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EN DEFENSA DE THE WALKING DEAD. La polémica del capítulo “Here’s Not Here” merece un tratamiento más objetivo.

Alerta de spoilers: Está escrito sin datos reveladores, sólo con vaguedades, sin soltar nombres y hechos concretos, para que los que no lo han visto puedan leer sobre la polémica que sacude internet estos días.–

Me parece sorprendente lo que ha ocurrido con el último capítulo de The Walking Dead, Here’s Not Here (604)… o quizá no debería serlo tanto, porque hay dos motivos que ayudan a entenderlo un poco. Uno es que esto es lo que ocurre cuando algo se populariza tanto: que lo sigue una gran masa de espectadores, y ya sabemos que en esa situación surgen los extremismos. Así, es triste ver como hay gente que todavía se atreve a defender con vehemencia la infame segunda temporada mientras otros tantos echan pestes de las últimas etapas, cuando mejor está la serie.

El otro es que el capítulo no llega en un buen momento. El clímax construido en este inicio de la sexta temporada acababa con el espectacular y memorable Thank You (603), sin duda uno de los mejores de la serie. Y claro, lo que cualquiera esperaba es que siguiéramos con esa intensa trama, no que nos llevaran a un receso. Es una jugada equivocada, y bastante irrespetuosa, la que han hecho los guionistas. No puedes romper un momento álgido que tiene a varios personajes al borde de la muerte para irte a una historia paralela, es una forma muy rastrera de intentar aumentar la tensión que lo único que consigue es que el espectador se sienta engañado. Y si le sumamos la marabunta de quejicas que quieren que la serie sea otra cosa (acción zombi, correr y matar, sin nada más), pues tienes el caldo de cultivo perfecto para que internet arda.

Porque sí, resulta que hay gente que tras seis años todavía no entiende de qué va The Walking Dead y espera otra cosa, y se rebota cuando no satisface sus esperanzas, en vez de disfrutar de lo que hay. Una vez asimilado que el capítulo ha saltado a otra línea de acción, no queda otra que abrirse a él, pues los productores pueden haberse equivocado (sin duda lo han hecho) a la hora de ubicar esta historia, pero lo mismo la historia merece la pena… Y vaya si la merece, joder. Superado el rechazo inicial, encontramos una joya en bruto que me veo obligado a defender ante tanta ceguera y falta de objetividad.

El episodio también ha sido de los mejores de la serie, uno de los más hábiles a la hora de acercarnos a la mente de un personaje y que ha expuesto con una profundidad y emotividad digna de elogio los temas habituales: los dilemas éticos de la supervivencia en situaciones extremas, las responsabilidades morales del hombre, la fina línea entre justicia y venganza, la democracia contra el salvajismo…

E porte

Qué grandísimo ha sido el personaje secundario recién presentado, cuánto da de sí el viaje interior del viejo conocido al que abordamos en este largo flashback. Y sobre todo, cuán magnífico ha sido ese tratamiento de las capacidades, virtudes y fallas del ser humano. Ha habido no pocos instantes de humedecer los ojos (al espectador que entendiera lo que estaba viendo, claro), de hacerte vibrar con detalles sencillos, de llevarte a reflexionar con conversaciones profundas. La historia del psicópata es de diez, uno de los grandes momentos televisivos del año. La cabra como nexo para que el personaje recupere su humanidad es otro recurso maravilloso. La relación interpersonal, el conflicto entre dos psiques tan distintas, la maduración paulatina… ¡Y atención a la revelación final! Todo se ha llevado con una inteligencia, sensibilidad y contención impropios de una serie que siempre ha ido algo coja en inteligencia y alcance a pesar de tratar constantemente esta temática tan sugerente y llena de posibilidades.

Here’s Not Here ha sido un capítulo de notable alto, y quien no lo haya disfrutado sencillamente se ha equivocado de serie. Ahora bien, los productores también la han cagado bastante, su falta de tacto ha estado a punto de hundir un guion valiente y fascinante. El saber cuándo contar las cosas es casi tan importante como el cómo contarlas. Colocado en otro segmento de la temporada, donde dejáramos la acción para ir hacia la introspección, seguramente no hubiera generado tanto rechazo en el sector menos paciente de los espectadores.

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EL RESURGIR DE LOS SUPERHÉROES EN TELEVISIÓN.

