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EL ÚLTIMO REINO – TEMPORADA 1

The Last Kingdom
BBC America, BBC Two | 2015
Aventuras, histórico | 8 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Stephen Butchard, Gareth Neame, David O’Donoghue.
Intérpretes: Alexander Dreymon, David Dawson, Adrian Bower, Ian Hart, Emily Cox, Rune Temte, Thomas W. Gabrielsson, Tobias Santelmann, Amy Wren, Sean Gilder, Brian Vernel, Simon Kunz, Harry McEntire, Eliza Butterworth, Charlie Murphy, Nicholas Rowe, Eva Birthistle.
Valoración:

Estamos en el siglo IX, cuando los vikingos ponen los ojos sobre los reinos sajones (Inglaterra) en busca de gloria, riqueza y tierras. Una partida de daneses ataca un castillo y toma como rehén al joven heredero, Uthred, que será educado ahora como uno de ellos. Su vida daráotro vuelco cuando, ya de adulto, su actual familia sea masacrada por las rivalidades entre clanes. Entonces huye de vuelta hacia los reinos sajones, esperando recuperar las tierras que debería heredar, aunque encontrará dificultades para ser aceptado de nuevo, al ser medio danés. Por otro lado, busca también venganza por la masacre de su familia adoptiva.

La serie parte de las novelas The Saxon Stories (Historias sajonas) de Bernard Cornwell, que narran las aventuras de un ficticio habitante (Uthred) del castillo de Bebbanburg (hoy en día Bamburgh) en un contexto histórico bastante realista. Y esta fidelidad la mantiene el guionista Stephen Butchard en la adaptación, que resulta mucho más verosímil que la más famosa Vikingos, que se apoya demasiado en una figura muy mítica y toma excesivas licencias. Lo más notable es el esfuerzo por ser fieles en el vestuario, lo que le ha ganado incluso alguna crítica absurda de “parece cutre”. Se ha instalado demasiado en la retina del espectador los fantasiosos cueros negros y peinados extravagantes de Los Tudor y Vikingos y muchas películas, y cuando se encuentran con una obra que respeta la sencillez y pobreza propia de esos siglos les parece anacrónico o insuficiente.

Los movimientos y conflictos de reyes y nobles ingleses y líderes vikingos también se mantienen cerca de lo que se conoce, y aunque Uthred anda siempre metido en todo es una presencia más, no cobra un protagonismo excesivo como los de Pullo y Voreno en Roma. En el retrato de la época se van exponiendo distintos aspectos de forma muy orgánica. Se dibujan bien las diferencias entre las clases nobles y el pueblo llano, y se respeta la ignorancia y vulgaridad de las gentes, que esto es otra cosa que se suele pasar mucho por alto, es decir, en el género (cine o series) los personajes muchas veces parecen sacados del presente, y la religión, crucial en esa época, no parece existir. Aquí cada individuo actúa según dónde y cómo se ha criado, y se muestra muy bien la sombra de la religión en todo momento. Los autores son capaces incluso de exponer el cambio gradual en la sociedad y la política a pesar de lo corta que es la temporada. El contraste entre la forma de pensar de los vikingos y los ingleses es palpable, y la intriga e inquietud por el único dios cristiano se ve crecer en los primeros poco a poco: las matanzas vikingas iban seguidas de alianzas y bautizos que los integraban. Donde no ponen mucho esmero es en los idiomas, todos parecen hablar inglés; en Vikingos sí trataron muy bien este tema.

Uthred es un joven con demasiadas ambiciones y poca experiencia, así que se lleva bastantes palos. Pero también es inteligente y hábil y aprende rápido. ¿Conseguirá alcanzar alguna de sus muchas metas? La primera, volver a ser aceptado por los ingleses, es la principal en esta temporada. Ha de lidiar constantemente con las intrigas palaciegas del rey Alfred de Wessex, donde todos recelan de sus intenciones. Este rey luego sería conocido como El Grande, pues ante el envite vikingo imaginó unos reinos sajones unidos, pero ahora vemos a un líder prudente, piadoso, lo que choca con el pagano e irreflexivo Uthred. En la corte encontramos al religioso Beocca, que conoció a Uthred en su infancia y es el único que, no sin dudas, lo intenta ayudar; a los Odda, el padre fiel consejero del rey, y el hijo un trepa ambicioso y pronto rival de Uthred; y a otros pocos condes y religiosos. Pero quien más deslumbra es el soldado Leofric, uno de esos secundarios que roba escenas a todos los demás, incluso al protagonista; la relación con Uthred pasa por muchas fases sin atascarse en estereotipos. Aunque también merece una distinción Aethelwold, heredero al trono echado a un lado por inútil, que resulta un secundario cómico muy efectivo. Entre los vikingos tenemos a Ragnar, el hermanastro de Uthred, con quien planea la venganza por la masacre de su familia; Brida, la esclava con la que escapa, amante y amiga intermitente, por eso de los cambios de bando constantes de Uthred; y Guthrum y Ubba, algunos de los reyezuelos más importantes de la época y causantes de los principales infortunios de Uthred.

