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VIKINGOS – TEMPORADA 4, PARTE 2.

Vikings
History | 2016-2017
Drama, aventuras, histórico | 10 ep. de 44-55 min.
Productores ejecutivos: Michael Hirst, Sheila Hockin, James Flynn, Sherry Marsh…
Intérpretes: Travis Fimmel, Katheryn Winnick, Gustaf Skarsgard, Alexander Ludwig, Alex Høgh, Marco Ilsø, David Lindström, Jordan Patrick Smith, Linus Roache, Moe Dunford, Maude Hirst, Jennie Jacques, Peter Franzén, Jasper Pääkkönen, Clive Standen, Alyssa Sutherland.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo bastante, muerte de algún personaje principal incluido.–

Los dos primeros años de Vikingos resultaron muy atractivos y guardaban gran potencial, pero para nuestra decepción, en vez de afianzar la serie, de cogerle el tono, su único guionista, Michael Hirst, ha ido perdiendo inspiración. Las dos siguientes etapas han dejado ver la pobreza de ideas que va ahogando a personajes y tramas, defecto que las partes de acción, las más interesantes gracias a una puesta en escena capaz de recrear batallas impresionantes, apenas conseguía disimular. Pero ahora también se ha visto sobrepasado por su éxito, pues los mandamases que ponen el dinero exigen más capítulos y más rápido: la cuarta temporada llega con el doble de longitud y menos tiempo para escribir y rodar bien. En esta segunda parte la caída de interés continúa aumentando. Los personajes están casi todos gastadísimos, prácticamente ninguna sección navega hacia algo tangible y que resulte emocionante, y la combinación de todas deja una sensación de estancamiento enorme. Pero además hay que sumar un gran bajón de ritmo: apenas hay una escaramuza al final que no es suficiente para levantar el nivel.

Ragnar reaparece, pero es como si no estuviera. ¿Qué es lo que pretende? No sabemos absolutamente nada de sus pensamientos e intenciones. El empeño en regresar a Northumbria no se explica, el proceso no relata nada llamativo (intrascendentes peleas con los hijos que no llegan a formar una relación clara, previsible rechazo de la población porque es un viejo acabado), y cuando llega allí tenemos el peor tramo de toda la serie. Hirst se obsesiona con tratar de darle un gran adiós, un final melancólico, pero el guion hace aguas por todas partes y no ofrece nada a lo que agarrarse, ni en lo narrativo ni en lo emocional. En vez de apenarnos por su caída en desgracia e inquietarnos por su cada vez más evidente destino, surge un distanciamiento con las imágenes y también muchas preguntas. ¿Qué narices pretende hacer en la corte de Ecbert y por qué todo se muestra con tanta parsimonia y drama barato? Cabe pensar que espera que los hijos quieran vengarlo, y así los empuja a madurar y a tomar represalias por lo del campamento arrasado, pero no tiene mucho sentido, son vikingos, van a saquear aquí y allá tarde o temprano, y la semilla de la venganza por sus compatriotas ya estaba sembrada. La subtrama absurda del falso hijo no sé a qué viene, y no parece que Ragnar vaya allí por él, sino en plan suicida. Pero un vikingo de verdad muere en combate, no entregándose porque está cansado. La relación con Ecbert es más delirante aún: ¿pero por qué se supone que ahora son grandes amigos y aliados? Sois contrincantes que habéis pactado en alguna ocasión, pero ahora no hay razones para renovar alianzas, y más cuando el rey rompió el último trato y arrasó con el asentamiento vikingo. Así que, ¿qué esperaba Hirst conseguir con las largas y tediosas conversaciones entre Ragnar y Ecbert? Su muerte, cuando por fin llega, no me transmitió la conmoción y pena exigibles, primero, porque llevaba varios capítulos sin narrar nada, segundo, porque la atmósfera es contraproducente, forzada pero fría. ¿Qué costaba poner a Ragnar derrotado por Aelle y cumplir así con la muerte que le da la tradición? Tampoco entiendo el favoritismo que muestra por Ecbert sobre Aelle, en vez de tratarlos con una relevancia y objetividad más equilibradas. El capítulo La hora incierta antes de la mañana (414) no hay por dónde cogerlo y resulta soporífero, pero Todos sus ángeles (415) es verdaderamente insoportable.

Paralela a la aburrida despedida del protagonista principal tenemos el crecimiento de su relevo, los hijos. Esto se lleva otro puñado de historias simplonas, sin tirón ni rumbo claro. Todas sus apariciones se limitan a mostrar rencillas, peleas y reconciliaciones tontorronas, y lo único que sacamos en claro es que Ivar es un resentido violento. ¿La personalidad de Hvitserk, Sigurd y Ubbe? No llega ni a vislumbrarse. Floki se mantiene en el periplo caótico por donde lo estaba llevando, sin definir tampoco un carácter y una dirección clara. Cuando va al Mediterráneo con Bjorn, a él y a su mujer (Helga) los sumerge en otro viaje emocional caótico, ininteligible: de repente siente respeto por una cultura/religión ajena, y parece que duda sobre algo… aunque nunca se nos dice el qué; y Helga se encapricha de una esclava y la toma como hija. El culebrón resultante es bastante tonto y cansino, menos mal que nos libramos de ellas al final. Pero Floki, un rol desecho desde la tercera temporada, sigue ahí.

