BLACK MIRROR – TEMPORADA 1.

Black Mirror
Channel 4 | 2011
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Rory Kinnear, Lindsay Duncan, Donald Sumpter, Daniel Kaluuya, Jessica Brown Findlay, Toby Kebbell, Jodie Whittaker, Tom Cullan.

Siguiendo el formato corto de las series británicas, Black Mirror ofrece únicamente tres episodios, que pueden quedarse en miniserie o extenderse si tiene éxito. Es además aun más atípica de lo habitual, pues ninguna de sus partes tiene relación entre sí más allá de la idea de romper moldes y arriesgarse al máximo, aunque también destaca la idea de mostrar y analizar la importancia de las nuevas tecnologías de comunicación en nuestras vidas.

De la nada, porque no había expectación alguna en su estreno, llegó a copar todos los blogs de series, donde era aclamada prácticamente en unanimidad como una de las producciones más revolucionarias, rompedoras, visionarias, sorprendentes y atrevidas realizadas en los últimos años, pero también porque resulta espectacularmente irreverente, analítica y crítica. El entusiasmo es sin duda comprensible, porque el shock inicial es de los que no se olvidan, pero siendo justos hay que decir que dos de sus tres partes no son perfectas, que en cada capítulo pierde algo de fuelle. Aun así, en conjunto es impactante y memorable como pocas, un ejercicio televisivo (o ya debería decirse cinematográfico) que aun con sus fallas deja bastante huella.

Para lanzarse a su visionado lo mejor es conocer lo más mínimo sobre su estilo y argumento, pero creo que no puedo hablar de ella en profundidad sin presentar al menos la sinopsis. Más spoilers no habrá.

1. El himno nacional
The National Anthem


Escritor: 
Charlie Brooker.
Director: Otto Bathurst.
Valoración:

El Primer Ministro británico se enfrenta a una crisis inesperada, imprevisible y desquiciante que lleva al país y sobre todo a su oficina a una situación nunca imaginada y muy volátil. La princesa real ha sido secuestra y como pago para su rescate el ministro deberá… follarse a una cerda en directo ante todo el país.

Lejos de lo que la premisa pueda indicar, no es una comedia, es un drama muy serio y que analiza al detalle el alcance de esta atípica situación. Desde las primeras escenas estás plenamente sumergido en la tragedia, viviendo codo con codo con los protagonistas este caos incierto y hundiéndote cada vez más en la atmósfera asquerosa y sin salida que va formándose.

Los esfuerzos políticos (¿y si hacemos un montaje con efectos especiales?), las repercusiones que aparecen tanto en esa política como en la sociedad y sobre todo en los personajes implicados de cerca, las acciones policiales, la investigación periodística, la reacción del público, las distintas posibilidades que se abren ante tal catástrofe… Todo se expone, analiza y desarrolla con maestría, con una habilidad impresionante para no perder el control ante un argumento tan explosivo y sacar todo el provecho de él.

El reparto está inconmensurable en unos roles descritos con habilidad en un tiempo reducido, con lo que se tira mucho de sutilezas o planos que definen una situación (qué bien se describe el matrimonio del Primer Ministro, aunque mejor resumen cómo afecta el caso a la relación, con un único y fantástico plano final). La puesta en escena es exquisita, sacando siempre el máximo provecho de un guión soberbio. El manejo de la tensión, el ritmo de la narración, la capacidad para asombrar, impactar y no dejar indiferente… todo funciona a la perfección en una historia que te mantiene pegado a la pantalla constantemente. No sabes qué esperar en ningún momento, cada paso es prácticamente nuevo. Para quien diga que todo está ya inventado, con Black Mirror, sobre todo en este primer capítulo, queda claro que basta encontrar un punto original en el argumento y saber llevarlo a buen puerto sin caer en tópicos ni tonterías.

Ahora bien, es indudable que algo de suspensión de la realidad hay, sobre todo en su tramo final, pero aunque sea una ficción algo bruta o exagerada tampoco me cabe duda de que el realismo que mantiene el relato en su conjunto es digno de elogio. Sin esa aura de credibilidad el resultado no habría causado tanto impacto. Y tras ver algo así, cabe preguntarse qué sucedería si un gobierno se viera atrapado en una experiencia semejante. Muchos pasos de los aquí mostrados serían totalmente plausibles, pero… ¿y cuando fueran agotándose las posibilidades?

Como episodio es memorable, antológico, un visionado imprescindible tanto por su calidad como para estar al día en la evolución de las series. Con un poco más de longitud hubiera sido un thriller digno de estrenar en cines, y sería de los buenos en comparación con la mediocridad habitual.