Pero hay más secundarios que dejan buena impresión a pesar de su breve presencia, como la monja o Skorpa, pues la serie se distingue más por mostrar unos habitantes muy verosímiles y atractivos que por elaborar tramas complejas. Sí, es cierto que es de aventuras de supervivencia más que de política, pero el principal problema de la temporada es que resulta muy, muy predecible. Es fácil ver venir el resultado de cada nueva etapa en la odisea de Uthred, y por mucho que le pase es difícil creerse que no saldrá airoso: no hay giros hábiles que sorprendan ni intrigas absorbentes que ofrezcan un poco más de densidad y suspense. Pero, con ese esfuerzo puesto en los protagonistas, su viaje engancha con facilidad. A Uthred le va cayendo de todo encima y avanza como bien puede, los conflictos internos del rey son muy interesantes, las pocas disputas de la corte efectivas, las rivalidades y alianzas facilonas pero nunca vulgares, y no hay batallas con la épica de Vikingos pero lo que ofrecen es más que suficiente.

El reparto es la mar de competente. Quizá el protagonista, Alexander Dreymon, es más guaperas que un intérprete de nivel, pero cumple de sobras. Quienes más destacan son Adrian Bower, que borda a Leofric con un carisma arrollador, David Dawson, capaz de mostrar los pensamientos del rey Alfred sólo con el gesto y la mirada, Ian Hart como el pelota de Beocca, y Harry McEntire como Aethelwold, el heredero fracasado. Cabe señalar también las apariciones estelares de grandes nombres como Matthew Macfayden o Rugter Hauer, y el cuidado en elegir actores nórdicos para los vikingos.

Los capítulos son largos, casi de sesenta minutos cada uno. Alguno de los iniciales se me hizo un poco pesado, como si abarcara demasiadas historias que hubieran ido mejor por separado y en episodios más breves, y sí, también con algo menos de previsibilidad, pero una vez inmerso en la vida de los protagonistas y con todos los frentes abiertos mejora rápidamente. Pasamos de la aventura a las intrigas de la corte y de ahí al romance cuando no a la acción a toda velocidad pero sin que ningún escenario ni género llegue a solaparse o ralentizarse más de la cuenta, y todo va dejando un buen poso en los personajes. En resumen, siempre hay sensación de avance, y la corta temporada tiene entidad propia a pesar de tocar muchas temáticas y dejar muchas de las historias abiertas.

El último reino es una buena recomendación para quien busque aventuras históricas entretenidas y respetuosas a la vez. Pero si se ambiciona una nueva Juego de tronos, como les ha pasado a muchos, seguramente decepcionará.

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ORPHAN BLACK – TEMPORADA 5 Y FINAL

BBC America / Space | 2017
Drama, suspense, ciencia-ficción | 10 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: John Fawcett, Graeme Manson, David Fortier, Kerry Appleyard, Ivan Schneeberg.
Intérpretes: Tatiana Maslany, Jordan Gavaris, Kevin Hanchard, Maria Doyle Kennedy, Kristian Bruun, Ari Millen, Josh Vokey, Evelyne Brochu, Skuler Wexler, Cynthia Galant, Lauren Hammersley, Stephen McHattie, Kyra Harper, Rosemary Dunsmore.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante a fondo la temporada. —

Me alegré cuando anunciaron que la quinta sería la última temporada de Orphan Black, porque era evidente el desgaste creciente. Y si bien la pequeña remontada en la cuarta recuperó mi fe, siendo además alentada porque con el final a la vista era de esperar que se pusieran las pilas, el presente curso ha sido el más flojo, hasta el punto de resultarme una decepción donde ni si quiera el desenlace ha disminuido las malas sensaciones, de hecho las ha agravado.

El problema se empezó a hacer patente en la segunda sesión y más grave en la tercera. Es el virus de Expediente X, eso de que los guionistas se empeñan en alargar las tramas dándole giros sensacionalistas poco meditados, añadiendo una maraña de capas que no sirve para disimular la falta de ideas y esfuerzo. En este caos las virtudes iniciales se iban diluyendo. Las agradables y entretenidas aventuras de las clones sobrellevando sus vidas empezaban a quedar demasiado eclipsadas por la impostada seriedad y el farragoso entendimiento del thriller de conspiraciones. El cuarto año recuperó un poco las formas, y auguraba que el tramo final iría al grano intentando arreglar el entuerto… Pero me temo que este virus alcanzó una extensión fatal y los escritores no han sido capaces de encauzar las cosas.

Lo peor es que da la sensación de que se aferran a unos pocos malogrados puntos clave y no son capaces de ver más allá, ni sus errores ni las necesidades de la historia. Uno ya lo conocíamos y estaba bien gastado: la dichosa enfermedad de las clones, que mucho amenazar pero afectaba solo a Cosima, y aparecía y se ralentizaba según quisieran apremiar o reservar el drama, y por tanto hace mucho que no había quien se la creyera. La segunda es el intercambiable enemigo. Tras marear la perdiz con Ferdinand, Evie Cho, Susan Duncan, Rachel, Leekie, Coady, la junta de tal y cual nueva empresa (otra que cambiaba cada poco tiempo), uno ya no sabía de quién huían y contra quiénes luchaban. Para colmo introducen a un nuevo tipo raro y medio loco que se supone el cabecilla de todo, P. T. Westmorland, pero no causa misterio ni temor alguno, sobre todo cuando empiezan a reaparecer otros que ya creíamos superados (Susan, Coady, Ferdinand) y las agendas se entrecruzan sin que terminemos, ahora que era más necesario que nunca, sabiendo a quién debe lealtad y qué planea cada uno. La tercera base mal exprimida es la permanencia en la isla de Westmorland y su panda de seguidores en plan secta. Su uso como guarida final del enemigo es bastante penoso, primero, por la falta de credibilidad en que dirigiera grandes investigaciones desde ahí y de la gente absurda que lo sigue, segundo, porque nos tiramos todo el año ahí, relegando el necesario avance de las historias sin disimulo alguno.

