Archivo mensual: diciembre 2008

SEGUIMIENTO DE LA ADAPTACIÓN DE “CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO” EN LA HBO.

Tras la noticia de que la HBO ha dado el visto bueno al rodaje del episodio piloto que supone el inicio de la adaptación de la saga de novelas Canción de Hielo y Fuego del autor George R. R. Martin comienzo a hacer un seguimiento de noticias sobre el tema. Por qué, se preguntará algún lector… Bueno, es obvio: es una saga que me encanta y estando la HBO al cargo de la adaptación el proyecto es serio y muy pero que muy prometedor, así que espero el estreno con muchísimo interés.

Inicio dicho seguimiento con lo básico: ¿Qué es Canción de Hielo y Fuego? ¿Qué sabemos hasta ahora de la adaptación?

Canción de Hielo y Fuego es una serie de novelas de fantasía escritas por George R. R. Martin, un autor bastante conocido en el mundo de la Ciencia-ficción (Muerte de la luz es una novela muy famosa), la fantasía (Sueño del Fevre y algunos relatos suyos han tenido muy buenas críticas) e incluso la televisión (fue guionista de algunas series menores como La bella y la bestia y En los límites de la realidad –la The Twilight Zone de 1986-). En 1996 escribió Juego de tronos, primera entrega de una saga que en un principio sólo iba a constar de un par de volúmenes pero que al autor se le fue de las manos… Va por el quinto de siete (que debería salir este año), todos de unas mil páginas, y probablemente no veamos el final en un lustro, y eso si no crece mucho más.
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JOHN ADAMS. Miniserie histórica (en los dos sentidos) de la HBO.

HBO | 2008
Productores ejecutivos: Kirk Ellis, Tom Hanks, Gary Goetzman, Frank Doelger.
Escritores: Kirk Ellis, David McCullough (novela).
Director: Tom Hooper.
Actores: Paul Giamatti, Laura Linney, Stephen Dillane, David Morse, Sarah Polley, Samuel Barnett, Danny Huston, Tom Wilkinson, John Dossett…
Valoración:

Me topé con ella por casualidad. Nadie hablaba de esta miniserie en los blogs que suelo leer, todos bastante centrados en los temas de moda y las series más vistas, y aún no había pegado fuerte en los algunos premios televisivos como los Emmy (donde a pesar de la nula objetividad de los mismos arrasó de tal manera que dejó impresionado a medio mundo). Ni siquiera sabía quién era John Adams, algo que ahora me resulta increíble. ¿Por qué la historia apenas habla del segundo presidente de los EE.UU. y uno de los principales fundadores del país, así como una importante figura en la política mundial de la época? La novela del famosísimo David McCullough (editada en 2001 y que le propició su segundo premio Pulitzer) y ahora esta sensacional adaptación sirven para poner remedio a esa injusticia.

A lo largo de siete episodios seguimos la vida familiar y laboral de John Adams desde sus primeros escarceos con la política de las colonias inglesas en Norteamérica hasta su fallecimiento, pasando por supuesto por su mandato como Presidente de los recién forjados Estados Unidos. Es esta propia idea de abarcar toda su vida el único pero notable que se le puede poner a la serie, pues como era de esperar hay periodos de poca relevancia y por tanto algunos tramos de los largos capítulos ven mermados su interés. Es importante indicar que hay un gran desequilibrio entre la primera mitad de la miniserie (los dos o tres primeros episodios) y el resto: mientras que el nacimiento de los Estados Unidos es fascinante, de una intensidad abrumadora, con ese segundo capítulo extraordinario (una hora y veinte minutos de diálogos densos, de dioses de la interpretación comiéndose la pantalla), a partir de ahí la cosa va en descenso, para terminar en un final melodramático (la vejez y muerte de los protagonistas) un tanto aburrido e innecesariamente largo.

Por lo demás estamos ante una superproducción de altos vuelos que aun viniendo de la HBO (Rome, Hermanos de sangre…) sorprende por su fastuosa puesta en escena. El vestuario y el detallismo de los escenarios es fascinante, pero los grandes planos de edificios, ciudades, puertos, etc. son prácticamente indescriptibles. No se sabe dónde acaba lo real y comienzan las maquetas y lo digital (fantástico añadido de fondos por ordenador) y todo resulta tan realista y espectacular que resulta imposible apartar la mirada de las imágenes. Y como era de esperar en una obra de esta cadena la realización está a la altura de las circunstancias: las labores de dirección, fotografía e interpretación son más que sobresalientes, son casi antológicas. Destaca especialmente la fotografía por su arriesgadísimo estilo que puede confundir a más de un espectador. En una narración histórica sobre dramas familiares y política cabría esperar una puesta en escena sobria, tranquila… pero sorprendentemente optaron por formas artísticas rebuscadas: cámara en mano, constantes juegos con los ángulos (casi siempre el cuadro está inclinado)… En un principio puede descolocar por la falta de costumbre de ver algo así, pero una vez estamos introducidos en la trama la atmósfera que se vislumbra es tan perfecta como hermosa. Por lo general esta fotografía ofrece escenas y planos muy logrados, pero hay numerosos momentos en los que se obtienen imágenes sublimes que en varias ocasiones atrapan más que la propia historia que se está narrando.

