ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 3.

Orange is the New Black
Netflix | 2015
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Laura Prepon, Michael Harney, Yael Stone, Natasha Lyonne, Kate Mulgrew, Danielle Brooks, Annie Golden, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Lea DeLaria, Laverne Cox, Uzo Aduba, Selenis Leyva, Matt McGorry, Dascha Polanco, Matt Peters, Samira Wiley, Jackie Cruz, Maria Dizzia. Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Emma Myles, Beth Fowler, Abigail Savage¸ Ruby Rose.
Valoración:

La vida en la cárcel de mínima seguridad para mujeres continúa. Piper Chapman se ha hecho a su nueva situación bastante bien, sobre todo ahora que ha vuelto Alex Vause y han formalizado su relación. Es tal el grado de confianza que ha ganado que toma las limitaciones de su cautiverio y les da la vuelta en cierta manera: cuando entra a trabajar en el grupo de costura usa el material sobrante para hacer bragas y vendérselas a los fetichistas como “bragas usadas por presas”, un negocio que promete ser próspero. Pero llega a caerse por el otro extremo: el poder lleva a la ambición y tomará algunas decisiones arriesgadas muy criticables. El jaleo que tiene con las latinas da mucho juego porque es emocionante ver su maduración y lo que dan de sí las disputas, pero el destino que fuerza para su nueva amiga, Stella, es inquietante, mostrando una cara de Piper que duele ver. Mientras, Alex choca con esta postura y a la vez lidia con sus miedos: está convencida de que el narcotraficante para el que trabajaba enviará a alguien a la cárcel para ajustar cuentas.

Pero como indiqué en la segunda etapa, Piper dejó de ser la protagonista principal para convertirse en una más entre unos treinta personajes habituales, un número que sólo alcanza Juego de tronos y supera The Wire. Y el mosaico sigue siendo fascinante y encantador, ninguna figura se presenta fallida o acusa desinterés, y además con los flashbacks que desgranan su pasado van ganando más todavía. El año anterior el grupo de negras se llevaba bastante protagonismo, pero esta vez les toca a las latinas. El dominio de la cocina (donde por cierto la rusa Red consigue volver en momentos difíciles), el embarazo de Dayanara, los líos de esta con su novio y los roces con su madre, los problemas de ambas en casa… Pero esto no implica que las demás se descuiden. Conocemos incluso los orígenes de la extraña Chang, dándole una vuelta de tuerca genial a quien parecía una simple figurante de receso humorístico.

También van adquiriendo presencia otros guardias y los problemas de estos, aunque es cierto que son canalizados sobre todo a través de Caputo. La administración de la prisión parece que le viene grande, porque son tantos los conflictos y dificultades que se van acumulando que no ve salida. Su evolución guarda algunas sorpresas muy llamativas, sobre todo ante la absorción de la cárcel por una empresa privada (con política de ahorros escalofriante) y el amago de formar un sindicato que hacen los guardias. Quien no parece crecer es Healy, anclado en los mismos patrones de conducta que lo llevan a actuar, aunque sea por culpa de un sentido de la preservación muy inmaduro, de forma bastante injusta hacia los demás, sean presos o guardias (la nueva consejera se le atraganta bien pronto).

Son tantas historias que no voy a citarlas todas. Norma, Poussey, Tasha, Soso, Lorna (delirante su juego buscando novio), Sophia (la disputa con Gloria), la cada vez más molona Big Boo, Suzanne (demencial la parodia de Cincuenta sombras de Grey)… Y como es esperable y obvio a estas alturas, todas las aventuras, sean las más largas o las más anecdóticas, muestran una serie de virtudes encomiables: la agilidad con que las narran sin por ello perder trascendencia, pues todas tratan sobre el ser humano, sobre las limitaciones, problemas y luchas personales de cada individuo, lo que surge desde el realismo, naturalidad y cercanía que logran sacar de todos los protagonistas. Casi no te das cuenta de que la serie ha perdido algo de fuerza, podrías estar viendo capítulos y capítulos sobre la rutina de las vidas de estas mujeres y guardias eternamente.

Pero sí, si buscas algo más, pronto se ve que a la temporada le falta algo para llegar al nivel de las dos primeras. Y no hay que indagar mucho, es más, todas las críticas repiten la misma pequeña queja: hay mucha más comedia ligera y menos drama profundo. Eso no quiere decir que desaparezca la crítica al sistema, que sigue siendo completísima, ni que algunos problemas no sean trágicos (las violaciones que sufre Pennsatucky es lo más duro), pero es una lástima que no ofrezcan la visión más sórdida de la cárcel, porque si por algo causó impacto la llegada de la serie era por esa combinación magistral de ambos estilos, comedia y drama, que te hacía vibrar y sufrir con las tragedias pero también te mostraba perspectivas más luminosas y alegres, resultando una montaña rusa de sensaciones que te enganchaba y agitaba con fuerza. Además, huelga decir que con un viaje emocional más contenido, Taylor Schilling no tiene tanto margen para lucirse, desaprovechándose su grandísimo talento como actriz.

También puedo señalar que hay unas pocas historias que podrían haberse resumido. El tema del culto alrededor de Norma da varias vueltas sobre sí mismo avanzando con cierta de lentitud, las negras copan demasiadas tramas tontorronas (aunque sean atractivas, eso sí), no me gustó nada el final abierto con Alex después de jugar tanto con la intriga de si la atacarán, y me fastidió bastante la extraña salida de Nicky, porque no parece ser necesaria y es de mis favoritas; me quitan a Lorna Morello y ya dimito.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

DAREDEVIL – TEMPORADA 1.


Daredevil
Netflix | 2015
Productores ejecutivos: Drew Goddard, Steven S. DeKnight, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Vincent D’Onofrio, Toby Leonard Moore, Vondie Curtis-Hall, Bob Gunton, Ayelet Zurer, Rosario Dawson.
Valoración:

Matt Murdock es un abogado que al quedar ciego en la juventud adquirió superpoderes con los que puede sentir y “ver” lo que hay a su alrededor como ningún otro, pero también creció en él una visión personal de la vida muy concreta: hacer de su barrio algo mejor. Hell’s Kitchen (la cocina del infierno) es una zona de Nueva York que no levanta cabeza, llena de crimen y miseria, y Matt pretende cambiar las cosas. Como hombre de ley luchará desde dentro del sistema, pero como héroe enmascarado perseguirá a los criminales a golpes bajo el amparo de la oscuridad.

Sus compañeros en el despacho que acaba de formar son el abogado Foggy Nelson, su mejor amigo desde la universidad, y Karen Page, que toma el puesto de secretaria cuando estos la ayudan en su caso contra una oscura corporación. Esta investigación los llevará hacia la estela de Wilson Fisk, un empresario ambicioso que parece ser también el capo más poderoso de la zona. La mano derecha de este último es Wesley, fiel hasta la médula y lleno de recursos, mientras que los héroes se apoyarán en el periodista Urich, especialista en historias de mafias. Hay algunos secundarios más, pero sólo son realmente relevantes Vanessa, el amor de Fisk, y Claire, la enfermera que ayuda a Matt.

El creador de la serie es Drew Goddard, quien creció como guionista con Joss Whedon en Buffy, la cazavampiros y Angel y terminó de formarse colaborando en Alias y Perdidos. Pero no tardó tiempo en hacerse un nombre en el cine también, con Cloverfield y La cabaña en el bosque (siendo además director en esta última). Desde entonces no deja de enlazar producciones de alto nivel, como las adaptaciones de las novelas Guerra Mundial Z, The Martian (dirigida por Ridley Scott nada menos) y la futura Robopocalypse. Vamos, que se ha convertido en uno de los guionistas más respetados y solicitados… hasta el punto de que la factoría Marvel lo sacó de la serie para escribir Sinister Six (Los Seis Siniestros), y no me sorprendería si la dirigiera también.

Con Goddard dejando la producción en plena gestación, Steven S. DeKnight tomó las riendas como showrunner, acompañado eso sí por numerosos productores ejecutivos. DeKnight es otro que salió de Buffy y Angel, y luego pasó por Smallville y Spartacus, tanto escribiendo como produciendo. La idea del plan Marvel es inclinarse por un tono adulto y oscuro, así que se inspiran más en los thrillers de los años setenta y ochenta (Serpico, French Connection o Taxi Driver son las más evidentes) que en la onda de héroes, magia y los tópicos habituales. La corrupción del sistema, la ciudad inmersa en un caos criminal y las solitarias figuras que emergen en las sombras para luchar contra ello copan las tramas, dejando la fantasía más pura de los superhéroes más poderosos para las películas de Los Vengadores.