Cuando por fin parece que todo se va a encaminar hacia algo más concreto encontramos meteduras de pata y puntos grises en cantidad, hasta el punto de que no se entiende la mitad de lo que ocurre. No me creo que las luchadoras de Sarah y S. vuelvan a casa sin más, se rindan y acepten peticiones tan exigentes como que experimenten con Kira. Sigue sin entenderse los cambios de bando y las apariciones aleatorias de algunos secundarios como Ferdinand, Susan Duncan y Delphine, y, más importante, nunca se llega a vislumbrar qué persigue Rachel. La parte del detective Art no tiene ni pies ni cabeza: acepta trabajar con la policía infestada de los malos sin más lucha, y sólo de vez en cuando parece tomarse en serio lo de ayudar a las “sestras”.

Así pues, no ha habido sensación de dirección, no ha surgido intriga por el porvenir de las clones, de si saldrán airosas y cuánto tendrán que sacrificar. Los villanos son más cansinos que nunca, no casuaban pavor alguno y como digo ni se llega a entender el plan y ambiciones de cada uno, más allá de terminar simplificando todo en un cutre concepto de cómic: Westmorland quiere ser inmortal a toda costa. Los secundarios, salvo Donnie, están cada vez más diluidos, incluso Scott, pero es que hasta las clones se atascan en un bucle eterno, con lo que se pierde aún más ese tono aventurero con toques de comedia que hizo destacar a la serie en sus inicios.

En esta situación se veía venir un final desastroso, y lo cumple bastante bien: los cierres a las tramas principales dan vergüenza ajena, y los personajes ya no tienen mucho que decir y no ofrecen nada sorprendente. Es delirante lo que hacen con Felix y su nueva hermana: desaparecen al poco y los usan como comodín externo para concluir una parte de la trama, mientras que la otra también llega sin más. Sí, tras cinco temporadas con las clones luchando incansablemente por conocer sus orígenes, librarse de sus enemigos, hallar la cura y poder vivir en paz, Cosima se tira todo el tiempo dando paseos por la isla con problemas irrelevantes y repetitivos, Sarah deja de ser ella y se apalanca en casa, lamentándose sin hacer nada, Alison apenas tiene un par de escenas para cumplir con su línea, Helena con su embarazo queda definitivamente como un macguffin dramático de baratillo, y finalmente la conspiración científica que las asfixiaba la resuelven Felix y Adele fuera de pantalla y la dichosa cura le cae a Cosima en las manos después de muchos amagos tramposos.

Para rematar, tenemos dos giros muy típicos y mal empleados: la muerte gratuita de un personaje para forzar un supuesto final trágico, pero que como es de esperar sabe a polvo por lo falsa que resulta, y el intento de recuperar los orígenes, de cerrar el círculo, a base de flashbacks, que no aporta nada necesario y se inclina también demasiado por la manipulación emocional. Y por si fuera poco el epílogo se apoya en otros clichés rancios: la reunión feliz en plan barbacoa en el patio trasero resulta tan pastelosa como insatisfactoria. El final parecía que iba a salvarse porque amagan con mostrar secuelas de todo en Sarah, pero no llega a dar nada llamativo y terminan por dejar esa y muchas otras cuestiones en el aire: ninguna tiene trabajo, ¿viven de Alison y Donnie todas?; ¿y qué fue del trabajo de estos?; la trama empresarial era enorme, pero por arte de magia se ha diluido por completo (¿y el control que tenía esta gente sobre la policía?), y además tras tanto ruido ningún país ni autoridad parece haberse enterado de nada; y no me he parado a analizar más a fondo para no sentirme peor.

Del año salvo bien poco. Una original y efectiva escena que recupera los líos con las clones, en esa fiesta que monta Felix donde las presenta poco a poco; el impactante cariz que toma el asunto del ojo Rachel, donde no se cortan un pelo a la hora de mostrarlo; la loca de Krystal seduciendo a un empresario para conseguir información. El resto, monotonía, vueltas en círculos, soluciones chapuceras para historias ya agotadas, y un insuficiente drama personal. Casi todos los capítulos se me hicieron larguísimos y pesados, y el final muy decepcionante. La personalidad de Tatiana Maslany imprime a todas las clones, incluso las que tienen breves apariciones, apenas sustenta una etapa errática, aburrida, que quizá aprobará por los pelos, pero como temporada de Orphan Black, más siendo la final, hay que considerarla fallida.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