¿Por qué el género de los superhéroes ha tardado tanto en despegar en condiciones en televisión? Hasta la llegada del plan de Marvel Television con ABC Studios y Netflix, salvo honrosas excepciones, no lograba alejarse de unos patrones muy limitados. Ojo, no voy a perder el tiempo citando las series anteriores a los noventa, porque su nivel de cutrez e ingenuidad hoy en día resulta insoportable y dudo que se salve alguna. Voy a centrarme sólo en la televisión moderna, los 90 y sobre todo el despunte desde el año 2000, cuando su madurez alcanzó cotas de originalidad, riesgo y calidad que superaban al cine. Tampoco tengo en consideración la sección Marvel de animación, con infinidad de series destinadas a los niños.

Ante esta edad de oro que redibujaba las fronteras narrativas con formas hasta ahora desconocidas y dejaba no pocas obras maestras entre un sinfín de series notables, muchos nos sorprendíamos y lamentábamos de que las cadenas y productoras siguieran empeñadas en considerar el género de los superhéroes algo de segunda: series baratas, destinadas a público juvenil y poco exigente, en las que ponían escaso o ningún esfuerzo por hacer algo de calidad. Sólo si hay suerte caen en manos de guionistas que son conscientes de las limitaciones y consiguen un producto amable y entretenido, aunque eso implica también falta de trascendencia y profundidad. En esa onda parecen estar The Flash (2014), Arrow (2012) y Agent Carter (2015, aunque esta la incluyo por estar relacionada con Los Vengadores, que de superhéroes no tiene prácticamente nada). Pero las demás que han ido surgiendo han seguido la nefasta estela de Lois y Clark (1993-1997), Smallville (que nació en este siglo, 2001-2011, pero parece de la época de la anterior) y semejantes, es decir, estancadas en el procedimental de tono juvenil, acobardadas a la hora de construir historias serias e inteligentes, con un nivel cualitativo que roza la vergüenza ajena… y con cierto éxito popular, porque a fin de cuentas el público demanda obras del género y se traga lo poco que haya.

Las críticas de Gotham (2014) señalan que repite esos cansinos patrones. Otras como Constantine (2014) no dejan huella alguna. Algunas se gestan tan fallidas que directamente mueren en el parto, como Wonder Woman (2011, la protagonizada por Adrianne Palicki, que fue motivo de burla cuando se vio el episodio piloto filtrado). Sólo Heroes (2006-2010) llegó a apuntar hacia un camino distinto, pero mucho me temo que las buenas ideas se les agotaron enseguida a los guionistas y el potencial de su primera temporada desapareció de golpe en el resto. Y sorprendentemente nadie parece haber intentado emular su fórmula de ofrecer un tratamiento más realista y complejo, salvo quizá Powers (2015, la primera serie de PlayStation Network), que al parecer se ha quedado en la fachada, viendo cómo la ponen a parir en todas partes.

La excepción a todo fueron Buffy, la cazavampiros (1997-2003), y su hermana Angel (1999-2004), obras que además salían casi de la nada, pues no se basaban en ningún cómic. Su creador Joss Whedon aprovechaba el viejo género de vampiros para construir un universo particular muy interesante, pero si destacaba era por su ingenio (tuvo algunas historias muy originales y arriesgadas) e inteligencia, que se notaba especialmente en el delicado y sutil tratamiento de los personajes, todos magníficos en su dibujo y encantadores y a través de los cuales exponía hábilmente temas sobre la juventud y la maduración. Con ellas quedó además patente el talento de Whedon como guionista, sobre todo en el género, donde ha terminado escribiendo cómics y películas de gran calibre.

Como habrá quedado claro por las referencias a los comentarios y críticas ajenos, estaba tan asqueado del género que no he visto ninguna moderna salvo Heroes (hasta que parecía evidente que no podía remontar). Quizá alguna se convirtiera en placer culpable si le diera una buena oportunidad, no digo que no, pero hoy en día no estoy dispuesto a rebajar expectativas, mi nivel de exigencia está al nivel de la buena televisión actual. Pero creí ver mis esperanzas cumplidas cuando se anunció Agents of S.H.I.E.L.D., la primera serie Marvel ambientada en el mismo universo que las películas, y encima vendida como una creación del gran Joss Whedon. Pero el estreno fue otra gran decepción, sólo tenía de Whedon el apellido y era otra producción con bases obsoletas y ninguna ambición. ¿Cómo pretendían los de Marvel trasladar el éxito del género en el cine a la televisión con una obra que parecía un subproducto de merchandising? Con ese nivel se me quitan las ganas de ver Agent Carter, que no la ponen nada mal, y desde luego no voy a tragarme eso de que la anterior mejora en la segunda temporada, porque para mejorar tendrían que rehacerla por completo y borrar la existencia de decenas de capítulos y personajes infames.

