Archivo de la categoría: Homeland

HOMELAND – TEMPORADA 5.

Homeland
Showtime | 2015
Productores ejecutivos: Alex Gansa, Howard Gordon, Avi Nir, Ran Telem, Gideon Raff, Lesli Linka Glatter.
Intérpretes: Claire Danes, Ruper Friend, Mandy Patinkin, Miranda Otto, Sebastian Koch, Alexander Fehling, Sarah Sokolovic, F. Murray Abraham, Nina Hoss, Atheer Adel.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento la trama del año y los nuevos personajes.–

El nuevo escenario de Homeland es Europa, donde sus creadores nos ofrecen otro estupendo thriller que analiza el tema del terrorismo islámico y la inteligencia que trata de frenarlo. Y esta vez su visión ficticia ha chocado de lleno con la realidad, porque su previsión sobre los atentados en Europa, la desestabilización de Siria y alrededores y los problemas con los refugiados se adelantó meses a unos eventos que finalmente han ido ocurriendo más o menos como los narraron. Si en vez de idear la trama del atentado en Alemania la ubican en Francia, lo mismo nos encontramos con que tras los atentados de París no se atreven a emitir la parte final de la temporada para no herir sensibilidades. Pero no se queda ahí la cosa, porque con la otra historia del año también abordan otro asunto muy de actualidad: el robo de datos a la CIA, que saca a la luz intrigas oscuras de los gobiernos, se inspira obviamente en el caso Snowden.

Carrie dejó atrás la CIA y el mundo del espionaje para buscar un trabajo más pacífico que le permita estar con su hija. Pero no por ello descuida su objetivo de hacer del mundo un lugar mejor: colabora en una fundación de caridad en Berlín dedicada a crear lazos entre países y ayudar a personas de diversas etnias en sus líos con los gobiernos. Sin embargo, con su labor termina en el ojo de un huracán, y ella es como es: se tirará de lleno a la boca del lobo para tratar de arreglar las cosas.

Tenemos una trama a tres bandas. La filtración de la CIA ofrece por un lado los líos entre agencias de espionaje, y por el otro tenemos a Carrie yendo por su cuenta, pues es objetivo de una conspiración misteriosa. Mientras, de fondo se gesta el plan del Estado Islámico para atacar Europa. El thriller de intrigas entre espías y gobiernos es fantástico, se maneja de forma que no parece un género muy tratado, porque todo resulta genuino y adictivo. La sección centrada en Carrie mantiene la tensión sobre el destino de los protagonistas, en especial sobre ella, en un nivel agobiante en algunos tramos, como debe ser en el género. Y la amenaza terrorista sobre Europa permite la parte de acción en el segmento final del año. Además, el toque de crítica política sobre cosas tan actuales le otorga más trascendencia y atractivo al conjunto.

Su gran baza, aparte de que los guionistas desarrollan muy bien la intrincada trama, con pocos altibajos y muchos buenos momentos, son los estupendos personajes. A Carrie Mathison, Peter Quinn, Saul Berenson y los secundarios Dar Adal y Astrid (la agente alemana vista anteriormente aquí cobra algo más de protagonismo) los conocemos de sobras y no desaprovechan su buen bagaje… aunque no por ello se libran de un par de situaciones un tanto malogradas. Las diferencias entre Carrie y Saul lejos de aplacarse parecen crecer con el caso actual, llegando a tener momentos muy complicados en su relación. Carrie se ve sola contra el mundo en una aventura trepidante; la única pega es ese interludio en que se empeñan en volver a dejarla sin medicación, pues resulta bastante forzado a la par que manido. Saul tiene sus propios líos personales y con la CIA, de hecho termina en un punto de inflexión inquietante: tener que elegir bando mientras trata de averiguar quiénes son sus verdaderos amigos. Quinn sufre un periplo de lo más agitado e interesante, aunque es cierto que fallan bastante a la hora de hacer que pase de una historia a otra: qué mal queda el giro que lo introduce en la célula terrorista que precisamente planea el atentado; la casualidad es demasiado inverosímil. Por suerte, una vez en su nueva situación da mucho de sí.

Los nuevos habitantes del relato son todos magníficos y su parte en el complejo entramado se maneja muy bien. Otto Düring (Sebastian Koch, un peso pesado en Alemania y conocido en todo el mundo desde La vida de los otros) es el conciliador y fiel jefe de Carrie, Numam (Atheer Adel) el hacker que halla el archivo de la CIA que agita el avispero, Laura Sutton (Sarah Sokolovic) la activista y periodista que quiere sacarlo a la luz, y Jonas Hollander (Alexander Fehling) el nuevo novio y compañero de trabajo de Carrie (un puntazo que se parezca un montón a Brody). El relato danza entre unos y otros, con todos tratando de sobrevivir a la CIA, el gobierno y la inteligencia alemanes, los rusos, el Estado Islámico y diversos intereses personales. Sin embargo todos quedan eclipsados, incluso Carrie en algunos capítulos, ante la protagonista de gran parte de la temporada: Allison Carr, la jefa de la delegación de la CIA en Berlín. La importancia que le dan en la trama, los giros que la lanzan a una odisea de supervivencia al límite, las grandes sorpresas que guarda y las reacciones que generan sus acciones en los demás protagonistas conforman un personaje fascinante con un recorrido de impresión. Para rematar, el papelón de Miranda Otto es espectacular.