ORPHAN BLACK – TEMPORADA 4

Space/BBC America | 2016
Ciencia-ficción, suspense | 10 cap. de 45 min.
Productores ejecutivos: John Fawcett, David Fortier, Graeme Manson, Kerry Appleyard, Ivan Schneeberg.
Intérpretes: Tatiana Maslany, Jordan Gavaris, Kristian Bruun, Maria Doyle Kennedy, Josh Vokey, Evelyne Brochu, Ari Millen, Rosemary Dunsmore, Skyler Wexler, Jessalyn Wanlin, Gord Rand, Cynthia Galant.
Valoración:

Alerta de spoilers: Presento la situación inicial de tramas y personajes sin desvelar nada más allá.–

Da la impresión de que los autores fueron conscientes de ello o que escucharon las críticas sobre que las tramas de conspiraciones se estaban yendo de madre (farragosas y poco entretenidas) y limitaban los aciertos de la serie, esto es, la odisea de las clones por averiguar sus orígenes y sobrevivir a las intrigas que las amenazan. Se nota más esfuerzo por volver a ponerlas en el centro de la narración, pero sobre todo en hacer más tangibles esas historias de corporaciones e individuos cuyos fines no quedaban nada claros anteriormente. Sigue habiendo algunos fallos, pero en líneas generales la temporada ha recuperado bastante el tono de sus orígenes.

Empezamos con lo mejor, un fantástico capítulo centrado en los últimos días de Beth, la detective cuyo suicidio ante Sarah inició este viaje. Su tragedia resulta demoledora y te atrapa con fuerza de nuevo en una aventura que recupera el drama de personajes, la emoción y el ritmo tras haberse tornado demasiado impersonal, fría, y a la vez caótica. Pronto conocemos más a fondo a Krystal la poligonera obsesionada con el ejercicio físico, a una nueva y difícil compañera (MK, la hacker huraña), y volvemos a tener el grupo inicial algo más unido. Alison y Donnie enfrentan las repercusiones por sus juegos fuera de la ley, pero su sección no se alarga más de la cuenta, sino que enseguida vuelven a trabajar codo con codo con las otras clones. Helena con su embarazo empieza a centrarse, y tampoco ocupa más tiempo de lo debido. Rachel enfrenta sus debilidades y trata volver a hacerse fuerte en la industria. Cosima trabaja incansablemente desde un laboratorio improvisado para buscar la cura de las dolencias conocidas y desconocidas de las clones (escalofriante el gusano robótico), y Sarah hace el trabajo de campo tras elegir más bien por la fuerza entre huir y esconderse o pelear por un futuro mejor. Y cómo no, debo destacar otra vez el enorme papelón múltiple de Tatiana Maslany, que sigue sumando roles a una interpretación memorable.

Las distintas facciones que van tras las clones siguen al acecho, pero, ¿quién es quién? Se empieza a mostrar mejor el asunto, aunque sea a costa de olvidar con poco disimulo tanto lío de Castor, Topside (que ni recuerdo qué eran exactamente) y otros individuos en solitario, para centrarlo todo en una nueva compañía global, Brighton, y una intenciones más claras: hay una lucha de egos por controlar el futuro de la manipulación genética, sea con clones o con bots que alteran el ADN. Centran este lío empresarial en las ambiciones de Evie Cho (seguidora de Leeki) y las de Susan Duncan, sobre las que las clones deben averiguar qué traman y actuar en consecuencia. Las incursiones en la sede de Brighton para investigar, la lucha constante de Sarah por mantener a salvo su familia, otros pocos flashbacks a Beth, la presencia novedosa de Krystal y MK, y los roces entre Sarah y Fe que emergen ante tanto estrés, son los mejores momentos de un año como digo más centrado en lo emocional (incluyendo la vuelta de la estupenda vena cómica) y menos en el artificio. Pero aun así algunos fallos siguen presentes, limitando un poco su potencial.

De nuevo la enfermedad de Cosima es un auténtico comodín a usar según le dé la gana a los guionistas. Rachel necesitaría algo más de definición, aunque mejora cuando empieza a labrarse su nuevo ascenso. Y sobre todo, la mezcla de intrigas vuelve a opacarse un poco en el tramo final, dando un último capítulo un tanto aburrido y que vuelve a caer en errores antiguos: meter de nuevo figuras en la sombra que no sabemos qué persiguen, como el otro directivo importante de Brighton o el tipo misterioso de la isla, a lo que se le suman los cambios de bandos constantes y poco explicados de secundarios como Susan o Ferdinand, o la reaparición final de otro rol cuyas intenciones y lealtades tampoco se entendían.

La mejora evidente, sumada a la noticia de que la quinta que será la última, es decir, el saber que en vez de poner más capas de conspiraciones van a ir hacia las resoluciones, me hace tener esperanzas en un buena temporada final.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

ORPHAN BLACK – TEMPORADA 3.