La sección de Lagertha está más movidita, pero como viene siendo habitual, tampoco se exponen bien los motivos de sus acciones. El repentino romance lésbico está claro que es para atraer audiencia, pero con la censura que se lleva la serie en su emisión en History Channel vamos apañados: sangre la que quieran, pero el sexo se recorta por completo. Eso sí, me he dado cuenta de que en bluray recuperan todo lo eliminado (la mayor parte son conversaciones subidas de tono, pero también algún desnudo… de Katheryn Winnick no, me temo), pero la serie no me llama como para esperar a que salgan a la venta o recuperar las temporadas pasadas; eso sí, esta tanda ha estado emitiéndola Amazon sin censura en algunos países. Volviendo a Lagertha, se embarca en otra aventura de conquistar pueblos vecinos, apuntando esta vez a Kattegat. Sí, los vikingos eran muy dados a las guerras constantes entre ellos, pero se hacía para medrar en fama y poder, para ganar adeptos para nuevas incursiones en el extranjero con las que enriquecerse, y en menor medida por tierras. Cuando ha logrado la conquista se decide a defender la ciudad porque es muy golosa (ha crecido mucho y tiene mercado y dinero en cantidad), pero el ataque no parece haber sido para ganar poder, no se la muestra nunca ambiciosa o con planes expansionistas concretos, y se supone que ya había luchado por tener un hogar propio; el escritor se inventa una torpe rivalidad con Aslaug, pero no me parece suficiente; lo único bueno que sale de todo esto que es la cansina de Aslaug muere por fin. Más adelante, el ataque que recibe, instigado por Harald y Halfdan, es bastante entretenido, pero tampoco ofrece nada consistente. Igual de ambiguos son los planes de estos dos: parecen tener celos del poder de Ragnar y Lagertha, pero deambulan de aquí para allá sin que se decidan por nada. La subtrama de la mujer por la que estaba encaprichado uno de ellos tampoco aporta nada a sus personalidades, es puro relleno para ir tirando mientras parece que esperan a que sus objetivos se mueran solos.

Bjorn es el único rol interesante que queda. Nunca me ha gustado mucho, pero es que en comparación con el resto muestra algo de carisma y sabes qué lo empuja, es un vikingo de pura cepa, no las amalgamas en que Hirst ha convertido a los demás. Su proyecto de ir al Mediterráneo ofrece por fin una historia más centrada y atrayente. La parte en que pacta con Rollo y el ataque a Algeciras son emocionantes y prometedores, y además cabe destacar que vemos la Hispania árabe, algo que en cine y series parece no existir por culpa del sesgo occidental. Lástima que dure tan poco y que ande por ahí Floki dando tumbos. Esperemos que en el futuro potencien estas aventuras, que funcionan mucho mejor que las intrigas políticas.

Para el tramo final se anunciaba algo grande: la invasión de Northumbria por el “Gran ejército pagano” dirigido por los hijos de Ragnar. Esto entra ya más en la historia real, porque hay muchas crónicas que relatan todo el conflicto con bastante detalle, al contrario que ocurre con la vida de Ragnar, con quien los historiadores concuerdan en que no hay forma de saber qué es real y de hecho le dan menos credibilidad que a otros muchos vikingos notables de la época. Aquí cabe señalar que en principio no creo que a nadie le importara mucho, ni al más fan de la Historia, que eligieran un personaje misterioso para contar con él cómo era la época vikinga sin tener un rango de acción tan restringido. Pero claro, no es que la fidelidad pareciera importarles a los productores desde un principio: el vestuario moderno (botas de motero, cuero negro, trajes y armaduras muy elaborados, peinados imposibles…) y las invenciones descaradas (las mujeres acompañaban a veces en los saqueos –más bien en los viajes destinados a colonizar- pero no hay pruebas de que lucharan, y menos liderando) siempre han dejado claras las intenciones comerciales, y si con las figuras mejor documentadas (Aelle, Ecbert, Rollo) Hirst juega como quiere, no parece que vaya a ser muy fiel ahora.

Por desgracia esta resulta ser otra trama difusa, irregular, con más fallos que aciertos. El primer problema es que no consigue lanzarla con el interés alto. El capítulo que por fin pone las cosas en movimiento (Venganza, 418) es desastroso, otro a olvidar en un año ya flojo de por sí; lo peor es la sensación de engaño: todo el rato anunciándote una batalla que luego omite abruptamente. ¿No había tiempo o dinero? Pues entonces nárralo de forma que la elipsis no resulte tramposa, molesta. El siguiente episodio por fin levanta cabeza, mostrando acciones más consistentes y llamativas: las distintas estrategias que quieren seguir los hijos y la correcta ejecución de la elegida no está nada mal, aunque ni sumando el conflicto en casa, en Kattegat, llegamos al nivel de épica acostumbrado. La batalla decisiva no llega hasta la finale, y es bastante espectacular, pero también muy básica y breve, y el resto del capítulo deshace las buenas impresiones ofreciendo un desenlace donde de nuevo Hirst elige mal lo que es importante y la atmósfera adecuada y todo sale torcido. El intento de dar una muerte emotiva a Ecbert es incomprensible, es un rol secundario, un enemigo, con lo que el tiempo dedicado a él resulta excesivo e impostado, aburriendo bastante. En cuanto a su vástago, Aethelwulf, sigue siendo insípido, y los líos de la corte con la mujer igual. Mientras, “la tropa Ragnar” no ha tenido ninguna escena destacable más allá de la estrategia de Ivar para la lucha contra los ingleses, y la reunión a la mesa con la exposición de sus planes es un vago posicionamiento para el próximo año.

