THE GOOD WIFE – TEMPORADA 7 Y FINAL.


CBS | 2015-2016
Drama | 22 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Cush Jumbo, Christine Baranski, Jeffrey Dean Morgan, Chris Noth, Alan Cumming, Makenzie Vega, Michael J. Fox, Sarah Steele, Zach Grenier.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento la temporada bastante a fondo, sobre todo el final. —

Última temporada de The Good Wife. Cabía esperar que por fin echaran toda la carne en el asador, que movieran de una vez por todas a los personajes que no se atrevían a mover, empezando por Alicia. Que, ya sin miedo por el futuro, rompieran los tabúes conservadores a los que se aferran, limitando su potencial mucho más de la cuenta, hasta el punto de haber provocado algunas historias y giros bastante criticables a lo largo de la serie. Y más sabiendo que, al ser el final, se mira con especial atención ese riesgo o la falta de él y las elecciones que tomen a la hora de enfrentar el desenlace.

Pero en realidad no tenemos nada nuevo, es otro año más, con sus virtudes y limitaciones ya de sobras conocidas. Como en toda la serie, nos encontramos ante una narrativa encorsetada en directrices (a veces incluso absurdas) que limitan a unos guionistas que muestran un potencial muy superior. El notable dibujo de personajes (incluso los que tiene apariciones esporádicas), la sutileza con que narran algunas relaciones y pensamientos, y los subtextos tan inteligentes que suelen tener los casos del día a día (empezando porque tocan temas de actualidad bastante jugosos), de nuevo ven frenados su potencial por la obsesión de aferrarse a un esquema narrativo inmovilista y un tono conservador. Y sigue sorprendiendo que repiten el error de abordar tramas que saben que no pueden llevar a buen puerto por esas razones y acabarán obligados a darles carpetazo de mala manera. También, como ha sido más o menos la tónica, se pueden diferenciar tres fases. La que se centra en los casos sueltos, la que sigue una historia larga (en los primeros años, más de abogacía, en los últimos, con predominio de la política), y la que parece improvisada porque se han quedado sin material, pues siempre se ha notado que veintidós capítulos por año son demasiados. Normalmente seguían este mismo orden, pero aquí es el inverso.

El tramo inicial parece ir sin ganas, tirando sobre la marcha con rellenos poco sustanciosos (por suerte, como no es el final de temporada, no incluyen un giro sensacionalista). Y es que empezamos en una posición que ya critiqué en la etapa anterior. Qué sentido tiene volver a poner a Alicia empezando desde lo más bajo de la abogacía, y más cuando se ha hecho forzando, otra vez también, un distanciamiento hacia sus compañeros y amigos, más otro amago de acercamiento a su archienemigo, Canning. Llevan amagando con que se va a trabajar o no con él desde tiempos inmemoriales, mareando la perdiz sin llegar a nada. Y llevan el mismo tiempo jugando con que Alicia llega a lo alto del mundo laboral (encabezar un bufete importante, saltar a la política) para lanzarla al barro otra vez.

Consiguen mitigar un poco la sensación de paso atrás gracias a que los casos son bastante entretenidos y algunos incluso dejan buenas reflexiones, y a que en cierta manera dan un paso lateral que disimula un poco, ya que variamos ligeramente la dinámica de siempre en la relación con los clientes, pues sacan a Alicia de un despacho rodeada de abogados y la meten en las trincheras, peleándose por las migajas en la sala de vistas para fianzas primero, y luchando desde casa por levantar cabeza poco después. También se intenta aportar savia nueva. En seguida conocemos a Lucca Quinn, una abogada novata con la que empieza a colaborar porque se llevan bien. Esta es una de esas ocasiones en que un rol secundario termina ascendiendo a protagonista porque el actor es un roba escenas de cuidado: el buen hacer (y la buena presencia, claro) de Cush Jumbo le ganó pronto mantenerse durante toda la temporada, pero también ser recuperada en el spin off The Good Fight que encabeza Diane Lockhart.

Por desgracia, también aquí se materializa la nueva relación en tensión a través un mozo atractivo por el que Alicia se pone cachonda y duda durante media temporada sobre si irse con él o no. Lo cierto es que el personaje, Jason Crouse, tiene carisma y Jeffrey Dean Morgan le otorga más, pero la dinámica con los investigadores lleva siendo cansina desde hace mucho (qué pesados con Kalinda, y qué mal trataron a Robin en cambio), y si encima forma también parte del eterno triángulo amoroso, pues me pone en una situación difícil: por un lado, me cae bien, por el otro, parece hacer lo mismo en todos los capítulos, lo mismo que hacían otros personajes. Esto señala lo que venía diciendo, la obsesión por mantenerse a la fuerza fieles a la premisa y el tono conservador. Hay que tener un investigador que resuelva los casos con una llamada de último momento, y Alicia debe tener un conato de aventura mientras duda de si ser fiel a Peter para mantener a la familia, porque ha de haber movimiento dramático y tensión en el personaje pero a la vez el divorcio es tratado constantemente como una catástrofe, como un pecado (sí, estamos en el siglo XXI).

