BLACK MIRROR – ESPECIAL: BANDERSNATCH


Black Mirror: Bandersnatch
Netflix | 2018
Drama, suspense | Duración variable
Guion: Charlie Brooker.
Dirección: David Slade.
Intérpretes: Fionn Whitehead, Craig Parkinson, Alice Lowe, Asim Chaudrhy, Will Poulter.
Valoración:

Alerta de spoilers: No hay datos reveladores de ningún tipo.–

Desde que se vaticinó la emisión de series y películas por internet se plantearon también algunas de las ventajas que traería, como la más lógica, ver lo que quieras cuando quieras sin necesidad de tener la obra almacenada en un soporte físico. Pero la posibilidad de tener emisiones con las que el espectador pudiera interactuar más allá del elegir idiomas parece que tardó en surgir, o al menos en empezar a calar. Hablo del concepto “elige tu propia aventura” que existe desde hace décadas en novelas, donde puedes escoger entre distintas posibilidades el curso de acción que sigue el protagonista. Para el que no le suene, se trata de que llegas a varios puntos de la lectura donde te ofrecen al menos dos alternativas (no suelen ser más), y según la que prefieras te manda a una página u otra con distintos progresos de los hechos y nuevas elecciones que finalmente llevan a distintos desenlaces.

Sin embargo, la llegada de las plataformas online no fue suficiente para trasladar este modelo narrativo a series o películas. Evidentemente hace falta un software que permita esa interacción entre el espectador, el aparato reproductor y el flujo de datos que llega a través de internet, y es probable que nadie quisiera hacer la inversión y esfuerzo de desarrollarlo para que sólo cuatro gatos tuvieran acceso a ello. En los últimos años, con plataformas como Netflix, Amazon, Hulu y otras en las televisiones, ordenadores y móviles de medio mundo, finalmente se ha allanado el terreno para probar este concepto, y Netflix se ha puesto las pilas para ser la primera compañía en hacerlo, tanto que parece que ninguna otra se lo había planteado hasta el momento.

Probaron inicialmente en algunos episodios de series infantiles, donde los niños podían elegir entre unas pocas opciones, aunque no parece que causara mucho impacto entre el público, ni la cadena lo aprovechó para anunciarlo como una revolución. Pero es evidente que se lo estaban tomando en serio, porque lo han lanzado a lo grande a través de una serie adulta y de mayor éxito, la original y tétrica Black Mirror de Charlie Brooker.

En su obra Brooker ha castigado mucho a la humanidad y a sus personajes por los excesos con las nuevas tecnologías, siendo San Junípero el único capítulo con desenlace medio feliz, y en este Bandersnatch no ha desaprovechado la posibilidad de señalar también al espectador. La implicación del televidente no sólo se basa en seleccionar qué camino ha de seguir el protagonista, sino que además te devuelve la pelota en algunas elecciones, haciendo que el personaje termine siendo víctima tuya. Hay finales macabros si nos va la violencia y finales delirantes si nos pasamos de la raya machacando al protagonista, para dejarte claro que tú lo has destruido poco a poco. Y si no, también intenta dejarte mal cuerpo: sus traumas en la infancia ponen trabas a nuestros intentos de ir por el camino responsable.

Otro punto fuerte es la ambientación ochentera. Brooker nos traslada al punto álgido de las novelas de “elige tu propia aventura” y el inicio de los videojuegos con trama en la que podías involucrarte con cierta libertad de elección, la década de los ochenta. En el capítulo San Junípero iba a lo más reconocible de la época, una idea que se me antojó facilona y comercial, pero aquí la inmersión cultural es más profunda, detallista y friki. Música, juegos, tecnología y ambientes varios nos sumergen plenamente en aquellos tiempos, y te implicas más gracias a la posibilidad de seleccionar entre lo que hace el personaje: la música que escucha, los cereales que desayuna…

Pero también hay carencias notables que limitan bastante el alcance de un argumento e ideas con un potencial mucho mayor. El primer punto oscuro es grave: es imposible conectar con el protagonista y menos aún con los secundarios. Sus autores han puesto todo el esfuerzo en el puzle de líneas argumentales (hay cinco horas de metraje en total para poder dar cabida a todas las elecciones) y se han dejado en el tintero algo tan esencial como es la personalidad y el progreso dramático: ningún habitante del relato tiene un dibujo llamativo y un desarrollo elaborado. El protagonista es inestable mentalmente desde el principio al final, su evolución es la misma elijas lo que elijas. No hay manera de interesarse por él, ni da pena, ni tiene carisma, ni su viaje deja grandes diálogos o escenas que te conmuevan, toda su historia está puesta al servicio del golpe de efecto de turno. Y los secundarios son un cliché tras otro usados como apoyo de la figura central: la psiquiatra sólo sirve para presentarnos sus problemas mentales, el informático rarito está para lanzar su pasión, el jefe estresado para ponerle limitaciones, el padre agobiante para disparar sus picos de inestabilidad, y la madre ausente para justificar su desconexión con el mundo. El elenco es bueno pero no como para sobreponerse a las limitaciones de sus roles y dejar huella.

