Archivo mensual: marzo 2013

GIRLS – TEMPORADA 2.

Girls
HBO | 2013
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Christopher Abott, Alex Karpovsky.
Valoración:

Alerta de spoilers: Analizo el rumbo de cada personaje a fondo.–

La segunda temporada de Girls sigue ahondando en el retrato de unas jóvenes neoyorquinas que tratan de abrirse camino en el difícil paso de la juventud a la edad adulta. El análisis que hace su autora, Lena Dunham (creadora, escritora, directora y protagonista), de esta generación que es incapaz de crecer gana en calidad y profundidad, regalando una temporada de muy buen nivel donde destacan no pocas escenas geniales, algunas acumuladas hasta formar capítulos impresionantes. El egocentrismo de Hannah, la soledad de Marnie, los miedos de Shoshanna, la madurez de Ray o la sinceridad bruta de Adam exponen con habilidad las limitaciones habituales a las que nos enfrentamos a ciertas edades: el aislamiento o soledad, el fracaso social y laboral, la incapacidad para salir adelante en baches y recaídas, los amoríos, la familia…

Hannah sigue dando vueltas en círculos. Los amigos los mantiene a duras penas, las relaciones amorosas no le duran, la familia quiere cortar con ella para que salga adelante por su cuenta. Su ensimismamiento y ego le impiden abrirse al mundo, aceptar sus limitaciones y vivir en sociedad. La mayor parte de sus acciones la encierran en este bucle, incluso llevándola hacia atrás: el tiempo en el que comparte piso con el exnovio que salió del armario es como volver a la universidad, es decir, al idealizado mundo del estudiante, sin responsabilidades ni miradas al futuro. La fiesta con la cocaína es el máximo exponente de este tramo, y un episodio delirante.

Quizá esa falta de maduración la lleva a la ruptura con Adam: no está preparada para una relación estable rodeada de sinceridad y confianza. A partir de aquí el círculo se convierte en espiral. El limbo en que está su trabajo como escritora parece terminarse al encontrar precisamente su objetivo: la posibilidad de publicar un libro. En el proceso tiene una aventura digna de citar: el capítulo One Man’s Trash (205), centrado casi exclusivamente en su viaje sexual con un cuarentón (Patrick Wilson), para muchos ha sido el episodio del año (no para mí, aunque fuese estupendo), sobre todo por su habilidad para mostrar tanto con tan poco. En resumen, Hannah podría estar viendo su futuro (soledad, aunque se acompañe de éxito), y por mucho que parezca haber disfrutado del paréntesis cabe pensar que en su interior el mensaje ha calado.

La presión a la que se ve sometida llega en un momento de extrema soledad y retraimiento, y las consecuencias pronto se deja notar: depresión y reaparición de un síndrome obsesivo compulsivo. Algunos espectadores se han quejado de que esto sale de la nada y es muy forzado… Primero, no veo por qué puede ser forzado: encaja con el personaje perfectamente, por no decir que toda esta trama es gloriosa, desde su magnífica presentación en la cena con los padres al rescate romántico de Adam, pasando por la espectacular visita al psiquiatra o los temibles principios del camino de la autolesión, con el tema del bastoncillo. Segundo, sí se menciona de pasada en la primera temporada, al hablar de su aislamiento y masturbación compulsiva en alguna ocasión. La temporada acaba para Hannah como acabó el primer año: Adam está ahí, es decir, tiene otra vez la oportunidad de levantar cabeza y abrirse al mundo. ¿La aprovechará?

Aunque Hannah sigua siendo la protagonista absoluta, esta temporada se centra mucho, y muy bien, en Marnie. Pierde el trabajo y el novio y termina dando tumbos en una situación extraña y temible para ella: desamparo, soledad y destino incierto. Tibios intentos de reencontrarse a sí misma (lo del canto es un puntazo, el lío con el artista estaba abocado al fracaso, pues era una farsa idealizada) la llevan a través de un proceso de evolución muy interesante que desemboca en un tramo final estupendo. Cuando se da cuenta de que su ex, Charlie, ha alcanzado el éxito y la estabilidad, ella ve todo lo que ha perdido, y cae en su órbita hasta encontrarse también su madurez en el tema sexual, con lo que cae rendida a sus pies. ¿Ha sido un reencuentro con el amor, o está poniendo parches a su vida, aferrándose a una ilusión de felicidad? Uno de los mejores logros de Girls es que nada se da mascado, ni se cae en el sentimentalismo facilón (y mucho menos en el manipulador). El destino de Marnie está abierto a interpretación, cada espectador puede aportar su visión, experiencia y esperanzas.

Shoshanna, en su relación con Ray, empieza a dar sus primeros pasos en el tema estrella en la serie: el paso a la edad adulta. Y se asusta. Los miedos la atosigan: no estar a la altura, hacerlo mal, no estar preparada (tronchante la discusión sobre juegos sexuales, donde no se entera de nada)… y probablemente también se obsesiona con estar cerrándose puertas (vida, experiencias) al atarse a un novio, y por eso quizá tiene la aventura. La confusión mental que tiene no es pequeña: parece querer a Ray (o no, de nuevo, todo está abierto a interpretaciones: los sentimientos son difíciles de comprender y enfrentar), pero no es capaz de aceptarlo. La ruptura es otro momento extraordinario: exagerado, irreverente, divertido… y a la vez verosímil, natural, emotivo. De ahí a lo típico pero no por ello menos eficaz: a zorrear para sentirse viva… o para fingirlo.

