DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 4.

Dowton Abbey
ITV | 2013
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Matt Milne.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describdo a fondo la trayectoria de los personajes.–

Como viene sucediendo, cada nuevo año pierde algo de energía respecto al anterior, y empiezo a preguntarme si no sería mejor ponerle fin antes de que la caída sea demasiado acusada. Esta cuarta temporada deja entrever aún más los problemillas que son patentes desde la segunda sesión: pérdida de fuerza en las tramas principales, estiramiento de las historias secundarias, personajes que poco evolucionan y quedan estancados. Pero también siguen brillando sus puntos fuertes: el ritmo excelente es capaz de disimular que no hay mucho contenido detrás, las decenas de personajes muy bien dibujados resultan encantadores, las mil y una historias del día a día siguen siendo interesantes, la excelente puesta en escena le da un aspecto muy hermoso…

Entre las tramas más largas es Edith quien más protagonismo gana. El extraño romance con el editor, la desaparición de este, el embarazo y las dudas sobre si aborta o no son bastante clásicos pero también esperables, que esto es un drama de líos familiares, y funcionan bastante bien, sobre todo a la hora de darle vidilla a la chica, que siempre quedaba muy descolgada. Cierto es que quizá se estira demasiado o va demasiado despacio, pero tiene buenos momentos, como cuando la abuela se mete en el fregado y está sorprendentemente educada y dando buenos consejos. Otra jugosa historia es la de la violación de Anna, con secuelas bien trabajadas y con el temor constante a que Bates hiciera alguna locura… como finalmente hace; el si se descubriría el pastel es tema recurrente en el tramo final del año, y el posicionamiento moral de varios personajes (Mrs. Hughes a la cabeza) entra en juego: ¿dónde están los límites entre la justicia y la venganza?

Después de perder al marido, la vida de Mary no toma un camino trágico, quizá por suerte, porque podría parecer que se ceban con el personaje. Su rechazo a pasar página dura bastante y permite jugar mucho con su cabezonería, y la presencia constante de dos nuevos candidatos a esposo también da muchas vueltas, siendo estas de desigual interés: como Edith, necesita algo de renovación, porque a la larga se nota que estiran la trama. Mi parte favorita vuelve a ser el contraste entre los estratos sociales que se ofrece a través del ascenso del chófer, Tom Branson, que no termina de encontrar su lugar en el mundo. En el último episodio, el especial navideño, hacen otra interesante comparativa, Inglaterra contra Estados Unidos, que resulta también muy lograda. Por cierto, el personaje de Paul Giamatti pide a gritos un lugar fijo en la serie. En cuanto al padre de familia, su línea es sencilla este año: sigue con los líos de las tierras y poco más. Branson y Mary al menos aportan algo de conflicto a sus ideas obsoletas, y con ello seguimos viendo como llegan los cambios a la aristocracia.

En las historias secundarias las más remarcables son las siguientes. Al principio de temporada el pasado de Carson vuelve para acosarle, mostrando que el personaje tuvo una vida antes de la mansión. Molesley lo pasa mal buscando un nuevo empleo, y Carson no se lo pone fácil. Una de mis favoritas ha sido la prima Lady Rose y sus ganas de fiesta, y la que lía cuando se enrolla con un cantante negro, un shock demasiado grande para la conservadora familia. Y por supuesto no fallan los líos de las abuelas, siempre picadas entre ellas y siempre arrastrando sus propias obsesiones; las frases de Violet como siempre resultan punzantes y tronchantes. Pero también hay algunas secciones que dejan malas sensaciones. Con Thomas es evidente que los guionistas no saben qué hacer; no se atrevieron a sacarlo del armario, dejando el asunto de la homosexualidad en eterno suspenso; que sea un cabrón resulta muy repetitivo si no ahondas en sus motivaciones; y en definitiva lo tienen ahí un tanto aparcado. Y finalmente los líos de Alfred con la joven Daisy y con lo de que si se va o no se va a estudiar para cocinero resultan harto cansinos.

En líneas generales Downton Abbey no ha perdido tanto como para hablar de un mal año, pero ya está lejos de la calidad inicial y si no cambia, al ritmo que va, la siguiente temporada sí será decepcionante. Ahora mismo es un correcto entretenimiento, pero incapaz de conmover y asombrar como en sus mejores momentos. Necesita muchísimo una o dos tramas principales jugosas (no sensacionalistas a ser posible) que marquen un rumbo más claro y llamativo, así como renovar algunas de las historia secundarias, que se están apalancando. La realización sigue siendo sublime (imposible no señalar la fantástica fotografía y el vestuario) y el reparto está muy bien asentado en sus papeles, pero sin historias donde lucirse no destaca como podría.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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