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FALLECE NELSAN ELLIS, DE TRUE BLOOD.

Una insuficiencia cardía se ha llevado al actor Nelsan Ellis, que apenas contaba con 39 años. En True Blood nos dejó una interpretación memorable en un reparto ya de por sí colosal, la de Lafayette, el cocinero del Merlotte’s.

La verdad, no sé qué más decir…

Fuente: Variety. En castellano: El País. Filmografía, biografía.

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TRUE BLOOD – TEMPORADA 7 Y FINAL.

HBO | 2014
Acción, comedia, drama | 10 cap. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Lauren Bowles, Anna Camp.
Valoración:

Alerta de spoilers: Final de serie, spoilers en cantidad, incluidas muertes importantes.–

Última temporada de True Blood. ¿Qué esperar de ella? Pues lo mismo de siempre, porque incluso sin Alan Ball a las riendas siguió en su estilo y con las mismas virtudes y limitaciones. Las aventuras originales, alocadas y con un genial humor negro, los protagonistas deliciosos, los actores fantásticos, la puesta en escena brillante… y también las tramas con algunos deslices en el ritmo, las historias secundarias irregulares, los caminos algo fallidos de algunos personajes.

El final de la sexta temporada pegaba un salto y nos introducía de lleno en los eventos de la séptima. La crisis de la hepatitis-V es el desencadenante final del conflicto entre humanos y vampiros, y se traduce en una guerra sucia, una guerra sin líderes ni objetivos, sino de caos y supervivencia. La trama va a gran velocidad, dejándonos sin aliento en una situación extrema donde cualquier personaje está en peligro constante. Y están todos presentes en todo momento, porque casi no hay ni tiempo para historias secundarias, de esas que más veces de las deseables resultaban poco satisfactorias (solo está la de Tara, que luego comentaré). Hasta Sam se mantiene en primera línea y es apartado en una correcta despedida cuando ya no pinta nada ahí; aunque seguro que nadie se acuerda de su aburrida novia. Eso sí, hay un giro extraño: el novio vampiro de Jessica es convertido por arte de magia en un personaje completamente distinto. Ahora es un homosexual que no tiene interés en ella, cuando el romance que nos mostraron era de flechazo. Así entiendo que el actor se cabreara y largara y fuera sustituido por otro. No sé qué pretendían los guionistas con este giro, si se les fue de las manos sin querer o pensaban que tendría sentido; menos mal que es un rol menor; lo malo es que Lafayette pierde bastante protagonismo, y apareciendo con el tipo este no recupera mucho interés.

Hasta secundarios de toda la vida, como la petarda de la madre de Hoyt, están metidos en el embrollo hasta el cuello. La elección de bandos, las implicaciones morales de cada acción, los tumultos, los intentos de mantener la civilización… todo se va acumulando en un clímax que probablemente sea el mejor de la serie, y que termina en la espectacular batalla en el bar de Eric, donde una banda de vampiros infectados se hizo fuerte. Pero no todo es perfecto, porque el reguero de muertos es desigual. Varios secundarios caen, pero alguno se celebra con gusto (la citada madre), y sobre todo cabría esperar que más personajes importantes acabaran asesinados, para terminar esta serie de corte generalmente macabro a lo grande. Pero solo lo hacen dos, y son dos muertes muy discutibles. La de Tara es directamente estúpida. Un personaje que no muere en primer plano es un personaje que sin duda estará vivo… Pero tras varios capítulos mareando la perdiz resulta que definitivamente ha sufrido la muerte verdadera. Y aparece como fantasma en la única trama secundaria o de relleno del año que encontramos, una historia de redención fantasmal incomprensible, intrascendente, aburrida… vamos, completamente olvidable. ¿Pero a qué jugaban, cómo trataron tan mal al personaje? Por extensión su madre y su primo Lafayette pierden algunos puntos al verse arrastrados con ella. Por suerte ocupa poco tiempo.

La muerte de Alcide es la otra polémica, y la que marca el punto de inflexión en la temporada. Una vez la tormenta pasa sobre Bon Temps (aunque el miedo a que vuelva sigue presente) la narración se inclina principalmente hacia los personajes. Y empieza con el giro descarado de volver a poner a Sookie y Bill juntos, sin duda para finalizar la serie con el clásico círculo cerrado, con la pareja inicial. La jugada funciona porque a estos dos personajes los guionistas los tratan muy bien y la relación va bien encaminada hacia un desenlace romántico-trágico bastante efectivo, pero desde luego lo de que se dieran cuenta de que Alcide molestaba y lo eliminaran sin disimulo no queda bien.

