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THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 4.

The Wire
HBO | 2006
Drama, policíaco | 13 cap. de 58 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, John Doman, Frankie Faison, Aidan Gillen, Robert Wisdom, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, Corey Parker Robinson, Glynn Turman, Chad L. Coleman, J.D. Williams, Jamie Hector, Felicia Pearson, Gbenga Akinnagbe, Jermaine Crawford, Maestro Harrell, Julito McCullum, Tristan Wilds, Reg E. Cathey, Robert F. Chew.
Valoración:

Alerta de spoilers: Presento las tramas y personajes lo justo para poder hablar de los temas y mensajes de la temporada.–

En el cuarto año de The Wire David Simon sigue ampliando las miras y objetivos de su titánico análisis sobre las sociedades del primer mundo, pues como he indicado en artículos previos, a pesar de que retrate un país y ciudad concretos la mayor parte de lo mostrado es extrapolable a muchos otros lugares. Esta vez nos lleva a las entrañas del sistema, a los dos sectores clave en el funcionamiento del modelo social vigente: las escuelas que deben formar a los futuros ciudadanos y los políticos que en teoría trabajan para el pueblo.

Para mostrar los aspectos negativos del sistema escolar Simon elige como es lógico un ejemplo de colegio público de los que están muy afectados por el negocio de la droga y la ineficiencia gubernamental. En este lugar el nuevo grupo de protagonistas, profesores también pero sobre todo alumnos, servirá para reflejar una gran gama de situaciones, inspiradas en hechos reales como siempre, desde las que analizará todas las carencias y fallas de la administración (en todo su rango, desde las escuelas y el ayuntamiento al Estado de Maryland) tanto en la educación como en la lucha contra las drogas, pero sobre todo señala nuestro fracaso como sociedad en general. Los numerosos chavales que ahora comparten protagonismo con los policías y criminales ya conocidos nos enseñarán cada uno un modelo de las vidas de este mundo, pero todos tendrán con un punto en común: un futuro prácticamente negado por un sistema podrido del que es casi imposible salir.

Uno puede decir qué día es por sus caras. El mejor día es el miércoles. Es cuando están más lejos de casa, de lo que esté pasando en las calles. Entonces se ven sonrisas. El lunes hay ira. Los martes, están atrapados entre lunes y miércoles, así que podría ir en cualquier dirección. Los jueves sienten que llega el fin de semana. El viernes de nuevo es malo. -Una profesora.

Duquan (Jermaine Crawford) crece en la pobreza en un país con ayudas sociales escasas e inefectivas, y aunque es inteligente y aplicado, de nada sirve si tienes todas las papeletas de acabar cayendo por las grietas. Randy (Maestro Harrell) parece un buen sobreviviente en un ambiente sin violencia, en especial por su habilidad para los pequeños negocios, pero en esta cultura que exige ser siempre implacable y desalmado muestra sus debilidades: una cobardía aquí, un chivatazo allá, y estarás marcado de por vida. Namond (Julito McCullum) se forma en la droga, pues su padre, Wee-Bey, es de los grandes del negocio, y su madre está acostumbrada a vivir montada en el dólar sin dar un palo al agua, así que con el esposo en la cárcel le exige que continúe su negocio. Pero el chicho es gentil, amigable, y rehúye la violencia. A veces el entorno no consigue doblegar la personalidad, y veremos si es capaz de aprender como se le pide o cae en el intento, porque salir de ese mundo en las condiciones existentes, como digo, es algo en lo que ni pierden el tiempo soñando. Michael (Tristan Wilds) es el más maduro y duro, tanto que llama la atención de los narcos del barrio; pero no quiere seguir un camino de violencia, con lo que se enfrenta a una disyuntiva semejante al anterior, aunque con una perspectiva muy distinta. Por supuesto hay muchos más, porque Simon no escatima a la hora de incluir más de una decena de personajes nuevos, ampliando el nivel de complejidad, profundidad y realismo del relato. El niño que roba coches, el chiquinajo que da miedo, el grupo que va al aula especial de Colvin, los profesores que lidian como pueden con el desastre…

Se podría decir que desde ves el viaje en que están embarcados los chicos se puede intuir bastante bien la ruta que seguirán, pero es evidente que la idea es representar los estereotipos más comunes del panorama, igual que en la primera temporada Stringer, Barksdale y D’Angelo ejemplificaban las distintas formas de entender el negocio del narcotráfico. Y además hablamos de The Wire y David Simon. El dibujo de todos ellos es complejo y profundo, muestra unas figuras tan humanas que parece que estamos viendo un documental en el que han grabado vidas reales. Nunca se ha visto en cine o televisión un reflejo tan verosímil de la juventud y adolescencia… y resulta demoledor, porque estamos ante casos muy tristes. Además hay que destacar el papelón que consiguen todos. Es increíble el trabajo de casting y dirección de actores que han logrado los realizadores, pero sobre todo lo bien que se adaptan los críos a sus papeles a pesar de no tener mucha experiencia: ninguno se queda corto a la hora de ofrecer una interpretación de gran naturalidad y llena de matices.

El tono de gran parte de la temporada es melancólico, más trágico que de costumbre. Nunca la miseria que nos ha ido mostrado Simon llega tan hondo como en esta etapa, porque viendo este ensayo sobre el crecimiento y formación de las personas eres más consciente que nunca de que son eso, personas, de que nadie nace siendo un asesino o un narcotraficante, sino que en su mayor parte es el entorno el que dirige nuestras vidas y pocas veces nuestras decisiones son tomadas en total libertad, conciencia y conocimiento de lo que nos deparará lo elegido. Todos los niños están atados a un negro porvenir por muchos factores: el barrio donde han crecido, la familia (espeluznante la madre de Namond mandándolo a la esquina y la de Michael pidiéndole dinero para drogarse) y sobre todo el sistema, que no es capaz de ofrecerles un camino mejor y termina abandonándolos. Los procedimientos de acogida dan miedo. Todos temen acabar en una residencia social, que es el salto final a la selva: rodeado de cientos de menores desamparados y violentos, casi parece más segura la esquina, donde al menos tienes a tu banda. Los colegios son un desastre terrible, ni tienen dinero ni un modelo eficaz, y el entramado de administración y gobierno es incapaz de dar soluciones. Lo que se hace es parchear, rebajar expectativas, disimular la realidad con diversas técnicas.

-Si les enseñamos a los chicos las preguntas de examen, ¿qué se evalúa con ello?
-Nada. Nos evalúa a nosotros. Si las notas de los exámenes suben, pueden decir que las escuelas están mejorando. Si las notas siguen bajas, no pueden.
-Es manipular las estadísticas.
-¿Cómo dice?
-Convertir los robos en hurtos, hacer desaparecer las violaciones… confunde las estadísticas y los Mayores se vuelven Coroneles. Ya había estado aquí.
-Adondequiera que vayas, allí estás.

-Prez y otra maestra.

-La escuela recibe cierta cantidad de dinero por cada chico que aparece un día en septiembre y un día en octubre.
-¿Un día?
-Después de eso, no pierden el dinero del gobierno, así que terminamos.

-Cutty y el Oficial de novillos.

Con este panorama se encuentra Roland Pryzbylewski, Prez para los amigos y Prezbo para los alumnos, quien después de fracasar como policía se mete a profesor. Parece que los niños se lo van a comer vivo, de lo blando que es. Sorprendentemente consigue cierta conexión tratándolos con cercanía y sinceridad… pero claro, se topa con todas las barreras del sistema y poco puede hacer. En vez de enseñarles cosas con las que puede despertar su interés debe machacarlos con tests repetitivos para falsear las estadísticas. Hay que señalar que el viaje de Prez, así como gran parte de las historias, está directamente inspirado en el segundo guionista de la serie, Ed Burns, pues pasó de agente desencantado a profesor para ver si podía hacer más bien a la sociedad, pero vio que no y terminó escribiendo con David Simon (empezando con el libro The Corner) para denunciar toda esta mierda.

