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GIRLS – TEMPORADA 6 Y FINAL.

HBO | 2017
Drama, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky, Peter Scolari, Becky Ann Baker, Ebon Moss-Bachrach.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo a fondo la trayectoria final de cada protagonista. —

No entiendo qué les pasa a muchos autores a la hora de abordar los finales de sus series. La tendencia habitual se inclina demasiado hacia dos formatos: un desenlace cobarde y complaciente o uno salido de madre que sabe a traición. Los cierres que causen buenas sensaciones, que terminen por todo lo alto (y esto no tiene por qué implicar un clímax espectacular) sin faltar al espíritu de la serie, son difíciles de encontrar. En este sentido destacarían algunos como A dos metros bajo tierra, The Shield, la reciente Black SailsGirls nos trae una bajada del telón frustrante, pues precisamente toma algo de cada una de esas dos líneas tan criticables: es un poco miedica a la hora de lanzarse hacia adelante con el grueso de personajes, y a la vez toma un giro muy extraño con la protagonista principal.

Ese desilusionante desenlace no se ve venir, pues la temporada mantiene durante muchos capítulos un nivel de calidad y expectación por el destino de los protagonistas tan alto como de costumbre; incluso el tramo central aguanta el tipo a pesar de lo bajo que apunta el giro con el embarazo de Hannah. Ella continúa tratando de encontrar un objetivo en la vida que le haga sentirse realizada (principalmente, ser escritora profesional), lidiando con trabajos y situaciones de las que no termina de sacar nada que llene su vacío, incapaz de ver que el problema es casi siempre ella, con su inestabilidad y obsesiones. El triángulo Ray-Marnie-Desi llega sin rodeos a un punto de inflexión no por esperado menos interesante: la ruptura del matrimonio, el acercamiento a Ray. Elijah resulta un encanto, y más con su creciente protagonismo, y Shosh también es deliciosa, pero me temo que esta en cambio no termina de tener la presencia de antes. Y Adam y Jessa experimentan con sus sentimientos presentes y pasados en una relación enfermiza y caótica la mar de divertida. Así que, en líneas generales todas las historias mantienen el tono habitual: humor ingenioso y sutil, con mala leche pero también con muchas enseñanzas sobre la vida, y unos personajes muy bien dibujados, llenos de vicios y contradicciones hasta el punto de resultarles desagradables a muchos espectadores. En otras palabras, seguimos estando ante una dramedia única, con una visión de los treintañeros inteligente y a la vez visceral que no deja indiferente a nadie.

El punto álgido del año, ese capítulo alternativo, distinto, que siempre destaca y da que hablar, esta vez ha causado más sensación que de costumbre, agitando las redes a lo grande, tanto en blogs de series como en medios feministas o de tendencias sociales en general. La influencia de Lena Dunham desde los comienzos de la serie es innegable, y se despide por todo lo alto con American Bitch (Zorra americana, 603). Lo que empieza pareciendo una aventurilla intrascendente de Hannah pronto va dejando ver su mensaje crítico, aunque tan velado que a muchos se les habría escapado si no fuera por la de artículos que le han dedicado. La descripción que hace Dunham del abuso sexual y el machismo invisibles pero inherentes a la sociedad, esos menospreciados e ignorados a pesar del daño que hacen, es magistral. El famoso que dice no ser un abusador pero que engaña hasta a la lista y arisca Hannah con sus camelos y palabras bonitas nos pone ante los ojos situaciones cotidianas que muchas mujeres han sufrido y muchos hombres toman por normales, y poco a poco va calando la sensación de indefensión y asco ante tales injusticias, soltándonos bofetada tras bofetada: el relato de Hannah del profesor sobón, el momento en que te das cuenta de lo que está pasando de verdad (yo, en algún momento en que están en el sofá, él soltándole alabanzas sobre lo bien que escribe), cuando por fin se quita la máscara sacándose el pene… Y se remata con una de las mejores escenas de la temporada televisiva: el giro a la normalidad, con el tipo adorando a su hija mientras relega a Hannah, la última conquista, a la nada. El plano es sutil como él sólo, pero si lo pillas resulta tan natural como inquietante. En cambio, como escena final abraza lo directo y bruto a lo grande: la riada de chicas entrando en su piso.

Pero conforme nos acercamos al tramo final, a los últimos cuatro capítulos, empieza a pesar la sensación de que parece que no es el final de la serie, de que faltan episodios dedicados a varios personajes, pues estos van quedando en suspenso o son relegados y rematados con prisas. Yo daba por sentado que los protagonistas darían el paso último a su maduración con una historia original, moderna, profunda, ingeniosa, mordaz, en línea con la visión que la serie estaba haciendo de los jóvenes de entre veinte y treinta y pocos años (la generación millennial, se empeñan en llamarla). Pero Lena Dunham ha tomado unos caminos y decisiones decepcionantes, y aunque realmente no hay un bajón acusado hasta este segmento, no puedo decir que haya sido una temporada final satisfactoria.

El principal problema, del que nacen todos, es que se centra demasiado en Hannah (el dichoso ego de Dunham…), y además en una trama inesperada y contradictoria. Apena mucho que una obra tan inteligente, rompedora de clichés y con multitud de certeros análisis sociales, la mayoría obviamente centrados en la mujer, acabe aferrándose tanto al tópico de que la madurez y la realización de esta sólo puede llegar teniendo hijos y trabajo. Lena Dunham, icono feminista moderno (rayano lo feminazi: muchas veces parece decir que los hombres no sirven), de repente se gira a lo más tradicional, y además con unos guiones bastante endulzados, con tramas forzadas, previsibles, cursis… Se podría decir que muestra contradicciones reales, como sus propios personajes a lo largo de toda la serie, pero se aparta tanto del estilo y la originalidad previos que choca bastante. Le pone a su alter ego, Hannah, algunos dilemas y problemas encima, pero son muy básicos (dudas típicas del embarazo, estrés y ansiedad: oh, el niño no quiere mamar), carecen de lecturas novedosas y profundidad como se espera, y la impresión de que, una vez embarazada, el mundo cambia para complacerla, cuando antes le llovían hostias y se daba ella misma otras cuantas, pesa demasiado. Si es que está triunfando por fin como escritora, sin que sepamos muy bien por qué, y para rematar le cae un trabajo maravilloso del cielo (¿ahora vuelve a querer ser profesora?).