Pero el panorama ha cambiado de golpe por fin. Después de conseguir resultados simplemente correctos con Agent Carter y Agents of S.H.I.E.L.D. (críticas aceptables pero lejos de ser entusiastas, y poca pegada entre un público que suele ser muy fácil de enganchar), Marvel se ha puesto las pilas desarrollando, bajo la batuta de Jeph Loeb, presidente de la sección televisiva, un plan más ambicioso donde buscan una saga de corte adulto, serio, inteligente y desarrollada mediante una buena planificación: cuatro temporadas de distintas series interconectadas que terminarían en una miniserie. También pensaron en lanzarse a los nuevos métodos de emisión, es decir, en internet, para abarcar un rango más amplio de espectadores, pues ya tocan las cadenas tradicionales con aquellas dos. Finalmente fue elegida la cadena Netflix, supongo que por ser la más popular y mejor asentada por todo el globo (aunque hay que aclarar que la cadena no es productora, lo es ABC Studios, y estos sólo emiten, como hacen con muchas series). Y bueno, no descartemos que si tienen mucho éxito terminen haciendo películas para cine.

La series llegarían por este orden: Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage, Iron Fist, y terminarían uniéndose en The Defenders, sumando en total 60 episodios. Aunque las cosas parecen haber cambiado sobre la marcha, porque el exitazo de Daredevil (2015) les ha empujado a realizar su segunda temporada.

Daredevil es el personaje más conocido. En España llegó inicialmente como Dan Defensor, aunque su nombre original fue el que terminó asentándose. Trata sobre un abogado ciego tras el que se oculta un hombre atormentado (el cómic se fue volviendo más oscuro con el tiempo) que usa sus poderes (sentidos amplificados) para combatir el crimen. Jessica Jones adquirió sus poderes de vuelo, fuerza y resistencia superiores en un accidente radiactivo, y se dedica a combatir las injusticias desde una empresa de investigación. Protagonizará Krysten Ritter (secundaria en numerosas series, como Veronica Mars o Breaking Bad). Luke Cage sería presentado en esa serie, pues en algún momento establece una relación amorosa con la protagonista. El intérprete elegido es Mike Colter (Sons of Anarchy). Sus poderes son parecidos: fuerza sobrehumana y piel durísima, y actúa como un mercenario, aunque con un código de honor muy concreto. Iron Fist o Puño de Hierro (alias de Danny Rand) es un experto en artes marciales con gran agilidad, fuerza y rápida curación, además de algunos poderes mentales. Este llega a ser socio de Luke Cage, así que ya tienen otro nexo de unión. Todos trabajan en Nueva York, la mayoría en el barrio Hell’s Kitchen, y como indicaba, al final se unirían en The Defenders, uno de los muchos grupos de superhéroes que ha dado Marvel. Eso sí, habrá que ver lo fieles que se mantienen al concepto inicial de cada personaje, claro.

El gran nivel de Daredevil ha causado sensación, resucitando un género que no parecía madurar ni cuando más series se están produciendo, ganando adeptos que, como yo, nos manteníamos al margen por desidia. Ahora estamos en el lado contrario: llenos de expectación por un futuro de series de superhéroes que promete ser apasionante.

TRUE DETECTIVE… QUIETO PARAOS, FLIPAOS.

La red se ha vuelto loca con True Detective, la nueva gran serie de la HBO cuya temporada inicial, escrita por Nic Pizzolatto y dirigida por Cary Fukunaga, está interpretada por actores de relativo éxito en el cine como Matthew McConaughey, Woody Harrelson y Michelle Monaghan. Con una atmósfera a lo David Fincher (Seven, Zodiac) seguimos la evolución en dos épocas distintas de un extraño caso de asesinato.

