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EL SÉQUITO – TEMPORADA 6

Entourage
HBO | 2010
Comedia, drama | 12 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Emmanuelle Chriqui, Scott Caan, Beverly D’Angelo, Gary Cole, Jamie-Lynn Sigler, William Fichtner, Alexis Dziena.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo la temporada a fondo.–

La carrera de Vince remonta sin que el duro traspiés parezca haber dejado secuelas. Otra vez la pandilla está montada en el dólar, tirando dinero despreocupadamente en casas y coches. El problema es que esto ya lo conocemos y no nos embarcamos en alguna nueva historia que trate sobre el mundo del cine, casi todas las vivencias del grupo de amigos durante esta temporada son relativas a relaciones amorosas. Sólo Ari y en menor medida Eric tienen tramas propias del gremio, y aun así, el grueso de sus aventuras se centran en líos románticos. Los problemas personales siempre han sido vitales en la serie, dado el realismo en el dibujo de los personajes, pero solían tener una conexión más cercana el estilo de vida en Hollywood. Este año prácticamente estamos en una tragicomedia romántica, muy simpática y verosímil (llega con facilidad), con un ritmo excelente y unos protagonistas magníficos, pero transmite la sensación de que se abordan cosas muy vistas y se abandona el espíritu original. Así, es un año como siempre la mar de entretenido, pero viendo el listón que alcanzó en etapas anteriores sabe a poco.

En la temporada previa Tortuga estaba un poco apagado y Vince copaba las partes más intensas. Ahora se cambian las tornas. Vince se dedica a sus fiestas y ligues, y los demás intentan sacar adelante sus nuevos proyectos, con lo cual se siente un poco solo, lo que se agrava porque Drama tiene su piso, E se busca su propia casa, y Tortuga pasa menos tiempo con él. La única historia llamativa alrededor de Vince es que podrían tener un acosador colándose en la casa; es muy divertida y tiene giros inesperados, pero carece de relevancia.

Saliendo con Jamie-Lynn Sigler, Tortuga gana autoestima y se replantea en serio su futuro: quiere buscarse un sustento propio, no puede ser la eterna rémora de Vince. Así que decide ponerse a estudiar empresariales, viendo que los intentos de representar a algunos artistas a lo largo de los últimos años no le fueron nada bien al no tener títulos ni credenciales. Por supuesto, salir con una famosa y montar en el Ferrari que le regala Vince atrae muchas miradas de las jóvenes: para su desesperación, ahora que consigue una relación estable también es cuando más posibilidades de ligar tiene.

Eric continúa tratando de llevar su carrera como agente, pero tras el último revés, pues la comedia del joven afroamericano no sale como esperaba, parece no levantar cabeza… pero Sloan le consigue un trabajo en la agencia de su tío. Allí tendrá roces con un compañero que parece inmaduro y descentrado, Scott Lavin. Este, interpretado por Scott Caan (luego protagonista de Hawai 5.0), será fijo en el resto de la serie, y si bien inicialmente parece un poco tonto, en la siguiente temporada se gana su hueco en la banda. Pero se le da más tiempo a los problemas sentimentales con las mujeres que a la trayectoria laboral de Eric. Sigue en el aire la relación caótica con Sloan, pero ante la incapacidad de ambos para concretar algo E decide lanzarse con otra chica que ha conocido, Ashley (Alexis Dziena). Pero esta resulta una celosa e histérica que monta un número cada dos por tres, y más cuando él se lo pone en bandeja con su falta de sinceridad y determinación. No es una historia que pueda sorprender, pero se trata con gran naturalidad y objetividad (ambos quedan fatal), algo que no suele verse en las series de adolescentes y otras comedias románticas, donde abunda el sensacionalismo.

Drama creía tener un trabajo bastante estable (siempre pueden cancelar la serie), pero sus salidas de tono lo llevan a una espiral que lo pone en conflicto directo con el principal productor, un clásico egoísta que aplasta a quienes no le caen bien. Es tronchante cuando obliga a que escriban historias jodidas para el personaje de Drama, como que acabe con la cara desfigurada y tenga que enfrentar horas y horas de maquillaje. Al final acaba en la calle y entra en otra crisis emocional: se ve como un inútil que no encontrará ningún papel digno. La relación con un productor conocido, Phil Yagoda (William Fitchner), una persona más amable y paciente con él, es lo único que lo mantiene a flote, pero Drama no ve un porvenir claro y es especialista en nublárselo a sí mismo: de nuevo echa por tierra audiciones por ataques de pánico. Por cierto, el tipo con el que choca en una audición (de nuevo, porque ya lo hizo hace tiempo) no es otro que Doug Ellin, el creador y principal guionista de El séquito.