También es cierto que el inicio de este segmento final asusta por la reaparición de un viejo personaje, Hoyt. De primeras me pareció un retorno innecesario a un culebrón ya caduco, pero pronto se ve que los guionistas tienen un plan (como con Bill y Sookie) y lo desarrollan con sumo cuidado. La idea es dar un cierre a todos los protagonistas, y Hoyt sirve como un nexo estupendo para varios. La relación de Jason con Brigette se expone de maravilla, de hecho es de lo mejorcito del año y tiene momentos sublimes, y el reinicio de la relación entre Jess y Hoyt es creíble y bonito. En el resto de personajes solo los Bellefleur, con la búsqueda cansina de la niña-hada, dan alguna vuelta más de la necesaria. Eric y Pam arrasan como siempre, él con su carisma, ella con su boca malhablada, él con su pasotismo ablandado (florece la compasión ante las gentes de Bon Temps), ella con su fidelidad incansable; y el flashback de ambos resulta memorable. El retorno de Sarah Newlin no podía ser mejor: la loca está más loca que nunca y encima ahora es la cura andante de la Hep-V, lanzando así el final de la trama central con un toque de humor negro demencial.

Como todos los años, lo que no falla un ápice es la excelsa puesta en escena, donde destaca lo bien que ruedan las escenas nocturnas (más les valía, claro), y el inconmensurable reparto, uno de los mejores de los últimos tiempos, que brilla especialmente en esta última temporada porque los personajes viven momentos clave. Así, Anna Paquin (Sookie) está de nuevo pletórica y Deborah Ann Woll (Jessica) se luce más que nunca (qué injusticia no haberse llevado ningún premio). No se quedan atrás Ryan Kwanten como el mejor y más complejo papel de tontorrón que he visto (Jason), el eterno carisma de Stephen Moyer (Bill), Alexander Skarsgård (Eric) y Kristin Bauer (Pam), los secundarios magníficos por doquier, encabezados por Chris Bauer (Andy) y Carrie Preston (Arlene), y la breve pero intensa presencia de Anna Camp (Sarah Newlin). Este año han estado menos llamativos Sam Trammell (Sam) y Nelsan Ellis (Lafayette), pero por su presencia más limitada.

Acabamos con el mundo rehaciéndose gracias a la cura y los personajes retomando su camino con toda la experiencia adquirida. Más o menos todos consiguen lo que buscaban en la vida, o todos han madurado para saber cómo enfrentarla sin tanto sufrimiento. Quizá es un final muy sensiblero y clásico para una serie tan macarra, pero es indudablemente efectivo. Se centra en los personajes, no desbarra con tramas absurdas y giros innecesarios, y solo puede criticarse desde una perspectiva subjetiva: esperando que fuera más agridulce u oscuro, o que ofreciera una trama final apoteósica. Y está claro que esto último no encajaría, porque True Blood no es una serie de tramas complejas, sino de personajes enfrentando situaciones. Simplemente los guionistas han pensado que tras tanto viaje los protagonistas y el espectador merecían un final feliz. O te gusta o no, pero no es motivo para hablar de una mala temporada, porque ha sido de las buenas.

Ver también:
Temporada 6. – Temporada 5.
Temporada 4. – Temporada 3.
Temporada 2. – Temporada 1.

TRUE BLOOD – TEMPORADA 6.

True Blood
HBO | 2013
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Amelia Rose Blaire, Jurnee Smollett-Bell, Robert Kazinsky, Todd Lower, Arliss Howard, Lucy Griffiths, Anna Camp.
Valoración:

El primer año de True Blood sin Alan Ball a las riendas no ha perdido ni un ápice de su esencia, con lo que tenemos la misma propuesta alocada, original y entretenidísima a pesar de algunos tramos irregulares que desaprovechan su amplio y fascinante grupo de protagonistas. Brian Buckner, uno de los guionistas principales desde el principio de la serie, ha estado a la altura de lo esperado.

