THE GOOD WIFE – TEMPORADA 1.

CBS | 2010
Productores ejecutivos: Michele King, Robert King, David W. Zucker, Brooke Kennedy, Ridley Scott, Tony Scott.
Intérpretes: Juliana Margulies, Matt Czuchry, Josh Charles, Archie Panjabi, Christine Baranski, Chris Noth, Makenzie Vega, Graham Phillips, Alan Cumming, Mary Beth Peil, Titus Welliver.
Valoración:

Alicia Florrick es la esposa del fiscal del distrito, al que acaban de detener por sus conspiraciones políticas y unos llamativos escándalos sexuales. Para mantener a flote a su familia ella deberá dejar de ser la obediente ama de casa y volver a ejercer como abogada, encontrando trabajo en el bufete que dirige un amigo de la universidad. Mientras lidia con una carrera profesional difícil debe hacer frente a los fantasmas de su conocido esposo, que le salpican de vez en cuando, y esperar con estoicismo un juicio que puede verter mucha inmundicia sobre su familia.

The Good Wife está a medio camino entre el drama de personajes, el thriller legal y el procedimental de investigación. Esta mezcla no me convence del todo, pues desde mi punto de vista el aspecto de procedimental desequilibra un conjunto que podría haber dado muchísimo más de sí si se hubiera desarrollado como un drama seriado (en plan Urgencias, vamos). Lo de juicio por día precipita historias secundarias que podrían (y a veces claramente hubieran debido) desarrollarse en varios episodios, exprimiendo su potencial y mostrándolas de forma menos precipitada (muchos casos se resuelven demasiado en plan CSI o House, con el hallazgo de último momento o la inspiración casual). También tenemos presente el otro gran problema que arrastran las series de este tipo: la trama principal apenas aparece en cada episodio, relegada a segundo plano por el caso del día aunque en realidad sea más interesante e importante. Aquí juega en contra también que hay que llenar veintitantos episodios, claro, pero esto me da más razón a la hora de defender que se alargasen las historias secundarias.

Otro aspecto negativo que a veces me mosquea es el poco riesgo que se corre con las historias. Resulta una serie excesivamente modosita, políticamente correcta y por momentos moralizante de forma cursi. Sirvan como ejemplos los casos siguientes: es una tragedia enorme que un adolescente se interese por el sexo, y por lo tanto hay que encerrarlo en su habitación; un esperado beso lésbico ni siquiera se muestra; en los casos se pone demasiado énfasis en separar el bien y el mal de forma maniquea y retorciendo la resolución de cada juicio para que los protagonistas queden siempre como héroes (aunque en el tramo final de la temporada empieza a madurar bastante); apenas se ahonda en qué piensa y qué quiere hacer Alicia respecto al mujeriego de su marido (y eso que es protagonista absoluta), y hasta cerca del final se muestra muy por encima su relación con su jefe (típico triángolo amoroso, pero aquí de débil intensidad). Y sobre esta relación hay que indicar también que el desenlace de la temporada sabe a poco porque el clásico cierre abierto resulta demasiado forzado además de ser una jugada demasiado evidente.

Así pues en general da la sensación de que ser una serie para una cadena generalista le pesa más de la cuenta. Incluso procedimentales como CSI Las Vegas son más atrevidos en temática. Como digo, no es hasta el tramo final cuando los casos adquieren algo más de enjundia, de realismo, cuando los abogados protagonistas empiezan a mirar antes el dinero que la moral (aunque sea con excusas a veces también cursis) y donde los personajes van algo más allá de lo políticamente correcto, aunque no sea demasiado. Muy destacable es el episodio dedicado al jurado, el único realmente distinto y el más arriesgado, donde se muestra lo falible del ser humano, que la moral cambia según la percepción del individuo y que el sistema de justicia tiene agujeros que pueden crear grandes injusticias.