El segundo problema es que a la hora de la verdad tampoco termina de deslumbrar como narración de “Elige tu propia aventura”. Hay muchas elecciones intrascendentes, sin duda pensadas para que aprendamos a manejarnos y para reforzar la inmersión, pero a la larga parece que tocas mucho el teclado o el mando para nada. Pero lo que pesa más es que las importantes no impresionan. Brooker se empeña en un solo mensaje, y con él te machaca hagas lo que hagas, hasta el punto de que hay callejones sin salida que te obligan a volver atrás y elegir lo que él quiere (al menos no empiezas desde el principio, sino que vuelves a la última disyuntiva). Resultan opciones muy parcas en lo emocional y en la intriga, de forma que te implicas poco a la hora de analizar el posible recorrido y sus consecuencias. A las pocas preguntas dejas de preocuparte por si merece la pena el riesgo o si quieres ser prudente, pues todas las alternativas abren caminos bastante evidentes y que progresan de forma predecible.

Así pues, en el apartado de originalidad, después de tanto haber dado a lo largo de la serie y de tanto prometer en esta premisa con tantas posibilidades, decepciona mucho. Para colmo, una de las líneas recuerda demasiado a la cinta de culto Donnie Darko (Richard Kelly, 2001). Sólo me sorprendieron para bien un par de instantes más trabajados, aquel donde aparece el perro para desbaratar tus planes, por eso de darte en la cara con un factor que deberías haber tenido en cuenta para ayudar al personaje a salirse con la suya, lo que supone la única vez que entran en juego variables inteligentes y la sensación de imprevisibilidad, y el desenlace donde se rompe a lo bruto la cuarta pared, con la pelea en plan artes marciales de videojuego.

Sin duda Brooker ha buscado llevarnos por la fuerza hacia mensajes concretos para mantener el estilo trágico y sórdido de Black Mirror, tanto la idea general de la serie, que sacamos lo peor de las nuevas tecnologías, como la concreta en este episodio, que no tenemos realmente libre albedrío, que nuestra vida está acotada por nuestras experiencias en la infancia y dirigida por fuerzas externas diversas (la familia, la sociedad, el trabajo, el ente misterioso o divino que representa el espectador). Pero esto juega en contra de las enormes posibilidades narrativas que tenía entre manos. Si en Blanca Navidad logró unir tres historias muy complejas y diferentes con un nexo y personajes en común, tres historias que llegan de distinta forma a cada espectador (romance, ciencia-ficción, redes sociales, familia…), ¿por qué aquí, que se exige que mantenga esa fórmula, que te pone en bandeja hacerlo, se muestra tan poco inspirado y esforzado? En otras palabras, Bandersnatch se hace reiterativo y frustrante, si pruebas distintos finales es por la novedad de poder hacerlo, pues a mitad del relato ya se intuye que no da más de sí.

Tampoco funciona del todo la puesta en escena de David Slade, un realizador por cuyo renombre también se generaron expectativas. Hannibal (2013), American Gods (2017), Hard Candy (2005)… toda su obra es arriesgada y espectacular en lo visual, pero aquí ofrece un trabajo muy convencional. Cabe destacar, para mal, la fotografía tan simplona, con un abuso de colores primarios. Lo que no es anodino blanco o azul claro parece forzado; por ejemplo, la habitación del chaval es verde y lleva un pijama verde a juego, para entrar bien por los ojos sin un esfuerzo real de composición del plano. Está muy lejos del nivel que ha ofrecido Black Mirror en sus mejores episodios.

Bandersnatch podría haber calado mucho más hondo, pero se está quedando en una anécdota y probablemente sea superado muy pronto. Sin ir más lejos, al terminar dan más ganas de revisionar otros buenos capítulos que de volver a este.

Por otro lado, se mantiene el innecesario e injustificado empeño en referenciar cada dos por tres otros episodios y tratar de entretejer un universo único, cuando si por algo deslumbró en sus orígenes Black Mirror era por abordar historias dispares e independientes. Es tan gratuito que sólo se me ocurre que sea una estrategia para alargar la vida útil de la serie en internet: multitud de páginas que viven de contenido morralla y titulares llamativos hacen su agosto con reportajes al respecto y la gente que los enlaza en las redes sociales, donde se lleva también más la curiosidad efímera que la discusión intelectual, y mira que la serie da para ello. Es paradójico, cuando no hipócrita, que Charlie Brooker sea tan crítico con el abuso de las nuevas tecnologías y a la vez se venda tanto a ellas.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2013)
Especial: Blanca Navidad (2014)
Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
Especial: Bandersnatch (2018)

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