Ari se ve metido otra vez en un puñado de jaleos con su esposa y otra posibilidad de ascenso o guerra hacia el final del año. La falta de novedades se disimula bastante bien porque hay un nuevo personaje que exprimir y todo se narra como es habitual con energía e ingenio, pero obviamente la sensación de repetición pesa un poco. El amigo al que contrata, Andrew Klein, es un desastre y su vida y matrimonio van cuesta abajo, lo que arrastra también el matrimonio de Ari y lo mete en mil problemas en el trabajo con los clientes (espectaculares los cameos de Aaron Sorkin y David Schwimmer) y con sus colegas, especialmente su socia Barbara Miller y la agente Lizzy Grant (Autumn Reeser), y más cuando Andrew acaba enrollado con esta última. Mientras, Lloyd se harta de aguantarlo y le lanza un órdago: o lo asciende a agente o se larga. Así, la tormenta en Miller-Gold parece nunca terminar… y para colmo, al final llega su antiguo jefe, Terrance McQuewick, diciendo que quiere vender su compañía, lo que relanza la rivalidad entre ambos y lo pone en un conflicto de intereses: hacer el esfuerzo de comprarla y así pegar un gran salto en el negocio a la vez impide que lo haga alguien de la competencia, o no humillarse ante las exigentes demandas de alguien a quien odia tanto.

Con tanto romance era difícil evitar un desenlace tirando a cursi. Tortura rompe con Jamie porque ella encuentra un trabajo en Nueva Zelanda, y Eric, tras acabar de una vez por todas con Ashley, tiene más disputas con Sloan pero todo parece olvidarse cuando le propone matrimonio. El resto no deslumbra tampoco. Drama queda en un limbo laboral, como en los viejos tiempos. Vince sigue con su rutina de rodajes atractivos y a vivir la vida entre uno y otro. La tormenta laboral alrededor de Ari se resuelve bastante bien después de tantos fuegos artificiales: la guerra con Terrance tiene un fin pacífico, Andrew tiene que derrumbarse por completo para renacer (y consigue no perder clientes por el camino), y al final Ari echa de menos a Lloyd y le da lo que quería. Por ello llegamos a un desenlace muy tranquilo comparado con los dramas de otros años, y lo cierto es que pierde más fuelle con ese chiste de Matt Damon agobiándolos para que donen a alguna causa benéfica, que se alarga demasiado, incluso con una insulsa escena post-créditos.

Entre los mejores momentos tenemos a Vince sacándose el carnet de conducir (episodio 601), alguna peleílla entre Eric y Ashely que describe muy bien el día a día de muchas parejas, algo que también cumple la caída al abismo de Andrew y su matrimonio, donde acaba estampando el coche contra su casa, tomada por su esposa (608); Tortuga abriendo su armario (603), la partida de golf con varios famosos (605), Drama cavándose su tumba en el set al encarar al productor (lo que se inicia con un exceso de celo protector sobre Jamie-Lynn), el accidente con la pistola en casa (607), el grupo de seguridad (el jefe interpretado por el inquietante Peter Stormare) que contratan para hallar al acosador, el ataque de pánico de Drama que casi se convierte en un infarto (611), etc. En cuanto a capítulos en sí, esta vez no tenemos ninguno que contar entre los grandes de la serie, pero los más destacables serían Un coche, dos coches, coche rojo, coche azul (603), donde Tortuga se harta de ser un niño mimado, y Enterrado a preguntas (610) y Con el susto en el cuerpo (611), con la crisis de Drama y la guerra de Ari en su máximo esplendor y los últimos pasos en la conflictiva relación entre Eric y Ashley. También cabe señalar que, entre otros tantos cameos de impresión, como las nuevas apariciones de los habituales Mark Walhberg, Bob Saget y Jeffrey Tambor, o la presencia de grandes figuras del golf, fúbtol americano y baloncesto, sobresalen a lo grande las citadas de Aaron Sorkin y David Schwimmer y la de Zac Effron con la madre salida. Aparte, se puede citar también la fugaz presencia de la ahora famosa Gal Gadot (602), haciendo de una de las chicas que se les unen en las fiestas.

PD: Es obvio dejar el piso de Drama ahora que pueden, pero aparecen de nuevo en la mansión de la primera temporada sin que veamos cómo y cuándo deciden volver ahí.
PD2: Kate Mara sale en unos pocos capítulos como secretaria de Eric, pero en la siguiente temporada ya no está; supongo que encontró un papel mejor.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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TREME – TEMPORADA 1.

HBO | 2010
Drama | 10 ep. de 58-80 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, Nina Krostoff-Noble, Carolyn Strauss, David Mills.
Intérpretes: Melissa Leo, Kim Dickens, Steve Zahn, Wendell Pierce, John Goodman, Khandi Alexander, Rob Brown, Michiel Huisman, Lucia Micarelli, Clarke Peters, India Ennenga, Phyllis Montana LeBlanc.
Valoración:

“Tres meses después”, reza un lacónico texto en pantalla. No hace falta más información, si no sabes que estamos en New Orleans tras el Katrina, quedará claro en pocos minutos. Según nos cuentan en esta serie, basada con enorme fidelidad en los hechos reales, tres meses es más o menos el lapso que tardó la ciudad en empezar a levantarse tras la devastación no sólo del huracán, sino también de una rampante y escandalosa incompetencia gubernamental que empeoró mucho las cosas. Sus gentes vuelven a sus casas, muchas de las cuales tuvieron al menos un metro de agua, y la mayoría acabó sin techo por los vientos y lluvias. Pero no hay dinero para reconstruirlas, porque abandonaron sus vidas y trabajos para huir a ciudades y estados vecinos, y vuelven sin nada. Los negocios se intentan poner en marcha, pero hay pocos habitantes todavía, y menos con las vidas rehechas como para poder gastar.

