JOHN ADAMS. Miniserie histórica (en los dos sentidos) de la HBO.

HBO | 2008
Productores ejecutivos: Kirk Ellis, Tom Hanks, Gary Goetzman, Frank Doelger.
Escritores: Kirk Ellis, David McCullough (novela).
Director: Tom Hooper.
Actores: Paul Giamatti, Laura Linney, Stephen Dillane, David Morse, Sarah Polley, Samuel Barnett, Danny Huston, Tom Wilkinson, John Dossett…
Valoración:

Me topé con ella por casualidad. Nadie hablaba de esta miniserie en los blogs que suelo leer, todos bastante centrados en los temas de moda y las series más vistas, y aún no había pegado fuerte en los algunos premios televisivos como los Emmy (donde a pesar de la nula objetividad de los mismos arrasó de tal manera que dejó impresionado a medio mundo). Ni siquiera sabía quién era John Adams, algo que ahora me resulta increíble. ¿Por qué la historia apenas habla del segundo presidente de los EE.UU. y uno de los principales fundadores del país, así como una importante figura en la política mundial de la época? La novela del famosísimo David McCullough (editada en 2001 y que le propició su segundo premio Pulitzer) y ahora esta sensacional adaptación sirven para poner remedio a esa injusticia.

A lo largo de siete episodios seguimos la vida familiar y laboral de John Adams desde sus primeros escarceos con la política de las colonias inglesas en Norteamérica hasta su fallecimiento, pasando por supuesto por su mandato como Presidente de los recién forjados Estados Unidos. Es esta propia idea de abarcar toda su vida el único pero notable que se le puede poner a la serie, pues como era de esperar hay periodos de poca relevancia y por tanto algunos tramos de los largos capítulos ven mermados su interés. Es importante indicar que hay un gran desequilibrio entre la primera mitad de la miniserie (los dos o tres primeros episodios) y el resto: mientras que el nacimiento de los Estados Unidos es fascinante, de una intensidad abrumadora, con ese segundo capítulo extraordinario (una hora y veinte minutos de diálogos densos, de dioses de la interpretación comiéndose la pantalla), a partir de ahí la cosa va en descenso, para terminar en un final melodramático (la vejez y muerte de los protagonistas) un tanto aburrido e innecesariamente largo.

Por lo demás estamos ante una superproducción de altos vuelos que aun viniendo de la HBO (Rome, Hermanos de sangre…) sorprende por su fastuosa puesta en escena. El vestuario y el detallismo de los escenarios es fascinante, pero los grandes planos de edificios, ciudades, puertos, etc. son prácticamente indescriptibles. No se sabe dónde acaba lo real y comienzan las maquetas y lo digital (fantástico añadido de fondos por ordenador) y todo resulta tan realista y espectacular que resulta imposible apartar la mirada de las imágenes. Y como era de esperar en una obra de esta cadena la realización está a la altura de las circunstancias: las labores de dirección, fotografía e interpretación son más que sobresalientes, son casi antológicas. Destaca especialmente la fotografía por su arriesgadísimo estilo que puede confundir a más de un espectador. En una narración histórica sobre dramas familiares y política cabría esperar una puesta en escena sobria, tranquila… pero sorprendentemente optaron por formas artísticas rebuscadas: cámara en mano, constantes juegos con los ángulos (casi siempre el cuadro está inclinado)… En un principio puede descolocar por la falta de costumbre de ver algo así, pero una vez estamos introducidos en la trama la atmósfera que se vislumbra es tan perfecta como hermosa. Por lo general esta fotografía ofrece escenas y planos muy logrados, pero hay numerosos momentos en los que se obtienen imágenes sublimes que en varias ocasiones atrapan más que la propia historia que se está narrando.

Sobre el reparto no puedo sino verter halagos infinitos. Paul Giamatti es uno de los mejores actores del momento, y la amplia lista de secundarios está repleta de intérpretes brillantes. Destacan obviamente los que tienen más protagonismo: Stephen Dillane (Thomas Jefferson), que otorga al personaje un aire inquietante y distante fantástico, Laura Linney (Abigail Adams, una de las primeras damas más influyentes e inteligentes de la historia del país), tan enérgica y trágica como su álter ego lo requiere, un inmenso David Morse (George Washington), que quita la respiración a pesar de las pocas apariciones que tiene, y un siempre impresionante Tom Wilkinson como Benjamin Franklin.

Es John Adams quizá demasiado densa y lenta para el público normal, pero el seriéfilo más avezado seguramente la disfrutará, sobre todo por su inconmensurable puesta en escena, mientras que los aficionados a la historia tienen una cita ineludible.

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