RICK Y MORTY – TEMPORADA 1.


Rick and Morty
Adult Swim | 2015
Productores ejecutivos: Dan Harmon, Justin Roiland
Intérpretes: Justin Roiland, Chris Parnell, Spencer Grammer, Sarah Chalke, Kari Wahlgren,
Valoración:

Rick y Morty es una creación de Justin Roiland y Dan Harmon para Adult Swim. Ambos han pasado por todo departamento imaginable en el mundillo, sobre todo en programas y series de humor: extras, dobles, animadores, fotografía, efectos visuales, editores… Y tienen bastante experiencia en los más relevantes, guion y dirección (Harmon es el más conocido, por su serie de culto Community), pero también en interpretación, en especial en series de animación. El mismo Roiland dobla a Morty y a Rick ¡a la vez!, y Harmon a muchos secundarios.

Rick es un genio de la ciencia que ha inventado un aparato para viajar entre universos paralelos y se ha construido una nave espacial con trastos del garaje, entre otros muchos avances. Y ha decidido llevarse a su nieto Morty a sus peligrosas aventuras.

¿Cómo la describiría? Como una mezcla de Regreso al futuro, Doctor Who y sobre todo Futurama, todo ello aderezado con las drogas que toman los guionistas de Padre de familia y Padre made in USA. Es una serie de aventuras espaciales desbordante de imaginación, infinidad de referencias culturales y humor bruto, y todo ello sin olvidarse de tratar temas serios con inteligencia e ironía. Así, incluso el viaje más absurdo de la pareja tiene un trasfondo de humanidad, y eso cuando la trama no está sumergida de lleno en algún análisis social. Para esto último suele emplearse el resto de la familia: mientras Rick y Morty están en una delirante odisea de ciencia-ficción, en casa de los padres y la hermana mayor vemos líos familiares más terrenales. Eso sí, la mayoría de las veces ambas secciones tienen un nexo de unión, sea un giro casual o parte de la trama, o tras muchas acaban viajando todos juntos.

¡Son clones de una realidad alternativa poseídos por demoníacos espíritus alienígenas del futuro de otra dimensión!

Creo que ya lo he dicho todo, y a la vez no he dicho nada. Porque la personalidad y originalidad de la serie es difícilmente clasificable. Piensa en los mejores momentos de Futurama, pero con un ritmo demencial, mucho más giros impredecibles y locuras sin mesura alguna. Comento por encima varios capítulos de distinto estilo, porque no he encontrado otra forma de abordar tal variedad de historias y situaciones.

Tenemos los que en su premisa parecen tirar de algo básico o incluso predecible. Por ejemplo está el que habla de los ligues juveniles en la fiesta del instituto, donde Morty toma una poción para atraer a la chica que le gusta y acaba con todo el mundo deseándolo y peleándose por él. Pero más allá de este punto de partida todo sorprende, el argumento se retuerce y renueva de forma insólita: el abuelo intenta arreglar el desastre pero la caga varias veces provocando situaciones cada cual peor… hasta el punto de terminar con el mundo que conocían patas arriba y tener que buscar una solución tan drástica e inesperada que el desenlace resulta inquietante, sobrecogedor.

En cuanto a los más centrados en la ciencia-ficción, tenemos los que cogen uno o más clásicos del género y se montan su surrealista versión alternativa, como la parodia de Origen (Inception) o la de Parque Jurásico. En el primero se introducen en los sueños de un profesor para inducirlo a que le ponga buena nota al chaval, y acaban en un desmadre de sueños eróticos sin pies ni cabeza y pesadillas a lo Pesadilla en Elm Street que, atención, se resuelve tirando de un giro humanista, no con un truco de “ciencimagia”. El segundo combina el parque de atracciones que se va al traste con El chip prodigioso, convirtiendo las partes del cuerpo humano en las distintas etapas de la cinta de Spielberg. La otra tendencia abandona la parodia para buscar historias propias tremendamente imaginativas, como el intento de una raza alienígena de sacarle información al dotado anciano mediante realidades virtuales: una dentro de otra, dentro de otra, dentro de otra hasta que acabas totalmente loco, pero al final va incluso más allá, porque la forma de Rick para resolverlo consigue impresionarte incluso después de todo lo visto.

Llegas último tramo de la temporada pensando que ya te has hecho al estilo de la serie, pero te clavan otros dos capítulos inclasificables. Aquel en que se ponen a ver la televisión de distintos universos paralelos, donde sin duda hay muchas escenas improvisadas en la sala de doblaje (si es que se notan hasta las risitas), tiene gran cantidad de salidas absurdas… y aun así acaba con un giro dramático muy emotivo. Y luego llega Close Rick-counters of the Rick Kind, donde de nuevo te dejan anonadado al plantar la semilla de una trama seriada de gran imaginación: el consejo de Ricks, donde los abuelos de distintas realidades se reúnen para perseguir a los que se descarríen, y concretamente están desbordados por los estragos que causa uno de ellos, convertido en asesino en serie de Ricks… Escena tras escena es un prodigio narrativo que ofrece un estupendo análisis sobre relaciones humanas (Rick y Morty discuten sobre cómo se tratan entre ellos, y su dinámica evoluciona con los eventos) y religiones (en dos escenas breves te clavan un certero análisis de cómo las religiones surgen de la miseria y la desesperanza), todo ello envuelto en una historia de ciencia-ficción compleja y original (incluso cuando se busca una referencia obvia, como el Consejo Transdimensional de Ricks inspirado en los Señores del Tiempo de Gallifrey de Doctor Who) que te lanza una lluvia de ideas geniales tras otra… y aun así son capaces de volver a sorprenderte en el giro final.

Pero puestos a elegir un favorito entre tanta maravilla yo me quedo con Meeseeks and Destroy. Se habla de nuestros fallos y limitaciones como personas, que pueden minar las relaciones: el marido empanado, la esposa que abandona sus sueños resignada, Morty queriendo hacer el bien pero topándose con las zancadillas que pone la vida… Pero joder, ¿cómo demonios se les ocurrió la cosa esa de los meeseeks? No puedo describirlo, tienes que verlo por ti mismo. El momento en que se echan la patata caliente de un meeseek a otro… tuve que darle al pause porque me atragantaba de la risa. Y si hablamos de escenas sueltas, entre las muchas magistrales e inclasificables hubo una que me dejó patidifuso: la del abuelo, después del lío con las realidades virtuales, cogiendo a Morty y poniéndole un cuchillo en el cuello al grito de ¡Pequeño hijo de perra! ¡¿Eres una simulación?!

De primeras, al ver el dibujo de la familia puede parecer que tiene una animación muy sencilla, pero en cuanto empezamos a saltar entre universos y planetas explota el imaginario a lo grande: infinidad de escenarios y alienígenas de todo tipo, algunos inclasificables, pasan ante nuestros ojos a gran velocidad. Diseñar tantos lugares y personajes lleva tiempo y esfuerzo y por extensión cuesta dinero. Supongo que por eso las dos primeras temporadas son tan cortas (once y diez episodios respectivamente): detrás no hay una productora importante que ponga dinero y un gran equipo de animadores. En cuanto al doblaje al castellano, las voces parecen aceptables, aunque por las pocas escenas que he visto diría que Morty pierde mucha expresividad: en el original el tono de voz y los ruiditos que hace son esenciales para conocer su estado de ánimo, en castellano se queda muy corto. Y no sé si la traducción respeta las referencias, porque recuerdo que en Futurama no lo hacían mucho y de hecho a veces cometían unas cagadas imperdonables.

PD: Los Simpson incluyó una introducción del sofá combinada con Rick y Morty que resultó memorable. La podéis ver en el canal de youtube de Adult Swim.

THE GOOD WIFE – TEMPORADA 6.


CBS | 2015
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Christine Baranski, Matthew Goode, Archie Panjabi, Chris Noth, Alan Cumming, Zack Grenier, Mike Colter, Michael J. Fox.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay algunos spoilers importantes si no has visto esta y la anterior.–

He de decir que tras la quinta temporada abandoné The Good Wife, pues me sentía defraudado e incluso engañado. Le había costado varios años, pero parecía estar madurando lentamente, dejando atrás sus numerosas limitaciones (el tono procedimental, el potencial desaprovechado de las historias y su alcance), tanto que esa quinta etapa se había lanzado por fin echando toda la carne en el asador… Pero en su ecuador se vio que era todo humo, que sólo se habían atrevido desarrollar tramas de apariencia valiente porque un actor abandonaba el barco y podían hacer un reset descarado sin vergüenza alguna. Y a partir de ahí fue dando tumbos, estancándose en viejos y en nuevos errores.