A las escuelas llega también Bunny Colvin, el que se montó el experimento de legalizar las drogas. Se encuentra con un proyecto universitario bien subvencionado que pretende buscar un modelo alternativo para los chicos más problemáticos. Así, Simon tanteará con qué se podría hacer para mejorar las cosas, pero como siempre ofrece una perspectiva diversa y verosímil. Separan a los chavales con más problemas para darles un toque más cercano y personal, para tratar de entenderlos y sacar algo de ellos. Al poco de estar ahí Bunny se da cuenta de lo obvio, y suelta una demoledora frase que define muy bien la situación:

Sabéis que esto, toda la maldita escuela, el modo en que os comportáis, es entrenamiento para la calle. El edificio es el sistema, nosotros somos la policía. Venís aquí todos los días y practicáis escaparos, tratáis de ejecutar distintos tipos de planes. Es práctica para la esquina, ¿no? No hay verdaderos policías. No hay verdadero peligro. Pero todos sacáis algo de esto. -Colvin.

Pero en el otro gran arco argumental de la temporada aparece una gota de esperanza. En el año previo conocimos a los altos mandos policiales y el ayuntamiento. En esta etapa se acercan las elecciones, y el concejal Thomas Carcetti tiene una versión fresca, incorrupta y decidida para la ciudad. Trae muchas promesas, sobre todo para el maltrecho cuerpo de policía… Pero eso si gana las elecciones. El alcalde Royce es un duro rival, tiene a la ciudad bien agarrada con sus largos tentáculos de amiguismo y corrupción. Así, la campaña es larga y jodidamente complicada.

En esta historia conocemos más a fondo cómo funciona la política estadounidense, que a la hora de la verdad es tan corrupta e incompetente como la española, pero también es bastante más democrática que aquí, más centrada en personas concretas que en partidos, y más cercana al pueblo (las presidenciales son un mundo aparte, eso sí). Vecinos, comunidades, religiones, gremios y otros tantos grupos defienden los intereses de sus zonas y miembros, y tanto los cargos electos como los que se presentan tienen que mantener el contacto y las promesas con ellos, escucharlos y ganarse su respeto si quieren que estos apoyen sus nombres para que el ciudadano termine votándolos. En España un concejal y un alcalde puede ser presionado por la asociación de comerciantes local, pero poco más, y desde luego más arriba de la cadena la separación es ya total: aquí un diputado autonómico vive en otro mundo, sin contacto con las bases, sólo se debe a su partido.

No nos olvidamos por supuesto de los dos grupos protagonistas desde el inicio de la serie, los policías y los narcotraficantes. Marlo es quien domina ahora el Oeste, pues de la banda de Barksdale sólo queda Bodie en las calles. Es insaciable e intratable, y a Proposition Joe le cuesta llegar a él para exponerle su idea de la cooperativa, eso de que cada rey de la droga de Baltimore se reúna con los demás para compartir beneficios: la mejor droga, defensa común ante nuevos jugadores, buenos contactos, etc. Chris y Snoop siguen siendo sus fieles perros de presa y dos personajes que a pesar de ser asesinos resultan entrañables. El plan de esconder los cuerpos en casas desocupadas y tapiarlas de nuevo está dando frutos, pero las técnicas policiales son conocidas también en otros ámbitos: ya no usan teléfonos móviles.

Como los cuerpos no aparecen, a pesar de que sin duda se ha ganado su posición por la fuerza, la Unidad de Delitos Mayores anda muy perdida. Lester sigue trabajando incansablemente, pero el grupo está reducido a Sydnor y Kima. Y como siempre, las trabas políticas y las agendas de los altos mandos ponen en peligro al grupo, hasta el punto de desbaratarlo de nuevo. Lester y Kima acaban en homicidios, algo nuevo para ella (creció en narcóticos), con Bunk y otros secundarios que siempre andan por ahí aunque no recuerdes sus nombres (el sargento Jay el más destacable). McNulty está de patrullero y saliendo con Beadie (la agente portuaria de la segunda temporada), y ha aplacado sus demonios internos: la ira por un trabajo difícil y sin resultados reales lo empujaba al alcoholismo. Herc no es capaz de ascender estudiando (el pobre es bastante cortito) y espera que trabajando como chófer en el ayuntamiento lo consiga… pero tendrá tanto golpes de suerte como grandes meteduras de pata. Carver en cambio sigue demostrado ser un buen policía y va escalando la cadena de mando. Y mejor oficial es Cedric Daniels, quien poco a poco va aprendiendo a jugar con la política, y en quien se fija Carcetti para tener a alguien igual de incorrupto entre los altos mandos, porque Burrel y Rawls le lamen los pies al alcalde o guerrean entre ellos. La fiscal Rhonda continúa siendo el contacto con los tribunales, y su futuro también le depara sorpresas.

En la calle tenemos otros pocos muy queridos que terminan de redondear este inconmensurable y fascinante mosaico de tramas y personajes. Omar acaba enfrascado en otro pique personal con el rey de turno, Marlo. El vagabundo Bubbles sobrevive el día a día con sus miserias: la pobreza y la adicción. Toma un joven pupilo bajo su cargo, pero la cosa no termina de ir bien, sobre todo cuando un matón empieza a acosarlos. Y Dennis Wise, alias Cutty, está triunfando con el gimnasio para jóvenes de la calle que se montó, aunque como era de esperar se enfrenta a problemas que traen estos de fuera.

Entre los muchos grandes momentos me resultan especialmente inolvidables los siguientes. La escena inicial del año, con Snoop comprando una pistola de clavos hablando de pegar tiros ante el atónito dependiente. La cena de Colvin con los alumnos del grupo especial, mostrando cómo el entusiasmo choca con las barreras sociales. McNulty haciéndose amigo de Bodie. La cadena de acontecimientos que acaba jodiendo la vida de unos de los niños (el ataque a su casa). Lester deduciendo sobre las casas abandonadas y cerradas. El agujero que se encuentra Carcetti en los presupuestos y que condiciona todas sus promesas. Bubbles tocando fondo. Los destinos de todos los chicos, la mayoría horribles…

El equilibrio de relato es como siempre impecable, pues a pesar de su indescriptible complejidad y profundidad resulta más que entretenido adictivo, te atrapa con todas las historias personales, te conmueve con la certera descripción del mundo. Pero esta vez, como indicaba, el tono es más oscuro que de costumbre, llegando a tener momentos desoladores.

Cuándo cambiará esta mierda -Colvin.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.
Presentación.

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THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 3.

The Wire
HBO | 2004
Drama, policíaco | 12 cap. de 58 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, John Doman, Idris Elba, Frankie Faison, Aidan Gillen, Robert Wisdom, Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, Corey Parker Robinson, Glynn Turman, J.D. Williams, Chad L. Coleman, Jamie Hector, Felicia Pearson, Gbenga Akinnagbe.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la historia del año para poder analizar su mensaje y alcance, y cito la trayectoria general de los personajes intentando no caer en cosas reveladoras ni giros importantes.–

Una nueva etapa se está gestando en la ciudad de Baltimore. Vientos de cambio se aproximan para los grupos que nos conciernen, políticos, policías y nacrotraficantes. David Simon utiliza este nuevo curso para exponer otras perspectivas sobre el fracaso legal, social y político de la lucha contra el narcotráfico, destacando el planteamiento de una cuestión no por antigua menos delicada: la legalización de las drogas.

El otro tema central es la cadena de mando. Ya vimos cómo trabajan los detectives y policías a pie de calle, y los altos mandos sólo aparecían para dar órdenes y fastidiar. Ahora conoceremos a fondo la estructura del cuerpo de policía en sus rangos superiores: mayores, capitanes, coroneles, comisarios y finalmente concejales y alcalde. Este alcalde, Royce (Glynn Turman), está hasta el cuello de homicidios, que van camino de batir récords, y mete presión para bajar esa cifra. Se esperan 275 asesinatos para el fin de año en una ciudad de dos millones de habitantes; como indican los personajes, si ese ritmo se diera en New York serían… ¡4.000 homicidios al año! El subcomisario Rawls y comisario Burrell son el nexo de unión del cuerpo de polícía con el ayuntamiento, y quienes se comen el marrón. Pueden rodar sus cabezas si no arreglan una situación que conocen muy bien como imposible de mejorar con el presupuesto y el personal disponibles. Pero aun así presionan con fuerza a los líderes de los distintos distritos de la ciudad, esperando un milagro imposible porque su visión es tan conservadora como la del resto de políticos y de gran parte de la sociedad. Se aferran a lo conocido, luchan con las mismas herramientas de siempre. Si antes nada de eso funcionaba, no lo va a hacer ahora.

Pensé en legalizar las drogas -Bunny Colvin.

