Archivo mensual: noviembre 2016

FALLECE RON GLASS, DE FIREFLY.

El 25 de noviembre fallació el actor Ron Glass a los 71 años de edad. Inició su carrera en los setenta, pasando por infinidad de telecomedias, entre las que destaca Vida y milagros del Capitán Miller (Barney Miller, 1974-1982). También puso voz en algunas obras de animación. Pero seguramente será recordado por su presencia en Firefly, efímera pero de gran éxito. En los últimos años tuvo apariciones esporádicas en varios prodecimentales policíacos.

Fuente: New York Times

Anuncios

NARCOS – TEMPORADA 2.

Netflix | 2016
Thriller, histórica | 10 ep. de 50 min.
Productores ejecutivos: Carlo Bernard, Chris Brancato, Doug Miro, José Padilha…
Intérpretes: Wagner Moura, Boyd Holbrook, Pedro Pascal, Tata Escobar, Maurice Compte, Raúl Méndez, Jorge Monterrosa, Paulia García, Diego Castaño, Julían Díaz, Joanna Christie, Alberto Amman, Bruno Bichir, Leynar Gomez, Mauricio Cujar, Cristina Umana, Damian Alcazar.
Valoración:

En esta segunda temporada se nota cierto desgaste, una sensación de que le falta algo de savia al guion, de garra en el desarrollo de tramas y personajes, cuando en su año inicial tenía más ritmo y fuerza y prometía ir creciendo. Sigue siendo una serie correcta y un buen entretenimiento si te engancha su peculiar estilo, pero falla en el aspecto que diferencia las obras buenas de las notables: cautivar, impactar, quedarse en la memoria.

En los primeros capítulos los autores se atascan con la dinámica elegida, eso de combinar la narración histórica (voz en off, resúmenes, recopilación de datos) con el drama y la acción. Las imágenes ofrecen bastante información pero no parece ocurrir nada relevante. No se logra el ritmo adictivo de su primera etapa, donde pasaba de todo y cada cosa estaba relacionada de una forma u otra con las demás y el conjunto avanzaba con determinación. En otras palabras, parecen ir con el piloto automático puesto. No logran dotar de la pegada necesaria a la historia hasta que lo tienen muy fácil, o sea, cuando llegan acontecimientos muy llamativos. Conforme todos los bandos empiezan a tomarse en serio la necesidad de deshacerse de Escobar el interés sube bastante, ya que las distintas secciones quedan más definidas y hacen avanzar el conjunto en una dirección concreta. Además cobran más presencia las escenas “en directo”, o sea, los personajes actuando, que las situaciones narradas. Estas se van supeditando cada vez más hacia el apoyo: recordar cosas necesarias, resumir otras que no necesitaban estirarse.

Murphy y Peña están asqueados de sus esfuerzos inútiles, y en la cadena de mando colombiana también se nota el callejón sin salida: el presidente César Gaviria y los mandos principales no ven soluciones efectivas por más que le dan vueltas al complicado tema. Pero no por ello desisten en su persecución del cártel de Escobar. La ayuda de EE.UU., el recurso tan polémico de Carrillo, y la recuperación del coronel Martínez, un líder con paciencia y experiencia, van cerrando el cerco, sin llegar a capturar a Escobar pero forzando que tenga que huir y estar en alerta constantemente. Con el acoso, Pablo pierde la visión global que otrora lo llevó a controlar mejor la situación, pues combinaba cuidadosamente sobornos, atentados y estrategias de narcotráfico eficaces. Ahora se aferra al trono, crece su ego y empieza a tener una perspectiva más cerrada: soy el puto amo y voy a usar la fuerza bruta contra quien se me oponga. En esta espiral de violencia descontrolada termina con pocos amigos. Hasta los otros cárteles importantes, que intentaban mantenerse aparte cediendo lo justo para que no hubiera guerra, se ponen las pilas para tratar de acabar con él.

