Archivo mensual: marzo 2015

WOLF HALL – TEMPORADA 1.

Wolf Hall
BBC | 2015
Director: Peter Kosminsky.
Escritor: Peter Straughan.
Intérpretes: Mark Rylance, Damian Lewis, Claire Foy, Thomas Brodie-Sangster, Mark Gatiss, Anton Lesser, Jonathan Pryce.
Valoración:

Enésima producción basada en la corte del rey Enrique VIII de Inglaterra, seguramente el monarca más representado en el arte, sea literatura, teatro, cine o televisión. De hecho estamos ante una adaptación de una trilogía de novelas en las que la autora Hilary Mantel, para tratar de diferenciarse un poco de tantas versiones, opta por mostrar los eventos desde la perspectiva de Thomas Cromwell, siendo Enrique un secundario. Pero esto tampoco es realmente original, porque en 1966 Fred Zinnemann dirigió el filme Un hombre para la eternidad (A Man for All Seasons) con Thomas More (o Tomás Moro) como protagonista.

En las novelas no sé qué tal funciona la idea, pero en la serie se quedan cortos a la hora de construir un relato con la suficiente intensidad e interés como para resultar recordable. El principal problema es su falta de savia, y esto proviene en parte de su esquema narrativo y en parte del superficial dibujo de los personajes que confecciona el guionista Peter Straughan (El topo, La deuda). Para acercarnos al ascenso de Cromwell (la caída queda pendiente para una posible segunda temporada) en tan pocos capítulos opta por saltar de momento importante en momento importante, pero lo hace sin darle a cada uno de estos instantes cruciales la relevancia y garra suficiente como para que resulten algo más que anécdotas. Es decir, parece un resumen, no una historia completa. Hay ocasiones en que se pierde por completo en este estilo: muchas cosas ni siquiera llegan a verse, las cuentan los personajes cuando mejor le parece al escritor; también recurre a texto en pantalla antes de cada capítulo para rellenar los huecos. ¿Pero cómo esperas que me interese por los sucesos o incluso que pueda seguirlos sin perderme si los narras por encima, sin dotarlos de la trascendencia y calado necesarios?

Y para empeorar la cosa tenemos unos protagonistas de escasa complejidad. ¿Cómo Cromwell, un personaje que copa todas las escenas, tiene un dibujo tan limitado y superficial? Su descripción es tan somera que nunca sabemos qué piensa, qué espera, cuánto sufre, qué lo motiva… ¿Quiere ascender o le cae todo encima y sigue adelante sin más idea que tener un trabajo y sobrevivir? ¿Es luterano o papista? ¿Y si es luterano por qué es tan suave con Moro? Así pues, el individuo avanza por la serie como la propia trama: sin rumbo claro, sin la consistencia necesaria para llegar al espectador y dejar un recuerdo. Por no decir que conta tanta indefinición el Cromwell resultante queda descrito como demasiado bueno y calmado, cuando se supone que era un arribista bastante desalmado. Su expolio de los templos cristianos y su feroz lucha para vencer (y ejecutar si podía lograrlo) a sus enemigos es buena prueba de ello. Parece ser que la serie se ha llevado alguna crítica por ello.

El actor Mark Rylance, que proviene de una larga carrera en teatro, es bueno, se nota en la intensidad de su mirada… pero con semejante rol poco registro puede mostrar, y lo único que hace es recitar sus líneas y echar un par de miradas contenidas que realmente no sabemos qué dicen, porque el guión no lo explica y el director no parece haber tenido libertad para ir más allá, para imponer algo más de visión a un libreto algo limitado. Es comparar con el Cromwell que vimos en Los Tudor, que aprovechó magistralmente James Frain, y me da lástima ver la oportunidad perdida.

Como es esperable en esta situación, los personajes secundarios acusan más aún la falta de calidad. Básicamente tenemos al rey Enrique, a Tomás Moro y a Ana Bolena, porque el cardenal Wolsey dura poco. El resto son indistinguibles entre sí, la mayoría son sólo un nombre para cumplir con la Historia: las familias Suffolk, Bolena y demás figuras relevantes de la corte (Lady Rochford, Cranmer, etc.) pasan sin pena ni gloria a pesar de tener a algunos actores británicos de gran expereciencia, como Mark Gatiss, Jonathan Pryce, Bernard Hill