BBC America | 2015
Drama, suspense, ciencia-ficción | 10 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: John Fawcett, David Fortier, Graeme Manson, Alex Levine, Ivan Schneeberg.
Intérpretes: Tatiana Maslany, Jordan Gavaris, Kristian Bruun, Maria Doyle Kennedy, Josh Vokey, Evelyne Brochu, Ari Millen.
Valoración:

En sus inicios Orphan Black deslumbró como un thriller bastante original y con algunos puntos fuertes sólidos. Las aventuras de las clones por el mundo, conociéndose y uniéndose para desentrañar el misterio que las dio vida, jugaban con varias personalidades muy atractivas (todas interpretadas magistralmente por Tatiana Maslany) y se apoyaban en algunos secundarios llamativos (Felix, Donnie, Scott). La acción, el drama y el humor estaban bien equilibrados, y la conspiración se presentaba prometedora, avanzaba despacio pero con buena letra. Pero todo empezó a diluirse en la segunda temporada, y en la tercera ha seguido perdiendo fuelle mientras además los fallos crecen. El equilibrio de géneros se ha roto, las historias personales de las clones se han separado casi por completo, la trama de misterio es farragosa, y ha empezado a tomarse demasiado en serio.

El intento de aportar humor se centra en Alison, y acaba desmadrando en una historia paralela que no lleva a nada para el excesivo tiempo que ocupa. Olvídate de ingeniosos y divertidos encuentros entre clones, salvo por un par de escenas, el hallazgo de la maquilladora y el jaleo de Alison y Cosima en el colegio. El drama y la acción se apoyan en el caos de conspiraciones, con lo que no consiguen transmitir cercanía y verdadera sensación de peligro ni en los momentos más difíciles, como el cautiverio en pleno desierto de Sarah y Helena. Y les cuesta horrores mantener en el juego a algunas clones: Cosima aburre cada vez más con su enfermedad que va y viene según quieran avanzar en la historia o no, y Alison como digo tiene una especie de serie aparte.

El principal problema y del que surgen los demás es que la intriga de conspiraciones, que va copando cada vez más protagonismo, roza el desastre. Tiran por la idea de enmarañar todo con poca insinuación y mucho de no decir nada, como si eso fuera narrar con inteligencia. Un thriller de calidad es uno que atrapa porque las pistas y revelaciones llegan de forma gradual y coherente manteniendo el misterio pero a la vez siendo inteligible, es decir, puedes ir pensando y construyendo teorías en tu cabeza. Aquí no existe ninguno de esos factores. Los capítulos resultan confusos y caóticos porque sueltan datos sin ton ni son en historias que no parecen ir hacia ninguna parte. Topside, Leda, Castor, doctores de cuyo nombre no te acuerdas, la vieja petarda del desierto, los que se llevan a Rachel… Cada dos por tres aparece una nueva sección o conspiración, cuando todavía no se ha empezado a explicar de qué va la anterior. Llega un momento en que no hay manera de saber cuál de ellas están intentando desentrañar las clones, quién busca a quién y por qué. Con los personajes más o menos igual. Rachel sufre un cambio en su vida sin que haya quedado del todo claro qué hacía en su puesto; Delphine ahora parece ser mala, o no, yo qué sé, porque no se explica nada; y luego están los secundarios que aparecen y desaparecen sin más: el incomprensible personaje de James Frain (qué forma de desaprovechar a semejante actorazo), el cansino ex de Beth que parece haber cambiado de bando otra vez, la novia de Cosima como otro de esos engaños que no lleva a nada, los clones de Castor que no se diferencian entre sí ni me interesa su destino, el dramón de la chiquilla (la que se fugó con uno de estos clones) que ya era cargante en la sesión anterior…

Son las clones las que consiguen mantener todo unido en un equilibrio precario: las vidas de las hermanas sigue interesándome incluso cuando se pierden en esas subtramas malogradas. Así, Alison y su marido me caen de puta madre y me gusta verlos desenvolverse por el mundo, pero me apena que no les dieran una trama con un rumbo más claro y relacionada con el resto. Sarah es una heroína con gran magnetismo, siempre decidida a luchar por los suyos, y Fe y S son unos apoyos geniales, ella por su pasado oscuro, él por su fidelidad y estilo… pero la mitad del tiempo no sé qué andan buscando, de dónde emerge el nuevo peligro. Helena sale mejor parada: manejan bien los cambios entre el drama y la comedia, algo que no es fácil con un personaje loco, pues se te puede ir hacia la parodia involuntaria en cualquier momento, y sus motivaciones son más simples y por lo tanto más claras. Cosima está en el otro extremo: me resultaba encantadora, pero su trama actual no saca nada de ella, sólo un romance simplón. Y la última que han encontrado, Krystal, es otro puntazo, demostrando otra vez el enorme talento de Tatiana Maslany, que ya lleva siete personajes principales distintos, más unos cuantos secundarios, y todos están interpretados con una perfección y detallismo alucinantes. Caben destacar los momentos en que una se disfraza de otra: hasta interpretando a un personaje que se hace pasar por otro somos capaces de discernir quién es quién por un simple gesto. Así pues, hay que decir de nuevo que el papelón de Maslany no tiene la fama y repercusión que merece.