Si durante la catástrofe la respuesta del gobierno fue nefasta, con descoordinación entre agencias y un modus operandi desastroso e incluso salpicado de racismo, no creáis que se pusieron las pilas después. Las empresas de seguros hacen malabares para escaquearse, y tanto el gobierno local como el federal no parecen tratar de evitarlo… de hecho se suman al carro, poniendo ayudas que sólo son un nombre, escondiendo tras marañas de papeleo cualquier desembolso minúsculo. La población continúa sintiendo que los han abandonado, pero la realidad es peor que eso: los ciudadanos, sobre todo las clases bajas (encabezadas por los barrios negros), son un impedimento para la especulación, así que el hecho es que trabajan contra ellos. El ayuntamiento y las fuerzas de la ley estaban salpicados de corrupción antes de este gran incidente, y ahora ven nuevas oportunidades para llenarse los bolsillos u ocultar las fechorías previas. Si los barrios siguen vacíos un tiempo determinado, se categorizarán como abandonados y habrá vía libre para inventarse los proyectos urbanísticos que les den la gana. Así, se vallan urbanizaciones enteras para mantenerlas desocupadas y no se dan prisa en arreglar la distribución de agua y electricidad de zonas habitadas. Pero la gente quiere volver, porque es su hogar, pero también porque es una ciudad especial que no quieren dejar morir.

El escritor y guionista David Simon se marcó en su obra magna The Wire (Bajo escucha) un colosal ensayo sobre el fracaso del primer mundo como sociedad: tomando como base una ciudad muy característica (Baltimore, desbordada por el crimen) construyó un retrato universal de los principales males de los países supuestamente avanzados. Está claro que con la situación en New Orleans vio otra oportunidad de oro para recuperar estos temas, y se unió a un guionista que conocía bien la zona, Eric Overmyer, para elaborar otro gran estudio humanista. Es difícil describir su estilo y su calidad, hacer notar que una serie que en un primer vistazo puede parecer demasiado complicada, fría y lenta, sea tan profunda, apasionante y adictiva una vez te sumerges en ella.

Como The Wire y otras de la Edad de Oro de las series que inauguró principalmente la HBO (Los Soprano, A dos metros bajo tierra), Treme no es un drama que en cada episodio te cuenta una pequeña trama y quizá a la larga vaya desarrollando otra (que además probablemente estuviera improvisada según la respuesta del público). Incluso obras maestras como Urgencias han seguido este esquema. Aquí, para vislumbrar por dónde va un personaje tendrás que ver varios capítulos, y para abarcar por completo el viaje en que está embarcado hay que seguir la temporada o incluso la serie entera. Está claro que no es para impacientes… Pero aún hay más, porque aborda temáticas no tan populares como The Wire (el policíaco, aunque fuera en un estilo único), sino otras más cultas, pues la música protagonista está en las antípodas de lo comercial y la historia y la cultura de New Orleans son muy suyas también. La sutileza sí la mantiene, eso sí: la crítica emerge de las vivencias de los personajes, no de situaciones y discursos directos. El espectador común, el de seriales y procedimentales facilones, no aguantará ni un par de escenas. Incluso seriéfilos más curtidos han de tener al menos una pizca de interés y la mente muy abierta para lanzarse con entusiasmo a un relato de más de diez horas sobre las vidas corrientes de unos músicos y cocineros. Así pues, es indudable que esta obra tiene un público potencial minoritario, que es exigente y elitista como ella sola. Las floja audiencia de hecho lo confirmó. Y es una pena ese miedo, ese rechazo, porque si haces el esfuerzo te lo devuelve con creces, igual que pasó con The Wire: no es sólo una serie extraordinaria, sino también un relato atemporal y universal.

Simon pone las cámaras delante de los protagonistas y la ciudad, y estos son tan realistas, están tan vivos y tan bien interpretados, que uno no puede apartar la mirada del cuadro que van formando sus vidas. Es como un documental social que elige a los individuos e historias clave para que en conjunto formen un elaborado y agudo ensayo sobre cómo funciona una sociedad, cómo se vertebra, cómo respira, se ahoga, se levanta y se tropieza otra vez en un proceso complejo que se retroalimenta entre los muchos individuos que la forman. Pero esa complejidad aparente en realidad se desgrana poco a poco, con naturalidad, claridad y elegancia, formando una narrativa que parece pausada pero fluye sin una sola pausa o receso, siempre aportando algo estimulante, garantizando entretenimiento y emoción pero también ofreciendo infinidad de enseñanzas sobre la vida.