No he retomado la serie porque haya mejorado en críticas, de hecho se le acusa de problemas semejantes en los dos últimos años, sino por afán completista, por curiosidad, y bueno, también porque en el fondo sigue teniendo buenas virtudes que la hacen muy entretenida, y esperaba que no volvieran a meter la zarpa de esa manera. Pero una vez vista queda claro que le ocurre en cierta manera lo mismo. Por suerte el bajón llega más tarde, en el tramo final, y no es tan grave, pues el giro que deja todo lo andado en el limbo no resulta un reinicio tan grande. Además, la parte buena lo es bastante.

Entre sus aciertos vuelve a figurar ese crecimiento. El tono de procedimental desaparece por completo, hasta el bajón, en dos tramas principales potentes y bastante bien llevadas, el juicio a Cary y el viaje en la política de Alicia, entre las que se alternan unos pocos casos del día bastante acertados, en especial a la hora de tratar temas de actualidad. En estos destacan los que tratan las violaciones en las universidades, el racismo en la policía, los temas de informática (aunque el hackeo al nuevo bufete da un poco de risa: ¿abogados de nivel cediendo a un chantaje cutre?) y otras nuevas tecnologías (el dilema de las armas llevado a las que se pueden hacer con impresoras 3D).

El proceso a Cary es iniciado por la fiscalía, eterno rival de nuestros protagonistas, para tratar de llegar a uno de sus clientes, el narcotraficante Lemond Bishop (Mike Colter). Su desenlace era obvio desde el principio, pero el trayecto mantiene el interés en todo momento con infinidad de problemas, algunos inesperados, y bastante tensión: se ve a los personajes sufrir y esforzarse en todo momento en este enorme revés que los azota justo cuando estaban poniendo en marcha su nuevo bufete. Paralelamente tenemos la campaña de Alicia para Fiscal del Estado, esa a la que no quería presentarse pero el entorno, encabezado por Eli, la empujó hasta que lo vio como un paso inevitable. Y eso es lo mejor de la temporada. Alicia más que nunca es la protagonista, y sabemos en todo momento qué piensa, qué sufre, qué quiere, qué la lleva a tomar unas decisiones u otras, incluyendo algunas en contra de su postura inicial (debe replantearse su ética cada dos por tres). Recordemos que en los inicios de la serie los guionistas no eran capaces de mostrar su interior con cercanía, era un rol plano, frío, y muchas veces engullido por los que se suponía que eran los secundarios. Ahora hasta tenemos escenas que nos introducen directamente en sus pensamientos, viendo las situaciones que imagina y analiza. Aquí es imprescindible citar el capítulo 604, Oppo Research (análisis del oponente), donde Eli le selecciona un director de campaña y buscan juntos todos los puntos oscuros y polémicos sobre ella que la oposición podría sacar durante la contienda. El drama personal tan bien tratado y el paso final que dan a la hora de abordar el análisis del sistema político estadounidense ofrecen el que probablemente sea el mejor episodio de la serie y uno de los grandes del 2015.

En plena carrera a las elecciones hay tramos en los que parece que estamos ante la hermana menor de El Ala Oeste de la Casa Blanca con toques de la campaña de Carcetti en The Wire: el funcionamiento del entramado político, sobre todo obviamente en el camino previo a las votaciones, es tratado con verosimilitud y detallismo. Incluso se atreven a aportar ciertas dosis de humor negro e ironía bastante sutiles. Los grupos de opinión, las presiones de todo tipo, los debates, las entrevistas, las recaudaciones… Vemos todas las caras de un sistema lleno de agujeros: el racismo, las posturas fingidas (decir que el matrimonio Alicia-Peter va viento en popa), los juegos sucios (sacar a la luz temas personales delicados), las influencias de un lado (los donantes ricos, como el viejo asqueroso) y de otro (los políticos, como los superiores del partido)… Pero aunque se roza el nivel eternamente prometido sigue chocando con algunas barreras que limitan su potencial. No me hubiera parecido muy grave si no fuera porque en el tramo final explota todo, pero aunque no fuera así tendría que citar estos puntos débiles del año, porque después de todo sigue estando presente en todo momento la sensación de que en algunos aspectos los autores no se atrevan a mojarse del todo. Es como si se hubiera abierto la veda para tratar la política, pero en los temas sociales (amores, amistades, matrimonios) y la religión siguiera siendo una serie muy conservadora.

La religión la incluyen pero hablan de ella con mucho miedo a herir sensibilidades, así que todo es forzadamente luminoso, todos se respetan, y Alicia acepta por fin que debe dejar la puerta abierta porque tarde o temprano Dios entrará… Y cada vez que aparece la hija, a la que los guionistas en vez de sacarla del armario la metieron en la iglesia, dan ganas de vomitar. En la misma onda rancia tenemos otra vez amagos de romance con Alicia, y varios además, que se quedan en nada, señalando claramente que los realizadores no se atreven a ir más allá del concepto “Santa Alicia”, eso de que las aventuras son un pecado y el matrimonio debe mantenerse a toda costa aunque esté podrido y sostenido en mentiras. Así, Alicia sólo se siente tentada cuando las cosas van mal y un hombre hecho y derecho la apoya en esos momentos de bajón (aunque una vez tiene un calentón por un instante de entusiasmo), pero luego se recupera y vuelve a ser la mujer perfecta: trabajadora, ama de casa y esposa calladita. Vale, quizá no sea una situación tan de blanco o negro, pero sí es cierto que a la hora de dar el paso definitivo en una acción o decisión siempre optan por barrerlo todo bajo la alfombra, sin atreverse a criticar a fondo tendencias sociales impuestas por los sectores conservadores. En esta falla cabe destacar lo desaprovechado que está el personaje de Finn, pues aunque Mathew Goode logra un rol atractivo en sus pocas frases los escritores se empeñan en tenerlo como sustituto pobre de Will, esto es, el romance en tensión que nunca llega a nada. Mira que cuando parecía que iban a lanzarse lograron un par de escenas geniales, como la del restaurante donde se va la luz y ponen velas, convirtiéndose inesperadamente en una cena romántica, pero en general lo incluyen con calzador en las tramas, como esos casos en los que aparece ayudando en el juzgado sin que se sepa por qué, puesto que no trabaja con ellos.

Y, aunque menos evidente a primera vista pero también relevante, tenemos que la esperada trama de rivalidad entre bufetes se deja de lado para centrarse en la sección política, y cuando parece que van a volver a ella la fulminan rápidamente: la firma de los protagonistas recupera las oficinas originales y poco a poco a todos los abogados, hasta al malvado de David Lee. ¿Qué necesidad había de aferrarse tanto al statu quo, por qué ese miedo a enfrentar a quienes antes eran amigos (la facilona forma en que Diane acabó trabajando con Alicia y Cary en vez de ser oponentes), por qué hacer amagos de guerras que no vamos a ver? Y no acaba aquí, porque como veréis más abajo, en los últimos capítulos repiten estos errores.

Esta barrera ideológica, sea autoimpuesta por los guionistas por miedo o imposición de la cadena, explota cuando, en un giro de folletín forzado, todo lo andado en diecinueve episodios se queda prácticamente en nada: ¡no se atreven a dar el paso de que Alicia llegue fiscal y vuelven a ponerla como una abogada cualquiera! La evolución lógica de la serie, y más dedicándole tanto tiempo a esa historia, era que acabara como fiscal. No puedes volver al punto de salida, a luchar por empezar en la abogacía desde abajo, ya lo hemos visto en sus dos versiones, como novata y formando un bufete. ¿Otra vez tenemos que lidiar con ello? ¿En el tramo final de la serie? ¿Cuando anuncias a bombo y platillo que vas a dar un gran paso al frente? ¿Repitiendo el lío de votaciones trucadas y con un giro trampa demencial que la hace dimitir sin tener culpa de nada y sin luchar ni un mísero minuto? Y para colmo todos los problemas y escándalos se eliminan de golpe: los donantes exigentes no le piden cuentas de su huida repentina, Peter no aporta nada a pesar de su posición como marido y gobernador, sea decirle que tire la toalla o ayudarla a plantar cara, y la sospecha de su relación con Bishop ya es obviamente irrelevante. Es decir, la trama se suspende porque le sale de ahí a los productores y/o escritores, y no se esfuerzan mucho en darle un cierre bien desarrollado que no deje flecos, dan un portazo y miran para otro lado, tal y como hicieron con la penosa muerte de Will, que se llevó por delante todo frente abierto sin disimulo alguno.

