Archivo mensual: enero 2017

EL SÉQUITO – TEMPORADA 3.

Entourage
HBO | 2006, 2007
Comedia, drama | 20 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Debi Mazar, Perrey Reeves, Rhys Coiro, Emmanuelle Chriqui, Constance Zimmer, Malcolm McDowell, Beverly D’Angelo.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo la temporada a fondo.–

La tercera temporada en realidad son dos tandas de doce y ocho capítulos emitidos con unos ocho meses de separación, y luego editados en dvd por separado también. Es de suponer que hubo alguna triquiñuela legal, seguramente con los contratos de lo actores, es decir, si fuera una temporada nueva tendrían que subir salarios. En el guion se nota mucho la estructura, pues cada tramo tiene sus tramas principales.

La premisa global es la persecución del largometraje sobre la vida de Pablo Escobar, Medellín (llamado así obviamente por el cartel que dirigía), pues Vince tiene ya asentada su carrera (Aquaman es un éxito) y estima que puede conseguir el papel que más desea antes de que se lo quiten otros. Con este nuevo objetivo en el horizonte seguimos ahondando en esta particular visión, mitad comedia mitad drama, de la vida y negocios en el mundo del cine en Hollywood, combinando ágilmente una infinidad de historias del día a día con tramas seriadas de gran atractivo.

En la primera parte nos centramos en los baches más grandes del proceso. Las exigencias de los estudios que encumbraron a Vince y lo quieren para las secuelas de Aquaman, las peleas con el agente, Ari, por rechazar millones en favor de una cinta maldita, la carrera en pos de financiación y apoyo, las puertas cerradas, los egos cabrones, las elecciones difíciles y las alternativas arriesgadas… Mientras persiguen con tesón el filme, la relación con Ari se resiente, pues sienten que no se esfuerza lo suficiente. Se va generando una brecha creciente que acaba en un subidón tremendo, pues de nuevo tomamos un camino inesperadamente oscuro: acaban fatal, llegando a despedirlo.

El séquito en su conjunto tiene sus propias aventuras personales, ligues, fiestas y demás, que se ven renovadas y magnificadas por la presencia de Dom (Domenick Lombardozzi, de The Wire), un viejo amigo que acaba de salir de la cárcel y no tardará en sembrar la cizaña en el grupo, aunque a la larga sirve para dejar más claro que Tortuga y Drama no son simples rémoras como él, sino amigos sin los que Vince no podría vivir. Con ello la serie clava el otro tema que suele tratar: la amistad, la vida de los jóvenes, aunque en este caso sea a lo grande porque son famosos adinerados.

Por otro lado, Ari continúa trabajando incansablemente para estar en la cima del mundo de los agentes de cine, lo cual no será nada fácil debido a la reciente y tumultuosa salida de la compañía. Intentará poner en marcha la suya propia, lidiando con la poderosa competencia, los problemas económicos, las traiciones… Y todo ello de nuevo salpica su matrimonio, aunque también hay que sumar su machismo recalcitrante que lo mete en una encerrona tras otra. No me olvido de la dinámica caótica con Lloyd, pues los guionistas vieron la química entre ellos y no dudan en aprovecharla.

En la segunda parte empezamos en un ambiente nuevo para la banda, en especial para Vince y Eric, pues han crecido en el mundillo bajo la batuta de Ari. Además, la elección del nuevo agente pronto empieza a traer problemas, el primero, que es una mujer muy atractiva (Carla Gugino ni más ni menos) y hay gran tensión sexual no resuelta con Vince. Luego empiezan a llegar otros: la falta de entendimiento y comunicación, las peleas con Ari, que no va a rendirse sin presentar batalla, y todo como es obvio se ve salpicado por las demás malas artes del gremio, con los productores egoístas e impredecibles a la cabeza. Así, la lucha por Medellín es encarnizada. Con tantos líos y trabas, Eric y Vince deciden lanzarse a una nueva etapa en sus vidas, lo que nos lleva a otro aspecto clave del mundo del cine: el paso de actores a productores. Esto los sumerge en una búsqueda de financiación aún más desesperada (el judío, el árabe), y a volver a colaborar con el inestable Billy Walsh (Rhys Coiro).