Desde sus primeras escenas se puede ver el mimo puesto en la producción, la intención de buscar algo más serio y de primera calidad. La fotografía e iluminación de tonos oscuros que juega son las sombras y los contrastes es una elección arriesgada, pero con el virtuosismo del que hacen gala los realizadores tenemos una impronta muy característica y realmente impactante donde controlan muy bien que la atmósfera sea tenebrosa y deprimente pero se vea con claridad la acción y el rostro de los protagonistas. El tempo narrativo es contenido, se busca no sólo exponer a través de los personajes, sino hacer que la escena luzca bien, de forma que cautive. Así, manejan con mucho mimo las conversaciones de personajes sentados, algo esencial porque son mayoría, pero explotan por completo en las de acción, que tienen además un extra de dificultad, porque aquí se lanzan sin miedo a buscar ese sello de calidad que les haga resonar en la exigente televisión actual. Las coreografías elaboradas y rodadas con maestría son la tónica habitual, pero de vez en cuando se permiten unos vaciles impresionantes. La lucha en el pasillo del segundo capítulo sin duda queda para los anales de la historia televisiva, un plano secuencia de insólita complejidad, aunque quizá no tanta originalidad, porque se inspira claramente en la pelea principal de Old Boy (Oldeuboi, Chan-wook Park, 2003), una película coreana de culto. Pero no es la única remarcable, hay otras tantas escenas espectaculares que te dejarán a cuadros. Aquí hay que señalar el magnífico uso de dobles, donde sólo si afinas mucho puedes llegar a notarlos en un par de planos (y porque Scott Glenn -Stick- es un viejales y los movimientos tan ágiles no cuadran). Redondean el acabado una sutil música que es quizá muy sencilla pero funciona bastante bien, y unos títulos de crédito hipnotizantes.

Otro aspecto vital son los actores, y estos también están perfectos. Charlie Cox (Matt Murdock), Deborah Ann Woll (Karen Page) y Elden Henson (Foggy Nelson) se hacen enseguida a sus roles y muestran una estupenda química entre ellos, transmitiendo verosimilitud desde las primeras escenas. Siendo un relato que se sumerge bastante en la mente de los protagonistas era crucial tener intérpretes que se luzcan en el campo de las emociones, y no falla ninguno. Ann Woll la conocía por True Blood y no tenía ninguna duda sobre sus habilidades, Cox mostraba carisma en Boardwalk Empire, pero hasta verlo aquí no sabía si podría aguantar un personaje principal tan exigente, y Henson me era totalmente desconocido. Ahora bien, incluso en este buen nivel el veterano Vincent D’Onofrio (Ley y Orden) te deja sin aliento con su imponente, hosco y temible Wilson Fisk. La frase “No soy un monstruo… ¿verdad?” es de las que hacen época. Este se ve rodeado por dos secundarios que también clavan sus personajes, Ayelet Zurer como Vanessa y Toby Leonard Moore como Wesley. Él consigue una interpretación llamativa en un personaje serio en extremo, y ella no se queda atrás: resulta sutil y erótica a pesar de la sobriedad que emana. Y para rematar hay que señalar que el casting no descuida ni a los matones de Fisk, donde no cogen a simples extras, sino a actores muy competentes y carismáticos.

Una vez cautivado y enganchado irremediablemente por su arrebatadora impronta visual quedaba por ver qué tal navega la serie: el desarrollo de personajes y tramas, la coherencia narrativa, la fuerza de los diálogos… Es decir, qué tal resulta el elemento primordial, el guión.

Los escritores son conscientes tanto de las limitaciones del género como de esta historia en concreto e intentan que las bases del relato sean muy sólidas. Se trabajan con esmero a los personajes, haciéndonos partícipes muy de cerca de sus problemas, anhelos, dificultades, vaivenes emocionales… Vivimos codo con codo con Matt y su deseo de hacer un mundo mejor, acompañándolo en el dilema de cuáles son los límites de la violencia y conociendo al detalle otros muchos recovecos de su personalidad. Con Karen y Foggy casi lo mismo, pero al ser más realistas resultan incluso más humanos: casi te convences de que son tus propios amigos. Cabe destacar la simpatía contagiosa de Foggy y la candidez de Karen, ambas conseguidas por el gran papel de los intérpretes, que hacen gala de una gran química. Fisk se presenta fascinante, nunca se había realizado una aproximación a la piscología de un villano tan detallada y profunda. Como con los demás protagonistas, vemos de primera mano sus ambiciones y deseos, pero aquí cobran importancia sus puntos frágiles y sus desviaciones, llegando a vislumbrar y entender qué lo lleva a actuar de una forma u otra. Además la gama de sensaciones que transmite al espectador, oscilando entre la pena, el asco y el miedo, garantizan que no dejará frío a nadie… aunque puede llegar al extremo de provocar rechazo, de lo perturbador que resulta. Y para redondearlo tenemos la relación amorosa con Vanessa, que es excitante en todo momento: los tanteos, los miedos, las sutilezas, el acercamiento gradual… Acaba siendo mucho más interesante que la dinámica entre Foggy y Karen, que casi parece de relleno al lado de esta. Hay que señalar también los detalles más o menos velados sobre el pasado y posible futuro de personajes varios (¿tiene Karen secretos oscuros?, ¿qué pretende Stick y para quién trabaja?), que resultan intrigantes para el no lector de los cómics y buenos guiños para los fans.

Pero una vez salimos de la descripción y desarrollo de los personaje este guión no llega a ser redondo, porque el entorno donde los sumergen y el progreso de la trama fallan en algunos aspectos clave: le falta ritmo y vitalidad, y no queda del todo justificado por qué Fisk es el gran villano que dicen que es.

En el primer punto resulta obvio que hay largos tramos a los que no consiguen otorgarles suficiente ritmo, dejando la impresión de que a pesar de todo el potencial (espléndido aspecto visual, grandes personajes) la serie no avanza con la fluidez y fuerza suficientes como para aprovechar plenamente esas bases. Hay pasajes algo faltos de garra y que dan vueltas en círculos (cuántas veces Foggy y Karen se mantienen en pantalla con la excusa de salir a emborracharse, pero realmente no están haciendo nada; cuánto habla ella con Urich pero qué poco avanzan) y otras partes son bastante predecibles, porque al final, a pesar de tanto esfuerzo, no han sido capaces de esquivar el lastre de algunos estereotipos obligados por el género: la infancia de Matt no deslumbra y va perdiendo fuelle, y cuando llega la parte de Stick se vuelve bastante previsible y cargante; pero es que la de Fisk sólo sirve para presentar el detalle del cuadro, que sí, es genial, pero el resto del viaje a su pasado son clichés obvios que bastaba con señalarlos sutilmente; y ahí incluyo el destino del padre, que puede ser trascendental en su crecimiento pero se ve venir tan de lejos deja la sensación de que era innecesario remarcarlo tanto.

La falta de vitalidad del entorno remarca estas carencias de ritmo, porque no parece pasar nada realmente importante a pesar del empeño en transmitir eso con el tono serio y ligeramente pretencioso del relato. ¿Es que nadie más vive en Hell’s Kitchen excepto los pocos protagonistas y unos cuantos criminales? No hay un entramado de personajes que nos recuerde que estamos en una gran urbe llena de gentes e historias, y casi la totalidad de escenas son en el despacho o en callejones y solares vacíos, dando la impresión de que no luchan realmente por nadie salvo por ellos mismos. Los realizadores se esfuerzan en darle personalidad a los secuaces y matones de Fisk, pero en cambio los héroes no parecen tener vida más allá del enfrentamiento con aquel: ni familia, ni amigos… ni otros casos. Por una vez me tengo que quejar de que a una serie le falte algo de procedimental. Estoy convencido de que le habría venido de perlas meter algunos casos secundarios para tapar estos agujeros. Servirían para mostrar la dinámica de trabajo (evitando tener que repetir las citas tontas -tontísimas- de Karen y Foggy), para justificar su sueldo (pero cómo se sustenta esta gente), y sobre todo para mostrar mejor el alcance de la organización de Fisk. La cansina anciana Elena, de la que te alegras de que muera de lo petarda que resulta, ejemplifica muy bien esta indefinición: es la única ciudadana que sufre las supuestas maldades infinitas de Fisk, el único caso que tienen contra él, y casi la única vez que los vemos batallar por alguien (Matt salva a unas pocas personas -las putas, el niño- en los dos primeros episodios, pero es una excusa para presentar sus habilidades).