A la anterior etapa le costó algo entrar en materia y también tardó en sacar provecho a los protagonistas, pero cuando se lanzó resultó memorable. La presente en cambio es mucho más equilibrada, te atrapa con fuerza desde el principio y nunca te suelta, y el recorrido de los protagonistas es incluso más atractivo, destacando el de los nuevos implicados. Se puede decir que el desenlace se ve venir en algunos puntos, pues es fácil intuir cómo terminará el tema del atentado, pero hasta esos momentos finales el jaleo es impredecible y las sorpresas continuas, así que no sabes qué esperar y la temporada mantiene un nivel de intriga y tensión magistral. Los problemillas citados con los personajes son los únicos momentos que empañan el ritmo, sea porque nos llevan a dar alguna vuelta en círculo (otra vez la Carrie bipolar para aportar realmente bien poco con ello) o porque suponen un giro forzado (el cambio de rumbo de Quinn en el ecuador). Y aparte hay que alabar el completo y atrevido análisis sobre la situación global con el terrorismo, que esta vez es más valiente que nunca, tratando infinidad de aspectos relacionados: libertades individuales, políticas de seguridad, cooperación entre gobiernos, roces entre agencias de espionaje, vías para hallar respuestas pacíficas (no todos los musulmanes son terroristas sin alma)…

Quizá le ha faltado una pizca de robustez y eludir ese par de fallos dignos de mención para llegar al “excelente”, pero sí me parece evidente que es la mejor temporada desde la segunda y demuestra otra vez lo equivocados que están los ruidosos detractores que echan pestes cada vez que los guionistas se atreven a darle un nuevo giro a la historia.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

HOMELAND – TEMPORADA 4.

Homeland
Showtime | 2014
Productores ejecutivos: Alex Gansa, Howard Gordon, Avi Nir, Ran Telem.
Intérpretes: Claire Danes, Mandy Patinkin, Rupert Friend, Laila Robins, Nazanin Boniadi, Tracy Letts, Raza Jaffrey, Maury Sterling, Numan Acar, Nimrat Kaur, Raza Jaffrey, Mark Moses.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo la temporada a fondo.–

Homeland ha sido una serie muy arriesgada desde el principio, no solo en temática (terrorismo tratado con inteligencia y buena crítica política y social), sino también en su forma de hacer avanzar la trama: cada poco tiempo (media o una temporada) un gran giro cambia el terreno de juego hasta tal punto de que puede cambiar el género. Empezó en el drama, con el retorno de Brody y su adaptación a la familia y la sociedad. A muchos espectadores les encantó este tramo, pero a mí me pareció algo falto de ritmo y fuerza, y estos se bajaron cuando saltó a primer plano la trama oculta: Brody estaba convertido en un terrorista. Tras un final de infarto nos lanzamos a la segunda y magistral temporada, donde Brody además era descubierto y vuelto a cambiar de bando. Emergió entonces un enorme thriller político, lleno de tensión y personajes magníficos llevados al límite. El aumento de la complejidad y trascendencia no fue bienvenido por todos, y otros tantos dejaron de verla. Peor fue en la tercera temporada, aún más valiente, pues los giros fueron más grandes: el destino de Brody, su vuelta a la acción, el plan y el arco final… Fue otro año impresionante, pero otros muchos se quejaron de que no era la misma serie y abandonaron.

Y esta es la maldición de Homeland: en cada nueva etapa se señala que ha saltado el tiburón, que ha dejado de ser una buena serie, sin esperar a ver cómo se desarrolla, poniendo prejuicios y gustos por encima de la objetividad. En la cuarta temporada ocurre lo mismo, porque sin Brody y con tramas nuevas pocos son los que tienen paciencia y esperan a analizar el conjunto con frialdad y criterio, el resto se lanza a las absurdas modas de odiar y criticar desde fuera. Así, indistintamente de la calidad de cada temporada, la serie arrastra un montón de críticas injustas que afean su recepción y prestigio más de la cuenta.

En esta etapa empezamos con Carrie enfrentando la monotonía de una vida normal. Como es habitual, la psicología de este enorme personaje central se expone muy bien, mostrando a una joven inteligente y capaz pero desequilibrada emocionalmente debido a su estado de bipolar. Enfrentarse al bebé y la pacífica vida familiar es demasiado estrés emocional para ella (atención a la escena de la bañera), pues ya sabemos que prefiere vivir en plena ebullición: el esfuerzo mental del trabajo y la adrenalina de ser espía le hacen sentirse viva y no pararse a pensar en sí misma. Por su parte, Saul busca qué hacer con su vida una vez relegado como director de la CIA, y Peter Quinn enfrenta el desgaste que produce este trabajo.