La historia del gobernador, que es el punto culminante del conflicto entre humanos y vampiros, es el plato fuerte de la temporada y no decepciona lo más mínimo. El peligro en que pone a nuestros vampiros favoritos es palpable durante todo el año, sobre todo cuando empezamos a introducirnos en la horripilante cárcel, donde se monta la de dios. El retorno de la loca religiosa de Sarah Newlin es impresionante, y el de Steve divertidísimo. La implicación de Jason en el tema después de lidiar con el abuelo resulta muy eficaz. La nueva vampira, Violet, es muy atractiva (si no que se lo digan a Jason). Los serios problemas en que se encuentran Eric y su hermana dan los momentos más intensos y dramáticos. Los líos de Jessica con un noble vampiro son muy interesantes, y ya venía con fuerza de la historia de las hadas del sheriff. Pam está como siempre pletórica, y bien acompañada por Tara, que como dije en su momento, tuvo que ser convertida en vampira para resultar interesante.

Y al final se enlaza todo muy bien con la trama de Lilith+Bill, el intrigante Billith, historia que no se sabía por dónde podía tirar. Finalmente vemos que aquí no hay un desenlace sorprendente, sino uno más sencillo, más terrenal que fantasioso, que por suerte funciona bien: ha primado el conflicto interno de los personajes ante el efectismo barato con los poderes adquiridos por Bill. Muy interesantes han sido los temas sobre la responsabilidad, con vueltas inesperadas tras el lío de las jóvenes hadas, y los roces entre Bill y Sookie; de hecho me supo mal ver a Sookie pasando de ayudar, harta de todo, pero es consecuente con la situación: Bill debería haberla llevado a rastras a ver lo que sucedía en la cárcel, sólo así se conmovería.

El punto negativo es que Sookie ha quedado un poco despegada del resto, y al ir por libre con un personaje poco sustancioso como Warlow parece que hace poco. Warlow es efectivamente un problema, aunque no grave: deambula demasiado, y cuando se define su objetivo y salen a la luz sus motivaciones, después de darle tanto énfasis a un vampiro que ha resultado tan poca cosa, no tiene la fuerza esperada. Tampoco se puede decir que la presencia del mítico Rutger Hauer encarnando al abuelo Stackhouse haya sido muy impactante.

Como viene siendo habitual, lo complicado es que nos gusten a todos por igual las tramas secundarias. Este año hay menos enjundia, para mal (menos personajes en acción y menos historias locas) y para bien (menos subtramas estiradas más de la cuenta o de menor interés), limitándose la cosa a Alcide con los líos de manadas y Sam metiéndose en fregados varios con cambiapieles varios. Ninguna de las dos me gusta, porque están muy descolgadas, aportan poco a lo ya visto y avanzan despacio. Al menos no tenemos más recesos cansinos de vudús y fantasmas con Lafayette y Terry respectivamente. De hecho la parte de los Bellefleur (Andy, Terry y Arlene) sale muy bien parada al centrarse exclusivamente en los personajes y no desvariar en historias paralelas largas. Lo de las niñas hadas parece un poco improvisado y puesto al servicio de la historia, pero es divertido y da para buenos encontronazos entre protagonistas. Los líos emocionales de Arlene funcionan bien, sobre todo tras el emotivo final de Terry.

El capítulo final es un poco desconcertante, al ser más un epílogo y lanzamiento de la próxima temporada que el cierre de las tramas del año, que ocurre en el penúltimo. Como es un anexo tras el plato fuerte sabe a poco; como pega un salto muy repentino en las historias descoloca. Pero el avance brusco en los personajes funciona, porque todo lo que nos muestran se puede enlazar con lo que veníamos viendo (como Sookie con Alcide, por ejemplo). La escena-sorpresa final en cambio si la veo forzada: no puedes matar un personaje principal así, como chiste es rizar el rizo con poco tacto; es de suponer que se entierra a toda velocidad y punto.

La HBO ha confirmado que la séptima será la última temporada. No observo un desgaste acusado, y este universo puede ir creciendo sin parar, pero también pienso que la serie ya no puede sorprender y nos arriesgamos a que se estire más de la cuenta: mejor terminar a tiempo y bien.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

TRUE BLOOD – TEMPORADA 5.

