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THE CHICAGO CODE – TEMPORADA ÚNICA.

FOX | 2011
Productores ejecutivos: Shawn Ryan, Tim Minear.
Intérpretes: Jason Clarke, Jennifer Beals, Delroy Lindo, Matt Lauria, Billy Bush, Devin Kelley, Todd Williams, Cynthia Kaye McWilliams.
Valoración:

La primera temporada de The Shield fue impresionante, una presentación estupenda y una rompedora declaración de intenciones. Pero además la serie fue creciendo año a año, yendo siempre más allá, retorciendo los guiones hasta hacer cosas imposibles, con lo que el trabajo de Shawn Ryan se ganó merecidamente un hueco entre las grandes series de la historia. The Chicago Code empieza de manera semejante, quizá no tan original estilísticamente hablando pero sí ofreciendo una producción policíaca impecable y con un sello propio muy identificable. Sin embargo, donde una triunfó la otra pasó sin despertar el interés de nadie. Nos quedamos sin ver si The Chicago Code hubiera conseguido en unas pocas temporadas más crecer tanto como para hablar de otra maravilla histórica. Yo desde luego creo que había muchísimas posibilidades de que así hubiera ocurrido. Así pues, ya tenemos otra serie para anotar en las listas de genialidades canceladas antes de tiempo.

Como suele ocurrir, probablemente el fracaso sea debido a que no era para el gran público. Quizá era demasiado buena e inteligente para emitirse en FOX y esperar de ella las audiencias propias de una producción de cabecera de una cadena en abierto. Es una lástima, pero lo que arrastra el grueso de la audiencia hoy día son los procedimentales, los episodios que no exigen fidelidad ni esfuerzo. The Chicago Code es un soplo de aire fresco en un panorama donde sobran numerosos clones de CSI, pero parece que el viento sopla todavía demasiado fuerte en sentido contrario. Seguramente en FX, filial de FOX dedicada a un rango menor de público, más adulto y exigente, hubiera funcionado mejor. Sons of Anarchy triunfa ahí, y la misma The Shield fue su mejor y más vista producción, porque se espera de ellas más calidad que audiencia.

Sea como sea, la temporada que nos queda es modélica tanto en el género policíaco como en la televisión en general. Es una creación brillante, magnífica, que derrocha calidad en cada maldito plano. Todos los episodios son un festín de genialidades, de diálogos perfectos, giros impresionantes y en general tramas desarrolladas con una habilidad increíble. Y todo ello redondeado con una puesta en escena brutal, sobre todo en las partes más intensas, como las persecuciones, que ofrecen secuencias tan jodidamente buenas que pocas películas las superan.

Del tramo inicial ya hablé en mis primeras impresiones. Como presentación he visto muy pocas de semejante nivel. Introduce de maravilla a los protagonistas, la trama central de la serie y el estilo con el que nos van a contar las cosas. Pocos personajes, pero de gran fuerza todos ellos, nos acompañan en historias policíacas complejas y realistas que abarcan desde el agente más bajo a los políticos más importante implicados en las fuerzas de la ley. Los diálogos son tan veloces que cuesta seguirlos, el desarrollo de las investigaciones te deja sin aliento tanto por la velocidad de los acontecimientos como por su denso y sólido entramado. Parece imposible que tantas cosas quepan en cuarenta minutos, y de hecho llega un momento en que cabe pensar que les ha faltado tiempo, episodios. El compañero de Wysocki, Caleb, apenas ha empezado a desarrollarse, y la sobrina y su compañero quedan a veces bastante descolgados del hilo principal, aunque estos dos personajes son bastante buenos y sus historias interesantes. El grueso de la función se centra en las tres figuras principales que presento en las primeras impresiones: la superintendente Teresa Colvin, el concejal Ronin Gibbons y el detective Jarek Wysocki. Los tres salen muy bien parados, ofreciendo un duelo de personajes espectacular, y los tres están interpretados de forma loable: Delroy Lindo impone y aterroriza en cada aparición, componiendo un villano de los que acojonan, Jennifer Beals borda su papel de mujer fuerte y decidida en constante lucha en un mundo extremadamente hostil (en los últimos capítulos se muestra cómo afecta eso a su vida privada, aspecto que seguramente también se ha quedado corto de tiempo), y Jason Clarke imprime a Wysocki de forma excelente la arrolladora fuerza de un detective de reputación intachable (completamente opuesto al corruptísimo Vic Mackey, protagonista de The Shield).

