey, y no los bastardos de Rhaenyra. Los Lannister y otros no tardan en ofrecer su fidelidad, solo Lord Beesbury recuerda el juramento ante Jaehearys y la posterior intención de Viserys de coronar a los descendientes de Rhaenhyra, pero es rápidamente ejecutado, al igual que cualquier noble que cuestione la coronación.

Aegon no quiere ser rey, está regufiado en sus golferías nocturnas. Aemond y varios capas blancas lo buscan antes de que corran las noticias y los enemigos tomen la iniciativa. Es coronado en el Pozo de Dragón ante una gran multitud, lo que aprovecha Rhaenys para escapar con su dragón.

Los gemelos Arryk y Erryk de la Guardia Real se separan por sus convicciones, siguiendo cada uno a una reina. El lord Comandante Harrold Westerling dimite y desaparece.

Análisis:
La casa del dragón sigue ahogándose en la grave deriva que tan pronto ha nublado una serie con gran potencial. Los guionistas han perdido bien rápido el control de su criatura, no saben hacia dónde van, de un capítulo a otro improvisan una trama global que no era demasiado compleja, incapaces capaces de construir una intriga palaciega sólida, una tensión creciente, y los personajes han perdido la poca cohesión que les quedaba, al menos los que tenían alguna dimensión, porque muchos carecen de ella. Llevan en bucle casi toda la temporada, y ahora que pueden por fin avanzar dejan de lado la riqueza de la novela para montarse su propia versión insípida, caótica, decepcionante.

A estas alturas todavía no sabemos nada de las casas aliadas, sus miembros, sus lealtades, ni si quiera conocemos bien a los miembros del consejo, donde solo el Lannister tiene alguna aportación útil. Cuando llegamos al episodio en que deben lanzarse de lleno al juego de alianzas, todo se pone en marcha con unas parcas y tontorronas escenas con unos pocos los nobles y una disputa en el consejo en la que el desastre perpetrado con el desarrollo de Alicent hace estragos. Dónde queda la carrera por la llamada a los vasallos mediante mensajes en cuervos, los planes de afianzar a las casas de dudosa fidelidad con matrimonios, las estrategias bélicas para anticipar los movimientos de Rhaenyra y Daemon… En el esperado alzamiento de la casa Hightower para colocar en el trono a los herederos de Alicent, todo lo que en el libro resultó apasionante aquí se cambia por una vulgar aventurilla de torpe suspense: seguimos a gente paseando por la cuidad en busca de Aegon. ¡Qué emocionante!

Alicent y Rhaenyra llevan ya tiempo dando tumbos, y terminan completamente irreconocibles en los dos episodios finales. Un día se odian, maquinan, son violentas… al otro se van al extremo contrario, están en babia, indecisas, con blandas respuestas a lo que ocurre a su entorno. La Alicent actual no tiene nada que ver con la que iba madurando en el primer tramo de la temporada. De ir vislumbrando y aceptando su lugar y trabajar por el ascenso de sus hijos, de enemistarse con Rhaenyra y atacarla en persona con gran violencia, pasa a intentar escaquearse de todo, a tratar de salvar a Rhaenyra aun sabiendo que sentenciaría a sus propios hijos. Está claro que los guionistas veían que en esta última versión de Alicent no encajaban las tramas de los libros y se inventaron esa conversación estúpida con Viserys sobre Aegon que le da un empujoncito externo, uno que no tiene sentido, porque si quería librarse de esta responsabilidad bastaba con que se lo hubiera guardado para sí en vez de soltarlo en el consejo.

Otto tenía las ideas más claras, pero se queda como esperando en vez de mover los hilos de todo Poniente, algo como indicaba limitado a la pleitesía de unos cuantos nobles en la corte. Y cambian esto por un inventado y demencial choque con Alicent que no tiene motivos ni lógica alguna: no se entiende por qué quieren llegar cada uno antes a Aegon cuando evidentemente ambos van a coronarlo. En general queda claro que es tajante en lo que venían trajinando desde el inicio de la serie, imponerse sobre Rhaenyra a todo coste, pero no parece ponerle ganas.

Soportamos otra vez largas y repetitivas escenas para decirnos que Aegon y Aemond son gilipollas. El cambio de actores sigue chocándome, no se parecen en nada a los anteriores y resultan demasiado mayores, pero al menos Ewan Mitchell como Aemond está convincente. Con en este enredo de la búsqueda se olvidan de terminar de presentar a Helaena y sus hijos con Aemond, que quedan tan en segundo lugar que dudo que el espectador casual sepa quiénes son. Y lo de que ella esté loca perdida es un cambio absurdo. Cuando llegue un giro clave que la implica, ¿qué va a hacer, volverse cuerda?

