CABALLERO LUNA – MINISERIE

Moon Knight
Disney+ | 2022
Superhéroes, fantasía, aventuras | 6 ep. de 42-50 min.
Productores ejecutivos: Jeremy Slater, Doug Moench, Louis D’Esposito, Kevin Feige.
Intérpretes: Oscar Isaac, Ethan Hawke, F. Murray Abraham, May Calamawy.
Valoración:

Moon Knight o Caballero Luna fue creado por el escritor Doug Moench y por el dibujante Don Perlin en 1975. Aunque llegó a tener su propia tirada de cómics, nunca ha pasado de ser un personaje muy secundario, casi olvidado, hasta que lo han recuperado en la lluvia de adaptaciones de Disney/Marvel. La miniserie ha corrido a cargo de los guionistas Jeremy Slater y Doug Moench. El primero se presentó con dos títulos infames, Cuatro fantásticos (2015) y Death Note (2017), pero fue asentándose en series como El exorcista (2016) y The Umbrella Academy (2019). El segundo pone su experiencia en el género ganada en numerosas series de animación de Marvel y DC. La llevan a imágenes tres directores igual de poco conocidos: Mohamed Diab, Justin Benson, Aaron Moorhead.

Estos autores se atascan sobre una premisa muy básica, dando vueltas sin saber cómo desarrollarla en ninguno de sus aspectos: el tono, el arco dramático de los protagonistas, la trama y su alcance, el aspecto visual… Como resultado, Caballero Luna es un despropósito bastante cargante durante el visionado, pero por suerte también se olvida muy rápido.

El primer episodio presenta lo esencial sin sorpresas, pero con suficiente gracia y ritmo. Un protagonista desconcertado intentando encontrar su lugar en el mundo, el nacimiento del superhéroe, la presentación del villano… Oscar Isaac está como siempre espléndido, Ethan Hawke es lo justo de inquietante. El conflicto de múltiples personalidades promete dar giros inesperados al viaje del héroe, la intriga egipcia es sugerente. La narrativa es ágil y el humor también, e inesperadamente parece más oscura y violenta de lo habitual. El flojo acabado de las escenas de acción y los efectos especiales serían el punto más débil.

Como es obvio, se puede partir de lugares comunes (el parecido con el cómic y las películas de Venom es excesivo), pero yendo con inteligencia y paciencia se puede llegar a destinos inesperados. Pero no es el caso…

Los dos siguientes capítulos siguen atascados en el punto de partida, sin aportar nada sustancial a lo ya presentado. Los intentos de incluir peligros secundarios para tapar huecos no funcionan: las peleas a puños por las calles de El Cairo o la reunión con un supuestamente inquietante rico son forzados y sin emoción alguna. Seguimos de paseo con las dobles personalidades, atascados una y otra vez en los mismos escenarios y conflictos. E inesperadamente el estilo oscuro se deja de lado por uno cada vez más distendido y humorístico.

No hay personajes secundarios más allá de la chica de turno, Scarlet Scarab o Layla El-Faouly. «La de los rizos» la llamé yo, por la falta total de interés que despierta y lo difícil que es acordarse de quién es y qué pinta aquí. Al paupérrimo dibujo del rol se le suma el también el nulo interés y carisma que aporta la actriz May Calamawy. El villano, Arthur Harrow, tampoco logra que comprendamos sus planes y resultar temible o fascinante, y entre él y sus secuaces de adorno se ofrece tan poco que aburre hasta generar rechazo; Ethan Hawke consigue al menos darle un toque sobrio, impidiendo que resulte el típico malo sobreactuado hasta el ridículo.

La sugerente intriga egipcia acaba siendo un sinsentido con unas formas infantiles cada vez más incómodas. Está claro que intentan darle un toque de humor para intentar que un argumento tan surrealista entre mejor, pero está muy lejos de funcionar, suma puntos al tono cargante.

Khonsu (voz de F. Murray Abraham, un mítico secundario –Homeland, 2011-) no tarda en pasar de ente misterioso a secundario cómico tontorrón. Y en general el aquelarre de dioses y avatares egipcios es un caos y un disparate alucinante. No se expone bien el universo que nos plantean, las motivaciones y poderes de estos seres. Todo queda en un grupo de magos/dioses de parranda que hacen y deshacer a voluntad de los guionistas, según quieran poner un peligro, chiste o conflicto dramático e intelectual. Estos dos últimos aspectos andan bien ramplones: todo el arco dramático se limita a si las personalidades se llevarán bien y si vencerán a los malos. No hay más sustancia, nada más que rascar. Ni siquiera mensajes clásicos de superación personal, lucha contra las injusticias o el entendimiento entre culturas hacen acto de presencia, todo es un escaparate de criaturas mágicas supuestamente tenebrosas, graciosas o espectaculares.