HBO | 2012
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Todd Lowe, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Denis O’Hare, Lucy Griffiths, Janina Gavankar, Valentina Cervi, Lauren Bowles.
Valoración:

–Alerta spoilers: No leer si no se ha visto la temporada al completo.–

Al contrario de lo que ha ocurrido otras temporadas, donde el tramo final resulta espectacular y disimula partes irregulares o tramas estiradas, esta vez encontramos que tras una sesión en general muy intensa y atractiva el desenlace pierde bastante fuerza, dejando una mala sensación que, por eso de fallar en el momento cumbre, el que más se va a recordar, puede incluso estropear la percepción sobre el resto de la temporada.

Entre lo mejor del año encontramos algunos momentos fantásticos, como la despedida de Hoyt, que de bonita y triste es capaz de humedecer los ojos. Cuando le pide a Jessica que le borre de la memoria toda su relación con ella y Jason para librarse de tanto dolor… joder, entre la fuerza del momento y el papelón de los actores te deja hecho polvo. Al otro lado del espectro, en la onda más humorística, encontramos que la parte de Tara esta vez es magnífica. Aunque su muerte me gustó, pues nos la quitaba de en encima, cualquier duda que despertara su retorno desapareció rápidamente: convertirla en vampiro ha sido un acierto enorme. Se renueva por completo un personaje que llevaba tiempo estancado y siendo un lastre, y sobre todo le da una nueva y divertida perspectiva a este rol que tan mal solía caer entre los espectadores. Instantes geniales como el intento de suicidio en la cama de rayos UVA destacan en la estupenda dinámica que desarrolla la relación entre ella y Pam, su creadora. Los cambia formas, con Sam y su chica por un lado y Alcide y la manada de lobos por el otro, han aportado bastante más contenido que antes, y aunque el tema de la dirección de la manada no es que me resultara especialmente interesante ha sido bien llevado, con un ritmo pausado pero seguro. Lo de los paletos asesinos de cambia formas ha sido incluso más interesante, sobre todo cuando ha mezclado a más personajes (incluyendo el viejo sheriff).

La parte menos lograda del año ha sido la del fantasma-demonio que acosa a Terry Bellefleur, que ha resultado tediosa y poco sustanciosa. Y siguiendo con lo malo, da la sensación de que no sabían qué hacer con Lafayette, que ha aportado muy poco esta vez. Como es habitual, el problema de algunas secciones es un problema general de la serie: a veces la idea de tener varios personajes yendo cada uno por su lado no funciona del todo, ya sea porque no te caen tan bien, porque su sección llena menos o porque te aparta de otras partes que deseas ver. Por suerte este año eso ocurre menos, tanto por la calidad globar de las mismas como porque de una manera u otra casi todas las historias han acabado cruzándose de vez en cuando. De hecho esta vez Sookie ha estado bastante apartada del hilo central, habiendo pasado temporalmente por casi todas las tramas. Eso implica que ha perdido un poco de protagonismo en ocasiones, al menos hasta que las hadas vuelven a primer plano. Eso sí, de nuevo todo lo visto sobre estos seres no termina de exponerse por completo, dejando muchas cosas para la siguiente temporada, como el misterio de quién es el que mató a los padres de los Stackhouse. Lo mismo que con Sookie ha ocurrido con Jason. En cierta manera ha deambulado por varias historias, pero siempre sin perder interés, pues cada vivencia aporta algo al personaje. Igual ocurre con Jessica, quien ha crecido tanto que no necesita estar en el centro de una trama importante, sino que su búsqueda de un lugar en el mundo da de sobra para que su sección enganche.

En el hilo principal encontramos el esperado retorno de Russell Edginton, el poderoso y temido vampiro que promete echar por tierra el débil equilibrio entre vampiros no violentos y humanos que se ha conseguido contra los vampiros tradicionales, aquellos dispuestos a usar a la humanidad como ganado. La Autoridad Vampírica impone, el resurgir de Russell acojona y la captura de Bill y Eric resulta muy intrigante, y más cuando Bill parece haberse convertido a la religión: ¿está fingiendo o no? Y la religión… en menuda panda de lunáticos convierte a los líderes vampíricos. El grupo resulta fascinante (Roman, Salome y Nora -hermana de Eric- son muy buenos personajes, y Newlin es un puntazo). Toda esta historia promete desembocar en algo grande, y de hecho parece acercarse a ello cuando empiezan a volar las fábricas de Tru Blood, salen de caza drogados y Rusell deja de disimular y se desata… Sin embargo, a pocos episodios del final de la temporada la trama se estanca, prácticamente muere. No avanza, no evoluciona, no consigue adquirir trascendencia (pero qué poco impacto causa esta incipiente guerra). Y lo peor, llega el desenlace y acaba de una forma bastante insatisfactoria. Pocas sorpresas y situaciones sin garra. La caída de Russell es horrible, deja muy mal sabor de boca, y la muerte y resurrección de Bill no emociona y sorprende como pudiera, porque el comportamiento errático del personaje y lo poco claro que queda todo el asunto de la religión le resta coherencia y credibilidad a esa parte.

