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SILICON VALLEY – TEMPORADA 6 Y FINAL

HBO | 2019
Comedia | 7 ep. de 30-45 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Josh Brener, Chris Williams, Jimmy O. Yang, Chris Aquilino, Rachel Rosenbloom, Krishna Smitha, Chris Diamantopoulos, Aristotle Athiras, Helen Hong.
Valoración:

Alerta de spoilers: Entro a fondo, incluido el final.–

La quinta temporada de Silicon Valley mostró un importante desgaste, pero como es habitual esperábamos que en el final de la serie se pusieran las pilas y acabaran por todo lo alto. Pero me temo que el agotamiento de los guionistas se hace más patente. Han recortado otro episodio, acabando sólo con siete (aunque el último es de 45 minutos), y aun así no logran plantear un buen arco final y ejecutarlo con determinación.

Después de seis años desarrollando el proyecto soñado por Richard Hendricks de usar su genial algoritmo de compresión para conseguir una internet descentralizada y neutral, libre de la interferencia de empresas y gobiernos, no encaramos una última etapa de su trabajo y su lucha que atrape con la intensidad de los cuatro primeros años, ni tan siquiera transmite la sensación de que nos acercamos por fin a un destino concreto.

La pena es que en el primer capítulo apuntaba buenas maneras. Parece que Richard y su equipo tienen al alcance de la mano su ansiada meta. Las últimas campañas de financiación y el avance en su labor les ha permitido dar el salto a un edificio propio con cientos de empleados. El discurso en la vista ante el senado, genial parodia de cuando Mark Zuckerberg tuvo que responder por Facebook, deja clara las ideas y determinación de Richard en su utopía. Y el primer tropiezo es llamativo: el principal socio se inclina por romper sus líneas rojas, monitorizando la actividad de los usuarios y venderlos para incluir publicidad personalizada.

Pero ahí se queda la cosa. Tendríamos que estar todo el año expectantes ante el inminente lanzamiento de la nueva internet, con problemas de última hora no previstos, como se espera de una serie otrora tan inspirada e impredecible. E incluso podrían haber abordado los primeros pasos en la implantación, y haber dejado la puerta abierta a los nuevos retos. Ese sería un final muy acorde con la dinámica de la serie.

Pero los problemas que van apareciendo son repetición de cosas ya vistas, nos desviamos en mundanos líos de oficinas, los protagonistas pierden fuerza en aventuras secundarias sin savia ni gracia, el sempiterno conflicto con Gavin tampoco trae novedades llamativas… Y en el tramo final intentan impactar y emocionar con una mala mezcla de fuegos artificiales y añoranza.

La historio más relevante es el dilema de aceptar dinero sucio (de un hijo de dictadores sudamericanos), y resulta muy artificial, no tiene relación directa con la integridad de la red, y a estas alturas no aporta nada repetir con líos de financiación. También se extiende la guerra con Laurie Bream y Gavin Belson sin ofrecer nada nuevo, mientras que lo único que llamaba la atención, Jian Yang y su versión clónica de PiperNet que auguraba diversos conflictos corporativos y legales, termina dejándose de lado sin más, Bream dice que no funciona y se olvida como si nada.

Conforme entramos en la temporada, la sensación de que no hay dirección se va haciendo cada vez más patente. Y para el desenlace se montan enrevesada premisa de ciencia-ficción más propia de Black Mirror (Charlie Brooker, 2011). Como suele pasar, a falta de ideas, tiran por sensacionalismo y malabares que intenten tapar las carencias.

Resulta que en el proceso de darle vida a la nueva internet nuestros chicos han creado sin querer una inteligencia artificial maligna que podría liarla parda, y tienen que decidir si cobrar millones por el lanzamiento y salir por patas o si matar el proyecto en el último momento y callar, quedando como héroes anónimos. ¿De verdad pretendían los autores que esta salida por la tangente colara entre los seguidores? No puedes romper tus propias reglas en el último momento. Aunque fuera desde una perspectiva de parodia que afila los estereotipos hasta casi caer en el surrealismo, la serie siempre se ha mantenido verosímil en el fondo y dejaba lecturas muy humanas. Tras cada decisión absurda de Belson se mostraban magistralmente los desmanes de estas figuras egoístas, por citar la línea siempre más exagerada.

El demencial giro de las ratas referenciando descaradamente al flautista de Hamelín que da nombre a la compañía me hizo llorar de risa y tener que darle a pausa para recomponerme. La decisión final de si confiar en Dinesh o no es un buen momento de tensión que rompe muy acertadamente Gilfoyle, mostrando así que su peculiar amistad después de todo es inquebrantable. Pero no es suficiente para tapar la pésima elección que han tomado para finalizar la serie. Y como epílogo tenemos la típica reunión nostálgica de los amigos alrededor de una mesa, con la coña de “siempre azul”, pero es muy fácil y ya se ha usado mucho en infinidad de obras, aquí de hecho en más de una ocasión, así que resulta más irritante por intento de manipularme que emotiva de forma natural.

La irregular cuando no caótica y decepcionante temporada se sostiene a duras penas por el encanto de sus personajes, aunque arrastran grandes peros que limitan un potencial mucho mayor. Estos muestran una ligera maduración, de forma que enfrentan los retos de formas bastante distintas a como lo hacían en los primeros pasos de su odisea. Pero precisamente por ello es una pena que los desaprovechen en historias globales y subtramas que no están a su altura.

Richard y Gilfoyle son los que mejor parados salen. Todo este largo proyecto ha hecho de Richard alguien más seguro de si mismo, más valiente y decidido. Muestra dudas en dilemas complicados, pero llega con más rapidez y coraje a las soluciones, incluyendo algunas difíciles como rechazar grandes sumas de dinero por ética y mentir a todos sus empleados cuando lo considera necesario. Con todo eso en mente, ¿a qué viene la aventurilla en que un compañero lo acosa como a un pardillo? No encaja con el tono del resto de historias, es como un descarte de las primeras temporadas.