Pero una mente inquieta emerge. Alguien asqueado del conservadurismo, la estrechez de miras y las tácticas obsoletas, alguien que no tiene nada que perder (está al borde de la jubilación) y decide experimentar a lo grande. El Mayor Bunny Colvin (Robert Wisdom), de una comisaría del distrito Oeste, decide seleccionar zonas deshabitadas y forzar que todo el tinglado de la droga se concentre ahí, prometiendo a los narcotraficantes más visibles (los que tienen fichados de las esquinas) que sus policías harán la vista gorda al tráfico en esas secciones pero serán implacables fuera de ellas. No será fácil, pero la respuesta no tarda en llegar: los vecinos de las zonas habitadas viven mejor, los crímenes de la lucha por territorio, es decir, la causa principal de los homicidios, descienden en picado. Y los drogadictos y vendedores hacen su agosto. Hamsterdam lo llaman.

Huelga decir que Colvin será visto como una oveja negra, como un lunático, en vez de aprovechar su visión para estudiar una vía que no pocos defienden con argumentos de peso. Sin ir más lejos, incluso otras personas también abiertas a nuevos conceptos sociales (humanistas, colaboradores en organizaciones sociales y religiosos implicados en las miserias el pueblo llano) le recriminan que lo ha hecho a lo bruto, sin pensar en las consecuencias ni explorar opciones adyacentes que podrían mejorar su plan: los niños que ya no son vigilantes y corredores de la droga quedan desamparados, la higiene no se cuida (agua potable, preservativos, agujas limpias), no hay ayuda para drogadictos en un sitio donde se podría llegar con fuerza a muchos de ellos, etc.

Además su acción supone un giro brutal a la ética vigente que chocará con las mentes simples. Sus agentes, encabezados por nuestros conocidos Carver y Herc, son completamente fieles y tienen mucha fe en él, porque resulta ser uno de los pocos superiores que se gana el respeto de sus hombres no siendo un hijo de puta que mira únicamente por sí mismo. Pero la situación atenta contra todo lo que conocen, supera a su escasa educación y su limitada visión del mundo. Es lastimero por ejemplo el momento en que Carver intenta que los jefes de las esquinas aporten dinero para ofrecer alternativas a los niños que se han quedado sin el trabajo que les daban, y Herc le recrimina que eso es comunismo, como si estuviera haciendo algo inadecuado o inadmisible. El capitalismo lava bien lavado los cerebros del populacho.

A más de diez años de esta temporada está pasando algo impensable: algunos estados están experimentando con la legalización total de la marihuana, viendo llegar pronto los esperables beneficios para la salud pública y el aumento de recaudación por impuestos. No puedo considerar a Simon un revolucionario sin parangón porque esto se lleva pidiendo muchos años, incluso en algunos lugares medio se hacía (Países Bajos), pero sí fue enormemente visionario e inteligente al ofrecer un análisis tan concienzudo del asunto. Episodio a episodio va removiendo conciencias sin forzar mensajes o una ideología concreta, solamente mostrando un complejo “y si…” que estudia todas las caras posibles de la situación. Como en toda la serie, la perspectiva es gris y se inclina hacia el fracaso sencillamente porque es un retrato realista de nuestro fracaso como personas y como sociedad, pero deja un gran poso para que pienses por ti mismo qué falla y qué se puede arreglar en el mundo.

El concejal Carcetti es otro con visión de futuro y aspiraciones. No acepta pasar al olvido en un puesto de segunda y sin poder para cambiar las cosas, y más mientras el alcalde se aferra al cargo sin mirar realmente por la ciudad, presionando al cuerpo de policía sin ofrecer alternativas tangibles. Así que empieza a tantear la posibilidad de presentarse a la carrera por la alcaldía. Lo tendrá difícil por ser blanco en una ciudad de mayoría negra, pero también por estar fuera de los círculos de influencia y poder habituales. Tiene que hacerse notar con su carisma nato, y es inteligente de sobras para escuchar consejo, plantearse las cosas paso a paso, buscar alianzas provechosas, esperar el momento oportuno… ¿Tendrá posibilidades ante la hegemonía de Royce? ¿Podrá su buena fe acabar con la infamia de la corrupción? Carcetti se alza desde sus primeras escenas como otro personaje de enorme magnetismo, siendo por lo general uno de los principales favoritos del público (tras McNulty, Omar y Stringer, el trío de oro, seguramente sea el siguiente). La interpretación entusiasta de Aidan Gillen (ahora conocido por su Meñique en Juego de tronos) es crucial, pero aprovecho para decir que como es habitual todos los actores están espléndidos y es difícil destacar a alguno, si se recuerdan unos más que otros es porque su personaje tiene algo que lo hace más apetitoso.

En las calles que conocíamos las cosas también están llegando a un punto de inflexión. Nos encontramos que, con Avon en la cárcel, Stringer ha tomado las riendas y está dirigiendo el mundo de la droga hacia algo nunca visto, una mafia más inclinada hacia la gestión económica que hacia el crimen. Con las torres que dominaban derruidas por un nuevo proyecto de construcción, hay que buscar nuevos territorios, y hay una opción mejor que liarse a tiros: ofrecer un producto de tal calidad que no sea rival para la competencia. Para ello cuenta con Proposition Joe, el proveedor mejor establecido, con quien sienta las bases de una alianza con los líderes de las distintas zonas de la ciudad. Mientras, también maneja otros planes a largo plazo: lavar el dinero de la droga y moverse hacia negocios más legítimos, o al menos mejor vistos, como las inversiones inmobiliarias y los sobornos políticos para ascender en la ciudad. Ahí se enfrentará a capos que juegan de una forma que no conoce, los políticos corruptos. Parece llegar un futuro muy próspero… pero varios jugadores y nuevos factores prometen desestabilizar este sueño…

Marlo (Jamie Hector) es el ambicioso y beligerante líder de una nueva banda con intenciones de hacerse un nombre en la ciudad, pero su estilo es a la antigua usanza, la violencia en la calle, por lo que no le atraen los beneficios de la cooperativa de Stringer. Huelga decir que él y su séquito (Snoop –Felicia Pearson-, Chris –Gbenga Akinnagbe-) forman otro grupo de personajes maravillosos que atrapan desde sus primeras apariciones. El otro problema es que Avon Barksdale sale de la cárcel y mantiene también su mentalidad callejera: como Marlo, su visión del mundo se limita a la pistola y la esquina, su vida es el éxtasis de la guerra, le domina el hambre de poder ganado por la fuerza. Lo que estaba construyendo Stringer choca con el método de Avon, y el liderazgo parece dividirse.

Sin un capo que deje un reguero de muertos, en el destacamento de Cedric no tienen a quien investigar, y matan el tiempo con intentonas infructuosas y acercamientos a otros individuos con perfil medianamente atractivo. Pero la inminente guerra con Marlo empieza a traer víctimas y su suerte podría cambiar… si no fuera porque se enfrentan a nuevos escollos. Los criminales aprenden con cada varapalo que les trae la policía. Las cabinas telefónicas y los buscas ya están obsoletos, son objetivos fáciles de las escuchas policiales. Ahora utilizan móviles prepago, y cómo no, manteniendo una cadena de mando muy estricta donde no se sueltan nombres. La tecnología del departamento y la ley en general van lentos adaptándose a estos cambios, y la habilidad de Stringer para no ensuciarse las manos es notable, poniendo ante los agentes retos muy complicados.

En esta situación McNulty se desespera, pues Stringer es su objetivo y su obsesión, no desea otra cosa que atraparlo. Tenemos una escena fantástica cuando Lester se harta y le echa en cara que su vida se limita a perseguir a Stringer y que quedará vacía cuando acabe la misión. ¿Conseguirá madurar? Mientras, Kima está convirtiéndose en McNulty: deja de lado la familia, miente, se emborracha más de la cuenta, trabaja para huir de la vida… El resto de personajes están en terreno conocido, pero también tienen mucho que decir. Lester y Prez hacen un fantástico trabajo de oficina, pero en cuanto este último pisa la calle mete la pata a lo grande. Cedric sigue lidiando con los superiores y Rhonda con la ley y los jueces, donde encuentran nuevos problemas (el lío de los prepago) pero también nuevas cosas buenas (su relación amorosa).

