STAR TREK – EL CREADOR, GENE RODDENBERRY

Eugene Roddenberry, más conocido como Gene, será recordado eternamente como el creador de Star Trek, y lo cierto es que para bien o para mal tanto su carrera como guionista como su vida personal estuvieron atadas a la saga.

Nacido en Texas en 1921, siguió los pasos de su padre y se preparó para ser policía. Pero su primer interés fue la aviación, y dada la época, lo más habitual era entrar como piloto en la armada. Tras casarse con su primera esposa, sirvió en la Segunda Guerra Mundial obteniendo varias distinciones.

Su afición por la lectura incluía algunos de los primeros referentes de la ciencia-ficción, como John Carter de Marte (Edgar Rice Burroughs, 1912), y pronto empezó a escribir relatos y poesía. Tras la guerra se lo tomó más en serio y comenzó a estudiar literatura mientras trabajaba como piloto de aerolíneas (1945). Pero si salió airoso de la guerra, la aviación civil acabó con sus ganas de volar. Tuvo un aparatoso accidente en 1947, donde a pesar de sus esfuerzos hubo quince fallecidos, y un año después dejó este trabajo para perseguir su sueño.

Cuando vio por primera vez la televisión pensó que había un gran futuro ahí. Así que tiró para Hollywood, donde es de suponer que malvivió con las pocas obras que vendía, porque acabó metiéndose a policía, siguiendo finalmente la estela de su padre. Eso sí, con su nivel cultural acabó ejerciendo como redactor en una unidad de información pública.

Poco a poco iba ganándose su hueco en el mundo de la televisión, con cada vez más guiones y colaboraciones, de forma que no pudo compaginar ambas labores y dejó el cuerpo en 1956 para continuar con su pasión. Su primer cargo superior fue como jefe de guionistas en The West Point Story (1956), que versaba sobre una academia militar. Participó en muchas otras producciones, principalmente sobre el Lejano Oeste, destacando la popular El pistolero de San Francisco (1957-1963), donde ganó un premio del gremio de guionistas. Mientras, intentaba vender alguna como creador y productor, donde tendría más libertad creativa, pero se las iban rechazando.

Su oportunidad llegó tras el éxito de El teniente (1963-1964), otra de temática militar. Ya con una posición más establecida, se lanzó hacia la ciencia-ficción. El género triunfaba en el cine y había empezaro a causar sensación en la pequeña pantalla con La dimensión desconocida (The Twilight Zone, Rod Serling, 1959). Desarrolló una premisa sobre una nave espacial que iría investigando distintos mundos, pero su visión iba mucho más allá que una de aventuras sin más, porque concebía un futuro sin problemas de la época, como los raciales y las guerras entre humanos, pues la humanidad se esforzaría constemente por ser mejor y aprender del universo.

En 1964 llevó la propuesta a una major, la MGM, pero no le hicieron ninguna oferta. Optó por una compañía más pequeña, Desilu Productions, donde le ofrecieron un contrato de tres años. El canal CBS pasó del tema, tenía entre manos su propia producción, Perdidos en el espacio (Irwin Allen, 1965). NBC en cambio mostró gran entusiasmo por el material que enseñó, y dieron luz verde a un episodio piloto.

Para este episodio, llamado La jaula (The Cage), Rodenberry se rodeó de actores y productores con lo que ya había trabajado antes. Caben destacar D. C. Fontana como asistenta de producción y los actores Leonard Nimoy y Majel Barrett. Los costes de producción se dividieron entre NBC y Desilu. Por desgracia, no convenció a los directivos, siendo considerado demasiado intelectual y farragoso. Pero, en un giro nada común en televisión, las partes implicadas aceptaron rodar otro capítulo de muestra, que se llamó Un lugar jamás visitado por el hombre (Where No Man Has Gone Before). En esta ocasión Roddenberry fue sin rodeos a atacar uno de los problemas que veía en el gremio, el racismo, y logró reunir una tripulación multicultural, manteniendo sólo a Nimoy del primer reparto.

Star Trek (luego conocida como Star Trek: La serie original para distinguirla entre las numerosas series y largometrajes) se estrenó en 1966 y duró tres temporadas sin causar un impacto inmediato. Si bien en pocos años empezó a calar y se generó alrededor de ella un culto que la convirtió en un fenómeno mundial que aún perdura, para su creador no fueron tan bien las cosas.

En lo personal, con la absorbente producción de Star Trek se distanció de su familia y esposa y fue teniendo aventuras con secretarias y actrices varias, incluyendo Nichelle Nichols y Majel Barrett, a las que enchufó en la serie por ello. En 1969 decidió divorciarse de su primera mujer y casarse con Majel, algo que iba aplazando por no lidiar con el trabajo y la separación a la vez. En lo económico, la cancelación de Star Trek y el divorcio lo dejaron en malas condiciones, lo cual se agravó porque en lo laboral fue dando un traspiés tras otro.

Entrando en los setenta, saltó al cine escribiendo y produciendo Querido profesor, protagonizada por Rock Hudson, Angie Dickinson y Telly Savalas. Pero no tuvo un buen recibimiento y se veía en la ruina, así que acabó explotando Star Trek de un modo nada común en esos tiempos, dando charlas y participando en convenciones sobre ella. Intentó embarcarse en otra serie de ciencia-ficción escribiendo algunos telefilmes que pudieran alargarse si tenían éxito, pero ni con Genesis II (1973), que tuvo bastante audiencia, llegó a conseguirlo. Mientras tanto, se dio el visto bueno a Star Trek: la serie animada (1973). En ella no puso mucho entusiasmo, relegando el trabajo en D. C. Fontana, y posteriormente afirmó que no debería considerarse canon en el universo de la saga.