Pronto acaban todos en la embajada de Estados Unidos en Islamabad, Pakistán. Carrie como jefa de sección de la CIA, Peter tras ella porque su relación de dependencia mutua tira mucho, y finalmente Saul (no estoy seguro de si iba por algo concreto o sólo por ayudar en la transición). Este tramo baja el nivel después del petardazo que lo inicia (el ataque drone fallido), y si bien se puede entender que formar y lanzar nuevas tramas requería varios capítulos, también cabe pensar que se podría haber hecho con más ritmo y emoción. El romance con Aayan, el chico que podría ponerles en bandeja la captura del terrorista más buscado del momento, Haqqani, se trabaja bien desde la perspectiva de los personajes implicados, pero no desde el ritmo, pues va demasiado lento, transmitiendo la sensación de que no avanza hacia nada concreto y también de que la historia es muy sencilla para los estándares de la serie.

Los protagonistas aquí presentados son bastante interesantes, pero hasta el segmento final no terminan de destacar del todo. El citado Aayan resulta simpático, y su historia de desesperación y soledad por estar en medio del fuego es realista. La embajadora Martha Boyd tiene carácter, y las peleas políticas con el director de la CIA Andrew Lockhart y con los paquistaníes (Aasar Khan, inesperado aliado para Carrie, y la fría Tasneem) son muy atactivas, más cuando empieza todo el jaleo y se mete de por medio también su marido Dennis, que se ve atrapado entre la espada y la pared en las eternas intrigas de espías. Y Fara y Max vuelven al terreno de juego también.

El tercer segmento cobra interés, relegando esas impresiones de falta de fuerza y cambiándolas por la intriga y la desazón, porque el secuestro de Saul pone a los protagonistas en una situación extrema muy intensa. El capítulo del intercambio es acongojante de principio a fin, pero el instante que más destaca es cuando Saul pretende suicidarse y Carrie lo evita con engaños: una de las mejores escenas del año televisivo, sin duda. Y de ahí nos lanzamos al brutal arco final tras un giro tan potente e inesperado que te deja a cuadros: el plan de Haqqani de dominación total de Pakistán, con la implicación del propio gobierno del país. Aquí vemos que toda trama y personaje ha sido bien planeada por los guionistas, que las sorpresas las han ejecutado muy hábilmente; el mejor ejemplo es Dennis, quien parecía un secundario de relleno y termina siendo crucial en los eventos y fascinante en su historia personal.

El ataque a la embajada (para expulsar a Estados Unidos de ahí) es tan sorprendente como sobrecogedor, puro caos y tensión que pone a los protagonistas al borde de la muerte hasta el punto de que alguno muy querido cae: la pobre Fara. El que no palma es el patético Dennis: magistral la escena en que pide el cinturón para ahorcarse y acabar con la humillación (y traición a gran escala) en que se ha metido, pero tan cobarde es que no lo consigue.

Como capítulo final tenemos otro giro polémico. Los guionistas se arriesgan aun sabiendo las críticas que reciben, porque en vez de un cierre impactante que funcione como lanzamiento del próximo año se montan un epílogo centrado en personajes, pausado, emotivo, sin acción. Y es francamente bueno, porque saca gran partido de los protagonistas… pero al menos sí podían haberse esforzado más por mostrar un evento más trascendental como escena final, que queda un cierre muy sencillo que ha dado pie a otra tanda de espectadores quejicas diciendo que no verán más. Como hemos comprobado en todos los cambios de juego y todas las temporadas pasadas, el tiempo seguramente demostrará el error del pataleo precipitado y exagerado. Si los guionistas siguen como hasta ahora, a Homeland le queda mucha vida, y espero con ganas otra nueva historia sobre terrorismo tan arriesgada, inteligente y aguda como las que nos han ofrecido hasta ahora.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 3.
Temporada 1.

HOMELAND – TEMPORADA 3.

Homeland
Showtime | 2013
Productores ejecutivos: Michael Cuesta, Alex Gansa, Howard Gordon.
Intérpretes: Claire Danes, Damian Lewis, Mandy Patinkin, Morena Baccarin, Morgan Saylor, Rupert Friend, Sarita Choudhury, F. Murray Abraham, Nazanin Boniadi.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo y destripo la temporada al completo.–

La segunda temporada de Homeland, magistral de arriba a abajo y con momentos sublimes, acabó con un golpe de efecto que ponía todo patas arriba y nos dejaba sin idea alguna de cómo podía continuar la historia. La CIA atacada en su sede, Carrie en un limbo laboral y emocional, y sobre todo Brody visto como culpable y a la huida. El tercer año empieza fuerte, sin la trampa de olvidar el golpe de efecto o dejarlo de lado para seguir como si nada, táctica infame que detesto. Los guionistas abrazan con determinación la situación en que se han metido y la llevan hacia adelante, mostrando todas sus consecuencias con habilidad y con conocimiento claro de hacia dónde van. Además, con otro giro sorprendente a mitad de sesión las cosas cambian de nuevo bruscamente. No todo es perfecto, pero sí lo suficiente espectacular como para hablar de otro gran año. Y sumando también la incomprensible polémica que se han empeñado en levantar sobre la nada muchos espectadores, tenemos una temporada que da para escribir muchísimo.