De esta forma me temo que Fisk, pese a resultar por sí mismo un personaje memorable, no funciona realmente como villano. Primero, queda un tanto ambiguo su objetivo: ¿es un mafioso que quiere controlar el mundo del crimen o un tirano con una visión de romper el sistema para moldearlo a su gusto? Dice que quiere cambiar las cosas pero no es más que un capo con dinero comprando y vendiendo inmuebles. En su discurso de presentación al público habla de combatir crimen y pobreza como si se presentase a un puesto importante (concejal, fiscal o alcalde), algo que no hace, con lo que simplemente parece estar reforzando su fachada para seguir como hasta ahora. En otras palabras, su plan no se llega a concretar, ni siquiera se señala con claridad si se basa en el caos o en la dominación. Pero sobre todo, no se justifica claramente por qué los héroes lo consideran tan rápido como el archienemigo de la ciudad, si sólo tienen contra él algún roce con matones (Karen y la anciana) que creen asociados a él, pero sin pruebas tangibles. ¿Dónde está el plan megalómano, la siembra de crímenes numerosos y horrendos por todo el barrio o la ciudad? Como mucho, Matt descubre, persiguiendo delincuentes por la calle, que estaría implicado en el narcotráfico. Pero eso tampoco parece suficientemente probado como para llegar a la conclusión irrevocable de que Fisk es el mal último que asola el lugar. Y para colmo, cuando se convierte en una figura pública se cagan patas abajo, cuando en realidad no ha cambiado nada; es más, si acaso se volvería más vulnerable, porque cualquier cosa podría dañar su imagen.

Así pues, hay un desequilibrio importantísimo entre Fisk como persona y Fisk como villano (Kingpin), y la verdad es que me resulta sorprendente dada la evidente dedicación que han puesto en dibujar protagonistas complejos y humanos. Parece que poniendo tanto el foco en cosas concretas han perdido un poco la perspectiva global. No hay una gran trama con pegada que exprima y dirija mejor la dualidad héroe-villano, de hecho da la sensación de que lo poco que ofrecen además se explota tarde y mal, pues el giro que lleva a Fisk a la cárcel es endeble y repentino después de ir de forma tan vaga y lenta con la investigación.

Además hay otros detalles que pueden parecer poca cosa, pero son de esas casualidades y pequeños agujeros que se van sumando y terminan molestando. Qué conveniente que la mujer de Urich tenga la cabeza perfecta en el capítulo final para conseguir una escena de perdón lacrimógena. Por qué dicen que la vieja Elena no tiene a nadie y se encargarán ellos del entierro cuando capítulos antes nos han dicho que se llevaba tan bien con los vecinos que hasta se ayudaban con la comida. Qué oficina más lastimera tiene el periódico a pesar de que se supone que es uno importante en la ciudad (por cierto, no pudo ser The Daily Bugle por cuestión de derechos). Resulta bastante exagerado que Matt pueda escuchar todas las conversaciones de la policía desde una azotea, teniendo en cuenta lo grande que es la ciudad y la de ruidos que habrá interfiriendo; por ejemplo, que halle así a su objetivo en el episodio final resulta bastante forzado, no costaba nada que nos lo mostraran capturando a uno de sus hombres y robándole la radio, como ha hecho otras veces al buscar información. Y cabe preguntarse si se quedaron sin tiempo de rodaje o sin ideas en el desenlace, porque la pelea de Daredevil con Fisk está muy por debajo de las otras que hemos visto en la serie, con lo que después de la espera decepciona un poco.

En conclusión, Daredevil ha deslumbrado más por haber marcado un nuevo rumbo para las series de superhéroes que como serie en sí misma, pues a pesar de algunos puntos fuertes que rozan el sobresaliente también poee unas carencias dignas de mención. Pero no hay que poner el grito en el cielo porque “sólo” llegue al notable cuando tiene potencial para más, porque esto es sólo la presentación, y no de esta obra únicamente, sino de todo un universo que ha renovado el género pero sin duda también va a mostrar una nueva forma de hacer series.

PD: Con la de idiomas que se hablan en escenas enteras (español, ruso, japonés y obviamente inglés) se hace más evidente que nunca el sinsentido del doblaje. Supongo que en el paso al castellano convertirán a Elena en brasileña, como han hecho en otras muchas obras cuando hay personajes hablando nuestro idioma.
PD2: Eso de que decenas de chinos se queden ciegos voluntariamente para tener un trabajo de mierda es demasiado exagerado.

EL RESURGIR DE LOS SUPERHÉROES EN TELEVISIÓN.

¿Por qué el género de los superhéroes ha tardado tanto en despegar en condiciones en televisión? Hasta la llegada del plan de Marvel Television con ABC Studios y Netflix, salvo honrosas excepciones, no lograba alejarse de unos patrones muy limitados. Ojo, no voy a perder el tiempo citando las series anteriores a los noventa, porque su nivel de cutrez e ingenuidad hoy en día resulta insoportable y dudo que se salve alguna. Voy a centrarme sólo en la televisión moderna, los 90 y sobre todo el despunte desde el año 2000, cuando su madurez alcanzó cotas de originalidad, riesgo y calidad que superaban al cine. Tampoco tengo en consideración la sección Marvel de animación, con infinidad de series destinadas a los niños.

Ante esta edad de oro que redibujaba las fronteras narrativas con formas hasta ahora desconocidas y dejaba no pocas obras maestras entre un sinfín de series notables, muchos nos sorprendíamos y lamentábamos de que las cadenas y productoras siguieran empeñadas en considerar el género de los superhéroes algo de segunda: series baratas, destinadas a público juvenil y poco exigente, en las que ponían escaso o ningún esfuerzo por hacer algo de calidad. Sólo si hay suerte caen en manos de guionistas que son conscientes de las limitaciones y consiguen un producto amable y entretenido, aunque eso implica también falta de trascendencia y profundidad. En esa onda parecen estar The Flash (2014), Arrow (2012) y Agent Carter (2015, aunque esta la incluyo por estar relacionada con Los Vengadores, que de superhéroes no tiene prácticamente nada). Pero las demás que han ido surgiendo han seguido la nefasta estela de Lois y Clark (1993-1997), Smallville (que nació en este siglo, 2001-2011, pero parece de la época de la anterior) y semejantes, es decir, estancadas en el procedimental de tono juvenil, acobardadas a la hora de construir historias serias e inteligentes, con un nivel cualitativo que roza la vergüenza ajena… y con cierto éxito popular, porque a fin de cuentas el público demanda obras del género y se traga lo poco que haya.

Las críticas de Gotham (2014) señalan que repite esos cansinos patrones. Otras como Constantine (2014) no dejan huella alguna. Algunas se gestan tan fallidas que directamente mueren en el parto, como Wonder Woman (2011, la protagonizada por Adrianne Palicki, que fue motivo de burla cuando se vio el episodio piloto filtrado). Sólo Heroes (2006-2010) llegó a apuntar hacia un camino distinto, pero mucho me temo que las buenas ideas se les agotaron enseguida a los guionistas y el potencial de su primera temporada desapareció de golpe en el resto. Y sorprendentemente nadie parece haber intentado emular su fórmula de ofrecer un tratamiento más realista y complejo, salvo quizá Powers (2015, la primera serie de PlayStation Network), que al parecer se ha quedado en la fachada, viendo cómo la ponen a parir en todas partes.

La excepción a todo fueron Buffy, la cazavampiros (1997-2003), y su hermana Angel (1999-2004), obras que además salían casi de la nada, pues no se basaban en ningún cómic. Su creador Joss Whedon aprovechaba el viejo género de vampiros para construir un universo particular muy interesante, pero si destacaba era por su ingenio (tuvo algunas historias muy originales y arriesgadas) e inteligencia, que se notaba especialmente en el delicado y sutil tratamiento de los personajes, todos magníficos en su dibujo y encantadores y a través de los cuales exponía hábilmente temas sobre la juventud y la maduración. Con ellas quedó además patente el talento de Whedon como guionista, sobre todo en el género, donde ha terminado escribiendo cómics y películas de gran calibre.