Así pues, la temporada se despide sin un final de altos vuelos que, como el asalto a París en la tercera, disimule un poco su falta de pegada. Pero en realidad es más grave, porque no hablamos sólo de poca garra, sino de un guion tirando a desastroso, de una serie cada vez más diluida y mediocre.

PD1: Pese a su relevancia, el pueblo que hace las veces de corte de Ecbert (no recuerdo si le dan nombre) nunca se muestra al completo, sólo vemos la entrada por los establos una y otra vez, como si fuera una serie cutre, sin presupuesto. Teniendo en cuenta las recreaciones tan notables de París o Kattegat, resulta extraño.
PD2: Fallida también la presentación de Jonathan Rhys Meyers (Los Tudor) como el obispo Heamund, enfocando a su espada y mostrándolo como si fuera alguien que conoces y debe impresionarte, cuando es una figura histórica tan desconocida que en google da más resultados su breve referencia en la serie que páginas sobre su vida.
PD3: Ni siquiera la música (Trevor Morris más algunos temas tradicionales de grupos como Wardruna) ha funcionado bien este año, con poca presencia y algunos enredos electrónicos discordantes.

Ver también:
Temporada 4, Parte 1.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

VIKINGOS – TEMPORADA 4, PARTE 1.

Vikings
History | 2016
Drama, aventuras, histórica | 10 cap. de 45 min.
Productores ejecutivos: Michael Hirst, Sheila Hockin, James Flynn, Sherry Marsh…
Intérpretes: Travis Fimmel, Katheryn Winnick, Clive Standen, Jessalyn Gilsig, Gustaf Skarsgard, Alexander Ludwig, Linus Roache, Amy Bailey, Moe Dunford, Lothaire Bluteau¸ Morgane Polanski, Owen Roe, Jennie Jacques, Alyssa Sutherland, Peter Franzén, Jasper Pääkkönen, Edvin Endre.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo bastante de las historias principales, aunque sin ahondar en detalles concretos. El final lo comento bien señalado.–

La cuarta temporada de Vikingos se anunciaba como de veinte capítulos, el doble de lo habitual, pero llega con un largo parón en medio, al estilo The Walking Dead. Por lo demás, la narrativa mantiene el estilo y nivel de las etapas previas. Es decir, sigue siendo una serie muy irregular, donde los tramos más pausados o de transición no logran despertar mucho interés y es por sus colosales batalles por las que termina resultando un visionado llamativo. Y como el anterior, este año acusa demasiada irregularidad, teniendo capítulos bastante aburridos. Michael Hirst no termina de encontrar el tono, y a estas alturas no parece que vaya a superar el listón, así que esto es lo que hay.

En los primeros episodios tenemos los habituales conflictos políticos invernales, donde caen condes y se alzan nuevos, tanto en las tierras vikingas como inglesas, aunque ahora se añade también Frankia, o más concretamente París. Northumbria (Inglaterra) comienza con fuerza gracias a una buena batalla, pero en adelante se va diluyendo en los mismos líos de corte que hemos venido viendo: Ecbert ladino y ambicioso se hace poco a poco con más poder, el hijo (Aethelwulf) siendo un petardo que no aporta mucho, la esposa de este, Judith, aprendiendo a sobrevivir entre alimañas, la loca de Kwenthrith metiéndose en complots varios que termina explotando el inteligente Ecbert… Pero a pesar de haber bastante movimiento Hirst no imprime el tono absorbente y atractivo que ofrecía en Los Tudor, sino que aquí todo va con desgana, sin savia. La sección de París sigue el mismo camino, aunque entre la novedad y al tener a Rollo (más cercano a los vikingos) lo hace más atractivo. Pero me temo que a la larga acabamos peor, porque con Ecbert sabemos qué esperar, pero las motivaciones de Rollo para traicionar a su pueblo y masacrarlo no se explican lo más mínimo: la rivalidad con Ragnar no justifica el paso a desprenderse de su cultura y asesinar a los suyos. Igual están las decisiones del rey francés de cargarse a media corte: carece de trasfondo, de una lógica consistente. Más o menos estos eventos siguen a la Historia, pero si no hay datos suficientes para ahondar en los personajes invéntatelo, porque si no tenemos agujeros de guion muy grandes.

Con los vikingos tampoco tenemos algo deslumbrante. Parecía que por fin iba a lanzar el negligentemente postergado enfrentamiento entre Floki y Ragnar, pero termina siendo un largo amago: cual serial mediocre, pronto empieza a oler a cortina de humo para hacer un reset… Y así ocurre. A los pocos capítulos volvemos a que si están peleados y que si no, y Floki haciendo barcos como si nada hubiera pasado. La parte de Lagertha con sus riñas políticas es de nuevo monótona y confusa: sus planes no se explican, sus acciones no parecen justificadas por alguna razón concreta y además algunas no parecen verosímiles (lo de cargarse a un conde y que nadie se cuestione nada). Vaya forma de desaprovechar a un personaje con gran carisma, aunque sean en gran parte por el porte y estilo de la actriz.