Ahí termina la temporada. Como en el año anterior, hay algunas secuelas en los personajes (Alicia está cansada y asqueada), pero son muy leves, intrascendentales y predecibles… así que intentan recuperar el ritmo metiendo más giros sensacionalistas absurdos. Que si Alicia se pelea con su bufete y la relación con sus compañeros y amigos se va al traste, que si va a ir a por todas para luchar contra ellos… Y esto se cierra con un abrazo y perdón cutre, fuera de pantalla además, igual que los roces con Cary que adornaron malamente su inicio en el bufete conjunto en el desenlace de la etapa anterior. Pero esto no da para cumplir con los capítulos que quedan, así que vuelven al procedimental incluyendo casos vulgares que parecen escritos con prisas. El del tipo retenido ilegalmente por la policía parecía volver a tratar temas serios, pero es el mejor ejemplo de que está tan encorsetado en el procedimental que no explora lo más mínimo sus posibilidades. Y en los últimos minutos del año nos tratan de colar otro giro forzado con la aparición de Canning, como si dijeran “ahora sí vamos a cambiar las cosas”. No veo por qué montar otro bufete, por mucho que sea con quien era un ferviente enemigo, va a ser más interesante que seguir con todas las historias tan jugosas que iban desarrollando. Por no decir que ya amagaron con ello hace tres temporadas.

Los otros puntos débiles tampoco son nuevos. Entiendo que no haya tiempo para todos los personajes recurrentes de este particular universo, pero es que no saben dosificar sus apariciones y salidas. Canning es el que mejor parado acaba al tener más tiempo, y la presencia de la encargada de hacer el seguimiento de los acusados (un puesto que no conocía, parecido al de agente de la condicional pero antes de pasar por prisión) funciona por la novedad. Pero con el resto rozamos el desastre. Robin desaparece sin más a los pocos episodios. Los abogados y jueces variopintos apenas cumplen su cupo, y da la impresión de que a veces intentan reforzar sus breves apariciones recalcando sus peculiaridades, como el tipo investigador que siempre lleva varios niños a cuestas, con el que en cada escena repiten el mismo patrón de forma cargante. Aunque la peor parada en esta categoría es Elsbeth Tascioni: lo que hacen con ella es surrealista y termina siendo un insulto a la gente con problemas tipo asperger, obsesión compulsiva, déficit de atención y semejantes; me sorprende que no hubiera una buena polémica. También vuelven a incluir una mujer en la órbita de Alicia y Peter… y de nuevo se queda en casi nada. Al menos el rol de Connie Nielsen se va cerrando su historia, porque los de Amanda Peet, Maura Tierney y Mellissa George se esfumaron sin más. ¿Y qué me decís de los dos abogados afroamericanos que se supone que son socios importantes pero se tiran toda la serie entrando y saliendo caóticamente? También se desvanece Gary, ese que confunden con Cary muchas veces. En fin, un pequeño desastre.

Entre los secundarios relevantes también tenemos achaques, como ese David Lee al que se empeñan en poner de malo pero sin ahondar en su psique, es decir, es malo porque sí. Pero Kalinda es la principal afectada de este problema… de nuevo. Con el caso de Cary empieza atascada en esta otra eterna relación en tensión que no termina de definirse, a lo que se suma ese lesbianismo raro en que la sumergen. En las primeras temporadas no se atrevían a mostrar un simple beso, y ahora que por fin hay escenas en que sale en la cama con el bellezón del FBI se empeñan en recalcar en todas las ocasiones que se acuesta con ella para sacarle algo de información. Sexo apasionado casual, amistad íntima, follamiga de toda la vida… nada, es como si todavía no se atrevieran a decir que es bisexual porque siente atracción, pasión y amor por los dos sexos, sino que es una buscavidas dispuesta a todo y que por esas transgresiones es una mujer triste y solitaria y acaba siempre metida en líos. Y después del juicio a Cary ya definitivamente no saben qué hacer con ella. Sólo aparece para dar la resolución mágica del caso del día, con una llamada telefónica que da la pista que resuelve las cosas a favor del bufete. Antes era un personaje limitado, pero al menos la veíamos investigar, luchar por sacar adelante su trabajo, compenetrarse o chocar con los compañeros… Ahora ni lanzándola a la órbita de Bishop remonta… de hecho ahí fallan estrepitosamente volviendo a una de las principales pegas de los primeros años: no quieren olvidarse de ella, ni de Bishop y su influencia en otros protagonistas, y aunque no aporten nada meten una escena clónica en cada episodio en vez de concentrar una historia más tangible en unos pocos. Por suerte, por fin se la quitan de encima largándola con la excusa de que teme por su vida por culpa de ese criminal.

Curiosamente, cuando se acerca el final de la historia política de Alicia empiezan a llevar a Diane hacia la suya propia. Pero aquí empezamos y acabamos metidos de lleno en la línea cobardica y superficial. El berenjenal de dilemas y discursos de izquierda y derecha o demócratas y republicados se expone con vaguedades, drama de postín y resoluciones facilonas. Por suerte Diane en un gran personaje que mantiene el tipo en todo momento; y bueno, lo cierto es que al menos exponen ciertos temas polémicos (las armas, el choque entre religión y matrimonio homosexual, los grupos de presión de los poderosos -lobbies, think tanks-), porque bien podrían haber pasado siquiera de intentarlo. Y por otro lado, Cary ve bastante reducido su protagonismo tras el juicio, pero mantiene presencia y personalidad suficiente.

Me ha costado bastante decidir qué nota darle. Sigue siendo un drama con unos puntos fuertes muy destacable: es realmente entretenido, sus personajes principales tienen mucho tirón (en parte por los buenos intérpretes), y los tramos más logrados son de muy buen nivel. Pero también tiene un potencial infrautilizado por culpa de ese tono bipolar incomprensible, tanto en el equilibrio cualitativo como en el rango ideológico de las historias. Es una serie que en un capítulo parece tocar el cielo, y en el siguiente es un procedimental del montón.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

THE EXPANSE – TEMPORADA 1.

Syfy | 2015
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Thomas Jane, Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Chad L. Coleman, Athena Karkanis, Paulo Costanzo, Jay Hernandez, Florence Faivre, Jared Harris¸Lola Glaudini, Shawn Doyle, Kevin Hanchard.
Valoración:

The Expanse (la expansión) es una serie de novelas escritas por Daniel Abraham y Ty Franck bajo el pseudónimo compartido de James S. A. Corey. La primera entrega, Leviathan Wakes, se publicó en 2011, y apuntan en principio hasta un total de nueve. En España está prevista su llegada a finales de 2016. La adaptación nace en el canal Syfy a manos de Mark Fergus y Hawk Ostby, autores de guiones del calibre de Iron Man e Hijos de los hombres.

Desde el primer capítulo se notan los orígenes literarios en la complejidad y detallismo del universo presentado y la valentía de tener varios frentes muy distantes en espacio y tiempo (está claro que tardarán bastante en unirse), pero también en estilo. Cada sección es prácticamente un género y una historia por separado donde se describen distintos aspectos fundamentales del trasfondo en que se está gestando la trama global: una intriga que amenaza con alterar el precario equilibrio político y social de todo el Sistema Solar.

En Ceres (el asteroide más grande del cinturón, denominado ahora como planeta enano) tenemos una trama de detectives que aborda temas sobre diferencia de clases, lucha obrera y terrorismo. La vida se retrata en profundidad: los cinturianos tienen su propio lenguaje y gestos, sus problemas (escasez de agua, deformaciones por la baja gravedad), sus tipos de ciudades, ambientes y trabajos. Cabe destacar que la miseria y el odio creciente contra la Tierra y Marte por explotarlos sin miramientos son el caldo de cultivo para que la aceptación de una banda terrorista esté aumentando entre la población. Pero en todo ese embrollo no se olvidan de la esencia del cine negro, con un detective, Joe Miller, por lo general sombrío y a veces abrumado por los hechos, pero también capaz y resistente hasta la desesperación de sus enemigos y superiores. Y no le falta el sombrero y cierto cinismo, en la onda del gran Humphrey Bogart de El halcón maltés y El sueño eterno. El carisma nato de un actor tan desaprovechado como Thomas Jane (La niebla, Hung) termina de perfilar este protagonista clásico pero de gran magnetismo, y el caso, seguirle la pista a una joven rica descarriada, avanza con su intriga combinada muy bien con esa elaborada descripción del lugar y la acertada exposición de su particular grupo de personajes secundarios.