Como habrá quedado claro por las referencias a los comentarios y críticas ajenos, estaba tan asqueado del género que no he visto ninguna moderna salvo Heroes (hasta que parecía evidente que no podía remontar). Quizá alguna se convirtiera en placer culpable si le diera una buena oportunidad, no digo que no, pero hoy en día no estoy dispuesto a rebajar expectativas, mi nivel de exigencia está al nivel de la buena televisión actual. Pero creí ver mis esperanzas cumplidas cuando se anunció Agents of S.H.I.E.L.D., la primera serie Marvel ambientada en el mismo universo que las películas, y encima vendida como una creación del gran Joss Whedon. Pero el estreno fue otra gran decepción, sólo tenía de Whedon el apellido y era otra producción con bases obsoletas y ninguna ambición. ¿Cómo pretendían los de Marvel trasladar el éxito del género en el cine a la televisión con una obra que parecía un subproducto de merchandising? Con ese nivel se me quitan las ganas de ver Agent Carter, que no la ponen nada mal, y desde luego no voy a tragarme eso de que la anterior mejora en la segunda temporada, porque para mejorar tendrían que rehacerla por completo y borrar la existencia de decenas de capítulos y personajes infames.

Pero el panorama ha cambiado de golpe por fin. Después de conseguir resultados simplemente correctos con Agent Carter y Agents of S.H.I.E.L.D. (críticas aceptables pero lejos de ser entusiastas, y poca pegada entre un público que suele ser muy fácil de enganchar), Marvel se ha puesto las pilas desarrollando, bajo la batuta de Jeph Loeb, presidente de la sección televisiva, un plan más ambicioso donde buscan una saga de corte adulto, serio, inteligente y desarrollada mediante una buena planificación: cuatro temporadas de distintas series interconectadas que terminarían en una miniserie. También pensaron en lanzarse a los nuevos métodos de emisión, es decir, en internet, para abarcar un rango más amplio de espectadores, pues ya tocan las cadenas tradicionales con aquellas dos. Finalmente fue elegida la cadena Netflix, supongo que por ser la más popular y mejor asentada por todo el globo (aunque hay que aclarar que la cadena no es productora, lo es ABC Studios, y estos sólo emiten, como hacen con muchas series). Y bueno, no descartemos que si tienen mucho éxito terminen haciendo películas para cine.

La series llegarían por este orden: Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage, Iron Fist, y terminarían uniéndose en The Defenders, sumando en total 60 episodios. Aunque las cosas parecen haber cambiado sobre la marcha, porque el exitazo de Daredevil (2015) les ha empujado a realizar su segunda temporada.

Daredevil es el personaje más conocido. En España llegó inicialmente como Dan Defensor, aunque su nombre original fue el que terminó asentándose. Trata sobre un abogado ciego tras el que se oculta un hombre atormentado (el cómic se fue volviendo más oscuro con el tiempo) que usa sus poderes (sentidos amplificados) para combatir el crimen. Jessica Jones adquirió sus poderes de vuelo, fuerza y resistencia superiores en un accidente radiactivo, y se dedica a combatir las injusticias desde una empresa de investigación. Protagonizará Krysten Ritter (secundaria en numerosas series, como Veronica Mars o Breaking Bad). Luke Cage sería presentado en esa serie, pues en algún momento establece una relación amorosa con la protagonista. El intérprete elegido es Mike Colter (Sons of Anarchy). Sus poderes son parecidos: fuerza sobrehumana y piel durísima, y actúa como un mercenario, aunque con un código de honor muy concreto. Iron Fist o Puño de Hierro (alias de Danny Rand) es un experto en artes marciales con gran agilidad, fuerza y rápida curación, además de algunos poderes mentales. Este llega a ser socio de Luke Cage, así que ya tienen otro nexo de unión. Todos trabajan en Nueva York, la mayoría en el barrio Hell’s Kitchen, y como indicaba, al final se unirían en The Defenders, uno de los muchos grupos de superhéroes que ha dado Marvel. Eso sí, habrá que ver lo fieles que se mantienen al concepto inicial de cada personaje, claro.

El gran nivel de Daredevil ha causado sensación, resucitando un género que no parecía madurar ni cuando más series se están produciendo, ganando adeptos que, como yo, nos manteníamos al margen por desidia. Ahora estamos en el lado contrario: llenos de expectación por un futuro de series de superhéroes que promete ser apasionante.

ORPHAN BLACK – TEMPORADA 3.

Orphan Black
BBC America | 2015
Productores ejecutivos: John Fawcett, David Fortier, Graeme Manson, Alex Levine, Ivan Schneeberg.
Intérpretes: Tatiana Maslany, Jordan Gavaris, Kristian Bruun, Maria Doyle Kennedy, Josh Vokey, Evelyne Brochu, Ari Millen.
Valoración:

En sus inicios Orphan Black deslumbró como un thriller bastante original y apoyado en algunos elementos muy sólidos. Las aventuras de las clones por el mundo, conociéndose y uniéndose para desentrañar el misterio que las dio vida, jugaban con varias personalidades muy atractivas (todas interpretadas magistralmente por Tatiana Maslany) y se apoyaban en algunos secundarios llamativos (Felix, el marido de Alison, Scott). La acción, el drama y el humor estaban bien equilibrados, y la conspiración se presentaba prometedora, avanzaba despacio pero con buena letra. Pero todo empezó a diluirse en la segunda temporada, y en la tercera ha seguido perdiendo fuelle mientras además los fallos crecen. Las aventuras de las clones se han separado casi por completo, el equilibrio se ha roto y la trama es farragosa.

El intento de aportar humor se centra en Alison, y acaba desmadrando en una historia paralela que no lleva a nada para el excesivo tiempo que ocupa. Olvídate de ingeniosos y divertidos encuentros entre clones, salvo por un par de escenas, el hallazgo de la maquilladora y el jaleo de Alison y Cosima en el colegio. El drama y la acción se apoyan en el caos de conspiraciones, con lo que no consiguen transmitir cercanía y verdadera sensación de peligro ni en los momentos más difíciles, como el cautiverio en pleno desierto de Sarah y Helena. Y les cuesta horrores mantener en el juego a algunas clones: Cosima aburre cada vez más y su enfermedad va y viene según quieran avanzar en la historia o no, y Alison como digo tiene una especie de serie aparte.

El principal problema y del que surgen los demás es que la intriga de conspiraciones, que va copando cada vez más protagonismo, es un desastre. Tiran por la idea de enmarañar todo con poca insinuación y mucho de no decir nada, como si eso fuera narrar con inteligencia. Un thriller de calidad es uno que atrapa porque las pistas y revelaciones llegan de forma gradual y coherente manteniendo el misterio pero a la vez siendo inteligible, es decir, puedes ir pensando y construyendo teorías en tu cabeza. Aquí no existe ninguno de esos factores. Los capítulos resultan confusos y caóticos porque sueltan datos sin ton ni son en historias que no parecen ir hacia ninguna parte. Topside, Leda, Castor, doctores de cuyo nombre no te acuerdas, la vieja petarda del desierto, los que se llevan a Rachel… Cada dos por tres aparece una nueva sección o conspiración, cuando todavía no se ha empezado a explicar de qué va la anterior. Llega un momento en que no hay manera de saber cuál de ellas están intentando desentrañar las clones, quién busca a quién y por qué. Con los personajes más o menos igual. Rachel sufre un cambio en su vida sin que haya quedado del todo claro qué hacía en su puesto; Delphine ahora parece ser mala, o no, yo qué sé, porque no se explica nada; y luego están los secundarios que aparecen y desaparecen sin más: el incomprensible personaje de James Frain (qué forma de desaprovechar a semejante actorazo), el cansino ex de Beth que parece haber cambiado de bando otra vez, la novia de Cosima como otro de esos engaños que no lleva a nada, los clones de Castor que no se diferencian entre sí ni me interesa su destino, el dramón de la chiquilla chiquilla (la que se fugó con uno de estos clones) que ya era cargante en la sesión anterior…

Son las clones las que consiguen mantener todo unido en un equilibrio precario: las vidas de las hermanas sigue interesándome incluso cuando se pierden en esas subtramas malogradas. Así, Alison y su marido me caen de puta madre y me gusta verlos desenvolverse por el mundo, pero me apena que no les dieran una trama con un rumbo más claro y relacionada con el resto. Sarah es una heroína con gran magnetismo, siempre decidida a luchar por los suyos, y Fe y S son unos apoyos geniales, ella por su pasado oscuro, él por su fidelidad y estilo… pero la mitad del tiempo no sé qué andan buscando, de dónde emerge el nuevo peligro. Helena sale mejor parada: manejan bien los cambios entre el drama y la comedia, algo que no es fácil con un personaje loco, pues se te puede ir hacia la parodia involuntaria en cualquier momento, y sus motivaciones son más simples y por lo tanto más claras. Cosima está en el otro extremo: me resultaba encantadora, pero su trama actual no saca nada de ella, sólo un romance simplón. Y la última que han encontrado, Krystal, es otro puntazo, demostrando otra vez el enorme talento de Tatiana Maslany, que ya lleva siete personajes principales distintos, más unos cuantos secundarios, y todos están interpretados con una perfección y detallismo alucinantes. Caben destacar los momentos en que una se disfraza de otra: hasta interpretando a un personaje que se hace pasar por otro somos capaces de discernir quién es quién por un simple gesto. Así pues, hay que decir de nuevo que el papelón de Maslany no tiene la fama y repercusión que merece.