Los protagonistas se concentran en el barrio Tremé que da título a la serie. Tenemos perroflautas adorables como la dulce violinista Annie (Lucia Micarelli, que por cierto era músico y no actriz, pero está fantástica) o cansinos como su novio Sonny (Michiel Huisman), un matado de la vida que siente celos de las habilidades de ella. Encontramos gente con objetivos muy claros y dedicación plena, como Albert Lambreaux (interpretado por quien fue el gran Lester en The Wire: Clarke Peters) y su empeño por mantener las tradiciones; otros que luchan contra viento y marea tratando de no perder la sonrisa, como la chef Janette lidiando con el restaurante día a día (la actriz Kim Dickens me cae bien desde su participación en Deadwood), o Davis McAlary (Steve Zahn), un músico medio acabado que va tirando con trabajos que detesta. También hay quienes batallan contra los innumerables fallos del sistema, como la abogada Toni Bernette y su marido Creighton (Melissa Leo y John Goodman), o quienes avanzan más o menos torpemente (Antoine Batiste, en manos de Wendell Pierce, también aprovechado de las calles de Baltimore: era Bunk). Y no faltan quienes no parecen levantar cabeza, arrastrando heridas no cerradas, como Ladonna y la búsqueda de su hermano (Khandi Alexander, también conocida de Simon: The Corner), e incluso quienes dejaron la ciudad hace tiempo pero la familia, las raíces, lo arrastran de vuelta, como el trompetista de jazz Delmond Lambreaux (Rob Brown), el hijo de Albert.

Entre todas las deliciosas historias destacaría algunas, así como varios momentos concretos. Me abrumó la magnífica descripción de la depresión (evito dar el nombre del personaje), probablemente la mejor vista en una serie o película: está siempre ante tus ojos pero quizá no la veas hasta un punto de inflexión en el que todo se hace evidente. La salida de Albert como indio se hace esperar mucho, y si, como yo, no conocías esta pintoresca tradición, quedarás bastante impresionado. El final de la odisea de otro rol que me guardo es muy duro, con ese desgarrador plano a los camiones frigorífico llenos de cadáveres meses y meses después del huracán. La relación entre Janette y McAlary es encantadora, y la entereza de ambos a la hora de sobrellevar las zancadillas de la vida también; y atención al divertido lío de él en el hotel con un grupo de turistas. El encuentro de Sonny con un anciano que salvó durante la tormenta es muy emotivo (y más cuando parecía que era un fanfarrón). El juego que se trae Batiste con los taxistas es tronchante; y aparte, aunque por lo general resulta muy simpático, a veces dan ganas de abofetearlo por el desastre de vida familiar que lleva.

Pero también podría citar un par de fallos o partes que no parecen del todo bien resueltas. El Mardi Gras se hace de rogar y no decepciona, pues nos llevan dentro de la fiesta con habilidad, pero da la impresión de que al capítulo le han quitado media hora, dejando algunas transiciones un tanto bruscas: Delmond aparece sin más en un bar tocando con una banda a pesar de que estaba en una cita con su novia, Janette acaba borracha por ahí pero no se la ve participar en la fiesta a la que iba (y en cambio sí nos muestran todo el camino hasta allí), Davis y Annie decían de ir a comer con los vecinos del primero pero lo que se comen es la escena. Un fallo claro de montaje se ve en el penúltimo capítulo, cuando sabemos que Creighton está tomando un ferry pero de repente aparece momentáneamente en otro lado. Y la descripción de uno de los protagonistas cojea un poco: Albert Lambreaux es presentado inicialmente como si fuera un albañil o algo así, amagando con ir a reparar algunas casas, pero en seguida se olvidan de eso y el resto de la temporada sólo sale cosiendo y ensayando; de hecho en el principio de la segunda temporada me chocó mucho verlo currando, pensaba que estaba parado o jubilado… y ahí también se deja de lado ese supuesto trabajo y aparece siempre con otras cosas.

Como en The Wire (voy a gastar la expresión, pero me resulta inevitable usarla), la dedicación que David Simon pone en el desarrollo de la obra, heredada del periodismo de calidad*, queda bien patente en el resultado final. Logra introducirnos plenamente en el singular ambiente de la ciudad y su multiculturalidad, mostrando con una fidelidad asombrosa la vida y costumbres del lugar, captando el alma de los barrios, la forma de ser de la gente, cómo se vive la música y cómo se vive de ella. De hecho pasan ante nuestros ojos infinidad de músicos, sobre todo obviamente locales, y aunque la mayoría, admitámoslo, nos resultarán desconocidos a muchos, a la larga vas conociendo rostros, y si te gusta realmente la música acabarás escuchado a muchos de ellos; yo quedé prendado del gran Dr. John, referente ineludible en el rythm and blues y jazz oriundos.

