VINYL – EPISODIO PILOTO.

HBO | 2016
Productores ejecutivos: Terence Winter, Martin Scorsese, Mick Jagger, Rich Cohen.
Guion: George Mastras, Terence Winter, Martin Scorsese, Mick Jagger, Rich Cohen,
Dirección: Martin Scorsese.
Intérpretes: Bobby Cannavale, Max Casella, Ray Romano, J. C. MacKenzie, Juno Temple, Jack Quaid, Olivia Wilde, Ato Essandoh.
Valoración:

Tres leyendas del cine, las series y la música se unen para realizar una serie sobre el ambiente musical de los años setenta, y todo ello bajo el sello HBO. Martin Scorsese, Mick Jagger y Terence Winter no necesitan presentación. Si alguien no sabe quiénes son es que no vive en este mundo.

Desde la perspectiva de una discográfica ficticia nos mostrarán la vida alrededor del auge del rock. El mundo empresarial es el principal objetivo, pues los protagonistas trabajan ahí, pero estaremos rodeados de las bandas y estrellas, y por supuesto de los estragos de las drogas duras, que alcanzaban de lleno estos círculos. El director de American Century, Richie Finestra, intenta alejarse de los excesos que su éxito le trajo, y que, sumado al inicio de los monopolios discográficos, lo está llevando a la quiebra. Intenta poner orden en su compañía, que fue su sueño, en su vida, en su familia… ¿Conseguirá salir adelante?

A pesar de tanto gran nombre en los créditos no me ha parecido que la llegada del estreno haya levantado las expectativas esperables. O a lo mejor la cadena no le ha hecho mucha publicidad. El caso es que la emisión del episodio piloto ha pasado sin hacer mucho ruido. Ha tenido unas audiencias muy, muy bajas, unos 764.000 espectadores, lo que supone uno de los peores estrenos en toda la historia de la HBO. En comparación, a The Leftovers le han puesto fin por rondar esas flojas cifras, pero empezó con millón y medio. Y el rival más obvio, por autores, es Boardwalk Empire, que inició sus andadas con casi cinco millones. La crítica no es mala pero tampoco entusiasta. En la blogosfera, o sea, los espectadores que dejan sus impresiones por la red, no se siente su huella. Y es que el episodio arrastra unos problemas evidentes en sus tres elementos primordiales (historia, personajes, puesta en escena) que más les vale superar en el resto de la temporada si pretenden que sea considerada una obra de primera división y tenga éxito.

Finestra tiene potencial y Bobby Cannavale hace un buen papel. Pero ya está, no tiene una trayectoria digna de mención, no cautiva, no muestra un carisma especial. Y no hay más roles con los que conectar. La asistenta que pretende hacerse notar, interpretada por Juno Temple, es la única figura que llama la atención en un par de momentos, pero eso no es suficiente para lograr una personalidad clara con la que ganarse nuestra curiosidad. El resto están aún más difuminados. Es imperdonable que en dos largas horas tantos productores y guionistas supuestamente talentosos sean incapaces de hacer una presentación más llamativa y completa de los demás posibles o evidentes protagonistas principales (no creo que hayan fichado a Olivia Wilde para tenerla de secundaria). ¿Quién más pulula por el relato? Tenemos a los dos compañeros de Finestra, que van con él a todas partes pero no queda claro cuál es su unión laboral y amistosa, ni cuáles son sus personalidades y motivaciones. En otras palabras, su interés es nulo, están casi todo el tiempo ahí pero parecen cascarones vacíos. En el lugar de trabajo aparecen dos más con diálogo, uno que grita al teléfono y un chaval que no consigue destacar en su puesto. Nada más sabemos de sus vidas, con lo que tampoco es posible interesarse por ellos. La mujer de Finestra (Wilde) aparece lo justo para señalar que están medio separados, y carece de entidad propia. Otro aparentemente relevante en este episodio es un tipo loco que no me quedó claro si es productor, mánager o qué, ni qué busca Finestra en él.

La trama es muy básica, rudimentaria, y tiene un recorrido muy escaso. Todo gira alrededor de Finestra, que quiere vender antes de hundirse, y encontrar nuevas razones para vivir. Apenas vemos un par apuntes que tratan de perfilar su pasado (el cantante negro) y señalar distintos posibles futuros: ¿acabará vendiendo, encontrará una banda que lo haga remontar, encarrilará su vida en otro trabajo? No parece haber más opciones en esta historia, y además la última prácticamente queda descartada porque entonces no habría serie. Así que el panorama no resulta especialmente prometedor, en especial cuando lo visto en este inicio se mantiene en un nivel de simpleza y previsibilidad enormes, algo inesperado en una serie de la HBO, donde se espera algo potente, original, complejo e inteligente. Parece que para tratar de dar algo de fuerza al tercer acto meten un par de giros, una muerte inesperada y una catarsis final que pretende ser impactante, pero son precipitados e inverosímiles y realmente no abren nuevos caminos que resulten llamativos. La pregunta es la misma: ¿en dos horas no daba tiempo a desgranar una historia más completa, genuina y sugerente?

Otra decepción para una producción HBO es que visualmente está muy lejos de resultar impresionante, no digamos ya rompedora. La ambientación es básica, unos pocos interiores y ya está. El vestuario es correcto, pero no es que ofreciera gran dificultad. Vamos, que no parece una serie ambiciosa, sino un drama pequeño. Y eso no tiene por qué ser malo, pero claro, la cadena se ha ganado su posición con un sello de calidad y ambición que aquí no parece perseguirse. Ni siquiera la dirección es lustrosa. Scorsese va con el piñón fijo; salvo por algunos tics (un par de trávelings circulares, la clásica grúa de músicos a público, y algún flash repentino) que nos recuerdan ante quien estamos, no se ve el trabajo de un realizador de primera, no se ve un esfuerzo por causar sensación con una impronta visual de alta calidad y belleza. El único dinero parece ir a la música, que pagar temas de bandas conocidas es caro. Y aun así está costando un pastizal enorme que no sé dónde va.

Todas estas limitaciones unidas se traducen en una patente falta de pegada, de carisma. Debería ser una obra enérgica donde la música te emocionara, la descripción de la época te hiciera retrotraerte a otro tiempo y lugar, los personajes te atrajeran lo suficiente como para querer saber más de ellos. Pero pasan los minutos y no consigue despertarte el interés por nada. Mi augurio es que, salvo por remontada inesperada, va a inclinarse hacia el estilo Luck (desganada, desaprovechada) y tendrá su mismo impacto: prácticamente nulo. Aquí no hay caballos cuyas muertes te hagan portadas en los medios.

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