Archivo mensual: octubre 2018

HERIDAS ABIERTAS – MINISERIE


Sharp Objects
HBO | 2018
Drama, suspense | 8 ep. de 50-65 min.
Productores ejecutivos: Marti Noxon, Jean-Marc Vallée, varios.
Intérpretes: Amy Adams, Patricia Clarkson, Chris Messina, Eliza Scanlen, Matt Craven, Henry Czerny, Taylon John Smith, Madison Davenport, Sophia Lillis, Elizabeth Perkins.
Valoración:

Un crimen macabro en un pueblecito. Una periodista criada allí que huyó en cuanto pudo de las maldades de su familia y del ambiente inmovilista, los secretos y las mentiras del resto de la población, es enviada por su jefe para que escriba artículos del caso porque conoce el lugar, pero también porque sabe que arrastra heridas abiertas y es buena ocasión para cerrarlas.

Con la sinopsis queda claro que la premisa está muy, muy vista, y la sensación se agrava al iniciar el visionado. El pueblo raro y lleno de misterios a lo Twin Peaks (David Lynch, Mark Frost, 1990), el dramón tratado por infinidad de telefilmes, el thriller policíaco de siempre. ¿Qué tiene para ofrecer esta nueva aproximación? No mucho, aunque al menos lo intenta con bastante ahínco. No sé si en la exitosa novela homónima en que se basa, publicada por Gillian Flynn en 2006 (autora también de Perdida -2012-, que tuvo versión en cines en 2014), funciona mejor, pero esta miniserie de la productora y guionista Marti Noxon (inició su carrera en Buffy, La cazavampiros -1997-) y el director Jean-Marc Vallée (pasó de cosechar premios en el cine –Dallas Buyers Clubs, 2013- a tenerlo en televisión –Big Little Lies, 2017-) es un quiero y no puedo. Según la paciencia y el corazón del espectador puede ser una obra dramática intensa con la que sufrir o una de misterio artificial y plomiza con la que aburrirse. Yo me he quedado en un término medio.

Sabiendo que los conflictos emocionales internos, las tragedias no superadas, los problemas de familias disfuncionales y demás aproximaciones al drama humano cotidiano han sido muy tratadas, los autores intentan realzarlas mostrándonos en primera persona la mente de la protagonista, Camille (Amy Adams), mediante una puesta en escena que materializa todas sus emociones, penas y anhelos. Las miradas o diálogos de Camille van acompañados de un plano que termina de enfatizar su estado de ánimo, o un breve plano a un detalle de su entorno nos lanza a un fugaz recuerdo que señala la conexión emocional entre etapas de su vida, es decir, qué ha influido en su infancia para que ahora se comporte y sienta de una forma u otra. Por ejemplo, un ventilador le trae a la memoria una vez que estuvo enferma y convalecía al lado de uno, y eso se asocia con la madre cuidándola, lo que nos lleva a la sobreprotección, y todo confluye en que la situación que esté viviendo ahora estará marcada los sentimientos que han emergido.

Esto implica mucha contemplación, mucha construcción metódica de las escenas, mucho flashback… Pero si bien el concepto narrativo es llamativo y prometedor, sus autores no son capaces de llevarlo a cabo con la armonía suficiente. Lo sugerente se convierte muchas veces en subrayado en exceso, y otras directamente cae en el sensacionalismo. El rimo metódico y detallista funciona menos de lo pretendido, y pronto se torna en un relato lento, sobresaturado por fuera pero inane por dentro. En otras palabras, las cosas no avanzan, damos vueltas en círculos, y el efectismo se impone a una historia que, después de tanto enredo sensitivo, termina siendo igual de predecible y vulgar que siempre. Incluso el alcance de las interesantes protagonistas principales se ve afectado: nos tiramos casi todos los capítulos atascados en los mismos recuerdos y lamentos (por ejemplo, pronto te preguntas por qué si Camille sufre tanto en casa de mamá no se va a un puñetero motel), y tras tanta fachada se olvidan de trabajar la progresión global, sobre todo a la hora de transmitir incertidumbre por el desarrollo de los acontecimientos, con lo que no hay realmente mucha intriga por el porvenir de ningún personaje.

