LA CONJURA CONTRA AMÉRICA – MINISERIE


The Plot Against America
HBO | 2020
Drama | 6 ep. de 58-70 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Ed Burns.
Intérpretes: Morgan Spector, Zoe Kazan, Winona Ryder, Anthony Boyle, Azhy Robertson, Caleb Malis, John Turturro, Michael Krostoff, David Krumholtz, Ben Cole, Jacob Laval, Steven Maier, Caroline Kaplan.
Valoración:

El escritor David Simon (en la siguiente foto) y su colaborador puntual Ed Burns no deberían necesitar una presentación a estas alturas, pero por si acaso, os remito a la que les hice al hablar de The Wire (Bajo escucha, 2002). Esa serie, considerada por cualquier seriéfilo como una de las mejores de la historia, si no la mejor, muestra muy bien el talento y el talante de ambos, su gran habilidad para volcar experiencias propias en vívidos retratos de épocas y sociedades concretas y hacer que emerja de ellos una crítica muy inteligente de los problemas que las han asolado. Simon siguió por el mismo camino en otra obra monumental, Treme (2010), centrada en New Orleans tras el huracán Katrina y en cómo en vez de levantar la ciudad aprendiendo de los fallos todo siguió igual, y otra con un potencial algo desaprovechado, Show Me a Hero (2015) y su retrato de las revueltas sociales de Yonkers.

El novelista Philip Roth, comprometido también con la idea de mostrar los males de Estados Unidos por si llega a servir de algo, tiene algunos libros bastante conocidos, como Pastoral americana (1997), que le valió un premio Pulitzer. En 2004, viendo la deriva del país y del mundo tras los atentados del 11 de septiembre, publicó La conjura contra América, una distopía a modo de historia paralela donde ante la llegada de la Segunda Guerra Mundial EE.UU. se vuelca hacia la ola de fascismo generada por Hitler.

Volviendo al mundo real, las crisis económicas y sociales que nos han azotado en este milenio, en vez de hacernos aprender han azuzado de nuevo el fantasma del fascismo de forma inquietante. Estados Unidos, otrora adalid de las libertades, ha caído de lleno en las primeras fases de su implantación con la llegada de presidente Donal Trump, de quien nos reíamos en la campaña electoral por su estilo estrafalario y sus paridas y ahora nos tiene acojonados.

Que Simon y Burns abordaran la adaptación de esta novela justo en estos momentos no parece una coincidencia. Todo parecía apuntar a que dos autores otrora elegantes y comedidos en el aspecto crítico iban a ir a por todas a la hora de señalar desde la ficción los problemas actuales. Pero el estreno de la miniserie ha dejado muy frío a todo el mundo. A sus seguidores, acosumbrados a un nivel de excelencia al alcance de muy pocos, a los medios e intelectuales, que podrían haberla aprovechado para avivar sus críticas, e incluso a grupos políticos de tendencias oscuras: me sorprende que no agitara el avispero de fanáticos políticos y conspiranoicos, pues tenían a tiro decir que es una producción de propaganda sionista o una campaña de difamación contra Trump. Que no alterara a colectivos tan irascibles muestra muy bien el poco calado y capacidad de provocar que han logrado.

Da la impresión de que han ido con prisas para llegar a tiempo en plena ola Trump, que no han meditado sobre el proyecto y trabajado en su desarrollo como es debido. Es la obra de Simon más aburrida desde el coñazo que resultó Generation Kill (en la que participó Burns también), apenas queda un poco por encima en interés por temática y personajes. Hasta Show Me a Hero, que no emocionaba mucho como serie dramática, tenía al menos algo que le permitió dejar una tenue huella, un retrato social y una visión crítica bastante efectivos. Incluso su obra más reciente, The Deuce, Las crónicas de Time Square (2017), donde no pretendía un retrato exhaustivo de los condicionantes políticos que mueven los tiempos retratados, ha acabado teniendo una perspectiva mucho más compleja. La conjura contra América es muy parca en contenido y sentimientos tanto en la odisea de sus personajes, como en el drama social, como sobre todo en la visión política tan prometedora en principio.

El drama familiar es lo que mejor parado sale, pero no como para enganchar con fuerza y hacer olvidar las carencias generales. Los Levin son unos judíos que viven felices en su barrio de Newark (New Jersey), lleno de compatriotas, sobre todo porque la situación económica va mejorando tras el crack del 29 en EE.UU. y los coletazos de la Gran Guerra en Europa, de forma que aspiran a mejores trabajos, empiezan a buscar una casa más grande… Pero la nueva situación los zarandea, los pone en el foco de la tormenta, hace mella en las relaciones personales, deja su futuro en vilo. Sin embargo, a pesar de narrar eventos tan jugosos, a la hora de la verdad no llegamos a encontrar un gran drama. Tenemos las vivencias justas para interesarnos por su día a día y esperar qué les deparará el futuro, pero nunca llega a alcanzar un buen nivel de incertidumbre y desasosiego, ni en los momentos más grave se sufre con ellos.

Herman, el cabeza de familia, está todo el día cabreado, pero poco hace; al final por fin se implica algo más… pero no camina en ninguna dirección llamativa ni llega a un final recordable. Eso sí, Phil Spector está estupendo y levanta mucho el interés. Parece que Simon quería a Oscar Isaac, protagonista de Show Me a Hero; o eso deduzco de esta entrevista, undécima pregunta, donde habla de dinero y actores. Pero con el caché de cine que tiene se salía de presupuesto y optaron por un rostro menos conocido. Yo me alegro, así se dan oportunidades a actores desaprovechados. La esposa, Elizabeth, representa a la ama de casa que empieza pareciendo poca cosa y va endureciéndose, pero también es un arco facilón y previsible. Zoe Kazan ha mostrado en La balada de Buster Scruggs (2018) y The Deuce ser un valor seguro, y también ensalza bastante un personaje que no termina de deslumbrar.