De los demás, sólo Marnie y Elijah tienen presencia y recorrido, y sólo él un cierre más determinado, y aun así sabe a poco, porque siempre era un secundario de apoyo, no conocíamos su vida y aspiraciones como con los demás, así que el que encuentre un proyecto que le entusiasma y le da fuerzas para enfrentar el futuro no llega como habría llegado con cualquier otro, por no decir que el cambio no sale de dentro, de su crecimiento como persona, sino de una oportunidad casual de la vida. Marnie empieza por fin a ver su egocentrismo infantil, de hecho la escena de la casa de empeños resulta tronchante aunque sea muy clásica, y su trayectoria mantiene muy bien la intriga: ¿será capaz de salir de su eterno ciclo de ensoñación y desencantos? Pero en el tramo final se estanca, pues aunque se mantiene en pantalla acompañando a Hannah, lo hace sin motivos claros, no llegamos a ver que retome o lance por fin su vida. Por cierto, la actriz se ha quedado anoréxica y da penita verla.

Ray, el hombre más completo e interesante, también es desaprovechado a pesar de empezar su sección con buen tono. Por fin consigue a su amada Marnie, pero entonces ve que es un cascarón vacío, una niña tonta, y la relación dura bien poco, aunque nos deja unas pocas grandes escenas. Y su trabajo, maltrecho de por sí, sufre un giro inesperado con la muerte de su admirado jefe. Así que se encuentra de repente un poco perdido, cuando siempre había sido el más adulto y centrado… Pero esto no lleva a nada. Nos dejan a medias con un amago de un proyecto personal (lo de entrevistar a ancianos, que me pareció bastante trivial e instrascendente) y un chispazo con la conocida de Shoshanna (la secretaria obesa), sin terminar de decirnos si esto llena su vacío, si encarrila su vida o no después de un bache tan notable. Shoshanna aparece testimonialmente en los primeros capítulos y luego no sabemos nada de ella hasta el final. Podríamos decir que ya se había encontrado a sí misma y entrado en el mundo adulto, pero se la echa mucho de menos, y la sorpresa que nos lanzan a la cara en el final resulta demasiado forzada: lo único que le faltaba al personaje era encontrar pareja estable, deshaciéndose de sus miedos y excentricidades en cuanto a las relaciones… y tachán, aparece prometida a un tipo que ni llegamos a conocer. Pero además nos quedamos con la duda de si el rechazo a sus amigas, por dañinas, es fruto de su maduración, o si es la idea de abrazar una vida de ensueño como la de sus antiguas amigas, ahora triunfadoras, lo que la ha llevado a tomar estas decisiones (la boda y el rechazo) de forma precipitada. Es decir, es un final repentina e inesperadamente demasiado ambiguo para un personaje parecía haber asentado la cabeza, con lo cual tampoco deja buenas sensaciones.

Adam y Jessa, cuando parecía también que andaban en una dirección clara, son rebajados, usados únicamente para complementar a Hannah. Pensé que el tener que cuidar al bebé de la hermana de Adam los haría unirse y crecer como personas, pero esta línea no se retoma, todo lo que hacen ahora tiene que ver con Hannah, y cuando ya no son útiles para ello son dejados de lado. Incluso los momentos más relevantes e intensos, como la pelea de Hannah y Jessa y el arrebato de Adam de volver con Hannah, son olvidados al final, como si nada hubiera ocurrido, y no se vuelve a construir una trama propia para ellos que les dé un cierre conciso y atractivo. Es una pena, sobre todo porque Adam apuntaba muy alto, muchos ya lo consideraban uno de los personajes más grandes de la época, pero se fue estancando hasta quedar en poca cosa. Desi es mandado tomar por culo limpiamente, sin visos de que sea capaz de levantar cabeza, pero aquí me da igual, porque era un secundario, un motor para Marnie. Al final únicos que han dado un vuelco a sus trayectorias son los que menos pintan aquí: los padres de Hannah logran salir de la dinámica que los ahogaba, aceptando cada uno lo que han hecho con sus vidas y agarrando el presente por las pelotas.

El episodio final, este sí bastante flojo, muy aburrido y superficial, maximiza todos los problemas, porque abandona por completo a los demás protagonistas y se hunde en ese camino ñoño, anticlimático, ajeno a la fórmula que conocíamos. Sólo tiene una escena con la esencia de antaño, con su ingenio y mala baba, pero son unos pocos minutos en un conjunto tedioso: la bronca a una niñata fugada nos recuerda momentáneamente ante qué serie estamos, mostrándonos el paso de Hannah de adolescente a adulta con una concisión y agudeza que se estaba empezando a echar mucho de menos en un momento clave. Pero también queríamos ver ese cambio, ese crecimiento, en los demás personajes, que Girls ha dicho a las claras desde el principio que trataba sobre ello, así que la desilusión copa el desenlace y puede eclipar bastante las virtudes del resto del año y quizá incluso dejar un recuerdo poco grato de una serie muy valiosa. Es cierto que Girls nunca ha sido una obra redonda, pero un final redondo podría haber dejado más huella, haber afianzado una fama ganada más por las polémicas y reflexiones que lograba provocar que por alabanzas a la propia producción. Sea como sea, Lena Dunham sí ha dejado bastante huella en distintos ámbitos, algo muy complicado de lograr con una serie, y más con su corta edad, pues empezó este viaje con 26 años.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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GIRLS – TEMPORADA 5.


