Archivo mensual: julio 2015

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 3.

Netflix | 2015
Drama, comedia | 13 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Laura Prepon, Michael Harney, Yael Stone, Natasha Lyonne, Kate Mulgrew, Danielle Brooks, Annie Golden, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Lea DeLaria, Laverne Cox, Uzo Aduba, Selenis Leyva, Matt McGorry, Jessica Pimentel, Dascha Polanco, Matt Peters, Samira Wiley, Jackie Cruz, Maria Dizzia, Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Emma Myles, Beth Fowler, Abigail Savage, Ruby Rose.
Valoración:

La vida en la cárcel de mínima seguridad para mujeres continúa. Piper Chapman se ha hecho a su nueva situación bastante bien, sobre todo ahora que ha vuelto Alex Vause y han formalizado su relación. Es tal el grado de confianza que ha ganado que toma las limitaciones de su cautiverio y les da la vuelta en cierta manera: cuando entra a trabajar en el grupo de costura usa el material sobrante para hacer bragas y vendérselas a los fetichistas como “bragas usadas por presas”, un negocio que promete ser próspero. Pero llega a caerse por el otro extremo: el poder lleva a la ambición y tomará algunas decisiones arriesgadas muy criticables. El jaleo que tiene con las latinas da mucho juego porque es emocionante ver su maduración y lo que dan de sí las disputas, pero el destino que fuerza para su nueva amiga, Stella, es inquietante, mostrando una cara de Piper que duele ver. Mientras, Alex choca con esta postura y a la vez lidia con sus miedos: está convencida de que el narcotraficante para el que trabajaba enviará a alguien a la cárcel para ajustar cuentas.

Pero como indiqué en la segunda etapa, Piper dejó de ser la protagonista principal para convertirse en una más entre unos treinta personajes habituales, un número que sólo alcanza Juego de tronos y supera The Wire. Y el mosaico sigue siendo fascinante y encantador, ninguna figura se presenta fallida o acusa desinterés, y además con los flashbacks que desgranan su pasado van ganando más todavía. El año anterior el grupo de negras se llevaba bastante protagonismo, pero esta vez les toca a las latinas. El dominio de la cocina (donde por cierto la rusa Red consigue volver en momentos difíciles), el embarazo de Dayanara, los líos de esta con su novio y los roces con su madre, los problemas de ambas en casa… Pero esto no implica que las demás se descuiden. Conocemos incluso los orígenes de la extraña Chang, dándole una vuelta de tuerca genial a quien parecía una simple figurante de receso humorístico.

También van adquiriendo presencia otros guardias y los problemas de estos, aunque es cierto que son canalizados sobre todo a través de Caputo. La administración de la prisión parece que le viene grande, porque son tantos los conflictos y dificultades que se van acumulando que no ve salida. Su evolución guarda algunas sorpresas muy llamativas, sobre todo ante la absorción de la cárcel por una empresa privada (con política de ahorros escalofriante) y el amago de formar un sindicato que hacen los guardias. Quien no parece crecer es Healy, anclado en los mismos patrones de conducta que lo llevan a actuar, aunque sea por culpa de un sentido de la preservación muy inmaduro, de forma bastante injusta hacia los demás, sean presos o guardias (la nueva consejera se le atraganta bien pronto).

Son tantas historias que no voy a citarlas todas. Norma, Poussey, Tasha, Soso, Lorna (delirante su juego buscando novio), Sophia (la disputa con Gloria), la cada vez más molona Big Boo, Suzanne (demencial la parodia de Cincuenta sombras de Grey)… Y como es esperable y obvio a estas alturas, todas las aventuras, sean las más largas o las más anecdóticas, muestran una serie de virtudes encomiables: la agilidad con que las narran sin por ello perder trascendencia, pues todas tratan sobre el ser humano, sobre las limitaciones, problemas y luchas personales de cada individuo, lo que surge desde el realismo, naturalidad y cercanía que logran sacar de todos los protagonistas. Casi no te das cuenta de que la serie ha perdido algo de fuerza, podrías estar viendo capítulos y capítulos sobre la rutina de las vidas de estas mujeres y guardias eternamente.

Pero sí, si buscas algo más, pronto se ve que a la temporada le falta algo para llegar al nivel de las dos primeras. Y no hay que indagar mucho, es más, todas las críticas repiten la misma pequeña queja: hay mucha más comedia ligera y menos drama profundo. Eso no quiere decir que desaparezca la crítica al sistema, que sigue siendo completísima, ni que algunos problemas no sean trágicos (las violaciones que sufre Pennsatucky es lo más duro), pero es una lástima que no ofrezcan la visión más sórdida de la cárcel, porque si por algo causó impacto la llegada de la serie era por esa combinación magistral de ambos estilos, comedia y drama, que te hacía vibrar y sufrir con las tragedias pero también te mostraba perspectivas más luminosas y alegres, resultando una montaña rusa de sensaciones que te enganchaba y agitaba con fuerza. Además, huelga decir que con un viaje emocional más contenido, Taylor Schilling no tiene tanto margen para lucirse, desaprovechándose su grandísimo talento como actriz.