A lo tonto, Ray ha ganado un protagonismo notable, que rivaliza con el de Adam. Y es muy de agradecer que haya réplicas masculinas con tanta presencia. Ambos son caóticos a su manera, pero también representan en cierto modo un ideal de estabilidad y madurez. Me encanta cómo Ray se asombra ante la ingenuidad de Shoshanna, que probablemente sea uno de los aspectos de ella que le atraen (sacándolo así de su mundo adulto conocido y tétrico y transportándolo a la fantasía y esperanza juvenil), y cómo intenta a veces sembrar cordura en el grupo, sin mucho efecto. De Adam me engancha su estilo excéntrico y directo. Muy interesante también su relación con la chica que conoce en el tramo final de la temporada, que se va al traste cuando Hannah aparece otra vez en su vida. Su forma de cambiar la dinámica de la relación, de fluida a difícil, por culpa de los sentimientos encontrados, es quizá lo más duro y cruel de la temporada: la escena del lefazo encima de la chica es un tanto asquerosa, en el término sentimental más que en el sexual.

La que sale perdiendo esta temporada es Jessa, que está prácticamente desaparecida. Parece que su parte se fue al traste por el embarazo de la actriz, con lo que el personaje, que tenía poca presencia en el primer año, en este se lo tienen que quitar de encima. En el poco tiempo que aparece vemos que el matrimonio como era de esperar sale mal, pues se descubre como otra huida hacia adelante poco meditada. Como solución, Jessa hace lo único que parece saber hacer: vuelve a huir. Por desgracia, el único episodio donde tiene más presencia (207, Video Games) es el único malogrado de la temporada: el viaje a sus orígenes (la familia, el pueblo) no termina de encontrar un rumbo tangible, con lo que Jessa sale de escena casi sin haber aportado nada a su personalidad. Habrá que ver qué pasa con ella en el futuro.

El acercamiento que hace Girls a los sentimientos y problemas juveniles es notable, magnífico en muchos momentos: inteligente, rebuscado y sutil a veces, pero siempre verosímil y emocionante. Se agradece una serie alejada de tópicos cansinos y la simplificación maniquea que suele verse en el género. La progresión de los personajes es bien tangible, en un estilo caótico y ambiguo como la vida misma. La combinación de drama y comedia está muy bien hilada. Los diálogos son largos y veloces y están llenos de humor agridulce con un estilo inconfundible y brillante difícil de describir, pues dentro de tanta excentricidad y salidas de madre siempre hay perlas de sabiduría abordadas con mucho ingenio. La temporada deja unas cuantas escenas memorables para remarcar: la cena con todos los amigos juntos, que se desmadra poco a poco (en el 204, It’s a Shame About Ray); el paseo de Adam y Ray con el perro y las mentiras que se lanzan Hannah y Marnie después de la ruptura de esta última, donde ambas envidian la felicidad (falsa) de la otra (206, Boys); cuando los padres de Hannah se dan cuenta de la aparición de sus tics, y la posterior visita al psiquiatra (208, It’s Back)…

Como aspecto negativo debo citar la obsesión de Lena Dunham por aparecer desnuda sin que la escena lo necesite. No sé si pretende lanzar el mensaje de “el cuerpo de las feas es normal” o qué, pero lo haga o no, reincide tanto y de forma tan innecesaria que termina resultando cargante. Es como el criticado sexo en Juego de tronos: ni siquiera funciona como erotismo lúdico (como el de True Blood), es que no pinta nada.

Y quiero terminar con una reflexión paralela. Me resulta sorprendente el impacto mediático de Girls. No hay medio oficial o amateur en el mundo de las series que no hable de Girls constantemente, y además con posturas enfrentadas. Que si es una serie extraordinaria o que si Lena Dunham es una egocéntrica creída y su serie una chorrada. Sinceramente, no veo material para tanto revuelo, ni mucho menos para generar polémica. No hay tramas, ni personajes, ni escenas raras o transgresoras como para merecer tantísima atención. Que sea una serie con un estilo original y propio no me parece suficiente para generar tal convulsión (cuántas hay así). Sin ir más lejos, la cancelada Hung tenía muchos más motivos para generar polémica (prostitución masculina a la cabeza) y muchas escenas escandalosas, y pasó sin pena de gloria. Al final está claro que todo esto es simple y llanamente una moda: algún medio popular empezó el juego con un entusiasmo que se contagió a los demás. Y claro, tanto foco encima genera el clásico problema de maximizar o exagerar las cosas de forma absurda. Ahora ya no se habla de si me gusta o no me gusta la serie, sino de si es una maravilla o una puta mierda, y he visto críticas de gente que se obliga a escribir porque es el tema de moda y se empeña en tomar partido en este juego del blanco y negro, como si no hubiera más opciones. No es raro ver a gente que no ha conectado o no ha entendido la serie y se fuerza a hablar sobre ella soltando sin sentidos, analizando los comportamientos de las protagonistas desde una perspectiva equivocada, empeñándose en que cada arco tiene un único sentido (he visto a algunos que no entienden el final de Charlie y Marnie, ni aceptan que Hannah se deprima “porque no le pasa nada”). En fin, supongo que el precio de la fama es toda esta tontería, pero bueno, sólo quería dejar constancia de mi desagrado sobre el opinar porque sí sin tener ni idea de lo que se dice.

RIPPER STREET – TEMPORADA 1.