La labor actoral como siempre resulta soberbia. La puesta en escena espléndida. El estilo que mezcla sordidez con sensualidad y drama con humor es único. Su micro universo de criaturas y personajes estrafalarios sigue resultando espectacular. Con sus logros e irregularidades habituales, True Blood ha vuelto a dar otro año de gran nivel. Lástima que en este caso la sección menos lograda sea el desenlace, máxime cuando suponía la partida de Alan Ball como guionista principal. Veremos si la serie aguanta el tipo sin él… algo que rara vez ocurre.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

TRUE BLOOD – TEMPORADA 4.

HBO | 2011
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Kevin Alejandro, Marshall Allman, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Todd Lowe, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Paola Turbay.
Valoración:

Alerta spoilers: No puedo comentar la temporada sin mencionar muertes de personajes y finales de tramas: no leer si no se ha visto.–

Después de un tercer año de gran nivel, con historias más equilibradas y apasionantes que en temporadas anteriores, la cuarta etapa de nuevo resulta algo irregular, con un primer tramo disperso y quizá más lento de la cuenta. Pero como ocurre en anteriores sesiones, se va lanzando y posee un tramo final espectacular y un desenlace apoteósico que hace olvidar las líneas llevadas con menos habilidad.

En la línea de la serie nos encontramos ante un gran número de protagonistas con aventuras más o menos entrelazadas, con dramas más intensos, secciones más cómicas, guerras entre razas o historias de amor dulzonas. Es difícil mantener tantas tramas en juego, y más dotarlas de un nivel de interés alto a todas ellas. Así, como es habitual habrá personajes que no nos caigan muy bien, o que sí lo hacen pero los vemos desperdiciados en historias que no nos llaman mucho. Cabe preguntarse para qué se pierde tanto tiempo con Jason y los rednecks cambia-formas si al final no se convierte en uno, o si no podían haber finiquitado la aburrida presencia del hermano de Sam con más celeridad, o qué sigue pintando Tara en toda la serie… Otras partes se salvan precisamente porque sus protagonistas tienen carisma de sobra: si no fuera por la fuerza del personaje de Sam, su poco llamativo romance y los problemas con su hermano hubieran sido bastante más tediosos.

Encontramos también que secundarios de gran potencial pero anteriormente infrautilizados han cobrado protagonismo: Jessica y sus problemas de adaptación como vampira, donde debe luchar contra sus nuevos instintos (apetito de sangre, violencia y sexo), han ganado muchísimo en emoción y ritmo. Además se explota de maravilla tanto el lado interpretativo de Deborah Ann Woll (qué bien muestra todos esos instintos y sus duras repercusiones) como el aspecto erótico en su caótica relación con Jason y Hoyt (incluso el no mostrar desnudo total como el resto del reparto la hace más atractiva). Igualmente, otros secundarios que antes resultan incluso molestos están mejor aprovechados: Jesús y Lafayette y sus delirios con la magia resultaban excesivos el año pasado, y ahora son prácticamente protagonistas del hilo central, con lo que su presencia es crucial; por suerte, salvo momentos puntuales (un par de desfases al final, como la posesión de Jesús), sus aventuras dan mucho más de sí, y desde luego siempre es una gozada ver a actores del nivelazo de Nelsan Ellis. Además, a quien le cayera mal Jesús, como a mí, su muerte es un momento de placer no por previsible menos agradecido.