Gilfoyle va tomando consciencia de que es demasiado antisocial y pagado de sí mismo. La jefa de recursos humanos le toca las pelotas y empieza respondiendo de malas maneras, pero poco a poco se suaviza, formando una amistad muy interesante con Monica (algo que ya se había tanteado el año anterior) y haciendo nuevos amigos (el rarito de mantenimiento de los servidores). Pero da la impresión de que falta una trama larga que lo exprima mejor.

Jared inicialmente promete con una trayectoria también sembrada en la etapa previa. Richard ha llegado a un punto en que no lo necesita, y este debe encontrar nuevas razones por las que sentirse realizado. Pero los guionistas le encasquetan un interés que resulta una cagada estrepitosa. Primero, no hay sensación de que realmente trabaje en algo, sino que es un relleno para forzar intriga y no tardará en volver al redil. Y así ocurre, desandando lo andado como si nada, haciéndote pensar en que ha sido tiempo perdido. Pero lo peor es que su nueva meta es incómoda: el personaje de Gwert es grotesco, un insulto a las personas con taras físicas. Aquí han patinado a lo grande en el difícil equilibrio entre hacer gracia y conmover partiendo de un estereotipo y caer en la ridiculización de uno. Y entre todo ello realizan una especie de pausa donde Jared encuentra a sus padres biológicos… escena que pasa sin pena ni gloria. ¿Qué pretendían con ello, qué han intentado que aportara al personaje? No veo cambios en sus carencias de independencia e inseguridad.

Dinesh ya mostraba mucho desgaste en el quinto año, y sigue igual. Si eliminamos sus intervenciones hasta el final sería una mejora para el conjunto. Queda ahogado en su cliché de egoísmo y revanchismo, y la relación con un nuevo compañero, Gabe, en teoría tan peculiar como de costumbre en los personajes secundarios, canta a remedo cutre de su dinámica con Gilfoyle: sólo está ahí para sus piques. En el final entra en un buen dilema, su ego contra sus amigos, con giros efectivos, dándole así un desenlace digno que suaviza las malas impresiones. Pero no las eclipsa por completo.

Monica Hall queda en tierra de nadie. Que se uniera por fin a los chicos prometía mayor interacción laboral y personal y que abordarían la relación amorosa en tensión que fue surgiendo por sí sola con Richard. Pero no hace nada digno de mención. Está presente en cada discusión, pero de neutra llega a hacerse casi invisible. En los últimos episodios la meten en dos micro historias que no llevan a nada. En una se juega con la integración con los demás compañeros, pero en realidad es una aventura de Gilfoyle y ella está de pegote, los hechos no influyen en su personalidad. La otra es sobre feminismo, y tampoco aporta nada, es más, se queda a medio cocer y termina desapareciendo. Otra historia más que barren bajo la alfombra para forzar el arco final absurdo.

En los secundarios más relevantes estamos igual, caos y malas decisiones. Laurie Bream no tiene una aportación llamativa, cuando hubiera estado bien ver algo que la redima y humanice un poco. Gavin Belson va mejor encaminado, pero en los últimos pasos tropiezan. Sin duda su viaje lo estaba llevando hacia el hastío por su trabajo y mostraba algo de moderamiento en su desmedido ego, pero la transición hacia escritor de poca monta es precipitada, incomprensible por momentos. ¿Qué se supone que gana en lo emocional, qué consuelo y motivaciones encuentra? Es como si los guionistas hubieran elegido una opción al azar y se la tiran encima sin más. Además, el novelista al que se asocia resulta confuso: creía que era Denpok disfrazado, pero mirando la lista de actores resulta que no. ¿Qué pretendían con esto?

Por otro lado, se echa de menos una última aparición de cada uno de los secundarios míticos. Ron LaFlamme y Russ Hanneman son relevantes, el tipo críptico de los servidores da bastante juego, pero de los demás ni rastro, y podrían haber aparecido brevemente, en plan homenaje. Hasta Cabezón pierde protagonismo y coherencia: de mostrar una capacidad insólita (recordar la clave de seguridad, a la que ni se explica cómo accede) pasan a hacer un chiste sobre demencia pasadísimo de rosca.

Y no digamos ya lo que se echa de menos a Elrich Bachman. Que un protagonista principal no reaparezca en la despedida de la serie es muy triste, y más cuando lo mencionan tanto. Cabe pensar que la escena en la cabaña paradisíaca estaba escrita para él pero no lograron convencer al actor o cuadrar su agenda, y acabó llevándosela Jian Yang.

Cuando mejor parada sale la temporada es precisamente cuando los guionistas hacen una pausa en las flojas historias globales y se meten en una chorrada secundaria donde estuvieron más inspirados. El triatlón de Gavin y la búsqueda de firmas para adquirir Hooli en el tercer episodio recuerda el tono loco e imprevisible pero con un trasfondo muy realista (las guerras de despachos, los caprichos de los directivos…) que nos ha ofrecido Silicon Valley en gran parte de su trayectoria.

Como ocurre muchas veces en el mundo de las series, el final no ha estado a la altura, pero aun contando con este bajón ha sido una de las más originales e inteligentes de los últimos años y se puede revisionar una y otra vez sin problemas.

PD: En el último episodio hacen cameos varias figuras relevantes del mundillo (Bill Gates a la cabeza) así como algunos de los productores y consultores.