Pero sí, por mucho que molen las clones, en líneas generales esta no es la Orphan Black en la que me embarqué, aquella aventura original, emocionante y divertida con personajes carismáticos que luchaban contra problemas tangibles. Se ha convertido en otro clon de Expediente X, otra serie de conspiraciones improvisadas sobre la marcha donde ponen una nueva capa sin terminar de asentar la anterior. Prácticamente todos los capítulos me transmitieron la sensación de dar vueltas en círculos, de desaprovechar un buen potencial, de fallar a la hora de narrar los distintos frentes con la fluidez e interés necesarios. Y no levanta cabeza ni en el tramo final, donde parecía que iban a dar algunas respuestas con el hallazgo de la fuente de las clones, pero, como es de esperar en este género, lo que hacen es darle otro giro forzado más, y encima tan flojo que no deja huella. Por la forma en que he pasado del entusiasmo a la decepción, por la forma en que están desarrollando la serie, me da a mí que no va a volver a encarrillarse.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

JUSTIFIED – TEMPORADA 4.

Justified
FX | 2013
Productores ejecutivos: Graham Yost, Elmore Leonard, Michael Dinner, y otros.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Nick Searcy, Joelle Carter, Jacob Pitts, Jere Burns, Mike O’Malley, Erica Tazel, Natalie Zea, Ron Eldard, Jim Beaver, Abby Miller.
Valoración:

Justified vuelve a encontrar el tono tras un tercer año que deshacía lo andado en el segundo, redondeando la fórmula hasta conseguir la temporada más equilibrada, fluida y emocionante hasta ahora. Sigue sin verse por ninguna parte la gran serie que algunos se empeñan en defender, pero como entretenimiento cumple de sobras. De hecho algunos de sus fallos siguen ahí, empezando por la puesta en escena regulera que falla en momentos clave (los tiroteos pierden bastante por el mediocre montaje, las conversaciones dentro de coches en movimiento son horribles) y el poco partido que sacan de algunos secundarios.

Lo primero a destacar es como siempre Raylan Givens, el marshal de culo inquieto con tendencias justicieras que se mete en fregado tras fregado para desesperación de su jefe. El carisma de Timothy Olyphant sigue siendo esencial para realzar un personaje que podría haber sido mítico si la serie hubiera alcanzado mayores cotas de calidad e influencia. Desde el primer capítulo empieza deslumbrando con la captura de un fugitivo y el trato que le da, pero momentos con su estilo hay otros tantos, como cuando busca enfrentarse con el ex de su actual novia o cuando dispara a un sheriff sospechando que era un impostor. Lo que sigue sin funcionar del todo es la exmujer. Sí, ella y el embarazo sirven para darle a Raylan algo de trasfondo y de humanidad, pero los guionistas no terminan de llegar a ninguna parte con la relación entre ambos, parece que ni siquiera buscan la típica relación en tensión, porque de hecho ella cada vez tiene menos protagonismo. Sale tan poco ni recuerdo cómo acabó embarazada ni qué fue del novio que tenía. Además al final se van al lado contrario, forzando cosa mala su presencia en la trama, porque el desenlace con la familia en peligro es predecible y sensacionalista.

En la comisaría tenemos los otros personajes desaprovechados, y sigo sin entender por qué los mantienen en los créditos como principales. Supongo que en algunas investigaciones es más verosímil que vaya acompañado de otros agentes, pero historias concretas con ellos sólo tenemos la de Tim con los veteranos de guerra, que no está nada mal pero no termina de darle vida al personaje, y algunos roces divertidos de Raylan con el jefe. Rachel continúa sin levantar cabeza, quedando relegada a un par de escenas en toda la temporada.

Más relevancia se le da a los villanos secundarios (Duffy, Augustine) y al séquito de Boyd, donde el juego a dos y tres bandas del primo Johnny y las meteduras de pata de Colton mantienen bien la intriga sobre si Boyd caerá por sus propios hombres. Y este gran Boyd Crowder por fin está aprovechado plenamente en historias propias y líos con Raylan sin parecer una presencia forzada en ningún instante. La dinámica entre ambos se mantiene muy bien, y esto es una sorpresa, porque mantener la rivalidad durante tantos capítulos, alternando entre momentos de calma y momentos de tensión pero sin llegar a un punto en que no fuera verosímil postergar el enfrentamiento final, es algo muy difícil de conseguir y de hecho anteriormente no lo lograban. Las veces que se cruzan tememos que pase algo de una vez entre ellos, pero cuando las cosas se medio solucionan no da la sensación de dar tramposas vueltas en círculos. Hasta las tramas secundarias de Boyd, como la del religioso que le quita clientes, funcionan de maravilla. De hecho la forma de vencer a este tipo es fantástica. De ahí pasamos a los jaleos con los ricos (donde hace gala de gran inteligencia, pero también excesiva ambición), los jaleos con Duffy y Detroit, el miedo a que descubran el cadáver que dejó Ava, el lío en que se va metiendo la puta tontita Ellen May… Es un no parar de aventuras muy bien enlazadas y con giros bien trabajados, algunos incluso con buenas sorpresas, en especial al final cuando le devuelven alguno de sus golpes o cuando nos dicen por fin quién es Drew Thompson, el misterioso fugitivo tras el que todos andan.

Y eso es lo mejor de la temporada: todas las tramas, y son bastantes, tienen su tiempo bien medido y denotan buena planificación, de forma que se combinan muy bien, porque de una forma u otra casi todas las cosas acaban conectadas. El hallazgo de la bolsa, el interés de varios grupos en ella y las andanzas particulares de Boyd son los troncos principales, pero ramificaciones hay muchas. Hasta los casos sueltos ya se alejan completamente de parecer el caso del día (el fugitivo negro da mucho juego, por ejemplo). Otro gran logro es que consiguen hacer relevantes (y temibles) a personajes que no llegamos a ver, como el mafioso jefe de Detroit, Theo Tonin. Es cierto que eso complica a veces saber de quién están hablando, o que la guerra entre sus herederos queda un poco rara al mencionarse de pasada, pero se manejan muy bien los miedos y repercusiones de estos grandes mafiosos en los criminales locales.

La otra gran virtud es que la serie se encontró su tono hace tiempo y este sigue siendo esencial para conseguir una serie con cierta personalidad: la combinación de humor negro e ironía a la hora de tratar a los paletos sureños y los criminales ofrece muchos buenos momentos de humor.

PD: fatal el casting de una treintañera para hacer de adolescente de dieciséis o así (la que entra en casa de Raylan).

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

BANSHEE – TEMPORADA 3.

Banshee
Cinemax | 2015
Productores ejecutivos: David Schickler, Jonathan Tropper, Greg Yaitanes, Peter Macdissi, Alan Ball.
Intérpretes: Antony Starr, Ivana Milicevic, Ulrich Thomsen, Frankie Faison, Hoon Lee, Rus Blackwell, Matt Servitto, Trieste Kelly Dunn, Ryann Shane, Lili Simmons, Geno Segers, Matthew Rauch , Tom Pelphrey, Langley Kirkwood, Odette Annable.
Valoración:

Parece que los guionistas de Banshee (David Schickler y Jonathan Tropper a la cabeza) han sido conscientes de las limitaciones de la segunda temporada y se han puesto las pilas. Y vaya si el esfuerzo ha dado resultado, porque la serie ha llegado más alto de lo que esperaba. Tiene todas su llamativas virtudes en su máximo esplendor, y a la vez no se ven prácticamente ninguno de sus fallos. El ritmo vuelve a ser trepidante, sin rellenos ni recesos con poca sustancia, ofreciendo dos tramas importantes que denotan planificación y esfuerzo a la hora de desarrollarlas. Los protagonistas sencillos pero carismáticos son puteados al límite en un sinfín las historias de rivalidades, peleas y crímenes, teniendo así mejor recorrido, en especial los secundarios, que ya no parecen desaprovechados; incluso conocemos nuevos personajes que resultan fascinantes.

