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DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 6 Y FINAL.


Downton Abbey
ITV | 2015
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Rebecca Eaton, Gareth Neame.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Raquel Cassidy, Michael Fox, David Robb, Sue Johnston, Jeremy Swift, Douglas Reith.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento el final de cada personaje.–

La última temporada de Downton Abbey obviamente se destina a ir cerrando las historias que íbamos viendo sobre todos los personajes. Esto nos pone ante la ventaja de que su creador y guionista Julian Fellowes no tiene que reservar nada de cara a nuevas etapas, así que va al grano y además hacia los momentos cumbre de cada protagonista. Por fin va a dejar de dar vueltas con Mary y sus pretendientes, por fin sabremos si Edith conseguirá ser feliz o no, etc. Y no desaprovecha el potencial, dando un año algo más activo e intenso que los precedentes.

La vida sigue cambiando en el mundo y en Reino Unido tras la Primera Guerra Mundial, y vemos cómo los nuevos tiempos van alcanzando a la finca de los Crawley. La nobleza pierde poder ante una emergente clase obrera, el tipo y cantidad de trabajos aumenta y se lleva a los empleados del servicio en búsqueda de oportunidades más prósperas y justas. La familia continúa tratando de adaptarse, como hemos ido viendo en las últimas temporadas: ajustando el número de criados, controlando mejor las finanzas, pensando en que hay que sacar dinero explotando las granjas y vendiendo tierras… El conde Robert ha aceptado hace tiempo el camino a andar y confía en Mary como heredera a pesar de ser mujer; además pronto vuelve Tom Branson para ayudarla.

Cora e Isobel quieren traer esos nuevos aires a la gestión del hospital, abriendo las puertas a nuevos procedimientos, tanto médicos como de gestión, algo a lo que la abuela Violet se enfrenta con el coraje típico de los conservadores: fe ciega contra la razón. Edith empieza a emanciparse, encontrando en el trabajo en la revista de su desaparecido amor un consuelo para su desdichada vida. Mary continúa con la relación de amistad y amor contenido con Henry Talbot, y aunque fuera evidente que acabaría con él se aceptaba, porque es lo que se espera del personaje y de la serie, y sobre todo porque se ha desarrollado muy bien; fueron geniales las escenas en que Branson la empuja a aceptar sus sentimientos, por ejemplo. Además, que por fin Mary abra su corazón implica dejar entrar en él a Edith de una vez por todas: resultó muy emotiva la confrontación definitiva y el posterior proceso de perdonarse y aceptarse la una a la otra. En cuanto a Edith, aunque el lío de la adopción en secreto de su hija da otros tantos problemas, también termina encontrando el amor con Bertie, como deseábamos todos, que ya había sufrido bastante como personaje trágico de la serie. Y seguimos con bodas, porque Carson y Mrs. Hughes pasan por el aro también en otra historia muy jugosa: los primeros pasos y roces en la vida juntos mantienen la habitual mezcla de drama ligero y humor.

Otra mejora es que damos carpetazo a historias muy manidas para centrarnos en esas otras más interesantes. Bates y Anna vuelven a ocupar su lugar como secundarios después de marear demasiado la perdiz con el dichoso caso contra él, y por suerte el drama de no poder tener hijos dura pocos capítulos y se maneja mejor. Y Baxter sigue arrastrando los fantasmas del pasado, pero con mucha menor insistencia. Pero esto también tiene su lado malo: Fellowes finalmente vuelve a meter en el armario a Thomas Barrow, y eso que con el intento de suicidio parecía ir a por todas. En sus intentos de encontrar trabajo fuera de la casa bien podría haber hallado un amor secreto y nuevas razones por las que vivir, pero el guionista vuelve a barrer, otra vez, el tema de la homosexualidad bajo la alfombra; esta temática se le atragantó bastante durante toda la serie, así que no sé para qué la incluyó.

Por supuesto, paralelamente tenemos decenas de aventuras pequeñas pero tan deliciosas y entretenidas como las más importantes, detalles del día a día en la vida de la época, recesos cómicos… Las riñas entre los empleados de Violet son más divertidas esta vez: menuda arpía Denker, vaya con Spratt y su columna femenina en la revista. Y la maduración de la relación entre Violet e Isobel es bien patente, pasando del odio a una dependencia mutua tan entretenida como las peleas anteriores. Eso sí, a Isobel le dan la única trama que no me ha parecido bien equilibrada: su relación amorosa en tensión con Lord Merton ha ido a trompicones, con partes confusas; sólo el drama con la hija de aquel tratando de apartarlos ha levantado el interés.