Así pues, como Baltimore en su momento, New Orleans y el barrio Tremé se convierten en un protagonista más, en una urbe con vida propia, y cuando quieres darte cuenta eres un habitante más, sufres en tus carnes la angustia de ver el hogar destruido, el desarraigo ante una ciudad que no parece que pueda volver a ser la misma, la lucha constante por sobrevivir el día a día mientras el mañana parece negado por la corrupción y la incompetencia. Y con esto cabe señalar que nos ofrecen una historia rara vez contada: la vuelta a la vida tras una catástrofe. Los medios suelen olvidarse poco tiempo después de los desplazados y las infraestructuras derrumbadas, de las familias deshechas y el intento de volver a la normalidad, así que la serie ofrece un punto de vista muy atractivo y sobre todo lo hace desde una perspectiva muy intimista. Llegas a mitad de la temporada anhelando junto a los protagonistas que cuando llegue el Mardi Gras, el corazón y alma de la ciudad, lata con fuerza y entusiasmo para levantar las esperanzas y ánimos de todos, para señalar que, después de todo, a New Orleans todavía le queda aliento.

PD: El guionista y productor David Mills, que ya había trabajado con Simon en otras ocasiones, falleció poco antes del estreno de la serie.
*: Si leéis algunas opiniones y artículos suyos, como esta entrevista donde habla sobre el periodismo moderno, veréis que no lo digo por decir.

Entrada actualizada de la original publicada el 01/09/2010.

SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 4

FX | 2010
Drama, acción | 14 ep. de 42-57 min.
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, Art Linson.
Intérpretes: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Ron Perlman, Maggie Siff, Kim Coates, Mark Boone Junior, Tommy Flanagan, Theo Rossi, William Lucking, Ryan Hurst, Dayton Callie, David Labrava, Johnny Lewis, Winter Ave Zoli, Danny Trejo, Ray McKinnon, Rockmond Dunbar, Benito Martínez.
Valoración:

Alerta de spoilers: En el último párrafo hay datos que no quieres conocer si no has visto la temporada.–

El ciclo que marcaron las temporadas 2 y 3 ha terminado. El conflicto con el IRA ha llegado a un punto y aparte y con él un montón de subtramas relacionadas. Pero hábilmente en el año anterior introdujeron los aspectos necesarios para lanzar el grueso del nuevo capítulo en la historia de Charming y el Club: la llegada de un nuevo alcalde y las relaciones criminales del club con los cárteles mejicanos. Y el cambio en la situación permite que afloren de nuevo los latentes conflictos internos del club, la guerra entre Jax y Clay por la dirección del mismo.

Como ocurrió con la tercera sesión, he leído algunas críticas que señalan irregularidades en la narración o un final algo decepcionante, pero estoy totalmente en desacuerdo. Es lógico pensar que con el cambio importante en los hilos centrales encontraríamos un bajón de ritmo o una necesaria transición que perdiese intensidad, pero la realidad es que no hay un momento de descanso: el ritmo marcado por los dos años previos sigue sin perder fuelle, y las sorpresas finales, más rebuscadas y gordas, funcionan de maravilla tanto a la hora de dejarte a cuadros como de encajar en todo lo mostrado hasta entonces.

Las desavenencias internas del Club llegan a puntos críticos, hasta el punto de que de nuevo salen a la palestra intenciones de eliminar miembros molestos. Jax, con familia a la que proteger y harto de la tendencia criminal del grupo, pretende salirse, pero los acontecimientos le atan aún más fuerte, hasta el punto de firmar un pacto con Clay y mantener las peligrosísimas relaciones con los cárteles. Las cosas explotan por todos lados cada dos por tres, dando otra tanda de episodios inconmensurable llena de sorpresas enormes (algunas muy trágicas), giros inesperados (el desenlace te deja flipando), soluciones drásticas, daños colaterales inmensos… Los personajes llegan también a máximos de tensión insólitos y que sólo podían funcionar con un pasado de historias y relaciones trabajado con tanto esmero a lo largo de las sesiones anteriores. Los secundarios, que como indicaba anteriormente crecían muy poco a poco pero un rumbo muy bien planeado, adquieren cada vez más importancia, hasta el punto de que algunos empiezan a tener historias propias cruciales para el conjunto. Por ejemplo, el acoso que sufren de los agentes de la ley convierte a algún miembro del club en topo, generando una constante sensación de peligro sobre sus cabezas.

Un sinfín de eventos se cruzan ante nuestros ojos en cada capítulo, dando otra temporada redonda, perfecta, espectacular y memorable en una serie que merece mucho más reconocimiento del que tiene. Para cerrar el año nos regalan un plano final sublime, relacionando el presente con el pasado, que siempre ha sido crucial en la historia del club: Jax y Tara a la cabeza de la mesa como antaño hicieran los padres de Jax, John y Gemma. Y mientras, Clay está postrado en el hospital cual macho alfa herido y humillado, en otro de esos genialísimos instantes en que la serie va más allá de lo imaginable y esperado.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
-> Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 (2014)

SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 3


FX | 2010
Drama, acción | 13 ep. de 42-60 min.
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, Art Linson.
Intérpretes: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Ron Perlman, Maggie Siff, Kim Coates, Mark Boone Junior, Tommy Flanagan, Theo Rossi, William Lucking, Ryan Hurst, Dayton Callie, David Labrava, Johnny Lewis, Winter Ave Zoli.
Valoración:

Había leído en muchos sitios que tras la sublime segunda temporada de Hijos de la Anarquía la serie volvía a cauces más sencillos, como los mostrados el primer año, pero está muy lejos de ser así. Quizá fue cosa de expectativas, quizá se afilaron demasiado errores triviales (he visto echarla por tierra por una sola escena menor y poco trascendente, como lo fácilmente que se libran de la policía irlandesa), pero me parece un error rebajar tanto la calidad de esta magistral temporada.