Ripper Street
BBC | 2013
Productores ejecutivos: Richard Warlow.
Intérpretes: Matthew Macfadyen, Jerome Flynn, Adam Rothenberg, David Wilmot, Jonathan Barnwell, MyAnna Buring, Charlene McKenna, Amanda Hale.
Valoración:

Estamos en Londres en 1889, en el barrio Whitechapel donde recientemente el Destripador (The Ripper) sembró el caos descuartizando a varias prostitutas para luego desaparecer sin más. Su huella se siente en el ambiente: la población está asustada, cada nuevo crimen pone a todos en tensión por si el monstruo ha vuelto, los grupos de vigilancia vecinales ponen en apuros a los agentes de la ley con sus métodos salidos de la ira del momento… En la comisaría del distrito, el detective inspector Edmund Reid (Matthew Macfadyen) trata de volver a la situación normal, a pesar de que los fantasmas del Destripador siguen acosando la zona. Pero Reid tiene sus propios fantasmas también: hace poco sobrevivió al naufragio de un barco donde su hija fue dada por muerta. Al no haberse encontrado el cuerpo, la esperanza lucha contra el duelo, y su vida y matrimonio resienten la situación: la esposa se hunde en la pena y se vuelca en la iglesia, y él camina con la aflicción a cuestas, algo que notan y sufren sus compañeros.

En sus investigaciones le acompañan su fiel sargento Bennet Drake (Jerome Flynn), rudo como los tiempos requieren pero de corazón gentil. Se ha hecho recientemente con la ayuda del Capitán Homer Jackson (Adam Rothenberg), un estadounidense que parece haber huido de su país por alguna oscura razón. Su habilidad como cirujano y científico es notable y su labor crucial en la comisaría, aunque su lealtad no esté del todo clara. Pocos personajes secundarios acompañan al trío: algún agente con algo de presencia (el joven novato, sobre todo) y las prostitutas del burdel donde Homer se ha asentado.

Como Copper, Ripper Street es un policíal clásico, de los de patearse las calles, tirar puertas abajo y zurrar para sacar información. Las historias narradas son sencillas pero muy interesantes, y destacan porque se sumergen muy bien en el ambiente de la época (la forma de pensar, la situación social y económica) y entre medio de ellas se trabajan correctamente los personajes principales. Ocho episodios pueden parecer pocos, pero todos son largos, casi de una hora, y dejan muy buen sabor de boca: no falta ni sobra metraje. El único pero notable es la impresión de que había potencial para más, y de que el desenlace deja un poco insatisfecho, pues aun centrándose en la trama principal del año (el misterio de la hija de Reid) no termina de adquirir el nivel de emoción esperable. Al menos, el giro sorpresa final está muy bien, y la evolución de Reid y los que están a su alrededor (esposa, amante, amigos) es notable a lo largo del año.

Las labores de producción son impecables. El Londres de la época se recrea de forma espectacular, digna de una superproducción cinematográfica: un vestuario excelente, decorados muy detallados, exteriores constantes, amplios y recreados con esmero, más unos fondos digitales o pintados alucinantes (superiores a los de Copper, que se notaban un poco). La puesta en escena es bastante correcta, y aunque no sea de gran nivel aprovecha bien los recursos gracias a una buena fotografía. El único punto negativo es que el montaje a veces resulta muy apresurado: una serie de estas características, pausada, muy dada a canalizar situaciones a través de la expresión de los personajes y, sobre todo, fotografiada como una producción de época, pierde enteros cuando en alguna escena el editor se vuelve loco enlazando planos a toda velocidad. El reparto es bastante atractivo, pues Macfadyen (Los pilares de la Tierra) y Flynn (Juego de tronos) son dos actores muy carismáticos, capaces de llenar la pantalla sin mucho esfuerzo. El personaje de Reid tiene más juego, y la interpretación de dolor contenido de Macfadyen es de las que llegan con intensidad, pero Flynn queda en bastante segundo plano a pesar de ser coprotagonista; a ver si en el futuro le dan más margen. Adam Rothenberg cumple bastante bien, pero no como para causar impresión.

Como Copper, el entretenimiento está asegurado para quien espere un policíaco del calidad y no los cansinos procedimentales que ahogan el género en la actualidad. Su sencillez es una baza a la hora de entretener, pero también hace pensar que, viendo lo que se han currado la recreación de la época, podrían haberse esmerado en hacer algo más trascendente y complejo.

Y me es ineludible terminar con una comparación más detallada con Copper, pues ambas parecen creadas con la misma plantilla: da la impresión de que la BBC partió de la misma idea para hacer una serie para el público estadounidense (Copper fue la primera producción de BBC América) y otra para el británico. Las similitudes son evidentes:
-Ambientación a finales del siglo XIX, con una atmósfera post-conflicto, en una las revueltas de Five Points y en otra el caos del Destripador, que tienen una huella constante en los personajes y las historias.
-Buena reconstrucción de la sociedad de la época y de la labor policial. Incorporación de los primeros pasos de la ciencia forense.
-Grupos de personajes muy parecidos. Tres protagonistas: el detective agobiado por un misterio reciente, el amigo fiel y bonachón pero duro cuando es necesario, el médico conocido recientemente y muy hábil en su campo. En el tramo final de la temporada se ahonda mucho en el misterio del rol central, aunque en Copper da mucho mejor resultado. El grupo de prostitutas tiene una presencia y relación constante con los personajes y casos. Eso sí, en Copper el plantel se secundarios es mucho más amplio.
-Un tono melancólico y trágico: la vida de la época es dura, los protagonistas están heridos por dentro.

Más allá de estos factores claros, es evidente también que cada serie tira por caminos distintos. Sí, la sensación de que partieron del mismo esquema es notable, pero los guionistas lo desarrollaron cada uno a su manera. Si tengo que elegir una de las dos… bueno, es difícil: vean las dos. Pero en ciertas cosas Copper me gustó más: es algo más oscura y cruel, los secundarios son más numerosos e interesantes y los principales mantienen una dinámica mucho más compleja, pues en Ripper Street la relación de Reid con todos es muy fría, lo que da menos juego aunque sea a su manera muy interesante.