Como siempre, tenemos otras historias secundarias tan interesantes y hábilmente relacionadas con el resto que resultan deliciosas aunque de primeras no se sepa muy bien hacia dónde van. Por ejemplo el viaje de Cutty es una presentación muy larga de algo que se desarrollará en la cuarta temporada: el acercamiento a los jóvenes y niños. Este es un antiguo y famoso soldado que tras cumplir una larga condena sale para enfrentarse a un mundo que ha seguido adelante sin él. Los trabajos precarios lo llevan de nuevo a lo que conoce, el crimen, pero ahí se da cuenta de que matar ya no es lo suyo, y comienza un proyecto para devolver algo a la sociedad. Esta sección está bastante apartada del resto, por no decir que lo está por completo, pero Simon es un maldito genio y ni una de sus apariciones ralentiza el ritmo o baja el interés: la construcción del personaje es como siempre excelente, el actor Chad L. Coleman lo hace suyo inmediatamente, la historia interesa y enseña mucho sobre la vida. Tampoco olvidamos a otros viejos conocidos. Omar sigue su cruzada de asaltos varios mientras espera una oportunidad para vengarse de Avon y Stringer; su encuentro con Bunk o el choque con el asesino de la pajarita son muy emocionantes. Bubbles continúa su odisea del drogata, es decir, conseguir dinero para la dosis del día y sobrevivir un día más; y sus colaboraciones con McNulty y Kima son tan encantadoras como siempre.

En cuanto a los mejores instantes de la temporada, aparte de alguno que he ido citando, como también es habitual tenemos unos cuantos por capítulo. Qué menos se puede esperar de una genialidad de tal calibre. Menciono los que más recuerdo, pero se podrían poner muchos más. Avon cruzando el patio de la cárcel mientras los demás reclusos dejan de hacer deporte y esperan a que pase; el juego de las corbatas cortadas que se traen los detectives en una comisaría y el de las latas lanzadas al tejado en otra, que tardarás en ver explicado; la historia que cuenta Bunny sobre la bolsa de papel para esconder la bebida; las tensas reuniones del alto mando sobre cómo va el crimen en la ciudad; Cutty dejando la banda, y en otro momento pidiendo dinero a Avon; la fugaz visita de McNulty a Beadie; la tensión entre Avon y Stringer mostrada en varias escenas magistrales (la del piso es memorable); Stringer conociendo de primera mano la corrupción política y flipando en colores; cuando un esquinero novato intenta vender sin darse cuenta de que es el coche de un policía de alto rango (la radio encendida, el traje puesto); Cheese detenido y cantando por un asesinato que resulta ser su perro de peleas…

Esta temporada es tan colosal que el adjetivo de obra maestra se queda corto, es complicado describir tanta magnificencia con palabras. Su valiente análisis social, complejo y conmovedor hasta el punto de que parece que estás viendo la realidad misma. El grandioso mosaico de personajes, todos tan humanos y cautivadores que te interesas hasta por los más secundarios, pero los más queridos se hacen un hueco en tu corazón para siempre. La densa pero fascinante trama policíaca y criminal, con infinidad de historias, giros y detalles nunca vistos y sin perder nunca ese gran nivel de veracidad. El amplísimo reparto de actores enormes que se adaptan férreamente a sus roles, y a los que te enganchas tanto que eres capaz de ver otras series sólo porque salen ellos. Y finalmente la en apariencia sencilla puesta en escena, que hace gala de un tempo narrativo envidioso y desgrana la historia con gran fluidez. No hay serie más difícil y a la vez mejor ejecutada que The Wire, y las temporadas tres y cuatro suponen una cima creativa que parece inalcanzable.

PD: Robert F. Colesberry, aparte de interpretar al detective Ray Cole (uno de esos secundarios que pululan por la comisaría), era uno de los principales productores ejecutivos. Falleció por problemas de corazón y en la serie no se olvidan de matar al personaje, aunque fuera de escena. Su nombre se mantiene en los créditos toda la temporada.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.
Presentación.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 2.

The Wire
HBO | 2003
Drama, policíaco | 12 cap. de 58 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, Chris Bauer, John Doman, Paul Ben-Victor, Idris Elba, Frankie Faison, Lawrence Gilliard Jr., Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, James Ransone, Pablo Schreiber, Al Brown, Delaney Williams, J.D. Williams, Tray Chaney, Bill Raymond.
Valoración:

Alerta de spoilers: Defino el argumento y posición inicial de los personajes por encima, sin contar cosas reveladoras ni giros importantes (salvo algunos detalles en el párrafo de mejores escenas).–

Si entrar en la dinámica de la primera temporada podía costar un poco por su densidad, enfrentarse a la segunda puede suponer un choque e incluso una ligera decepción, porque cambia tan de golpe el paisaje que cuesta varios episodios hacerse a la idea. Aunque vayas sabiendo que habrá un nuevo escenario no estamos acostumbrados a que una serie pegue un salto tan grande. De la comisaría y “El foso” pasamos a los trabajadores del puerto, se introduce de golpe un grupo amplio de nuevos personajes sin relación directa, en principio, con los que conocemos, y el caso policial tarda mucho en tomar forma y pasar al primer plano.

Como decía en la introducción a la serie, cada año se centra en un aspecto concreto de la lucha contra las drogas. Esta vez, a través del puerto de Baltimore, vemos cómo un grupo de ciudadanos corrientes, debido a las malas condiciones de la vida, puede acabar introduciéndose en el mundo del crimen para poder subsistir. Como es esperable estamos ante un cuadro completo de la situación: desde el currito desesperado al líder del sindicato, desde las mafias que introducen contrabando al destino final en las calles; y mientras, la policía hace lo que puede con todas las limitaciones ya mostradas en la primera temporada.

En el puerto, el trabajo alrededor del movimiento de mercancías está en uno de los momentos más difíciles de su ya de por sí complicada existencia. La economía no anda bien, y cada vez hay menos barcos. Frank Sobotka (Chris Bauer) es el líder del sindicato de estibadores, y lucha a todas horas para tratar de mejorar las condiciones del lugar, pero también para evitar que ante tal panorama sus amigos, trabajadores y también familia acaben tirando la toalla y opten por dedicarse al contrabando de drogas a tiempo completo (porque los trapicheos con electrodomésticos y otros bienes son conocidos y tolerados por todos). Sus hijos Ziggy (James Ransone) y Nick (Pablo Schreiber) son su principal preocupación. Ambos andan metidos en esos chanchullos negociando directamente con quien controla la mafia local: el griego Spiros Vondas (Paul Ben-Victor). Toda la situación explota cuando en un contenedor de carga aparecen numerosas prostitutas ilegales muertas, lo que atraerá demasiado la atención de la ley.

Como en la primera etapa, el caso no se inicia porque se haga un esfuerzo real en perseguir el crimen, sino porque los altos mandos usan sus influencias a su antojo. Es demencial cómo uno de estos jefes (el Mayor Valchek –Al Brown-, visto poco en el año anterior pero difícilmente olvidable: es uno de esos superiores despreciables) se cabrea con Sobotka por una rivalidad personal absurda y usa su poder para montar un destacamento que lo investigue para acabar con él. Así pues, con el prestigio adquirido con el caso Barksdale, Cedric tiene otra oportunidad de ir tras la droga en uno de sus puntos clave: su entrada en la ciudad y por extensión el país. El equipo que forma es el mismo: Lester, Kima, Carver, Herc, Prez… y más tarde se unirá la oficial lugareña Beadie (Amy Ryan). Mientras, McNulty está en la guardia costera, debido a todo lo que le tocó las pelotas a los jefes el año pasado (a Rawls principalmente). El destino es un chiste genial, porque ya en el primer capítulo de la serie los personajes bromeaban con que acabaría ahí. Se verá incluido en el meollo porque encuentra un cuerpo que podría estar relacionado con las otras prostitutas, y el tío, en plan venganza, en una sus míticas ocurrencias, calcula milimétricamente las fronteras juridiscionales y consigue encasquetárselo a Rawls.

