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MASTERS OF SEX – TEMPORADA 2.

Masters of Sex
Showtime | 2014
Productores ejecutivos: Michelle Ashford, Amy Lippman.
Intérpretes: Michael Sheen, Lizzy Caplan, Caitlin FitzGerald, Teddy Sears, Annaleigh Ashford, Kevin Christy, Betsy Brandt, Julianne Nicholson, Beau Bridges, Allison Janney.
Valoración:

Qué decepción, qué desastre la segunda temporada de Masters of Sex. En la primera señalaba que la narrativa, aunque algo predecible, era muy sólida, se veía que los guionistas (con Michelle Ashford a la cabeza) trabajaban con esmero e inteligencia para sacar el máximo partido de la historia y los personajes, dando como resultado un drama modélico. Así que cabía esperar que tras esta básica pero notable presentación la serie madurara, creciera por caminos menos trillados… pero lo que hace es patinar a lo grande en una caída de calidad que recuerda a lo ocurrido con The Americans. Para algunos se ha estrellado, para otros sólo ha bajado el ritmo. Yo estoy entre los primeros. Me ha costado bastante acabar la temporada, tiene tramos muy aburridos y un capítulo que resulta infame: Fight, ese en que no salen de la habitación de hotel (y como ocurrió con la mosca de Breaking Bad, algunos lo pretenden encumbrar como el mejor del año, para dárselas de alternativos). La historia se les ha escapado completamente de las manos, los personajes principales están estancados y hacen alguna cosa rara, y los secundarios son un caos enorme. Es un año que en cada fase, cambio y nueva trama me ha transmitido la sensación de que los escritores no tenían planificado ningún arco general e iban improvisando. Sólo se recupera algo en la parte final, pero no como para recordar las buenas virtudes vistas en la primera etapa.

Parte del problema surge de una estampida de actores secundarios. Así funciona el mundo de las series: los contratos estipulan que si encuentran un papel mejor pueden abandonar el actual. Es lógico, no puedes obligar a nadie a trabajar donde no quiere. Pero es una putada enorme para los realizadores, sobre todo si, como aquí, sufren varios casos de golpe. Pero un buen guionista habría salido del bache, habría traspasado el objetivo de las tramas de estos personajes a otros, y me temo que aquí no muestran esa habilidad. Tardan mucho en conseguir nuevos secundarios relevantes, y mientras, rellenan con otros que resultan cargantes. Lo más triste es que los cuatro intérpretes que se largaron dejaron esta serie trascendental y bastante aclamada para fichar en comedias tontorronas…

Barton y Margaret (dos actorazos como Beau Bridges y Allison Janney) eran los secundarios más interesantes, porque los líos con otros médicos no terminaban de llegar a nada. La homosexualidad secreta de él y la tardía iniciación en el sexo de ella eran muy llamativos, sobre todo porque formaban parte intrínseca de la historia general de la serie: el sexo, los tabúes, la ciencia, la inminente revolución. Pero él se fue a The Millers y ella a Mom. Y sin ellos, claro está, el personaje de la hija ya no pinta mucho… pero no tienen tiempo de plantearse darle un nuevo lugar, porque la actriz Rose McIver se largó a iZombie. En seguida los sustituyen por los cansinos Betty y Gene (Annaleigh Ashford y Greg Grunberg), que quedan como receso cómico totalmente malogrado e insufrible, y cuya relación con la trama es bastante tangencial, pues el tema de la falsa esterilidad no aporta ninguna perspectiva interesante a las historias sobre la revolución sexual. Seguramente los escritores veían que este dúo no funcionaba, y más tarde de lo deseable se quitan la relación de encima, manteniendo únicamente a Betty como secretaria en la nueva clínica. No es un papel importante, pero algo le sacan al personaje y a la actriz, que es un encanto cuando no la meten en tramas de comedia de enredos. Ethan Haas ni siquiera llega a aparecer, su despedida es por teléfono. A Nicholas D’Agosto no le salió bien la jugada, porque Cómo conocí a vuestro padre ni siquiera llegó a ver la luz. Por suerte para él parece que en Gotham ha encontrado su sitio. Su hueco no se nota demasiado, porque aparte de un lío de amores con Virginia no daba mucho de sí.