El conflicto con los indios explota del todo con el loco de Chayton dirigiendo su cruzada contra el hombre blanco invasor. Estamos ante un villano arquetipo como se espera en esta serie, y en ese estilo resulta ejemplar: cerrado de miras, temible y tan peligroso que se lo pone muy difícil a los protagonista. El actor lo han clavado: Geno Segers es imponente y su voz acojona. La guerra va con un ritmo estupendo, avanzando a través de escaramuzas, huidas y demás jaleos que impiden que la trama pierda fuelle. El momento álgido, el ataque a la comisaría, es memorable, y el tramo final en Nueva Orleans está muy bien también. Pero se puede señalar un ligero patinazo, la única escena malograda del año: el asalto de Lucas al campamento indio antes que llegue el FBI y le quite de sus manos la venganza es realmente absurdo incluso en alguien tan impetuoso como él, por no decir que los guionistas no atan bien los cabos: ¿ninguna secuela ni denuncia por parte del FBI? No hay quien se lo crea.

La otra gran historia es la del atraco monumental que planea la banda. El campamento militar que hay cerca de Banshee está apunto de trasladarse y llevarse consigo los millones y millones traídos de las giras en Irak y Afganistán. Es una locura de misión, pero cuándo eso ha frenado a Lucas, Job, Carrie y el ya considerado nuevo miembro Sugar. Los planes y preparativos son de lo más variado, y el robo resulta espectacular en la línea de la serie: una exageración casi en plan cómic. Pero no queda ahí la cosa, porque las repercusiones no tardan en llegar, regalando otros tantos capítulos de infarto donde no se ve salida para nuestros protagonistas. Aprovechan aquí para meter algunos flashbacks, como hicieron en las otras temporadas, pero esta vez son mucho más certeros a la hora de describir a los personajes y resultar entretenidos. Todo esto acaba con el clásico golpe de efecto final de un compañero secuestrado, para levantar la expectación de cara a la próxima etapa y exprimir un poco más la aventura.

En otro plano está Kai Proctor, con el que ya sabemos que irán postergando el enfrentamiento final con la policía, o más concretamente con Lucas, hasta probablemente el final de la serie. Pero por ahora siguen manejando muy bien la dinámica entre ellos: intrigas, roces, peleas puntuales… No, no podemos quejarnos de que lo mantengan en suspenso de mala manera. Y de nuevo salta a primer plano la posibilidad de que la enemistad se convierta en una relación laboral inquietante entre Kai y Lucas. Además su propia sección ha cobrado interés, tanto en lo personal (los líos con los padres) como en los tratos con el crimen, donde Rebecca en sus ansias de crecer la caga a lo grande y acaban teniendo una guerra contra otras mafias. Además esta parte da para que Lili Simmons demuestre que no está ahí sólo por el físico. Y no me olvido de destacar al guardaespaldas Clay Burton, inquietante y letal y quien que nos regala la mejor escena de la temporada y una de las más grandes del año televisivo: la pelea con la india Nola es un vacile visual sin igual que te dejará flipando.

Entre todas estas historias los personajes avanzan muy bien. La caída al abismo de Brook, los líos de confianza entre todos los policías, los problemas para asimilar tanta violencia, los intentos de Ava y Gordon por rehacer sus vidas, el rumbo desbocado de Deva (genial cuando Lucas hace más de mentor en los robos que de padre)… Hay muertes trágicas, tramas paralelas interesantes (Brook y su ex) y nuevos secundarios muy atractivos, como el indio metido a policía, o realmente deslumbrantes, como ese nazi, Kurt Bunker, que arrasa de forma espectacular en el poco tiempo que aparece: qué carisma, qué historia más prometedora, qué papelón hace Tom Pelphrey (y aquí se nota otra vez que el actor principal, Antony Star, va algo justito). El año que viene espero que lo expriman bien, porque supongo que se centrará por fin en los nazis.

Cómo no, la puesta en escena es impresionante y sin duda tiene detrás un trabajo largo y complicado. La planificación y el rodaje de tiroteos y peleas a puños, todas muy rebuscadas, tienen que suponer un quebradero de cabeza, sobre todo a la hora del montaje. Cabe destacar la incomparable lucha del guardaespaldas con la india, un ejercicio de coreografía y edición soberbio. Pero en líneas generales la serie es visualmente una gozada, con una fotografía fantástica llena de planos muy elaborados y un ritmo narrativo encomiable. Hay que citar también el extraño enredo en el asalto al campamento militar, narrado a través de cámaras: es un poco excesivo (en la onda de la serie, eso sí), pero bastante efectivo. Sólo una pega le puedo poner, y es que en tan excelente conjunto no se entiende esa chapuza que han hecho cuando los protagonistas montan en moto: una cutrísima pantalla de fondo. Desentona tanto que casi parece un chiste.

Banshee no sólo vuelve a recuperar el tono tras esa irregular y por momentos aburrida segunda temporada, sino que crece hasta meterse en la primera división, donde no esperaba que ni pretendiera llegar dado su tono de divertimento intrascendente. Es evidente que su estilo de acción desenfadada, descacharrante e histriónica sigue sin ser apta para todos los públicos, pero precisamente esas formas tan características combinadas con la alta calidad que está alcanzando quizá logren convertirla en una serie de culto.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

JUEGO DE TRONOS – 510 – LA MISERICORDIA DE LA MADRE.


510 – Mother’s Mercy
Escritores: David Benioff, D. B. Weiss.
Director: David Nutter.
Valoración:

Alerta de spoilers: Te recuerdo que sinopsis y comentario tienen spoilers en cantidad, y en este capítulo los hay gordos.–

Sinopsis:
Stannis avanza por fin hacia Invernalia, pero el precio pagado es altísimo: el sacrificio de Shireen afectó a Selyse, que acaba suicidándose, y el ejército, ya de por sí mermado, no recibió bien semejante acción y desertan muchos más. Melisandre ve la derrota inminente y sale huyendo. Los Bolton son más numerosos y van a caballo. Stannis es derrotado. Y mientras, Brienne deja de vigilar por si Sansa necesita ayuda y va tras su venganza: halla a Stannis… pero en el último momento no sabemos si lo deja con vida o no.

Sansa intenta huir en plena batalla, a pesar del jaleo que hay, y acaba lanzándose desde la muralla con Theon. ¿Es un suicidio en plan “seré libre en mi último aliento”, o esperan sobrevivir? Arya ejecuta su plan para acabar con la vida de Meryn Trant y tachar otro individuo de su lista. Jaqen no parece tomarse bien su transgresión, y la chica acaba ciega.

Jon acepta la petición de Sam de ir a Antigua para estudiar para maestre. Muchos en la Guardia no aguantan más la política del nuevo Lord Comandante y deciden actuar… apuñalando a Jon hasta la muerte. En Meereen discuten cómo actuar ante la ausencia de Dany. Tyrion tratará de gobernar la ciudad con Gusano Gris, mientras Jorah y Daario irán a buscar a la reina. Ella está perdida no sabe dónde con Drogon herido. De repente se topa con un enorme khalasar.

Cersei se rinde, confiesa y pide misericordia a la Madre. El Gorrión Supremo le pone un castigo a la espera del juicio: deberá ir desnuda para expiar sus pecados desde el Septo de Baelor a la Fortaleza Roja, aguantando los improperios del pueblo llano. En Dorne, Jaime, Myrcella y Trystane parten hacia Desembarco del Rey. Pero Ellaria envenena a la chiquilla, que muere en brazos de Jaime.

Frases:
-Melisandre: El Señor de la Luz ha cumplido su promesa, mi rey. Sus llamas han hecho que la nieve se derrita. El camino está despejado.


-Soldado: Alteza.
-Stannis: Dime.
-Soldado: Las tropas, muchos desertaron antes del amanecer.
-Stannis: ¿Cuántos?
-Soldado: Casi la mitad. Todos los mercenarios con todos los caballos.
-Otro soldado: Alteza.
-Stannis: Habla. No puede ser peor que un motín.

-Sam: Pero mataste a un Caminante Blanco.
-Jon: Con Garra. Los vi hacer pedazos hachas de acero como si fueran de cristal. Pero Garra…
-Es de acero valyrio. ¿Cuántas espadas de acero valyrio quedan en los Siete Reinos?
-No las suficientes.

-Sam: Envíanos a mí, a Elí y al bebé a Antigua para que pueda convertirme en maestre. Para eso es para lo que estoy hecho. No para esto.

-Jaqen No eras quien para arrebatarle la vida a ese hombre. La chica ha robado al Dios de Muchos Rostros. Ahora hay que pagar la deuda. Sólo la muerte puede pagar por la vida.

-Septa: ¡Vergüenza!