A bordo de un carguero de hielo que vuelve de Saturno empezamos a conocer a su tripulación, aunque quienes se alzarán como protagonista no serán quienes esperas de primeras, en uno de los giros donde más se nota el origen literario: los realizadores no tienen miedo a la hora de presentar a los protagonistas con tranquilidad y denotando una prometedora planificación futura. Nos encontramos con que, tras discutir sobre si realizar un salvamento (por eso de que podrían ser piratas), una nave desconocida destruye el carguero. Se salvan de milagro los pocos que fueron en la lanzadera de rescate, unos voluntarios, otros obligados. Y esta es la otra gran sección de la temporada: la aventura de supervivencia de unos desgraciados que sin comerlo ni beberlo se han topado con parte de un extraño complot. Porque no sólo deberán sobrevivir en el implacable espacio, sino que serán rifados por cada bando político, siendo acusados por unos y buscados por otros para ver qué saben de esa misteriosa nave hostil que parece querer provocar una guerra.

Su odisea va dibujando cada rol y afianzando la dinámica del grupo, aprendiendo cada uno las habilidades y limitaciones de los demás, teniendo sus momentos de confianza y desconfianza. Jim Holden (Steven Strait -visto en Magic City-) es el más inteligente y moralista: se para a analizar toda situación, pensando en las implicaciones a corto y largo plazo de las acciones que elijan seguir. Esto desespera a Amos Burton (Wes ChathamThe Unit, Los juegos del hambre: Sinsajo-), el bruto cabeza hueca, que saltándose el rango de aquel se alía con Naomi Nagata (Dominique Tipper en su primer papel relevante), una superviviente nata que actúa con más determinación. Alex Kamal (Cas Anvar -infinidad de papeles secundarios-) queda un poco en tierra de nadie, pero su gran valía como piloto impide que sea ninguneado. Todos tienen un pasado con secretos que se irá desvelando poco a poco, terminando de definir sus formas de ser.

Este viaje sirve también para profundizar en el espectro político: vemos cómo funciona la maquinaria bélica (impresionante la parte de la nave de guerra marciana), se matizan los roces entre estados y nos presentan otros bandos menores. En sus numerosos cambios de escenario buscando respuestas y salidas destaca la estación Tycho, donde conoceremos a Fred Johnson (Chad L. ColemanThe Wire, The Walking Dead-), otro jugador importante del tablero que actúa de forma independiente. Y de refilón vemos a los mormones y su nave gigante de colonización, que parece más bien una hégira. ¿Qué relevancia tendrán en el conjunto de acontecimientos?

En la Tierra terminamos de adentrarnos de lleno en la política al seguir las andanzas de la secretaria de estado Chrisjen Avasarala (Shohreh Aghdashloo24, Grimm-), cuya posición en las altas esferas pero no demasiado arriba le permite estar metida en todos los berenjenales sin exponerse demasiado. Es una veterana de los juegos a dos bandas, de los secretos y las intrigas, y acaba hasta el cuello con ellas en el lío al que los gobiernos de la Tierra, Marte y el cinturón están siendo empujados. ¿Quién está agitando el avispero y con qué intenciones? ¿De quién es esa nave hostil que son incapaces de identificar y encontrar? ¿En quién puede confiar?

En lo visual también se nota una ambición que no se veía en Syfy (el único canal que a veces apunta hacia el espacio) desde Battlestar Galactica. Muchos escenarios con decorados de todo tipo, incluyendo varios interiores de navíos, bastante efecto digital de calidad y una buena labor de vestuario reconstruyen los distintos lugares y ambientes con bastante realismo. Destaca la recreación de Nueva York, protegida por diques para no acabar bajo el agua, el diseño verosímil de las naves, el contraste entre zonas ricas y pobres… Y supongo que en próximas temporadas veremos más localizaciones (¿conoceremos Marte al fin?). Eso sí, en comparación no veo que supere a Galactica. No hay cifras confirmadas, pero los rumores dicen que aquella costaba unos dos millones de dólares por capítulo y que The Expanse estaría por encima de los cuatro, con lo que cabe pensar que podría lucir mejor. Ahora bien, como digo el acabado es impresionante y carencias tiene pocas. Solo una podría citar, y precisamente por todo este estupendo trabajo me mosquea bastante: ¿por qué pusieron tan poco esfuerzo en diseñar los puentes de mando? Hasta el acorazado marciano se maneja con una mísera tableta que vale para todo (por no decir que el puente es un cubículo puesto en medio de lo que parece un almacén). ¡Quiero pantallas, botones y gente currando!

El mimo que ponen los realizadores también se aplica a la autenticidad de la física espacial. La gravedad sólo funciona cuando una nave está en aceleración, y por ello estas tienen forma de cohetes y no de barcos y aviones como acostumbra el género. Las batallas son hiperrealistas en movimiento, distancias (las naves no se ponen a cien metros para dispararse, pues pueden hacerlo desde miles de kilómetros, y sólo se acercan para el abordaje) y efectos varios (las explosiones, descompresiones e ingravidez dan para un sinfín de escenas emocionantes). Eso sí, hay molones efectos de sonido, y a mí me parece estupendo.

Aun así, la dificultad de rodar tanta escena compleja termina dejando algunos fallos: estanterías que claramente no sujetan bien los objetos, mesas con cosas puestas que saldrían flotando en cuanto dejen de acelerar, y alguna situación que no parece tener lógica. Resulta que, en una pequeña lanzadera con un habitáculo no más grande que una habitación, la exclusa deja de funcionar y se abre, y se tiran un rato arreglándola cuando está claro que el aire habría salido por completo en segundos. Y la más llamativa, cuando están reparando algo en el casco una herramienta de repente sale despedida a toda velocidad como si la nave estuviera en una aceleración que no afecta a los trabajadores, que se sientan en el casco como si no estuvieran en perpendicular respecto a la supuesta fuerza ejercida, ni a otros escombros que flotan alrededor. Aparte hay un fallo de edición curioso: en los capítulos 102 y 107 vemos una escena breve repetida, la de Miller yendo al puerto de Ceres y tropezando con un transeúnte (minutos 10:14 y 33:56 respectivamente, por si te da la curiosidad).

Pero salvo por esas minucias la puesta en escena no está nada mal. No tiene una labor de dirección que deje huella, pero cumple de sobras y la fotografía es bastante buena, destacando que los juegos de filtros e iluminación varían según donde estemos. Sólo he echado de menos una banda sonora con más personalidad. En cuanto a los títulos de crédito, se han currado unos bastante majos que resumen la colonización del sistema solar de forma artística, pero los episodios van tan ajustados de duración que sólo aparecen en dos o tres y en el resto sólo vemos el logo de rigor. Y finalmente, aunque también sin deslumbrar, el reparto convence a la primera, todos se hacen rápido a sus roles y muestran con veracidad las penurias constantes a las que se enfrentan.

Viendo esta presentación de The Expanse está claro que estamos ante una serie de ciencia-ficción con una complejidad muy de agradecer en un género, por desgracia para los fans, poco explotado en este sentido. Babylon 5 y para de contar, porque Battlestar Galactica fue puro humo, desde la primera temporada se vio que todo estaba improvisado de mala manera, y Farscape y Firefly eran más de aventuras, sin un universo elaborado ni grandes tramas políticas. Con la atractiva exposición gradual de este futuro ficticio, la jugosa intriga global que alcanza a tantos bandos e individuos, la certera descripción de estos y sus atractivas y variadas aventuras, The Expanse resulta imprescindible para el fan de la ciencia-ficción, pero también muy recomendable para el que busque un buen thriller político. Su calidad es bastante alta y su potencial enorme, aunque en esta primera etapa no llega a explotarlo del todo debido a algunas limitaciones. Nada grave, pero da la sensación de que se queda a las puertas de lograr una temporada monumental.

El principal lastre es el ritmo inestable, que corre unas veces más de la cuenta y otras se frena demasiado. El proceso en que Miller acaba encaprichado de la chica misteriosa que persigue me parece un tanto forzado, así como su decisión final de buscarse nuevos aires. La dinámica de la tripulación en formación parece condensar demasiados eventos sin dejar que estos calen del todo en los personajes; donde más se nota es cuando llegan por fin a un sitio donde pueden decir lo que saben y esconderse para que no los molesten, pero de repente, sin una transición adecuada, los vemos meterse por voluntad propia aún más en todo el jaleo. Y sobre todo, la política en la Tierra es más pesada de la cuenta: tiene escenas que dan muchas vueltas para llegar a cosas obvias, de hecho hay algún momento que peca de rebuscado, como la visita a la madre de un protagonista (esa que vive en una casa en la nieve). En otras palabras, Avasarala habla demasiado, ocupando un tiempo que podría haberse empleado en describir mejor a los secundarios de esta sección así como el funcionamiento y las maquinaciones del gobierno.

Eso sí, no veo bajones acusados, más grave me parece la velocidad excesiva de algunos acontecimientos. Creo que le habría venido muy bien más capítulos para tratarlo todo con mayor tranquilidad, dejando que se asienten mejor los personajes y las historias, para lo que podrían haber incluido alguna trama secundaria, que espacio para moverse por este vasto universo tienen de sobra. Por otro lado, esa velocidad, esa lluvia de información, permite ver la temporada varias veces sin que acuse desgaste.