Los secundarios que continúan por desgracia no eran los más logrados. El tonto ligón de Austin (Teddy Sears) lo mantienen pero a la fuerza, sin saber qué hacer con él. Sólo cobra algo de interés (pero muy poco) cuando la gorda del programa de adelgazamiento lo utiliza como juguete sexual. Lillian DePaul (Julianne Nicholson) no sé muy bien qué ha aportado a la serie, sólo servía como punto de conflicto para sacar algo de Virginia cuando no estaba con Bill, porque este tiene a su esposa Libby. La subtrama de su enfermedad no consigue causar impresión alguna a pesar de que fuerzan un tanto el drama, y su supuesta muerte me descolocó un montón, porque el gesto de Virginia era de que su amiga seguía viva (de hecho parecía respirar), pero en cambio no vuelve a aparecer pero tampoco no hay entierro ni duelo.

Libby (Caitlin FitzGerald) es un personaje muy atractivo pero al que también les cuesta mantener en el juego. Cuando se dan cuenta de que tenerla como esposa florero no permitía ampliar mucho su drama la lanzan hacia el grupo de negros, dándole motivos por los que vivir, emocionarse y sentir algo, hasta el punto de que se ve venir el romance con uno de ellos. Pero tardan mucho en llegar a materializar una historia que es bastante previsible, de hecho toda la parte con la niñera es bastante insustancial. Por suerte, la actriz borda el papel y el guión a pesar de los baches logra un personaje entre dulce y tristón que ejemplifica bastante bien los problemas de las mujeres de la época.

A partir del ecuador emergen por fin nuevos personajes atractivos e importantes en la trama, el friki del cine Lester (Kevin Christy) y una secretaria que pasó poco tiempo con Bill, Barbara (un gran papel de Betsy Brant, quien se dio a conocer en Breaking Bad). Ambos van creciendo poco a poco y hábilmente los embarcan en la nueva historia sobre el sexo, los problemas de impotencia. La pareja que forman es encantadora y como receso sencillo son personajes muy acertados: tienen entidad propia y su destino interesa, no como el matrimonio absurdo de Betty y Gene.

En cuanto a la pareja protagonista, también acusa una pérdida de tirón. El capítulo inicial es caótico, no parece que los realizadores tuvieran muy claro cómo lanzar un romance de largo recorrido, amén de que hacen malabares para encajar la falta de personajes/actores. Más adelante justifican la aventura improvisando que Bill y Virginia fingen seguir con el estudio como excusa para follar sin parar, pero de creíble no tiene nada. En seguida aparece otra sensación: que el estudio ni los personajes avanzan. El horrendo Fight deja el interés por los suelos. Los líos de Bill por encontrar hospital repiten el mismo patrón todo el rato: que el estudio es una bomba que nadie quiere es obvio, podían haber ido más rápido mostrando esos problemas.

Pero parece que los guionistas se dan cuenta de la falta de rumbo y empaque de la trama y cuelan un salto temporal de varios años que pretende avanzar de golpe lo que no han conseguido desarrollar poco a poco. Bill monta una clínica para seguir con su trabajo, se enfrenta a los líos burocráticos que conlleva, el romance ha parado, tiene otro hijo (para contentar a Libby, básicamente), Virginia sigue siendo una incansable trabajadora… Pero cuando logras recolocarte tras el repentino y confuso cambio de tiempo y escenario, no tardas en comprobar que realmente no hemos avanzado nada, es todo humo, los personajes siguen igual y el estudio no muestra nada nuevo, es decir, no hay ninguna historia sobre revolución sexual llamativa. También parece que se dan cuenta de ello, y en otro cambio repentino de rumbo pasamos a una nueva fase de investigación: los problemas sexuales, con la impotencia a la cabeza. ¿Y cómo se les ocurre dar protagonismo a esta línea narrativa? Pues haciendo que Bill de repente sea impotente. Así sin más. Para colmo en este tramo aparece su hermano, porque ahora resulta que tiene un hermano. Un giro de culebrón que desvía toda trama para abordar líos pasados de alcoholismo y problemas familiares que no aportan nada excepto dramón innecesario. Y todo para acabar de golpe, siguiendo como si no hubiera existido esta trama familiar sensacionalista. Otro giro fallido es el que se obligan a meter en el final de temporada para poner un golpe de efecto sobre los protagonistas: no hay quien se crea el movimiento de Virginia con sus hijos, lo que retuercen los guionistas la situación para que haya un poco de intriga y drama que no viene a cuento.

