Archivo mensual: agosto 2016

EL SÉQUITO – TEMPORADA 1.

Entourage
HBO | 2004
Comedia | 8 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Debi Mazar, Perrey Reeves.
Valoración:

El séquito fue concebida por Mark Wahlberg, un actor de sobras conocido que empezó aquí su andadura como productor. El entorno (colaboradores, amigos) le indujo la idea de narrar la emocionante vida del séquito de amigos que lo acompañaba en su viaje por el mundo del cine, aunque al final optó por una versión muy ficcionada, dejando de lado el tono biográfico, en parte porque buscaba una comedia y su pasado oscuro (donde un atraco con agresión lo llevó a la cárcel) no encajaba, pero supongo que principalmente para tener libertad total a la hora de crear las historias.

El proyecto fue desarrollado por Doug Ellin, creador y guionista principal, quien no tenía una carrera llamativa pero aquí logró una serie con mucha personalidad, y los directores Julian Farino y Mark Mylod, que imprimieron un estilo de falso documental (ligera cámara en mano, montaje veloz) que proporciona gran naturalidad y un ritmo trepidante, aunque otros muchos actuaron como productores ejecutivos, como Rob Weiss, Eric Weinstein y Stephen Levinson.

Seguimos las andanzas de un grupo de amigos de Queens, un barrio de Nueva York, quienes dejan todo lo que hacían (que en algunos casos era nada) para acoplarse a uno de ellos en su carrera como actor en Hollywood (Los Ángeles), pues el mundo de posibilidades que abre el dinero y la fama son muy atractivos. Como dice este cabecilla, No me metí a actor para trabajar.

Vincent Chase, Vince para los amigos, es el joven con el talento principal que necesita un actor: ser guapo y caer bien con gran facilidad. Mientras la taquilla mande, la interpretación está en segundo lugar. Y parece que el éxito empieza a alcanzarlo: el estreno de Head On, coprotagonizada por Jessica Alba, ha pegado bastante fuerte y esperan que le abra las puertas para poder elegir guiones a su gusto. Este rol sería la versión ficcionada de Wahlberg, eso sí, como indicaba, en plan luminoso. El tío es un buenazo, no parece que le pase nada malo, nunca se agobia ni enfada, no se esfuerza mucho y las cosas suelen salirle bien… Pero pronto veremos que hay más tras esa idílica fachada, pues el personaje es realista y tiene sus áreas grises: tras el éxito fácil se esconde lo habitual, una figura llena de miedos e inseguridades y que no sabe valerse por sí misma. De ahí que su pandilla sea tan importante para él.

Eric Murphy, o E a secas (pronunciado “i” en inglés, en castellano juraría que omiten este apodo), es su amigo de la infancia y el pilar donde se sostiene. Él lo animó a meterse a actor porque veía cualidades y atractivo de estrella. En realidad tenía un trabajo como encargado en un restaurante italiano, pero aun así decidió seguir la aventura de Vince. Hace de mánager improvisado, leyendo los guiones, yendo a las reuniones con el agente y los productores. En seguida se ve también su posición en el grupo: es el más maduro, capaz y trabajador, y aunque Vince es el pegamento que los une, parece que sin él estarían muy perdidos. El personaje se inspira en dos de los productores de la serie, Eric Weinsten, amigo de toda la vida de Wahlberg, y Stephen Levinson, durante mucho tiempo su mánager.

Johnny Chase es el hermano mayor de Vince, apodado Drama por lo evidente: hace una montaña de todo. Tiene una pobre imagen de sí mismo y un humor cambiante, siendo por lo general muy pesimista. Vive a la sombra de la juventud y la prosperidad del otro, porque su carrera duró poco, un papel protagonista en la serie de culto Viking Quest y algunas apariciones esporádicas en procedimentales varios. Y ve que los años se le echan encima. La justificación para que siga viviendo bajo su techo es que se supone que es su entrenador y dietista, aunque el primero es un trabajo inexistente y en el segundo siempre acaba haciendo el desayuno para todos. Parece ser que no está basado en el hermano de Wahlberg, Donnie, con una carrera poco lustrosa, sino en un amigo de la familia al que Donnie encargó cuidar de Mark en su tumultuosa juventud.