En cuanto a las tramas centrales seguimos el conflicto con una bruja que trata de acabar con los vampiros, secundadas de lejos por otras que vienen de atrás y todavía les queda desarrollo en próximas temporadas (las hadas siguen en segundo plano, el conflicto vampiro-humano tiene más relevancia pero no termina tomar protagonismo, los hombres lobo siguen por ahí pero un poco apartados…). La historia de la bruja recuerda claramente a la de Mariann: debe llenar la temporada entera, y claro, deja la sensación de que en algunos momentos se estira demasiado. La frase “Antonia Gavilán de Logroño” ya se usa como cachondeo para reírse de los excesos del personaje, más sobreactuado y pasado de rosca de lo que un villano de tal nivel necesitaría (mayor inteligencia y capacidad de dar miedo por sus brillantes planes, básicamente). De hecho su muerte, aunque en un par de episodios espectaculares llenos de momentos geniales, se hace eterna, y para colmo cuando por fin parece haber fallecido su fantasma posee a Jesús. Además está el tema de que lo de jugar con la magia sin una mitología clara detrás siempre sabe a engaño, a Deus ex machina barato: qué poco me gusta que se saquen conjuros de la manga para resolver las cosas. Pero eso sí, repito que dicho desenlace se produce en un envoltorio de tramas, dramas personales y situaciones concretas de primerísimo nivel, con lo que el cierre del año deja en general muy buenas sensaciones.

Es la parte que incumbe a los vampiros, como suele ser habitual, la que sale mejor parada. Eric atontado y con la memoria borrada es un puntazo detrás de otro, la boba de Sookie enamorándose de él da para muchos buenos momentos (sexuales, claro, pero también humorísticos), los conflictos que surgen con Bill en el trío amoroso magnifican el asunto de forma excelente, la fiel seguidora de Eric (Pam), con la carne pudriéndose por el conjuro, es tronchante… Y todos juntos dan para escenas memorables, ya sea cuando están encadenados para escapar de la luz del sol (vaya puñaladas verbales se sueltan entre ellos) o al final uniendo fuerzas contra Antonia Gavilán de Logroño. No menos interesantes son las partes dedicadas a los roces con los humanos, con Nan, La liga de los Vampiros y la temible Autoridad, la subtrama de la conspiración contra esos poderes que maneja ella con Eric… y su sorpresiva muerte. Vaya zorra, suelta Eric en otra de esas geniales frases de final de temporada que se marca la serie.

Hay tantos, tantísimos personajes e historias entrelazadas, que es difícil mencionarlos a todos sin alargarme demasiado. Me dejo en el tintero otras partes francamente interesantes, como la de los hombres lobo, muy entretenida a pesar de quedar algo descolgada, o los problemas del Sheriff Bellefleur y sus choques con su hermano Terry, muchos más atractivos que los juegos cansinos del bebé de Arlene (ésta quizá sea la parte menos lograda del año).

Como decía, el final acapara momentazos uno detrás de otro, como las clásicas escenas salidas de madre (Eric sorbiendo del corazón o matando a Pam), pero también con sorpresas inesperadas (espectaculares muertes de personajes –la de Tara algo forzada pero bien recibida-) y con la recuperación de tramas latentes (las hadas, el grandioso vampiro Russell) para subir el interés de cara a la próxima sesión.

Con sus altibajos ya más que aceptados, True Blood sigue siendo un entretenimiento completísimo: divertido, alocado, excéntrico, erótico y gore hasta donde la imaginación de sus autores sea capaz de llegar. Y hablando de sus autores, me maravilla su capacidad para crear y mantener este universo sin perder el control, sin caer en lo absurdo sin sentido, y su habilidad para mostrar en cada episodio, aunque sea de los aburridos, destellos de grandeza, detalles geniales, chistes inesperados… Y sobre todo, hay que volver a destacar la aparente facilidad que tienen para darle un envoltorio fascinante (aaah, el sello HBO: dinero + talento). Sin embargo, como ocurre con la serie desde su estreno, sigue habiendo gente que la ve porque está de moda pero no la entiende, y se atraganta y la critica de maneras poco objetivas. Que sí es ridícula y cómica sin pretenderlo, que si sus actores no saben qué hacen… Lástima que no sean capaces de ver su tono de humor, a veces sutil y a veces descaradamente absurdo pero siempre muy bien colocado, su capacidad de no tomarse en serio pero a la vez ofrecer protagonistas sumamente creíbles dentro de su entorno de fantasía desenfrenada, y lástima que tampoco sean capaces de admirar las sublimes labores interpretativas de todos los actores, todos espléndidos en sus excéntricos personajes (vuelvo a decir que es estamos ante uno de los mejores repartos de los últimos años). Pero ellos se lo pierden. Larga muerte a True Blood.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

TRUE BLOOD – TEMPORADA 3.