Así que me temo que en el conjunto de la temporada hay poco material que sacar de Bill y Virginia, dos caracteres otrora fascinantes que ahora dan vueltas sobre sí mismos sin un rumbo concreto. Hasta el tramo final no hay algo de movimiento tangible. Aunque lo de la impotencia fuera un truco rebuscado, casi se agradece que le den algo a Bill con lo que podamos recuperar ese personaje afligido y huraño al que cuesta acercarse, con el que sufrimos y esperamos que sea capaz de sobreponerse. Además la trama se apoya muy bien en Lester y Barbara, con lo que por fin volvemos al drama serio y realista que conocíamos. Y como extensión de todo ello Virginia vuelve a coger energía también, vuelve a ser la mujer decidida y valiente que empuja a los demás a salir adelante. El conflicto con la competencia y la idea de rodar un documental para publicitarse da vida a la historia general, el estudio sobre el sexo, su alcance, los tabúes con los que hay que luchar… También encontramos algún apunte interesante sobre cómo enfrentamos demonios internos, cómo tragamos con los sufrimientos secretos, lo que nos cuesta a veces pedir ayuda (la parte de Virginia en el psiquiatra está muy bien), los matrimonios fingidos y los fracasados, los romances, las dificultades añadidas de la mojigatería de la época… Pero todo está en una línea bastante disminuida respecto a las grandes cualidades que vimos en la primera temporada, donde todo se trataba y desarrolla con gran dedicación e inteligencia, con una evolución gradual de los protagonistas que resultaba absorbente, llena de sutilezas, gestos, detalles… Los actores Michael Sheen y Lizzy Caplan están estupendos de nuevo, pero con menos carga emocional en sus personajes no logran deslumbrar como antes.

En el acabado visual no puedo ponerle pegas, siguen manteniendo un aspecto formal muy cuidado, casi hipnótico. Pero con la escasa fuerza de los guiones el tempo narrativo hace aguas. Así que la temporada se va como empezó, siendo un quiero y no puedo con más inclinación hacia el no puedo.

Ver también:
Temporada 1.

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MASTERS OF SEX – TEMPORADA 1.

Masters of Sex
Showtime | 2013
Productores ejecutivos: Michelle Ashford.
Intérpretes: Michael Sheen, Lizzy Caplan, Caitlin FitzGerald, Beau Bridges, Teddy Sears, Nicholas D’Agosto, Allison Janney, Julianne Nicholson.
Valoración:

La creadora y guionista Michelle Ashford parte de la novela de Thomas Maier para abordar su propia versión sobre el trabajo realizado por los investigadores Williams Masters y Virginia Johnson, quienes desde finales de los años cincuenta revolucionaron los conocimientos sobre sexo.

Williams Masters es metódico y muy exigente en su trabajo, y también un visionario que sigue con ímpetu su obsesión por estudiar un tema tabú como es el sexo, por romper la percepción que se tiene de él en la sociedad y en la ciencia. Pero su dominio de la ciencia choca con su ingenuidad y limitaciones personales: no siente deseo por su esposa, su noción de la familia es prácticamente cumplir con lo que dicta la sociedad (la vio como esencial si quería labrarse una reputación como ginecólogo), y sus aptitudes sociales en general no son su fuerte. Inesperadamente encuentra en la secretaria que contrata un opuesto que le complementará y enseñará muy bien. Virginia Johnson es joven pero muy madura, no en vano ya ha vivido un par de matrimonios y tiene dos hijos, experiencia que le ha servido para decidirse por vivir la vida a tope: trabajar y estudiar para llegar a no depender de un marido, relacionarse con quien quiera importándole bien poco el qué dirán. Pronto su energía y valentía y facilidad para aprender la convierten en una colaboradora de la investigación.