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
Temporada 5 (2018)
-> Temporada 6 y final (2019)

SILICON VALLEY – TEMPORADA 5

HBO | 2018
Comedia | 8 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Josh Brener, Chris Williams, Jimmy O. Yang, Chris Aquilino, Rachel Rosenbloom, Krishna Smitha.
Valoración:

Esperaba que tarde o temprano Silicon Valley mostrara algo de desgaste. Es verdaderamente complicado mantener el altísimo nivel con el que empezó y que sostenía sin pestañear tras cuatro años. Pero suponía que sería gradualmente, no que tuviera un bajón tan notorio. Los propios autores son conscientes de que no llegaban y recortaron dos episodios en esta temporada y tres en la sexta y última.

Todavía mantiene gran parte del ingenio y la visión de antes, pues las historias sobre el mundo de las nuevas tecnologías y las aventuras de los protagonistas son inteligentes, originales y muy certeras a la hora de describir ese entorno. Los enfrentamientos entre compañías y los egos de sus directivos ofrecen nuevas vivencias, como las tretas para robarse empleados para dejarte sin mano de obra y las absorciones de compañías para alterar el mercado. Las relaciones en el trabajo otras tantas, en Pied Piper con el nuevo entorno de trabajo rodeado de empleados, con piques y problemas como la efectiva subtrama del topo, mientras que por el otro lado Gavin Belson y Laurie Bream siguen con sus peculiares formas de ver el mundo, destacando las búsquedas de Belson de nuevas formas de explotación laboral. Los protagonistas navegan contra viento y marea sorteando infinidad de nuevos retos, contando como siempre con sus propias limitaciones y patinazos. Dinesh descuida su trabajo, empeñado en la imagen y la emoción del momento (sea gastando en lujos o intentando humillar a Gilfoyle), Jared no asimila bien el distanciamiento con Richard, Gilfoyle sigue dejando de lado las relaciones sociales, el endurecimiento del otrora blandito de Richard lo está volviendo revanchista…

El desgaste que sufre la temporada viene por el lado del ritmo y del sentido del humor. Otrora resultaba un deslumbrante compendio de estilos: parodia inteligente, humor de la vergüenza ajena bien medido, personajes con tics entrañables, secundarios estrafalarios, lluvia de gags locos en cada escena … Todo ello daba forma a un relato frenético y divertidísimo, pero el tono de este año se presenta un tanto ahogado, adormecido. No hay agilidad y chispa en la tormenta de situaciones que viven los protagonistas y el tempo humorístico de cada escena se vuelve algo torpe, con lo que parece que la narración va a medio gas. Por momentos parece que estamos viendo una sitcom normalita, tipo The Big Bang Theory (Chuck Lorre, Bill Prady, 2007), donde sueltan un chiste básico y fuerzan una pausa para que te des cuenta de que tienes que reírte, y por si acaso meten risas enlatadas para forzarlo aún más.

La única línea humorística que mantiene el tipo sin problemas es la perspectiva irónica rozando el absurdo de los temas de nuevas tecnologías, quizá porque es la que va más hilada con las tramas y estas funcionan bastante bien. Y por el lado contrario, otra parte sale bastante mal parada. El humor sobre lo patético que antes te llevaban a una carcajada incómoda ahora ofrece muchas escenas que parecen salidas de tono. La rivalidad de Jared con el nuevo ayudante de Richard da bastante vergüenza ajena, sobre todo con la fallida parodia de terror; Dinesh y Gilfoyle no ofrecían gran evolución, son secundarios y como tales aportan el chiste de remate esperado en cada situación del grupo, pero con Dinesh no han sabido mantener el equilibrio, su presencia empieza a ser molesta… sobre todo cuando se utiliza durante todo el año para patrocinar a Tesla, algo tan descarado que a veces dan ganas de dejar de ver la serie.

Eso sí, aun con la pérdida general de calidad hay momentos que te dejan a cuadros y no se olvidan. Los nervios de Richard y sus vómitos; el desarrollador soso y poco hablador que Jared se empeña en que Richard conozca; las burradas que dice y hace Gavin con la explotación laboral; el robot femenino con inteligencia artificial; la firma con forma de pene; Jian Yang intentando hacerse con la herencia del desaparecido Eric Bachman, y luego plagiando Pied Piper.

Y se mantiene el final de infarto habitual. Los guionistas iban trabajando bien las historias, y las unen en un desenlace donde también han recuperado mucha inspiración, logrando un colofón lleno de sorpresas y giros espectaculares que deja todo patas arriba de nuevo.

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
-> Temporada 5 (2018)
Temporada 6 y final (2019)

SILICON VALLEY – TEMPORADA 4

HBO | 2017
Comedia | 10 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, T. J. Miller, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Josh Brener, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Stephen Tobolowsky, Chris Williams, Jimmy O. Yang.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento brevemente algunas de las historias del año. —

El equipo de Richard Hendricks, la pequeña empresa Pied Piper, pasó de casi tocar el cielo a estar prácticamente en el punto de partida otra vez. El mundo de las nuevas tecnologías es caótico y cruel. La competencia brutal (Hooli), las tendencias cambiantes, las complicadas técnicas (programación, redes, etc.), las financieras caprichosas… Los mil obstáculos que sortearon como bien pudieron nuestros protagonistas toparon con un muro inesperado: ellos mismos. Cada uno a su manera, en especial Richard, son los principales constructores de sus propios destinos: estos jóvenes ilusionados y capaces precisamente no fueron capaces de ver que su plataforma era demasiado exclusiva para expertos informáticos como para que el público la aceptara.

