THE CRIMSON PETAL AND THE WHITE – PÉTALO CARMESÍ, FLOR BLANCA.

BBC | 2011
Guión: Lucinda Coxon, Michael Faber (novela).
Dirección: Marc Munden.
Intérpretes: Romola Garai, Chris O’Dowd, Amanda Hale, Shirley Henderson, Katie Lyons, Elanor Yates, Elizabeth Berrington, Richard E. Grant, James Wilson, Isla Watt, Clare Louise Connolly, Gillian Anderson.
Valoración:

The Crimson Petal and the White (Pétalo carmesí, flor blanca) es una arriesgada y logradísima miniserie de la BBC de cuatro episodios de casi una hora cada uno basada en la novela homónima escrita por Michael Faber. En el lóbrego Londres victoriano Sugar es una prostituta que está ganando cierta fama por sus habilidades y belleza. William, un tímido adinerado, queda prendado de ella y su compañía le hace ganar tanta confianza que le otorga una vida de ensueño para tenerla siempre a su lado. Ella no desaprovecha la oportunidad, pero pronto el paraíso se tambalea: la esposa está loca, la hija no está siendo bien educada, las amistades aportan más daño que felicidad… Ha ascendido muy alto, pero podría caer desde la cima.

La absoluta protagonista, Sugar, encandila en cada plano (y acapara muchos, muchísimos) con su aparente fuerza, su serena belleza y sus ganas de sacar lo mejor de las personas. William resulta agradable a pesar de su torpeza en las relaciones sociales y su poca entereza para sobrellevar las cargas y problemas de la vida. Su mujer, Agnes, oscila entre la lástima y la simpatía, y su hija más aún. Hay algunos secundarios que sirven para reforzar la visión de la época (los tabúes sociales, principalmente), pero lo cierto es que como protagonistas quedan muy por debajo de los principales, así que me hacen pensar que en la adaptación estas subtramas han perdido algo de densidad.

La ambientación, cuidada con esmero (aunque debo decir que en un plano se ve asfalto y las rayas pintadas de los aparcamientos…), ofrece una mirada certera de la sociedad de finales del siglo XIX, remarcando la podredumbre de los barrios bajos, oscuros y llenos de enfermedades y violencia. Visualmente es muy cruda, visceral, incluso macabra. No me cabe duda de que no es apta para todos los públicos, pues se hace difícil de digerir en algunos momentos, sea por trágica o por resultar explícita sin contemplaciones. Desde luego es completamente opuesta a la reciente Downton Abbey (de la ITV), que ofrecía una perspectiva (aunque sea de una época inmediatamente posterior) límpida, rutilante y casi utópica. De ahí supongo que se debe su emisión en BBC Two, dedicado a público más minoritario.

El reparto es bastante reducido pero llena la pantalla con una fuerza impresionante. Romola Garai y Chris O’Dowd hacen de sus personajes e interpretaciones una pareja inolvidable. Ella es todo sentimientos contenidos cuando no fingidos y gestos sobrios; sus ojos grandes y llenos de vida sumados al maquillaje (piel blanquecina y afectada por alguna enfermedad) le dan un aura irreal, fantasmagórica. Él muestra con determinación a un individuo débil, agobiado por los requerimientos sociales y empresariales. Cierra el núcleo principal Amanda Hale como la mujer enferma, un papel difícil que resuelve con maestría: sus desequilibrada mente, sus miedos, altibajos y delirios se hacen bien palpables.

La historia es en el fondo un drama de personajes bastante clásico, y si afinamos más aún, el cuento de la puta y el príncipe salvador está muy usado. Así, a pesar de la más que notables cualidades del guión (en especial la citada calidad de los personajes y la exquisita recreación de la época), no me cabe duda de que en otras manos podría haber resultado un relato demasiado convencional, de hecho el desenlace pierde algo de fuelle por resultar bastante evidente desde mucho antes. Lo que hace grande a este relato es su acabado, su envoltorio, un auténtico festín de virtuosismo y belleza que logra hipnotizarnos en cada fotograma. La brillante puesta en escena de Marc Munden se encuentra a medio camino entre John Adams (la miniserie de la HBO), la magnífica El discurso del rey y las obsesiones de Darren Aronofsky (Requiem por un sueño, El cisne negro). La fotografía de Lol Crawley es vanguardista, atrevida, llena de ángulos muy artísticos, inclinados o en perspectivas forzadas. Vital es también la banda sonora, ya que hay muchos tramos sin diálogos. La labor del desconocido Cristobal Tapia de Veer no falla, pues sus notas son siempre emotivas y vivaces. Las secuencias están llenas de movimiento y aprovechan la ambientación de maravilla, componiendo escenas fascinantes, auténticos cuadros vivos, hermosos incluso en los momentos más sórdidos o dramáticos.

The Crimson Petal and the White es una producción espléndida y única que recomiendo encarecidamente a quien busque buena televisión… o buen cine, porque la frontera más que nunca no está clara.

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