DAREDEVIL – TEMPORADA 2.

Netflix | 2016
Productores ejecutivos: Doug Petrie, Marco Ramirez, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Jon Bernthal, Elodie Yung, Vincent D’Onofrio, Rosario Dawson, Scott Glenn, Royce Johnson.
Valoración:

La serie la puso en marcha Drew Goddard, pero no duró mucho porque prefirió centrarse en proyectos cinematográficos de superhéroes, con lo que terminó siendo desarrollada por su mano derecha, Steven S. DeKnight. Pero este ha partido también a otros trabajos en cine, dejando paso a otros colaboradores, Doug Petrie y Marco Ramirez. Tanto cambio no es buena señal, porque la posibilidad de que el producto mantenga o supere el nivel alcanzado por sus artífices originales es remota. Y en Daredevil no se ha cumplido. Los nuevos encargados, aunque estuvieran implicados a menor nivel desde el principio, no tienen la pericia de quienes nos ofrecieron un primer año tan notable. Son muchos los puntos oscuros y los deslices de esta nueva etapa que también arrastra desgana y flojera en grandes cantidades. Para mi sorpresa, la mayor parte de los espectadores no parece haber sentido mucho el cambio, pero a mí me ha costado acabarla por ser algo aburrida y fallida, cuando la primera me la vi dos veces seguidas de lo que me fascinó.

Había una buena base. El típico viaje iniciático del héroe y el villano así como las relaciones con los amigos resultaban muy atractivas por la enorme calidad de los personajes, que además eran realzados por los excelentes actores elegidos. La atmósfera ofrecía un universo más maduro y serio de lo habitual, con lo que en cierta manera, aunque se notaba la inspiración en algunos thrillers cinematográficos influyentes de los años setenta, parecía traer aire fresco al género de los superhéroes. Y para rematar, la puesta en escena fue modélica. Pero los productores ejecutivos actuales no llegan a alcanzar el listón a pesar de tener cierta experiencia en series (Petrie salió, como Goddard y DeKnight, de la sala de escritores de Buffy, la cazavampiros). La trama y las relaciones entre personajes tienen baches e incoherencias, y eso cuando no andan en círculos. Los diálogos son un poco ramplones a veces, las situaciones en que se van viendo implicado los protagonistas carecen de empaque, de novedad, de capacidad para emocionarte. Y además se le suman algunos errores de casting y el abuso de un único estilo para las peleas, con lo que el acabado visual no impresiona tanto. Así, la temporada se queda bastante corta, resulta irregular. Si se salva es porque no llega a ser una catástrofe y cumple en lo básico, pero desde luego me ha resultado bastante decepcionante.

El primer gran problema es el estancamiento, que se acusa sobre todo en los personajes. Entiendo que los escritores quieran reservar los pasos importantes de sus vidas para la parte final, pero hasta entonces no puedes estar amagando y volviendo para atrás, tienes que andar en una dirección clara y hacerlo con equilibrio y verosimilitud. El dilema de Matt de hasta dónde llegar con la violencia se atasca a pesar de la presencia del Castigador y de Elektra, es decir, a pesar de que la serie no hace más que hablar de ese tema. La relación con los amigos está en un punto bajo por los líos que los agobian y porque Matt los abandona por su álter ego, pero se expone fatal, pues cada capítulo repite prácticamente lo mismo, retrasando los avances reales mucho más de la cuenta. Peor acaba la atracción entre Matt y Karen. Creo que es la relación en tensión amorosa más torpe que he visto. Hasta en series tan largas como Expediente X eran capaces de apañárselas para no dar un paso definitivo pero ir mostrando cambios suficientes en la dinámica como para mantener el interés. Aquí los meten en citas que a todas luces señalan que están enamorados y deberían estar folleteando, pero en la siguiente escena es como si no hubiera ocurrido nada, para en el próximo capítulo repetir el patrón; y así se tiran la mitad del año.

