MINDHUNTER – TEMPORADA 2


Netflix | 2019
Suspense, drama | 9 ep. de 48-63 min.
Productores ejecutivos: David Fincher, Charlize Theron, Jennifer Erwin.
Intérpretes: Jonathan Groff, Holt, McCallany, Anna Torv, Stacey Roca, Joe Tuttle, Albert Jones, Lauren Glazier, Gareth Williams, Nate Corddry, Dohn Norwood.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las líneas principales de la temporada. —

A la hora de publicar esto no he encontrado declaraciones oficiales ni artículos que especulen con lo que ha pasado, pero está bastante claro que el creador de la serie, Joe Penhall, ha abandonado el barco. En los créditos aparece como “creador”, una cita obligatoria, y más escondido como “consultor”, a pesar de que se sabe que al menos hasta enero estuvo trabajando en la segunda temporada, lo que le habría valido un cargo de “productor” o de “guionista” (“story by” en algún episodio, al menos), mientras que “consultor” viene a ser un puesto honorífico con sueldo que suele darse cuanto te despiden y no quieren que armes jaleo. Estoy convencido de que se debe a que Fincher, que se fue imponiendo en todo aspecto creativo el primer año, ha terminado haciéndose con el control total y Penhall se ha largado o ha sido despedido. Los nuevos guionistas principales son Joshua Donen y Courtenay Miles, colaboradores habituales de Fincher, aunque hasta ahora más en el aspecto de la producción que de la escritura.

El desenlace de la primera temporada cayó en el único traspiés notable que tuvieron los autores en la presentación de la serie: dejamos a los personajes en un final bastante sensacionalista que no encaja en el tono tan serio y realista que habían planteado. Por suerte, ha sido un desliz breve. La segunda etapa vuelve a encarrilarse abordando las consecuencias de aquellos hechos con la narrativa sobria y sutil tan característica.

Lo que parecía el bache más importante y peliagudo durante el proyecto de los protagonistas se toma como otra anécdota en la dinámica y la política del trabajo: la alteración de unas declaraciones y el chivatazo del nuevo miembro del equipo se despachan muy rápido, con lo que cabe pensar que no deberían haberle dado más relevancia que a otros conflictos. Las dudas de lealtad, los roces personales y sobre todo la lucha por sacar adelante su investigación en una cadena de mando llena de intereses (la mayor parte conservadores) ya estaban ahí y siguen trayendo nuevos problemas la mar de interesantes.

Al ataque de pánico de Ford se le dio demasiado dramatismo para que al final no tome tanto protagonismo y sea sólo otra característica más de su personalidad, y las hay más importantes, como su ambición superior a su experiencia y su nulo tacto político propiciado por sus ganas de quedar como un héroe. ¿Madurará o seguirá chocando contra sí mismo una y otra vez? La ruptura sentimental de Wendy parecía muy mundana para una obra tan inteligente, pero por suerte la nueva pareja da mucho más juego, pues se abordan mejores análisis sobre el comportamiento humano, que es de lo que va la serie. Se ve obligada a separar su vida personal de la laboral, pues ve que ni en ese ambiente tan progresista abunda la tolerancia a otras formas de entender la vida. Los líos familiares de Bill se relacionan mejor con la parte policíaca, pues confiere a las investigaciones una perspectiva más humana, más dramática. Enfrenta en sus carnes lo que está estudiando cuando su hijo acaba implicado en la muerte de otro niño: ¿y si es como esos asesinos en serie?, ¿cómo puede evitarse que una persona crezca siendo así?

Hay que alabar el papel de los tres protagonistas principales, Jonathan Groff, Holt McCallany y Anna Torv, que están impresionantes en el difícil tono de la serie, la contención, los suspiros, las miradas… Son capaces de reflejar cualquier estado de ánimo con gestos velados y silencios.

Secundarios hay pocos pero tan interesantes que deseas que aparezcan más. Gregg Smith (Joe Tuttle) intenta superar sus problemas para integrarse saltando a realizar entrevistas, pero verá que tiene mucho que aprender. El nuevo jefe (Michael Cerveris) parece simpático y dedicado… pero pronto se ve que es más bien ladino y que la dedicación va encaminada a su carrera profesional. El agente Jim Barney (Albert Jones), que era el candidato perfecto para el puesto que tomó Smith por enchufe, acaba colaborando con ellos; su profesionalidad y dedicación darían mejores frutos… si no fuera negro. La mujer de Bill, Nancy (Stacey Roca), representa muy bien el lado civil, los que no son capaces de entender y soportar la violencia y crueldad de la que hacen gala algunas personas… sobre todo si son conocidas. Y hay que destacar de nuevo el gran trabajo de caracterización que han hecho con los asesinos reales que aparecen. Todos están fielmente representados, resultan fascinantes a la par que inquietantes, y con ellos los autores canalizan muy bien los temas que quieren tratar. Eso sí, al final, el menos llamativo ha sido el más hablado estos días, Charles Manson.