Aun así, Camille y su madre Adora logran emerger por encima de los fallos enganchando con bastante intensidad. Son una versión cruel pero verosímil de traumas reales y llegan con mucha fuerza, en gran parte por las estupendas interpretaciones de Amy Adams y Patricia Clarkson. Pero el resto de habitantes del pueblo quedan en anodinos estereotipos puestos a su servicio. El detective rechazado, el sheriff conservador, la niña modosita en casa pero rebelde fuera, la amiga con secretos, la animadora tonta con ganas de fama rápida y los sospechosos de siempre componen un mosaico que apuntaba a una buena descripción de una sociedad incapaz de sobreponerse a sus heridas, de un pueblo ahogado en sus miserias, pero acaba siendo una repetición estéril de lo ya contado mil veces. La única que destaca es Amma, la hermana adolescente de Camille, pero por protagonismo e importancia (es el reflejo y repetición de lo ocurrido con otra hermana fallecida cuando ella era joven) y el también correcto papel de Eliza Scanlen, porque el rol resulta demasiado inestable a conveniencia del guion como para resultar verosímil, es decir, al final también es un complemento y no un personaje que respira con vida propia.

Como extensión de los problemas, el caso nunca llega a despertar el más mínimo interés. Es cierto que la serie versa más sobre la formación como personas y la influencia de los traumas en la infancia en el proceso, pero no puedes pretender que la investigación criminal sustente el viaje de los personajes si no la tratas con dedicación suficiente. No vemos una investigación consistente, sólo repetición de escenarios (las mismas conversaciones en el bar con el detective una y otra vez), intentos puntuales de reforzar el misterio muy artificiales (la cabaña metida con calzador a media temporada), y amagos con apuntar con la sombra de la sospecha temporal a uno u otro personaje que resultan trámites pesados. Al segundo episodio ya tenía en mente cómo se desarrollaría todo, y no hay ni un camino o giro que discurra distinto a lo más fácil y evidente.

El final, con el destino de las protagonistas en vilo, funciona más por el esfuerzo en la puesta en escena que por lo narrado en sí, que se ve venir de lejos. Pero entonces te das cuenta de que tenían un giro final más original y con posibilidades de resultar efectivo, pero no sabían cómo incluirlo y lo cuelan en flashes rápidos entre los títulos de crédito. Así que, si ya cuesta acabar el visionado, hacerlo con un ese mal trago puede empeorar las sensaciones.

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PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 2


BBC Two | 2014
Drama, suspense | 6 ep. de 58 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Joe Cole, Harry Kirton, Paul Anderson, Helen McCrory, Spophie Rundle, Sam Neill, Finn Cole, Tom Hardy, Charlotte Riley.
Valoración:

Se va materializando esa maduración de la que sus cada vez más numerosos seguidores anuncian, pero todavía me parece poco para hablar de una gran serie. Lo primero es que se observa es más esfuerzo en profundizar en la familia Shelby, pues en la primera etapa me quejaba de que los hermanos quedaban muy descolgados. Cada uno de ellos gana dimensión, vamos conociendo algo más allá de sus formas de ser, sus demonios internos, sus esperanzas sobre el futuro… Los problemas de Arthur para centrarse y su viaje con las drogas son muy interesantes, por ejemplo. Pero incluso con esas al final les roba protagonismo un nuevo personaje, un hermano dado en adopción tiempo atrás y que ahora quiere entrar en la familia. La historia del joven deslumbrado por el dinero y poder no es nueva, pero Michael, eficazmente interpretado por Finn Cole en su primer papel principal, es un rol que no deja la sensación de ser un estereotipo, sino que resulta atractivo y te interesas por su porvenir.

También hay mejora en las tramas, un tanto encorsetadas en la presentación de la serie, pero ahora algo más originales y elaboradas. Los planes de Thomas siguen siendo ambiciosos, de forma que los Shelby plantan cara a varios frentes y también se buscan otros nuevos, pero con su inteligencia y talante los va sacando adelante a pesar de los numerosos obstáculos. Entre ellos destacan los roces familiares, donde debe acallar voces y mantenerlos a todos cohesionados, en especial a su tía Polly.