HABRÁ PELÍCULA DE VERONICA MARS.

El paso de Veronica Mars (2004-2007) por televisión fue agonizante. La serie no empezó con buenas audiencias y curiosamente, a pesar de que su estatus de culto creció rápidamente, este no se tradujo en espectadores. Se ve que hizo ruido en internet, pero no el suficiente y a tiempo como para que se transmitiera el entusiasmo a la población en general y levantara su recepción. Así, a pesar del favoritismo de la presidenta de la cadena UPN/The CW, fan reconocida, de los intentos por hacer su densa trama más ligera y de las campañas de fans para mantenerla en antena, su tercer año fue el último.

Desde entonces su creador Rob Thomas, apoyado fielmente por la protagonista, Kristen Bell, intentó resucitarla. Pero nada cuajó hasta que sorprendentemente hace unos días Warner Bros, poseedora de los derechos, le permitió sacar adelante una atrevida alternativa: que la financien los fans. Mediante la web Kickstarter, que ha facilitado ya varios proyectos de diversa índole pagadas por donaciones, Thomas tendría treinta días para reunir dos millones de dólares con los que realizar una película de bajo presupuesto para sacar en dvd. Y atención, porque en doce horas ya había superado esa cifra. Al ritmo que va, me da la impresión de que al terminar la puja tendrá tanto dinero que probablemente incluso se replanteen las cosas: ¿y si le da por hacer más de un episodio? Sea como sea, si a dos días tiene ya más de tres millones está claro que tendrá recursos más que de sobra para sacar el proyecto adelante sin muchas dificultades. Ahora sólo queda por ver si en un solo episodio es capaz de contentar a sedientos fans que ansían este retorno.

La película se estrenará en 2014 en algunos cines y se distribuirá por internet en formato digital, amén de salir en dvd. Según las donaciones que haga la gente hay ciertos privilegios, desde merchandishing a recibir el dvd e incluso hasta aparecer en una escena. En la web podéis ver con asombro que las cifras de donaciones altas (¡de mil a diez mil dólares!) con beneficios especiales se cumplieron rápidamente.

THE FOLLOWING – PRIMERAS IMPRESIONES.

El agente del FBI Tom Hardy (Kevin Bacon) se hizo famoso por atrapar al temible asesino en serie Joe Carroll (James Purefoy). Retirado desde hace años por incapacidad (lleva un marcapasos, regalo de Carroll) y convertido en alcohólico, es llamado como colaborador para volver al caso: Joe se ha escapado. La fuga no dura mucho, pero entonces se descubre que su intención era otra: activar un gran plan que ha creado convirtiéndose en el líder de su propia secta. Un montón de seguidores ejecutan sus órdenes para volver loco a Hardy y el FBI: secuestra al hijo que tuvo con su exmujer (Natalie Zea), comete asesinatos a través de estos fieles, marea a sus persecutores como le place…

Mi primer temor al ver el episodio piloto, un inicio bastante tradicional pero efectivo (tramas a toda leche para intentar impactar, con lo que se pierde algo de solidez en favor del efectismo fácil), era que la serie fuera un procedimental clásico y se desperdiciara el atractivo planteamiento y el llamativo reparto. Los siguientes capítulos me quitaron temporalmente esa sensación, porque parecía que la trama iba a desarrollarse a través de un arco más amplio y complejo. Sin embargo, pronto se ve que en realidad no es más que una pequeña evolución del procedimental y que no es capaz de quitarse de encima sus problemas más graves: el caso repetitivo cada episodio o pocos episodios, que por mucho que forme parte de la historia principal no parece dejar muchas secuelas y, sobre todo, sabe a improvisado; la nula evolución de personajes, que en cada capítulo repiten su esquema predefinido; la impresión de que pase lo que pase el único desenlace posible es volver al statu quo.

La relación de personajes con el villano es superficial, intrascendente. Carroll aparece un par de veces por capítulo para completar el cupo, sea en algún flashback o sentado en la cárcel, y ya está. No se genera ningún tipo de atmósfera a su alrededor, ningún halo de misterio o magnificencia. Se remarca mucho que es una persona cautivadora, capaz de motivar a la gente para cometer crímenes, un tipo que se ha montado una secta enganchando seguidores únicamente a través de las pocas visitas que recibe en la cárcel… Y no, eso no se ve cuando Carroll aparece en escena, ni siquiera cuando tiene más posibilidades de desarrollarse mejor, en los flashbacks. Y teniendo en cuenta que la serie se vende como la compleja lucha contra este genio del crimen, pues vaya si se queda corta. El excelente actor James Purefoy (conocido sobre todo por Rome) cumple sin más, porque no hay mucho de donde sacar partido.

La descripción de Hardy y de su equipo está llena de clichés, pero Kevin Bacon tiene carisma de sobra para hacer interesante su rol. Sin embargo, todos estos personajes necesitan más definición, y más evolución, sino se estancarán como la trama. Los flashbacks pienso que son la salvación de Hardy, si los usan bien: ahí es donde pueden darle trasfondo y acercarnos a sus motivaciones y problemas. Por ahora me temo que no son aportes espectaculares a la concepción del personaje, pues señalan cosas evidentes que se podrían colar más sutilmente sin necesidad de tanto metraje: la previsible relación con la mujer de Carroll, la por ahora aburrida forma en que localizó y siguió al asesino (otra parte supuestamente importante que no da mucho de sí), etc. Los miembros de la secta se dividen en dos clases: los que aparecen para el caso del día y morirán rápido y los que tienen más trayectoria. En este segundo tipo el trío que secuestra al niño tenía potencial: la chica resulta inquietante además de bella (Valorie Curry lo hace bastante bien), los falsos homosexuales muestran bien la tensión de la situación… Pero a la larga el guión los mete en embrollos rebuscados, inverosímiles y mal ejecutados. Queda por ver si en el futuro llegarán a algo más interesante.

