Archivo mensual: enero 2010

LAS 15 MEJORES SERIES DE LA DÉCADA.

Al igual que indicaba en el blog de cine, no es que me llamen mucho las listas, pero he visto tal cantidad de despropósitos en diversos blogs (donde se empeñan en adorar series menores como Dexter, Friday Night Lights, Mujeres desesperadas o The Big Bang Theory) y también en medios supuestamente importantes (el Hollywood Reporter cita bobadas como 30 Rock o 24) que al final no he podido evitar dar mi punto de vista.

He pensado bastante sin incluir sólo las estrenadas a partir del año 2000 o no, y me he decantado por pensar que si una determinada serie tiene temporadas a partir de ese año lo justo es contarlas. También me he debatido contra la dificultad de si tener en cuenta o no las temporadas que tienen la mitad en un año y la otra mitad en otro, y al final considero que vale para ambos años. He decidido poner quince y no diez ni veinte porque creo que es el número que incluye las series que son verdaderamente de notable alto o sobresaliente, aunque haya dejado fuera algunas también indispensables (Deadwood, Rome, Futurama, Friends, Over There). El orden sirve como guía, pues algunos puestos podría cambiarlos cada vez que mirase de nuevo la lista.

* * * * * * * * *

1. Urgencias (John Wells, Christopher Chulack y otros, temporadas 6-15).
La mejor serie de la historia, y punto. No pierde fuelle en ningún instante, y eso que el tramo de las temporadas 5-9 es insuperable. Vergonzoso que la gente la haya olvidado en sus listas a favor de series recientes puestas de moda pero de dudosísima calidad.

2. Carnivàle (Daniel Knauf, temporadas 1-2).
Cautivadora y sublime en cada plano, en cada escena. Sencillamente perfecta. Tenéis un comentario más extenso en su presentación.

3. Bajo escucha (The Wire) (David Simon, temporadas 1-5).
Fue un estreno que pasó bastante desapercibido, pero el tiempo y el boca a boca la pusieron en su lugar. En resumen, es un hipnótico e hiperrealista retrato de ciudad Baltimore, con historias y personajes sublimes.

4. El Ala Oeste de la Casa Blanca (Aaron Sorkin, Thomas Schlamme y John Wells, temporadas 1-7).
Soberbia lección de escritura y realización que supera incluso a gran parte del cine de la misma época. Obra maestra en sus primeras cuatro temporadas, aunque a John Wells le costó mantener el nivel dejado por Aaron Sorkin: “solo” se mantuvo entre el notable y el sobresaliente (alcanzado en la última temporada, donde por fin cogió su ritmo).

5. Firefly (Joss Whedon, temporada 1).
La FOX cometió uno de los errores más grandes de la historia del arte al cancelar semejante maravilla. El tiempo la puso en su lugar. Es de visionado obligatorio, una demostración ejemplar de cómo unir entretenimiento sin pretensiones con altísima calidad. Más en su guía de episodios.

6. Los Soprano (David Chase, temporadas 2-5).
Otra genialidad de la HBO. Enormes personajes, reparto que corta la respiración, y una visión irónica de la vida. Fue el mayor éxito de fama y audiencia de la cadena.

7. A dos metros bajo tierra (Alan Ball, temporadas 1-5).
Ésta y Los Soprano fueron primordiales en lo que se denominó la era dorada de las series. Una obra maestra que versa sobre las relaciones humanas, sobre las dificultades de la vida. Los personajes y sus actores, de lo mejor que se ha visto.

8. The Shield (Shawn Ryan, temporadas 1-7).
Espléndida producción de acción que puede describirse como una de las series más atrevidas y arriesgadas. Siempre supo forzar la historia un poco más sin acabar estrellándose (al contrario que mediocridades como 24). Adictiva como pocas.

9. Hermanos de sangre (Tom Hanks, Steven Spielberg, temporada 1).
O cómo la HBO sobrepasó a lo grande la frontera entre cine y televisión. Una producción inmensa de resultados impresionantes.