También puedo señalar que hay unas pocas historias que podrían haberse resumido. El tema del culto alrededor de Norma da varias vueltas sobre sí mismo avanzando con cierta de lentitud, las negras copan demasiadas tramas tontorronas (aunque sean atractivas, eso sí), no me gustó nada el final abierto con Alex después de jugar tanto con la intriga de si la atacarán, y me fastidió bastante la extraña salida de Nicky, porque no parece ser necesaria y es de mis favoritas; me quitan a Lorna Morello y ya dimito.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

DAREDEVIL – TEMPORADA 1.


Daredevil
Netflix | 2015
Productores ejecutivos: Drew Goddard, Steven S. DeKnight, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Vincent D’Onofrio, Toby Leonard Moore, Vondie Curtis-Hall, Bob Gunton, Ayelet Zurer, Rosario Dawson.
Valoración:

Matt Murdock es un abogado que al quedar ciego en la juventud adquirió superpoderes con los que puede sentir y “ver” lo que hay a su alrededor como ningún otro, pero también creció en él una visión personal de la vida muy concreta: hacer de su barrio algo mejor. Hell’s Kitchen (la cocina del infierno) es una zona de Nueva York que no levanta cabeza, llena de crimen y miseria, y Matt pretende cambiar las cosas. Como hombre de ley luchará desde dentro del sistema, pero como héroe enmascarado perseguirá a los criminales a golpes bajo el amparo de la oscuridad.

Sus compañeros en el despacho que acaba de formar son el abogado Foggy Nelson, su mejor amigo desde la universidad, y Karen Page, que toma el puesto de secretaria cuando estos la ayudan en su caso contra una oscura corporación. Esta investigación los llevará hacia la estela de Wilson Fisk, un empresario ambicioso que parece ser también el capo más poderoso de la zona. La mano derecha de este último es Wesley, fiel hasta la médula y lleno de recursos, mientras que los héroes se apoyarán en el periodista Urich, especialista en historias de mafias. Hay algunos secundarios más, pero sólo son realmente relevantes Vanessa, el amor de Fisk, y Claire, la enfermera que ayuda a Matt.

El creador de la serie es Drew Goddard, quien creció como guionista con Joss Whedon en Buffy, la cazavampiros y Angel y terminó de formarse colaborando en Alias y Perdidos. Pero no tardó tiempo en hacerse un nombre en el cine también, con Cloverfield y La cabaña en el bosque (siendo además director en esta última). Desde entonces no deja de enlazar producciones de alto nivel, como las adaptaciones de las novelas Guerra Mundial Z, The Martian (dirigida por Ridley Scott nada menos) y la futura Robopocalypse. Vamos, que se ha convertido en uno de los guionistas más respetados y solicitados… hasta el punto de que la factoría Marvel lo sacó de la serie para escribir Sinister Six (Los Seis Siniestros), donde finalmente también dirigirá. Con Goddard dejando la producción en plena gestación, Steven S. DeKnight tomó las riendas como showrunner, acompañado eso sí por numerosos productores ejecutivos. DeKnight es otro que salió de Buffy y Angel, y luego pasó por Smallville y Spartacus, tanto escribiendo como produciendo.

El plan Marvel es iniciar una saga de series interconectadas que terminarán uniéndos en otra. Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage e Iron Fist tendrán su temporada, o temporadas si el éxito acompaña, y darán lugar a The Defenders, como en el cine las películas se juntan en Los Vengadores. También llamativo es que se han inclinado por un tono adulto y oscuro, algo muy de agradecer en un género que, salvo excepciones como el Batman de Nolan, suele andar falto de esas cualidades. Por ello sus creadores se inspiran más en los thrillers de los años setenta y ochenta (Serpico, French Connection o Taxi Driver son las más evidentes) que en la onda de héroes, magia y los tópicos habituales. La corrupción del sistema, la ciudad inmersa en un caos criminal y las solitarias figuras que emergen en las sombras para luchar contra ello copan las tramas, dejando la fantasía más pura de los superhéroes más poderosos para las películas de Los Vengadores.

Desde sus primeras escenas se puede ver el mimo puesto en la producción, la intención de buscar algo más serio y de primera calidad. La fotografía e iluminación que juega con las sombras y los contrastes es una elección arriesgada, pero con el virtuosismo del que hacen gala los realizadores tenemos una impronta muy característica y realmente impactante donde controlan muy bien que la atmósfera sea tenebrosa y deprimente pero se vea con claridad la acción y el rostro de los protagonistas. El tempo narrativo es contenido, se busca no sólo exponer a través de los personajes, sino hacer que la escena luzca bien, de forma que cautive. Así, se esfuerzan mucho en las conversaciones de personajes sentados, algo esencial porque son mayoría, pero explotan por completo en las de acción, que tienen además un extra de dificultad, porque aquí se lanzan sin miedo hacia la consecución de ese sello de calidad que los haga resonar en la exigente televisión actual. Las coreografías elaboradas y rodadas con maestría son la tónica habitual, pero de vez en cuando se permiten unos vaciles impresionantes. La lucha en el pasillo del segundo capítulo sin duda queda para los anales de la historia televisiva, un plano secuencia de insólita complejidad, aunque quizá no tanta originalidad, porque se inspira claramente en la pelea principal de una película coreana de culto, Old Boy (Oldeuboi, Chan-wook Park, 2003). Pero no es la única remarcable, hay otras tantas escenas espectaculares que te dejarán a cuadros. Aquí hay que señalar el magnífico uso de dobles, donde sólo si afinas mucho puedes llegar a notarlos en un par de planos (y porque Scott Glenn -Stick- es un viejales y los movimientos tan ágiles no cuadran). Redondean el acabado una sutil música que es quizá muy sencilla pero funciona bastante bien, y unos títulos de crédito hipnotizantes.

