BREAKING BAD – TEMPORADA 5 PARTE 1.


AMC | 2012
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Laura Fraser.
Valoración:

Breaking Bad siempre se ha caracterizado por ser sumamente irregular. De episodios de gran calidad pasaba a otros lentos y poco sustanciosos que se hacían largos, obteniendo temporadas con demasiados altibajos pero que en conjunto conseguían causar gran impacto. Curiosamente, en esta quinta sesión adquiere mayor regularidad… pero lo hace perdiendo la magia de los grandes momentos. En consecuencia, este año resulta menos intenso y atractivo que los anteriores. Y lo hace en un momento en que se esperaba mucho de la serie: la cuarta temporada puso el listón altísimo, tanto en calidad como en argumento, y se esperaba que las tramas fueran más allá, que el desenlace del relato sobre el paso al lado oscuro de Walter White tuviera emoción y espectáculo a raudales. Y no ha sido así. Se nos ofrece una sesión que parece un epílogo, una extensión, una trama paralela con poca conexión con todo lo visto hasta ahora. Mucho me temo que al obligar la cadena AMC a Vince Gilligan a extender la serie un par de años en vez de cerrarla aquí como él deseaba le ha forzado a alargar y desacelerar la trama.

Tras la caída de Gus, el ego de Walter le lleva a tratar de dominar el mundo de la droga. El señor Heisenberg, una vez desatado, no tiene control sobre sí mismo, siempre quiere ir más allá, empujado por una mezcla de rabia acumulada (el relato sobre cómo se salió de una empresa que luego triunfó es algo ya conocido) y egoísmo desenfrenado que le lleva a querer demostrar que es el mejor. Este proceso psicológico es consecuente con lo visto hasta ahora, pero da poco de sí. Tenemos prácticamente ocho episodios que muestran el día a día en la construcción del imperio, pero sin ofrecer mucha trascendencia y regalando pocas partes con garra. Ya sabemos cómo cocinan, no necesitamos casi una temporada entera para recordarlo. Hay algunos detalles interesantes, como usar las casas en fumigación para montar el laboratorio, pero se diluyen entre otras muchas nimiedades y subtramas no muy bien hilvanadas. Por ejemplo, el invento de los nueve nombres me parece un anexo sin solidez suficiente como para no oler a idea apañada sobre la marcha para meter contenido, por no decir que tiene momentos muy salidos de madre, como sus asesinatos, un desenlace tan precipitado como poco creíble. Esa parte solamente se salva por Lydia, cuya actriz lo borda, porque ni siquiera la conexión alemana, que puso a Hank sobre una pista sólida, termina de llevar a alguna parte.

La tensión constante, el ritmo trepidante, los personajes y situaciones al límite… nada de eso brilla como lo hacía antes, de forma que te dejaba pegado al asiento y te abofeteaba unas cuantas veces con momentos de enorme intensidad y espectacularidad. Ni los clímax cumbre, como el robo al tren o la fantasmada del imán, funcionan, porque no aportan mucha esencia para lo estrafalarios que resultan. Y para rematar, los golpes de efecto otrora tan sorprendentes aquí fallan estrepitosamente: el asesinato del niño no cuela, de forzado y poco sopesado hace aguas por todas partes.

Pero estamos hablando de Breaking Bad, una de las series mejor realizadas y con algunos de los mejores personajes de los últimos años. Y ese poso es muy sólido como para que el haber perdido algo de energía lo eche a perder. Como ocurre en años anteriores, incluso las partes menos trascendentes mantienen un buen nivel y muestran unos roles magistralmente confeccionados e interpretados. Las evoluciones de todos ellos van por un camino muy atractivo con varios instantes de los que dejan huella. Tenemos figuras que han crecido muy bien, como Mike, convertido en un protagonista más y con instantes excelentes como el abandono de su nieta; la dinámica entre Jesse y Walter se mantiene, y a pesar de que el chaval pierde bastante protagonismo tiene momentos inolvidables, como cuando se da cuenta del monstruo que es Walter cuando tras mucho decir éste que siente lo del niño se pone a silbar despreocupadamente; y finalmente, el proceso en que Skyler se ve atrapada en un matrimonio inmerso en peligros que lo dirigen inexorablemente hacia una tragedia segura, con esa sublime frase “No soy tu esposa, soy tu rehén”, recuerdan que Breaking Bad tiene todavía calidad de sobra, y todo ello aunque se empañe en los momentos finales, con la facilona salida de Walter del negocio o la parte en que Skyler manda a sus hijos con Hank y se sienta a esperar, algo que retuerce demasiado un personaje que parecía bastante más inteligente, que había empezado a forjarse su propia vida con su trabajo y mostraba mucha más fuerza.

Esta Skyler resume muy bien el problema de la temporada: el relleno o alargamiento poco meditado provoca pérdida de interés y genera pequeños deslices. Después de varios episodios más que correctos pero no del gran nivel que se espera, en el sosísimo desenlace por fin Hank encuentra una pista que le dirige hacia quién es Heisenberg, quién es W. W. Como indiqué al comentar la temporada cuarta pero aquí vemos que se ha postergado debido al éxito de la serie, ahora queda esperar el enfrentamiento final entre Walter y Hank, con la duda de dónde estará Jesse en esa situación. Esperemos que este receso no haya desgastado a los guionistas o creado incongruencias que luego lamentemos.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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