Pero Richard no pierde la esperanza, sigue soñando con una internet descentralizada, libre de fronteras físicas y políticas, dispersa en los millones de dispositivos interconectados (móviles principalmente) gracias a su algoritmo de compresión sin igual. Los nuevos retos son en cierta manera conocidos, encontrar capital, superar barreras de imagen de medios y público y conseguir enfocar los amplios conocimientos del grupo en el trabajo sin que la infinidad de nuevos reveses que aparecen los distraigan.

Esta vuelta a los inicios podría parecer que supone un retroceso en la temática, originalidad y por tanto calidad de las historias. Pero en realidad sigue siendo asombroso cómo los guionistas, con Mike Fudge a la cabeza, logran captar toda la esencia del mundo de las nuevas tecnologías y sus gentes (los estratos sociales dentro del gremio, la parodia de figuras conocidas, etc.) en una infinidad de aventuras enormemente ingeniosas y divertidas y además llenas de giros sorpendentes (el más sorprendente, la alianza inesperada). El humor se mantiene brillante, con cada escena y prácticamente cada plano mostrando varios chistes en marcha a la vez, algo además potenciado el estupendo reparto y su gran química.

Encontramos un par de bajones de ritmo, dos episodios no tan brillantes como el resto, quizá ligerísimas indicaciones de cansancio. Da la sensación de que para concluir algunas partes los autores no logran ser tan concisos y enérgicos como antes y se alarga un poco más de la cuenta. La parte de Keenan Feldspar (Haley Joel Osment) y la de la pequeña empresa de seguros que los contrata (con el patoso cornudo) se dispersan un poco sin lograr ser tan chispeantes como de costumbre.

Sin embargo, es un bajón leve que no acusa estancamiento en cuanto a imaginación de las historias en sí. Aunque sea desde abajo otra vez, la odisea que seguimos muestra nuevas perspectivas de este mundillo (destacando al abogado trol de patentes y los virajes de Elrich con las financieras), avanza en las que ya conocíamos (Monica y Laurie Bream por un lado, Hooli por el otro) y, lo más importante, este año vemos una importante progresión en los personajes, sobre todo en Richard. Hasta el momento eran temporadas tan cortas y veloces que no me había parado a pensar que los protagonistas no se han movido un ápice de sus posiciones iniciales. Pero si entonces no se podía considerar un fallo, cierto es que a estas alturas cabe pensar en que la serie necesitaba una maduración.

La deriva actual hace mella poco a poco en el grupo. La unidad férrea se debilita, algunos trabajan temporalmente en otras cosas, poniendo cada vez más dudas en el futuro de Pied Piper. Richard pierde fuerza y, lo peor, los estribos alguna vez (las patadas a la puerta), de forma que se va nublando su juicio y su ética y empieza a tomar un giro hacia la desesperación: hacer trampa, quebrantar leyes… traicionar amistades.

El épico final con la Hooli-Con y los sucios ardides de Richard recuperan esas décimas perdidas en la nota media y dejan con muy sabor de boca, salvo quizá por un detalle. Como en otras temporadas, un inesperado y loco giro final vuelve a encauzar las cosas en el último momento. Esta vez me ha parecido un poco forzado y gratuito, hubiera venido mejor una transición más trabajada que explorara el lado oscuro de los protagonistas. Pero al menos el epílogo (la reunión de Richard con Belson) y el inicio de la quinta temporada dejan claro que estos cambios sí han dejado huella en ellos, sobre todo en Richard: es más valiente y decidido.

Como siempre, momentos geniales hay en cantidad: el pique entre Gavin Belson y Jack Barker, empezando con los viajes en avión; el despacho de Monica con vistas a los servicios de hombres, Russ Hanneman en el colegio equivocado diciendo burradas, el “chico de la sangre”; la que lía Dinesh al mando, con la entrada de menores en el chat, Cabezón acabando en la universidad de potra y de una forma que no esperaba, el chiste de la galleta, la intervención inesperada de Hoover en la Hooli-Con… Y por supuesto, cada aparición de los secundarios absurdos, como el abogado alcohólico o el tipo raro de la granja de servidores (“este es el sitio de la caja”).

Terminamos el año con una mala noticia, pues T. J. Miller, el actor de Elrich Bacham, deja la serie. Supongo que intentó dar el salto al cine, dado que estaba enlazando algunos papeles secundarios con bastante tirón (Deadpool 1 y 2 -2016, 2018-, Ready Player One -2018-).

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
Temporada 3 (2016)
-> Temporada 4 (2017)
Temporada 5 (2018)
Temporada 6 y final (2019)

SILICON VALLEY – TEMPORADA 3

HBO | 2016
Comedia | 10 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mike Judge, Alec Berg, Tom Lassally, Michael Rotenberg.
Intérpretes: Thomas Middleditch, T. J. Miller, Martin Starr, Kumail Nanjiani, Zach Woods, Matt Ross, Josh Brener, Amanda Crew, Suzanne Cryer, Stephen Tobolowsky, Chris Williams, Bernard White.
Valoración:

Richard Hendricks, con ayuda de sus amigos, continúa tratando de sacar adelante su visión de una plataforma multimedia de compresión que dispare el uso de la nube en internet, cambiando por completo el panorama mundial de las nuevas tecnologías. Pero el desarrollo de Pied Piper sigue escurriéndose de sus manos más de lo que querría. La competencia es feroz, los problemas tecnológicos incontables, los humanos también. Laurie Bream, de la compañía que lo financia, impone un CEO famoso, Jack Barker (Stephen Tobolowsky) y lo relega a CTO, sea, de director general a director tecnológico, de forma que el proyecto esté en manos de un empresario con experiencia y renombre y el equipo pueda dedicarse al desarrollo.