Otro aspecto vital son los actores, y estos también están perfectos. Charlie Cox (Matt Murdock), Deborah Ann Woll (Karen Page) y Elden Henson (Foggy Nelson) se hacen enseguida a sus roles y muestran una estupenda química entre ellos, transmitiendo verosimilitud desde las primeras escenas. Siendo un relato que se sumerge bastante en la mente de los protagonistas era crucial tener intérpretes que se luzcan en el campo de las emociones, y no falla ninguno. A Ann Woll la conocía por True Blood y no tenía ninguna duda sobre sus habilidades, Cox mostraba carisma en Boardwalk Empire, pero hasta verlo aquí no sabía si podría aguantar un personaje principal tan exigente, y Henson me era totalmente desconocido. Ahora bien, incluso en este buen nivel el veterano Vincent D’Onofrio (Ley y Orden) te deja sin aliento con su imponente, hosco y temible Wilson Fisk. La frase “No soy un monstruo… ¿verdad?” es de las que hacen época. Este se ve rodeado por dos secundarios que también clavan sus personajes, Ayelet Zurer como Vanessa y Toby Leonard Moore como Wesley. Él consigue una interpretación llamativa en un personaje serio en extremo, y ella no se queda atrás: resulta sutil y erótica a pesar de la sobriedad que emana. Y para rematar hay que señalar que el casting no descuida ni a los matones de Fisk, donde no cogen a simples extras, sino a actores muy competentes y carismáticos.

Una vez cautivado y enganchado irremediablemente por su arrebatadora impronta visual quedaba por ver qué tal navega la serie: el desarrollo de personajes y tramas, la coherencia narrativa, la fuerza de los diálogos… Es decir, qué tal resulta el elemento primordial, el guión.

Los escritores son conscientes tanto de las limitaciones del género como de esta historia en concreto, e intentan que las bases del relato sean muy sólidas. Se trabajan con esmero a los personajes, haciéndonos partícipes muy de cerca de sus problemas, anhelos, dificultades, vaivenes emocionales… Vivimos codo con codo con Matt y su deseo de hacer un mundo mejor, acompañándolo en el dilema de cuáles son los límites de la violencia y conociendo al detalle otros muchos recovecos de su personalidad. Con Karen y Foggy casi lo mismo, pero al ser más realistas resultan incluso más humanos: casi te convences de que son tus propios amigos. Cabe destacar la simpatía contagiosa de Foggy y la candidez de Karen, ambas conseguidas por el gran papel de los intérpretes y la excelente conexión que mantienen. Fisk se presenta fascinante, nunca se había realizado una aproximación a la piscología de un villano tan detallada y profunda. Como con los demás protagonistas, vemos de primera mano sus ambiciones y deseos, pero aquí cobran importancia sus puntos frágiles y sus desviaciones, llegando a vislumbrar y entender qué lo lleva a actuar de una forma u otra. Además la gama de sensaciones que transmite al espectador, oscilando entre la pena, el asco y el miedo, garantizan que no dejará frío a nadie… aunque puede llegar al extremo de provocar rechazo, de lo perturbador que resulta. Y para redondearlo tenemos la relación amorosa con Vanessa, que es excitante en todo momento: los tanteos, los miedos, las sutilezas, el acercamiento gradual… Acaba siendo mucho más interesante que la dinámica entre Foggy y Karen, que casi parece de relleno al lado de esta. Hay que señalar también los detalles más o menos velados sobre el pasado y posible futuro de personajes varios (¿tiene Karen secretos oscuros?, ¿qué pretende Stick y para quién trabaja?), que resultan intrigantes para el no lector de los cómics y buenos guiños para los fans.

Pero una vez salimos de la descripción y desarrollo de los personaje este guión no llega a ser redondo, porque el entorno donde los sumergen y el progreso de la trama fallan en algunos aspectos clave: le falta ritmo y vitalidad, y no queda del todo justificado por qué Fisk es el gran villano que dicen que es.

En el primer punto resulta obvio que hay largos tramos a los que no consiguen otorgarles suficiente ritmo, dejando la impresión de que a pesar de todo el potencial (espléndido aspecto visual, grandes personajes) la serie no avanza con la fluidez y fuerza suficientes como para aprovechar plenamente esas bases. Hay pasajes algo faltos de garra y que dan vueltas en círculos (cuántas veces Foggy y Karen se mantienen en pantalla con la excusa de salir a emborracharse, pero realmente no están haciendo nada; cuánto habla ella con Urich pero qué poco avanzan), y otras partes son bastante predecibles, porque al final, a pesar de tanto esfuerzo, no han sido capaces de esquivar el lastre de algunos estereotipos obligados por el género: la infancia de Matt no tiene mucha pegada y va perdiendo fuelle, y cuando llega la parte de Stick se vuelve bastante previsible y cargante; pero es que la de Fisk sólo sirve para presentar el detalle del cuadro, que sí, es genial, pero el resto del viaje a su pasado son clichés obvios que bastaba con señalarlos sutilmente; y ahí incluyo el destino del padre, que puede ser trascendental en su crecimiento pero se ve venir tan de lejos que deja la sensación de que era innecesario remarcarlo tanto.