La sesión es lo que se dice redonda, de las grandes de los últimos años, de las en cada episodio te mantienen completamente atrapado por la maraña de historias entrelazadas que siempre llevan la tensión más allá de lo imaginable. Parece imposible que pasen tantas cosas, que los guionistas sean capaces de unir tantos hilos y tantas vivencias de personajes que nunca pierden definición. Parece imposible enlazar tantos giros y desarrollar los acontecimientos tirando por caminos siempre originales y arriesgados (sobre todo cuando la primera temporada parecía tan previsible).

Con cada nueva incógnita o resolución se añaden nuevas capas a los cimientos de los protagonistas que se verán reflejadas en los siguientes eventos, y a la par se densifican las relaciones entre los caracteres, destacando obviamente las de los principales pero sin descuidar las de los secundarios, muchos dibujados a veces de forma sutil o mediante situaciones que no parecen cruciales pero a la larga sí lo serán. Toda escena de la temporada está ahí por alguna razón, no sobra nada en ningún episodio, de hecho incluso se las apañan muy bien para introducir en todo este denso entramado la semilla que llevará a la trama central de la temporada cuatro, bastante desligada de lo aquí mostrado.

Cabe destacar también que esta sesión abarca muy pocos días de la vida de los habitantes de Charming. El impresionante final abierto que nos dejó el año anterior marca el eje central de toda la narración aquí vista, y si bien el secuestro del hijo de Jax parece poca cosa para llenar trece episodios resulta que dicha acción abre un abanico de situaciones enorme y muy bien relacionadas. La trama nos lleva a la sección de Irlanda, enlaza con el pasado del club y sus dirigentes de forma magistral, sirve como aporte extra para los rifirrafes internos actuales… Y a todo ello le sumamos el conflicto con el IRA, que ya venía de largo y aquí se materializa por completo. Cuantos intereses entremezclados mueven los hilos por caminos inesperados y fuerzan a los personajes a crecer constantemente, y qué enorme grupo de caracteres se consigue.

Si las tramas son la definición misma de la perfección, la puesta en escena en cambio está lejos de semejante nivel. Es bastante profesional, pero no destaca por brillar especialmente, sobre todo en las pobres escenas de acción. También se nota que fuerzan a veces el uso de ciertos decorados (el hospital parece tener una habitación, un pasillo y la dichosa capilla), como si no tuvieran recursos para más. No es una producción HBO, se nota, pero en líneas generales el acabado es lo suficientemente bueno como para aprovechar muy bien los exquisitos guiones. Y los actores crecen junto a sus roles, en especial Maggie Siff (Tara), quien parecía poquita cosa y ha terminado dominando a su personaje de forma magistral, pero sin olvidar a la inmensa Katey Sagal, al joven pero excelente Charlie Hunnam (Jax) y a otros de gran nivel como Ron Perlman (Clay), Kim Coates (Tig)…

PD: Menudo puntazo cambiar el tema de los créditos en la parte de Irlanda por una versión irlandesa.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
-> Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 (2014)

THE BIG C (CON C MAYÚSCULA) – TEMPORADA 1.

The Big C
Showtime | 2010
Drama, Comedia | 13 ep. de 30 min.
Productores ejecutivos: Darlene Hunt, Laura Linney, Neal H. Moritz, Jenny Bicks, Vivian Cannon.
Intérpretes: Laura Linney, Oliver, Platt, Gabriel Basso, John Benjamin Hickey, Phyllis Somerville, Reid Scott, Gabourey Sidibe.
Valoración:

Siguiendo los cánones de este apasionado género surgido hace pocos años que se ha terminado denominando dramedia (comedia más drama), The Big C mantiene un estilo que pasa de la comedia alocada, casi surrealista, al humor inteligente tan rápido que te deja sin aliento, para en la siguiente escena adentrarse de lleno en el drama de tono adulto propio de las cadenas privadas. Manteniendo además otra tendencia actual como es la de tener un personaje central tan fuerte como extravagante sobre el que gira toda la historia, The Big C se suma al cada vez más interesante repertorio que ofrece Showtime (Californication, Nurse Jackie, Weeds o Breaking Bad saliéndonos de la dramedia), y aunque por ahora no alcanza la repercusión de Weeds o Nurse Jackie a mí me ha parecido infinitamente mejor que esos dos sobrevalorados e intrascendentes aburrimientos.