Pero sí, por mucho que molen las clones, en líneas generales esta no es la Orphan Black en la que me embarqué, aquella aventura emocionante y divertida con personajes carismáticos que luchaban contra problemas tangibles. Se ha convertido en hija bastarda de Expediente X, otra serie de conspiraciones improvisadas sobre la marcha donde ponen una nueva capa sin terminar de asentar la anterior. Prácticamente todos los capítulos me transmitieron la sensación de dar vueltas en círculos, de desaprovechar un buen potencial, de fallar a la hora de narrar los distintos frentes con la fluidez e interés necesarios. Y no levanta cabeza ni en el tramo final, donde parecía que iban a dar algunas respuestas con el hallazgo de la fuente de las clones, pero, como es de esperar en este género, lo que hacen es darle otro giro forzado más, y encima tan flojo que no deja huella. Por la forma en que he pasado del entusiasmo a la decepción, por la forma en que están desarrollando la serie, me da a mí que no va a volver a encarrillarse.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

COPPER – TEMPORADA 2 Y FINAL.

BBC America | 2013
Suspense, Drama | 10 ep. de 42 min.
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson, Willi Rokos, Sherri Rufh.
Intérpretes: Tom Weston-Jones, Kyle Schmid, Anastasia Griffith, Ato Essandoh, Kevin Ryan, Dylan Taylor, Kiara Glasco, Tessa Thompson, Franka Potente, Donal Logue, Alex Paxton-Beesley, Ron White.
Valoración:

Los elementos que hicieron tan interesante la primera temporada de Copper están ahí, pero en vez de madurar y crecer se han embarullado un poco. Es una pena, porque es constante la sensación de que hay una base sólida que no se aprovecha, un potencial infrautilizado. La química entre personajes, fantástica en ese primer año, se emborrona por algunos fallos. El microcosmos de personajes más o menos se mantiene, pero no va a más a pesar de que hay más capítulos, y algunos secundarios son mejorables. Los casos son menos numerosos y menos atractivos. La trama global funciona pero confluye en un villano que no está a la altura. El ritmo veloz empieza a notarse brusco. Pero también conserva intactas otras tantas de sus virtudes: excelentes protagonistas, ambiente histórico muy conseguido, una equilibrada mezcla de drama, aventura y humor…

Los personajes principales, Corcoran y Morehouse, siguen siendo muy consistentes, de hecho son roles magníficos, de los que enganchan a la primera y da igual en que aventuras los metan con tal de poder verlos desenvolverse (o estrellarse) con su estilo. El primero recuperó a su mujer… pero no es suficiente para llenar su vacío y apaciguar su dolor, pues la traición de ella con Maguire ha minado por completo la relación. Con esa atmósfera, ninguno de los dos puede curarse las heridas, y la cosa degrada rápido. El matrimonio de Morehouse ofrece otra relación muy interesante, donde tanto él como Elizabeth se dedican a placeres inmediatos (sexo y drogas) para eludir abordar la relación de forma normal; de hecho el viaje de ella con las drogas es bastante jugoso.

En los secundarios, la pareja de negros Matthew y Sarah Freeman viviendo sus primeros años en libertad gana fuerza, sobre todo cuando encuentran a la madre. El drama de vivir en tal caos de ciudad y los encontronazos con la libertad y los rescoldos del racismo resultan historias bien trabajadas, aunque se podría decir que a veces están demasiado separadas del tema policial. Sobre la chiquilla que cuida Corcoran, Annie, a pesar de que la joven actriz sigue dando un papel impresionante el personaje parecía que iba a quedarse estancado en “niñata descarriada”, pero sabiamente los guionistas no han estirado sus tramas demasiado… aunque el final parece un poco apresurado, como si se dieran cuenta de que molesta y se la quitaran de encima improvisadamente; nada grave, sin embargo. Eva queda un poco en tierra de nadie, pues toca todas las historias tangencialmente sin verse casi nunca sumergida del todo, pero es un buen personaje y su burdel es escenario de muchos buenos momentos.

Donde empiezan a fallar es en que se diluye uno de los aspectos que más me gustó del primer año, la dinámica del trío de detectives formado por Corcoran, O’Brian y Maguire. O’Brien pierde protagonismo en vez de ganarlo, y aparece menos con Corcoran, con lo que las investigaciones se hacen menos divertidas. Y lo peor, y esto supone el mayor fallo de la temporada, Maguire se pierde en una serie de tramas malogradas. Sigue ahí, sigue siendo el más sucio y pendenciero del grupo, pero el guión lo lleva por caminos inverosímiles y mal ejecutados: la revelación sobre la relación con la mujer de Corcoran fue efectiva, pero la locura de los asesinatos y el juicio que queda en nada se fuerzan demasiado. Aun así, la historia sobre que cae en desgracia ante los ojos de Corcoran y el resto de policías estaba siendo interesante, porque encaminaba al personaje hacia el lado oscuro y se preveía que se convertiría en villano… pero los guionistas se empeñan en traerlo de vuelta forzando un pseudo reset de risa. En qué quedamos, ¿es malo o no, es un superviviente o un hijo de puta? No queda claro nada, solo que parecen apañarlo sobre la marcha y resulta fatal. Al final de la temporada Corcoran y Maguire se abrazan como si nada hubiera pasado, cuando la relación no se ha visto evolucionar hasta el perdón y el retorno de la amistad.