FEAR THE WALKING DEAD – TEMPORADA 2, PARTE 1.


AMC | 2016
Productores ejecutivos: Dave Erickson, Robert Kirkman, David Alpert, Galen Anne Hurd, Greg Nicotero.
Intérpretes: Kim Dickens, Cliff Curtis, Frank Dillane, Mercedes Mason, Lorenzo James Henrie, Rubén Blades, Alycia Debnam-Carey, Colman Domingo, Marlene Forte.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo con dellate todo lo que ocurre.–

Qué decepción la segunda temporada de esta Fear the Walking Dead, serie hermana de The Walking Dead, cuyo equilibrado y sólido primer año me hacía pensar en que aspiraba a superar la irregularidad de aquella. El esfuerzo en buscar actores de calidad, en rodar mejor, y en narrar con mayor intensidad y verosimilitud la llegada del fin de la humanidad, dio como resultado una temporada inicial corta pero intensa y emocionante. Pero esta primera tanda de la segunda etapa ha empezado a heredar ese caos narrativo.

El comienzo no auguraba el desastre posterior. Empezamos huyendo por los pelos de la destrucción de Los Ángeles. Puede que en lo visual se quede algo corto, porque los efectos especiales no dan la talla de lo que quieren mostrar, pero en lo emocional sigue siendo bastante potente. Se aborda muy bien la clásica dualidad entre la supervivencia del más fuerte contra la reconstrucción de una sociedad con principios éticos. El grupo enfrenta diversas situaciones donde deben elegir entre cerrarse en banda para no correr riesgos o tratar de aportar algo a la humanidad, o sea, ayudar a los demás supervivientes. Este drama no podría funcionar sin unos protagonistas complejos y muy humanos. Cada uno enfrenta el ocaso de la civilización a su manera, evolucionando entre fallos y aciertos, predominando estos últimos porque aquí no hay héroes, sino ciudadanos normales en una situación extrema. Los miedos y egos tropiezan con la ética y vemos no pocos momentos de bajeza moral escalofriantes donde dan ganas de abofetearlos (terrible la decisión de abandonar a la chica de la barca). Las figuras más importantes siguen ganando enteros: Nick, Travis, Madison, Victor y Daniel me estaban resultando muy interesantes, más atractivos que todos los de las flojas dos primeras temporadas de la serie madre. Así, la lucha por la supervivencia es compleja y variada incluso teniendo en cuenta el limitado escenario (el barco y un par de costas). Y cuando bajan a tierra por primera vez tenemos un capítulo muy impactante (202, We All Fall Down), el de la familia de la reserva natural que acaba en una tragedia desgarradora.

Pero por desgracia esta ilusión dura poco, muy poco, porque ya en el tercer capítulo empiezan a surgir errores. De repente aparecen un par de personajes que se mueven y dialogan por ahí como si llevaran tiempo en la serie, pero en realidad no han aparecido antes. Es decir, su presentación y descripción es realmente confusa. Tuve que buscar en internet para cerciorarme de que no era un fallo garrafal de escritura. Y bueno, en cierta manera lo es: resulta que surgen de una serie promocional emitida en internet, o sea, una webserie, llamada Flight 462, una detestable tendencia que se está poniendo de moda. Entonces me sentí engañado. ¿En serio me vas a poner cosas que no puedo entender sin ver material extra que no quiero ver? Si vas a introducir nuevos caracteres, debes presentarlos en la propia obra, no en otra cosa aparte. Y aparte de la confusión generada consumen tiempo que podría haber ido a cosas más relevantes. Por suerte el llamativo destino de la chica suaviza un poco el encontronazo: los guionistas acaban utilizándola para uno de los momentos más duros del año, el dilema del grupo sobre qué hacer con los náufragos que encuentren, y luego reaparece con los piratas en una escena donde se le da algo de profundidad a su dibujo.

Pero donde empeora claramente la trayectoria de la temporada es en los capítulos cuatro y quinto, con una vulgar aventura de secuestro y rescate con piratas improvisados que aporta bien poco en novedades y contenido. Los villanos son aburridísimos, la tensión sobre el destino del grupo parece bastante impostada, y todo se agrava por lo previsible que resulta la trama. Cumple con lo justo como entretenimiento, pero esperaba mucho más. En esa parte también cometen otro fallo importante: el flashback que trata de relatar la vida de Victor Strand. Su propia existencia es innecesaria, contraproducente. ¿De qué me sirve saber a qué se dedicaba, por qué se supone que un romance homosexual debe sorprenderme o darle un giro al personaje? La historia, de simple y poco explicativa sobre sus habilidades (supervivencia, armas), rebaja la magia de un carácter con el que divagabas pensando en quién podría ser y qué secretos guarda. Por no hablar de que el flashback resulta redundante y cargante y que es sólo de cara al espectador, porque los demás compañeros no conocen esta historia.

Además, en este tramo los personajes infrautilizados empiezan a ir cuesta abajo. A Ofelia se le perdona su falta de interés porque todavía no la han puesto una aventura que la exprima, pero Alicia es un muermo, y ni siquiera evoluciona tras la pifiada que comete con los piratas (debería lamentarse, reflexionar, aprender, madurar). Y el más grave es Chris, que empieza a navegar en una dirección incomprensible. ¿Pero qué es lo que quieren decirnos con esta actitud? ¿Por qué de repente quiere hacer daño a su familia? ¿Al conocer a los zombis le han entrado ganas de ver sangre y vísceras y va a destripar a los que tenga a su alcance? Su actitud y sus acciones no parecen tener lógica, su locura no resulta creíble.

De ahí pasamos a la intriga de si el destino soñado (la casa en Méjico donde esperan a Victor) traerá seguridad y descanso o más problemas. En este género obviamente esperamos lo segundo… pero no que no se esfuercen por aportar nada nuevo, rompiendo definitivamente mis impresiones sobre las ambiciones de la serie. Resulta que la trama de la finca es una combinación de la granja de Hershell y la aldea del Gobernador. Gente que se niega a aceptar la realidad y vive en un delirio constante, cometiendo cagadas enormes como mantener a los zombis como si fueran enfermos e ir construyendo prisión psicológica para los vivos. Pero bueno, podría haber funcionado si exprimieran a los protagonistas tan bien como en la primera temporada y el tramo inicial de esta… De primeras sólo parece acusar falta de riesgo, estancamiento, pero de repente los guionistas pierden las buenas bases que habían puesto y destrozan a los personajes en un capítulo final lamentable, un caos donde nada se entiende, ni en eventos ni en motivaciones personales.

Chris no sé qué hace. Resumámoslo en que la lía. El problema es que arrastra a un rol tan sólido como Travis: pero hombre, dale tres hostias y enderézalo por la fuerza, que no encaja de ninguna manera en tu personalidad desmembrar la familia por la que tanto has luchado por la tontería pasajera del niñato. Lo de Daniel es alucinante. Un tipo tan curtido, prudente y resistente, se vuelve loco porque sí en una pobre excusa para hacerlos huir de la casa (el incendio) cuando estaban a punto de irse por ellos mismos al ver las tonterías de Celia. Y que me expliquen la partida de Nick, que pasa de ser mi favorito a desaparecer, literalmente: se va sin que se explique qué lo lleva a tomar esa decisión. Así que al final sólo Madison queda reconocible. Terminamos con fuego y destrucción que los obliga a partir, con los habitantes locales persiguiéndolos con malas intenciones (¿tienen pruebas de que han sido ellos?) pero andando despacito para darles tiempos a unas despedidas pseudolacrimógenas muy cutres.

Me da la impresión de que pasó como en la segunda temporada de la serie madre: la cadena exigió el doble de capítulos respecto al primer año (aquí más todavía, porque serán quince) pero con el mismo o menos presupuesto. Porque no puede ser que teniendo media temporada en el barco no haya dinero para rodar bien los pocos momentos álgidos, rompiendo también el buen nivel de la primera etapa, que ofrecía una puesta en escena de calidad y con tramos muy logrados. Las escenas iniciales como decía no dan el tipo en efectos especiales, pero en cuestión de dirección tampoco impresionan mucho, y cuando llegan las partes difíciles se ve el bajón, hasta el punto de que el último capítulo está rodado y editado de forma muy mediocre, fallando así no sólo en el guion: la gente aparece en distintas partes de la casa repentinamente, haciendo otras cosas o habiendo solucionado algo que decían ir a hacer pero que no llegamos a ver. El clímax es confuso, precipitado, con otros tantos huecos en la velocidad de acontecimientos (el fuego cubre todo el lugar en un instante) y posición de los protagonistas.