HBO | 2016
Drama, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky, Peter Scolari, Becky Ann Baker, Ebon Moss-Bachrach, Jake Lacy, Corey Stoll.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay bastantes detalles reveladores. —

El grupo de chicas sigue andando el caótico camino de la vida. La iniciación en el mundo adulto continúa trayendo muchos palos, y de ellas depende aprender de ellos, sacarles algún provecho, o hundirse. Quizá la que mejor lo ejemplifica es Soshanna, la que tiene un trabajo más normal… dentro de lo que cabe, porque se fue hasta Japón. El exotismo nipón la tiene en una nube, el haber roto con todo y abrazar una nueva vida la empuja a pensar que ha madurado más que su círculo de amigas… pero de repente la nostalgia emerge y choca con los problemas que empieza a tener tanto en el trabajo como en las relaciones amistosas y románticas. Acaba volviendo a New York, pero allí muestra que la experiencia sí ha hecho que crezca mucho, con esas estupendas escenas en que saca de la miseria la cafetería de Ray.

Marnie por el lado contrario se muestra como la más inmadura, pues se lanza a la boda creyendo que es un paso obligatorio en su desarrollo como mujer, soñando que le traerá automáticamente un mundo perfecto. Pero la realidad le explota en la cara bien pronto: la relación con Desi no estaba bien asentada, ninguno de los dos tenían claros sus propios sentimientos. Jessa está en un limbo en cuanto a su situación personal, y se plantea estudiar de nuevo, un proyecto a largo plazo que parece no encajar en alguien tan impulsiva, pero los líos con las drogas parece que le han forzado a sentar la cabeza. En esta elección también pretendía huir de relaciones dañinas, y pensaba que la atracción entre Adam y ella apuntaba a eso, pues podría herir a Hannah, pero él insiste hasta que acaban juntos, con la consecuente pelea entre ambas y los remordimientos en Jessa. ¿Podrá llevar una relación sin sacrificar la otra?

En cuanto a los hombres, estos han terminado teniendo la misma prominencia que las mujeres. El estrafalario y caótico Adam mantiene su carisma y sinceridad bruta. Ray, el mayor y también el más maduro, lidia con el dolor de ver a Marnie echar su vida a perder, pero también de tener su trabajo hundiéndose (delirante la cafetería de hipsters que se lleva su clientela). Elijah, como Marnie, vive un sueño breve: el amorío con un famoso (un entregado Corey Stoll) pasa del idilio a la farsa en un abrir y cerrar de ojos. Desi es un torbellino, como un crío que no entiende sus sentimientos y pasa de la euforia a la depresión y la pataleta de golpe. Y Fran es el ejemplo de chico bueno y responsable, todo seriedad y cordura, lo que a veces lo hace un poco invisible para los demás.

Hannah continúa deambulando sin encontrar algo que la haga sentirse realizada y feliz. Su subconsciente boicotea la relación con Fran y el trabajo de profesora constantemente, como poniéndolos a prueba para ver si son lo bastante buenos para ella. Y cuando revelan que sí lo son, sale huyendo, pues no está preparada todavía, de hecho aún parece estar lejos de ser una mujer completamente funcional. Entre sus grandes pifiadas deja algunas míticas, como el borrado de las fotos del móvil de Fran, la huida de la caravana en la que iba de vacaciones con él, la pelea con el examen (donde usa a una cría para atacarlo), la mamada en la furgoneta de Ray…

Como siempre, todas estas aventuras analizan y satirizan con gran inteligencia las relaciones humanas, el proceso de crecimiento, la lucha diaria por sobreponernos a las zancadillas de la sociedad y de nuestros propios errores y vicios. El capítulo de la boda (501), el mejor del año para mí (otros se quedan con la odisea por Central Park) define con maestría toda la esencia de la serie, su certera sutileza y profundidad, mediante una infinidad de sentimientos fingidos, explosiones de pánico, pullas, manías, sueños, choques contra la realidad… Momentos geniales tiene un montón, como la conversación sin palabras, la revelación de que no es el primer intento de boda de Desi, los líos con la peluquera… Los otros grandes son el citado Pánico en Central Park (506), el momento de ruptura de Marnie, narrado con un tono de cuento; Hello Kitty (507), con la original obra de teatro en un bloque de pisos entero; y la nueva recaída de Hannah en sus clásicas huidas de la vida real, De vuelta a casa (508), que se remata con Adam y Jessa cargando con el bebé de la hermana de aquel.

Pero esto es Girls, y mantiene todavía su irregularidad. El receso de Hannah y su madre en un retiro (505) trata de parodiar la tontería esa de las convenciones de superación personal y demás, pero en cuanto a humor y progresión de los personajes es un bache de interés bastante grande. La historia del padre saliendo del armario no me convence, resulta un poco artificial, y la situación de la madre en cambio es muy mundana y no consiguen darle el toque de humor cabrón habitual. Tampoco cambia el ego de Lena Dunham, que otra vez fuerza la presencia de su personaje en momentos que no debe: el capítulo de la boda se cierra con un largo plano sobre ella que nadie sabe qué quiere decir (está como pensativa), cuando es el momento de mostrar a Marnie, que es la que se casa, o al menos a todas juntas, que para eso son una pandilla; y el final de temporada nos cuela un plano congelado de su cara, como si pretendiera remarcar la importancia de su presencia cuando precisamente en esos momentos es el personaje menos relevante. Y eso por no hablar de la nueva tanda de desnudos injustificados con lo que se empeña en demostrar que sus muchos kilos de más no le dan vergüenza.