Tortuga (Turtle en inglés, en español lo traducen o no según les dé), cuyo nombre real nadie recuerda ni a nadie le importa, es el chófer, recadero y conseguidor. Todos los pequeños amaños y tareas fuera del negocio del cine los aporta él: adquirir las drogas, montar las fiestas, llamar para que pongan el cable o arreglen la piscina… Con Drama forma una pareja de parias inseparables y eternas rémoras de Vince. Se basa en una figura semejante de la panda de Wahlberg, que falleció no mucho después de estrenarse la serie en un desafortunado ataque de asma. Como curiosidad, varios del séquito real llegaron a audicionar para la serie.

Ari Gold es el agente que negocia los guiones y aporta los contactos necesarios para medrar en la industria. Es un tiburón empresarial en toda regla: es famoso en el gremio por ser implacable y exigente, y en lo personal es considerado un tanto odioso (machista, homófobo y todo lo que le eches). Tanta dedicación mina su familia, de la que vemos poco por ahora pero nos hacemos una idea: el matrimonio está en el filo del precipicio. Está inspirado en el propio agente de Wahlberg y uno de los más importantes del mundillo, Ari Emanuel.

El resto de figuras relevantes son presentadas poco a poco. La publicista Shauna y sus pezones, el director indie Billy Walsh (una versión loca de Robb Weiss) y la mujer de Ari serán bastante relevantes, pero otros como los agentes que compiten con Ari, Josh Weinsten y Adam Davies (con los que es fácil liarse con quién es quién), aparecerán también de vez en cuando. Y es inevitable citar los cameos. Por la serie pasarán infinidad de actores haciendo de sí mismos (algunos de forma recurrente), lo que ayuda a mantener el tono de falso documental; incluso alguna vez vemos al propio séquito de Mark Wahlberg cruzarse con su versión ficticia. Este año nos encontraremos con Jessica Alba, Scarlett Johansson, Ali Larter, Jimmy Kimmel, Sarah Silverman, Larry David… Aunque la más destacada sería la aparición de Gary Busey explotando su lado más loco.

El séquito combina con habilidad dos temáticas, la amistad y el mundo del cine. Los ligues, las fiestas y demás vicios guían las vidas de la pandilla, y el trabajo es un medio para ese fin; como repite Vince algunas veces, si tienen que volver a Queens porque fracasa, volverá con la cabeza alta porque tiene a sus amigos. Obviamente esta vida está magnificada por los lujos que permite la incipiente fama: las fiestas en mansiones de famosos y los excesos de todo tipo (drogas, caprichos –a los coches de lujo los laman “juguetes”-) no se acaban nunca. Una vez presentada esta sección vamos introduciéndonos más a fondo en la otra, el funcionamiento de la industria cinematográfica. Entre una juerga y otra vemos las entrevistas, promociones y reuniones con las que debe cumplir Vince, a las que van con el mismo tono despreocupado y fiestero. Pero en la búsqueda del próximo guion vemos la parte más seria, siguiendo todas las fases de este proceso: lo que quiere el actor (algo que le motive), lo que necesita el agente (una película que dé fama y dinero rápido), lo que debe mediar el mánager (no dejar que ninguno de los anteriores pierda el juicio), las reuniones con los implicados en el proyecto, las peleas con las manías y exigencias de directores y productores, hacer concesiones y peticiones…

Y esto sólo es el principio, porque el universo paralelo al Hollywood real que va construyendo la serie conforme avanza cada vez resulta más complejo y atractivo. Veremos la larga y variada odisea de Vince, Ari y Eric por las principales fases que se viven en el mundo del cine en sus respectivos trabajos, llegando a tener una representación muy realista y detallada y sobre todo muy entretenida y divertida, porque aunque a veces cae en el drama siempre mantiene un tono de cuento de hadas gamberro muy seductor.

El ritmo es muy bueno, el humor ágil y sencillo pero nunca simplón, pues no es una comedia tontorrona para adolescentes, sino que busca un tono más inteligente, una perspectiva de la inmadurez y las relaciones entre jóvenes más elaborada. Las aventuras del grupo desbordan ingenio y simpatía, apoyándose sobre todo en la dinámica que mantienen entre ellos (las bromas, los piques y las excentricidades de cada uno). Estos encantadores y magníficos personajes son el factor clave para que esta corta primera temporada, en sus primeros capítulos un tanto predecible y poco prometedora, crezca a ojos vista hasta resultar muy entretenida y emocionante y dejar la sensación de que todavía puede llegar a más (y de hecho lo hace). Y los actores son cruciales en el proceso, mostrando todos una excelente química y gran carisma.