La falta de vitalidad del entorno remarca estas carencias de ritmo, porque no parece pasar nada realmente importante a pesar del empeño en transmitir eso con el tono serio y ligeramente pretencioso del relato. ¿Es que nadie más vive en Hell’s Kitchen excepto los pocos protagonistas y unos cuantos criminales? No hay un entramado de personajes que nos recuerde que estamos en una gran urbe llena de gentes e historias, y casi la totalidad de escenas son en el despacho o en callejones y solares vacíos, dando la impresión de que no luchan realmente por nadie salvo por ellos mismos. Los realizadores se esfuerzan en darle personalidad a los secuaces y matones de Fisk, pero en cambio los héroes no parecen tener vida más allá del enfrentamiento con aquel: ni familia, ni amigos… ni otros casos. Por una vez me tengo que quejar de que a una serie le falte algo de procedimental. Estoy convencido de que le habría venido de perlas meter algunos casos secundarios para tapar estos agujeros. Servirían para mostrar la dinámica de trabajo (evitando tener que repetir las citas tontas -tontísimas- de Karen y Foggy), para justificar su sueldo (pero cómo se sustenta esta gente), y sobre todo para mostrar mejor el alcance de la organización de Fisk. La cansina anciana Elena, de la que te alegras de que muera de lo petarda que resulta, ejemplifica muy bien esta indefinición: es la única ciudadana que sufre las supuestas maldades infinitas de Fisk, el único caso que tienen contra él, y casi la única vez que los vemos batallar por alguien (Matt salva a unas pocas personas -las putas, el niño- en los dos primeros episodios, pero es una excusa para presentar sus habilidades).

De esta forma me temo que Fisk, pese a resultar por sí mismo un personaje memorable, no funciona realmente como villano. Primero, queda un tanto ambiguo su objetivo: ¿es un mafioso que quiere controlar el mundo del crimen o un tirano con una visión de romper el sistema para moldearlo a su gusto? Dice que quiere cambiar las cosas pero no es más que un capo con dinero comprando y vendiendo inmuebles. En su discurso de presentación al público habla de combatir crimen y pobreza como si se presentase a un puesto importante (concejal, fiscal o alcalde), algo que no hace, con lo que simplemente parece estar reforzando su fachada para seguir como hasta ahora. En otras palabras, su plan no se llega a concretar, ni siquiera se señala con claridad si se basa en el caos o en la dominación. Pero sobre todo, no se justifica claramente por qué los héroes lo consideran tan rápido como el archienemigo de la ciudad, si sólo tienen contra él algún roce con matones (Karen y la anciana) que creen asociados a él, pero sin pruebas tangibles. ¿Dónde está el plan megalómano, la siembra de crímenes numerosos y horrendos por todo el barrio o la ciudad? Como mucho, Matt descubre, persiguiendo delincuentes por la calle, que estaría implicado en el narcotráfico. Pero eso tampoco parece suficientemente probado como para llegar a la conclusión irrevocable de que Fisk es el mal último que asola el lugar. Y para colmo, cuando se convierte en una figura pública se cagan patas abajo, cuando en realidad no ha cambiado nada; es más, si acaso se volvería más vulnerable, porque cualquier cosa podría dañar su imagen.

Así pues, hay un desequilibrio importantísimo entre Fisk como persona y Fisk como villano (Kingpin), y la verdad es que me resulta sorprendente dada la evidente dedicación que han puesto en dibujar protagonistas complejos y humanos. Parece que poniendo tanto el foco en cosas concretas han perdido un poco la perspectiva global. No hay una gran trama con pegada que exprima y dirija mejor la dualidad héroe-villano, de hecho da la sensación de que lo poco que ofrecen además se explota tarde y mal, pues el giro que lleva a Fisk a la cárcel es endeble y repentino después de ir de forma tan vaga y lenta con la investigación.

Además hay otros detalles que pueden parecer poca cosa, pero son de esas casualidades y pequeños agujeros que se van sumando y terminan molestando. Qué conveniente que la mujer de Urich tenga la cabeza perfecta en el capítulo final para conseguir una escena de perdón lacrimógena. Por qué dicen que la vieja Elena no tiene a nadie y se encargarán ellos del entierro cuando capítulos antes nos han dicho que se llevaba tan bien con los vecinos que hasta se ayudaban con la comida. Qué oficina más lastimera tiene el periódico a pesar de que se supone que es uno importante en la ciudad (por cierto, no pudo ser The Daily Bugle por cuestión de derechos). Resulta bastante exagerado que Matt pueda escuchar todas las conversaciones de la policía desde una azotea, teniendo en cuenta lo grande que es la ciudad y la de ruidos que habrá interfiriendo; por ejemplo, que halle así a su objetivo en el episodio final resulta bastante forzado, no costaba nada que nos lo mostraran capturando a uno de sus hombres y robándole la radio, como ha hecho otras veces al buscar información. Y cabe preguntarse si se quedaron sin tiempo de rodaje o sin ideas en el desenlace, porque la pelea de Daredevil con Fisk está muy por debajo de las otras que hemos visto en la serie, con lo que después de la espera decepciona un poco.