Aunque muy lentamente y tras dar muchos palos de ciego, el caso toma rumbo, porque la droga apunta de nuevo al entramado de Barksdale, ahora liderado por Stringer Bell, y empiezan a acercarse también a un narcotraficante del lado Este de la ciudad, Proposition Joe (Robert F. Chew), o Joe Proposiciones. El proceso se narra de nuevo con gran realismo y exponiendo cada paso con detalle: las horas muertas mirando el programa de ordenador con el que controlan los contenedores desviados, las vigilancias constantes de esquinas y locales, las limitaciones técnicas y personales, las figuras misteriosas que no son capaces de alcanzar (los fantasmagóricos superiores de Spiros)…

Avon Barksdale sobrevive sin problemas en la cárcel, porque por su poder es intocable, y como no conoce otra forma de vida que el crimen no flaquea. Pero el joven “D” siempre ha tenido dudas, y le cuesta más mantenerse cuerdo. En la calle, el negocio peligra por la mala calidad de la droga, y Stringer plantea realizar un gran pacto con Joe Proposiciones, a lo que Avon, hombre de acción y mano dura, se opone: eso sería demostrar debilidad y ceder mucho. La tensión y diferencias entre ambos crecen cada vez más, y Stringer empieza a actuar a sus espaldas tomando algunas decisiones difíciles y peligrosas.

En un lugar más secundario siguen apareciendo Omar y su banda de asaltantes. Es una espina para Stringer, porque aparte de los robos sabe que se la tiene jurada por el asesinato de su novio. Conocemos también a un asesino a sueldo muy peligroso e intrigante: el extraño hermano Mouzone. El choque con Omar promete ser espectacular. Igualmente, aunque pasamos mucho tiempo fuera de la comisaría seguimos teniendo a Bunk y demás fauna. Y Bubbles aparece menos pero sigue siendo adorable.

Entre las numerosas grandes escenas del año cabe citar las siguientes: McNulty viendo que puede joder la vida Beadie a pesar de que le atrae; Prez siendo apaleado verbalmente por su tío y superior; McNulty incapaz de frenar a la prostituta cuando entra de incógnico en el burdel, y termina follándosela mientras lleva la escucha; Omar en el juzgado dejando en evidencia a los abogados; el destino del superior de Spiros, conocido como El Griego, así como sus conexión con altos mandos del país; aquella escena que enlaza la reacción de las parejas de varios agentes ante su elección de dedicarse al caso; el vendedor de droga blanco que viste y habla como un negro; Ziggy perdiendo la cabeza y liándose a tiros; de nuevo, cualquier conversación de Herc y Carver cogida al azar…

La temporada es de nuevo magnífica, densa, realista y dura pero a la vez muy entretenida y emocionante. Sin embargo también hay que decir lo evidente: no alcanza las cotas extraordinarias de las tres grandes temporadas, la primera, tercera y cuarta. Aun siendo soberbia, con los momentos gloriosos habituales de la serie y con sus personajes exquisitos, le pasa como a la quinta: le falta una pizca tanto de perfección como de genialidad que me permita considerarla una obra maestra. Se ve una ligera improvisación en la historia, una falta de definición que se traduce en un ritmo mejorable en su tramo inicial. O dicho de otra forma, le cuesta entrar en materia, tanto en los personajes del puerto, donde da varios rodeos hasta centrarse (vemos varias escenas en el bar que no aportan realmente mucho), como en el caso, que empieza con poca garra y algo disperso, como si David Simon no tuviera claro su desarrollo, como si pensara que no daba para la temporada entera y se viera obligado a postponerlo más de la cuenta. Tampoco ayuda que las historias estén bastante separadas: del puerto a la gente de Stringer hay un gran salto. En la tercera temporada vuelve a juntarse todo, y el relato vuelve a ser más compacto e impactante. Eso sí, huelga decir que el año es sobresaliente, que es mucho más que una obra policíaca y no hay ni una serie que se le parezca en ningún sentido: estilo, visión, acabado, alcance…

Ver también:
Temporada 1.
Presentación.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 1.

The Wire
HBO | 2002
Drama, policíaco | 13 cap. de 58-66 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, John Doman, Idris Elba, Frankie Faison, Lawrence Gilliard Jr., Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, Corey Parker Robinson, Delaney Williams, J.D. Williams, Michael B. Jordan, Michael Kostroff, Hassan Johnson, Tray Chaney.
Valoración:

Alerta de spoilers: No hay datos reveladores, sólo describo el argumento y los personajes.–

El inicio de The Wire nos introduce de lleno en el mosaico de habitantes e historias de Baltimore sin hacer concesión alguna de cara al espectador, pues aparecen de golpe casi todas las personas y lugares que serán cruciales en el relato. Apáñatelas como puedas para quedarte con el nombre y la posición de cada uno, que no son pocos y vamos saltando de uno a otro constantemente. David Simon apunta directamente al espectador inteligente, atento y paciente. La temporada entera es una gran historia, un solo capítulo, y huye del episodio piloto comercial, es decir, de la presentación gradual que remarca las cosas mediante trucos estándares (ni banda sonora tiene) y abusando de clichés muy sobados para llegar con facilidad y engatusar (como el cansino final que deja a un personaje al borde de la muerte, por citar un ejemplo claro de lo que quiero señalar). Dice a las claras: esto va a ser la serie, lo tomas o lo dejas. Coral, compleja, profunda, sin simplificaciones ni sensacionalismos narrativos. Va a navegar como la vida misma, con mil ramificaciones y consecuencias variadas que no siempre llegan rápido y con claridad.

Pero está muy lejos de resultar innecesariamente exigente, de caer en lo farragoso. El ritmo es pausado y la descripción de los caracteres y su lugar en la trama se desarrolla tanto con precisión como con naturalidad, de forma que la única dificultad radica en su número, en quedarse con sus nombres. Pero los bandos, rangos y rasgos principales calan rápido, y no se debería necesitar más de tres o cuatro capítulos para tener dudas sólo con algún secundario que se limita a aparecer de vez en cuando, como esos altos mandos policiales tan lejanos al grupo principal. Y pausado no significa lento, nunca han estado esos términos más alejados que aquí. La narración es sosegada pero a la vez intensa en un estilo único: te engancha desde el principio con su retrato tan verosímil y atractivo de personas e historias, y te atrapa irremediablemente con su sustrato tan jugoso y sugerente. Es difícil de describir, porque rompe cualquier esquema conocido de narración cinematográfica, sólo Babylon 5 se le acerca, pues como aquella, es una serie con muchos protagonistas y facciones y con una trama que se desarrolla lentamente, pero eso sí, The Wire tiene un tamaño y calado inifnitamente más grande, sobre todo en el número de personajes, de hecho hasta la fecha es con toda seguridad la serie con el repertorio más grande que se ha visto.

Es más fácil compararla con la literatura. Su visionado transmite la sensación de estar leyendo una novela de miles de páginas pero que lejos de amedrentarte o darte pereza te resulta fascinante en cada párrafo y capítulo y siempre quieres más y más. El guion es tan brillante y preciso que no se encuentra ni un diálogo o escena que no tenga un sentido y objetivo claro, ni que carezca de la capacidad de resultar como poco interesante por sí solo. Es decir, todo lo que está ocurriendo, toda frase y escena, influye en el devenir de aconcecimientos y la evolución de los caracteres. Como digo, no hay palabras para describir tanta genialidad, hay que verla y punto. No hay serie mejor narrada y más equilibrada. The Wire consigue que cada largo capítulo (casi todos de 58 minutos, alguno incluso más) se haga cortísimo y esperes con ansia el siguiente. Es complicado resistir la tentación de tragarse varios seguidos, y de verla una y otra vez.

Lo primero que se observa, aparte de que es una aproximación casi documental a la realidad (de hecho en su mayor parte está inspirada en casos vividos por sus guionistas: David Simon como periodista, Ed Burns como detective), es su tono pesimista y desencantado sobre la situación de la ciudad de Baltimore, y por extensión de cualquier sociedad actual del primer mundo, pues su visión y análisis es válido para casi cualquier lugar, en especial obviamente Estados Unidos. El cuerpo de policía sale malparado desde los primeros minutos. La cadena de mando está podrida de arriba abajo por intereses, amiguismo, corrupción e incompetencia. El día a día de los altos mandos no es tratar de resolver casos, sino de trampear estadísticas y echarle el muerto (literalmente) a otro, porque es más fácil sobrevivir así en el fallido sistema que con su dejadez y cobardía matienen. El día a día de los detectives y agentes es hacer las horas y, si es veterano, pensar en la jubilación como una liberación, todo ello acompañado por numerosos casos de alcoholismo y nulidad bastante tolerados por el resto de compañeros, porque ven en esa forma de ser su propio futuro. Ni siquiera los detectives de calidad, como Bunk (Wendell Pierce) o Lester (Clarke Peters), se libran de sus propios demonios internos… y externos, porque hay que andar con pies de plomo para no molestar a quien no se debe, pues podrías acabar dirigiendo el tráfico. De hecho Lester lleva largos años castigado en un olvidado puesto administrativo hasta que el caso especial que se pone en marcha le permite emerger de nuevo como el gran detective que es, para sorpresa de todos, en especial del espectador, pues su renacimiento es uno de los grandes instantes del año.