La odisea de Ari es muy ajetreada también, y avanza con varios giros inesperados muy eficaces: la resolución de la riña con su antiguo socio (Malcolm McDowell) le da un buen dinero, pero no es suficiente para montar el gran negocio que desea… hasta que llega otro de los personajes secundarios para salvar los trastes: Barbara Miller (Beverly D’Angelo) será su nueva socia. Drama, después de tanto traspiés, consigue un avance crucial en su vida y carrera: entrar en el reparto principal de una serie. Por supuesto no le ha resultado fácil llegar ahí, ni lo será manteneterse, sobre todo porque él mismo con sus manías se pondrá mil trabas. Su obsesión por el qué dirán los demás lo lleva a meterse en varios líos delirantes en el set. Tortuga por su parte no vio cumplido su sueño de ser el mánager de un cantante de rap, así que seguirá chupando de Vince. En esta subtrama tenemos el único fallo de la temporada: tienen la historia en suspenso, como si se hubieran olvidado de ella, durante muchos capítulos. Al menos el cierre funciona bien.

Entre los mejores capítulos tenemos algunos de los más grandes de la serie, no en vano esta es la mejor temporada: el viaje al valle (la parte no rica de Los Ángeles) para ver el estreno de Aquaman (Un día en el valle, 302); Lo siento, Ari (312), donde explota el mal ambiente con Ari; Lunes loco (315), donde Ari tiene una crisis emocional mientras Eric y Vince lidian con la nueva agente; y otros tantos, porque la verdad es que no hay ni uno descartable. Momentos concretos geniales también tenemos un gran número, como Drama tirando por tierra su primera audición para la serie, Billy y Vince echando pestes del destroce que hacen los productores con Queens Boulevard, el trío de Eric, Ari yendo desesperadamente tras Lloyd, hasta el punto de acabar en una fiesta homosexual, Drama buscándose piso (lloré de risa con la negociación de precios), Eric lidiando con el anciano productor que chochea (interpretado por el gran Martin Landau), Drama masturbándose para poder relajarse en su primera escena, sin saber que el micro sigue abierto…

PD: Parece ser que Debi Mazar (la publicista de Vince) iba a tener un papel mayor, pero debido a su embarazo tuvo que reducir la carga de trabajo. Esto pudo empujar el aumento de protagonismo de Lloyd y la mujer de Ari. En los créditos no se vio reflejado, pues ella sigue apareciendo en los iniciales y Rex Lee y Perrey Reeves están relegados a los de cierre.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

TREME – TEMPORADA 1.

HBO | 2010
Drama | 10 ep. de 58-80 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, Nina Krostoff-Noble, Carolyn Strauss, David Mills.
Intérpretes: Melissa Leo, Kim Dickens, Steve Zahn, Wendell Pierce, John Goodman, Khandi Alexander, Rob Brown, Michiel Huisman, Lucia Micarelli, Clarke Peters, India Ennenga, Phyllis Montana LeBlanc.
Valoración:

“Tres meses después”, reza un lacónico texto en pantalla. No hace falta más información, si no sabes que estamos en New Orleans tras el Katrina, quedará claro en pocos minutos. Según nos cuentan en esta serie, basada con enorme fidelidad en los hechos reales, tres meses es más o menos el lapso que tardó la ciudad en empezar a levantarse tras la devastación no sólo del huracán, sino también de una rampante y escandalosa incompetencia gubernamental que empeoró mucho las cosas. Sus gentes vuelven a sus casas, muchas de las cuales tuvieron al menos un metro de agua, y la mayoría acabó sin techo por los vientos y lluvias. Pero no hay dinero para reconstruirlas, porque abandonaron sus vidas y trabajos para huir a ciudades y estados vecinos, y vuelven sin nada. Los negocios se intentan poner en marcha, pero hay pocos habitantes todavía, y menos con las vidas rehechas como para poder gastar.