Y aun así no logran su objetivo. Pero al contrario que los ligeramente desganados primeros capítulos, este punto muerto está bien aprovechado, explotando el factor intriga y sacando gran partido de la situación que se va gestando. Todas las cartas están sobre la mesa y Pablo sigue sin ser capturado. ¿Qué más opciones hay? Las distintas facciones empiezan a tantear ideas y estrategias extremas que antes ni se planteaban, pues estaban lejos de su visión del mundo o porque suponen remover avisperos con consecuencias impredecibles. La entrada en el tablero de la guerrilla revolucionaria, el coqueteo de algunos agentes con las acciones fuera de la ley y nuevos pactos antes inverosímiles entre los cárteles terminan de acorralar a Escobar, llevándolo hacia el abismo a marchas forzadas. Una de las consecuencias más inesperadas de la cada vez más caótica situación es la presencia del nuevo fiscal, empeñado en que la persecución de Pablo y su familia debe atenerse a la ley. Pero los mejores momentos los ocupan el agente Peña con su juego a dos bandas y la sección del cártel de Cali, que para la serie supone arreglar un error que mencionaba en el primer año, la falta de relevancia que se les daba a los otros narcotraficantes.

Para el tramo final los autores prescinden del estilo documental y abrazan el drama personal por completo, llegando incluso a tener capítulos muy introspectivos. En uno seguimos las penurias de la familia de Escobar por encontrar un sitio donde vivir, en el otro tenemos al propio Escobar en sus últimos días de vida, refugiándose con su padre. Ambos son muy clásicos en la fórmula de explotar al máximo los últimos instantes de la odisea de los protagonistas, de hecho lo del individuo aislado enfrentado a su pasado y a su yo interno no podía ser más predecible… Pero aunque sea ir sobre seguro la cosa funciona, juegan bien con el tono melancólico y la tensión latente. Además en el cierre del año, dedicado obviamente a mostrar los últimos pasos en la caza del capo de la droga más grande de todos los tiempos, vuelve a subir la intensidad, llevando la contención previa a un clímax de intriga y acción muy efectivo donde cabe destacar el gran nivel de la puesta en escena, pues no sabes si estás viendo una película tipo Jason Bourne o una serie.

Ahora queda por ver si este ligero bajón es solventado en la forzada extensión que se han montado, pues habrá nuevas temporadas centradas en el cártel de Cali; se nota que lo tenían en mente, viendo el aumento de su presencia, pero yo tengo muchas dudas de que despierte la misma pasión sin su magnético protagonista principal.

Ver también:
Temporada 1.

FALLECE RON THORNTON, CREADOR DE LOS EFECTOS DIGITALES DE BABYLON 5.

Ron Thornton no será conocido por el gran público, pero ha sido una figura esencial en el mundo de las series de televisión, ya que fue un pionero en la introducción a gran escala de los efectos digitales con su gran trabajo en Babylon 5 y Star Trek Voyager, principalmente. De hecho fue crucial para que Warner Bros. aprobara un proyecto tan arriesgado como Babylon 5, llamando su atención con un pequeño video que mostraba el potencial del ordenador y lo que pretendían conseguir en la serie.

Fuente: Hollywood Reporter

DARK MATTER – TEMPORADA 2.

Space | 2016
Ciencia-ficción | 13 ep. de 43 min.
Productores ejecutivos: Joseph Mallozzi, Paul Mullie.
Intérpretes: Melissa O’Neil, Anthony Lemke, Alex Mallari Jr., Jodelle Ferland, Zoie Palmer, Roger Cross, Marc Bendavid, Melanie Liburd, Shaun Sipos, Torri Higginson, Kris Holden-Ried, Inga Cadranel.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo menciono por encima las tramas principales.–

No me convence el inicio de la temporada, es un receso un tanto forzado y predecible. De hecho da la impresión de que los guionistas intentan terminar rápido con la estancia de los protagonistas en la cárcel, a sabiendas de que es una transición que paraliza las tramas conocidas y nos ubica en un escenario poco seductor. Pero acelerar las cosas no funciona, porque al reducir la longitud de esta historia que sabes que pasará a mejor vida sin dejar mucha huella, como consecuencia todo ocurre muy rápido y las cosas les salen muy fácil a los personajes. Quizá podrían haber ideado una trama donde escaparan por los pelos en el transporte que los lleva allí, pero se embarcaron en esto y deben cumplir.

Por otro lado, en estos primeros capítulos surge otro punto gris: la muerte un personaje principal resulta un tanto fallida. Dicen los realizadores que lo planearon así, pero esta desaparición repentina parece la clásica solución a la salida precipitada del actor (sea por peleas o porque se larga tras un papel mejor), pues cuando en una serie matan a un protagonista siempre maximizan el golpe, incluso muchas veces tirando más de la cuenta de sentimentalismo. Pero aquí lo fulminan de mala manera, dejándote una sensación amarga, de improvisación poco meditada. También sobre la marcha parece la búsqueda de un sustituto, donde utilizan el truco de meter varios personajes secundarios y ver cuál funciona mejor. Eso sí, esta jugada les sale bien. Primero, porque la presencia de nuevos caracteres da más juego con su variedad de historias, y segundo, porque el rol elegido para quedarse es muy atractivo (sí, empezando por el físico, pero ya sabemos que el sexo vende).