En el ecuador de esta tanda nos vamos a un receso: el escritor estira o incluso aparca las tramas principales para no agotarlas, y entramos en un bucle de tres capítulos (del tercero al quinto) donde el aburrimiento hace bastante mella. Ragnar se encapricha de una esclava china y sus drogas, y aislándose en una cabaña las usa para evadirse de sus penurias. Pero es poco creíble que esta mente capaz de orquestar planes complejos y a largo plazo, que ha sufrido de todo en su lucha por el poder, se hunda de tal manera por traiciones que ya ha sobrellevado otras veces. Y desde luego el proceso es insípido y cargante. Bjorn también es puesto en la nevera, casi literalmente, porque se va a otra cabaña, una perdida en los bosques helados, a no se sabe qué. Nos lo ponen estudiando un mapa de Europa, con lo que vi con entusiasmo su partida para explorar nuevas tierra, pero luego resulta que va a buscar su yo interno, porque otra cosa no hace. El caso es que tampoco funciona, este personaje está bien maduro como para necesitar ese viaje. Y no sé si para rellenar, nos ponen una rivalidad incomprensible con algunos del pueblo de Lagertha, que están empeñados en matarlo; esta confusa y cargante trama dura casi toda la temporada, con momentos ridículos como esa visión en que Bjorn muere, una especie de burdo intento de forzar la intriga.

Mientras, a través de la reina Aslaug Hirst mete algunas pequeñas historias con los hijos de Ragnar. Por algo que ocurre en el final de temporada se entiende el intento de dotarlos de personalidad, pero es que no consigue hacerlo, de hecho cuesta distinguirlos y seguir su trayectoria; el único que destaca es Ivar, por resultar más llamativo por las piernas deformes y porque empieza a mostrar su conocida crueldad.

Pasado este suplicio por fin se van sentando las bases de la nueva incursión. Llegan nuevos líderes aliados pero sospechosos de convertirse en rivales en cualquier momento (Halfdan y Harald), Rollo ultima defensas de impresión, y todo se mueve un poco más, aunque no todas las secciones sean perfectas. La parte inglesa no parece llevar un rumbo claro y de hecho termina en el aire, siendo simplemente un previo de lo que esté por venir. En París tenemos partes buenas, como Rollo ganándose su sitio y a su esposa, y malas, como lo citado del rey matando sin venir a cuento a todo quisque. Hasta los vikingos tienen su lastre: la parte de Aslaug con el errante Harbard es un coñazo que tampoco parece apuntar a nada concreto.

Por lo demás, la incursión es de muy buen nivel. Como es habitual todo el proceso se narra con sumo detalle: los planes y esfuerzos de cada bando, los miedos y la tensión de cada personaje, las diversas estrategias, los fallos, los nuevos intentos… Las batallas son de nuevo distintas a todas las anteriores, y aunque la épica no llega al nivel del primer asedio a París sí resulta espectacular y manejan bien el factor sorpresa. El único pequeño pero es que cabría preguntarse si no resultan un poco forzados los fallos en la estrategia de Ragnar, porque oye, que hay como cinco condes más que no los han visto: no explorar la zona que pretendes asaltar (la charca del castillo, menuda cagada) y dejar sin vigilancia y tropas de reserva el campamento son cosas imperdonables, deberían ir de serie en cualquier misión.

Y esta vez el final no se ve venir, suponiendo un giro notable en la trayectoria de todos los personajes…

Alerta de spoilers: Revelo el final con detalle.–

Tras la derrota de Ragnar tenemos un salto temporal que nos lleva a la madurez de sus hijos, así que veremos cuánto de relevo generacional hay, qué le depara el futuro a Ragnar, Lagertha y demás figuras relevantes cuando los jóvenes quieran dejar huella… y la dejarán, a tenor de los hechos históricos. Ahora bien, tener a casi todos los protagonistas heridos tras la batalla y no mostrar el destino de ninguno excepto los Ragnar y Loki (y después del lapso), pues menuda cagada. El que más negro lo tiene es el propio Ragnar, primero porque el fracaso y la huída lo dejaron en muy mala posición, segundo porque la cosa empeora al descubrirse que sabía que el asentamiento de Northumbria fue masacrado, pero también que un hijo suyo nació en la corte inglesa. Esto última suena a drama y misterio barato, esperemos que dé algo de sí.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

VIKINGOS – TEMPORADA 3.

Vikings
History Channel | 2015
Productores ejecutivos: Michael Hirst, Sheila Hockin, James Flynn, Sherry Marsh…
Intérpretes: Travis Fimmel, Katheryn Winnick, Clive Standen, Jessalyn Gilsig, Gustaf Skarsgard, George Blagden, Alexander Ludwig, Linus Roache, Amy Bailey, Moe Dunford, Gaia Weiss, Lothaire Bluteau¸ Morgane Polanski, Owen Roe.
Valoración:

Alerta de spoilers: Ligeros spoilers sobre la trama hasta el penúltimo párrafo (convenientemente señalado), donde destripo el capítulo final a fondo.–

La tercera temporada de Vikings arrastra todavía una serie de limitaciones, altibajos e irregularidades que desaprovechan un potencial latente muy atractivo. La combinación de secciones que tienen una narrativa muy distinta entre sí sigue siendo bastante ineficaz, afectando al ritmo e interés. El guionista Michael Hirst, quien tan inspirado estuvo en Los Tudor, continúa sin encontrar su camino, sin lograr una serie con el equilibrio e inteligencia necesarios para evitar esos problemas.