Ahora bien, me temo que los fallos que Fellowes no comete en la temporada sí aparecen en el final. En el ya clásico especial navideño con el que cierra el año y ahora también la serie se ablanda cosa mala en dos aspectos esenciales: el cambio hacia nuevos tiempos y la situación final de los personajes. Quizá por ser un conocido ferviente admirador de las clases nobles y todas esas pijadas inglesas, no termina de dar el paso último en la transición social. A mi modo de ver hacía falta un desenlace que señalara más claramente la tendencia de cambios sociales, políticos y económicos, y qué mejor que un relevo generacional: esperaba que Robert y Violet fallecieran, dando paso al futuro con Mary tomando las riendas de la finca definitivamente y dejando atrás los arcaicos ideales de la condesa. Amaga con cargárselo a él, pero no se atreve, y queda un tanto forzado.

A Tom Branson y Henry Talbot los pone montándose un concesionario de coches, pero no puede decirse que sea un gran avance, estos dos siempre han ido a contracorriente de los nobles, no en vano el primero empezó como chófer y el segundo ha sido piloto. Y donde verdaderamente tenía que mojarse no lo hace mucho: con los criados es muy inmovilista. Molesley es el único que se va, pero siempre había tenido un pie fuera, siempre se ha dicho que su estancia en la casa era provisional, mientras que la transición de Daisy y Andy hacia la granja queda incompleta (¿pero se van o no?, decídete). El único cambio llamativo que hay es muy conservador: la semi jubilación de Carson (¡ni se atreve a retirarlo definitivamente!) permite que Thomas Barrow vuelva a la casa en un reset descarado, porque resulta que ahora todos le perdonan su actitud más que hosca imposible, todos de repente se quieren mucho. ¿Qué problema había con que encontrara otro trabajo? ¿Qué necesidad hay de encajarlo donde no pinta nada? Y este giro repentino hacia la felicidad plena se extiende a los demás. Todos se perdonan todos los problemas y roces que tuvieran entre ellos (y sólo funciona el caso de Mary y Edith previo a este último capítulo), o encaminan un rumbo estable en sus vidas, o sufren un giro esperanzador que les quita todo peso de encima así sin más.

A veces, el relato debe fluir aunque sea hacia algo predecible, porque es su destino natural y ponerle la zancadilla puede resultar contraproducente. ¿Qué absurda necesidad había de dar un paso atrás cuando personajes y entorno estaban avanzando claramente? Todo porque Fellowes de repente trata de hacer un desenlace feliz, emotivo e indulgente a toda costa, con lo que termina traicionando los buenos pasos que estaba dando. No hacía falta buscar con tanto ahínco la lágrima fácil del espectador, ya tenemos la boda de Edith, el embarazo de Anna y la despedida de la serie, más otras tantas bodas en el resto de la temporada. Los giros sensibleros, los finales excesivamente luminosos en una obra siempre bastante dramática, los pasos atrás para mostrar reconciliaciones que pretenden ser emotivas pero resultan muy improbables, afean un tanto el final de la serie, lo que puede empañar también ligeramente las buenas impresiones que deja el año en su conjunto.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 5.

Downton Abbey
ITV | 2014
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Lily James, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Matt Milne.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describdo a fondo la trayectoria de los personajes.–

A estas alturas Downton Abbey no va a sorprender, pero ha sabido disimular mejor el desgaste que se veía en la cuarta etapa. No es que haya una trama general de altos vuelos, pero el buen ritmo y estabilidad de las numerosas historias paralelas ha conferido mayor cohesión e interés al año.

Por ejemplo, es obvio que con Mary no avanzan mucho o que de hecho están estancados otra vez en el juego de con quién se casará, pero ni caen en el sopor ni tiran de sensacionalismo, aprovechando muy bien la fuerza de este personaje y manejando las dosis justas de intriga y humor. Tampoco pueden ser originales con la dinámica entre las dos ancianas, Violet e Isobel, pero consiguen mantenerlas en primer plano y además evolucionan lo justo (empiezan a ver su dependencia y respeto mutuos) para no quedarse atrás. Y para sorpresa de todos los seguidores es Lady Edith quien más aporta este año. Su drama con la hija dada en adopción va creciendo muy bien y termina a lo grande con una trama de engaños y giros estupendos no por previsible menos entretenida.

En el resto encontramos lo esperable: un sinfín de vidas entrelazadas, con unas historias de largo recorrido y otras anecdóticas, pero siempre muy amenas. Seguimos con los avances sociales, con el conflicto del padre de familia sobre cómo enfrentar el futuro. Avanza también Daisy, que pone de manifiesto las ventajas de tener educación y cultura a pesar de las reticencias conservadoras de otros. Lady Rose también crece al enamorarse y casarse: su boda dará mucho juego en los últimos capítulos. También hay cambios en el resto del mundo, como manifiesta la subtrama con los rusos. Mis aventuras favoritas han sido la del tipo que le tira los tejos a Cora y las perturbaciones que causaba en la familia la presencia de la profesora y su pensamiento liberal.

No está libre de errores, sin embargo. La sección de los Bates es cansina, pues no se juega bien con la intriga: quieren dosificarla y a la vez que no se olvide, pero lo que consiguen es que canse por aparecer en pequeñas dosis pero demasiadas veces. El lío con los rusos tampoco me convence. Quieren mostrarlo pero no se atreven a llevarlo hacia ninguna parte, con lo que parece una trama demasiado superficial.

En el final en el especial navideño se nota más que estiran tramas, tanto principales (el tema de la familia Bates sigue dando vueltas y lo dejan abierto, nos torturarán con él otro año) como en secundarias (los piques entre criados de la abuela son cansinos), pero también destacan sus virtudes de siempre: hora y media de capítulo que se pasan volando gracias al sin fin de personajes encantadores y aventuras muy bien combinadas, donde destacan como siempre las peleas durante las comidas, los roces entre clases y las referencias a situaciones sociales de la época. Y avanzan por fin en algunas cosas sin tirar de golpes de efecto, sino siguiendo acontecimientos bien expuestos poco a poco: el acercamiento de Mr. Carson y Mrs. Hughes, el destino de Tom Bransom… y un destello que esperemos que se desarrolle en la próxima etapa: el chispazo de Lady Mary con un atractivo personaje interpretado por Mathew Goode.

La puesta en escena es como siempre modélica, con ese portento de fotografía y vestuario. Esta vez sin embargo me quejaré de la banda sonora: ya va siendo hora de que evolucione, que John Lunn ha exprimido demasiado los mismos temas.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 4.

Dowton Abbey
ITV | 2013
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Matt Milne.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describdo a fondo la trayectoria de los personajes.–

Como viene sucediendo, cada nuevo año pierde algo de energía respecto al anterior, y empiezo a preguntarme si no sería mejor ponerle fin antes de que la caída sea demasiado acusada. Esta cuarta temporada deja entrever aún más los problemillas que son patentes desde la segunda sesión: pérdida de fuerza en las tramas principales, estiramiento de las historias secundarias, personajes que poco evolucionan y quedan estancados. Pero también siguen brillando sus puntos fuertes: el ritmo excelente es capaz de disimular que no hay mucho contenido detrás, las decenas de personajes muy bien dibujados resultan encantadores, las mil y una historias del día a día siguen siendo interesantes, la excelente puesta en escena le da un aspecto muy hermoso…

Entre las tramas más largas es Edith quien más protagonismo gana. El extraño romance con el editor, la desaparición de este, el embarazo y las dudas sobre si aborta o no son bastante clásicos pero también esperables, que esto es un drama de líos familiares, y funcionan bastante bien, sobre todo a la hora de darle vidilla a la chica, que siempre quedaba muy descolgada. Cierto es que quizá se estira demasiado o va demasiado despacio, pero tiene buenos momentos, como cuando la abuela se mete en el fregado y está sorprendentemente educada y dando buenos consejos. Otra jugosa historia es la de la violación de Anna, con secuelas bien trabajadas y con el temor constante a que Bates hiciera alguna locura… como finalmente hace; el si se descubriría el pastel es tema recurrente en el tramo final del año, y el posicionamiento moral de varios personajes (Mrs. Hughes a la cabeza) entra en juego: ¿dónde están los límites entre la justicia y la venganza?

Después de perder al marido, la vida de Mary no toma un camino trágico, quizá por suerte, porque podría parecer que se ceban con el personaje. Su rechazo a pasar página dura bastante y permite jugar mucho con su cabezonería, y la presencia constante de dos nuevos candidatos a esposo también da muchas vueltas, siendo estas de desigual interés: como Edith, necesita algo de renovación, porque a la larga se nota que estiran la trama. Mi parte favorita vuelve a ser el contraste entre los estratos sociales que se ofrece a través del ascenso del chófer, Tom Branson, que no termina de encontrar su lugar en el mundo. En el último episodio, el especial navideño, hacen otra interesante comparativa, Inglaterra contra Estados Unidos, que resulta también muy lograda. Por cierto, el personaje de Paul Giamatti pide a gritos un lugar fijo en la serie. En cuanto al padre de familia, su línea es sencilla este año: sigue con los líos de las tierras y poco más. Branson y Mary al menos aportan algo de conflicto a sus ideas obsoletas, y con ello seguimos viendo como llegan los cambios a la aristocracia.

En las historias secundarias las más remarcables son las siguientes. Al principio de temporada el pasado de Carson vuelve para acosarle, mostrando que el personaje tuvo una vida antes de la mansión. Molesley lo pasa mal buscando un nuevo empleo, y Carson no se lo pone fácil. Una de mis favoritas ha sido la prima Lady Rose y sus ganas de fiesta, y la que lía cuando se enrolla con un cantante negro, un shock demasiado grande para la conservadora familia. Y por supuesto no fallan los líos de las abuelas, siempre picadas entre ellas y siempre arrastrando sus propias obsesiones; las frases de Violet como siempre resultan punzantes y tronchantes. Pero también hay algunas secciones que dejan malas sensaciones. Con Thomas es evidente que los guionistas no saben qué hacer; no se atrevieron a sacarlo del armario, dejando el asunto de la homosexualidad en eterno suspenso; que sea un cabrón resulta muy repetitivo si no ahondas en sus motivaciones; y en definitiva lo tienen ahí un tanto aparcado. Y finalmente los líos de Alfred con la joven Daisy y con lo de que si se va o no se va a estudiar para cocinero resultan harto cansinos.

En líneas generales Downton Abbey no ha perdido tanto como para hablar de un mal año, pero ya está lejos de la calidad inicial y si no cambia, al ritmo que va, la siguiente temporada sí será decepcionante. Ahora mismo es un correcto entretenimiento, pero incapaz de conmover y asombrar como en sus mejores momentos. Necesita muchísimo una o dos tramas principales jugosas (no sensacionalistas a ser posible) que marquen un rumbo más claro y llamativo, así como renovar algunas de las historia secundarias, que se están apalancando. La realización sigue siendo sublime (imposible no señalar la fantástica fotografía y el vestuario) y el reparto está muy bien asentado en sus papeles, pero sin historias donde lucirse no destaca como podría.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 3.

Dowton Abbey
ITV | 2012
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Jessica Brown-Findlay, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Dan Stevens, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Siobhan Finneran, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Matt Milne.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describdo a fondo la trayectoria de los personajes, incluidas muertes…–

La tercera temporada de Downton Abbey ha mostrado algo de desgaste que se ha traducido en pérdida de intensidad. Huelga decir que siempre ha sido un entretenimiento ligero, pero no hasta el punto de que encontrar tramos donde da la sensación de que no pasa nada o, peor aún, de ver que al rematar alguna trama principal se hace con poca garra, pasando por encima no sólo de una historia con potencial, sino de unas consecuencias más que lógicas. Esto lleva a otra crítica que no soy el primero en señalar: los guiones a veces pecan de ser demasiado políticamente correctos. Con estas dos limitaciones, la sección más afectada ha sido la de la homosexualidad latente en dos personajes (muy evidente en Thomas desde hace tiempo), que a pesar de tratarse en casi todo capítulo de una forma u otra no parecía que avanzase con determinación y cuando daba un paso importante daba la sensación de que forzaban rápidamente su vuelta al armario. Todo problema relativo a este tema se arregla con escasas secuelas y demasiado buenrrollismo, cuando en esa época un escándalo homosexual hubiera hecho tambalear los cimientos no sólo de la mansión, sino del pueblo entero.

Alguna otra historia sobre el choque de ideas, culturas o épocas se solventa bastante mejor. Muy entretenidos son los intentos de Isobel de ayudar a mujeres sin recursos, donde la aparición de la criada que dejó a su hijo en adopción genera polémica porque se está dedicando a la prostitución. Igual de interesante resulta el cambio en las políticas económicas, pues el continuo enfrentamiento entre Robert y Matthew sobre cómo manejar los recursos de las tierras que poseen ejemplifica muy bien el cambio de mentalidad necesario para abordar los nuevos tiempos. Y más jugoso que estas dos historias me pareció el análisis sobre el cambio en las estructuras sociales, pues la presencia de Tom Branson da mucho juego debido a su ascenso en el escalafón social, su anarquismo irlandés y su catolicismo: las peleas con el bautizo del hijo, los diálogos sobre política y religión y las muestras de injusticia entre las diferentes clases sociales se exponen bastante bien.

En cuanto a los hilos narrativos principales, como indicaba no terminan de desarrollarse con toda la energía de antes, aunque nunca llegan a decaer tanto como para hablar de pérdida de calidad importante. La estancia de Bates en la cárcel se me antoja bastante desaprovechada. Que un criado (considerado casi un miembro más de la familia) cayera en tal desgracia supuso uno de los arcos argumentales más importantes e intensos de la pasada temporada, pero aquí presenta su fuerza diluida en unas apariciones anecdóticas y una investigación un poco sosa. No hay sensación de peligro, ni de tragedia, y por descontado se sabe que todo saldrá bien. Por el lado contrario los problemas de Edith para encontrar marido se manejan algo mejor. La boda fallida y el acercamiento al editor llevan buen camino, lento pero seguro. La joven hija suele comerse las aventuras menos llamativas, pero este año me ha gustado bastante. Un poco menos atractivos son los triviales problemas matrimoniales de Lady Mary y Matthew, aunque por lo menos no aburren.

Los conflictos del día a día han sido lo más interesante del año, pues de nuevo un sinfín de pequeñas historias envuelven a este grupo de adorables personajes. Los roces entre criados, los líos familiares, las peleíllas constantes en las comidas (estos dos últimos con Violet siempre a la cabeza), la agenda social, etc. ofrecen siempre buenas aventuras, con emoción y diversión a partes iguales, con un ritmo siempre activo. Ningún episodio se hace aburrido, salvo el último (el especial de navidad), que es demasiado largo y monótono.

A falta de un grueso de aventuras que diera entidad y “recordabilidad” a la temporada, los guionistas han abusado del golpe de efecto de culebrón. La muerte de Sybil no resulta fallida narrativamente hablando, pero no me termina de convencer, primero porque sabe a giro rebuscado, segundo porque las consecuencias duran poco en la familia… y en el espectador: el personaje desaparece y no lo echo de menos en ningún momento. Pero acepto que va con el género, y como digo no resulta una parte realmente malograda. No puedo decir lo mismo de la precipitada, rebuscadísima, tramposa y ridícula muerte de Matthew en el último episodio. Vale que esto es un culebrón, pero se pueden hacer las cosas bien (con una trama que lleve a un desenlace trágico) o mal (el giro de guión porque sí).

En el acabado visual no hay nada que objetar, pues mantiene una realización brillante con elementos que destacan de forma espectacular: la música es preciosa, el vestuario magnífico y la fotografía siempre perfecta, contando ésta con momentos impresionantes en el último episodio, donde sacan toda la belleza de los paisajes.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 2.

Downton Abbey
ITV | 2011
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Jessica Brown-Findlay, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Dan Stevens, Allen Leech, Jim Carter, Thomas Howes, Phyllis Logan, Siobhan Finneran, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Iain Glen.
Valoración:

Poco puedo decir que no haya dicho en el comentario de su primera temporada, pues el producto es el mismo. A simple vista, el argumento promete un drama clásico con toques de culebrón que probablemente no tenga nada que aportar al género, pero su exquisita composición de tramas y personajes le da una categoría de serie de primera división, ofreciendo una insólita capacidad para absorber al espectador en la vorágine de dramas personales de los habitantes de la mansión.

Esta vitalidad se consigue a través de diálogos constantes, cruces de protagonistas a toda velocidad (en secuencias dignas de El Ala Oeste), escenas siempre narradas con intención de dotarlas de dinamismo e intensidad (la cámara nunca está quieta, se mueve siempre sutilmente, el montaje da ritmo sin sensación de forzar las cosas), saltos temporales que pueden abarcar meses o años (y la mitad de las veces ni te enteras, y da igual) y sobre todo gracias a las mil tramas y subtramas siempre en movimiento o cuando menos disfrazando muy bien su letargo (que temas como el matrimonio de Lady Mary se alargan mucho). Cabe citar también el exquisito envoltorio histórico, con el trasfondo de la primera guerra mundial como aspecto más relevante, pero sin descuidar otros como la sensación de que se acerca el fin de las clases nobles o la inminente emancipación de la mujer (trama sostenida siempre sobre Lady Sybil).

Pero no todo son alabanzas, porque el equilibrio narrativo, al contrario que en la temporada anterior, no es perfecto. En el tramo final se muestra algo de desgaste en el guión, ofreciendo algunas líneas mejorables. El citado proceso de emparejamiento de Lady Mary se toma como si fuera la trama central, es decir, la que dura todo el año, y claro, hacen malabares para alargarla y de vez en cuando se nota el truco. Igualmente, el tema de Bates, su esposa y su enamoramiento de Anna se me antoja estirado más de la cuenta. En cuanto a la parte de la guerra, ésta tiene baches extraños, porque Matthew va y viene en cada capítulo como si estuviera ahí al lado: en este aspecto los saltos temporales fallan. Y hablando de él, el tema de sus heridas no podía ser más previsible y forzado (amén de que trasladarlo en ese estado es absurdo), y su milagrosa curación sí cae en el culebrón excesivo. Otra parte que se gira demasiado hacia el melodrama de forma muy forzada es esa tontería del pariente lejano que vuelve… pero con la memoria perdida. Si al menos hubiera tenido un cierre digno… pero se quitan la trama de encima sin más. En excesos cae también el final del trío amoroso Mary-Lavinia-Mathew, sobre todo por la forma de sacar de la ecuación a la prometida, donde tras tanto darle vueltas al asunto sabe a poco. Y finalmente, una mini-trama totalmente incongruente e innecesaria asoma de vez en cuando: el impecable y recto señor de la casa tontea con una criada. La historia no encaja y es tan corta como insípida.

Sin embargo, estos problemillas son algo disimulados tanto porque con el tsunami de historias entrelazadas casi no da tiempo a pestañear como por la fuerza arrolladora de los personajes y los actores. Las relaciones entre los habitantes de la casa cobran una dimensión extra de credibilidad y energía gracias a la impresionante solidez y química del amplio reparto. Los guiños, miradas, puyas y emociones se transmiten tanto por los diálogos como velados a través de la inflexión de la voz o los gestos. Especialista en guardar las apariencias, un papel endemoniadamente complejo porque debe mostrar el espectador emociones sin parecer forzada, es Michelle Dockery (Lady Mary), quien a lo tonto se ha ido convirtiendo en la actriz más destacable del drama, y mira que todos están impecables.

La ambientación exquisita, la puesta en escena modélica (se saca un partido impresionante de la mansión, la ambientación –el presupuesto se va en el vestuario- y los paisajes a través de la sublime fotografía: ¡cuánto colorido y belleza en cada plano!) y una de las mejores bandas sonoras que ha parido la televisión rematan una serie entretenidísima y de gran calidad donde el bajón con respecto a la primera temporada no me parece suficiente como para quitarle el notable de nota.

Ver también:
Temporada 1.

DOWNTON ABBEY –TEMPORADA 1.

ITV | 2010
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Jessica Brown-Findlay, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Dan Stevens, Allen Leech, Jim Carter, Thomas Howes, Phyllis Logan, Siobhan Finneran, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Rose Leslie, Kevin Doyle.
Valoración:

Downton Abbey entra por los ojos con prontitud e intensidad a pesar de no ser una superproducción ampulosa. Sus decorados y localizaciones son pocos (la mansión y el pueblo), pero lo que hay se aprovecha con sabiduría, pues la puesta en escena los exprime de forma impecable: la dirección y fotografía siempre son controladas al milímetro buscando la expresión más hermosa, sacando el máximo de un vestuario y atrezo tampoco espectaculares pero sí perfectamente adecuados a la representación de la época. Todas las escenas ofrecen belleza y elegancia sin perder en ningún momento el ritmo narrativo, manejando con destreza guiones bastante complicados, pues los personajes que aparecen en cada secuencia son numerosos. Aunque si tengo que destacar un elemento del conjunto sería la música (de John Lunn), maravillosa en todo momento.

Tras el guión también se ve una mano profesional, hábil y sumamente detallista: Julian Fellowes, quien nos regalara hace unos años la magnífica Gosford Park, de este mismo estilo. Empezamos en 1912, con la tragedia del Titanic, y acabamos en 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial. Observamos el día a día de la vida en una mansión, siguiendo detalladamente los quehaceres de los dos estratos sociales que allí conviven, la aristocracia y los sirvientes.

Los caracteres están definidos y desarrollados con maestría y arropados por un reparto quizá no sobresaliente pero sí muy correcto. Cada protagonista (y no son pocos) tiene su propia historia personal, sus conflictos internos y formas de ver las cosas, y entre todos tejen un entramado de relaciones y aventuras interconectadas hábilmente hiladas, en perfecto equilibrio narrativo. Las propias tramas son también variadas: hay rencillas personales de diversa índole, adaptación a los cambios históricos (liberación de la mujer, nuevas tecnologías –divertidísimos los choques culturales con el teléfono o la luz eléctrica-) y sobre todo conspiraciones sociales clásicas (matrimonios, luchas de poder, etc.). Las situaciones y diálogos siempre tienen un punto de inteligencia (a veces el humor te coge desprevenido) y aportan constantemente algo concreto al conjunto, pues no hay nada dejado al azar: un simple gesto de uno de los varios personajes que aparecen en un plano puede significar muchísimo. Las tramas avanzan con paso firme no perdiendo de vista el objetivo principal, que no es otro que entretener, y el guión se preocupa más de su coherencia que de buscar el impacto directo o la sorpresa facilona.

Puntos negativos se pueden citar pocos, y no son graves. Por el afán de tirar por el realismo se llega a subtramas que terminan siendo bastante predecibles, como el secreto del sirviente cojo. Y este ejemplo me lleva al otro punto criticable: las líneas entre el bien y el mal están muy marcadas en los protagonistas, pues o son hijos de puta o son buenazos en situaciones desfavorables. Así, me da la sensación de que le ha faltado algo de intensidad a los conflictos, de que no ha habido mucha sangre. Por poner los casos más notables, el citado misterio que envuelve al sirviente cojo como se veía venir lo convierte en un héroe silencioso, el padre de la familia es un cacho de pan que resuelve con diálogo y sonrisas toda pelea que se le presenta, y el agrio pique entre las abuelas acaba con un giro tan previsible como edulcorado. El golpe de efecto más notable y jugoso, por crudo y arriesgado, es el del embajador muerto en la cama y la correspondiente pérdida de inocencia de la hija implicada.

Así pues Downton Abbey es bastante ligera. No resulta compleja en exceso, no hay mucha carga adulta (violencia, sexo o conflictos sórdidos brillan por su ausencia) y en general es evidentemente una serie para emitir en abierto, para el gran público. Y aún así me sorprende que guste tanto y haya triunfado incluso en España, porque se aleja bastante en calidad y estilo (inteligente, pausada) de la mierda televisiva que se traga la masa. Es motivo para alegrarse, claro.

No hallamos nada nuevo en la aventura que propone Downton Abbey, que es la enésima incursión en un género muy sobado que alcanzó sus momentos cumbres con la mítica Arriba y abajo en televisión y con Gosford Park en el cine, pero el sólido equilibrio entre la modélica puesta en escena y el cuidadísimo guión ofrece una serie excelente y que además resulta notablemente entretenida. A veces, una idea clásica y muy utilizada puede resultar fascinante incluso cuando no se le busca una nueva vuelta de tuerca o una perspectiva diferente. A veces, un relato satisface plenamente aunque no se aparte lo más mínimo de los preceptos del género y las líneas narrativas tradicionales. A veces, lo viejo y sobado es bueno o incluso muy bueno. Sólo hay que hacerlo perfecto.