Adrian Grenier como Vince sería el único algo limitado, pero tiene la espontaneidad y candidez justa para que quieras hacerte su amigo. Al parecer fue un casting difícil, porque buscaban un actor con porte de estrella pero que a la vez no tuviera fama, para que fuera más fácil conectar con el personaje; Grenier tenía pocos papeles, lo justo para haber cogido experiencia. Jerry Ferrara (que también venía de unos pocos trabajos irrelevantes) como Tortuga transmite muy bien la mezcla de gracia y pena por parecer el tontito de la panda. Kevin Dillon tenía un currículo más abultado, pero fue esta serie la que le dio más visibilidad: como Drama se hace rápidamente a un rol difícil, el de fracasado con la autoestima rota que finge que todo va bien pero de vez en cuando estalla en ataques de ansiedad o ira; y mejora conforme el personaje evoluciona. Kevin Connolly (Eric) llevaba actuando desde crío, destacando Infelices para siempre, y se nota su soltura: su papel es el más sólido, dotando de gran personalidad a un rol que a primera vista no ofrece características tan llamativas como los otros, pues es el tipo más normal y maduro del cuarteto; es decir, su forma de actuar te describe el personaje antes de conocerlo a fondo: la relación con los demás, en especial con Vince, se construye por sus miradas, gestos y emociones contenidas. La figura más reconocible antes y sobre todo después de la serie es Jeremy Piven, quien con una carrera larga y variada tenía cierto renombre como actor secundario de gran calidad, pero aquí deslumbró a lo grande… Bueno, en realidad en este corto año apenas deja entrever su potencial, pero los realizadores lo vieron y lo aprovecharon al máximo, dándole en adelante un papel mucho más exigente que explotara sus cualidades. Así, Piven cogió a Ari Gold, el agente hiperactivo, estresado y ambicioso, y lo hizo suyo de forma impresionante, llegando conseguir una de las interpretaciones y uno de los personajes más memorables de la historia de la televisión.

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HOUSE OF LIES – TEMPORADA 5 Y FINAL.

Showtime | 2016
Comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Matthew Carnahan, Don Cheadle, Jessika Borsiczky.
Intérpretes: Don Cheadle, Kristen Bell, Ben Schwartz, Josh Lawson, Dawn Olivieri, Donis Leonard Jr., Richard Schiff, Glynn Turman, Brianna Baker.
Valoración:

Cuando empecé House of Lies me parecía que la trama empresarial iba a lastrar mucho la serie, por ser una temática compleja, poco atractiva para el mundano. Incluso se veía que los escritores hacían malabares para no introducirse de lleno en ella. Pero para mi sorpresa funcionaba la cosa. La dinámica del grupo protagonista se sobreponía al lío de economía y finanzas con gran facilidad, veíamos tramas globales donde primaba más la ambición, las tácticas de ganar y engañar a los clientes, que la jerga financiera rebuscada. Así, quedó una temporada inicial trepidante, con gran sentido del humor y unos personajes prometedores.

Pero en los siguientes años no potenciaron los elementos más efectivos y se aferraron a la fórmula, mostrando un desgaste creciente. Los personajes han sido el principal problema. Si la dinámica de grupo era tan atractiva y los actores captaron las peculiaridades de los roles tan bien, ¿por qué no seguir desarrollando sus personalidades? En un año hicieron un par de amagos, pero quedaron en puro humo. En el resto se atascaron en lo superficial, en lo que veíamos capítulo tras capítulo: los chistes entre colegas, con mucho pique y mucho humor basto y guarro. La familia de Marty es la única que tenía algo de presencia, pero su historia también quedaba muy constreñida y repetitiva.

Si las temporadas segunda y tercera se iban salvando es porque todavía lograban alguna trama seriada que despertaba el interés, y el ritmo se iba manteniendo correctamente con la mecánica del colegueo. Pero en la cuarta y esta última quinta etapas este aspecto también ha ido perdiendo fuelle. Con los protagonistas atascados, el humor agotado y la ausencia de una trama global que ofrezca un camino atractivo, el interés del año final ha acabado casi por los suelos.