Ni siquiera mezclando las diferentes líneas se consigue levantar el interés. En el tramo inicial de la temporada las secciones principales avanzan a la par: el plan de Ragnar para establecerse en Inglaterra implica meterse de lleno en las intrigas de Ecbert como aliado suyo contra las intrigas de la princesa Kwenthrith. De esta forma no tenemos las atractivas incursiones y batallas separadas de la farragosa trama de la corte inglesa. Pero aun así, Ecbert no me termina de convencer. Su dibujo es muy clásico y no tiene un estilo o carisma que lo realce y aleje de los rancios clichés de villano ambicioso, ladino y traicionero. La princesa es más simple, y llega a resultar inverosímil: envenena a contrincantes en plena corte y nadie se plantea pararle los pies allí mismo, porque lo lógico es pensar que el siguiente envenenado o asesinado de otras formas serás tú. El hijo de Ecbert es un cero absoluto en interés, y su mujer igual a pesar del romance con Athelstan.

Y la pena es que mirando el desarrollo de acontecimientos en su conjunto se puede observar que los planes de Ecbert son ingeniosos y traen buenas sorpresas: el destino del asentamiento de los vikingos, cómo maneja a todos a su antojo, su gradual domino total de Inglaterra. Pero por desgracia los personajes no tienen fuerza y los diálogos y escenas que les ponen son muy básicos, con lo que se diluye bastante el nivel que se podría haberse alcanzado. Curiosamente, cuando saltamos a París, los nobles de ahí me resultaron más atractivos. Quizá es porque aportan frescura, pero su descripción, que también tira de cosas sencillas, me parece más certera. Eso sí, el ramalazo sadomasoquista del conde es una parida sin nombre. Pero dejo París para luego…

Esta parte en Inglaterra es salvada por los propios vikingos. El carisma de Ragnar sigue siendo arrollador; me encanta cómo vemos que analiza toda situación, aprende y actúa en consecuencia, y siempre lo hace de forma sutil y velada a los demás. La fuerza de Lagertha, decidida a enfrentar nuevos retos sin miedo, también llena la pantalla. Floki y Rollo están mejor desarrollados que antaño, el primero con sus locuras y dudas, el segundo con su esfuerzo por salir de la sombra de su hermano Ragnar. Bjorn y su novia tienen de nuevo una historia simplona, pero ya no me parecen repelentes. Por el lado contrario Athelstan con sus vaivenes religiosos ha llegado a su máximo y se estanca; bien hacen en quitárselo de encima.

Paralelamente al jaleo en Inglaterra hemos tenido las dos tramas menos logradas de toda la serie, dos recesos que distraen de lo importante para llevarnos a la confusión e incluso el aburrimiento. Los líos de Siggy y Aslaug con el mago-vagabundo no hay quien los entienda, y avanzan con una parsimonia desesperante para lo poco que hay que contar. Y los trepas que quieren quitarle el poder a Lagertha en su pueblo resultan muy liosos: los personajes no se presentan ni describen bien, no se sabe quiénes son la mitad de las veces, no despiertan interés alguno, y su intriga es anodina. En París todavía están ahí dando el coñazo, y continúa sin saberse qué pretenden y qué ha pasado en esa pugna por el poder.

Pero en el arco final del año nos prometen la incursión a París, y cuando llega, la serie pega un subidón tan marcado que cuesta catalogar. Cuando llega, porque a Hirst le cuesta un montón lanzarse. Supongo que las limitaciones presupuestarias y el número de capítulos con el que hay cumplir obligan a concentrar ese esfuerzo, pero como he señalado varias veces, en Los Tudor no tenía problemas para manejar con maestría todas las secciones y personajes. Hasta el asalto a las murallas hay un montón de vueltas en círculos sobre los mismos vicios: la incipiente rivalidad entre Ragnar y Floki se matiza demasiado, como si estuviera dirigida para un público tontorrón; Inglaterra sigue estirándose torpemente; y cuando llegamos a París, se nota mucho que el guión marea la perdiz en el campamento a sus puertas para reservar lo bueno. Al menos hacen una más que correcta presentación de la corte de la ciudad, eso sí. El rey y sus dudas, la princesa que conoce bien suposición pero no se deja usar, el conde ambicioso… Todos resultan interesantes a pesar de no ofrecer una descripción compleja.

Y por fin llegamos a los episodios 308 (To the Gates!) y 309 (Breaking Point), tan sobrecogedores que el resto de la temporada parece indigna e inadecuada a su lado. Estamos ante una superproducción que nada tiene que envidiar a muchas películas para cine, y en televisión es de lo más grande que se ha visto jamás en cuestión de batallas. Difícil elegir entre Juego de tronos y ésta, y eso que se nota que el presupuesto es inferior (la recreación digital o pintada de París va muy justita, la torre de vigilancia canta a cartón-piedra). Si ponemos Aguasnegras (209) o Los Guardianes del Muro (409) en competición directa con estos dos de Vikings, la verdad es que no sé con cual quedarme, son un hito sin parangón cada uno en un estilo diferente.