HBO | 2010
Productores ejecutivos: Alan Ball, Greg Fiender.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Denis O’Hare, Kevin Alejandro, Marshall Allman, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Todd Lowe, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Evan Rachel Wood, Joe Manganiello, James Frain.
Valoración:

El tercer año de True Blood se ha lanzado tras una segunda temporada que bajó el nivel hasta rozar el tedio en algunos tramos, aunque luego tuviera un cierre estupendo. El ritmo ha mejorado considerablemente, las tramas han ganado en interés, los personajes principales andan más centrados y los secundarios menos necesarios (o dicho de otra forma, los más cargantes) en general han aportado más (Tara) o se han relegado un poco más a segundo plano (Jessica).

La aparición del Rey de los vampiros abre una trama apasionante y de mayor calado y densidad que las cansinas orgías de Maryann. Intrigas políticas, riñas territoriales, conflictos entre razas (vampiros, hombres lobo, humanos), el pasado de Eric … Todo se presenta apasionante, y más si tenemos en cuenta que la presencia de Russell Edgington como Rey de los vampiros es fascinante y la interpretación de Denis O’Hare antológica. La relación entre Sookie y Bill, con Eric de por medio en general y en algunos tramos con la bien utilizada aparición de Alcide (el hombre lobo), se desarrolla con rumbos correctamente definidos y algunos giros muy acertados que ponen las cosas siempre tensas (la revelación de qué es Sookie y la de por qué Bill llegó al pueblo y a ella son las más llamativas). La parte de la simpática pero poco relevante Jessica con el plasta de Hoyt se ha reducido y queda como un complemento correcto. La sección de Jason y el sheriff Bellefleur, con los rednecks cambia formas, las drogas y la nueva manía del hermano tonto de Sookie no es especialmente épica, pero sigue funcionando muy bien como la parte más cómica del conjunto. Pero lo que más me ha satisfecho y sorprendido es que Tara, el personaje al que casi todos los espectadores querrían eliminar y borrar de la serie, ha tenido unas desventuras bastante más interesantes, aunque principalmente sea tanto por brevedad (no ha consumido tanto tiempo para decir nada, como ocurría antes) como por la imponente presencia de un actor tan grande como James Fraim. Lástima que a éste ya no lo volveremos a ver.

Pero no todo son aciertos, pues hay caracteres que han perdido fuelle. Cabe preguntarse por qué se centran tanto en la trama de Sam, totalmente desligada del resto, para que luego ofrezca tan poco en el fin de temporada; y Lafayette con su novio el enfermero marean la perdiz también sin llegar a ninguna parte. Supongo que son historias que se desarrollarán mejor más adelante, pero al dedicarles tanto tiempo en este año han terminado siendo más un lastre que un aporte consistente. Pero son minucias en un repertorio de personajes excéntricos y delirantes que como en las dos temporadas anteriores despiertan tantas pasiones como odios. De hecho hay espectadores que tragan tan poco con algunos caracteres y se tropiezan a veces con el tono de cachondeo irreverente que otorga Alan Ball a la serie que equivocadamente se empeñan en decir que es mala. No, la serie es muy buena, quizá no antológica pero si un entretenimiento de factura impecable y con un tono tan original y gamberro (cuánta sangre, sexo y escenas surrealistas) que resulta deliciosamente divertida.

Y hablando de calidad, no hace ni falta recalcar de nuevo que la realización es sublime en todos sus aspectos (dirección, localizaciones, fotografía, atmósfera en general), el reparto es de lo mejorcito de la televisión actual (Anna Paquin, Ryan Kwanten, Denis O’Hare, James Frain y Alexander Skarsgarg ofrecen interpretaciones memorables) y hay muchísimos momentos en los que no sé si aplaudir por asombro y admiración o partirme de risa, destacando sobre todo el ya mítico “y ahora Tiffany, el tiempo”.

Ver también:
Primera temporada.
Segunda temporada.

TRUE BLOOD – TEMPORADA 2.