Las implicaciones y ramificaciones que causa el atentado y el descabezamiento de la CIA se tratan con gran realismo, ofreciendo una perspectiva compleja y detallada del asunto, manteniendo muy bien una trama política y de espionaje que ya venía con mucha fuerza del año previo. Saul es el personaje que se come todo este marrón, y lo aguanta de forma fenomenal: se ha convertido prácticamente en el protagonista de la serie. Su lucha por sacar adelante su maltrecho equipo, los envites del senador que pretende ser director de la organización, la presión de los medios, los líos familiares acosándole por detrás y el problema de Carrie mantienen a Saul en constante alerta, estresado, dando el máximo de sí mismo.

Carrie recorre un camino duro y fascinante también. De nuevo vuelve a verse en medio de unos acontecimientos que casi la superan, pero si recae esta vez es por la persecución en la que parece estar envuelta por parte de la CIA y Saul. Nos sumergimos de lleno en sus problemas, cada nuevo paso en su lucha resulta intenso y absorbente… y justo cuando empiezas a preguntarse si saldrá de una vez del hospital, cuando parece que se están excediendo en sus penurias, resulta que es un montaje en el que es colaboradora. El giro no se ve venir, de lo bien que se esconde, y te estampa en la cara la genialidad de los guionistas: todo es parte de un plan de Saul para ponerla en la mira de los enemigos, para intentar sacar a la CIA del hoyo en que se encuentra dando un golpe maestro a la inteligencia iraní.

En cuanto a los secundarios, estos son pocos pero muy interesantes, figuras misteriosas de las que siempre quiero ver más pero aparecen lo justo para complementar a los escasos principales, dejándote con la miel en los labios. Peter Quinn tiene sus propios fantasmas internos que lo llevan a dudar de su lugar en el mundo del espionaje, pero como digo no terminan de darle todo el protagonismo que merece. Dar Adal es aún más frío: sí, se nota una buena dinámica y compañerismo con Saul (y no faltan las breves dudas de lealtad, clásicas del género), pero no sabemos nada de él y no evoluciona hacia nada llamativo. Y este año conocemos a la joven Fara Sherazi, cuya introducción, apareciendo en plena CIA con el pañuelo en la cabeza, es memorable. La chica se hace querer rápidamente, pero siempre queda algo descolgada, y además su labor a veces se exagera: ¿es que nadie más trabaja en la CIA aparte de los personajes con nombre? Por desgracia también pierde mucho protagonismo en el tramo final. El senador, un político conservador estrecho de miras, define bien esa figura habitual del panorama político estadounidense, y resulta odioso pero creíble.

Mientras, no nos olvidamos de que la serie es también un drama, y también de corte realista. La familia de Brody, después de todo lo que ha pasado con el retorno de aquél y la campaña política que puso demasiada atención sobre ellos, da un lógico vuelco con la caída en desgracia del héroe. Ahora se enfrentan al rechazo social más grave imaginable: tu familia albergó al enemigo número uno del país. No me gustó la elipsis del intento de suicidio de Dana (vamos directos a su salida del psiquiátrico), pero luego la acepté, porque lanza con rapidez y eficacia el arco de este año relativo a la chica y por extensión de la familia (aunque es cierto que pasan totalmente de mostrar cómo lleva la situación el hermano). Como es esperable, la familia está destrozada, y Dana en concreto ha llegado a su límite emocional. La única forma de recuperarse es dejar todo eso atrás. Para Jessica seguramente será volver con Mike Faber (no se expone directamente, pero se intuye), quien le dará seguridad como hizo durante la primera ausencia de Brody.

Para Dana el cambio debe ser mayor, porque el simple hecho de estar en esa casa le recuerda la tragedia. Así pues, su intento de huida, que no es más que una ruptura con lo establecido, aunque muy criticado por los espectadores impacientes y que se quedan en la superficie de lo que ven, es imprescindible en la maduración del personaje. Ahí ve que debe independizarse. De ahí a la despedida final con Brody no vuelve a salir mucho, pero tampoco hace falta, han dedicado el tiempo justo y necesario para relatar su trayectoria. Se podría decir que se echa de menos ver las reacciones de la familia ante el retorno de Brody (cuando aparece en televisión desde Teherán), pero sería reincidir en el hecho ya de sobras constatado de que lo odian y rechazan, y viendo que no hay redención de Brody (qué jodidamente cruel es la serie) queda claro que el papel de la familia ha terminado en esta historia.

El nivelazo de los capítulos iniciales, más concretamente los tres primeros, es abrumador, alcanzando el listón de los mejores momentos de la segunda temporada. Te mantienes pegado al asiento constantemente, esperando que en cualquier momento todo se venga abajo, sudando con los personajes y temiendo de lo lindo por Brody, protagonista principal desaparecido durante varios capítulos enteros. Su reaparición en un episodio exclusivo para él es fantástica. Se resume su viaje a través de su estado mental más que con hechos, y su nuevo cautiverio remata las pocas esperanzas que tuviéramos con verlo remontar el vuelo.