Lo peor es que la única aportación al drama personal, el eterno lío amoroso entre Marty y Jeannie, siempre forzado y bastante inverosímil, ha seguido por ese camino, con los guionistas improvisando una historia que no parecen creerse, que no encaja en los personajes y cuyos actores no transmiten con la química necesaria. La relación en tensión ha sido aburridísima durante toda la serie, y más esta temporada, a pesar de la hija en común. Pero en el final acaba en un despropósito, con ese viaje a Cuba que trata de reactivar a los protagonistas en el último momento y acaba en clichés de bodas, reconciliaciones y sueños absurdos. Por no decir que el capítulo, con un fallido estilo de salto temporales, resulta un coñazo.

Si no fuera porque ha tenido unos pocos episodios con casos segundarios bastante entretenidos, como el del crucero de vacaciones, el del grupo pop juvenil o el de la TED Talk de Doug, donde los chistes de la pandilla parecían resucitar un poco la chispa, la temporada habría sido un pequeño desastre. Pero viendo que es su final, desde luego decepciona que no se hayan puesto las pilas, que no hayan encontrado una historia central fuerte (lo de la venta es insustancial y se desarrolla fatal) ni hayan tenido los redaños de ir a por todas con los personajes.

STRANGER THINGS – TEMPORADA 1.

Netflix | 2016
Suspense, Ciencia-ficción | 8 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Matt Duffer, Ross Duffer, varios.
Intérpretes: Winona Ryder, David Harbour, Finn Wolfhard, Millie Bobby Brown, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin, Natalia Dyer, Charlie Heaton, Cara Buono, Matthew Modine.
Valoración:

Es impresionante el revuelo que ha armado Stranger Things. A los pocos días de que Netflix liberara (porque lo de emitir semanalmente ya empieza a quedarse obsoleto) los ocho capítulos de esta primera temporada ya se podía empezar a ver el entusiasmo por las redes. En un par de semanas se ha convertido en la serie más popular del verano, y aunque también es cierto que no ha habido mucha competencia, ni el pelotazo de Mr. Robot el año pasado movió a tanto espectador.

A mí me ha parecido excesiva su buena recepción. El factor nostalgia, el intento de llevar a los treinta y cuarentañeros de vuelta a su infancia, no creo que deba serlo todo, la calidad también debe contar. Y me temo que los guionistas se obsesionan con el primer punto, dando la impresión de que no ponen esfuerzo en intentar que la tormenta de referencias no convierta a la serie en un mero escaparate de productos ochenteros en vez de en una obra con personalidad propia, resultando enormemente predecible y con personajes ahogados en estereotipos. Los Goonies, E.T., Stephen King y la fantasía épica (El Señor de los Anillos, los juegos de rol) son sus principales pilares, pero hay infinidad de obras citadas de forma más o menos descarada, tanto en lo visual, como en la trama, como en los diálogos, como en la banda sonora. Hay ya unos cuantos artículos analizándola a fondo en este aspecto (este por ejemplo), así que me voy a centrar en la crítica. En vez de introducirnos con elegancia y sutileza en una atmósfera de estética añeja y con homenajes puestos en su justo momento, cada parte de la trama y cada escena, cada diálogo y cada personaje están construidos a base de piezas sacadas de la época retratada.

Tenemos la clásica pandilla de chavales marginales (clonada de Los Goonies, obviamente) que se ven envueltos en un misterio, el cual se empeñan en resolver ellos mismos sin recurrir a nadie a pesar de que hay desaparecidos y muertos. Esta premisa resulta poco verosímil, así que hay que hacer un buen salto de fe para entrar en el juego. Pero sobre todo, resulta limitada. Una vez presentados los personajes no hay mucho más que rascar. La posición de cada chaval, adolescente y adulto se aferra demasiado los tópicos de rigor, impidiendo que resulten naturales, y en muchos casos incluso se convierten en cargantes en muy poco tiempo. La parte de la adolescente que se quiere ligar al chulito (el único que madura al final, pero repentinamente y porque hay que cumplir con el cliché) es realmente cansina, pero no menos vueltas sobre sí mismos dan la madre que enloquece, el sheriff abrumado por fantasmas del pasado (vergüenza ajena me dieron los flashbacks finales), el villano sacado de E.T. y sin personalidad concreta, y los chicos con sus roles tan marcados. Por suerte, estos últimos mantienen lo justo de simpatía como para poder conectar por lo menos con una de las secciones de la historia, y eso a pesar de mantener una dinámica que en todos capítulos ofrece casi lo mismo, avanzando con cuentagotas entre un sinfín de situaciones repetitivas. Además el casting ha dado en la campana tanto con los adultos (Winona Ryder y David Harbour están estupendos) como sobre todo hallando unos actores jovencísimos pero que parecen profesionales veteranos: qué espontaneidad y amplio registro muestran todos los críos. Eso sí, me tiré un par de capítulos creyendo que el niño que parece el líder de la banda era niña y que la niña de pelo corto era niño.