Pero tenemos más alteraciones gratuitas. Por qué Larys no está en el consejo, por qué no se arrodilla con los demás nobles, y por qué cambian sus ambiciones de ascender por un capricho sexual tan ridículo; vergüenza ajena me ha dado la escena donde se excita con los pies de la reina. No muy lejos en cutrez se queda la muerte de Beesbury de modo accidental en vez de premeditada; aquí nadie hace nada convencido, todo ocurre medio por inercia. Qué hace Rhaenys en la corte cuando sabe que es blanco fácil, y tenemos otro relleno inventado con su fuga. Esta además acaba con un golpe de efecto supuestamente espectacular pero que hace aguas: en lo visual deja mucho que desear, y argumentalmente deja un buen agujero eso de que pueda llegar al dragón sin ser parada y cuestionada en ningún momento por nadie, que le dé tiempo a ponerse una armadura para la que seguramente necesite ayuda de un escudero, y peor aún resulta la incongruencia de que vaya de santa, se cargue a decenas de inocentes, pero no ataque a la familia real para finalizar la guerra antes de que empiece. No tiene lógica tampoco que Corlys esté desaparecido, cuando en el libro lleva tiempo aliado con Rhaenyra y Daemon y asentando su posición. Si es que cambian hasta la edad de Lord Beesbury porque les da la gana. Lo de los gemelos de la guardia también difiere, pero en el fondo la historia va por el mismo camino, así que se perdona sin problemas, pero el resto de desviaciones pueden crear desastrosos efectos en cascada.

También hay alteraciones respecto a Juego de tronos: la sala central del septo de Baelor es gigantesca ahora; pero también hay una mejora notable que no recuerdo si he comentado: las armaduras de la Guardia Real por fin son más fieles a las novelas.

Aparte encuentro un momento tan confuso que no lo entiendo: vemos un incendio en una casa. ¿Qué tiene todo esto que ver con el resto? ¿Es un intento de generar una distracción en la fuga de Rhaenys, o la Mano ajusticiando a Mysaria como se merece? Sea como sea, las ambiciones de Mysaria se van de madre también, no pega con un personaje que ha mostrado mas cautela, que debería tener claro que debe actuar en la sombra si no quiere tener al día siguiente a soldados en su puerta.

En el acabado la apatía crece de igual manera. Parecía estar más trabajada en cuanto a fotografía y dirección que su serie hermana, pero en el tramo final se ha venido abajo. Qué puesta en escena más aburrida, televisiva, qué poco partido sacan de las riñas de la corte y los exteriores en Cáceres, qué poco transmiten las escenas nocturnas. Los efectos especiales también quedan bastante por debajo de las últimas temporadas de Juego de tronos: los planos de la ciudad, el Pozo de dragón y la incursión del dragón son bastante malos. Y de nuevo destaca muy para mal la banda sonora, con unos temas de piano torpes y anacrónicos, por sus formas modernas, y forzadamente melancólicos, algo de lo que Ramin Djawadi ya abusó en la temporada final de Juego de tronos

<- 108| El señor de las mareas 110| La reina negra ->
Guía de episodios

MS. MARVEL – MINISERIE

Disney | 2022
Superhéroes, comedia, acción | 6 ep. de 38-49 min.
Productores ejecutivos: Bisha K. Ali, Kevin Feige, Victoria Alonso, Sana Amahat, Louis D’Esposito.
Intérpretes: Iman Vellani, Matt Lintz, Zenobia Shroff, Yasmeen Fletcher, Mohan Kapoor, Rish Shah, Saagar Shaikh, Samina Ahmed, Nimra Bucha, Alysia Reiner, Anjali Bhimani, Arian Moayed, Laurel Marsden.
Valoración:

En la expansión del universo Marvel, Disney se está atreviendo a probar nuevas historias y estilos, tanto en cines (las dos últimas de Thor y Doctor Extraño: El multiverso de la locura tienen algo más originalidad y personalidad), como sobre todo en televisión, donde sólo Ojo de Halcón se ha mostrado más conservadora. Eso sí, mientras que el resultado en cines se salda con nota, en televisión por ahora es demasiado irregular. Wandavisión jugó sin suerte con los límites de la realidad y la percepción a través de una elaborada puesta en escena, a Loki le fue mucho mejor con los multiversos con un acabado también muy rico, Falcon y El Soldado de Invierno tenía un fuerte contenido político, más que las blandas entregas de Capitán América en pantalla grande, y Caballero Luna se metió en un berenjenal de dioses que resultó tan desastroso como su equivalente en cines, Los Eternos.

