TABOO – TEMPORADA 1.

BBC One | 2017
Thriller, drama, aventuras | 8 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Chips Hardy, Tom Hardy, Steven Knight.
Intérpretes: Tom Hardy, Jonathan Pryce, David Hayman, Jessie Buckley, Oona Chaplin, Edward Hogg, Stephen Graham, Franka Potente, Michael Kelly, Tom Hollander, Richard Dixon, Leo Bill, Jefferson Hall, Nicholas Woodeson, Mark Gatiss, Lucian Msamati.
Valoración:

Tras su buena experiencia con Peaky Blinders, Tom Hardy mantiene un pie en la televisión con una nueva producción levantada por él, su padre y su amigo el guionista Steven Knight, creador principal de aquella serie, entre otros trabajos (Locke, Aliados, Promesas del este). La premisa es de hecho del propio Hardy, aunque el desarrollo lo han llevado aquellos dos, más los directores elegidos, los nórdicos Anders Engström y Kristoffer Nyholm, conocidos por Wallander, Forbrydelsen y otras exitosas por esas tierras. El plan es hacer tres temporadas.

Estamos en 1814. En Inglaterra gobierna el regente estrafalario y enfermizo George IV mientras su padre agoniza, aunque la Compañía de las Indias Orientales ostenta gran poder también. Tras la guerra de indepencia de Estados Unidos de América, la tensión sigue estando latente entre los dos países en la reelaboración de las fronteras americanas, donde cada facción quiere su pieza del pastel.

En un entierro reaparece inesperadamente el hijo del fallecido, James Delaney, tras estar más de una década desaparecido. Su retorno pone la zancadilla a los planes de la corona y de la Compañía, que esperaban heredar la isla de Nuutka y su estrecho, una zona crucial en la costa noreste de América, sobre todo por el comercio marítimo con Asia. Pero Delaney viene con unas motivaciones claras respecto a esas tierras, y se lo pondrá difícil a todos los bandos, por muchos que estos se esfuercen.

En la onda de Peaky Blinders, Copper, Ripper Street y semejantes, Taboo es una de misterio que exprime bien la sordidez y violencia de la época retratada, sumergiéndonos en un ambiente sucio, mísero y caótico donde la odisea de los protagonistas siempre está cargada de pesares y dramas. Delaney (Tom Hardy) está acosado por fantasmas del pasado, como la relación con sus padres y una tragedia que vivió en sus viajes. Su hermana (Oona Chaplin) está casada con un tipo arisco y con arrebatos de violencia (Jefferson Hall), aunque no menos inquietante es la relación con Delaney, incesto incluido. La ambición desmedida de Stuart Strange (Jonathan Pryce) al mando de la Compañía es su propio pozo de tormentos. Y en los secundarios tenemos un repertorio muy interesante que sigue a rajatabla la fórmula: putas poco higiénicas, actrices que a duras penas sobreviven en un mundo de hombres, homosexuales ocultos, granjeros pobres, espías sin escrúpulos, asesinos despiadados… Delaney usa a todos como puede para sacar adelante su lucha incansable, a algunos con más tacto que a otros, y que Dios se apiade de estos últimos…

La ambientación es muy potente en lo visual a pesar de tener un presupuesto ajustado (unos doce millones de euros), con unos decorados y un vestuario que lucen muy bien, sobre todo gracias a una fotografía estupenda. Las labores de dirección son sólidas y el reparto es notable, destacando al inmenso Jonathan Pryce (Juego de tronos, Piratas del caribe), al carismático y sombrío Tom Hardy (Mad Max, Legend, El Caballero Oscuro: La leyenda renace), a su afligido mayordomo David Hayam (El niño del pijama de rayas), con una voz áspera que te dejará anonadado, más un repetorio de secundarios de lujo como Franka Potente (El caso Bourne, Copper), Stephen Graham (Boardwalk Empire), Michael Kelly (House of Cards, Wolf Hall), Mark Gatiss (Sherlock)… Por ello, la única intérprete algo floja se nota más de la cuenta: Oona Chaplin (Juego de tronos, Black Mirror) no está a la altura. Tampoco deslumbra la música, a pesar de ser de un gran compositor al que admiro desde sus primeros trabajos, Max Richter, que deslumbró fuera del círculo sinfónico-minimalista con la serie The Leftovers; su labor aquí resulta un tanto repetitiva. De igual manera, me gustan bien poco los títulos de crédito, sosos a más no poder.

Pero el gran problema de la temporada es el ritmo. Son sólo ocho episodios y se nota que les han sobrado varios, que en el tramo central hacen malabares para no avanzar con la trama antes de tiempo, con lo que resultan bastante, bastante pesados. La fascinación que despierta el personaje de Hardy, la solidez de los secundarios y el atractivo aspecto visual salvan esos capítulos por los pelos. Teniendo eso en mente, no se entiende cómo a veces los guionistas parecen dejar de lado cosas jugosas que podían haber dado más vidilla. Hay otros muchos personajes muy atractivos que podrían haber sido explotados mejor (el asesino, la prostituta, el mayordomo), pero sobre todo le pesa la sensación de que Delaney planea y ejecuta algunas cosas importantes fuera de pantalla. El ejemplo más claro es que se empeña en tener un barco, y al poco aparece con él, luego se lo queman en las peleas y se empeña en tener otro, pero se tira capítulos deseándolo, sin hacer nada concreto hasta que al final resulta que lo consigue así por las buenas. En cambio, le dedican demasiado tiempo al asunto de la pólvora, que parece menos crucial en los acontecimientos actuales. Igualmente, hay alguna subtrama un poco cogida por los pelos: la historia de la hermana no termina de despegar… y acaba sin haber dejado huella; y la sección del negro que trata de denunciar el esclavismo no aporta nada sustancioso.

Así pues, Taboo resulta un tanto irregular, sobre todo lenta, a pesar de guardar un potencial mayor, pero también tiene bastante personalidad y engancha incluso en sus peores bajones.

PD: El título no sé muy bien a qué hace referencia. El único tabú claro es el incesto. Sería más lógico que se llamara “Proscrito”, “Perseguido” o algo semejante, o incluso “Nootka”.
PD2: En EE.UU. se emitió en FX, cuando cabría pensar que lógico hubiera sido en BBC America. A España la ha traído la recién estrenada HBO, que ha visto que para competir con el repertorio de Netflix tiene que abrirse a producciones externas también.

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