10. The Office (Versión de EE.UU.; Ricky Gervais, Greg Daniels, otros, temporadas 1-6).
Casi sin darnos cuenta se ha alzado como la mejor comedia de la historia (porque desde mi punto de vista supera a Friends). No sólo destaca por su excelente sentido del humor, sino también por sus magníficos personajes y la capacidad que tienen los guionistas para ir siempre más allá. Es una serie que demuestra que el inmovilismo (por ejemplo House y otros procedimentales) es matar la creatividad y el potencial de las series.

11. Los Tudor (Michael Hirst, Tim Bevan, Sheila Hockin, Eric Fellner…, temporadas 1-4).
Fastuosa producción sobre la vida de Enrique VIII, cuidando de forma espectacular las tramas de política y amores en la corte. Reparto y personajes sublimes, vestuario y fotografía de enorme calidad.

12. Entourage (El séquito) (Doug Ellin, Mark Wahlberg, temporadas 1-6).
No empezó fuerte, pero pronto su cohesionado grupo de geniales personajes y su microcosmos en plan pseudo-realidad alternativa del mundo de Hollywood, amén de su exquisita puesta en escena y su ritmo trepidante, hicieron de ella otra de las series más memorables de los últimos años.

13. Big Love (Mark V. Olsen, Will Scheffer, temporadas 1-4).
Aunque menos conocida que sus grandes dramas, el retrato de la familia mormona y polígama es una fantástica descripción de las distintas culturas y sociedades humanas y el choque entre ellas.

14. Arrested Development (Mithcell Hurwitz, temporadas 1-3).
Ofreció un tipo de humor adelantado unos cuantos años a su tiempo. Hoy día hubiera triunfado como The Office, pero en su momento nadie supo entenderla. Es única, irrepetible y fascinante.

15. Studio 60 (Aaron Sorkin, temporada 1).
Otra cancelación dolorosa de una producción magnífica. Aun con sus notables fallos, Sorkin consiguió otra endiablada maravilla que sorprendentemente no conectó con público y crítica como se esperaba. Más en su presentación y en su su guía de episodios.

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DOCTOR WHO – THE END OF TIME II.

BBC | 2010
Escritor: Russell T. Davies.
Director: Euros Lyn.
Intérpretes: David Tennant, John Simm, Bernard Cribbins, Timothy Dalton, Catherine Tate.
Valoración:

Después de una primera parte altamente insatisfactoria (sigo diciendo que me sorprende que a los seguidores apenas les haya molestado) y de mantener un considerable número de dudas sobre qué nos depararía el esperado final de esta etapa de Doctor Who, la segunda entrega me ha satisfecho bastante. No es un capítulo para quitarse el sombrero, pero es un desenlace más que correcto y la mítica esencia del Doctor, ese tono dramático y apresadumbrado entremezclado con la aventura más risueña, está patente en cada escena.

El aspecto que más temía era el que comentaba en la crítica a la primera entrega sobre que los finales de Russell T. Davies son demasiado exagerados y fantasiosos, y por suerte, a pesar de la algo forzada presencia de los Señores del Tiempo (qué típica y estúpida es la adivina, joder) y el exagerado plan de The Master (muy caótico pero con poca chicha), todo ha estado bastante bien llevado, primando las vivencias de los personajes sobre la fantasía pura y dura. El capítulo tiene buen ritmo, la aventura es como suele ser habitual muy entretenida, hay numerosas conversaciones llenas de dilemas y pesar que resultan excelentes, y en concreto algunos momentos, como la estancia en la nave alienígena, son brillantes. Es de nuevo obligatorio destacar la sublime labor de David Tennant como el Doctor y la no menos maravillosa presencia de Bernard Cribbins como Wilfred (el abuelo de Donna), que ofrecen unos personajes arrolladores y capaces de emocionar en muchas partes que son bastante lacrimógenas.

Sí, tiene fallos (el tema de las profecías, los sueños y las visiones sigue siendo cargante e innecesario), pero son menores y apenas interfieren en la calidad del conjunto. El único pero destacable que puedo aportar es que el tramo final no me convence. No comparto la idea de meter a todos los personajes que han salido en esta etapa solamente para darles una especie de despedida u homenaje, sobre todo porque queda como un anexo largo (demasiado largo) e innecesario en una historia centrada precisamente en otros caracteres. Se busca descaradamente la lágrima facilona y lastra ligeramente un final bastante bueno.