En la última hornada han llegado Ms. Marvel y She-Hulk, en clave de comedia ligera, mucho más que Ojo de Halcón, pero a la vez abordando temáticas sociales. Como cabía esperar, aparte de críticas más serias sobre su calidad, se ha visto mucho ofendidito porque se salen de la tónica de obras de hombres blancos heterosexuales para hombres blancos heterosexuales. Pues yo me alegro mucho de que se arriesguen buscando novedades e historias con calado. También abunda el comentario de que es mala «porque es juvenil y sencilla cuando quería ver otra vez a grandes superhéroes salvando el universo». Eso no es una valoración objetiva.

El cómic Ms. Marvel nació como versión femenina del Capitán Marvel original (1967, Stan Lee, Gene Colan). En la adaptación de Disney empezaron directamente con una de sus sucesoras, Carol Danvers, y en esta miniserie llega otra de ellas, Kamala Khan. Estas fueron creadas por Gerry Conway al guion y John Buscema al dibujo a partir de 1977.

Al frente de la adaptación encontramos a Bisha K. Ali, quien apenas tenía un par de colaboraciones antes de entrar en Loki como una de las principales guionistas, y como es habitual, está acompañada de numerosos productores y escritores, destacando que, dada la naturaleza de la obra, la mayor parte son de orígenes dispares y experiencia en producciones de distintos países y métodos.

Kamala Khan es una estadounidense nacida de inmigrantes paquistaníes. A los problemas de integración cultural y los líos familiares propios de la adolescencia se añade que adquiere poderes, como su idolatrada Carol Danvers, la Capitana Marvel.

No causa muy buena sensación un punto de partida con tantos estereotipos. Que Kamala es una adolescente respondona, su madre muy estricta y su padre algo bobalicón, no ofrece nada sorprendente, ni menos aún su amistad con el friki y los choques con los pijos y matones. Que tendrá que abrazar la responsabilidad del héroe y enfrentar sus primeros dilemas y villanos tampoco es nuevo.

Pero ya solo con las apasionadas y encantadoras interpretaciones de los actores principales empieza a despejar dudas y resultar una propuesta muy agradable. La joven Iman Vellani como Kamala es todo un descubrimiento, qué pronto establece una estupenda química con sus compañeros, qué naturalidad y soltura muestra a pesar de ser su primer papel justo antes de empezar si quiera a estudiar alguna titulación de bellas artes como planeaba. Está muy bien secundada por Mohan Kapur como el padre, estupendo en su vena cómica, Zenobia Shroff en un certero retrato de las madres incomprendidas, tomadas por rígidas por sus inmaduros hijos, y Matt Lintz como el fiel amigo Bruno.

Termina de romper la barrera del «esto ya lo he visto demasiadas veces» con la gracia e ingenio que desprende el guion y la versatilidad y valentía de la puesta en escena. Cada escenario, por cotidiano que parezca, muestra bastante inteligencia, tanto en la descripción de la vida y cultura donde nos introducen, como sobre todo en las interacciones entre personajes, con diálogos muy ágiles y graciosos. Y la puesta en escena otorga un punto extra con una cantidad de recursos bastante llamativa: los textos mezclados con el entorno, el montaje rápido, la banda sonora con pegada, la fotografía tan colorida… Todo está muy bien exprimido por una dirección virtuosa.

Destaca también por ser un canto a la diversidad cultural vibrante y entrañable. Toda la temática sobre las tradiciones paquistaníes, la religión musulmana, la mezcolanza de estas con las costumbres norteamericanas y las nuevas tendencias sociales (móviles, redes sociales) se muestran con fuerza y sensibilidad, desde los primeros minutos se sienten parte vital de la serie, no un panfleto político como lloran muchos. Solo la boda del hermano se extiende algo más de la cuenta.

En su primera mitad solo se puede señalar que para el tono tan sencillo y poco original que ofrece, los tres capítulos que sirven de presentación se alargan más de la cuenta, dando la sensación de que quedándose en la media hora habitual de las comedias, con más concisión y agilidad, sin enredarse tanto en esos escenarios tan comunes, hubiera fluido mejor.

