THE FOLLOWING – PRIMERAS IMPRESIONES.

El agente del FBI Tom Hardy (Kevin Bacon) se hizo famoso por atrapar al temible asesino en serie Joe Carroll (James Purefoy). Retirado desde hace años por incapacidad (lleva un marcapasos, regalo de Carroll) y convertido en alcohólico, es llamado como colaborador para volver al caso: Joe se ha escapado. La fuga no dura mucho, pero entonces se descubre que su intención era otra: activar un gran plan que ha creado convirtiéndose en el líder de su propia secta. Un montón de seguidores ejecutan sus órdenes para volver loco a Hardy y el FBI: secuestra al hijo que tuvo con su exmujer (Natalie Zea), comete asesinatos a través de estos fieles, marea a sus persecutores como le place…

Mi primer temor al ver el episodio piloto, un inicio bastante tradicional pero efectivo (tramas a toda leche para intentar impactar, con lo que se pierde algo de solidez en favor del efectismo fácil), era que la serie fuera un procedimental clásico y se desperdiciara el atractivo planteamiento y el llamativo reparto. Los siguientes capítulos me quitaron temporalmente esa sensación, porque parecía que la trama iba a desarrollarse a través de un arco más amplio y complejo. Sin embargo, pronto se ve que en realidad no es más que una pequeña evolución del procedimental y que no es capaz de quitarse de encima sus problemas más graves: el caso repetitivo cada episodio o pocos episodios, que por mucho que forme parte de la historia principal no parece dejar muchas secuelas y, sobre todo, sabe a improvisado; la nula evolución de personajes, que en cada capítulo repiten su esquema predefinido; la impresión de que pase lo que pase el único desenlace posible es volver al statu quo.

La relación de personajes con el villano es superficial, intrascendente. Carroll aparece un par de veces por capítulo para completar el cupo, sea en algún flashback o sentado en la cárcel, y ya está. No se genera ningún tipo de atmósfera a su alrededor, ningún halo de misterio o magnificencia. Se remarca mucho que es una persona cautivadora, capaz de motivar a la gente para cometer crímenes, un tipo que se ha montado una secta enganchando seguidores únicamente a través de las pocas visitas que recibe en la cárcel… Y no, eso no se ve cuando Carroll aparece en escena, ni siquiera cuando tiene más posibilidades de desarrollarse mejor, en los flashbacks. Y teniendo en cuenta que la serie se vende como la compleja lucha contra este genio del crimen, pues vaya si se queda corta. El excelente actor James Purefoy (conocido sobre todo por Rome) cumple sin más, porque no hay mucho de donde sacar partido.

La descripción de Hardy y de su equipo está llena de clichés, pero Kevin Bacon tiene carisma de sobra para hacer interesante su rol. Sin embargo, todos estos personajes necesitan más definición, y más evolución, sino se estancarán como la trama. Los flashbacks pienso que son la salvación de Hardy, si los usan bien: ahí es donde pueden darle trasfondo y acercarnos a sus motivaciones y problemas. Por ahora me temo que no son aportes espectaculares a la concepción del personaje, pues señalan cosas evidentes que se podrían colar más sutilmente sin necesidad de tanto metraje: la previsible relación con la mujer de Carroll, la por ahora aburrida forma en que localizó y siguió al asesino (otra parte supuestamente importante que no da mucho de sí), etc. Los miembros de la secta se dividen en dos clases: los que aparecen para el caso del día y morirán rápido y los que tienen más trayectoria. En este segundo tipo el trío que secuestra al niño tenía potencial: la chica resulta inquietante además de bella (Valorie Curry lo hace bastante bien), los falsos homosexuales muestran bien la tensión de la situación… Pero a la larga el guión los mete en embrollos rebuscados, inverosímiles y mal ejecutados. Queda por ver si en el futuro llegarán a algo más interesante.

El problema más grave de la serie es la sensación de que la historia se inventa sobre la marcha. Los nuevos miembros de la secta salen de la nada, y los flashbacks tratan de generar el trasfondo para el capítulo actual pero sin lograr mucha densidad. Una buena serie deja ver que lo que se está contando tiene una base sólida y una maduración o evolución sostenida y verosímil. Aquí, cada capítulo, trama, personaje y explicación es un nuevo anexo puesto encima del anterior según llega. Y por si fuera poco la credibilidad falla notablemente. Es difícil de creer que Joe pudiera crear tal culto desde la cárcel, pero bueno, se hace el salto de fe de rigor… Pero conforme la serie avanza se acrecienta la mala sensación y además unen más factores, con lo que el salto se hace demasiado grande. Llevo seis capítulos y la cantidad de gente que hay tras Joe es exageradísima, por no decir que no me creo que una cárcel, y más con un preso de tal calibre, no guarde registro de visitas con la que hacer una lista de sospechosos. Y por desgracia no es la premisa lo único que queda un poco débil o cojo: los distintos casos son muy predecibles y están llenos de agujeros de guión. Sirva de ejemplo la cantidad de desatinos que acumula el sexto episodio, donde decidí que ya me habían engañado bastante y que dejaba de seguir la serie, pues el salto de fe se convierte directamente en un salto del tiburón tras otro.

–Alerta de spoilers: si no has visto hasta el capítulo seis, salta al siguiente párrafo.–

-El agente Mike (Shawn Ashmore) recibe información nueva sobre el estado del perímetro que están controlando varias agencias (FBI, SWAT…) y no informa al resto, sino que sin ninguna razón se lo guarda para él (me refiero a cuando Ryan avisa de que Emma huye con el crío).
-Este agujero enorme está forzado por la siguiente parida: la agente local, la rubita, es otra de la secta. Yeah, cualquiera puede ser un loco de estos sin venir a cuento, solo porque al guionista se le ocurra.
-En semejante perímetro pueden ser abatidos dos SWAT y ser sustituidos por gente que se disfraza de ellos en un instante. De película cutre.
-El colega del FBI de Ryan, Mike, por su puesto se salva de morir porque lleva chaleco. Ahá, la agente convertida a la secta, que lleva con él todo el día, no sabe eso, claro, ni sabe disparar, claro.
-Y finalmente, todos estos requiebros unidos vuelven a poner el statu quo en marcha: el niño secuestrado, los agentes tras él, la mamá en casa llorando…

En su momento me alegré de que no fuera un procedimental repetitivo a lo CSI. Pero por el contrario es una huida hacia adelante improvisada y sin pies ni cabeza. Viendo el panorama, el episodio siguiente puede ser más rebuscado y absurdo que el anterior, y todo lo que ocurra podrá ser espectacular en apariencia, pero como no puede alterar la premisa de la serie cada cierto tiempo se reseteará sin consecuencias (como los peores momentos de House). El estilo a lo Seven o El silencio de los corderos que pudiera tener se ha esfumado, esto es una de acción del montón. Dudo que pueda captar mi interés, salvo cambio brutal en la dinámica, cosa muy improbable. Lo más probable es que ya haya mostrado todo lo que puede dar de sí. O sea, muy poca cosa.

PD: la música imitando descaradamente a la banda sonora de Contagion (Cliff Martinez) me resulta mosqueante.

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