Con Castigador y Elektra tratan de exprimir la dualidad héroe-villano, pero no logran despertar demasiado interés. Castigador sale bien parado en líneas generales: entendemos al individuo, resulta oscuro y trágico en el tono de la serie… Pero podría haber dado mucho más de sí. Es constante la sensación de que se repiten los mismos dilemas o mensajes morales en todas sus apariciones, sin mostrar evolución alguna aunque estemos en situaciones que van cambiando (combates, juicio…), y las motivaciones no sorprenden, su historia resulta demasiado predecible. Con Fisk partían también de lugares comunes y aun así resultó un rol sobrecogedor. ¿La diferencia? Pues que el guion no llega. Elektra se queda mucho más atrás, resultando es un fallo gravísimo de planteamiento y escritura. No se explica casi nada de ella, y eso a pesar de tener numerosos flashbacks (monótonos y previsibles la mayoría). ¿Qué sentido tiene la relación de Matt con ella, qué la mueve, qué espera del mundo y qué traumas la han formado hasta el punto de disfrazarse y luchar por causas extrañas? Se muestra el entrenamiento con Stick, pero no es suficiente para justificar sus acciones, y más cuando va por libre; y su personalidad desde luego queda sin definición. Qué pereza me dan sus apariciones, y qué poco entiendo por qué Daredevil se apunta a todo con ella en vez de tratar de mantener cerca a sus otros amigos. Stick tampoco me convence, aunque esto viene desde su presentación: tan forzadamente críptico que necesita ayuda y no da respuestas ni facilidades a sus supuestos aliados, con lo que la intriga con él resulta artificiosa.

Pero estos dos nuevos protagonistas acaban por los suelos por dos fallos imperdonables: el casting es horrible y las dos secciones se cierran con giros infames. La trama de la Mano ya es puro humo de por sí, pero las revelaciones finales sobre Elektra no hay por dónde cogerlas. El Castigador también tiene un cierre (o punto de inflexión más bien) demencial, con ese giro de telefilme barato que saca la sorpresa final por donde menos te lo esperas y por donde menos verosímil parece. Y no entiendo cómo en una serie que cuidó tantísimo el reparto en la primera temporada, donde hasta los extras que hacían de matones parecían actores de primera y no simples figurantes, han podido rebajar tanto el nivel como para fichar dos intérpretes principales tan mediocres. Elodie Yung carece de registro y de carisma, lo que agrava la apatía que despierta el rol. Jon Bernthal cumple por los pelos por el físico de boxeador retirado y su mirada intensa, porque como actor de drama es un manta: frase con tensión fingida, mirada para el lado, frase, mirada… Todo el rato igual, sin cambiar ni una pizca esté en la situación que esté; de hecho hace exactamente el mismo papel que en The Walking Dead, donde ya debería haber sido etiquetado como actor a evitar y aun así lo siguen fichando aquí y allá. Para colmo, han dado el visto bueno a la serie The Punisher/El Castigador.

La trama tiene las mismas carencias. Nos encontramos con más frentes abiertos pero a la larga resulta que estamos atascados en una historia cíclica. El progreso llega a trompicones, muchas veces sin explicar, otras desaprovechando el material. Hice todo un artículo hablando de cómo el plan Marvel llegó por fin a las series para romper los clichés y dar al género el paso a la maduración tan esperada, y ahora resulta que la historia de la Mano es digna de un serial antiguo: elementos y giros sensacionalistas (ese agujero gigante en el suelo, el absurdo ataque al hospital, la cápsula misteriosa, leyendas rebuscadas, etc.), personajes y dilemas atascados en bucles, y muchas peleíllas simples y repetitivas con extras saltimbanquis. Y todo para hacer un Perdidos, es decir, tras mucho misterio y trampa argumental exagerada realmente no han mostrado nada, acaban con más batallas pero sin dar respuesta a nada concreto. También hay algún receso incomprensible: para qué dedicar gran parte de un capítulo a presentar la entrada del nuevo irlandés en su banda si su relevancia en las tramas es muy escasa y no va más allá de ese episodio. Aparte, en el tercer acto recuperamos a Fisk, y por suerte aquí no patinan. El gran mafioso (Kingpin) sigue resultando imponente y su futuro me atrae muchísimo más que el de los demás personajes.