Sencillamente, los autores han querido forzar un clímax final con algo de acción y la separación del grupo, y no les ha importado la coherencia global de los personajes ni de la narrativa de ese propio momento. Pues menuda pifiada. Este desenlace está a punto de hundir una temporada que, si bien iba siendo irregular, no lo era más que las de The Walking Dead cuando remontó (a partir del tercer año). Y así me cuesta elegir qué nota darle. Tiene un pico inicial de calidad bastante alto (el citado We All Fall Down, es memorable), un tramo central simplón pero aceptable, una parte final un poco sosa pero tampoco horrenda si no hubiera sido por esta desastrosa conclusión. Lo que tengo claro es que, por mucho que lloren los fanáticos, por ahora sigue siendo superior al tramo equivalente de The Walking Dead. La primera parte de la segunda temporada de aquella no tiene ni la mitad de dilemas éticos, de decisiones difíciles, de individuos puestos al límite que esta, era todo tonterías y vueltas en círculos sobre clichés muy pobres. Ahora bien, espero que no siga decayendo…

Ver también:
Temporada 1.
The Walking Dead.

ORPHAN BLACK – TEMPORADA 4.


Space/BBC America | 2016
Productores ejecutivos: John Fawcett, David Fortier, Graeme Manson, Kerry Appleyard, Ivan Schneeberg.
Intérpretes: Tatiana Maslany, Jordan Gavaris, Kristian Bruun, Maria Doyle Kennedy, Josh Vokey, Evelyne Brochu, Ari Millen, Rosemary Dunsmore, Skyler Wexler, Jessalyn Wanlin, Gord Rand, Cynthia Galant.
Valoración:

Alerta de spoilers: Presento la situación inicial de tramas y personajes sin desvelar nada más allá.–

Da la impresión de que los autores fueron conscientes de ello o que escucharon las críticas sobre que las tramas de conspiraciones se estaban yendo de madre (farragosas y poco entretenidas) y limitaban los aciertos de la serie, esto es, la odisea de las clones por averiguar sus orígenes y sobrevivir a las intrigas que las amenazan. Se nota más esfuerzo por volver a ponerlas en el centro de la narración, pero sobre todo en hacer más tangibles esas historias de corporaciones e individuos cuyos fines no quedaban nada claros anteriormente. Sigue habiendo algunos fallos, pero en líneas generales la temporada ha recuperado bastante el tono de sus orígenes.

Empezamos con lo mejor, un fantástico capítulo centrado en los últimos días de Beth, la detective cuyo suicidio ante Sarah inició este viaje. Su tragedia resulta demoledora y te atrapa con fuerza de nuevo en una aventura que recupera el drama de personajes, la emoción y el ritmo tras haberse tornado demasiado impersonal, fría, y a la vez caótica. Pronto conocemos más a fondo a Krystal la poligonera obsesionada con el ejercicio físico, a una nueva y difícil compañera (MK, la hacker huraña), y volvemos a tener el grupo inicial algo más unido. Alison y Donnie enfrentan las repercusiones por sus juegos fuera de la ley, pero su sección no se alarga más de la cuenta, sino que enseguida vuelven a trabajar codo con codo con las otras clones. Helena con su embarazo empieza a centrarse, y tampoco ocupa más tiempo de lo debido. Rachel enfrenta sus debilidades y trata volver a hacerse fuerte en la industria. Cosima trabaja incansablemente desde un laboratorio improvisado para buscar la curade las dolencias conocidas y desconocidas de las clones (escalofriante el gusano robótico), y Sarah hace el trabajo de campo tras elegir más bien por la fuerza entre huir y esconderse o pelear por un futuro mejor. Y cómo no, debo destacar otra vez el enorme papelón múltiple de Tatiana Maslany, que sigue sumando roles a una interpretación memorable.

Las distintas facciones que van tras las clones siguen al acecho, pero, ¿quién es quién? Se empieza a mostrar mejor el asunto, aunque sea a costa de olvidar con poco disimulo tanto lío de Castor, Topside (que ni recuerdo qué eran exactamente) y otros individuos en solitario, para centrarlo todo en una nueva compañía global, Brighton, y una intenciones más claras: hay una lucha de egos por controlar el futuro de la manipulación genética, sea con clones o con bots que alteran el ADN. Centran este lío empresarial en las ambiciones de Evie Cho (seguidora de Leeki) y las de Susan Duncan, sobre las que las clones deben averiguar qué traman y actuar en consecuencia. Las incursiones en la sede de Brighton para investigar, la lucha constante de Sarah por mantener a salvo su familia, otros pocos flashbacks a Beth, la presencia novedosa de Krystal y MK, y los roces entre Sarah y Fe que emergen ante tanto estrés, son los mejores momentos de un año como digo más centrado en lo emocional (incluyendo la vuelta de la estupenda vena cómica) y menos en el artificio. Pero aun así algunos fallos siguen presentes, limitando un poco su potencial.

De nuevo la enfermedad de Cosima es un auténtico comodín a usar según le dé la gana a los guionistas. Rachel necesitaría algo más de definición, aunque mejora cuando empieza a labrarse su nuevo ascenso. Y sobre todo, la mezcla de intrigas vuelve a opacarse un poco en el tramo final, dando un último capítulo un tanto aburrido y que vuelve a caer en errores antiguos: meter de nuevo figuras en la sombra que no sabemos qué persiguen, como el otro directivo importante de Brighton o el tipo misterioso de la isla, a lo que se le suman los cambios de bandos constantes y poco explicados de secundarios como Susan o Ferdinand, o la reaparición final de otro rol cuyas intenciones y lealtades tampoco se entendían.

La mejora evidente, sumada a la noticia de que la quinta que será la última, es decir, el saber que en vez de poner más capas de conspiraciones van a ir hacia las resoluciones, me hace tener esperanzas en un buena temporada final.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 4.

The Wire
HBO | 2006
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, John Doman, Frankie Faison, Aidan Gillen, Robert Wisdom, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, Corey Parker Robinson, Glynn Turman, Chad L. Coleman, J.D. Williams, Jamie Hector, Felicia Pearson, Gbenga Akinnagbe, Jermaine Crawford, Maestro Harrell, Julito McCullum, Tristan Wilds, Reg E. Cathey, Robert F. Chew.
Valoración:

Alerta de spoilers: Presento las tramas y personajes lo justo para poder hablar de los temas y mensajes de la temporada.–

En el cuarto año de The Wire David Simon sigue ampliando las miras y objetivos de su titánico análisis sobre las sociedades del primer mundo, pues como he indicado en artículos previos, a pesar de que retrate un país y ciudad concretos la mayor parte de lo mostrado es extrapolable a muchos otros lugares. Esta vez nos lleva a las entrañas del sistema, a los dos sectores clave en el funcionamiento del modelo social vigente: las escuelas que deben formar a los futuros ciudadanos y los políticos que en teoría trabajan para el pueblo.

Para mostrar los aspectos negativos del sistema escolar Simon elige como es lógico un ejemplo de colegio público de los que están muy afectados por el negocio de la droga y la ineficiencia gubernamental. En este lugar el nuevo grupo de protagonistas, profesores también pero sobre todo alumnos, servirá para reflejar una gran gama de situaciones, inspiradas en hechos reales como siempre, desde las que analizará todas las carencias y fallas de la administración (en todo su rango, desde las escuelas y el ayuntamiento al Estado de Maryland) tanto en la educación como en la lucha contra las drogas, pero sobre todo señala nuestro fracaso como sociedad en general. Los numerosos chavales que ahora comparten protagonismo con los policías y criminales ya conocidos nos enseñarán cada uno un modelo de las vidas de este mundo, pero todos tendrán con un punto en común: un futuro prácticamente negado por un sistema podrido del que es casi imposible salir.

Uno puede decir qué día es por sus caras. El mejor día es el miércoles. Es cuando están más lejos de casa, de lo que esté pasando en las calles. Entonces se ven sonrisas. El lunes hay ira. Los martes, están atrapados entre lunes y miércoles, así que podría ir en cualquier dirección. Los jueves sienten que llega el fin de semana. El viernes de nuevo es malo. -Una profesora.