Si durante la catástrofe la respuesta del gobierno fue nefasta, con descoordinación entre agencias y un modus operandi desastroso e incluso salpicado de racismo, no creáis que se pusieron las pilas después. Las empresas de seguros hacen malabares para escaquearse, y tanto el gobierno local como el federal no parecen tratar de evitarlo… de hecho se suman al carro, poniendo ayudas que sólo son un nombre, escondiendo tras marañas de papeleo cualquier desembolso minúsculo. La población continúa sintiendo que los han abandonado, pero la realidad es peor que eso: los ciudadanos, sobre todo las clases bajas (encabezadas por los barrios negros), son un impedimento para la especulación, así que el hecho es que trabajan contra ellos. El ayuntamiento y las fuerzas de la ley estaban salpicados de corrupción antes de este gran incidente, y ahora ven nuevas oportunidades para llenarse los bolsillos u ocultar las fechorías previas. Si los barrios siguen vacíos un tiempo determinado, se categorizarán como abandonados y habrá vía libre para inventarse los proyectos urbanísticos que les den la gana. Así, se vallan urbanizaciones enteras para mantenerlas desocupadas y no se dan prisa en arreglar la distribución de agua y electricidad de zonas habitadas. Pero la gente quiere volver, porque es su hogar, pero también porque es una ciudad especial que no quieren dejar morir.

El escritor y guionista David Simon se marcó en su obra magna The Wire (Bajo escucha) un colosal ensayo sobre el fracaso del primer mundo como sociedad: tomando como base una ciudad muy característica (Baltimore, desbordada por el crimen) construyó un retrato universal de los principales males de los países supuestamente avanzados. Está claro que con la situación en New Orleans vio otra oportunidad de oro para recuperar estos temas, y se unió a un guionista que conocía bien la zona, Eric Overmyer, para elaborar otro gran estudio humanista. Es difícil describir su estilo y su calidad, hacer notar que una serie que en un primer vistazo puede parecer demasiado complicada, fría y lenta, sea tan profunda, apasionante y adictiva una vez te sumerges en ella.

Como The Wire y otras de la Edad de Oro de las series que inauguró principalmente la HBO (Los Soprano, A dos metros bajo tierra), Treme no es un drama que en cada episodio te cuenta una pequeña trama y quizá a la larga vaya desarrollando otra (que además probablemente estuviera improvisada según la respuesta del público). Incluso obras maestras como Urgencias han seguido este esquema. Aquí, para vislumbrar por dónde va un personaje tendrás que ver varios capítulos, y para abarcar por completo el viaje en que está embarcado hay que seguir la temporada o incluso la serie entera. Está claro que no es para impacientes… Pero aún hay más, porque aborda temáticas no tan populares como The Wire (el policíaco, aunque fuera en un estilo único), sino otras más cultas, pues la música protagonista está en las antípodas de lo comercial y la historia y la cultura de New Orleans son muy suyas también. La sutileza sí la mantiene, eso sí: la crítica emerge de las vivencias de los personajes, no de situaciones y discursos directos. El espectador común, el de seriales y procedimentales facilones, no aguantará ni un par de escenas. Incluso seriéfilos más curtidos han de tener al menos una pizca de interés y la mente muy abierta para lanzarse con entusiasmo a un relato de más de diez horas sobre las vidas corrientes de unos músicos y cocineros. Así pues, es indudable que esta obra tiene un público potencial minoritario, que es exigente y elitista como ella sola. Las floja audiencia de hecho lo confirmó. Y es una pena ese miedo, ese rechazo, porque si haces el esfuerzo te lo devuelve con creces, igual que pasó con The Wire: no es sólo una serie extraordinaria, sino también un relato atemporal y universal.

Simon pone las cámaras delante de los protagonistas y la ciudad, y estos son tan realistas, están tan vivos y tan bien interpretados, que uno no puede apartar la mirada del cuadro que van formando sus vidas. Es como un documental social que elige a los individuos e historias clave para que en conjunto formen un elaborado y agudo ensayo sobre cómo funciona una sociedad, cómo se vertebra, cómo respira, se ahoga, se levanta y se tropieza otra vez en un proceso complejo que se retroalimenta entre los muchos individuos que la forman. Pero esa complejidad aparente en realidad se desgrana poco a poco, con naturalidad, claridad y elegancia, formando una narrativa que parece pausada pero fluye sin una sola pausa o receso, siempre aportando algo estimulante, garantizando entretenimiento y emoción pero también ofreciendo infinidad de enseñanzas sobre la vida.