En conclusión, Daredevil ha deslumbrado más por haber marcado un nuevo rumbo para las series de superhéroes que como serie en sí misma, pues a pesar de algunos puntos fuertes que rozan el sobresaliente también poee unas carencias dignas de mención. Pero no hay que poner el grito en el cielo porque “sólo” llegue al notable cuando tiene potencial para más, porque esto es sólo la presentación, y no de esta obra únicamente, sino de todo un universo que ha renovado el género pero sin duda también va a mostrar una nueva forma de hacer series.

PD: Con la de idiomas que se hablan en escenas enteras (español, ruso, japonés y obviamente inglés) se hace más evidente que nunca el sinsentido del doblaje. Supongo que en el paso al castellano convertirán a Elena en brasileña, como han hecho en otras muchas obras cuando hay personajes hablando nuestro idioma.
PD2: Eso de que decenas de chinos se queden ciegos voluntariamente para tener un trabajo de mierda es demasiado exagerado.

EL RESURGIR DE LOS SUPERHÉROES EN TELEVISIÓN.

¿Por qué el género de los superhéroes ha tardado tanto en despegar en condiciones en televisión? Hasta la llegada del plan de Marvel Television con ABC Studios y Netflix, salvo honrosas excepciones, no lograba alejarse de unos patrones muy limitados. Ojo, no voy a perder el tiempo citando las series anteriores a los noventa, porque su nivel de cutrez e ingenuidad hoy en día resulta insoportable y dudo que se salve alguna. Voy a centrarme sólo en la televisión moderna, los 90 y sobre todo el despunte desde el año 2000, cuando su madurez alcanzó cotas de originalidad, riesgo y calidad que superaban al cine. Tampoco tengo en consideración la sección Marvel de animación, con infinidad de series destinadas a los niños.

Ante esta edad de oro que redibujaba las fronteras narrativas con formas hasta ahora desconocidas y dejaba no pocas obras maestras entre un sinfín de series notables, muchos nos sorprendíamos y lamentábamos de que las cadenas y productoras siguieran empeñadas en considerar el género de los superhéroes algo de segunda: series baratas, destinadas a público juvenil y poco exigente, en las que ponían escaso o ningún esfuerzo por hacer algo de calidad. Sólo si hay suerte caen en manos de guionistas que son conscientes de las limitaciones y consiguen un producto amable y entretenido, aunque eso implica también falta de trascendencia y profundidad. En esa onda parecen estar The Flash (2014), Arrow (2012) y Agent Carter (2015, aunque esta la incluyo por estar relacionada con Los Vengadores, que de superhéroes no tiene prácticamente nada). Pero las demás que han ido surgiendo han seguido la nefasta estela de Lois y Clark (1993-1997), Smallville (que nació en este siglo, 2001-2011, pero parece de la época de la anterior) y semejantes, es decir, estancadas en el procedimental de tono juvenil, acobardadas a la hora de construir historias serias e inteligentes, con un nivel cualitativo que roza la vergüenza ajena… y con cierto éxito popular, porque a fin de cuentas el público demanda obras del género y se traga lo poco que haya.

Las críticas de Gotham (2014) señalan que repite esos cansinos patrones. Otras como Constantine (2014) no dejan huella alguna. Algunas se gestan tan fallidas que directamente mueren en el parto, como Wonder Woman (2011, la protagonizada por Adrianne Palicki, que fue motivo de burla cuando se vio el episodio piloto filtrado). Sólo Heroes (2006-2010) llegó a apuntar hacia un camino distinto, pero mucho me temo que las buenas ideas se les agotaron enseguida a los guionistas y el potencial de su primera temporada desapareció de golpe en el resto. Y sorprendentemente nadie parece haber intentado emular su fórmula de ofrecer un tratamiento más realista y complejo, salvo quizá Powers (2015, la primera serie de PlayStation Network), que al parecer se ha quedado en la fachada, viendo cómo la ponen a parir en todas partes.

La excepción a todo fueron Buffy, la cazavampiros (1997-2003), y su hermana Angel (1999-2004), obras que además salían casi de la nada, pues no se basaban en ningún cómic. Su creador Joss Whedon aprovechaba el viejo género de vampiros para construir un universo particular muy interesante, pero si destacaba era por su ingenio (tuvo algunas historias muy originales y arriesgadas) e inteligencia, que se notaba especialmente en el delicado y sutil tratamiento de los personajes, todos magníficos en su dibujo y encantadores y a través de los cuales exponía hábilmente temas sobre la juventud y la maduración. Con ellas quedó además patente el talento de Whedon como guionista, sobre todo en el género, donde ha terminado escribiendo cómics y películas de gran calibre.