Sobre el reparto no puedo sino verter halagos infinitos. Paul Giamatti es uno de los mejores actores del momento, y la amplia lista de secundarios está repleta de intérpretes brillantes. Destacan obviamente los que tienen más protagonismo: Stephen Dillane (Thomas Jefferson), que otorga al personaje un aire inquietante y distante fantástico, Laura Linney (Abigail Adams, una de las primeras damas más influyentes e inteligentes de la historia del país), tan enérgica y trágica como su álter ego lo requiere, un inmenso David Morse (George Washington), que quita la respiración a pesar de las pocas apariciones que tiene, y un siempre impresionante Tom Wilkinson como Benjamin Franklin.

Es John Adams quizá demasiado densa y lenta para el público normal, pero el seriéfilo más avezado seguramente la disfrutará, sobre todo por su inconmensurable puesta en escena, mientras que los aficionados a la historia tienen una cita ineludible.

GENERATION KILL.

HBO | 2008
Productores ejecutivos: Ed Burns, David Simon…
Intérpretes: Alexander Skarsgård, James Ransone, Lee Tergesen, Jon Huertas, Stark Sands, Billy Lush, Chance Kelly, Rudy Reyes, Eric Nenninger, Brian Wade…
Valoración:

HBO. ¿Calidad asegurada? Miniserie bélica. ¿Espectáculo como Hermanos de sangre? Irak. ¿Por fin una cadena seria se mete con la guerra más polémica de la actualidad? Pues sí… y a la vez no.

Auspiciada por el sello de la HBO y presentada como la nueva producción de los genios que nos regalaron la obra maestra The Wire llegó esta miniserie de siete episodios que relata las aventuras de un grupo de soldados a los que siguió un reportero de la revista Rolling Stone. El potencial del tema, la alargada sombra que dejó la indescriptiblemente espectacular Hermanos de sangre, los excelsos autores, los infinitos medios que pone la cadena… Todo estaba exclamando a gritos que íbamos a tener otra serie antológica. Sin embargo no fue así, y Generation Kill se quedó en una mera anécdota, en una miniserie de alto presupuesto rodada de forma magistral pero prácticamente vacía.

Empezaré por lo bueno: la realización. Sublime es decir poco. Había imágenes que me dejaban sin respiración, tanto por la belleza de los planos como por el exquisito despliegue técnico y artístico. La perfecta fotografía sacó el máximo partido de los paisajes desérticos (fue rodada en Sudáfrica), aunque lo mejor que puedo decir es que jamás he visto escenas nocturnas tan bien rodadas, tan creíbles. El montaje, los despliegues de extras, vehículos, vestuario, escenarios naturales, el atinado reparto… todo fue aprovechado al máximo por los directores, ofreciendo un recital de calidad que hoy día igualan pocas películas para el cine.

Pero… ¿qué importa que la factura sea sobresaliente si no se utiliza para narrar algo? Porque Generation Kill es un producto hueco, insípido, banal. No hay una gran historia que sustente los capítulos, ni siquiera hay pequeñas aventuras amenas y mínimamente trascendentes. Lo único que hacemos durante siete horas es pasear por el desierto junto a unos personajes interesantes pero cuyo potencial se desaprovecha por completo al no vivir acontecimientos dignos de mención. Y lo poco que hay se repite demasiado: problemas con los superiores y algunos detalles sobre la supervivencia en el desierto, cosas además nada nuevas. No hay drama, no hay tensión, no hay acción (salvo en un capítulo en una escena para quitarse el sombrero: A Burning Dog)… y para colmar la decepción que me supuso el relato, el riesgo, la crítica al sistema político y bélico que cabría esperar al tratar semejante guerra, no existe.

¿Cómo catalogar Generation Kill ante semejante desequilibrio entre la forma y el contenido? Pues no estoy muy seguro, porque según veía los episodios (siempre esperando algo que no llegaba nunca: que pasara algo) no podía apartar la mirada por la belleza de las imágenes, pero suspiraba cada dos por tres por el tedio que transmitía la narración. La mejor definición que se me ocurre es la de producto desaprovechado, recursos ilimitados tirados en unos guiones que deberían haber sido reescritos varias veces.

Llegados a este punto casi me veo obligado a recomendar la prematuramente cancelada Over There. Ésta sí se metía de lleno en historias duras (por reales) y bastante críticas. Llegó demasiado pronto (el público no estaba aún preparado para abordar un tema tan delicado) y fue demasiado explícita en los temas a tratar, así que no duró ni medio asalto, pero los doce o trece episodios que hay son una pequeña maravilla incomprendida.