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THE PACIFIC.

HBO | 2010
Escritores: Bruce McKenna, Robert Schenkkan, basándose en las novelas de Robert Leckie y Eugene Sledge.
Directores: Jeremy Podeswa, Timothy Van Patten, David Nutter.
Intérpretes: Joseph Mazzello, Jame Badge Dale, Jon Seda, Rami Malek, Ashton Holmes, Martin McCann, Josh Helman.
Valoración:

The Pacific ha sido, en cierta manera, una decepción, y como puedo ver por Internet, bastante generalizada. Hay que matizar antes que nada que ni mucho menos es una serie que se acerque a la mediocridad, pero sí que dado lo que se esperaba de ella no ha satisfecho plenamente. La cadena que la produce (HBO), los autores implicados (guionistas y directores de nivel), su miniserie predecesora (esa obra maestra llamada Hermanos de sangre), el presupuesto prácticamente ilimitado… Las expectativas eran altísimas, y lo que hemos visto ha sido demasiado facilón, blando, previsible y poco arriesgado. Quizá si Hermanos de sangre no hubiera existido estaríamos alucinando ante lo visto en The Pacific, pero aquella superproducción dejó el listón alto, muy alto.

Es sorprendente, tanto como lamentable, que a pesar de que decidieran centrarse principalmente en tres personajes estos no salgan ni por asomo bien parados, sobre todo si los comparamos con la amplia tropa que protagonizaba Hermanos de sangre, donde todos ellos eran muy reconocibles y sus desventuras eran seguidas con fascinación constante. Las personalidades de este trío apenas son matizadas, y mucho menos desarrolladas, lo que se traduce en que no llega a interesarme casi en ningún momento lo que sufran o lo cerca de la muerte que estén. No es hasta el penúltimo episodio de Eugene Sledge (Parte 9, Okinawa) cuando se nota algo de progresión que realmente llama la atención, y además solo en ese personaje, pues en conjunto Leckie apenas pasa de simpático y Basilone es insoportable por aburrido y sosainas. No ayuda tampoco que los intérpretes elegidos brillen por su total ausencia de carisma y por ofrecer un registro nada llamativo. Una serie de este calibre no puede fallar en un aspecto tan crucial como es el casting.

Además en la trama de The Pacific saltamos muy a la ligera de lugar y protagonista incluso dentro de un mismo episodio, lo que, desde mi punto de vista, genera un distanciamiento con los personajes y sobre todo vuelve confuso el desarrollo de los acontecimientos porque, a pesar de los resúmenes históricos de los prólogos, cuesta seguir por dónde se mueve la gente, con quiénes estábamos y qué hacían estos. Se nota sobre todo en los secundarios: cuesta horrores quedarse con el rostro y no digamos ya el nombre casi ninguno (tan solo Shelton llama la atención, de hecho es bastante más atractivo que el petardo de Basilone). En el epílogo resumen la vida post-guerra de numerosos individuos que han salido a lo largo de la serie, la mayoría en un plano muy secundario, y como era de esperar la mayor parte ni me sonaba.

En cuanto a las tramas, mis quejan son más graves aún. La carencia total de un argumento central que lleve un ritmo y progresión concretos se nota muchísimo. Los capítulos tropiezan sin mucha cohesión, y estos tienen además historias que son poco sustanciosas y pecan de ofrecer tramas demasiado trilladas y previsibles. Los primeros episodios son lentos y bastante simples, le siguen historias de amor tan vistas que uno se pregunta para qué han gastado tanto dinero si van a contar las mismas aventuras de guerra de toda la vida, y tramo final mezcla momentos donde por fin remonta con otros donde decae de golpe hacia el mismo tono de sencillez casi apática. ¿Dónde está el riesgo, el afán de ir algo más allá, de renovar y de ofrecer algo mínimamente complejo?

En resumen, las aventuras personales y los datos bélicos han resultado monocromáticos y anodinos y han llenado gran parte de una miniserie que, dada su corta longitud, debería haber ido más al grano. Si The Pacific se salva de llevarse un varapalo mayor es porque buenos profesionales levantándola. Los guionistas, aunque no saquen mucho de estas historias rutinarias y los aburridos personajes, saben como narrar con buen pulso y sin caer en sensiblerías baratas y trucos de segunda. Pueden mostrar acontecimientos muy sobados, pero los hacen creíbles y consistentes. Pero más efectiva es la exquisita puesta en escena, que plasma las palabras escritas en imágenes con una calidad espectacular, dándole la apariencia de ser una serie enorme cuando en realidad no ofrece mucho. Solo un detalle ensombrece ligeramente esta fastuosa realización: las batallas iniciales en la total oscuridad de la noche son bastante pobres, algo que solucionan a lo grande a partir de su ecuador (atención al desembarco de la parte 5, Peleliu Landing).

Y sin embargo huelga decir que también hay momentos de grandeza, que a pesar de mis quejas se alcanzan instantes brillantes dignos de alabar. Concretamente las partes 6 (Peleliu Airfield) y 9 (Okinawa) muestran por fin todo el potencial latente en el resto del relato, sumergiéndonos completamente en el conflicto bélico y personal a través de una narración sin concesiones en los aspectos humanos (las escenas de muerte, caos y dolor humano son durísimas en ocasiones, tanto que llegan a ser escalofriantes e incluso desagradables como pocas veces he visto) y visualmente arrebatadoras (el combate es por fin retratado con todo detalle, con una fotografía cámara en mano soberbia y una planificación de las escenas ejemplar).

Pero son precisamente estos grandes instantes los que nos recuerdan lo alto que pudo e incluso me atrevería a decir lo alto que debería haber llegado The Pacific y lo poco arriesgada, sustanciosa y apasionante que ha resultado en una valoración global. No puedo evitar de nuevo realizar una comparación con Hermanos de sangre: estos segmentos de excepcional calidad eran en aquella la nota media, lo habitual cuando no se alcanzaba el sobresaliente. Resumiendo pues, The Pacific es sin duda bastante buena, sobre todo por su magnífica puesta en escena y por poseer momentos puntuales donde te deja boquiabierto, pero como he indicado es también demasiado irregular, plana y previsible. Es una lástima que no haya salido redonda, pero aún así es un visionado más que recomendable para los amantes de la buena televisión.

PD: los títulos de crédito están hechos para dormirte: ¡vaya coñazo!