Baja la intensidad en el tramo central, pues obviamente no todos los capítulos iban a estar centrados en el hilo principal (acabar con Gibbons) y era de esperar que hubiera casos más tradicionales. Sin embargo ninguno deja la sensación de ofrecer algo rutinario, cosa muy esperable dado que estamos ante la enésima serie de policías. Los quehaceres diarios de los agentes, los roces internos, los conflictos políticos, los casos que investigan… todo se mantenía en un nivel espléndido gracias a la extraordinaria calidad de los guiones.

En parte porque seguramente la temporada cerraría un ciclo y en parte porque probablemente veían venir la cancelación, los guionistas apuran un desenlace que cierra la historia casi al completo, lo que es muy de agradecer, pues así se puede ver como un todo y evita las horribles sensaciones que deja ver una gran serie cortada abruptamente. Pero como consecuencia la transición hacia el desenlace pierde algo de fuelle, fruto de la necesidad de cerrar todo rápidamente: no daba tiempo a desarrollar cosas muy enrevesadas y alguna situación se resuelve con tramas algo previsibles. Por ello el penúltimo episodio resulta el único que no deja plenamente satisfecho e incluso auguraba un desenlace insatisfactorio. Sin embargo en el capítulo final se lanzan de nuevo, añadiendo variables inesperadas (la sorpresa sobre el hermano de Wysocki) y consiguiendo que la tensión llegue a un máximo que te deja sin aliento. Hacía tiempo que un episodio no me mantenía tan inquieto, temeroso por el destino de los protagonistas. El caso montado a duras penas y a toda prisa, el temible concejal luchando hasta el último momento con tácticas tan sucias que dan ganas de hostiarle (se le coge un asco impresionante al personaje)… Parece que todo se va a ir al traste en cualquier momento, la tensión es palpable en cada escena… pero por fin llega la detención y sueltas un suspiro de alivio.

La calidad de este final también expone el único problema notable de la serie: te das cuenta de que si con prisas han construido semejante barbaridad de episodio y desenlace, imaginar lo que nos hemos perdido si hubieran tenido tiempo para desarrollarlo todo tranquilamente a lo largo de al menos un par de temporadas más resulta descorazonador.

The Chicago Code se va como llegó, con episodios de infarto, ofreciendo una lección de calidad que no debería ser olvidada. Una de las grandes del año, sin duda.

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THE CHICAGO CODE… CANCELADA.

La FOX ha hecho ronda de cancelaciones, y para mi sorpresa entre ellas ha caído la estupenda The Chicago Code. Es sin duda uno de los mejores estrenos de la temporada, pero lamentablemente no tenía mucho apoyo del público y FOX no es de las que otorga segundas oportunidades. Shawn Ryan se topa con su sengunda cancelación (la otra fue Terriers) tras arrasar con The Shield, una de las series más grandes de la historia. The Chicago Code empieza más o menos como The Shield: derrochando calidad y ofreciendo un producto de acción entretenidísimo. ¿Por qué una funcionó y la otra no? Las elecciones de los espectadores son incomprensibles. De hecho, mientras se va esta maravilla se prepara un spin off de Bones. ¿De verdad? ¿De verdad atrae otro procedimental clónico?

El golpe me ha dejado bastante cabreado. Es triste que series del calibre de Rubicon y The Chicago Code no calen. Nos quedamos sin ver si como cabría esperar seguía los pasos de The Shield, es decir, si cada temporada iba a más y más. Y aunque no creciera, lo que está ofreciendo la primera temporada es magnífico.

THE CHICAGO CODE – PRIMERAS IMPRESIONES.