Sin embargo, las buenas formas no terminan de madurar en un todo superior bien equilibrado, y me temo que en los siguientes tres capítulos incluso da marcha atrás: cuando entramos en el género de los superhéroes se viene abajo. Los nuevos grupos de personajes no se llegan a definir, el choque entre héroes y villanos es el más pobre de toda la saga Marvel. No se entiende qué pasa, contra quién luchan, ni tan siquiera la naturaleza de los poderes y los retos quedan claros.

A pocos días de su visionado no recuerdo de dónde sale el brazalete ni qué implica, no sé qué motiva a ese banda de matones dirigidos por una señora que no sé por qué está cabreada, ni qué lugar ocupa esa facción que va con pañuelos en la cara; los matones de los cazadores de superhéroes del gobierno estadounidenses son muy cargantes, el viaje a Paquistán es un galimatías, en especial ese olvidable romance en el pasado; que el pijo del que ya no te acordabas adquiera poderes por arte de magia no hay por dónde cogerlo, y la reunión final en el instituto para cerrar el círculo resulta tan poco justificada como torpe en su ejecución. Así, lo que venía siendo un relato poco original pero con una energía contagiosa, cae de lleno en la apatía y la confusión.

Los efectos especiales no abundan pero cumplen. La persecución en Paquistán está bastante bien trabajada; no a nivel de las películas, pues se nota alguna pantalla de fondo y sustituciones digitales de personas y vehículos, pero luce mucho que la que hubo en Caballero Luna, sobre todo por el buen trabajo de dirección y edición. Pero sigue estando claro que el grueso del presupuesto se lo llevaron Loki y Falcon y El Soldado de Invierno.

La mayor limitación del aspecto visual viene de los poderes de Kamala y las peleas cuerpo a cuerpo. Los superpoderes son un tanto sosos, pero también es cierto que no cabía esperar mucho más de un personaje de tercera división: los más vistosos y originales los coparon los primeros en llegar. Pero lo que más abunda, las peleas cuerpo a cuerpo, aunque no sean malas, no convencen, deberían habérselas trabajado más, son todas iguales a pesar de tener la opción de enredar con los poderes.

El conjunto es más meritorio que el desastre de Caballero Luna, pero tenía todas las de superar a Ojo de Halcón y ponerse entre las más redondas de lo que llevamos, Loki y Falcon y El Soldado de Invierno, y me temo que se queda en tierra de nadie.

Ver también:
WandaVision (2021)
Falcon y el Soldado de Invierno (2021)
Loki (2021)
Ojo de halcón (2021)
Caballero Luna (2022)
-> Ms. Marvel< (2022)

LA CASA DEL DRAGÓN – 108 –  EL SEÑOR DE LAS MAREAS


The Lord of the Tides
Escritor: Eileen Shim.
Director: Geeta Vasant Patel.
Valoración:

Sinopsis:
Rhaenyra y Alicent y sus críos vuelven a pelearse. Viserys vuelve a desear la paz.

Resumen:
La ausencia de Corlys Velaryon agita otro poco la cuestión sucesoria y la legitimidad de los hijos de Rhaenyra.

Pero nada nuevo ocurre en todo el capítulo, otra vez las mismas rencillas, y otra vez queda todo en punto muerto.

Al final Viserys fallece. ¿Pasará algo por fin?

Análisis:
Otro episodio más estancado en un eterno bucle. Ocho de los diez que consta la emporada repitiendo en todos la misma premisa pero sin avanzar realmente hacia ninguna parte. Se intuye que los guionistas eran conscientes de ello mientras escribían, pero en vez de replantearse bien el arco argumental desde el principio parece que se pusieron a improvisar por donde iban: han empezado a pegar acelerones en algunas partes aun a costa de dejar otras detrás, con una escritura cada vez más descuidada y que se aleja de la novela con decisiones que no parecen justificadas ni coherentes.

Pero también es otro episodio más que con un par de escenas supuestamente intensas en el drama o el espectáculo (en este caso, lo primero) se gana el favor de un público que curiosamente en unas series es muy, muy poco exigente, y en otras pone el grito en el cielo por cualquier tontería infundada y monta campañas de acoso desproporcionadas. Sí, obviamente hablo de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder (Patrick McKay, John D. Payne, 2022), cuyos ataques incluso se usan para ensalzar a esta. Porque si Rhaenyra y Alicent son personajes en descomposición no importa, pero si Galadriel no se parece a tu imagen deformada por las películas de Peter Jackson es una traición a Tolkien. Dichos espectadores sin duda son los mismos que detestaron las últimas temporadas de Juego de tronos no por su caída abismal de calidad, sino porque Daenerys, su favorita, no hacía lo que ellos querían. Esta época de burbujas y fanatismos donde se consideran aceptables los pseudo argumentos que tergiversan o directamente faltan a la verdad y se basan en la destrucción del oponente empieza a ser cada vez más deprimente y escalofriante.