-Por la guardia.
-Por la guardia.
-Por la guardia.
-Por la guardia.
-Por la guardia.

Comentario:
El final de temporada se inclina por abarcar de todo un poco y dejar muchas cosas en suspenso para engancharte de cara al próximo año. Algunos giros funcionan porque te dejan bastante intrigado o cambian el tablero de juego de forma imprevisible. Pero otros en cambio son bastante malogrados, porque resultan forzados o son tramas con un pobre desarrollo, conformando un capítulo intenso de primeras, pero al que se le ven muchas costuras en un segundo visionado. Es decir, es algo irregular y desaprovecha un potencial enorme, como viene siendo habitual en la serie.

Además va arrastrando otras dos polémicas, una para lectores y otra para no lectores. Como ha muerto otro personaje principal muy querido tenemos que tragar con una nueva tanda de espectadores inmaduros y lloricas echando maldiciones, como si causarte fuertes sensaciones significara que es una mala serie, cuando obviamente es lo contrario. Y los lectores entramos ya en la cuestión de si seguir viendo la adaptación o no, porque como se esperaba no sólo ha cogido a los libros, sino que en alguna trama parece adelantarlos, eso sí, con otra cuestión en el aire: ¿el avance es inventado o se basa en lo que les haya contado George R. R. Martin a los guionistas? La caída de Jon es el golpe doloroso que muchos se han tomado mal, cuando es un giro que se ha ido sembrando muy bien a lo largo de la temporada, con lo que en ningún momento parece desubicado o tramposo. La batalla de Invernalia es la historia que supera a las novelas. En ellas nos quedamos con Stannis atrapado en la nieve, mientras que aquí conocemos un desenlace, del que no sabemos si es inventado o qué.

Lo que sí puedo decir es que esta sección tiene tanto aciertos como fallos absurdos, como le ocurre al resto del episodio. El desastre en que se convierte la campaña de Stannis está muy bien trabajado a lo largo del año. Su destino es esquivo, y para poder perseguirlo prácticamente estaba atado a mantener un curso de acción lleno de dificultades, porque las otras opciones eran prácticamente imposibles. Qué iba a hacer, ¿atacar Desembarco del Rey otra vez? No, opta por una estrategia más a largo plazo, recuperar el Norte, ganarse a más gente para su causa. Pero las cosas le salen torcidas, por mucho sacrificio (literal) que haga, y termina fracasando. El gran Stephen Dillane clava las emociones de sus últimos momentos, que van desde la determinación conteniendo todo el deseo de llorar y estar en otra parte (grandísimo el gesto al ver a la esposa ahorcada), a la fría resignación cuando ve que tiene que seguir pase lo que pase, con el ejército bajo mínimos y Melisandre huyendo, para terminar en la aceptación de la muerte inminente.

Pero los guionistas se aferran a dos clichés que minan la gran fuerza que venía teniendo el desenlace de esta trama. Primero, Stannis no es tonto y sí resistente hasta la cabezonería, con lo que es dado a exprimir todas las opciones hasta el último aliento. Es decir, no me trago que se enfrente a los Bolton en plan suicida teniendo aunque sea mínimas posibilidades delante: la lógica más simple dice que ante la caballería lo mejor es replegarte al bosque para reducir su ventaja. Pero no, se queda ahí plantado. Segundo, por seguir forzando un desenlace típico de cine, con la venganza de Brienne la cagan aún más. No es verosímil que él sea el último superviviente, todo para que la mujer lo encuentre sin problemas. Son casualidades demasiado remotas que no encajan en una saga muy cruel e impredecible. Cada vez más, Benioff y Weiss se están dedicando a contentar a los espectadores no lectores, incluyendo situaciones comerciales, es decir, agradables para el espectador que espera emociones facilonas y predecibles. Lo mismo al final con el agradable reencuentro de Tyrion y Varys. No, el original no es tan idílico y estereotipado.

Aparte hay que señalar que a Stannis no se lo ve morir bajo la espada de Brienne, y no me parece que esté claro si la expresión de ella es de duda de último momento o de decisión con rabia. Y si un personaje no muere en pantalla, es un personaje que sigue vivo. La elipsis es clara, es un cliché enorme como toda la escena, y si no querían decir eso, que no hubieran usado un recurso tan básico. Señalo esto porque me da la impresión que los realizadores sí lo han querido matar, pero la escena les ha salido rana como la violación de Jaime a Cersei que luego tuvieron que decir que no era tal.

Sansa llega a un punto de inflexión también, uno bastante postergado, porque después de prometer bastante, la trama de Invernalia se estancó. La chica no ha madurado como esperábamos, ha tenido otro ciclo semejante a los ya vividos anteriormente. Al menos sí puedo decir que el cambio respecto a las novelas iba bien encaminado: allí ve reducido su protagonismo, y aquí lo recuperan muy bien enlazando además otras historias que hubieran requerido incluir personajes secundarios innecesarios a estas alturas. Pero sí, es una pena que el viaje emocional haya sido tan esquemático y breve. Y la esperada fuga no ofrece nada llamativo, sucede con otros tantos clichés y detalles endebles. Sansa decide escapar cuando más ajetreo hay en Invernalia. Sí, hay menos gente porque las tropas están fuera, pero quedan muchos para defender la fortaleza, y todos están alerta y activos por todas partes. Lo lógico era huir por la noche un día de calma. Supongo que se puede atribuir a la desesperación, el último intento antes de que vuelva Ramsay, pero no sé, ni Sansa me parece tan tonta. Además tiran de otro tópico hollywoodiense: el innecesario momento de tensión y venganza contra la chica que la acosa, la tal Myranda y sus pestañas maquilladas. Y esta parte también acaba con una elipsis absurda: no muestran la caída. ¿Entonces cómo me lo tomo? ¿Como un suicidio poético, Theon y Sansa recuperando su libertad en sus últimos instantes de vida? Porque sin mostrar un buen montón de nieve que acolche su caída los doy por muertos, y si empezamos la siguiente temporada con ellos por ahí correteando sin explicarse nada, pues me parecerá otra chapuza.

La historia de Arya sale mejor parada. Más fiel, más intensa, y esta vez sí, con una elipsis bien usada. Aparece disfrazada ante Meryn Trant, pues no hacía falta mostrar más de su plan, se deduce perfectamente lo que iba a pasar en el capítulo anterior. Sólo quedaba por ver si salía airosa, qué impacto emocional tendría en ella, y qué pasaría con su entrenamiento. Queda ciega como en los libros, aunque sea de forma ligeramente distinta. Eso sí, no llega a cargarse al tipo que tenía encargado, que en la novela lo hace de forma ingeniosa, pero no es algo relevante.

Dorne acaba como empezó, siendo una sección con la que cumplen con desgana, sin esfuerzo por darle la entidad, fuerza e inteligencia necesarias. La falta de esta última es alamarmante. Qué simpleza, qué clichés. Al final hay un golpe de efecto, el atentado contra Myrcella… pero es el más flojo del episodio, porque es el más predecible y porque su entorno carece de interés. Tras toda una temporada no sabemos más de Dorne, sólo que las Serpientes de Arena quieren matar a los Lannister y Doran estarse quietecito. El dibujo de aquellas no ofrece ningún matiz nuevo, nada que justifique mejor sus motivaciones, nada que enganche al espectador. Dorne se queda en la fachada, nada sabemos del lugar y sus gentes. Qué poco han aprovechado Sevilla, después de todo. Y Doran es un cero a la izquiera en el juego de tronos. ¿Cómo puedes estar una temporada entera sin describir quién es, cuál es su táctica y sus objetivos? En la novela su determinación, paciencia e ingenio te dejan a cuadros: cuidado con este que puede cambiar todo el paisaje político. Aquí parece puro relleno. La mítica frase: “Venganza. Justicia. Fuego y sangre” está tan ausente como el interés.

Y para colmo acaba con otro cliché de cine barato cuando lo que hacía falta era ser sutil. Bastaba con poner a Ellaria tirando el frasquito, pero no, tiene que aparecer sangrando, es decir, se toma el antídoto cuando el veneno le está afectando a los órganos internos. Es de un ridículo alucinante. Es más, yo pensaba que sangraba porque es inmune pero le hace un ligero daño. Pero no, los guionistas exponen la escena como si fuera para tontos redomados. Igual que toda esta sección durante toda la temporada. Lo único salvable es lo creíble que hacen los actores Nicolaj Coster-Waldau y la joven Nell Tiger Free la escena de reunión familiar… de la que, viendo cómo acaba, hay que decir que es muy larga para no servir para nada.