El asedio es completísimo desde el guión a la tremendamente complicada puesta en escena. Hirst cuida todos los detalles de la batalla: las estrategias, las armas y herramientas, la situación de cada personaje, la tensión y miedos que sufren… De esta forma el conflicto además de fascinante como espectáculo es narrativamente impecable: fluye con nitidez a distintos niveles, sin descuidar la intriga creciente en pos de ese detallismo, mostrando muy bien el desarrollo, los problemas y los cambios de situación. Y a la hora de darle vida los directores Kelly Makin (308) y Ken Girotti (309) están espléndidos. Tienen bastante experiencia en series, pero en obras menores y de escasa complejidad, ningún título remarcable que denotara habilidad para manejar una superproducción de este calibre; al menos Girotti lleva a cuestas varios capítulos de esta serie, pero Makin llegaba nuevo. Y ambos cumplen con creces, regalando una batalla antológica. Cabe destacar también la eficaz banda sonora de Trevor Morris y la acertada inclusión de temas del grupo Wardruna.

Momentos para rescatar en estos dos sublimes episodios hay muchos. Mi favorito es uno cruelmente divertido, el del vikingo que va a ser decapitado y se la juega al parisino que lo sujeta, acabando el pobre sin manos. Pero los que quitan la respiración son obviamente los momentos cruciales del conflicto: las torres de asedio, el fuego, las ballestas fijas, y sobre todo el rodillo del puente.

Sin embargo el esfuerzo parece haberse ido en recrear la batalla. A la hora de cerrar la temporada en el capítulo final Hirst está más descentrado que nunca. El desastre es notable y lamentable. Son tantas las cagadas, las ideas mal planteadas y peor ejecutadas, que las enumero por separado en vez de desarrollar un largo y farragoso texto:

Alerta de spoilers: Spoilers gordos del capítulo final, salta al último párrafo si no quieres destriparte todo.–

-La falsa muerte de Ragnar es una vergüenza. Lo medio justifican con que el hijo lo sabía, pero es ridículo no exponer el plan al resto de tus capitanes para que actúen como deben. Vaya engaño chusquero hacia el espectador. Por no decir que la estrategia es tan improbable que no cuela. ¿Ningún amigo quiere ver el cuerpo o besarlo como despedida, ningún parisino comprueba el contenido del ataúd? Y si nadie lo sabía (salvo obviamente los que iban con el ataúd), ¿qué hacen todos esperando en la puerta con las armas listas?
-Ganas el acceso a la cuidad, saqueas una parte… y te vas sin importarte que cierren las puertas otra vez, pero piensas en volver el año que viene. ¿No te cabía todo en los barcos? ¿No podían destrozar las puertas y defensas para poder volver a por más cosas y llevarlas al campamento, donde no parecen querar atacar los parisinos? Supongo que se puede pensar que, si les da tiempo a los parisinos a organizar la defensa dentro de la ciudad, pueden superar a los vikingos, pero no sé, no se explica nada.
-Que se quedan unos cuantos para preparar el próximo asalto el año que viene… Pero qué memez: en vez de reservar el factor sorpresa dices a las claras que seguirás ahí, y para colmo, con una guarnición reducida para que París arme a todos sus hombres o lleguen refuerzos y vayan a por ti.
-El matrimonio con Rollo y la princesa… ¿Tiene alguna base histórica? Porque parece bastante absurdo también tal y como lo exponen. Por cierto, la actriz horriiible.
-Frase final en plan golpe de efecto: “séeee que mataste a Athelstaaaan”. Pufff, cuánto tiempo llevan amagando con enfrentar a Ragnar y Loki.
-Nada más digno de mención en todo el episodio, que es puro relleno alrededor del burdo engaño.

Fin de spoilers

Ya podemos señalar To the Gates! como uno de los diez mejores capítulos del año, que no se puede ocultar lo evidente: la temporada es la más irregular de la serie, en vez de madurar se van haciendo más patentes sus limitaciones. Y para colmo, el final es un despropósito. A mí me apena mucho, porque sólo con Ragnar y Lagertha me tienen ganado, y con las batallas que se montan me dejan flipado. Pero el conjunto me temo que no da la talla.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

VIKINGOS – TEMPORADA 2.

Vikings
History Channel | 2014
Productores ejecutivos: Michael Hirst, varios.
Intérpretes: Travis Fimmel, Katheryn Winnick, Clive Standen, Jessalyn Gilsig, Gustaf Skarsgard, George Blagden, Alexander Ludwig, Donal Logue, Linus Roache, Ivan Kaye, Thorbjørn Harr, Nathan O’Toole, Alyssa Sutherland.
Valoración:

A pesar de que lo esperaba, dado el irregular primer año, no hay un crecimiento lo suficientemente notable como para encontrar una segunda temporada redonda, quedando otra sesión de ritmo algo irregular donde se nota mucho el cambio entre secciones (política, aventura, drama) y continúa siendo clara la impresión de que algunos personajes secundarios no se libran de un dibujo muy básico (Rollo, Bjorn, Siggy y Aslaug son muy mejorables) y otros son desaprovechados a pesar de su gran potencial (Lagertha sobre todo).

El romance del hijo con la esclava es de manual y aburre cosa mala. Siggy (la trepa de la corte) sigue sin resultar atractiva, siempre mete las narices en todo pero no se logra que el personaje tenga dimensión suficiente como para que sus supuestos problemas y ambiciones lleguen al espectador. En Rollo este problema es más acuciado, al ser más importante: sus cambios de lealtad y sus intentos de levantar cabeza tras decisiones malogradas no parten de motivaciones bien expuestas, y si no entendemos por qué hace lo que hace, no puede interesarnos su vida, de hecho por lo general es un personaje bastante cargante. La princesa con que se casa Ragnar, Aslaug, tiene una buena sección, esa donde el exilio destruye su cómoda forma de vida, pero aparte de eso no aporta mucho, y cabe pensar que Ragnar sólo la usa para procrear, porque si la intención es mostrar que está enamorado de ella no se llega a conseguir correctamente.