Una vez llegamos al ecuador y con el plan de Saul en marcha, como decía la dinámica cambia bastante, demostrando de nuevo la valentía y habilidad de los guionistas. En el primer año dije que el argumento de Homeland tenía enorme potencial pero no pareciera que fueran a salirse de unas líneas muy clásicas, pero el subidón de la segunda sesión me abrió los ojos por completo, y esta etapa confirma que es la serie más arriesgada de estos años tras Breaking Bad.

La forma de llevar a Carrie hacia el enemigo para traer el enemigo hacia nuestro bando está muy lograda. Se exponen con maestría las dificultades del proyecto, lo lejano y complicado que resulta tal objetivo y lo beneficioso que sería lograrlo (geniales las luchas de Saul con el senador). La captura de Majid Javadi y el chantaje para usarlo como topo mantienen el nivel esperado. Los datos sobre que Brody no sería culpable te dan en toda la cara, devolviéndote la esperanza de verlo redimido, pero su retorno es difícil también, pues su lugar en el plan de Saul resulta otra enorme sorpresa. Su recuperación y entrenamiento se sintetiza muy bien en poco tiempo, y los soldados resultan personajes interesantes a pesar de su poca relevancia. Finalmente se despide de Dana y casi de Carrie (porque es una misión casi suicida) y despegamos hacia el desenlace…

Sin embargo, aquí el riesgo y la valentía no van de la mano con una ejecución perfecta. Sí, el gran giro abre nuevas perspectivas que caminan con paso firme durante varios episodios, pero lo cierto es que una vez el plan coge forma y se dirige hacia sus momentos finales, la temporada pierde mucha intensidad, se torna previsible y se cierra de forma bastante convencional. Los tres últimos capítulos, a pesar de tener bastante acción, no se acercan a la fuerza inicial del año ni a lo bien que funciona el segmento central, dejando la sensación de que no se ha rematado como se esperaba algo preparado con tanto esmero.

Las tribulaciones de Brody y Carrie en el curso a Teherán se ven venir de lejos, las dificultades allí sufridas son bastante predecibles, y finalmente casi todo se resuelve como cabría esperar. No hay gran sensación de peligro, porque la narración fluye demasiado lineal, y cuando todo acaba, aunque agradeces que Saul vea llegar a buen término su plan y que Brody parezca librarse de tantas penurias, no se produce en el espectador un gran suspiro de tensión liberada. Ni la muerte de Brody provoca una gran catarsis, pues se ve como un paso muy lógico.

A todas estas historias les falta un envoltorio que genere la atmósfera necesaria, una del estilo del finalazo de la primera sesión o del glorioso episodio Q&A de la segunda. Ojo, no resulta excesivamente grave… pero sí lo suficiente para afear un año que iba camino de ser magnífico también. Es evidente que la estancia en Teherán necesitaba el doble de episodios, dándole más profundidad y alcance. Es como si hubieran cancelado prematuramente la serie y hubieran tenido que resumir las cosas, algo que evidentemente no ha ocurrido. Simplemente los guionistas, en el momento cumbre de la temporada, han estado algo faltos de inspiración, perdiendo un poco el tono habitual de la serie.

Por lo menos el cierre de las tramas personales de Carrie y Saul se lleva su tiempo, aunque también deja un regusto amargo: todo parece tan finalizado y a la vez abierto que no se espera nada concreto para la próxima etapa, pues puede ir sobre cualquier cosa pero será una historia nueva, con lo que empezará con el interés algo mermado.

En cuanto a la polémica, me ha resultado tan sorprendente como molesta, por absurda, incomprensible y, viendo algunos comentarios, casi fanática. Resulta que muchos espectadores rechazan el primer tramo de la temporada y aprecian el final… Justo al revés de lo que la lógica dicta, justo al revés de lo que la temporada es. Esta errónea perspectiva surge de algo que resulta evidente desde el inicio de la serie: la gente espera una de acción plana y sensacionalista, tipo 24, y al tercer año se han cansado de esperar y han empezado a soltar bilis de forma espectacular por la red. Homeland tiene sus virtudes y fallos, o puede gustar más o menos por género y estilo, pero no puedes machacarla por ser diferente a lo que sueñas, es de un ridículo e inmadurez que espanta. Así, las críticas que se suelen ver están llenas de memeces impresionantes, porque es difícil defender la exigencia de que dejaran de lado toda la trama de política y espionaje y el drama para pasar a los tiros. Si te sobra todo lo que la serie es, qué demonios haces soportándola. Lo único bueno de todo esto es que finalmente dicen (más bien lloriquean y exclaman a los cuatro vientos, como si fuera un gran paso) que dejarán de verla, pero lo malo es que se van haciendo mucho ruido y dañando su imagen inmerecidamente.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

HOMELAND – TEMPORADA 2.