La temporada es corta pero trepidante. Hay tantos planes, intrigas y giros inesperados (atención a la escena de un protagonista cavando su tumba) que engancha bastante y permite volver a verla, o incluso lo requiere, si te has perdido en alguna de las muchas maquinaciones cruzadas. Vuelve a destacar el papelón de Cillian Murphy, bien secundado por Helen McCrory, y la puesta en escena (cámara en mano, iluminación natural, escenarios sucios) que tan bien nos sumerge en el ambiente de la época. Momentos épicos hay unos cuantos, como la pugna entre Thomas y Alfie Solomons, encarnado por un imponente Tom Hardy, que ofrece un par de escenas inquietantes, la entrada gradual de Michael en la familia, la tensión creciente en el asalto al hipódromo…

Pero sigue habiendo aspectos mejorables y algunos giros un tanto pasados de rosca. Me ha dejado muy malas sensaciones el rival mafioso, el italiano. A pesar de contar con un buen actor como es Noah Taylor el personaje no impone, se queda en un villano de relleno dibujado con cuatro trazos, y palidece al lado del gran Alfie. Pero lo más grave es que incomprensiblemente nos traen de nuevo lo peor de la primera temporada cuando parecía que nos habíamos librado de ello. El pesado del detective Cambpell, ahora mayor, vuelve con el acento forzado de Sam Neill y su historia tan sensacionalista, con momentos de vergüenza ajena, como la violación. Y para rematar, también tenemos a Grace y la sosa Annabelle Wallis, con la relación amorosa en tensión más floja que recuerdo en años.

Así pues, Peaky Blinders todavía tiene mucho margen para mejorar.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
-> Temporada 2 (2014)

DESENCANTO – TEMPORADA 1


Disenchantment
Netflix | 2018
Comedia, aventuras | 10 ep. de 28-36 min.
Productores ejecutivos: Matt Groening, Josh Weinstein
Intérpretes: Abbi Jacobson, Eric André, Nat Faxon, John Dimaggio, Billy West, Maurice Lamarche.
Valoración:

Cuando se anunció Desencanto (paso de los paréntesis absurdos inventados por la distribuidora española), el retorno de Matt Groening con una serie nueva tras la (ya larguísima) decadencia de Los Simpson (1989) y el final de Futurama (1999), se generaron muchas expectativas sin motivos claros, principalmente porque la elaboración de ambas se llevó a cabo por muchos escritores. En la presente igual: actúa más de creador e ideólogo que de guionista.

Los aburridos primeros capítulos (¿era necesario pasar de la media hora de duración?) han segado rápidamente ese entusiasmo, presentando una serie poco inspirada y de narrativa aletargada. Por suerte mejora poco a poco, hasta desembocar en un buen final, y los protagonistas se hacen querer, pero es difícil perdonar un comienzo tan pobre más otro par de episodios flojitos en una temporada tan corta.

La premisa es sencilla: una chica rebelde, un padre conservador, unos secundarios graciosetes, y un entorno de fantasía medieval donde jugar con elfos, cíclopes y demás. Bean es la hija mayor del rey, una joven irresponsable, respondona y alcohólica que rechaza cualquier intento de los miembros de la corte para hacer algo con su vida. También es cierto que algunas circunstancias, como el matrimonio obligado, no ayudan a apaciguarla. Y es que el pobre rey Zog tiene muchas cosas con las que lidiar, pero todos parecen tomarlo por memo o por tirano: su querida esposa falleció, la actual es de una raza anfibia y fría y distante, el hijo con ella idiota perdido, los reinos vecinos traen mil problemas, etc. Bean se hace amiga de Elfo, un elfo desterrado, cursi e inocente que se topa con un mundo lleno de egoísmo y crueldad, y de Luci, un demonio enviado por una facción rival para desestabilizar el reino, pero que pasa un poco de todo y se va de juerga con ella.