El ritmo absorbente, los personajes intrigantes que enganchan, la puesta en escena de primer nivel… Sí, tiene un montón de virtudes… Pero para hablar de obra maestra o no habrá que esperar a que la temporada esté completa. La gente en cambio prefiere dejarse llevar por un entusiasmo considerablemente infantil, a pesar de ser una producción exclusiva para adultos exigentes. Los calificativos que le están otorgando son desproporcionados: que si es la serie que rompe la barrera entre el cine y la televisión, que si es una película de diez horas… Los argumentos que algunos esgrimen para defender esto se ven erróneos a distancia: que si el plano secuencia es un hito único de la historia de la televisión, que si el tener un solo guionista y un solo director para todos los capítulos también. A la cabeza de esta locura están artículos como este de Forbes, citado y repetido sin pensar en numerosos blogs.

Un rotundo no a todo. Un no objetivo e imparcial, porque el sentido común y los datos existentes lo tumban todo rápidamente. No hace falta exagerar para indicar que es una serie excepcional, y menos dejarse llevar de tal forma que se cometen faltas que rondan la mentira descarada, aunque esta sea fruto de la ignorancia.

¿La primera serie en romper la barrera entre el cine y la televisión? ¿Pero en qué mundo viven estos supuestos seriéfilos? ¿Dónde estaban cuando se estrenó Twin Peaks, cuando Urgencias deslumbró con una puesta en escena de cine, cuando El Ala Oeste la llevó más allá, cuando la conocida como Edad de Oro encabezada por la cadena HBO rompió por completo todo límite conocido en la narrativa cinematográfica con producciones como Oz, Los Soprano y Hermanos de sangre (por citar unas pocas entre una decena de obras maestras)?

También se han cegado con un dato extremadamente fácil de comprobar… qué digo, un dato que cualquiera que haya visto un poco de televisión debería conocer sin mirar la IMDB.com: que las labores de dirección y guión están en manos de una única persona en cada campo. ¡Insólito! ¡Algo único en la historia! Pues no, cojones, no. Hay numerosas series escritas en su totalidad por su creador, y también alguna (cortas como en este caso) donde las labores de dirección se limitan a una sola persona. Como ejemplos puedo poner las que me vienen a la mente mientras escribo esto, pero hay muchas más. El Dowton Abbey de Julian Fellowes lo escribe él solito, por ejemplo. O Los Tudor de Michael Hirst. O el Babylon 5 de Straczynski, que resulta el mejor ejemplo de todos, dada la complejidad y longitud de la obra: dos temporadas enteras se las comió él solo, y las otras con breves aportaciones de otras manos… ¡eso son más de cien episodios!

Además esto ni siquiera es relevante, porque todo el que curre en una serie lo hará bajo la dirección del/los creador/es y productor/es ejecutivo/s principal/es. ¿Qué más da cuántos autores tenga si lo que importa es el resultado? Por si fuera poco muchas producciones son de “autoría única” aunque contaran con un montón de asistentes en el guión y la puesta en escena, empezando por El Ala Oeste, donde Sorkin controlaba hasta la última coma. Que un autor delegue por falta de tiempo y recursos es normal y no le quita méritos. Si en True Detective solo dos personas han cargado con el trabajo principal es porque han querido y han podido permitírselo; y no es nada revolucionario, ya se ha visto en otras ocasiones, por ejemplo en la maravillosa La sombra del poder, en manos de David Yates y Paul Abbott, y en la propia HBO tenemos que los siete episodios de John Adams los dirigió Tom Hooper.

Ni siquiera tener una historia cerrada y con distintos personajes por temporada es nuevo, sin ir más lejos en antena tenemos American Horror Story. Por no mencionar la tontería de que tener solo ocho capítulos la acerca más al cine, como si no hubiera series de diez, ocho o incluso dos o tres capítulos por año (la exitosa Black Mirror, por ejemplo).

Y el dichoso plano secuencia… Pues tampoco es el primero. Por favor, que la mitad de episodios de Urgencias y El Ala Oeste tenían excelentes planos largos. Y ha habido muchos más, como los que recopila esta lista del sitio avclub.com. Más largos pero menos complejos, más cortos pero más intensos… True Detective no ha inventado el plano secuencia, y es muy discutible que sea el mejor. El plano en sí, en la técnica, no es nada extraordinario. La mitad del tiempo enfoca al careto del protagonista mientras hay griterío alrededor, y los momentos difíciles (de planificación y coordinación) no requieren un gran despliegue de medios y personas. Si destaca es por la atmósfera conseguida en todo el capítulo, rematada con un clímax final espectacular, no porque supuestamente hayan roto esquemas en una sola escena con una narrativa novedosa. Y como digo, puestos a elegir señalaría unos cuantos de Urgencias como mucho más impactantes y rompedores.