Lo que esta producción nos propone es un drama familiar sencillo, centrado en muy pocos personajes y con aventuras que huyen de tramas complejas para centrarse en los sentimientos de sus protagonistas. Todos ellos se hacen querer rápidamente y sus estados de ánimo se transmiten tan bien que casi sentimos formar parte de la disfuncional familia, aunque la conexión más fuerte se establece obviamente con Cathy (Laura Linney), protagonista absoluta de los acontecimientos. Es una ama de casa conocida por ser aburrida y poco activa, pero su vida da un vuelco cuando descubre que tiene un cáncer con toda probabilidad mortal y decide que ya es hora de vivir aprovechando cada instante. Prácticamente se vuelve loca de remate, actuando impulsivamente, sin control, con el único límite auto-impuesto de proteger a su hijo.

El papel de Linney es de los que no se olvidan. Brillante es decir poco. En cada plano está absolutamente perfecta. Los estados de ánimo del personaje, que varían de golpe, los plasma de forma impecable. Las locuras que vive las hace creíbles. Es una de las mejores interpretaciones que he visto en mucho, muchísimo tiempo, y solo por ella la serie merece ser recordada.

El marido, Paul, es el clásico hombre incapaz de imaginar qué ha desmotivado tanto a su pareja, incapaz de ver la mella que hace la rutina y el estancamiento emocional en la vida en familia. Otrora era el alocado del matrimonio, el que mantenía viva la llama, así que ahora la crisis de Cathy y su repentino cambio de estado de ánimo provocará algunos choques importantes. La interpretación de Oliver Platt es excelente, como acostumbra este gran actor que, como tantos otros, ha sido siempre desaprovechado en papeles secundarios.

Otros personajes en liza son el hijo del matrimonio (Gabriel Basso), un adolescente normal que empieza a dar los pasos en el mundo adulto, quien al principio puede parecer un añadido poco aprovechado pero luego se desarrolla bastante mejor; el hermano de Cathy, un ecologista flipado que vive en plan vagabundo, hábilmente interpretado por John Benjamin Hickey (no es un papel fácil, está claro); y la vecina (Phyllis Somerville), una vieja cascarrabias con la que Cathy empieza a hacer migas sobre todo porque ambas viven de cerca sus momentos finales. En un plano más secundario nos encontramos a Gabourey Sidibe como una adolescente obesa por la que Cathy se interesa, un personaje que fascina a pesar de no ser tan importante como los demás, o el joven médico (Reid Scott), que también dará para unas cuantas buenas escenas (esos choques entre su timidez y la franqueza abrumadora de Cathy…).

Estamos ante un grupo de caracteres magistrales, perfectamente descritos, desarrollados e interpretados, tan adorables a pesar de lo descentrados que están que consiguen que la serie cale hondo. Además hay que decir que, en línea con la televisión actual de calidad, las historias no se estancan lo más mínimo, pues en esta breve temporada las relaciones pasan por un gran número de fases y problemas, siempre yendo más allá, arriesgándose los guionistas con una valentía y sabiduría que agradezco enormemente (odio las tramas y relaciones estancadas). Por ejemplo pensaba que Cathy nunca iba a hablar a nadie sobre el cáncer, o al menos no en unas cuantas temporadas, pero lo hace, abriendo más y más horizontes por donde llevar a los caracteres.

Su asombrosa habilidad para pasar del humor más agradable al drama más trágico sin sacarte de contexto ni resultar artificiosa y su un ritmo asombrosamente activo y directo (al estilo de Californication) hacen de esta primera temporada una serie prácticamente imprescindible. Creo que la palabra que mejor la define es hermosa. Un canto a la vida, una forma de ver la tragedia con humor. Ahora bien, te hartas a llorar de risa, pero también hay no pocas secuencias que humedecen los ojos de lo emotivas y duras que resultan, donde destaca con luz propia el maravilloso final de temporada, uno de los instantes más bonitos y lacrimógenos que he visto en televisión.

DOCTOR WHO – TEMPORADA 5


BBC | 2010
Ciencia-ficción, aventuras, drama | 13 ep. de 42-65 min.
Productores ejecutivos: Steven Moffat.
Intérpretes: Matt Smith, Karen Gillan, Alex Kingstom.
Valoración:

Al final el cambio de productor ejecutivo de Russell T. Davies a Steven Moffat no se ha notado tanto ni en estilo ni en calidad como algunos auguraban. Obviamente la serie no iba a ser modificada hasta quedar irreconocible, pero sabiendo que Moffat fue autor de los mejores momentos de las temporadas anteriores y que por mi parte estaba cansado de algunos de los tics de Davies, la verdad es que esperaba más novedades. Sí, hay algunas leves modificaciones que aportan mejoras sutiles, pero también algunos aspectos que han perdido ligeramente.