Queda una temporada para finalizar la serie. Dado su tono realista (aunque con una vuelta de tuerca ácida e irónica única), apuesto a que nos dejarán un final abierto, en plan la vida sigue, que en forzar giros bonitos que pongan a los personajes en un rumbo más idílico. Pero desde luego algunas cuestiones supongo que a todos los fans nos gustaría ver más o menos cerradas. Por ejemplo, yo agradecería ver la recuperación de la relación de Jessa y Hannah y conocer la posición de Adam en ella, y que Marnie deje atrás tanta tontería; porque en cierta manera Sosh parece haberse encontrado a sí misma ya, Ray lo logró hace tiempo, y el resto son más secundarios y no espero nada concreto más allá de que tengan un final interesante.

GIRLS – TEMPORADA 4.

HBO | 2015
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky, Peter Scolari, Becky Ann Baker, Ebon Moss-Bachrach.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento a fondo la trayectoria de los personajes.–

Es raro encontrar una serie centrada en los jóvenes que relate el paso a la madurez de sus personajes, todas se estancan en la etapa donde hayan empezado, o si avanzan (por ejemplo del instituto a la universidad) realmente cambian poca cosa del statu quo. Buffy, la cazavampiros, sería el mejor ejemplo, pues aunque tuviera una base de fantasía, su historia central era el crecimiento de los protagonistas, y éste tuvo un buen recorrido. Ahora toca la perspectiva más inteligente y profunda, pero también ácida hasta rozar la comedia loca, de Girls. Las chicas, tras mucho deambular en el limbo entre los estudios y el trabajo, empiezan a encontrar quizá no su lugar en el mundo, pero sí situaciones en las que están más cómodas, pues van aprendiendo a superar sus limitaciones personales.

Como protagonista principal, Hannah tiene la trayectoria más compleja e interesante. Su viaje a una universidad sureña, donde parece que va a cumplirse su sueño de estudiar para escritora profesional, se inicia con la dificultad de dejar a su amado Adam atrás y continúa con los problemas de adaptación. Pero la cosa va yendo a peor hasta que su sueño le explota en la cara… o más bien, como siempre, lo explota ella inconscientemente. Las escenas de ella contra todos los demás estudiantes e incluso contra la profesora son brutales, con esa combinación de vergüenza ajena y situaciones delirantes marca de la casa. No encaja, no acepta errores, en su mundo todos menos ella son los que se equivocan. Además el receso con Elijah le hace recordar dónde están sus amigos y su zona de confort. Así que vuelve a casa desistiendo de su gran sueño, esperando encontrarse con Adam (otra vez) con los brazos abiertos, para estamparse en la realidad: él ha seguido con su vida. El capítulo 405, centrado la crisis emocional de Hannah, con todos los colegas pasando por su piso para intentar ayudarla, es fantástico.

Pero poco después, en un requiebro inesperado en ella, encuentra un trabajo que le hace sentirse bien: de profesora temporal en un instituto. Tiene sus patinazos, como la amistad con una alumna (genial el director intentando que entienda los límites en las relaciones y formas de ser, y Hannah ni se entera), pero ahí encuentra un lugar donde se siente útil y apreciada. Además la relación con el compañero tranquilo y maduro empieza con baches, pero le ayuda a sentar la cabeza. Madura tanto que es capaz de digerir un golpe de efecto que antes le habría supuesto un duro revés: la tardía salida del armario de su padre.

En segundo lugar no sabría elegir un favorito entre Marnie y Ray. Ella está enfrascada en su incipiente carrera musical con Desi, también su pareja sentimental, pero se la ve con muchas dudas y miedos. Ray descubre que todavía siente algo por ella y que Desi es un patán que no la merece, e intercede de forma bastante descarada. Es interesante ver cómo él, el más maduro y directo, suele marcar sacar de apuros al grupo muchas veces. El caso es que el otro la planta y Marnie termina cantando sola, superando todos sus miedos, en una escena muy clásica pero efectiva.

Por su parte Ray acaba canalizando sus críticas y quejas de forma inesperada: en la política, presentándose para un puesto local esperando cambiar cosas en el barrio. Su discurso ante la junta es una de las mejores escenas del año, para mí la mejor de hecho, porque muestra en un solo instante toda la grandeza de la serie: resumir con maestría cosas que todos vivimos de una forma u otra (en este caso la dejadez de la administración, pero se tocan muchos temas obviamente), darles un punto de ironía que roza la vergüenza ajena, conseguir sacar una sonrisa (en este caso una sonora carcajada) a la vez que lleva a la reflexión.

Shoshana está enfrascada en la búsqueda de trabajo, un paso crucial y temido en nuestras vidas. Se topa con lo esperable: empresas de todo pelaje, gente más o menos educada, puestos que la atraen más o menos pero necesita para seguir adelante. La maduración paulatina es evidente, hasta que choca con un salto enorme: ¿irá a Japón?

Adam queda en un plano más secundario y con una transformación más limitada, pues ya era bastante maduro, dentro de lo cabe en sus excentricidades. El amorío con Mimi-Rose es alucinante y da para varias historias jugosas sobre relaciones amorosas: el aborto, los exnovios, la fidelidad, etc. El tipo se traga todo como bien puede, y no sé si hubiera salido de ahí si no es por Jessa, que es más impulsiva. En cuanto a Jessa, sigue siendo la más desaprovechada del grupo, no tiene una historia propia de largo recorrido, queda como un personaje secundario, eso sí, muy atractivo. Elijah en cambio nació así, como rol de apoyo, y en esa posición sigue estando fantástico.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

GIRLS – TEMPORADA 3.