Duquan (Jermaine Crawford) crece en la pobreza en un país con ayudas sociales escasas e inefectivas, y aunque es inteligente y aplicado, de nada sirve si tienes todas las papeletas de acabar cayendo por las grietas. Randy (Maestro Harrell) parece un buen sobreviviente en un ambiente sin violencia, en especial por su habilidad para los pequeños negocios, pero en esta cultura que exige ser siempre implacable y desalmado muestra sus debilidades: una cobardía aquí, un chivatazo allá, y estarás marcado de por vida. Namond (Julito McCullum) se forma en la droga, pues su padre, Wee-Bey, es de los grandes del negocio, y su madre está acostumbrada a vivir montada en el dólar sin dar un palo al agua, así que con el esposo en la cárcel le exige que continúe su negocio. Pero el chicho es gentil, amigable, y rehúye la violencia. A veces el entorno no consigue doblegar la personalidad, y veremos si es capaz de aprender como se le pide o cae en el intento, porque salir de ese mundo en las condiciones existentes, como digo, es algo en lo que ni pierden el tiempo soñando. Michael (Tristan Wilds) es el más maduro y duro, tanto que llama la atención de los narcos del barrio; pero no quiere seguir un camino de violencia, con lo que se enfrenta a una disyuntiva semejante al anterior, aunque con una perspectiva muy distinta. Por supuesto hay muchos más, porque Simon no escatima a la hora de incluir más de una decena de personajes nuevos, ampliando el nivel de complejidad, profundidad y realismo del relato. El niño que roba coches, el chiquinajo que da miedo, el grupo que va al aula especial de Colvin, los profesores que lidian como pueden con el desastre…

Se podría decir que desde ves el viaje en que están embarcados los chicos se puede intuir bastante bien la ruta que seguirán, pero es evidente que la idea es representar los estereotipos más comunes del panorama, igual que en la primera temporada Stringer, Barksdale y D’Angelo ejemplificaban las distintas formas de entender el negocio del narcotráfico. Y además hablamos de The Wire y David Simon. El dibujo de todos ellos es complejo y profundo, muestra unas figuras tan humanas que parece que estamos viendo un documental en el que han grabado vidas reales. Nunca se ha visto en cine o televisión un reflejo tan verosímil de la juventud y adolescencia… y resulta demoledor, porque estamos ante casos muy tristes. Además hay que destacar el papelón que consiguen todos. Es increíble el trabajo de casting y dirección de actores que han logrado los realizadores, pero sobre todo lo bien que se adaptan los críos a sus papeles a pesar de no tener mucha experiencia: ninguno se queda corto a la hora de ofrecer una interpretación de gran naturalidad y llena de matices.

El tono de gran parte de la temporada es melancólico, más trágico que de costumbre. Nunca la miseria que nos ha ido mostrado Simon llega tan hondo como en esta etapa, porque viendo este ensayo sobre el crecimiento y formación de las personas eres más consciente que nunca de que son eso, personas, de que nadie nace siendo un asesino o un narcotraficante, sino que en su mayor parte es el entorno el que dirige nuestras vidas y pocas veces nuestras decisiones son tomadas en total libertad, conciencia y conocimiento de lo que nos deparará lo elegido. Todos los niños están atados a un negro porvenir por muchos factores: el barrio donde han crecido, la familia (espeluznante la madre de Namond mandándolo a la esquina y la de Michael pidiéndole dinero para drogarse) y sobre todo el sistema, que no es capaz de ofrecerles un camino mejor y termina abandonándolos. Los procedimientos de acogida dan miedo. Todos temen acabar en una residencia social, que es el salto final a la selva: rodeado de cientos de menores desamparados y violentos, casi parece más segura la esquina, donde al menos tienes a tu banda. Los colegios son un desastre terrible, ni tienen dinero ni un modelo eficaz, y el entramado de administración y gobierno es incapaz de dar soluciones. Lo que se hace es parchear, rebajar expectativas, disimular la realidad con diversas técnicas.

-Si les enseñamos a los chicos las preguntas de examen, ¿qué se evalúa con ello?
-Nada. Nos evalúa a nosotros. Si las notas de los exámenes suben, pueden decir que las escuelas están mejorando. Si las notas siguen bajas, no pueden.
-Es manipular las estadísticas.
-¿Cómo dice?
-Convertir los robos en hurtos, hacer desaparecer las violaciones… confunde las estadísticas y los Mayores se vuelven Coroneles. Ya había estado aquí.
-Adondequiera que vayas, allí estás.

-Prez y otra maestra.

-La escuela recibe cierta cantidad de dinero por cada chico que aparece un día en septiembre y un día en octubre.
-¿Un día?
-Después de eso, no pierden el dinero del gobierno, así que terminamos.

-Cutty y el Oficial de novillos.

Con este panorama se encuentra Roland Pryzbylewski, Prez para los amigos y Prezbo para los alumnos, quien después de fracasar como policía se mete a profesor. Parece que los niños se lo van a comer vivo, de lo blando que es. Sorprendentemente consigue cierta conexión tratándolos con cercanía y sinceridad… pero claro, se topa con todas las barreras del sistema y poco puede hacer. En vez de enseñarles cosas con las que puede despertar su interés debe machacarlos con tests repetitivos para falsear las estadísticas. Hay que señalar que el viaje de Prez, así como gran parte de las historias, está directamente inspirado en el segundo guionista de la serie, Ed Burns, pues pasó de agente desencantado a profesor para ver si podía hacer más bien a la sociedad, pero vio que no y terminó escribiendo con David Simon (empezando con el libro The Corner) para denunciar toda esta mierda.

A las escuelas llega también Bunny Colvin, el que se montó el experimento de legalizar las drogas. Se encuentra con un proyecto universitario bien subvencionado que pretende buscar un modelo alternativo para los chicos más problemáticos. Así, Simon tanteará con qué se podría hacer para mejorar las cosas, pero como siempre ofrece una perspectiva diversa y verosímil. Separan a los chavales con más problemas para darles un toque más cercano y personal, para tratar de entenderlos y sacar algo de ellos. Al poco de estar ahí Bunny se da cuenta de lo obvio, y suelta una demoledora frase que define muy bien la situación:

Sabéis que esto, toda la maldita escuela, el modo en que os comportáis, es entrenamiento para la calle. El edificio es el sistema, nosotros somos la policía. Venís aquí todos los días y practicáis escaparos, tratáis de ejecutar distintos tipos de planes. Es práctica para la esquina, ¿no? No hay verdaderos policías. No hay verdadero peligro. Pero todos sacáis algo de esto. -Colvin.

Pero en el otro gran arco argumental de la temporada aparece una gota de esperanza. En el año previo conocimos a los altos mandos policiales y el ayuntamiento. En esta etapa se acercan las elecciones, y el concejal Thomas Carcetti tiene una versión fresca, incorrupta y decidida para la ciudad. Trae muchas promesas, sobre todo para el maltrecho cuerpo de policía… Pero eso si gana las elecciones. El alcalde Royce es un duro rival, tiene a la ciudad bien agarrada con sus largos tentáculos de amiguismo y corrupción. Así, la campaña es larga y jodidamente complicada.

En esta historia conocemos más a fondo cómo funciona la política estadounidense, que a la hora de la verdad es tan corrupta e incompetente como la española, pero también es bastante más democrática que aquí, más centrada en personas concretas que en partidos, y más cercana al pueblo (las presidenciales son un mundo aparte, eso sí). Vecinos, comunidades, religiones, gremios y otros tantos grupos defienden los intereses de sus zonas y miembros, y tanto los cargos electos como los que se presentan tienen que mantener el contacto y las promesas con ellos, escucharlos y ganarse su respeto si quieren que estos apoyen sus nombres para que el ciudadano termine votándolos. En España un concejal y un alcalde puede ser presionado por la asociación de comerciantes local, pero poco más, y desde luego más arriba de la cadena la separación es ya total: aquí un diputado autonómico vive en otro mundo, sin contacto con las bases, sólo se debe a su partido.

No nos olvidamos por supuesto de los dos grupos protagonistas desde el inicio de la serie, los policías y los narcotraficantes. Marlo es quien domina ahora el Oeste, pues de la banda de Barksdale sólo queda Bodie en las calles. Es insaciable e intratable, y a Proposition Joe le cuesta llegar a él para exponerle su idea de la cooperativa, eso de que cada rey de la droga de Baltimore se reúna con los demás para compartir beneficios: la mejor droga, defensa común ante nuevos jugadores, buenos contactos, etc. Chris y Snoop siguen siendo sus fieles perros de presa y dos personajes que a pesar de ser asesinos resultan entrañables. El plan de esconder los cuerpos en casas desocupadas y tapiarlas de nuevo está dando frutos, pero las técnicas policiales son conocidas también en otros ámbitos: ya no usan teléfonos móviles.