Como habrá quedado claro por las referencias a los comentarios y críticas ajenos, estaba tan asqueado del género que no he visto ninguna moderna salvo Heroes (hasta que parecía evidente que no podía remontar). Quizá alguna se convirtiera en placer culpable si le diera una buena oportunidad, no digo que no, pero hoy en día no estoy dispuesto a rebajar expectativas, mi nivel de exigencia está al nivel de la buena televisión actual. Pero creí ver mis esperanzas cumplidas cuando se anunció Agents of S.H.I.E.L.D., la primera serie Marvel ambientada en el mismo universo que las películas, y encima vendida como una creación del gran Joss Whedon. Pero el estreno fue otra gran decepción, sólo tenía de Whedon el apellido y era otra producción con bases obsoletas y ninguna ambición. ¿Cómo pretendían los de Marvel trasladar el éxito del género en el cine a la televisión con una obra que parecía un subproducto de merchandising? Con ese nivel se me quitan las ganas de ver Agent Carter, que no la ponen nada mal, y desde luego no voy a tragarme eso de que la anterior mejora en la segunda temporada, porque para mejorar tendrían que rehacerla por completo y borrar la existencia de decenas de capítulos y personajes infames.

Pero el panorama ha cambiado de golpe por fin. Después de conseguir resultados simplemente correctos con Agent Carter y Agents of S.H.I.E.L.D. (críticas aceptables pero lejos de ser entusiastas, y poca pegada entre un público que suele ser muy fácil de enganchar), Marvel se ha puesto las pilas desarrollando, bajo la batuta de Jeph Loeb, presidente de la sección televisiva, un plan más ambicioso donde buscan una saga de corte adulto, serio, inteligente y desarrollada mediante una buena planificación: cuatro temporadas de distintas series interconectadas que terminarían en una miniserie. También pensaron en lanzarse a los nuevos métodos de emisión, es decir, en internet, para abarcar un rango más amplio de espectadores, pues ya tocan las cadenas tradicionales con aquellas dos. Finalmente fue elegida la cadena Netflix, supongo que por ser la más popular y mejor asentada por todo el globo (aunque hay que aclarar que la cadena no es productora, lo es ABC Studios, y estos sólo emiten, como hacen con muchas series). Y bueno, no descartemos que si tienen mucho éxito terminen haciendo películas para cine.

La series llegarían por este orden: Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage, Iron Fist, y terminarían uniéndose en The Defenders, sumando en total 60 episodios. Aunque las cosas parecen haber cambiado sobre la marcha, porque el exitazo de Daredevil (2015) les ha empujado a realizar su segunda temporada.

Daredevil es el personaje más conocido. En España llegó inicialmente como Dan Defensor, aunque su nombre original fue el que terminó asentándose. Trata sobre un abogado ciego tras el que se oculta un hombre atormentado (el cómic se fue volviendo más oscuro con el tiempo) que usa sus poderes (sentidos amplificados) para combatir el crimen. Jessica Jones adquirió sus poderes de vuelo, fuerza y resistencia superiores en un accidente radiactivo, y se dedica a combatir las injusticias desde una empresa de investigación. Protagonizará Krysten Ritter (secundaria en numerosas series, como Veronica Mars o Breaking Bad). Luke Cage sería presentado en esa serie, pues en algún momento establece una relación amorosa con la protagonista. El intérprete elegido es Mike Colter (Sons of Anarchy). Sus poderes son parecidos: fuerza sobrehumana y piel durísima, y actúa como un mercenario, aunque con un código de honor muy concreto. Iron Fist o Puño de Hierro (alias de Danny Rand) es un experto en artes marciales con gran agilidad, fuerza y rápida curación, además de algunos poderes mentales. Este llega a ser socio de Luke Cage, así que ya tienen otro nexo de unión. Todos trabajan en Nueva York, la mayoría en el barrio Hell’s Kitchen, y como indicaba, al final se unirían en The Defenders, uno de los muchos grupos de superhéroes que ha dado Marvel. Eso sí, habrá que ver lo fieles que se mantienen al concepto inicial de cada personaje, claro.

El gran nivel de Daredevil ha causado sensación, resucitando un género que no parecía madurar ni cuando más series se están produciendo, ganando adeptos que, como yo, nos manteníamos al margen por desidia. Ahora estamos en el lado contrario: llenos de expectación por un futuro de series de superhéroes que promete ser apasionante.

ORPHAN BLACK – TEMPORADA 3.

Orphan Black
BBC America | 2015
Productores ejecutivos: John Fawcett, David Fortier, Graeme Manson, Alex Levine, Ivan Schneeberg.
Intérpretes: Tatiana Maslany, Jordan Gavaris, Kristian Bruun, Maria Doyle Kennedy, Josh Vokey, Evelyne Brochu, Ari Millen.
Valoración:

En sus inicios Orphan Black deslumbró como un thriller bastante original y con algunos puntos fuertes sólidos. Las aventuras de las clones por el mundo, conociéndose y uniéndose para desentrañar el misterio que las dio vida, jugaban con varias personalidades muy atractivas (todas interpretadas magistralmente por Tatiana Maslany) y se apoyaban en algunos secundarios llamativos (Felix, Donnie, Scott). La acción, el drama y el humor estaban bien equilibrados, y la conspiración se presentaba prometedora, avanzaba despacio pero con buena letra. Pero todo empezó a diluirse en la segunda temporada, y en la tercera ha seguido perdiendo fuelle mientras además los fallos crecen. El equilibrio de géneros se ha roto, las historias personales de las clones se han separado casi por completo, la trama de misterio es farragosa, y ha empezado a tomarse demasiado en serio.