Además, es incomprensible que se centren tanto en Alicia teniendo a mano tantos protagonistas y tantas posibilidades con los diferentes frentes latentes. El bufete de Diane, Cary y Lee se mantiene de mala manera, con tramas secundarias entre tontorronas y lamentables. En vez tener casos paralelos que agilicen el ritmo, aparecen como para cumplir con el contrato de los actores. El lío con el viejo de Howard Lyman llega a resultar verdaderamente cansino, y rebaja de mala manera a grandes personajes como Diane y Cary. Los líos de racismo al contratar nuevos abogados aportan bien poco, salvo mantener la maldición de la serie de personajes que desaparecen: Monica Timmons (Nikki M. James) parecía estar ahí para largo, y se esfuma sin más; y hay que sumar otros casos recientes, como el encantador Finn Polmar (Matthew Goode), la anterior pieza del triángulo amoroso de Alicia que fue descartada cuando ya no servía, y el tal RD (Chris Platt), el del lobby republicano que parecía tan importante en las historias de Diane, hasta el punto de que lo citan en algunos roces ideológicos, pero que nunca vuelve a aparecer. Y aquí voy a mencionar que, como en las etapas anteriores, no aprovechan bien a la fauna de personajes recurrentes que construyeron en los primeros años, a pesar del tiempo a rellenar que había. Aparte de Canning apenas aparece Elsbeth Tascioni y un par de abogados y jueces.

Con Eli Gold también estamos estancados. El actor Alan Cumming tiene una presencia arrolladora capaz de levantar casi cualquier situación, y la hija (Marissa) es la mar de simpática, pero leches, repetir durante todos los capítulos el chiste del despacho enano, el momento de rencilla con la directora de campaña de Peter y las manías del personaje (ser ladino y manipulador), termina agotando. Sólo se recupera cuando se sincera con Alicia por haberle ocultado una llamada de Will Gardner hace unos años, un giro bien aprovechado ahora aunque en aquel entonces fuera el enésimo truco para poner en frío de nuevo la relación en tensión.

Este tramo logra entretener y ofrece algunos buenos momentos (destacando la dinámica con Lucca y que la religiosidad de la hija de Alicia se ha descartado inesperadamente y tiene algunos aportes interesantes, como su trabajillo como secretaria), pero la poco disimulada repetición del esquema narrativo se hace evidente demasiado pronto y afecta demasiado a los personajes secundarios, atascados en un bucle que roza la vergüenza ajena. Así pues, en esta reformulación de la premisa no parece haber suficiente para justificar el retroceso en el estado laboral y personal de Alicia, y como inicio de la temporada final deja más bien una sensación de agotamiento de ideas, de decepción, y más teniendo en cuenta todo lo que abarca, diez capítulos, casi la mitad de la temporada.

Con Eli y la directora de campaña Ruth Eastman, para la que ficharon a un peso pesado como Margo Martindale, iban manteniendo en segundo plano la carrera para la vicepresidencia de Peter. No ha ofrecido nada especialmente llamativo, más que nada porque se atasca con la dinámica repetitiva de Eli y Ruth, y cuando por fin cobra protagonismo no es que aporte algo extraordinario. Sí, es uno de esos tramos donde nos apartamos de la dinámica habitual de abogados y nos ofrecen una perspectiva muy realista de cómo funciona la política en Estados Unidos, pero ya hemos visto varias veces que, por mucho fuego artificial que lancen, al final harán un reset. Y vaya si lo hacen, con todo descaro. Pero, como en la serie en general, mantiene un nivel más que decente porque los personajes son bastante buenos y sus vivencias y sentimientos están bien exprimidos. Alicia está harta de todo y empieza a romper con todo sin miedos ni remordimientos. Va con Peter porque es bueno para la carrera de ambos, pero no parece sentir nada por él. Aguanta a Eli igual, y también parece que si lo llega a perdonar es por seguir adelante.

Así pues, aunque no ha sido espectacular, este tramo ha dado vidilla cuando la temporada no parecía dirigirse hacia ninguna parte, y dura poco, pues en seguida nos lanzamos al arco final, donde el procedimental de abogados ofrece lo mejor de sí y la trama creciente del nuevo juicio contra Peter salpica con un poco de intriga. El ritmo y el interés crecen con casos más llamativos, con personajes que se mueven más, y en general con una sensación de dirección, de que los productores sí se están trabajando el final de la serie.