El otro problema importante es Donovan, el nuevo gran secundario de la temporada, interpretado por el veterano Donal Logue (Terriers, Sons of Anarchy, Life). Su posición como nuevo político local funciona, y la transición hacia villano está bien lograda, pero de ahí se va a un catastrófico exceso: termina siendo una caricatura que bebe de todos los clichés de villanos cutres. El final de su trama es muy pobre, con escenas ridículas como la carrera para salvar a la testigo (que parte de la gilipollez de que Maguire la deje sola sabiendo que van a por ella) o el duelo suicida de Corcoran. Y el paso al siguiente villano (encarnado por William Baldwin) queda muy precipitado y confuso. Al menos, por lo general la trama que gira alrededor de Donovan es bastante buena y alcanza a todos los protagonistas de forma que da mucho juego: a Morehouse con los enredos políticos y económicos, a Eva con el interés en el local, a los policías con el reguero de muertos que va dejando…

Decía que los casos pierden fuerza. Sigue habiéndolos, y con ese gran acierto que supone hacer que cada investigación influya en el entorno y los protagonistas, pero si vuelvo la vista atrás lo cierto es que me cuesta recordar alguna historia secundaria realmente llamativa. Al menos pierden a favor de la trama larga, con lo que no llega a ser un problema notable, simplemente se echan de menos las emocionantes aventuras secundarias.

Sobre el ritmo, aparte de suceder las cosas a toda velocidad la serie se caracterizaba también por saltar de evento en evento sin perder el tiempo suavizando transiciones. Resultaba enormemente eficaz a la hora de acelerar tramas, porque no se dejaban huecos ni se veían trampas. Pero ahora sí hay sensación de que va a trompicones, de que se dejan cosas por aclarar. De hecho, el primer capítulo se narra de forma tan caótica que cuesta seguirlo.

El resto de cosas buenas se mantienen, destacando que el entorno trágico y violento de Five Points se describe muy bien tanto por la fantástica recreación visual (los decorados y el vestuario son magníficos, la fotografía e iluminación los captan muy bien) como por los detalles de guión que constantemente salpican el relato. Me gustaría conocer el presupuesto con el que contaban, porque quitando un par de pinturas o fondos digitales todo queda de un nivel impresionante. Eso sí, he echado de menos algo de erotismo en muchas escenas: con qué facilidad muestran sangre pero qué poco sexo enseñan a pesar de que también forma parte de la narración.

No sabía dónde meter la crítica a dos extraños episodios, así que termino con ellos. El del asalto a la comisaría (205, A Morning Song) es una fantasmada del quince que no hay quien se trague: exagerado e inverosímil hasta resultar insultante a la inteligencia del espectador en varios instantes. El otro es el episodio final. Parece que les sobraba un capítulo, y lo apañaron… muy bien. La trama grande del año ha terminado, y aunque el contexto histórico donde se sumerge la serie tiene margen de sobra para muchas aventuras, sin duda era difícil meter un caso extra que no quedara descolgado. Pues los guionistas sorprenden muy gratamente montándose una especie de mini película del Oeste con la búsqueda de los asesinos del presidente Lincoln (obviamente no los encuentran los protagonistas). Esta historia resulta muy interesante (y visualmente bastante lograda: muy bien aprovechados los paisajes) y conecta con la serie de forma genial al suponer una especie de viaje final para los personajes: se enfrentan a los fantasmas de la guerra al pasar por los sitios donde batallaron y la plantación donde Freeman era esclavo.

Por desgracia el epílogo del capítulo lo afea bastante con un cliffhanger burdo, un golpe o giro rebuscado y tramposo de serial barato con el que llamar la atención de cara a la próxima temporada: Eva desaparecida, Corcoran deberá buscarla. Pero resulta que la serie ha sido cancelada, así que se queda todo en el aire. Por suerte, es tan poco interesante la trama que pretenden abrir que no queda del todo como un final abierto: se puede interpretar que el caos sigue siendo el día a día en Five Points, y que los protagonistas han crecido, han cerrado heridas del pasado y se enfrentan al futuro con energías renovadas.

En conjunto lo que queda es una temporada muy entretenida (los protagonistas tienen bastante fuerza, el tono de policíaco adulto se agradece), pero bastante irregular y acompañada por las malas sensaciones que deja que esté algo por debajo del primer año y no sea capaz de explotar el potencial que guarda.

Ver también:
Temporada 1.

COPPER – TEMPORADA 1.

BBC America | 2012
Drama, Suspense | 13 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson, Willi Rokos.
Intérpretes: Tom Weston-Jones, Kyle Schmid, Anastasia Griffith, Ato Essandoh, Kevin Ryan, Dylan Taylor, Kiara Glasco, Tessa Thompson, Franka Potente.
Valoración:

En la década de 1860 el barrio Five Points de Nueva York es un hervidero de caos, inmundicia y crímenes propiciados por la pobreza y la mezcolanza de culturas, y el ambiente está aún más enrarecido debido a los recientes disturbios y a las heridas que está dejando la Guerra de Secesión que se libra en el sur pero tiene su repercusión en todas partes.