No hay quejas en el propio Ragnar, que sigue resultando un personaje central muy potente. Su progresismo choca contra la tradición, su ambición e inteligencia le hacen ganarse muchos enemigos, pero siempre actúa con cautela cuando es necesario y con mano muy dura cuando no queda otra, y va saliendo más o menos airoso de todo de forma por lo general bastante espectacular. El monje Athelstan continúa siendo muy atractivo y su estancia en Northumbria aporta nuevas e interesantes capas. Loki como amigo chiflado mantiene el tipo, aunque al final le pongan encima una historia que sale algo torcida. Y los rivales de Ragnar adquieren mayor atractivo. Los líos con el jarl Borg y las disputas con el rey Horik ofrecen una buenaa intriga sobre el porvenir de todos los implicados, y tanto la figura del rey Ecbert como su entorno (en especial la citada estancia del monje) están muy logrados, agradeciéndose sobre todo que nos muestren el bando inglés, con sus propias costumbres y formas de ser.

En cuanto al ritmo y equilibrio de las tramas, continúa resultando palpable la ausencia de un arco narrativo concreto. Sí, todo gira alrededor de las incursiones y los problemas que van surgiendo alrededor de ellas, pero se van tratando las cosas por separado (unos capítulos de batallas, otros de rivalidades y dramas personales, otros de alianzas y conflictos políticos), lo que se traduce en cambios de ritmo bastante marcados. Dado el argumento parece inevitable saltar entre estilos, pero eso no implica que haya tanto desequilibrio, que las tramas vayan a trompicones. Los tramos dedicados a las incursiones siguen siendo los mejores, porque se esfuerzan mucho en rodar bien las batallas, con lo que la épica está garantizada, pero la parte política sigue resultando mejorable, pues si bien la intriga con las fuerzas extranjeras ha ganado densidad, las alianzas en casa son algo irregulares todavía. Aunque la temporada empieza bien (el ataque de Borg al pueblo y sus consecuencias, los altibajos de la alianza con Horik) llega un punto en que tanto cambio de situación, de bando y de ideas cansa, porque no se ve que avancemos realmente hacia ninguna parte. Que si Lagertha viene y va, que Rollo duda una y otra vez, que si ahora este conde o duque y aquel otro apoyan a Ragnar y ahora no…

En la parte final se nota muchísimo este problema de cohesión. La batalla crucial contra Ecbert y Aelle es memorable, pero luego el conflicto se resuelve demasiado rápido a pesar de las buenas maneras que apuntaba, como dejándolo en suspenso para pasar a otra trama que necesitaban quitarse de encima, la de Ragnar contra Horik. Cuando empiezan a mostrar que Floki se va con Horik el interés está ya bajo mínimos, y este último juego de traiciones y engaños es demasiado forzado e inverosímil. Termina el año con la parte más previsible y además en un capítulo donde se nota a la legua que no había material para la duración estándar.

La intriga política, los conflictos de intereses y los roces personales que Michael Hirst ofreció en Los Tudor mantenían un equilibrio excelente, siempre avanzaban con paso firme y enorme intensidad, pero en Vikings navegan entre tropiezos y altibajos, a medio gas, sin terminar de sacar todo el potencial latente. Estamos ante una correcta serie de aventuras, con el atractivo de ser un acercamiento serio a la historia vikinga, pero de Hirst se esperan guiones más complejos y consistentes y personajes con mayor calidad.

VIKINGOS – TEMPORADA 1.

Vikings
History Channel | 2013
Productores ejecutivos: Michael Hirst, Alan Gasmer, Sheila Hockin, Sherry Marsh, Morgan O’Sullivan, John Weber.
Intérpretes: Travis Fimmel, Katheryn Winnick, Clive Standen, Jessalyn Gilsig, Gustaf Skarsgård, Nathan O’Toole, George Blagden, Ruby O’Leary, Gabriel Byrne.
Valoración:

History Channel sigue adentrándose en la producción de series propias con Vikings, donde se narran las andanzas de uno de los vikingos más conocidos, Ragnar Lothbrok (o Lodbrok), quien allá por el año 800 fue pionero a la hora de adentrarse en nuevas tierras para saquear y provocó profundos cambios en su propio país. Michael Hirst, autor de la espléndida e imprescindible Los Tudor, vuelve a escribir sus guiones después del fracaso que supuso dejar que otro lo hiciera en la floja Camelot.

El acercamiento histórico a una época de la que no hay descripciones del todo claras es bastante loable. Hirst no se limita a mostrar los puntos clave en la historia de Ragnar, también llena de detalles cotidianos la narración, dando un aire de realismo constante, y se agradece además que no suaviza ni embellece la dura vida de aquellos años para que resulte más cercana al espectador actual: toda la violencia de los vikingos se muestra sin censura, sea por sangre o por crudeza (en las incursiones masacran sin piedad), la actividad sexual no se oculta (tríos incluidos, aunque sin enseñar mucha carne) y el comportamiento de los personajes se acerca muy bien a lo que sería la realidad (supersticiosos, brutos, etc.). Destacan los choques culturales vividos por el monje secuestrado, quien se queda flipado ante los sacrificios y violencia de estas gentes, o el penúltimo capítulo, centrado todo él en temas religiosos y de sacrificios y que resulta un inciso a las tramas generales pero resulta fascinante.