Por cierto, como anexo propio indicar que ahora más que nunca lo tengo bien claro: Donna y su familia son de lejos los mejores secundarios/acompañantes. Las otras chicas me caían bastante bien, pero Donna las supera en carisma y vitalidad, porque aunque Rose era un encanto su familia (novio y madre) eran insoportables, mientras que Martha, aunque era un gran personaje, no es que me dejara tantos buenos recuerdos.

En cuanto a la aparición del nuevo Doctor (Matt Smith), en principio no me gusta: no es que el pobre muchacho sea feo, es que es un monstruito. Pero claro, en su primera aparición Tennant también me disgustó, pero tardé medio capítulo en comprobar que era perfecto para el papel. Supongo que si han elegido a quien han elegido es porque en los casting ha dado la talla. La otra prueba interesante de ver será la de si el guionista Steven Moffat es capaz de mantener o levantar el listón dejado por Russell T. Davies. Yo apuesto que sí, porque como decía Russell me parece algo irregular, repetitivo y grandilocuente, mientras que Moffat nos ha dado gran parte de los mejores capítulos de esta finalizada etapa.

SPARTACUS: BLOOD AND SAND – EPISODIO PILOTO.

Starz | 2010
Escritor: Steven S. DeKnight.
Director: Rick Jacobson.
Intérpretes: Andy Whitfield, John Hannah, Manu Bennett, Erin Cummings, Lucy Lawless, Viva Bianca, Craig Parker.
Valoración:

Sus avances no engañan, Spartacus es una chorrada que sigue la penosa estela iniciada por el filme 300. Ofrece el mismo tipo de espectáculo grandilocuente pero hueco, el mismo tipo de producción comercial barata pero exitosa.

Se copia su estilo visual, y aunque se pule un poco (hay más nitidez que en las borrosas y apagadas imágenes que ofrecía la película) sigue resultando frío, falso, cutre. Se buscan imágenes bonitas pero ni las pocas que se consiguen tienen mérito, porque cantan demasiado, resultan demasiado irreales. Todo lo que se ofrece son aburridos primeros planos con fondos añadidos de forma demasiado evidente. Todo parece rodado en un garaje con decorados mínimos (y malos) y efectos digitales hechos con cuatro duros. El aspecto visual resultante es por lo tanto muy pobre, no consigo entender cómo 300 gustó y cómo pueden pensar que están obteniendo un resultado artístico aceptable con este fallido estilo.

El aspecto narrativo es igualmente lamentable. La escenificación es parsimoniosa hasta matar de aburrimiento y se busca un tono de épica que no se consigue ni por asomo, ni siquiera en las batallas, que podrían haber sido espectaculares si no se ralentizara la cámara cada dos por tres. Qué poco sentido del ritmo, de la acción y de la tensión. Para rematar la faena el guión es prácticamente inexistente. En él también se trata de imitar la teatralidad de 300, consiguiendo los mismos diálogos acartonados que, por más pedantes que tratan de hacerlos, en el fondo son totalmente vacíos, triviales. Todo el capítulo está formado por escena de acción + escena de sexo + escena de diálogos y repetición del bucle hasta llenar cincuenta soporíferos e inertes minutos.

Destaca su impresionante tono para adultos, pero tampoco por ofrecer algo digno. El abuso de la sangre (es un espectáculo gore no apto para todos los públicos) es exageradísimo y queda fatal en la mayoría de los casos, tanto que muchas veces da como resultado un chiste inintencionado. Y el sexo, casi igual de abundante, se mete descaradamente porque sí. Huelga decir que el reparto está lleno de guapos musculosos de ojos azules y guapas (de cara, porque luego son anoréxicas perdidas) con imposibles maquillajes modernos. Y por cierto, el vestuario se cuida de enseñar toda la carne posible aunque los personajes estén en heladas montañas, aunque se llegue al absurdo de mostrar a todas las romanas con las tetas medio al aire.