HBO | 2009
Productores ejecutivos: Alan Ball, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Deborah Ann Woll, Kristin Bauer.
Valoración:

Aclamada y odiada por igual, incomprendida y amada en medidas semejantes, True Blood sigue siendo una de las series que más da que hablar estas dos últimas temporadas. Extraña, caótica, divertida, carismática y con personajes tan odiosos como adorables (donde cada espectador se inclina por unos concretos). Es un éxito considerable (lo más visto en la HBO desde Los Soprano, se ha llevado múltiples premios, tiene una gran presencia en Internet) y desde luego es un plato interesante y altamente adictivo, pero creo que ni el seguidor más fanático puede ignorar lo obvio: no es la panacea y de hecho es notablemente irregular en ritmo. Además esta segunda temporada pierde fuelle con respecto a la anterior: le cuesta horrores arrancar, de hecho media temporada se hace algo larga e insustancial y si se salva es por la calidad de la realización y su reparto, que siempre ofrecen algo realmente digno de ver.

Es entendible que al crear las dos tramas centrales prácticamente desde cero (aunque ya habían sido debidamente presentadas en la sesión anterior) el ritmo se resienta, pero no que lo haga tanto. La trama de Maryann (una arrolladora Michelle Forbes) no parece llevar un rumbo concreto y da muchísimas más vueltas de lo debido sobre las mismas ideas, supongo que por la necesidad de rellenar los doce episodios. Eso sí, su desenlace es de primer nivel y no deja ningún mal sabor de boca. Por el lado contrario, la parte de la secta donde Jason se introduce goza de mayor equilibrio narrativo y su relación con el estado actual de los vampiros (magnífica la aparición del sheriff de los licántropos de la zona) ofrece momentos de gran interés. Además, en ella se encuentran los personajes más carismáticos e interesantes (el romántico pasmarote de Bill, el cabronazo de Eric, la alocada pero dulce Sookie, el imbécil simpático Jason y algunos secundarios muy atractivos), mientras que en la línea de Maryann se sustenta prácticamente por Sam Merlotte y sus aventuras, porque como eje central de la misma hay que aguantar a una Tara que todavía no encaja del todo en el conjunto (a pesar de las excelentes labores de la actriz el carácter es bastante tonto y pesado, y su nuevo novio más todavía) y algunos secundarios no tan llamativos. Un tanto descolgado de todo lo demás encontramos una pareja que trae una de cal y otra de arena: la del pueblerino (Hoyt) con la vampira adolescente, personaje éste que con Bill funciona dando momentos de gran humor, pero cuya relación amorosa con el anterior y la relación de éste con su propia madre son realmente cansinas.

La calidad de la producción es indiscutible en todos sus aspectos. La ambientación es sublime gracias al espléndido uso de la fotografía, las muy bien elegidas localizaciones, la música… La dirección es brillante, como es habitual esperar de la HBO, y tiene el mérito de hacer realmente interesantes y llevaderos capítulos de cincuenta minutos con poco contenido, aunque una vez terminados estos uno tenga la sensación de no haber visto avance alguno.

Y el reparto se ha elegido un tacto impresionante, como también es habitual en la mítica cadena: todas sus figuras son excepcionales y algunas realmente brillantes. Es difícil limitarse a destacar un par de actores, porque todos merecen un aplauso y muchos uno bien sonoro. Daría un puesto de honor Anna Pakin por ser la figura central y todavía estúpidamente criticada porque su personaje no cae bien a todo el mundo, y a Ryan Kwanten por tener entre manos un tipo de papel que no suele aclamarse, el de tontaina; su labor es simple y llanamente sublime. No menos efectivos son Rutina Weasley (Tara), Nelsan Ellis (Lafayette) o Sam Trammell (Sam), mientras que entre los secundarios hay también grandes figuras: sobresalientes Anna Camp y Michael McMillian como los líderes de la secta (sus papeles son de los difíciles) y la bellísima Deborah Ann Woll como la joven Jessica, amén de la citada Michelle Forbes. Citar también las breves pero intensas apariciones de Allan Hyde como Godric y Evan Rachel Wood como la poderosa vampira. Probablemente sea el mejor reparto de los últimos años, superando incluso al de Perdidos.

Ahora, a esperar con ganas la siguiente ración de excentricidades, piques entre vampiros, pueblerinos enfrentados a los sobrenatural, amoríos y calenturas, humor made in Allan Ball (realmente único) y sangre y sexo a raudales.