Para empezar, inesperadamente terminan echándole huevos y llevando por fin a Alicia a una aventura auténtica con Jason, rompiendo el eterno triángulo amoroso con ella decidida a follar sin mirar atrás, a vivir la vida de una vez por todas. Por cierto, es graciosísimo ver que le cambian la peluca desde entonces por una más clara y medio despeinada, señalando actitud juvenil y desenfrenada. Los tejemanejes en el bufete dan lo mejor de sí después de un receso tan largo. Diane recupera su merecido protagonismo, Alicia y Quinn luchan por hacerse un hueco, los roces clásicos con Lee mantienen el tipo, hay unos pocos casos muy interesantes, como el del trasunto de Snowden, el de las armas, el la seguridad versus intimidad (el de los drones), y todo termina explotando con el acoso a Peter, donde Eli vuelve a estar en su salsa. La apoteosis llega en el capítulo de la fiesta en casa de Alicia (720, Party), el mejor del año.

Por supuesto, esta sección también tiene su lado malo, pues le sigue pesando la sensación que no han meditado bien algunas cosas. Resulta bastante cogido por los pelos (aunque a la vez se veía venir) que Alicia acabe otra vez en el bufete, y aunque iba predispuesto a perdonarlo porque así los teníamos a todos juntos, resulta que esto no es del todo así. Primero, la relación entre Alicia y Diane está un poco fría, no terminan de entrar en una dinámica llamativa de o guerra o recuperar la amistad profesional y personal. De hecho tenemos una subtrama extraña: el intento de formar un bufete sólo de mujeres da vueltas sin concretar nada, y al final se esfuma en el aire. Y lo grave es que no queda claro qué quería Alicia, si estaba dispuesta a volver luchar por ascender o, como parecía, estaba más feliz siendo abogada de más bajo nivel. Pero el problema más claro es que parece que no sabían qué hacer con Cary, y lo van relegando y relegando hasta que deben quitárselo de encima. ¿Tanto se enamoraron los escritores de Lucca Quinn o de su intérprete que Cary ya no les encajaba? Es una lástima, era otro personaje principal notable y el joven Matt Czuchry ha estado espléndido todos estos años. También me pregunto por qué, cuando temen por el futuro de Peter, Eli pretende que sus donantes pasen a Alicia: ¿no estaba ella vetada en el partido?

El final trae polémica, una polémica que no he entendido muy bien, porque no veo salidas de tono de dudosa justificación o lo contrario, cobardía excesiva, como para ponerlo a parir. Hay varios frentes abiertos, y los principales, aunque difíciles, los cierran bien. Sólo con algún aspecto secundario tendría pegas. La bofetada de Diane a Alicia me parece otro momento de esos de forzar enemistades; lo mismo si tenemos dos capítulos más acaban juntas otra vez, que ya me conozco la jugada. Y la salida de Cary no me gustó, no tiene un final digno.

Lo más relevante es Alicia, pues de nuevo copa un protagonismo excesivo. El caso contra Peter se desarrolla bastante bien, con infinidad de baches y giros que mantienen un buen nivel de expectación. El trío amoroso se estira como siempre, pero sacan mucho partido de los sentimientos de Alicia, de su lucha interna por decidir si seguir con su familia, aunque ya no sienta nada por su marido, para mantener a sus hijos y su trabajo en un nivel de estabilidad y respetabilidad como exige la sociedad, o si sería mejor arriesgarse a perseguir una felicidad más idílica yéndose con Jason, un inmaduro lleno de promesas vagas pero atractivas. ¿Y por qué se decantan al final los autores? Por un término medio que me parece muy acertado. Alicia, que creía haber madurado, ofreciendo una cara muy dura al exterior, con cinismo incluso, trabajando duramente, incluso si era necesario doblegando la justicia y la ética, para salir adelante y sacar adelante su familia, en el momento clave demuestra no haber madurado del todo, sobre todo en cuanto a relaciones amorosas. Su indecisión, su lentitud a la hora de enfrentar sus sentimientos y contrastarlos con los deberes como cabeza de familia, le explotan en la cara, dejándola en un limbo: Jason huye, con Peter se ha vuelto a distanciar.

Supongo que muchos espectadores esperaban lo fácil, que se fuera con Crouse siguiendo la fantasía. Quizá otros pensaban que el acercamiento a Peter, aunque fuera desde el respeto y la responsabilidad más que desde el amor, auguraba que se quedaría con su familia. Pues yo me alegro de que los guionistas por una vez hayan optado por un movimiento valiente, y también un tanto cruel, melancólico: la vida sigue adelante, dándote bofetadas si no actúas con determinación. Prefiero un final abierto, que deje margen a la imaginación y a la reflexión, que uno que te lo dé todo mascadito, donde el único riesgo está en elegir entre dos opciones demasiado previsibles y que con toda probabilidad implican una recepción más dispar, dividida precisamente en dos. Por ello, remarco que no entiendo qué es lo que no ha gustado. Creo que, dada la serie que era y dada la trama final, no había mejor desenlace sin llegar a abandonar su espíritu.

PD: Ahora que me fijo, me sorprende la falsa publicidad de los pósteres de cada temporada, con Alicia vestida de rojo o en posturas eróticas, todo lo contrario a su estilo habitual.

Ver también:
Temporada 6.
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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