Girls
HBO | 2014
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay unos cuantos spoilers importantes.–

Nueva etapa en la vida de estas jóvenes neoyorquinas enfrentadas al proceso de maduración, de búsqueda de un lugar en el mundo. Nueva temporada de la dramedia más inteligente y sutil que hay ahora mismo en televisión. No será la más divertida, pero es la más compleja y profunda. Mucha gente sigue sin ser capaz de verlo y la pone a partir, aunque este año parece que son menos, de hecho algunos dicen que la serie está creciendo muy bien a pesar de que la temporada es exactamente igual en tono y calidad que la anterior. De hecho incluso se puede decir que se echa en falta esos capítulos atípicos y extraordinarios que hubo en aquella. Más bien parece que por fin han entendido de qué va, que se han hecho a su peculiar estilo.

Siguen destacando los diálogos llenos de capas y capas que describen magistralmente a los personajes, donde Lena Dunham no da nada mascadito, pues esto no es una telecomedia simplona, hay que estar al tanto de las sutilezas, las acciones que dicen mucho más de lo que parece, los gestos que expresan cosas no dichas… Un gran ejemplo está en cómo Hannah va a ver a Adam antes de su función, soltándole noticias gordas en un momento en que puede desconcentrarle, lo que de hecho provoca la ruptura de la relación liberándola de ataduras de cara a su nueva meta. ¿Lo ha hecho ella a propósito o inconscientemente? El espectador es quien decide.

También es destacable su capacidad para ir desgranando una a una las limitaciones de los jóvenes, con un problema detrás de otro, con un tono generalmente desesperanzador pero de forma que no cae nunca en un drama lacrimógeno, sino consiguiendo que cada resbalón sea una lección aprendida, alimento para el enriquecimiento personal. Las protagonistas rara vez son realmente felices, las situaciones casi nunca dan solo luz. Si hay una esperanza al final del túnel se ha llegado a ella sufriendo varios golpes. Incluso la muerte de la abuela se presenta como un paso más en la vida, no como una tragedia. El final de temporada expone esto magistralmente: Hannah es aceptada en una escuela de alto nivel para escritores, pero ir allí supone romper con todo lo que le daba algo de seguridad actualmente.

En cuanto a la trayectoria concreta de cada personaje, como se veía venir poco a poco los secundarios van ganando espacio, incluyendo los hombres, que al principio se centraba la cosa más en el grupo de amigas. Es difícil hacer una serie coral con formato corto (25-30 minutos) y temporadas cortas (diez las dos primeras, doce ésta), por eso todas las dramedias se basan en una figura central muy fuerte. La gente se quejaba demasiado de que Lena Dunham iba de estrella copando todo el protagonismo, lo cual es una gilipollez propia de la ignorancia. Simplemente no hay tiempo para más, hay que ir poco a poco. Si repartes el tiempo equitativamente no hay manera de definir bien a ningún personaje. Californication o El séquito valen como ejemplo: son dos de las dramedias con más secundarios con importancia y calidad, pero estos fueron creciendo paulatinamente. Si algo me jode de algunas críticas (con esto de internet cualquier tonto puede escribir y tener seguidores) es que se señalen fallos que no son tales o que se esperen cosas que una serie ni siquiera intenta ofrecer.

Adam ya no es solo el novio rarito y el nuevo pilar sobre el que Hannah se apoya. Conocemos más a fondo su forma de ser y lo que espera y desea de su entorno. Hannah le gusta, pero es un torbellino de emociones con altibajos enormes, y se ve que se esfuerza por aguantar ese lado malo, aunque a veces una mirada dice claramente “pero que se calle de una vez”… Me encanta cuando explota soltando verdades como puños. A la que ya no aguanta ni una es a su hermana, más vagabunda que hippie y realmente insoportable. Dunham es capaz de hacer que sus personajes sean repelentes a veces, pero aquí se explaya de lo lindo. Ray a su manera también es más maduro que las chicas (por edad y experiencia), pero obviamente no es perfecto y tiene sus propios temores. El avance de su carrera laboral le da seguridad, pero no suficiente para saber cómo enfrentar a Marnie. Con Shoshanna ya pasó página: no va aguantar más chiquilladas.

Hannah sigue dando tumbos sin encontrar una dirección que le dé seguridad y la encamine hacia su realización como escritora. A veces no sabe lo que quiere ni lo que esperar del mundo. El trabajo en la revista le da dinero y por tanto estabilidad en la sociedad, pero por dentro está llena de dudas: aquí no evoluciono como escritora. Los momentos en que se va o no se va son fantásticos, y la salida sin aceptar su indecisión, sino tirando de su egoísmo, es tronchante. La posterior cena con los colegas del teatro de Adam es uno de los grandes momentos del año: todos hablan de su buena situación y ella, celosa, le da la vuelta para dirigirlo todo hacia su enooorme tragedia de haber dejado un buen trabajo que no le gustaba; las caras de asombro de todos son impagables; dan ganas de abofetearla mientras te ríes por la magnífica composición del personaje y de la escena.

Marnie se quedó sin novio y sin trabajo, y por lo tanto sin sustento emocional. Ya hemos visto como se deshace y es incapaz de recomponerse si no es realizándose a través de otros. Lo intenta con Ray, lo intenta con el compañero de Adam, el que toca la guitarra. Aquí también tiramos de sutilezas excelentes: ¿reniega del video musical o lo ve como un logro donde demuestra al menos ser buena en algo? Sus numeritos con el playback del bar señalan más bien eso último. Por la música establece una conexión con este tipo, pero él tiene novia… Flipante cuando se queda escondida mirando cómo pelean por su culpa, anhelando que la deje por ella.