Ampliamos así la visión del mundo de las nuevas tecnologías, las empresas y gentes que viven en estos negocios, y eso que ya venía ofreciendo una descripción compleja y detallada. Los de abajo (los protagonistas), los de arriba (Hooli), los rechazados (Cabezón), las rémoras (bloggers y demás), las tecnologías, las financieras, las formas de vivir y pensar de cada individuo… El cuadro completo es hiperrealista, pero mantiene el tono irreverente y alocado de siempre.

Los personajes nunca dejan de ser reconocibles a pesar de la vorágine de eventos, cambiando gradualmente, chocando con mil baches, externos y propios, luchando por abrirse paso en un entorno muy hostil. El reparto se mantiene tan cohesionado y deslumbrante como de costumbre, la química que tienen es admirable. El repertorio de secundarios y recurrentes es alucinante: los abogados raritos, los “empresaurios” Barker y Gavin Belson, el diseñador pesado, el gurú, los currantes de Nucleus…

Cada capítulo te mantiene con una sonrisa constante, e incontables veces te lleva a la carcajada. Las capas de chistes entrelazados sigue siendo asombrosa: la parodia del universo informático es elegante, el humor de la vergüenza ajena está muy bien medido, el ingenio es inagotable, las paridas locas no desentonan nada, y la personalidad de cada rol es muy marcada y divertida.

Entre tanta genialidad destacaría algunos momentos inolvidables por una razón u otra: la guerra de monitores, el encuentro con los aviones privados, el sótano de servidores donde irá “la caja” y están los hombres topo, Richard llevando los planes secretos a la oficina y tropezándose, dejándolos a la vista, el pique de espacios o tabulaciones, la granja de clics, los grupos de opinión, la reunión final con soluciones inesperadas…

Silicon Valley ofrece cero desgaste y cero sensación de repetición en su tercera temporada, siendo de nuevo una de las grandes del año y asentándose como la mejor comedia desde The Office (Greg Daniels, 2005).

Ver también:
Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)
-> Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
Temporada 5 (2018)
Temporada 6 y final (2019)

DESENCANTO – TEMPORADA 1, PARTE 2

Disenchantment
Netflix | 2019
Aventuras, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Matt Groening, Josh Weinstein, Claudia Katz.
Intérpretes: Abbi Jacobson, Eric André, Nat Faxon, John Dimaggio, Billy West, Maurice Lamarche, Tress MacNeille, Sharon Horgan.
Valoración:

Antes que nada, no entiendo eso de llamar parte 1 y parte 2 de la temporada a tandas de capítulos estrenadas con un año de diferencia. Supongo que serán temas legales, pero a los fans lo único que hace es confundirnos. Con Futurama pasó lo mismo, hubo un tiempo durante el cual nadie sabía cuántas temporadas había realmente y a cuál correspondían los episodios.

La presentación de Desencanto hizo honor a su título resultando un desencanto bastante importante. ¿Dónde estaba el Matt Groening y colaboradores que nos regalaron genialidades como Los Simpson y Futurama? Las aventuras de Bean en Utopía (o Dreamland) carecían totalmente de la inventiva e inteligencia de aquellas, resultando una parodia bastante simple de la fantasía medieval clásica sazonada con unos pocos líos paternofiliales tampoco muy elaborados. Si no fuera porque los personajes mantuvieron cierta simpatía y por el notable subidón en los tres capítulos finales apostaría a que casi nadie habría seguido viéndola… Pero esta segunda parte es otra prueba de fuego, porque arrastra los mismos problemas. Netflix no da resultados de audiencias, pero a tenor del escaso y tibio recibimiento que se lleva en las redes no le veo mucho futuro.

Con Utopía patas arriba, el complot descubierto, la reina y madre de Bean resultando ser muy distinta a la figura tan idolatrada que tenían, nos dejaron en un clímax de infarto. En el primer episodio, los nuevos pasos en el asunto y sus posibles secuelas prometen bastante. A Bean se le abren los ojos a una nueva cultura y un conflicto tanto político como personal que la sobrepasan. La cantidad de situaciones y giros que traen las dificultades que enfrenta garantizan una historia muy movidita e impredecible. El segundo capítulo, con el viaje al infierno, sigue sumando puntos añadiendo un humor más ingenioso y loco, prometiendo que la temporada irá por caminos más arriesgados y originales.

Pero esa inspiración inicial tanto en historias como en la cantidad y la calidad de los chistes desaparece en los siguientes, que vuelven al tono sencillo, cuando no simplón, de la primera etapa. Tiene amagos en que parece que se va a poner seria, jugando con sutilezas (los orígenes de Elfo), abordando temas más complejos (los conflictos entre los elfos y el rey), deslumbrando con otros lugares (los ogros, Vaporlandia)… pero se desarrollan sin pena ni gloria. La sátira es tontorrona y a veces resulta forzada (el feminismo a la cabeza), el ingenio brilla por su ausencia, todo son entuertos sencillos, parodia básica con chistes muy blandos, pues ni con un demonio cabroncete como se supone que es Luci ni con los choques de Elfo con la realidad tenemos gracias subidas de tono.

Lo mejor que se puede decir es que si te caen bien los personajes querrás seguir viendo sus aventuras, pues por poco excitantes que sean la mayor parte, estos tienen sus momentos en cada episodio y, sobre todo, hay una continuidad en la evolución de sus relaciones y sus personalidades. Y esto se extiende a la fauna creciente de secundarios: todos van aportando detalles al conjunto, de forma que se nota una planificación global o al menos una intención de ir avanzando hacia alguna parte.