Como los cuerpos no aparecen, a pesar de que sin duda se ha ganado su posición por la fuerza, la Unidad de Delitos Mayores anda muy perdida. Lester sigue trabajando incansablemente, pero el grupo está reducido a Sydnor y Kima. Y como siempre, las trabas políticas y las agendas de los altos mandos ponen en peligro al grupo, hasta el punto de desbaratarlo de nuevo. Lester y Kima acaban en homicidios, algo nuevo para ella (creció en narcóticos), con Bunk y otros secundarios que siempre andan por ahí aunque no recuerdes sus nombres (el sargento Jay el más destacable). McNulty está de patrullero y saliendo con Beadie (la agente portuaria de la segunda temporada), y ha aplacado sus demonios internos: la ira por un trabajo difícil y sin resultados reales lo empujaba al alcoholismo. Herc no es capaz de ascender estudiando (el pobre es bastante cortito) y espera que trabajando como chófer en el ayuntamiento lo consiga… pero tendrá tanto golpes de suerte como grandes meteduras de pata. Carver en cambio sigue demostrado ser un buen policía y va escalando la cadena de mando. Y mejor oficial es Cedric Daniels, quien poco a poco va aprendiendo a jugar con la política, y en quien se fija Carcetti para tener a alguien igual de incorrupto entre los altos mandos, porque Burrel y Rawls le lamen los pies al alcalde o guerrean entre ellos. La fiscal Rhonda continúa siendo el contacto con los tribunales, y su futuro también le depara sorpresas.

En la calle tenemos otros pocos muy queridos que terminan de redondear este inconmensurable y fascinante mosaico de tramas y personajes. Omar acaba enfrascado en otro pique personal con el rey de turno, Marlo. El vagabundo Bubbles sobrevive el día a día con sus miserias: la pobreza y la adicción. Toma un joven pupilo bajo su cargo, pero la cosa no termina de ir bien, sobre todo cuando un matón empieza a acosarlos. Y Dennis Wise, alias Cutty, está triunfando con el gimnasio para jóvenes de la calle que se montó, aunque como era de esperar se enfrenta a problemas que traen estos de fuera.

Entre los muchos grandes momentos me resultan especialmente inolvidables los siguientes. La escena inicial del año, con Snoop comprando una pistola de clavos hablando de pegar tiros ante el atónito dependiente. La cena de Colvin con los alumnos del grupo especial, mostrando cómo el entusiasmo choca con las barreras sociales. McNulty haciéndose amigo de Bodie. La cadena de acontecimientos que acaba jodiendo la vida de unos de los niños (el ataque a su casa). Lester deduciendo sobre las casas abandonadas y cerradas. El agujero que se encuentra Carcetti en los presupuestos y que condiciona todas sus promesas. Bubbles tocando fondo. Los destinos de todos los chicos, la mayoría horribles…

El equilibrio de relato es como siempre impecable, pues a pesar de su indescriptible complejidad y profundidad resulta más que entretenido adictivo, te atrapa con todas las historias personales, te conmueve con la certera descripción del mundo. Pero esta vez, como indicaba, el tono es más oscuro que de costumbre, llegando a tener momentos desoladores.

Cuándo cambiará esta mierda -Colvin.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.
Presentación.

GUERRA Y PAZ – MINISERIE.

Warn and Peace
BBC | 2016
Productores ejecutivos: Andrew Davies, Bethan Jones, Faith Penhale, Simon Vaughan.
Intérpretes: Paul Dano, Lily James, James Norton, Jessie Buckley, Jack Lowden, Aisling Loftus, Tom Burke, Tuppence Middleton, Callum Turner, Adrian Edmondson, Rebecca Front, Greta Scacchi, Aneurin Barnard, Mathieu Kassovitz, Stephen Rea, Brian Cox.
Valoración:

Da la impresión de que en la BBC, en colaboración con la Weinstein Company, han buscado una adaptación sencilla y comercial, porque no se ve gran ambición en esta enésima versión de Guerra y paz. El guion elude la complejidad de la obra de Tolstoi, sobre todo en la política y lo bélico, y se queda con las historias de amor en su concepto más básico, que además son condensadas en tan sólo seis capítulos. Entre lo resumido que está todo y la falta de profundidad en el dibujo de personajes y tramas, la miniserie resultante es simple pero a la vez tosca y artificial, es decir, queda un culebrón previsible y sensacionalista: personajes estereotipados, situaciones tirando a cutres y giros predecibles y exagerados son soltados sin esfuerzo por buscar fluidez, naturalidad, coherencia.

Como hay que mostrar todos los clichés de las historias de amores no correspondidos, tragedias lacrimógenas y reencuentros felices o tristes, los protagonistas son comodines para ir saltando de uno a otro, con lo que nunca llega a construirse una personalidad concreta. En otras palabras, no se trabaja lo más mínimo sus evoluciones: la transición entre una decisión o evento al siguiente, la maduración, los condicionantes que lo llevan por un camino u otro. Por poner un ejemplo concreto, que hay muchos, en un solo capítulo una de las nobles, Natasha Rostova, pasa de ser una adolescente risueña a una dama enamorada, para enseguida encapricharse de otro con locura y en breve acabar en depresión, y todo ello sin explicar qué la lleva a tomar decisiones tan drásticas ni exponer cómo aparecen los distintos sentimientos, de hecho la pataleta que la da cuando le explota en la cara el conato de aventura es incomprensible. También se abusa de los encuentros imposibles. Pase lo que pase, sea cuales sean las distancias temporales y físicas, todos acaban tropezándose en el momento justo; algunos de estos instantes llegan a dar algo de vergüenza ajena.

Son los actores los que logran que los protagonistas aguanten el tipo lo suficiente para que la aventura sea medianamente aceptable como entretenimiento, pues materializan sus emociones con gran energía y logran que nos interesemos por ellos. El reparto es amplio pero está lleno de excelentes intérpretes ingleses: veteranos de gran renombre, jóvenes ya muy asentados, y nuevas promesas. Entre los primeros llaman la atención figuras como Gillian Anderson, pero lo cierto es que su personaje es anecdótico, prescindible (lo comento porque fue una de las razones por las que me lancé a verla). Son Brian Cox, Adrian Edmondson (a este yo no lo conocía), Stephen Rea y sobre todo el colosal Jim Broadbent quienes destacan. De los que se van haciendo un hueco en el panorama está la ya bien asentada Lily James, que deslumbró en Downton Abbey y está dejando huella en cine también (con Orgullo y prejuicio y zombis y Cenicienta, por lo que parece se va a quedar anclada en papeles de época) y Paul Dano, que si tengo que elegir un solo nombre en el reparto, me quedaría con él, aunque hay más dignos de citar, como Tupence Middleton. Luego tenemos muchas sorpresas: James Norton, Jack Lowden y Jessie Buckley tienen un futuro muy prometedor.

La descripción de la vida en la época se limita a los temas matrimoniales. Es decir, la prometedora recreación histórica más que somera parece inexistente. Las distintas clases sociales y formas de vivir y pensar, el vuelco que trae la guerra, las nuevas maneras de ver el mundo… Ninguno de esos aspectos esenciales de la novela se tratan en profundidad. Si hay una cita sobre el empobrecimiento de una de las familias protagonistas es para relacionarlo con la trama romántica de turno. Inicialmente con Pierre Bezukhov parecía que sí iban a introducirse en la historia y la filosofía, pero se quedan en unas frases sueltas para definirlo como rarito y fuera de lo común y no ahondan más a pesar de todo lo que le ocurre a lo largo de los años; vamos, que deambula de acá para allá sin que se relate con él nada concreto más allá del amor no correspondido. La política apenas aparece en un par escenas sobre la guerra, centrada en alguna breve disputa entre comandantes. Pero la guerra en sí queda también al servicio del dramón pasional. Si vemos un amago de batalla es para mostrar a tal o cual protagonista echando de menos a su amada, huyendo de su matrimonio agobiante, o lo que sea.

Los avances prometían más nivel en el aspecto visual, haciendo pensar incluso en grandes batallas. Cuatro planos de extras y ejércitos digitales es lo que vas a ver, porque los enfrentamientos son bastante pobretones, con un acabado y unas limitaciones propias una serie de principios del siglo. Es problema de la escasa calidad de la puesta en escena más que de recursos, porque los escenarios naturales vistosos, los correctos decorados y vestuario de la época y los extras en cantidad, aunque no sean dignos de una gran superproducción sin duda daban para más. Rutinaria, es la palabra. Debería deslumbrar, y resulta monótona, sin personalidad. Dirección sin savia, fotografía ramplona (el intento de iluminación natural no funciona del todo)… y la música en concreto llega a cansar: parece que solo hay dos temas, el épico-trágico (con algo de coros) y el romántico-tristón (unas repetitivas notas de piano que valen para todo).

Sólo se la recomiendo a los amantes de los dramas románticos de época, pero no esperes ver algo ágil, inteligente, emocionante e impecable en lo audiovisual como Downton Abbey.