Shoshanna es la más joven e inmadura. Ni siquiera ha terminado de definirse a sí misma, tirando de estereotipos (Sexo en Nueva York es su referencia principal). La carrera es lo único que tiene en mente, y si falla ahí se vendrá abajo, como vemos al final. Aparte de eso su evolución no es muy destacable, pero ya le tocará. La que gana este año tras su ausencia en el anterior es Jessa. Ella es de ir por la vida a lo bestia, cogiendo una tendencia y siguiéndola hasta el final. Así el matrimonio se fue al garete, porque realmente no tenían nada en común, solo era otra locura. Después de ese fracaso se sumerge en las drogas. La estancia en desintoxicación es divertidísima, su salida hacia la nada (sin trabajo ni objetivos) la aburre soberanamente, y la recaída se ve venir. En la parte final entre estas dos logran otro de los instantes del año: Shoshanna localizando a la hija del amigo drogadicto y estampándoles en la cara a él y a Jessa que están jodiendo sus vidas. Elijah, el amigo gay de Hannah (y ya de toda la pandilla) es muy interesante también, y supongo que tarde o temprano le darán más protagonismo.

En cuanto a episodios concretos decía que no hay ninguno que como en la anterior sesión destaque por un estilo diferenciado o por ser más intenso, pero puestos a señalar alguno elegiría el de las vacaciones en la casa de la playa. Se juntan todos los amigos fingiendo normalidad hasta que la cosa explota y se lanzan frases hirientes pero en el fondo sinceras, hasta que parece que se odian y se van a separar. Pero como en la vida misma, al final se perdonan y se aceptan muchos errores, porque todos los tenemos. El plano donde empiezan a bailar al unísono basta para expresar que la amistad y la vida siguen adelante indistintamente de los baches que nos ponga el entorno o nosotros mismos.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

GIRLS – TEMPORADA 2.

Girls
HBO | 2013
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Christopher Abott, Alex Karpovsky.
Valoración:

Alerta de spoilers: Analizo el rumbo de cada personaje a fondo.–

La segunda temporada de Girls sigue ahondando en el retrato de unas jóvenes neoyorquinas que tratan de abrirse camino en el difícil paso de la juventud a la edad adulta. El análisis que hace su autora, Lena Dunham (creadora, escritora, directora y protagonista), de esta generación que es incapaz de crecer gana en calidad y profundidad, regalando una temporada de muy buen nivel donde destacan no pocas escenas geniales, algunas acumuladas hasta formar capítulos impresionantes. El egocentrismo de Hannah, la soledad de Marnie, los miedos de Shoshanna, la madurez de Ray o la sinceridad bruta de Adam exponen con habilidad las limitaciones habituales a las que nos enfrentamos a ciertas edades: el aislamiento o soledad, el fracaso social y laboral, la incapacidad para salir adelante en baches y recaídas, los amoríos, la familia…

Hannah sigue dando vueltas en círculos. Los amigos los mantiene a duras penas, las relaciones amorosas no le duran, la familia quiere cortar con ella para que salga adelante por su cuenta. Su ensimismamiento y ego le impiden abrirse al mundo, aceptar sus limitaciones y vivir en sociedad. La mayor parte de sus acciones la encierran en este bucle, incluso llevándola hacia atrás: el tiempo en el que comparte piso con el exnovio que salió del armario es como volver a la universidad, es decir, al idealizado mundo del estudiante, sin responsabilidades ni miradas al futuro. La fiesta con la cocaína es el máximo exponente de este tramo, y un episodio delirante.

Quizá esa falta de maduración la lleva a la ruptura con Adam: no está preparada para una relación estable rodeada de sinceridad y confianza. A partir de aquí el círculo se convierte en espiral. El limbo en que está su trabajo como escritora parece terminarse al encontrar precisamente su objetivo: la posibilidad de publicar un libro. En el proceso tiene una aventura digna de citar: el capítulo One Man’s Trash (205), centrado casi exclusivamente en su viaje sexual con un cuarentón (Patrick Wilson), para muchos ha sido el episodio del año (no para mí, aunque fuese estupendo), sobre todo por su habilidad para mostrar tanto con tan poco. En resumen, Hannah podría estar viendo su futuro (soledad, aunque se acompañe de éxito), y por mucho que parezca haber disfrutado del paréntesis cabe pensar que en su interior el mensaje ha calado.

La presión a la que se ve sometida llega en un momento de extrema soledad y retraimiento, y las consecuencias pronto se deja notar: depresión y reaparición de un síndrome obsesivo compulsivo. Algunos espectadores se han quejado de que esto sale de la nada y es muy forzado… Primero, no veo por qué puede ser forzado: encaja con el personaje perfectamente, por no decir que toda esta trama es gloriosa, desde su magnífica presentación en la cena con los padres al rescate romántico de Adam, pasando por la espectacular visita al psiquiatra o los temibles principios del camino de la autolesión, con el tema del bastoncillo. Segundo, sí se menciona de pasada en la primera temporada, al hablar de su aislamiento y masturbación compulsiva en alguna ocasión. La temporada acaba para Hannah como acabó el primer año: Adam está ahí, es decir, tiene otra vez la oportunidad de levantar cabeza y abrirse al mundo. ¿La aprovechará?

Aunque Hannah sigua siendo la protagonista absoluta, esta temporada se centra mucho, y muy bien, en Marnie. Pierde el trabajo y el novio y termina dando tumbos en una situación extraña y temible para ella: desamparo, soledad y destino incierto. Tibios intentos de reencontrarse a sí misma (lo del canto es un puntazo, el lío con el artista estaba abocado al fracaso, pues era una farsa idealizada) la llevan a través de un proceso de evolución muy interesante que desemboca en un tramo final estupendo. Cuando se da cuenta de que su ex, Charlie, ha alcanzado el éxito y la estabilidad, ella ve todo lo que ha perdido, y cae en su órbita hasta encontrarse también su madurez en el tema sexual, con lo que cae rendida a sus pies. ¿Ha sido un reencuentro con el amor, o está poniendo parches a su vida, aferrándose a una ilusión de felicidad? Uno de los mejores logros de Girls es que nada se da mascado, ni se cae en el sentimentalismo facilón (y mucho menos en el manipulador). El destino de Marnie está abierto a interpretación, cada espectador puede aportar su visión, experiencia y esperanzas.