He llegado a leer que es más fiel que Los Tudor… En cierta manera se puede decir que sí: muestra eventos clave sin inventarse o cambiar nada. Pero es que no hace nada más, sólo cita esos sucesos, no desarrolla lo más mínimo. En Los Tudor narraban numerosos años de Historia a través de gran número de personajes y tramas, es difícil ser fiel en todo momento cuando tienes entre manos algo tan complejo, y más cuando su guionista sufrió una espantada de actores que dejó roles cruciales sin intérprete. En lo que sí ponen más esmero es en el vestuario. Con los torsos y mangas hinchados y los grandes abrigos para dar sensación de magnificencia (en especial en Enrique) son mucho más fieles a la Historia, pues en Los Tudor pusieron un vestuario más relajado e incluso anacrónico a veces. Eso sí, al final también terminan acobardándose con el calzado: en vez de los zapatitos sencillos también se empeñan en colarnos botas de cuero que parecen de motero, seguramente para disimular las mallas y el calzado simple. Quizá pensaron que resultaría extraño hoy en día, pero entonces cabe preguntarse por qué no aplican el mismo baremo al resto de la estrafalaria vestimenta. No puede ser que vayas de serio y de repente metas esta broma de mal gusto. Así pues, otra serie que se queda corta cuando tenía en su mano ser realmente fiel.

La puesta en escena apuesta por una cámara en mano suave que sigue a los protagonistas por los pasillos y amplias salas de las buenas localizaciones de interiores elegidas. El ritmo que imprime el director es contemplativo, de dejar que la escena hable a través de los personajes… y obviamente esto no puede funcionar, con lo que resulta una narrativa más que pausada lenta, con tramos incluso aburridos. La fotografía es buena, en especial en la estupenda iluminación, y la música es sutil y muy efectiva.

Debo decir que Wolf Hall no llega a meter la pata en ningún momento, simplemente se queda corta y en la superficie de un relato con muchísimo más potencial. Se puede ver si te va el género, pero no esperes algo impactante. Me parece mejor realizar un revisionado de Los Tudor, la verdad.

OLIVE KITTERIDGE – MINISERIE.

Olive Kitteridge
HBO | 2014
Productores ejecutivos: Jane Anderson, Gary Goetzman, Steve Shareshian.
Intérpretes: Frances McDormand, Richard Jenkins, John Gallagher Jr., Peter Mullan, Zoe Kazan, Bill Murray, Jesse Plemons.
Valoración:

La HBO de vez en cuando se lanza a adaptar novelas conocidas o historias de personajes relevantes en forma de miniserie, como John Adams, Mildred Pierce, Elizabeth I y otras pocas. Olive Kitteridge es una novela de Elizabeth Strout que narra las vidas de distintos personajes de una pequeña localidad del Estado de Maine en Estados Unidos. La representación de las gentes y la forma de vida estadounidense es un valor que persiguen los premios Pulizter, y esta obra se alzó con el mismo en el año 2009. La miniserie de cuatro horas, escrita por Jane Anderson, autora bastante desconocida (sólo tiene algunos telefilmes en su currículo), recorta muchos personajes, que la novela parece tenerlos a puñados, pero mantiene el tono desestructurado, con idas y venidas en el tiempo que van desgranando a los personajes poco a poco.

Olive es una maestra y ama de casa un tanto amargada y poco simpática, o más bien muy seca y dura, y nunca dada a recular cuando su bocaza hiere a los demás. Su marido es amable, paciente y más que un encanto resulta empalagoso. La combinación de ambos anula algunas de sus debilidades o defectos, pero no siempre, con lo que el matrimonio tiene altibajos. Ella está cada vez más deprimida, y los golpes del destino no ayudan. Él se obsesiona con ayudar a una chiquilla en problemas, sin ser consciente de que a ojos de su familia traspasa bastante la línea, en especial viendo lo poco que atiende a su propio hijo. Éste crece en un entorno frío de escaso amor, lo que explica que se largue a vivir lejos, aunque las secuelas y traumas no serán fáciles de dejar atrás.

Otros pocos secundarios, como la esposa del hijo cuando crece, otro profesor, un compañero de clase del chaval y su madre loca realzan el argumento e intenciones de la serie: narrar el drama de las gentes que no son capaces de sobreponerse a sus problemas y limitaciones. Hay tragedias, penurias, lamentaciones, unos cuantos suicidios y muertes inesperadas… Y aun así consigue transmitir un tono esperanzador y resultar un entretenimiento más emotivo que doloroso. ¿El truco? Una mezcla de naturalidad con un tono irónico logradísimo que recuerda mucho a A dos metros bajo tierra.