El entusiasmo desmedido que obstruye la razón implica alejarse de la objetividad. No mirar al pasado en busca de méritos ya superados provoca el mismo efecto. Y ambas cosas son imperdonables en quien pretende ir de crítico. En reumen, True Detective no supone ningún cambio o revolución, ni en el panorama televisivo ni en el cinematográfico en general. Y no por eso deja de ser una serie magnífica sobre la que se pueden verter mil halagos.

LAS 101 SERIES MEJOR ESCRITAS, SEGÚN EL GREMIO DE GUIONISTAS.

WGA (Writers Guild of America), el gremio de guionistas de Estados Unidos, ha realizado una lista donde señalan las que serían para ellos las 101 series mejor escritas. Como es de esperar, la polémica la acompaña allí por donde aparece, por el orden extraño, las ausencias imperdonables o la presencia de series menores. He aquí mi visión del asunto:

Muchas no las conozco, sobre todo las antiguas (tengo mucho clásico eternamente pendiente). Han incluido muchos shows personales, que en algunos casos son programas de variedades y no series, lo que no me parece lógico.

Sobran claramente algunos títulos recientes muy sobrevalorados, series menores, del montón o incluso mediocres: Friday Night Lights, 24, 30 Rock, Dexter, Justified, House (¡esta es directamente mala!). Tampoco me parece adecuada la presencia de algunos títulos de ciencia-ficción que tienen más fama que calidad real: Lost, Battlestar Galactica (2005), Star Trek: La próxima generación. Si metes estas, Farscape debería estar mucho más arriba que ellas.

En las ausencias, hay tres que considero totalmente imperdonables: Babylon 5, de guión revolucionario e inigualable, Carnivàle, obra maestra por los cuatro costados, y State of Play, el thriller definitivo. Faltan también obras notables muy superiores a otras sí incluidas: The Tudors, Big Love, Firefly, Futurama, In Treatment, Entourage, Treme, Sons of Anarchy

En cuanto al orden, hay algunas posiciones que no se entienden de ninguna manera. Twin Peaks, E.R. (Urgencias), The Wire, The Shield, Northern Exposure (Doctor en Alaska), The Prisoner, Boardwalk Empire y algunas otras está muchísimo más abajo de lo que merecen … de hecho Oz está la última, cuando es obligado ponerla arriba del todo junto a The Wire, Los Soprano y A dos metros bajo tierra.

La sorpresa más inesperada es la presencia de Buffy the Vampire Slayer. Puestos a poner, también podrían haber contado con Malcom in the Middle. Al incluir Band of Brothers (Hermanos de sangre) se entiende que tienen en cuenta las miniseries, pero las ausencias aquí también son muy notorias, empezando por la citada State of Play, V, Prime Suspect y otras famosas que no he visto, como Shogun, Pride and Prejudice, North and South

EL DOBLAJE: CUANDO EL TRADUCTOR DECIDE ADAPTAR SEGÚN SU CRITERIO.

Me he topado recientemente con dos artículos sobre la traducción de series para el doblaje y me han abierto los ojos, pues exponen claramente que algunas de las meteduras de pata más gordas de las traducciones y doblajes de series y películas no son fruto de una incompetencia puntual, sino debido a una falla sistemática que parte directamente de que muchos traductores desconocen cuáles son sus atribuciones, su trabajo.

Traductores de series (ojo, en medio hay un molesto video que se pone en marcha automáticamente, yo lo he fulminado con el adblock).
En las series se hace referencia a cuestiones culturales, humorísticas, de actualidad, a modas, personas y tendencias que son conocidas en el país de origen, pero puede que no lo sean aquí.

Si en una escena, los espectadores estadounidenses se ríen a carcajadas o lloran, los espectadores españoles también deben reír o llorar. Esto implica reinventar chistes o hacer referencia a personajes más conocidos para el público español.

Traduciendo Los Simpson (en realidad, este está incluido en el anterior).
Si una frase, por ejemplo, contiene el nombre de una persona de la vida pública estadounidense desconocida en España, lo cambio por otra conocida por un sector más amplio.