En este panorama estancado que no ofrece soluciones para el crimen de la ciudad llegamos a McNulty (Dominic West). Es un investigador nato y un as a la hora de rematar casos, pero también un borracho que ha echado a perder su matrimonio y un tocapelotas que por cabezón y molesto ha caído en desgracia ante todos sus jefes y a veces también ante sus compañeros, pues no sabe cerrar el pico cuando debe ni trabajar el ángulo político, o sea, contentar a los superiores. En una de sus pataletas consigue, con su amigo el juez Phelan (Peter Gerety) y su amante intermitente Rhonda (Deirdre Lovejoy), la abogada enlace de la comisaría con el juzgado, iniciar una cadena de acontecimientos que pondrá en apuros a toda la comisaría. Al final logra lo que buscaba: que se organice un equipo especial para perseguir al capo de la droga del momento, que está dejando un reguero de muertos sin que ningún departamento haga nada al respecto. Pero lo más triste, o gracioso, según se mire, es que los superiores (el Subcomisario Burrell –Frankie Faison– y el Mayor Rawls –John Doman-) arman el grupo para aparentar que se hace algo, esperando que pase el temporal para volver a la rutina: seleccionan a despojos, rechazados y novatos varios y no les hacen ni caso, esperando que termine el plazo y se asuma que han hecho su trabajo como se pedía.

Esta llamada Unidad de Delitos Mayores es ofrecida al Teniente Cedric Daniels (Lance Reddick), quien estará bien controlado porque lo tienen amenazado con las cuchilladas habituales en la cadena de mando, es decir, el chantaje con sacar a la luz alguna corrupción o desliz del pasado. Mientras debe andar con pies de plomo con sus jefes lidia también con sus nuevos subordinados, entre los que se encuentran algunos de los citados casos de incompetencia y embriaguez. Pero son los que demuestran tener algo de valía nuestros protagonistas: a las habilidades de McNulty y Lester se suman los jóvenes pero prometedores detectives Kima (Sonja Sohn), Herc (Domenick Lombardozzi), Carver (Seth Gilliam), Sydnor (Corey Parker Robinson) y Prez (Jim True-Frost), cada uno con sus virtudes y limitaciones propias.

Uno de los momentos míticos de la temporada es la gran pregunta que se hacen en la comisaría: “¿Quién demonios es Avon Barksdale?” Nadie conoce a la figura que maneja la droga en el distrito Oeste, quien domina “Las torres” y “El foso”, un barrio de edificios y una urbanización de la zona pobre que están bajo el mando de un nombre que corre por las calles pero que no parece tener rostro. A partir de aquí empieza una investigación policial detallada hasta extremos alucinantes, de hecho el argumento global del año es ese: cómo se inicia y desarrolla un gran caso contra la droga. Los detectives trabajan con material obsoleto (¡máquinas de escribir!), se patean las calles, hacen mil horas de vigilancia, se sumergen en una maraña de luchas legales (para poner escuchas principalmente) y burocracia (búsqueda de locales y finanzas por donde atacar). Por supuesto no faltan las aptitudes personales, donde a realismo no le gana nadie a la serie: ningún personaje se libra de cagarla en algún momento o directamente de arrastrar importantes demonios internos, o sea, de ser humano. Y no digamos cuando el vicio se convierte en forma de vida. Por ejemplo Cedric suda de lo lindo luchando con la cadena de mando para poder sacar adelante sus peticiones sin quedar mal con nadie, porque prima la política y el amiguismo que hacer bien el trabajo. A este respecto destaca otro de los grandes escollos a los que se enfrenta: cuando siguen el dinero en vez de la droga los jefes tiemblan, ya que no se sabe adónde puede llevar el rastro, pues las conexiones con empresas (constructoras sobre todo) y políticos se huelen en el ambiente.

En las calles conocemos el mundo de la droga, la cadena de mando opuesta a la ley. Desde los peones, encargados de la venta en las esquinas y otros recados, al capo, un genio que se mantiene hábilmente en la sombra, pasando por un gran número de consejeros, matones, soldados… Las figuras principales son grandiosas, individuos tan atractivos y tan bien dibujados como los que pueblan las comisarías. El rey es un inteligente Avon Barksdale (Wood Harris), cuya paranoia con que le podrían estar vigilando y su eficaz forma de mantener la cadena de mando y quedarse alejado de todo crimen lo ha mantenido fuera del radar. Su mano derecha es incluso más inteligente que él: Stringer Bell (Idris Elba) pone todo su empeño en trabajar como si la droga fuera un negocio, pensando que los crímenes son innecesarios, que esto es mercado y punto. Es junto a McNulty y Omar uno de los grandes favoritos del público, y con razón, pues con su visión de las cosas y su forma de actuar posee un magnetismo irresistible. D’Angelo “D” Barksdale (Lawrence Gilliard Jr.) es el sobrino del jefe, y se le intenta educar para ser un líder, pero sus dudas y vacilaciones hacen tambalear su posición en ocasiones. Este dirige el grupo de venta callejera rodeado de otros tantos personajes encantadores: Bodie (J.D. Williams), Poot (Tray Chaney), Wallace (Michael B. Jordan)… El gran número de historias y los completos análisis que se hacen desde este ángulo también son brillantes, destacando clásicos problemas como que quien nace y crece en ese mundo no tendrá más salida. Las muestras de cómo viven los niños cuyo destino está sellado es muy triste; demencial el instante en que resuelven los deberes de matemáticas poniendo como ejemplo el reparto de droga: tantos frasquitos aquí, tanto dinero allá…

Por libre van otros protagonistas cruciales y muy queridos. Bubbles o Burbujas (Andre Royo) es el vagabundo encantador que sobrevive mirando sólo el día en que vive (es decir, la dosis de turno), cuya relación con McNulty y Kima como informante es divertidísima para el espectador y esencial para los casos. Omar Little (Michael Kenneth Williams) y su banda de asaltantes ponen en bandeja tramas también muy emocionantes. Curiosamente, siempre pensé que Omar era el menos realista, pero como otros tantos fue inspirado por figuras reales. Su actitud de estar al margen de todo pero guardar cierto código de honor, amén de su arrolladora personalidad, lograron que enseguida se convirtiera en uno de los roles más queridos.

Las escenas para enmarcar son varias en cada capítulo, y muchas se quedan grabadas en la memoria para siempre. McNulty soltándole al juez la presencia de Barksdale y diciendo disimuladamente que nadie va tras él, lo que desenadena en el caso; la partida de ajedrez que define la cadena de mando del hampa; el estudio de un escenario de un crimen sin resolver realizado por McNulty y Bunk únicamente con el diálogo de “joder”; las primeras aportaciones de Lester, que dejan a todos alucinando; la ejecución de uno de los jóvenes negros por parte de sus compañeros; la valía de Prez investigando papeleo en contraposición con su gran torpeza como agente de campo; Cedric pateándose la cadena de mando de arriba abajo; la persecución que acaba con el tiroteo de un agente, y las consecuencias en sus compañeros (terribles las falsas condolencias de los altos mandos); cualquier conversación al azar de Herc y Carver; McNulty perdiendo a sus hijos en el supermercado mientras espía a Stringer, y flipando al ver a este estudiando economía…

Podría tirarme párrafos y párrafos alabando la larguísima lista de personajes, analizando a fondo los mil mensajes y críticas que se observan en este completísimo y cautivador ensayo, citando sus innumerables momentos y detalles geniales… pero lo mejor es descubrirlo por uno mismo: el visionado de The Wire es obligatorio para cualquiera que se llame amante de las series o del cine.

Ver también:
Presentación.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – VII. EL VISIONADO Y EL DOBLAJE.

