DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 2.

Downton Abbey
ITV | 2011
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Jessica Brown-Findlay, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Dan Stevens, Allen Leech, Jim Carter, Thomas Howes, Phyllis Logan, Siobhan Finneran, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Iain Glen.
Valoración:

Poco puedo decir que no haya dicho en el comentario de su primera temporada, pues el producto es el mismo. A simple vista, el argumento promete un drama clásico con toques de culebrón que probablemente no tenga nada que aportar al género, pero su exquisita composición de tramas y personajes le da una categoría de serie de primera división, ofreciendo una insólita capacidad para absorber al espectador en la vorágine de dramas personales de los habitantes de la mansión.

Esta vitalidad se consigue a través de diálogos constantes, cruces de protagonistas a toda velocidad (en secuencias dignas de El Ala Oeste), escenas siempre narradas con intención de dotarlas de dinamismo e intensidad (la cámara nunca está quieta, se mueve siempre sutilmente, el montaje da ritmo sin sensación de forzar las cosas), saltos temporales que pueden abarcar meses o años (y la mitad de las veces ni te enteras, y da igual) y sobre todo gracias a las mil tramas y subtramas siempre en movimiento o cuando menos disfrazando muy bien su letargo (que temas como el matrimonio de Lady Mary se alargan mucho). Cabe citar también el exquisito envoltorio histórico, con el trasfondo de la primera guerra mundial como aspecto más relevante, pero sin descuidar otros como la sensación de que se acerca el fin de las clases nobles o la inminente emancipación de la mujer (trama sostenida siempre sobre Lady Sybil).

Pero no todo son alabanzas, porque el equilibrio narrativo, al contrario que en la temporada anterior, no es perfecto. En el tramo final se muestra algo de desgaste en el guión, ofreciendo algunas líneas mejorables. El citado proceso de emparejamiento de Lady Mary se toma como si fuera la trama central, es decir, la que dura todo el año, y claro, hacen malabares para alargarla y de vez en cuando se nota el truco. Igualmente, el tema de Bates, su esposa y su enamoramiento de Anna se me antoja estirado más de la cuenta. En cuanto a la parte de la guerra, ésta tiene baches extraños, porque Matthew va y viene en cada capítulo como si estuviera ahí al lado: en este aspecto los saltos temporales fallan. Y hablando de él, el tema de sus heridas no podía ser más previsible y forzado (amén de que trasladarlo en ese estado es absurdo), y su milagrosa curación sí cae en el culebrón excesivo. Otra parte que se gira demasiado hacia el melodrama de forma muy forzada es esa tontería del pariente lejano que vuelve… pero con la memoria perdida. Si al menos hubiera tenido un cierre digno… pero se quitan la trama de encima sin más. En excesos cae también el final del trío amoroso Mary-Lavinia-Mathew, sobre todo por la forma de sacar de la ecuación a la prometida, donde tras tanto darle vueltas al asunto sabe a poco. Y finalmente, una mini-trama totalmente incongruente e innecesaria asoma de vez en cuando: el impecable y recto señor de la casa tontea con una criada. La historia no encaja y es tan corta como insípida.

Sin embargo, estos problemillas son algo disimulados tanto porque con el tsunami de historias entrelazadas casi no da tiempo a pestañear como por la fuerza arrolladora de los personajes y los actores. Las relaciones entre los habitantes de la casa cobran una dimensión extra de credibilidad y energía gracias a la impresionante solidez y química del amplio reparto. Los guiños, miradas, puyas y emociones se transmiten tanto por los diálogos como velados a través de la inflexión de la voz o los gestos. Especialista en guardar las apariencias, un papel endemoniadamente complejo porque debe mostrar el espectador emociones sin parecer forzada, es Michelle Dockery (Lady Mary), quien a lo tonto se ha ido convirtiendo en la actriz más destacable del drama, y mira que todos están impecables.

La ambientación exquisita, la puesta en escena modélica (se saca un partido impresionante de la mansión, la ambientación –el presupuesto se va en el vestuario- y los paisajes a través de la sublime fotografía: ¡cuánto colorido y belleza en cada plano!) y una de las mejores bandas sonoras que ha parido la televisión rematan una serie entretenidísima y de gran calidad donde el bajón con respecto a la primera temporada no me parece suficiente como para quitarle el notable de nota.

Ver también:
Temporada 1.

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