Una vez a bordo de la Raza volvemos a la dinámica habitual, sin que esto signifique “la rutina de siempre”, porque las virtudes de la primera etapa siguen ahí y se amplían: la exposición gradual de un universo creciente, la evolución constante de unos personajes magnéticos. La búsqueda de pistas sobre sus pasados da pasos importantes, con algunas decisiones difíciles que cada uno tomará a su manera. Unos decidirán recuperar la memoria completamente, aunque sepan que eso destruirá las relaciones actuales, otros tratarán de buscar redención, otros de seguir adelante con lo que tienen ahora…

El resto del universo les pondrá las cosas más difíciles. Vamos conociendo mejor a las grandes corporaciones, su alcance, sus ambiciones, sus peleas entre sí… y cómo estas van tras nuestros amigos con un interés u otro. Y no me olvido de la Autoridad Galáctica, que también los tiene en el punto de mira; el agente encargado de su persecución es un rival duro de roer para la tripulación. La situación empeora cuando en la Raza se hacen con una tecnología avanzada que todos desean, pues promete cambiar el curso esperado de los próximos acontecimientos: una más que probable guerra. La banda deberá decidir qué hacer con ese poder tan grande, si defender al pueblo llano, que será el principal afectado, si atacar primero, si tomarla para beneficio propio… Así, por si no tenían bastantes roces entre ellos, esto tensa la situación muchísimo. Además hay que sumar que casi todo les cae encima de improviso, rompiendo sus ya de por sí caóticos planes. Es decir, cada capítulo cambia las cosas de forma inesperada y los pone ante encrucijadas con distintas posibilidades, manteniendo el interés y la intriga en niveles muy altos.

El factor ciencia-ficción también aumenta. Decía en el año anterior que la serie no parecía ambicionar mucho más allá de la aventura de supervivencia, pero aparte de la cada vez mayor complejidad del entramado sociopolítico tenemos también cada vez más elementos del género: las tecnologías y otros aspectos de la vida cobran importancia, como el sistema de transportes mediante clones, esencial en algunas misiones; la trama de la androide aumentando sus capacidades emocionales es fascinante (y qué bien lo hace Zoie Palmer); y un capítulo concreto se embarca en una historia de ciencia-ficción de nivel: aquel en que se presenta el tema de los analistas del futuro (sí, obviamente recuerda a Asimov) es para enmarcar.

Pero sigue faltándole algo. Está la sensación constante de que es una producción de “serie b”, o sea, una obra de género donde no terminan de explotar algunas de su buenas ideas porque no aparenta haber ni el dinero ni el talento suficientes. A veces parecen existir dos grupos de guionistas, porque no es normal lo salida de madre que resulta la trama del asiático, con delirantes golpes de estado y clichés de familias y traiciones muy tontos que contrastan demasiado con las demás líneas, donde se ve un drama más coherente y giros eficaces (y atención al casting, como si costara encontrar asiáticos en Canadá). También hay algún agujero de guion, como eso de que a Portia con sus mejoras físicas la electrocución no le afecte en un capítulo pero en el siguiente se olviden de ello. En cuanto al aspecto visual, el presupuesto del nuevo año se emplea bien en nuevos decorados, más escenas en el espacio y sobre todo mejoras llamativas de vestuario, pero en cambio a la hora de rodar sigue pareciendo de segunda división; concretamente las peleas cuerpo a cuerpo (por las que tienen predilección) son muy flojas, con coreografías que a veces dan vergüenza ajena (qué manía con dar vueltecitas delante del contrincante, mostrándole la espalda). Y hablando de divisiones, todavía le pesa un montón la estructura de televisión anticuada, donde fuerzan el momento de tensión de rigor antes de los cortes para publicidad; se hacen verdaderamente cargantes.

En resumen, parece que Joseph Mallozzi y Paul Mullie siguen explorando qué serie pueden ofrecer, teniendo aciertos, como el lanzarse continuamente hacia adelante sin temor y manteniendo el buen nivel de los protagonistas, y fallos, como la improvisación, los altibajos y excesos.

Ver también:
Temporada 1.