La trama se atasca igualmente en un mínimo demasiado básico y poco sustancioso: una empresa misteriosa y un monstruo que se les ha escapado. Y también la verosimilitud hace aguas: experimentos tan delicados al lado de un pueblo en vez de en zonas aisladas como el Área 51, un bicho fugado y no parecen poner mucho interés en buscarlo… Gracias a la sólida puesta en escena (la fotografía nocturna es estupenda) se logra una atmósfera sombría y un tono de seriedad y calidad que el libreto no llega a conseguir, pero no es suficiente, y conforme avanzan los episodios se va diluyendo porque el guion no da más de sí. El monstruo ataca cuando los escritores quieren, relegando de mala manera la persecución del chaval desaparecido y la movida en su hogar a lo Poltergeist hasta el último capítulo, mientras que en los demás nos sueltan dosis ínfimas de datos la mar de previsibles. Sumado a los personajes estancados en una mecánica repetitiva, no hay sensación de avance, y cuando este llega, ocurre exactamente como se venía venir: no hay cambio, giro, supuesta sorpresa o resolución que no se intuya muy de antemano… pero sí encontramos numerosos agujeros, sean momentos mal resueltos o poco creíbles:
-Un par de personajes hallan la guarida del monstruo que tanto buscan, salen por con vida por los pelos… y se van a casa a ducharse y a dormir. ¿Informar a alguien, pedir ayuda para buscar a los desaparecidos, decirle a la madre que definitivamente no está loca? Nooo, que hay quejarlo para otro capítulo, ahora toca otro pasito minúsculo en el romance juvenil.
-En una persecución (a lo E.T. sin disimulo alguno) bloquean una calle con un vehículo… pero parece que los persecutores no ven que hay amplios jardines sin acera por donde pasar. La escena es verdaderamente ridícula.
-Las radios (walkie-talkies) mágicamente se convierte en móviles, sin tener que cortar para que el otro hable ni pulsar el botón. No puedes basarte en un momento tecnológico concreto y luego saltarte las reglas cuando te da la gana.
-Y finalmente hasta la puesta en escena falla un poco en los momentos de acción, con unas peleas cuerpo a cuerpo y unos tiroteos bastante mal montados (qué poco creíble resulta cómo el sheriff vence a distintos individuos de seguridad, tanto en la base secreta como en el vertedero de vehículos donde se esconden los críos).

En resumen, Stranger Things sólo te enganchará si conectas con la idea de revivir el pasado. Y parece que el truco ha funcionado, porque la mayoría de espectadores ha acabado muy contentos, sin llegar a ver sus notables carencias internas. Yo espero algo más, no puedo emocionarme y vibrar con una mezcla desganada de cosas demasiado conocidas, necesito una historia que intente existir por sí misma, no viviendo de trozos de otras obras con la excusa de la añoranza; como se imponga la moda del remake también en televisión me dará algo. Si no fuera por su profesional acabado visual y por la gracia del grupito de niños, creo que estaría dándole un suspenso. Aun así, el ritmo es moroso, aletargado, hasta resultarme un poco pesada a pesar de su sencillez y brevedad. Y desde luego me ha parecido intrascendente, a olvidar en poco tiempo.

PD: ¿Pretendían una serie exclusivamente para adultos? Porque si bien en muchos tramos es muy infantil, hay unos cuantos momentos terroríficos, violentos y sangrientos. Si se trataba de recuperar el tono ochentero, ¿por qué no mantener también el estilo juvenil apto para todos los públicos, para así enganchar a nuevas generaciones?