El cuarto episodio parecía encarrilar las cosas hacia lo único que podría salvar la serie: la aventura de exploración y arqueología. Es el más entretenido y vistoso, con un aire añejo a clásicos del género, como La momia (Karl Freund, 1932; Terence Fisher, 1959) e Indiana Jones (Steven Spielberg, 1981), con una pizca de asombro por lo desconocido y fascinación por la historia y la mitología. Hasta la de los rizos parece cobrar un mínimo de relevancia.

Pero era un espejismo. Los dos capítulos que quedan caen a plomo, todo lo que iba mal explota y tenemos un festín de idioteces y cutreces exasperante. El receso en el asilo es incomprensible: cuando parecía lanzarse de una vez a desarrollar la trama, se paran de nuevo y ponen la marcha atrás: otra vez dando la paliza con las dos personalidades sin aportar nada más que sensacionalismo de baratillo y rellenos inútiles y pesados.

Y a estas alturas, a pesar de tanto reincidir sobre la dinámica entre sus personalidades, aparte de un trauma infantil obvio y demasiado melodramático y remarcado hasta la saciedad, todavía no sé quién es el protagonista: de dónde viene, cómo ha llegado a donde está, qué lo mueve. Acaba siendo un arquetipo cansino de la pareja cómica de opuestos exprimida en incontables series y películas: el tipo decidido pero con un pie en el mal y el buenazo demasiado blando que deben entenderse y dar lo mejor de cada uno para salir adelante. En la versión Marc Spector, los breves apuntes a su pasado como mercenario son intrigantes, pero no llevan a nada; y la torpeza de Steven Grant es cansina, las mismas situaciones vistas una y otra vez desde su presentación en el museo. Apenas se menciona otra personalidad, así que todo el prometedor micro-universo planteado dentro de su cabeza no da nada de sí. La conexión con la de los rizos es igual de trillada: complicidad, roces y romance de manual, sin química alguna ni momentos que rescatar.

Con un solo episodio para terminar de asentarlo todo y lanzar el desenlace es evidente que ya no hay manera de arreglar los serios problemas que se arrastran. Y menos cuando tras el pesado receso ya me he olvidado del todo de qué hacen y qué quieren los distintos personajes, y sigue sin entenderse nada del juego entre dioses. Los viajes entre planos astrales, las peleas de personalidades, los colosos que parecen peluches gigantes zurrándose… nada consigue un mínimo no ya de seriedad y coherencia, sino de dignidad. Y en esta parte pesa más que nunca el paupérrimo aspecto visual.

La dirección es caótica, con un montaje precipitado infame (hay gazapos cantosos en las posturas de los personajes). Quizá la idea era darle un ritmo trepidante a un guion escueto y repetitivo, pero hace falta un talento que estos directores están lejos de mostrar. En las escenas de acción es aún peor, todo un galimatías de movimientos frenéticos donde no se entiende nada. Empeora todo con unos efectos especiales de risa: cómo cantan las pantallas de fondo (menudos esperpentos la escena de la azotea en El Cairo y la persecución del primer episodio), qué justito el diseño y texturas de los dioses. El cartón piedra de los decorados no deslumbra, pero aguanta mejor el tipo. Algunos vistosos parajes naturales del desierto o distintas zonas de El Cairo apenas valen para dar la sensación de superproducción televisiva, y desde luego queda muy por detrás de las series que llevamos, en especial Loki y Falcon y El Soldado de Invierno. Lo único salvable es la versátil banda sonora de Hesham Nazih, que combina muy bien la épica de superhéroes, lo étnico, los vaivenes tragicómicos…

No puedo evitar señalar que películas de este estilo que fueron muy denostadas, Dioses de Egipto (Alex Proyas, 2016) y La momia (Alex Kurtzman, 2017), me han parecido bastante mejores, conseguían muy bien la fórmula de entretenimiento desenfadado y un acabado bastante espectacular. A Caballero Luna mejor la enterremos bajo las arenas del desierto.

Ver también:
WandaVision (2021)
Falcon y el Soldado de Invierno (2021)
Loki (2021)
Ojo de halcón (2021)
-> Caballero Luna (2022)

2 Respuestas a “CABALLERO LUNA – MINISERIE

  1. Seamos honestos. Todas las series de Marvel de Disney+ hasta ahora han sido una mierda en un palo. Lejos quedan del nivel de Daredevil, la primera de Jessica Jones, The Punisher o Legion. Es que no juegan ni en la misma liga, vamos.

    Con Echo parece ser que tendremos casi una suerte de 4 temporada de Daredevil encubierta. Hoy por hoy es lo unico que me interesa ver de Marvel porque esta fase 4 esta siendo desastrosa.

  2. A mí Loki me encantó, y Falcon muy digna. El resto prescindible u olvidable.
    Los Defensores empezaron muy bien pero batacazo bien gordo.

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