Homeland
Showtime | 2012
Productores ejecutivos: Michael Cuesta, Alex Gansa, Howard Gordon.
Intérpretes: Claire Danes, Damian Lewis, Mandy Patinkin, Morena Baccarin, David Harewood, Morgan Saylor, David Marciano, Navid Negahban, Jamey Sheridan, Rupert Friend.
Valoración:

Alerta de spoilers: Revelo todo giro y muerte del año, no se te ocurra leer si tienes pensado verla.–

No tenía muchas esperanzas puestas en la segunda temporada de Homeland tras un sobrevalorado primer año donde parecía que los guionistas se aferraban demasiado a la idea de mantener el statu quo con los métodos clásicos: alargando tramas, metiendo otras de relleno, no atreviéndose a dar pasos que parecían necesarios, etc. Sin embargo mi sorpresa ha sido enorme y muy gratificante cuando he comprobado que desde los primeros minutos la segunda sesión se han lanzado hacia adelante con valor, haciendo avanzar las historias y los dramas personales a pasos agigantados, manejando la tensión, las sorpresas y las revelaciones con maestría. Sólo algunos deslices (alguna cosilla cogida por los pelos) salpican una temporada de las que no se olvidan.

En el lado malo, como ocurrió el año pasado a veces se juega demasiado con el grado de credibilidad de la trama. En líneas generales la ficción parece de corte realista, pero algunos giros o resoluciones se salen un poco de madre. Por ejemplo tenemos el hallazgo de Carrie del escondite oculto de Nazir que no fue visto por decenas de investigadores en una búsqueda intensa, y canta demasiado la forzadísima separación del grupo de agentes que la acompañan para que se enfrente al enemigo ella sola. También pesa la sensación de que Carrie deambula demasiado por la CIA sin que se explique bien cuál es el grado de cooperación que mantiene. Y finalmente hay algunos momentos un poco (o bastante) rebuscados, como el pinchazo y la subsiguiente muerte del sastre, y sobre todo la muerte del vicepresidente: tiene un marcapasos que se puede manejar a distancia (¡con un ordenador!), con lo que, aunque conseguir el código es complicado (únicamente está en su posesión), facilita mágicamente que pueda ser asesinado por nuestro protagonista de forma que parezca un accidente.

Pero son tan solo unas pocas escenas en un año en conjunto memorable donde como indicaba se han corregido otros muchos fallos. Aquí no hay historias secundarias que no llevan a nada, todo avanza a velocidad impresionante y con historias imprevisibles y llenas de sorpresas. Algunas trampas argumentales son muy efectivas (como poner sospechas de traición sobre ese secundario al que yo apuntaba en la primera temporada, el agente Danny Galvez, para darle la vuelta en una resolución estupenda) y otras funcionan a pesar de resultar arriesgadas, como la caída de Nazir, que parece muy fácil pero luego vemos que forma parte de un plan a largo plazo, que hasta él mismo se consideraba sacrificable por el bien de su misión.

El año empieza con un pequeño salto temporal. Carrie está fuera de juego por su enfermedad y trata de salir adelante luchando contra la depresión que supone haber perdido un trabajo que daba sentido a su existencia. La forma en que vuelve a colaborar con la CIA está bien hilada por los guionistas (al principio, luego falla a la hora de dar verosimilitud a su continuada presencia, como decía más arriba), y el momento en que la acción la devuelve a la vida es muy bonito. Tras un tramo donde parecía volverse a la tónica de la primera temporada (la parte del sastre), en seguida llega la primera bofetada del año: Saul se topa con el video que Brody preparó antes del atentado que no consiguió llevar a cabo, descubriendo así para la CIA lo que Carrie llevaba tiempo advirtiendo: que el héroe nacional ha sido convertido en terrorista. El episodio Q&A (205) es de los grandes del año televisivo, un río de emociones y tensión espectacular, un duelo interpretativo de primerísimo nivel, una historia desgarradora en la que no podemos apartar la mirada. Carrie mostrando sus sentimientos para acercarse a Brody, donde no sabemos cuánto es cierto y cuánto no (¿forma parte de su táctica o sigue enamorada?), Brody sumergido por completo en la desesperación, en un abismo donde no ve salida…

Aquí hay que alabar que es una serie trepidante que obtiene la acción mayormente a través de diálogos y dramas personales, algo que no es nada fácil de conseguir. La exquisita construcción de personajes, la habilidad para exponer emociones incluso a través de un velo constante (no siempre sabemos qué piensan o esperan los protagonistas) y también la fantástica puesta en escena y la impresionante labor interpretativa de Claire Danes, Damian Lewis y Mandy Patinkin son los elementos cruciales para lograr que esta serie resulte tan absorbente e intensa.

Una vez con Brody vuelto a traer al lado de la CIA los episodios son un no parar. Los intentos de sacar información a los terroristas, con la congresista Roya Hammad de por medio, las sorpresas inesperadas, como tener a Nazir en territorio estadounidense, las constantes trifulcas personales que agobian a Brody, los quebraderos de cabeza de Carrie… En segundo plano tenemos al no menos interesante Saul Berenson, con historias un poco menos relevantes pero también muy atractivas, así como la incoportación de un nuevo personaje, el agente Peter Quinn, que resulta un aporte muy logrado al rompecabezas que supone la trama de espionaje. Las dudas de Carrie y Saul sobre su lealtad y los constantes momentos donde se prueban mutuamente mantienen buen nivel de expectación, pero es la revelación de su misión para Estes lo que más impacta: deberá asesinar a Brody si cabe la posibilidad de que se descubra que es un terrorista que se le escapó a la CIA y ahora tiene una meteórica carrera política que lo lleva a lo más alto del gobierno del país.