Shoshanna, en su relación con Ray, empieza a dar sus primeros pasos en el tema estrella en la serie: el paso a la edad adulta. Y se asusta. Los miedos la atosigan: no estar a la altura, hacerlo mal, no estar preparada (tronchante la discusión sobre juegos sexuales, donde no se entera de nada)… y probablemente también se obsesiona con estar cerrándose puertas (vida, experiencias) al atarse a un novio, y por eso quizá tiene la aventura. La confusión mental que tiene no es pequeña: parece querer a Ray (o no, de nuevo, todo está abierto a interpretaciones: los sentimientos son difíciles de comprender y enfrentar), pero no es capaz de aceptarlo. La ruptura es otro momento extraordinario: exagerado, irreverente, divertido… y a la vez verosímil, natural, emotivo. De ahí a lo típico pero no por ello menos eficaz: a zorrear para sentirse viva… o para fingirlo.

A lo tonto, Ray ha ganado un protagonismo notable, que rivaliza con el de Adam. Y es muy de agradecer que haya réplicas masculinas con tanta presencia. Ambos son caóticos a su manera, pero también representan en cierto modo un ideal de estabilidad y madurez. Me encanta cómo Ray se asombra ante la ingenuidad de Shoshanna, que probablemente sea uno de los aspectos de ella que le atraen (sacándolo así de su mundo adulto conocido y tétrico y transportándolo a la fantasía y esperanza juvenil), y cómo intenta a veces sembrar cordura en el grupo, sin mucho efecto. De Adam me engancha su estilo excéntrico y directo. Muy interesante también su relación con la chica que conoce en el tramo final de la temporada, que se va al traste cuando Hannah aparece otra vez en su vida. Su forma de cambiar la dinámica de la relación, de fluida a difícil, por culpa de los sentimientos encontrados, es quizá lo más duro y cruel de la temporada: la escena del lefazo encima de la chica es un tanto asquerosa, en el término sentimental más que en el sexual.

La que sale perdiendo esta temporada es Jessa, que está prácticamente desaparecida. Parece que su parte se fue al traste por el embarazo de la actriz, con lo que el personaje, que tenía poca presencia en el primer año, en este se lo tienen que quitar de encima. En el poco tiempo que aparece vemos que el matrimonio como era de esperar sale mal, pues se descubre como otra huida hacia adelante poco meditada. Como solución, Jessa hace lo único que parece saber hacer: vuelve a huir. Por desgracia, el único episodio donde tiene más presencia (207, Video Games) es el único malogrado de la temporada: el viaje a sus orígenes (la familia, el pueblo) no termina de encontrar un rumbo tangible, con lo que Jessa sale de escena casi sin haber aportado nada a su personalidad. Habrá que ver qué pasa con ella en el futuro.

El acercamiento que hace Girls a los sentimientos y problemas juveniles es notable, magnífico en muchos momentos: inteligente, rebuscado y sutil a veces, pero siempre verosímil y emocionante. Se agradece una serie alejada de tópicos cansinos y la simplificación maniquea que suele verse en el género. La progresión de los personajes es bien tangible, en un estilo caótico y ambiguo como la vida misma. La combinación de drama y comedia está muy bien hilada. Los diálogos son largos y veloces y están llenos de humor agridulce con un estilo inconfundible y brillante difícil de describir, pues dentro de tanta excentricidad y salidas de madre siempre hay perlas de sabiduría abordadas con mucho ingenio. La temporada deja unas cuantas escenas memorables para remarcar: la cena con todos los amigos juntos, que se desmadra poco a poco (en el 204, It’s a Shame About Ray); el paseo de Adam y Ray con el perro y las mentiras que se lanzan Hannah y Marnie después de la ruptura de esta última, donde ambas envidian la felicidad (falsa) de la otra (206, Boys); cuando los padres de Hannah se dan cuenta de la aparición de sus tics, y la posterior visita al psiquiatra (208, It’s Back)…

Como aspecto negativo debo citar la obsesión de Lena Dunham por aparecer desnuda sin que la escena lo necesite. No sé si pretende lanzar el mensaje de “el cuerpo de las feas es normal” o qué, pero lo haga o no, reincide tanto y de forma tan innecesaria que termina resultando cargante. Es como el criticado sexo en Juego de tronos: ni siquiera funciona como erotismo lúdico (como el de True Blood), es que no pinta nada.

Y quiero terminar con una reflexión paralela. Me resulta sorprendente el impacto mediático de Girls. No hay medio oficial o amateur en el mundo de las series que no hable de Girls constantemente, y además con posturas enfrentadas. Que si es una serie extraordinaria o que si Lena Dunham es una egocéntrica creída y su serie una chorrada. Sinceramente, no veo material para tanto revuelo, ni mucho menos para generar polémica. No hay tramas, ni personajes, ni escenas raras o transgresoras como para merecer tantísima atención. Que sea una serie con un estilo original y propio no me parece suficiente para generar tal convulsión (cuántas hay así). Sin ir más lejos, la cancelada Hung tenía muchos más motivos para generar polémica (prostitución masculina a la cabeza) y muchas escenas escandalosas, y pasó sin pena de gloria. Al final está claro que todo esto es simple y llanamente una moda: algún medio popular empezó el juego con un entusiasmo que se contagió a los demás. Y claro, tanto foco encima genera el clásico problema de maximizar o exagerar las cosas de forma absurda. Ahora ya no se habla de si me gusta o no me gusta la serie, sino de si es una maravilla o una puta mierda, y he visto críticas de gente que se obliga a escribir porque es el tema de moda y se empeña en tomar partido en este juego del blanco y negro, como si no hubiera más opciones. No es raro ver a gente que no ha conectado o no ha entendido la serie y se fuerza a hablar sobre ella soltando sin sentidos, analizando los comportamientos de las protagonistas desde una perspectiva equivocada, empeñándose en que cada arco tiene un único sentido (he visto a algunos que no entienden el final de Charlie y Marnie, ni aceptan que Hannah se deprima “porque no le pasa nada”). En fin, supongo que el precio de la fama es toda esta tontería, pero bueno, sólo quería dejar constancia de mi desagrado sobre el opinar porque sí sin tener ni idea de lo que se dice.