Desde el 75 hubo intentos de poner en marcha una película de Star Trek, pero a Paramount no le convencían las propuestas de Roddenberry ni tampoco las de escritores famosos a los que tantearon, como Ray Bradbury y Harlan Ellison. Viendo que no eran capaces de sacar adelante un largometraje, volvieron a mirar a la televisión. La producción de Phase II en 1978 volvió a centrar a Roddenberry y a darle esperanzas. El desarrollo llegó casi a su conclusión, pero estando listos para el rodaje Paramount dio dos virajes repentinos, abandonando la idea de presentar un canal de televisión propio, donde se estrenaría la serie, y luego saltando de golpe de nuevo hacia la idea de una película para cines.

Roddenberry y el resto del equipo tuvieron que ajustar los guiones, escenarios y demás sobre la marcha con prisas, de forma que el proyecto fue un caos desde el principio. La cosa se agravó por sus disputas constantes con los demás productores y guionistas (Harold Livingston a la cabeza) sobre la autoría final de cada idea y línea de guion: a pesar de no tener el control total de la producción, él se intentaba imponer constantemente.

Star Trek: La película se estrenó en 1979, tuvo un rendimiento algo justo de taquilla, sobre todo porque el presupuesto se había disparado por el caótico rodaje, y recibió críticas bastante tibias. Entre eso y que Roddenberry era un grano en el culo (se había enzarzado continuamente en batallas legales sobre merchandising, dinero, autoría…), la Paramount decidió apartarlo del grueso de la producción de las siguientes entregas, pagándole un porcentaje de las ganancias a cambio de conservar únicamente el rol de consultor (sus notas podrían ser aceptadas o no) y que fuera la cara visible de la saga hacia el público. La fórmula funcionó, pues la taquilla y las críticas fueron mejores en los siguientes títulos. Pero Roddenberry no terminaba de aceptar que había sido dejado de lado, y no hacía más que escribir argumentos y guiones que nadie leía.

A pesar del nuevo tropiezo, las cosas volvieron a encauzarse porque con la buena acogida que iban teniendo las películas la productora encargó otra serie y, aunque inicialmente no querían a Roddenberry, al final claudicaron por la imagen de marca que generaba su nombre, porque nadie como él conocía el espíritu de la saga… y, sobre todo, porque a pesar de que hubiera sido apartado de las películas seguía teniendo el título de “creador” de la serie original, con lo que tenía base legal para vetar nuevas series.

Star Trek: La nueva generación llegó en 1987. Roddenberry obtuvo un salario muy abultado (tanto que lo celebró comprándose un Rolls Royce) y un control casi total. Se rodeó de guionistas y productores conocidos, y con mejores presupuesto y medios se permitió explorar más a fondo el futuro utópico que imaginaba en aspectos culturales y tecnológicos. Sumándole las primas de las películas y las cada vez más exitosas convenciones, estaba ganando una buena cantidad de dinero.

Pero el éxito y el sueño se empañaron pronto. Las dudas iniciales sobre si embarcarse en otro proyecto semejante, cuando la serie original fue muy estresante y afectó a su vida personal, se hicieron realidad pronto, sacando a relucir sus demonios internos hasta el punto de que por sus excesos y abusos la sala de guionistas estaba siempre con un ambiente tenso y turbulento. Pronto acabó enemistado con sus colaboradores, algunos conocidos desde hacía muchos años, como David Gerrold y D. C. Fontana, hasta el punto de azuzar a su duro abogado contra ellos como forma de atacarlos. Estos en consecuencia terminaron largándose de la serie el primer año, seguidos por una sangría de guionistas y productores en esa y la siguiente temporada. Se hizo evidente que llevaba años abusando de drogas varias, era muy dado a montar numeritos y también a sembrar cizaña sutilmente (provocando con su abogado, cambiando guiones a escondidas…), y era inflexible con su concepto de la serie, lo que traía de cabeza a los demás escritores a la hora de desarrollar las historias. Todo esto se ocultó durante bastante tiempo, para no afectar a la imagen de la saga.

Su salud iba pagando el precio rápidamente: sufrió diabetes, problemas cardiovasculares y finalmente infartos que lo postraron en una silla de ruedas. Los productores principales, Rick Berman y Michael Piller, fueron tomando el control creativo ante el caos, y Roddenberry terminó apartado casi por completo al final de la segunda temporada. Falleció en 1991, no sin antes echar pestes y su última denuncia contra la última película de la tripulación original, Star Trek VI: Aquel país desconocido.

Pero su legado eclipsa su lado oscuro. El nombre de Gene Roddenberry sigue vivo en cada nueva serie de Star Trek y en cada revisionado de las antiguas. Esos personajes tan carismáticos, ese universo único, esas historias con calado atemporal perdurarán eternamente. Y otras de sus ideas vieron la luz póstumamente: su viuda Majel desempolvó varias en las que él estuvo trabajando y produjo dos series, La Tierra: conflicto final (1996) y Andromeda (2000). Ella falleció en 2008, tras numerosas apariciones en la saga.

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