El dibujo de los personajes, aunque parezca encorsetado cada uno en una personalidad muy marcada, es estupendo, todos resultan verosímiles y enormemente cercanos. Sientes como si estuvieras ahí con ellos en ese ambiente tan humano, tan real. Y el punto de vista con un humor ácido ayuda a suavizar los golpes duros de la vida. Todos nos enfrentamos a cosas parecidas, qué menos que no cebarse en lo lacrimógeno en plan dramón, sino mostrarlo con el punto justo de sensibilidad y desparpajo.

Pero hay un momento que rompe el equilibrio: el atraco. No me convence, aunque las secuelas se manejen bien. Se mete con calzador, es exagerado e inverosímil y la tensión forzada de la situación no me gustó lo más mínimo. Por suerte es un traspiés breve, y momentos para el recuerdo hay muchos. Mis favoritos son los siguientes: la boda del hijo, la visita a la familia de éste, el acercamiento de Olive al tipo que se encuentra tirado en un banco, la conversación con el amigo del hijo de adulto y el posterior rescate de una ahogada (sutil intervención de Olive y hermoso canto a la vida).

El trabajo actoral es estupendo, destacando a los más importantes, unos Frances McDormand y Richard Jenkins sumergidos completamente en sus roles. En la puesta en escena Lisa Cholodenko, que dirige los cuatro episodios, juega con la contención. Planos medios y ritmo suave pero muy fluido dan forma a una narrativa que parece sencilla pero que sin darte cuenta te atrapa bastante, porque consigue un tono de expectación constante muy logrado. Sumado eso a un guión complejo, profundo y detallista, obtenemos una serie que roza la excelencia, un drama muy recomendable para los amantes del género.

TRANSPARENT – TEMPORADA 1.

Transparent
Amazon Video | 2014
Productores ejecutivos: Jill Soloway.
Intérpretes: Jeffrey Tambor, Gaby Hoffmann, Amy Landecker, Jay Duplass, Melora Hardin, Judith Light, Carrie Brownstein, Rob Huebel, Alexandra Billings.
Valoración:

Un anciano con tres hijos e incluso algún nieto se arma de valor para por fin salir del armario como transexual, esto es, una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre. La bomba cae bastante bien porque es una familia muy abierta, pero no está exenta de conflictos, y además de cara al resto del mundo siguen viéndose los muchos prejuicios de la gente.

Aunque tienen unas pocas producciones en marcha, Transparent es la presentación de Amazon Studios en el mundo de las series, y el resultado ha sido un éxito rotundo. Aparte de la gran calidad de la propuesta, esta ha calado entre el público y la crítica, alzándose con numerosos premios, incluido el Globo de Oro a mejor serie y mejor actor principal. Es creación de Jill Solloway, quien se dio a conocer como colaboradora en A dos metros bajo tierra y ha pasado por otras obras populares, como United States of Tara, y además dirige casi todos los episodios de esta corta primera temporada. Parece ser que se inspira en su propia experiencia con su padre, que como el protagonista no fue hasta su jubilación cuando se vio con fuerzas para enfrentarse a esta difícil situación.

Una forma directa de definir la serie es con el ya reconocido apelativo de “dramedia”, es decir, un drama con un tono distendido y con no pocos momentos de humor. También es conocido el término de “familia disfuncional”, donde A dos metros bajo tierra es la cumbre del género: aquí todos son raros o están locos a su manera, y la unión de todos los personajes asegura una tragicomedia alocada.

El alabado Jeffrey Tambor era Mort, quien ahora desea ser reconocido como quien siempre se ha sentido: Maura. Tantas loas al actor me hicieron pensar en que sería protagonista absoluto, pero lo cierto es que es uno más en un reparto muy coral, de hecho los hijos me parecen más protagonistas que él. Y además su interpretación no es tan remarcable como venden, ni siquiera me parece destacar en un reparto al completo fantástico. Pero ya se sabe que los Globos son como los Oscar, tienen predilección por transformaciones físicas. Mort fue un padre muy abierto pero también algo distante, en gran parte por su condición; sólo mimó a la hija pequeña, que siempre ha ido a remolque de los demás. La esposa, de la que se divorció hace tiempo, tiene una pareja que está en las últimas; la relación con ella es de respeto mutuo: hace mucho que conocía el gran secreto.

