MASTERS OF SEX – TEMPORADA 1.

Masters of Sex
Showtime | 2013
Productores ejecutivos: Michelle Ashford.
Intérpretes: Michael Sheen, Lizzy Caplan, Caitlin FitzGerald, Beau Bridges, Teddy Sears, Nicholas D’Agosto, Allison Janney, Julianne Nicholson.
Valoración:

La creadora y guionista Michelle Ashford parte de la novela de Thomas Maier para abordar su propia versión sobre el trabajo realizado por los investigadores Williams Masters y Virginia Johnson, quienes desde finales de los años cincuenta revolucionaron los conocimientos sobre sexo.

Williams Masters es metódico y muy exigente en su trabajo, y también un visionario que sigue con ímpetu su obsesión por estudiar un tema tabú como es el sexo, por romper la percepción que se tiene de él en la sociedad y en la ciencia. Pero su dominio de la ciencia choca con su ingenuidad y limitaciones personales: no siente deseo por su esposa, su noción de la familia es prácticamente cumplir con lo que dicta la sociedad (la vio como esencial si quería labrarse una reputación como ginecólogo), y sus aptitudes sociales en general no son su fuerte. Inesperadamente encuentra en la secretaria que contrata un opuesto que le complementará y enseñará muy bien. Virginia Johnson es joven pero muy madura, no en vano ya ha vivido un par de matrimonios y tiene dos hijos, experiencia que le ha servido para decidirse por vivir la vida a tope: trabajar y estudiar para llegar a no depender de un marido, relacionarse con quien quiera importándole bien poco el qué dirán. Pronto su energía y valentía y facilidad para aprender la convierten en una colaboradora de la investigación.

Como es esperable el estudio traerá complicaciones de todo tipo, siendo las primeras la relación entre ambos, que pasa por todo tipo de situaciones. La incapacidad de Masters para expresar sentimientos y pedir las cosas con educación lo hacen difícil de tratar, de hecho la serie juega mucho a mostrarlo repulsivo para el espectador, pero siempre de forma que entendemos por qué y nos apiadamos de él: quieres que cambie, que trate bien a Virginia, a su mujer y a sí mismo; y a la vez esperamos que ellas se sobrepongan a los baches que él va sembrando, que no son pocos. Los problemas de financiación son los siguientes en la lista. El rector del hospital podría ceder al ser un viejo amigo, pero los ricos que aportan el dinero son otro cantar. Y Masters juega en la cuerda floja con semejante estudio.

Hay un puñado de secundarios, pero francamente, ninguno me ha llamado la atención especialmente, parecen haber puesto todo el esfuerzo en la pareja protagonista y dejado el resto un poco de lado. Así, aunque nunca llegan a desentonar, las subtramas como los amoríos de los otros dos doctores no alcanzan el mismo interés y trascendencia. Sólo salvaría la historia de la homosexualidad oculta del rector, que aporta un drama más intenso y tiene muchas buenas escenas, además de estar mucho más ligada al argumento de la serie.

Personajes tan complejos y potentes son muy jugosos para cualquier actor que busque labrarse un nombre en la televisión, y los dos elegidos son todo un acierto. Las interpretaciones de Michael Sheen y Lizzy Caplan resultan memorables, sobre todo teniendo en cuenta la dificultad de esos roles: los silencios, las miradas y las emociones contenidas son cruciales en todo momento para darles vida a ellos y sentido a la escena. Indistintamente de los premios a los que optaran (ella ni siquiera fue nominada a los Globo de Oro), estamos hablando de dos interpretaciones dignas de citar como inolvidables. Eso sí, en cuanto a mejor actriz del año la competencia fue de nivel, de hecho yo me quedaría con Taylor Schilling en Orange is the New Black.

Pero hay más actores, y aunque los jóvenes queden muy eclipsados el veterano Beau Bridges sí destaca: está fantástico como homosexual reprimido. Pero en cambio Allison Janney como su esposa no me convence tanto, está sorprendentemente apagada, sobre todo comparada con su gran trabajo en El Ala Oeste.

En lo visual estamos ante una producción de primer nivel. No será ambiciosa en cuanto a ambientación de la época, pues no salimos del hospital y las casas de los protagonistas, pero eso no frena a sus realizadores a la hora de perseguir la línea de televisión de calidad actual, es decir, trabajarse un aspecto cinematográfico. Así, llama rápidamente la atención por su magnífica fotografía y termina de atraparte con su tempo narrativo modélico (aunque obviamente este tenga mucho que ver también con el guión).

La temporada fluye sin fisuras, altibajos o huecos, todo está colocado con precisión milimétrica para que la trama y los personajes avancen a la par con un ritmo templado pero absorbente, para que cada nuevo paso y giro de acontecimientos vaya aportando poco a poco nuevas capas. Pero la obsesión por colocar cada pieza detrás de la anterior se traduce en que resulta predecible, pues no deja espacio a la sorpresa inesperada, a que el universo crezca por su cuenta de forma más natural. No hay giro, destino y escena que no se pueda intuir de antemano, ningún evento llega de forma que nos coja desprevenidos. Y aunque se acepte que la trama esté limitada porque quieren relatar algo muy concreto y se perdone porque la construcción de personajes es exquisita, la falta de vidilla y riesgo termina perfilando una narración demasiado encorsetada. Ni siquiera en el tramo final se atreven a sorprender. Huelga decir que las obras bien escritas y bien ejecutadas tienen su valor, y más si no hay fallos notables que mencionar, pero es obvio también que para dejar huella hay que arriesgar e innovar aunque sea un poco.

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