No sé por qué, como más o menos todo el mundo, esperaba algo más elaborado. Viendo los avances parecía que versaría sobre aventuras fantásticas, pero al principio el escenario parece irrelevante, todo es un dramón adolescente que bien podía haberse ambientado en cualquier otra época, y la poca fantasía que encontramos es una decepcionante parodia tonta tipo Shrek (Andrew Adamson, Vicky Jenson, 2001). En Futurama era al revés: ciencia-ficción con vetas bien equilibradas de historias sobre amistad, maduración y romance. Pero una vez pasado el flojo inicio empieza a equilibrarse y madurar poco a poco, dejando entrever sus virtudes: en contra de lo bajo que apuntaba, veremos que no se queda en los estereotipos de ambos géneros, fantasía y adolescencia.

Entre las locas aventuras de la familia real de Utopía (Dreamland), como la parodia de Hansel y Gretel, el exorcismo, la fiesta loca en el castillo, etc., hay un trasfondo más serio que combina hábilmente la brutalidad inherente a la animación actual (Bean es borracha y malhablada) con una sorprendente delicadeza con que tratan los temas dramáticos. Con Bean se habla de la responsabilidad, de no ser capaz de encontrar algo que llene tu vida; el padre no es un cutre villano, sino un pobre desgraciado que no sabe cómo tratarla; tanto el demonio como sobre todo el elfo van mostrando aristas poco a poco… Y prácticamente todos los episodios tratan de alguna forma temas paterno filiales, de responsabilidad, de amistad…

Hay más dejes de Futurama que de Los Simpson, pero también poco a poco va formando su propia idiosincrasia. Los personajes secundarios ganan presencia (atención a los consejeros del rey), los reinos vecinos adquieren complejidad (hay rencillas familiares y políticas, conflictos culturales), algunas historias en apariencia secundarias cobran protagonismo (la sangre de elfo como elixir de la vida), y el sentido humor es más ingenioso y loco cada vez. Todavía le falta inteligencia y mordacidad, pero ya va teniendo más imaginación y gracia.

Y así llegamos a un tramo final rozando el notable, con momentos emotivos, giros inesperados muy logrados, humor cada vez mejor combinado con unos personajes que van creciendo a ojos vista y un universo cada vez más rico. Así que, después del gran desencanto inicial, he terminado esperando con interés la próxima temporada.

HAPPY! – TEMPORADA 1

Syfy | 2018
Acción, comedia | 8 ep. de 42 min.
Productores ejecutivos: Brian Taylor, Christopher Meloni, varios.
Intérpretes: Christopher Meloni, Lili Mirojnick, Patton Oswalt, Richie Coster, Bryce Lorenzo, Medina Senghore, Patrick Fischler, Joseph D. Reitman, Gus Halper, Bedi Mazar.
Valoración:

Basándose en el cómic escrito por Grant Morrison e ilustrado por Darick Robertson, Happy! llega al canal Syfy de la mano de Brian Taylor, guionista y director, entre otros pocos trabajos, de las dos entregas de Crank (2006 y 2009), cintas de acción protagonizadas por Jaston Statham.

Nick Sax (Christopher Meloni) es un exdetective que vive prácticamente en la indigencia tras su expulsión del cuerpo por agresivo. Los fantasmas de su trabajo lo acosan y trata de atajarlos con alcohol, pero de repente le vuelven a caer encima a lo grande: en un encuentro con los matones de un mafioso acaba con información valiosa para este y entra en una espiral de violencia que no parece acabar nunca. Pero esta toma un giro extraño cuando se le aparece el amigo imaginario de su supuesta hija, un pequeño unicornio azul con alas. Este, llamado Happy (voz de Patton Oswalt), le intenta hacer ver que realmente tiene una hija y ha sido secuestrada, y lo ha enviado en busca de su padre, al que no conoce pero tiene como un héroe.

Mientras intenta entender qué es real y qué fruto de sus delirios, Nick descubre que el mafioso es Scaramucci (Ritchie Coster), un viejo conocido de sus tiempos como detective, cuyos sus brazos todavía alcanzan a su antigua compañera, Meredith (Lili Mirojnick): sus acciones pueden ponerla en peligro a ella y a su madre enferma. De hecho, el torturador favorito de Scaramucci, Smoothie (Patrick Fischler), amenaza a la pobre mujer para que Meredith encuentre a Nick y su información.