El problema más grave de la serie es la sensación de que la historia se inventa sobre la marcha. Los nuevos miembros de la secta salen de la nada, y los flashbacks tratan de generar el trasfondo para el capítulo actual pero sin lograr mucha densidad. Una buena serie deja ver que lo que se está contando tiene una base sólida y una maduración o evolución sostenida y verosímil. Aquí, cada capítulo, trama, personaje y explicación es un nuevo anexo puesto encima del anterior según llega. Y por si fuera poco la credibilidad falla notablemente. Es difícil de creer que Joe pudiera crear tal culto desde la cárcel, pero bueno, se hace el salto de fe de rigor… Pero conforme la serie avanza se acrecienta la mala sensación y además unen más factores, con lo que el salto se hace demasiado grande. Llevo seis capítulos y la cantidad de gente que hay tras Joe es exageradísima, por no decir que no me creo que una cárcel, y más con un preso de tal calibre, no guarde registro de visitas con la que hacer una lista de sospechosos. Y por desgracia no es la premisa lo único que queda un poco débil o cojo: los distintos casos son muy predecibles y están llenos de agujeros de guión. Sirva de ejemplo la cantidad de desatinos que acumula el sexto episodio, donde decidí que ya me habían engañado bastante y que dejaba de seguir la serie, pues el salto de fe se convierte directamente en un salto del tiburón tras otro.

–Alerta de spoilers: si no has visto hasta el capítulo seis, salta al siguiente párrafo.–

-El agente Mike (Shawn Ashmore) recibe información nueva sobre el estado del perímetro que están controlando varias agencias (FBI, SWAT…) y no informa al resto, sino que sin ninguna razón se lo guarda para él (me refiero a cuando Ryan avisa de que Emma huye con el crío).
-Este agujero enorme está forzado por la siguiente parida: la agente local, la rubita, es otra de la secta. Yeah, cualquiera puede ser un loco de estos sin venir a cuento, solo porque al guionista se le ocurra.
-En semejante perímetro pueden ser abatidos dos SWAT y ser sustituidos por gente que se disfraza de ellos en un instante. De película cutre.
-El colega del FBI de Ryan, Mike, por su puesto se salva de morir porque lleva chaleco. Ahá, la agente convertida a la secta, que lleva con él todo el día, no sabe eso, claro, ni sabe disparar, claro.
-Y finalmente, todos estos requiebros unidos vuelven a poner el statu quo en marcha: el niño secuestrado, los agentes tras él, la mamá en casa llorando…

En su momento me alegré de que no fuera un procedimental repetitivo a lo CSI. Pero por el contrario es una huida hacia adelante improvisada y sin pies ni cabeza. Viendo el panorama, el episodio siguiente puede ser más rebuscado y absurdo que el anterior, y todo lo que ocurra podrá ser espectacular en apariencia, pero como no puede alterar la premisa de la serie cada cierto tiempo se reseteará sin consecuencias (como los peores momentos de House). El estilo a lo Seven o El silencio de los corderos que pudiera tener se ha esfumado, esto es una de acción del montón. Dudo que pueda captar mi interés, salvo cambio brutal en la dinámica, cosa muy improbable. Lo más probable es que ya haya mostrado todo lo que puede dar de sí. O sea, muy poca cosa.

PD: la música imitando descaradamente a la banda sonora de Contagion (Cliff Martinez) me resulta mosqueante.

OZ – TEMPORADA 6 Y FINAL.

Oz
HBO | 2003
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson.
Intérpretes: Terry Kinney, Harold Perrineau, Ernie Hudson, J. K. Simmons, Dean Winters, Lee Tergesen, George Morfogen, Rita Moreno, Eamonn Walker, Craig muMs Grant, Lauren Vélez, Granville Adams, Kirk Acevedo, BD Wong, Chuck Zito, Christopher Meloni, Scott William Winters.
Valoración:

Alerta de spoilers: Analizo a fondo cada trama y destino de personajes.–

Última temporada de Oz. El destino final de los numerosos personajes que han poblado este relato se acerca. Unos tienen un cierre concreto, otros ejemplifican que la vida sigue día a día, y unos pocos no salen muy bien parados, pues la temporada tiene algún desliz digno de mención.

Tras ser apuñalado en un atentado contra su mentor, Burr, Augustus muere. Pero sigue apareciendo en la narración hacia el espectador, aunque no es tan omnipresente. La dinámica cambia un poco de forma muy interesante: en cada capítulo aparece algún preso que ha fallecido en temporadas anteriores, contanto historias como es habitual en relación con las tramas del episodio.

Para sorpresa de McManus y Said, Augustus deja un manuscrito de una novela sobre la vida en la cárcel (algo que nunca le hemos visto desarrollar, pero bueno). Ambos piensan que es material de primera calidad que debe ser editado. Said se lo toma como nueva meta en su vida, con lo que se encarrila tras un tiempo dando tumbos. Los caminos inesperados le llevan a decidir autopublicarlo e imprimirlo desde la cárcel con ayuda del resto de musulmanes. Como es esperable, el proyecto arrastrará mil y un problemas. La muerte inesperada de Said lo pondrá todo patas arriba, y Ariff debe tomar de nuevo el difícil el liderato.