Alvin, el hermano acoplado, viene a representar el tipo que parecía perdido y sin futuro pero encuentra nueva determinación en tiempos duros. Sin embargo, acaba resultando un comodín para mostrar otros aspectos de aquellos tiempos (los problemas laborales, la breve parte bélica) sin terminar de encajar en nada; la escueta aventura bélica parece incluso un engaño, no vemos nada útil y llamativo después de anunciar tanto. Anthony Boyle apenas está empezando su carrera y tiene bastante potencial. Evelyn (Winona Ryder) es la hermana de la esposa, quien ve que pasa el tiempo y no encuentra marido. Se acaba enamorando del rabino Lionel Bengelsdorf (John Turturro)… y de su mundo deslumbrante lleno de poder y fiestas. Estos representan al típico sector que se alía con sus opresores, obsesionados por mantener su posición aun a costa de negar la realidad. Pero si esperabas que su historia terminara de apuntalar las tragedias latentes, tampoco da mucho de sí, un par de peleas con la familia y la consabida lección que les estalla en la cara al final.

Los Levin tienen dos hijos. El joven Philip (Azhy Robertson) absorbe todo el estrés sin que los adultos lo noten, y parece que podría acabar mal parado… pero los autores se empeñan en resaltar demasiado su drama (cuántas miradas de sufrimiento forzado) para al final tampoco llegar a conformar una evolución emotiva y recordable. El adolescente Sandy (Caleb Malis) sale mejor parado, aunque tampoco sorprenda. Su incipiente rebeldía choca con el proteccionismo de sus padres, lo cual es la historia de siempre, pero tiene naturalidad suficiente para funcionar bien, y aquí logran lo contrario que con el otro, ser más sutiles: la mirada de entendimiento cuando padre e hijo se perdonan y aceptan por fin es el desenlace más concreto y efectivo.

A través de ellos los autores pretenden mostrar cambios sociales muy complejos, y no llegan. Para empezar, salta a la vista que falta una representación más amplia de ciudadanos y políticos. Del gobierno sólo tenemos un par de aportaciones de la primera dama, porque el presidente sólo aparece brevemente en los noticieros, y la vida a pie de calle se limita a la experiencia de la familia y a unos pocos secundarios poco trascendentales (un par de amigos de Herman y Alvin). El foco tan centrado en un grupo reducido no tendría por qué impedir mayor versatilidad en historias, que los eventos se mostraran con una progresión más elaborada y mayor capacidad de impacto, pero los autores apenas salen de limitada burbuja familiar, donde además mucha información es adquirida a través de la radio, lo que será realista, pero contraproducente a la hora de dar emoción y ritmo. Las manifestaciones de problemas sociales (los mítines saboteados, el viaje a tierras sureñas dominadas por el Ku Klux Klan) llegan tarde y no impresionan mucho.

La visión política es desde luego valiente, una temática que pocos se atreverían a abordar, pero ni esta es tan provocadora como se esperaba ni la combinación con el drama social ofrece una perspectiva realista y crítica compleja y con calado.

El aviador Charles Lindberg se considera, ya desde cuando vivía, un héroe nacional a pesar de sus declaraciones con un escalofriante tono fascista. El tomar una figura tan endiosada y convertirla en el villano de la función no resulta muy adecuado ni respetuoso. ¿Por qué coger una persona real, y más una tan reciente, y jugar con su vida como te da la gana, en vez de partir de un personaje inventado? Pero esto no parece haber generado polémica, de lo desapercibido que ha pasado la serie.

La evidente comparación de la trama con la deriva política de Trump tampoco ha generado muchas conversaciones y controversias. El fascismo, la xenofobia, los desmanes de los poderosos amparados por el control de los medios, el daño social, sobre todo en las minorías… El material es potente, pero la narración sigue un camino demasiado sencillo y predecible que no permite generar una historia sobrecogedora y que empuje a la reflexión. Al ser una obra tan limitada, da la sensación de que te lo han contado muchas veces (en V, los visitantesKenneth Johnson, 1983-, ya lo hicieron mucho mejor) y no te lleva a pensar y comparar con tu sucesos de actualidad. Además, sabiendo que Simon y la HBO apuntan a un público más culto e implicado, el que se pusieran el listón tan bajo sorprende y decepciona.

Por el lado contrario, en acabado visual tenemos una obra algo más ambiciosa que de costumbre en Simon, quien siempre ha preferido una profesionalidad disimulada en vez de una ostentación descarada. La dirección de los seis episodios se la reparten uno de los grandes de la televisión, Thomas Schlamme (artífice del aspecto visual revolucionario de El Ala Oeste -1999-) y una de las mejores directoras emergentes, Minkie Spiro. Ofrecen un acabado sobrio pero versátil que saca buen partido de la notable recreación de la época. De hecho, esta tiende a ser incluso a veces más lujosa de lo que el sencillo relato requería: hay exteriores espectaculares con calles atestadas de coches y gente que a la hora de la verdad no parecen necesarios. Quizá la HBO tenía más confianza en un posible éxito y soltó más dinero, pero está claro que la miniserie no ha funcionado para nadie como se esperaba.

Es inevitable comparar con otra distopía reciente que sí ha resultado tan inquietante como el género permite. El cuento de la criada (Bruce Miller, 2017) destaca en todo en lo que La conjura contra América se queda corta: es espeluznante en la visión política y social, muy sensible en el drama, e hipnótica en el acabado visual.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .