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HANNIBAL – TEMPORADA 3 Y FINAL.

NBC | 2015
Suspense, drama | 13 cap. de 45 min.
Productores ejecutivos: Bryan Fuller, Sidonie Dumas, Martha De Laurentiis, Katie O’Connell, Christophe Riandee…
Intérpretes: Huhg Dancy, Mads Mikkelsen, Caroline Dhavernas, Lawrence Fishburne, Gillian Anderson, Tao Okamoto, Fortunato Cerlino, Raúl Esparza, Katharine Isabelle, Richard Armitage, Rutina Wesley, Joe Anderson, Nina Arianda.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo a fondo todo lo que ocurre, incluyendo el final.–

La tercera temporada de Hannibal pierde fuelle, decepcionando, aunque sea ligeramente, a la mayoría de sus seguidores. Con esa nueva bajada de audiencias, la cadena NBC ya se quedó sin excusas para mantener la serie, y terminó cancelada. Aunque eso sí, también ha podido ser un factor importante el hecho de que no tenían los derechos de El silencio de los corderos, la novela en que se basarían las próximas aventuras. En cierta manera funciona como desenlace cerrado, pues cada sesión relataba una parte de la vida de Hannibal Lecter, pero es una pena que no tengamos más historias del temido asesino caníbal. Ahora bien, este bajón de calidad también podría haberse extendido en el futuro… Es algo que nunca sabremos, porque las esperanzas en que otro canal, tipo Netflix, la recupere, se desvanecieron rápido al fichar cada actor e incluso su creador, Bryan Fuller, en nuevos proyectos.

Este año, al igual que el anterior, se puede dividir en segmentos claros. Esta vez son más, hasta cuatro si hilamos fino. El primero presenta la nueva vida de Hannibal en Florencia, Italia, con Bedelia Du Maurier a su lado. El segundo, que danza a la par durante un tiempo, nos va mostrando los intentos de los demás protagonistas por encontrarlo y darle caza. El tercero, con salto temporal incluido, expone el nacimiento de El Gran Dragón Rojo, el otro gran asesino de los libros, ante el cual terminan recurriendo a Hannibal de nuevo. Y podemos incluir un cuarto, con enfrentamiento entre Will y Hannibal, que dada la cancelación se va a quedar como enfrentamiento final. Todas estas tramas tienen gran parte de las virtudes presentes en las dos magníficas etapas previas, pero algo diluidas entre una serie de carencias y deslices que limitan su potencial, su capacidad de provocar atracción y repulsa a la vez, conformando una año irregular que produce cierto desencanto.

Me he quitado mi traje de persona –Hannibal.

Los pasos iniciales de Hannibal en Italia están muy bien. La dinámica con Du Maurier es inquietante, la pobre mujer ha caído en las garras de este psicópata manipulador y no ve forma de salir de su cautiverio emocional. La situación evoluciona con claridad y manteniendo bastante bien el interés. Hannibal va fabricándose una posición de lujo en un ambiente que le gusta, el mundo del arte, y Du Maurier (Gillian Anderson se luce ahora que tiene más tiempo) sucumbiendo cada vez más al control mental del primero. La forma en que la hace cómplice de asesinatos, los amenazadores baños y las más angustiosas comidas (atención a las conversaciones sobre caracoles) ofrecen momentos de gran intriga en un ambiente enfermizo, de forma que en los dos primeros capítulos se mantiene casi intacta la atmósfera de la serie… Casi, porque le falta algo. Da la impresión de que esta transición daba para menos y se debería haber enlazado más rápido con el retorno de los demás personajes: va despacio, recalcando demasiado lo obvio, y recurriendo a más secuencias artísticas y oníricas de la cuenta para rellenar tiempo.

También le pesa que se enlaza con el fallido inicio del segundo tramo. Fuller y demás guionistas hacen malabares para justificar que prácticamente todos los protagonistas están vivos después de la masacre en casa de Hannibal. Primero tenemos la sensación de engaño, de que aquel sobrecogedor capítulo al final fue puro humo. Esto se acrecienta con el juego absurdo que se trae durante un episodio entero tratando de hacernos creer que Abigail Hobbs estaba viva también, para que luego resulte ser la única realmente muerta. Segundo, para exponer su situación actual y explicar cómo sobrevivieron se apoya en una caótica mezcla de enredos visuales (flashbacks y montajes varios) y escenas monótonas con cada uno tratando de levantar cabeza. Cuánto enredo y lentitud (la secuecia de las catacumbras se hace eterna) para transmitir tan poco, cuando antes la serie mantenía un tono seductor y un ritmo con más nervio que te atrapaban con fuerza. Y como digo, resulta que todos están vivos… ¡hasta Chilton, al que vimos cómo una bala le atravesaba la cabeza! Además, a quién querían engañar retrasando hasta tres o cuatro capítulos la reaparición de Will, Jack y Alana si vemos los nombres de los actores en los créditos…

Parecía que con la persecución a Hannibal el interés iba a aumentar, pero tras recuperar a los personajes nos vamos a un bache monumental: el viaje de Will a la casa donde Hannibal se crio es aburrido y está lleno de agujeros de guion. Chiyo es un rol inverosímil en todos los sentidos: su corta edad no encaja con los hechos, no hay manera de creerse que viviera sola en el campo (si es que parece que acaba de salir de manicura y maquillaje) y no se explica su atracción por Hannibal y su partida en su búsqueda, ni tampoco por qué desaparece luego sin más.

Pero me temo que una vez sumergidos de lleno en la caza, con cada protagonista haciendo sus propias indagaciones y pensando en un destino distinto para el caníbal, el panorama no es tan fascinante como prometía. Es muy interesante cómo Alana se alía con los locos de los Verger, funciona la introducción de Rinaldo Pazzi y su cruzada, el viaje externo e interno de Will y Jack sigue resultando atractivo… pero entre el rumbo inconsistente y falto de pegada (desvíos innecesarios por un lado y cosas relevantes sin explicar por el otro), ninguna sección llega a desplegar todo el potencial latente. Por ejemplo, por fin fallece la mujer de Jack, pero no parece aportar nada, porque han extendido demasiado lo inevitable y era una trama que tenía que haberse cerrado en la sesión anterior, cuando estaba en primer plano. Y en las ausencias incomprensibles tenemos la investigación de Alana, que se supone primordial pero no se expone, sólo se menciona. Logra rastrear a Hannibal y montar un elaborado plan para capturarlo sin salir de la mansión y sin que veamos ninguna acción real por su parte. Siendo la serie un thriller policíaco sobre la persecución de un gran asesino en serie, no puedes pasar tan descaradamente de uno de los momentos más llamativos en esa línea. Al menos, Will y Jack llegan a Florencia con pistas e intuiciones bien explicadas.

El encuentro entre Rinaldo y Hannibal, la brutal pela con Jack y la captura por parte de Alana y los Verger, son los mejores momentos de la temporada, pero por desgracia son partes sueltas en capítulos dispersos y desaprovechados, con lo que no causan el impacto que podrían. La estancia entre los Verger, los giros que cambian la situación y acaban con Hannibal a la fuga otra vez, son asombrosos, pero tampoco te dejan pasmado como deberían, porque de nuevo se basa en instantes sueltos, no se consigue un entorno tan angustioso y sugestivo como antes.

Cuando Hannibal se entrega, porque ve que si huye ya no lo van a seguir y quiere mantenerse cerca de esta gente que tanto le atrae (en especial Will), empieza el otro gran arco, y el que mejor resulta: el nacimiento y persecución de El Gran Dragón Rojo. Esta figura es inquietante y perturbadora como se esperaba, en gran parte por la colosal interpretación de Richard Armitage (Thorin en El Hobbit), que logra unos gestos tanto con el rostro como con todo el cuerpo que producen verdadero temor, y en parte porque su evolución es casi magistral. Su psicología resulta entre cautivadora y espeluznante. Su nacimiento, la relación con la chica ciega (Rutina Wesley de True Blood), Jack recurriendo a Will y luego los dos a Hannibal, con lo que Il Mostro está otra vez en su salsa manejando a todos… Las intervenciones de Alana, Chilton y Freddy Lounds, las cagadas ante las manipulaciones de Hannibal (el destino de Chilton)… Hay bastante enjundia y numerosos golpes fantásticos (el intento de asesinato a la nueva familia de Will acojona, la escena del Dragón comiéndose la pintura es memorable), y se saca gran partido de los personajes, pero aun así no es capaz de alcanzar el nivel de las temporadas anteriores. Con la incapacidad para ir al grano con determinación que muestra esta etapa (incluso tiene algún receso incomprensible) se pierde un poco de intensidad en el ambiente insano y amenazante. Por ejemplo, no sé qué sentido tiene explicar a estas alturas (en el 309) cómo Hannibal fingió la muerte de Abigail, algo totalmente innecesario que consume un montón de tiempo y rompe el ritmo.

Para terminar tenemos un desenlace un tanto forzado. Quizá Fuller se veía venir la cancelación y metió a la fuerza el enfrentamiento entre Will y Hannibal, o quizá era el arco final que tenían pensado, pero sea como sea, no está bien ejecutado, resulta precipitado y poco justificado. Primero, el repentino interés del Dragón por Hannibal está cogidísimo por los pelos. Segundo… ¿Me estás diciendo que planean simular la fuga de Hannibal arriesgando la vida de varios agentes (que acaban muertos bien pronto), sólo por una remota posibilidad de que El Dragón Rojo vaya a por él y puedan cargarse a los dos fuera de la ley? No, eso no encaja con los buenazos de Will y Jack, y Alana no se quedaría quieta ante un plan tan descabellado. Ha faltado mucha meditación en esta parte, escribirla con más detenimiento para conseguir que sea más verosímil e impactante. La pelea guarda cierta tensión y visualmente es impresionante, pero su desenlace falla. El plano de Hannibal y Will cayendo por el acantilado es predecible y encima parte de un truco de montaje tramposo para poner a Will ante Hannibal cuando en un plano antes lo vemos caído tres metros más allá.

Y para colmo, como epílogo nos ponen otra escena desubicada y poco creíble incluso en el tono de fantasía habitual, quedando como un golpe de efecto malogrado: Du Maurier con su pierna amputada y cocinada mientras espera a Hannibal. No tiene ni pies ni cabeza: ¿se lo ha hecho ella sola, sin saber cirugía, sin algo parecido a un quirófano?, ¿y espera recalentar la pierna todas las noches hasta que aparezca Hannibal? Además, de haber ocurrido algo parecido, tendría que haber sido justo tras la huida de aquel de Italia.

Es imposible no preguntarse cómo con tanto contenido aparente el año resulta tan lento, apagado y desequilibrado. Visto en conjunto puedes recordar buenas historias, grandes momentos, giros inesperados por doquier, personajes excelentes en situaciones asombrosas y con una evolución notable… Pero capítulo a capítulo se ha ido atascando en todas esas carencias y errores mencionados, llegando en algunos tramos a aburrir. Es una pena que Fuller haya fallado un poco en una etapa tan prometedora. Queda una buena temporada, pero no una buena temporada de Hannibal, con lo que se despide dejando un regusto algo amargo.

PD: Michael Pitt no quiso o no pudo repetir como Mason Verger y fue sustituido por Joe Anderson; con lo deforme que quedó se disimula bastante bien.
PD2: El sistema ético vigente en EE.UU. resulta demencial: sólo censuraron unos pocos planos con gore excesivo, y aun así resulta una serie grotesca y asquerosa que sorprende ver en una cadena en abierto. Pero en cambio son tan mojigatos en el tema sexual que llegan a emborronar La Primavera de Botticelli porque las mujeres retratadas llevan transparencias (donde realmente no se ve nada). La escena de sexo entre Alanna y Margot sí es más subida de tono, pero joder, que no se veía nada más que el contorno de sus cuerpos, y le ponen un borrón negro encima ocupando media pantalla. Por suerte hay una edición en Bluray/dvd sin censurar, aunque habrá que ver en qué países se edita o no. En movie-censorship podéis entreteneros en ver la comparativa de todos los cortes y censuras.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

HANNIBAL – TEMPORADA 2.

Hannibal
NBC | 2014
Productores ejecutivos: Bryan Fuller, varios.
Intérpretes: Huhg Dancy, Mads Mikkelsen, Caroline Dhavernas, Lawrence Fishburne, Hettiene Park, Gillian Anderson, Michael Pitt, Raúl Esparza.
Valoración:

Un final de infarto en la impresionante primera temporada nos dejó con Will encerrado en el hospital para criminales dementes en espera de juicio, porque hacia él apuntan las pruebas de los asesinatos que siguieron a los del Destripador de Chesapeake. Su situación no podría ser más precaria. Su mente está convulsa, no es capaz de poner orden en sus ideas. Sus amigos se aferran a las pruebas, algunos creyendo sin dudas que es culpable, como Alana, otros queriendo negar la evidencia y esperando un milagro, como Jack. Will está solo en su intento de señalar a Hannibal como el asesino más peligroso que han conocido.

El panorama es tan inquietante y perturbador y a la vez sugestivo y absorbente como en ese excelente primer año. Los guiones exponen con verosimilitud una trama algo fantasiosa sin pecar de sensacionalismos o inclinarse hacia giros facilones. El thriller no podría ser más ejemplar, capítulo a capítulo mantiene la intriga de forma que te muerdes las uñas, ofrece casos rebuscados y asombrosos, exprime a los personajes pero sin dejarlos secos y no se olvida de incluir estupendas sorpresas de vez en cuando. La construcción de la atmósfera es exquisita en lo sutil, con el ambiente enrarecido y la inquietud por el peligro latente, y espectacular en lo tangible, siendo asquerosa hasta resultar la serie más gore y repulsiva que he visto, con lo que es alucinante que siga en antena emitiéndose en una cadena generalista. Sangrienta y visceral en los asesinatos, morbosa en las idas de olla de Hannibal como las comidas que hace con sus víctimas o la brutal mutilación facial de Mason Verger, estremecedora en el ambiente turbio y malsano… Es imposible apartar la mirada ante imágenes que deberían ser grotescas y resultan cautivadoras, ante personajes oscuros y torturados que resultan fascinantes. Con las brillantes labores de dirección, fotografía, atrezo (las escenas del crimen y los cadáveres) y música Hannibal convierte la maldad en puro arte.

El reparto está a la altura de unos personajes muy exigentes. Mads Mikkelsen clava todo lo que se puede esperar de Hannibal: la fachada y las sutilezas cuando finge y manipula, el lado temible cuando da rienda suelta a su lado psicópata. Hugh Dancy expone con maestría el sufrimiento, la inestabilidad y el miedo a perder la poca cordura que le queda: es un manojo de emociones y tormento. Jack Crawford ha ganado protagonismo y Lawrence Fishburne está a la altura en el mejor papel que le recuerdo: con una interpretación muy contenida muestra la pesadumbre por tener a su amigo en las últimas, la inquietud porque podría salir todo mal, el dolor porque su esposa se muere. El resto quedan en un plano más secundario, pero están todos muy esforzados en sus papeles, destacando a la sugerente Gillian Anderson (Du Maurier) y la firme Caroline Dhavernas (Alana), consiguiendo esta última hacer más interesante a un personaje algo desaprovechado.

Alerta de spoilers: spoilers gordos a partir de aquí.–

En esta situación vemos que Hannibal sigue jugando con todos y su idea no es otra que exprimir a Will por curiosidad. Descubrimos que no es el único paciente al que ha dirigido para cometer asesinatos, pero este es especial. Mediante la mano de Hannibal pronto el juicio empieza a nublarse por otros crímenes que alejan la sospecha de Will. Éste está a punto de derrumbarse, y libre y cambiado de bando sería un gran aliado. Se puede hablar de que hay un ligero bajón de ritmo en el ecuador de la temporada, pues con Will liberado tenemos un par de casos que de primeras parecen de relleno, pero pronto se ve como un cambio de ritmo inevitable dada la trama que se está desarrollando, y la intriga de si será Will capaz de vencer la sugestión de este temible psicópata mantiene el nivel muy alto. Pronto el plan de contraataque de Will (ocultado al espectador sabiamente y sin dejar sensación de trampa) y el esperado enfrentamiento con Hannibal saltan a primer plano, y ahí todo lo expuesto y construido con tranquilidad y buena letra en ese ínterin explota de forma espectacular, antológica, memorable: el último episodio es para enmarcar y contar entre los mejores de la historia, una auténtica obra maestra. Y menuda masacre. Ahora queda por ver si no resucitan a más personajes de la cuenta. Por mí los dejaba a todos muertos e iniciaba una nueva etapa con Hannibal a la fuga, pero es probable que Jack o Will o ambos se salven e inicien su búsqueda.

Ver también:
Temporada 1.

HANNIBAL – TEMPORADA 1.

Hannibal
NBC | 2013
Productores ejecutivos: Bryan Fuller, David Slade.
Intérpretes: Huhg Dancy, Mads Mikkelsen, Caroline Dhavernas, Hettiene Park, Lawrence Fishburne, Kacey Rohl, Vladimir Jon Cubrt, Gillian Anderson.
Valoración:

Thomas Harris escribió la novela El dragón rojo en 1981, y fue seguida por otras tres que exploraban la vida del personaje principal, Hannibal Lecter, un asesino en serie y caníbal. La más famosa fue la segunda, El silencio de los corderos (1988), por su notable adaptación al cine en 1991, aunque debido al éxito de esta producción se han terminado realizando adaptaciones de los demás libros. La serie se llama Hannibal, como una las novelas y una de las películas, pero no parte la novela de mismo nombre, sino de la primera, El dragón rojo, aunque lo hace libremente. Su principal artífice es Bryan Fuller, que tiene en su haber Pushing Daisies (Criando malvas) y Wonderfalls.

Will es un psiquiatra con destacables habilidades de empatía que le permiten meterse en la mente de los asesinos y ver la escena del crimen como ningún investigador del FBI podría. El agente Jack Crawford exprime esta capacidad, aun a costa del deterioro mental de Will, cuando se ven incapaces de atrapar a un asesino en serie. Will busca ayuda en el psicólogo Hannibal… quien no es quien aparenta ser.

Hannibal es un thriller mitad policíaco mitad terror notablemente oscuro y perturbador, de hecho parece demasiado fuerte para el canal que lo emite, la NBC, de ahí que haya arrastrado en cada episodio la sombra de la cancelación. La atmósfera es angustiosa, sombría y con grandes dosis de gore, ofreciendo una narración tétrica, casi desagradable, sólo apta para el público que quiere vivir esas emociones. Y en ese sentido es una serie única. La puesta en escena es exquisita, con una labor de dirección llena talento y recursos donde destacan la excelente fotografía, la inquietante banda sonora y los elaborados escenarios del crimen. Con todo ello, el tempo narrativo es absorbente, hipnotizante.

En este ambiente desarrollan unos personajes magistrales que enganchan rápidamente. Desde el primer capítulo son mostrados como individuos heridos psicológicamente, pero además la serie los tortura de lo lindo conforme avanza. Episodio a episodio nos vemos envueltos en una espiral creciente de intriga y caos donde la psique de los protagonistas se va resquebrajando a toda velocidad. La buena labor de los actores transmiten sus trayectorias con maestría: el espectador se sumerge de lleno en la caída al abismo de Will Graham (Hugh Dancy), los sutiles pero intrigantes problemas de Jack Crawford (Lawrence Fishburne), donde la breve pero efectiva aparición de su mujer aporta mucha sustancia, y la vida sin rumbo de la doctora y colega de Will, Alana Bloom (Caroline Dhavernas). Paralelamente lidiamos entre la fascinación y el temor ante la presencia de Hannibal (Mads Mikkelsen): imposible no admirar su inteligencia superior y su enorme paciencia y autocontrol mientras a la vez te asqueas por su vena de asesino caníbal. Las delirantes comidas que cocina para él y sus invitados maximizan esa impresión: cuánto amor y belleza en algo tan cruel y sádico. Lo único negativo es que Alana queda un poco por debajo del resto, porque parece protagonista pero tiene menos trascendencia que por ejemplo la periodista Freddie Lounds, que termina resultando más interesante, o la joven víctima Abigail Hobbs, que da muchísimo juego cuando Will y Hannibal empiezan a tratarla cada uno a su manera. Y queda por ver si los guionistas son capaces de sacar más partido de otros secundarios: los otros agentes y forenses salen mucho pero solo sirven como apoyo, no se les da mucha dimensión.

El ritmo de la temporada es excepcional. Por fin un policíaco que no es un procedimental repetitivo y superficial, sino que avanza a toda velocidad a través de casos (todos espectaculares) íntimamente relacionados que dejan huella constante en la trama y sobre todo en los personajes. La persecución del asesino en serie, el Destripador de Chesapeake, es muy atractiva, pero crece considerablemente cada vez que Hannibal hace acto de presencia cometiendo sus propios asesinatos y mareando como le da la gana al FBI. Y por suerte los guionistas no parece que vayan a jugar al engaño, a alargar improvisadamente la trama (todavía está fresca la enorme decepción de The Following), porque la temporada se desarrolla con evidente planificación y tiene un cierre que funciona como un punto y aparte estupendo. Ayuda bastante que hayan conseguido firmar por trece episodios y no veintitantos; de nuevo alabo los beneficios de las temporadas cortas, que de hecho ya las veo como las normales.

Hay que destacar que a pesar de estar construida con elementos clásicos y con personajes de sobra conocidos resulta paradójicamente una de las series más originales de los últimos años. Trama, protagonistas, evolución de los mismos, casos del día, casos seriados, género y atmósfera, puesta en escena… todos sus componentes clave tienen la vuelta de tuerca justa para no resultar predecibles o vistos, y el conjunto se construye de forma tan profesional que no se deja un hueco o desliz por donde pueda aparecer la sensación de “no es más que otra del género”. Hannibal es la cumbre del género “thriller policíaco de asesinos en serie” en televisión, más o menos como lo fueron El silencio de los corderos o sobre todo la obra maestra de Seven en el cine. Queda por ver si el resto de temporadas, si el conjunto de la serie, se desinfla, mantiene el tipo, o incluso llega a dar la obra maestra que hay latente en ella.