I. INTRODUCCIÓN
II. SUS CREADORES: DAVID SIMON Y ED BURNS
III. GÉNERO Y ALCANCE
IV. ESTRUCTURA DE TEMPORADAS Y PERSONAJES
V. GUION PERFECTO
VI. PUESTA EN ESCENA, REPARTO
–>VII. EL VISIONADO Y EL DOBLAJE

Que se describa como una serie muy exigente puede asustar, de hecho muchos espectadores tardan en ponerse con ella porque oyen hablar de lo densa y lenta que es, como si fueran dos puntos negativos. No lo son. Es densa de una forma que atrapa, pues te envuelve con su detallismo y profundidad y te arrastra a su mundo tan verosímil y atractivo. Y no es lenta en el sentido de pesada o poco movida (como sí lo son en ocasiones otras buenas series de la cadena, como Deadwood o Boardwalk Empire), sino porque no es de acción trepidante. En realidad engancha con fuerza: la vorágine de acontecimientos te arrolla de tal forma que no puedes dejar de mirar, quieres saber más, quieres ver cómo se desarrolla tal historia, qué será de tal personaje, quieres conocer más de Baltimore y sus gentes.

Otro aspecto difícil de superar son las expectativas. Cada vez que alguien menciona The Wire lo hace tildándola de imprescindible, de obra maestra o incluso afirmando que es la mejor serie de la historia (yo creo me sigo poniendo por encima Urgencias y Babylon 5), y claro, quien la aborde esperando que desde el primer minuto colme sus expectativas puede salir escaldado, porque su inicio requiere esfuerzo y paciencia. Quien esté acostumbrado al tono de la HBO no tendrá muchos problemas, pues como todas sus producciones requiere una degustación paciente y ser analizada por la temporada en conjunto, no a través de episodios sueltos y menos aún desde las primeras impresiones. El capítulo piloto es un río de nombres y lugares que, en su esfuerzo por seguir, puede opacar la grandeza de un episodio que ejemplifica muy bien el grado de perfección de la serie. Además, tanta riqueza y calidad garantiza que los siguientes visionados se disfrutarán a otro nivel.

Los capítulos nunca bajan de los 58 minutos de duración (frente a los 42 estándares en la televisión en abierto y la media de 50-55 de las privadas, hablando de EE.UU., claro), pero raro es el espectador que, una vez caído en sus garras, no se ve varios de una tacada, porque el visionado de The Wire es probablemente el que más fidelidad gana de todas las series que he conocido: por muy buena que sea una producción, siempre tendrá gente que se ha aburrido, o que no conecta con su estilo, o a la que no le atraen los personajes… The Wire en cambio tiene una tasa de éxito de casi el cien por cien, según mi experiencia leyendo artículos y opiniones durante años por internet. Por supuesto, siempre hay quien no concecta de primeras y no le da una oportunidad.

La única dificultad que considero importante a la hora de abordarla es el tema del doblaje. Entiendo que haya quien prefiere ver películas y series en castellano antes que en un idioma que no conozca bien, por muchos subtítulos que traiga. Si no entiendes un mínimo del idioma hablado es un esfuerzo que no está hecho para todos; yo mismo reniego de los doblajes pero los prefiero a la hora de enfrentarme a producciones en idiomas que no sean en inglés. En esta lengua entiendo casi todo y el subtítulo es un apoyo (el argot de los barrios es complicado), así que tengo la ventaja de poder disfrutar de la obra sin tragar una versión que puede ser de poca calidad… y en The Wire hablamos de muy poca calidad.

El doblaje se hizo para TNT (canal de pago que emite a través de varias plataformas) con cuatro duros, y aunque se agradece enormemente que tuvieran la deferencia de emitirla en España mientras el resto de cadenas pasan demasiado de las series de calidad, el resultado está lejos de alcanzar un nivel aceptable. Ninguna voz tiene la más mínima concordancia de tono y entonación con el personaje, de lo mal que quedan los diálogos no parece que salgan de ellos; y por lo visto hay varios cambios de actores para un mismo personaje, con lo que resulta más cutre aún. Además desaparece el estatus social, pues el acento y el lenguaje callejero se apaña de mala manera: no habla igual un negro del gueto que un abogado blanco, pero en el doblaje es todo plano y desganado. Y no quiero saber cómo será la traducción en cuando a fidelidad y errores. Así que me da igual todo lo que he dicho antes: The Wire pide a gritos hacer el esfuerzo para verla en versión original, porque se pierde demasiado con la versión española.

Para terminar esta larga presentación de la serie quiero decir que es muy triste que, después de la fama que ha ido adquiriendo, ninguna cadena en abierto la doblara en condiciones y la emitiera en un buen horario. Pero si en este país han maltratado emisiones como Urgencias, El Ala Oeste, A dos metros bajo tierra y Los Soprano, qué se puede esperar. Aquí me encuentro ante la eterna e indescifrable cuestión de si la televisión en abierto la hacen tontos o la hacen para tontos, pero sí diré que pienso que, viendo lo que se cuece por internet, espectadores para series de calidad hay de sobra pero no saben ganárselos, y hace muchos años que han dejado de hacer el más mínimo esfuerzo para ello porque la masa idiotizada da resultados rápidos y fáciles (los Gran Hermano y variantes salen muchísimo más baratos que hacer o comprar una serie). Por suerte, en dvd lleva editada varios años (el pack completo creo que es del 2010), y debe de vender muy bien, porque siempre se ve en muchas tiendas. Además han sacado el bluray remasterizado también en España, en 2015.

Para ver The Wire no hay que ser más o menos inteligente que la media, pero desde luego hay que tener una visión cultural y unos intereses que abarquen más allá los productos vacuos de moda (los procedimentales clónicos sin profundidad alguna, la serie española casposa de turno, los realities y demás basura). Que se joda el espectador medio es la famosa cita con la que David Simon describe a la perfección la revolución televisiva que se ha dado desde las proximidades del año 2000, con su The Wire en la cima.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – VI. PUESTA EN ESCENA, REPARTO.

I. INTRODUCCIÓN
II. SUS CREADORES: DAVID SIMON Y ED BURNS
III. GÉNERO Y ALCANCE
IV. ESTRUCTURA DE TEMPORADAS Y PERSONAJES
V. GUION PERFECTO
–>VI. PUESTA EN ESCENA, REPARTO
VII. EL VISIONADO Y EL DOBLAJE

En la puesta en escena, al contrario que en otras series del género o equiparables en calidad, en The Wire no se busca un aspecto visual puntero o que destaque por seguir un estilo marcado. No se utilizan filtros ni enredos visuales como en CSI, ni tampoco se pretende un acercamiento pseudo documental mediante la cámara en mano como se ve en otras (desde NYPD a The Shield), algo que dado el argumento no hubiera sido una sorpresa. Sus autores ni siquiera se inclinan por tratar de deslumbrar persiguiendo lo más virtuoso y complicado, como sí ocurre en otras producciones de la cadena HBO: Deadwood, Carnivàle o Boardwalk Empire son unos portentos visuales impresionantes.

David Simon se apoyó en el productor Robert F. Colesberry (que aparecía de vez en cuando interpretando a uno de los detectives de relleno en la comisaría) para el aspecto visual de sus series, y aunque falleció en 2004 continuó manteniendo su sello en posteriores obras. Buscaron un estilo contemplativo más que guiado o resaltado, que permita a los personajes y sus historias llegar al espectador sin artificios, transmitiendo la sensación de que estamos allí, formando parte de los acontecimientos. Para ello se parte de conceptos clásicos y sencillos, pero cada recurso es utilizado con habilidad y sutileza. Planos enteros, conjuntos y medios y montaje muy ciudado permiten mostrar a todos los personajes de la escena, que suelen ser muchos, de manera que la interacción entre ellos y el entorno resulte natural. Y con el movimiento de la cámara, casi imperceptible por lo general aunque con excelentes travellings también, se da profundidad al entorno, tanto para lograr sensación de tridimensionalidad como para enfatizar el protagonismo del lugar donde estamos. Cabe destacar esto último: la facilidad que tienen para cambiarnos de ubicación sin que nos perdamos y sin dar la impresión de que repiten el mismo plano descriptivo (esas series que todavía te meten un plano-cortinilla del lugar…). Pero no por ello la narrativa es estática, si algún tramo requiere otros recursos lo abordan sin miedo y sin que parezca forzado: encontramos alguna cámara en mano o donde lo visual cobra predominancia por necesidad.