Álvarez sigue intentando reconciliarse con el mundo, contener los problemas que le surgen, pues las vueltas que da su vida parecen llevarlo siempre hacia el abismo, por mucho que se esfuerce. Cuando consigue poner algo de orden y sentido se da cuenta de que no todo depende de él, de que hay factores impredecibles. Al ver que no saldrá nunca porque el encargado de la condicional le tiene manía, parece abarazar la desesperación habitual en él como único modo de vida: hay que seguir hacia adelante y punto. Omar ha caído tan bajo que parece imposible volver a despegar. Sin el apoyo de McManus y de Said, menos posibilidades tiene. Intenta encontrar un sentido a su vida: primero, aferrándose a la idea de la venganza por la muerte de Said, segundo, intentando aceptar y comprender el sentido de la vida, del universo. Pero en su ignorancia y locura se equivoca al elegir un maestro que le guíe: el asesino de Said está como una regadera, y lo degüella en plena noche.

Rebadow está completamente hundido tras la muerte de su nieto, pero la vida da muchas sorpresas y termina encontrando consuelo al enamorarse de la nueva encargada de la biblioteca. Sin embargo la relación da pasos extraños cuando descubre que, como su nieto, ella puede morir de cáncer en cualquier momento. Mukada se sigue enfrentando al poder que sobre él ejerce el chaval pelirrojo que enloqueció definitivamente al matar al reverendo Cloutier. El chico ahora dice estar poseído, y Mukada afronta dilemas de fe intensos: creerle o no, aceptar para sí mismo que quería ver al reverendo muerto, perdonarse por ello y perdonar al chaval por haber perdido también su sendero, etc. Gloria por su parte se enfrenta a sus propios diablos: la posibilidad de que las celdas de aislamiento sean tóxicas la enfrenta contra la ética laboral y la política (callar o enfrentarse al sistema).

Muy interesante es la historia que involucra al Senador Devlin: un alcalde encarcelado podría soltar mierda sobre él, y decide mover hilos para cargárselo. Durante toda la temporada la trama me mantuvo en vilo: ¿por fin caería el villano más grande de todos, el político repelente, un ser más cruel que la mayoría de los presos? Me gustó mucho también la caída gradual de Robson, uno de los nazis más destacados. El rechazo de su grupo le lleva a ir reconociendo poco a poco la miseria de vida que ha llevado siempre (no sin antes cometer otros errores enormes), y las escenas en que se desmorona son muy intensas.

En otro de esos proyectos que pretende hacer de la cárcel algo mejor que un simple almacén de ciudadanos descarriados, se inicia un grupo de trabajo pagado. Burr, perdido tras la muerte de Augustus, lo usa para levantar su espíritu y conseguir redención: con ello podría encarrilar a su gente, alejarlos de las drogas. Como siempre en la serie, el asunto ofrece muchas vueltas y perspectivas, y resulta un estupendo análisis: se critica que las empresas usen presos con salarios de mierda, se desarrolla una buena trama de superación personal, de problemas y vicios que nos impiden realizarnos como personas y encontrar un sentido a la vida, etc.

El plato fuerte del año es sin duda el desenlace de una historia que viene de temporadas anteriores: la pena de muerte de Cyril. Capítulo tras capítulo la tragedia se va acercando mientras los protagonistas intentan todo por evitarlo. La tensión constante que enfrentan los personajes, la dureza que es vivir cada día con la sombra de la muerte de un ser querido acercándose cada vez más, la desesperación de O’Reilly, la locura en que se va sumergiendo Cyril (vertiendo una doble personalidad en el calcetín-muñeco), la terapia de electroshocks (¡curarlo para matarlo!)… Todo este segmento es durísimo, desgarrador. Y los guionistas lo exprimen al máximo, generando una espiral creciente de tensión y drama con momentos sobrecogedores. La ejecución aplazada a instantes de realizarse te deja sin respiración durante toda la maldita secuencia. Los presos haciendo su protesta te llegan al alma. Y finalmente, al enésimo intento del desmoralizado y podrido sistema “democrático” estadounidense, Cyril es ejecutado, a pesar de su retraso mental y su demencia. La posterior redención de O’Reilly con su padre y con Gloria es también muy emotiva.

En las historias secundarias, que huelga decir están siempre relacionadas con el resto de forma excelente, hay muchas que destacar también. La búsqueda de venganza de Dave Brass por haber quedado cojo y haber perdido su posible futuro como jugador de baloncesto (con la brutal y equivocada paliza a Morales), los intentos de Peter Schibetta, el italiano, de encontrar un hueco en una prisión donde todos le rechazan (aunque el personaje no termina de tomar un rumbo claro tampoco este año), los líos de Busmalis con su novia, la obra de teatro, etc.

Pero como indicaba al principio, la temporada tiene algunos patinazos importantes. Está lejos de ser grave, de hecho pienso que si me ha molestado bastante es porque le tenía cariño a los personajes y esperaba mucho más, pero sin duda hay secciones que no terminan del todo bien. Primero, a base de repetir la dinámica de la vida en la cárcel llega un momento en que ya no sorprende nada. Tantas guerras entre bandas, tantas muertes, tantos problemas… Cuando los golpes de efecto (muertes principalmente) no aportan algo tangible (una crítica o análisis determinado sobre algún aspecto humano, social o político, un desenlace notable a una trama interesante) pueden llegar a resultar poco impresionantes. Segundo, en el tramo final se abusa del sensacionalismo rápido y fácil, en un fallido intento de dejar huella en el último momento.