Los protagonistas se concentran en el barrio Tremé que da título a la serie. Tenemos perroflautas adorables como la dulce violinista Annie (Lucia Micarelli, que por cierto era músico y no actriz, pero está fantástica) o cansinos como su novio Sonny (Michiel Huisman), un matado de la vida que siente celos de las habilidades de ella. Encontramos gente con objetivos muy claros y dedicación plena, como Albert Lambreaux (interpretado por quien fue el gran Lester en The Wire: Clarke Peters) y su empeño por mantener las tradiciones; otros que luchan contra viento y marea tratando de no perder la sonrisa, como la chef Janette lidiando con el restaurante día a día (la actriz Kim Dickens me cae bien desde su participación en Deadwood), o Davis McAlary (Steve Zahn), un músico medio acabado que va tirando con trabajos que detesta. También hay quienes batallan contra los innumerables fallos del sistema, como la abogada Toni Bernette y su marido Creighton (Melissa Leo y John Goodman), o quienes avanzan más o menos torpemente (Antoine Batiste, en manos de Wendell Pierce, también aprovechado de las calles de Baltimore: era Bunk). Y no faltan quienes no parecen levantar cabeza, arrastrando heridas no cerradas, como Ladonna y la búsqueda de su hermano (Khandi Alexander, también conocida de Simon: The Corner), e incluso quienes dejaron la ciudad hace tiempo pero la familia, las raíces, lo arrastran de vuelta, como el trompetista de jazz Delmond Lambreaux (Rob Brown), el hijo de Albert.

Entre todas las deliciosas historias destacaría algunas, así como varios momentos concretos. Me abrumó la magnífica descripción de la depresión (evito dar el nombre del personaje), probablemente la mejor vista en una serie o película: está siempre ante tus ojos pero quizá no la veas hasta un punto de inflexión en el que todo se hace evidente. La salida de Albert como indio se hace esperar mucho, y si, como yo, no conocías esta pintoresca tradición, quedarás bastante impresionado. El final de la odisea de otro rol que me guardo es muy duro, con ese desgarrador plano a los camiones frigorífico llenos de cadáveres meses y meses después del huracán. La relación entre Janette y McAlary es encantadora, y la entereza de ambos a la hora de sobrellevar las zancadillas de la vida también; y atención al divertido lío de él en el hotel con un grupo de turistas. El encuentro de Sonny con un anciano que salvó durante la tormenta es muy emotivo (y más cuando parecía que era un fanfarrón). El juego que se trae Batiste con los taxistas es tronchante; y aparte, aunque por lo general resulta muy simpático, a veces dan ganas de abofetearlo por el desastre de vida familiar que lleva.

Pero también podría citar un par de fallos o partes que no parecen del todo bien resueltas. El Mardi Gras se hace de rogar y no decepciona, pues nos llevan dentro de la fiesta con habilidad, pero da la impresión de que al capítulo le han quitado media hora, dejando algunas transiciones un tanto bruscas: Delmond aparece sin más en un bar tocando con una banda a pesar de que estaba en una cita con su novia, Janette acaba borracha por ahí pero no se la ve participar en la fiesta a la que iba (y en cambio sí nos muestran todo el camino hasta allí), Davis y Annie decían de ir a comer con los vecinos del primero pero lo que se comen es la escena. Un fallo claro de montaje se ve en el penúltimo capítulo, cuando sabemos que Creighton está tomando un ferry pero de repente aparece momentáneamente en otro lado. Y la descripción de uno de los protagonistas cojea un poco: Albert Lambreaux es presentado inicialmente como si fuera un albañil o algo así, amagando con ir a reparar algunas casas, pero en seguida se olvidan de eso y el resto de la temporada sólo sale cosiendo y ensayando; de hecho en el principio de la segunda temporada me chocó mucho verlo currando, pensaba que estaba parado o jubilado… y ahí también se deja de lado ese supuesto trabajo y aparece siempre con otras cosas.

Como en The Wire (voy a gastar la expresión, pero me resulta inevitable usarla), la dedicación que David Simon pone en el desarrollo de la obra, heredada del periodismo de calidad*, queda bien patente en el resultado final. Logra introducirnos plenamente en el singular ambiente de la ciudad y su multiculturalidad, mostrando con una fidelidad asombrosa la vida y costumbres del lugar, captando el alma de los barrios, la forma de ser de la gente, cómo se vive la música y cómo se vive de ella. De hecho pasan ante nuestros ojos infinidad de músicos, sobre todo obviamente locales, y aunque la mayoría, admitámoslo, nos resultarán desconocidos a muchos, a la larga vas conociendo rostros, y si te gusta realmente la música acabarás escuchado a muchos de ellos; yo quedé prendado del gran Dr. John, referente ineludible en el rythm and blues y jazz oriundos.