A los problemas que arrastraba Davies ya me referí en varias ocasiones. Su manía de ir en algunos tramos, sobre todo en los finales de temporada, a por la situación más grande e imposible acababa afeando el tono distendido y aventurero de la serie. Pensaba que con Moffat nos habíamos librado por fin de ello, y sin embargo en el desenlace de este año también se orquesta una historia grandilocuente y exageradísima que me ha supuesto una decepción enorme. ¡Por qué tú también! Una cosa es que el Doctor deba lidiar con planetas y razas y amigos en peligro inminente y que como buen héroe resuelva magistralmente la situación. Es entendible porque es la premisa de la serie. Pero, ¿de verdad hay que destruir o poner al borde de la destrucción la Tierra y el universo entero en cada final de temporada para luego salvarlo con un término tecno-mágico o un giro generalmente insatisfactorio que deja todo tal y como estaba antes? Desgraciadamente, de nuevo tenemos un universo que desaparece, un Doctor que lo salva con un momento de lucidez más o menos ridículo, todas las razas que han salido anteriormente en la serie pululando por ahí de golpe, y por supuesto no faltan largos y aburridos minutos que pretenden ofrecer lacrimógenas pseudo-despedidas.

Pero, al igual que en sesiones anteriores, el resto del año está en un tono mucho más ligero y eficaz, con historias más sencillas donde se trabajan más los personajes y las situaciones en vez de perder el tiempo forzando aparatosos clímax. He notado algo más de frescura en las tramas y tengo la sensación de que Moffat se esfuerza más por presentar los universos que imagina (algunos están muy bien descritos, como el de La bestia de abajo), y los personajes secundarios introducidos en cada nueva aventura los borda; muchos de estos caracteres los recuerdo con agrado incluso a meses de haber visto sus episodios, como los protagonistas del díptico sobre los reptilianos o la recreación de Van Gogh.

Moffat además sigue desarrollando una pequeña historia dentro de este universo donde el Doctor se encuentra repetidas veces con una mujer misteriosa, River Song (interpretada con entusiasmo por Alex Kingston), quien fue presentada en la temporada cuatro en los extraños Silencio en la biblioteca y El bosque de los muertos y vuelta a traer aquí en la confrontación con un enemigo fascinante creado por el propio Moffat, los ángeles. El episodio doble donde se da este encuentro está bastante bien (El tiempo de los ángeles y Carne y piedra), pero para mi gusto el que abría el año ha sido el más redondo (La décimo primera hora), y salvo el aburrido La victoria de los Daleks o el tontorrón El inquilino, que tuvieron pocas cosas salvables, el resto mantiene un ritmo y calidad muy correctos en todo momento. Finalmente, hay que destacar también el asombroso nivel de producción, donde debido al enorme éxito de la serie cada vez tienen más recursos que son excelentemente aprovechados; las recreaciones de distintas épocas y lugares son cada vez más impresionantes.

Al cambio de los actores me adapté rápidamente. El Doctor sigue siendo el mismo personaje; un poco más joven y despreocupado, pero es normal al renacer. Matt Smith sigue pareciéndome feísimo y aunque es prácticamente imposible alcanzar el nivelazo dejado por David Tennant se desenvuelve con soltura, adaptándose perfectamente a la forma de ser del misterioso alienígena, a sus tics y cambios de humor. En cuanto a la acompañante, es deliciosa, tanto la actriz (Karen Gillan es hermosísima y ofreciendo una interpretación grácil y adorable) como el personaje. Es divertida, encantadora, curiosa y decidida, un perfecto complemento para las necesidades del Doctor: lo ayuda mantenerse en la realidad y bien animado, que sabemos que se puede perder fácilmente. Pero por desgracia, a pesar de lo mucho que promete y lo bien que me cae, el personaje no se exprime debidamente a lo largo de la temporada. De todas las acompañantes es prácticamente la que menos juego da, la que menos aporta y evoluciona conforme vive aventuras y peligros. Queda como una chica simpática y poco más que ni por asomo llena el enorme hueco dejado por Donna. Una lástima que no se aproveche todo el potencial de una actriz tan carismática y resuelta. Y por si fuera poco, vuelve a fallar la innecesaria inclusión de algún familiar suyo, en este caso su novio. La pareja es sencillamente increíble, insostenible. No hay química, no se ven razones por las que se puedan amar, y como lo fue en su momento el novio de Rose, resulta un lastre insoportable que a todas luces sobra cada vez que aparece. Además, su muerte es cutre de narices y su reaparición muy forzada y lastimera. ¿Por qué les cuesta tanto introducir correctamente caracteres relacionados con la acompañante, y por qué se empeñan en hacerlo? Solo el abuelo de Donna funcionó.

Así pues, en general la temporada no se aparta de lo que ha dado esta generación de Doctor Who hasta ahora: diversión y entretenimiento a raudales, historias llenas de acción, humor, dilemas morales excelentes (¡sublime el momento de la ballena espacial!), personajes con los que es fácil conectar y emocionarse, etc. No me extraña que sea un éxito enorme en Inglaterra, pues incluso con los peores altibajos que ha tenido en todas sus temporadas es en general una serie muy adictiva.