El mejor ejemplo de ambos problemas es que desde la cuarta temporada la rivalidad entre Beecher y Schillinger da varios traspiés, con varias muertes innecesarias, y llega un momento en que tanto exagerar y forzar las cosas termina saturando al espectador. En este año llegamos a un punto en que de repente se cargan al padre de Beecher. ¿De verdad era necesario, hay motivos argumentales para ello, o es un simple golpe de efecto? Y la cosa va más allá: Beecher por fin sale de la prisión, un momento que debería haber ido acompañado de la emoción y fuerza que han tenido otros instantes clave de su vida, pero que en realidad carace del empaque esperado. Para colmo, los guionistas se empeñan en rizar el rizo: vuelve a Oz por una tontería y a partir de ahí se envuelve en una espiral de historias rebuscadas y forzadas con Keller. La trama de Keller volviéndose malvado peca de tramposa y sensacionalista, y si bien se salva porque mete un giro interesante (era su plan definitivo para acabar con Schillinger), lo cierto es que luego vuelve a empeorar en el desenlace. Hubiera quedado mucho más creíble y trágico que Beecher testificara contra él, y que así saliera de la cárcel, por no decir que de esta forma se habría mantenido más fiel a la dinámica de la relación entre Beecher y Keller en los últimos episodios. Es que joder, no puedo evitar pensar que de esa manera habrían conseguido un final trágico perfecto: Beecher libre de cárcel y purgado de los crímenes de su entorno, pero a costa de abandonar a su amado. En cambio optan por una muerte de cómic con Keller cayéndose por la barandilla. En conjunto no llega a ser una trama horrible, pero tanto altibajo y exceso deja un mal sabor de boca, y más cuando Beecher siempre ha sido mi favorito.

Pero hay más muertes que se me antojan fallidas. Después de haber visto caer de forma magistral a roles de gran calibre (Adebisi a la cabeza), es una pena que los guionistas decidieran forzar las muertes de otros personajes, como si sólo por hacerlo ya lograran un momento dramático digno de recordar. Y no es así. Como decía, sin un contexto adecuado, sin un objetivo tangible, la eliminación de caracteres sin más sabe a trampa, a sensacionalismo barato. Cabe preguntarse qué sentido tiene cargarse a Said de golpe y a través de un personaje insulso (e inverosímil: es capaz de colar una pistola en la prisión). Cabe preguntarse por qué pensaron que matar a Morales en una subtrama tan sencilla ofrecería algo interesante o impactante. Y sobre todo, hay que exclamar que a qué demonios viene asesinar a Leo Glynn en una escena tan rebuscada y tramposa. En el lado contrario está la muerte de Augustus: no me convenció por resultar precipitada y poco creíble, pero por suerte sus secuelas han sido bien trabajadas.

En una valoración global de la serie, pienso que los tres primeros años son más equlibrados e intensos, y los tres siguientes, aun siendo magníficos, tienen algunos altibajos. Esta temporada es la que mejor ejemplifica esa sensación. Por un lado, alguna muerte innecesaria y un tramo un poco salido de madre (el lío con Beecher, Keller y Schillinger), por el otro, mil historias maravillosas que componen un cuadro magistral de la condición y sociedades humanas, con tramos sublimes como la parte de la familia O’Reilly. Sea como sea, Oz se despide como nació: su ritmo siempre activo que atrapa con fuerza, las mil tramas cruzadas que resultan siempre interesantes, la evolución constante en los protagonistas, bien palpable y creíble, los infinitos detalles cotidianos que embellecen un todo ya de por sí excelso… Oz ha sido un drama revolucionario, complejo y brillante como pocos se han visto.

Cerca del final, la hermana Peter Marie suelta una frase que resume muy bien la idea que siempre ha querido transmitir la serie: nada es blanco o negro, el ser humano es falible, el sistema es mejorable, etc.: Vivimos en una nación de leyes, algunas de las cuales son brillantes y otras que son terribles. Pero no podemos abandonar nuestro código moral cada vez que sea conveniente. Entonces daría igual que abriéramos las puertas de todas las prisiones.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

BLACK MIRROR – TEMPORADA 2.

Black Mirror
Channel 4 | 2013
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Hayley Atfield, Domhnall Gleeson, Lenora Crichlow, Tuppence Middleton, Chloe Pirrie, Jason Flemyng, Tobias Menzies, Daniel Rigby.

El impacto causado por Black Mirror con su sombría visión de nuestro futuro cercano fue impresionante, y Channel 4 lo ha aprovechado encargando otra temporada. El formato y estilo es el mismo: tres capítulos independientes cuya única relación es que todos analizan el impacto negativo de las nuevas tecnologías en la sociedad.

Alerta spoilers: No leas si quieres verla sin conocer nada.–

201. Vuelvo enseguida
Be Right Back


Escritor:
Charlie Brooker.
Director: Owen Harris.
Valoración:

Una joven pareja se retira al campo para huir del ajetreo de la ciudad. En uno de los viajes del traslado el chico fallece, y la desconsolada novia se enfrenta a la soledad y la pena hasta que una amiga le propone que utilice un programa informático que, recopilando toda la presencia de la persona objetivo en internet, genera una simulación de la misma con la que chatear. Más adelante también se le ofrece la posibilidad de crear un robot de apariencia humana que imite a esa persona.