Ojo, no hablo de juegos de palabras con el idioma o dichos populares que tienen un significado distinto al literal, que son complicados de traducir si no es buscando un equivalente en nuestro idioma. Me refiero a que resulta que algunos de estos traductores no sólo traducen, sino que se toman la decisión personal de adaptar a culturas y regiones. Y no se basan en algún estudio o normativa con coherencia y lógica, no. Se basan en el humor con que se hayan levantado ese día, en su propio y limitado conocimiento del mundo y, lo peor, en lo que piensan que el público conoce y deja de conocer. Dejan de ser traductores y se convierten en una especie de malos profesores que adaptan el conocimiento al nivel del más tonto del país. Y como éste es muy tonto y el profesor parece que también, pues estamos jodidos.

Con esta forma de hacer las cosas nos encontramos con memeces y atrocidades enormes. Resulta que si en una serie o película se hace una referencia cultural sobre el entorno donde viven los protagonistas quizá el traductor decida que alguien en España puede no entenderla y la cambia a su antojo por algo de aquí. Así, Bender en Futurama no silva el himno republicano, sino el de un partido de un país que nunca ha pisado, el PP de España; o en Los Simpson resulta que conocen a Ramón García, Milikito y otros parias de por aquí. La traductora de esta serie de animación tiene la decencia de criticar que se cambien referencias por personajillos españoles… pero qué más da, si igualmente defiende que se modifique la cita por una más asequible, alterando igualmente el original en base al nivel cultural que ella estima que posee la audiencia.

La metedura de pata es doble, e incluso triple. Primero, porque se genera una incongruencia enorme, porque un estadounidense hablando de la cocina del país es imposible que cite a Arguiñano, como hace Homer en Los Simpson. Segundo, se decide sin base alguna el conocimiento del espectador, cada referencia se traduce como les da la gana, sin pensar en si tiene sentido y consecuencias. Así, Fry de Futurama en vez de leer un fragmento de La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe (no es un desconocido precisamente) repite una coletilla estúpida que estaba de moda en el momento del doblaje, “Tamara no cambié”, que decía una famosa de las cutres de la que nadie se acuerda, lo que convierte a la escena en un despropósito para la posteridad y en un insulto enorme para los fans de la serie. Tercero, se ningunea al espectador que quiere un producto de calidad, porque se deforma la serie perdiendo fidelidad y credibilidad. Casos especialmente sangrantes fueron la reconversión total que hicieron con El príncipe de Bel-Air o Sabrina, versionadas al exquisito gusto de Antena 3, pero en nada que se indague un poco salen no pocas atrocidades dignas de despido fulminante. Miedo me da ver The Office en castellano después de lo que dicen en el artículo.

No, señores traductores, no. Si un espectador no entiende una cita o referencia es su puto problema. Si un espectador está viendo una serie de otro país se presupone que entiende que se hablará de cosas de allí, y si no pilla un aspecto de su cultura, pues no importa, ya aprenderá, y si no que se aguante. No hay que conocerlo absolutamente todo del mundo para vivir en él, pero lo que desde luego no hay que hacer ni fomentar es encerrarte en tu propia región o cultura sin mirar hacia afuera y deformando la realidad para encajarla en ella. Y sobre todo, señores traductores, si un guionista estima oportuno que un personaje o situación referencien a algo, es por una razón muy concreta: porque forma parte de la personalidad de sus protagonistas y de su entorno. Recuerdo que en Buffy, la cazavampiros Xander tenía una colección de platos de Babylon 5… pero el traductor no conocería la serie y la borró por completo, eliminando una detalle de la personalidad del protagonista: que es un friki. Lo mismo pasa con otras frases míticas, como “cómeme los calzones” de Bart Simpson, reinventada a “multiplícate por cero”, un chiste sobre matemáticas que pegaría más con Lisa que con un chaval que acaba de salir del “caca, pedo pis” y busca algo más elaborado, una frase que como carece de sentido y supone traicionar el original sin razón alguna en no pocos episodios tienen que hacer malabares para mantenerla.

Este ridículo paternalismo malentendido que induce a algunos iluminados a decidir por su cuenta cómo alterar una obra según criterios totalmente subjetivos es otra de las muchas razones por la que cada vez reniego más de ver series o películas dobladas. Es difícil saber cuándo te están jodiendo un diálogo porque el traductor es un ignorante y decide que los demás también lo son.

A VUELTAS CON LOS GLOBOS DE ORO.

Ya se han entregado los Globos de Oro, los premios más conocidos de la industria televisiva y los segundos más populares de la cinematográfica. Y como todos los años, las mismas eternas discusiones. Que si el presentador mola o es un sosainas (al menos en esta ocasión Ricky Gervais ha repartido estopa de forma magistral, tanto que la industria anda revuelta y la blogosfera tiene algo jugoso a lo que aferrarse), que si las actrices están buenas y lucen trajes caros, y sobre todo que si el dichoso premio se lo lleva esta producción o aquella.