Kevin Corcoran (Tom Weston-Jones) es un detective que ha terminado su servicio militar y vuelve para encontrarse que su hija ha fallecido y su mujer desaparecido. Su retorno estará pues marcado por la desesperación de hallar pistas que resuelvan el misterio. En el conflicto hizo nuevos amigos, un médico negro (Matthew Freeman –Ato Essandoh-) que sufre el racismo a diario y un joven rico al que salvó la vida con ayuda del doctor (Robert Morehouse –Kyle Schmid-) y que no se deja avasallar por su poderoso padre y sigue su propia agenda. Ambos serán de gran ayuda en las investigaciones que lleva a cabo con sus fieles Andrew O’Bryan (Dylan Taylor), fuerte pero gentil, y Francis Maguire (Kevin Ryan), sombrío y rudo. Corcoran ahoga sus penas con una prostituta llamada Eva (Franka Potente), quien está claramente enamorada de él y hará cualquier cosa por no perderlo.

En uno de sus nuevos casos Corcoran se encuentra con una niña de unos diez años que ha sido forzada a prostituirse (una impresionante Kiara Glasco). La chiquilla está mentalmente destrozada y supone una carga enorme, por no decir que resulta espeluznante cuando le da por hacerse la adulta y ofrecer sexo. En este caso cae en la órbita de una ricachona con la que podría iniciar una relación (Anastasia Griffith), pero con la niñata de por medio y el recuerdo de la esposa todavía doliendo todo se complica.

Copper es un policial bastante clásico, y aunque en los primeros episodios se tontea bastante mal con el procedimental moderno (con la exagerada ciencia del amigo médico), por suerte es algo que pronto se minimiza y la narración se decanta por un estilo más serio y centrado en los personajes donde los casos suelen durar varios episodios y siempre tienen repercusiones en ellos. De hecho, sorprende también que la búsqueda de respuestas de Corcoran da frutos rápidamente en esta corta temporada (de 10 capítulos), sin extenderse como en otros policíacos eternamente hasta que se avise de la cancelación de la serie.

New York es caótica y sucia, la población inculta y bruta; la suciedad y pobreza campa a sus anchas en los barrios obreros y la ostentación es el día a día en los ricos, mientras que la ley se la reparten también según sus recursos: a golpe de puño y de billete. La guerra se huele en el ambiente, no solo porque veamos sus consecuencias directamente en los protagonistas, sino también porque hay varias tramas relacionadas, como la de los atentados (que resulta algo exagerada, todo sea dicho). Lo mismo pasa con los recientes motines del barrio de las cinco esquinas (vistos en la cinta de Martin Scorsese, Gangs of New York), cuyo recuerdo todavía duele y el temor de que pueda volver a ocurrir flota en el aire.

El microcosmos por donde habitan los caracteres refleja muy bien la situación. Los roles, tanto principales como secundarios, son todos buscavidas que oscilan entre el animal que usa la violencia como método de vida y supervivencia (el propio Corcoran) y el que se aprovecha de la situación complicada de otros (el capitán de policía lo hace con pequeñeces, pero el padre de Robert lo hace a lo grande). Todos tienen su lado sombrío y trágico que a veces se sobrepone a la razón. Muchos han sufrido más allá de lo resistible por un ser humano y son incapaces de encontrar su rumbo en el mundo; en este sentido, la trama de la niña violada llega a resultar escalofriante y durísima. De hecho, como resultado de la época dura en que viven, los protagonistas ven modificadas sus vidas a golpe de tragedia constante: es impresionante la cantidad de secundarios relevantes que mueren y deforman todo este microcosmos en un instante.

En los personajes destaca otro gran punto a favor: la química y complicidad entre ellos se maneja muy bien y resulta crucial en muchos momentos, pues miradas y gestos hablan tanto como las palabras. Los actores, sin ser extraordinarios, están convincentes en sus papeles, y en concreto Tom Weston-Jones sorprende bastante después de su flojísima interpretación en Un mundo sin fin: aquí parece otro actor. Por el lado contrario, aunque todos tengan un lado tenebroso muy atractivo, ningún rol obedece a un dibujo complejo, y en ocasiones se fuerza su presencia en el capítulo: los guionistas se empeñan en meterlos a todos en casi todas las historias, hasta el punto de que parece que sólo ellos viven en la ciudad. Algunas secciones además, como la del médico y su mujer, no son especialmente llamativas.

Se nota que es una producción nada barata, porque la ambientación es exquisita, pero obviamente el dinero no es infinito y hay limitaciones… que son sorteadas con bastante atrevimiento, pues prácticamente todos los fondos en planos amplios son digitales, es decir, prácticamente todo lo que se ve de la ciudad está puesto en postproducción. Y se nota en ocasiones, pero no como para molestar. La dirección es francamente buena, y la fotografía resulta aún mejor, otorgando un tono oscuro que da un toque aún más sombrío a la ciudad y sus habitantes.

Aunque Copper claramente va destinada a un público adulto (es dura y sucia como pocas), también es evidente que pretende ser una aventura distendida, fácil de ver, pues no hace alarde alguno de trascendencia, densidad y complejidad como acostumbran a ofrecer las series de su rango de edad, sino que resulta un entretenimiento ligero y de nulo poso. Así pues, Copper es una producción bastante atípica, y si bien este primer año no resulta especialmente notable sí tiene calidad suficiente como para que te lo pases muy bien viéndola.

Copper es una creación de Tom Fontana y Barry Levinson (este último con larga carrera como productor, guionista y director en cine), que como demostraron en Oz son un expertos en ahondar en la violencia del ser humano. También supone la primera serie original de BBC America para EE.UU.