Dicho en palabras parece poco creíble que alguien se vuelque en una versión informática de su ser amado, pero el capítulo lo expone todo de forma que resulta bastante creíble. La pena por la pérdida de un ser querido, la soledad, la necesidad de encontrar algo que te ate a la realidad que conocías y que no quieres perder… Se abren interesantes dilemas y problemas que ofrecen un capítulo intenso donde las emociones fluyen muy bien. Es imposible no conectar con Martha (ayuda bastante la correcta labor de Hayley AtwellLos pilares de la Tierra-), vivir su desolación y comprender por qué se aferra a una ilusión. Los altibajos de la nueva situación están muy bien desarrollados: el sexo es un alivio, las conversaciones íntimas están abocadas al desastre al no simularse del todo bien, etc.

Hacia el final queda claro que todo ha sido una mala idea, que el robot es un pobre sustituto, y el episodio podría haber terminado muy bien en la escena del acantilado (con un fundido en negro tras el grito que deja la situación abierta a interpretaciones), pero por alguna razón el guionista añade un epílogo que rompe ese aura de realismo y que en vez de dejar la historia abierta a lo que queramos imaginar pone un cierre malogrado, primero por innecesario y segundo porque tira por el único camino que no es verosímil atendiendo a la historia que hemos visto.

202. Oso blanco
White Bear


Escritor:
Charlie Brooker.
Director: Carl Tibbetts.
Valoración:

Decía en la primera temporada que el salto de fe que hay que hacer para entrar en la dinámica de la serie es grande en todos los episodios, pero sólo en Fifteen Million Merits dificultaba muy ligeramente la conexión del espectador con el argumento. Sin embargo en este White Bear el choque contra la barrera de inverosimilitud total que desprende el capítulo me ha impedido conectar lo más mínimo con él, hasta el punto de resultarme insoportable.

El problema es que carece de todo lo que hace bueno al resto, todo lo que daba vida, trasfondo y por extensión realismo a la trama. Todo el episodio es un golpe de efecto muy simple envuelto en cuarenta minutos de artificio sin tacto narrativo alguno. La exposición de caracteres, siempre correcta cuando no excelente, aquí desaparece: los protagonistas son cascarones vacíos, y además repelentes. La narración con intenciones de romper esquemas, remover conciencias y dejarte impactado no aparece hasta el momento de revelación final… y no funciona, porque la credibilidad hace aguas por todas partes y el mensaje se da tan machacado que parece que nos toman por tontos. El desarrollo de la historia, antes siempre con buen ritmo y un rumbo muy definido donde se describía el mundo presentado con bastante habilidad, aquí tampoco hace acto de presencia, pues la odisea de la protagonista es una carrera sin rumbo llena de trampas argumentales y visuales demasiado evidentes.

El capítulo ofrece cuarenta minutos de la más absoluta nada. La petarda de la protagonista corriendo y gritando sin ir realmente hacia ninguna parte; las absurdeces que campan en toda escena, en especial la tontería de la gente con los móviles, que pretende ser inquietante y resulta ridícula; las secuencias que cantan a trampa y sensacionalismo constantes: “qué está pasando”, repite la protagonista cada dos por tres, como si el guionista supiera que la situación no da para crear misterio; etc. En definitiva, la ausencia total de rumbo y consistencia de la trama hace del capítulo algo insufrible. Se ve claramente que como mucho había material para hacer un corto de menos de cinco minutos, y no especialmente destacable, con lo que sabe a engaño. En esta situación, los intentos de lanzar mensajes sobre la forma en que los medios y el moldeable público deforman la justicia y la moral resultan fallidos, y por si fuera poco al recalcarse tantísimo también parecen muy cutres y exagerados. White Bear es un episodio que no se acerca al nivel mínimo esperable no sólo para esta serie, sino para cualquiera.

203. El momento de Waldo
The Waldo Moment


Escritor:
Charlie Brooker.
Director: Bryn Higgins.
Valoración:

Una caricatura animada llamada Waldo hacer furor entre el público, y la cadena empuja a su creador a que exprima el éxito. Lo llevan incluso a participar en la campaña política local, presentándolo a las elecciones. Los políticos tradicionales se topan con este ser anárquico que les saca los colores cada dos por tres, y la gente se vuelca en Waldo haciendo tambalear el sistema.

Quitándome de encima la decepción brutal que supuso el anterior capítulo, aquí volvemos a la esencia de la serie: una idea potente que se expone con claridad y energía, y sobre todo haciéndola encajar hábilmente en la realidad. Son un tema actual y candente los conatos de revolución contra el sistema político inmovilista, ineficaz y corrupto que campa a sus anchas por toda Europa, y el argumento lo lleva más allá introduciendo en él el factor de la fuerza que las modas en internet son capaces de arrastrar. ¿Qué pasaría si el descontento de la población se canaliza en una caricatura en vez de en una respuesta real? La gente se desahoga señalando los errores pero sin ofrecer alternativas, con lo que realmente no hay cambio ninguno, como mucho una degradación mayor. Cuando el protagonista ve la luz ya es tarde, la avalancha es imparable. El desenlace, aunque un poco exagerado, pone de manifiesto muy bien el tono pesimista de la serie: ofrece siempre la perspectiva más sombría de las ideas que propone, para que veamos lo bajo que podemos caer y pensemos en cómo podríamos evitarlo.

Como en resto de episodios, el pequeño grupo protagonista se describe muy bien y muestra una evolución palpable y creíble con la que el espectador puede conectar, pero aunque tanto estos como la trama resultan bastante interesantes lo cierto es que anda algo falto de ritmo e intensidad, por no decir que todo resulta muy lineal y previsible, desde el romance al desenlace pasando por todas las acciones del personaje y sus repercusiones. O dicho de otra forma, no veo en él capacidad para impactar y dejar huella en la memoria, no hay un solo instante donde sorprenda o impresione. Y se supone que esa es la intención de la serie.