Así pues, como Baltimore en su momento, New Orleans y el barrio Tremé se convierten en un protagonista más, en una urbe con vida propia, y cuando quieres darte cuenta eres un habitante más, sufres en tus carnes la angustia de ver el hogar destruido, el desarraigo ante una ciudad que no parece que pueda volver a ser la misma, la lucha constante por sobrevivir el día a día mientras el mañana parece negado por la corrupción y la incompetencia. Y con esto cabe señalar que nos ofrecen una historia rara vez contada: la vuelta a la vida tras una catástrofe. Los medios suelen olvidarse poco tiempo después de los desplazados y las infraestructuras derrumbadas, de las familias deshechas y el intento de volver a la normalidad, así que la serie ofrece un punto de vista muy atractivo y sobre todo lo hace desde una perspectiva muy intimista. Llegas a mitad de la temporada anhelando junto a los protagonistas que cuando llegue el Mardi Gras, el corazón y alma de la ciudad, lata con fuerza y entusiasmo para levantar las esperanzas y ánimos de todos, para señalar que, después de todo, a New Orleans todavía le queda aliento.

PD: El guionista y productor David Mills, que ya había trabajado con Simon en otras ocasiones, falleció poco antes del estreno de la serie.
*: Si leéis algunas opiniones y artículos suyos, como esta entrevista donde habla sobre el periodismo moderno, veréis que no lo digo por decir.

Entrada actualizada de la original publicada el 01/09/2010.

COWBOY BEBOP – TEMPORADA Y PELÍCULA.

Kaubôi bibappu
TV Tokyo | 1998
Ciencia-ficción, aventuras, comedia, drama
26 ep. de 20 min; película: 115 min.
Productores ejecutivos: Shinichirō Watanabe, Keiko Nobumoto, Toshihiro Kawamoto, Masahiko Minami, Kazuhiko Ikeguchi.
Intérpretes: Kôichi Yamadera, Unshô Ishizuka, Megumi Hayashibara, Aoi Tada.
Valoración:

Alerta de spoilers: la sinopsis de cada capítulo va libre, pero los comentarios no.–

Spike Spiegel es un tipo que parece lleno de recursos y encantador de primeras, pero una vez conocido resulta un tanto temerario y de humor cambiante. Es un pistolero solitario con pasado oscuro al que Jet Black, su socio cazarrecompensas, ni intenta llegar, porque él también tiene lo suyo. Jet actúa como el cerebro de las misiones, mientras Spike va tras los maleantes. Operan desde la nave base, el Bebop, que hace las veces del hogar de ambos. Pronto se les unen dos extraños tripulantes, una niña experta en pirateo informático, llamada Edo, y una joven atractiva de caótica vida, Faye Valentine. Bueno, y también acaba con ellos un perro salido de un experimento científico. Sus vidas transcurren en la frontera de la ley, buscando fugitivos en barrios marginales, sin miedo al peligro o con necesidad de él porque no conocen otra cosa, saltando entre planetas y lunas adonde parezca haber una buena recompensa que les permita seguir tirando adelante.

Cowboy Bebop se estrenó en 1998 en Japón, y poco a poco se convirtió en un éxito mundial que contribuyó bastante a la dispersión del anime más adulto, considerado en aquella época todavía un gueto para frikis (las series juveniles, tipo Heidi y Campeones, eran otro cantar). En realidad su primera emisión fue un tanto fallida, pues censuraron casi la mitad de los capítulos, pero eso no impidió que fuera ganando fama, logrando un estreno completo en otro canal y luego una gradual proyección internacional. A España llegó en 2005, pasando por algunos canales autonómicos y finalmente por uno nacional. Ahora bien, el doblaje se hizo con pocos recursos, teniendo las mismas voces para personajes secundarios en todos los capítulos y algunos fallos de traducción importantes.