2. Quince millones de méritos
Fifteen Million Merits


Escritor: 
Charlie Brooker, Konnie Huq.
Director: Euros Lyn.
Valoración:

En un futuro quizá no muy distante, un grupo de jóvenes, no sabemos en qué situación (si son estudiantes o qué, no importa), adormecidos en una sociedad dominada por el ocio fácil, tienen como única meta pedalear en bicicletas estáticas para obtener méritos (créditos) con los que pagar ese entremetimiento que consiste en estar todo el día conectados a la red, jugando con sus avatares, viendo la programación basura, etc. Las relaciones humanas cara a cara casi se han extinguido… hasta que uno de los jóvenes se encuentra con una chica y se enamora. Siendo el sueño de ella entrar en el reality show de talentos más famoso (parodia del conocido X-Factor) y teniendo él créditos de sobra, le regala la entrada a la selección. Los abusos del cruel programa hacia la chica hacen que él se replantee la sociedad en que vive y empiece a pensar en luchar contra ella.

Si El himno nacional presenta las nuevas tecnologías de comunicación como parte fundamental de la vida moderna, aquí se va más allá y se estudia a fondo su impacto en la sociedad. La dependencia de tecnología que realmente no aporta nada, la soledad que implica alejarse de las relaciones humanas, la sumisión al entretenimiento que no exige esfuerzo intelectual y por extensión la ignorancia en que sumerge a la población… El episodio resulta una crítica brutal a la intromisión excesiva de tecnologías innecesarias y al borreguismo mental que fomenta la televisión, sobre todo su exponente más patético, los realities. Esos cubículos cuyas paredes son todo pantallas de televisión (recordando a Farenheit 451), la vida virtual a través de avatares, la publicidad invasiva que vende necedades como si fueran cruciales para tu existencia, la programación constante que aturde la mente para que nadie piense… Se ofrece una visión muy pesimista del futuro de la sociedad, transmitiendo muy bien al espectador la sensación de pesadumbre y falta de esperanza. El final además es cruel, más aun viendo lo bien que encaja en la trama.

El ritmo del episodio es bastante bueno, evidentemente no tanto como el del anterior pero sí navega muy fluido en una dirección concreta. No pierde el tiempo explicando ese futuro ni cómo se ha llegado a él, pues no es necesario, pero sí es cierto que dentro de la propia historia que nos cuentan hay cosas que requerían algo más de esfuerzo para que el conjunto no quedara tan forzado. El episodio funciona muy bien porque la vivencia de los personajes impacta y la crítica llega con enorme fuerza, pero aquí sí que es necesario hacer un salto de fe para poder sumergirse en él. La idea cojea por algunas partes, porque le falta más desarrollo o explicaciones, y algunas cosas quedan poco claras. Por ejemplo: ¿no hacen nada más aparte de bicicleta?, porque al ritmo que suben los créditos los 15 millones los consiguen fácilmente en uno o dos días, qué es eso de meses.

15 millones de méritos entretiene, atrapa e impacta con facilidad. Funciona pues francamente bien en su intención de llegar al espectador. Pero su visionado no deja tanta huella como El himno nacional, porque cuanto más se analiza en profundidad más imperfecciones se le encuentran. Por ello quizá sea mejor verlo como un experimento interesante y con momentos muy buenos más que como una narración perfecta.

3. Tu historia completa
The Entire History of You


Escritor: 
Jesse Armstrong.
Director: Brian Welsh.
Valoración:

En un futuro cercano, muy cercano, un pequeño aparato implantado detrás de la oreja y conectado al cerebro nos permite almacenar nuestros recuerdos y acceder a ellos en el momento que queramos. Esta tecnología afecta a la vida cotidiana en todos sus aspectos, desde el trabajo a las amistades, pero es en las relaciones amorosas donde causa un impacto mayor. Prueba de ello es la distanciada pero tensa relación de los protagonistas, quienes recurren a sus recuerdos para analizar sus comportamientos y encontrar cosas que tirarse a la cara. El máximo exponente de este conflicto se ve en la gloriosa escena de sexo donde cada uno de ellos se evade hacia su recuerdo favorito, secuencia que resulta demoledora por realista e impactante.

Después del gran nivel de los dos episodios previos el tercero decepciona. Por mucho que esté adornada con un toque de ciberpunk no deja de ser una previsible historia de parejas discutiendo. Al contrario que en los anteriores, no encontramos aquí esa capacidad para darle la vuelta a todo lo conocido. Su trama peca de sencilla y poco ambiciosa, y si ya por ello sabe a poco en comparación con el resto, la cosa se agrava porque no destaca por tener diálogos brillantes o mantener un ritmo y expectación constante: se hace largo. Además el actor principal no consigue una buena interpretación.

La puesta en escena sí es encomiable. La dirección es perfecta, la fotografía magnífica, el pulso de cada escena ensalza bastante bien situaciones interesantes pero sin capacidad para asombrar. El visionado deja la sensación de que en manos de un director menos dotado podría haber sido un coñazo. Sea como sea, aun con sus ligeras limitaciones resulta un capítulo bastante correcto, y seguramente en una serie más larga no desentonaría tanto. Ofrece algunas buenas escenas y un inteligente análisis sobre el comportamiento humano, centrándose claro está en las relaciones amorosas, el perdón y la idea de que nuestras vivencias siempre estarán ahí y no se pueden borrar, así que o convivimos con lo bueno y lo malo, aceptamos los errores y perdonamos, o no avanzaremos nunca.

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