Tenemos otra vez reuniones familiares con el mismo ciclo de perdones, resquemores y rencillas. Otra pelea entre los hijos de Rhaenyra y Aemond. Otra vez diciendo que Aegon es un descentrado y mujeriego, exactamente con las mismas escenas (desnudo en la cama, borracho, liándose con criadas, bronca de mamá) pero alargadas hasta resultar soporíferas. Otra vez Alicent y Rhaenyra se acercan pero no. Viserys va de bueno pero no se entera de nada. Daemon está en todo pero no hace nada. Otto mira desde lejos maquinando algo. Criston frunce el ceño. Rhaenys quiere pero no quiere líos políticos. En el consejo del rey los secundarios tienen aportaciones vacías…

De por medio hay un llamativo agujero de guion arrastrado desde el episodio anterior. Sospechar sin dudas de que Rhaenyra se cargó a Laenor es el último eslabón en la cadena de despropósitos de esa absurda trama. Primero, no tienen prueba alguna, segundo, ¿por qué van a pensarlo si en ningún momento han mostrado roces entre ellos y ambiciones desmedidas por parte de ella?

Y cargamos con otro lastre desde el principio de la serie: la dichosa daga valyria que en Juego de tronos acaba en manos de Arya en el esperpéntico y criticado final de la trama de los Caminantes Blancos. Pues la tenemos aquí de nuevo enfocada en varios planos. Y la Canción de Hielo y Fuego mencionada también, a pesar de que en Juego de tronos no tuvo presencia alguna. ¿Pero qué intentan con esto? ¿Arreglar con apaños los errores de aquella? Es tarde, muy tarde. Y no pinta nada aquí, no tiene relación ninguna con la trama. Por ello, esa especie de epílogo en que Viserys relata otra vez este cuento y Alicent lo escucha, no tiene sentido, ni se entiende por qué ella lo puede tomar como un aliciente para su campaña por el trono, pues es obvio que sabe que no habla de ella y su hijo. Todo surrealista. Los espectadores que no tengan los libros frescos en la memoria deben estar liadísimos. O no. Porque sólo se menciona lo emotiva que es la muerte de Viserys, olvidando la falta de coherencia de todo lo que la rodea.

Los escasos intentos de aportar novedades ni llegan a traerlas ni ofrecen algo que no se aleje de una fórmula demasiado predecible. Desde el principio está claro como acabará el hermano de Corlys, cuyo nombre ni te importa, y quien se destaca como el peor jugador del juego de tronos de la historia de Poniente. Es evidente que todo quedará de nuevo en suspenso en el conflicto de Alicent, Rhaenyra y Rhaenys. Y en líneas generales deduces con mucha antelación cómo se desarrollará cada encontronazo y discusión, diálogo a diálogo, coma a coma.

Para el tramo final, una cena de supuesta redención y perdón entre todos los familiares, con Viserys agonizante. Dramatismo de baratillo con los recursos más fáciles y viejos. Pero ahí tenemos a los espectadores entusiasmados con el desenlace. Pues en realidad es bien pobre, cargante y aburrido. Y el intento de causar un golpe de efecto con el aspecto de Viserys es demencial: han convertido un hombre de mediana edad enfermo en un zombi de The Walking Dead (David Alpert, Scott M. Glimpe, 2010).

Tenemos otro salto temporal que parece poco meditado, pues se siente innecesario, está mal introducido y nos trae un cambio de casting horrible. Ese diálogo explicativo de que han pasado seis años es un tanto cutre. Que Aemond aparente treinta y tantos años e inflado a esteroides mientras los otros tienen una edad más acorde es un desatino de proporciones alucinantes; y Aegon parece haber encogido, y el actor no recuerda nada al personaje que habíamos conocido. Que Corlys lleve todo este tiempo desaparecido y en guerra y resulta que está medio muerto de fiebre se lo han inventado para agitar el tema de la sucesión que no son capaces de poner en marcha en la propia corte, y que no aparezca una solución chapucera para evitar que la polémica lo salpique y acabe ejecutado.