Pero ahí también se queda corta, porque al final del año pasan por completo de casi todo lo que han ido sembrando y lo dejan para más adelante. El misterio con la caja de música y las marcas por el castillo parece ser crucial, le dedican un par de capítulos con mucho esmero en sembrar intriga… y luego no lleva a nada, sólo se retoma unos segundos en un giro final muy forzado y sin garra. La parte de Vaporlandia, la asombrosa ciudad steampunk, te deja esperando un colofón que dé la vuelta a todo… pero el episodio final en cambio se centra en cosas que a su lado parecen totalmente intrascendentes, sobre todo con la falta de empaque con que las narran. Los últimos problemas de Bean, Luci, Elfo y por extensión Utopía están lejos de mantenernos en vilo como supongo que pretendían, saben a distracción temporal que no se han trabajado con ganas, resultando un capítulo final aburrido y anticlimático.

La esperanza nunca se pierde, se suele decir, y Desencanto todavía mantiene la sensación de que tiene un mundo enorme por explorar, pero por ahora sigue apuntando a unos mínimos decepcionantes.

Ver también:
Temporada 1, parte 1 (2018)
-> Temporada 1, parte 2 (2019)

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 7 Y FINAL

Netflix | 2019
Drama, comedia | 13 ep. de 55-90 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Laura Prepon, Yael Stone, Natasha Lyonne, Kate Mulgrew, Dale Soules, Danielle Brooks, Uzo Aduba, Adrienne C. Moore, Elizabeth Rodriguez, Selenis Leyva, Jessica Pimentel, Dascha Polanco, Jackie Cruz, Laura Gómez, Daniella De Jesús, Nick Sandow, Beth Dover, Matt Peters, Emily Tarver, Mike Houston, Taryn Manning, Susan Heyward, Lori Petty, Nicholas Webber, Laverne Cox, Shawna Hamic, Alysia Reiner, Berto Colon, Natalie Carter, Karina Arroyave, Jason Biggs, Catherine Curtin, Hunter Emery, Bill Hoag, Mike Houston, Vicci Martinez, Greg Vrotsos, Alicia Witt, Marie-Lou Nahhas.
Valoración:

Alerta de spoilers: Solo describo las historias principales por encima, sin desverlar finales. —

Esperaba que al tener confirmado el final de la serie con tanta antelación (desde la quinta temporada) Jenji Kohan tendría más fácil hilar el arco argumental de cada personaje e historia y preparar bien los desenlaces, pero lo cierto es que la sexta etapa dejó entrever cierto desgaste y también un alejamiento de la fórmula y las historias que hasta entonces íbamos viendo, y aunque gracias a la calidad de los personajes y las tramas secundarias que seguían tocando temas trascendentales con tanta sensibilidad mantuvo muy buen nivel, quedaba algo por debajo de lo esperado en la serie. ¿Logra remontar en la temporada final? Desde mi punto de vista, un poco, pero no suficiente como para terminar tocando el cielo como en otros años.

Vuelve a centrarse en algo que habían dejado demasiado en suspenso, el motín, sus secuelas y la parte de la crítica social y política que surgía de él. Y empieza arreglando elecciones que no convencieron a los seguidores: Malison es despachada bien rápido y fingiremos que aquí no ha ocurrido nada, y Taystee vuelve a primer plano con fuerza después de que anduviera muy infrautilizada tras el punto álgido en el que quedó su trayectoria personal al terminar el motín. Las dudas sobre si se sobrepondrá o si se suicidará y la crítica a cómo el sistema etiqueta y abandona a los criminales sin darles la rehabilitación y la segunda oportunidad que tanto vende te mantienen en vilo, y con la simpatía y energía de la actriz Danielle Brooks termina de llegarte muy hondo. Pero, salvo por un par de escenas donde Luschek y McCullough muestran brevemente los traumas que la situación dejó en ellos, las secuelas no van más allá de Taystee, todo el análisis que se fue desarrollando sobre los malos tratos por parte de los guardias, la dejadez y abusos de la administración, los males del capitalismo, la indiferencia de la sociedad, etc., se han dejado muy de lado. Hasta Linda Ferguson y Natalia Figueroa se blanquean con un tono más ligero, y los directivos de la compañía que compró la prisión no vuelven a aparecer.

Da la impresión de que Kohan decidió a última hora cambiar el foco hacia otro tema de actualidad que ha traído la era Donald Trump: el trato cada vez más inhumano a los inmigrantes irregulares. Lo introdujo en los últimos minutos del final de temporada anterior y aquí lo lleva como trama global. Y no me malentendáis, trata el asunto con gran detallismo y verosimilitud, con la habitual cercanía que consigue que cada historia y personaje parezcan totalmente reales. El problema es que parece una trama impuesta en momentos en que todo seguidor esperaba que continuara ahondando en lo que ya estaba en marcha. La mitad del reparto ha desaparecido con el cambio de prisión, las vidas de muchas secundarias son relleno tonto (Suzanne), parecen un poco forzadas (Red, Pennsatucky), precipitadas (el giro que inicia la trayectoria final de Lorna), o desaprovechadas (la vida de Piper fuera no sorprende nunca, aunque sea muy amena).

En otras palabras, falta un poco de la visión global y también de la fuerza arrolladora que ha tenido en sus mejores tramos. Pero sólo un poco, porque sigue siendo una serie muy buena, el problema es que prometía llegar a ser una obra maestra al nivel de Oz (Tom Fontana, 1997) y The Wire (David Simon, 2002) y se ha quedado a las puertas.