La hija mayor es Sarah, en manos de una para mí desconocida Amy Landecker, pero quien tiene en su haber infinidad de producciones televisivas. Su experiencia se nota, es una actriz muy completa que no desaprovecha un personaje muy jugoso. Sarah inicia su viaje en un matrimonio estancado en la rutina, pero la cosa podría cambiar cuando se reencuentra con su exnovia de su época de lesbiana en la universidad. Su visión de la vida, donde sigue adelante con entereza y la cabeza alta ante cualquier adversidad, es contagiosa. Y sinceramente, si nominan a Tambor como actor principal, Landecker debería haber ido como actriz. El marido no me gustó como personaje al principio, parecía un complemento para lanzar su historia, un cliché hueco, pero más adelante cobra vida muy bien. La amante lesbiana es más completa: Melora Hardin (The Office) hace suyo otro protagonista con arrolladora personalidad.

El hijo mediano, Josh, es quien arrastra un poso más oscuro. Sus relaciones con jovencitas acaban todas mal y muestran algún trauma de desapego emocional. Poco a poco vamos conociendo posibles causas y sus intentos por salir adelante, y la relación con la predicadora es muy interesante. Jay Duplass se dio a conocer en The Mindy Project como actor y en Togetherness como guionista.

También llena de conflicto está la más joven, Ali, quien no encuentra un camino que seguir en la vida y cada dos por tres cambia de tendencia, pero siempre a costa de pedir dinero a papá. Aunque dicho así no parezca ofrecer mucho, su recorrido emocional es muy completo, con tramos fascinantes. A Gaby Hoffmann la conocí en Girls en un papel semejante, pero su carrera es bastante larga. Cabe destacar también a su amiga Syd, primero porque es un encanto, segundo porque la intérprete Carrie Brownstein es una persona digna de admiración: guionista (Portlandia), actriz, compositora y cantante con varias bandas de rock feminista de gran nivel, destacando Sleater-Kinney. Y quizá por ser una famosa bisexual y activista de derechos de las mujeres acabó siendo invitada.

Y por supuesto todos los personajes sirven para hablar de las distintas formas de entender la sexualidad, el amor y las relaciones en una producción que va incluso más allá que la valiente Orange is the New Black a la hora de tratar la sexualidad humana. Maura obviamente toca la transexualidad, el tema más tabú para la sociedad, que muy pocas veces se ha tratado en cine o televisión. Sarah representa la bisexualidad. Josh la confusión entre sexo y amor, la necesidad de afecto aunque no sepa entenderlo bien. Ali da para jugar con los clichés sobre que ser una marimacho te convierte en lesbiana. Tammy es la lesbiana con familia (esposa, hijos).

En ocasiones da la impresión de que se intenta abarcar demasiado en poco tiempo (luego hablo del ritmo), de que la familia atrae demasiados casos de sexualidad fuera de lo denominado como común, pero claro, entonces no habría serie, o no sería tan completa. Además nada se describe con estereotipos y la cercanía y naturalidad que transmite el grupo es fantástica. Cada personaje parece real, tiene sus virtudes, miedos, incongruencias y meteduras de pata. Les coges apego desde los primeros instantes, la familia se ve y siente como otra cualquiera, con sus vicios, excentricidades y problemas. Bueno, como otra cualquiera no: los conservadores y reaccionarios siempre van aparte, en su particular mundo inmovilista donde todos son clones y nadie piensa y actúa diferente. La guionista no es dura con ellos, pero no se olvida de que esta familia moderna y abierta vive en un mundo lleno de imbéciles.

Tenemos tamibén una notable puesta en escena, donde Solloway marca el tono con una cámara en mano muy hábil que realza el tono cercano del relato y aprovecha muy bien el formato semicinematográfico (2.00:1). El único problema, y no es grave, es que su ritmo es bastante precipitado y da la sensación de que impide que los eventos calen con plenitud en el espectador. Es decir, parece que corre demasiado, saltando entre situaciones y repercusiones sin explorar todos sus matices. Diez episodios de treinta minutos no me parece un metraje adecuado para una obra coral y con tantas historias; incluso trece capítulos podrían haber sido pocos. La temporada se engulle con adicción, emociona y deja buenas sensaciones, pero, al menos en mi caso, pensé que me había perdido mucho, que no se ahondó lo suficiente en muchas situaciones antes de pasar a otras. Por suerte, no llega al punto de afectar a sus excelsos personajes, es más cuestión de que no da tiempo a asimilar bien tanta información, de que parece tirar más hacia el resumen que hacia la exposición calmada. Eso sí, esto garantiza que puedes verla varias veces sin acusar desgaste.