El intento de aportar humor se centra en Alison, y acaba desmadrando en una historia paralela que no lleva a nada para el excesivo tiempo que ocupa. Olvídate de ingeniosos y divertidos encuentros entre clones, salvo por un par de escenas, el hallazgo de la maquilladora y el jaleo de Alison y Cosima en el colegio. El drama y la acción se apoyan en el caos de conspiraciones, con lo que no consiguen transmitir cercanía y verdadera sensación de peligro ni en los momentos más difíciles, como el cautiverio en pleno desierto de Sarah y Helena. Y les cuesta horrores mantener en el juego a algunas clones: Cosima aburre cada vez más con su enfermedad que va y viene según quieran avanzar en la historia o no, y Alison como digo tiene una especie de serie aparte.

El principal problema y del que surgen los demás es que la intriga de conspiraciones, que va copando cada vez más protagonismo, roza el desastre. Tiran por la idea de enmarañar todo con poca insinuación y mucho de no decir nada, como si eso fuera narrar con inteligencia. Un thriller de calidad es uno que atrapa porque las pistas y revelaciones llegan de forma gradual y coherente manteniendo el misterio pero a la vez siendo inteligible, es decir, puedes ir pensando y construyendo teorías en tu cabeza. Aquí no existe ninguno de esos factores. Los capítulos resultan confusos y caóticos porque sueltan datos sin ton ni son en historias que no parecen ir hacia ninguna parte. Topside, Leda, Castor, doctores de cuyo nombre no te acuerdas, la vieja petarda del desierto, los que se llevan a Rachel… Cada dos por tres aparece una nueva sección o conspiración, cuando todavía no se ha empezado a explicar de qué va la anterior. Llega un momento en que no hay manera de saber cuál de ellas están intentando desentrañar las clones, quién busca a quién y por qué. Con los personajes más o menos igual. Rachel sufre un cambio en su vida sin que haya quedado del todo claro qué hacía en su puesto; Delphine ahora parece ser mala, o no, yo qué sé, porque no se explica nada; y luego están los secundarios que aparecen y desaparecen sin más: el incomprensible personaje de James Frain (qué forma de desaprovechar a semejante actorazo), el cansino ex de Beth que parece haber cambiado de bando otra vez, la novia de Cosima como otro de esos engaños que no lleva a nada, los clones de Castor que no se diferencian entre sí ni me interesa su destino, el dramón de la chiquilla (la que se fugó con uno de estos clones) que ya era cargante en la sesión anterior…

Son las clones las que consiguen mantener todo unido en un equilibrio precario: las vidas de las hermanas sigue interesándome incluso cuando se pierden en esas subtramas malogradas. Así, Alison y su marido me caen de puta madre y me gusta verlos desenvolverse por el mundo, pero me apena que no les dieran una trama con un rumbo más claro y relacionada con el resto. Sarah es una heroína con gran magnetismo, siempre decidida a luchar por los suyos, y Fe y S son unos apoyos geniales, ella por su pasado oscuro, él por su fidelidad y estilo… pero la mitad del tiempo no sé qué andan buscando, de dónde emerge el nuevo peligro. Helena sale mejor parada: manejan bien los cambios entre el drama y la comedia, algo que no es fácil con un personaje loco, pues se te puede ir hacia la parodia involuntaria en cualquier momento, y sus motivaciones son más simples y por lo tanto más claras. Cosima está en el otro extremo: me resultaba encantadora, pero su trama actual no saca nada de ella, sólo un romance simplón. Y la última que han encontrado, Krystal, es otro puntazo, demostrando otra vez el enorme talento de Tatiana Maslany, que ya lleva siete personajes principales distintos, más unos cuantos secundarios, y todos están interpretados con una perfección y detallismo alucinantes. Caben destacar los momentos en que una se disfraza de otra: hasta interpretando a un personaje que se hace pasar por otro somos capaces de discernir quién es quién por un simple gesto. Así pues, hay que decir de nuevo que el papelón de Maslany no tiene la fama y repercusión que merece.

Pero sí, por mucho que molen las clones, en líneas generales esta no es la Orphan Black en la que me embarqué, aquella aventura emocionante y divertida con personajes carismáticos que luchaban contra problemas tangibles. Se ha convertido en hija bastarda de Expediente X, otra serie de conspiraciones improvisadas sobre la marcha donde ponen una nueva capa sin terminar de asentar la anterior. Prácticamente todos los capítulos me transmitieron la sensación de dar vueltas en círculos, de desaprovechar un buen potencial, de fallar a la hora de narrar los distintos frentes con la fluidez e interés necesarios. Y no levanta cabeza ni en el tramo final, donde parecía que iban a dar algunas respuestas con el hallazgo de la fuente de las clones, pero, como es de esperar en este género, lo que hacen es darle otro giro forzado más, y encima tan flojo que no deja huella. Por la forma en que he pasado del entusiasmo a la decepción, por la forma en que están desarrollando la serie, me da a mí que no va a volver a encarrillarse.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

JUSTIFIED – TEMPORADA 4.