Como es habitual, el fascinante despliegue de personajes e historia que nos regala Kohan pasa de la comedia al drama con una agilidad asombrosa, los personajes que aparecen ofrecen un sin fin de vivencias conmovedoras y con diversas lecturas y críticas muy inteligentes, y los ausentes se llevan un bonito homenaje al final, más otro en los créditos (aunque no entiendo por qué aparece Pornostacho y no Bennett y Donuts). Las propias Piper y Lorna siguen siendo encantadoras, aunque no deslumbren como antes. En cierta manera Figueroa casi que gana con el blanqueamiento, porque ya no resulta tan distante y caricaturesca. Caputo tiene un arco fantástico que además permite mover a otras, como a María Ruiz, y tocar brevemente otro asunto candente, el #metoo. Dayanara, Aleida, Cindy y otras muestran que la vida sigue, que el pasado pesa pero desde luego el no luchar para mejorar no ayuda. Nicky Nichols está estupenda en todo momento. Y algunas incluso se benefician del tema de la inmigración: Gloria y sus compañeras latinas brillan más que nunca al tener más protagonismo, y las nuevas que llegan en esta parte, Karla Córdova (Karina Arroyave) y Shani Abboud (Marie-Lou Nahhas), se hacen querer instantáneamente.

En cuando a la fidelidad a la vida real en que se ha basado la serie, la de Piper Kerman, aquí renombrada a Piper Chapman, hay que señalar que muchas veces ha tirado por su propio camino según iban creciendo los personajes (Suzanne iba a salir pocos episodios en principio, por ejemplo), y muchas historias se las habrán inventado de la nada. Sobre la propia Kerman, cabe señalar que esta volvió con su marido al salir, pero en la serie quedó pronto claro que el casting de su versión (Jason Biggs) fue un desastre y había más química con Laura Pepron (Vause), así que han potenciado esa relación hasta el final, creando tensión con si la esperará o se irá con la nueva mujer tan atractiva que conoce, Zelda, interpretada por una encantadora Alicia Witt.

Aunque en estas dos últimas etapas haya perdido algo de fuelle y haya quedada eclipsada por otras nuevas grandes producciones, Orange is the New Black ha sido una de las mejores series de los últimos años, de esas que una vez caes en su embrujo volverás a ver una y otra vez y cuyo legado ya se empezó a notar en las primeras temporadas, pues hay versiones de sus personajes en muchas series y el número de producciones sobre cárceles de mujeres se ha disparado por todo el mundo.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
Temporada 4 (2016)
Temporada 5 (2017)
Temporada 6 (2018)
-> Temporada 7 y final (2019)

THE ORVILLE – TEMPORADA 1

Fox | 2017
Comedia, drama, ciencia-ficción, aventuras | 12 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Seth MacFarlane, Brannon Braga, varios.
Intérpretes: Seth MacFarlane, Adrianne Palicki, Penny Johnson Jerald, Scott Grimes, J. Lee, Peter Macon, Mark Jackson, Halston Sage, Chad L. Coleman, Norm MacDonald.
Valoración:

No me terminaba de gustar Seth MacFarlane, un guionista que saltó a la fama con Padre de familia (1999) y desde entonces todo lo que ha hecho en cine (la insoportable Mil maneras de morder el polvo -2014-) o televisión (todo derivados de la citada serie) sigue el mismo estilo de humor que combina lo bruto y zafio con referencias culturales metidas con calzador en guiones donde no suele encontrarse ingenio y tramas mínimamente elaboradas. En Padre made in USA (2005) y en Ted (2012) se nota la colaboración con otros escritores, que da más cohesión a personajes e historias, pero en solitario su fama no está a la par que su talento. Y como actor de voces en animación es la mar de competente, pero en imagen real muestra una falta de registro y carisma muy importante.

Por ello recibí con celos The Orville a pesar de que la ciencia-ficción es mi género favorito, el resto del reparto prometía y en lo visual también. Las críticas fueron feroces inicialmente, sobre todo las profesionales, pero al terminar la primera temporada ya iba siendo mejor considerada y tenía un buen grupo de fans, en especial trekkies que ven en ella un buen homenaje a la saga Star Trek. Y en la segunda temporada el recibimiento está siendo bastante bueno, así que me he lanzado a verla.

Los dos primeros capítulos son un tanto desalentadores. Se caracterizan por ofrecer una parodia básica de Star Trek con dosis desganadas del humor MacFarlane, o sea, burradas y referencias frikis soltadas sin ton ni son, peor no en plan saturación como en Padre de familia, sino con cuentagotas. Pero la cosa mejora a ojos vista en los siguientes, y al final del año la maduración es bien patente, ofreciendo una buena mezcla de drama, aventuras y comedia y unos personajes muy simpáticos.

Se nota el cariño que tiene MacFarlane al género y más concretamente al universo Star Trek, el empeño en tratar de hacer un buen homenaje y una buena serie. Para ello ha buscado la colaboración con gente muy implicada en la saga, con quienes ha ido encontrando un tono más maduro tras la simpleza inicial. Jonathan Frakes, que aparte de interpretar al comandante Riker de La nueva generación (1987) fue director de varios capítulos y películas, aquí también dirige uno. Y más importante aún, Brannon Braga, un guionista que creció en la sala de guionistas de aquella y luego saltó Voyager (1995) y Enterprise (2001), ejerce como uno de sus principales productores, escritores y directores. En lo visual también se nota su pasión: aparte de la influencia en el diseño artístico, MacFarlane defendió el uso de maquetas para las naves en los planos cercanos.

Los protagonistas crecen a ojos vista, pasando de estereotipos ramplones a figuras con vida propia, de hecho, hacia el final algunos resultan entrañables. Tenemos al capitán un tanto inmaduro, Ed Mercer, y la exnovia que no sabe muy bien lo que quiere de él, la comandante Kelly Grayson. MacFarlane encarna al primero, y no sorprende, pues le falta registro y carisma, pero como interpreta a un tontorrón bien intencionado por lo general convence lo justo. Adrianne Palicki (Friday Night Lights -2006-, Agentes de SHIELD -2013-) está bastante bien como una comandante joven pero competente. Muestra bien los momentos de duda y las peleas con Mercer, y tiene algunos momentos dramáticos muy buenos en el último episodio, muy centrado en ella y la relación.