Sin embargo The Good Wife es mucho más de lo que aparenta, y su tono en principio superficial y las limitaciones del estilo procedimental no son lastres tan graves como para impedir que sus guiones destilen elegancia e inteligencia, detallismo y profesionalidad. Visto desde fuera el caso del día puede resultar a veces simple y su resolución sacada de la manga parecer rebuscada, pero su desarrollo es ejemplar. La narración es veloz, entrelazando hábilmente historias y personajes donde cada uno aporta uno algo distinto al entramado. Avanza siempre de forma muy fluida, con la habilidad propia de los grandes dramas de acción para ubicar a los personajes justo donde deben estar y sacar de cada diálogo las emociones e información que son necesarios, y todo ello por supuesto sin perder de vista la idea de que estamos ante un entretenimiento ligero: no se olvida el humor, se buscan casos atractivos (actuales, de temas llamativos), los protagonistas resultan cercanos, sencillos pero creíbles…

La puesta en escena juega un papel importantísimo a la hora de mostrar un puzzle tan bien medido, y si bien es cierto que no buscan el arte más exquisito como sí hacen en la HBO por ejemplo, la realización es sólida como una roca. Hablando de procedimentales, diría que es el mejor desde CSI Las Vegas, pero además juega a su favor que no se limita a seguir a rajatabla el esquema de los mismos. La historia principal (la caída de la familia Florrick y el juicio al marido) se introduce correctamente en cada capítulo y avanza con dirección firme aunque sea en dosis pequeñas (mucho mejor que en Life, dondre la línea principal tenía potencial pero no terminaba de cuajar), mientras que los personajes están muy bien trabajados, con capas que poco a poco se van destapando y cuyas personalidades se van moldeando según sus vivencias influyen en ellos. Esta evolución de los protagonistas resulta tan sutil como acertada, basada más en detalles que en golpes de efecto concretos: dicen mucho las miradas y emociones contenidas, los diálogos muestran más de lo que aparentan y en general los roces con los compañeros y otros problemas laborales (la competencia es dura, el bufete se va a pique), los juicios y sobre todo los secretos (se intuye que un personaje es gay muchísimo antes de que se referencie claramente) van dirigiendo poco a poco las cosas hacia delante. Por ello diría que es una serie que gana viéndose diaria y no semanalmente: es fácil olvidar alguna sutil referencia que nos muestre cómo el personaje absorbe un nuevo ingrediente que formará parte de su personalidad.

Como con la puesta en escena, los caracteres plasmados en papel no hubieran funcionado en imágenes sin un reparto que los mostrara con acierto. La cabeza más visible es Juliana Margulies (que se dio a conocer en Urgencias), una intérprete siempre elegante (y atractiva, la edad no parece afectarle) y con la calidad suficiente como para expresarse sin problemas incluso únicamente a través de miradas (algo esencial en un personaje tan contenido y por momentos frío como es Alicia), pero no es ni mucho menos una figura central que deje en segundo plano a los demás: sus jefes y compañeros y su familia comparten equitativamente el protagonismo. El imponente Chris Noth como su marido (cuyos numerosos secretos hacen de él una figura inquietante), sus amigables superiores (Christine Baranski y Josh Charles –éste está espléndido-), sus compañeros, sea el competitivo Cary (Matt Czuchry) o la eficaz y gris Kalinda (Archie Panjabi, cuyo personaje ambiguo y su impresionante físico ha dejado sin aliento a más de uno)… Y el repertorio de secundarios que poco a poco se va presentando no resulta menos interesante: jueces peculiares (al estilo Ally McBeal), enemigos poderosos (el nuevo fiscal, Titus Welliver), figuras misteriosas (el carismático Alan Cumming)…

Resumiendo, The Good Wife no será, al menos en su primera temporada, una serie de las que causa impresión como para aclamarla como una de las grandes del año o un drama a tener en cuenta, pero su ritmo trepidante, sus personajes que llegan con facilidad, su excelente realización y sus guiones hábiles y precisos (aunque tengan las limitaciones citadas) dan una producción que entra de maravilla y deja muy buenas sensaciones. Incluso a mí, que en gran medida reniego de las temporadas tan largas y los procedimentales, me ha resultado un entretenimiento ligero muy correcto y sobre todo tan adictivo que lo he devorado en pocos días.

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