Hirst aprovecha muy bien las incursiones para ofrecer aventura de gran espectacularidad. La odisea de Ragnar resulta muy atractiva desde todos los frentes que abarca: su obstinación y visión para sacar adelante sus planes, los problemas políticos (los miedos del jefe conservador), los preparativos del viaje (medios, tripulación), la difícil navegación y por su puesto las estrategias y batallas que saca adelante en los saqueos, cada uno de ellos distinto al anterior. Además, Ragnar es un personaje enorme, y en estos tramos destaca aún más: su paciencia y frialdad a la hora de enfrentar los problemas, el carisma arrollador que consigue fidelidad en sus compañeros a pesar de sus ideas visionarias y despierta temores en su adversarios. El casting ha estado acertadísimo, pues Travis Fimmel transmite tanto ese aura de líder como el resto de matices del personaje, pues muestra muy bien el cambio de los primeros episodios (osado, valiente) a los últimos (abrumado por conflictos importantes).

En el aspecto dramático la serie se centra en la familia y amigos cercanos de Lothbrok, y se cuida bastante bien el rol de cada uno. La esposa, Lagertha, es dura y leal como los tiempos mandan; muy bueno el casting también con Katheryn Winnick, sobre todo porque su físico (en especial su mirada de mujer peligrosa) es perfecto para el papel. El hijo presenta los conflictos habituales (quiere seguir a papá) y por ahora se utiliza muy bien, teniendo la presencia e historias justas y necesarias; la hija queda un plano más secundario, aunque al final gana algo más de presencia. La relación con el esclavo, Athelstan (George Bladgen), quien se convierte más bien en amigo de la familia, es muy interesante, y su cambio gradual de acojonado a fascinado se maneja muy bien. Compañeros de andanzas como Floki (Gustaf Skarsgård) hacen pensar en que es una lástima que no hayan dado más protagonismo a otros secundarios, pero realmente el único que sale mal parado el hermano de Ragnar, Rollo (Clive Standen), quien necesitaba más definición para resultar más llamativo, pero por desgracia en vez de ganar con los episodios va perdiendo, pues la creciente trama de conflicto con Ragnar no resulta creíble y su destino en el final de la temporada se expone fatal.

Presupuesto había bastante y la realización es buena, con correctos decorados y exteriores bien aprovechados: la fotografía de los grandes paisajes de Irlanda (rodar ahí es más barato que hacerlo Escandinavia) ofrece escenas de gran belleza, las batallas se planifican y ruedan muy bien, de hecho resultan impresionantes teniendo en cuenta que es una serie. Sólo se ve alguna limitación en las escenas de alta mar, donde la falta de medios no se consigue disimular del todo bien.

El gran escollo de Vikings en este primer año es la falta de rumbo, de una trama bien planteada y bien escrita antes de lanzarse a rodarla, algo que resalta al pensar que en nueve escasos capítulos se debería haber ido al grano con mayor dirección e intensidad. La mezcla de la vida en casa, los conflictos con el conde, los viajes a nuevas tierras y las nuevas intrigas creadas al final del año con el jarl (o duque) no se hilan del todo bien, funcionando unas mejores que otras y fallando en su conexión y fluidez, traduciéndose en bastantes altibajos de ritmo e interés de un capítulo a otro. La parte del conde de hecho falla estrepitosamente, siendo un gran lastre en los primeros episodios. El rol interpretado con algo de dejadez por Gabriel Byrne (no pone tanta pasión como en In Treatment, quizá porque el personaje no lo permite) resulta bastante mediocre. Es un cliché con patas, sus ambiciones y miedos obedecen a patrones demasiado vistos, con lo que resulta muy predecible y a veces le falta la fuerza e incluso verosimilitud suficiente como para que toda la historia de rivalidad con Ragnar resulte eficaz. Además, su esposa aburre y parece que la mantienen en la serie por obligación, pues evidentemente no saben qué hacer con ella, y la hija es completamente intrascendente a pesar tener un par de amagos donde parecía cobrar protagonismo. La citada intriga con el jarl iniciada en el último capítulo también guarda potencial pero no empieza nada bien, de hecho como desenlace de temporada deja bastante que desear.

Espero que limen esas notables asperezas en el próximo año, porque Vikings guarda gran potencial en la por ahora fallida trama política debido a la notable trayectoria de Ragnar y otras grandes figuras vikingas que podrían incluir. Habrá que ver también si el drama familiar sigue por buen camino después de los rebuscados giros del último episodio: la repentina epidemia y la muerte inesperada y forzada de algunos secundarios no parece un argumento muy bien meditado, contribuyendo a que el cierre de temporada resulte bastante decepcionante. En cuanto a la aventura y la recreación histórica, aquí no hay pega alguna: si te gusta el género Vikings es una apuesta estupenda. El tramo centrado en las incursiones es notable, con picos impresionantes, e incluso en secciones donde el conde es protagonista hay partes muy gratificantes, como el ataque a la casa de Ragnar y su épica huida.