Parte de su tirón lo tuvo sin dunda su estilo más occidental, tanto en el dibujo (personajes sin rasgos asiáticos, ausencia de histrionismos habituales: la gotita en la cabeza, las bocas gigantes, etc.) como en las historias y la ambientación, de características más universales. Si bien al final había una trama seriada de estilo japonés, con yakuzas, traiciones, katanas y personajes estrafalarios, el hilo principal son las aventuras de estos cazarrecompensas. Pero quizá el aspecto crucial en su impacto global fue la visión de su principal artífice, Shinichirō Watanabe, que le imprimió un estilo y un carisma muy llamativos, es decir, aunque diste de ser una obra maestra Cowboy Bebop tiene una personalidad arrolladora.

El magnetismo extraño de sus protagonistas, que oscilan entre la simpatía y el patetismo, y la calidad de los secundarios, donde incluso el maleante más insignificante deja huella con una historia bien trabajada, te enganchan rápidamente, y el particular universo que va abriéndose ante tus ojos termina de atraparte. El futuro donde la humanidad ha colonizado a duras penas el Sistema Solar (la Tierra está arrasada por un accidente) se combina con toques de western, policíaco clásico, humor negro y drama personal. Se mantiene un ambiente melancólico, con protagonistas agobiados por traumas del pasado y problemas del presente, con historias que suelen acabar en tragedias, sobre todo para los bandidos y fugitivos, que por lo general se ven dirigidos por sus malas elecciones a un final desastroso. Pero no por ello resulta un dramón, ya que el grueso de los episodios se inclina más hacia la acción y aventuras con un toque de humor absurdo muy peculiar.

La animación está asombrosamente trabajada. Las peleas y batallas, con movimientos muy fluidos, son dignos de una película de buen presupuesto, y la ambientación es excelente, con escenarios muy variados. Y finalmente, otro factor clave fue la monumental banda sonora. La veterana y versátil Yōko Kanno cumplió de largo con el estilo musical que buscaban los creadores de la serie, un sonido jazzístico que abarcara todo el rango emocional requerido: vibrante para las partes de acción, tristón para los finales trágicos, grisáceo para los momentos más mustios, divertido para los más distendidos… El repertorio de grandes temas que nos regaló es inolvidable.

También cabe señalar algunas limitaciones, pues como decía, se recuerda más por su personalidad que por resultar redonda. La combinación de géneros no funciona tan bien cuando abordan el clásico thriller de mafias japonesas, que resulta un tanto forzado, dando la sensación de que se pierde un poco de verosimilitud para meter con calzador historias muy vistas y artificiosas. Por ello el final no me convence, merecía algo más original. Y en líneas generales al guion le falta una puntada para ser perfecto, pues a pesar de su corta duración hay muchos capítulos con problemas de ritmo, y unos pocos son bastante prescindibles.

Son veintiséis episodios, lo que supone también otra razón para su fácil propagación: no se estiró de mala manera, tiene un arco cerrado. Pero su notoriedad sí empujó a realizar un largometraje en 2001, si bien su estreno en cines fuera de Japón se limitó a unos pocos festivales, apuntando directamente al mercado doméstico, donde fue como la serie uno de los animes más vendidos en su época. Durante mucho tiempo ha habido intenciones de realizar, por parte de Hollywood, una adaptación cinematográfica con actores reales (con Keanu Reeves encabezando la lista de candidatos para interpretar a Spike), pero el proyecto, igual que el de Akira, nunca termina de concretarse. Aunque la cosa podría cambiar si la versión de Ghost in the Shell tiene éxito.

Tras el salto incluyo un análisis por capítulos.
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EL SÉQUITO – TEMPORADA 2.

Entourage
HBO | 2005
Comedia, drama | 14 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Debi Mazar, Perrey Reeves, Rhys Coiro, Emmanuelle Chriqui, Constance Zimmer, Malcolm McDowell, Beverly D’Angelo.
Valoración:

La segunda etapa de El séquito explota por completo su potencial, la inspiración de los guionistas está en su máximo esplendor y nos deslumbran con un ingenio inagotable en los diálogos, un ritmo trepidante en las aventuras y sobre todo nos enamoran con unos protagonistas deliciosos. Además, teniendo casi el doble de capítulos pueden abordar historias más largas y completas sobre el mundo del cine, visto este desde la perspectiva de un grupo de vividores que tienen a su alcance cumplir con casi todos sus sueños gracias al éxito como actor de uno de ellos. Pasan ante nuestros ojos innumerables fiestas (incluso en la mansión Playboy), ligues y demás vivencias emocionantes y divertidas… pero eso no implica que nuestros amigos no tengan que esforzarse ni sufran, de hecho destacan especialmente los pasajes más oscuros, pues la competición por el éxito en Hollywood es reñida y está plagada de desencantos.