Por el camino se han dejado cosas cruciales en la gestación del conflicto: la nueva generación, los nietos de Alicent y Rhaenyra, no hacen acto de presencia. Pero no sólo parece que la guerra está a punto de empezar aunque falten esas figuras clave… sino que me temo también que las que hay presentes desde el inicio de la serie se van diluyendo a marchas forzadas.

Alicent, Rhaenyra, Daemon, los Velaryon que aparecen y desaparecen como las mareas, y el cada vez más invisible consejo (ni Otto aporta ya nada) están cada vez más desdibujados. Sus personalidades y motivaciones se han difuminado y deformado tanto que no se reconocen. Varían de estados de ánimos, intenciones y formas de ser según los guionistas requieran tal emoción o giro, según cómo les ha dado por construir la siguiente escena. Si con tan pocos episodios la planificación a largo plazo de los arcos dramáticos personales y las historias globales hace aguas… Cierto es que hay tiempo para encauzar las cosas, pero parece poco probable.

Otros aspectos esenciales siguen estando muy descuidados. El tema de los dragones, cuál es cuál, qué características y capacidades tiene y quién lo monta, debería estar mejor establecido a estas alturas. Las casas vasallas igual. Apenas vemos a algunos del consejo, sin desarrollo casi ninguno, apenas Otto. Criston Cole es el único secundario que parecía que iba a tener más recorrido, pero después de una presentación bastante trabajada también ha sido ninguneado. Nada sabemos de más allá de Desembarco del Rey. Van a empezar las batallas y no se ha hecho el mínimo esfuerzo por establecer qué fuerzas hay en liza en la propia familia real, y desde luego no sabemos cómo el reino podría reaccionar a la guerra, qué partido tomaría cada casa y noble.

El tema racial sigue coleando y generando situaciones chocantes. Da vergüenza ajena el discurso del hermano de Corlys defendiendo la pureza de su casa y su sangre contra los bastardos de Rhaenyra… mientras casualmente omite que los hijos de Daemon con Laena son mestizos. El pifostio en que se han metido los directivos y/o productores sigue estallándoles en la cara, pero está claro que no les importa, ellos tienen su postal de integración racial con la que vender imagen, la calidad y la cohesión de la serie es lo de menos.

No puedo evitar pensar cada vez más que lo más lógico hubiera sido empezar la serie con los hijos llegando a la adolescencia. La pugna entre Alicent y Rhaenyra y las dudas por la sucesión se habrían expuesto igual pero sin necesidad de pasar por un puñado de capítulos que pegan saltos temporales para no contar nada nuevo. La guerra con la Triarquía sigue presente, así que Daemon y los Velaryon tendrían su introducción prácticamente igual. Mientras crece la tensión se podrían haber presentado a los miembros del consejo y otras casas… Todo habría sido igual pero sin tanto receso y vuelta en círculo innecesaria.

O podrían haber empezado donde han empezado, pero haber mantenido la riqueza de la novela, que no es tan compleja como las de Canción de Hielo y Fuego, pero desde luego tiene más chicha que la versión descafeinada que nos están dando. Sólo con los personajes secundarios de la corte podrían haber sacado más partido, haber ofrecido más ángulos de la historia principal, asentado mejor las tramas venideras…

No sé si en los dos capítulos restantes se encarrilará la cosa. Con lo que hemos visto, me da por pensar en dos opciones:
-La guerra va a empezar de forma muy distinta, caótica y sin que se entienda bien qué está pasando, pero con las escenas de acción molonas a estos espectadores fáciles no les importará.
-Volveremos a tener más vueltas en círculos, pero con algún choque entre dragones que nos lleve al mismo punto, alabanzas sin sentido. Y todo quedaría pospuesto hasta la temporada siguiente.

Sea como sea, el interés, al menos para mí y cualquiera que espere una serie de calidad y que no te tome el pelo, está por los suelos. La empecé esperando que madurada respecto a Juego de tronos, que hubieran aprendido de sus errores. Creía que la fórmula más sencilla, centrada en la corte, daría margen para asentar todo tranquilamente. Y se ha deshilachado y desinflado muy rápido. Al principio dejaba reposar los episodios unos días y los revisionaba antes de hacer el comentario. Los últimos se me han hecho bastante cuesta arriba, y con este ya no pienso volver a él, bastantes veces miré el móvil en un primer visionado.

<- 107| Marcaderiva 109| El consejo verde ->
Guía de episodios