La sección de la hija esta vez está muy bien hilada. Con ella se exponen muy bien los problemas familiares de Brody, para mi gusto mejor que con la madre, que me resulta cansina con tanto alargar su salida o no salida del matrimonio y la de vueltas que se da con el romance con Mike. Con Dana el conflicto da siempre buenas escenas, sin sensacionalismos ni extensiones innecesarias… Y en esto último algunos meten la sección en que ella atropella a alguien, pero a mí esta parte me parece crucial. Primero, porque es otro interesante aporte al lío familiar, pues no olvidemos que la serie tiene un pie en el drama de personajes. Segundo, porque el encubrimiento del asunto magnifica la sensación de podredumbre en la política estadounidense, algo que afecta a varios personajes, sobre todo a Brody, quien con este problema se ve aún más perdido en un mar de mentiras, juegos sucios y traiciones a la ética y al país.

En el tramo final grandes escenas y giros de la trama nos golpean de nuevo, volviendo a demostrar la valentía de los guionistas. La muerte del vicepresidente puede ser un tanto rebuscada en cuanto a ejecución, pero en lo relativo al impacto en los personajes es esencial: Brody ha llevado a cabo su acto de venganza o acto de justicia contra el corrupto y bélico gobierno estadounidense, quitándose un gran peso de encima. Pero cuando parecía volver a encarrilarse, dejando a su mujer definitivamente por Carrie, el plan de Nazir les explota en la cara. Nazir, que tanto ha costado cazar, que casi acaba con la vida de Carrie… El atentado final supone un enorme borrón y cuenta nueva en la dinámica de la serie. Personajes de gran relevancia muertos (Estes), la CIA desmembrada, la población atemorizada… Y la cinta de Brody sale a la luz y todo apunta a que él fue quien realizó el atentado. Pero Carrie le cree (no sin dudas, pienso yo) y lo pone a salvo.

¿Y ahora qué? Con Brody a la carrera y Saul tras él, Carrie de nuevo jugará con su propia agenda. Aparte de eso, no puedo hacerme una idea de lo que tendrán planeado los guionistas, sólo espero que estén tan inspirados como en esta temporada.

Ver también:
Temporada 1.

HOMELAND – TEMPORADA 1.


Showtime | 2011
Productores ejecutivos: Michael Cuesta, Alex Gansa, Howard Gordon, Gideon Raff.
Intérpretes: Damian Lewis, Claire Danes, Morena Baccarin, David Harewood, Mandy Patinkin, Diego Klattenhoff, Morgan Saylor, Jackson Place, David Marciano.
Valoración:

Alerta spoilers: Revelo datos crucial del final de temporada.–

Tras ocho años desaparecido en Irak el sargento de los marines Nick Brody es hallado y rescatado de su cautiverio. Vuelve a casa como un héroe a los ojos de la población y los políticos que aprovechan su fama, pero la CIA debe ser más cuidadosa y por ello analiza si en todo ese tiempo ha podido ser cambiado de bando mediante la tortura y haberse convertido en un agente durmiente, en un terrorista con un plan. Sin embargo, su intachable actitud adaptándose de nuevo a su vida (al menos de cara al público, que su reinicio con la familia es un desastre, como cabe esperar) y lo fiable de sus testimonios quitan pronto la sospecha sobre sus hombros… salvo para Carrie, una agente obsesiva y rebelde que no duda en infringir la ley para espiarlo constantemente. Está convencida de que hay algo oculto en su retorno relacionado con Abu Nazir, el líder terrorista más buscado. Y hará todo lo posible para hallar pruebas.

La parte de los protagonistas está muy bien trabajada. Los caracteres son pocos pero de gran densidad. Sus formas de ser, sus miedos, sus capacidades y limitaciones son definidos y desarrollados con intensidad y realismo, lo que se traduce en que desde el primer episodio sus vidas y problemas resultan sumamente interesantes y se disfruta bastante siguiendo sus historias y esperando con interés su futuro. La adaptación de Brody a su entorno, donde su familia siguió adelante sin él, se muestra con ideas típicas (ella –Morena Baccarin– se lio con otro, la hija adolescente es rebelde) pero bien utilizadas. Cabe destacar también que los hijos no resultan repelentes, e incluso la chica (Morgan Saylor) lo hace muy bien en un papel que toma importancia conforme avanza la sesión. Carrie arrastra sus propios secretos (es bipolar y lo oculta a la agencia, pues si no sería expulsada), y vemos que quien de cara a la CIA es una agente excelente tiene serios problemas de estabilidad emocional. Su mentor Saul (un siempre excelente Mandy Patinkin) suda de lo lindo para que no tire su carrera en conjeturas muy fantasiosas mientras lidia también con sus asuntos propios: este tipo de trabajo impide tener una vida familiar en condiciones, y su intermitente relación con el amor de su vida no levanta cabeza.