Tenemos pues un producto demasiado artificial, falso y sin alma, a medio camino entre el patetismo infantiloide de Hércules y Xena (sin buscar ese tono paródico, pero obteniéndolo sin querer) y el auténtico cine cutre. Quiero pensar que conforme hayan ido rodando los siguientes episodios se dieran dado cuenta de que sin contenido no llegarán a ninguna parte, de que es obligatorio mejorar el argumento y obtener una narración más fluida, porque trece episodios como éste (más una segunda temporada ya firmada) pueden ser insoportables. No pierdan el tiempo con esta estupidez y vayan a por la inmensa Rome de la HBO.

EL PRISIONERO (2009).

The Prisoner
BBC | 2009
Productores ejecutivos: Michelle Buck, Bill Gallhager, Damien Timmer, Rebecca Keane.
Escritor: Bill Gallagher.
Director: Nick Hurran.
Intérpretes: James Caviezel, Hayley Atwell, Ruth Wilson, Ian McKellen, Lenni James, Jamie Campbell Bower, Rachel Blake.
Valoración:

Remake es una palabra que no me gusta nada. En muy pocos casos una obra antigua (a veces no tan antigua) merece una revisión, y eso sí, siempre que se haga con tacto (algo por desgracia muy poco común). Porque, ¿qué maldita necesidad hay de rehacer algo que tuvo tanta calidad que ha aguantado el paso de los años e incluso las décadas? La mayoría de las veces no son más que productos comerciales de segunda que tratan de sacarnos los cuartos tirando de un título y trama conocidos y atractivos. Y en principio era en el cine donde se daban estos casos polémicos, pero en las series últimamente están empezando a proliferar. Ni siquiera un clásico tan sobrecogedor y sublime como El prisionero se libra. ¿Qué maldita necesidad había de imitar una serie de semejante calibre? Que no hay ideas ni ganas de esforzarse, que gusta tirar por lo fácil para sacar réditos sin muchas complicaciones… Al menos la han hecho en forma de miniserie, con lo que no tendremos la sombra del temible “si tiene éxito lo alargamos hasta el infinito”.

Dentro de lo que cabría esperar, El prisionero (2009) no ha sido una mala experiencia. Es un producto entretenido y con algunos buenos momentos, aunque también es bastante irregular y su realización deja bastante que desear. Y en la comparación con la original, aunque en general sale perdiendo, tiene también algunos puntos remarcables.

Su principal acierto es que el reparto es muy bueno y los personajes están bien trabajados. En la serie clásica únicamente teníamos al protagonista como fijo en el reparto, y los secundarios iban rotando. Esto dificultaba la conexión del espectador, pues a pesar del enorme carisma del mítico Número 6 no había otras figuras que le dieran al personaje algo más de juego. En la nueva versión han acertado muchísimo al incluir unos secundarios fijos y un villano con una presencia notable (no cambia en cada episodio como en la antigua). Estos personajes interesan desde un primer momento y han sido lo único que me ha mantenido enganchado a la serie. Además ganan puntos por tener intérpretes de peso (Jim Caviezel, Ian McKellen) y otros no tan conocidos pero bien elegidos (Hayley Atwell, Jamie Campbell Bower, Lennie James).

La realización en cambio me dejó malas sensaciones. El primer punto negativo de gran importancia es que la Villa actual es fea y aburrida: un inerte y estéril desierto y unas cuantas casuchas de madera no pueden compararse con el encanto de la isla; por no decir además que carece del toque paradisíaco que se supone que debe tener el ambiente para que la gente no se incline hacia el descontento y se haga preguntas. El segundo es que la realización es normalucha. Una serie de estilo surrealista como esta debería tener una puesta en escena con más recursos. La fotografía es regulera y caótica, los montajes que pretenden ofrecer misterio y psicosis resultan confusos y poco sustanciosos, y en general el acabado de los episodios es poco llamativo.

En cuanto a la historia, diría que está bastante bien pero no se le ha sacado todo el provecho. Es bastante irregular, pasando de un capítulo muy interesante a otro que no aporta nada. Y esto en una miniserie de seis episodios es imperdonable. Si bien ofrece una trama que se puede ir reconstruyendo a medida que avanza y que finalmente da respuestas coherentes e inteligibles a pesar de la naturaleza del relato, durante todo el visionado no me pude quitar la sensación de que carecía del empaque y de la originalidad de la serie antigua, de que debería haber provocado la misma fascinación e inquietud. Es decir, los guiones no han tenido la destreza de aquella.