Como es esperable el estudio traerá complicaciones de todo tipo, siendo las primeras la relación entre ambos, que pasa por todo tipo de situaciones. La incapacidad de Masters para expresar sentimientos y pedir las cosas con educación lo hacen difícil de tratar, de hecho la serie juega mucho a mostrarlo repulsivo para el espectador, pero siempre de forma que entendemos por qué y nos apiadamos de él: quieres que cambie, que trate bien a Virginia, a su mujer y a sí mismo; y a la vez esperamos que ellas se sobrepongan a los baches que él va sembrando, que no son pocos. Los problemas de financiación son los siguientes en la lista. El rector del hospital podría ceder al ser un viejo amigo, pero los ricos que aportan el dinero son otro cantar. Y Masters juega en la cuerda floja con semejante estudio.

Hay un puñado de secundarios, pero francamente, ninguno me ha llamado la atención especialmente, parecen haber puesto todo el esfuerzo en la pareja protagonista y dejado el resto un poco de lado. Así, aunque nunca llegan a desentonar, las subtramas como los amoríos de los otros dos doctores no alcanzan el mismo interés y trascendencia. Sólo salvaría la historia de la homosexualidad oculta del rector, que aporta un drama más intenso y tiene muchas buenas escenas, además de estar mucho más ligada al argumento de la serie.

Personajes tan complejos y potentes son muy jugosos para cualquier actor que busque labrarse un nombre en la televisión, y los dos elegidos son todo un acierto. Las interpretaciones de Michael Sheen y Lizzy Caplan resultan memorables, sobre todo teniendo en cuenta la dificultad de esos roles: los silencios, las miradas y las emociones contenidas son cruciales en todo momento para darles vida a ellos y sentido a la escena. Indistintamente de los premios a los que optaran (ella ni siquiera fue nominada a los Globo de Oro), estamos hablando de dos interpretaciones dignas de citar como inolvidables. Eso sí, en cuanto a mejor actriz del año la competencia fue de nivel, de hecho yo me quedaría con Taylor Schilling en Orange is the New Black.

Pero hay más actores, y aunque los jóvenes queden muy eclipsados el veterano Beau Bridges sí destaca: está fantástico como homosexual reprimido. Pero en cambio Allison Janney como su esposa no me convence tanto, está sorprendentemente apagada, sobre todo comparada con su gran trabajo en El Ala Oeste.

En lo visual estamos ante una producción de primer nivel. No será ambiciosa en cuanto a ambientación de la época, pues no salimos del hospital y las casas de los protagonistas, pero eso no frena a sus realizadores a la hora de perseguir la línea de televisión de calidad actual, es decir, trabajarse un aspecto cinematográfico. Así, llama rápidamente la atención por su magnífica fotografía y termina de atraparte con su tempo narrativo modélico (aunque obviamente este tenga mucho que ver también con el guión).

La temporada fluye sin fisuras, altibajos o huecos, todo está colocado con precisión milimétrica para que la trama y los personajes avancen a la par con un ritmo templado pero absorbente, para que cada nuevo paso y giro de acontecimientos vaya aportando poco a poco nuevas capas. Pero la obsesión por colocar cada pieza detrás de la anterior se traduce en que resulta predecible, pues no deja espacio a la sorpresa inesperada, a que el universo crezca por su cuenta de forma más natural. No hay giro, destino y escena que no se pueda intuir de antemano, ningún evento llega de forma que nos coja desprevenidos. Y aunque se acepte que la trama esté limitada porque quieren relatar algo muy concreto y se perdone porque la construcción de personajes es exquisita, la falta de vidilla y riesgo termina perfilando una narración demasiado encorsetada. Ni siquiera en el tramo final se atreven a sorprender. Huelga decir que las obras bien escritas y bien ejecutadas tienen su valor, y más si no hay fallos notables que mencionar, pero es obvio también que para dejar huella hay que arriesgar e innovar aunque sea un poco.