Drama sigue tratando de levantar su lastimera carrera, siempre a la sombra de Vince. Pero también ha de lidiar con sus problemas personales, si es que llega a reconocerlos como tales: el sentimiento de inferioridad y el miedo lo llevan a perder muchas oportunidades. Esos casting en que se auto sabotea inconscientemente por sus nervios y manías logran un eficaz humor basado en la vergüenza ajena. Ari vive en estrés constante por su exigente trabajo como uno de los agentes más importantes del gremio, y como no es capaz de desconectar de sus labores traslada los problemas a un matrimonio que se ha enfriado y pasa por innumerables baches. Tortuga más o menos tiene asumido que es una rémora y no podría haber sobrevivido solo, pero cuando se le presenta alguna oportunidad no duda en intentar aprovecharla… sobre todo si hablamos de sexo.

La sección más relevante es la que encabezan Vince y Eric: la lucha constante por conseguir las películas que desean. Primero ponen el ojo en la biografía de Pablo Escobar, Medellín, pero es un objetivo esquivo que dejan en suspenso cuando se presenta otra oportunidad única: la superproducción Aquaman, sobre todo cuando James Cameron pone el ojo en ella. Con esta historia seguimos el proceso de gestación de un proyecto cinematográfico de gran calibre paso por paso con mucho detalle, con la agilidad y simpatía absorbentes habituales pero también con unas pocas buenas dosis de drama. La infinidad de negociaciones con agentes y productores, los roces debidos a desavenencias y egos, y los líos habituales entre actores (el romance de Vince con su compañera) mantienen la expectación en un nivel altísimo, lo que se remata con un tono impredecible excelente: abundan los giros y sorpresas que cambian la situación inesperadamente.

Entre los mejores momentos podrían citarse la descripción de los jefes de los estudios como ególatras engreídos que asimilan y trituran hasta a los más honrados (Dana tendrá bastante presencia en toda la serie, la parodia de Harvey Weinstein es brutal), las peleas de Ari con su socio Terrance (el imponente Malcolm McDowell) y el caótico desenlace de esa subtrama, Eric empezando a salir con la hija de aquel (la exuberante Emmanuelle Chriqui), los altibajos de Billy Walsh, etc., etc. Pero lo mejor llega al final, cuando la tensión producida tras tantos problemas está a punto de romper el grupo de amigos, dando un tramo muy intenso que pone los nervios a flor de piel. Y entre los capítulos más remarcables de este memorable año tenemos uno de los favoritos del público de toda la serie, Los chicos de Sundance, donde se proyecta por primera vez Queens Boulevard (la película indie que se lanzan a hacer en el final de la rpimera temporada con el excéntrico Billy Walsh), pero yo diría que los hay mejores, de hecho a partir de este el nivel es magnífico y no sólo no decae, sino que va subiendo. El de la Comic-Con, el del Bat Mitzvah, y sobre todo los tres últimos, cuando toda la tormenta estalla tanto en la compañía de Ari como en el proyecto de Aquaman y salpica a la pandilla, son tremendos.

PD: El lío de casas y coches es difícil de seguir. Un día se compran una mansión, pero apenas los vemos ahí en un par de capítulos y luego acaban en otra que les prestan durante el verano, pero seguirán ahí toda la temporada sin que se vuelva a hablar de la casa anterior, y toda la tercera temporada viven en otra distinta. Un día se compran coches para todos, al siguiente aparecen con otros distintos, luego Vince vuelve a regalar alguno, y así continuamente; supongo que los productores estaban atados al patrocinio de las marcas y a la disponibilidad de las mansiones. El perro también desaparece, para volverse a ver rara vez.

Ver también:
Temporada 1.