Happy! no es apta para todos los públicos, no ya por su extremada violencia, sino por su estilo de humor negro rayano el surrealismo. La puesta en escena desenfrenada, las situaciones disparatadas, las salidas de tono inesperadas, los personajes excesivos se agolpan en una parida caótica, a ratos deslumbrante y por momentos un tanto desequilibrada. Lo cierto es que sorprende que un producto tan violento, macabro y original acabara en un canal tan juvenil, pega más en Showtime o Cimemax.

En el lado bueno, como entretenimiento es bastante recomendable si te va lo bruto y el gore. Aun con sus bajones el ritmo resulta un visionado muy placentero, con partes impresionantes. A base de peleas espectaculares (la puesta en escena es notable) y cambios constantes de escenarios hay buena sensación de avance, y su sentido del humor alocado es inagotable, con picos geniales. Smoothie y su clase se niños secuestrados, el encuentro de amigos invisibles desechados, la tortura que acaba con el dildo roto “ahí dentro”, y la pelea en la cochera de Scaramucci son para darle al pause y poder llorar de risa durante un rato, pero por lo general todo episodio tiene varias escenas de reírte a pierna suelta.

Pero su gran baza es que el protagonista es irresistible. Su patetismo rozando la demencia y el cambio gradual hacia la determinación de salvar lo poco bueno que ha traído al mundo enganchan con fuerza, sobre todo porque tenemos al gran Christopher Meloni dándolo todo en un registro muy lejos de su seriedad habitual (Oz -1997-, Ley y Orden: Unidad de víctimas especiales -1999-). El contraste de este borracho malhablado con el cursi de Happy, representación del mundo inocente de los niños, es brillante, y la maduración por las malas de la criatura es desternillante. También destacable es Smoothie, un villano caricaturesco pero que consigue resultar inquietante y fascinante a partes iguales.

En el lado malo, el resto de personajes no consiguen librarse del estereotipo y emerger como la parida gamberra que se espera de ellos. Unos se quedan algo desaprovechados, como Meredith, con la que los guionistas tenían en sus manos lograr una gran pareja de opuestos, pues ella vive en el serio mundo real en contraste con la locura por la que navega Nick, pero aunque resulta simpática no la exprimen como podrían. Peor está la exmujer de Nick, Amanda (Medina Senghore), cuyo drama no termina de calar como se pretende pero a la vez se echa de menos más presencia dada su relevancia. Otros resultan cargantes: la familia de Scaramucci está metida con calzador y solo aporta metraje inerte. Y tenemos también un fallo importante: Scaramucci no da la talla como villano principal. No provoca el más mínimo miedo, y eso que la frase “Calla al perro o acaba también en la chimenea” fue una buena introducción. Su dibujo como mafioso es demasiado rígido, le falta el punto de locura de los demás. Eso sí, se arregla un poco con el giro final donde aparece el auténtico enemigo, muy bien hilado y mejor aprovechado.

En la historia, los guionistas tampoco consiguen un buen equilibrio. Dos líneas principales con una conexión endeble se desarrollan de forma caótica, y además saltamos a subtramas muy mal planteadas, lo que provoca un ritmo bastante irregular. La información que obtiene Nick ni consigues entender bien qué es ni llega a ofrecer un cierre llamativo, queda como una burda excusa para poner en marchas las cosas. Podían haber empleado ese tiempo en desarrollar una investigación del secuestro más sólida, pues entre las diversas hostias y peleas hay poca intriga detectivesca, dando la sensación de que desaprovechan el género. También tenemos algunos recesos poco justificados y anticlimáticos, todos centrados en la prescindible familia de Scaramucci: el hijo que vuelve como zombi y los líos de la madre con el reality y con la abuela vidente son muy aburridos.

Así pues, Happy! es valiente y bruta hasta resultar espectacular, al estilo Banshee (David Schickler, Jonathan Tropper, 2013) pero en una línea cómica disparatada, y el personaje central es tan potente que probablemente al ver el primer capítulo te lances a por la temporada entera. Pero una vez dentro encontrarás tramos con subtramas anodinas donde baja mucho el nivel y es muy probable que sientas que han perdido la oportunidad de lograr una serie de culto.

Ha sido renovada por una segunda temporada, pero supongo que ya no seguirá la historia del cómic, puesto que consta tan solo de cuatro números.