Sigue habiendo unas pocas entrevistas a convictos que mantienen la línea compleja e instrospectiva habitual. Cada una aporta vivencias a los personajes, los lleva a conocerse mejor, y también deja sesudas reflexiones sobre el ser humano. Pero sabiamente los autores evitan el desgaste o la sensación de estancamiento saltando pronto a un caso que servirá de arco central esta temporada. No rompe las formas, pues se trata con el mismo estilo metódico y profundo, pero nos lleva a nuevos escenarios y a aplicar lo que los protagonistas han ido estudiando.

El FBI va modernizándose poco a poco, y llegan mejores tiempos para la Unidad de Ciencias del Comportamiento. No será un camino de rosas, pero sus esfuerzos empiezan a dar frutos: son respetados por sus compañeros y poco a poco su labor influye en otros cuerpos de la ley y en la política. En esta nueva fase enfrentan un paso crucial: pondrán en práctica lo aprendido con el perturbador asesino de niños de Atlanta, que se cree que dejó un reguero de treinta adolescentes, sembrando el pánico en la región.

Entramos en una investigación en la onda de The Wire (David Simon, 2002), pero con una perspectiva más sórdida y psicológica. Hay análisis social y político con gran visión global y obsesión por el detalle, pero se mantiene por encima de ello el sombrío e intimista acercamiento a la mente humana. Los condicionantes sociales y familiares, los traumas durante el crecimiento y los análisis éticos se dejan entrever en todo momento con una verosimilitud y sensibilidad insólitas.

El ritmo mantiene el tono sosegado pero hipnótico del primer año. Hasta la conversación más larga y tranquila cautiva por su sugestivo trasfondo y la fantástica puesta en escena con el toque Fincher, capaz de sacar una belleza inquietante hasta de la habitación más anodina. De nuevo Mindhunter te engancha y no te suelta, y te llama para volver a verla y buscar detalles que se te hayan escapado. Por ello me sorprende y apena ver a algunos espectadores decir “no pasa nada, es muy lenta”, cuando en cada plano, frase y gesto hay algún matiz que aporta esencia al conjunto. Un suspiro o mirada en una de las entrevistas refleja la reacción y maduración de los personajes, y esto tendrá consecuencias más adelante. Desde luego, no está hecha para quienes esperan hechos simples y directos, como un flashback que te dé mascadita la escena del crimen y una persecución molona.

El tener una investigación policíaca más clásica, por bien ejecutada que esté, limita un poco el factor originalidad con que asombró tanto en la primera temporada, pero pegas reales encuentro pocas. La historia de Wendy vuelve a quedar un poco descolgada en la parte final, no son capaces de mantener al personaje en el foco con algo más interesante que un nuevo conflicto amoroso, pero al menos no faltan a la historia real metiéndola por la fuerza en el caso. Hay un giro al final que, sin más explicaciones, hay que considerarlo poco meditado o un agujero de guion; lo comento más abajo. No me ha gustado que en una obra siempre tan arriesgada opten por incluir el típico epílogo de reposicionamiento de personajes mediante un montaje de escenas cotidianas y musiquita facilona. Me molestan algunas traducciones que hace Netflix en España: los detectives son convertidos en inspectores y los comisarios en directores, y ni por asomo es lo mismo. Y, sobre todo, pesa el miedo a que la cancelen porque es demasiado exquisita y exclusiva y la vemos muy pocos espectadores.

Alerta de spoilers: Entro en un aspecto importante del final.–
Que la mujer de Bill se largue con el niño está muy cogido por los pelos. Estando en plena evaluación de los servicios sociales, si se ha escapado sin avisar de la separación y si se ha ido a otra ciudad, como decía poco antes que le gustaría, la pondría prácticamente en busca y captura por la justicia y podría perder la custodia. Bastaba incluir una escena con ella explicando que su marido genera un ambiente inadecuado para el niño y los servicios sociales aceptaran un divorcio exprés; espero que empiece así la siguiente temporada y tape el agujero, si no, será un giro sensacionalista que genera graves incongruencias.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2019)

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