En el resto de la tripulación encontramos de todo. El piloto idiota y loco pero muy hábil Gordon Malloy, que interpreta alguien que sí desborda personalidad, Scott Grimes (Urgencias -1994-, Hermanos de sangre -2001-). El navegante John LaMarr, con un desconocido J. Lee haciendo de negrata de barrio y tonto como puede pero aun así probablemente te saque de tus casillas en los primeros capítulos y no se recupere hasta que hacia el final le dan un arco más serio. A Mark Jackson no se le ve la cara tras Isaac, un avanzado robot (aunque de diseño retro, en otro homenaje al género), pero su voz es hipnótica, y el personajillo, el equivalente a Spock, un tipo serio y críptico que intenta entender mejor a la humanidad, resulta cada vez más interesante. La doctora Claire Finn, en manos de la veterana Penny Johnson Jerald (24 -2001-, El show de Larry Sanders -1992-, algunas apariciones en Espacio Profundo Nueve -1993-), es más secundaria, aunque el capítulo centrado en ella y sus hijos varados en un planeta con Isaac es de lo mejor de la temporada. Bortus es el tercero en rango, un alienígena serio y hosco pero competente, en la onda del klingon Worf; Peter Macon consigue expresarse a través de mucho maquillaje. La que más recorrido tiene este año es Alara Kitan, una chica muy joven metida a jefa de seguridad porque es de una de las razas más fuertes de la galaxia; Halston Sage saca todo el partido de los muchos conflictos personales y laborales que tiene. Y mención aparte merece Yaphit (voz de Norm MacDonald), un ser de consistencia gelatinosa (hecho por ordenador bastante bien) que parecía un chiste recurrente pero termina siendo un secundario de los que esperas su aparición en cada capítulo.

Aparte, en apariciones esporádicas tenemos algunos rostros muy conocidos en cine o televisión, como Victor Garber, Ron Canada, Kelly Hu, Jeffrey Tambor, Charlize Theron, Liam Neeson y un irreconocible Rob Lowe como el alienígena azul que siembra la cizaña en la relación de la pareja protagonista. También cabe destacar que el primer episodio lo dirige Jon Favreau (Iron Man -2008-). O hay mucho trekkie queriendo participar o MacFarlane tiene muchos amigos.

En las historias tenemos por lo general los roces abordo, tanto en el trabajo como fuera de él, y la misión de turno. Estas aventuras están en la mejor tradición de Star Trek, combinando la fascinación por descubrir nuevas cosas en el universo con diversos choques culturales, donde encontramos algunas lecturas morales muy efectivas. Hay conflictos éticos y políticos con otras especies, destacando su particular versión de los Romulanos, los Krill. Hay dilemas con la norma de no interferir en culturas atrasadas (en la onda de la famosa Primera Directiva), pues se encuentran con distopías, religiones, y demás que la ponen a prueba. También tenemos aventuras de supervivencia más clásicas pero que desarrollan temas jugosos con bastante gracia. Por otro lado, hay un episodio que se acerca más a Black Mirror (Charlie Brooker, 2011): aquel sobre un planeta donde la ley funciona por lo que vote la gente en la red; quizá podían haber sacado algo más de él, pero no está mal.

Conforme entramos en la temporada cada vez hay menos chistes infantiles y diálogos breves, la fórmula MacFarlane de soltar la gracia en medio de cualquier situación en vez de trabajar esta para que provoque risa en su conjunto va disminuyendo. Se sigue echando de menos algo más de ingenio, y el equilibrio entre drama, aventuras y comedia no termina de ser perfecto, pero tras el flojo inicio los protagonistas dejan de ser recipientes para verbalizar los chistes y hay escenarios más elaboradas, gracias de largo recorrido (destacando algún pique entre personajes), eficaces bromas recurrentes (el alien que quiere poner un hilo musical en el ascensor) y, sobre todo, se va cogiendo el punto al humor de la vergüenza ajena y la sátira (aunque esta no sea deslumbrante) de los temas socio-culturales tratados.

Todo se remata con un acabado visual bastante espectacular: vestuario, maquillaje, decorados y efectos especiales son de muy bien nivel. Eso sí, en el maquillaje me refiero a la creación de alienígenas, porque el de los humanos está un tanto sobrecargado y hay planos donde parecen payasos. MacFarlane también ha aprovechado la oportunidad para dar rienda suelta a otra de sus aficiones: la música de cine. En la banda sonora ha tirado la casa por la ventana con una gran orquesta y fichando nada más y nada menos que un titán como Bruce Broutghton (Silverado -1985-, El secreto de la pirámideYoung Sherlock Holmes, 1985-), a un veterano como John Debney (La isla de las cabezas cortadas -1995-, La pasión de Cristo -2004-) y a Joel McNeely, no muy destacable como compositor pero un reconocido director de orquesta. Los tres han seguido el tono de homenaje a Star Trek, sonando muy a James Horner, Jerry Goldsmith y a Dennis McCarthy, pero también se oyen referencias a La guerra de la galaxias, Alien

Por todo ello, no hay trekkie que no considere que es mucho mejor entrega de Star Trek que la fallida presentación de Discovery (Alex Kurtzman, Bryan Fuller, 2017), tanto en respeto a la saga, como en guion, como en acabado, y eso que aquella habrá costando cuatro veces más.

The Orville no aspira a ser una gran serie, sino un entretenimiento muy agradable, y a pesar de algunos baches y carencias por ahora va muy bien encaminada. Y Seth MacFarlane está empezando a caerme muy bien.

Ver también:
-> Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2019)