Las carencias se notan también en los detalles: los deslices o directamente agujeros de guion abundan por todas partes. Son infinidad, así que sólo menciono los más notables. Qué cutre la herida de Elektra curada metiéndole unas tenazas dentro y luego echándole bicarbonato mezclado con otras mierdas de la cocina… pero es que encima ni la vendan, y al día siguiente está en pie repartiendo hostias. Con el buen dinero que parecen haber echado en la serie podrían haberse currado una oficina mejor para el periódico, que da risa: resulta que están todos apretados en un despacho y un pasillo estrecho, y el editor le da a Karen (una investigadora aficionada ajena al diario) el despacho del periodista muerto, ¡que lo tiene ahí vacío! La peor escena del año podría ser la fiscal arrepintiéndose como una niña: una corrupta, una trepa, mentirosa y manipuladora de las que hacen época, se acobarda cuando las cosas se ponen difíciles y suelta sus secretos casi llorando, en un giro de manual para sacar a los protagonistas del apuro; no, no cuadra en alguien con tanto poder y tanto que perder. Las apariciones de la enfermera están metidas con calzador sin cuidarlas lo más mínimo: es como si nadie más trabajara en el hospital, hasta el punto de que maneja una crisis de varios pacientes graves sin ningún médico residente cerca; luego te sacan el lío de la junta, pero resulta que sólo es para tratar de tapar la inverosimilitud que genera tener decenas de ninjas-muertos-vivientes por ahí y que nadie se cuestione nada. Madame Gao dice que la competencia que lidera Blacksmith es más numerosa y fuerte que sus soldados, y que el barco donde tienen la mercancía estará muy vigilado, pero luego vemos que hay dos tíos inútiles ahí; con ese nivel de información es normal que le esté comiendo terreno; pero no, no queda bien, se supone que ella es una maestra del crimen. Los ninjas descubren que soltando las espadas Daredevil no los oye, pero en vez de seguir zurrándolo con esa nueva ventaja se largan sin más.

Y por desgracia, la desgana del guion afecta al aspecto visual. Donde antes se buscaba un acabado formal virtuoso y con picos que te dejaran anonadado, ahora van con la inercia, con el piloto automático puesto. Se curran un par de escenas espectaculares (la batalla de Daredevil por las escaleras, la del Castigador en la cárcel) para intentar mantener el estilo marcado, pero no me vale si el resto se descuida bastante. En parte es por la falta de garra y originalidad de la escritura: todos los conflictos se desarrollan de la misma forma, sean las peleas contra Castigador o contra los ninjas. En parte también porque hay nuevo director de fotografía y nuevos directores que no han estado a la altura. El resultado es que el desgaste asoma pronto la patita, perdiendo factor sorpresa y factor asombro, e incluso llegando al punto de que se empiezan a ver muchos fallos. La contienda en la azotea entre Daredevil y Castigador fue bastante mala, con una falta de pegada bien patente, algunos golpes mal rodados y ese francotirador que no acierta una. Incluso la gran escena de las escaleras es imperfecta: intentan simular un plano secuencia y los cortes cantan bastante, por no decir que se alarga hasta perder fuerza. Pero sobre todo, las constantes luchas con los ninjas van bajando el nivel hasta acabar en un desenlace que deja muy mal sabor de boca. Es como si los directores se fueran cansando, poniendo cada vez menos esfuerzo y cuidado. Los extras que esperan su turno para ser golpeados, las patadas al aire, las coreografías sin savia… y por mucho que esto sea fantasía, al final no puedes dejar de preguntarte por qué no usan armas de fuego en vez de perder tiempo y esfuerzo en darse puñetazos. Matt es que no parece aprender nada del Castigador y de Elektra, metiéndose en berenjenales gordos sin buscar ventaja alguna. Llévate un táser o dardos con sedantes por lo menos, que pareces tonto.

Resumiendo en pocas palabras, el gran mal de la temporada es el no saber exponer, desarrollar y cerrar adecuadamente las distintas historias, y ello permite que se vean las costuras del relato. Si Daredevil sigue por este camino puede acabar deshilachándose. Y el plan Marvel para series ha dejado de brillar bien pronto. Esperemos que sólo sea una mancha.

PD: Por lo visto el traje de Daredevil no gustó a muchos fans, así que van cambiándole detalles poco a poco. Yo no le veía ningún problema.

Ver también:
Temporada 1.

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