La parte de Meereen es muy básica, un simple posicionamiento de personajes, porque el giro gordo ocurrió en el episodio previo. Y es puro fanfic. El trío Tyrion-Jorah-Daario hace gracia, lo que salva una escena muy obvia y limitada, aunque eso sí, cabe preguntarse cómo tardan tanto en darse cuenta de que deberían estar buscando a Dany. Además, la aparición de Varys maximiza la sensación de que esta parte está para contentar a los fans, poniendo a Tyrion donde todos quieren verlo. Pues yo quería verlo como en la novela, en un embrollo enorme sin un futuro claro, no en algo tan facilón. Dany al final sí acaba perdida en las montañas, a pesar de que podía controlar el dragón, con lo que el comportamiento de Drogon en la arena es otro cambio de esos que parece olvidarse de un capítulo a otro, generando incongruencias. Por lo menos, a pesar de mis dudas acaba topándose con un khalasar, pero claro, uno anónimo, porque no hay personajes con nombre, que a los dothraki los han tratado de pena en la serie. Eso sí, no entiendo porqué alargan y alargan el plano donde la rodean cientos de jinetes. Que ya me he enterado, oigan. Y me pregunto para qué se quita el anillo si sigue con el collar, es decir, no es porque sea una joya. ¿Es un anillo de compromiso? Y si lo es, ¿lo esconde porque no quiere que deshonren a Hizdahr robándolo, o lo tira porque ya no quiere saber nada de esa farsa? Si vas a poner una escena de este tipo, con simbolismo, tiene que poder deducirse qué quiere decir.

Otra cosa que se puede comentar de esta historia es que el famoso y espectacular nudo meereense ha desaparecido por completo. No hay conflicto con las otras ciudades de la Bahía de los Esclavos ni con Qarth (aunque en algún momento hicieron un amago de guerrear con Qarth), no se presenta una situación de caos y guerra inminente, ninguna enfermedad (la cólera) afecta a refugiados porque estos no existen… Pero bueno, no me voy a quejar mucho porque en una adaptación, y más una tan grande como esta, hay que recortar y resumir. Se centran en la política local, que vale de sobras para mostrar el viaje interno y externo de Dany, su aprendizaje como reina y su crecimiento personal. Pero claro, es una pena que el complejo y atractivo panorama se haya simplificado tanto.

El trágico destino de Jon también dista de ser perfecto. El gran impacto de su muerte está ahí, era difícil echarlo a perder, pero la escena podría… qué digo, debería haber sido mucho más intensa, trágica, demoledora. Parece que la meten de sopetón para que resulte un giro repentino e inesperado, y eso no funciona, precisamente porque resulta muy precipitado. Una secuencia más larga, que trabajara la atmósfera de tensión creciente, de inquietud, y que explicitara mejor la tragedia cesariana del personaje, era algo que se pedía a gritos. Y es inexplicable por qué no lo han hecho, cuando la trama de desencanto de la Guardia con la política del nuevo Lord Comandante ha estado muy bien gestionada, después de varias temporadas donde la parte de Jon y el Muro estaba muy desaprovechada. Al menos no cambian el nuevo destino de Sam, que por fin toma camino hacia Antigua. Aparte, me pregunto cómo Davos ha tardado en llegar lo mismo que Melisandre, más teniendo en cuenta que él iba con prisas y ella desganada. Además, que baje del Muro queda un poco raro; sí, ha podido subir para hablar con Jon, pero no sé a cuento de qué viene empezar la escena con una acción tan concreta sin explicar claramente.

El paseo de expiación de Cersei es la escena a la que más tiempo dedican, y aunque es algo intensa y transmite bien tanto su esfuerzo por mantener el tipo como su humillación, tampoco se libra de algún achaque: el mejorable y cuestionable uso de una doble de cuerpo y de nuevo la falta de sutileza. La escena es demasiado larga. Ya desde el corte de pelo se nota que están estirando demasiado el asunto cuando queda claro qué se quiere transmitir. Si lograran una atmósfera enrarecida y trágica hasta dejarte sin aliento, pues mira, pero al final el paseo no es para tanto, no le sacan el partido que podrían. Lena Headey lo hace bien, pero no está como para dejar al espectador desgarrado por dentro en su caída al abismo. Y encima la doble de cuerpo te saca de la escena en varias ocasiones. De primeras se nota el físico de una persona más joven y con más curvas. Los planos de espaldas se ve que no es ella. Y el rostro de Headey insertado digitalmente encima se nota muchísimo en algunos planos cercanos (la imagen que incluyo, por ejemplo).

Todo esto se podría haber evitado. Primero, no contratando a una actriz que no se va a desnudar en ningún momento, ni cuando más lo exige el guión. Querían un rostro conocido en un rol principal, y no pensaron en las consecuencias. Así, Cersei nunca ha sido la mujer sensual y erótica de las novelas porque Headey no quería serlo y los guiones lo han tenido en cuenta. Y segundo, no hacía falta tener un desnudo integral en primeros planos durante tanto tiempo. Bastaba mostrar senos y culo en un par de planos (algo que ella hizo por ejemplo en 300), el resto se debería haber centrado en el rostro, en su viaje emocional y su sufrimiento. Aquí parecen más empeñados en sacar provecho de la actriz que encontraron dispuesta a todo que en darle la emoción necesaria a la escena. Una cosa es usar dobles en situaciones de riesgo o que el actor no pueda realizar por alguna razón (y no, al contrario de los que se empeñan en repetir algunos, ningún embarazo tuvo nada que ver aquí), pero si lo que tienes es una actriz que se está negando a esa escena ya desde antes de contratarla, pues la cagada por parte de los productores es enorme.

Para empeorar las cosas podemos pensar en lo que costó rodar la dichosa secuencia. Dicen algunos medios que los cuatro días de rodaje en exteriores se fueron a 200.000 dólares, en parte por el despliegue de extras, pero sobre todo por la desmedida seguridad, pues se empeñaron en que nadie fotografiase lo que iban a grabar… ni tampoco lo relatase, porque todos los implicados firmaron contratos de confidencialidad escalofriantes. Vamos, está claro que los productores no querían que el uso de la doble saliera a la luz. Pues hoy en día eso es imposible. Además tenemos que añadir el presupuesto de postproducción. Si en Los Soprano se gastaron 250.000 dólares en la escena que tuvieron que apañar tras la muerte de la actriz que hacía de madre del protagonista, pues aquí la cifra rondará lo mismo. Es decir, solo una escena que no hubiera sido más compleja y cara que cualquier otra de la serie, termina costando un pastizal, más que muchos capítulos enteros de muchas series, por culpa de una cantidad de decisiones muy poco justificables.

Y después de todo este jaleo no nos indican qué pasa con Margaery, un personaje que han dejado de lado por completo. No puedes darle tantísima importancia a Cersei y olvidar otra protagonista que se encuentra en una situación semejante. También falta Olenna en la llegada de Cersei a la Fortaleza Roja. Aparte, tampoco sabemos nada de Meñique desde hace mucho, y siendo uno de los intrigantes esenciales me parece otro error. Es capaz de viajar instantáneamente y de desaparecer. Sin duda es un mago

Este capítulo vuelve a poner de manifiesto que, a pesar de las muchas virtudes que tiene, la irregularidad y las meteduras de pata claramente evitables son ya algo intrínseco a la serie (y parecen ir creciendo poco a poco), desaprovechando un potencial enorme. Es decir, Benioff y Weiss no han resultado ser los realizadores más adecuados para esta producción, pues no tienen el talante e inteligencia suficientes para dar una obra equilibrada y sobresaliente como se podría. Con todo, también podría ser mucho peor, claro, y algunos de los aciertos, como el empeño en tener un nivel visual de primera o lo bien que han captado a la mayor parte de los personajes, son dignos de alabanza. Pero precisamente ver que se quedan tan cerca pero cada dos por meten patinazos absurdos es bastante decepcionante. Ya son muchos los lectores que han abandonado, desencantados porque después de prometer bastante la adaptación no está alcanzando el nivel que podría. Y la prueba de fuego llegará el próximo año, cuando lo que escriban sea cada vez más de su cosecha propia, porque el libro sexto aún no está terminado. Ahí veremos si todo lo bueno que han conseguido, que no es poco, es porque las magníficas novelas se lo han puesto fácil. Bueno, lo verá quien se atreva a seguir, porque estropearse la lectura de los libros viendo una adaptación, por muy buena que fuera esta, pocos lectores lo van a hacer. Pero este tema da para un artículo entero aparte…