Justified
FX | 2013
Productores ejecutivos: Graham Yost, Elmore Leonard, Michael Dinner, y otros.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Nick Searcy, Joelle Carter, Jacob Pitts, Jere Burns, Mike O’Malley, Erica Tazel, Natalie Zea, Ron Eldard, Jim Beaver, Abby Miller.
Valoración:

Justified vuelve a encontrar el tono tras un tercer año que deshacía lo andado en el segundo, redondeando la fórmula hasta conseguir la temporada más equilibrada, fluida y emocionante hasta ahora. Sigue sin verse por ninguna parte la gran serie que algunos se empeñan en defender, pero como entretenimiento cumple de sobras. De hecho algunos de sus fallos siguen ahí, empezando por la puesta en escena regulera que falla en momentos clave (los tiroteos pierden bastante por el mediocre montaje, las conversaciones dentro de coches en movimiento son horribles) y el poco partido que sacan de algunos secundarios.

Lo primero a destacar es como siempre Raylan Givens, el marshal de culo inquieto con tendencias justicieras que se mete en fregado tras fregado para desesperación de su jefe. El carisma de Timothy Olyphant sigue siendo esencial para realzar un personaje que podría haber sido mítico si la serie hubiera alcanzado mayores cotas de calidad e influencia. Desde el primer capítulo empieza deslumbrando con la captura de un fugitivo y el trato que le da, pero momentos con su estilo hay otros tantos, como cuando busca enfrentarse con el ex de su actual novia o cuando dispara a un sheriff sospechando que era un impostor. Lo que sigue sin funcionar del todo es la exmujer. Sí, ella y el embarazo sirven para darle a Raylan algo de trasfondo y de humanidad, pero los guionistas no terminan de llegar a ninguna parte con la relación entre ambos, parece que ni siquiera buscan la típica relación en tensión, porque de hecho ella cada vez tiene menos protagonismo. Sale tan poco ni recuerdo cómo acabó embarazada ni qué fue del novio que tenía. Además al final se van al lado contrario, forzando cosa mala su presencia en la trama, porque el desenlace con la familia en peligro es predecible y sensacionalista.

En la comisaría tenemos los otros personajes desaprovechados, y sigo sin entender por qué los mantienen en los créditos como principales. Supongo que en algunas investigaciones es más verosímil que vaya acompañado de otros agentes, pero historias concretas con ellos sólo tenemos la de Tim con los veteranos de guerra, que no está nada mal pero no termina de darle vida al personaje, y algunos roces divertidos de Raylan con el jefe. Rachel continúa sin levantar cabeza, quedando relegada a un par de escenas en toda la temporada.

Más relevancia se le da a los villanos secundarios (Duffy, Augustine) y al séquito de Boyd, donde el juego a dos y tres bandas del primo Johnny y las meteduras de pata de Colton mantienen bien la intriga sobre si Boyd caerá por sus propios hombres. Y este gran Boyd Crowder por fin está aprovechado plenamente en historias propias y líos con Raylan sin parecer una presencia forzada en ningún instante. La dinámica entre ambos se mantiene muy bien, y esto es una sorpresa, porque mantener la rivalidad durante tantos capítulos, alternando entre momentos de calma y momentos de tensión pero sin llegar a un punto en que no fuera verosímil postergar el enfrentamiento final, es algo muy difícil de conseguir y de hecho anteriormente no lo lograban. Las veces que se cruzan tememos que pase algo de una vez entre ellos, pero cuando las cosas se medio solucionan no da la sensación de dar tramposas vueltas en círculos. Hasta las tramas secundarias de Boyd, como la del religioso que le quita clientes, funcionan de maravilla. De hecho la forma de vencer a este tipo es fantástica. De ahí pasamos a los jaleos con los ricos (donde hace gala de gran inteligencia, pero también excesiva ambición), los jaleos con Duffy y Detroit, el miedo a que descubran el cadáver que dejó Ava, el lío en que se va metiendo la puta tontita Ellen May… Es un no parar de aventuras muy bien enlazadas y con giros bien trabajados, algunos incluso con buenas sorpresas, en especial al final cuando le devuelven alguno de sus golpes o cuando nos dicen por fin quién es Drew Thompson, el misterioso fugitivo tras el que todos andan.

Y eso es lo mejor de la temporada: todas las tramas, y son bastantes, tienen su tiempo bien medido y denotan buena planificación, de forma que se combinan muy bien, porque de una forma u otra casi todas las cosas acaban conectadas. El hallazgo de la bolsa, el interés de varios grupos en ella y las andanzas particulares de Boyd son los troncos principales, pero ramificaciones hay muchas. Hasta los casos sueltos ya se alejan completamente de parecer el caso del día (el fugitivo negro da mucho juego, por ejemplo). Otro gran logro es que consiguen hacer relevantes (y temibles) a personajes que no llegamos a ver, como el mafioso jefe de Detroit, Theo Tonin. Es cierto que eso complica a veces saber de quién están hablando, o que la guerra entre sus herederos queda un poco rara al mencionarse de pasada, pero se manejan muy bien los miedos y repercusiones de estos grandes mafiosos en los criminales locales.

La otra gran virtud es que la serie se encontró su tono hace tiempo y este sigue siendo esencial para conseguir una serie con cierta personalidad: la combinación de humor negro e ironía a la hora de tratar a los paletos sureños y los criminales ofrece muchos buenos momentos de humor.

PD: fatal el casting de una treintañera para hacer de adolescente de dieciséis o así (la que entra en casa de Raylan).

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.