Momentos cumbres relativos a estos protagonistas hay muchos de gran impacto, destacando especialmente la caída en desgracia de Carrie cuando su enfermedad vuelve a controlar su vida y sus locuras salen a la luz o los pasos finales de Brody, donde toda la tensión y estrés acumulados son palpables en cada escena (fantástica la preocupación de la hija y lo cerca que está de pillarlo). Los dos actores tienen papeles complejos en los que sumergirse y explotar sus dotes, y no desaprovechan ni una de las numerosas oportunidades que tienen para lucirse: Carrie (Claire Danes) loca y luego desecha da lástima, y Brody (Damian Lewis) en el búnker es un auténtico caudal de terrores fluyendo mientras intenta controlarlos.

Pero la trama de espionaje, conspiración y terrorismo es por el contrario irregular y sobre todo resulta algo tramposa. Al principio fue llamativa e intrigante, pues dado como se presentaba ofrecía un sin fin de posibilidades por donde la serie podría haber navegado. Sin embargo, van pasando los episodios, tres o cuatro, y vas viendo que los guionistas no se van a arriesgar tanto como en apariencia prometían, y que todo se va a limitar a dos opciones: o Nick está tratando en secreto de desmantelar un plan de Abu Nazir, o lo está siguiendo. En el proceso hay mucho humo, mucha vuelta innecesaria que no lleva a ninguna parte y subtramas que no aportan nada llamativo (la amiga infiltrada de Carrie, por ejemplo). Nos tiramos un montón de tiempo varados en una trama ambigua y sin objetivo aparente con capítulos que, aunque entretenidos, realmente no dan nada tangible, pues todos se limitan a mostrarnos a Carrie obsesionada y Nick artificiosamente intrigante. En el tramo final la cosa va tomando forma y por fin se adivina una ruta, pero ésta no resulta especialmente llamativa, de hecho se presenta demasiado sencilla y previsible. Está claro que la bomba no va a explotar, su fallo es completamente predecible, y en general todo el tramo final ofrece una narrativa que se ve venir punto por punto. Y para colmo termina la temporada y nos quedamos igual que al principio: Carrie obsesionada y Brody otra vez en el limbo de si está con Nazir o no.

Otro factor negativo a tener en cuenta es que la consistencia del relato se mantiene constantemente al borde del precipicio. Es arriesgado y complicado mostrar un personaje como Brody sin dejar al espectador incrédulo, y lo cierto es que el nexo se mantiene débilmente: sí, interesa porque el carácter es excelente en su sección dramática, pero cuando se sumerge en la trama de terrorismo, sobre todo cuando se expone finalmente su objetivo, esa justificación no es del todo plausible, queda muy cogida por los pelos porque en contraste con el resto de su vida no parece creíble, no pega que un hombre tan inteligente y fuerte sea un terrorista suicida tan decidido que ni la vuelta a la normalidad en su casa le aparta de su misión fatal. Incluso personajes más exagerados, como Walter de Breaking Bad, me resultan más fáciles de aceptar. En la misma línea de forzar la credibilidad hay muchos instantes a lo largo del año, destacando principalmente una falla muy gorda: que Brody se pasee con el chaleco explosivo medio día entre un montón de personas (con roces y contactos varios incluidos) sin que nadie note nada… La idea es sencillamente absurda.

Pero lo previsible o facilón no resulta un lastre tan grande como para hundir la serie, porque dos factores levantan la calidad del producto. El primero es la citada vida diaria de los protagonistas, cuya gran calidad hace de la historia algo tan atractivo que aunque lo que sucede sabe a poco en un momento o se ve venir en otro, se vive con cierta expectación porque seguimos de cerca y con interés sus vidas. El segundo es la puesta en escena, muy profesional y capaz de dar ritmo y vida a episodios no especialmente complejos. De hecho, el último dura hora veinte, convirtiéndose en un thriller casi cinematográfico de buen nivel, no extraordinario pero sí plenamente satisfactorio como entretenimiento. Carrie hundida y rechaza hasta por su amigo y mentor y Brody tenso y muerto de miedo por la cercanía de su objetivo son momentos de gran fuerza, y debo decir que el minuto último del año es un cierre espectacular: Carrie recordando el dato crucial que destaparía a Brody justo antes de la operación en la que perderá la memoria es un clásico utilizado con sumo acierto.

Así pues, está claro que Homeland funciona más como drama que como thriller, aunque lo lógico sería que si su trama se halla firmemente anclada en un género sea esa parte la más destacable. De todas formas las virtudes superan bastante a los fallos y se obtiene una temporada bastante atractiva. Es de agradecer que por fin se ofrezca un thriller de espionaje que no es procedimental repetitivo o acción sin mucho detrás. No llega al nivelazo de Rubicon, pero cumple bastante bien. Eso sí, para mi sorpresa muchos la tratan no sólo como el mejor estreno del año (claramente superiores son American Horror Story o Boss) sino también como una gran serie, y para mí es indudable que dista de serlo. Además me deja la sensación de que dado lo visto en este primer año es muy improbable que vaya a más en próximas temporadas. Pero ojalá me equivoque y sepan mejorar los problemillas que han limitado su potencial.

PD: no sabía dónde meterlo: lo del topo en la oficina queda en el aire, pero como sólo hay un secundario en la agencia lo más seguro es que sea él.