Ver también:
Temporada 1.

GIRLS – TEMPORADA 1.

Girls
HBO | 2012
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Christopher Abott, Alex Karpovsky.
Valoración:

Girls es una dramedia (comedia más drama en formato corto) que aborda el paso de la adolescencia a la madurez mostrado desde el punto de vista de un grupo de veinteañeras de ciudad (New York). Lejos del sensacionalismo o incluso surrealismo habitual de las comedias de cable (HBO y Showtime a la cabeza: Californication, The Big C, Bored to Death, Nurse Jackie, House of Lies, etc.) o incluso del atípico buen rollismo de otros títulos (Entourage, How to Make it in America), aquí se apuesta por la naturalidad, la sinceridad y la autocrítica. Es un retrato costumbrista de los jóvenes modernos, de esta generación que se niega a crecer, marcado con algo de gamberrismo e ironía, pero siempre de corte realista.

La vida está llena de desencantos y problemas. Nosotros mismos nos buscamos muchos, con nuestras manías, limitaciones y egos. Y Girls es muy consciente de ello, con lo que constantemente está echando mierda sobre sus personajes. Se aprende a palos, a base de meter la pata hasta que nos damos cuenta de cómo mejorar y superar las distintas etapas de la vida. Hannah (Lena Dunham) es egoísta de narices, mal vestida y cobardica. Es incapaz de dar el paso a la independencia, a la madurez, y cuando los padres le cortan el grifo se le viene el mundo encima. Además, su inseguridades le impiden llevar adelante su pasión, la escritura, y sus relaciones sentimentales son caóticas, por no decir absurdas. Está tan cerrada en sí misma que tiene que ser su nuevo novio, el loco de remate de Adam (Adam Driver), extrovertido y alucinado como ninguno, quien le diga claramente que debe abrirse al mundo. Su compañera de piso, Marnie (Allison Williams), parece más madura, pero en el fondo también es un desastre incapaz de sacar algo de su aburrida relación con Charlie (Christopher Abbott) y está llena de dudas que la impiden avanzar. Jessa (Jemima Kirke) es la más experimentada, ha viajado y conocido mundo, pero aunque va más a lo loco también arrastra el mismo problema, es incapaz de ir hacia adelante, siempre da rodeos; incluso cuando parece dar un paso en alguna dirección, sin duda hay mucho de locura en él (la sorpresa del último episodio es brutal, por ejemplo). Shoshanna (Zosia Mamet) es la más inmadura, una pija obsesionada porque es virgen, que no encuentra su lugar en el mundo y ni siquiera sabe cómo empezar una relación.

La búsqueda de realismo se aplica no sólo a la descripción de los personajes, sino que el reparto se ha cuidado en ese aspecto también. Las actrices elegidas quizá sean guapas (en especial Allison y Jemima), pero distan de ser los prototipos eróticos estándares, de hecho Dunham está entrada en kilos (y aun así no le hace ascos a enseñar carne en cantidad). Y los chicos son más bien feos cuando no raritos.

Su sencillez es una virtud, pero también un ligero escollo. La falta de intensidad de las historias hace algo largos y lentos algunos tramos, pero también hay momentos puntuales que destacan bastante. Así, todos los episodios están algo desequilibrados, aunque en conjunto siempre resultan bastante buenos; y momentos para recordar ha dado unos pocos, como la pelea de Hannah y Marnie, la gran fiesta, el colocón de Shoshanna en ella, algún polvo raruno con Adam… Además, su principal virtud es que la sensación de que no cuenta ninguna gran aventura se salva con creces gracias a su capacidad para conectar con el espectador. Cualquier joven se puede identificar con personajes y situaciones, hasta el punto de que algunos momentos se viven con intensidad: discusiones de parejas y amigos, dificultades para abordar relaciones, las tonterías que se pueden decir al intentar ligar, los problemas laborales… Girls versa sobre la vida misma, y como hay muchas formas de vivirla, quien no esté en la onda de lo aquí mostrado (los que sean de otra generación, sobre todo) seguramente no encontrará nada interesante en el visionado. Por el contrario, quien conecte encontrará un entretenimiento capaz de despertar gran simpatía, de dejar una sonrisa incluso cuando los capítulos no acaban con algo feliz, pues como decía, cada zancadilla es una lección aprendida para mejorar.

Girls se ha gestado en la gran HBO pero tiene un nombre propio único tras ella: Lena Dunham, quien sin copar revistas de moda e indistintamente de los premios que consiga, se ha consagrado con veinticinco años como la gran estrella femenina del año. Esta joven de aspecto normal le ha colado a la HBO una serie, la ha creado, escrito, dirigido e interpretado. Y todo ello lo ha hecho bastante bien. Girls ha dado bastante de que hablar entre la crítica y los aficionados exigentes (los blogueros que nos tragamos todo), pues a pesar de haber cierta polaridad en las críticas, su estilo y personalidad han pegado fuerte y han conseguido que resalte incluso cuando la temporada dista de ser de gran nivel.