Los espectadores que esperan inmediatez, que la imagen le llene los ojos y engañe así el resto de sentidos, se podrían sentir decepcionados. De hecho ni siquiera hay música, porque no encaja en este modelo narrativo. El único momento musical es el de los créditos iniciales, con una canción versionada de forma distinta en cada temporada, y el tema instrumental de los finales, una melodía pesimista pero pegadiza. Como con el contenido, el choque inicial con este aspecto visual que parece anticuado puede tirar a muchos para atrás. Pero si se superan los prejuicios y te dejas caer dentro del relato no tarda en demostrar su eficacia: el tempo calmado pero magnético, la fluidez con que se van desarrollando los hechos, la sensación de realismo…

Sin embargo, sí es inevitable pensar que haberla rodado en definición estándar y 4:3 (formato cuadrado), cuando ya había muchas series producidas en alta definición y formato de televisión panorámica (16:9), es una decisión poco comprensible, y más cuando la gran mayoría de las localizaciones son exteriores. Otros títulos de la cadena más antiguos, como Los Soprano, se rodaron con las técnicas modernas; algunos incluso fueron más visionarios: Urgencias y Babylon 5 se grabaron a mediados de los años noventa pensando en que al final las sacarían en dvd en panorámico (el HD en aquella época ni se veía venir). Pero aquí tenían que ahorrar dinero por todos lados y no vieron posible trabajar pensando en una remota reconversión sin perder calidad en el formato en que se iba a emitir originalmente. En media serie les dieron la posibilidad de adaptarse, pero declinaron en favor de mantener la continuidad. Y menos mal, porque estuvo a punto de no ser cancelada varias veces, y si hubiera costado más sin duda habría pesado en la decisión.

Pero al final, para que la serie no envejeciera tanto y pudiera tener una edición decente para emitir en HD y luego editar en bluray (algo que anunciaron a finales de 2014), en la HBO tuvieron que gastarse un buen dinero tanto en pasar a alta definición como en ir mirando plano a plano si había que borrar algún técnico del rodaje que ahora saliera en el cuadro extendido. Por suerte, el tipo de película fotográfica (35mm) y cámaras empleados permitieron recuperar desde el máster original esa imagen lateral descartada y no tuvieron que recortar arriba y abajo (aunque no creo que hubieran podido hacer esto último, habría quedado fatal). Además tenemos garantía de que el proceso se llevó a cabo con cuidado, pues el propio Simon lo supervisó (el artículo tiene spoilers gordos), y a pesar de sus reticencias iniciales y de que de hecho afirma que algunas escenas pierden algo, desde luego no estamos ante una chapuza como la sonada de Buffy, la cazavampiros, donde se veían cámaras, focos y currantes por todas partes, y donde además cambiaron la paleta de colores, alterando cómo fue concebida. Los más puristas defienden la obra original, pero yo recomendaría a nuevos espectadores la remasterizacón, se verá mejor, más actual y envolvente. En lo personal, creo que la he visto tres veces (alguna temporada quizá más) en dvd y no me molesta el formato cuadrado porque soy muy cinéfilo y su calidad me parece indudable, pero la alta definición se agradece mucho y no descarto ver la nueva versión cuando me entren ganas de nuevo.

El reparto es otro de los elementos cruciales a la hora de conseguir que The Wire resultara una obra maestra. Como decía en apartados anteriores de esta larga introducción, el número de personajes es enorme, pero la labor de casting ha estado siempre a la altura: incluso cuando seleccionaban a gente sin experiencia acertaban de pleno, pues los niños y algunos pandilleros no eran ni actores en algunos casos. Obviamente la certera descripción de los personajes que plasma David Simon en los guiones y la efectiva labor de dirección de actores realizada por los numerosos directores que han pasado por los capítulos ha contado muchísimo, pero la guinda la han puesto todos los intérpretes, pues ni uno ha fallado a la hora de meterse de lleno en esos roles tan humanos, tan complejos, grises y falibles, de forma que en cuanto empiezan a hablar pareces estar ante personas auténticas. No voy a ponerme a citar ejemplos, porque la lista sería interminable al no haber figuras que destaquen por encima de otras. De los que más presencia tienen vienen casi todos de largas carreras en televisión, en especial en series del género policíaco, y de hecho muchos tuvieron contacto con Simon ya en Homicidio. Como es esperable también algunos volvieron a colaborar con él de nuevo en Generation Kill y Treme.

Actualizado el 16-02-17 para incluir el comentario sobre la remasterización.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – V. GUION PERFECTO.

I. INTRODUCCIÓN
II. SUS CREADORES: DAVID SIMON Y ED BURNS
III. GÉNERO Y ALCANCE
IV. ESTRUCTURA DE TEMPORADAS Y PERSONAJES
–>V. GUION PERFECTO
VI. PUESTA EN ESCENA, REPARTO
VII. EL VISIONADO Y EL DOBLAJE

He hilado una presentación y análisis de sus características y cualidades de forma global, pero para hablar de la grandeza de The Wire hay que mirar obviamente a la incomparable calidad del guion. David Simon tenía muy claro qué quería contar, pero si no lo hubiera plasmado con tanta habilidad como es lógico no se hablaría tanto de la serie.

El guion une todos los elementos representativos de The Wire de forma que alcanza un equilibrio perfecto: la crítica social es sutil, elegante, ni engulle a los personajes ni a la narrativa, y emerge con una autenticidad e intensidad abrumadoras pero sin llegar nunca a resultar forzada. El dibujo de los protagonistas es impecable, aúnan naturalidad y magnetismo en un nivel inclasificable: todos resultan inolvidables. Y la trama se desarrolla con un tempo narrativo que hace gala de una precisión y brillantez sin parangón a pesar de la enorme complejidad de la misma. Cada temporada tiene su arco presentado, desarrollado y cerrado milimétricamente, pero sin dejar la sensación de que se sigue un esquema o se improvisa: la historia fluye con naturalidad y muy buen ritmo. A su vez, cada episodio es una unidad también perfecta: aunque alguno sea más relevante que otro o, como es de esperar, los clímax reúnan más momentos espectaculares, nunca se puede hablar de un capítulo prescindible, cuando hasta pesos pesados como Los Soprano tenían tramos criticables o faltos de energía. El único “problema” es que al ser cada episodio parte de un todo estos siempre te dejan a medias. Toda y cada una de las escenas tiene, literalmente, aunque parezca increíble, un objetivo concreto aunque tardes capítulos o incluso temporadas en hallar su completo significado, así que requiere bastante paciencia.

Hay que remarcar que los personajes son extraordinarios, sin duda los mejores vistos en televisión, ganando incluso a mis dos referentes en este ámbito, Urgencias y Babylon 5, por eso de abarcar muchísimo más en cantidad y complejidad. Sus cualidades son infinitas: dibujo certero, verosimilitud constante, la calidad de los diálogos, las infinitas escenas gloriosas en que Simon los envuelve, lo bien que describe defectos de la sociedad a través de ellos, la evolución consistente y atractiva, las excentricidades geniales (por eso Omar es de los favoritos del público), las cabronadas emocionantes (cuántas zancadillas se lleva McNulty de sus superiores, en parte porque se las busca él mismo), las coletillas y tics (“shiiiiiiiit”), los secundarios capaces de dejar marca incluso con breves apariciones, y finalmente el protagonismo desarrollado con vistas al futuro (Lester tarda en ganar presencia, y cuando lo hace explota de una manera espectacular; probablemente no te des cuenta de cómo introducen a Proposition Joe o a Marlo a pesar de su futura importancia). Evidentemente los actores son cruciales en la ecuación, pero los dejo para el siguiente punto.

Profundizando en los diálogos, la fuerza de estos es impresionante. Cada capítulo regala numerosas perlas de sabiduría e ingenio, y por lo general toda frase tiene unas consecuencias claras, es decir, no hay morralla, todo diálogo es creíble, natural, pero capaz de huella. Igualmente, las escenas míticas se cuentan por pares en cada capítulo, y muchas de ellas se anclan para siempre en la memoria.

Otra baza destacable es que nunca se inclina hacia el drama lacrimógeno ni hacia la acción innecesariamente exagerada para captar la atención del espectador. Sí, hay algún golpe duro y algún tiroteo, pero se mantiene siempre en el tono de realismo documental. Simon consigue que toda la inmundicia mostrada asombre y conmueva, pero sin dar la impresión de que se ceba de forma sensacionalista en la tragedia. Por ello entretiene y enseña sin desmoralizar y sin alardes fuera de lugar. La vida es una mierda por sí sola, no hace falta adornarla.