No había seguido el rastro a Shawn Ryan tras finalizar The Shield, esa obra magna que supone un hito indispensable en las series policíacas y que sería la mejor de no existir The Wire, aunque lo correcto es decir que ambas se complementan, pues tienen estilos opuestos. Pero de repente me topo con una recién estrenada The Chicago Code. Me pongo a ver el piloto sin saber ni esperar nada concreto y se me cae la boca al suelo, pues a los pocos minutos ya sabía que estaba viendo uno de los mejores episodios piloto de la historia de la televisión. Y llevo cuatro episodios y lo tengo clarísimo: The Chicago Code va para obra maestra.

Como en The Shield, estamos ante una de acción policíaca que trata la corrupción de los cuerpos de la ley, pero aquí no son los policías protagonistas el cáncer que destruye por dentro el sistema, sino lo contrario, son los héroes rara vez reconocidos que luchan contra la inmundicia, topándose con todas las barreras y rechazos habituales (como compañeros a los que no les gusta estar en el punto de mira, por ejemplo). El enemigo se concentra hasta ahora en un único personaje, un villano de gran peso y presencia imponente, el concejal Ronin Gibbons que mueve toda la ciudad de Chicago a su antojo y hasta ahora resulta un rival inalcanzable para la superintendente de policía Teresa Colvin, tan dotada como decidida y cuyo objetivo principal es acabar con la corrupción de la ciudad, aunque eso le granjee infinitos enemigos.

El número de protagonistas es notablemente inferior al de The Shield, centrándose principalmente en tres figuras. Aparte de estos dos presentados tenemos un detective respetado por los veteranos y temido por los novatos, Jarek Wysocki, sobre el que la superintendente se apoya en su misión de derribar al concejal. En menor plano encontramos a su nuevo compañero, Caleb Evers, un joven bastante prometedor, y también a una pareja de policías, siendo uno de ellos un agente entusiasta y su compañera la sobrina de Wysocki. Aparte de un agente infiltrado que aparece de vez en cuando por ahora no hay mucho más, pero lo que tenemos es de calidad. La presentación de los caracteres es modélica, probablemente la mejor que he visto en una serie. En un par de escenas ya los tienen perfectamente definidos, en especial gracias al hábil recurso del flashback descriptivo que los guionistas encajan tan bien en la historia.

Y el reparto está a la altura. El detective Wysocki lo retrata Jason Clark con energía y carisma. El concejal está en manos de un actor de sobra consagrado en televisión y cine, Delroy Lindo, quien hace de su oscuro personaje alguien que impone con su sola presencia. Pero el plato fuerte de la función es Jennifer Beals (otrora protagonista de The L Word), la todopoderosa y arrojada superintendente. La actriz, que por cierto aparenta diez años menos de los que tiene, está inspiradísima, impresionante en cada aparición, y promete dar uno de los personajes del año.

El ritmo más que trepidante es demencial. La narración va a toda prisa saltando entre escenas, soltando datos por todos lados, metiendo entre el caso del día (todos magníficos por ahora) la trama principal y desarrollando ambos hilos a una velocidad pasmosa. No se da todo mascadito, sólo se muestra lo necesario. No hay tiempo para respirar ni para apartar la mirada de la pantalla, pero lejos de resultar caótica la trama es sólida, sin huecos ni líneas mal hilvanadas, y la estupenda puesta en escena nos ubica perfectamente en cada lugar y momento sin que perdamos el foco de los acontecimientos. Quizá el único pero hasta ahora es que a tal ritmo casi agota seguir la historia, pero es probable que la cosa se calme tras el habitual inicio que suelta mucho de golpe para tratar de impactar.

Volviendo a la puesta en escena, se nota la libertad que da un presupuesto claramente generoso. Exteriores por doquier, escenas a lo grande aunque duren segundos, persecuciones rodadas con gran planificación, una fotografía excelente y unas labores de dirección que trasladan con precisión el ritmo de los guiones dan como fruto una serie visualmente tan perfecta como espectacular.

Es de esperar que el entramado de personajes e historias vaya adquiriendo más niveles y complejidad, así que salvo que pierda el horizonte o las audiencias no acompañen no me queda otra que decir que The Chicago Code va con toda probabilidad para obra maestra.