Y yo no entiendo cómo pueden despertar tantas pasiones estos debates, pues siempre discurren por el mismo sendero de predecible y aburrida monotonía. Es increíble que todavía a estas alturas se pueda discutir sobre cómo es posible que haya ganado la serie más popular y mimada por encima de la que parecía ser la mejor. ¿Cómo no va a ganar la producción más exitosa y apreciada? ¡Si lo que se vota es eso! ¿Cómo no va a ganar la que más juego da, la que más adoran los medios, críticos y periodistas que forman parte de los jurados o influyen en ellos?

Preguntarse porqué se lleva la victoria Glee (que encima repite) ante maravillas como The Big C criticando que la diferencia de sus cualidades artísticas es notable resulta bastante absurdo, porque es descarado que esa valoración es secundaria a la hora de votar (y ya era hora de que vaya perdiendo protagonismo esa tontería sobrevaloradísima de 30 Rock). Igual de absurdo es preguntarse o lamentarse sobre porqué Breaking Bad pierde ante Boardwalk Empire, cuando es evidente que venir de la HBO da cien puntos de carisma (ya es todo un logro no repetir con la aburrida Mad Men, pero estaba bastante claro quién mandaba esta temporada). O sorprenderse de que una producción menor (The Walking Dead) haya llegado tan alto: cómo puede no verse que su enorme éxito la ha catapultado hasta ahí. O discutir sobre cómo es posible que los mismos actores sean nominados y/o ganen una y otra vez dejando de lado interpretaciones también notables. ¿Quién llena las portadas y a quién quiere más la prensa? Pues es evidente que ya no tocaba aplaudir por enésima vez a Hugh Laurie, Michael C. Hall o Jon Hamm, y había pocas posibilidades de dárselo al más merecedor, Bryan Cranston, cuando Steve Buscemi tenía todo el peso de Boardwalk Empire a su favor. Igualmente es fácil de ver que Jim Parsons (Big Bang Theory) es el que está de moda dejando ya en segundo plano a Steve Carell. Y también son claras las razones por las que Rubicon y Treme ni siquiera han sido nominadas a pesar de ser bastante superiores a la mitad de las elegidas: demasiado elitistas, con público y repercusión muy limitados. Recordemos que obras maestras como Babylon 5 o The Wire no se comieron un rosco en su momento mientras otras de más que dudosa calidad son habituales entre las seleccionadas (24, Mujeres desesperadas, Dexter…).

¿Sorpresas? Muy pocas, aunque alguna cae siempre, como otorgarle el de mejor actriz de comedia a Laura Linney por encima de las favoritas Edie Falco o Tina Fey, quizá porque hubiera sido un robo descaradísimo no dárselo o porque las otras dos están ya muy vistas. También es interesante ver que en drama Katey Sagal se ha destacado sobre las más previsibles, Julianna Magrullies y Kyra Sedgwick. Y por cierto, que me expliquen por qué Kelly McDonald se nomina como secundaria cuando es protagonista principal. O por qué hay categoría de actor principal de serie, miniserie y película televisiva por separado pero en el apartado de actor secundario todos luchan juntos. Probablemente por ello magníficas labores como la de Michael Shannon (el agente del FBI de Boardwalk Empire) se han quedado fuera.

Pero nada, a pesar de que todo se desarrolla prácticamente de la misma forma que todas las temporadas, de que es el enésimo festival de egos y peloteo mutuo donde a la hora de votar priman varios valores antes que la verdadera calidad, nos encontramos con otro año más donde los medios (profesionales como revistas o amateurs como blogs) se llenan de interminables e irrelevantes escritos sobre el tema. Y todo ello además a pesar de que es una gran pérdida de tiempo, porque cada uno tiene su propia lista de lo mejor del año.

JOSS WHEDON SOBRE LA CANCELACIÓN DE FIREFLY.

Sigue siendo el momento más doloroso de toda mi carrera. (…) Dejé de tener ideas, que para mí es una experiencia muy rara. Era algo mucho más sutil que perder la esperanza, se llevó mi capacidad de pensar en términos de series de televisión. Durante años.

Lo he encontrado por casualidad en alguna parte donde citan una entrevista en The Sydney Morning Herald.